sábado, noviembre 20, 2021

LA PUREZA DEL NIHIL. EN MEMORIA DE LOS MILLONES DE PERSONAS EXTERMINADAS BAJO LA ACUSACIÓN DE FASCISTAS


"La religión de los germanos, cuya base documental nos ha sido transmitida por fuentes escandinavas ---fundamentalmente islandesas--- redactadas en torno al año 1000 n. e., representa un legado mitológico de gran interés. Domina en ella una visión trágica del mundo, que se manifiesta en la omnipresencia del conflicto y en la sobredeterminación del destino. Este último orienta la mitología de los hombres del norte y cobra una importancia tal vez mayor que en ninguna otra cosmovisión religiosa. Educado para la guerra, consagrado a ella, el germano se sabe convocado a una batalla final cuyo signo es conocido de antemano. El motivo del Ragnarök ---el destino de los dioses--- dota a la religiosidad germánica de un tinte destinal y de una coherencia trágica que se sopreponen a la voluntad y al mérito. Apenas hay lugar en ella para una soteriología éticamente orientada. La escatología, ya se exprese en forma épica ya en forma apocalíptica, hunde sus raíces en una metafísica destinal ajena a cualquier doctrina de salvación." 

Patxi Lanceros, El destino de los dioses. Interpretación de la mitología nórdica, Madrid, Trotta, 2001, p. 17.


 "La existencia propia del hombre histórico significa: ser puesto como brecha en la que irrumpe y aparece la superioridad del poder del ser, para que esta brecha misma se quiebre bajo el ser." 

(1935)

Martin Heidegger, Introducción a la metafísica, Barcelona, Gedisa, 1993, p. 149

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¿20-N? Quizá. Pero coincidió con el Día Mundial de la Filosofía. Un 20 de noviembre de 2007 se fundó FILOSOFÍA CRÍTICA en memoria de los millones de personas exterminadas bajo la acusación de "fascistas". Los olvidados de los olvidados. Pero nosotros no olvidamos.

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Nos han preguntado si mantenerse fiel al "fascismo" tiene a estas alturas algún sentido práctico (¿conseguiremos el éxito?); búrlanse: ¿no es algo así como celebrar una derrota o regodearse de manera gótica en la Caída de Berlín, en las imágenes de los niños y abuelos alemanes marchando al frente ---perdida ya la guerra--- con sus Panzerfaust, en el loco concepto de guerra total atribuido a Goebbels...? Etcétera. El nihilismo, en definitiva. 

Pero mi tarea no consiste aquí en resolver los problemas estratégicos y tácticos del fascismo, sino en salvaguardar la existencia misma de la idea. Primero hay que rescatar la idea, después ya examinaremos las técnicas de organización. Sólo si la idea no perece, cabrá la posibilidad de luchar por ella. Sin embargo, los sedicentes fascistas, aquellos que todavía osan declararse fascistas, ignoran qué es el fascismo. ¡Tenemos los escritos de los líderes fundadores!  O sea, se pretende restaurar el fascismo tomando como base los textos organizativos, estratégicos y tácticos de los años 20 y 30 del siglo pasado. Ridículo. Pero yo voy todavía más allá: ¿podría el fascismo y, singularmente, el nacionalsocialismo, enmendarle la plana al sentido fundamental de la mitología nórdica? No hablo de la creencia en los dioses nórdicos, sino en los valores que se desprenden de dicha mitología. Como nacionalsocialista, NIEGO que la autoridad de cualquier lider político, incluido Adolf Hitler, se anteponga a la verdad. No hay nacionalsocialismo que valga contra el mensaje central de la mitología germánica. En consecuencia, si la mitología germánica resulta incompatible con toda soteriología, también será incompatible con la soteriología cristiana y, por ende, el nacionalsocialismo y el cristianismo se erigirán como doctrinas opuestas, antagónicas, irreconciliables... De hecho, el fascismo surgió con la expresa finalidad de erradicar el judeo-cristianismo del solar histórico europeo. Quien afirme lo contrario ignora el fondo más recóndito y esencial del fascismo. 

La palabra nihilismo suena despectiva y se caracteriza por su mala prensa intelectual. Es el vocablo peyorativo utilizado en filosofía para referirse al fascismo sin mencionarlo a efectos de no mancillar un discurso "teórico puro" con la vulgaridad de la política. En sus textos, la mayoría de los académicos designan la caída en el nihilismo como la peor bajeza en que el pensamiento pueda incurrir. ¡Por algo será! No se les ocurre explicar, más allá del tópico y a pesar de su condición de filósofos, en qué consiste eso del nihilismo y por qué resultaría a la postre tan negativo. Una versión light de lo que ocurre, en política, con "fascismo". Cualquier iletrado se puede llenar la boca de "fascismo" o "fascista" para desacreditar al adversario. Nadie quiere, por supuesto, ser identificado como fascista. Y quienes aseguran sentirse fascistas, muy pocos, son en realidad presuntos creyentes cristianos, la antípoda del fascismo. No habría, pues, fascistas. Incluidos los ultraderechistas. Por ello no tengo ni he tenido nada que ver con ese gueto político. La extrema derecha no es fascismoYo conozco a muy pocos fascistas. Podría contarlos con los dedos de una mano y todavía me sobrarían dedos. En todo caso, nadie sabe explicarme en qué consiste el fascismo y por qué es tan odiado.Cuando te espetan, bajo una lluvia de esputos, que el fascismo es el mal absoluto por esto X o por aquéllo Y, basta hacerle al antifa de turno unas pocas preguntas elementales respecto a si esto X o aquéllo Y también se detecta en el comunismo y el liberalismo en proporciones mucho mayores y ahí se le terminan sus argumentos: mera ignorancia histórica y mucha propaganda aliada incrustadas en el cerebro. Después de tan breve diálogo viene ya acto seguido raudo el insulto e incluso la agresión. Pero me interesa abundar ahora, por enésima vez y retomando la temática de la entrada sobre El destino de los mortales, en este tema de la victoria y la derrota. ¿Nos gusta acaso la derrota? Más todavía: ¿fue la Caída de Berlín una mera derrota o hay ahí algo más

¿VICTORIA O DERROTA?

No querríamos la victoria, sino la verdad, aunque la verdad saliera siempre derrotada de la lid. Y tiene que ser así para que la verdad viva. Su encarnación es la figura del héroe. Ahora bien, cuando perecemos en la lucha por la verdad, ese sacrificio consituye "lo más alto". No hay nada sobre la tierra que se pueda equiparar a la verdad encarnada. Un sacrificio, aclaro, sin contrapartida compensatoria; para que nos entendemos: sin premio. Ni siquiera la fama o la memoria nacional, tan preciada por los guerreros griegos y romanos de la Antigüedad. El fascismo ha purificado la idea del heroísmo hasta las últimas consecuencias. Mejor el anonimato, como las limosnas entre los cristianos, que el pago. El terrorista islámico espera el cielo y no se distingue, en este punto, de sus víctimas despanzurradas en la discoteca: el paraíso coránico se parece demasiado a un vulgar hotel bien provisto de señoritas y vino. Y es la muerte propia aquéllo que se reivindica, no el asesinato. Mucho menos, el canallesco asesinato de inocentes indefensos típico del terrorismo... El soldado desconocido, que no representa a un individuo concreto sino la comunidad por la que cayó, es nuestro modelo anónimo en las antípodas del terrorista (cuyo acto aparece asignado a una recompensa personalísima). Hete aquí nuestra victoria. Tenemos que morir ---devenir mortales--- para que "lo más alto" brille rutilante un instante sobre la tierra entre la masa de humanes que nos rodean. La muerte representa, lo repetiré mil veces, la condición trascendental de posibilidad del acto heroico. Éste es esencialmente trágico. Agradezco a la muerte la oportunidad que nos brinda para romper lazos con los humanes (incluida su presunta inmortalidad) y elevarnos al rango de mortales. Si nos ofrecieran verazmente la resurrección de la carne, entre otras chucherías religiosas, la rechazaríamos. Se trata de una decisión, no de la constatación de un "hecho". El fascista escupe en el rostro de Yahvé cuando éste le ofrece su bíblico premio. El fascista convalida la muerte/finitud como ser de todo ente y refunda la pagana consagración de la vida. 

No aceptamos resignados la muerte: la afirmamos con orgullo en negando la fe soteriológica de la masa. ¿Decadencia? ¿Nihilismo? La ausencia de recompensa, el nihil ---la nada--- constituye el summum de la espiritualidad. ¿O es que esperamos alguna remuneración por el cuidado dedicado a nuestros padres ancianos? Algunos, sí, pero en su interior saben de su incurable mezquindad. La verdad no es un medio para el paraíso de la huríes, el cielo, la vida eterna, el más allá gnóstico o la resurrección de la carne... La verdad significa el valor supremo y, en consecuencia, para decirlo kantianamente, un fin en sí mismo. La decadencia es, precisamente, cómica y se caracteriza porque no hay tragedia. Su máxima honestidad acontece en el humor. Jesucristo, el dios que muere por nuestros pecados pero resucita ---y sabe desde el principio que resucitará--- es humor judío para la ridiculización del héroe ario. 


Cada día, los ultraderechistas cristianos insultan a los soldados alemanes caídos por el Reich y por la Verdad con esa cómica historia del dios judío que "murió" en la cruz pero luego resucitó para recoger su premio. 

Ni una gota de decadencia hallarán ustedes en el ideario de los mortales, porque la experiencia de la muerte no se confunde con el fallecimiento ---poco de funerario hay en ella---, sino que nombra el momentum de la máxima potenciación vital. Decadencia es el ideal de la felicidad y, peor aún, de la esperanza. Luchar sólo por la victoria es ya decadencia. Por ejemplo: imbuir en los soldados la creencia en la inmortalidad o drogarlos para que luchen con más ardor ---una práctica habitual en los ejércitos--- es el pecado por excelencia para el fascismo, porque se ha mancillado y extirpado de cuajo la raíz del heroísmo. Y la victoria, si llega, ya no será la victoria de la verdad, sino la victoria del fraude y la cobardía. La muerte es el final. Nuestra felicidad se llama lucha; nuestra esperanza, cumplir la promesa del destino, la gran batalla del final de los tiempos en las inmediaciones del abismo. 

