sábado, enero 01, 2011

La religión germánica y el ocaso de los dioses (2)

Ragnarök, el ocaso de los dioses

"Es posible mencionar muchos otros factores que influyeron en la creación del universo social del hombre clásico. Así, por ejemplo, Fustel de Coulanges, en un estudio notable, demostró la importancia de las antiguas religiones arias en el desarrollo de las instituciones democráticas y en los hábitos de raciocinio que florecieron en las ciudades-estados."
(Salvador Giner, Historia del pensamiento social, Barcelona, Ariel, 1984, p. 27).


Podemos hablar de una cosmovisión semítico-africana y de una cosmovisión indoeuropea que dan vida a sistemas filosóficos y a sensibilidades políticas opuestas:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2009/01/la-religin-germnica.html

No se trata de una cuestión racial, porque “indoeuropeos” y “semitas” son etiquetas que distiguen familias de lenguas y culturas. Éstas quizá pudieran proceder de un antepasado étnico definido, pero lo que es seguro es que, a medida que se expansionaban, fueron difuminando su identidad biológica. En general, puede afirmarse empero que existe una relación entre lo indoeuropeo y el tipo antropológico caucasiano. Harina de otro costal es demostrar una relación de causalidad entre el código genético y los valores, ideas e instituciones de la civilización occidental. En cualquier caso, conviene subrayar que un mecanicismo biológico tal anularía el concepto mismo de libertad, valor irrenunciable de la cosmovisión aria. Respecto de la religión germánica como expresión depurada de la axiología característica de las culturas indoeuropeas, que es lo que nos interesa en este post:

La religión de los germanos, cuya base documental nos ha sido transmitida por fuentes escandinavas –fundamentalmente islandesas- redactadas entorno al año 1000 n.e., representa un legado mitológico de gran interés. Domina en ella una visión trágica del mundo, que se manifiesta en la omnipresencia del conflicto y en la sobredeterminación del destino. Este último orienta la mitología de los hombres del norte y cobra una importancia tal vez mayor que en ninguna otra cosmovisión religiosa. Educado para la guerra, consagrado a ella, el germano se sabe convocado a una batalla final cuyo signo es conocido de antemano. El motivo del Ragnarök –el destino de los dioses- dota a la religiosidad germánica de un tinte destinal y de una coherencia trágica que se sobreponen a la voluntad y al mérito. Apenas hay lugar en ella para una soteriología éticamente orientada. La escatología, ya se exprese en forma épica ya en forma apocalíptica, hunde sus raíces en una metafísica destinal ajena a cualquier doctrina de salvación.[1]

Sin duda, estas evidencias eran harto conocidas por Heidegger y fueron determinantes a la hora de concebir el retorno de Alemania a “lo propio” como una operación histórico-política que trascendía la cristianización del país. Por otra parte, según Patxi Lanceros:

Las cosmovisiones o culturas escenifican diferentes articulaciones de sentido que componen la leyenda humana: leyenda (en el sentido de rastro legible, de huella interpretable) que es preciso conocer no por mera curiosidad etnográfica o por impulso de coleccionista, que acumula, registra y cataloga vestigios del remoto pasado sin aparente interés. No. La leyenda humana muestra las imágenes de sentido que, a modo de fundamento simbólico, hacen posible los diferentes modos de existencia colectiva: de relación interhumana, de relación con el mundo físico y con el transfondo meta-físico.[2]

Ahora bien, no parece descabellado establecer una relación entre los valores y el transfondo metafísico de la religión germánica originaria (que conviene abstraer de sus versiones “contaminadas” por la aculturación cristiana y semítica), y la filosofía alemana en general y heideggeriana en particular, como ya hemos señalado en el post citado con que abordamos hace un año la temática que nos ocupa [3].

