en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados

domingo, junio 07, 2015

Despedida












Nos despedimos. Gracias a todos. Unos doscientos cincuenta artículos, donde habíamos denunciado con abundante documentación probatoria los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad de los aliados durante la Segunda Guerra Mundial, así como las incontables atrocidades de la misma naturaleza perpetradas por el comunismo o por la oligarquía liberal occidental antes y después de Hitler, son aquí y ahora objeto de autocensura. Las causas de esta decisión resultan de sobra conocidas y las hemos explicado repetidas veces. Volveremos a hacer accesibles al público estos textos cuando exista otra vez algún amago de libertad de expresión en el Reino de España. Pero mucho nos tememos que esta situación, ya dudosa y precaria con anterioridad a la ley Gallardón, no volverá a darse jamás en nuestro desgraciado país.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica
8 de junio del 2015


 

viernes, junio 05, 2015

El mayor genocidio de la historia (1). Los campos del Rhin

En las fotos, niños alemanes asesinados en 1944 en el pueblo de Nemmersdorf. Antes de morir eran en muchos casos violados por las tropas soviéticas.















LA VERDAD VA SALIENDO A LA LUZ

No nos referimos a las bajas sufridas en el frente bélico por el ejército alemán (relativamente pocas y la mayoría debidas a las inclemencias del clima ruso), sino a víctimas civiles, o militares pero de prisioneros ya desarmados. Hace unos meses hablábamos de millones y algunos se sorprendieron porque hasta ahora, al parecer, nadie se había dedicado a computar en una sola cifra el número de los alemanes exterminados ilegalmente de diferentes maneras. Por ejemplo, estaban las víctimas de los bombardeos crematorios contra civiles, por un lado, y las mujeres que habían fallecido a causa de las repetidas violaciones, por otro; los civiles muertos en campos de concentración dirigidos por ex reclusos (que se organizaron en la posguerra como forma de venganza colectiva), por un lado, y los soldados caídos en dependencias bajo administración soviética, pero también francesa y norteamericana, por otro; estaban las víctimas mortales de entre los expulsados de las provincias alemanas del Este, por un lado, pero también los asesinados entre las minorías alemanas centroeuropeas, por otro; estaban las víctimas de las hambrunas planificadas por los aliados, remedo del plan Morgenthau, por un lado, y las víctimas de la violencia pura y dura, por otro. Etcétera. Nosotros nos limitamos a sumar, sumar y sumar: nuestros ojos no daban crédito a lo que veían. Si entonces calculamos media decena de millones, hoy podemos afirmar que la cifra se ha más que duplicado, alcanzando alrededor de los 13 millones. Estamos confeccionando una lista bibliográfica y nuestra intención es presentar un documento ante Amnistía Internacional para que, al menos, se empiece a reconocer el hecho en toda su macabra dimensión. Dudo que nos hagan caso, pero con el dígito "13 millones", el alemán constituye el mayor etnicidio de la historia moderna. Si a este hecho sumamos los 100 millones de víctimas del comunismo marxista, en su mayor parte personas acusadas de "fascistas", parece que la cuestión de los derechos humanos da un giro de trescientos sesenta grados y quienes deben ahora sentarse en el banquillo de los acusados son los sedicentes "antifascistas". Este dato no puede dejar de afectar a los actuales herederos de Churchill, Roosevelt y Stalin: son los corruptos e incompetentes políticos del sistema actual, acostumbrados a considerarse a sí mismos la encarnación de la democracia, a pesar de lo cual han ocultado tales atrocidades cósmicas para lograr su ensordecimiento mediático e impunidad legal. Un delito con un nombre: obstrucción a la justicia, encubrimiento, banalización y justificación del genocidio. Tienen que pagar por ello y, a la larga, conseguiremos que reciban lo que se merecen como los delincuentes que son. Queremos que impere la ley democrática y si en Nüremberg se aplicó la pena de muerte a los criminales nazis, habrá que tener en cuenta este hecho a la hora de ajusticiar a los cómplices de los genocidios olvidados e impunes de la causa "humanista". Recordémoslo: el delito de genocidio no prescribe y los SS son juzgados con 90 de edad años si es necesario. Tarde o temprano, el destino alcanzará a los responsables del bando triunfador.

http://www.adecaf.com/geno/hiro/hiro/campos/camps.html

GENOCIDIO CONTRA LOS ALEMANES

Hemos de emplear esta expresión, poco ortodoxa gramaticalmente, porque si habláramos de genocidio u holocausto alemán, el lector entendería que nos referimos a la Shoah. Debe quedar claro, por otro lado, que aquí pretendemos promover una defensa de la verdad y de ciertos principios jurídicos garantes de la civilización, no del nazismo, lo que implica que aceptamos la existencia de unos deberes del ser racional, los cuales tienen como contrapartida unos derechos correlativos. Por este motivo hablamos de deberes y derechos fundamentales, que preferimos a la fórmula "derechos humanos" porque se aplicarían a cualquier especie viva del universo, humana o no, capaz de comprender y experimentar la verdad. Este planteamiento coincide parcialmente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual consideramos una expresión limitada (y harto manipulada) de tal ideario ético-jurídico, pero suficiente para llevar ante la justicia a los perpetradores, justificadores, banalizadores  y negadores del genocidio alemán (y del resto de los crímenes de lesa humanidad actualmente ignorados por infames motivaciones ideológicas ajenas al derecho).

Militares prisioneros asesinados

Empecemos con los soldados alemanes que cayeron en manos de los norteamericanos y de los franceses. A pesar de que Alemania respetó en general la Convención de Ginebra con las tropas apresadas de esas nacionalidades, Francia y EE. UU. no actuaron a la recíproca, provocando con ello la muerte por hambre, enfermedades o asesinato de un millón de soldados ya desarmados. El clásico sobre este tema es la obra  Other Losses, del periodista canadiense James Bacque (Fenn Publishing Book, Bolton, Ontario, Canadá, 1999).

http://ametralladora.blogia.com/2010/042601-los-campos-del-rhin.-el-destino-de-los-prisioneros-alemanes-en-manos-norteameric.php

En el caso de los soldados alemanes que cayeron prisioneros de los soviéticos, las cifras son más confusas y, además, el carácter brutal del frente del Este, que llevó a ignorar la Convención de Ginebra por parte de los dos bandos (con idéntica responsabilidad política, siendo así que la URSS se negó a sumarse a la dicha convención, pero a posteriori sugirió a Alemania que se respetaran sus normas, propuesta que no obtuvo respuesta por parte del gobierno alemán) muestra un panorama tan caótico como desolador. Sin embargo, constituye una ingenuidad imperdonable pensar que si los alemanes hubieran acatado las normas humanitarias con los soldados del Ejército Rojo prisioneros, luego Moscú hubiera actuado en justa correspondencia. El régimen comunista era genocida ya mucho antes de la llegada al poder de Hitler y, no habiendo respetado los derechos humanos de sus propios compatriotas, difícilmente podía esperarse que lo hiciera con los miembros de un ejército extranjero, y encima agresor. Además, si países "democráticos" como Francia o EE.UU. masacraron a los prisioneros alemanes, ¿qué no iban a hacer las autoridades de una dictadura totalitaria con unos invasores calificados además de fascistas, principal tipo penal conducente al Gulag? En efecto, según la legislación vigente en Rusia, todos los soldados alemanes eran criminales por el simple hecho de vestir el uniforme de la WehrmachtEn consecuencia, los  millones de prisioneros alemanes exterminados por los soviéticos no se pueden banalizar poniéndolos en la cuenta de una "comprensible venganza": este crimen representó la forma de actuar habitual e inherente al régimen comunista, circunstancia que llevó erróneamente a los alemanes a no respetar los derechos fundamentales de prisioneros rusos (contando con lo que les iba a pasar a los suyos cuando cayeran en manos de Stalin). El trato dado a los prisioneros rusos por parte de los alemanes fue, en definitiva, abominable y carente de cualquier justificación jurídica o moral. De ahí que las autoridades soviéticas puedan apelar tácitamente a este hecho para hacer más "comprensible" su propia masacre.

Las fuentes oficiales hablan de 3.000.000 de alemanes retenidos por la URSS, de los cuales 475.000 aproximadamente perecerían en los campos de concentración siberianos. Sin embargo, el centro de recepción de ex prisioneros de guerra alemanes en el Este sólo contabiliza en la posguerra 1.200.000 retornos, lo que deja abierta la interrogante sobre dos millones de estos soldados desaparecidos, de los cuales únicamente cabe sospechar lo que les sucedió.