Sin experiencia de la muerte no es posible el surgimiento de "lo más alto". El culto fascista del héroe ---que ha muerto por todos nosotros--- nada tiene que ver con la religión de las ovejas y sus pastores o con cualquier otra creencia en la "salvación", sino con aquélo que el arte trágico-heroico que Richard Wagner intentó plasmar en su obra. La imagen del héroe trágico caído en combate encarna aquí la suprema expresión de lo bello. En el Estado artístico la nación toda es la expresión imponente y sublime del significado último de todas las cosas. Sólo esta fe ---el fascismo--- nos concede graciosamente la genuina invencibilidad que en vano ofertan los judeo-cristianos con sus regalos envenenados (resurrección, amor, esperanza, felicidad, vida eterna...).  El cristianismo es la inversión judía, punto por punto, del fascismo/paganismo. Pero podemos refundarlo también reinterpretando la figura del Cristo desde los valores fascistas y devolverles así el golpe a nuestros enemigos. Nosotros podemos reconducir el fascismo a sus fuentes madres y restaur su esencia perdida.  

¿POR QUÉ SE LLAMA GÖTTERDÄMMERUNG?

El ocaso de los dioses no nombra, por tanto, una situación accidental que quepa revertir con "la victoria", sino la esencia misma del fascismo. Y el verdadero motivo por el que el fascismo inspira tanto odio viene de ahí. No sus crímenes o supuestos crímenes. No su presunto racismo. No su proverbial autoritarismo. No su detestable antisemitismo. Si el motivo fueran los genocidios nazis, los humanes deberían odiar más todavía al comunismo o al liberalismo que al fascismo y vemos que no es así. El auténtico motivo es la verdad. El fascismo mienta la verdad que el humán se niega a convalidar. Nosotros los fascistas, en consecuencia, no pertenecemos a la humanidad. Hemos dado un sí a la muerte ---la verdad--- que nos condena a las tinieblas exteriores satánicas imaginadas por todos los enanos, santurrones e idiotas de este mundo. El cristianismo, no lo olvidemos, convirtió en demonios todos los dioses paganos, incluidos los dioses blancos. Nos hallamos en el acto fundacional de nuestra tradición. Los dioses germánicos son dioses mortales, es decir, finitos. El ocaso de los dioses significa la muerte de los dioses. En este extremo, la religión germánica, a diferencia de la griega o la romana ya parcialmente contaminadas por el sirocco egipcio y otros vientos del sur, guarda en su sencilla humildad la perla, el secreto de hielo, de la religión aria originaria. El famoso Walhalla es ya influencia cristiana, semítica: la anti-Europa. Pero incluso el nefasto Walhalla ---una lucha prolongada por toda la eternidad--- poco tiene que ver con el paraíso celestial de oriudez africana u oriental. ¿Eran nihilistas los germanos? Pues entonces los fascistas también somos nihilistas y el círculo se ha cerradoEn eso consiste la filosofía.

Para los germanos, en efecto, por encima de los dioses erígese el tiempo, representado por la figura de las nornasLas nornas rigen el destino. Y los dioses están sometidos al destino que las nornas personifican. Un destino ---la Moira para los griegos--- que ni siquiera pueden doblegar los inmortales dioses olímpicos. En la fe germánica, el destino se llama Ragnarök, batalla del final de los tiempos donde los germanos avanzan hacia la destrucción a sabiendas de que la derrota es inevitable. Cumplen con su deber en el anonimato más absoluto. El Ragnarök articula en un código mítico el filosofema central ---Sein zum Tode--- del pensamiento de Heidegger, a saber, el "estado de resuelto" (Entschlossenheit) o verlaufen zum Tode ("correr al encuentro de la muerte") del existente (Dasein). El filósofo alemán, culminación y final de la filosofía, no hizo otra cosa que elevar a concepto y secularizar en la razón la experiencia fundamental de la religión germánica, referente tradicional último e irrebasable de la ideología fascista. 


¿EXISTEN FASCISTAS? 

Así pues, nadie puede pretender que alguien se haya sacado todo esto de la manga porque "está loco". Y puedo afirmar que quienes, entre los presuntos patriotas, estigmatizan a los "ateos" o "nihilistas" por haber proclamado la verdad, no les niegan a ellos, niegan, en realidad, el fascismo. Valoran más (humano, demasiado humano) su vida eterna individual ("yo, yo, yo") que la comunidad nacional, pues eso significa en su boca que "Dios", el dios judío Yahvé, está por encima de la nación, a saber: que ellos mismos ---su "espíritu", su "inmortalidad", su "felicidad"--- son obviamente más importantes que la nación. Sin quererlo, confiesan así su sistema de valores. No otra es, empero, la fórmula de la decadencia, que los ultraderechistas encarnan a la perfección como los cristianos que son, en el mismo momento en que creen mantenerse en pie en un mundo en ruinas. Y así, con su abyección y mezquindad, estos tristes personajillos judíos de picaresca española se retratan en un grotesco strip tease psicológico (para decirlo con las palabras de Laureno Luna). Opción que me parece muy adecuada a su idiosincrasia bíblica, pero que, insisto, no es fascismo, sino antifascismo. 

Nosotros no les hemos olvidado. 

La extrema derecha utiliza, aunque de momento a pequeña escala dada su impotencia política, mecanismos de difamación, ensordecimiento y represión análogos a los que el sistema oligárquico ha empleado con los ultras ---y con los verdaderos fascistas. (Por ejemplo, Hitler "estaba loco", fue conocido en su tiempo, como Musspolini, como "el loco" ). No se les ocurre nada mejor: la carta de la normalidad cristiano-burguesa del sentido común frente al disidente. ¡Ellos! Patético. Por cuanto si ya resulta estupefaciente que la esencia del fascismo sea ignorada por quienes se pretenden fascistas, más asombroso parece todavía que, una vez corregido el error, sea también dicha esencia escarnecida. Y ello en defensa de otra doctrina que constituye la antípoda ideológica y axiológica del fascismo. ¿Querían que les explicara lo que es la decadencia? Pues aquí tienen su definición. Decadencia no es el nihilismo y la muerte, decadencia es esa hipóstasis moral egomórfica del individuo, la sacralización del propio yo ("alma" a imagen de dios) en el "más allá" (¡imagínense a ese mismo yo en el "más acá"!), es decir, la irrisión pura y simple de los valores que deberían poder rescatarnos de la podrida society actual. Pretendiendo además, por si fuera poco, que el antídoto contra dicha decadencia es precisamente la pócima emponzoñada de la religión, los valores judaicos, inviscerados en el cristianismo, que han provocado la ruina de Europa

Quien quiera oír, oiga. 

Jaume Farrerons, la Marca Hispànica, 20 de noviembre de 2021. 


jueves, noviembre 18, 2021

CONFERENCIA SOBRE HEIDEGGER Y LA MUERTE EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA (29-10-2021)

 


JAUME FARRERONS: 
"EL FILÓSOFO MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XX FUNDAMENTÓ EL FASCISMO EN LA EXPERIENCIA TRÁGICO-HEROICA DE LAS TRINCHERAS"

GUIÓN TEXTUAL DE LA PRESENTACIÓN

La “pregunta que interroga por el ser” (Seinsfrage) unifica la obra de Martin Heidegger, el filósofo más importante del siglo XX. Así reza un lugar común que, en este caso, coincide grosso modo con la verdad. El propio Heidegger se encargó de recordárnoslo repetidas veces, quizá demasiadas, a partir de 1945, acaso con el fin de soltar lastre de espinosos asuntos políticos (¿pero únicamente políticos?) que entorpecían su magisterio filosófico. Los heideggerianos franceses hicieron el resto. En este lavado de cara a efectos de convertir la filosofía de Heidegger en un instrumento más maleable para usos y abusos de los intelectuales de izquierdas, el filosofema que nos ocupa quedó olvidado en el baúl de la depuración. El “estado de resuelto” del “correr al encuentro de la muerte” de la Segunda Sección de Sein und Zeit (temprana versión gaosiana, luego corregida, del Sein-zum-Tode) devino en una fase transitoria, “nihilista” (sic) y felizmente superada de su monumental pensamiento. Refugiose así Heidegger tras la visita al psiquiatra bajo la políticamente aséptica cuestión del ser. Pero pasó el tiempo y, tras el derrumbamiento del paraíso comunista, se evaporaron aquellos intelectuales marxistas. En su lugar, el foro gremial fue ocupado por otro tipo de escritores, polemistas e investigadores de Heidegger, de ideología sionista, cuya idiosincrasia filosófica cabe tildar como poco de dudosa. En este nuevo contexto histórico e interpretativo, el “correr al encuentro de la muerte” habría podido aparecer por fin, rutilante como un sol negro, en primer plano. A fin de cuentas, la muerte ocupaba el centro de la Segunda Sección de Sein und Zeit, es decir, la culminación, sin continuidad en una Tercera Sección y, mucho menos, en la esperada Segunda Parte, de su obra capital. Ahora bien, el retorno de “la muerte” en Heidegger no formaba parte de un debate filosófico propiamente dicho, sino más bien de un expediente judicial, pieza separada del interminable proceso sobre los campos de exterminio nazis. De tal suerte que, primero ensordecido por pudor antifascista de izquierdas y luego paseado en una jaula como botín de los vencedores, antifascistas también pero ahora de derechas, el filosofema que nos ocupa ha sido ignorado, distorsionado o malinterpretado por motivos ideológicos ajenos a la filosofía. Mi pretensión es intentar dejar atrás ambos enfoques y afrontar la obra de Heidegger con estricta honestidad intelectual, a saber, reconociendo que Heidegger, además de militante fascista, fundamentó la ideología fascista. Este supuesto de nuestra ponencia, que he demostrado en mi tesis doctoral,[i] rompe con el postulado 1 (heideggerianos) de un Heidegger sólo personal y accidentalmente fascista, pero también con el postulado 2 (antiheideggerianos) de que la probada y masiva presencia del fascismo en el meollo de la filosofía de Heidegger pone punto final al debate filosófico, por cuanto, para darlo por concluido, bastaría con prohibir la enseñanza de Heidegger en los institutos y las universidades.[ii] A mi juicio, la fundamentación filosófica del fascismo en Heidegger nunca ha sido refutada porque, salvo error u omisión, hasta mi tesis el hecho ni siquiera había sido certificado por los especialistas. Esta carencia afecta e infecta hasta el último rincón de todas las interpretaciones de su obra. La tarea de un filósofo digno de ese nombre consiste pues en abordar exclusivamente como filósofo la filosofía de Martin Heidegger. Y renunciar tanto al papel de censor paternalista cuanto al confortable compromiso de supuesto ciudadano demócrata que considera “inadmisibles” y ayunas a priori de desempeño argumental ciertas opiniones. Antes bien, sostengo que la única forma democrática de encarar lo asombroso es precisamente en calidad de filósofo. Esta tarea supone una relectura integral de la filosofía de Heidegger que posibilitaría, además, la inaplazable interpretación del fascismo desde la perspectiva emic en el marco de una genuina ética del diálogo. Que son las tareas que mi trabajo intenta desarrollar por un prurito de veracidad y lealtad a la filosofía, pero también por respeto a la democracia. ¿Qué tipo de democracia sería ésta, en efecto, si resolviera las polémicas filosóficas mediante el recurso a la censura y la imputación penal? ¿Toleraremos otro bochornoso caso Sócrates a manos de sofistas y apologistas de Israel dedicados a ejercer de jueces de instrucción en una causa penal post mortem contra el filósofo?