Los germanos no buscan un mundo feliz y tampoco un culpable de que el mundo sea infeliz, enemigo diabólico al que habrá que exterminar para realizar el paraíso. Por tanto, sus relaciones con el enemigo son muy distintas que las de quienes plantean idearios utópicos. Siendo la utopía algo inminente que pondrá fin a todos los conflctos y males, quienes se opongan al progreso o al reino de dios han de ser privados de su humanidad (diabolizados) y cualesquiera medios que se utilicen en la lucha escatológica son válidos. Por ese motivo, podemos afirmar que la diabolización de los judíos por parte de los nazis no es germánica, sino cristiana y, en última instancia, de procedencia hebrea. Para poder entender la profunda incompatibilidad de sentido entre las cosmovisiones indoeuropea y semítica, conviene observar las alteraciones que supone la cristianización en el relato de las antiguas sagas populares de los pueblos nórdicos:

El pueblo germano, que había comenzado sus desplazamientos migratorios en el Siglo II, vivía la existencia terrenal como una vida plagada de inseguridades, en la que todo aquello que ocurre a los demás se siente también como algo propio, en la que el ser humano está inexorablemente expuesto a un destino contra el que no es posible luchar, un destino sin piedad, sin compasión, una vida en la que el individuo se siente constantemente conmovido y atemorizado por la muerte. Ahora, el cristianismo se presente como la única vía para encontrar protección después de la muerte, confirmando la existencia en el más allá y conmoviendo su alma con ello.[4]

 El “progreso” consistirá aquí en el paso de una creencia perfectamente compatible con la ciencia, a una fe que satisface los deseos del interesado pero que traiciona el sentido más profundo de la experiencia vital originaria, inicialmente sacralizada por los germanos:

La idea de que seguimos viviendo en nuestros hijos y en quienes nos recuerdan con amor no debe parecernos exótica, pues seguimos compartiéndola. El cristianismo, sin embargo, introdujo un elemento nuevo, la idea de eternidad, que es radicalmente contraintuitiva, frente a la naturalidad de las creencias germánicas: por muchos hijos, nietos y biznietos que tengamos, por mucho que nos recuerde la gente, necesariamente llegará el momento en que habremos desaparecido por completo. Para los germanos, la fama y el recuerdo terminaban definitivamente, como todo (incluso los dioses), y no había lugar para una idea de eternidad que incluso ahora resulta imposible de entender cabalmente.[5]

El final “feliz”, tan común en las producciones cinematográficas actuales de Hollywood, se impone obligatoriamente con el cristianismo. Así, modifica incluso el significado primitivo del Hildebrandslied:

 (…) el padre reconoce que en contra de su voluntad se ha convertido en el asesino de su hijo. Una versión cristiana posterior del Cantar más joven de Hildebrand daba a la lucha un final conciliador. En el Cantar de Hildebrand primigenio la creencia en un destino incomprensible, del que el individuo no puede escapar, determinaba la acción.[6]

La primitiva religión de los judíos tampoco aceptaba la inmortalidad. El caso germano es, sin embargo, relevante incluso en el contexto general mortalista de los pueblos originarios porque hace extensiva la mortalidad a los propios dioses. Y si es cierto que la mortalidad de los dioses también se detecta en otras creencias tribales, el lugar central del "heroísmo catastrófico", el Ragnarök, en el centro de la mitología germánica, constituye un hecho único. Los griegos, por su parte, aceptan la mortalidad humana y la inmortalidad de los dioses. En principio, la idea de la inmortalidad se difunde a partir de la divinización nilótica del rey, que se hace extensiva de forma paulatina al resto del pueblo egipcio y, quizá, también a los judíos que residen en el Nilo como esclavos del faraón. La primera noticia histórica sobre la inmortalidad se remonta al tercer milenio:

 (…) en todo ello persiste la categoría de excepción de la cual Egipto es el ejemplo más conocido. Ya en tiempos de la 6ª dinastía, más o menos en el año 2300 a. C., una inscripción en la tumba de Herkhuf aclara que la condición de cada uno después de la muerte depende de su conducta en la vida: ‘di pan a los hambrientos y ropa a los desnudos, llevé mi barco a quien no tenía el suyo… Nunca dije nada malo a un poderoso, ni nada en contra de nadie; siempre deseé que me fuese bien en presencia del Gran Dios.’ Aproximadamente en esta época, los egipcios perfeccionaron notablemente el arte de la momificación.[7]

