martes, febrero 08, 2022

LA REFUNDACIÓN DEL PARTIDO FASCISTA

 

Mitin de Plataforma per Catalunya (PxC) en Sant Andreu (Barcelona) el 13 de mayo de 2003. Saboteado por decenas de antifascistas, en la foto puede observarse al autor de este blog durante la agresión física de que fue objeto ante la mirada impasible de la policía municipal.

Las ideas reivindicadas en este sitio no se han quedado en meras palabras o textos más o menos teóricos, porque durante treinta años, sin contar con casi ningún apoyo de unos NR completamente intoxicados por el veneno evoliano ----que Ernesto Milá ha les ha inoculado a cuenta de las cloacas del Estado--- y la abierta hostilidad de la extrema derecha, hemos aplicado una agenda cuyo norte era precisamente convertir dichas ideas en realidades políticas y sociales institucionalizadas. Plataforma per Catalunya (PxC), partido político que llegó a obtener 75.000 votos en unas elecciones autonómicas y del que fui secretario de estudios y programas (ideología) y secretario general en su fase fundacional, es un ejemplo de este compromiso. En la actualidad, promuevo la Plataforma Democràtica per Catalunya (PDxC), lo único que queda de la PxC tras el sabotaje ultraderechista interno y la postrera traición de su propio presidente Josep Anglada



LA  AGENDA

Por "agenda" entiendo todos los pasos previos que es menester dar antes de poder desembocar en una acción política NR coherente, sin menoscabo de que algunas siglas y organizaciones políticas preparen el terreno, sin declararse abiertamente fascistas, para la refundación del partido fascista.

El vocablo "fascista" tendrá aquí un sentido genérico, en términos análogos a los de Stanley Payne en su obra El fascismo, entre otras, pero, sobre todo, en los establecidos en la p. 140 de mi tesis doctoral, donde, además, se cita un artículo de este blog como fuente. Dicho artículo reproduce el texto escrito de la conferencia de Madrid (7 de noviembre de 2008) en las III Jornadas de la Disidencia (los videos de esta conferencia han sido eliminados por los organizadores porque son una evidencia del plagio que se perpetró después con las ideas expuestas). Queda dicho, desde este momento ---y para más aclaraciones me remito a dichos documentos--- que "fascismo" significa ante todo un "sistema de valores" y que, en consecuencia, existen varias ideologías fascistas (fascismo en sentido específico o nacionalcorporativismo, nacionalsocialismo alemán, nacionalsindicalismo español, etc). Por tanto, para rescatar la esencia del fascismo, requisito insoslayable de su restauración política pública, tenemos que remontarnos forzosamente hasta las fuentes filosóficas madres comunes de este proyecto histórico

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Una consecuencia de lo anterior es que los intentos de restaurar el fascismo a partir de sus programas electorales o documentos tácticos de época están condenados al ridículo político. Y ello por dos razones: ni siquiera son documentos ideológicos, sino discursos adaptados a las necesidades electorales o políticas, coyunturales y locales, de distintos partidos fascistas. En cuanto tales, se trata de documentos cuya obsolescencia de principio sólo puede admitir las excepciones que se argumenten a partir del criterio fundamentado de una ideología, pero esta ideología hay que elaborarla ex novo como rama del árbol de la filosofía. 

Otra consecuencia de lo fijado, después de décadas de reflexión y experiencia política práctica, es que ni siquiera podemos agarrarnos a la ideología de alguno de los movimientos fascistas más poderosos, por cuanto en algunos casos no irrelevantes dicha ideología nunca fue publicada, es decir, ha dejado sólo rastros documentales indiciarios. Así las cosas, incluso allí donde sí contamos con documentos ideológicos fragmentarios pero sólidos, como es el caso del fundador Benito Mussolini, se trata de material de alcance limitado ---en la mayor parte de los casos--- a un fascismo nacional y epocal concreto, mientras que, en la actualidad, el fascismo sólo podrá restaurarse como fascismo a escala continental europea y respondiendo a imperativos políticos contemporáneos, es decir, rabiosamente actuales. 

Parece evidente que, hoy, ninguna nación europea, ni siquiera Alemania, podría preservar su soberanía ante el ataque de la oligarquía y, mucho menos, representar un papel geoestratégico autónomo contra el bloque formado por EEUU/GB/Israel. Sería doblegada con suma facilidad incluso en un escenario de ciencia-ficción donde Alemania instaurase un IV Reich nacionalsocialista. Ni siquiera está claro que una Europa unida pudiera enfrentarse a la oligarquía si ésta la atacara hogaño con todo su poder económico, financiero, tecnológico y militar. Hablar a estas alturas de nacionalismos alemán o francés ---y ya no digamos español--- para diseñar políticas basadas en el desmantelamiento de las instituciones europeas y el rescate de la soberanía nacional sin explicar cómo podrá luego esta nación neosoberana enfrentarse al enemigo oligárquico, es vivir en un mundo de fantasía, cuando no dedicarse al circo ultra que promueve la fragmentación estatal e incluso étnica de Europa para mayor jolgorio de Sión. 

Tumba de Heidegger con la Estrella que se adoptó como símbolo de la Entidad 
antes de conocer su existencia. 

Todo ello nos obliga a dar los siguientes pasos previos antes de desembocar en la refudación del partido fascista, bien entendido que nos referimos a un "partido fascista europeo actual".

En efecto, el partido fascista es europeo, no alemán, francés, italiano o español, de manera que sería más exacto hablar de movimiento fascista europeo, conjunto de partidos subordinados a un proyecto histórico común. (Que el partido o movimiento fascista sea europeo no excluye que puedan fundarse partidos o movimientos fascistas en otros lugares del planeta, bien entendido que el europeo constituye un requisito, sobre todo ideológico, para todos los demás).  

El partido fascista es contemporáneo, adaptado a las realidades de nuestra época y del marco europeo de actuación, no una fotocopia de ninguno de los partidos fascistas de época, incluido aquí el partido nacionalsocialista de Adolf Hitler. Esto no es oportunismo, sino coherencia ideológica. A tales efectos, antes de fundar cualquier sigla, será menester: 

1/ determinar la esencia filosófica del fascismo, que es supralocal y supracoyuntural porque define el fascismo dondequiera y cuandoquiera que exista o pueda existir; 2/ elaborar, desde el referente incontestable fijado por dicha esencia filosófica, el esquema de una "ideología fascista europea" que pueda ser asumida por todos los virtuales fascismos nacionales. Será dicho esquema el que nos permita discriminar los elementos ideológicos de los fascismos históricos que pueden ser recuperados y desechar como obsoletos o improcedentes todos los restantes; 3/ instituir el programa estratégico y táctico de un movimiento fascista europeo con distintos partidos fascistas europeo-nacionales operando de forma coordinada al servicio del mismo "proyecto histórico europeo". 

