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jueves, febrero 28, 2013

Hessel: el elogio unánime de los políticos corruptos es un bochorno para los indignados

¿Indignado o indigno?
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Examinemos los titulares de los periódicos y medios de comunicación todos: elogio casi unánime de los políticos, de los diarios, de las televisiones, de los opinadores, de los "intelectuales", del sistema oligárquico en su conjunto, a coro. Un auténtico bochorno para los indignados: ese clamor sistémico delata precisamente la verdadera calaña del "pensador" (¿?) Hessel. Se ha reconocido incluso, ya abiertamente, que en un momento de profunda crisis institucional, Hessel, el ex-expía, apareció de pronto en el escenario para apuntalar los valores del tambaleante dispositivo de dominación, como si dichos valores nada tuvieran que ver con la crisis misma. 
 
 
 
 
 
Hessel será un pensador, quizá, pero yo no conozco su obra (quizá la encuentren extraviada entre sus papeles póstumos). El insignificante panfleto !Indignaos! (2010) -o su cansina prolongación en el bodrio !Comprometeos! (2011)- puede ser calificado de cualquier cosa excepto de pensamiento. En fin, este entierro es un verdadero espectáculo donde los idiotas y los sinvergüenzas que pueblan el descompuesto universo occidental se mezclan en alegre charanga, invitados al óbito del personaje para evidenciar, precisamente, la decadencia de los indignados. La indignación quería ser una revolución pacífica, precepto que aplaudimos, pero una revolución pacífica cuyo "ideólogo" termina alabado por los banqueros, por los políticos corruptos y por los testaferros oligárquicos del denominado "mundo de la cultura", no es revolución, sino importura. Reflexionemos un instante: el pacifismo de un movimiento cívico coloca en el plano de las ideas la entera carga de la responsabilidad, del potencial y de la fuerza transformadora que supuestamente pretende, pero si esas ideas se limitan a remachar los valores vigentes y reciben por tal motivo el apoyo entusiasta, clamoroso y mayoritario del poder, ¿cuál puede ser el resultado de semejante "insurgencia"? ¿Qué cabe pensar de su promotor?

Hessel, perfecta caricatura del fraude intelectual y moral denominado "democracia", ha muerto. ¿Indignado o indigno? El régimen que nació de una revolución (burguesa) y ha convertido cierta retórica rebelde de consumo juvenil en una liturgia inocua marcada por el más obsceno conformismo y por una escandalosa mediocridad intelectual, también ha muerto. Pero el hedor del cadáver tardará todavía un poco en ofender nuestras narices.
 
Un indignado contra Hessel
28 de febrero de 2013

 

miércoles, febrero 27, 2013

Stéphane Hessel: fallece el envenenador de la revuelta ciudadana contra la oligarquía

Stéphane Hessel
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 





Ha fallecido Stéphane Hessel, ideólogo de los indignados y personaje de fama mundial al que esta bitácora ha dedicado un libro. Sólo esperamos que no haya muerto al cerrar la última de las 362 páginas del vitriólico ensayo que arroja por los suelos sus pretensiones de ejemplaridad moral.
 
 
 
 
Ya sabemos que no está bien incordiar a los muertos, pero los lectores de este blog conocen nuestra opinión sobre Hessel, por no hablar de nuestra celebérrima bajeza, es decir, nuestra obsesión por la verdad, moleste a quien moleste.
 
De aquí a poco reproduciremos en nuestro blog el segundo capítulo del libro "La manipulación de los indignados. Stéphane Hessel y la decadencia del movimiento 15 de mayo", firmado por "Un indignado" y, como es ya de dominio público, editado por Barbarroja (Madrid) el año pasado, con copyright a nombre de la Izquierda Nacional de los Trabajadores (para que todo el dinero de beneficio vaya a parar a un movimiento asambleario nacional hispánico y no a los bolsillos del autor, quien se conforma con que ustedes lo lean y verifiquen la diferencia entre la realidad documentada y las historias que les han contado sobre el pasado reciente de Europa).
 
El 15 de enero de este año presentamos la obra en la Universitat de Girona y estamos pendientes de un posible acto con ese mismo fin en Madrid y otro, hacia el otoño, en Valencia.
 
El escrito "contra" Hessel contiene "el abc" para una refundación del nacionalismo revolucionario, tanto por lo que se refiere a la estrategia y la táctica cuanto a la ideología del único planteamiento que, a nuestro entender, permite luchar contra la globalización capitalista sin  renunciar a la universalidad de la verdad y la ciencia. Hasta ahora, el libro en cuestión ha sido completamente ignorado por casi todos los dirigentes políticos que oficialmente se declaran "nacional-revolucionarios" o "social-patriotas", pero no podía ser de otra manera dado el grado de descomposición de dicho campo político.
 
Tampoco los indignados se han dado por aludidos hasta la fecha, quizá es demasiado pronto para dar la callada por respuesta.
 
Un nuevo inicio para los indignados
 
La muerte de Hessel a los 95 años tiene que abrir, entre los indignados, un período de reflexión que les permita expulsar de su organismo político el veneno inoculado por el fraudulento ideólogo fundacional, un auténtico "infiltrado" del sistema que la oligarquía envió a las calles para mojar la pólvora de la inminente revuelta popular contra las instituciones "democráticas". Ese decorado de cartón piedra que los usureros tienen montado en occidente para beneficio de una minoría de auténticos canallas, corruptos, incompetentes y asesinos, amenazaba ruina, y Hessel contribuyó, en efecto, a salvarlo o a postergar su vetustez por unos pocos años más.
 
Hessel sabía perfectamente cuál era la última misión del espía que siempre fue cuando saltó a la palestra en defensa, ante todo, de "los inmigrantes" (=mano de obra barata del Gran Capital),  nunca de las familias autóctonas azotadas por el paro y los desahucios. La falsa crisis que, en realidad, era una coartada económica planificada por los propios amos del dinero para justificar, después de saquear el erario público, el desmantelamiento del decorado humanitario de la posguerra, podía convertirse también, empero, en la chispa que desatara el incendio de una "revolución democrática" en la  que el antifascismo de Tel Aviv, Goldman Sachs, los políticos corruptos y la entrada incontrolada de inmigrantes en el país aparecieran por fin, ante los ciudadanos, como aspectos del mismo fenómeno.
 
El autor de Indignaos (2010) hizo un último servicio a los oligarcas que le mimaron, convirtiendo el movimiento indignado en una fiesta inocua de similares características que las manifestaciones de los sindicatos subvencionados (con sobres de dinero negro que pasan de mano en mano durante las ejecutivas federales) por el gobierno testaferro de la usurería.
 
El "pensador" francés más incompetente de la historia de Francia, con un patético panfleto de unas 30 páginas, consiguió algo importante: que los "valores fundamentales" del sistema oligárquico no quedaran afectados por un movimiento 15 de mayo actualmente sólo preocupado por el retorno al estado de bienestar (=sociedad de consumo) y que acusa al "fascismo" (¿?) de ser el culpable de las miserias sociales que padecen sus conciudadanos. Los sionistas Wall Street y los mangoneadores históricos de Hollywood deben frotarse las manos al contemplar el hondo arraigo de una mitología, la antifascista, que exonera a los miembros de la oligarquía y carga a las espaldas de perversos nazis imaginarios incluso los negocios de Blackwater en Iraq. No digamos ya la burbuja financiera, que, como todos sabemos, Hitler ha orquestado desde sus bases de la Antártida para llenar de divisas unas cuentas suizas que, ya en su tiempo, superaban con mucho las de Bárcenas o la patriótica familia Pujol.
 
