imágenes del mal absoluto

viernes, enero 16, 2015

El misterio de la Marca Hispánica

PUBLICADO EN LA REVISTA NIHIL OBSTAT NÚMERO 22 CORRESPONDIENTE AL PRIMER SEMESTRE DE 2014
















El presente artículo no pretende aportar una contribución científica a la historia de Cataluña. Renuncia de antemano, en otras palabras, a “hacer historiografía” académica; más modestamente, esbozará una simple aproximación preliminar al problema histórico, político y filosófico de un fenómeno denominado “la Marca Hispánica”. El grado de tensión y adoctrinamiento imperante en Cataluña por uno y otro bando –“españolistas” y “catalanistas”- es tal que, en la actualidad, se ha llegado a cuestionar incluso la realidad de dicho fenómeno. Ha devenido ya pues, la Marca Hispánica, fenómeno puro, resultado de la correspondiente “reducción” en el sentido fenomenológico de la palabra. Así, será menester empezar por lo elemental, una cuestión casi filosófica: el ser o la nada de la cosa misma. 
Nuestra primera pregunta resulta obligada: ¿existió la Marca Hispánica o fue sólo, en la mente de Karl der Grosse,[1] una mera ocurrencia fallida? Ésta, poco más o menos, sería la tesis de la Viquipèdia: 

Durant el segle XVI i XVII, i tal com ha reiterat Michel Zimmermann, el concepte Marca Hispànica esdevingué un concepte historiogràfic sustentat per raons ideològiques a fi de justificar, tant els drets de la corona francesa sobre territoris catalans, i també per a situar-hi, de manera anacrònica, el naixement del Principat de Catalunya.[2]

La inequívoca conclusión de los “sabios” independentistas es la siguiente:

Durant la segona meitat del segle XX els historiadors medievalistes José Antonio Maravall i Casesnoves i Ramon d'Abadal i de Vinyals demostraren concloentment la inexistència de cap Marca Hispànica com a entitat territorial o administrativa, i que la locució Marca Hispànica fou solament un mer recurs literari culte usat en els Annales regni Francorum. Tot i haver estat refutada l'existència d'aquest ens territorial, durant els anys noranta del segle XX l'historiador català Flocel Sabaté denuncià que el concepte historiogràfic de Marca Hispanica, com a punt de naixement de Catalunya, s'estava tornant a reviscolar i era reintroduit en manuals d'història de Catalunya destinats a la formació d'estudiants de primària i secundària.[3]

Se afirma aquí la “inexistencia de la Marca Hispánica como entidad territorial o administrativa”. Más todavía: el vocablo Marca Hispànica se reduciría a… ¡mero recurso literario! Pese a ello, este fantasma apareció con reiteración en los libros de historia y en manuales escolares hasta los años cuarenta y luego, otra vez, insistente pese a su vacuidad, a partir de los años noventa del siglo XX. ¿Una conspiración política, quizá? No cabe la menor duda sobre el sentido de la asombrosa postura de Viquipèdia, la cual apela, además, a fuentes académicas concretas y perfectamente identificables. La lid parece perdida para quienes, basándonos en esa misma historiografía que la Viquipèdia denuncia ahora, reivindicábamos desde el 2006[4] la realidad histórica de la Marca Hispánica como núcleo del que surgiera, de forma directa, es decir, sin solución de continuidad, aquello que conocemos como Catalunya”. 
Pero, ¿qué pasa si entramos en la Wikipedia en castellano? Véase: 

La Marca Hispánica era el territorio comprendido entre la frontera político-militar del Imperio carolingio con Al-Ándalus y los Pirineos, desde finales del siglo VIII hasta su independencia efectiva en diversos reinos y condados. A diferencia de otras marcas carolingias, la Marca Hispánica no tenía una estructura administrativa unificada propia. / Tras la conquista musulmana de la Península Ibérica, los carolingios intervinieron en el noreste peninsular a fines del siglo VIII, con el apoyo de la población autóctona de las montañas. La dominación franca se hizo efectiva entonces más al sur tras la conquista de Gerona (785) y Barcelona (801). La llamada «Marca Hispánica» quedó integrada por condados dependientes de los monarcas carolingios a principios del siglo IX. Para gobernar estos territorios, los reyes francos designaron condes, unos de origen franco y otros autóctonos, según criterios de eficacia militar en la defensa de las fronteras y de lealtad y fidelidad a la corona.[5]

Aquí no se niega la existencia de la Marca Hispánica. La postura de la Wikipedia en castellano es que la Marca Hispánica carecía de “estructura administrativa unificada propia” porque estaba gobernada por los titulares de los diferentes condados. Ya veremos si esta afirmación puede sostenerse. De momento limitémonos a confrontar las respectivas tesis de ambas páginas de la Wikipedia. 

La Viquipèdia (catalana) concluye, en efecto, de la inexistencia de dicha “estructura administrativa unificada propia”, la “no existencia” en absoluto de la Marca Hispánica; razonamiento que, a todas luces, constituye un abuso lógico, siendo así que los fenómenos históricos no se articulan necesariamente en forma de estructuras administrativas unificadas. Para acreditar esta pretensión, bastará una constatación básica: Catalunya no fue (oficiosamente) una realidad política soberana hasta el siglo XI, cuando uno de los condes, el de Barcelona, pasó a ostentar, de facto, la función de príncipe. La primera asamblea catalana común, célula germinal del futuro parlamento, se celebró en 1027. Nuestra fuente es aquí la página del propio Parlament de Catalunya.[6] ¿Debemos concluir, pues, que Catalunya no  “existió” hasta entonces? ¿Surgió Catalunya ex nihilo en el acto mismo de constitución de la mentada asamblea? Lo cierto es que Catalunya existía ya, de forma embrionaria, desde dos siglos atrás y, precisamente, en calidad de Marca Hispánica o Marca de Gotia, el único concepto genérico, y por cierto administrativo, que durante los siglos IX y X dotaba de unidad a los distintos condados catalanes. Por otro lado, si las realidades políticas dependen de la facticidad empírica de los documentos administrativos, Catalunya nunca habría sido “independiente”, porque sólo devino tácitamente “soberana” a raíz del tratado de Corbeil con Francia, pero entonces era ya “parte” de la Corona de Aragón.[7] Uno no “paga” por un derecho del que ya es titular y no existe ningún sujeto jurídico denominado “Catalunya” en el redactado de dicho “documento diplomático”. 