Sobre el número de prisioneros en total:

http://es.wikipedia.org/wiki/Prisionero_de_guerra

Sobre los retornos:

http://de.wikipedia.org/wiki/Heimkehrerlager_Gronenfelde#Zahlen_der_Heimkehrer

Parece evidente que si el número de prisioneros rebasaba los 3,2 millones y en la posguerra sólo volvieron 1,2 millones, el número de bajas no puede ser de 474.967 personas, como se pretende. ¿Qué pasa con los demás? Las cifras oficiales amparan descaradamente la sombría causa de los vencedores, quienes tampoco reconocen en los campos de concentración norteamericanos y franceses (auténticos antros de exterminio) cifras de pérdidas alemanas que vayan más allá de las 5.000 víctimas. Los asesinos han ocultado su crimen y han podido hacerlo porque, ¿quién se preocuparía por los alemanes o los fascistas y, encima, por unos alemanes que, además, eran fascistas? El control que el poder oligárquico ejerce sobre los ciudadanos occidentales es tan completo, que sólo muy tardíamente, es decir, sesenta años después de la ominosa masacre, se han empezado a plantear algunas preguntas incómodas. Nosotros nos limitamos a reconstruir los hechos y a juntar piezas de convicción tomadas de aquí y de allá, de manera dispersa, llevando la evidencia resultante de la tremenda criminalidad aliada hasta sus últimas consecuencias.

Las inhumanas condiciones de los campos aliados
para prisioneros alemanes son evidentes.
Excepción hecha del singular caso ruso,  aquéllo que, en efecto, conviene subrayar aquí, es que el régimen nacionalsocialista, una dictadura supuestamente identificada con la más absoluta inhumanidad, respetó los derechos humanos de los prisioneros aliados occidentales que sobre el papel se adherían  la Convención de Ginebra, mientras que, por el contrario, fueron los representantes "democráticos" de la cruzada contra el "fascismo" quienes exterminaron a los prisioneros bajo su custodia, vulnerando así los principios humanitarios que decían defender y que, según la propaganda actual, justificaron la causa aliada como una "buena" guerra. Este dato resulta decisivo y constituye a estas alturas el punto de partida de toda consideración retrospectiva sobre el "fascismo". Teniendo siempre presentes hechos similares, hay que juzgar los restantes crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial como partes de un acto intencional unitario enderezado a la aniquilación total de Prusia y a la amputación étnico-territorial del pueblo alemán.

Una reflexión sobre los campos franceses y americanos

En este caso se llegó al extremo del genocidio con los prisioneros alemanes, de los que según Bacque, en la posguerra los franceses y los americanos exterminaron en masa a base de hambre, hacinamiento, explotación y maltrato (Bacque, p. 87):

Captain Julien thought as he walked gingerly over de scarred terrain among the living dead in the former American camp, “This is just like Buchenwald and Dachau”.

 Las cifras oficiales reducen las víctimas alemanas en campos franceses a 21.000 personas, pero incluso Macdonough, en el caso de los campos americanos, acepta que tales cuantías han sido minimizadas y propone un total de 100.000 muertos. Según Bacque, esta cifra habría que elevarla a 800.000 como mínimo. En los campos rusos habrían sido exterminados, por otro lado, como sabemos, unos 1,5 millones de soldados alemanes desarmados. Ahora bien, aunque, como hemos señalado y lamentado, el trato dado por Alemania a los prisioneros rusos nunca respetó los principios de la Convención de Ginebra, que la URSS se había negado a firmar y era recíproco en el frente oriental, Macdonough aclara que esto “no puede afirmarse en el caso de los prisioneros occidentales” (franceses, ingleses y americanos). En efecto, los alemanes habrían actuado de forma extremadamente correcta con los prisioneros de países firmantes de dicha convención (Macdonough, p. 594):

De hecho, el juicio de Malmedy contra los acusados de haber masacrado a soldados estadounidenses durante la batalla de las Ardenas así como la búsqueda de los asesinos de cincuenta aviadores británicos que habían intervenido en la gran evasión de un campo de prisioneros de guerra en Silesia, son ejemplos evidentes de lo insólito que era que los alemanes maltrataran a prisioneros americanos y británicos. El hecho de que los americanos procesaran de forma tan implacable a los autores de la muerte de un centenar, aproximadamente, de soldados, mientras permitían que cuarenta mil soldados alemanes murieran de hambre y abandono en los lodazales del Rin, fue un acto inconcebible de hipocresía.

 
Por lo demás, somos conscientes de que las cifras de Bacque han sido muy criticadas, llegando incluso al insulto en el caso del historiador Arthur L. Smith. Véase si no cómo trata Smith a Bacque en su obra de respuesta a la traducción alemana de Other losses (Otras pérdidas):

Zu den useligen Aspekten des modernen Publikationswesens gehört die Fähigkeit von Autoren und Verlagen, Bücher mit sensationellen Thesen oder Behaupten auf den Markt zu werfen, ohne sich dabei im geringsten um eine angemessene Quellengrundlage für die aufgestellte Behauptung zu scheren. Unter einem provokantel Titel, der auf das deustsche Publikum berechnet ist und sich vom englischen Titel („Other losses“) erheblich unterscheidet, bietet „Der geplante Tod“ mit dem Anspruch, historische Wahrheit zu beschreiben, eine absurde These. James Bacque rühmt sich, für seine ridikülen Behauptungen „neue“ Beweise gefunden zu haben. Tatsächlich hat er nicht nur nichts Neues endeckt, sondern nicht einen einzigen Blick auf die umfangreichen Quellenbestände verschwendet, die sich im Koblenzer Bundesarchiv befinden. Wie könnte er auch, ist er doch nicht in der Lage, Texte in deutscher Sprache zu lesen! Auch hätte eine Beschäftigung mit den Quellen ihn und seinen Verlag die „Geheimnisse“ und die Schlussfolderungen gekostet, die sich so gut verkaufen liessen. [1]

 
Smith acusa a Bacque de buscar un título provocativo a la medida del público alemán para una obra sensacionalista que sólo contiene afirmaciones ridículas (ridikülen Behauptungen); insinúa incluso, Smith, en su acceso de ira, la existencia de una estafa intelectual, siendo así que Bacque habría prometido a sus lectores la publicación de nuevas pruebas en la edición alemana, pero ni siquiera sería capaz de examinar las fuentes del caso, pues desconoce el idioma alemán. Tanta virulencia, capaz de cometer injuria en un trabajo científico, sólo se explica porque las tesis de Bacque hacen mucho daño a las autoridades oligárquicas. Son éstas las que han encargado a Smith el trabajo sucio del descrédito personal. No obstante, algo falla en la acometida de Smith, y es el apoyo que Bacque recibe de un historiador y jurista de reconocido prestigio mundial como Alfred-Maurice de Zayas. Smith calla este aspecto de la cuestión para cebarse en las presuntas insuficiencias académicas del “periodista” Bacque. Pero su silencio sobre el aval de De Zayas resulta, en el contexto polémico que el propio Smith ha generado, literalmente escandaloso, y pone en evidencia que a los ataques personales contra Bacque por parte de Smith se les puede aplicar todos los calificativos empleados por el propio Smith: sensacionalismo, oportunismo, mala fe e ignorancia deliberada de los hechos. En el siguiente foreword a la edición de Crimes and Mercies, de James Bacque, en 1997, donde el periodista canadiense amplió su acusación contra los aliados documentando los 5,7 millones de víctimas civiles de la hambruna planificada por el “humanitario” poder ocupante, De Zayas convalida todos los cálculos de Bacque:


The facts are so horryfying that they are hard to comprehend. The work I have done myself in The German Expellees and Nemesis at Potsdam revealed horrifying statistics behind de mass expulsions of fifteen million Germans from the Eastern Provinces and de Sudetenland into the Occupied Zones in 1945-50. At least 2.1 million are known to have died. Chancellor Adenauer himself wrote in his memoirs that six million of them died. And the (West) German government under Adenauer in 1950 determined that 1.4 million prisoners of war had never returned to their homes. They are missing to this day. Bacque revealed what had happened to them in his book Other losses (1989). And now he uncovers evidence that as many as five million Germans may have starved to death while under Allied government after the war. These figures are so shocking that he has sent the whole manuscript to a world-famous epidemiologist, whom I met when he was working in Geneva as a special consultant to the World Health Organization. He is Dr Anthony B. Miller, Head of the Department of Preventive Medicine and Biostatistics at the University of Toronto. Miller has read the whole work, including the documents, and checked the statistics, which, he says, ‘confirm the validity of (Bacque’s) calculations and show the slightly more than five million of German civilians occurred in Germany as whole during the post-war period through to the census of 1950, over and above the reported deaths. These deaths appear to have resulted, directly or indirectly, from the semi-starvation food rations that were all that were available to the majority of the German population during this time period.[2]

 
En su foreword de 2007 a la misma obra, denuncia De Zayas el empeoramiento de la situación para la libre investigación histórica en Alemania, cuando las víctimas alemanas han sido privadas de sus derechos humanos y se persigue penalmente a quienes cuestionen los dogmas oligárquicos. Hace De Zayas referencia también al honor y reputación de los alemanes, quienes (como también lo fue claramente Bacque, un canadiense, por parte de Smith) son atacados en cuanto tales, vulnerándose los mismos principios de igualdad étnica en nombre de los cuales se comete la fechoría:


Since the above was written, the situation of the victims of Potsdam has grown worse. All Germans have been deprived of human rights, including the right to equality with other victims, the right to honour and reputation, and the right to be judged as individuals. Their freedom of expression has been severely restricted by legislation elevating history to dogma protected by criminal law enforced through jail sentence. Human rights, however, confer the right to be wrong, and all sound research depends on the freedom to postulate hypotheses and to err without danger of ostracism or jail. It is the function of historians to record history and to understand it through different perspectives and emphasis. It is not the function of lawyers to legislate history, nor of judges to jail writers for expressing non-conformist views on historical matters. This is a return to the days of the Inquisition.[3]


Pero abstracción hecha del tema de las cifras, una vez más sometido a control político de ocultación y banalización, lo cierto es que soldados de De Gaulle y sus maquisards de la Résistance organizaron en tiempo de paz su propio gulag con los prisioneros alemanes: Barin, Dieppe, Attichy, Cherbourg, Alençon, Rennés, Evron, Campagné, Orléans… y así hasta cuarenta campos distribuidos por todo el territorio francés. Del hecho de que buena parte de los resistentes fuesen estalinistas convictos y confesos no podía esperarse otra cosa que el crimen, pero debería explicársenos cómo cabría erigir a la Résistance Française en modelo ético eludiendo el duro deber de decir una palabra sobre la depuración y el exterminio francés de los prisioneros de guerra alemanes.

