en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

viernes, julio 07, 2017

INDIVIDUALISMO ALTRUISTA Y NACIONALISMO EGOÍSTA O LA VERDAD VUELTA DEL REVÉS

Soldado alemán con gatos.














Ser nacionalista no significa necesariamente amar única y fanáticamente a la propia nación, como ser individualista no significa tampoco necesariamente amarse sólo a sí mismo. Uno podría amar las naciones todas, que constituyen una suerte de sujetos colectivos, o las naciones en cuanto tales, cada una en su valor y diferencia. Los individualistas pretenden que ser individualista equivale a respetar al individuo en general como valor supremo. Altruismo, pues. Derechos humanos (=individuales, no nacionales). Nunca aceptarían que ser individualista signifique colocar al propio yo por encima de todo el universo, aunque dicha perversión axiológica también podría existir y, de hecho, constituye la enfermedad moral característica del sistema capitalista. Pese a ello, los sofistas liberales, ignorando los hechos y la lógica, insisten en imputar al nacionalismo que ser nacionalista representa una variante colectiva de la hemiplejía moral por excelencia, es decir, del egoísmo, pero elevada a la escala del grupo étnico-cultural o religioso. Y niegan que un nacionalista pueda ser aquél que reivindica 1/ la dignidad de las naciones, en tanto que entes históricos supra-indivduales formados por millones de personas, y 2/ el nacionalismo como concepción doctrinal seria y respetable con derecho a ocupar un lugar en la política democrática. Este dogma oligárquico, actualmente muy en boga, como todo lo anti-nacional, comporta un abuso intelectual, una trampa retórica que sólo pone en evidencia la endeblez ideológica del liberalismo y su afán de manipulación abyecta y sin escrúpulos. Basta formular la idea con un poco de detenimiento para percibir dónde radica el fraude e intuir los oscuros intereses globalistas que promueve.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica, 2 de julio de 2017


