en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

miércoles, mayo 30, 2012

Usurpación, amputación y tergiversación de la doctrina nacional-revolucionaria (3)

No podemos continuar con esta serie de entradas sin ajustar antes las cuentas, de forma muy sumaria, con la obra de Julius Evola. Este nefasto escritorzuelo ha sido guía e instrumento de quienes, actuando como colaboracionistas policiales del sistema, han dedicado su vida a intoxicar y confundir a los jóvenes nacional-revolucionarios, hasta el punto que éstos han perdido contacto con las verdaderas fuentes de su propia ideología, socialista, confundiéndola con la extrema derecha más abyecta y reaccionaria. No olvidemos que el sistema asimila ultraderecha y fascismo (de forma fraudulenta y por motivos obvios), pero obsérvese también que la tarea de los evolianos no ha consistido en otra cosa que en remachar esta mixtificación periodística y propagandística en la mente de los propios interesados. Así, provocadores e infiltrados como Ernesto Milá Rodríguez mediante, el veneno fue inoculado desde dentro décadas atrás a las nuevas generaciones del nacionalismo revolucionario europeo. Será menester mucho tiempo y esfuerzo para poner en evidencia la impostura: los propios presuntos NR (evolianos), dirigidos siempre por el usurpador Milá  y por incompetentes ideológicos como Juan Antonio Llopart, que le hacen el juego al chivato del Cesid, pugnan en estos momentos para impedir que el proyecto nacional-revolucionario, políticamente de izquierdas, pueda resurgir en un momento crucial que constituye su última oportunidad histórica, en la cual decídese además el destino de Europa.


Derecha e izquierda en Evola

Un ejemplo que puede resultar muy instructivo a efectos de denunciar la manipulación evoliana lo encontramos en el primer capítulo de El fascismo visto desde la derecha (1964):

En las páginas que siguen nos proponemos realizar un estudio del fascismo desde el punto de vista de la Derecha, estudio que se limitará, sin embargo, a los aspectos generales del fascismo y, esencialmente, al plano de los principios. En función de este objetivo, es primeramente necesario precisar lo que entendemos por Derecha, aunque no sea una tarea fácil, ya que sin esto es imposible facilitar al lector medio, puntos de referencia que tengan una relación directa con la realidad actual, y aun menos con la historia italiana más reciente, es decir, con la historia de Italia tras su unificación como nación./ Respecto al primer punto, sería preciso decir que hoy no existe en Italia una Derecha digna de este nombre, una Derecha como fuerza política unitaria organizada y poseedora de una doctrina precisa. Lo que se llama corrientemente Derecha en las luchas políticas actuales se define menos por un contenido positivo que por una oposición general a las formas más avanzadas de la subversión y de la revolución social, formas que gravitan en torno al marxismo y al comunismo. Esta Derecha comprende además tendencias muy diversas e incluso contradictorias. Un índice significativo de la confusión de las ideas y de la pequeñez de los horizontes actuales, lo constituye el hecho de que hoy en Italia los liberales y numerosos representantes de la democracia puedan ser considerados como hombres de derecha: esto habría horrorizado a los representantes de una Derecha auténtica y tradicional, porque en la época de esta Derecha, liberalismo y democracia fueron particular y precisamente considerados como corrientes de la subversión revolucionaria, más o menos como hoy el radicalismo, el marxismo y el comunismo, tal como se presentan a los ojos de lo que se dado en llamar "partidos del orden"./ Lo que se llama la derecha en la Italia actual comprende diversas corrientes monárquicas y, sobre todo, tendencias de orientación "nacional" que intentan mantener lazos ideales con el régimen precedente, es decir, con el fascismo. Pero la diferenciación necesaria a fin de que estas tendencias puedan aparecer como representantes de una Derecha auténtica ha faltado hasta ahora. Esto además se desprenderá de las consideraciones que desarrollaremos, consideraciones destinadas a establecer una discriminación en los contenidos ideológicos del fascismo; discriminación que, para el movimiento en cuestión habrían debido representar un deber teórico y práctico indispensable, pero que, por el contrario, ha sido olvidado. / ¿Es preciso además revelar el absurdo consistente en identificar por todos los medios Derecha política y Derecha económica? La polémica de los marxistas apuesta notoria y fraudulentamente por esta identificación. Para estos últimos, la derecha, la burguesía capitalista, conservadora, "reaccionaria", tiende a defender sus intereses y privilegios, haciendo de todo uno. En nuestros escritos de carácter político, jamás hemos dejado de denunciar esta confusión insidiosa y la irresponsabilidad de los que, favoreciendo de cualquier forma esta forma de ver las cosas, ofrecen armas al adversario. ENTRE LA VERDADERA DERECHA Y LA DERECHA ECONOMICA, NO SOLO NO EXISTE IDENTIDAD ALGUNA, SINO QUE HAY INCLUSO UNA OPOSICION PRECISA. Este es uno de los puntos que serán puestos de relieve en las presentes páginas cuando hagamos alusión a las relaciones entre política y economía, tal como el fascismo intentó definirlas y tal como derivan, además, de toda verdadera doctrina tradicional del Estado.