Un indignado
27 de febrero de 2013

 

miércoles, enero 16, 2013

Grabación de la conferencia de Jaume Farrerons en la Universitat de Girona (15 de enero de 2013): la criminalidad genocida del sistema oligárquico

Jaume Farrerons acusó de impunidad criminal y genocidio al estamento político occidental en su totalidad.
























http://archive.org/details/Manipulacion15M

Presentació del llibre "La manipulación de los Indignados. Stéphane Hessel y la decadencia del Movimiento 15-M":


"No necesitamos una mitología prefabricada sobre la resistencia
francesa para enfrentar los poderes oligárquicos del momento: aquello
que urge hoy es una racionalidad que nos permita analizar y comprender
como se ha pasado en occidente de los discursos humanitarios de la
posguerra a la realidad brutal de los mercados financieros, a la
impunidad del genocidio perpetrado en nombre de idearios progresistas,
al escándalo permanente del Tercer Mundo, a las agresiones
imperialistas por el dominio de las reservas de petróleo y a los
delirantes designios expansionistas bíblicos del Estado de Israel."



Jaume Farrerons, llicenciat en filosofia a la Universitat de Barcelona,
intentarà explicar les causes del fracàs del moviment indignat
analitzant la influència nefasta que, al seu entendre, ha exercit la
figura de Hessel, un diplomàtic professional que es despenjà en un
moment crucial de crispació social per lliurar a la ciutadania la
pólvora doctrinal amb què, suposadament, es faria saltar el sistema
oligàrquic en crisi, però, i si era ja en realitat una pólvora ja
mullada on es preservaven els valors essencials d'aquest mateix sistema?


L'autor intenta demostrar, basant-se en fonts totalment fiables, que
l'estament polític actual, a escala mundial, no sols és corrupte o fins i
tot criminal, sinó responsable d'autèntics genocidis --els pitjors de
la història-- els quals resten oblidats i impunes gràcies als
dispositius de manipulació que són la premsa, la televisió, l'anomenat
món de la cultura i la propaganda política, tot fent referència a obres
de personatges com Illan Pappé, Zygmut Bauman, Norman Finkelstein, Lenni
Brenner, Alfred de Zayas, Gilles Macdonogh. Stéphane Courtois, Jörg
Friedrich, James Petras, James Bacque, John Sack, Daniel Goldhagen, Noam
Chomsky, entre d'altres.

Així es proposa que el moviment
indignat faci autocrítica, s'alliberi de la influència ideològica de
Hessel i enfoqui l'atac a l'estament polític corrupte no com un intent
de reconstruir l'obsoleta societat de consum socialdemòcrata, sinó com
un projecte de creació ex novo d'una democràcia popular participativa
basada, en primer lloc, en la veritat racional i en el rebuig de totes
les utopies que el sistema neoliberal utilitza per a fomentar la
constant reinversió de capital, la fabricació de nous productes que
presumptament han de portar-nos la felicitat, quan sols ens porten una
creixent misèria moral. Potser els valors hedonistes o eudemonistes
defensats actualment pels indignats no serien, en definitiva,
revolucionaris, sinó els autèntics pilars axiològics de la societat
burgesa en què encara vivim. Serien, en suma, la font ideològica de
justificació no sols de l'opressió, sinó de totes les massacres que han
acompanyat el desenvolupament de l'oligarquia financera des de la
Declaració Universal dels Drets Humans l'any 1948.


Dimarts 15 de gener, a les 19:00, a la Sala de Graus de la Facultat de Lletres (Universitat de Girona)

Organitza:

ASSOFIA - Associació d'estudiants i professors de filosofia
assofia.mail@gmail.com
facebook.com/assofia

El contenido in extenso de la conferencia en el libro:







DOCUMENTACIÓN ANEXA

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2009/08/la-criminalizacion-del-fascismo.html

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2010/02/la-cerd-o-los-asesinos-que-nos.html

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2010/11/los-asesinos-que-nos-gobiernan-2.html


 

sábado, diciembre 29, 2012

Stéphane Hessel o la pólvora mojada del sistema oligárquico


Stéphane Hessel
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
PRIMER CAPÍTULO DEL LIBRO "LA MANIPULACIÓN DE LOS INDIGNADOS"
 

Resulta imposible comprender las ideas de Hessel sin explicar quién es. Para los aspectos básicos me remito a la página de Wikipedia, poco sospechosa animadversión hacia un ex prisionero de Buchenwald. Hessel es el vástago, padre judío y madre alemana, de una familia burguesa acomodada de Berlín. Alumno de una escuela de élite elevado a los altares de la ONU gracias a sus excelentes relaciones privadas con oligócratas (verbi gratia: la esposa de Roosevelt), Hessel “osténtase” ante los jóvenes actuales como paradigma ético. No cabe duda de que el comportamiento de Hessel durante la Segunda Guerra Mundial, abandonando un seguro exilio inglés para infiltrarse clandestinamente en territorio controlado por los alemanes, constituye un acto de heroísmo que sería mezquino negar. Tampoco puede obviarse la inteligencia y alto nivel cultural de Hessel, que explican en parte, pero sólo en parte, su vertiginosa carrera hacia las cumbres de la diplomacia occidental. Las luces de Hessel resultan de sobra conocidas, ¿hará falta subrayarlas? Mas junto a las luces existen también las sombras en su vida. Unas sombras que no pueden ser calificadas sólo de anecdóticas, por aquello de que nadie sería perfecto. Nuestra tarea consiste aquí en criticar las ideas de Hessel, pero a tenor de que él mismo se ha erigido como “modelo”, es decir, como encarnación de aquello que dice defender, no podremos eludir el trabajo de una cierta desmitificación personal.
De la lectura de su autobiografía se desprende, por de pronto, la decisiva influencia de unos progenitores que encarnan todos los tópicos de los ambientes vanguardistas. Por ejemplo, el adulterio de la madre tolerado por el padre marca tempranamente su impronta en la personalidad del muchacho. Éste desarrolla un sentido de la moralidad harto relativista, compatible, por un lado, con la picaresca, el robo y la mentira, y, por otro, con una vaga noción estética de “progresismo” muy propia de los “antifascistas” de procedencia burguesa. Para que nos hagamos una idea de la frivolidad intelectual de Hessel, obsérvese cómo valora las aficiones quirománticas de una compañera lesbiana de la madre y la idea de “racionalidad” que desprende:

Justamente porque trató la interpretación de las líneas de la mano como una ciencia, para mí encarna el triunfo seguro de la razón.[1]

Será la “razón” de la masonería, pero no aquello que un filósofo serio pueda admitir como tal. De la parte materna le benefician, por otro lado, nada desdeñables relaciones familiares con el mundo de la banca, en las cuales no profundizan las memorias, pero sabemos que cuando su padre Franz tiene que huir de los nazis, nada menos que los Rothschild de París son quienes le reclaman.[2] Hessel –cuyo talento y valentía, insisto en ello, no negamos- nunca ha dejado de moverse con listeza entre las altas esferas del poder, incluidas las del bando estalinista.