¿Qué meta-institución constituye el correlato institucional del meta-discurso sobre los distintos tipos de discurso y de instituciones NR que se acaba de exponer, es decir, la depositaria del proyecto histórico fascista en cuanto filosofía? Dicha institución, aunque se legalizara como asociación cultural, no puede operar de hecho en tales términos, pero tampoco como un partido político o un sindicato. Su característica fundamental consiste en situarse fuera del activismo de cualquier signo o territorio para determinar ---sin poder alguno pero con la autoridad que su función le confiere---, precisamente qué significa en cada caso y momento un verdadero activismo fascista. ¿Será una asociación religiosa, una suerte de logia (sociedad secreta), una fundación, una sociedad mercantil, una orden? De hecho, tal como expliqué hace décadas sin ser entendido prácticamente por nadie, no existe ni puede existir ninguna fórmula jurídica dentro de la sociedad liberal burguesa que se corresponda con dicha meta-institución. De ahí que optásemos en su día por denominarla Ens (entidad) Potencialista (EnsPo) y nos referimos a ella como la entidad, pero, al mismo tiempo, y advirtiendo sobre la circunstancia expuesta, la legalizamos de forma provisional como asociación cultural. A día de hoy, entendemos que es necesario registrarla con la fórmula que más convenga a efectos organizativos y fijar luego, en un reglamento interno, su funcionamiento real. O renunciar a su legalización, con todas las implicaciones que ello conlleva (sociedad secreta). La tarea de la entidad consiste en preservar y transmitir a otras personas, grupos o instituiciones NR, la esencia del fascismo como sistema de valores incompatible con el judeo-cristianismo (derecha) y el utopismo bíblico secularizado (izquierda), ejerciendo esta función con especial rigor a la hora de permanecer al margen de la política de partidos y del cambiante baile de siglas, líderes, asociaciones, etcétera, que caracteriza todo activismo. 

Nada de lo que prevalece ahora en política o ideología dentro de la denominada área patriótica y también aquello que guardaría incluso una remota semejanza con lo expuesto, puede ser calificado de movimiento fascista europeo. El movimiento fascista europeo, sin la entidad, es una ficción periodística. Tanto los periodistas denunciantes cuanto los presuntos "fascistas" saben que no son fascistas. Lo que realmente funciona como tal es así, para los verdaderos fascistas, menos que cero: un conjunto que siglas de extrema derecha cuya principal preocupación consiste en desmantelar las instituciones europeas y cristianizar Europa frente a la presunta invasión islámica.

A día de hoy, hemos renunciado a la pretensión de que alguien, en el área patriótica, llegue a comprender el significado y alcance organizativo de la entidad potencialista (EnsPo) como concepto. 


EL SIGNIFICANTE 

Nos interesa, en esta etapa, el significado, no el significante, de "fascismo". A duras penas hemos logrado arrancar un significado filosóficamente sostenible de entre los cascotes y las ruinas del pasado. A día de hoy podemos afirmar que "el fascismo es la verdad" y, además, demostrarlo, pero a esta tarea hemos tenido que dedicar treinta años. El significante "fascismo" sólo podrá volver a ser reivindicado cuando organizaciones políticas de izquierda nacional dispongan del suficiente poder institucional y social como para (1) promover una veraz investigación y reescritura de la historia reciente de Europa; (2) refutar ante la opinión pública las versiones historiográficas oficiales que la oligarquía ha imbuido en las mentes de los ciudadanos europeos en forma de propaganda y manipulación masivas durante más de medio siglo. 

La segunda cuestión es que, en esta temprana fase de refundación del fascismo, no se podrá reivindicar políticamente la palabra "fascismo" y "fascista", que queda reservada a la filosofía. El motivo es obvio: en la actualidad, "fascismo" mienta, para el hablante normal, un sinónimo de ultraderechismo, pero precisamente la etapa refundacional del fascismo pasa de forma necesaria, siempre que hablemos de política real, por un enfrentamiento constante con la extrema derecha. En definitiva, el fascismo, a fin de romper sus letales vínculos con la ultraderecha, debe refundarse políticamente como izquierda nacional europea. En el nivel ideológico, tampoco se utilizará la palabra "fascismo" ---que, repito, queda provisonalmente restringida a la filosofía---, sino nacionalismo revolucionario

Con lo cual afloran de nuevo los tres niveles autónomos de discurso, a saber:

1/ filosofía: restauración de la esencia del fascismo en el lugar institucional de la entidad. 

2/ ideología: elaboración ex novo de la ideología fascista europea como ideología nacional-revolucionaria en el lugar institucional de una asociación cultural orgánicamente dependiente de la entidad. 

3/ programa político: elaboración ex novo, sobre la base de los dos niveles anteriores de discurso, de una estrategia y y táctica de acción política en el lugar institucional de un partido o coalición de partidos y sindicatos de izquierda nacional que, con las instituciones de 1/ y 2/ conformen un movimiento NR europeo y rompan definitivamente toda vinculación del "fascismo" con la extrema derecha. 

En el nivel 3 podrán afiliarse personas de fe cristiana, porque los partidos de izquierda nacional deberían declararse laicos y neutrales en materia religiosa, pero el movimiento deberá estar controlado siempre por fascistas que, al mismo tiempo, sean miembros de la entidad e impidan que el partido caiga en manos de ultraderechistas y lo destruyan desde dentro, como ya ocurrió con Plataforma X Catalunya (PxC) por culpa de la total incompetencia ideológica y organizativa de Josep Anglada. 

LOS ACTIVOS

Conviene aclarar en qué momento esta agenda da el paso del papel a la realidad. En la práctica, esto supone una enumeración o cálculo de activos. En algunos casos, dichos activos dependen, a su vez, de las circunstancias (temporales y locales) de su aplicación, las cuales pueden variar, evidentemente, en función de si otras personas o grupos adoptan la misma agenda aunque vivan, verbi gratia, en Alemania, Grecia o Noruega. Por ejemplo, el hecho de que se constituyera un partido denominado Plataforma per Catalunya (PxC) en una región de España denominada Catalunya y en plena oleada de inmigración islámica a principios de siglo es un hecho circunstancial y temporal como, por lo demás, ocurre siempre con cualquier partido político (¡de esta constatación no se libra ni el NSDAP!). La existencia de la Entidad debería prevenir esta intermitencia de siglas, grupos y liderazgos garantizando la preservación y transmisión de los valores, pero, así mismo, de las experiencias y los conocimientos adquiridos en distintas organizaciones del movimiento, también aquéllas que han desaparecido después de desempeñar alguna función relevante, como ha sido el caso, en España, de AE, AE-LSR, la PxC o el MSR. 




Entre los pocos activos del proyecto histórico nacional-revolucionario se cuenta la filosofía de Heidegger. También la tesis doctoral Verdad y muerte que vincula dicha filosofía con el fascismo y ha superado la prueba de un tribunal académico defendiendo el concepto de una fundamentación racional del fascismo. Existen sitios de internet, asociaciones culturales y editoriales ---cuyos nombres no voy a dar aquí por motivos obvios--- que pueden ser calificadas de activos porque mantienen encendida la llama del verdadero fascismo. Hay dos partidos fascistas legalizados, a saber, la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) y Plataforma Democràtica per Catalunya (PDxC), así como una página concebida, dentro del mismo proyecto, como órgano de la izquierda nacional, a saber, CARRER LA MARCA.



Pero poco más. Heidegger es, con mucho, el mayor activo, pero afortunadamente se sitúa en un nivel que nos permite dar el primer paso en la refundación del partido fascista, a saber, la fundación de la entidad. A ella se refiere el propio Heidegger en sus Beiträge zur Philosophie cuando nombra la fundación de la institución depositaria de la verdad del ser (véase Gesamtaugabe. Band 65, pp. 307-308, Die Gründung): 



Las cuatro palabras-clave aquí, que Heidegger dibuja en un esquema bajo el epígrafe Gründung (fundación), son las siguientes: 1/ Grund (fundamento); 2/ stiften (instituyendo); 3/ Ab-grund (abismo); 4/ Nichtung (anonadamiento). En la p. 384 de Sein und Zeit se justifica el porqué de la entidad potencialista cuando Heidegger manifiesta que el Dasein sólo alcanza su completud como ente cuando la muerte deviene en él superpotencia (Übermacht) sólo en cuanto absoluta desposesión de sí mismo (Ohnmacht): 

Wenn das Dasein vorlaufend den Tod in sich mächtig werden lässt, versteht es sich, frei für ihn, in der eigenen Übermacht seiner endlichen Freiheit, um in dieser, die je nur "ist" im Gewählthaben der Wahl, die Ohnmacht der Überlassenheit an es selbst zu übernehmen und für die Zufälle der erschlossenen Situation hellsichtig zu übernehmen.