El presente artículo consistirá en pertrechar la hipótesis de la existencia histórica de la Marca Hispánica. La causa de los catalanistas que defendemos la realidad y el papel decisivo de la Marca Hispánica en la génesis de Catalunya no estará así perdida. Volveremos más abajo a retomar las fuentes historiográficas para refutar las vergonzantes imposturas de los independentistas.

Significado político y filosófico de la Marca Hispánica

Pero, ¿por qué sería tan importante, a la postre, la comprensión de la Marca Hispánica? Veámoslo. Tres son las razones éticas, históricas y políticas: a/ una hispanidad pre-castellana y pre-española; b/ una germanidad política, no racial; y, c/ una europeidad axiológica, ética, cultural, no meramente mercantil: lucha de Europa contra el islam. 

Esta realidad histórica desecha, ayuna de sentido, la famosa cuestión de si Cataluña “pertenece” o “no pertenece” al “Reino de España”. En realidad, la pregunta fructífera y salutífera sería la que planteara en qué medida “España” y, singularmente, el “Reino Borbónico de España”, “correspóndese” con Cataluña. Pues tan fraudulenta como la Catalunya oligárquica, la Catalunya del pujolismo, es la “castiza” del “Reino de España”: emanaciones simétricas de idéntica traición a Hispania. La Marca Hispánica no les dará jamás, por tanto, la razón a los españolistas. La Marca Hispánica se la quita a unos y a otros por igual, precipitándolos, cual confusa algarabía, en la abismal deshonra de un neotribalismo ibérico pre-hispánico. 

En primera instancia, efectivamente, parece que los más perjudicados por el “ser” de la Marca Hispánica serían los secesionistas, pues “hispánico” significa, tanto en su boca cuanto en la de sus antagonistas tribales, lo mismo que “español”. Pero ya sabemos que para adquirir el rango de genuino español patriota hubo siempre que pasear con arrogancia señorial la “pureza de sangre”, a saber, la condición de católico, monárquico, castellano y “de derechas”, en breve la de burgués biempensante, un personaje que ha tratado a este país como su finca privada desde hace siglos. Los “otros” (catalanes, vascos, ateos, trabajadores, republicanos) seríamos, a lo sumo, españoles de segunda, sólo medio españoles, españoles sospechosos o meritorios puestos a prueba en el ranking de la honra nacional. La España eterna dixit. De ésta tenemos en Cataluña mucha escoria residual, unos energúmenos dispuestos a alegrarse –pero “se equivocó la paloma”– de que la Marca Hispánica convierta Cataluña en una “región” que “pertenece” a “España” (=Reino Borbónico de España). Siento decepcionar a estas personas tan importantes, cuyo odio a Cataluña, a los catalanes, a la lengua y la cultura catalanas –y, por ende, a todo lo que significa la Marca Hispánica– es tan feroz como el odio que los independentistas de Montserrat, franquistas al revés, les profesan a ellos. ¡Qué bien se entienden, en el fondo, todos, léase: CiU y el Partido Popular! ¡Con qué arte nos están metiendo el supositorio del neoliberalismo tras el teatrillo de las banderas! Porque los españolistas no desprecian en el catalán al oligarca, al católico, al súbdito del “virrey”, al derechista empetrecido: discriminan “lo catalán” como tal, depurado de aquéllos otros trazos sociales que, a fin de cuentas, los “fachas” comparten con la pandilla de Artur Mas.

Habrá que recordar aquí algo que, al perecer, acerté, en mi torpeza, a articular lingüísticamente por primera vez y que comienza a extenderse como una consigna: “yo no soy español ‘y’ catalán, soy español porque soy catalán”. Pero incluso esta fórmula ha quedado ya obsoleta por el descrédito que connota –en las pituitarias- el “Reino Borbónico de España” y la “españolidad”, a saber: que la tropa centralizadora, neoliberal, del “derecho a castellanizar” como “no nacionalista” conduce no sólo al PP de Madrid (o, si uno vive en Terrassa, a Ciutadans), sino a Tel Aviv y Washington, el mismo destino que los separatistas de la Rahola. Estos enemigos del pueblo trabajador hispánico, que llevan siglos usurpando la palabra “España” –igual que los “catalanistas” usurpan a casa nostra la palabra “Cataluña”– no merecen, por tanto, beneficiarse de nuestro asco por la oligarquía local. Rectifiquemos, pues: “no soy catalán y español, soy hispánico porque catalán”. Y cuando más ahondo en mi catalanidad, tanto más aflora “lo hispánico” del fundamento, de la romana, pagana y “gentil” auctoritas. Por si fuera poco, añado que, siendo catalán, es decir, hispánico por antonomasia, no necesito acreditar mi condición de tal: “si eres español, habla español”, o sea, habla “en cristiano”.  No. ¿Depongo mi condición hispánica cuando hablo o escribo o leo en catalán? Antes bien, la reafirmo en toda su integridad y, precisamente entonces, con la máxima radicalidad. 
Pero, adviértase, es el castellano el que “pertenece” a lo hispánico. Y la Marca Hispánica significa, ante todo, Gothia Launia: un concepto político y espiritual europeo que Castilla no concede graciosamente a los catalanes, sino que Cataluña encarna y promueve en España, en ocasiones a pesar de ella misma. España “forma parte”, pues, de la Marca Hispánica y no a la inversa. Me quedo corto: el “Reino Borbónico de España” representa, en todo caso, el verdadero fracaso de Cataluña. El catalanismo oligárquico secesionista exprésase en la metáfora de ciertos humores purulentos que manan de una herida: el fiasco de España como nación, la incapacidad del “Reino de España” en el quehacer histórico de estar a la altura de Hispania por culpa, en parte, pero sólo en parte, de la propia Cataluña. La traición del “Reino Borbónico de España” a Hispania es aquello que, como catalanes, tenemos que proclamar en todos los foros para que nuestra protesta se convierta en canción, poema y  añoranza de la patria. De ahí la importancia, pues, de la Marca Hispánica. La Marca Hispánica no es española, porque el “sentido de Europa” precede a todo “concepto” de una nación pseudo moderna denominada “España” y con “capital” en Madrid. Y, no siéndolo o, precisamente, por no serlo, confiere al carácter hispánico de Cataluña una virtualidad popular contra el separatismo catalán –oligárquico, católico, derechista– que moriría de golpe, por colapso ético y conceptual, si se identificara la Marca Hispánica –como ya ha sucedido en los fastos del 12 de Octubre-[8] con todo aquéllo que representan, en Cataluña, partidos políticos como el PP o Ciutadans: Sefarad