 
La canción de que los alemanes “se lo buscaron” o de que ellos “empezaron” no se sostiene: pondremos en evidencia el carácter fraudulento de la “falacia cronológica”, puesto que los primeros crímenes de masas del siglo no fueron perpetrados por los alemanes, sino que, antes bien, los propios alemanes fueron las primeras víctimas europeas de tales atrocidades típicas de la modernidad progresista. Rusia e Inglaterra preceden a Alemania en el horror, aunque hayan quedado, a la postre, impunes. El mal alemán, cuando existe, y a pesar de todas las mitologías prefabricadas, es siempre puramente reactivo. Pero incluso si nos olvidáramos de las fechas, lo cierto es que un genocidio no justifica otro, ni desde el punto de vista jurídico ni moral. Aceptar este tipo de doctrina implica que los nazis podrían “justificar” Auschwitz apelando a los bombardeos terroristas ingleses, y el surgimiento del nazismo recordando la previa existencia del gulag, el terror rojo y el bloqueo naval británico de 1916-1919. Nadie puede aferrase a excusa alguna de este tipo. La verdad es que la Résistance proclamaba sus “ideales” antifascistas y humanitarios en el mismo momento en que, como acostumbra a suceder con casi todos los mercachifles del sentimentalismo, perpetraba crímenes de guerra y reclamaba la aplicación del plan Morgenthau al entero pueblo germano, sin excepciones. Y aunque sólo se aplicara parcialmente este plan, millones de civiles alemanes perecieron por causa de la “venganza semítica” de Morgenthau, ejecutada por el criminal de guerra y genocida Dwight Eisenhower. Entre los franceses, fueron precisamente los resistentes, quienes conformaban las ¾ partes de los parlamentarios elegidos en 1945, los que enarbolaron los estandartes de la venganza que en España tanto se le reprocha al franquismo. Curiosamente, en esas “venganzas” de la Depuración, el papel de los republicanos españoles exiliados parece que, según Lottman, poco tuvo de anecdótico.

 
No fue, en suma, gracias a una Francia gobernada por resistentes, precisamente, que se depuso el plan Morgenthau, aunque en honor a la verdad hay que recordar, por ejemplo, las protestas del diario Le Figaro en septiembre de 1945 por el trato dado a los prisioneros alemanes (Bacque, p. 97):

On a parlé du prisonnier gros et gras menant une vie à peu près libre… Ce que l'on sait des quelque cent camps où se répartit l'immense majorité de prisonniers est très différent. Les renseignements les plus sérieux y donnaient, depuis quelque temps, l'état physique général comme plus que déplorable. On parlait de mortalité effrayante, non par maladie, mais par inanition : de moyennes de poids de 35 à 45 kilos, bref de conditions générales impropres à tout effort utile. Nous avions d’abord douté de la véracité d’un tel état de choses. Mais les appels nous sont venus de sources multiples et nous ne pouvons notamment récuser les témoignages que nous apportait l'abbé Le Meur, aumônier général adjoint des prisonniers de l’Axe.
 
También, las del diario “Le Monde” (30 de septiembre-1 de octubre de 1945) comparando Dachau con algunos de los campos franceses para prisioneros alemanes:


Comme on parle aujourd’hui de Dachau, dans dix ans on parlera dans le monde entier de camps comme… Notre correspondant cite celui de Saint-Paul d’Égiaux (sic). Mais il apparaît que ce jugement est valable pour beaucoup des camps ou des dépôts français de prisonniers de l'Axe. Cet autre, nous écrit-on, compte actuellement un effectif de 17.000 hommes et nous a été remis par les Américains au mois de juillet. Depuis, deux cimetières de deux cents tombes chacun ont été remplis. En ce moment, la mortalité s'élève à dix hommes par jour.

 
El problema de la venganza es planteado por el propio periodista Jacques Fauvet sin ningún tipo de contemplaciones:

On a souvent dit que le meilleur service que nous pouvions rendre à nos adversaires était de leur ressembler, assurés qu'ils peuvent être ainsi de nous retrouver au tribunal de l’Histoire. Mais c'est à une idée plus haute de sa propre dignité que la France se doit d'être fidèle. Il serait regrettable que la presse étrangère fût dans l'obligation de nous le rappeler. Sans doute n'est-il point question pour un pays exsangue d’offrir aux prisonniers qu'il emploie un régime de bien-être et d’abondance dont beaucoup de ses citoyens sont privés. Mais il est un minimum à assurer à un être humain, fût-il allemand et prisonnier… Nos correspondants estiment n'avoir pas lutté et souffert pour que se perpétue l’offense faite à l’homme par des actes ou des faits qu'ils ont réprouvés en d’autres temps, en d’autres lieux. La loi du talion qui a pour nom moderne celui de représailles est étrangère à notre tradition.

Muy pocos actuaron como Jacques Fauvet, y los muertos alemanes siguen enterrados en fosas que está prohibido excavar por orden terminante de las autoridades de Berlín. Esas fosas son testimonio de un genocidio planificado que también afectó a la población civil. ¿Dónde está el juez Garzón que ponga fin a esta inacabable vergüenza de la Europa "democrática"?




[1] Smith, A. L., Die “vermisste Million”. Zum Schicksal deutscher Kriegsgefangener nach dem Zweiten Weltkrieg, München, R. Oldenburg Verlag, 1992, p. 9., n. 2.


[2] De Zayas, A-M., in Crimes and Mercies, Bacque, J., Little, Brown, U. K., 2007, “Foreword” (1997),  pp. xvii-xviii.


[3] Op. cit., p. xxii.

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html

 

jueves, junio 04, 2015

El mayor genocidio de la historia (5). La cifra total de víctimas

El 23 de septiembre de 2009 publicábamos la primera entrada de la serie "El mayor genocidio de la historia". La fuente principal era la obra Other losses, del periodista canadiense James Bacque (1989). En ese post se vertieron una serie de afirmaciones que han dado mucho de sí y que ahora convendría matizar y ajustar a los nuevos conocimientos adquiridos. Hace ya tiempo que hemos limitado la cifra de 17 millones de víctimas del genocidio alemán al número de afectados, es decir, a la suma del total de los asesinados más aquéllos que fueron expulsados de sus hogares, deportados, a las mujeres violadas, etc. Pero podría llegar a 25 millones. La cifra de 13 millones de exterminados se reserva al máximo (provisional) de una horquilla que oscila a partir de los 8 millones. Si la horquilla es tan amplia se debe a que, según James Bacque, los ciudadanos alemanes que perecieron a resultas de la hambruna planificada por las autoridades aliadas de ocupación son 5,7 millones (plan Morgenthau), pero este cálculo se obtiene 1/ comparando los censos anteriores y posteriores al período 1945-1949, 2/ sumando a dichos censos los desplazados de las provincias del Este y las minorías germanohablantes de la Europa central y balcánica, y 3/ restando las víctimas alemanas por otros conceptos. En consecuencia, resultaba prudente dejar bastante abierto el margen posible de error. En función de tales cálculos, se obtiene que en el último censo posterior a la catástrofe habían desaparecido más de 5 millones de alemanes, los cuales no se pueden atribuir a caídos en el frente, prisioneros desarmados exterminados, víctimas de los bombardeos terroristas británicos u otras categorías. Nosotros, en su momento, propusimos 13 millones de víctimas dando por buenos los 5,7 millones de la hambruna establecidos por Bacque y aquella fatídica cifra ha sido confirmada, de forma casi exacta, por el profesor Dr. Bernhard Bellinger, de Berlín, quien publica la siguiente tabla:


Como puede comprobarse examinándola con detalle, al total de 15.799.000 hay que sustraer los soldados alemanes caídos en combate, que son unos 3 millones. La resta nos da 12.729.000 víctimas. Pero Bellinger admite sólo 500.000 muertos por los bombardeos terroristas ingleses, mientras que nosotros nos basamos en la cifra de Jörg Friedrich (2002) en Der Brand. Deutschland im Bomberkrieg 1940-1945, donde se consigna un mínimo de un millón de muertos como consecuencia de dichas operaciones aéreas de exterminio. Si añadimos esta diferencia, léase: unos 500.000 muertos más, la cifra total de víctimas asciende a 13.229.000 personas.