Creemos que aquí está "todo Evola" y además en un pasaje harto ilustrativo en orden a clarificar la cuestión derechas/izquierdas. Aunque los evolianos  españoles (no así los italianos) acostumbran, en la práctica, a reafirmarse en el ninismo (ni derechas, ni izquierdas) o a cuestionar desdeñosamente que este tema pueda tener importancia alguna desde el punto de vista político práctico (lo que es falso y de ahí su secreto e indomeñable interés), la verdad es que para ellos este "ninismo" es una forma de disimular su derechismo -del que se avergüenzan- y la absurda ideologización, elevada a categoría metafísica, del vocablo "izquierda" (=mal metafísico absoluto).

En primer lugar, Evola debe admitir que el signo "derecha" se utiliza habitualmente para identificar a liberales y capitalistas. El uso de una palabra es muy importante a efectos de determinar su significado, pues no existen "significados auténticos" de los términos, sino usos que acaban convirtiéndose en normativos por decisión institucional (un diccionario oficial de la lengua). Carece de sentido hablar del significado "auténtico" de la palabra "gato", a la vez un animal y una herramienta. ¿Es más auténtico el gato-animal que el gato-herramienta? !Ociosa discusión! Imaginémonos que ahora apareciera alguien con la tesis que ni el gato-animal ni el gato-herramienta son el "gato auténtico", sino un árbol extinguido que nunca fue denominado gato por nadie excepto por la persona que sostiene esa "teoría". Pues bien, dicha pretensión sólo podría ser calificada de delirante y es exactamente la de Evola con respecto al vocablo "derecha".  

Existe una segunda razón, de carácter histórico, que enlaza con la anterior, por la que el concepto de "derecha auténtica" debe ser rechazado, y es que, para Evola, la derecha auténtica se opone a la modernidad como un bloque, pero lo cierto es que la dualidad derechas/izquierdas es una determinación política interna de la propia modernidad. En efecto, sólo puede hablarse de derecha por oposición a la izquierda, pero en el mundo premoderno no existe izquierda. En consecuencia, tampoco puede hablarse de derecha en la Edad Media. Sostener que un caballero medieval es de "derechas" comporta el absurdo de afirmar que en alguna ocasión dicho personaje "pensó" su propia identidad por oposición a unas "izquierdas". Nadie en sus cabales aceptaría semejante supuesto. Evola, sí.

En tercer lugar, "derecha" no designa contenido ideológico alguno. Otro tanto puede afirmarse respecto a su opuesto simétrico, "izquierda". De alguna manera, el mismo Evola nos ofrece los ejemplos pertinentes al caso:

(...) liberalismo y democracia fueron particular y precisamente considerados como corrientes de la subversión revolucionaria  más o menos como hoy el radicalismo, el marxismo y el comunismo (...).


En efecto, el liberalismo capitalista, la derecha político-económica actual, fue en su tiempo izquierda. Cómo ha podido el liberalismo capitalista pasar de la izquierda a la derecha si su contenido "ideológico" no ha variado, es lo que se tendría que preguntarse Evola si no fuera un cretino, pero no lo hace porque parte de una idea esencialista de derecha totalmente divorciada de la realidad, tanto por lo que respecta al lenguaje como a la historia.


¿Para qué sirve un esquema metodológico de análisis?

