en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

jueves, octubre 11, 2012

Milton Friedman y la ideología oligárquica (2)

Exigimos la lucha implacable contra aquellos que con su actividad perjudican el interés común. Los usureros, los especuladores, etc., serán   castigados  con  la    pena   de   muerte, sin   consideraciones  de   ninguna  índole  por  su  confesión  y   su  raza.
 
Adolf   Hitler





Una ideología política -en este caso el neoliberalismo- no puede ser juzgada ni valorada sólo como doctrina -a menos que nos interese únicamente su mera coherencia lógica y la validez de sus supuestos de hecho, cuando los haya- sino por sus "efectos" en la "realidad social cotidiana",  en la vida de los ciudadanos todos, en una palabra. Esto es lo único que nos importa de un texto político, no su belleza literaria o elegancia argumental.

Recomendamos, antes de continuar adelante, cotejar los siguientes documentos: 1/ el informe de James Petras sobre el poder del sionismo en EEUU; 2/ una entrevista, en la que el autor compara el sionismo con el estalinismo del siglo XXI.

Prosigamos. El existencialismo, por ejemplo, es una conocida corriente filosófica, como tal no puede pretender una plasmación social inmediata o directa, falta el órgano institucional que traduciría los filosofemas en leyes o medidas de gobierno. Algo que no existe, ni debería jamás existir, en una democracia. La filosofía existencialista (o cualquier otra), si quiere incidir en la política de alguna manera, deberá primero influir en la opinión pública (prensa), en los partidos políticos, las instancias que vehiculan (supuestamente) la voluntad popular. Es conocido que Sartre fundó un partido y fracasó. Filosofía y política responden a pautas de conducta con técnicas de trabajo muy distintas. El filósofo político es rara avis. Se podría ponderar, siguiendo con el ejemplo de Sartre, los efectos directos del existencialismo sobre el individuo o grupo concreto que adopta esta doctrina filosófica como orientación vital, pero hablar de unas "consecuencias políticas" del existencialismo en función de ese tipo de influencia social informal equivaldría a forzar las palabras y estirarlas como un chicle hasta que significasen cualquier cosa o, lo que es lo mismo, hasta que no significasen nada en absoluto.

Un caso muy distinto es el de las religiones, a medio camino entre la filosofía y la política. Las creencias religiosas, como fenómenos de masas, pueden en democracia tener "efectos políticos reales" sin necesidad de pasar por los partidos, pero en este caso, dicha influencia directa es obstructiva: impide o deslegitima ciertas actuaciones y obliga a los partidos a corregir sus posiciones para no perder electores. El liberalismo, el comunismo, la socialdemocracia, el ultraderechismo, el anarquismo, el fascismo, etc., son doctrinas políticas más o menos definidas. No son filosofías, ni religiones, ni teorías científicas... La coherencia lógica de las ideologías políticas es cosa discutible, habida cuenta de las distintas versiones, corrientes internas, cismas, etapas de desarrollo y otros rasgos existentes, tremendamente relevantes para "lo teorético", pero no cabe duda de que han existido una política comunista, una política anarquista, una política fascista y una política liberal. Aquellos que pretenden sustraerse a las responsabilidades de las consecuencias emanadas de dichas políticas apelando a la presunta idea pura del "auténtico comunismo", "auténtico fascismo" o "auténtico liberalismo", o bien son unos impostores desde el punto de vista filosófico, o bien laboran en tareas harto vulgares de propaganda, con las que quienes buscamos un poco de luz, de verdad, no tenemos por qué que comulgar.

A diferencia de la filosofía, que tiene su vida y valor propios, una ideología política no sólo necesita un partido para ejercer influencia, al igual que cualquier doctrina, sino que su finalidad y sentido se reduce a ejercer esa función. Por tanto, el valor de las ideologías políticas limítase a sus consecuencias. El neoliberalismo no son los libros de Hayek, ni siquiera los bodrios de Milton Friedman, sino aquello que, a través de la política, ha hecho que ciertas ideas aplicadas destruyan las vidas de millones de personas.


