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domingo, marzo 08, 2020

DE LA COMUNIDAD NACIONAL A LA OPRESIÓN OLIGÁRQUICA SIONISTA PASANDO POR EL CULTO LIBERAL AL INDIVIDUO



¿Cómo destruye el liberalismo una comunidad nacional? Pues no sólo mediante la tiranía de los mercados que asfixia a las familias, el desmantelamiento del Estado social y el arma demográfico-cultural de la inmigración masiva, sino también mediante reivindicaciones y supuestas "liberaciones" de grupos concretos definidos por su localidad, edad, sexo, profesión, religión, etnia... 

Mujeres contra varones y viceversa; cristianos contra moros y viceversa; inmigrantes contra autóctonos y viceversa; homosexuales contra heterosexuales y viceversa; centralistas contra separatistas y viceversa; animalistas contra taurinos y viceversa. Etc. Añadid lo que queráis. La lista podría hacerse interminable. En todos los casos, se trata de que odies al vecino, pero no captes nunca esa entidad denominada oligarquía, el verdadero pero invisible enemigo real. Que no mires hacia arriba para descubrir al Rothschild de turno moviendo en beneficio suyo los hilos de todos estos conflictos internos.

Descomponer la comunidad nacional hasta llegar al puro individualismo, con el ego completamente solo reivindicándose a sí mismo en su "identidad" autista y delirante: hete aquí la primera fase, "democrática" (¿?), que prepara la inminente esclavitud de los gentiles.  Entonces el pueblo ya no existe porque se ha convertido en masa. Entonces la oligarquía puede ya dominar un conglomerado amorfo de seres aislados, egoístas, idiotas, impotentes... Y todo el lenguaje "liberal" ---que, no lo olvidemos, usa con cada uno de nosotr@s el anzuelo de la "liberación"--- se convierte en opresión sionista.

Aquéllo que más teme la oligarquía será, por tanto, a los trabajadores de un país ---la mayoría de la población--- unidos, solidarios, organizados como nación soberana. Y luego, esas mismas naciones todas coaligadas en un eje combatiente contra el enemigo de la humanidad. O sea, teme el socialismo nacional. Por eso los medios de comunicación, los políticos profesionales y los intelectuales ---a sueldo de la oligarquía casi todos ellos---  estigmatizan el nacionalismo y el populismo, asimilándolos al fascismo; y reduciendo éste, a su vez, literalmente, al demonio, el mal absoluto.

¿Qué más necesitáis para comprender que Vox, un partido liberal y sionista, viene como Puigdemont a finiquitar España para convertirla en Sefarad? 

Por una izquierda nacional. Por la patria, el pan y la justicia. En pie las naciones frente a la oligarquía genocida.

Jaume Farrerons
Figueres, la Marca Hispànica, 8 de marzo de 2020.


lunes, octubre 07, 2019

FUNDAMENTOS RACIONALES DE LA TEORÍA DE LA CONSPIRACIÓN













Cuando leo los sesudos ensayos sobre la historia del antisemitismo, siempre encuentro a faltar una cosa: la refutación de las críticas que los más grandes espíritus de la humanidad han realizado al judaísmo. Éstas se despachan como "antisemitismo", con lo cual se pone el carro delante del caballo. Si dichas críticas fueran ocasionales y aisladas, podrían explicarse en términos de una patología individual, pero no ocurre así. Se trata de críticas reiterativas, unánimes y coincidentes en el fondo. Además, en algunos casos se corresponden con aquello que, tan despectivamente como el antisemitismo, una enfermedad, un delito incluso, se desecha como "teoría de la conspiración". Nadie puede pretender que el alemán Max Weber, padre de la sociología moderna y criticado en algunos casos por su "filosemitismo" (así lo tiene considerado Heidegger), sea un antisemita encubierto. Pues bien, cuando Weber intenta resumir los rasgos fundamentales del judaísmo, aquéllo que lo define, aparece el núcleo racional esencial de la denominada teoría de la conspiración. Veamos su escrito El problema sociológico de la historia de la religión judía:
La mejor forma de comprender el problema peculiar del judaísmo desde el punto de vista sociológico y de historia de las religiones es compararlo con el sistema de castas indio. Pues, desde el punto de vista sociológico, ¿qué eran los judíos? Un pueblo paria. (...) Las diferencias respecto a los pueblos paria indios radican en el caso del judaísmo en estas tres importantes circunstancias: 1/ El judaísmo era (o más bien llegó a ser) un pueblo paria en un entorno sin castas. 2/ Las promesas de salvación, en las que se anclaba la separación ritual del judaísmo, eran absolutamente diferentes que las de las castas indias. Para las castas indias... la recompensa de un comportamiento ritualmente correcto, es decir, conforme a la casta, era el ascenso en el curso de los renacimientos dentro del sistema de castas del mundo concebido como algo eterno e inalterable. (...) Para el judío la promesa era absolutamente opuesta: el orden social del mundo estaba transtornado, representaba lo contrario de lo prometido para el futuro y debía volver a verse transtornado, de manera tal que al judaísmo volviera a corresponderle su puesto de pueblo de señores. (...) Todo el comportamiento de los antiguos judíos estaba determinado por esa concepción de una futura revolución social y política conducida por dios.
Fuente: Ensayos de sociología de la religión III, Madrid, Taurus, 1988, pp. 19-20. Véase también: Sociología de la religión, Madrid, Istmo, 1997, pp. 441-442.