En consecuencia, para empezar, estamos obligados a señalar la vinculación esencial entre la cuestión del ser y el tema de la muerte en Heidegger aunque no sea el objeto de la presente ponencia. Para ello bastará con invocar algunos de los filosofemas más frecuentes del filósofo, cuyo significado ha sido sorprendentemente ignorado a pesar de la abrumadora evidencia. Ante todo, la fórmula heideggeriana, casi un estribillo en su obra, el ser no es un ente. Ningún ente, subrayo y, por tanto, tampoco el summum ens (Dios) de la teología judeo-cristiana. El ser no es un ente porque constituye la determinación de todo ente, su límite o definición, aquello todo que precisamente no es en tanto que “no”, sentencia que, lejos de ostentar un carácter meramente verbal, remite a un fundamento fenomenológico, manifiesto en la polémica oposición mutual o recíproca de los entes que ya Anaximandro y Heráclito tematizaron en la autora del pensamiento filosófico. Desde el punto de vista del ente, el ser es finitud, nada o, mejor dicho: el ser “es” esa nada agente de-terminante o de-finidora. De-finir es de-finar. No-ser, finitud, nada conforman la constelación semántica de la cuestión del ser. Pues bien, “muerte” (Tod) es el nombre para la específica y singular finitud del Dasein, aquél ente ---único--- que se plantea la cuestión del ser y, por ende, existe como posibilidad de vía regia de acceso gnoseológica a la pregunta ontológica. De la misma manera que no podemos comprender lo que es un ente haciendo omisión de su “de-terminación”, de su “de-finición”, de su “o-posición” a lo que “no” es, el Dasein sólo puede comprenderse a sí mismo sobre el fundamento de su finitud, en cuyo meollo anida el oscuro pájaro de la muerte. Por cuanto sólo la autocomprensión del Dasein nos entrega la llave que abre la catacumba de la comprensión del ser. Será menester aclarar también, consecuentemente, qué entendemos por Dasein (“ser ahí”, “ahí del ser”); un filosofema, si no tan disputado como el del ser, a menudo confuso entre los comentaristas. Demasiados dan por hecho, por ejemplo Jürgen Habermas (¡nada menos!), que “Dasein” es asimilable a individuo (unidad psicofísica) a pesar de la insistencia de Heidegger en negarlo.[iii] ¿Meros errores intelectuales atribuibles a la dificultad del objeto? En absoluto: en filosofía (otra cosa es la ciencia) el hombre no busca la verdad, como cuenta la leyenda metafísica, sino que la rehúye. Qué papel representa la muerte en dicha fuga, ocultamiento o engaño constituye el hilo conductor de la hermenéutica crítica.

¿Qué es el Dasein?

Heidegger afirma, en primer lugar, que el Dasein es “en cada caso, mío”. Yo soy Dasein, ustedes son Dasein. El vocablo “Dasein” nombraría pues, para empezar, una autorrelación en primera o segunda persona gramatical (“yo soy, tú eres”). A esto denomina Heidegger la mismidad (Jemeinigkeit) del Dasein.[iv] Por si fuera poco, esa persona sintáctica resulta ser a la postre primera o segunda, pero del plural (“nosotros somos, vosotros sois”).[v] El Dasein comporta, en efecto, un Mitsein (“ser con” los otros y “tú” antes que “yo”).[vi] Por tanto, el Dasein no es una “cosa” o, en la jerga de la ontología fundamental, un “ser ante los ojos” (Vorhandensein) individual.[vii] En consecuencia, el Dasein no es un cuerpo (tipo o género de cosa) y el nosotros/vosotros tampoco un conjunto sociológico de “unidades psicofísicas” que conforme un “grupo” (verbi gratia, la foto de fin de carrera). La ruptura con el individualismo de sentido común (yo empírico, nosotros/vosotros grupal en cuanto “suma” de cuerpos) ha sido practicada bien temprano por Heidegger. Comienza en este punto, como se irá viendo, el paulatino proceso conceptual de desmaterialización, decosificación y desubstancialización del Dasein. [viii] En segundo lugar, y este aspecto resulta esencial para caracterizar la función de la muerte en la constitución del Dasein, el nosotros/vosotros del Dasein es siempre determinado, concreto, histórico, existente, no una vaga humanidad cosmopolita liberal o género homo antropológico. El Dasein no es nada humano en el hombre, sino el lugar donde la verdad del ser, cuyo nuncio es la muerte, puede manifestarse. Luego nos enteraremos de que el “nosotros/vosotros” del Dasein fundamenta la “comunidad del pueblo” (Volksgemeinschaft), pero lo que nos interesa ahora es la “existenciariedad” del Dasein, su historicidad o facticidad yecta ---aquí y ahora---, finita, irreductible a cualquier forma de abstracción. Estamos ya en el fascismo.  Por ende, en tercer lugar, el Dasein es finitud pura porque viene al mundo angustiosamente exento de esencia: se elige a sí mismo, será lo que decida ser, su esencia, su Sosein (“ser así”), sólo a posteriori y desde el fundamento de la nuda existencia fáctica que él es y de una circunstancia histórica determinada que puede hacer suya o rechazar. Hay pues una eticidad radical del Dasein, pero de carácter heroico, es decir, nihilista y, por ende, también fascista. Dicho esto, volvamos a preguntarnos: ¿de qué está “hecho”, en definitiva, el Dasein si no es material ni espiritual? Respuesta: el Dasein es proyección de sentido y está “hecho” de tiempo. Somos/sois en cada caso un nosotros/vosotros temporario que proyecta sentido constituyente de mundo, es decir, con rango transcendental. Aclaremos acto seguido qué entendemos por “temporario”, “sentido” y “proyección”.



La constitución transcendental del Dasein

Tenemos frente a nosotros un árbol. La cosa estaría ahí, según nos dicta el common sense inglés, antes o después e independientemente de que nosotros “existamos”, pues en caso contrario nos hallaríamos no ante un ente que “es”, sino ante una “alucinación”, un “sueño”, una “imaginación” o algo que, en general, “no es” (¡como si un delirio no tuviera su propia forma de ser!). Ahora bien, el ser de la cosa varía en función del sentido proyectado por el Dasein. El árbol puede ser, para el artista, un “modelo pictórico”; para el industrial maderero, una “mercancía”; para el científico botánico, un “vegetal”; para el paseante turístico, un “elemento del paisaje”; para el filósofo metafísico, un “ente”, el famoso ente en cuanto tal, o un “objeto”; etcétera.[ix] Pues bien, sentido significa aquí este “para” que permite mostrarse al ente como esto o aquello… El sentido, en cuanto “para” (para pintar, para contemplar, para investigar, para vender…) somos nosotros y el Dasein agótase en este plexo de sentido que se proyecta hacia el existente bruto constituyendo un mundo repleto de cosas.[x] El Dasein es activista y la acción pura que él es precede al pensamiento. Retumba aquí una vez más el discurso anti-intelectual del fascismo. De manera que a las notas ontológicas características del Dasein (mismidad, sentido, proyección, temporariedad, trascendentalidad) cabe añadir la naturaleza práxica o pre-teórica tanto de la proyección trascendental cuanto del ente así constituido (“ser a la mano”, utensilio, Zuhandensein).[xi]

Pero detengámonos un momento más en el concepto de proyección de sentido (Entwurf). El sentido no está nunca aislado, sino que forma parte de un todo, único. Por eso hablamos de entramado, red o plexo de sentido. La mejor forma de entenderlo es distinguir entre sentido y significado. El sentido es anterior al significado y, por ende, al lenguaje. Del sentido brotan los significados. Por ejemplo, un perro escucha la voz de su amo y corre a su encuentro. Es una acción con sentido, sin duda, pero completamente ajena al lenguaje. Los perros no hablan, no obstante expresan y comprenden sentido. En el “hombre” hay también sentido sin lenguaje, pero no a la inversa. El lenguaje se fundamenta en el sentido y tal constatación, dicho sea de paso, demuele por sí sola el paradigma lingüístico de Wittgenstein a Kripke. En cada acto concreto del Dasein está inviscerada la entera totalización del sentido, tejido reticular del “para” (zu) determinado, en que se inscribe el acto. Por ejemplo, un hombre abre la puerta de su oficina “para” ir a trabajar y otro hombre abre después la puerta de la misma oficina y con la misma llave “para” entrar a robar. El acto de abrir la puerta tiene el mismo significado (“abrir la puerta”), pero el sentido del acto es distinto. En el “para” en cuestión hacen acto de presencia las totalizaciones de sentido de dos Dasein opuestos. Uno es profesor de filosofía, el otro, consumidor de drogas y delincuente. No he elegido los ejemplos al azar. Esta totalización de sentido se denomina en Heidegger Vorhabe (“tener previo”) de la interpretación. Cada Dasein es un proyecto integral de vida y todos se justifican a sí mismos. Una “ideología” subyacente (“ideal de existencia”, dice Heidegger) configura el mundo del Dasein. Con ello accedemos bruscamente al plano normativo de la ontología fundamental.