La solución a este enigma la encontró Jaume Farrerons ya en la época de ENSPO, y la expuso en Madrid en su conferencia "Nacional-Revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?" el 7 de noviembre de 2008. Allí distinguió Farrerons tres niveles de discurso, a saber, valores (nivel filosófico o nivel A), ideología (nivel B) y programa político (nivel C). Citaremos textualmente sus propias palabras:
En efecto, lo primero que hay que distinguir en el proyecto NR y en la política en general son tres niveles del discurso o del texto (...). Esos tres niveles son elfilosófico, el ideológico y el programático o político, que denominaremos niveles A, B y C. (…) La segunda pregunta que podemos hacernos tiene que ver con la determinación del nivel ideológico frente al filosófico y al programático. Un programa es un discurso o texto que propone medidas políticas concretas aplicables en un plazo relativamente breve de tiempo, que puede ir de los de 4 a los 10 años. En cambio, lo que a veces se ha denominado „programa máximo“sería en realidad el compendio o esquema de una ideología, que se basa en una concepción de la sociedad, del estado y de la economía, y tiene vigencia para un largo período histórico, pero también fecha de caducidad. A mi juicio, mientras que un programa se renueva como poco cada década, una ideología tiene vigencia a lo sumo para un siglo, pero no más. En cambio, el nivel filosófico es intocable, porque define los principios, los valores, la concepción del hombre. Si se modifica ese nivel, cambia todo, el proyecto político X pasa a ser el proyecto político Y, es decir, otro distinto. No así en el caso de la ideología.
Como sabemos por los posts anteriores de esta serie, en su libro ¿Qué es ser nacional-revolucionario? (2010), Llopart se apropia de la idea sin citar al autor y, lo que es todavía peor, la malinterpreta de tal modo que es incapaz de aplicarla a la temática derechas/izquierdas para la que fue expresamente concebida como metodología. Así, escribe Llopart (op. cit., p. 59):
Para sentar unas bases NR es necesario definir la noción de Valores, Ideología y Programa Político y otorgarles, así, el plano exacto de su lugar en nuestra concepción Espiritual. Si confundimos sus respectivos planos será imposible articular un discurso claro y comprensible. / VALORES. Los Valores equivalen al objeto intencional de un juicio acerca de la vida y acerca del "sentido" de ésta, es decir, aquello que nos orienta y motiva. / IDEOLOGÍA. La Ideología es el conjunto de ideas ordenadas más o menos sistemáticamente que representan una visión histórico-social, y constituyen la orientación para la acción práctica de las mismas. / PROGRAMA POLÍTICO. El programa político representa el compendio de objetivos o fines específicos que se propone realizar una organización política para asumir el gobierno. El programa constituye la base de acción de una organización política en sus aspiraciones fundamentales. Podemos concluir que la Ideología es un conjunto de ideas y el Programa un conjunto de medidas y propuestas. / Hay que afirmar categóricamente que, el programa político varía según las circunstancias propias de cada momento; la ideología puede variar únicamente, en algún aspecto concreto y determinado en función de alguna circunstancia extraordinaria, pero los Valores, aquello que "nos orienta y motiva", son inmutables, cambiar de Valores significa cambiar el sentido acerca de la vida, y consiguientemente con ello, se cambia de orientación en la Ideología y con ella el Programa Político.
Dice "si confundimos sus respectivos planos será imposible articular un discurso claro y comprensible". Cierto, pero lo primero que hace Llopart es, precisamente, confundir los planos exactamente igual que lo hace Evola, aunque en Evola se reivindica la derecha y en Llopart el ninismo (ni derechas, ni izquierdas), es decir, el derechismo maricomplejines. Tanto en uno como en otro caso el error consiste en debatir el tema derechas/izquierdas en el nivel B (ideológico), en lugar de hacerlo en el nivel C (programático político). Para Evola los términos "derecha" e "izquierda" entrañan en definitiva un contenido ideológico y, por tanto, cabe hablar de una "derecha auténtica" y de una ideología derechista (que no existe ni ha existido nunca). Para Llopart, siendo derecha e izquierda ideologías opuestas, pretende que la ideología NR se sitúa más allá de ambas, con lo cual demuestra que no ha entendido lo que él mismo publica en su libro -un resbalón que tampoco debe extrañarnos, puesto que en este punto simplemente ha plagiado a Farrerons.
¿Cuál era, en cambio, la conclusión de Farrerons?