miércoles, julio 05, 2017

LA INCURABLE ESTUPIDEZ DE LA EXTREMA DERECHA CATÓLICA

El papa Francisco con el supremo rabino genocida Ovadia Yosef






















Decláranse patriotas y heraldos de la identidad europea frente al judaísmo, el cual representaría nada menos que el demonio, Satán, el mal absoluto. Pero los ultraderechistas católicos encarnan en verdad lo contrario. Créanme, como ya dije, y ahora desarrollo la idea, si uno desconoce el judaísmo, se puede encontrar algún día con la sorpresa de que era judío sin saberlo. Aquéllo que la extrema derecha reivindica normalmente, incluso en términos virulentamente antisemitas, no son otra cosa que milenarias ideas judaicas. La fe en un dios todopoderoso, la vida eterna, la resurrección de la carne, el desprecio de la sexualidad, el machismo y el patriarcalismo, la creencia en el alma individual (el ego, inmortal por supuesto), la deshumanización y diabolización del enemigo, el racismo supremacista, el elitismo, el ocultismo, el irracionalismo, el autoritarismo político... Todo, todo, todo, judaico de raíz, pero esgrimido contra "los judíos".
Por otra parte, ¿qué pretenden los ultra-católicos erradicar? La democracia, el estado de derecho y, en resumidas cuentas, la modernidad, que incluye: la ilustración, la revolución, el laicismo, el ateísmo, la ciencia, el progreso, el socialismo, la izquierda, la racionalidad...; instituciones que proceden de la herencia greco-romana, es decir, europea. Peroran los ultra.católicos, empero, que todo eso, tan "decadente", apareció en la historia en forma de conspiración contra la Iglesia católica (tesis del abate Barruel) y constituye esencialmente una amenaza para los supuestos "valores cristianos" que sustentan la "civilización occidental". ¿Se puede ser más inepto?
Pues realmente "eso" re-apareció en la historia durante el Renacimiento, que se auto-interpretó como un retorno a Grecia y Roma después de siglos de oscurantismo medieval. Surgió además, también, cuando Lutero, tras visitar Roma, se dio cuenta de que el Papado y la iglesia en general se habían convertido en un lupanar donde los sacerdotes traficaban con el más allá y el perdón de los pecados ("indulgencias") a cambio de dinero. Eso no ocurrió por influencia de la masonería ni de "los judíos", sino que la propia institución católica se cubrió de infamia (a los ojos de su rebaño) como consecuencia de la dinámica interna de los valores cristianos, es decir, judaicos, que secularmente la rigen. Y continúa haciéndolo como queda en evidencia, entre otras cosas, por los miles de casos de pederastia consentida y ocultada por el Vaticano. ¿Qué autoridad, qué ejemplaridad, puede en efecto ostentar la institución católica para presentarse como depositaria de unos valores "morales" frente a hechos como la extensión ideologizada y politizada de la homosexualidad, por poner un ejemplo sabroso, cuando la propia Iglesia practica y luego encubre el abuso sexual a niños? Pero, por otra parte, ¿debe sorprender que sea así desde el momeno en que el cristianismo, esto es, desde los mismísimos orígenes de la comunidad apostólica, no fue otra cosa que una particular secta judía y nunca una genuina alternativa, una enmienda a la totalidad respecto del judaísmo?
EL FRACASO DE LA MODERNIDAD MASÓNICA