Ahora bien, después de décadas de impunidad del sionismo, que alguien con semejante pedigrí (se declara “amigo de Israel”), funcionario de las Naciones Unidas y diplomático francés a las órdenes del derechista Giscard d’Estaing, pueda gozar de credibilidad como crítico del “sistema”, sólo confirma el grado de lavado de cerebro al que han estado sometidos los ciudadanos de Occidente durante décadas. La inversión en propaganda ha sido muy útil para el dispositivo oligárquico, porque incluso cuando los maltratados por ese mismo aparato de explotación y coacción toman la palabra, aquello que habla en ellos y a través de ellos sigue siendo, en la mayor parte de los casos, la propia oligarquía. Parece evidente que el dispendio publicitario a lo largo de medio siglo resulta, más que rentable, imprescindible para los poderosos. Debemos entender así por qué gobiernos y grandes empresas gastan cantidades astronómicas de dinero en la partida de manipulación psíquica de la población.

Mayo del 68: el fraude de la modernidad transgresiva,
cuyos frutos conocemos bien. Daniel Cohn-Bendit
burlándose del "policía" en cuanto "encarnación de la ley".
Hessel no debería, en efecto, merecer nuestra confianza ética. Preguntémonos cómo escapó Hessel a la muerte en Buchenwald. Pues bien, fue gracias a la intervención de Eugen Kogon, miembro del comité de políticos que dirigía el campo a cuenta de los alemanes. Kogon era “amigo” del médico de las SS que le salvó la vida. Todo esto nárralo el propio Kogon en su libro Der SS-Staat. Das System der deutschen Konzentrationslager, traducido al francés bajo el título L’enfer organisé (1947). Testigo del juicio de Nüremberg contra los nazis, Kogon devino una eminencia reconocida entre los escritores de la literatura sobre “el Holocausto” y se cuenta entre los “padres fundadores” de la República Federal Alemana. Pero resulta que, según Kogon, los nazis sólo le exigían al comité del campo, so pena de substituirlo por otro, que mantuviera el orden entre los presos. A cambio de esta colaboración, los energúmenos del comité, casi todos ellos de filiación estalinista, recibían porciones de comida suplementarias y se apropiaban, a costa de la mayoría, de las magras raciones de los presos comunes o políticos no comunistas, provocando con ello hambrunas, enfermedades y altos índices de mortandad. La supuesta ética de muchos de los supervivientes se basaba así en la corrupción, en la delación y en la bestialidad de los castigos que la mafia comunista de Buchenwald infligía al resto de los internos con la colaboración, por activa o por pasiva, de la dirección SS del campo. Kogon nos cuenta que el comité comunista de Buchenwald, compinchado con la SS, ocultaba a las inspecciones de Berlín y a los visitantes (cadetes de la policía, juventudes hitlerianas, diplomáticos o prominentes de potencias fascistas) las evidencias de que se practicaba la tortura (Kogon, p. 256):

Frecuentemente, tenían lugar en los campos las visitas de la SS. Con este motivo, la jefatura de la SS aplicaba un extraño método: por una parte disimulaba todos los detalles accesorios; por otra organizaba verdaderas exhibiciones. Todos los dispositivos que podían hacer adivinar que se torturaba a los presos eran pasados en silencio por los guías y se les ocultaba. De este modo el famoso potro que se encontraba en la plaza era disimulado en un barracón habitable hasta que partían los visitantes. (…) Igualmente eran apartadas las horcas y las estacas en las cuales se colgaba a los presos. Los visitantes eran conducidos a través de unas ‘instalaciones modelo’: enfermería, cine, cocina, biblioteca, almacenes, servicio de limpieza de ropa y sección de agricultura.[3]

El infierno estaba organizado, así reza el título galo de la obra, pero parece que los comunistas eran expertos en sacar partido de una situación política privilegiada empeorando la del resto de internos. Kogon afirma que “tenía en mis manos al doctor Ding-Schuller” (Kogon, p. 218) y algo más sorprendente todavía (Kogon, p. 275):

Las direcciones de los campos no eran capaces de ejercer un control sobre decenas de millares de presos de otra manera que no fuese la exterior y esporádica. Ella ignoraba lo que realmente sucedía tras las alambradas.[4]

Las conclusiones de Kogon resultan estupefacientes para los espectadores de Hollywood, porque al parecer haber sido preso de Buchenwald no constituye ninguna garantía de moralidad (Kogon, pp. 16-17):

(…) era un mundo en sí, un estado en sí, un orden sin derecho en el cual se arrojaba a un ser humano, que a partir de ese momento sacando partido de sus virtudes y de sus vicios –más vicios que virtudes- sólo combatía para salvar su miserable existencia. ¿Luchaba sólo contra la SS? ¡Por supuesto que no! Le era preciso luchar otro tanto, si no más, contra sus compañeros de cautiverio (…). Decenas de millares de supervivientes a los que el régimen de terror ejercido por arrogantes compañeros ha hecho sufrir aún más quizá que las infamias de las SS, me agradecerán por haber señalado igualmente este otro aspecto de los campos, por no haber tenido miedo de descubrir el papel representado en diversos campos por ciertos tipos políticos que hoy pregonan a voces su antifascismo intransigente. Yo sé que algunos camaradas míos se han desesperado viendo cómo la injusticia y la brutalidad fueron adornadas después con la aureola del heroísmo por personas honradas que no sospechaban nada. Esos explotadores de los campos no serán ensalzados en mi estudio porque éste ofrece los medios para hacer palidecer esas glorias usurpadas.

Sin embargo, pese a estas afirmaciones, el propio Kogon reconoce de qué manera ha evitado, en su libro, inculpar a los presos políticos responsables de los mencionados abusos criminales (Kogon, pp. 20-21):

(…) para disipar ciertos temores y demostrar que este relato no corría peligro de transformarse en acta de acusación contra ciertos presos que habían ocupado una posición dominante en el campo, lo leí, a comienzos del mes de mayo de 1945, cuando ya estaba casi terminado y sólo faltaban los dos últimos capítulos de un total de doce, ante un grupo de quince personas que habían pertenecido a la dirección clandestina del campo o que representaban a determinadas agrupaciones políticas de detenidos.