Pero existe todavía una segunda razón en virtud de la cual la Marca Hispánica resulta, como idea, letal, desde el punto de vista político, para unos y otros, es decir, para “secesionistas” (de Tel Aviv) y “unionistas” (de Sefarad). Es el carácter germánico de la Marca Hispánica. Un rasgo “políticamente incorrecto” que conviene no confundir con ningún tipo de etnicismo, pues la etnia germánica desempeña en Cataluña un papel exclusivamente político, no racial. Evidentemente, para que ello sea posible, debió haber “germanos de verdad” en Cataluña, y los hubo, pero relativamente pocos desde el punto de vista de los volúmenes demográficos étnicamente determinantes. Sin embargo, son germanos, primero de etnia goda, luego franca, quienes fundan la Marca Hispánica. Esta circunstancia resulta rabiosamente incompatible con todo el imaginario independentista, de signo antifascista, que identifica a los germanos con los alemanes y a éstos, a su vez, con el “fascismo”, el crimen, el mal… Además, se trata de germanos que operan en estricta condición de militares, es decir, satisfaciendo casi todos los tópicos y fobias idiotas del antifascismo, las cuales fúndense en un cortocircuito intelectual que ha provocado, desde que osé recordar los hechos, una virulenta reacción en la que se intenta negar, a cualquier precio, esta “realidad” molesta en la genealogía de la actual Cataluña oligárquica.

Por último, una tercera razón concita las iras todas de los separatistas contra la Marca Hispánica, a saber, que ésta nace en lucha real, sangrienta e insoslayable de los catalanes-germanos originarios, que a la sazón arraigaron en Gòtia, contra los sarracenos-islámicos. Los “gothaláunicos” conformaron una “comunidad combatiente” que experimentó la verdad de la muerte y la elevó a estandarte en las “cuatro barras de sangre” del Sein zum Tode (ésser-vers-la-mort: “ser para la muerte”) heroico-trágico: 

Algo debe emerger, algo que no es el individuo como tal ni tampoco la comunidad como tal. La camaradería de los soldados en el frente no tiene su fundamento en el hecho de que se encontraron allí algunos porque faltaban otros que estaban en otro lugar, tampoco en que se unieron en un entusiasmo compartido, sino porque únicamente la cercanía de la muerte como una ofrenda redujo a cada uno a la misma pequeñez (Nichtigkei) de tal modo que ésta se convirtió en el origen de la irrecusable mutua pertenencia. Precisamente la muerte, que todo hombre debe morir por sí mismo, justamente la muerte y la disposición a convertirse uno en su víctima, es la que crea antes que nada el espacio de la comunidad del cual emerge la camaradería.[9]

La Marca Hispánica convalida simbólicamente la causa de los patriotas que, en Cataluña, nos oponemos sin dobles lenguajes ni vacilaciones a la islamización de nuestra patria, mientras los supuestos “patriotas” independentistas de la oligarquía, consumando la traición de su padre putativo Jordi Pujol, arengan a la llegada masiva de inmigrantes, celebrando “el mestizaje” universal y, en definitiva, la destrucción de esa Cataluña a la que tanto dicen amar pero que, en realidad, entregan de hecho en bandeja, por unas pocas monedas de plata, a los oligarcas del gran capital cosmopolita. 

¿Existió realmente la Marca Hispánica?

Dicho esto, regresémonos a la pregunta inicial con plena consciencia de que no nos enfrascamos en un tema meramente erudito, sino en una polémica donde se decide el futuro de nuestros hijos. Nos limitaremos, como hemos dicho, a hacer acopio de una documentación básica para emitir las correspondientes conclusiones provisionales. Tómese, así, un volumen de la Història de Catalunya de Ferran Soldevila y Ferran Valls i Taberner: 

La Marca Hispànica. Les marques eren regions de frontera que constituïen la defensa de l’Imperi franc. Estaven sota la autoritat del marquès escollit pel monarca entre els comtes que regien els diversos comtats que les integraven. La Marca Hispànica, formada primitivament amb els territoris del nostre país conquerits pels francs als sarraïns (comtats de Girona, Empúries i Barcelona-Ausona), i poc després integrada també per alguna de les contrades on la dominació carolíngia s’havia estès per influència (comtat d’Urgell-Cerdanya), estigué enllaçada força anys amb la Septimània o Gàl·lia gòtica, constituint juntes el marquesat de Gòcia.[10]
 
El territorio  de “Gòcia” es también, y más comúnmente, conocido como Gotia, a caballo de los Pirineos orientales y gobernado por los depositarios de la hispanidad imperial heredada de Roma, a saber, los godos, hasta la fundación de la Marca Hispánica. Resulta difícil de creer que la Marca Hispánica se reduzca a una mera invención literaria utilizada con fines de adoctrinamiento españolista cuando historiadores consagrados de la talla de un Ferran Soldevila o Ferran Valls i Taberner utilizan el concepto con tanta soltura y despreocupación. La tesis de la Viquipèdia da mucho que pensar sobre el significado de la “ciencia” en tiempos orwellianos. Pero veamos qué sostienen los citados historiadores sobre el carácter administrativo de la Marca Hispánica:

Així, la part del nostre país lliure del domini musulmà estigué inclosa dintre de l’organització política i administrativa del gran Imperi franc. Llavors s’hi adoptà el sistema de datar les escriptures pels anys del regnat dels reis de França, pràctica que perdurà encara a la nostra terra fins a l’any 1180.[11]

La medición del tiempo: ¿cómo puede sostenerse que la Marca Hispànica careció de realidad administrativa cuando todos los documentos oficiales se databan en Cataluña según el calendario de los germanos de etnia franca fundadores de Francia? Los independentistas mienten conscientemente y a mi entender colúmbrase ya su condición de falsificadores de la peor especie. Imaginémonos que pasará en Cataluña cuando gente como ésta diseñen los libros escolares, con total impunidad, para la supresión de una realidad histórica, la nuestra, que no encaja en su relato oligárquico de la historia. Vamos a ser “borrados” del mapa. Y al igual que hay “no personas” en la Oceanía de Orwell, también habrá “no pueblos” en la nueva Sefarad.  