Veámoslo: considerando que derechas e izquierdas no son conceptos ideológicos y mucho menos filosóficos, sino estratégicos y tácticos que designan una o-posición respecto del poder y una relación con la inmensa mayoría de la nación, que cambian según el contexto histórico; considerando que, en la actualidad, en nuestra particularísima situación europea, los trabajadores son los principales perjudicados por la política de inmigración liberal, el programa político NR tiene que ser necesariamente de izquierdas o de lo contrario el discurso político (nivel C), el mensaje, no llegará a sus receptores naturales. Ser de izquierdas, cuando no en vano el sistema oligárquico identifica las fuerzas opuestas a la política liberal de inmigración con la extrema derecha, implica el uso público del significante, no sólo del significado. Pues del significante se trata, en Evola, cuando intenta rescatar la palabra "derecha" llenándola con un significado nuevo, de uso privado y particular. En cambio, el empleo de la palabra "izquierda" es en la INTRA el común para aquellos ciudadanos perjudicados por las políticas oligárquicas. No es, en suma, "izquierda", un signo inventado por Jaume Farrerons, como lo es "derecha auténtica" en el caso de Evola; izquierda significa para Farrerons lo mismo que para aquellos ciudadanos: la defensa de los intereses morales y materiales de los trabajadores
En Evola, "derecha" no sólo se debate en el nivel B del discurso, o sea, en el plano de las concepciones del Estado, la economía o la sociedad, sino incluso en el nivel A, filosófico, metafísico... Tendríamos así una eterna axiología de derechas y una eterna axiología de izquierdas, una determinación existencial de valores derechista y otra izquierdista (en suma: el bien y el mal). Pero todo esto no son más que malas elucubraciones modernas de un moderno que se quiere no-moderno, pues nadie en una sociedad tradicional premoderna habría pensado jamás en esos términos, proyectando hacia arriba una categoría poco menos que sociológico-electoral hasta erigirla en categoría religiosa. Eternizar la derecha significa eternizar la izquierda mientras se afirma, por otro lado, el carácter puramente epocal (moderno) de ambos signos lingüísticos. Evola nunca salió del círculo en el que se había encerrado él mismo debido a su patente incompetencia filosófica. Y lo peor: actuando de mala fe, Evola, con la ayuda de personajes como Milá, ha extraviado en este mar de confusiones a los nacional-revolucionarios europeos, quienes, en la crítica coyuntura actual y por culpa de los evolianos, se muestran incapaces de derribar las vallas del "corralito facha" y establecer un contacto político normalizado con las masas populares de naciones ya agonizantes, menesterosas de un patriotismo social del que depende su supervivencia pura y simple.

Documentos anexos:

Conclusiones de la conferencia de Jaume Farrerons, Madrid, 7 de noviembre de 2008, "Nacional-revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?":

Por qué somos de izquierdas


La respuesta a la pregunta explícita de si los nacional-revolucionarios proponemos una alternativa de izquierdas y por qué, necesitaría más tiempo, me he limitado a resumirla de forma asaz simplificada por lo que respecta al plano estratégico, que es el que depende de la filosofía y la ideología (niveles A y B) del discurso o texto. Pasemos, por tanto, a las conclusiones.
Hemos visto, en efecto, que:


a/ desde el punto de vista de los valores, es decir, el filósofico o nivel A, el sistema, nuestro enemigo político, se define por el antifascismo, el imaginario simbólico del holocausto, la herencia religiosa judeocristiana, secularizada o explícita, y el sionismo; pero dado que la determinación filosófica última, léase: el estrato más profundo del discurso imperante, es el sionismo, podemos identificar a nuestro enemigo con la extrema derecha judía, racista, supremacista, irracionalista, religiosa y reaccionaria, en todos los sentidos que se aplican habitualmente a las doctrinas, organizaciones y consignas de esta familia política: la ultraderecha;

b/ desde el punto de vista ideológico, nivel B del discurso o texto, el sistema deja en segundo plano el sionismo, forma un bloque con los elementos simbólicos universalistas del antifascismo/holocausto y se define como liberal; la presencia del sionismo es por así decir indirecta y se infiere del trato especial dado a los judíos como víctimas, de la negativa a juzgar otros genocidios y crímenes contra la humanidad con el mismo rasero supuestamente universal de los derechos humanos, del relato, totalmente manipulado, de la persecución nazi de los judíos, que comporta una declarada falsificación de la historia, etcétera. En este plano, los elementos proféticos se manifiestan también de forma indirecta, y el fascismo aparece como infierno secularizado en exacta simetría con el proyecto de mercado mundial en cuanto heredero de las utopías de izquierda, a su vez inspiradas en el concepto escatológico de final de la historia. Pero también la derecha aparece en el nivel ideológico, porque, como hemos dicho, el liberalismo económico y la democracia liberal no son más que un fraude al servicio de oligarquías financieras mundiales y de suboligarquías locales dependientes de los centros de poder radicados en Estados Unidos. No se trata de personas o grupos distintos de los anteriores, sino de un aspecto determinado de idéntico dispositivo de dominación. Son las oligarquías liberales las que promueven el proyecto de mercado mundial, y son esas mismas oligarquías las que sostienen la idea cristiana del final de la historia, oriunda del judaísmo. En este sentido, todas las oligarquías trabajan, conscientemente o no, para la oligarquía central sionista que controla los Estados Unidos, brazo político, propagandístico y militar de la ideología del holocausto.