Posteriormente, con el cristianismo, esta fe originariamente africana se extiende por Europa occidental aprovechando como “playas de desembarco” las sinagogas dispersas por el Mediterráneo. Puede documentarse, no obstante, que el inmortalismo había penetrado ya antes en el continente europeo, directamente desde Egipto, a través de movimientos religiosos como el orfismo, que inspiró, a través del pitagorismo, los fundamentos metafísicos de la filosofía de Platón. El perfecto encaje entre platonismo y cristianismo, que Nietzsche denunciara con vehemencia, supone la lenta impregnación de la cultura griega por valores que originalmente, como rama étnica indoeuropea emparentada con los germanos desde el punto de vista lingüístico-cosmovisional, le eran totalmente extraños. Finalmente, la secularización del cristianismo nutre el progresismo, en todas sus versiones (liberal, comunista, anarquista y socialdemócrata), con la idea soteriológica de una consumación “utópica” de la historia. Es decir, afecta al sentido mismo de la existencia humana con la mediación de una concepción del tiempo preñada de consecuencias políticas. De estas fuentes dudosamente racionales bebe, empero, la denuncia de “cosmovisionalidad”, es decir, de irracionalidad, imputada por la Escuela de Frankfurt a la filosofía de Heidegger, la cual Habermas llega a caracterizar como “neopagana”. En definitiva, con la pregunta por los orígenes de la cosmovisión proyectamos hasta su extremo cronológico la cuestión óntica de que aparece transida aquélla, pero sin pretender fundamentarla –no es este el lugar adecuado- en términos historiográficos positivos. En el interior de la tradición filosófica, dicha dicotomía se corresponde con aquella otra que opone desde hace siglos Platón a Heráclito y el “ser” al “devenir”. Mucho más actuales pero sin trascender quizá, en el fondo, la radicalidad del inicio, son los oscuros affaires pendientes que ya han sido puestos sobre el tapete por Habermas en obras como Israel o Atenas (2001), en dolorosas polémicas “culturales” que se remontan a la dicotomía hebraísmo-germanismo de los judíos asimilados, al planteo por Hermann Cohen de una “síntesis” judeo-alemana y a lo dicho en Die Religion der Vernunft aus den Quellen des Judentums (1919), un libro del neokantiano marburgués en el que Heidegger viera el resumen de todo aquello a lo que debía oponerse por motivos que –intentaremos demostrarlo- van más allá de un vulgar antisemitismo; razones legítimas que tenemos el deber de escuchar a pesar de los espantajos políticos.

Nuestra meta: definir, frente al judeo-cristianismo, qué significa ser europeo. La recuperación de las raíces de Europa es compatible con la ciencia, de procedencia griega, pero no con el monoteísmo. La religión oriental nos ha conducido a la ruina, cuya expresión secularizada es la actual sociedad de consumo. Hemos excavado en lo más profundo de nuestra tradición y allí no hemos encontrado a Cristo, sino el "ser-para-la-muerte" de Heidegger, condensación filosófica del germanismo:

 http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2010/10/el-ser-para-la-muerte-y-la-negacion-del.html

Continuaremos explicándonos en próximas entregas.

Jaume Farrerons
1 de enero de 2011

Fuentes y citas

[1] Lanceros, P., El destino de los dioses. Interpretación de la mitología nórdica, Madrid, Trotta, 2001, p. 17.

[2] Lanceros, O., op. cit., p. 13.

[3] Châtelet, F. / Mairet, G. (Eds.), Historia de las ideologías. De los faraones a Mao, Madrid, Akal, 1989, pp. 116 y 118.

[4]  Hernández, I. / Maldonado, M., Literatura alemana, Madrid, Alianza, 2003, p. 13.

[5]  Bernárdez, E., Los mitos germánicos, Madrid, Alianza, 2002, pp. 88-89.

[6]  Roetzer, H. G. / Siguan, M., Historia de la literatura alemana, I, Barcelona, Ariel, 199o, p. 18.

[7]  Bowker, J., Los significados de la muerte, Cambridge, Cambridge University Press, 1996, p. 53.

11 comentarios:

Fernando dijo...

Felicidades por el blog, lleno de contenidos interesantes.

¿No ha pensado en recomendar y criticar libros que usted considere interesantes?

Mucho ánimo con su labor.

Rodolfo Plata dijo...