Traducido:  

Cuando el “ser ahí”, precursando la muerte, permite que ésta se “apodere” de él, se comprende, libre para ella, en la peculiar superpotencia de su libertad finita, para tomar sobre sí en esta, que sólo “es” en el haber hecho la elección del caso, la impotencia del “estado de abandonado” a sí mismo, y para volverse, en esa misma libertad, clarividente para los accidentes de la situación abierta. 

Ser ahí se traduce en todo momento por Dasein. Gaos, por otra parte, traduce verlaufen zum Tode por "precursar" y con ello corrige una traducción suya inicial mucho más acertada pero escandalosa para la masonería de la que era miembro, a saber, "correr al encuentro de la muerte", que explica el término Nichtung (anonadamiento) y Verbergung des Seins de las Beiträge. Que la muerte se apodera del Dasein quedó ya claro, por si había todavía alguna duda, en otro pasaje crucial de Sein und Zeit, p. 310: 

El ”estado de resuelto” “precursando” no es ninguna salida inventada para “superar” la muerte, sino el comprender que sigue a la vocación de la conciencia y que da a la muerte la posibilidad de hacerse potencia dominante de la existencia del “ser ahí” y de destruir de raíz toda fuga y encubrimiento de sí mismo

Para más aclaraciones sobre el significado y alcance de la fundación como institucionalización del fundamento y del fundamento en cuanto abismo, me remito a la presentación de mi ponencia en la Universidad de Salamanca. La Entidad Potencialita es la verdad de la muerte institucionalizada. El texto definitivo de la ponencia se publicará durante los próximos meses y espero que resulte completamente clarificador a todos los efectos. 

Jaume Farrerons, la Marca Hispànica, 8 de febrero de 2022. 


sábado, noviembre 20, 2021

LA PUREZA DEL NIHIL. EN MEMORIA DE LOS MILLONES DE PERSONAS EXTERMINADAS BAJO LA ACUSACIÓN DE FASCISTAS


"La religión de los germanos, cuya base documental nos ha sido transmitida por fuentes escandinavas ---fundamentalmente islandesas--- redactadas en torno al año 1000 n. e., representa un legado mitológico de gran interés. Domina en ella una visión trágica del mundo, que se manifiesta en la omnipresencia del conflicto y en la sobredeterminación del destino. Este último orienta la mitología de los hombres del norte y cobra una importancia tal vez mayor que en ninguna otra cosmovisión religiosa. Educado para la guerra, consagrado a ella, el germano se sabe convocado a una batalla final cuyo signo es conocido de antemano. El motivo del Ragnarök ---el destino de los dioses--- dota a la religiosidad germánica de un tinte destinal y de una coherencia trágica que se sopreponen a la voluntad y al mérito. Apenas hay lugar en ella para una soteriología éticamente orientada. La escatología, ya se exprese en forma épica ya en forma apocalíptica, hunde sus raíces en una metafísica destinal ajena a cualquier doctrina de salvación." 

Patxi Lanceros, El destino de los dioses. Interpretación de la mitología nórdica, Madrid, Trotta, 2001, p. 17.


 "La existencia propia del hombre histórico significa: ser puesto como brecha en la que irrumpe y aparece la superioridad del poder del ser, para que esta brecha misma se quiebre bajo el ser." 

(1935)

Martin Heidegger, Introducción a la metafísica, Barcelona, Gedisa, 1993, p. 149

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¿20-N? Quizá. Pero coincidió con el Día Mundial de la Filosofía. Un 20 de noviembre de 2007 se fundó FILOSOFÍA CRÍTICA en memoria de los millones de personas exterminadas bajo la acusación de "fascistas". Los olvidados de los olvidados. Pero nosotros no olvidamos.

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Nos han preguntado si mantenerse fiel al "fascismo" tiene a estas alturas algún sentido práctico (¿conseguiremos el éxito?); búrlanse: ¿no es algo así como celebrar una derrota o regodearse de manera gótica en la Caída de Berlín, en las imágenes de los niños y abuelos alemanes marchando al frente ---perdida ya la guerra--- con sus Panzerfaust, en el loco concepto de guerra total atribuido a Goebbels...? Etcétera. El nihilismo, en definitiva. 

Pero mi tarea no consiste aquí en resolver los problemas estratégicos y tácticos del fascismo, sino en salvaguardar la existencia misma de la idea. Primero hay que rescatar la idea, después ya examinaremos las técnicas de organización. Sólo si la idea no perece, cabrá la posibilidad de luchar por ella. Sin embargo, los sedicentes fascistas, aquellos que todavía osan declararse fascistas, ignoran qué es el fascismo. ¡Tenemos los escritos de los líderes fundadores!  O sea, se pretende restaurar el fascismo tomando como base los textos organizativos, estratégicos y tácticos de los años 20 y 30 del siglo pasado. Ridículo. Pero yo voy todavía más allá: ¿podría el fascismo y, singularmente, el nacionalsocialismo, enmendarle la plana al sentido fundamental de la mitología nórdica? No hablo de la creencia en los dioses nórdicos, sino en los valores que se desprenden de dicha mitología. Como nacionalsocialista, NIEGO que la autoridad de cualquier lider político, incluido Adolf Hitler, se anteponga a la verdad. No hay nacionalsocialismo que valga contra el mensaje central de la mitología germánica. En consecuencia, si la mitología germánica resulta incompatible con toda soteriología, también será incompatible con la soteriología cristiana y, por ende, el nacionalsocialismo y el cristianismo se erigirán como doctrinas opuestas, antagónicas, irreconciliables... De hecho, el fascismo surgió con la expresa finalidad de erradicar el judeo-cristianismo del solar histórico europeo. Quien afirme lo contrario es un idiota o un traidor o las dos cosas a la vez. 

La palabra nihilismo suena despectiva y se caracteriza por su mala prensa intelectual. Es el vocablo peyorativo utilizado en filosofía para referirse al fascismo sin mencionarlo a efectos de no mancillar un discurso "teórico puro" con la vulgaridad de la política. En sus textos, la mayoría de los académicos designan la caída en el nihilismo como la peor bajeza en que el pensamiento pueda incurrir. ¡Por algo será! No se les ocurre explicar, más allá del tópico y a pesar de su condición de filósofos, en qué consiste eso del nihilismo y por qué resultaría a la postre tan negativo. Una versión light de lo que ocurre, en política, con "fascismo". Cualquier iletrado se llena la boca de "fascismo" o "fascista" para desacreditar al adversario. Nadie quiere, por supuesto, ser identificado como fascista. Y quienes aseguran sentirse fascistas, muy pocos, son en realidad presuntos creyentes cristianos, la antípoda del fascismo. No habría, pues, fascistas. Incluidos los ultraderechistas. Por ello no tengo ni he tenido nada que ver con ese nauseabundo gueto político, que sólo me inspira desprecio. La extrema derecha no es fascismo.Yo conozco a muy pocos fascistas. Podría contarlos con los dedos de una mano y todavía me sobrarían dedos. En todo caso, nadie sabe explicarme en qué consiste el fascismo y por qué es tan odiado.Cuando te espetan, bajo una lluvia de esputos, que el fascismo es el mal absoluto por esto X o por aquéllo Y, basta hacerle al antifa de turno unas pocas preguntas elementales respecto a si esto X o aquéllo Y también se detecta en el comunismo y el liberalismo en proporciones mucho mayores y ahí se le terminan sus argumentos: mera ignorancia histórica y mucha propaganda aliada incrustadas en el cerebro. Después de tan breve diálogo viene ya acto seguido raudo el insulto e incluso la agresión. Pero me interesa abundar ahora, por enésima vez y retomando la temática de la entrada sobre El destino de los mortales, en este tema de la victoria y la derrota. ¿Nos gusta acaso la derrota? Más todavía: ¿fue la Caída de Berlín una mera derrota o hay ahí algo más

¿VICTORIA O DERROTA?