Resulta muy habitual observar a los energúmenos neoliberales recordándole al universo entero, con farisaica indignación, la amplitud y crueldad de los crímenes comunistas y fascistas, pero cuando se les recuerda a ellos un simple caso de corrupción policial en la muy democrática ciudad de New York, entonces apelan al incumplimiento de los preceptos liberales y a las intromisiones del Estado para dejar impoluto el dogma liberal. La única receta que los neoliberales conocen para combatir los males que el liberalismo genera es... más liberalismo. O sea, menos estado. Pero los comunistas se desenvuelven con la misma soltura e indecencia teórico-moral. A un comunista no le impresionan los 100 millones de víctimas de los regímenes marxista-leninistas. Cualquier excusa será buena para justificar estos crímenes de dimensiones incomparables: fueron excesos exonerados por la "bondad de los fines", no se trataba de "verdadero" comunismo, sino de una desviación fascista, el comunismo "no ha existido nunca" de hecho, etcétera. Uno creería que todo esto es cosa de locos o quizá de fanáticos, pero los liberales se comportan exactamente igual que los comunistas "negacionistas". El capitalismo, pretenden los neoliberales, es una fuente de progreso, desarrollo y libertad, por tanto, todos los crímenes, desastres y opresiones que haya podido perpetrar la política liberal real se  saldan en una suerte de "balance contable" de la historia donde muertos, personas humilladas, pueblos exterminados, beneficios económicos (¿de quién?) y todo tipo de entes-valores del más variado jaez son reducidos a una medida común, no se sabe cuál, que permite concluir el carácter benéfico del sistema capitalista en su conjunto. Y, en el peor de los casos, cuando la imagen del crimen puro y duro parece difícil de ignorar, soslayar, minimizar... entonces resulta que eso no es liberalismo sino una traición a los "principios" liberales. El fascismo ya ha sido juzgado y condenado, el comunismo, "perdonado", el liberalismo permanece impune y siempre presente en todos los tribunales como fiscal acusador de quienquiera que se le oponga.
 
Nuestra intención, como la de Naomí Klein (salvando las distancias), es juzgar al neoliberalismo por sus consecuencias efectivas y sólo a partir de tales piezas de convicción y fenómenos objetivos (nefastos) comprobables intentar la comprensión del auténtico significado de la "teoría" neoliberal par excellente, a saber, la economía de Milton Friedman. La verdad de un texto político-económico, el sentido mismo de sus fórmulas abstractas, hay que buscarlo en las imágenes de los cadáveres incinerados y de las ciudades devastadas, no en lo que esa teoría diga de sí misma (casi simpre un discurso laudatorio) o en aquéllo que los profesionales académicos, pagados por los políticos en ejercicio o por los mecenas capitalistas, sostengan al respecto. No existe una ciencia denominada "economía política". La Universidad de Chicago considera "científico" aquello que quienes mandan sugieran -ordenen- que sea reconocido como tal. En Cataluña tenemos el ejemplo del economista-Pinocho Sala i Martín (risas en off). Este curioso personaje, este payaso para decirlo brevemente y con franqueza, encarna el paradigma de lo que significa hoy ser un "profesional" de la teoría económica:

http://izquierdanacionaltrabajadores.blogspot.com.es/2012/09/la-mafia-catalanista-un-parasito-que.html

Con palabras de James Petras: "El estado imperial sólo es fuerte en la medida en que lo sean sus colaboradores locales. Las revueltas populares, las luchas nacionales anticoloniales y los movimientos radicales de masas que expulsan a esos colaboradores del poder, socavan también el imperio" (Petras, J., Economía política del imperialismo contemporáneo, Madrid, Maia, 2009, p. 11).  La "política de masas" aquí en Cataluña (España) debe tener como objetivo la erradicación de la "oligarquía local" encarnada por Artur Mas Gavarró. La usurpación del nacionalismo por parte de los oligarcas es el primer obstáculo que debería derribarse en esta lucha de resistencia anti-oligárquica. El nacionalismo de CiU es un engaño que entrega el país en bandeja a los intereses anti-nacionales de la oligarquía transnacional a cambio de algunos suculentos beneficios económicos privados para la élite autóctona apátrida. La oligarquía familiar catalana no tiene "nación" alguna a la que amar: desprecia a España y utiliza el sentimiento catalanista para obtener prebendas a costa de erosionar al Estado. Las 200 familias oligárquicas catalanas son como una enfermedad social, una lacra agarrada al tejido comunitario, pero hace tiempo que están más allá de todo nacionalismo, como no sea el que procede de Israel, su verdadero anhelo: convertirse al judaísmo, disfrutar del "poder mundial".