La muerte como instancia constituyente del Dasein

Nosotros podemos estar pensando o no en un plan, en una agenda, pero somos proyecto, querámoslo o no, en todo momento y en ese proyecto subyace el sentido de la vida/muerte. Todo plan del “yo” pensante se fundamenta en la previa proyectualidad existenciaria del Dasein. Incluso la ausencia de planes, la vivencia del sinsentido si se quiere, es ya una proyección de sentido como “absurdo”. La proyección de sentido, en cuanto totalización, remite, en última instancia, a la auto-interpretación del mundo que el Dasein es. El Dasein es una creencia. El “para” no está en el tiempo como un pez en el agua, sino que es el tiempo y consiste en creer algo. El Dasein cree en esto o aquello, sin creencia no puede dar un paso y ni siquiera renunciar a darlo. No son pues teorías, “ideas”, pensamientos, son creencias en el sentido en que Ortega oponía creencias a ideas. Lo que uno cree se pone de manifiesto no en lo que piensa o dice, sino en lo que hace, su verdadera “ideología” o “ideal de existencia” (Vorhabe).[xii]

La proyección de sentido (“creencia”) es temporaria, un pro-yectar inseparable del significado de “sentido”, es decir, de dirección (por ejemplo, cuando decimos: “el coche cambió de sentido”). El sentido en el Dasein es empero primordialmente temporal (de ahí el título de la obra capital de Heidegger, Sein und Zeit), la proyección (el “pro”-) preconstituye el futuro (Zukunft). De ahí Vorhabe (“tener previo”). Esta temporalidad originaria anterior a toda representación física del tiempo es la que Heidegger denomina ek-stasis de la temporalidad, presente, pasado y futuro, en que se entreteje nuestra/vuestra proyección de sentido. En efecto, tiempo no es aquí la sucesión de puntos en el espacio que nos “imaginamos” cuando “pensamos” en el tiempo, metáfora que supone ya una espacialización o cosificación del tiempo, sino que el tiempo es futurición, posibilidad existencial y potencialidad vital. Una línea de puntos puede recorrerse en dos sentidos, pero la temporalidad originaria es finita de principio (nacimiento) a fin (muerte), tiene sólo un sentido, su signo es la fatalidad, el destino (Schicksal) y avanza torrencialmente hacia un futuro concreto, de-finido, de-terminado, cuyo fundamento es la de-terminación, la de-finición misma. El Dasein está “hecho” de posibilidades concretas, aquéllo que experimentamos al hacer algo “para” algo con sentido (por ejemplo, me ilusiona cursar la carrera de filosofía). Si me levanto a tal hora por la mañana será “para” no demorarme, si me aseo y me visto será “para” salir a la calle y “para” ir al trabajo o encontrarme con tal persona… Y si trabajo será por vocación o “para” ganar dinero. Y si gano dinero será “para” casarme y criar hijos, “para” lograr esto o aquello, “para” ser feliz... Etcétera. Elegimos una posibilidad y descartamos otra: esta decisión es irreversible, no se vuelve atrás. La posibilidad comporta al par una imposibilidad y hay un no-poder inscrito en la decisión remitiendo al pasado cumplido que prefigura la muerte como “no”, vínculo esencial entre potencia e impotencia. Pero si persistiésemos en seguir este entramado de “para”, al final desembocaríamos a un “para qué” postrero: para qué vivir. Y el Dasein sigue viviendo cabe la posibilidad de morir. La muerte no es el hecho de fallecer, sino la ontológica posibilidad de la imposibilidad que fundamenta todas las posibilidades ónticas del Dasein.



En Heidegger, la cuestión ontológica (el ser del Dasein) y la cuestión ética (la proyección legítima de sentido) resultan inseparables. Si se detecta correspondencia de sentido entre una determinada auto-interpretación y el factum de que el Dasein es mismidad, sentido, proyección, trascendentalidad, facticidad, finitud, etcétera (cualesquiera que sean las notas definitorias del Dasein o “existenciarios”), y no, por ejemplo, cosa, materia, energía, etc., entonces estamos ante una proyección de sentido válida. Es válida, fundamentada o legítima ---propia, auténtica, en la jerga técnica de Heidegger--- aquélla y sólo aquella proyección transcendental de sentido que no oculte, distorsione, falsee o niegue el propio ser del Dasein. El criterio de validez de un proyecto óntico remite pues al carácter ontológico de su precompresión. Ahora bien, entre los existenciarios se cuenta la muerte y aquí empiezan los problemas, la dificultad o componente trágica unamuniana, por decirlo así, de la ética fascista de Heidegger. Estamos ante una ética heroica de la verdad más “inhumana”, porque, según Heidegger, la muerte es la verdad de la existencia. El Dasein consiste siempre, como hemos visto, en nuestra auto-proyección trascendental e interpretativa de sentido, nuestra creencia, mas las creencias que niegan la muerte no son legítimas. Hay un criterio de validez que nos rescata de este supuesto relativismo hermenéutico de las interpretaciones e ideologías, pero ha sido ignorado porque para exorcizar a Dios había que invocar al demonio, el “mal absoluto”, el “fascismo”... La totalización que posibilita un proyecto auténtico, propio y válido implica, en una palabra, reapropiarse los límites del Dasein, que son tres: 1/ la finitud de la elección: si esto, no aquéllo (presente); 2/ la finitud de la facticidad del “naci-miento” (pasado), es decir, de la “nación” o “comunidad del pueblo” que se me impone como “circunstancia” (no puedo dejar de ser lo que soy); y 3/ la finitud de la muerte (futuro), cuya triple convalidación de la finitud en cuanto proyecto es la “resolución” (Entschlossenheit) del Sein zum Tode interpretados como “correr al encuentro de la muerte” trágico-heroico. La experiencia de la muerte (3) me permite acceder al sentido de las otras dos formas de finitud y, por ende, al sentido del ser. El autoengaño, es decir, la omisión de la finitud estructural del Dasein, tipifica aquí el único pecado mortal de nuestra “homilía inversa” (Félix Duque dixit). Nos hemos topado así con aquel Vorhabe (“tener previo”) preteórico singular que posibilita la ontología fundamental como teoría y que, consecuentemente, recorrido el círculo hermenéutico en sentido inverso, fundamenta la ideología fascista. 



¿Vuelve a resonar por tanto, en la Universidad de Salamanca, el “¡Viva la muerte y mueran los intelectuales!” de Millán Astray?



[i] Verdad y muerte. Filosofía frente a cosmovisión en el primer Heidegger (1919-1929), dirigida por Miguel Ángel Granada, Universitat de Barcelona, 8 de abril de 2019. Cfr.: http://hdl.handle.net/10803/666634

[ii] Trasladando las Gesamtausgabe a los sótanos de los archivos históricos sobre el nazismo.

[iii] El término “Dasein” está bien lejos de constituir una arbitrariedad terminológica gratuita de Heidegger y si “Dasein” significara “individuo” a secas, la adopción de un vocablo técnico equivaldría a pura pedantería y fraude. El problema no es empero del filósofo que inventa palabras raras para aparentar profundidad, sino nuestro, por cuanto (según Heidegger) no sabemos ni queremos saber “qué” somos aunque hayámoslo “precomprendido” ya siempre.

[iv] ¿Qué no es, ante todo, el Dasein? En el momento en que alguien se “mira al espejo” e identifícase con la imagen reflejada (un “él”, tercera persona), el Dasein se aliena de sí mismo, porque el Dasein se ha esfumado y la Jemeinigkeit, cosificado.

[v] El sí mismo, un “yo” entrecomillado, provisional y como cogido por los pelos al igual que el “sujeto”, la “conciencia”, “ser para sí” y otros atributos de la individualidad liberal en sentido fuerte, remite en verdad a un más fundamental nosotros/vosotros.

[vi] Fenómeno que ni siquiera puede ponerse ante un espejo.

[vii] Quede claro así mismo que “cosa” nombra aquí el ente empírico perceptible a través de los sentidos: nada de misterioso o rebuscado; por ejemplo: esta silla, esta mesa, este libro...

[viii] Sin embargo, les advierto de que esta “desmaterialización” no conduce a convalidar ningún espiritualismo religioso tradicional, oculto fundamento metafísico del individualismo liberal laico del “yo”. El alma como materia sutil tampoco es Dasein y, caso de existir, pertenecería al universo de las cosas. Cuando el alma presuntamente inmortal, hecha a imagen de Dios, se separa del cuerpo, en un claro desplazamiento espacial, para elevarse a los cielos, se entiende que estamos ante una substancia, gaseosa, energética o tan etérea como se quiera, pero, a la postre, cosa. A mayor abundamiento, energía es también aquéllo que corre por el cableado eléctrico de la compañía de la luz, pero las conexiones neuronales del cerebro humano no darían ni para encender una bombilla. La energía de los físicos es, pues, si no materia rigurosamente hablando, también cosa. El “yo” liberal como psique individualizada que calcula su propio interés tampoco soporta la estrategia de Destruktion ontológica de Heidegger: la rama cae con el tronco y, si me permiten una observación puramente empírico-sociológica, no hay individualismo sin una previa socialización individualista.

[ix] No hay árbol en sí, sino que el árbol “es” siempre en relación con un sentido que procede de otro lugar. Además, el árbol mismo se constituye como ente sobre el fundamento de una determinación lingüística que da forma a un existente bruto indeterminado. La “de-terminación”, “de-finición” lingüística es empero histórica (idioma) y remite a un nosotros/vosotros, el Dasein. Hay árbol, arbre, Baum, tree, albero… y cada uno de estos entes designa algo diferente porque, como saben los traductores, no existe versión exacta y toda traducción debe preservar el sentido a costa del significado.

[x] La proyección de sentido no es el acto voluntario de un yo psicofísico (nadie va por ahí decidiendo si proyecta o no proyecta sentido como la luz de una linterna), sino del nosotros/vosotros en tanto que Dasein (sin “nosotros/vosotros”, no hay “yo” que valga). Mucho menos un acto intelectual, fruto de un pensamiento o una reflexión consciente que “crea” el “objeto”, como pretendían, según cuenta la leyenda, los filósofos idealistas, sino un quehacer.