Estamos, claramente, ante una ideología judía de ultraderecha de carácter racista, supremacista y genocida.


Pues debe quedar claro que esa "revolución" no trae la liberación de la humanidad, sino el dominio de "los judíos". La llegada del mesías, esperado por los rabinos fundamentalistas como su más señalada escatología, está en relación con la consumación de un proyecto de dominación de los restantes pueblos del mundo, el sentido de cuya existencia consiste supuestamente, como afirma el rabino-jefe sefardita de Israel Ovadia Yosef, en servir a los judíos en calidad de animales que trabajan, con toda naturalidad, para sus dueños.


A los gentiles que quieran salvarse sólo les queda la conversión al judaísmo, que es lo que están haciendo las élites burguesas de todo el mundo occidental, mientras "sacrifican" a sus propios y respectivos pueblos. El acceso a la oligarquía está condicionado, sin embargo, como requisito excluyente, a la posesión de riqueza, signo de elección divina. De ahí el ansia insaciable de robar dinero que manifiestan los políticos oligárquicos: su "elección" está en juego. Porque el judaísmo no es una raza, sino una ideología. Y ya dije en este sitio que los judíos no eran ricos, sino que los ricos se convertían al judaísmo, siendo éste el misterio del capital que atesora la oligarquía. El judaísmo sería algo así como el "pueblo de los ricos" que sometería al resto para 1/ instaurar una sociedad de castas y 2/ detener la historia congelando en el tiempo dicha relación jerárquica.


El "progreso" consiste, pues, en avanzar hacia el "reino de Dios", gobernado por el Mesías judío, es decir, la Gobernanza Mundial de la Alta Finanza (por cierto, exactamente aquéllo que Hitler pronosticó). De ahí la extraña ---y angustiosa--- combinación de desarrollo capitalista/tecnológico y paulatina depauperación de las condiciones democráticas, sociales y laborales, enderezada hacia la más descarada esclavización moral, mental y material de las masas. Fenómeno que observamos desde el fin de la modernidad (proyecto emancipatorio universal) y el auge del neoliberalismo en los años 80 del siglo pasado. El "progreso" redúcese así al hecho de que la oligarquía se hace cada vez más rica y los trabajadores cada vez más pobres. Semejante saqueo se nos presenta como cosa de teoría económica "moderna", aderezada de ecuaciones matemáticas, cuando no es más que mitología judaica.


LAS PROFECÍAS/ PLANES DE LA ULTRADERECHA JUDÍA


Los pueblos gentiles del mundo tenemos por delante un horizonte muy sombrío si no empezamos a entender lo que está pasando realmente y abandonamos de forma inmediata el imaginario del antifascismo que ampara las fechorías de los oligarcas. Acusar a la oligarquía de "fascista", la principal tarea de esa izquierda nauseabunda que los ultras judíos tienen comprada, sólo refuerza y convalida el imaginario oligárquico.


La ultraderecha judía nos conduce hacia un exterminio, hacia un genocidio, pero cualquiera que lo denuncie será acusado, en efecto, de "nazi". Dicha etiqueta define el estigma contemporáneo por excelencia. Los nazis son los nuevos parias. Intocables. Sabemos que lo único que no puede ser criticado en nuestra "democracia" oligárquica, donde existe una presunta "libertad" absoluta de pensamiento y expresión, es curiosamente la narración del Holocausto y su ideología correspondiente. Y sabemos también que, en una sociedad secular, el mal absoluto se identifica con un verdadero "demonio", Adolf Hitler, porque, se nos dice, quiso exterminar a los judíos. Nada ha contribuido tanto, sin embargo, a la impunidad de la oligarquía, a su blindaje legal poco menos que absoluto, como la Shoah. Si no existiera la Shoah, habría que inventarla. Algunos historiadores afirman que es una exageración en la que se minimizan otros genocidios, pero, claro, inmediatamente son silenciados, criminalizados e incluso encarcelados, cuando no agredidos... En todo caso, no existe libertad de investigación ilustrada y secular al respecto; y tal dogma constituye el único tema tabú ---sagrado--- en un sistema político individualista y relativista que pretende haberlos superado todos e incluso niega el concepto mismo de verdad. Excepto, claro está, la verdad del Holocausto. Adivinen el motivo.