Según Petras, actualmente existen dos formas fundamentales de imperialismo, a saber, el representado por EEUU-Israel y el representado por China:
(...) existen básicamente dos tipos de construcción imperial: el de EEUU basado en la fuerza militar, y el imperio económico chino. (...) el enfoque militarista con que EEUU edifica su imperio es más sangriento, destructuvo y reprobable que el imperialismo basado en el mercado (Petras, J., op. cit., p. 9).
La historia de occidente podría resumirse como el proceso en virtud del cual la esfera o función económica de la sociedad es transformada internamente por el comercio; cómo esta economía mercantil domeña la economía productiva; cómo, en tercer lugar, la economía así transformada en mercantilismo se apodera de la totalidad de la función política y convierte en simples mercachifles mentirosos a los representantes del pueblo (parlamentarios, alcaldes, sindicalistas); cómo el mercado cae luego, siguiendo una lógica inexorable, en manos del comercio de capitales; y cómo, finalmente, la alta finanza, el gran capitalismo bancario e inversor puramente parasitario, se hace con el control de las palancas del Estado y suprime de facto la soberanía de las naciones. Hemos esbozado las contradicciones sociales estructurales que este fenómeno -el imperio incontestable de los mercaderes del dinero- desencadena hasta generar el colapso de una comunidad nacional, literalmente fulminada, liquidada, arruinada por una pandilla de canallas saqueadores con corbata a cuyo servicio conspiran cual indignos lacayos los políticos profesionales de las "democracias liberales":

http://izquierdanacionaltrabajadores.blogspot.com.es/2011/10/manifiesto-por-una-izquierda-nacional.html

La idea central del Manifiesto por una Izquierda Nacional (2011) es que la contradicción fundamental de la sociedad burguesa ya no es la que existió supuestamente antaño entre burguesía y proletariado, sino, desde el punto de vista subjetivo, la que experimentamos en el trabajo entre la verdad racional y los "intereses"; y, desde el punto de vista objetivo, la que se da entre la oligarquía transnacional y las comunidades nacionales. El concepto de "trabajador" es una categoría ético-política y no nombra ya un estrato socioeconómico, pues el proletariado occidental se aburguesó tiempo ha (si no fue "burgués", pero "quiero y no puedo", desde el principio).

Ahora vamos a enfocar históricamente qué ha significado en realidad el neoliberalismo. Pues la palabra "neoliberalismo" no es más que la forma teórica de designar el asalto al poder de la alta finanza sionista en Estados Unidos y, a partir de ahí, en el resto del hemisferio occidental. ¿Tal como lo predijera Hitler? Sí, pero nosotros no tenemos la culpa de que las prospectivas de Hitler en el caso de que Alemania perdiera la guerra se hayan cumplido a rajatabla. Sólo queda un último escenario de la tragedia:  la debacle demográfica, la extinción pura y simple, la sustitución étnica si se quiere, de los pueblos europeos.

Hitler desafió a la alta finanza y advirtió de cuál
sería el futuro del planeta una vez derrotada Alemania.
El asalto al poder de la alta finanza

Nos basamos en esta reflexión en la obra publicada por James Petras, cuyos análisis compartimos excepto hasta allí donde él mismo decide, quizá para seguir sobreviviendo a nivel personal (un imperativo que yo no comparto pero tiene su justificación para un intelectual que escribe), hacer sus concesiones a los códigos simbólicos antifascistas.