Cita la Viquipèdia a un historiador que esgrime una presunta “obstinación ideológica” (¿de Ferran Soldevila?) recientemente recuperada. Ni siquiera se molesta, empero, en explicar la literatura científica existente. Flocel Sabaté i Curull escribe, en efecto, esto en 1998:

(...) vivim actualment una curiosa obstinació ideològica que reviscola aquesta noció de Marca Hispànica, i la divulga a través dels llibres adreçats a la formació d'estudiants de primària i secundària, tornant-se a assumir també les formulacions precedents, per a poder justificar que els inicis de la formació de Catalunya a finals del segle IX són equiparables a l'aparició d'altres entitats territorials a Europa. D'aquesta manera es pretén ignorar que, historiogràficament, la qüestió fou aclarida, en sentit ben difererit, ja fa prop de mig segle.[12]

Medio siglo son los años cuarenta. Ahora bien, el libro de Soldevila y Valls i Taberner es del año 1989, ¡pero ya entonces iba por la sexta edición! 

Por otra parte, la Viquipèdia se contradice, pues en su artículo sobre el marquesado de Gòtia reconoce la existencia de un marqués y, en consecuencia, la realidad administrativa de la Marca Hispànica, siendo así que “Gotia” remite ante todo el sustrato étnico godo de la Marca Hispànica franca. Citaremos aquí a continuación el pasaje donde hácese mención del marqués de Gotia o Gothia:

En el regne dels francs la denominació Gòtia començà a emparar-se vers el segle IX, i fou vigent fins a la primera meitat del segle X, desapareixent progressivament a començaments del segle XII. El governador de la Gòtia ostentà el títol de «marchio» o «dux»; el primer governant a emprar-lo fou el got Sunifred (? - 848), comte de Barcelona, Cerdanya i Urgell, i de Narbona, i pare de Guifre el Pelós; i el darrer governant que s'intitulà «dux» de la Gòtia fou el seu descendent, el comte Borrell II (927 - 992). La intitulació de «dux» tenia connotacions militars i la prenia un dels comtes de les ciutats quan tenia sota el seu poders diversos comtats, mentre aquests si aquests eren fronterers del regne franc, se'l titulava també marquès.[13]

El “marchio” o “dux” es el marqués, jefe militar de la marca. No se trata de un título nobiliario, sino de una “plaza” de funcionario imperial. El primer dirigente de Cataluña fue, pues, un funcionario, el markgraf (en lengua germánica).[14] Cataluña nace bajo la forma de una “comunidad militar germánica”, formada por francos y godos, en lucha contra el moro. Existía, en una palabra, cierta entidad administrativa carolingia denominada indistintamente “marquesado de Gotia” o Marca Hispánica.[15] Ésta se fundamentaba en una realidad social europea que no fue denominada con la palabra “Gòtia” por pura casualidad. 

Breve historia de la Marca Hispánica

Los historiadores catalanes habían reconocido, sin empacho, hasta cierta fecha que convendrá identificar con mayor exactitud, la realidad de la Marca Hispánica. El afán de reescribir una historia cuya verdad ha revelado las consecuencias nefastas que se derivan para los intereses de una oligarquía local, es cosa bien reciente. Las 200 familias, infeudadas en el imaginario de la Shoah y deseosas de borrar el pasado para convertir el país en un enclave mediterráneo israelí, decidieron que la Marca Hispánica, Gòtia, tenía que desaparecer de los libros de texto. Dicho y hecho. Lo más fácil es la Viquipèdia. En las bibliotecas, en las revistas académicas, en las obras especializadas, el plan de reescritura tardará, empero, algunos años, y de ahí la posibilidad de denunciar aún la fechoría manipuladora en defensa del pueblo catalán. 

Un clásico de la historiografía independentista de Catalunya, nada menos que la Història dels Països Catalans de Josep Maria Salrach, constituye uno de los más difíciles obstáculos que la oligarquía tendrá que superar para colocar a los catalanes, como “judíos” de la “fascista” España, en el bando “políticamente correcto” de las “víctimas del Holocausto”. Véase los orígenes de la Marca Hispànica en Paderborn, año 777:

En l’intermedi, el valí de Barcelona, aprofitant les lluites civils d’al-Andalus, aglutinà entorn seu una facció de poderosos indígenes i sarraïns que hom ha qualificat de partit francòfil perquè projectaven independitzar de Córdova la Frontera Superior, amb l’ajut dels francs. L’any 777 Sulayman, acompanyat potser del valí d’Osca Abu Taur, es presentà en una assemblea que Carlemany havia reunit a Paderborn, i hi demanà ajut a canvi de les ciutats que ell governava.[16]
 
Es conocido el desastroso resultado de la expedición de Carlomagno a Zaragoza en agosto del 778, donde, engañados sobre la disposición favorable de las autoridades árabes a entregar la ciudad y contando insuficientes las tropas a efectos de asaltarla, los francos tienen que retirarse con las manos vacías. Al cruzar los pasos de Roncesvalles para volver al Frankreich, son atacados por la espalda, en una emboscada perpetrada por tribus vasconas, y sobreviene una masacre que afecta sobre todo a la retaguardia del ejército franco (15 de agosto de 778). Si creemos en la versión de la Viquipèdia, el proyecto de la Marca Hispánica en Paderborn queda definitivamente frustrado al año siguiente de esta triste manera y ya no se vuelve a hablar más del asunto hasta que algunos manipuladores desempolvan el vocablo “Marca Hispánica” con fines perversos. No obstante, la historia de la Marca Hispánica no concluyó como plan frustrado en los pasos de Roncesvalles, sino que fue retomada por Carlomagno veintiún años más tarde:

Els qui pensaven així formaren un partit francòfil –en la terminologia d’Abadal- i enviaren un dels seus caps (el valí de Barcelona-Girona, Sulayman) a negociar l’ajut del rei franc Carlemany (Paderborn, 777), el qual, afalagat per les propostes del sarraí, va concebre la idea d’eixamplar les fronteres meridionals del seu reialme amb la creació d’una marca o districte de frontera que inclouria les terres compreses entre el Pirineu i l’Ebre.[17]

¿Una “marca o distrito de frontera”, sí, pero, qué marca? Salrach no la nombra, pero es la Marca Hispánica, no hay “otra” y las fuentes primarias, en cambio, la mencionan expresamente. Queda claro para Salrach que la “idea” de una marca, documentada como Marca Hispánica, es del año 777. Y también queda claro Carlomagno intenta “hacer realidad” dicha idea: «Com ja s’ha explicat, Carlemany va voler fer realitat aquest projecte, i va comandar personalment una expedició que pretenia la submissió de Saragossa (juny-juliol de 778) (…).»[18] El “proyecto occidentalista” es el de la Marca Hispánica y, como digo, empieza ahí. El desastre de Zaragoza y Roncesvalles, en efecto, no fue en vano, siendo así que la huida de los godos de la zona de Zaragoza-Pamplona al Imperio franco creó las bases sociales, en los límites meridionales del imperio, para la reconquista de Gotia, tierra de los germánicos godos reivindicada ahora por los germánicos francos. Aquéllos, en efecto, se establecieron en la Septimania “en condiciones muy favorables”. En el año 781 los musulmanes contraatacaron y pusieron otra vez bajo su dominio indiscutido todo el territorio de la proyectada Marca Hispánica. Pero los godos de Gerona, sabedores del trato confraternizador que habían recibido en el Frankreich los godos huidos y las represalias que, por el contrario, sufrían ellos por parte de los sarracenos, entregaron la ciudad a Carlomagno en 785. Con ello, el proyecto de la Marca Hispánica recuperaba su viabilidad a medio plazo, si no en la parte oeste de la zona acotada, sí en el lado este de la misma, es decir, en el territorio denominado Gotia, Gothia Launia (país de los godos), futura Gothalonia o Catalunya. Parece evidente que sin esta base germánica común, los francos no habrían reconsiderado la idea de penetrar en los territorios gothaláunicos o catalánicos. La “vinculación germánica”, denominada Gòtia, la identificación franca con Gotia y, por ende, con el extinto reino hispánico de los visigodos, constituye el misterio de la Marca Hispánica, su “alma” y condición de posibilidad en tanto que herencia política legítima de una soberanía que se remonta a la Roma pagana. 

La incorporación de Girona al Imperio germánico franco fue seguida así de una masiva defección anti-islámica de los godos en las comarcas circundantes: Besalú, Peralada, Vallespir y Empúries. La Marca Hispánica o Gotia palpita como realidad vital, histórica; imposible reducirla, sin incurrir en grave ceguera o mala fe, a un mero diseño estratégico en el gabinete de un general, y mucho menos al cultismo literario de una crónica cortesana. En el año 789 habían seguido el ejemplo de la actual comarca del Alt Empordà europeos de toda la zona de la Cerdanya, Pallars i Ribagorça. En consecuencia, se estaba forjando, sobre la base gothaláunica, el núcleo real, combatiente y heroico, del “proyecto” de la Marca Hispánica; su cabeza visible era el markgraf de Tolosa, Guillem, padre de Bera, futuro markgraf hispánico. 

En el año 791, los musulmanes, que no eran precisamente unos incapaces, volvieron a atacar el territorio allende el Ebro para cortar de raíz las veleidades hispánicas de ciudades como Zaragoza, Barcelona, Tortosa y Huesca. En el verano de 793, los moros, dirigidos por el general Abd al-Malik, asaltaron esta vez zonas gothaláunicas consolidadas: sitiaron Gerona, derrotaron al markgraf de Tolosa en la batalla de Orbieu y saquearon todo el territorio de Gotia hasta la Narbonense. En suma, mientras que las ciudades godas aceptaban de forma pacífica y voluntaria integrarse en el Imperio franco, los musulmanes no se muestran precisamente como unas víctimas inocentes del innato militarismo (“fascismo”) germánico. Los hechos del año 793 ponen en evidencia la vacuidad de los mitos progresistas al respecto. Según Josep Maria Salrach, será por las fechas de los saqueos de Abd al-Malik que Carlomagno decida reactivar “administrativamente” un proyecto de la Marca Hispánica que ya había mostrado su dinámica autóctona:

Aquests esdeveniments van convèncer Carlemany de la necessitat de perseverar en la idea de crear un ampli districte fronterer al sud del Pirineu, objectiu que encomanà a la cort que presidia a Tolosa el seu fill Lluís el Piadós –rei d’Aquitània des del 781- i que dirigia de fet el duc Guillem.[19]
 
Otra vez evita Salrach pronunciar el nombre “prohibido”. Pero perseverar en la idea significava sacar del baúl de los recuerdos el concepto político, militar y administrativo de la Marca Hispánica, la cual, como hemos visto, si de facto llevaba ya 15 años existiendo en cuanto “comunidad combatiente” de la hispánica Gotia, ahora iba a ser expresamente restaurada por el “alemanote” Karl der Grosse. Y, en fin, antes de continuar con este artículo que, como he advertido desde el principio, no es académico, sino puramente polémico aunque fundamentado en fuentes incontestables, quisiera recordarles a mis amigos independentistas que los francos eran un pueblo procedente de la actual región alemana de Franconia, matriz del futuro reino de Francia, por la zona que rodea la actual ciudad de Frankfurt. El día en que “los tanques alemanes vuelvan a desfilar por Barcelona”, cosa que no les parece ya tan imposible a algunos convulsos tras leer un artículo de Josep Fontana,[20] los antifascistas deberán meterse en la cabeza la siguiente verdad: estos alemanes estarán en su propia casa y nosotros, los catalanes de la Marca Hispánica, los recibiremos como liberadores igual que lo hicieran los habitantes de Girona, Barcelona y tantas otras ciudades gothaláunicas en el amanecer de la Cataluña histórica. 