Pero, se dirá, la modernidad ha fracasado. La modernidad conduce a la disolución de la sociedad y al derrumbamiento de la civilización occidental, o sea, de la civilización por excelencia. Ciertamente, es así, pero no por culpa de la propia modernidad, sino porque la modernidad ha sido incapaz de asumir y llevar hasta sus últimas consecuencias los imperativos de valores que han hecho posible el progreso desde "buenos tiempos" católicos medievales del siervo de la gleba y el derecho nobiliario de pernada a los "malvados tiempos" de la seguridad social, la igualdad ciudadana ante la ley y los derechos de la mujer. Porque la modernidad, en lugar de asumir la verdad racional en tanto que valor supremo, ha secularizado los valores judeo-cristianos y teológicos. ¡En eso ha consistido esta "modernidad" por lo que atañe a los valores últimos de la vida humana! No ha tenido el valor de consumar la racionalización, sino que ha pretendido bajar el imaginario reino de dios del cielo a la tierra erigiendo, en definitiva, la actual e infame "sociedad de consumo" en cuanto sucedáneo del "paraíso". Para decirlo muy brevemente, la herencia judeo-cristiana envenenó la modernidad ilustrada desde su (re)-nacimiento europeo y, por tanto, el antídoto contra la decadencia no puede buscarse, sin actuar como un rematado cretino, en esa misma herencia.
A fin de sabotear la modernidad, la fe ha utilizado instrumentos como, verbi gratia, la masonería. Se cuenta entre ultraderecha católica contemporánea, los sectarios del abate Barruel, que la masonería promueve el ateísmo, pero esto es falso: la masonería es teísta y su proyecto se resume en un intento de coordinar las tres religiones abrahamánicas o noájidas de procedencia judaica (judaísmo, cristianismo e islam) utilizándolas como un arma para que la modernidad auténtica, de entraña griega, no pueda realizarse jamás. La masonería es así tan creyente en el dios Yahvé como los propios ultras católicos que la denostan con fruición.
Por otra parte, tampoco los nacionalistas judíos, a diferencia de los judíos asimilados, querían la modernidad, cuya consumación, la muerte de Dios, habría acabado con la nación judía tal como ellos la entienden. Así que la extrema derecha judía ha hecho todo lo posible, en colaboración con la masonería, para hacer fracasar el proceso de modernización y llevarlo al callejón sin salida en el que finalmente se encuentra atascado. Hoy, cuando ya el tiempo comienza a correr hacia atrás y, en vez de progreso, vamos de regreso a la Edad Media, el judaísmo ha ganado. La Edad Media, sí, pero, en efecto, esta vez conscientemente cabalista y talmúdica como la quiere el filósofo judío Emmanuel Levinas.
EL RETORNO DE LA EDAD MEDIA ESTÁ OCURRIENDO ANTE NUESTROS OJOS
Al descrédito moral del mundo moderno subyace la promoción de versiones pervertidas y caricaturescas de la modernidad para que la propia masa ciudadana se vuelva contra ella y suscriba el "retorno de las religiones" fundamentalista que se está ya produciendo a escala mundial. Con él va también, en el mismo paquete, el desmantelamiento de los derechos sociales y de la democracia, que la oligarquía, con pasos de paloma, está perpetrando ante nuestros propios ojos. En ello consiste la esencia de la política neoliberal, que es de sustancia religiosa, no económica como nos pretenden hacer creer.
Tampoco puede ocultarse que la Iglesia católica colabora con el judaísmo para facilitar este desmantelamiento del proyecto ilustrado. Aunque la estupidez ultra no lo pueda entender, el Papa es perfectamente consecuente cuando se sienta, en calidad de humilde ayudante, a la derecha del supremo rabino sefardita de Israel. "Nuestros hermanos mayores en la fe", así se refirió a los judíos el papa Benedicto XVI, como antes Juan Pablo II y convalidó el papa Francisco. Porque la Iglesia católica es tan judía como la Iglesia evangélica y la consumación mesiánica de los tiempos coincide para ella con la mostración expresa de su oculta matriz original.