La crítica del judaísmo está, pues, prohibida. Nazi es aquél que osa cuestionar el proyecto ultraderechista judío de dominación mundial. El fundamento de esta criminalización es la narración oficial del Holocausto, cuyo cuestionamiento está tipificado en el código penal y establece que todo ataque al imaginario sagrado del poder oligárquico es nazismo y éste, a su vez, el mal radical.


HACIA EL EXTERMINIO DE LA HUMANIDAD SOBRANTE


En estos momentos nueve banqueros controlan flujos de capitales de 700 billones con b de dólares, diez veces el PIB mundial, mientras 19.000 niños perecen al día de hambre y miseria; y 13 millones de personas cada año por las mismas causas. Suman en total 1000 millones de personas exterminadas, puesto que sus muertes eran evitables, desde el final de la Segunda Guerra Mundial.


Los banqueros en cuestión, empero, son casi todos clanes judíos y fundamentalistas judeo-evangélicos (sionistas cristianos) y, en consecuencia, "víctimas del nazismo". Estas mismas "víctimas" nos hacen llegar el mensaje de que "no hay dinero" y de que el peor crimen de la historia ha sido el exterminio de 6 millones de judíos a manos del “demonio-Hitler”. Pero todos sabemos que hay dinero y, por tanto, que quienes fallecen están siendo asesinados en masa. Mientras esto sucedió en el Tercer Mundo nadie, o casi nadie, movió un dedo, pero la máquina de picar carne oligárquica ha puesto sus manazas sobre Europa/Norteamérica y ya habla de que "los jubilados viven demasiado", de que "sobra mano de obra", de que "dejemos nuestras propiedades en herencia a los inmigrantes", etc. La oligarquía promueve todo tipo de conflictos en el seno de nuestra sociedad (hombres vs. mujeres, autóctonos vs. inmigrantes, cristianos vs. “moros”, independentistas vs. españolistas, etc.). La gente está en el paro o, si trabaja, ya no llega a final de mes. Aparece sin bochorno trabajo el fenómeno del semi-esclavo (horas extras sin cobrar, pagar para poder trabajar) y la cosa avanza rápido en la dirección de la historia ("progreso") que hemos explicado basándonos en Max Weber. El sistema de la seguridad social va a ser abolido, lo quieren hacer entrar en bancarrota metiendo en Europa a millones de inmigrantes depauperados (que los propios oligarcas mantienen en la indigencia en el Tercer Mundo como ejército de reserva), pero siempre por motivos "humanitarios". Tiernas sensibilidades las suyas que, curiosamente, mientras recogen basura en las calles para sobrevivir después de 40 años de trabajo, no alcanza a los abuelos europeos.


Es necesario ser un absoluto cretino o un cobarde para no ver lo que está sucediendo y cuál es el destino que nos espera a la mayoría de los pueblos si no reaccionamos proclamando la verdad o apoyando a quienes la proclaman en primera línea de combate. Pero la gente teme ser tildada de "nazi". Prefiere cerrar los ojos antes que gritar: ¡el rey está desnudo!


Aunque mejor sería afirmar: el rey-oligarca tiene el cuerpo entero cubierto de sangre sacrificial; y clama quejoso por el "genocidio de los judíos" mientras practica descaradamente la "esclavización progresista" de la economía neoliberal y "exterminio democrático" de las intervenciones militares en defensa de los "derechos humanos". ¿Hasta cuándo?


Por una izquierda nacional. Por la patria, el pan y la justicia. En pie las naciones frente a la oligarquía genocida.

Jaume Farrerons

Versión definitiva publicada en Facebook el 4 de abril de 2018




martes, octubre 01, 2019

ERRORES DE HITLER













Me pregunta Franco Luna por los errores de Hitler. Le hice un esbozo rápido que quizá os pueda interesar. Saludos.

Errores de Hitler.

La lista sería larga. Citaré algunos.

El primero y fundamental, imputable también al fascismo, fue su pacto con la derecha y la represión del ala nacional-revolucionaria del NS. A partir de ahí Alemania dejó de representar una opción política y el destino del nacionalsocialismo quedó en manos de la pericia militar y del reaccionario Estado Mayor prusiano. Hitler llegó a dar soporte a movimientos conservadores que él mismo despreciaba y que reprimían a las fuerzas más NR en sus respectivos países. Un ejemplo típico es el apoyo al vomitivo dictador rumano Antonescu contra la Guardia de Hierro.