No queremos la victoria, sino la verdad, aunque la verdad salga siempre derrotada de la lid. Y tiene que ser así para que la verdad encarne. Su encarnación es la figura del héroe. Ahora bien, cuando perecemos en la lucha por la verdad, ese sacrificio consituye "lo más alto". No hay nada sobre la tierra que se pueda equiparar a la verdad encarnada. Un sacrificio, aclaro, sin contrapartida compensatoria. Para que nos entendemos: sin premio. Ni siquiera la fama o la memoria nacional, tan preciada por los guerreros griegos y romanos de la Antigüedad. El fascismo ha purificado la idea del heroísmo hasta las últimas consecuencias. Mejor el anonimato, como las limosnas entre los cristianos, que el pago. El terrorista islámico espera el cielo y no se distingue, en este punto, de sus víctimas despanzurradas en la discoteca: el paraíso coránico se parece demasiado a un vulgar hotel bien provisto de señoritas y vino.Y es la muerte propia aquéllo que se reivindica, no el asesinato. Mucho menos, el canallesco asesinato de inocentes indefensos típico del terrorismo... El soldado desconocido, que no representa a un individuo concreto sino la comunidad por la que cayó, es el modelo. Hete aquí nuestra victoria. Tenemos que morir ---devenir mortales--- para que "lo más alto" brille rutilante un instante sobre la tierra entre la masa de humanes, estúpidos y cobardes, que nos rodean. La muerte representa, lo repetiré mil veces, la condición trascendental de posibilidad del acto heroico. Éste es esencialmente trágico. Agradezco a la muerte la oportunidad que nos brinda para romper lazos con los humanes (incluida su presunta inmortalidad) y elevarnos al rango de mortales. Si nos ofrecieran verazmente la resurrección de la carne, entre otras chucherías religiosas, la rechazaríamos. Se trata de una decisión, no de la constatación de un "hecho". Yo, fascista, escupo en el rostro de Yahvé. Yo, fascista, convalido la muerte/finitud como ser de todo ente y refundo aquí la pagana consagración de la vida. 

No aceptamos resignados la muerte: la afirmamos con orgullo en negando la fe soteriológica de la masa. ¿Decadencia? ¿Nihilismo? La ausencia de recompensa, el nihil ---la nada--- constituye el summum de la espiritualidad. ¿O es que esperamos alguna remuneración por el cuidado dedicado a nuestros padres ancianos? Algunos, sí, pero en su interior saben de su incurable mezquindad. La verdad no es un medio para el paraíso de la huríes, el cielo, la vida eterna o la resurrección del bistec... La verdad es el valor supremo y, en consecuencia, para decirlo kantianamente, un fin en sí mismo. La decadencia, precisamente, es cómica y se caracteriza porque no hay tragedia. Su máxima honestidad acontece en el humor. Humpery Bogar en Casablanca: El oficial alemán: ---¿Nacionalidad? Bogart: ---Borracho. Jesucristo, el dios que muere por nuestros pecados pero resucita ---y sabe desde el principio que resucitará--- es humor judío para la ridiculización del héroe ario. 


Cada día, los ultraderechistas cristianos insultan a los soldados alemanes caídos por el Reich y por la Verdad con esa cómica historia del dios judío que "murió" en la cruz pero luego resucitó para recoger su premio. 

Ni una gota de decadencia hallarán ustedes en el ideario de los mortales, porque la experiencia de la muerte no se confunde con el fallecimiento ---poco de funerario hay en ella---, sino que nombra el momentum de la máxima potenciación vital. Decadencia es el ideal de la felicidad y, peor aún, de la esperanza. Luchar sólo por la victoria es ya decadencia. Por ejemplo: imbuir en los soldados la creencia en la inmortalidad o drogarlos para que luchen con más ardor ---una práctica habitual en los ejércitos--- es el pecado por excelencia para el fascismo, porque se ha mancillado y extirpado de cuajo la raíz del heroísmo. Y la victoria, si llega, ya no será la victoria de la verdad, sino la victoria del fraude y la cobardía. Nuestra felicidad se llama lucha; nuestra esperanza, cumplir la promesa del destino, la gran batalla del final de los tiempos en las inmediaciones del abismo. 

Sin experiencia de la muerte no es posible el surgimiento de "lo más alto". El culto fascista del héroe ---que ha muerto por todos nosotros--- nada tiene que ver con la religión de las ovejas y sus pastores o con cualquier otra creencia en la "salvación", sino con aquélo que el arte trágico-heroico que Richard Wagner intentó plasmar en su obra. La imagen del héroe trágico caído en combate encarna aquí la suprema expresión de lo bello. En el Estado artístico la nación toda es la expresión imponente y sublime del significado último de todas las cosas. Sólo esta fe ---el fascismo--- nos concede graciosamente la genuina invencibilidad que en vano ofertan los judeo-cristianos con sus regalos envenenados (resurrección, amor, esperanza, felicidad, vida eterna...).  El cristianismo es la inversión judía, punto por punto, del fascismo/paganismo. Pero podemos refundarlo también reinterpretando la figura del Cristo desde los valores fascistas y devolverles así el golpe a nuestros enemigos. Nosotros hemos reconducido el fascismo a sus fuentes madres y restaurado su esencia perdida. No otra ha sido la tarea de nuestra vida, que ya toca a su fin. 

¿POR QUÉ SE LLAMA GÖTTERDÄMMERUNG?

El ocaso de los dioses no nombra, por tanto, una situación accidental que quepa revertir con "la victoria", sino la esencia misma del fascismo. Y el verdadero motivo por el que el fascismo inspira tanto odio viene de ahí. No sus crímenes o supuestos crímenes. No su presunto racismo. No su proverbial autoritarismo. No su detestable antisemitismo. Si el motivo fueran los genocidios nazis, los humanes deberían odiar más todavía al comunismo o al liberalismo que al fascismo y vemos que no es así. El auténtico motivo es la verdad. El fascismo mienta la verdad que el humán se niega a convalidar. Nosotros los fascistas, en consecuencia, no pertenecemos a la humanidad. Hemos dado un sí a la muerte ---la verdad--- que nos condena a las tinieblas exteriores satánicas imaginadas por todos los enanos, santurrones e idiotas de este mundo. El cristianismo, no lo olvidemos, convirtió en demonios todos los dioses paganos, incluidos los dioses blancos. ¿Obsesiones mías? No, porque nos hallamos en el acto fundacional de nuestra tradición. Los dioses germánicos son dioses mortales, es decir, finitos. El ocaso de los dioses significa la muerte de los dioses. En este extremo, la religión germánica, a diferencia de la griega o la romana ya parcialmente contaminadas por el sirocco egipcio y otros vientos del sur, guarda en su sencilla humildad la perla, el secreto de hielo, de la religión aria originaria. El famoso Walhalla es ya influencia cristiana, semítica: la anti-Europa. Pero incluso el nefasto Walhalla ---una lucha prolongada por toda la eternidad--- poco tiene que ver con el paraíso celestial de oriudez africana u oriental. ¿Eran nihilistas los germanos? Pues entonces los fascistas también somos nihilistas y el círculo se ha cerrado. 