Nietzsche auscultó el alma cristiana, y descubrió que el malestar de nuestro tiempo no estaba el individuo sino en la civilización occidental enferma y decadente. Y diagnosticó la patología actual de nuestra sociedad: la indeferencia hacia la religión, y exclamó ¡Dios ha muerto! La teología y moral judeo cristiana son cuestionadas en tanto implican juicios valorativos/morales. Y señaló que la solución no es desarrollar una terapia tendente a adaptar el individuo una sociedad decadente sino renovar las creencias y valores morales judeo cristianos causales de la decadencia de la sociedad. E inició la lucha redentora contra el judeo cristianismo por el cristianismo, a fin de actualizar la doctrina milenaria de la Iglesia que por su anacronismo y ex temporalidad, es la causa de la severa crisis de la Iglesia y de la perdida de la fe. http://www.scribd.com/doc/48104400/Nietzsche-y-La-Lucha-Contra-El-Judeo-Cristianismo-Por-El-Cristianismo

Jaume Farrerons dijo...

Para Fernando:

Gracias por tus elogios, Fernando. Seguiremos en la brecha arrojándole al enemigo todo lo que tengamos a mano, hasta las cáscaras de una pipa, cuando ya no nos queden balas que disparar.

Respecto al comentario de libros, de hecho en todos mis posts se comentan libros, pero la unidad temática del blog no es el libro, sino las cuestiones relacionadas con la idoelogía antifascista. Los libros se comentan al hilo dichos nódulos o problemáticas, que van formando una especie de espiral entorno a la cuestión central de la huida ante la verdad.

Para Rodolfo Plata:

Me gustaría, dicho sea con todos los respetos, que me explicara de dónde proviene la idea de que Nietzsche intenta renovar el cristianismo. La evidencia es otra. Basta con leer sus libros. Lo que pretende Nietzsche es todo lo contrario de lo que usted, al parecer, reivindica: Nietzsche quiere extirpar el cristianismo como la causa de todos los males de nuestra sociedad occidental.

Le recuerdo que una de las obras de Nietzsche se titula "El Anticristo", un rótulo bastante expresivo, donde el autor habla expresamente de una "maldición sobre el cristianismo" (subtítulo).

No hay recuperación del cristianismo en Nietzsche. El intento de interpretar a Nietzsche desde posiciones cristianas es cosa de los nazis, y ya sabemos cómo terminó el experimento.

Pero precisamente lo único que se quedaron los nazis del cristianismo, bajo la influencia de Wagner, fue el antisemitismo. No, por ejemplo, el amor al prójimo. Resultado: la persecución de los judíos, con todas las secuelas que se han derivado de tamaño error.

Y todo porque no se entendió el mensaje de Nietzsche.

Anónimo dijo...

"Ahora, sólo un Dios puede salvarnos...la filosofía no podra producir un inmediata modificación inmediata del estado actual del mundo...y resta como unica posibilidadad la de preparar en el pensar y el de poetizar, una disponibilidad para la aparición de un Dios o para la ausencia del Dios de la decadencia, pues en la presencia del Dios ausente nostoros decaemos" M. Heidegger
Tal cual toda una afirmación contra el tomismo el protestantismo, pero que no concuerda con su opinion. Tal vez Heidegger se refiera al dios de San Agustin.

Jackobs dijo...

Es interesante lo q dices, sin embargo el deseo de trascender, de la vida en el más allá... no creo q tenga su origen en Egipto, por mucho q la cultura escatológica de esa civilización todavía no haya sido superada. Pienso q se trata de un deseo innato del ser humano propio de su naturaleza inteligente y q en consecuencia es intercultural. Piensa en la creencia oriental de la reencarnación... Los indios precolombinos tenían una vasija de barro sagrada con el resto machacado de los huesos de sus antepasados dentro. Esa vasija se daba a beber mezclada con hierbas alucinógenas en ciertas ceremonias, es otra forma de vivir en el mas allá, en el cuerpo de otro... En nuestra cultura destaca la figura del heroe cuyas gestas sobreviven a su tiempo y es venerado en el recuerdo grupal mucho más allá de su muerte. Con eso lo q quiero decir es q para hacer una escultura primero uno debe conocer la arcilla, el barro q se va a moldear. Mucho más importante q plantear un deber ser, debe ser la comprensión de la naturaleza del ser. Sólo una "élite" intelectual es capaz de asimilar q ya no somatizar lo q dices, pero pretender q te siga el resto me parece fuera de lugar, al resto uno debe llegar a través del mito, es triste pero es así.

Jaume Farrerons dijo...