[xi] El conocimiento modifica el ente y lo convierte en objeto (“ser ante los ojos”) “para” una conciencia teórica. Pero ésta es sólo una de las prestaciones posibles ---y derivada--- de la proyección trascendental de sentido siempre dada previamente ahí. El “intelectual” puro en cuanto “sujeto del conocimiento” que se relaciona con un “objeto” (“ser ante los ojos”, cosa, Vorhandensein) tiende a creer que sólo él ostenta el valiosísimo saber respecto de un ente en sí, “objetivo”, universalista, cosmopolita, ayuno de quizá bajos y sucios intereses… Sin embargo, lo que ocurre es que vive de espaldas a su propio Dasein, del cual, empero, permanece tributario aunque no lo “sepa”. Cuando conocemos, tendemos a perder comprensión y en eso consiste la tragedia de la filosofía o, si lo prefieren, de la metafísica onto-teológica tan denostada por Heidegger.

[xii] La interpretación puede ser implícita o explícita, pero si se interroga al Dasein del caso su comprensión del ser podrá resultar sinceramente verbalizada con mayor o menor precisión. Por ejemplo, se le pregunta al banquero por qué quiso ser banquero y responderá, pongamos por caso, que para ganar mucho dinero; y si se le pregunta por qué quiere ganar mucho dinero, responderá que ser rico da acceso a la mayor parte de los placeres de la vida (no todos, pero la riqueza es signo de elección divina para la vida eterna); y si se le pregunta por qué los placeres de la vida son más importantes que el ascetismo o la mística, dará alguna explicación descriptiva con valor normativo sobre lo que el mundo y la vida presuntamente “son”. Según Heidegger, siempre iremos a parar a una determinada comprensión del ser que autojustifica nuestro proyecto de sentido totalizador como proyecto de vida válido. Auto-interpretación (discurso descriptivo) y autojustificación (discurso normativo) van juntas porque el ser del Dasein es un quehacer, es el ser de un deber-ser.

COLOQUIO POSTERIOR (FRAGMENTO): 


lunes, noviembre 15, 2021

ALEXANDER DUGIN EN ESPAÑA (1). JOSEP ALSINA O POR QUÉ LA CABRA SIEMPRE TIRA AL MONTE (PARTE II)

Josep Alsina, visiblemente alterado, predicando la inminente llegada del Apocalipsis.

Alexander Dugin dixit:

 "Estoy seguro de que el Apocalipsis está cerca, y considero el liberalismo y la globalización como signos claros de la aproximación del Anticristo y el Fin de los Tiempos".

"Esa es la Edad Media que defiendo: la Edad Media eterna en la lucha eterna contra la Edad Moderna. Esta es la Cuarta Teoría Política – ni el comunismo, ni el fascismo."

"Sé que hay gente así en los Estados Unidos, principalmente entre los partidarios de Trump. Estoy feliz con eso."

"Entonces, cuando Brandon W. Hawk dice: «En resumen, Dugin cree que «la alternativa a la noción de liberalismo es ‘regresar a la Edad Media’», tiene toda la razón. Sí, creo exactamente eso."

"Estoy de acuerdo con Brandon W. Hawk en la esencia. Amo la Edad Media y odio la modernidad. Para mí, la Ilustración está totalmente equivocada, y la ciencia moderna y la visión mundial “científica” moderna más amplia se basan en una mentira. Creo en Dios, los ángeles y el Espíritu Santo, no en Descartes, F. Bacon o Einstein. Creo que Platón y Aristóteles tenían toda la razón y sus detractores atomistas estaban absolutamente equivocados. Estoy seguro de que los Padres de la Iglesia son portadores de la verdad absoluta y que la filosofía moderna es la radiación de la mente del Ángel caído: Satanás. Estoy seguro de que el Apocalipsis está cerca, y considero el liberalismo y la globalización como signos claros de la aproximación del Anticristo y el Fin de los Tiempos. Soy tradicionalista y seguidor de los eslavófilos rusos, de Dostoievski, de Soloviev, de varios filósofos y monárquicos religiosos rusos. Aprecio mucho las ideas de René Guénon y Julius Evola. Estoy absolutamente a favor de la antigüedad y la Edad Media y absolutamente en contra de la modernidad en todas sus formas. Así que tengo una visión del mundo anti-moderna y anti-occidental (cuando la modernidad y occidente significan lo mismo), y veo la modernidad como la catástrofe y el declive de occidente. Filosóficamente, estoy de acuerdo con Heidegger en que la modernidad se basa en el olvido del ser, y hago un llamamiento a las personas que piensan para despertar al nuevo descubrimiento del ser. Considero a la Inteligencia Artificial como la personificación final de das Man (o Gestell) y lo considero que es el Anticristo, o una de sus cabezas".

Fuente: https://xn--lasealmedios-dhb.com.ar/2019/04/26/alexander-dugin-la-polemica-con-the-washington-post/

Alsina suscribe todas las chaladuras de Dugin, pero añade algunas "aportaciones".

La presente entrada es la continuación de
la inmediatamemente anterior, con cuyos contenidos debe contrastarse. En primer lugar, reproduciremos literalmente la caracterización ideológica que  hace Dugin de sí mismo para que el lector pueda cotejarla con las ideas expuestas en "Disidencia y crítica" o en los documentos ideológicos y normas programáticas de Alternativa Europea o el Movimiento Social Republicano, reivindicadas por Josep Alsina durante décadas. Podrá observarse que son incongruentes: en efecto, mientras que unas, llámemoslas nacional-revolucionarias, reivindican un modelo alternativo de Modernidad, las otras, llamémoslas ultramontanas o reaccionarias o ultraderechistas, reivindican la liquidación de la Modernidad y una restauración ---¡¡¡va en serio!!!--- de la Edad Media. 

(Si en enlace a la norma programática del MSR desapareciera pueden hallar una reproducción íntegra de la misma en el anexo documental de la Parte I de este artículo). 

USURPACIÓN, AMPUTACIÓN Y TERGIVERSACIÓN DE LA DOCTRINA NACIONAL-REVOLUCIONARIA

Por supuesto, esta "incongruencia" puede resultarles irrelevante a skin-heads, hooligans o tatuados de variados pelajes que apenas han superado los niveles de lectura de eslóganes o trípticos asaz esquemáticos, pero alguien que se presenta como doctor en filosofía o secretario general de un partido político debería poder responder a cuestiones tan enormes como ésta. Existe, a mi entender, una diferencia fundamental entre criticar la Modernidad liberal ---Heidegger lo hace--- y pretender suprimir toda forma de Modernidad ---¿incluida la Seguridad Social, la educación  obligatoria, la sanidad pública....?--- para restaurar la servidumbre de la gleba y el derecho de pernada

Putin rodeado de rabinos de la secta racista y supremacista judía Chabad, para la cual trabaja Dugin en el proyecto sionista de abolir la Modernidad.

Si uno se presenta a las elecciones con una norma programática donde propone la socialización, la república y el nacionalismo, luego no puede ensalzar, como ideólogo de referencia, a alguien que detesta el nacionalismo y añora la monarquía y el feudalismo. ¿De qué credibilidad pueden beneficiarse  políticos e ideólogos que actúan de forma tan, por decirlo suavemente, absurda, fatua e irresponsable? ¿Cómo esperan que los traten cuando se afilían a un sindicato, por ejemplo, la CGT?  ¡¡¡Nos persiguen a pesar de que defendemos los derechos de los trabajadores!!! (lloriquean). Sin embargo, ¿debería extrañarles realmente que les acusen de infiltrarse en la organización y de ser ultraderechistas practicando el entrismo en una institución, el sindicato, que pretenden abolir como presunta lacra de la Modernidad? ¿O acaso había sindicatos en la Edad Media? Pues bien, acabo de presentarles al Sr. Alsina ---entre otros personajes de similar jaez---, cuyas pautas de conducta han provocado el más absoluto descrédito de la idea nacional-revolucionaria. Juzguen ustedes mismos. Aquí reproduzco el texto completo de un artículo de Dugin. Añado que, a mi juicio (no me hagan caso: como saben, yo estoy chalado, ellos aseveran ser guerreros evolianos...), Dugin significa lo mismo que Julius Evola, Ernesto Milá, Marcos Ghio y otros energúmenos de la extrema derecha: agentes provocadores en la campaña de usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria. Porque, a la postre, siempre nos topamos con lo mismo: las cloacas del Estado y el sionismo moviendo "desde lo alto" los hilos de estos títeres ---conscientes o no--- del sistema oligárquico.  


ALEXANDER DUGIN / La polémica con The Washington Post

26 abril, 2019 Internacional, Sin categoría

Por ALEXANDER DUGIN *

El 6 de abril de 2019, The Washington Post publicó un artículo titulado, "Por qué los nacionalistas de extrema derecha como Steve Bannon han abrazado a un ideólogo ruso. Y cómo sus fantasías medievales distorsionan la historia para su causa", escrito por Brandon W. Hawk y dedicado enteramente a mí mismo y la influencia que ejercen mis ideas en los círculos conservadores y de la extrema derecha estadounidenses, incluyendo el principal ideólogo inconformista, Steve Bannon, y a través de él, el mismo Trump.

Debido a la distorsión total de mis puntos de vista reales, el bajísimo nivel de polémicas, y la enorme cantidad de mentiras e invectivas (como de costumbre), al principio decidí dejar que este ataque transcurriera en silencio, como suelo hacer con muchos otros. Es pura propaganda liberal-totalitaria, luchando contra las quimeras que crea artificialmente sin conexión con la realidad.

El liberalismo moderno es una ideología puramente totalitaria que opera con el estilo y los métodos soviéticos / de Goebbels: Quienquiera que desafíe la narrativa liberal globalista es «fascista» o «comunista». Yo desafío realmente la narrativa liberal globalista y, a los ojos de los propagandistas, no encajo en la imagen comunista (tal vez «neo-estalinista», como a menudo me llaman). De aquí que sea etiquetado de «fascista» y todo lo demás sigue: «racista», antisemita», «imperialista», «hitlerista», etc.

Puede usted construir este discurso mecánicamente:

El Sr. X está en contra del globalismo liberal. No sabemos nada de él ni de sus ideas.

Pero el mismo hecho de que el Sr. X sea anti-liberal y anti-globalista significa que debería ser comunista o fascista.