La fundación germánica de Catalunya

Durante el período 796-797, el Imperio germánico, que de la Marca Hispánica sólo conservaba Gerona después del desastre de 793, pasó al contraataque. Casi veinte años de estrategia defensiva frente al islam tocaban a su fin. Ya no se trataba, ahora, de la incorporación voluntaria de ciudades godas, sino de intentar llevar a la práctica, por segunda vez, el proyecto de la Marca Hispánica. El resultado de esta voluntad sería Cataluña. En efecto: aunque dichas expediciones no se resolvieron, por el momento, en forma de anexiones territoriales, sí pusieron en evidencia, entre los capitostes musulmanes, que su lealtad al Imperio islámico de Córdoba podía resultar poco provechosa. En 799, francos y godos repoblaron Osona, maniobra envolvente previa a la liberación de Barcelona. Los germanos no se fiaron, esta vez, como en la Zaragoza del año 778, de las falsas promesas de “moros buenos” que se decían dispuestos a traicionar a los suyos y, para la ocasión, dispusiéronse a tomar la ciudad tanto si ésta decidía entregarse como si no. Estamos, pues, asistiendo al acta fundacional de nuestra patria, que se decidió en unas pocas asambleas de guerreros germanos apostados al sur del Frankreich:

La primavera de l’any 800, en una magna assemblea celebrada a Tolosa i presidida per Lluís el Piadós, es prengué l’acord de conquerir Barcelona.[21]
 
Los preparativos fueron de dimensiones nada desdeñables; avanzaron los germanos, nuestros hermanos, germans, el mes de agosto de 800, en tres cuerpos de ejércitos, pero la guarnición musulmana decidió no salir a luchar a campo abierto y resistir tras las gruesas murallas romanas de la ciudad. De manera que Barcelona fue sitiada y hasta pasado el invierno, en febrero de 801, los godos barceloneses no pudieron pactar, de espaldas a los gobernantes islámicos, con las fuerzas imperiales de liberación. El 3 de abril de 801 rendíase en Barcelona el ejército de Alá. Sólo hacía cinco meses, la navidad del 800, que Carlomagno fuera coronado emperador de Occidente. El Imperio franco otorgó inmunidad a los godos, los promovió como condes de los distintos condados catalanes y puso la Marca Hispánica, formalmente fundada, al mando de un markgraf, a saber, el conde Bera, hijo del markgraf de Tolosa (el franco Guillem) y de una goda. En definitiva, la Marca Hispánica recibió “realidad administrativa” expresa desde el mismo momento en que un marqués se hacía cargo de las operaciones militares en todo el territorio transpirenaico. Este hecho queda probado por las expediciones emprendidas en los años inmediatamente posteriores contra la ciudad de Tortosa, las cuales, por cierto, los musulmanes consiguieron rechazar, consolidándose así, por largo tiempo, la frontera catalana del Llobregat. 

Las conclusiones resultan evidentes: el proyecto carolingio de una marca que, inicialmente, tenía que abarcar todo el territorio hispánico al norte del Ebro, sólo se realizó de manera parcial y veinticuatro años después de su diseño intelectual en Paderborn. Durante un período de quince años gestóse empero, como “comunidad combatiente” y de manera espontánea, el “fenómeno hispánico” de resistencia, bajo la denominación de “Gòtia”, memoria del reino visigodo de Hispania, heredero de Roma, y éste constituyó el semillero popular de la reactivación del proyecto “administrativo” a finales del siglo VIII. La parte de dicho proyecto que, finalmente, se plasmó en la realidad, es aquello que florece apenas un siglo más tarde: Catalunya. Nuestra Catalunya nace, en definitiva, como Marca Hispánica realizada hasta allí donde resultó posible en guerra contra el islam. La fundación de aquélla se identifica, en las fechas y en los hechos, con la existencia real: social, étnica e institucional, de la propia marca. Pero hemos olvidado a los fundadores germánicos de Cataluña. En esta ignorancia culpable, en esta traición a la patria, resuena, como una llamada lejana, el misterio de la Marca Hispánica.

Jaume Farrerons
Figueres (Marca Hispànica), 13 de mayo de 2014



[1] Carlos el Grande o Carlomagno.
[2] Cfr.: http://ca.wikipedia.org/wiki/Marca_Hisp%C3%A0nica
[3] Ibidem.
[4] Cfr.: http://farreronslamarcahispanica.blogspot.com.es/
[5] Cfr.: http://es.wikipedia.org/wiki/Marca_Hisp%C3%A1nica
[6] Cfr.: http://www.parlament.cat/web/parlament/historia/precedents
[7] Cfr.: http://www.filosofia-catalana.com/docs/llengua/llengua2/TRACTAT-CORBEIL.pdf
[8] Una iniciativa que promoví y de la que ahora reniego.
[9] Heidegger, M., Hölderlins Hymnen “Germanien” und “Der Rhein”, GA, 39, pp. 72-73. (Citado y traducido por Farías, V., Heidegger y el nazismo, Mallorca, Objeto Perdido, 2009, p. 352).
[10] Cfr.: Ferran Soldevila/ F. Valls i Taberner: Història de Catalunya, Barcelona, Ed. Selecta-Catalònia, 1989, 6ª Edició, p. 79.
[11] Ibidem.
[12] Cfr.: Flocel Sabaté i Curull: «La noció d'Espanya a la Catalunya medieval». Acta historica et archaeologica mediaevalia, Nº 19, 1998, pp. 375-390 .
[13] Cfr.: http://ca.wikipedia.org/wiki/G%C3%B2tia
[14] Cfr. Louis Halphen: Charlemagne et l’empire carolingien, París, Albin Michel, 1947, 1968, pp. 84, 141. http://www.filosofia-catalana.com/docs/llengua/llengua2/halpen-marca-hispanica.pdf
[15] Cfr.: http://es.wikipedia.org/wiki/Marquesado_de_Gotia
[16] Josep M. Salrach: Història dels Països Catalans, 1, Dels orígens a 1714, Barcelona, Edhasa, 1982, p. 154.
[17] Op. cit., pp. 174-175.
[18] Ibidem. 
[19] Salrach, J. M.: op. cit., p. 176.
[20] Cfr.: http://www.ara.cat/premium/ara_tu/JOSEP_FONTANA-Alemanya-aconseguit-dominar-Europa_0_610739013.html
[21] Salrach, J. M.: op. cit., p. 177. 