El segundo error es el racismo y el supremacismo germánico, que acentuó los rasgos anteriores. Alemania no podía inspirar simpatías ni exportar su ideología porque sólo los alemanes o nórdicos o arios, con exclusión de los otros pueblos, eran los depositarios del ideario NS, muy parecido en este punto a la doctrina judía del "pueblo elegido". El NS, en función de tales prejuicios, despreció al pueblo ucraniano, que era eslavo e "inferior" (algo absurdo) y al que pretendía colonizar, factor político determinante de la derrota alemana en Rusia. De todo ello derivó, a la postre, el hundimiento del Tercer Reich.

Hitler, en tercer lugar, admiraba apasionadamente a Inglaterra y anhelaba la guerra occidentalista contra la URSS por idénticos motivos: raciales y burgueses derechistas, a pesar de que sólo manteniendo la alianza con Stalin tenía alguna posibilidad de estabilizar el dominio nazi en Europa y consolidar una superioridad tecnológica que la Universidad alemana ya disfrutaba y era muy capaz de aumentar hasta conseguir, con el tiempo, el dominio total sin necesidad de disparar un tiro.

En cuarto lugar, Hitler fundó un caudillismo excesivo, se negó a formalizar una doctrina nacionalsocialista con el único fin de tener las manos completamente libres en términos políticos y estratégicos; y centró el NS en su figura personal (no en las ideas), de manera que en el momento en que se deterioró mental y físicamente no había herederos, ni directrices claras, ni nada (y así siguen los nazis). Y cuando finalmente murió, Hitler no dejó una fundamentación doctrinal que permitiera reconstruir el fascismo tras la derrota militar alemana. El NS resumíase en un "hitlerismo", algo limitadísimo porque ningún hombre es infalible, mucho menos eterno. La cosa llega al ridículo cuando se le venera casi como a una divinidad. Tales tendencias no hacen más que abundar en todos los errores del Führer, en lugar de corregirlos.

Hitler, en quinto lugar, incurrió en un antisemitismo vergonzante, de raíz judeo-cristiana pero "invertido" o vuelto contra los propios judíos. Una fobia que no respetaba ni siquiera a mujeres y niños, algo horrible y anti-alemán, lo cual le condujo a perpetrar crímenes de lesa humanidad que, aunque exagerados por los vencedores, son en parte reales e incuestionables y han resultado decisivos a la hora de deshonrar el movimiento NS ante los ojos del mundo. Por no hablar de la propia Alemania, que nunca podrá ya levantar cabeza ni defender un "nacionalismo" sin complejos, ni siquiera un mero nacionalismo burgués o "democrático". Alemania da mucho miedo y esto podría haberse evitado aplicando los preceptos de una ética fascista del honor que Hitler se saltó a la torera haciendo exactamente lo mismo que les criticaba a sus enemigos (la "barbarie" bolchevique fue muchas veces superada por la "barbarie" nazi del pueblo más civilizado o culto del planeta).

Podría continuar, pero los expuestos me parecen motivos suficientes como para evitar caer en una suerte de canonización irracional de este dirigente político. Espero que sirva de algo.

Saludos cordiales.

Jaume Farrerons

Publicado en Facebook el 10 de mayo de 2016. 

https://www.facebook.com/search/top/?q=jaume%20farrerons%20errores%20de%20hitler&epa=SEARCH_BOX

domingo, marzo 24, 2019

EL TERROR DE LA OLIGARQUÍA









Incluso muerto y privado de todo poder como el Cid Campeador, el nacionalsocialismo asusta y es perseguido sin contemplaciones. ¡Ni las tumbas respetan ya! ¡Qué miedo le tienen a Hitler los oligarcas! Han erigido un mito. Son conscientes de que el nacionalsocialismo, a pesar de todos sus errores y de la basura que las terminales mediáticas capitalistas han amontonado de forma infatigable sobre él, fue y sería ---caso de existir--- su único y verdadero enemigo mortal. Mortal, sí. Porque el proyecto NS consistía en aniquilarles, sin más. Hete aquí la barbarie del Tercer Reich. Espantoso, cruel, asesino... Pero, ¿alguien cree todavía en la "democracia" (dictadura de los banqueros) o en los "derechos humanos" (patente de corso legal para arrasar países enteros en beneficio de Israel)? Quien pretenda ponderar sólo moralmente e incluso jurídicamente esta lucha por la supervivencia, se equivoca. Aquí se trata de lo siguiente: o ellos o nosotros. Ahora bien, los mismos canallas genocidas ---la oligarquía ultraderechista judeo-cristiana*--- que pretenden esclavizar a la mitad de los pueblos del mundo y aniquilar al resto, están señalándote inequívocamente dónde hallar la verdad. Que tú quieras verlo o seas tan cobarde que prefieras taparte los ojos, de ti dependerá.


*No "los judíos" en general: grave error imputable al NS.