El carnicero Charles Portal.
Trece millones de personas asesinadas por motivos racistas: ¿el mayor genocidio de la historia moderna?

Las polémicas entorno a conceptos como los desaparecidos o las víctimas de los bombardeos terroristas no van modificar en exceso estas conclusiones, no obstante conviene dejar constancia de algunos extremos.
Tenemos a 1.272.000 de militares alemanes, presuntos desaparecidos que, en opinión de Bacque, son los exterminados en campos franceses y americanos para prisioneros alemanes. Mientras duró el conflicto bélico, y dado que los alemanes respetaban la Convención de Ginebra con los prisioneros capturados a los occidentales, firmantes también de la misma, Washington  no se atrevió a masacrar a los prisioneros alemanes por miedo a posibles represalias con los 2 millones de soldados ingleses y americanos internados en campos alemanes. Sin embargo, una vez vencida Alemania, Eisenhower ideó el perverso concepto de F. E. D. (Fuerzas Enemigas Desarmadas) a fin de poder contraponerlo al de P. W. (Prisioneros de Guerra) y estar en condiciones de omitir los preceptos legales de la convención. No sólo eso, centenares de miles de P. W. pasaron como por ensalmo  a convertirse en F. E. D. a base de trucar las estadísticas poblacionales de los campos. ¿Cuál era la finalidad de dichas innovaciones terminológicas y trasiegos burocráticos? Simplemente, dejar a los prisioneros alemanes a merced del ocupante y sin que ninguna potencia protectora pudiera reclamar la fiscalización del funcionamiento interno de los campos, es decir, el respeto a la normativa humanitaria internacional relativa a los prisioneros de guerra. Según Bacque, el número de víctimas de lo que, en este concepto, para nosotros constituye sólo una fase más en el proyecto global de exterminio planificado, es de un millón. Como consecuencia de estas investigaciones y debates, se empezó a hablar del hoy ya famoso vermisste Million, que los occidentales intentaron atribuir a los soviéticos pero cuya responsabilidad apunta más bien a los aliados franceses y americanos. Los ingleses, que habían masacrado a los civiles alemanes mediante bombardeos terroristas, se sometieron a la Convención de Ginebra en el caso de los prisioneros de guerra en sus propias zonas de ocupación, a pesar de lo cual no denunciaron las atrocidades que se estaban cometiendo en los campos administrados directamente por Eisenhower y De Gaulle.

La obra de James Bacque desató en su momento una polémica que sigue abierta en la actualidad. Demostraremos en los próximos posts que los intentos de desacreditar a Bacque han fracasado y que, a partir de las cifras aportadas por especialistas sobre los que no pesa la menor sombra de duda en cuanto a seriedad y profesionalidad, puede hablarse de un plan de amputación étnica del pueblo alemán iniciado en 1941 (aunque ya existían antecedentes a finales de la Primera Guerra Mundial) y completado en 1949.

Quizá la contribución más importante de aquella primera entrada de 23 de septiembre de 2009 no consistió, por tanto, en sumar las cifras de los diferentes conceptos de víctimas alemanas, sino en descubrir la existencia del plan de exterminio mismo. Evidentemente, las pruebas de que ese plan no son un invento o una fantasía del autor trascienden el mero indicio, de suerte que el silencio académico en torno a este escándalo  tarde o temprano tendrá que ser roto, aunque sólo sea, como ocurrió con Bacque, para insultar a quienes hemos levantado la bandera de la verdad. Algunos insultos ya pudieron leerse en la entrada que entonces publicara Filosofía Crítica. Siguen ahí, no han sido suprimidos. En estos momentos, empero, disponemos de una larga lista bibliográfica que avala aquello que a la sazón dependía de la lectura de unos pocos autores, como De Zayas, Bacque, Friedrich o Macdonough. Podemos sostener que una de las causas del holocausto fue el plan de exterminio del pueblo alemán ideado en EEUU, es decir, que el asesinato masivo de judíos fue en parte la "venganza nazi" por el plan Kaufman/Morgenthau y los bombardeos terroristas de las ciudades alemanas interpretados por la inmensa mayoría del pueblo como la inexorable aplicación de dicho plan. A partir de ese momento, la atroz indiferencia de los alemanes hacia el destino de los hebreos se convirtió en una realidad cotidiana. Los aliados (del Este y del Oeste) generaron, en fin, de forma consciente, las condiciones del distanciamiento emocional y moral que facilitara el desprecio de las autoridades del Tercer Reich hacia un "discurso humanitario" cuya realidad, a los ojos de la ciudadanía, se habría demostrado un fraude. ¿Puede afirmarse, después de lo sucedido en el mundo entre la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y nuestros días, que dicha normativa es algo más que un instrumento de propaganda al servicio del imperialismo de Washington? Que cada cual ensaye su respuesta; nosotros hace ya mucho tiempo que publicamos aquí la nuestra.

Prof. Dr. Bernhard Bellinger.
La tabla de Bellinger

A continuación examinaremos una a una las cifras de la tabla de Bellinger y las fuentes bibliográficas en que se basan.

En primer lugar tenemos a los militares alemanes desarmados que fueron exterminados en campos de concentración franceses, norteamericanos y soviéticos, pero también yugoeslavos, polacos y checos. Bellinger acepta 1.800.000 víctimas. Según Bacque, esta cifra habría que elevarla a 2.500.000 víctimas.

En cuanto a las víctimas de los soviéticos, la cifra asciende a 1.335.500 personas. La fuente de Bellinger es la siguiente: Nawrtail, H., Nachkriegverluste unter dem Vertriebenen, Gefangenen und Verschleppten, München, 1986, p. 66. / Ratza, W.: "Die deutschen Kriegsgefangenen des Zweiten Weltkriegs, Der Faktor Arbeit", in: Zur Geschichte der deutschen Kriegsgefangenen, editado por Erich Maschke, Tomo IV, München 1973, página 207

Por lo que respecta a los franceses existe cierto consenso, a pesar de la polémica a la que ya nos referiremos en un próximo post, entre Bacque y su más visceral crítico, Arthur L. Smith (quien llega a insultarle, como veremos), respecto de la alta mortandad de los campos franceses, con 113.000 víctimas asesinadas por los hombres de De Galle y de la Résistance française. Fuente de Bellinger: Smith, Arthur L., Die vermisste Million": zum Schicksal deutscher Kriegsgefangener nach dem Zweiten Weltkrieg, München, 1992, p. 86 (no hemos podido confirmar esta fuente en el original, por lo que entendemos que debe de tratarse de un error) / Bacque, J., Das geplante Tod. Deutsche Kriegsgefangene in amerikanischen und französischen Lagern, Frankfurt/Berlín, 1999, p. 336

En los campos yugoeslavos tenemos la nada despreciable cifra de 90.000 víctimas asesinadas por las autoridades comunistas. Fuente de Bellinger: Böhme, K. W.: "Die deutschen Kriegsgefangenen in Jugoslawien 1941-1949", in: Zur Geschichte der deutschen Kriegsgefangenen, editado por Erich Maschke, Tomo I/1 y I/2, München 1962.

En lo que concierne a los campos americanos, la polémica está abierta y de ella nos ocuparemos en la próxima entrada. Según Bacque, el "vermisste Million" (millón desaparecido) es la consecuencia de la política de Eisenhower, con 800.000 víctimas. Macdonough rechaza tanto los cálculos de Bacque como la contabilidad estadounidense, reconociendo una cifra de 100.000 víctimas . Nawratil, H., en la obra citada, pp. 44-45,  que es la que Bellinger recoge en su tabla, se atiene a las cifras oficiales de 24.000 víctimas. El "millón desaparecido" se incluye por tanto en categoría correspondiente de "desaparecidos", a todas luces demasiado abultada.

Finalmente, la citada obra de Nawratil, pp. 44-45., reconoce 22.000 víctimas en los campos polacos y checos.

El segundo bloque de víctimas estaría formado por los civiles alemanes, con un total de 10.000.000 de víctimas, según las cifras de Bellinger, que a su vez se subdividirían en tres categorías: víctimas mortales de la limpieza étnica, víctimas de los bombardeos terroristas británicos y víctimas de la hambruna planificada.

Por lo que se refiere a los segundos, Bellinger sólo admite 500.000 víctimas a tenor de la siguiente base documental: Czesanky, M., Europa im Bomberkrieg 1939-1945, Graz, 1998, p. 698. / Arntz, H., "Presse- und Informationsamt der Bundesregierung", in Kessing's Archiv der Gegenwart, 3 abril de 1953, p. 3937. Para nosotros la cifra se eleva a un mínimo de un millón de víctimas y posiblemente 1.100.000 víctimas. Fuente: Friedrich, J., op. cit.

En cuanto a la limpieza étnica, afecta 1/ violencia contra la población alemana del Reich (Reichdeustche), con 3.200.000 de víctimas. Fuente: Nawratil, H., Schwarzbuch der Vertreibung 1945 bis 1948, München, 1999, p. 79; 2/ violencia contra las minorías germanohablantes (Volksdeutsche), con 472. 400 víctimas.