En suma, Kogon admite en la introducción a su libro, ya de por sí bastante revelador, que encubrió a los responsables de los crímenes; no en vano el propio Kogon formaba parte de esa élite de presos privilegiados. Él mismo tenía mucho que callar. Ahora bien, si Hessel pudo falsificar sus papeles y salvar así su vida gracias a la amistad de Kogon con el médico-jefe de las SS, doctor Ding-Schuler, según cuenta la Wikipedia, parece evidente que Hessel pertenecía también de alguna manera, como poco en calidad de “protegido de lujo”, a la cúpula del comité:

At Buchenwald, Kogon spent part of his time working as a clerk for camp doctor Erwin Ding-Schuler, who headed up the typhus experimentation ward there. According to Kogon's own statements, he was able to develop a relationship bordering on trust with Ding-Schuler, after becoming his clerk in 1943. In time, they had conversations about family concerns, the political situation and events at the front. According to Kogon, through his influence on Ding-Schuler, he was able to save the lives of many prisoners, including Stéphane Hessel, by exchanging their identities with those of prisoners who had died of typhus. In early April 1945, Kogon and the head prisoner nurse in the typhus experimentation ward, Arthur Dietsch found out from Ding-Schuler that their names were on a list of 46 prisoners who the SS wanted to execute shortly before the expected liberation of the camp. Ding-Schuler saved Kogon's life at the end of the war by hiding him in a crate and smuggling him out of Buchenwald.[5]

En definitiva, Hessel pudo sobrevivir gracias a la brutal mafia de presos políticos que, en beneficio propio, gestionaba el campo a cuenta de las SS. Kogon y Hessel fueron ambos beneficiarios de esa mafia. ¿Cómo alcanzó Hessel tales posiciones de privilegio? El propio Hessel, quien reconoce en su autobiografía que ha sido un mentiroso empedernido hasta los 70 años, atribúyelo a la “amistad”:

A finales de septiembre, la conjura estaba madura. Yeo-Thomas debía elegir a los beneficiarios. ¿Uno? ¿Dos? Tres como máximo. Eligió a un inglés, Harry Peulevé, y a un francés, yo. ¿Por qué a mí? ¿Para que hubiera un oficial francés? ¿Porque hablaba alemán? Quién sabe. Tal vez por amistad.[6]

En la obra de Kogon, los hechos que afectan a Stéphane Hessel son relatados en las páginas 226-232 de la versión alemana y 217-225 de la francesa. Aunque el fondo del relato es el mismo, se trata de textos muy distintos. En la versión alemana, la original, ya se anuncia que Hessel se ha convertido en un funcionario de las Naciones Unidas:

Die Rettung gelang. Yeo-Thomas und Pauleve sind heute in London. Stéphane Hessel in New York bei der UN.

 
Drogas, sexo, pederastia, violencia, negación de todas
las normas: hoy son políticos corruptos.
¿Debería extrañarnos? Cohn-Bendit joven.
La versión francesa amplía la importancia atribuida a la figura de Hessel reproduciendo in extenso algunas notas o cartas que éste hiciera circular y en virtud de las cuales se le erige poco menos que en héroe cinematográfico. Desde luego, que Hessel culminara su carrera en la ONU no puede ser ajeno al hecho de que la cúpula comunista del campo decidiera seleccionarlo. Cuando habla de mera „amistad“, Hessel oculta los verdaderos motivos. En las dos versiones de la obra, Hessel es descrito por Kogon como alguien que trabaja para el servicio secreto del general De Gaulle. En consecuencia, la displicente actitud de Hessel hacia el comunismo debe ser observada con lupa, porque su salvación a manos de los comunistas de Buchenwald fue un acto político. Comunistas eran quienes decidían entre la vida y la muerte (Kogon, pp. 231-232):

Les forces clandestines du camp ont sauvé des centaines de camarades de toutes nations de ce block 61; dans cette affaire, c’étaient les communistes qui avaient le plus de chance. (...) Les détenus chargés du choix avaient toujours la possibilité de procéder à des échanges de persones, et les victimes qu’ils choisissaient n’étaient pas toujuours ceux qui étaient qualifiés de „traîtres“ ou „d’espions de la SS“ par leurs compatriotes. Dans toute una série de cas bien déterminés, on livra ainsi à la mort des hommes dont le seul crime était d’être en mauvais termes avec les communistes dirigeant leur groupe national, ou d’avoir fait quelque déclaration politique contre le parti communiste.

Pero es que, además, los comunistas sólo podían ejercer su dominio a través de sus contactos con los nazis. En el caso de Kogon, el Dr. Ding-Schuler, de las SS, como ya hemos subrayado. Conviene no olvidar, en este sentido, que en 1940, la vigencia del pacto germano-soviético, firmado el 23 de agosto de 1939, había convertido a comunistas de toda Europa en aliados del nacionalsocialismo. Para los antifascistas españoles, dicha alianza debió de convertirse en una auténtica revelación. Cuando los alemanes ocuparon París, el partido comunista francés y Hitler formaban en el mismo bando. Según cuenta Herbert Lottmann en La rive gauche, a los comunistas  (Lottmann, p. 202):

(…) la línea oficial les hacía considerar la guerra francobritánica con Alemania como imperialista; en lugar de combatir el fascismo, la lealtad a la línea soviética les imponía sabotear a lo que ellos llamaban ‘la pretendida guerra antifascista’ y considerar agresores a los franceses y a los británicos. Después de la ocupación de París por los alemanes, en junio de 1940, todavía transcurrió un año hasta la invasión de la URSS por Hitler. El órgano oficial comunista, L’Humanité, publicado clandestinamente, trataba la guerra como un asunto de bandas rivales, entre bandidos, y está probado que los comunistas solicitaron a las fuerzas alemanas de ocupación el permiso para publicar un L’Humanité hostil a la guerra. La idea gustó a los alemanes, pero el gobierno de Pétain opuso su veto.
 
Hessel joven: "luché contra Hitler".
Es en esa misma época que algunos comunistas presos en Alemania se convierten –por razones obvias- en internos privilegiados que controlan al resto de los reclusos. Esta relación de conveniencia entre nacionalsocialistas y comunistas no sería rota por Moscú, sino por los nazis, puesto que fue Hitler, ante un incrédulo Stalin, quien decidió invadir la Unión Soviética en 1941. En el momento de cruzar la frontera rusa, el holocausto todavía formaba parte del futuro, pero el régimen bolchevique, desde la época de Lenin, ya había exterminado a 13 millones de ciudadanos rusos. Este hecho no impidió a Churchill y De Gaulle, para quien Hessel trabajaba en calidad de espía, hacer causa común con los soviéticos, como si luchar contra Berlín fuera más justificable que apoyar a otro dictador; con la diferencia de que Stalin, en ese momento, además de tirano era ya un probado genocida y asesino de masas. Hitler, no. Atacada Rusia, el partido comunista se hizo inmediatamente con el control de la Resistencia francesa contra los alemanes, pero las características morales de esa Resistencia se tienen que convalidar con la atroz idiosincrasia del régimen estalinista para el que trabajaban, de forma consciente, la mayor  parte de los resistentes. De manera que, cuando Hessel fue detenido e internado en Buchenwald, el apoyo que recibió por parte de la cúpula comunista del campo puede calificarse, sí, de “política”, pero en el peor sentido de la palabra. Hablar de “indignación” y, al mismo tiempo, aceptar un vínculo con los estalinistas, “compromiso” cuyas consecuencias Hessel no podía ignorar, es lo más parecido a burlarse de la gente, eso que los políticos profesionales acostumbran a hacer con los ciudadanos.