c/ Desde el punto de vista estratégico y táctico, el sistema se manifiesta en la política liberal de inmigración, que se presenta como una consecuencia técnica más del proyecto de liberalización mundial del mercado en cuanto exigencia de la libre circulación de la mano de obra, pero que, en realidad, viene cargada de los correspondientes propósitos ideológicos y filosóficos subyacentes, motivo por el cual el sistema, encarnado por las agencias nacionales y locales que deben gestionar un mandato doctrinal que viene de muy lejos, están dispuestas a soportar el desgaste político y electoral que sea necesario para realizar el programa multicultural, ignorando las protestas de la población europea y sometiendo a los individuos a un constante lavado de cerebro que consiste en: 1/ identificar todo rechazo de la inmigración con la extrema derecha, dando visibilidad mediática a ciertas siglas de este sector para que la previsión se cumpla y los ciudadanos más activos y revoltosos queden estigmatizados por „contacto“ con tales organizaciones, las cuales, por su parte, deben aceptar a cambio de dicha publicidad gratuita que se les imputen auténticos delitos, como el del racismo y xenofobia, de manera que operen como válvulas de seguridad para aliviar la presión popular, pero con un techo electoral preestablecido por la propia naturaleza de la etiqueta ultra, a saber, un estigma que implica que la crítica a la política de inmigración equivale a reivindicar a la ultraderecha, al racismo/xenofobia, al nazismo, a Auschwitz, al infierno secularizado y por tanto al mal absoluto; 2/ desarrollar una constante campaña de sensibilización, con imágenes de muertos en las pateras, de la dureza de la vida en África, de la bondad del inmigrante, el cual, y es cierto, sólo viene a trabajar y a ser feliz, como nosotros mismos, etcétera. El esfuerzo propagandístico dedicado a tales temas en los medios de comunicación públicos y privados se puede medir con el reloj en la mano y alcanza más del 75% del tiempo de emisión en forma de noticias, documentales, películas, entrevistas, etcétera. La finalidad de esta campaña inagotable de lloriqueo humanitario (promovida por auténticas bestias asesinas sin ninguna clase de sensibilidad moral, como hemos visto), complementaria con la campaña de difamación comentada en el punto anterior, es desarmar moralmente a los trabajadores, principales perjudicados por la actual política de inmigración, usando contra ellos de los símbolos y consignas solidarias que la tradición europea de lucha obrera y sindical ha forjado a lo largo de dos siglos.



En el plano estratégico y táctico del movimiento NR, qué duda cabe que volvemos a toparnos con la derecha. Es, en efecto, la derecha económica y sociológica, de religión cristiana o progresista cristianomorfa mundial, la que ha promovido la entrada masiva de inmigrantes como mano de obra barata en un momento en que las políticas laborales y de vivienda de esa misma derecha habían provocado una caida masiva de la tasas de natalidad, factum que amenazaba con un encarecimiento del precio del trabajo. El hundimiento del comunismo dio el pistoletazo de salida a un ataque generalizado contra los derechos adquiridos de la clase obrera europea, la cual, forzada a competir con gentes que realizan las mismas funciones laborales que ella pero a mitad de precio, tenía que aprender la lección de que su trabajo no valía nada frente a la necesidad del empresario de mantener un tren de vida digno de la oligarquía, es decir, de las personas de verdad. Por su parte, es la derecha política la que se aprovecha electoralmente del problema que la derecha económica y sociológica ha creado en beneficio propio. La inseguridad ciudadana, generada por la política incontrolada de inmigración, es así el tema preferido de los partidos conservadores. Desde luego, esos partidos, en primera instancia, no analizan las causas de la inseguridad que denuncian, y si, en una segunda instancia, empiezan a pescar en las aguas turbias de la justificada xenofobia popular, nunca reconocen que fueron ellos mismos quienes "importaron" a los inmigrantes para ampliar el margen de beneficios del capital a cosa del nivel de vida de los trabajadores. Por lo demás, ya hemos visto que la ubicación mediática de las organizaciones políticas contrarias a la inmigración en el espacio de la extrema derecha, no sólo permite mantener controladas dichas reivindicaciones supuestamente xenófobas y racistas bajo un determinado techo electoral, sino recuperar esas bolsas de electores, por el lado derecho del espectro, adoptando algunas de las propuestas que unos meses antes habían sido calificadas de nazis e incompatibles con los principios democráticos. Es el efecto Sarkozy, en virtud del cual la derecha se llena primero el bolsillo con el trabajo esclavo, para luego llenar las urnas con votos de trabajadores que no pueden apoyar en conciencia a la izquierda, pues la única opción que se les presenta contra la política de inmigración se sitúa en el campo ultraderechista y conservador, es decir, el de sus eternos verdugos sociales.