Para los germanos, en efecto, por encima de los dioses erígese el tiempo, representado por la figura de las nornasLas nornas rigen el destino. Y los dioses están sometidos al destino que las nornas personifican. Un destino ---la Moira para los griegos--- que ni siquiera pueden doblegar los inmortales dioses olímpicos. En la fe germánica el destino se llama Ragnarök, batalla del final de los tiempos donde los germanos avanzan hacia la destrucción a sabiendas de que la derrota es inevitable. Cumplen con su deber en el anonimato más absoluto. El Ragnarök articula en un código mítico el filosofema central ---Sein zum Tode--- del pensamiento de Heidegger, a saber, el "estado de resuelto" (Entschlossenheit) o verlaufen zum Tode ("correr al encuentro de la muerte") del existente (Dasein). El filósofo alemán no hizo otra cosa que elevar a concepto y secularizar en la razón la experiencia fundamental de la religión germánica, referente tradicional último e irrebasable de la ideología fascista. 


¿EXISTEN FASCISTAS? 

Así pues, nadie puede pretender que yo me haya sacado todo esto de la manga porque "estoy loco", pero sí puedo afirmar que quienes, entre los presuntos patriotas, me estigmatizan por haber proclamado la verdad, no me niegan a mí, niegan, en realidad, el fascismo. Les preocupa más (humano, demasiado humano) su vida eterna individual que la comunidad nacional, pues eso significa en su boca que dios está por encima de la nación, a saber: que ellos mismos ---su "espíritu", su "inmortalidad", su "felicidad"--- antójanseles más importantes que la nación. Sistema de valores. Estos payasos despreciables están encantados de conocerse. No otra es, empero, la fórmula de la decadencia, que los ultraderechistas encarnan a la perfección como cristianos que son. Y así, con su abyección y mezquindad, estos tristes patriotas de picaresca se retratan en un grotesco strip tease psicológico (para decirlo con palabras de Laureno Luna). Opción que me parece muy adecuada a su idiosincrasia judaica, pero que, insisto, no es fascismo, sino antifascismo. 

Nosotros no les hemos olvidado. 

La extrema derecha utiliza conmigo, aunque de momento a pequeña escala dada su impotencia política, mecanismos de difamación, ensordecimiento y represión análogos a los que el sistema oligárquico ha empleado con los ultras ---y con los verdaderos fascistas. (Por ejemplo, Hitler "estaba loco"). No se les ocurre nada mejor: la carta de la normalidad frente al disidente. ¡Ellos! Patético. Por cuanto si ya resulta estupefaciente que la esencia del fascismo sea ignorada por quienes, asnos, se pretenden fascistas, más asombroso parece todavía que, una vez corregido el error, sea también dicha esencia escarnecida entre insultos y descalificaciones personales dignas de los auténticos puercos sin honor que nos gobiernan. Y ello en defensa de otra doctrina que constituye la antípoda ideológica y axiológica del fascismo. ¿Querían que les explicara lo que es la decadencia? Pues aquí tienen su definición. Decadencia no es el nihilismo y la muerte, decadencia es esa hipóstasis moral egomórfica del individuo, la sacralización del propio yo ("alma" a imagen de dios) en el "más allá" (¡imagínense a ese yo en el "más acá"!), es decir, la irrisión pura y simple de los valores que deberían poder rescatarnos de la podrida society actual. Pretendiendo además, por si fuera poco, que el antídoto contra dicha decadencia es precisamente la pócima emponzoñada de la religión, los valores judaicos, inviscerados en el cristianismo, que han provocado la ruina de EuropaQuien quiera oír, oiga. 

Jaume Farrerons, la Marca Hispànica, 20 de noviembre de 2021. 


jueves, noviembre 18, 2021

CONFERENCIA SOBRE HEIDEGGER Y LA MUERTE EN LA UNIVERSIDAD DE SALAMANCA (29-10-2021)

 


JAUME FARRERONS: 
"EL FILÓSOFO MÁS IMPORTANTE DEL SIGLO XX FUNDAMENTÓ EL FASCISMO EN LA EXPERIENCIA TRÁGICO-HEROICA DE LAS TRINCHERAS"

GUIÓN TEXTUAL DE LA PRESENTACIÓN

La “pregunta que interroga por el ser” (Seinsfrage) unifica la obra de Martin Heidegger, el filósofo más importante del siglo XX. Así reza un lugar común que, en este caso, coincide grosso modo con la verdad. El propio Heidegger se encargó de recordárnoslo repetidas veces, quizá demasiadas, a partir de 1945, acaso con el fin de soltar lastre de espinosos asuntos políticos (¿pero únicamente políticos?) que entorpecían su magisterio filosófico. Los heideggerianos franceses hicieron el resto. En este lavado de cara a efectos de convertir la filosofía de Heidegger en un instrumento más maleable para usos y abusos de los intelectuales de izquierdas, el filosofema que nos ocupa quedó olvidado en el baúl de la depuración. El “estado de resuelto” del “correr al encuentro de la muerte” de la Segunda Sección de Sein und Zeit (temprana versión gaosiana, luego corregida, del Sein-zum-Tode) devino en una fase transitoria, “nihilista” (sic) y felizmente superada de su monumental pensamiento. Refugiose así Heidegger tras la visita al psiquiatra bajo la políticamente aséptica cuestión del ser. Pero pasó el tiempo y, tras el derrumbamiento del paraíso comunista, se evaporaron aquellos intelectuales marxistas. En su lugar, el foro gremial fue ocupado por otro tipo de escritores, polemistas e investigadores de Heidegger, de ideología sionista, cuya idiosincrasia filosófica cabe tildar como poco de dudosa. En este nuevo contexto histórico e interpretativo, el “correr al encuentro de la muerte” habría podido aparecer por fin, rutilante como un sol negro, en primer plano. A fin de cuentas, la muerte ocupaba el centro de la Segunda Sección de Sein und Zeit, es decir, la culminación, sin continuidad en una Tercera Sección y, mucho menos, en la esperada Segunda Parte, de su obra capital. Ahora bien, el retorno de “la muerte” en Heidegger no formaba parte de un debate filosófico propiamente dicho, sino más bien de un expediente judicial, pieza separada del interminable proceso sobre los campos de exterminio nazis. De tal suerte que, primero ensordecido por pudor antifascista de izquierdas y luego paseado en una jaula como botín de los vencedores, antifascistas también pero ahora de derechas, el filosofema que nos ocupa ha sido ignorado, distorsionado o malinterpretado por motivos ideológicos ajenos a la filosofía. Mi pretensión es intentar dejar atrás ambos enfoques y afrontar la obra de Heidegger con estricta honestidad intelectual, a saber, reconociendo que Heidegger, además de militante fascista, fundamentó la ideología fascista. Este supuesto de nuestra ponencia, que he demostrado en mi tesis doctoral,[i] rompe con el postulado 1 (heideggerianos) de un Heidegger sólo personal y accidentalmente fascista, pero también con el postulado 2 (antiheideggerianos) de que la probada y masiva presencia del fascismo en el meollo de la filosofía de Heidegger pone punto final al debate filosófico, por cuanto, para darlo por concluido, bastaría con prohibir la enseñanza de Heidegger en los institutos y las universidades.[ii] A mi juicio, la fundamentación filosófica del fascismo en Heidegger nunca ha sido refutada porque, salvo error u omisión, hasta mi tesis el hecho ni siquiera había sido certificado por los especialistas. Esta carencia afecta e infecta hasta el último rincón de todas las interpretaciones de su obra. La tarea de un filósofo digno de ese nombre consiste pues en abordar exclusivamente como filósofo la filosofía de Martin Heidegger. Y renunciar tanto al papel de censor paternalista cuanto al confortable compromiso de supuesto ciudadano demócrata que considera “inadmisibles” y ayunas a priori de desempeño argumental ciertas opiniones. Antes bien, sostengo que la única forma democrática de encarar lo asombroso es precisamente en calidad de filósofo. Esta tarea supone una relectura integral de la filosofía de Heidegger que posibilitaría, además, la inaplazable interpretación del fascismo desde la perspectiva emic en el marco de una genuina ética del diálogo. Que son las tareas que mi trabajo intenta desarrollar por un prurito de veracidad y lealtad a la filosofía, pero también por respeto a la democracia. ¿Qué tipo de democracia sería ésta, en efecto, si resolviera las polémicas filosóficas mediante el recurso a la censura y la imputación penal? ¿Toleraremos otro bochornoso caso Sócrates a manos de sofistas y apologistas de Israel dedicados a ejercer de jueces de instrucción en una causa penal post mortem contra el filósofo?