Puede pretenderse honestamente que la alianza con Stalin tenía un sentido racional para los nacionalismos francés y británico, cuya intención de ganarle una guerra al nacionalismo alemán era en cuanto tal tan válida como la contraria. Pero aquélla quiere envolverse con el manto del heroísmo cuando no hay lugar para la palabra “ética” en semejante contexto abominable. Utilizar la ética para tales fines es indignante: si la Segunda Guerra Mundial fue desencadenada por la invasión alemana de Polonia, pero siempre con ese sentido ético, que Hessel esgrime, de amparar a un país agredido, ¿por qué Francia e Inglaterra no declararon la guerra a la URSS en 1939? ¿No cruzaron los soviéticos la frontera oriental y se apropiaron de la mitad de la nación polaca en cumplimiento del pacto Ribbentrop-Molotov? ¿No invadió Stalin a continuación los Países Bálticos y luego Finlandia? ¿Dónde se escondía entonces la supuesta ética de los gabinetes de Londres y París? Hessel afirma que se alegró cuando el Ejército Rojo derrotó a los nazis, pero esa victoria permitió, precisamente, que no sólo Polonia, sino toda la Europa del Este cayera en manos de Stalin. Quizá los polacos, víctimas de Katyn, no se alegraran tanto de los éxitos de Moscú. Gracias a su alianza con Inglaterra, Francia y Estados Unidos, el comunismo totalitario pudo extenderse a China y otros países; y continuar impunemente con sus genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en todo el mundo, hasta alcanzar la cifra de 100 millones de víctimas. ¿Es esta “ética de juventud” la que pretende esgrimir Hessel contra los políticos corruptos de nuestros días? ¿No fueron los acontecimientos a los que me estoy refiriendo el origen histórico del fraude, es decir, de la falsa democracia en el seno de un estamento político que ya ha mostrado con creces a todos los ciudadanos cuál es su verdadero rostro? ¿No será que él, Hessel, forma parte de la misma casta política que pretende criticar? ¿No trabajaba para ella al publicar su libro, como siempre hizo a lo largo de su dilatada carrera de trepador institucional?

Para la España que se ha convertido en epicentro del movimiento de los indignados, es muy importante tener una idea clara de contra qué está luchándose. En nuestros días, los historiadores, que, tras la caída del comunismo totalitario, tienen acceso a los archivos de Moscú, han llegado a conclusiones poco conocidas por la mayoría. Así, según Stephen Koch, autor de El fin de la inocencia (Koch, p. 317):

(…) durante los meses más cruciales, heroicos y sangrientos de la lucha armada antifascista en Europa, mientras españoles y radicales de todo el mundo se jugaban la vida por lo que creían que era una batalla para detener la oleada fascista, el gobierno soviético, el supuesto patrocinador de esa batalla y esa lucha, utilizaba el sufrimiento español en negociaciones cuyo objetivo era una alianza con Hitler.

La finalidad de Stalin al pactar con Hitler no era, empero, ni mucho menos, evitar la guerra, sino conseguir que el Tercer Reich y las potencias occidentales se desgastaran en un conflicto previo para, a continuación, poder sacar provecho de la situación e invadir una Alemania ya debilitada, expandiendo la sanguinaria dictadura comunista por toda Europa. El “antifascismo” en el que militó Hessel no representa más que una pieza muy pequeña en este puzzle de política caracterizada por el cinismo, el crimen y el más absoluto desprecio de todos los principios éticos (Koch, p. 157):

Stalin propuso una política dual, en apariencia contradictoria, pero coherente en la realidad. Una vez que Hitler estuvo en el poder, la estrategia de Stalin fue estabilizar sus fronteras orientales dirigiendo la agresión nazi contra las democracias occidentales. De haber guerra, quería que fuese entre Alemania y Occidente, mientras él quedaba al margen del conflicto tras la seguridad de una alianza con Hitler. Parece haber asumido que Hitler sería tan cauto como él. Estaba completamente convencido de que los alemanes jamás se embarcarían en una guerra en dos frentes. Por supuesto que, pese a su considerable admiración por el tirano de Berlín, Stalin no quería que Hitler ganase. Su idea era destruir a Hitler y a las democracias en una tercera guerra mundial que acabaría con la intervención del Ejército Rojo en territorios ya preparados por los servicios secretos y sólo cuando los combates de verdad hubieran cesado. Entonces, él, gángster contra gángster, podría apuñalar por la espalda a un rival ya maltrecho por los combates.

Hitler, perfectamente consciente del doble juego de Stalin, decidió adelantarse y atacarle por sorpresa en 1941, siendo así que el verdadero objetivo del nazismo no eran las democracias occidentales (a las que ofreció la paz en diversas ocasiones), sino la destrucción del comunismo y la creación de un “imperio alemán” en el Este que esclavizaría a los eslavos como “raza inferior”; colonialismo aplicado a europeos que nos escandaliza, pero que Francia, EEUU e Inglaterra ya habían puesto en práctica hasta la náusea con pueblos “de color”.

Hessel en apoyo al partido de Cohn-Bendit.
Con todo lo que actualmente sabemos, la Segunda Guerra Mundial no cabe concebirla como una lucha entre la democracia y la tiranía, la ética y la infamia, según pretendieron hacernos creer los vencedores: fue una lucha entre distintos imperialismos, a cual más opresor e inmoral. Y de esa lucha brotó vencedora la putrefacta clase política actual, amparada en la hegemonía de los Estados Unidos e Israel, con las consecuencias que, pasados sesenta años, los ciudadanos conocemos de sobras (aunque las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, Dresde, Palestina o el gulag, entre otras atrocidades, dejaran claro desde el principio, para quien no quisiera taparse los ojos, lo que podía esperarse de los “antifascistas”). Pero Hessel pretende convencernos de que, pese a la corrupción, pese al crimen y el genocidio que precedió, acompañó y siguió a la victoria de los aliados, esa guerra fue una gesta épica; y que Hessel mismo debe servirnos de paradigma o modelo cívico para enfrentarnos, precisamente, a los herederos políticos de quienes ganaron. Semejante pretensión no puede sostenerse ni un segundo ante una conciencia crítica y bien informada sobre los hechos. Hessel miente. ¡No nos dejemos manipular!

Mimado por los comunistas, Hessel vivió en Buchenwald todo lo bien que se podía vivir en un campo de concentración de cualesquiera de los bandos en conflicto. Cierto es que los miembros de la Resistencia iban siendo liquidados a medida que avanzaba el curso de la guerra, pero lo que oculta Hessel al lector es que la Convención de Ginebra no amparaba a una guerrilla que, sin uniforme, lanzara alevosos ataques sorpresa –o sea, por la espalda- contra tropas regulares. El maquis, a la luz de la legislación militar internacional, estaba compuesto por criminales que podían ser ejecutados inmediatamente sobre el terreno de manera perfectamente legítima. Y así actuaron los aliados con los paracaidistas alemanes apresados que, con uniformes ingleses o americanos, habían precedido a la contraofensiva de la Wehrmacht en las Ardenas destruyendo o anulando postes de señalización y comunicaciones. No obstante, Hessel, espía y así reo de muerte, desconoció el horror en Buchenwald, ese celebérrimo horror del que, según Hessel, sólo tuvo noticias… ¡cuando leyó el libro de Kogon!

El 8 de septiembre, dieciséis de nosotros fuimos llamados a la torre. Balachowski nos confirmó, tres días después, que habían sido ejecutados. Nos ocultó los aspectos atroces del ahorcamiento que había averiguado. Estos horrores, como tantos otros, yo los descubriría tres años más tarde en El estado de las SS de Eugen Kogon, nuestro segundo salvador. Kogon trabajaba también en el barracón 50 con Ding-Schukler (sic), cuya confianza se había ganado. Estaba al corriente de los experimentos in vivo que Ding llevaba a cabo con “criminales”.[7]

La descripción que hace Hessel de su estancia en Buchenwald incluye pasajes como los siguientes:

Escuchaba las noticias de la radio alemana a través de un altavoz. La víspera del bombardeo de Gustloff, París había sido liberado por los Aliados. Una gran emoción. Alfred Balachowski vino a vernos y nos trajo conejo. Estaba rico.