Quienes hayan examinado los enlaces colgados al inicio de esta entrada ya saben qué tipo de descripción hace Petras, un sociólogo de izquierdas, del núcleo de poder que controla la política en Estados Unidos. De hecho, la primera conclusión a la que se puede llegar desde el punto de vista o perspectiva de todas las naciones que no son EEUU e Israel, es que la política exterior constituye el vector determinante del resto de los fenómenos políticos. La crisis no existe, o mejor dicho ha sido producida artificialmente en Europa en previsión de los grandes acontecimientos que los tarados bíblico-talmúdicos esperan generar en Oriente Medio en cumplimiento de las profecías escatológicas que deben preceder presuntamente (en su mentes enfermas) a la llegada del Mesías.
El imperialismo es un fenómeno político y económico. Las empresas multinacionales operan en muchos países, pero reciben apoyo político, subvenciones económicas y respaldo militar por parte del Estado imperial que se implica en ellas. El Estado imperial negocia o impone acuerdos comerciales y de inversión favorables a las empresas multinacionales. Al mismo tiempo, el Estado imperial usa a las empresas multinacionales para que influyan para que los regímenes extranjeros concedan bases militares y se sometan a su esfera de influencia. El imperialismo es la poderosa expansión conjunta del estado y las empresas (Petras, J., op. cit., p. 8).
Política que es, para nosotros, la de los estadounidenses e israelíes con respecto al resto de los pueblos, la humillación constante, la reducción de la soberanía nacional a la imagen ridícula y sin honor de un payaso comprado (el ministro de exteriores de turno). Sólo somos escoria, ¿y por qué? Porque no tenemos patria, ese principio de dignidad personal que los españoles llevamos pisoteando desde hace un siglo. Ante nosotros, los norvietnamitas que derrotaron a EEUU representan un ejemplo moral y político. Ellos respetaban a su país y, con ello, podían respetarse  a sí mismos. Porque sin patria sólo somos individuos aislados y fácilmente pisoteables por el despiadado poder oligárquico. Los norvietnamitas eran odiados por EEUU no por su comunismo, sino por su nacionalismo. Tal nacionalismo era, en sí mismo, revolucionario frente a la oligarquía cosmopolita capitalista. Tomemos nota: el enemigo sionista es racista. Nuestra única defensa tiene un nombre y se llama  "comunidad nacional".  Hay que renunciar al "ego" para entrar a formar parte de la comunidad nacional. No se puede hablar de proyecto nacional-revolucionario y colocar el propio "yo" por encima de todas las cosas. Los "dirigentes" (!es un decir!) nacional-revolucionarios todavía no han comprendido cómo se escribe la palabra n-a-c-i-ó-n y no saben qué significa esa renuncia, esa conversión que lo sacrifica todo por la sagrada tarea de erigir una resistencia contra el casi omnipotente enemigo oligárquico. Hay que aprender a morir. Pero estos "líderes" sólo piensan en el "éxito" personal o incluso en viejas y patéticas rencillas.

En segundo lugar, la idea de un declive estatal será válida en general, excepto, precisamente, para los Estados Unidos de América, donde un inmenso Estado armado hasta los dientes marca, en función de intereses económicos pero también de intereses "religiosos" sionistas, las direcciones hacia las cuales las grandes empresas multinacionales podrán maximizar sus beneficios económicos a costa de las comunidades nacionales en extinción; y hacia las cuales el Estado de Israel podrá implementar los objetivos de su política imperalista, soteriológica y escatológica de naturaleza bíblica, aunque sea a costa de las empresas multinacionales (ésta es una idea en la que Petras insiste con una lucidez digna de un verdadero teórico y analista de izquierdas).

El antifascista Bernard Madoff
En consecuencia, el asalto al poder de la alta finanza no se confunde con una suerte de dominio neofeudal de las grandes empresas y monopolios: ese dominio neofeudal puede existir, pero sólo en la "periferia" del "imperio", o sea, dondequiera que los pueblos sometidos gracias al poder de un Estado, los EEUU, que ampara y promueve a dichas entidades económicas contando tanto con la superioridad material de una violencia aplastante que le otorgan el famoso "complejo militar-industrial" (empresas armamentísticas privadas)cuanto con el predominio ideológico sobre el resto del mundo (obtenido a través de Hollywood y de una red mediático-cultural tan omnipotente y ubicua como las bases estadounidenses), sean arrasados por la tormenta exterminadora del programa "neoliberal" de los "derechos humanos", la "democracia", el "Holocausto" para que "no vuelva a repetirse" y demás bla, bla, bla de la chusma encorbatada. Hollywood:
(...) el imperialismo muestra múltiples facetas que interactúan y se refuerzan mutuamente. Los medios de comunicación y la cultura sirven normalmente como armas para asegurarse el consentimiento o la aquiescencia de las masas mientras se levanta el edificio imperial que perjudica su existencia material y espiritual. El imperialismo no puede analizarse aisladamente ni someterse a un simplista reduccionismo económico. La explotación económica sólo es posible bajo condiciones de subordinación de los sujetos, y esto tiene que ver con la educación, el espectáculo, la literatura y el arte como espacios de relaciones de clase y luchas de clase ligadas al imperio (Petras, J., op. cit., pp. 9-10).
Aunque Petras sigue siendo deudor de la teoría marxista de las clases sociales y de una noción de imperialismo que no distingue entre autoridad y poder, vamos a pasar por alto estos aspectos para centrarnos en la cuestión ideólógico-cultural: la oligarquía no puede dominar sin la subordinación de los sujetos. En consecuencia, la rebeldía o desafección de esos sujetos, por ejemplo en la trinchera que es internet, representa un ataque, una guerra de guerrillas contra la oligarquía.  La finalidad de esta lucha resistencial es desenmascarar las estrategias culturales e ideológicas enderezadas a obtener el consentimiento de la ciudadanía. Una de ellas es consiste en la promoción del neoliberalismo "teórico" en abierta abstracción respecto de las realidades de la política neoliberal.