A estas cifras habría que añadir las de la hambruna en Alemania, con 5.700.000 de víctimas. Fuente: Bacque, J., Verschwiegene Schuld die allierte Besetzungspolitik in Deutschland nach 1945, Berlín/Frankfurt, Ullstein, 1995, p. 139.

La primera cifra se desglosaría en los siguientes apartados:

a/ violencia rusa en Alemania: 240.000 víctimas. Fuente: Nawratil, H., op. cit., pp. 56, 66.

b/ cárceles para civiles: 100.000 víctimas. Fuente: Nawratil, H., pp. 64, 67.

c/ violencia rusa en Austria: 60.000 víctimas. Fuente. Nawratil, H., pp. 57, 66.

d/ asesinados durante la deportación de las provincias alemanas del Este: 2.800.000 víctimas. Nawratil, H..: Schwarzbuch der Vertreibung 1945 bis 1948, München 1999,  p. 79

La segunda cifra se desglosaría en los siguientes apartados:

a/ minorías germanohablantes en Rusia: 300.000 víctimas. Fuente: Kulturrat der Deutschen aus Russland e V. (Editor): Volk auf dem Weg, Deutsche in Russland und in der G. U. S., 1993, Mit freundlicher Förderung der Bundministeriums des Innern, Bonn, 1993, p. 18.

b/ minorías germanohablantes en Yugoeslavia: 85.000 víctimas. Fuente: Arbeitskreis Dokumentation im Bundesverband des Landsmannschaft der Donauschwaben, Sindelfingen, und der Donauschwäbischen Kulturstiftung der privaten Rechts, München: Leidensweg der Deutschen im kommunistischen Jugoslawien, Tomo II, Erlebnisberichte über Verbrechen an dem Deutschen durch das Tito-Regime in der Zeit von 1944-1949, München Sindelfingen, p. 1015.

c/ minorías germanohablantes en Rumanía: 10.000 víctimas. Bundesministerium für Vertriebene, Flüchtlinge und Kriegsgeschädigte (Editor): Das Schicksal der Deustchen in Rumänien. Dokumentation der Vertreibung der Deutschen aus Ost-Mitteleuropa, Tomo III, p. 80.

d/ minorías germanohablantes en Polonia: 77.000 víctimas. Sack, J., Auge um Auge. Die Geschichte von Juden, die Rache für den Holocaust suchten, Kabel, 1995, p. 329.

Las bajas alemanas en el frente fueron relativamente pocas, pero la carnicería que los demócratas organizaron después con los prisioneros y los civiles alemanes ya inermes no tiene quizá parangón en la historia moderna. En definitiva, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial resulta que fueron unos auténticos ejemplos de hipocresía; quienes nos gobiernan encarnan hoy a sus herederos y cómplices.

¿Quién es Bernhard Bellinger?

Quedan fuera de los calculos, según expresa mención de Bellinger, las víctimas de los trabajos forzados a que fueron sometidos no sólo los soldados prisioneros, sino los propios civiles, particularmente en Rusia y Francia. Los afectados son más de 5 millones de personas. El número de los que perecieron está todavía por calcular:

Diese Tabelle enthält nicht die Zahl der Opfer von Gewalttaten gegen deutsche Zwangsarbeiter im Herrschaftsbereich der Siegermächte. Die Zahl der deutschen Zwangsarbeiter dürfte viele Millionen betragen haben. In Russland wurden nicht nur Kriegsgefangene zur Zwangsarbeit herangezogen, sondern auch Zehntausende Zivilpersonen nach der Besetzung der deutschen Ostgebiete nach Russland verschleppt. Die US-Army stellte die Zahl ihrer deutschen Kriegsgefangenen auf 5.235.689 Personen fest. Von diesen übergab sie einen großen Teil an die anderen Siegermächte einschließlich Russlands für Zwecke der Zwangsarbeit. So forderte beispielsweise Frankreich zum Zwecke der Zwangsarbeit 750.000 Gefangene an und erhielt nach der einen Quelle 730.000 und nach einer anderen Quelle 886.000 Gefangene. Diese Zwangsarbeiter wurden in Frankreich unter anderem auch dafür eingesetzt, Minenfelder zu räumen. / Unterlagen über Opfer von Gewalttaten mit Todesfolge für deutsche Zwangsarbeiter liegen in zahlreichen Fällen vor, wurden aber noch nicht in einem geschlossenen System dokumentiert und ausgewertet.

Si a las víctimas ya contabilizadas y documentalmente acreditadas se suman las de los contingentes de trabajadores forzados (civiles y militares), entonces !la cifra de 13 millones de víctimas podría ser ampliamente rebasada y aproximarse a los 17 millones apuntados por nosotros en 2009!

El professor Dr. Bellinger no es ningún antisistema, precisamente, sino alguien muy bien integrado en el sistema que cometió tales atrocidades. Un presidente del Rotary Club (1985-1986) es alguien que ha superado todos los filtros de confiabilidad oligárquica. Quizá su postura frente a los abusos perpetrados por los vencedores con los prisioneros alemanes, singularmente por parte de los americanos, se explique a partir de la siguiente afirmación:

Ich bin ein Freund Russlands und ein großer Freund und Bewunderer der Vereinigten Staaten, war oft - auch beruflich - dort und bin dankbar, dass ich in einem der Westsektoren mit Hilfe unter anderem der Amerikaner dazu beitragen konnte, unser Land wieder aufzubauen.

("soy un amigo de Rusia y un gran amigo de los Estados Unidos, he estado allí por motivos profesionales a menudo y me siento agradecido de haber podido contribuir en el sector occidental a reconstruir nuestro país con ayuda entre otros de los americanos"). Pero, ¿cómo se puede ser amigo de quien provocó una hambruna con 5.700.000 víctimas reconocidas como tales en su Tabelle? ¿Quizá de nuevo la "culpa alemana", que pone el carro delante del caballo y convierte los efectos en causas?

Abschließend erlauben Sie mir bitte eine persönliche Anmerkung. Meine Kritik und meine Untersuchungen sollen nicht die Straftaten der Deutschen in der Zeit von 1933 bis 1945 aufrechnen oder in Frage stellen.

Una vez más ya no se trata de los "hechos", sino de las interpretaciones, o sea, de la filosofía. Estos hechos forman parte de los misterios políticos de nuestra situación histórica, donde las evidencias del crimen se encuentran ya en las bibliotecas especializadas, para quien quiera buscarlas, pero sólo llegan a la prensa con cuentagotas y, desde luego, garantizando, en las formas y en el lenguaje, que pocos se atrevan a sacar las consecuencias políticas fulminantes de la espantosa verdad.

La consabida excusa habitual es que "los alemanes empezaron"; trátase empero de una falsedad que (ya hemos apuntado y documentado en otras entradas algunos datos pero seguiremos abundando en ello) no puede explicar las gigantescas atrocidades "progresistas" y "demócratas" que precedieron, ya sea al propio nazismo, ya al holocausto en cuanto tal.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

jueves, enero 01, 2015

¿Qué piensa la oligarquía?

Judíos en el movimiento fascista originario: un "escándalo" sin explicación en los términos del "antifascismo" actual de rigor.


















La idea de una "extrema derecha que gobierna el mundo" representa en sí misma una paradoja. Como ya señalábamos en entradas anteriores, "ultraderecha" es un término despectivo que alude a un sector político marginal, minoritario y mundialmente despreciado. Sin embargo, sostenemos, la extrema derecha gobierna el mundo. ¿Cómo es esto posible? Pues porque existe una extrema derecha, a saber, la extrema derecha sionista, que no se reconoce ni es reconocida como tal. Este campo político constituye, además, la fuente de la estigmatización de todos los nacionalismos gentiles y, al mismo tiempo, ha producido el imaginario en virtud del cual permanece inmune a su propio veneno. Pero la extrema derecha manda  en el hemisferio occidental: EEUU, la City de Londres e Israel.

Cada vez que un "progresista" utiliza la palabra "fascismo" como sinónimo del "mal radical", convalida y fortalece el código simbólico oligárquico, pues es ese mismo uso lingüístico el que ampara, por decirlo así, a los ultras judíos. 

De lo expuesto se desprenden al menos tres postulados:

1/ para reivindicar posiciones políticas nacionalistas hay que situarse a la izquierda o uno será inmediatamente acusado de "ultra";

2/ para defender posiciones socialistas o, en general, de defensa de los trabajadores, es menester adoptar previamente posturas nacionalistas, toda vez que el lenguaje y la praxis de la oligarquía son universalistas, cosmopolitas y globalizadores respecto de los pueblos "gentiles";

3/ para defender idearios políticos radicalmente contrarios a la oligarquía en general hay que renunciar al código simbólico antifascista que, de forma automática, santifica por defecto el nacionalismo sionista de extrema derecha.  