Nuestro enemigo resume, pues, todos los rasgos de la derecha, que acabo de describir: el racismo, en forma de supremacismo judío y de programa mundial de mestizaje, que también es una forma de racismo, la opresión, la corrupción, la irracionalidad, la involución histórica, la manipulación de la verdad y el genocidio. Quedan por explicar las razones tácticas, con las que concluiré esta conferencia aunque dedicándoles menos espacio, no sea que se nos acuse de reivindicar una izquierda nacional por puro oportunismo. Ya han visto que no es así, porque la estrategia emana directamente de la ideología, la cual marca una divisoria muy clara entre el campo nacional-revolucionario y su enemigo, la derecha burguesa y su tradicional partida de la porra, la extrema derecha. Pero también existen razones tácticas que nos fuerzan a actuar así, pues de ello depende la eficacia social de nuestros ideales éticos.

En efecto, por una vez, la coyuntura histórica permite hermanar estrategia y táctica adoptando el único camino que nos es dado para salvar la civilización europea de la marea de barbarie procedente de los fundamentalismos judeocristianos e islámicos, actuales dueños de la situación en una Europa acosada en dos frentes: el interior, por los políticos traidores al servicio de poderes mundiales depredadores e irracionales; el exterior, por la inmigración islámica que amenaza convertir nuestro continente en un erial religioso que erradicará los estratos grecorromanos e indoeuropeos, hoy soterrados pero aun presentes, de nuestras culturas, definidas precisamente por el compromiso al servicio de la verdad y por la pregunta que interroga por el ser (Heidegger) en cuanto fundamento de la razón.

Es la primera vez en los últimos sesenta años que se dan, pues, unas condiciones sociales objetivas favorables a una política nacional-revolucionaria. Dichas condiciones se han ido configurando a medida que la política de inmigración ha convertido nuestro continente en una inmensa zona de aculturación tercermundista que debe aproximarla lo más posible al modelo social, económico y multicultural norteamericano inspirado por en liberalismo y explotado por el racismo sionista de extrema derecha, que sueña con un mundo homogéneo, sin pueblos diferenciados que, desde una identidad propia considerada tan sagrada como la suya, ofrezcan resistencia al rodillo israelita. Este enemigo ultraderechista y racista ve en Europa, no tanto por su poder político cuanto por su herencia cultural, el principal obstáculo al proyecto de nueva utopía postmarxista a escala planetaria. Ahora bien, el tema de la inmigración ha levantado ampollas entre los principales perjudicados por el fenómeno, que no son las clases medias y altas, sino los trabajadores. He explicado ya en muchos lugares que los conceptos políticos de derecha, centro e izquierda tienen sus correlatos sociológicos en las clases altas, medias y bajas, y que un discurso crítico contra la actual política de inmigración no debe basarse en el racismo, la xenofobia y, en general, en postulados conservadores como la salvaguarda del cristianismo frente al islam. El motivo es que el mensaje crítico va dirigido a los trabajadores, mientras que las clases medias y altas se benefician de la inmigración como mano de obra barata. No podemos construir partidos de centro contra la actual política de inmigración, porque el centro pertenece a las clases medias, y carece de sentido intentar vender un producto donde no se detecta demanda alguna. En este caso, no sólo no hay demanda, sino una clara repulsión de dichos estratos pequeño burgueses hacia unos discursos, !oh, horror! neonazis que, además, privan al profesional liberal de su canguro o de su asistenta o de su criada a bajo precio. Otro tanto cabe decir de la derecha, con mayor razón cuanto que ha sido la derecha la que trafica con los inmigrantes para engrosar el "ejército laboral de reserva" (Marx) de los parados. El capitalista quiere esclavos y ya los tiene, ¿cómo vamos a pedirle que nos apoye y nos dé su voto contra aquéllo que él mismo ha provocado y le reporta tan pingües beneficios? Por tanto, el trabajador es el único destinatario de nuestro mensaje, el trabajador no cualificado o poco cualificado, intercambiable por la carne de cañón inmigrante. El obrero, el empleado, incluso el funcionario, representa a la inmensa mayoría de la nación y por ende encarna a la nación misma. Las clases medias y altas se han desterritorializado desde hace décadas, pertenecen, material y espiritualmente, al mundo globalizado que los EEUU están construyendo y su única herencia cultural, el cristianismo, refuerza tales vínculos en lugar de obstaculizarlos. Pero el trabajador es y se considera de izquierdas y ateo. A nivel táctico no podemos esperar que el trabajador adopte nuestro lenguaje, de carácter ideológico, sino que hemos de ser nosotros quienes hablemos el suyo. Y el suyo no conoce ideologías, sino sólo problemas cotidianos relativos al trabajo, al pago de la hipoteca y a la manutención y educación de los hijos. El trabajador que en estos mismos momentos engrosa las filas del paro, que pronto caerá en una pobreza que afectará al 40% de la población, ese hombre manipualdo por todos, es, empero, el depositario del futuro de Europa y, cuando la crisis toque fondo, la promesa de un nuevo socialismo. Por este motivo no podemos dudar cuando algún día nos pregunte si somos de izquierdas o derechas, diciéndole que ni una cosa ni otra o que somos de centro. No podemos esperar que de este discurso salga otra cosa que el fracaso de nuestra causa, que es también la suya, aunque quizá todavía no lo sepa. Gracias por escucharme.