AVISO LEGAL

 https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html


lunes, agosto 13, 2018

EL JUDAÍSMO, LA RELIGIÓN DEL HOLOCAUSTO (por Kamel Gómez El Cheij)



Editorial Canaán se trajo este año a Gilad Atzmon. Su visita a nuestro país, Argentina, tuvo como finalidad presentar una nueva edición del libro «La identidad Errante». Leyendo el mismo, me encuentro con interesantísimos aportes, que ahora paso a compartir en estas breves líneas. Por supuesto, no intento abordar todo el contenido, aunque sí me […]
Editorial Canaán se trajo este año a Gilad Atzmon. Su visita a nuestro país, Argentina, tuvo como finalidad presentar una nueva edición del libro «La identidad Errante». Leyendo el mismo, me encuentro con interesantísimos aportes, que ahora paso a compartir en estas breves líneas. Por supuesto, no intento abordar todo el contenido, aunque sí me parece que este artículo puede ser una invitación para todos aquellos que no han leído el pensamiento de Gilad, silenciado por los grandes medios de comunicación en su breve paso por nuestro país. Entre paréntesis dejo la página donde se encuentra la cita. Lo que está en negrita es mío.
El autor se reconoce como alguien que ha padecido el «adoctrinamiento judeocéntrico» (p. 12), y hoy se define a sí mismo como un «palestino que habla hebreo» (p. 92). Analiza con objetividad y polémica la identidad judía, al sionismo, al israelí, al judío de la diáspora, etc. Desde la Biblia hasta la psicología, pasando por Marx en La cuestión judía hasta por Shlomo Sand con La invención del pueblo judío, el autor analiza y critica severamente todo lo relacionado a Israel, al Sionismo y al judío.
Pero vayamos por partes.
Gilad cita a Chaim Weizmann:
«No hay judíos ingleses, franceses, alemanes o estadounidenses, sino solo judíos que viven en Inglaterra, Francia, Alemania o Estados Unidos». (p. 23)
El judío, siempre siguiendo al autor del libro, no podrá formar parte de ninguna nacionalidad, no podrá ser asimilado, será, donde se encuentre, supra-nacional, sólo responderá a los intereses de Israel, su única nación.
La diáspora judía trabajará constantemente, con todos sus recursos, para la Entidad Sionista. Desde los medios de comunicación, o haciendo lobby político, o utilizando sus recursos económicos, hasta colaborando activamente con el Mossad. «Además, considerando la racista y expansionista naturaleza judeocéntrica del Estado judío, la judía o el judío de la diáspora se encuentra a sí mismo asociado intrínsecamente a una ideología fanática y etnocéntrica, y a una interminable lista de crímenes contra la humanidad.» (p. 64)
Agrega Atzmon:
«No hay más que leer al prominente primer profeta sionista Theodor Herzl para saber que eso es de lo que se trata el sionismo político: conseguir que las superpotencias sirvan a la causa sionista«. (p. 41)
Si revisamos el rol de EE.UU. y Gran Bretaña, o hasta la reciente inclusión por parte de la Unión Europea a la rama militar del Hezbollah libanés como una «organización terrorista», podemos ver el éxito de la empresa sionista.
No obstante, queremos dejar en claro que si bien es conocido el lobby israelí y su influencia en la política exterior de varios países, principalmente de EE.UU., eso no implica que necesariamente la política de las superpotencias este totalmente anclada a las necesidades de Israel. Las potencias no ceden a todas las presiones sionistas, y la ansiada guerra contra Irán es un ejemplo concreto. Pero que el lobby judío condiciona, sí, sin duda. Y es penoso ver como muchos sectores políticos y analistas internacionales obvian ese dato.
Concretamente, en la Argentina, con la votación del memorándum de entendimiento con Irán, muchos argentinos vimos con tristeza como políticos, ya sean oficialistas u opositores, lanzaban críticas (sin ningún tipo de fundamentos) a la República Islámica, propias del libreto israelí. Nuestro congreso, en la sesión parlamentaria, parecía una embajada judía.