En consecuencia, para empezar, estamos obligados a señalar la vinculación esencial entre la cuestión del ser y el tema de la muerte en Heidegger aunque no sea el objeto de la presente ponencia. Para ello bastará con invocar algunos de los filosofemas más frecuentes del filósofo, cuyo significado ha sido sorprendentemente ignorado a pesar de la abrumadora evidencia. Ante todo, la fórmula heideggeriana, casi un estribillo en su obra, el ser no es un ente. Ningún ente, subrayo y, por tanto, tampoco el summum ens (Dios) de la teología judeo-cristiana. El ser no es un ente porque constituye la determinación de todo ente, su límite o definición, aquello todo que precisamente no es en tanto que “no”, sentencia que, lejos de ostentar un carácter meramente verbal, remite a un fundamento fenomenológico, manifiesto en la polémica oposición mutual o recíproca de los entes que ya Anaximandro y Heráclito tematizaron en la autora del pensamiento filosófico. Desde el punto de vista del ente, el ser es finitud, nada o, mejor dicho: el ser “es” esa nada agente de-terminante o de-finidora. De-finir es de-finar. No-ser, finitud, nada conforman la constelación semántica de la cuestión del ser. Pues bien, “muerte” (Tod) es el nombre para la específica y singular finitud del Dasein, aquél ente ---único--- que se plantea la cuestión del ser y, por ende, existe como posibilidad de vía regia de acceso gnoseológica a la pregunta ontológica. De la misma manera que no podemos comprender lo que es un ente haciendo omisión de su “de-terminación”, de su “de-finición”, de su “o-posición” a lo que “no” es, el Dasein sólo puede comprenderse a sí mismo sobre el fundamento de su finitud, en cuyo meollo anida el oscuro pájaro de la muerte. Por cuanto sólo la autocomprensión del Dasein nos entrega la llave que abre la catacumba de la comprensión del ser. Será menester aclarar también, consecuentemente, qué entendemos por Dasein (“ser ahí”, “ahí del ser”); un filosofema, si no tan disputado como el del ser, a menudo confuso entre los comentaristas. Demasiados dan por hecho, por ejemplo Jürgen Habermas (¡nada menos!), que “Dasein” es asimilable a individuo (unidad psicofísica) a pesar de la insistencia de Heidegger en negarlo.[iii] ¿Meros errores intelectuales atribuibles a la dificultad del objeto? En absoluto: en filosofía (otra cosa es la ciencia) el hombre no busca la verdad, como cuenta la leyenda metafísica, sino que la rehúye. Qué papel representa la muerte en dicha fuga, ocultamiento o engaño constituye el hilo conductor de la hermenéutica crítica.

¿Qué es el Dasein?

Heidegger afirma, en primer lugar, que el Dasein es “en cada caso, mío”. Yo soy Dasein, ustedes son Dasein. El vocablo “Dasein” nombraría pues, para empezar, una autorrelación en primera o segunda persona gramatical (“yo soy, tú eres”). A esto denomina Heidegger la mismidad (Jemeinigkeit) del Dasein.[iv] Por si fuera poco, esa persona sintáctica resulta ser a la postre primera o segunda, pero del plural (“nosotros somos, vosotros sois”).[v] El Dasein comporta, en efecto, un Mitsein (“ser con” los otros y “tú” antes que “yo”).[vi] Por tanto, el Dasein no es una “cosa” o, en la jerga de la ontología fundamental, un “ser ante los ojos” (Vorhandensein) individual.[vii] En consecuencia, el Dasein no es un cuerpo (tipo o género de cosa) y el nosotros/vosotros tampoco un conjunto sociológico de “unidades psicofísicas” que conforme un “grupo” (verbi gratia, la foto de fin de carrera). La ruptura con el individualismo de sentido común (yo empírico, nosotros/vosotros grupal en cuanto “suma” de cuerpos) ha sido practicada bien temprano por Heidegger. Comienza en este punto, como se irá viendo, el paulatino proceso conceptual de desmaterialización, decosificación y desubstancialización del Dasein. [viii] En segundo lugar, y este aspecto resulta esencial para caracterizar la función de la muerte en la constitución del Dasein, el nosotros/vosotros del Dasein es siempre determinado, concreto, histórico, existente, no una vaga humanidad cosmopolita liberal o género homo antropológico. El Dasein no es nada humano en el hombre, sino el lugar donde la verdad del ser, cuyo nuncio es la muerte, puede manifestarse. Luego nos enteraremos de que el “nosotros/vosotros” del Dasein fundamenta la “comunidad del pueblo” (Volksgemeinschaft), pero lo que nos interesa ahora es la “existenciariedad” del Dasein, su historicidad o facticidad yecta ---aquí y ahora---, finita, irreductible a cualquier forma de abstracción. Estamos ya en el fascismo.  Por ende, en tercer lugar, el Dasein es finitud pura porque viene al mundo angustiosamente exento de esencia: se elige a sí mismo, será lo que decida ser, su esencia, su Sosein (“ser así”), sólo a posteriori y desde el fundamento de la nuda existencia fáctica que él es y de una circunstancia histórica determinada que puede hacer suya o rechazar. Hay pues una eticidad radical del Dasein, pero de carácter heroico, es decir, nihilista y, por ende, también fascista. Dicho esto, volvamos a preguntarnos: ¿de qué está “hecho”, en definitiva, el Dasein si no es material ni espiritual? Respuesta: el Dasein es proyección de sentido y está “hecho” de tiempo. Somos/sois en cada caso un nosotros/vosotros temporario que proyecta sentido constituyente de mundo, es decir, con rango transcendental. Aclaremos acto seguido qué entendemos por “temporario”, “sentido” y “proyección”.