Jaume Farrerons
Madrid, 7 de noviembre de 2008

9 comentarios:

FerBraz dijo...

¿Cómo ha podido el liberalismo capitalista pasar de la izquierda a la derecha si su contenido "ideológico" no ha variado?

para los interesados: murray rothbard, ética de la libertad, el manifiesto libertario, cap. 1ro.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo...

Estoy muy interesado en que acredite y desarrolle esa respuesta. De hecho, se trata de una cuestión crucial a la hora de abrirle los ojos a mucha gente honesta que ha sido confundida por el evolianismo.

Miguel dijo...

Creo que la obra a la que se refiere FerBraz puede ser esta

http://www.casadellibro.com/libro-hacia-una-nueva-libertad-el-manifiesto-libertario/9789871239016/1083726

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo...

El eje libertarianismo-libertarismo (anarquista) es un fecunto ángulo de análisis del sistema.

FerBraz dijo...

rothbard expone que el comienzo del liberalismo (de libre mercado, gobierno mínimo, impuesto mínimo) se halla íntimamente relacionado con el dogma de la libertad personal (económica-civil), dogma personificado por los llamados Trevelers (una secta luterana-puritana inglesa) durante la revolución inglesa, el filósofo john locke y los opositores Whig (a las reformas religiosas de carlos ii), a fines del siglo xviii, la época en que se elaboró la importante obra "Las Cartas de Catón".

el liberalismo clásico, fue, como es de conocimiento público, el pensamiento instintivo de una nueva clase -la burguesía- en los albores de la revolución industrial, partiendo desde lo económico hacia cambios de toda índole.

este liberalismo fue, por motivos coyunturales, más explícito en norteamérica (que descontaba una represión eficaz de un gobierno central, ni temía una contrarevolución de un país vecino) que en francia.

así, vemos que los revolucionarios norteamericanos superan en radicalidad al pensamiento de locke (que había escrito en favor de la presión violenta si el gobierno se tornaba destructivo de la libertad): no sólo se declaran en contra el impuesto, contra la regulación y el poder del Ejecutivo sino que, siguiendo la citada "Cartas de Catón" proclaman que el Estado SIEMPRE tiende a la destrucción de los derechos individuales, invadiendo los derechos de las personas y usurpando su libertad.
en consecuencia, el gobierno -dicen- debe mantenerse reducido (asegurarse siempre de que no exceda unos límites estrechos).

ese liberalismo, de ala izquierda -anticlerical, antiestatal y antiimprerialista- tuvo su mayor avance hacia la virtual inexistencia de un gobierno central con las presidencias de thomas jefferson y de william harrison.
ese "progresismo" duró hasta la llegada de la guerra civil. momento en que los estados perdieron su importantísimo derecho de cesesión, entre otros (por causa de los altos impuestos, el papel moneda inflacionario y la conscripción forzosa que trajo la guerra).

ese liberalismo no obstante persistió hasta mediados del siglo xix.