El Papa sería también consecuente por su presunto filomasonismo, si lo hubiere, debido a las similares razones, ya expuestas. Diría yo que, no se sorprendan, el Papa es consecuente incluso cuando encubre la pederastia, porque, en el fondo, los valores hedonistas del materialismo terrestre y los valores hedonistas del materialismo celeste son sólo dos variantes teológicas de una axiología común, la judaica, que pone el "bienestar" del yo por encima de la verdad. Una forma de hacer, ésta, que los ultracatólicos, cuyo desprecio por la verdad es poco menos que idiosincrásico, practican con abundancia torrencial. Esta axiología o escala de valores se resume en un pasaje bíblico, el cual explica cómo funciona la plataforma giratoria del judeo-cristianismo en tales periódicas oscilaciones entre el materialismo celeste y el materialismo terrestre o mundano: "Si los muertos no resucitan comamos y bebamos que mañana moriremos" (1ª de Corintios 15,32). O sea que si resucitan nos esperamos al paraíso para disfrutar del festín, pero si no resucitan lo celebramos ipso facto porque no tiene sentido demorarse más. Hete aquí la "diferencia" entre "materialismo" ateo y "espiritualismo" cristiano: en última instancia, ninguna. una cuestión meramente circunstancial o accidental.
Por lo que atañe al islam, y precisamente en él como en ninguna otra confesión, evidénciase el carácter axiológico unitario de la fracasada modernidad y de las religiones neo-fundamentalistas que en nuestros días intentan finiquitarla. Cuando un terrorista islámico ataca un hotel de rameras que, como tal, es considerado un lugar de "pecado" para "infieles", el guerrero de la yihad pretenderá matar a todos los clientes e inmolarse por Alá, sin embargo, ¿adónde espera ir inmediatamente después? Pues al paraíso de las huríes, otro hotel, aunque en este caso "celeste", donde podrá gozar de los mismos placeres y por si fuera poco multiplicados hasta el infinito.
Buen cálculo y negocio del "creyente", que es "judío" incluso cuando no cuenta las monedas de Judas y asalta un supermercado kosher. Hete aquí, en efecto, el fin, el motivo, aquéllo que tiene en la cabeza dicho energúmeno, quien se siente moralmente superior a los adolescentes de la discoteca antes de asesinarlos. ¿Lo será al menos por su fe? No, en absoluto: antes bien, es igual que ellos, quiere lo mismo que ellos e incluso acrecentado, pero es además un rematado idiota, o sea, peor que sus víctimas, porque el hotel celeste ni siquiera existe y, al menos, los ateos de la discoteca no fueron estafados cuando disfutaron de la cópula por la que abonaron una cantidad pecuniaria. En consecuencia, los mismos valores imperan entre fervorosos terroristas de la fe y ciudadanos consumistas demócratas sin alma. Ninguna diferencia fundamental separa tampoco en este aspecto al yihadista y, en general, al musulmán, de los creyentes cristianos y judíos.
La verdadera diferencia es la que opone Grecia vs. Judea. Brilló un momento con el surgimiento de la democracia ateniense, la ciencia, la filosofía y la figura del héroe trágico. Allí, y no en la iglesia católica, duerme la espada del rey, el verdadero modelo de los nacional-revolucionarios europeos, que espera al ente capaz de empuñarla para poder reconstruir en Europa la autoridad y, con ella, el fundamento moral de la vida civilizada.
LA ALTERNATIVA NACIONAL-REVOLUCIONARIA NEO-MODERNA A LA VETERO-MODERNIDAD FRACASADA
La alternativa a la vetero-modernidad cristiano-secularizada se resume en un nuevo Renacimiento de Grecia, una neo-modernidad post-monoteísta radical. Precisamente aquéllo que filósofos como Levinas y sus seguidores actuales en las universidades católicas quieren impedir. Pero el Vaticano, la iglesia, no tiene que arder como en el 36, sino quedarse vacía, como también tienen que vaciarse la sinagoga y la mezquita. O convertirse en aulas universitarias para el pensamiento ilustrado, un monumento en honor de la mayoría de edad del hombre. Pues el hombre debe aceptar su finitud y en ello consiste el principio de la civilización superior.