Ignoramos hasta qué punto había que disfrutar de privilegios para comer conejo en Buchenwald, pero, desde luego, no es ésta la imagen que se nos ofrece habitualmente de un campo de concentración nazi. Por lo demás, el propio Hessel compara su destino con el de los denominados Muselmänner, quienes trabajaban hasta la extenuación y cuyo aspecto físico era lo más parecido al de un faquir. Convine no olvidar que en aquellos momentos, centenares de miles de mujeres y niños alemanes eran quemados vivos por los bombardeos incendiarios aliados y, en consecuencia, los nazis no se andaban con chiquitas a la hora de tratar a los prisioneros enemigos. En cualquier caso, quizá por ser privilegiados de los campos, entre los que al parecer se contaba Hessel, podían también organizarse en Buchenwald espectáculos artísticos:

También estaba Hewitt, a quien los SS habían autorizado a montar un cuarteto de cuerda que tocaba Mozart, por la noche, en uno de los barracones. Extraño campo, donde se podía tocar música y escribir tragedias.

Conejo, teatro… Curiosas formas del “horror”. ¡El propio Hessel tiene que reconocerlo, pues la norma canónica de aquello que debe ser, a los ojos del mundo, un Konzentrationslager alemán, no procede de su propia experiencia, sino del libro de Kogon, como él mismo ha admitido! Pero la metodología con que Kogon escribió su obra tiene un carácter tan nauseabundamente político como los criterios que permitieron seleccionar a Hessel para ser salvado del fusilamiento (Kogon, p. 15):

J’espère être parvenu, même sur les points les plus délicats, à dire la vérité toujours de telle sorte qu’elle serve au bien et non au mal.

 Que sirva al “bien” significa aquí: a la causa aliada de Stalin y Roosevelt.

El promotor de la "transgresión" Cohn-Bendit.
Toda una vida como político profesional.
Hessel funcionario de la ONU, diplomático, político

La carrera de Hessel empezó después de la Segunda Guerra Mundial. Una recomendación de la esposa de Roosevelt le permitió formar parte del grupo de redactores de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948). Sobre Roosevelt ya se conocen algunas exquisiteces morales, como, por ejemplo,  durante la conferencia de Teherán (1943), su aprobación a las propuestas de Stalin de asesinar a 50.000 oficiales alemanes prisioneros. Cuando Churchill manifestó su repugnancia ante semejante sugerencia, Roosevelt respondió:

Como siempre, parece que me toca hacer de mediador en la contienda. ¿Por qué no lo dejamos en 49.500?

Y el hijo de Roosevelt, Elliot, se sumó al coro del crimen de guerra planificado con la siguiente afirmación:

Espero que se ocupen de esos cincuenta mil criminales de guerra, pero ¡que no se olviden de otros varios centenares de miles de nazis!

Roosevelt fue favorable a la aplicación del plan Kaufman/Morgenthau, del que ya hablaremos más abajo, cuya finalidad era el exterminio del pueblo alemán. En una conversación con el ministro del Interior de EEUU a propósito de dicho plan genocida, castraciones y esterilizaciones incluidas, Roosevelt afirmó:

Tenemos que ser duros con los alemanes, y me refiero al pueblo alemán, no sólo a los nazis. También tenemos que castrar a los alemanes de a pie, o cuando menos habrá que tratarles de tal forma que no puedan seguir alumbrando sin más a individuos que deseen continuar por el mismo camino que antes.[8]

Como es sabido, la bomba atómica norteamericana fue construida bajo el mandato de Roosevelt y lanzada sobre el Japón por orden del presidente Truman. Pues bien, Truman heredó un memorándum secreto redactado por Roosevelt y Churchill donde se establecía que “una vez construida la bomba, se podría, después de maduras consideraciones, utilizar contra los japoneses, a los que se advertiría que se repetiría esta acción hasta que se rindieran.” No creemos que se pueda gozar de la amistad de la esposa de Roosevelt inocentemente. Mientras ella promovía la futura Declaración Universal de los Derechos Humanos, su marido, en la habitación contigua, diseñaba políticamente el arma absoluta y redactaba el documento que iba a permitir utilizarla contra decenas de miles de civiles inocentes. La ética no tolera estas ambigüedades. ¿Qué dijo la señora Roosevelt cuando Truman arrojó finalmente el “horror” –este sí, de verdad- sobre las cabezas de las mujeres y los niños japoneses? Agárrense, indignados: “Truman tomó la única decisión que podía”, pues el uso de la bomba era necesario “para evitar el tremendo sacrificio de vidas estadounidenses”. Pero esta afirmación es éticamente insostenible, además de una mentira de hecho: los norteamericanos estaban ya perfectamente informados de que la intención del Japón era rendirse de manera inmediata. El problema consistía precisamente en eso, porque EEUU buscaba poder lanzar la bomba para conocer sus efectos reales e intimidar, de paso, a la Unión Soviética. Por si fuera poco, una vez lanzada la de Hiroshima, y todo ello con el supuesto fin de salvar más vidas americanas, los héroes de la libertad glorificados por Hollywood lanzaron un segundo artilugio mortífero sobre Nagasaki. Eleanor, la amiga de Hessel, legitimó estas atrocidades. A tenor del favor que gozaba de la primera dama, no creemos que Hessel se lo reprochara como merecía... Una vez más, los amigos de Hessel le delatan. Toda su influencia personal procede de dudosos contactos con el estamento político oligárquico, y ello hasta niveles verdaderamente asombrosos. Ora son los criminales comunistas, ora los criminales capitalistas, pero Hessel no deja nunca de beneficiarse de singulares referentes humanos de la “barbarie” del siglo XX. Todo ello, empero, en nombre de unos “ideales maravillosos”, cuya encarnación humana él, como judío de Buchenwald, representaría paradigmáticamente.