FerBraz dijo...

en tal época los conservadores (nombre genérico de entonces para clericales, estatistas, militaristas) percibieron que si continuaban oponiéndose al sufragio universal (la bandera fundamental del liberalismo, con la que ganaban en popularidad) iban a terminar irremediablemente derrotados. entonces dijeron los conservadores prusianos y franceses que para lograr consolidar los avances de la revolución industrial se necesitaba un gobierno fuerte, central. así, para alcanzar los fines de bienestar público se debía sustituir el libre comercio por la regulación estatal de la industria y el proteccionismo, y que había que proteger al Estado glorificando la guerra en vez del individuo glorificando la paz (el bienestar público estaba sobre el bienestar individual).

surge entonces el socialismo como un movimiento híbrido, de reacción ante la nueva postura conservadora de los de maistre, escindido del liberalismo. estos socialistas tomaban elementos del liberalismo (la ciencia y la razón sobre la fe) combinándolos con elementos del conservadurismo (el colectivismo, el gusto por la coerción, la violencia y un gobierno estatista controlador).
así, el gobierno socialista, no conforme con el credo liberal de igualdad de derechos, instalaría el gobierno de una clase por sobre las demás, no conforme con la igualdad ante la ley pisotearía la ley con el objetivo de hacer realidad el objetivo quimético de la igualdad de todos los hombres.

el socialismo parecía incongruente y destinado a fracasar, y de hecho fracasó miserablemente, pero en su paso desplazó de su posición a los liberales de ala izquierda.

los liberales se dejaron desplazar, situándose al centro, como un punto medio entre estos dos extremos estatistas (un estatismo en contra del ancient regime, uno a favor, y un antiestatismo).


la razón del hecho se encuentra en que en el liberalismo se produce un cambio filosófico. el cambio filosófico se inició en herbert spencer (un liberal radical en sus comienzos) y culminó en william j. bryan y woodrow wilson.
con la teoría de la evolución muy de moda en su tiempo, se desarrolló un llamado "darwinismo social". el darwinismo social de spencer expuso, muy acertadamente, que el cambio que nos llevaría a la libertad, de suceder, no se iba a dar de golpe, de un plumazo, revolucionariamente, sino en forma gradual, tras cientos de años de evolución en la mentalidad del hombre. pero, en consecuencia se abandonó una postura de cambios radicales por una de cambios mínimos, calculados.
el socialismo atacó esta postura, acusándola de conservadora, y así logro desplazarla del ala izquierda, y situarla a la derecha, junto a los conservadores.

años después, bismarck unificaría a alemania, se generarían estatismos más fuertes, nuevos dogmas, nuevos esquemas, y, con el mundo en las puertas de la gran guerra (que demandaría nuevamente la conscripción, la inflación y el gobierno fuerte) el liberalismo clásico no tendría nada que ofrecer y decaería hasta la posición de centro político, o incluso de "ala-derecha" (aunque cabe destacar que el último movimiento de viejo liberalismo laissez-faire lo representó la "liga antiimperialista", difícilmente catalogable como tal).

FerBraz dijo...

cabe señalar que el populismo social-demócrata (al que llamamos hoy liberalismo) tiene sus orígienes en esa derivación y que no existe ya liberalismo clásico fuera del libertarianismo, que cuenta con unos pocos partidos sin representación parlamentaria:

http://www.liberallibertario.org/home/ (argentina)
http://www.lp.org/ (ee.uu)

se ve claramente que "derechas e izquierdas no son conceptos ideológicos y mucho menos filosóficos, sino estratégicos y tácticos que designan una posición respecto del poder y una relación con la inmensa mayoría de la nación, que cambian según el contexto histórico"

y que "Ser de izquierdas, cuando no en vano el sistema oligárquico identifica las fuerzas opuestas a la política liberal de inmigración con la extrema derecha, implica el uso público del significante, no sólo del significado. [...] la defensa de los intereses morales y materiales de los trabajadores. "

la pérdida de esa identificación fue la causa del derrumbe de ese viejo liberalismo. hoy derecha.

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo...

Sin embargo los supuestos "patriotas" no dejan de pretender entrar por la derecha, el fracaso de Le Pen, las operaciones "Sarkozy" o incluso el destino de Fini en Italia, no parecen enseñarles que ese camino sólo conduce a la derrota o a la ignominia (Fini sometiéndose al dogma y aceptando que el fascismo es el "mal absoluto").

Resistencia Anti-Oligárquica (RAO) dijo...

El destino del evolianismo y su lógica final:

http://www.repubblica.it/2003/k/sezioni/politica/finisr/leggi/leggi.html