La resistencia antioligárquica, digámoslo de pasada, sólo puede ser nacional-revolucionaria, y ello por dos motivos: (a) la presunta resistencia comunista comparte con los EEUU, además de los valores, el lenguaje antifascista, y de hecho refuerza el imperio cultural de Hollywood, siendo así que sus mitos (por ejemplo, Stalingrado) no dejan de nutrir en las masas la idea de que el verdadero enemigo es el "nazismo", no Wall Street, y vemos que, en efecto, los comunistas se aliaron con Wall Street para poder derrotar a Hitler (quien los hubiera de barrido de no contar aquéllos con los inmensos recursos del mundo capitalista); (b) la lucha contra la oligarquía transnacional tiene como sujeto revolucionario -concepto que se sigue del principio de preeminencia de la política exterior de los EEUU-, no a las clases sociales, sino a las comunidades nacionales, terreno hoy abonado de alevosía por la derecha cristiana y escenario habitual de la agresión imperialista sionista. FILOSOFÍA CRÍTICA y NACIONALISMO REVOLUCIONARIO, haz y envés de "lo mismo".

Antifascistas en acción.
Nacional-revolucionario, nombre de la dirección de este blog, es aquel que se enfrenta, desde su comunidad nacional, a la oligarquía transnacional y la alta finanza, no aquel que, como "proletario cosmopolita", vocea a solas o entre emporrada horda sobre un fascismo inexistente.  O peor, existente: los nacional-revolucionarios de izquierdas seríamos, precisamente, ese temido "fascismo", al que los "contestatarios" bajo los efectos de la droga tratan obsesivamente de abortar ab ovo. Empero, sin arraigo en la comunidad nacional no hay lucha. Sin voluntad revolucionaria de destruir la oligarquía transnacional local -en nuestro caso la oligarquía catalana, una de las más criminales, ridículas, podridas e incompetentes de occidente- no hay tampoco lucha. Nacional-revolucionarios somos los que combatimos "de verdad" en medio de la nada, del desprecio, y para ello hay que tener claro quién y qué es el "enemigo mortal". Es menester odiarlo y jurarse no tener ya compasión con él. Un antifascista no combate contra el sistema oligárquico, se limita a cubrir el flanco izquierdo del dispositivo de dominacíón sionista reforzando el universo simbólico y el imaginario emocional de la ideología de Sión. El antifascismo constituye la gran coartada y patente de corso (Auschwitz) que permite al Estado de Israel desplegar su proyecto irracional racista y de extrema derecha inspirado por las Sagradas Escrituras, una doctrina religiosa que comparte con los cristianos y con todas las (ultra)derechas de Europa (y de las Américas). Cuando los comunistas celebran Stalingrado, en realidad están consolidando la opresión del trabajador nacional, porque arropan simbólicamente el mito del Holocausto. No hay posible acuerdo entre comunistas y nacional-revolucionarios. Tampoco entre éstos y los cristianos "patriotas" (¿?) derechistas, cantera de traidores pro-yanquis. Las razones de esta postura deben haber quedado claras para todos los lectores habituales de nuestra bitácora.

Wall Street: no son nazis, son antifascistas
y se aliaron con Stalin contra Hitler. !!!Despertad!!!
Del neoliberalismo a la oligarquía