Sin embargo, en lugar de estas medidas preventivas de puro sentido común, aquéllo que encontramos en el mundo de la política es lo siguiente: 1/ los nacionalistas radicales de cada país, excepto en el caso de las naciones o pueblos sin Estado, se identifican con la derecha y aceptan, incluso de buen grado, el calificativo de "ultraderechistas", colocándose así en las antípodas de las masas populares trabajadoras a las que debería ir destinado su mensaje; 2/ los izquierdistas radicales en todo el mundo se confunden con el cosmopolitismo, la universalización y una fórmula especial de la globalización o mundialización que legitime su agenda favorable a los flujos migratorios promovidos también por el capitalismo, rechazando así,  en conclusión, toda forma de nacionalismo; 3/ estos mismos izquierdistas radicales asumen de buena gana el lenguaje antifascista y consideran que le hacen mucho daño a la oligarquía cuando la acusan de "fascista", a pesar de que, con dichos usos linguísticos, legitiman el imaginario ideológico (sionista) del "Holocausto" (Norman G. Finkelstein).

Todos estos errores impiden organizar una auténtica resistencia política e intelectual contra la oligarquía. De ello son responsables tanto los ultraderechistas cristianos como la extrema izquierda comunista, los cuales representan voluntariamente, en definitiva, el papel que el nacionalismo radical judío, es decir, la extrema derecha sionista que gobierna el mundo, les ha asignado en provecho propio. 

El trabajo de toda filosofía crítica debe consistir en combatir los mitos, dogmas y códigos simbólicos que, asumidos inconsciente y acríticamente por los ciudadanos, sustentan de hecho la ideología oligárquica.  A tal efecto, conviene saber qué piensan realmente los oligarcas, sólo de esta manera podremos comprender sus pautas de conducta y contrarrestarlas de manera eficaz. Las estrategias y tácticas de resistencia han fracasado una y otra vez a lo largo de la historia. Si el enemigo oligárquico vence siempre, si los ultraderechistas comprueban que sus naciones son cada vez más dependientes del poder mundial, mientras la izquierda radical contempla el progresivo empobrecimiento de los trabajadores en todo el mundo, algo estarán haciendo mal unos y otros. Algún error deben de cometer. Para empezar, cuando aceptan sin reflexionar la falsa idea de polaridad que opone ultraderecha y extrema izquierda. Dicha polaridad existe, pero no es realmente la que piensan los interesados porque está mediada por otro concepto, a saber: judíos/gentiles, mucho más fundamental. Para romper con aquélla en su forma manipulada baste recordar que el fascismo fue, en sus orígenes, de izquierdas, un hecho que subleva tanto a ultraderechistas cuanto a izquierdistas radicales a pesar de ser la pura verdad.

Los tres niveles de análisis crítico

La ideología oligárquica muestra tres niveles de análisis: 1/ el nivel económico, ahí donde aparecen todas las cuestiones relativas al neoliberalismo, al capitalismo, los recortes sociales, las privatizaciones, las deslocalizaciones y otras prácticas harto conocidas. En este nivel los ultraderechistas poco tienen que criticar, eso cuando no se declaran abiertamente liberales y filocapitalistas. De la misma manera que se declaran cristianos, con lo que, pese a su presunto nacionalismo, están asumiendo las condiciones históricas previas y requisitos ideológicos e institucionales del cosmopolistismo apátrida. En la crítica del neoliberalismo se muestran más decididas las izquierdas radicales, pero siempre omitiendo el fenómeno de la inmigración a pesar de que éste representa una grave agresión capitalista al valor del trabajo. La combinación de ambas incongruencias posibilita el triunfo del capital, pues las sinergias de las fuerzas políticas de presunta resistencia en realidad confluyen en la misma dirección que las de las fuerzas políticas sistémicas, es decir, aquéllas que, de forma más o menos declarada, promueven la mundialización neoliberal.

El segundo nivel de análisis es aquél en que, además de la crítica del neoliberalismo, el crítico descubre la presencia del fenómeno ultraderechista judío moviendo los hilos de la globalización occidental y vulnerando, en provecho propio, todas las normas que impone al resto de los países, es decir, practicando el supremacismo racial, el imperialismo, el colonialismo, etc... Son pocos los analistas de izquierdas que alcanzan el segundo nivel, pues temen ser acusados de antisemitas. Además, la izquierda radical está repleta de nacionalistas judíos encubiertos que se dedican, precisamente, a reducir todas las cuestiones políticas a cuestiones económicas, borrando las huellas del ultraderechismo criptojudío en las decisiones adoptadas por la oligarquía. No obstante, autores como James Petras, entre otros, son modélicos en lo que concierne a denunciar las motivaciones racistas (sionistas) de la política internacional estadounidense promovida por el lobby israelí en Washington. Empero, con el fin de evitar ciertas acusaciones de la parte oligárquica, los mencionados críticos acostumbran a sobrerrepresentar su antifascismo y, con ello, a remachar con su prestigio y legitimidad de "verdaderos críticos" sinceros (no "vendidos") la validez del imaginario oligárquico antifascista. Así serán, a la postre, los que más daño hagan a la causa de la resistencia y la crítica. En cuanto a la extrema derecha, es incapaz de desarrollar una crítica del ultraderechismo judío en este nivel por dos razones: las extremas derechas gentiles comparten todos los tópicos de su adversario, máxime cuando, en la mayor parte de los casos, estamos hablando de ultraderechas cristianas y de antisemitismos cristianos acuñados en el molde bíblico; dicho brevemente: en última instancia, ellos mismos descienden de la matriz cultural judía.

El tercer nivel de análisis es, por tanto, religioso. La oligarquía sionista obedece a una serie de creencias apocalípticas y mesiánicas irracionales. Cuando no lo hace, su nihilismo es absoluto. Y las diferencias internas serias que oponen a los oligarcas hay que colocarlas en dicho plano interpretativo. No podemos entender nada de lo que sucede en el mundo sin abordar este decisivo factor motivacional. Tanto el neoliberalismo cuanto el nacionalismo judío radical conducen a YHWH,  es decir, a cuestiones como la resurrección de la carne, la inmortalidad, el reino de dios, el fin del mundo, etcétera... La pregunta por la verdad y la racionalidad resulta insoslayable. Pensar que se puede hacer "política de resistencia contra la oligarquía" manteniendo una postura liberal de neutralidad en estas materias es simplemente absurdo. Y, sin embargo, ésta es la situación en el mejor de los casos. Los ultraderechistas gentiles decláranse cristianos y están incapacitados a radice para demoler los fundamentos ideológicos del sistema oligárquico: ellos mismos los  sostienen con una estulticia filosófica absolutamente sorprendente. "Una" extrema derecha no puede "criticar" realmente a "otra" extrema derecha, y quienes manipulan la historia son ultraderechistas. No existe, ni puede existir, en definitiva, genuina crítica ultraderechista a la oligarquía. Por su parte, la izquierda radical es heredera, a menudo inconsciente, de la secularización  histórica de los valores cristianos, de tal suerte que cuando uno aborda la crítica del judeo-cristianismo tiene que topar, tarde o temprano, con dogmas puros que los intelectuales "progresistas" se niegan siquiera a "pensar", pues sólo hacerlo les produce auténticos mareos existenciales. Son tales dogmas los que mantienen a la izquierda occidental encadenada al capitalismo y operando como legitimador ideológico "humanitario" de las políticas de flujos migratorios, es decir, el blanqueo filosófico de la trata de esclavos perpetrada por los capitalistas con fines de negocio, mestizaje y "multiculturalismo para gentiles". Y ésta sólo entre otras muchas cuestiones que los izquierdistas marxistoides consideran irrenunciables: relativismo, individualismo, hedonismo...

El tercer nivel de análisis es el más importante, pues sólo una vez mínimamente aclarado este aspecto básico de la cuestión puede pasarse a los otros dos sin perderse en el laberinto de datos que presentan. Pero nadie entiende esto. Nadie ha sido capaz, hasta ahora, de comprender que el tema del "fascismo" remite al tercer nivel y no puede resolverse como una cuestión política, sino filosófica, es decir, en tanto que respuesta a preguntas fundamentales de la existencia humana que impulsan a los oligarcas en su proyecto de dominación planetaria. En efecto, éstos son hombres igual que nosotros: todo aquéllo que hacen  o dejan de hacer responde a unos motivos tan hondos como los de cualquier hijo de vecino. No buscan sólo el dinero. No buscan sólo el poder. Con la "riqueza" y el "poder" están resolviendo otros problemas "antropológicos" de primera magnitud. Si no somos capaces de "analizarlos" en ese estrato de sentido, seguiremos jugando a un juego donde habremos sido derrotados de antemano. Nuestra derrota será, empero, la de todos los pueblos del mundo, la derrota de la civilización, la derrota de cualquier noción de socialismo y justicia social..., pero sólo porque, en primer lugar, se habrá consumado en Europa, patria de la filosofía, la derrota de la verdad. 