Volviendo a «La Identidad Errante», también Atzmon nos deja una nueva definición del «Antisemitismo»:
«Mientras que en el pasado un «antisemita» era alguien que odia a los judíos, hoy en día es justo decir lo contrario, un antisemita es alguien a quien los judíos odian». (p. 71)
Innegable persecución se da, en nombre del «antisemitismo», a los que acostumbramos a denunciar las masacres de la Entidad Sionista, quienes no tenemos ningún problema con los hombres que practican el judaísmo, o la religión que quieran. Y sí, desgraciadamente para los palestinos, ya se ha vuelto una costumbre denunciar y que la «comunidad internacional» (léase potencias) mire para otro lado.
El «antisemitismo» es tan sólo el nombre de la censura cuando queremos denunciar las atrocidades cometidas por Israel. Aquí no hay «libertad de prensa», sino al revés, es la prensa quien se toma la libertad de censurar, de ocultar, de silenciar, o en el «mejor» de los casos, igualar la barbarie sionista con la resistencia árabe y/o palestina.
También, el autor deja en claro las diferencias entre el Sionismo y la religión judía, incorporando el concepto de «Judeidad»:
«Mientras que el judaísmo es un núcleo religioso que no cambia, la judeidad es una categoría dinámica en un flujo continuo. Este es el caso del sionismo. El sionismo es una continuación dinámica de la judeidad: es racista, exclusivo, supremacista, y egocéntrico, pero no es judaico. Tiene muy poco que ver con el judaísmo. Puede ser mesiánico en un sentido territorial, pero carece de la divinidad judaica. De hecho, en este sentido el sionismo se opone al judaísmo«. (p. 94, nota 7).
Define al sionismo como «un movimiento global que está alimentado por una solidaridad tribal única» (p. 26), que nace como «una reacción a la emancipación de los judíos europeos» (p. 53) y agrega:
«Sugiero que tiene mucho más sentido considerar el sionismo un proyecto de preservación tribal judío. En otras palabras, se puede interpretar el sionismo como un movimiento global judío que tiene como objetivo impedir la asimilación… Por consiguiente, se debería considerar el sionismo una amalgama de diferentes filosofías especializadas en diferentes formas de separatismo, desvinculación y segregación tribales.» (pp. 88 y 89).
Para dejar en claro aún más las diferencias, señala que «El sionismo estaba ahí para transformar la Biblia de un texto espiritual en un «registro de tierras»». (p. 170)
Aclarando el concepto de «judeidad», insiste que para los sionistas es una «operación de una red internacional» (p. 29) que utiliza una interpretación mesiánica nacionalista judía. (p. 23)
Severas críticas a interpretaciones del judaísmo se encuentran en su libro. Gilad nos recuerda la definición de Karl Marx en La cuestión judía, que siempre viene bien mencionar para cierta izquierda con amnesia:
«¿Cuál es el fundamento laico del judaísmo? La necesidad práctica, el interés personal. ¿Cuál es la religión mundana del judío? La usura. ¿Cuál es su Dios mundano? El dinero.»(p. 144, nota 5)
Brinda una definición del Estado de Israel, luego de recorrer la psiquis y la historia judía, que merece ser tenida en cuenta:
«Israel es el Estado judío y, a pesar de la promesa sionista de construir una nación civilizada, funciona como un gueto judío» (p. 105); entonces «el sionismo se puede considerar una relectura de la narrativa del gueto en términos positivos y glamurosos.» (p. 98)
Basta mencionar la construcción del aberrante Muro de Apartheid dentro de Palestina, como un símbolo del gueto. El judío, que no se permite la asimilación allí donde se encuentre, y que es, de la mano del sionismo, envenado con una ideología racista, etnocéntrica, se encuentra «cercado» por elección propia.
Inspirado en conformar el pueblo elegido, según las enseñanzas de fundamentalistas religiosos judíos; o adoctrinado por los laicos en una supuesta supremacía racial; o todo junto a la vez, el judío practica la segregación naturalmente. Y mata sin culpa, asesina sin conciencia, todo vale, sea por la Biblia o por el «deber patriótico».