No existe ningún más allá: matar por la salvación y la vida eterna constituye, ante todo, una vergonzosa estupidez que degrada a quien la comete por debajo de los animales. Idéntica cobardía espiritual impregna, empero, la mentalidad de la extrema derecha europea, siendo así que todos los idearios soteriológicos de oriundez abrahamánica (como documenta e ilustra el famoso episodio de Isaac) son ultras, violentos e intolerantes por naturaleza. "Matar al moro", incluso matar al yihadista, significa hacer lo que éste espera de nosotros: que nos convirtamos también en terroristas. Y no en vano a tales efectos le paga la oligarquía judaica que promueve los atentados. Nada más fácil para los ultras católicos (quienes llevan décades deseando una nueva cruzada y en el fondo deberían agradecer a la yihad la oportunidad de satisfacer por fin sus deseos) que dar ese paso hacia la anhelada guerra civil de religión. Porque integristas islámicos y ultras católicos son "lo mismo": el odio y el miedo a cualquier forma de laicidad ilustrada y pensamiento libre que no encubra la dolorosa verdad de la existencia. Los ultracatólicos aplauden así cada atentando llenos de ilusión y esperando el día en que ellos mismos puedan perpetrarlo contra las mezquitas con total impunidad.
Ser europeo no es una identidad basada en la raza. Tampoco ser judío. El judaísmo poco tiene de étnico-racial aunque lo quiera creer y hacer creer en su imaginario nacionalista; y el rubio Trump es un judío en el sentido más exacto y profundo de la palabra mientras que Marx no lo fue o sólo lo fue a su pesar.
GRIEGO O JUDÍO: HETE AQUÍ LA CUESTIÓN
Griego o judío. Hete aquí la cuestión. Y ser griego consiste en actuar de una determinada manera. El antisemita por excelencia, el antisemita cristiano que acusa a los judíos de demonios y mal infernal, es así un judío. De hecho no difama a los judíos, sino a los fariseos, otra secta judía y tan judía como la suya. Cristianos y fariseos, insisto en este punto, son únicamente dos sectas judías. Nada más. Ya de tales sectas hubo y hay todavía unas cuantas otras (saduceos, zelotas, esenios, hasidim...). Violentándose entre ellas, las sectas judías actúan como judías y se acusan mutuamente de encarnar el demonio. Otro tanto ocurre en el seno del islam entre chiítas y sunitas. Es la forma judía de existir. Pero, precisamente por ello, actuar así resulta incompatible con ser europeo en el sentido radical y axiológico del término. Las pautas de conducta que nos convierten en griegos son las que corresponden a la racionalidad, la verdad, la democracia, la ciencia, el pensamiento ilustrado y la ética trágico-heroica resumida en la máxima "la verdad hasta las últimas consecuencias".
Ahora bien, la verdad absoluta es la muerte, filosofema que funda el "fascismo" para horror de todas las sectas de Yahvé. Las cuales designan dicho filosofema ("Auschwitz") con las sobadas denominaciones sectarias de la demonología bíblica. La verdad significa, también, que es menester arrancar del solar histórico europeo, y hacerlo de raíz, el tronco del árbol monoteísta (las religiones judía, cristiana e islámica son sólo sus ramas) si queremos que algún día nuestros bosques sagrados vuelvan a florecer.
¿Cómo se conseguirá eso? ¿Por la violencia? No. ¡Jamás! Sino haciendo predominar la filosofía, la ciencia, la democracia y la razón como pautas de conducta en nuestras existencias individuales y colectivas. Será la verdad, es decir, la muerte misma y la muerte en cuanto verdad, la que liquide silenciosamente a Yahvé y vacíe a la postre las sinagogas, las iglesias y las mezquitas del continente europeo. Hete aquí el verdadero "exterminio" del judaísmo, no hay otro. Y tiene que acontecer primero en nuestros corazones, en los corazones de los propios judíos y en los corazones de los presuntos adversarios antisemitas de Sión, los ultraderechistas cristianos, quienes en realidad, como resulta tan fácil de demostrar, se cuentan entre los más fanáticos seguidores del cruel y genocida dios de la Biblia.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica, 29 de junio de 2017