jueves, enero 01, 2015

¿Qué piensa la oligarquía?

Judíos en el movimiento fascista originario: un "escándalo" sin explicación en los términos del "antifascismo" actual de rigor.


















La idea de una "extrema derecha que gobierna el mundo" representa en sí misma una paradoja. Como ya señalábamos en entradas anteriores, "ultraderecha" es un término despectivo que alude a un sector político marginal, minoritario y mundialmente despreciado. Sin embargo, sostenemos, la extrema derecha gobierna el mundo. ¿Cómo es esto posible? Pues porque existe una extrema derecha, a saber, la extrema derecha sionista, que no se reconoce ni es reconocida como tal. Esta extrema derecha constituye, además, la fuente de la estigmatización de todos los nacionalismos gentiles y, al mismo tiempo, ha producido el imaginario en virtud del cual permanece inmune a su propio veneno. Pero la extrema derecha manda  en el hemisferio occidental: EEUU, la City de Londres e Israel.

Cada vez que un "progresista" utiliza la palabra "fascismo" como sinónimo del "mal radical", convalida y fortalece el código simbólico oligárquico, pues es ese mismo uso lingüístico el que ampara, por decirlo así, a los ultras judíos. 

De lo expuesto se desprenden al menos tres postulados:

1/ para reivindicar posiciones políticas nacionalistas hay que situarse a la izquierda o uno será inmediatamente acusado de "ultra";

2/ para defender posiciones socialistas o, en general, de defensa de los trabajadores, hay que adoptar previamente posiciones nacionalistas, toda vez que el lenguaje y la praxis de la oligarquía son universalistas, cosmopolitas y globalizadores respecto de los pueblos "gentiles";

3/ para defender posiciones políticas radicalmente contrarias a la oligarquía en general hay que renunciar al código simbólico antifascista que, de forma automática, santifica por defecto el nacionalismo sionista de extrema derecha.  

Sin embargo, en lugar de estas medidas preventivas de puro sentido común, aquéllo que encontramos en el mundo de la política es lo siguiente: 1/ los nacionalistas radicales de cada país, excepto en el caso de las naciones o pueblos sin Estado, se identifican con la derecha y aceptan, incluso de buen grado, el calificativo de "ultraderechistas", colocándose así en las antípodas de las masas populares trabajadoras a las que debería ir destinado su mensaje; 2/ los izquierdistas radicales en todo el mundo se identifican con el cosmopolitismo, la universalización y una fórmula especial de la globalización o mundialización que legitime su postura favorable a los flujos migratorios promovidos también por el capitalismo, rechazando así,  en conclusión, toda forma de nacionalismo; 3/ estos mismos izquierdistas radicales asumen de buena gana el lenguaje antifascista y consideran que le hacen mucho daño a la oligarquía cuando la acusan de "fascista", a pesar de que, con dichos usos linguísticos, legitiman el imaginario ideológico (sionista) del Holocausto.

Todos estos errores impiden organizar una auténtica resistencia política e intelectual contra la oligarquía. De ello son responsables tanto los ultraderechistas cristianos como la extrema izquierda comunista, los cuales representan voluntariamente, en definitiva, el papel que el nacionalismo radical judío, es decir, la extrema derecha sionista que gobierna el mundo, les ha asignado en provecho propio. 

El trabajo de toda filosofía crítica debe consistir en combatir los mitos, dogmas y códigos simbólicos que, asumidos inconsciente y acríticamente por los ciudadanos, sustentan de hecho la ideología oligárquica.  A tal efecto, conviene saber qué piensan realmente los oligarcas, sólo de esta manera podremos comprender sus pautas de conducta y combatirlas de manera eficaz. Las estrategias y tácticas de resistencia han fracasado una y otra vez a lo largo de la historia. Si el enemigo oligárquico vence siempre, si los ultraderechistas comprueban que sus naciones son cada vez más dependientes del poder mundial, mientras la izquierda radical contempla el progresivo empobrecimiento de los trabajadores en todo el mundo, algo estarán haciendo mal unos y otros. Algún error deben de cometer. Para empezar, cuando aceptan sin reflexionar la falsa idea de polaridad que opone ultraderecha y extrema izquierda. Dicha polaridad existe, pero no es realmente la que piensan los interesados porque está mediada por otro concepto, a saber: judíos/gentiles, mucho más fundamental. Para romper con aquélla en su forma manipulada baste recordar que el fascismo fue, en sus orígenes, de izquierdas, un hecho que subleva tanto a ultraderechistas como a izquierdistas radicales a pesar de ser la pura verdad.

Los tres niveles de análisis crítico

La ideología oligárquica muestra tres niveles de análisis: 1/ el nivel económico, ahí donde aparecen todas las cuestiones relativas al neoliberalismo, al capitalismo, los recortes sociales, las privatizaciones, las deslocalizaciones y otras prácticas harto conocidas. En este nivel los ultraderechistas poco tienen que criticar, eso cuando no se declaran abiertamente liberales y filocapitalistas. De la misma manera que se declaran cristianos, con lo que, pese a su presunto nacionalismo, están asumiendo todas las formas, históricas o contemporáneas, del cosmopolistismo apátrida. En la crítica del neoliberalismo se muestran más decididas las izquierdas radicales, pero siempre omitiendo el fenómeno de la inmigración a pesar de que éste representa una grave agresión capitalista al valor del trabajo. La combinación de ambas incongruencias posibilita el triunfo del capital, pues las sinergias de las fuerzas políticas de presunta resistencia en realidad confluyen en la misma dirección que las de las fuerzas políticas sistémicas, es decir, aquéllas que, de forma más o menos declarada, promueven la mundialización neoliberal.