Para el Anónimo de la cita:

Para cualquier lector o conocedor de Heidegger, cuyos críticas a la teología y al platonismo llenan una obra de más de 100 tomos, es obvio que no se refiere al dios de San Austín, un platónico cristiano. Se refiere a una noción de lo sagrado que yo no he rechazado nunca (si se lee el blog), al contrario, que he reivindicado.

Pero el dios de San Agustín es precisamente el dios d ea metafísica, de la onto-telogía, que Heidegger intenta superar.

El dios de San Pablo, quien no en vano dijo: "si los muertos no resucina comamos y bebamos aue mañana moriremos" (1 Cor, 15 32), lo más anti heideggeriano que puede decirse.

Jaume Farrerons dijo...

Es un hecho que las culturas primitivas, hasta Egipto, no contemplan la posibilidad de una vida paradisíaca en el más allá. Lo que hay, a lo sumo, es una especie de mundo fantasmal para espectros errantes que, en ningún caso, se puede confundir con el la idea egipcia, luego platónica del más allá o con la hebreo-cristiana resurrección de la carne.

Y, desde luego, que los héroes sean recordados por la comunidad no es lo mismo que vivir eternamente en el "cielo". Sobre esta cuestión ya habla el post, precisamente, y en el post que le precedió sobre el mismo tema, enlazado al principio, se contestan muchas dudas que puedan tener el lector.

Sólo una minoría puede, en nuestra cultura, hacer suyo el "ser para la muerte", ciertamente. Pero se trata de construir una sociedad donde todos vivan en la verdad. La antítesis espiritual de la actual sociedad de consumo.

Rodolfo Plata dijo...

JAUME:El ataque de Nietzsche a la metafísica, así como a todo fundamentalismo y la moralidad judeocristiana", han marcado profundamente al siglo XX y, posiblemente sea uno de los ejes que sobre los que gira el pensamiento de la modernidad y abre el reconocimiento de una transformación de la conciencia, para la cual es necesario alcanzar la trascendencia humana patente en Cristo. La modernidad ha descubierto el engaño de la religión de creencias que impone por fuerza de ley lo que no se puede comprobar y es contrario a la razón y al sentido común aduciendo falazmente que es palabra de Dios. Esto es lo que se expresa en su “Dios ha muerto. http://www.scribd.com/doc/42618497/Imperativos-Que-Justifican-y-Exigen-Urgentemente-Un-Nuevo-Enfoque-Del-Cristianismo

Anónimo dijo...

El Dios que describe Heidegger es el de Platon al ser uno con poder de voluntad, por lo que la descripción coincide en una oposición clara a Aristoteles o Tomas de Aquino y su "Dios ausente" o más propiamente el Dios que pasa a ser remplazado por la naturaleza.

Platon padre y argomaestre tanto de la fenomenología como de todo nacionalismo revolucionario, no puede al menos filosóficamente ser pasado por alto sin caer en el error.

La alegoría de la caverna coincide con el pensamiento fascista del hombre nuevo, que no sólo rompe las cadenas que le a impuesto la sociedad sino que abre los ojos a la luz a seguir y llegar a la verdad.

En todo el proceso existe una vida factica, de la vida del sacrificio y del deber.

Jaume Farrerons dijo...

Para Rodolfo Plata:

No veo por qué motivo, para superar los fraudes y abusos del cristianismo eclesial, debamos volvernos precisamente hacia la figura de Cristo, es decir, hacia alguien que afirmó que él era el hijo de Dios. El engaño empieza ahí, Rodolfo. No se apaga un incendio con gasolina.

Explícanos un poco más tu postura. Yo no la entiendo, te lo aseguro.

Jaume Farrerons dijo...

Para Anónimo:

Toda la filosofía de Nietzsche y Heidegger es una crítica del platonismo y una defensa del presocrático Heráclito y de la tragedia griega.

Con todos los respetos, quien afirma lo que usted afirma no ha leído ni una palabra de Heidegger.

Me remito a las lecciones de Heidegger sobre "Nietzsche", publicadas en dos tomos por la ediorial Destino en 2000.

Las lecciones son de los años 40 y critican precisamente las concepciones nazis sobre Nietzsche y las dependencias platónicas que están detrás de los pseudo filósofos al servicio del régimen.

El "fascismo" genuino es nietzscheano y, por tanto, anticristiano y antiplatónico.