martes, julio 04, 2017

LA FE, LA DROGA Y LA VERDAD













LA FE, LA DROGA Y LA VERDAD. ANTES DROGODEPENDIENTE QUE CREYENTE. La religión es el instrumento con que los débiles, es decir, quienes no pueden soportar la verdad de la existencia, logran cierta estabilidad psicológica a efectos de continuar sobreviviendo como sea. Más o menos igual que los drogadictos: su esencia es la mentira en cuanto forma de vida. Sin embargo, prefiero al drogadicto que al creyente y os diré por qué. El drogodependiente se mancilla a sí mismo, y lo sabe, y sufre por ello, pero continúa siendo un hombre, porque reconoce la misma verdad que quiere olvidar o minimizar, y no aspira a convertir su ignominia personal en una causa universal de salvación. En cambio, el creyente salpica con su cobardía a la humanidad toda al comprar el bienestar al precio de la verdad y al intentar extender el fraude con la pretensión de imponerlo como un dogma incluso a los valientes que no necesitan de las mentiras religiosas para existir con dignidad.



Creedme: antes un drogodependiente que un creyente. Y frente a ambos, el héroe, solitario, conmovedor, valeroso, en medio de la tempestad.

"El héroe es aquél que osa ser, el que se atreve con la verdad y la experimenta en la forma de la ruina, la oscuridad y la muerte" (Felipe Martínez Marzoa).



sábado, junio 24, 2017

GAUCHE NATIONALE: EL GIRO A LA IZQUIERDA DE MARINE LE PEN

















GAUCHE NATIONALE: EL GIRO A LA IZQUIERDA DE MARINE LE PEN. Importante reconocimiento implícito de nuestras tesis por parte de la única dirigente relevante que cuestiona las actuales políticas de inmigración. ¿Por qué ha fracasado Le Pen otra vez? Porque un giro a la izquierda nada menos que desde la extrema derecha no se puede improvisar en unas horas de forma tan oportunista y escasamente creíble para las masas obreras. Dicho cambio tiene que sustentarse en una refundación del Frente Nacional con otro nombre que incluya la palabra "izquierda" (gauche) vinculada a posiciones patrióticas a la par que sociales (nationale). Por no hablar de la laboriosa fundamentación ideológica correspondiente. La pesadilla de la oligarquía, es decir, aquello que más temen las élites financieras, podría entonces surgir en el corazón de Europa. Pero la estupidez ultra ha impedido durante décadas dar este paso histórico, que sólo nosotros hemos intentado en la más absoluta soledad. El precio a pagar por la inmadurez ideológica y política de los patriotas ha sido, empero, muy alto: una nueva derrota en la segunda vuelta de las presidenciales y la debacle más absoluta en las legislativas, con la pérdida de casi ocho millones de votos. A nuestros pueblos europeos ya no le queda, sin embargo, demasiado tiempo. Quienes desde la ultraderecha, con sus mezquinas campañas de difamaciones personales, obstaculicen el camino de la izquierda nacional, cuentan como traidores y cuando llegue el momento deberán responder por sus actos.