La constitución transcendental del Dasein

Tenemos frente a nosotros un árbol. La cosa estaría ahí, según nos dicta el common sense inglés, antes o después e independientemente de que nosotros “existamos”, pues en caso contrario nos hallaríamos no ante un ente que “es”, sino ante una “alucinación”, un “sueño”, una “imaginación” o algo que, en general, “no es” (¡como si un delirio no tuviera su propia forma de ser!). Ahora bien, el ser de la cosa varía en función del sentido proyectado por el Dasein. El árbol puede ser, para el artista, un “modelo pictórico”; para el industrial maderero, una “mercancía”; para el científico botánico, un “vegetal”; para el paseante turístico, un “elemento del paisaje”; para el filósofo metafísico, un “ente”, el famoso ente en cuanto tal, o un “objeto”; etcétera.[ix] Pues bien, sentido significa aquí este “para” que permite mostrarse al ente como esto o aquello… El sentido, en cuanto “para” (para pintar, para contemplar, para investigar, para vender…) somos nosotros y el Dasein agótase en este plexo de sentido que se proyecta hacia el existente bruto constituyendo un mundo repleto de cosas.[x] El Dasein es activista y la acción pura que él es precede al pensamiento. Retumba aquí una vez más el discurso anti-intelectual del fascismo. De manera que a las notas ontológicas características del Dasein (mismidad, sentido, proyección, temporariedad, trascendentalidad) cabe añadir la naturaleza práxica o pre-teórica tanto de la proyección trascendental cuanto del ente así constituido (“ser a la mano”, utensilio, Zuhandensein).[xi]

Pero detengámonos un momento más en el concepto de proyección de sentido (Entwurf). El sentido no está nunca aislado, sino que forma parte de un todo, único. Por eso hablamos de entramado, red o plexo de sentido. La mejor forma de entenderlo es distinguir entre sentido y significado. El sentido es anterior al significado y, por ende, al lenguaje. Del sentido brotan los significados. Por ejemplo, un perro escucha la voz de su amo y corre a su encuentro. Es una acción con sentido, sin duda, pero completamente ajena al lenguaje. Los perros no hablan, no obstante expresan y comprenden sentido. En el “hombre” hay también sentido sin lenguaje, pero no a la inversa. El lenguaje se fundamenta en el sentido y tal constatación, dicho sea de paso, demuele por sí sola el paradigma lingüístico de Wittgenstein a Kripke. En cada acto concreto del Dasein está inviscerada la entera totalización del sentido, tejido reticular del “para” (zu) determinado, en que se inscribe el acto. Por ejemplo, un hombre abre la puerta de su oficina “para” ir a trabajar y otro hombre abre después la puerta de la misma oficina y con la misma llave “para” entrar a robar. El acto de abrir la puerta tiene el mismo significado (“abrir la puerta”), pero el sentido del acto es distinto. En el “para” en cuestión hacen acto de presencia las totalizaciones de sentido de dos Dasein opuestos. Uno es profesor de filosofía, el otro, consumidor de drogas y delincuente. No he elegido los ejemplos al azar. Esta totalización de sentido se denomina en Heidegger Vorhabe (“tener previo”) de la interpretación. Cada Dasein es un proyecto integral de vida y todos se justifican a sí mismos. Una “ideología” subyacente (“ideal de existencia”, dice Heidegger) configura el mundo del Dasein. Con ello accedemos bruscamente al plano normativo de la ontología fundamental.



La muerte como instancia constituyente del Dasein

Nosotros podemos estar pensando o no en un plan, en una agenda, pero somos proyecto, querámoslo o no, en todo momento y en ese proyecto subyace el sentido de la vida/muerte. Todo plan del “yo” pensante se fundamenta en la previa proyectualidad existenciaria del Dasein. Incluso la ausencia de planes, la vivencia del sinsentido si se quiere, es ya una proyección de sentido como “absurdo”. La proyección de sentido, en cuanto totalización, remite, en última instancia, a la auto-interpretación del mundo que el Dasein es. El Dasein es una creencia. El “para” no está en el tiempo como un pez en el agua, sino que es el tiempo y consiste en creer algo. El Dasein cree en esto o aquello, sin creencia no puede dar un paso y ni siquiera renunciar a darlo. No son pues teorías, “ideas”, pensamientos, son creencias en el sentido en que Ortega oponía creencias a ideas. Lo que uno cree se pone de manifiesto no en lo que piensa o dice, sino en lo que hace, su verdadera “ideología” o “ideal de existencia” (Vorhabe).[xii]

La proyección de sentido (“creencia”) es temporaria, un pro-yectar inseparable del significado de “sentido”, es decir, de dirección (por ejemplo, cuando decimos: “el coche cambió de sentido”). El sentido en el Dasein es empero primordialmente temporal (de ahí el título de la obra capital de Heidegger, Sein und Zeit), la proyección (el “pro”-) preconstituye el futuro (Zukunft). De ahí Vorhabe (“tener previo”). Esta temporalidad originaria anterior a toda representación física del tiempo es la que Heidegger denomina ek-stasis de la temporalidad, presente, pasado y futuro, en que se entreteje nuestra/vuestra proyección de sentido. En efecto, tiempo no es aquí la sucesión de puntos en el espacio que nos “imaginamos” cuando “pensamos” en el tiempo, metáfora que supone ya una espacialización o cosificación del tiempo, sino que el tiempo es futurición, posibilidad existencial y potencialidad vital. Una línea de puntos puede recorrerse en dos sentidos, pero la temporalidad originaria es finita de principio (nacimiento) a fin (muerte), tiene sólo un sentido, su signo es la fatalidad, el destino (Schicksal) y avanza torrencialmente hacia un futuro concreto, de-finido, de-terminado, cuyo fundamento es la de-terminación, la de-finición misma. El Dasein está “hecho” de posibilidades concretas, aquéllo que experimentamos al hacer algo “para” algo con sentido (por ejemplo, me ilusiona cursar la carrera de filosofía). Si me levanto a tal hora por la mañana será “para” no demorarme, si me aseo y me visto será “para” salir a la calle y “para” ir al trabajo o encontrarme con tal persona… Y si trabajo será por vocación o “para” ganar dinero. Y si gano dinero será “para” casarme y criar hijos, “para” lograr esto o aquello, “para” ser feliz... Etcétera. Elegimos una posibilidad y descartamos otra: esta decisión es irreversible, no se vuelve atrás. La posibilidad comporta al par una imposibilidad y hay un no-poder inscrito en la decisión remitiendo al pasado cumplido que prefigura la muerte como “no”, vínculo esencial entre potencia e impotencia. Pero si persistiésemos en seguir este entramado de “para”, al final desembocaríamos a un “para qué” postrero: para qué vivir. Y el Dasein sigue viviendo cabe la posibilidad de morir. La muerte no es el hecho de fallecer, sino la ontológica posibilidad de la imposibilidad que fundamenta todas las posibilidades ónticas del Dasein.