O también, la excusa del miedo que sirve para justificar cualquier acción criminal, ese miedo de los que «prefieren someterse a la fantasía del judeicidio nuclear» (p. 164), de sufrir un nuevo holocausto (o en la Argentina, un nuevo atentado)…lo que nos lleva al título de este artículo.
La Religión del Holocausto (pp. 184 a 194)
«Seguiremos matando en nombre del sufrimiento judío». (p. 217)
Cuando hablamos de Holocausto, siempre se piensa en el judío. Parece que es el único que existió. Sabemos que la explotación del sufrimiento judío tiene su industria, parafraseando el título del libro de Norman Finkelstein. También en la Argentina existe «la industria de la Amia».
Hay afirmaciones durísimas en el libro. Por ejemplo:
«El Holocausto fue una «victoria sionista»… Si no hubiera sinagogas quemadas, el Mossad llegaría incluso a quemar algunas él mismo«. (p. 58)
Incluso, para dejar en claro lo que puede hacer el sionismo, cita este dato:
«[En la década del ’50] En un intento de describir a los iraquíes como anti estadounidenses y de aterrorizar a los judíos, los sionistas colocaron bombas en la biblioteca del Servicio de Información estadounidense y en sinagogas. Enseguida empezaron a aparecer panfletos urgiendo a los judíos huir a Israel» «. (p. 58, nota 12)
Se sabe también, gracias al trabajo del historiador judío Brenne, entre otros, que existió colaboración reciproca entre los dirigentes sionistas y los nazis.
En fin, siguiendo a Leibowitz y a Adi Ophir, Gilad Atzmon considera que el Holocausto se ha convertido en la nueva religión judía.
Justifica esta nueva religión con la utilización del miedo:
«El miedo es lo que mantiene la identidad colectiva judía. Como en el caso de la religión del Holocausto, la judeidad establece el miedo al judeicidio en el centro de la psique judía, pero también ofrece medidas espirituales, ideológicas y pragmáticas con las que afrontar este miedo.» (p.194)
La nueva religión tiene estas características.
El Holocausto y sus elementos religiosos esenciales:
-Tiene sacerdotes (¿Quién no escuchó hablar de Simón Wiesenthal?)
-Tiene profetas que amenazan del futuro judeicidio iraní (Shimon Peres, Netanyahu, etc.).
-Tiene mandamientos y normas (por ejemplo, «nunca más», claro, para ellos, porque se puede repetir con los palestinos y los árabes)
-Tiene rituales (días de la memoria en todo el mundo, peregrinación a Auschwitz, lectura del diario de Ana Frank, etc.)
-Tiene un orden simbólico (kapos, cámaras de gas, chimeneas, polvo, zapatos, etc.)
-Tiene un templo central (Yad Vashem) y santuarios (los famosos museos) en todo el mundo (en Buenos Aires tenemos uno).
-Tiene inquisición, para aquellos que discutan el dogma, con Jomeini, Arafat, Nasrallah y Chavéz como alguno de sus «Anticristos».
Gilad advierte:
«…Considera al goy un potencial asesino irracional. Esta nueva religión judía predica la venganza. Muy bien podría ser la religión más siniestra que conozca el ser humano ya que en nombre del sufrimiento de los judíos concede licencias para matar, arrasar, arrojar bombas nucleares, aniquilar, saquear, hacer limpieza étnica. Ha convertido la venganza en un valor occidental aceptable» (p. 185)
La discusión sobre el Holocausto, entonces, debe empezar por la utilización política que hacen los sionistas del mismo. No puede ser utilizado para esconder las atrocidades que cometen a diario al pueblo palestino.
Aquí, la principal responsabilidad se encuentra con los judíos. Son ellos los que no pueden permitir que en nombre de su sufrimiento se mate al mejor estilo nazi.
Para terminar, reiteramos esta frase con la que empieza el libro de Gilad, escrita por Israel Shahak:
«Los nazis me hicieron tener miedo de ser judío, y los israelíes me hacen tener vergüenza de ser judío».