Marine Le Pen capitaliza la campaña con un giro a la izquierda

La candidata ultraderechista se declara "enemiga de las finanzas" y arremete contra su rival, Emmanuel Macron.
El fundador del Frente Nacional pide el voto para su hija en un deslucido acto
A Marine Le Pen ya solo le falta enarbolar la bandera roja. La candidata de la ultraderecha se ha volcado hacia la izquierda en los últimos días de campaña. Se declara "enemiga de las finanzas" y "del dinero insensible", promete mejorar los derechos sociales de los trabajadores y sigue martilleando sobre su rival, Emmanuel Macron, al que califica de "negación de la democracia". El Frente Nacional ofreció ayer sus dos caras: la del viejo Jean-Marie Le Pen, decrépito y apegado al antisemitismo y la homofobia, y la de Marine Le Pen, transformada en reina del populismo.
Jean-Marie Le Pen quiso celebrar el rito anual que él mismo instituyó hace casi 30 años: ofrenda ante el monumento a Juana de Arco y arenga incendiaria. Esta vez, sin embargo, la arenga se quedó en casi nada. A las dificultades físicas de Le Pen, un hombre de 88 años con la voz titubeante, la vista mermada y una grave sordera, se sumó un fallo técnico en su micrófono. El sonido se apagó y la escasa audiencia, unas 300 personas no demasiado jóvenes, empezó a disgregarse con Le Pen todavía en el estrado. Fue una reunión triste, quizá sintomática del cambio que se ha registrado en el Frente Nacional. Marine Le Pen, que ya no habla nunca del Frente Nacional, logró que ningún dirigente arropara a su padre y evitó toda referencia al acto en el mitin que celebró horas después.
El padre pidió el voto para su hija, "una hija de Francia". Pero también hizo lo posible por mortificarla. Hace unos días comentó que el homenaje oficial al policía asesinado en los Campos Elíseos el día 20 había sido en realidad "un homenaje a la homosexualidad". Fue una patada a los esfuerzos de Marine Le Pen por sacudirse la imagen de machismo rancio que arrastra su partido. Ayer, Jean-Marie Le Pen bromeó con "las visitas de Emmanuel Macron a los cementerios, que pueden ser de mal augurio". Se refería a los homenajes de Macron a las víctimas del Holocausto y a Brahim Bouarram, el joven marroquí al que el 1 de mayo de 1995 unos matones de ultraderecha asesinaron, arrojándolo al Sena, durante una celebración del Frente Nacional. El viejo Le Pen hace lo posible por mantener viva la tradición antisemita y xenófoba del partido que fundó.
Paralelamente, Marine Le Pen hace todo lo que puede para disimular que es la presidenta (de baja hasta el final de la campaña) del Frente Nacional. Aunque su público alcance el punto de ebullición cuando habla de "cuotas para inmigrantes", "cierre de fronteras", "proteccionismo" y "tolerancia cero" contra el terrorismo y la delincuencia común, la candidata, consciente de que los suyos van a votarla de todas formas, tiende los brazos hacia el electorado de la derecha clásica y católica y hacia el electorado de la izquierda populista. El resultado es una contorsión casi grotesca, una mezcla de tradicionalismo católico y chavismo que, de momento, carece de efecto en los sondeos. Le Pen sigue muy atrás. Su gran esperanza consiste en que el domingo la abstención sea muy alta, y para ello prodiga los ataques a Macron. Si ella no gana votos, al menos que los pierda su rival.
"Hoy, el enemigo de los franceses sigue siendo el mundo de la finanza", dijo en su mitin, celebrado en Villepinte, en pleno corazón de la banlieue parisina, para demostrar que la antigua zona roja es ya también su territorio. "Esta vez", siguió, el mundo de la finanza "tiene un nombre, un rostro, un partido y un candidato, Emmanuel Macron". Se presentó a sí misma como "la candidata de los franceses que se levantan temprano", copiando una popular frase de Nicolas Sarkozy, y calificó a Macron de "falso yerno ideal", "negación de la democracia", "enemigo de los derechos de los trabajadores", "aliado de los islamistas" e "hijo de François Hollande".
Marine Le Pen pronosticó que Emmanuel Macron engrosaría, desde el domingo, la lista de "los presidentes por derecho divino, como Alain Juppé, al que consideraban imbatible, y François Fillon, que se sentía ya designado al día siguiente de las primarias" de la derecha. Según ella, Macron estaba condenado a desempeñar el papel de Hillary Clinton. En un sistema electoral como el estadounidense, con compromisarios estatales, quizá Marine Le Pen podría repetir el éxito de Donald Trump. Pero Clinton obtuvo muchos más votos en total, y, en Francia solo cuenta el total de votos. Pese a la eficacia de su campaña, a la rabia con que ataca a Macron y a su talento oratorio, Marine Le Pen sigue siendo odiada por la mayoría de los electores.
Abrió el mitin el gaullista antieuropeo Nicolas Dupont-Aignan, el nuevo aliado e hipotético primer ministro de Marine Le Pen. Dupont-Aignan encarna la ruptura del cerco que hasta ahora separaba al Frente Nacional del resto de las fuerzas políticas y permite a la candidata hablar, con evidente exageración, de "la gran alianza patriótica" formada en torno a su figura. El aliado de Le Pen, que no llegó al 5% de los votos en la primera vuelta, se permitió criticar a "los pequeños fascistas izquierdistas del pensamiento único", sin tener en cuenta que para una parte de su audiencia el término "fascista" no constituía un insulto, sino lo contrario.