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
17 de mayo de 2014

Documentación anexa

http://protocolosgatunos.blogspot.com.es/2011/06/los-judios-y-el-fascismo-una-paradoja.html

http://nazismosionismo.blogspot.com.es/2012/03/introduccion-nazismo-y-sionismo-las-dos.html

http://antagonistas.blogia.com/2011/011401-entrevista-con-vincenzo-vinciguerra.php

http://antagonistas.blogia.com/temas/vinciguerra.php

Aviso legal

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html
 

viernes, diciembre 19, 2014

Disidencia y crítica

¿En qué consiste la crítica y cuál es su importancia real en las tareas de la disidencia? Veámoslo. El sistema actual enarbola una ideología concreta, el antifascismo, pero no por capricho, sino sólo porque la requiere en cuanto fuente de legitimación discursiva, lo que significa que, como cualquier otro "dispositivo de dominación pública", sin la fe de las masas en la verdad del mensaje litúrgico que transmite, el sionismo no podría existir. Además, es vulnerable a un ataque en ese preciso enclave o función de su estructura donde impera formalmente la denominada "libertad de expresión". Por otra parte, cabe afirmar que en la actualidad -pero la situación podría cambiar si sobreviniera una crisis de dimensiones planetarias, ocioso es señalarlo- el sistema sólo resulta susceptible de ser seriamente dañado en dicho plano simbólico (!que no es poco!). En efecto, la apabullante superioridad material del aparato de poder liberal-burgués sionista hace inviable un ataque contra el mismo de tipo violento (militar o de cualquier otra clase, como el 11-S) que no vaya precedido de una victoria política, pero a su vez ésta sólo sería posible, o siquiera "pensable", en el marco de un horizonte histórico donde se hubieran elevado al nivel de la "opinión pública" las graves incongruencias internas del imaginario simbólico vigente y, a fin de erradicar el universo conceptual ideal y narrativo que lo fundamenta, esta situación posibilitase que se usare contra él mismo de su propia y gigantesca fuerza inercial. La crítica de la ideología es, por tanto, el primer e ineludible paso para todos aquéllos que han hecho de sus vidas una militancia disidente contra las fuerzas de la opresión, la mentira y el crimen que actualmente ejercen su tiranía incontestada. Léase: contra nuestros gobernantes y sus correspondientes hinterlands financieros, propagandísticos, sociológicos e institucionales.

Ahora bien, conviene subrayar que no todo asalto verbal a la ideología del sistema ostenta ya el carácter y el rango de una crítica. El motivo es que no puede esperarse un efecto crítico de desafiar a la ideología antifascista desde otra ideología que le sea totalmente exterior, por ejemplo la magia o una religión pagana, porque, incluso si aceptáramos tamaños dislates, la total hegemonía que el dispositivo de dominación ejerce sobre los medios de comunicación, la educación y la cultura, haría ininteligible y, por ende, inocuo, semejante lenguaje "alternativo". Por tanto, la tarea de los disidentes NR, nacional-republicanos o terceristas -los únicos disidentes de verdad que yo conozco- es acuñar un discurso que, aceptando ciertos presupuestos a los que el sistema no puede renunciar y ha institucionalizado o hecho suyos de manera compulsiva y subordinada pero omnipresente, por ejemplo las exigencias de verdad y objetividad, y siempre que dichos presupuestos, como lo son los del ejemplo, no sean incompatibles con nuestros propios principios, permita ejercer una crítica racional, desplegando un discurso inmanente al mismo sistema cual iskra (chispa) que provoque el cortocircuito, "incendio" y destrucción de sus dispositivos simbólicos.

Por último, hay que remachar un principio muy claro: únicamente sobre las ruinas lógicas de su propio colapso conceptual interno se abrirá el espacio -horadado en la gruesa muralla del poder- que permita el avance de las fuerzas políticas revolucionarias, es decir, de aquéllas estructuras externas al sistema capaces de hacerse con la dirección de las instituciones, todo ello a fin de sembrar las semillas de una alternativa de valores éticos en las raíces mismas de la existencia humana y, a largo plazo, de transformar el conjunto de la sociedad. Cuando eso ocurra en Europa, y sólo entonces, podrá empezar a hacerse realidad el sueño de derrotar materialmente al sistema, dondequiera que éste haya instalado su sede, en el plano político-militar. A mi entender, aunque aquí se trata ya sólo de una mera prospectiva especulativa, ese futuro anhelado fervientemente por nosotros hace inevitable un conflicto entre un polo político euroasiático de poder real en cuanto negación autárquica del mercado mundial, y el polo político norteamericano, brazo armado del delirante proyecto de globalización liberal-sionista, es decir, de extinción pura y simple de todas las culturas y pueblos de la tierra, excepto un presunto "pueblo elegido".

Designo con la palabra "potencialismo", porque alguna hay que utilizar y ya explicaré en su momento el motivo de que se eligiera precisamente ésta, al conjunto de planteamientos filosóficos que debe permitir la reorganización de la disidencia, la identificación y definición rigurosa del sistema como enemigo político, la detección y determinación exacta de su ideología o aparato de legitimación doctrinal, y la acuñación coherente del correspondiente concepto de crítica, entendido no en términos de "lo que nosotros pensamos" -o peor "nos gusta"- , sino de aquéllo que, nos agrade o no, puede estrictamente implementar, optimizar y llevar a su máxima expresión el efecto crítico de corrosión y destrucción de la función simbólica del sistema liberal-burgués sionista a escala mundial.

En definitiva, la crítica supone una determinada jerarquía de valores, pero no "otros" valores cualesquiera "distintos" de los actuales. Como veremos inmediatamente, no todo lo presuntamente opuesto al sistema -como la magia o el esoterismo- pertenece al campo de la revolución, puesto que la crítica y la revolución mismas son instituciones modernas. El pensamiento crítico, la disidencia y el proyecto revolucionario subvierten la actual jerarquía de valores, pero los valores mismos erigidos en alternativa forman ya parte, aunque subordinada, de la conciencia colectiva, de lo cual depende precisamente su operatividad criticista. Pues, para empezar, no existe ni puede existir crítica alguna en el seno de una sociedad tradicional. Este hecho es el que3 diferenció al fascismo de la extrema derecha y sigue ahí impertérrito ante nosotros como la eterna asignatura pendiente del campo NR.

La refundación potencialista del proyecto nacional-revolucionario europeo

En este artículo vamos a hablar sobre un proyecto que dio sus primeros pasos, meros balbuceos por lo demás rápidamente acallados, en la Cataluña de los años ochenta y fue totalmente estigmatizado y rechazado por los que a la sazón monopolizaban -mejor dicho, usurpaban- el canon del discurso nacional-revolucionario, identificándolo con el pomposamente denominado "pensamiento tradicional", una pura invención que nada tiene que ver con ninguna tradición europea conocida y que hacía apología de curiosidades tan variopintas como -y sin pretender ser exhaustivos- el esoterismo, la alquimia, la magia, la teosofía, el espiritismo, la brujería, las "paraciencias", el orientalismo, las religiones exóticas no cristianas, etcétera. Inclúyase en este etcétera cualquier expresión de irracionalidad que resultara útil para apartar a los jóvenes nacional-revolucionarios de izquierdas de toda forma de actitud crítica, autónoma e incompatible con la obediencia ciega a la (falsa) autoridad sectaria de tales gurús filoislamistas (hoy enemigos del islam, mañana ya veremos) y doctrinarios de tres al cuarto, quienes hacían cada mes la cesta de la compra con las ayudas aportadas por los servicios de información del estado, enjuta y hasta miserable retribución por su enojosa y canallesca labor de envenenamiento.

Tales estrategias profanas, cuya banalidad y vulgaridad dejan estupefacto al observador, se situaban en el contexto político general de las décadas anteriores, a saber, cuando la guerra fría, en la que España no fue una excepción sino el ejemplo más diáfano de lo que decimos, había obligado al sistema sostener regímenes fascistoides, en este caso el franquismo, mientras instituciones como la CIA reclutaban colaboradores entre los restos humanos del campo vencido en la Segunda Guerra Mundial (pensemos, por poner un ejemplo, en la famosa Red Gladio) a fin de ponerlos a trabajar contra la "amenaza soviética". El motivo es que existía incluso entre los nacional-revolucionarios residuales una oscura conciencia de que lo suyo nada tenía que ver con la ultraderecha reaccionaria tradicional que los periodistas, los intelectuales y los políticos liberales identificaban tout court con el fascismo. La tarea de los "infiltrados" (policiales) ultras fue evitar a toda costa que el proyecto NR redescubriera sus raíces izquierdistas, socialistas y revolucionarias, algo que podía tentarlo, como ocurrió con Ernst Niekisch, a cruzar el telón de acero y traicionar a la denominada "civilización occidental", léase: al mundo de los burgueses conservadores que van a misa todos los domingos y están preocupados, en primerísimo lugar, por poner a buen recaudo lo que ellos llaman la "sagrada propiedad". Además, y de paso, por esta vía se agostaba la genuina raíz originaria del fascismo, en el fondo incompatible con la derecha cristiano-burguesa. A tales efectos, nos remitimos a la obra de Julius Evola El fascismo visto desde la derecha, cuyo título inequívoco define todo un programa de acción intoxicadora, el cual, no lo dudemos, fue llevado a la práctica con absoluta coherencia por parte de sus discípulos.