Si el Sr. X menciona repetidamente en sus textos palabras como «justicia social» y «capitalismo» o los nombres «Che Guevara» o «Marx», es un comunista, por lo tanto, vamos a atacarlo por medio de Orwell, Solzhenitsyn, los crímenes del Gulag, y Pol Pot. Él es un comunista sangriento.

Si el Sr. X usa los términos «tradición», «familia», «pueblo», «Schmitt» o «Heidegger», es un nazi seguro y personalmente responsable del holocausto y el asesinato en masa.

Por unas pocas palabras, el Sr. X está acabado, purgado, condenado y ejecutado. No hay juicio, no hay abogado, no hay defensa legítima, no hay una indagación adecuada, no hay investigación. Todo está claro. El señor X está casi muerto. Bienvenidos a la distopía totalitaria liberal. Orwell à rebours.

El artículo de Brandon W. Hawk es exactamente del mismo estilo. No muestra ningún conocimiento de mis escritos, ni ningún interés en ellos en absoluto. Simplemente dice que el Sr. Dugin está en contra del globalismo liberal (sí, esto es cierto) y que en un sitio al azar (tiene muchos de ellos, y una gran parte de ellos están hechos y mantenidos por personas totalmente desconocidas para él, ya sean amigos, trolls o enemigos), hay imágenes que representan la Edad Media europea, incluyendo Notre-Dame-de-Paris antes del incendio.

Se menciona la palabra «tradición» (a veces con una «T» mayúscula) y a menudo se cita a Carl Schmitt y Heidegger. Ya no hay más dudas: Es un nazi. ¿Él apoya a Putin? Maravilloso – él es el «nazi de Putin». ¿Peligroso? Por supuesto, exactamente como Milo Yiannopoulos, o tal vez mucho más (armas nucleares incluidas). Brandon W. Hawk casi ha terminado su artículo. ¿Qué más? ¡Ah!: Bannon está de vuelta y Trump está entrando en su segunda campaña. Que exista entonces la influencia nazi de Putin sobre Bannon y Trump. Así que son nazis y están en manos de Putin; bueno, el informe de Mueller debe estar equivocado de alguna manera. Se necesita una nueva investigación. Ahora todo encaja excelentemente.

The Washington Post imprime con entusiasmo el artículo. El pequeño y feliz liberal de Goebbels, Brandon W. Hawk, ha hecho bien su trabajo. La conspiración de la restauración del malvado Imperio Medieval por parte de la colusión nazi y Dugin-Bannon-Trump de Putin se convierte en un hecho establecido. El texto, escrito por un idiota, publicado en una revista de, por y para idiotas, está preparado. Nada personal, solo se está librando una guerra ideológica. El liberalismo y el globalismo se están defendiendo y atacando a los «enemigos de la sociedad abierta», tal es la ortodoxia del programa Popper/Soros. Mentid, mentid, mentid con fuerza y orgullo, y ellos obedecerán vuestras órdenes autoritarias.

Aquí hay algunas ilustraciones de estas mentiras y mis respuestas:

«Un analista político ruso y fascista moderno, Dugin».

Soy más bien un antifascista, y explico por qué en los cientos de páginas de mi Cuarta Teoría Política, un libro que, al ser antiliberal, anticomunista y antifascista, está prohibido en Amazon, ¿adivina por qué? (Le doy una pista: Jeffrey Preston Bezos, propietario de The Washington Post es al mismo tiempo CEO y presidente de Amazon. Parece que el servicio postal es un arma ideológica, no menos que la prensa).

«Su ideología eurasianista se basa en un nacionalismo religioso fundamentalista».

Soy un antinacionalista convencido porque la nación es una creación moderna, capitalista, artificial (estoy de acuerdo aquí con Gellner y Benedict Anderson en la noción de «comunidad imaginada»), y estoy en contra de la modernidad, la burguesía y el capitalismo (siendo no-marxista y anticomunista porque son modernos y yo estoy en contra de la modernidad).

«Su sitio web está lleno de imaginería e iconografía medievales: Abundan las imágenes de iconos de santos, mosaicos bizantinos, manuscritos y arquitectura de la iglesia».

– Tal vez esto sea así, pero no puedo recordar en cuál de los muchos sitios, como he explicado. ¿Pero es esto un crimen? ¿Es esta una razón para llamarme fascista?

«Su visión del Imperio Romano y la Europa medieval exalta los triunfos del monolítico nacionalismo cristiano blanco».

– Soy antirracista. Esta es mi profunda y fuerte convicción. Creo que la raza es una creación artificial de la modernidad. El eurasianismo que realmente defiendo favorece la identidad mixta del pueblo ruso y el papel positivo de los tártaros y otros grupos étnicos turanos en la sociedad rusa. No hay palabras sobre «triunfos del monolítico nacionalismo cristiano blanco» en mis obras. Este puede ser el caso de los movimientos nacionalistas americanos o europeos, pero no tiene nada que ver con mis propias ideas. Una vez más, estoy firmemente en contra de todo tipo de nacionalismos: El «nacionalismo cristiano» me suena totalmente sin sentido.

«Dugin, Bannon y otros fundamentalistas de derecha usan como silbato para perros (dog-whistle) el término racista «judeo-cristiano».

– Nunca uso el término «judeo-cristiano». Steve Bannon lo hace. 50.000.000 de los evangélicos estadounidenses también lo hacen. Pero teóricamente, ¿cómo puede ser «racista» un término religioso que incluye a los cristianos (sin ningún indicio de etnicidad) y a los judíos? Entonces, la sexta parte de la población estadounidense que está de acuerdo con esta «lógica», son «antisemitas»… Extraño.

«Además, hay conexiones entre Dugin y David Duke, Milo Yiannopoulos, Stephen Miller e incluso el presidente Trump».

– David Duke se me acercó una vez en un museo ruso, rápidamente se tomó una auto-foto antes de que lo reconociera (no lo conocía antes) y desapareció de inmediato. No intercambiamos una sola palabra. A menudo me abordan de esa manera en las calles de diferentes ciudades del mundo. Supongo que hay miles de auto-fotos de este tipo. Conozco a Milo Yiannopoulos de Facebook y del programa de televisión de Alex Jones. Él es divertido. Me gusta su forma de perseguir a los liberales, que se ven perfectamente mudos en su presencia. ¿El hecho de prestar atención a alguna entrevista de Milo Yiannopoulos en Internet puede considerarse una «conexión»? En la forma totalitaria de ser, sí, por supuesto. Gran Hermano te está mirando. Ok entonces.

– Última pregunta: ¿quién es Stephen Miller? Parece que me he perdido algo importante. «Conexiones» parece ser solo la palabra fuerte del hombre fuerte, Sr. Brandon W. Hawk, un valiente luchador fascista, el Capitán América contra el Dr. Mal.

– «E incluso el presidente Trump».

Sí, por supuesto. Pregúntele al Sr. Mueller y su informe.

Estas citas ayudan a comprender la calidad del conocimiento y el nivel de objetividad del autor y The Washington Post. Nada especial.

Decidí responder a este sesgado ataque idiota,  propagandístico, y liberal-globalista (supongo que no tanto contra mí como contra Bannon y Trump) no para defenderme de falsas acusaciones – Entiendo cuán inútiles son las protestas en el sistema global totalitario de la mentira liberal establecida que es el discurso en el poder. La razón es bastante diferente.

La razón es tal: Estoy de acuerdo con Brandon W. Hawk en la esencia. Amo la Edad Media y odio la modernidad. Para mí, la Ilustración está totalmente equivocada, y la ciencia moderna y la visión mundial “científica” moderna más amplia se basan en una mentira. Creo en Dios, los ángeles y el Espíritu Santo, no en Descartes, F. Bacon o Einstein. Creo que Platón y Aristóteles tenían toda la razón y sus detractores atomistas estaban absolutamente equivocados. Estoy seguro de que los Padres de la Iglesia son portadores de la verdad absoluta y que la filosofía moderna es la radiación de la mente del Ángel caído: Satanás. Estoy seguro de que el Apocalipsis está cerca, y considero el liberalismo y la globalización como signos claros de la aproximación del Anticristo y el Fin de los Tiempos. Soy tradicionalista y seguidor de los eslavófilos rusos, de Dostoievski, de Soloviev, de varios filósofos y monárquicos religiosos rusos. Aprecio mucho las ideas de René Guénon y Julius Evola. Estoy absolutamente a favor de la antigüedad y la Edad Media y absolutamente en contra de la modernidad en todas sus formas. Así que tengo una visión del mundo anti-moderna y anti-occidental (cuando la modernidad y occidente significan lo mismo), y veo la modernidad como la catástrofe y el declive de occidente. Filosóficamente, estoy de acuerdo con Heidegger en que la modernidad se basa en el olvido del ser, y hago un llamamiento a las personas que piensan para despertar al nuevo descubrimiento del ser. Considero a la Inteligencia Artificial como la personificación final de das Man (o Gestell) y lo considero que es el Anticristo, o una de sus cabezas.

Estoy a favor de la restauración del Sacro Imperio: Romano para Europa y Bizantino para Rusia. Al mismo tiempo, me gusta la idea de los colectivos rurales autónomos, por lo que el Imperio debería ser policéntrico y federal de alguna manera, no centralizado y nacionalista. Rechazo la raza y abrazo la religión como una identidad profunda para ser defendida. Siendo cristiano ortodoxo, tengo una gran simpatía hacia otras religiones tradicionales: Islam, hinduismo, budismo, algunas ramas tradicionales anti-modernas del judaísmo (como Naturei Karta). También soy un admirador de la civilización sagrada china. Espero que todas estas retornen. Realmente soy un defensor del Regreso de los Grandes Tiempos, o de la Edad Media; la Edad Media es el reflejo de la Eternidad, no del pasado. Así que la Edad Media es siempre posible. No es una cuestión de tiempo, es una cuestión de elección.