Es cierto que Hessel cuenta también con el apoyo de Daniel Cohn-Bendit, el mítico dirigente “rebelde” de mayo del 68 convertido de por vida en funcionario de las instituciones europeas. Pero Cohn-Bendit no es precisamente un dechado de ética, siendo así que en su heroica juventud se dedicó a promover argumentaciones político-filosóficas a favor de las relaciones sexuales entre adultos y niños. Se le considera un legitimador ideológico de la pederastia y ha tenido que pedir perdón por ello (“La Vanguardia”, 22-2-2001):


Veintiséis años más tarde, la hija de Ulrike Meinhof desentierra varias entrevistas y un viejo libro Le grand bazar, publicado en 1975, sin que entonces llamase la atención, haciendo afirmaciones de este tipo: ‘Ocurrió que algunos niños me abrían la bragueta y me hacían cosquillas. Yo reaccionaba de manera diferente según las circunstancias. A veces, les decía a los niños: ¿Por qué no jugáis entre vosotros...? Pero ellos seguían y yo terminaba por acariciarlos’. Cohn-Bendit agrega: ‘Mi ligue con los chavales tomaba, rápido, formas eróticas...’ Estas afirmaciones y comentarios formaban parte de su libro, en el que su autor evoca su aventura personal en los medios ‘contra-culturales’ franceses y alemanes de los años sesenta y setenta, contando, con mucho detalle, sus grandes experiencias y grandes debates en materia de educación y sexualidad, y abogando, con distinto énfasis, en muy distintas ‘liberaciones’. Veinticinco años más tarde, Cohn-Bendit descubre horrorizado, afirma, el ‘alcance’ de sus declaraciones, realizadas, según él, ‘para escandalizar a los burgueses’. Cohn-Bendit sale al paso de cualquier sospecha de pederastia, declarando: ‘Nunca tuve relaciones sexuales con ningún niño. Por otra parte, los padres y los niños de la guardería donde yo trabajaba publicaron una carta abierta en la prensa alemana, insistiendo que jamás hubo la menor sospecha de pederastia. No hay ninguna duda’. El semanario L’Express desentierra hoy esta historia, y pone en boca de Cohn-Bendit esta frase: ‘Sabiendo lo que hoy sé sobre abusos sexuales, siento un remordimiento profundo por haber llegado a escribir y declarar estas cosas...’. Cohn-Bendit intenta explicarse afirmando que, en verdad, muchas de las afirmaciones de su libro Le grand bazar son sencillamente falsas, poniendo como propias ‘reflexiones sobre la sexualidad infantil que corrían entre los grupos contraculturales’. ‘Hoy -concluye Cohn-Bendit en L’Express- todo esto parece horrible e incomprensible. Y quizá lo sea. Pero, en mi libro, es un condensado de las discusiones que sosteníamos padres y educadores en la guardería donde yo trabajaba’.

 
Hessel y Cohn-Bendit son correligionarios del partido Europe Ecologie. Pero un ciudadano indignado nunca aceptaría compartir escaño u opción política con un personaje capaz de semejantes afirmaciones, sobre cuyas consecuencias no basta con disculparse. Quien en edad adulta ha dicho: “podía sentir perfectamente cómo las niñas de cinco años habían aprendido a excitarme” (1976), tiene que dimitir de cualquier cargo público. Pero Cohn-Bendit, muy a la española, no soltó jamás su poltrona y no parece que Hessel se lo haya reprochado. Al contrario, le apoyó públicamente el 9 de febrero de 2011 en la campaña electoral de Europe Écologie. Una vez más, la política pasa por delante de la ética en Hessel. ¿Cuenta este personaje con autoridad moral alguna para tutelar filosóficamente la rebelión de los indignados? Que el lector juzgue por sí mismo.



[1] Hessel, S., Mi baile con el siglo, Barcelona, Destino, 2011, p. 40.

[2] Op. cit., p. 33.

[3]    Traducimos directamente de la versión francesa, pero, para mayor seguridad, hemos confrontado el texto con la versión original (p. 260) y constatado que la francesa es más extensa e incluye detalles que no se encuentran en la edición alemana, pese a lo cual el sentido es básicamente el mismo: “SS Besuche fanden in den Lagern haufig statt. Die Lagerführung entwickelte dabei eine merkwürdige Praxis: einerseits verschleierte sie die Zusammenhänge, anderseitszeigte sie besondere Schaustücke. Einrichtungen, die auf Marterungen der Häftlinge hinweisen konnten, wurden bei den Führungen übergangen, derartige Gegenstände versteck. So kam zum Beispiel der berüchtige „Bock“, wenn er auf dem Appellplatz stand, so lange in eine Wohnbaracke, bis die Besucher wieder gegangen waren. En la versión francesa se encuentra la siguiente precisión, ausente en la alemana: Une fois, semble-t-il, on oublia de prendre ces mesures de prudence : un visitant ayant demandé quel était cet instrument, l’un des chefs de camp répondit que c’était un modèle de menuiserie servant à fabriquer des formes spéciales. Les potences et les pieux auxquels on pendait les détenus étaient également rangés chaque fois.

[4]    Versión francesa: Les directions des camps n’étaient pas capables d’exercer sur des dizaines de milliers de serfs un contrôle autre que purement extérieur et sporadique. Elles ignoraient ce qui se passait réellement derrière les barbelés. Versión alemana (p. 280) : Die Lagerführungen waren nicht imstande, Zehntausende von Unterjochten anders als rein äuBerlich und durch plötzliche Eingriffe zu kontrolieren. Was hinter dem Stacheldraht wirklich vorging, blieb ihnen verborgen.

[5] Traducimos al castellano: “(…) en Buchenwald, Kogon pasó parte de su tiempo trabajando como oficinista para el doctor Erwin Ding-Shuler, quien lideraba la sala de experimentación del tifus del campo. Según las propias declaraciones de Kogon, fue capaz de desarrollar una relación que bordeaba la confianza con Ding–Schuler después de convertirse en su oficinista en 1943. A partir de entonces, tenía con él conversaciones sobre asuntos familiares, la situación política y el frente. De acuerdo con Kogon, gracias a su influencia con Ding–Schuler, fue capaz de salvar la vida de muchos prisioneros, incluido Stéphane Hessel, cambiando sus identidades con aquellos que habían muerto de tifus. A principios de abril de 1945, Kogon y el jefe de enfermeros prisioneros de la sala de experimentación con tifus, Arthur Dietsch (sic) supieron por el propio Ding-Schuler que sus nombres estaban en la lista de 46 prisioneros que los SS querían ejecutar inmediatamente antes de la esperada liberación del campo. Ding-Schuler salvo la vida de Kogon al final de la guerra escondiéndolo en un cajón de embalaje y sacándolo ilegalmente de Buchenwald.

[6] Hessel, S., Mi baile con el siglo. Memorias, Barcelona, Destino, 2011, p. 100.

[7] Hessel, S., Bailando con el siglo, op. cit., p. 99.

[8] Reagan, Geoffrey: Guerras, políticos y mentiras. Cómo nos engañan manipulando el pasado y el presente, Barcelona, Crítica, 2006, p. 45.


martes, diciembre 25, 2012

Conferencia de Jaume Farrerons en la Universitat de Girona (15 de enero de 2013)


No necesitamos una mitología prefabricada sobre la resistencia francesa para enfrentar los poderes oligárquicos del momento: aquello que urge hoy es una racionalidad que nos permita analizar y comperender cómo se ha pasado en occidente de los discursos humanitarios de la posguerra a la realidad brutal de los mercados financieros, a la impunitat del genocidio perpetrado en nombre de idearios progresistas, al escándalo permanente del Tercer Mundo, a las agresiones imperialistas por el dominio de las reservas del petróleo y a los delirantes designios expansionistas bíblicos del Estado de Israel.

Jaume Farrerons, licenciado en filosofía por la Universidad de Barcelona, intentará explicar las causas del fracaso del movimiento indignado analizando la influencia nefasta que, a su entender, ha ejercido la figura de Hessel, un diplomático profesional que se descolgó en un momento crucial de crispación social para entregar a la ciudadanía la pólvora doctrinal con que, supuestamente, se haría saltar por los aires el sistema oligárquico en crisis. Pero, ¿y si era en realidad una pólvora ya mojada donde se preservaban los valores esenciales de ese mismo sistema?