La palabra "oligarquía transnacional" responde a dos preguntas: 1/ ¿quién manda, quién mueve los hilos de las políticas que desembocan en actos de saqueo, explotación y exterminio de los trabajadores de la nación? 2/ ¿Quién es el enemigo político de los trabajadores de la nación? Como ya hemos apuntado, Petras habla de imperio e imperialismo, Estado imperial (EI), también utiliza el término "clase dominante" (CD), todo ello de acuerdo con la vieja tradición marxista, pero olvida aquí dos cuestiones de extrema importancia: que no hay imperio sin autoridad correlativa a un poder (auctoritas-potestas), pero el dispositivo de dominación que controla el hemisferio occidental se esconde, no muestra su verdadera faz, defínese a sí mismo como negación del poder (democracia, antifascismo, derechos humanos) precisamente para operar de facto como "poder puro". Conviene citar aquí al filósofo francés Michel Foucault:
El poder solamente es tolerable cuando mantiene oculta una parte sustancial de sí mismo. Su eficacia es directamente proporcional a la capacidad que tenga de disimular sus mecanismos.
Estamos hablando de un poder sin autoridad que viene gestándose desde el final de la Edad Media; de un poder racista que sólo puede engañar a los sometidos, pues la verdad es que esos sometidos están condenados a la esclavitud o la muerte, y el conocimiento del hecho real provocaría el derrumbamiento de aquello que precisamente pretende preservarse: la dominación racial. La oligarquía no es Estado, sino que amordaza al Estado desde fuera. El Estado sólo se mantiene ya como una carcasa vacía que la oligarquía llena a placer con sus intereses y sus "representantes" oficiosos. El término "imperio" e "imperialismo" referido al poder conjunto que conforman EEUU e Israel es un anacronismo veteroizquierdista. Por otra parte, no puede hablarse de "clase" cuando el elemento racial-religioso y familiar se está convirtiendo en el determinante para el reclutamiento de los miembros dirigentes de la oligarquía, quienes, repito, mandan en la sombra a través de instituciones como lobbies, logias, clubes, fundaciones, etc. La red en global tiene carácter sectario, un hecho que "se huele" en todos y cada uno de los eventos de la política contemporánea, pero no existe ningún gobierno en la sombra o "invisible" (Petras, J., op. cit., p. 100). En definitiva, la caracterización del enemigo político debería ser, incluso de forma harto inexacta pues lo actual no tiene precendentes, algo así como estamento oligárquico. Se puede pertenecer a la oligarquía siendo un simple conserje, la oligarquía es transversal a las clases o estratos sociales. Se ha documentado el caso de sionistas "pobres" que se dedican a "informar" sobre su entorno laboral, vecindario, compañeros de estudio, formando una malla de "complicidades" que va de abajo a arriba. En cambio, hay judíos como Finkelstein u otros que no pertecenen  a la oligarquía e incluso la desafían (el propio Finkelstein es el mejor ejemplo). Estados Unidos no es una nación, sino una anti-nación destinada a liquidar todas las naciones del mundo; no sustenta EEUU, mucho menos, un imperio, sino que funciona como cantera de carne humana y riqueza para el "pueblo elegido" (véanse marines hispanos o negros), simple pista de aterrizaje de la burbuja financiera de los apátridas. El único "territorio" físico intrínseco de la oligarquía es Israel, un desierto que simboliza, precisamente, la negación de la tierra. Yahvé.

El mayor sociólogo europeo, Marx Weber, nada sospechoso de nazismo, explica las raíces del proyecto mesiánico, es decir, del "progreso", las cuales se hunden en la noche de los tiempos. Los judíos eran parias: "¿Qué eran los judíos? Un pueblo paria" (Max Weber). Pero los judíos no vivían, como los parias de la India, en una sociedad de castas:
Las diferencias respecto a los pueblos parias indios radican en el caso del judaísmo en estas tres importantes circunstancias. 1) El judaísmo era (o más bien, llegó a ser) un pueblo paria en un entorno sin castas. 2/ Las promesas de salvación, en las que se anclaba la separación ritual del judaísmo, eran absolutamente diferentes que las de las castas indias. (...) El mantenimiento del sistema de castas tal como era y la permanencia no sólo del individuo en la casta, sino de la casta como tal en su posición respecto de las demás castas, ese comportamiento eminentemente conservador en lo social era prerrequisito de toda salvación; el mundo era eterno y carecía de "historia". Para el judío la promesa era absolutamente opuesta: el orden social del mundo estaba transtornado, representaba lo contrario de lo prometido para el futuro y debía volver a verse transtornado, de manera que al judaísmo volviera a corresponderle su puesto de pueblo de señores. (...) Todo el comportamiento de los antiguos judíos estaba determinado por esta concepción de una futura revolución social y política conducida por dios (Weber, M., Sociología de la religión, Madrid, Itsmo, 1997, pp. 441-442).