En Heidegger, la cuestión ontológica (el ser del Dasein) y la cuestión ética (la proyección legítima de sentido) resultan inseparables. Si se detecta correspondencia de sentido entre una determinada auto-interpretación y el factum de que el Dasein es mismidad, sentido, proyección, trascendentalidad, facticidad, finitud, etcétera (cualesquiera que sean las notas definitorias del Dasein o “existenciarios”), y no, por ejemplo, cosa, materia, energía, etc., entonces estamos ante una proyección de sentido válida. Es válida, fundamentada o legítima ---propia, auténtica, en la jerga técnica de Heidegger--- aquélla y sólo aquella proyección transcendental de sentido que no oculte, distorsione, falsee o niegue el propio ser del Dasein. El criterio de validez de un proyecto óntico remite pues al carácter ontológico de su precompresión. Ahora bien, entre los existenciarios se cuenta la muerte y aquí empiezan los problemas, la dificultad o componente trágica unamuniana, por decirlo así, de la ética fascista de Heidegger. Estamos ante una ética heroica de la verdad más “inhumana”, porque, según Heidegger, la muerte es la verdad de la existencia. El Dasein consiste siempre, como hemos visto, en nuestra auto-proyección trascendental e interpretativa de sentido, nuestra creencia, mas las creencias que niegan la muerte no son legítimas. Hay un criterio de validez que nos rescata de este supuesto relativismo hermenéutico de las interpretaciones e ideologías, pero ha sido ignorado porque para exorcizar a Dios había que invocar al demonio, el “mal absoluto”, el “fascismo”... La totalización que posibilita un proyecto auténtico, propio y válido implica, en una palabra, reapropiarse los límites del Dasein, que son tres: 1/ la finitud de la elección: si esto, no aquéllo (presente); 2/ la finitud de la facticidad del “naci-miento” (pasado), es decir, de la “nación” o “comunidad del pueblo” que se me impone como “circunstancia” (no puedo dejar de ser lo que soy); y 3/ la finitud de la muerte (futuro), cuya triple convalidación de la finitud en cuanto proyecto es la “resolución” (Entschlossenheit) del Sein zum Tode interpretados como “correr al encuentro de la muerte” trágico-heroico. La experiencia de la muerte (3) me permite acceder al sentido de las otras dos formas de finitud y, por ende, al sentido del ser. El autoengaño, es decir, la omisión de la finitud estructural del Dasein, tipifica aquí el único pecado mortal de nuestra “homilía inversa” (Félix Duque dixit). Nos hemos topado así con aquel Vorhabe (“tener previo”) preteórico singular que posibilita la ontología fundamental como teoría y que, consecuentemente, recorrido el círculo hermenéutico en sentido inverso, fundamenta la ideología fascista. 



¿Vuelve a resonar por tanto, en la Universidad de Salamanca, el “¡Viva la muerte y mueran los intelectuales!” de Millán Astray?



[i] Verdad y muerte. Filosofía frente a cosmovisión en el primer Heidegger (1919-1929), dirigida por Miguel Ángel Granada, Universitat de Barcelona, 8 de abril de 2019. Cfr.: http://hdl.handle.net/10803/666634

[ii] Trasladando las Gesamtausgabe a los sótanos de los archivos históricos sobre el nazismo.

[iii] El término “Dasein” está bien lejos de constituir una arbitrariedad terminológica gratuita de Heidegger y si “Dasein” significara “individuo” a secas, la adopción de un vocablo técnico equivaldría a pura pedantería y fraude. El problema no es empero del filósofo que inventa palabras raras para aparentar profundidad, sino nuestro, por cuanto (según Heidegger) no sabemos ni queremos saber “qué” somos aunque hayámoslo “precomprendido” ya siempre.

[iv] ¿Qué no es, ante todo, el Dasein? En el momento en que alguien se “mira al espejo” e identifícase con la imagen reflejada (un “él”, tercera persona), el Dasein se aliena de sí mismo, porque el Dasein se ha esfumado y la Jemeinigkeit, cosificado.

[v] El sí mismo, un “yo” entrecomillado, provisional y como cogido por los pelos al igual que el “sujeto”, la “conciencia”, “ser para sí” y otros atributos de la individualidad liberal en sentido fuerte, remite en verdad a un más fundamental nosotros/vosotros.

[vi] Fenómeno que ni siquiera puede ponerse ante un espejo.

[vii] Quede claro así mismo que “cosa” nombra aquí el ente empírico perceptible a través de los sentidos: nada de misterioso o rebuscado; por ejemplo: esta silla, esta mesa, este libro...

[viii] Sin embargo, les advierto de que esta “desmaterialización” no conduce a convalidar ningún espiritualismo religioso tradicional, oculto fundamento metafísico del individualismo liberal laico del “yo”. El alma como materia sutil tampoco es Dasein y, caso de existir, pertenecería al universo de las cosas. Cuando el alma presuntamente inmortal, hecha a imagen de Dios, se separa del cuerpo, en un claro desplazamiento espacial, para elevarse a los cielos, se entiende que estamos ante una substancia, gaseosa, energética o tan etérea como se quiera, pero, a la postre, cosa. A mayor abundamiento, energía es también aquéllo que corre por el cableado eléctrico de la compañía de la luz, pero las conexiones neuronales del cerebro humano no darían ni para encender una bombilla. La energía de los físicos es, pues, si no materia rigurosamente hablando, también cosa. El “yo” liberal como psique individualizada que calcula su propio interés tampoco soporta la estrategia de Destruktion ontológica de Heidegger: la rama cae con el tronco y, si me permiten una observación puramente empírico-sociológica, no hay individualismo sin una previa socialización individualista.

[ix] No hay árbol en sí, sino que el árbol “es” siempre en relación con un sentido que procede de otro lugar. Además, el árbol mismo se constituye como ente sobre el fundamento de una determinación lingüística que da forma a un existente bruto indeterminado. La “de-terminación”, “de-finición” lingüística es empero histórica (idioma) y remite a un nosotros/vosotros, el Dasein. Hay árbol, arbre, Baum, tree, albero… y cada uno de estos entes designa algo diferente porque, como saben los traductores, no existe versión exacta y toda traducción debe preservar el sentido a costa del significado.

[x] La proyección de sentido no es el acto voluntario de un yo psicofísico (nadie va por ahí decidiendo si proyecta o no proyecta sentido como la luz de una linterna), sino del nosotros/vosotros en tanto que Dasein (sin “nosotros/vosotros”, no hay “yo” que valga). Mucho menos un acto intelectual, fruto de un pensamiento o una reflexión consciente que “crea” el “objeto”, como pretendían, según cuenta la leyenda, los filósofos idealistas, sino un quehacer.

[xi] El conocimiento modifica el ente y lo convierte en objeto (“ser ante los ojos”) “para” una conciencia teórica. Pero ésta es sólo una de las prestaciones posibles ---y derivada--- de la proyección trascendental de sentido siempre dada previamente ahí. El “intelectual” puro en cuanto “sujeto del conocimiento” que se relaciona con un “objeto” (“ser ante los ojos”, cosa, Vorhandensein) tiende a creer que sólo él ostenta el valiosísimo saber respecto de un ente en sí, “objetivo”, universalista, cosmopolita, ayuno de quizá bajos y sucios intereses… Sin embargo, lo que ocurre es que vive de espaldas a su propio Dasein, del cual, empero, permanece tributario aunque no lo “sepa”. Cuando conocemos, tendemos a perder comprensión y en eso consiste la tragedia de la filosofía o, si lo prefieren, de la metafísica onto-teológica tan denostada por Heidegger.

[xii] La interpretación puede ser implícita o explícita, pero si se interroga al Dasein del caso su comprensión del ser podrá resultar sinceramente verbalizada con mayor o menor precisión. Por ejemplo, se le pregunta al banquero por qué quiso ser banquero y responderá, pongamos por caso, que para ganar mucho dinero; y si se le pregunta por qué quiere ganar mucho dinero, responderá que ser rico da acceso a la mayor parte de los placeres de la vida (no todos, pero la riqueza es signo de elección divina para la vida eterna); y si se le pregunta por qué los placeres de la vida son más importantes que el ascetismo o la mística, dará alguna explicación descriptiva con valor normativo sobre lo que el mundo y la vida presuntamente “son”. Según Heidegger, siempre iremos a parar a una determinada comprensión del ser que autojustifica nuestro proyecto de sentido totalizador como proyecto de vida válido. Auto-interpretación (discurso descriptivo) y autojustificación (discurso normativo) van juntas porque el ser del Dasein es un quehacer, es el ser de un deber-ser.

COLOQUIO POSTERIOR (FRAGMENTO):