El autor pretende demostrar, basándose en fuentes absolutamente fiables, que el estamento político actual, a escala mundial, no es sólo corrupto e incluso criminal, sino responsable de auténticos genocidios -los peores de la historia-, los cuales han quedado olvidados e impunes gracias a los dispositivos de manipulación que son la prensa, la televisión, el denominado "mundo de la cultura" y la propaganda política. Todo ello haciendo referencia a obras de personajes como Illan Pappé, Israel Shahak, Zygmut Bauman, Norman Finkelstein, Lenni Brenner, Alfred de Zayas, Gilles Macdonough, Stéphane Courtois, Jörg Friedrich, James Petras, James Bacque, John Sack, Daniel Goldhagen y Noam Chomsky, entre otros.

Así, se propone que el movimiento indignado haga autocrítica, que se libere de la influencia ideológica de Hessel y enfoque el ataque al estamento político corrupto no como un intento de reconstruir la obsoleta sociedad de consumo socialdemócrata, sino como un proyecto de creación ex novo de una democracia popular participativa basada, en primer lugar, en la verdad racional y en el rechazo de todas las utopías que el sistema neoliberal utiliza para fomentar la constante reinversión del capital, la fabricación de nuevos productos que supuestamente han de traernos la felicidad, cuando sólo nos traen una creciente miseria moral. Quizá los valores hedonistas y eudemonistas defendidos actualmente por los indignados no serían, en definitiva, revolucionarios, antes bien los auténticos pilares ideológicos de la sociedad burguesa en la que todavía vivimos. Serían, en suma, la fuente doctrinal de justificación no sólo de la opresión económica, sino de todas las masacres que han acompañado el desarrollo de la oligarquía financiera desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

Martes, 15 de enero, a las 19:00 h., en la Sala de Graus de la Facultat de Lletres (Universitat de Girona).
Organiza: ASSOFIA - Associació d'Estudiants i Professors de Filosofia.
La Marca Hispànica, 25 de desembre de 2013

 

lunes, diciembre 03, 2012

Stéphane Hessel desenmascarado

Anunciamos la publicación del libro La manipulación de los indignados. Stéphane Hessel y la decadencia del movimiento 15 de mayo, que aparece este mes en Ediciones Barbarroja (Madrid).
 
Se trata de una obra anónima, firmada por "un indignado", que recoge bajo pseudónimo las inquietudes planteadas por el blog FILOSOFIA CRÍTICA desde el año 2007 en que el sitio fuera fundado por Jaume Farrerons. Para resumir de la forma más sintética posible la intención del autor, estamos ante un precipitado filosófico-literario de las cuestiones que han caracterizado el quehacer teórico y crítico de nuestra bitácora, debidamente condensadas, estructuradas y puestas en relación con el Movimiento 15 de Mayo, las causas ideológicas de cuya decadencia analízanse a lo largo de 362 páginas.

Recordemos que fue un 15 de mayo (de 1948) cuando se desencadenó la Nakba. ¿Casualidad?
 
Es evidente que FILOSOFÍA CRÍTICA comparte con los indignados su oposición a la oligarquía político-económica corrupta y criminal que oprime a los trabajadores de la nación. Pero, al mismo tiempo, FILOSOFÍA CRÍTICA considera un tremendo error, e incluso un fraude, que el señalado movimiento haya sido doctrinalmente tutelado por un miembro de dicha oligarquía, a saber, el diplomático francés y ex recluso judío de Buchenwald Stéphane Hessel. Los motivos se exponen en el libro.
 
La obra de referencia representa un intento de promover la refundación del proyecto regeneracionista democrático subyacente al movimiento indignado más allá de retóricas antifascistas -las cuales disimulan con dificultad su procedencia comunista y, hurgando sólo un poco más, la ubicua matriz sionista- que  han determinado la decadencia imparable, fatal y "programada" del fenómeno social en cuestión.
 
Todos aquellos que hayan seguido el desarrollo de FILOSOFÍA CRÍTICA tienen ahora la oportunidad de recapitular, en un texto inédito, las consecuencias teóricas y prácticas de la lucha contra el dispositivo antifascista de dominación pública que se instaló en el poder en el hemisferio occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Lejos de vivir "dichosos y felices" correteando por el jardín de una democracia del bienestar, como canta la propaganda sistémica con agudos de sirena, los ciudadanos nos sobrevivimos bajo una dictadura genocida encubierta que en los próximos años no hará sino acentuar sus rasgos totalitarios.
 
El activismo de resistencia contra la oligarquía sionista transnacional no puede prescindir de la demolición crítica del imaginario antifascista plasmada en  La manipulación de los indignados. Con este libro iníciase un debate que trascenderá, de forma irreversible, la manida dicotomía fascismo-antifascismo, arrojándonos a un escenario ideológico novedoso. El autor intenta, en efecto, superar lugares comunes que autores críticos de la talla de Chomsky o Petras comparten con los peores lacayos doctrinales del despótico aparato político-ideológico neoliberal. También aquéllos, y no digamos ya Hessel, a pesar de su aparente radicalidad "izquierdista", siguen prisioneros de dogmas intangibles, cuya negación no conduce necesariamente, como pretenden los voceros de los medios de comunicación o los politicastros oligárquicos, a una tardía resurrección de los obsoletos movimientos fascistas, sino a una genuina alternativa democrática, socialista y nacional.
 
La dirección NR del cambio ha sido, pues, señalada al fin con diáfana claridad. Ahora sólo se trata de tener el valor de evitar repetir, fascistas o comunistas, los viejos errores de siempre.
 
 La Marca Hispánica, 1º de diciembre de 2012

ÍNDICE DEL LIBRO

A modo de presentación  

Introducción  
Capítulo I. Hessel mismo: de la familia bien a la canonización oligárquica

Capítulo II.  Indignación… ¡contra los “fascistas”! 

Capítulo  III.  Principios  y  valores  (1).  Sartre  o  al fascista “hay que hacerle sufrir poco a poco”

Capítulo  IV.  Principios  y  valores  (2).  Merleau-Ponty o matemos al bebé nazi porque “desde que ya vivió, aceptó las reglas del juego”

Capítulo V. La ideología (1). Los propios judíos
Capítulo VI. La ideología (2). La esperanza permite “obtener resultados”

Capítulo  VII.  La  ideología  (3). El  miedo  a  ser asesinado en el gulag como “egoísmo” fascista  
Capítulo VIII. El Estado de Israel o cuando lo deseable deviene posible

Capítulo IX. El Holocausto (1). El negacionismo de la Nakba

Capítulo  X.  El  Holocausto  (2).Los  grandes genocidios olvidados

Capítulo XI. El Holocausto (3). La singularidad de Auschwitz
Capítulo  XII.  El  Holocausto  (4).  Las  causas: ¿por qué los alemanes persiguieron a los judíos?

Capítulo XIII. Sobre la ideología oligárquica

Capítulo  XIV.  La  verdad  sobre  la  Résistance française
Capítulo XV. Un camino hacia la izquierda

Conclusiones  y  propuestas.  Cómo  acabar  con  la oligarquía sin derramar ni una sola gota de sangre
Bibliografía