La consecuencia es que la extrema derecha gobierna occidente. La ultra hebrea ha maldecido todas las naciones que no sean ella. El "neoliberalismo" es inseparable del proyecto mesiánico del nacionalismo judío radical o "sionismo".

Sigue aquí:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2012/10/milton-friedman-y-la-ideologia_22.html
 
 

7 comentarios:

Toño dijo...

De nuevo tengo que felicitarle por la calidad de sus escritos, señor Farrerons.

También quisiera plantearle una cuestión sobre un fragmento del texto, cuando usted afirma que los EEUU odiaban a los vietnamitas por su nacionalismo, no por su comunismo.

En más de una ocasión usted se ha referido a los EEUU como una "anti-nación". Me gustaría preguntarle a qué se refiere con ese término y qué rasgos presenta ese país para ser considerado como tal.

Gracias por su respuesta.

ENSPO dijo...

En principio, el odio al nacionalismo se sigue del simple hecho de que representa una auténtica resistencia frente al imperio, cuya meta es el allanamiento de todas las naciones. El comunismo es internacionalista, los anticomunistas de manual estaban preocupados por temas como la abolición de la propiedad privada, pero para los sionistas que realmente controlan las palancas del poder en EEUU, ese tema es secundario comparado con la problemática del pueblo elegido.

Israel, numérica y territorialmente, es demasiado débil para competir por el dominio del mundo en términos militares. Los Estados Unidos de América, el país sin nombre porque ése mismo rótulo podría ser adoptado por cualquier nación del continente americano con estructura federal, es una entidad multirracial sin identidad, una X, una función de... (Tel Aviv), la cantera de carne de cañón y riqueza al servicio de la locura talmúdica.

De hecho, el nombre real de los EEUU debería ser "Estados Unidos de Israel", pero la verdad, en este caso y en casi todos los casos, perjudicaría a la conspiración racista y ultraderechista del nacionalismo judío radical. USA no es una nación, sino el brazo armado, económico, demográfico..., del Proyecto Mesiánico encarnado por Israel.

No existe la nación americana, sino un conglomerado étnico anti-identitario y un complejo militar-industrial sionista cuya meta es LA DESTRUCCIÓN DE TODAS LAS NACIONES, las cuales deberán arrollidarse ante Yahvé al final de los tiempos. EEUU es la ESPADA de ISRAEL contra las COMUNIDADES NACIONALES. En suma, la anti-nación.

El instrumento para conseguir la des-identitarización de las naciones, futuras víctimas de la extrema derecha judía, es el cristianismo, una religión que coloca la comunidad eclesial por encima de la nacional y adora a un judío como Dios.

Por supuesto, para estas gentes, cuya ideología tiene como arco de bóveda el SUPREMACISMO RACIAL, que otra nación se afirme en sí misma por sí misma es lo más odioso y ofensivo (blasfemo) que puedan concebir, siendo así que Dios son ELLOS y sólo ELLOS.

Espero haberle respondido dentro de los límites de espacio de un comentario. La cuestión es mucho más compleja, pero había que resumir. Saludos y gracias por sus elogios.

Anónimo dijo...

Felicito a ENSPO por su agudo análisis sobre la naturaleza del conglomerado político llamado USA.
Efectivamente, no es una verdadera Nación sino, como suele decirse una
mezcolanza de etnias y culturas. Eso mismo lo asevera Savitri Devi en un capítulo de su interesantísima obra "Reflexiones y recuerdos de una Aria", libro que puede descargarse de la Red.

ENSPO dijo...

Los Estados Unidos de Israel son la "umma" sionista, para entendernos.

Anónimo dijo...

También se podría afirmar:
"Los Estados judíos de América", queda bien.

Anónimo dijo...

O Estados Jodíos de América, toda la humanidad debe unirse para joderlos, si no, vamos listos, nos esquilmarán, esclavizarán y finalmente nos liquidarán como a los indios o a los palestinos.

Hay que unirse. TODO EL MUNDO DEBE UNIRSE. ESTADOS UNIDOS DEL MUNDO CONTRA LOS ESTADOS JODÍOS DEL MUNDO.

Anónimo dijo...

Esta página es única en el mundo, animo a todos a difundirla. Aquí se marcan directrices claras de lucha para todos los que se oponen al poder del dinero desde el patriotismo de su nación. Enlazadla, comentadla, reenviarla...