domingo, mayo 13, 2018

CORBYN Y LA CUESTIÓN JUDÍA (por Gilad Atzmon)

No hace falta ser un genio para detectar el volátil estado actual de las instituciones judías británicas. Para el observador de afuera, algunas de las acciones de los llamados «líderes» judíos británicos pueden parecer una forma de locura colectiva. Sin embargo, los británicos no parecen estar impresionados en absoluto. Están perplejos por la histeria colectiva autoimpulsada. Naturalmente, muchos británicos no están de acuerdo con algunas cuestiones de Corbyn; algunos pueden no estar de acuerdo con su política pacifista, otros lo ven como un inocente izquierdista delirante, algunos están molestos por su asociación con personajes controvertidos, pero nadie, excepto algunos israelíes, ve a Corbyn como un enloquecido «antisemita», y mucho menos como un tipo de Hitler que pone la vida judía bajo una «amenaza existencial». Aunque no está claro si Corbyn puede unir a los británicos contra su horrible Gobierno, es cada vez más probable que el lobby sionista tenga la capacidad de unir a los británicos detrás de Corbyn. Un comentario en Twitter el otro día señaló que «no apoyar a Corbyn en este momento es un acto de traición».
Esta semana, el ex jefe de rabinos Jonathan Sacks se volvió completamente desquiciado comparando a Corbyn con el discurso de «ríos de sangre» de Enoch Powell. En una entrevista, Rabbi Sacks sostuvo que Corbyn «socava la existencia de un grupo entero de ciudadanos británicos al representarlos como esencialmente extraterrestres». ¿Qué dijo Corbyn que provocó una reacción tan extrema del famoso rabino? Aparentemente, en 2013, Corbyn criticó a los sionistas británicos al sugerir que tenían dos problemas, «uno es que no quieren estudiar historia y en segundo lugar, habiendo vivido en este país durante mucho tiempo, probablemente durante toda su vida, no entienden la ironía inglesa».
Esto plantea algunas preguntas obvias: 1. ¿Qué hay en la declaración de Corbyn que desencadenó el estallido del rabino Sacks? y 2. ¿Cómo es posible que cuando Corbyn habla de sionistas, el rabino Sacks oiga «judíos»?
Una posibilidad es que en la mente de Rabbi Sacks los judíos y los sionistas sean uno y lo mismo. Después de todo, el rabino Sacks cree que «el antisionismo es el nuevo antisemitismo». El rabino asocia libremente a «sionistas», «semitas» y «judíos». Alguien debería recordarle al rabino que la sugerencia de que «judíos» y sionistas son de alguna manera lo mismo, lo que podría caer en la definición del IHRA Working Definition of Antisemitsm. Según la definición, las manifestaciones de antisemitismo «podrían incluir el objetivo del Estado de Israel, concebido como una colectividad judía». En su interpretación de las palabras de Corbyn, el rabino Sacks parece expandir el término «sionistas» al significado de «colectividad judía». Me temo que nuestro ex jefe de rabinos puede haber caído en la trampa del IHRA, algo que podría esperarse de un erudito judío talmúdico pero no de un graduado de Oxford.
La verdad del asunto es que Corbyn ha logrado tocar el nervio colectivo judío más sensible. En la oferta igualitaria universalista de Corbyn no hay lugar para el excepcionalismo tribal. En el universo de Corbyn, los judíos son solo personas comunes y no el pueblo elegido de Dios. La frase de Corbyn «para muchos, no para pocos» no se ajusta al concepto de elegido, judío o identidad. Pero podemos ver que esta interpretación universalista de los «muchos» es interpretada por el liderazgo judío británico como un casus belli, un llamado a la guerra.
La referencia de Corbyn a la «falta de ironía británica» de los sionistas tocó el nervio judío más crudo. Se topó con el «complejo de asimilación» judío.
Desde la emancipación de los judíos europeos, una transición política del siglo XIX, los judíos han estado luchando por definir su identidad y su papel en la sociedad en general. La emancipación invitaba a la asimilación, ofrecía a los judíos la capacidad de convertirse en una parte indistinguible de los «muchos», pero este cambio transformador habría implicado una pérdida de la identidad judía. Este dilema se conoce como la «cuestión judía». El sionismo fue inicialmente un intento de resolver la cuestión judía y el dilema de la asimilación. Ofrecía a los judíos la capacidad de ser «personas como todas las demás» pero en un lugar diferente. El sionismo prometió llevarse a los judíos mientras les permitía que se asimilaran, aunque como una nación distinta entre las naciones. El sionismo dio a los judíos una manera de resolver la tensión entre la asimilación y la preservación. A los judíos se les salvó del peligro de integrarse en sus naciones anfitrionas y les permitió conservar muchos, si no la mayoría, de sus rasgos culturales, como lo demuestra Israel a diario.
El temor de los judíos a la asimilación no es un secreto. Golda Meir, que ejerció como Primera Ministra de Israel en la época de la Guerra de Octubre (1973), creía que los judíos que se asimilaban eran esencialmente socios de los nazis, ya que a través de la asimilación estaban exterminando la continuidad del pueblo judío. Para Meir, los matrimonios mixtos, y no los árabes, eran el mayor peligro para el pueblo judío. Con la visión antiasimilacionista de Meir en mente, está claro por qué la visión socialista tradicional de Corbyn de «los muchos» representa un peligro existencial para aquellos que insisten en ser «pocos». La bienintencionada invitación de Corbyn a los judíos y a todos los demás para integrarse plenamente en la sociedad británica es interpretada por los judíos sionistas como una amenaza de exterminio (para usar la cargada terminología de Golda Meir).
Sin embargo, la reacción del rabino Sacks, nos lleva a un nuevo nivel en nuestra comprensión de la mentalidad sionista. El rabino en realidad acusó a Corbyn de implicar que «los judíos no son completamente británicos». Pero eso no fue lo que dijo o insinuó Corbyn, sugirió que los «sionistas» no son exactamente británicos, una declaración que no plantea ningún problema para la mayoría de los sionistas ya que abierta y voluntariamente juran lealtad a otro Estado, uno que es nacionalista, racista y expansionista y comparte pocos valores, si es que tiene alguno, con Gran Bretaña u Occidente.
Para comprender el estallido reciente del Rabino Sacks, quizás tengamos que apelar una vez más a la astuta observación del famoso psicoanalista francés Jacques Lacan: «el inconsciente es el discurso del Otro». El inconsciente, según Lacan, es el temor de que el Otro, en este caso, el gentil, el humanista o podemos decir que Corbyn y los británicos te ven de verdad. Es el pensamiento atormentador que el goy puede ser capaz de detectar la mentira. Es la ansiedad insoportable de que los británicos sepan que los sionistas británicos no son exactamente británicos, que están profundamente consagrados a otro Estado y sus intereses extranjeros, que nunca se asimilaron y que no planean asimilarse en el futuro cercano. El inconsciente lacaniano es el temor de que un goy pueda levantarse un día y decidir llamar pala a la espada o, aún más inquietante, que un famoso exrabino jefe se refiera como un «extremista de extrema derecha» a un activista sindical, Eddie Dempsey, como se sugiere en el video a continuación.