En Rusia hay algunas personas, en diferentes segmentos de la sociedad, que están de acuerdo conmigo. Hay otras, mucho más numerosas, que están en mi contra. Lo mismo ocurre en países extranjeros. Hay tradicionalistas en Europa, Estados Unidos, el mundo islámico (sobre todo en Irán y Turquía), China, India, Iberoamérica y África, que comparten este enfoque. Es obvio que no suma mayoría absoluta. El hecho de que esto sea así no es extraño. En estos tiempos, se supone que la mayoría está bajo la hipnosis del Anticristo (globalismo, liberalismo, ontología orientada a objetos, IA, etc.). Me alegra que haya personas, movimientos y, a veces, líderes políticos de primer nivel que comparten la visión tradicionalista, ya sea en parte, de manera pragmática o, muy raramente, en su totalidad. Sé que hay gente así en los Estados Unidos, principalmente entre los partidarios de Trump. Estoy feliz con eso. Y debería ser así: la Última Batalla no puede limitarse a las fronteras nacionales. Es el acontecimiento de la humanidad, de toda la historia humana. La naturaleza del Dasein lucha contra das Man (como la forma inauténtica de existencia del Dasein) para resolver la pregunta «¿Ser o no ser?». Esa es la línea divisoria. No se trata de viejas ideologías (liberalismo, comunismo o fascismo), ni de una guerra entre naciones, religiones, «razas» y civilizaciones. Es la eternidad contra el tiempo. Es el Absoluto contra el Relativo que a su vez pretende ser absoluto. Platón-Heidegger-Guénon contra Epicuro-Descartes-Popper. Esto es lo sagrado contra lo profano.

Esa es la Edad Media que defiendo: la Edad Media eterna en la lucha eterna contra la Edad Moderna. Esta es la Cuarta Teoría Política – ni el comunismo, ni el fascismo.

Rechazo enérgicamente aquellas cosas que no reconozco y que niego formal e informalmente (racismo, nacionalismo, imperialismo, colonialismo, xenofobia, etc.). Al mismo tiempo, puedo ser reconocido como defensor y partidario del tradicionalismo, la revolución conservadora y el retorno de la Edad Media (la «Nueva Edad Media» fue una tesis del filósofo religioso ruso Nikolai Berdiaev). Dadas estas explicaciones y aclaraciones mías, puedo aceptar la tesis de Brandon W. Hawk en The Washington Post.

Ahora, ¿Bannon, Trump o Putin comparten la misma actitud hacia la estructura de la historia humana? ¿Su conservadurismo es del mismo tipo? ¿Son tradicionalistas? Preguntémosles a ellos mismos. Tal vez si, tal vez no. Pero lo cierto es que la idea del retorno de los grandes tiempos es ahora bastante seria. Ese es el punto principal para ser discutido en una de las principales revistas globalistas. Dejando de lado las acusaciones tontas, el artículo de Brandon W. Hawk es excelente y correcto al captar la esencia de que hay dos campos en el mundo: El suyo y el nuestro. La verdadera lucha está ocurriendo dentro de nuestras sociedades, no entre ellas. Tal vez algunos estadounidenses serios realmente piensan lo mismo y quieren el Gran Retorno. Estoy seguro de que hay algunas de tales personas en el Kremlin, en Pekín, Ankara, Teherán, en las capitales de Europa y en Iberoamérica. A algunos los conozco, pero a la mayoría no. Pero, sin embargo, estamos en el mismo lado de la Batalla Final escatológica. ¿Hay tales personas en los Estados Unidos? Debería haber. Dondequiera que esté el humano, el Dasein está presente. El Dasein decide, tal vez por última vez en la historia (en la historia ontológica, Seynsgeschichte), si la elección será incorrecta.

Entonces, cuando Brandon W. Hawk dice: «En resumen, Dugin cree que «la alternativa a la noción de liberalismo es ‘regresar a la Edad Media’», tiene toda la razón. Sí, creo exactamente eso.

Brandon W. Hawk continúa: «Tales idealizaciones de la Edad Media utilizan la idea del pasado, en lugar de su realidad, para servir a sus proyectos políticos modernos». Pero aquí, Brandon W. Hawk pretende que estoy tratando solo con «idealizaciones de la Edad Media» y que, de hecho, él conoce la «realidad». Lo mismo en la siguiente frase: «Sin embargo, sus nociones tienen poco que ver con la Edad Media real».

El Sr. Brandon W. Hawk pretende saber exactamente qué fue la «Edad Media real» y niega la cualidad de mis nociones. ¿Alguna discusión? The Washington Post presenta con orgullo… una vez más un argumento totalitario.

Lo mismo ocurre con: «Dugin idealiza una versión ficticia de la Edad Media… Dugin está tratando con «ficción», mientras que The Washington Post conoce la «realidad». Por supuesto…

Y, por último, en cuanto a la observación de que «se adhiere a mitos construidos desde la mala historia». «Mala historia» es cualquier versión de la historia que no coincide con el discurso liberal globalista, obviamente.

Pero estos detalles no tienen importancia. Para ser publicado en The Washington Post, estás obligado a denunciar a los «nazis», a los «agentes de Putin» y a los ‘chicos malvados’ que tratan con «mitos equivocados» y «nociones distorsionadas». No puedes reconocer ninguna característica positiva en el bando de los «chicos malos» – son horribles y repugnantes en todos y cada uno de los aspectos. N’est-ce pas, docteur Goebbels? Esta es la fórmula necesaria.

La esencia está en otra parte, en la idea principal del artículo. Esta idea es cierta. La modernidad se acerca a su fin. Es hora de una revisión global de la modernidad en su conjunto. El conservadurismo moderado ya no es válido. Está agotado. O caemos al abismo, o recordamos cómo se vuela con las alas del alma. Cualquier compromiso entre el aceleracionismo liberal y el conservadurismo blando-moderado ha terminado. Sólo quedan soluciones radicales. Si perpetuamos la lógica de la modernidad y en parte de la posmodernidad, seremos destruidos y reemplazados por una especie post-humana. En lugar de decidir frenar o ralentizar, necesitamos revisar toda la dirección en la que vamos. El problema no es la velocidad. El problema es la dirección.

El proyecto de la Nueva Edad Media afirma firmemente: El error se cometió en los albores de la modernidad. No podemos salvar la situación sin una revisión radical de la decisión de Europa occidental de entrar en la Edad Moderna y la Ilustración. Eso fue un error y la ruptura con la tradición sagrada. Esta fue la fuente de la crisis del mundo moderno y el comienzo del reinado de la cantidad (Guénon).

La modernidad se terminó y en su horizonte interior no hay nada fuera de este. Estamos invitados a superar este horizonte. Eso significa el Nuevo Comienzo. El Gran Retorno. Esto ya no es solo una preocupación filosófica. Este es el principal problema de la política global. Así que gracias, Brandon W. Hawk. Has tocado el punto esencial. Sigamos adelante con la Nueva Edad Media.

La fuente del artículo de Dugin es la siguiente: https://xn--lasealmedios-dhb.com.ar/2019/04/26/alexander-dugin-la-polemica-con-the-washington-post/


AHORA TOCA MANIPULAR A HEIDEGGER

Evola derechizó el fascismo italiano hasta convertir a los fascistas revolucionarios en ultramontanos reaccionarios de la peor calaña y la bola sigue rodando, pero recordemos que Evola despreciaba a Heidegger por considerarlo... demasiado cristiano (¡¡¡como lo oyen, mientras Dugin reivindica el cristianismo!!!), así que la putinada del Rasputín "nacional-bolchevique" (¿?) es algo nuevo. Los anti-heideggerianos evolianos se han vuelto heideggerianos de repente. No detectarán nunca, entre estos personajes de la extrema derecha, ni un solo gramo de coherencia lógica y, por ende, de consecuencia práctica. Pueden ser cualquier cosa ---cuando toque--- precisamente porque no son nada al margen de su función de confusionistas, intoxicadores e idiotizadores de las nuevas generaciones de nacional-revolucionarios. Sin embargo, en algo parecen estar de acuerdo todo el tiempo, a saber, en mentir, intoxicar, engañar y estafar a los destinatarios de las consignas "nacional-revolucionarias" (¿?): sus programas electorales nunca explican lo que realmente se desprende de la "ideología" tradicionalera agazapada tras dichos documentos-trampa. Porque me parece muy "respetable---es una forma de hablar, claro--- que estos personajes defiendan sus tonterías mágicas, ocultistas y esotéricas de chalados irrecuperables: si quieren "volver" a la Edad Media tienen todo el derecho a estar como chotas, pero, añado: que lo reconozcan abiertamente ante los electores. No lo hacen. Disimulan. Es demasiado ridículo su  pseudo medievalismo como para plasmarlo en un programa electoral. Y luego protestan porque los periodistas, los intelectuales, los políticos, no toman en serio sus defensas histriónicas del "pueblo". ¿Pero qué "pueblo" querría seguirles en su loca restauración de la esclavitud? Tienen, así las cosas, lo que se merecen; y cuando los medios de comunicación les acusan de manipular a la gente, de ser falsos revolucionarios, señoritingos disfrazados de sindicalistas para lavarles el cerebro a los trabajadores ----todo ello al servicio de un ideario rabiosamente anti-obrero de monóculo junker---, los detestados medios de comunicación están diciendo la verdad. De hecho, las presstitutas desempeñan su trabajo con malvada alevosía, consistente en identificar esta mamarrachada ideológica de los payasos ultras con el "fascismo". Por cuanto de eso se trata y para que la noticia aparezca tiene que haber necesariamente un actor, mejor dicho un agente noticiable (y sus cretinos figurantes), normalmente a sueldo de las agencias de (des)información y el fondo de reptiles. 

Dugin, según la prensa del sistema, "el filósofo más peligroso del mundo", la oligarquía le hace la propaganda gratis con el tipo de estigmatización que más atraerá a los jóvenes nacional-revolucionarios para envenenarlos acto seguido con el virus Evola. 

Ya hablé sobre estas cuestiones aquí:

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/05/el-programa-politico-del-msr-1997.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/05/llopart-plagia-farrerons-2010.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/06/materiales-adicionales-para-la.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/05/usurpacion-amputacion-y-tergoversacion.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/06/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion_28.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/06/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion_02.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/07/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion.html

https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/06/usurpacion-amputacion-y-tergiversacion_04.html

Todo lo que vale políticamente para Evola (y sus propaladores Milá o Ghio) vale también para Dugin y sus propaladores. Dugin es un evoliano, en la nueva versión del evolianismo que intenta apropiarse del activo ideológico más importante del nacionalismo revolucionario, a saber, Martin Heidegger. En esta abyecta operación de intoxicación están colaborando, como no podía ser de otra manera, quienes arruinaron el nacionalismo revolucionario en España en el mismo momento en que decían reivindicarlo pero llenaban sus candidaturas de skin heads o sus cursos de formación de pseudo intelectuales evolianos como Ángel Fernández. En la Parte III de este artículo explicaremos por qué la filosofía de Heidegger es incompatible con la ideología política ultramontana de Alexander Dugin.