El segundo nivel de análisis es aquél en que, además de la crítica del neoliberalismo, el crítico descubre la presencia del fenómeno ultraderechista judío moviendo los hilos de la globalización y vulnerando, en provecho propio, todas las normas que impone al resto de los países (practicando el supremacismo racial, el imperialismo, el colonialismo, etc...). Son pocos los analistas de izquierdas que alcanzan el segundo nivel, pues temen ser acusados de antisemitas. Además, la izquierda radical está repleta de nacionalistas judíos encubiertos que se dedican, precisamente, a reducir todas las cuestiones políticas a cuestiones económicas, borrando las huellas del ultraderechismo judío en las decisiones adoptadas por la oligarquía. No obstante, autores como James Petras, entre otros, son modélicos en lo que concierne a denunciar las motivaciones racistas (sionistas) de la política internacional estadounidense promovida por el lobby israelí en Washington. Empero, con el fin de evitar ciertas acusaciones de la parte oligárquica, los mencionados críticos acostumbran a sobrerrepresentar su antifascismo y, con ello, a remachar con su prestigio y legitimidad de "verdaderos críticos" sinceros (no "vendidos") la validez del imaginario oligárquico antifascista. Así, son, a la postre, los que más daño hacen a la causa de la resistencia y la crítica. En cuanto a la extrema derecha, es incapaz de desarrollar una crítica del ultraderechismo judío en este nivel por dos razones: las extremas derechas gentiles comparten todos los tópicos de su adversario, máxime cuando, en la mayor parte de los casos, estamos hablando de ultraderechas cristianas y de antisemitismos cristianos acuñados en el molde bíblico; dicho brevemente: en última instancia, en la matriz cultural judía.

El tercer nivel de análisis es, por tanto, religioso. La oligarquía sionista obedece a una serie de creencias apocalípticas y mesiánicas irracionales. Cuando no lo hace, su nihilismo es absoluto. Y las diferencias internas serias que oponen a los oligarcas hay que colocarlas en dicho plano interpretativo. No podemos entender nada de lo que sucede en el mundo sin abordar este decisivo factor motivacional. Tanto el neoliberalismo cuanto el nacionalismo judío radical conducen a YHWH,  es decir, a cuestiones como la resurrección de la carne, la inmortalidad, el reino de dios, el fin del mundo, etcétera... La pregunta por la verdad y la racionalidad resulta insoslayable. Pensar que se puede hacer "política de resistencia contra la oligarquía" manteniendo una postura de neutralidad en estas materias es simplemente absurdo. Y, sin embargo, ésta es la situación en el mejor de los casos. Los ultraderechistas gentiles decláranse cristianos y están incapacitados a radice para demoler los fundamentos ideológicos del sistema oligárquico: ellos mismos los  sostienen con una estupidez absolutamente sorprendente. "Una" extrema derecha no puede "criticar" realmente a "otra" extrema derecha, y quienes manipulan la historia son ultraderechistas. No existe, ni puede existir, en definitiva, genuina crítica ultraderechista a la oligarquía. Por su parte, la izquierda radical es heredera, a menudo inconsciente, de la secularización  histórica de los valores cristianos, de tal suerte que cuando uno aborda la crítica del judeocristianismo tiene que topar, tarde o temprano, con dogmas puros que los intelectuales "progresistas" se niegan siquiera a "pensar", pues sólo hacerlo les produce auténticos mareos. Son tales dogmas los que mantienen a la izquierda occidental encadenada al capitalismo y operando como legitimador ideológico "humanitario" de las políticas de flujos migratorios, es decir, el blanqueo filosófico de la trata de esclavos perpetrada por los capitalistas con fines de negocio, mestizaje y "multiculturalismo para gentiles". Y ésta sólo entre otras muchas cuestiones que los izquierdistas marxistoides consideran irrenunciables: relativismo, individualismo, hedonismo...

El tercer nivel de análisis es el más importante, pues sólo una vez mínimamente aclarado este aspecto básico de la cuestión puede pasarse a los otros dos sin perderse en el laberinto de datos que presentan. Pero nadie entiende esto. Nadie ha sido capaz, hasta ahora, de comprender que el tema del "fascismo" remite al tercer nivel y no puede resolverse como una cuestión política, sino filosófica, es decir, en tanto que respuesta a preguntas fundamentales de la existencia humana que impulsan a los oligarcas en su proyecto de dominación planetaria. En efecto, éstos son hombres igual que nosotros: todo aquéllo que hacen  o dejan de hacer responde a unos motivos tan hondos como los de cualquier hijo de vecino. No buscan sólo el dinero. No buscan sólo el poder. Con la "riqueza" y el "poder" están resolviendo otros problemas "antropológicos" de primera magnitud. Si no somos capaces de "analizarlos" en ese estrato de sentido, seguiremos jugando a un juego donde habremos sido derrotados de antemano. Nuestra derrota será, empero, la de todos los pueblos del mundo, la derrota de la civilización, la derrota de cualquier noción de socialismo y justicia social..., pero sólo porque, en primer lugar, se habrá consumado en Europa, patria de la filosofía, la derrota de la verdad. 

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
17 de mayo de 2014

Documentación anexa

http://protocolosgatunos.blogspot.com.es/2011/06/los-judios-y-el-fascismo-una-paradoja.html

http://nazismosionismo.blogspot.com.es/2012/03/introduccion-nazismo-y-sionismo-las-dos.html

http://antagonistas.blogia.com/2011/011401-entrevista-con-vincenzo-vinciguerra.php

http://antagonistas.blogia.com/temas/vinciguerra.php