Cuando se celebró el mitin no se habían registrado aún los incidentes que dejaron varios policías heridos, uno de ellos con quemaduras graves. La maquinaria propagandística de Le Pen en las redes sociales se encargó de capitalizar el suceso, describiendo una Francia en manos de incontrolados y al borde de la guerra civil. La violencia del grupúsculo anarquista que atacó a la policía durante la manifestación sindical podría jugar a favor de una candidata cuyo primer lema electoral fue "Poner Francia en orden", que cuenta con muchos votantes entre la policía y los gendarmes (uno de cada dos, según los sondeos) y que promete más cárceles, leyes más duras y "la eliminación de la chusma".



Los obreros franceses abrazan a Marine Le Pen

La deslocalización y el paro convierten al Frente Nacional en el primer partido del cinturón industrial y minero del norte de Francia, histórico bastión socialista
La ultraderecha gana votos entre "una generación sin presente"
"Yo he hecho de todo, pero no hay manera, este hijo mío no atiende a razones. Aunque en el fondo le entiendo. En mi época las cosas eran distintas, teníamos un futuro. Su generación sin embargo no tiene ni siquiera un presente", asegura Pierre mientras le da vueltas interminables con la cucharilla al azúcar de su café con leche.
Tiene 63 años y es un soldador de Sallaumines, localidad de unos 10.000 habitantes a media hora en coche de Lille (norte de Francia), muy cerca de la frontera con Bélgica. Un paraje famoso por sus minas, aunque en los años 90 cerraron casi todas. Ha trabajado media vida en Durissotti, una compañía de la zona que produce carrocerías de automóviles, hasta que hace unos años le prejubilaron. Como buen obrero, siempre ha votado al Partido Socialista, siempre ha estado vinculado al CGT (Confederación General del Trabajo, el principal sindicato francés). Y ahora arrastra una decepción morrocotuda porque uno de sus hijos va y le sale del Frente Nacional.
"Tiene 36 años y no encuentra un trabajo en condiciones, sólo alguna chapuza aquí o allá. Está desesperado. Dice que es hora de cambiar, que así no vamos a ninguna parte", balbucea tan resignado como avergonzado.
Esta, la de Norte-Paso de Calais-Picardía, era una región 'roja' donde históricamente gobernaba siempre la izquierda. Pero ahora no. Ahora se ha vuelto azul, azul Marine. En Sallaumines, sin ir más lejos, nada menos que el 39,01% votó en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales por el Frente Nacional (FN).
El cambio tiene una explicación muy sencilla: desindustrialización. Entre 1980 y 2007, la industria francesa perdió el 36% de sus empleos; es decir, 1,9 millones de puestos de trabajo (71.000 al año), según la Dirección General de Política Económica. Esta zona fue la más afectada, la propia Sallaumines ocupa la 22º posición en la lista de localidades más golpeadas.
El paisaje lo confirma: fábricas abandonadas, fantasmagóricas naves desmanteladas.... Del sector industrial ya sólo comen 3,1 millones de franceses y representa únicamente el 12% de la actividad económica del país, frente al 20% de 1989.
Marine Le Pen sabe muy bien qué ha ocurrido por aquí en los últimos 40 años. No es que la zona se haya desindustrializado: se ha convertido en un páramo. Y sobre el miedo y la rabia de todos esos obreros que han perdido su trabajo, o temen perderlo, comenzó a trabajar...
Fue la primera en entender que de las graves heridas que la desindustrialización y la globalización han infligido a Francia se podía sacar tajada política. Algo de lo que ni el Partido Socialista ni la CGT se percataron, a pesar de que todo discurría ante sus narices. Ahora la situación es tan agónica que Philippe Martínez, secretario general de la CGT, anda pidiendo con la boca pequeña el voto para Macron (autor de la reforma laboral tan denostada por los sindicatos) con tal de pararle los pies a Le Pen.
A sólo 10 kilómetros de Sallaumine está Hénin-Beaumont. Ambas se encuentran en el corazón de la bassin-minier, la que fuera la principal zona minera de Francia durante tres siglos. Un área de 1.200 kilómetros cuadrados al noroeste del país con unas cifras absolutamente desoladoras: una tasa de paro del 19,7% (diez puntos más que el promedio del país), un índice de pobreza del 23,1% (frente al 14,5% de Francia en general) y una esperanza de vida de seis años menos que en la región de París. El abandono escolar está a la orden del día.
Desde aquí, desde Hénin-Beaumont, empezó su escalada Marine le Pen. Con la inestimable ayuda del Partido Socialista (PS) y en concreto de Pierre Darchicourt. Hijo de un sindicalista histórico, Darchicourt fue alcalde socialista de esta localidad de 26.000 habitantes durante 13 años. Hasta 2001, cuando se vio obligado a dimitir tras un escándalo de corrupción y un agujero en las cuentas locales de 16 millones de euros. Pero en lugar de darle una patada, como se merecía, el PS siguió apoyándole. Hasta 2009, cuando la gendarmería se lo llevó esposado.
El Frente Nacional empezó a crecer en esta zona en ese preciso instante. Fue haciéndose con cada vez más ayuntamientos de la bassin-minier como por ejemplo Hayange, gobernado de toda la vida por los socialistas y donde en las elecciones municipales de 2014 ganó el FN de la mano de Fabien Engelmann. Un tipo que ilustra a la perfección el vuelco que ha tenido lugar en estas tierras: era un sindicalista de la CGT que fue candidato en las municipales de 2008 en la localidad de Thionville por el partido Lucha Obrera. Hasta que en 2009, ¡voilà!, se pasó a la extrema derecha.
¿Y quién cree que ganó en la bassin-minier en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales? Pues sí, Marine Le Pen, claro. Se colocó en primera posición, con una fuerte ventaja sobre el resto de candidatos y sobre la media nacional, en prácticamente toda la región Norte-Paso de Calais- Picardía. Se anotó en total el 31,03 % de las papeletas, frente al 19,59 % de Melenchon y el 19,50 % de Macron. En la ciudad de Lille, no fue así. Pero es que el FN no acaba de cuajar en los centros urbanos, la burguesía de París, Lille o Lyon se le resiste. Lo suyo es la Francia rural y periférica.
Aunque probablemente el epígrafe final al socialismo aquí lo puso François Hollande. Por estas tierras nadie olvida cuando en 2012, en la anterior campaña electoral, se presentó en Florange, siempre en la zona minera, y prometió que si salía elegido aprobaría una ley que obligase a los empresarios a buscar un comprador para todas las fábricas que cerraran, a fin de evitar el desmantelamiento de los altos hornos de esa localidad. "Le creímos", se lamenta Daniel Jouvet, otra víctima de la desindustrialización de Sallaumines.
Pero después de llegar Hollande al Elíseo, llego la traición: incumplió lo prometido y los altos hornos de Florange cerraron. Y ahora la región es cada vez más azul, azul Marine.