Jaume Farrerons

La Marca Hispánica, 15 de noviembre de 2021. 

ANEXO DOCUMENTAL

¿Quien metió a Dugin en España? Pues nada menos que la cúpula del MSR. Porque Dugin, con la coherencia que cabe esperar de él, fue nacional-bolchevique antes que tradicionalista. La misma trayectoria contradictoria que el MSR y, por ende, que el (de)formador Josep Alsina.

Internacional

Dugin: el nexo entre Putin y la extrema derecha europea

El pensador y analista Aleksandr Dugin, con conexiones con la extrema derecha global, está considerado como un importante asesor del presidente de Rusia Vladimir Putin

Aleksandr Dugin durante la 6ª conferencia internacional International New Horizons. FARS NEWS AGENCY / Licencia CC BY 4.0

Dani Domínguez

28 julio 2021 Una lectura de 8 minutos

“El Rasputín de Putin”. Así han llamado muchos al pensador y analista Aleksandr Dugin (Moscú, 1962), para algunos uno de los principales asesores del presidente de Rusia Vladimir Putin. De aspecto desaliñado, Dugin parece haber acaparado parte del aura mística de Rasputín, quien ejerció una gran influencia sobre la dinastía Romanov durante sus últimos días. Sin embargo, no es un personaje muy conocido fuera de Rusia; no para el gran público.

Hijo de un alto cargo de la inteligencia militar soviética, siempre mostró un gran interés por el orientalismo, el ocultismo, el hermetismo, la teología… Aunque finalmente sus pensadores de cabecera fueron el belga René Guénon y el italiano Julius Évola, considerados como los padres del neofascismo cultural místico durante la segunda mitad del siglo XX, centrales en la Nouvelle Droite, es decir, la tercera revolución que vivió la extrema derecha después de 1945.

El también llamado “cerebro de Putin” apuesta por una alianza entre los países europeos, ya que considera que “son demasiado débiles para defender su soberanía por sí solos”, apostando por un populismo total que acabe con el liberalismo y que se aleje del nacionalismo xenófobo y racista. Un discurso que ha calado entre la extrema derecha europea, por lo que su influencia también se ha materializado en otros países, donde han acogido de buen grado su Cuarta Teoría Política publicada en 2009.

Tal y como se explica en Patriotas indignados (Alianza Editorial, 2019), las relaciones de este ideólogo han sido fructíferas con el neofascismo húngaro del Jobbik o con Nikos Michaloliakos, el que fuera líder de los neonazis de Amanecer Dorado, en Grecia. Los lazos del Kremlin también se han hecho patentes en Italia, con Silvio Berlusconi, cuya buena relación con Vladímir Putin permitió grandes negocios de compañías italianas con la rusa Gazprom; o con la extrema derecha austriaca del FPÖ, los flamencos de Vlaams Belang y o con el Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia. La líder de la extrema derecha francesa, según El Confidencial, logró en 2014 un préstamo de una entidad financiera ligada al Kremlin en un momento crítico desde el punto de vista económico para su partido.

El día que Donald Trump ganó las elecciones, Dugin afirmó que se trataba de algo “increíblemente bonito” y “uno de los mejores momentos” de su vida: “Consideramos a Trump como el Putin americano”. Asimismo, también ha mostrado sus simpatías por la Lega de Matteo Salvini y su admiración por el pensamiento de Constanzo Preve y Diego Fusaro.

El forjado de una ideología

Dugin realizó en la década de 1990 dos viajes por diferentes países de Europa como Francia, Italia o España para reunirse con determinados círculos de extrema derecha, por lo que los autores de Patriotas indignados –Francisco Veiga, Carlos González-Villa, Steven Forti, Alfredo Sasso, Jelena Prokopljevic y Ramón Moles– le han denominado “el Ulises de la ultraderecha rusa”. Según se explica en este trabajo, durante su recorrido conoció a Jean Thiriart, político belga de ideología fascista, y al también belga León Degrelle, fundador del Partido Reixista y oficial de las Waffen SS, que logró escaparse a España tras la derrota alemana en la II Guerra Mundial. En España, tuvo contactos con el Club de Español de Amigos de Europa (CEDADE), un grupo neonazi fundado en 1996, y con el periodista José Javier Esparza, que junto a Jorge Verstrynge promovió las ideas de la Nouvelle Droite en el país.

Tal y como se explica en el informe De los neocon a los neonazis, de la Fundación Rosa Luxemburg, el editor ultraderechista Juan Antonio Llopart ha mantenido durante años “una estrecha relación de amistad” con Dugin, traduciendo algunas de sus obras al castellano. Pero fue la publicación de la Cuarta Teoría Política del filósofo ruso lo que hizo que una parte de la derecha tradicional española se acercara a sus postulados y, por tanto, a Rusia. “Algunos sectores muy minoritarios en Vox y su órbita flirtean con esta aproximación”, explica Pep Ginesta, quien firma el capítulo del mencionado informe dedicado a la conexión de la extrema derecha española con el Este de Europa.

Todos estos viajes moldearon el discurso de Aleksandr Dugin, definido como “un camaleónico monstruo de Frankenstein”, construido a base de retazos que procedían de un lado y de otro, y que componían la chispa de la nueva ultraderecha rusa. A partir de ese momento, el nuevo Rasputín se convertiría en un personaje de renombre para el ultranacionalismo en Rusia –con la resurrección del eurasianismo, que defiende una supuesta legítima expansión de Rusia a los antiguos territorios de la URSS para ganar la guerra cultural a Occidente y ser el contrapunto del atlantismo. Dugin, según el trabajo editado por Alianza Editorial, ha llegado a ser “una de las personalidades de mayor influencia en el Kremlin como inspirador de la nueva política exterior rusa”, convirtiendo sus obras en libros de texto para la Academia de Estado Mayor de Rusia. Sus polémicas –en 2014 aseguró que los rusos debían “matar, matar y matar a los responsables de las atrocidades" en Ucrania– le han valido para ser apartado del Departamento de Sociología de la Universidad Estatal de Moscú o para que el Kremlin nunca haya presumido de forma ostensible de él.

¿Una internacional (pos)fascista?

La apuesta por una supuesta internacional posfascista virulentamente antiglobalista ha sido acogida de buen grado por Marion Maréchal Le Pen, sobrina de Marine Le Pen. Para ello ha fundado el Institut des Sciences Sociales, Économiques et Politiques (ISSEP), que tiene el objetivo de luchar contra la “hegemonía cultural” que, según ella, está dominada por la izquierda. Maréchal Le Pen se ha imaginado “una nueva alianza latina que podría caminar junto con los países de Visegrado”, compuesto por Eslovaquia, Hungría, Polonia y la República Checa, países donde el ultranacionalismo gana fuerza.

En España, el ISSEP ha sido impulsado por varias personas vinculadas a Vox, como Kiko Méndez Monasterio o Gabriel Ariza, hijo de Julio Ariza, presidente y fundador del Grupo Intereconomía, en cuya televisión –El Toro TV– ejerce como presentador estrella José Javier Esparza, actual profesor del ISSEP y uno de los contactos de Dugin en España durante los 90 según Patriotas indignados.

Vox bebe de los postulados de Dugin principalmente en lo que respecta a su presunta lucha contra las “élites globalistas”. Unas élites que han sido representadas en un solo personaje: el multimillonario húngaro George Soros, una especie de ojo-que-todo-lo-ve, un ente corpóreo que lo maneja todo, desde los medios de comunicación hasta las pateras en las que miles de inmigrantes se lanzan al agua. Como bien decía Héctor G. Barnés, “usted puede estar trabajando para George Soros. El charcutero que le vende el fiambre, el médico que le cura o el barrendero que limpia las calles de su ciudad, también”. Para la extrema derecha, todo es Soros y todo se mueve porque Soros quiere que se mueva, principalmente a través de su organización filantrópica, a Open Society Foundations. El húngaro –y judío– es el centro de la conspiranoia de la ultraderecha y de él, Dugin ha asegurado que prohibiría su fundación “por su acción totalitaria”.

Ginesta, si bien considera que la Cuarta Teoría Política de Dugin es compatible con el espacio que ocupan movimientos tradicionalistas de los cuales se nutre Vox, remarca que “es demasiado pronto para aventurarse a afirmar que existe un plan para situar a Vox en la órbita de la CTP”.

Sin embargo, la internacional fascista o posfascista no ha llegado nunca a cuajar como un proyecto global o transnacional. El nacionalismo de las extremas derechas hace difícil un entendimiento entre formaciones de diferentes Estados. Conocidas son las broncas entre algunos de ellos en los últimos años, como cuando en 2007 el grupo Identidad, Tradición y Soberanía, que aglutinaba a diferentes partidos de ultraderecha en el Parlamento Europeo, estuvo a punto de desaparecer. ¿El motivo? Unas declaraciones de la eurodiputada Alessandra Mussolini, nieta del dictador italiano, en las que aseguraba que todos los rumanos eran gitanos y por ello “no son bienvenidos en el país”. Ante esto, los cinco eurodiputados del Partido de la Gran Rumanía decidieron abandonar el grupo, por lo que tuvo que disolverse al no alcanzar los 20 parlamentarios. Más recientes han sido las desavenencias entre Abascal y Salvini a cuenta del apoyo de este último al independentismo catalán.

Como defiende Robert O. Paxton en su Anatomía del fascismo (Capitán Swing, 2019), “el fascismo, a diferencia de los otros “ismos”, no es para la exportación: cada movimiento guarda celosamente su propia receta para el resurgir nacional y los dirigentes fascistas parecen sentir poco parentesco, o ninguno, con sus primos extranjeros”. Estas peculiaridades nacionales, unidas a la xenofobia, ha hecho imposible “conseguir que funcionase una “internacional” fascista”.

 Fuente: https://www.lamarea.com/2021/07/28/dugin-nexo-putin-extrema-derecha-europea/