¿Cómo hicieron la faena? Para decirlo brevemente, se acuñó de la noche a la mañana una pseudo tradición alternativa, tan retrógrada o más que la católica, y se pasó de la teología de tipo eclesiástico-tomista -que como poco guardaba ciertos residuos de la vieja racionalidad helenística- a un conjunto caótico de creencias "mágicas", "paganas" y "míticas", cuando no "satánicas", que nos colocaban a las puertas mismas de los hospitales psiquiátricos, inhabilitándonos para toda clase de acción reivindicativa en el seno de una decadente sociedad plagada de sectas y de ofertas "culturales" análogas, es decir, perfectamente inofensivas desde el punto de vista político (aunque asaz destructivas en el plano personal), entre las que los evolianos no destacaban especialmente.

En España, una de las resistencias, insignificante por su importancia numérica pero enérgica en su oposición a esta maniobra del sistema, fue el proyecto potencialista, que desde el principio (1984) y sin vacilar apeló a los valores ilustrados, la democracia, los derechos humanos, el socialismo, el estado de derecho, la ciencia y la racionalidad filosófica en cuanto ingredientes del proyecto nacional-revolucionario europeo. Ahora bien, como resortes a los que se ha dado cuerda, los mencionados gurús de entonces se apresuraron a dar buena cuenta de esta iniciativa -que se había concretado en la fundación de la Plataforma Nueva Europa con personas y grupos procedentes del marxismo y de la izquierda comunista- mediante una artera campaña de difamación personal soto voce en la que se intentó desacreditar a los principales exponentes de la propuesta, tildándolos de "problemáticos" (desafiaban frontalmente a los chivatos e impostores del Cesid), "nihilistas" (negaban alborozadamente la "salvación del alma", ya fuera en el "cielo" cristiano, ya en el Walhalla), "separatistas" (el potencialismo usó en sus textos de la lengua catalana a fin de cortar por lo sano con la putrefacta extrema derecha hegemónica), "traidores" (se declaraban socialistas y revolucionarios, ergo "de izquierdas", luego: rojos ) y otras imputaciones similares. Dentro mismo de la Plataforma Nueva Europa, donde sin conocerlos fueron amablemente invitados a participar, los maestros del "pensamiento tradicional" con cátedra de copistería desautorizaron sin empacho el propio nacionalismo, eje incontestable de resistencia reivindicado abiertamente por los potencialistas, descalificándolo, en nombre del canon evoliano, como fenómeno "burgués", mientras ensalzaban sin enrojecer de vergüenza los estereotipos "tradicionales" de sociedad cerrada, singularmente los islámicos, todo ello en nombre del no menos pintoresco canon guenoniano, hogaño hurtado por elemental decencia a la mirada de los curiosos. No obstante lo cual, los que liquidaron desde dentro dicha plataforma en cuanto temprano proyecto de renovación NR, se pavonean en la actualidad como identitarios defensores de la nación frente a la inmigración islámica, abjurando así de sus "ideales" de entonces, unas fórmulas que, empero, les fueron muy útiles para sabotear, a sueldo del sistema, aquel esperanzador proyecto nacional-europeo, y retrasar así veinte años la necesaria refundación del campo NR en nuestra patria. Mientras tanto, la pandilla ya ha intentado reventar varios partidos NR en los que se ha cometido también el error de aceptarlos, y a buen seguro que seguirán con su "trabajo" en el futuro a menos que se tome una decisión drástica sobre el tema, a saber, una lista pública de traidores en la que se les excluya sine die, con nombres y apellidos, de toda nueva iniciativa en el seno de nuestro esforzado quehacer.

La intención que nos guía, empero, no es revolcarnos de forma estéril en las desventuras de una ya extinta asociación, sino más bien prevenir a jóvenes incautos de incurrir en nuestras pasadas ingenuidades, fruto de la inexperiencia, de suerte que aquéllas ya no puedan volver a repetirse, para, dicho esto con la mayor claridad, sumergirnos en el sentido de aquél discurso de disidencia crítica. Más en general, pretendemos abundar en las virtualidades revolucionarias de dicho proyecto metapolítico (la entidad potencialista no fue nunca un partido, sino un ensayo de "frente cultural") en relación a la lucha contra el sistema liberal-burgués sionista en cuanto "dispositivo de dominación" que controla el mundo occidental, un poder cuyas influencias calan mucho más hondo -incluso en nuestra propia carne- de lo que los discursos disidentes habituales nos permiten captar a primera vista.

Derechos humanos: adiós definitivo al fascismo

El punto de partida de una crítica racional al sistema, fundamento de la lucha política nacional-revolucionaria, es la convicción de que nuestros actuales gobernantes son los mayores impostores de la historia, y ello no sólo por los genocidios y crímenes contra la humanidad perpetrados en su nombre a lo largo del siglo XX, sino por la total impunidad que, al amparo de una victoria militar -léase: de un puro acto de fuerza- pero agitando siempre la enseña de los derechos humanos, les ha permitido juzgar una y mil veces la misma causa, a saber, la del nazismo y el "holocausto", a fin de aplazar indefinidamente, para decirlo de forma sumaria, el expediente relativo a Kolymá/Dresde/Hiroshima, una comprometida coyuntura en la que los imputados, sin coartada ni eximente alguna, serían los propios fiscales de Nüremberg.

Este factum pone en evidencia que la famosa "lucha contra fascismo" no tuvo una motivación moral ni humanitaria, sino una muy otra, de carácter político e ideológico que, frente a Alemania e Italia, colocaba en el mismo bando a la Unión Soviética, Francia, el Imperio Británico y los Estados Unidos. El abismo ideológico que separaba a los Aliados de las potencias del Eje hay que buscarlo en los valores y ello, por supuesto, vista la aplastante evidencia de los hechos históricos, sin pretender ya engañosamente -como se ha adoctrinado a varias generaciones de europeos- que los valores de los vencedores eran aquéllos que se encarnan en la actual doctrina de los derechos humanos, a menos que ésta sea compatible con el exterminio sistemático y planificado de decenas de millones de personas. No vamos a entrar aquí en el tema filosófico de la ética, del que ya nos hemos ocupado en otros artículos de forma provisional, pretendemos sólo limitarnos a subrayar que todas las tentativas, sin excepción, de plantear la crítica al sistema como un ejercicio de negacionismo de los crímenes del bando fascista están condenadas al fracaso y carecen moral y políticamente de sentido. De lo que se trata hoy es de comparar, de hacer balance y de analizar públicamente las causas de unos y otros hechos históricos, tarea crítica por excelencia que se nos hurta de forma reiterada a pesar de que el ideario oficial del sistema, sobre el papel al menos, no podría nunca prohibírnoslo. El motivo, insistamos en ello, es que incluso el más superficial análisis de la realidad histórica coloca en el banquillo de los acusados a los supuestos "demócratas" con la misma o mayor razón que a los dirigentes nacionalsocialistas.

De la circunstancia descrita se siguen fulminantemente las siguientes conclusiones: 1/ no es posible ni aceptable reivindicación política alguna del fascismo, aunque sí cabe una reinterpretación crítica del relato histórico antifascista; 2/ una vez despertados de los ingenuos sueños negacionistas, se trata de renunciar a toda la estrategia defensiva que vaya ligada al lastre de tener que blanquear los movimientos fascistas históricos, por lo menos si lo que se espera es poder algún día procesar a los vencedores y a sus actuales descendientes políticos, ya por acción, ya por omisión, como encausados por la ejecución, banalización y/o negación del mayor genocidio de la historia. Este planteamiento supone reivindicar sin complejos la doctrina de los derechos humanos y condenar todos los genocidios sin excepción, porque una práctica unilateral como la vigente (condenar sólo el holocausto judío) vuelta del revés, carecería de fuerza lógica y moral frente a un enemigo que controla las instituciones y puede desacreditar todo proyecto crítico apelando a cualquier información, por insignificante que fuere, que lo vincule al "fascismo". En este sentido, conviene insistir en que sólo esta renuncia facultará, en el futuro, acuñar una narración histórica objetiva sobre los movimientos y regímenes fascistas que permita además comprender cómo resultó a la postre posible que millones de personas fueran exterminadas bajo la acusación de ser "fascistas" por los aliados comunistas de occidente y que, a renglón seguido, un sistema político basado en los "derechos humanos" no sólo legitimara el hecho apelando al único recurso de la fuerza bruta, de la impunidad y, finalmente, del olvido, sino que institucionalizara el lenguaje antifascista forjado por Stalin y los suyos -quienes teorizaron y fundamentaron tales crímenes- y lo elevara a la categoría de discurso oficial de los sistemas democráticos, todo ello a fin de difamar y estigmatizar en cuanto "fascistas" (asesinos en la jerga "democrática") a los críticos y desafectos de la oligarquía financiera (filo)sionista mundial, colocándolos, de paso, como reos de muerte civil y susceptibles de ejecución sumaria, en el punto de mira de las partidas de la porra, kaleborrokos y grupos callejeros antifascistas, terroristas o no, del otro pilar del sistema: la extrema izquierda chequista. Sectores radicales que la propia democracia liberal, por activa o por pasiva, sustenta como postrera garantía e instrumento paralelo y alegal de su abyecta dominación.

Esta postura fundamental nos permite inferir la totalidad de la estructura discursiva del proyecto filosófico potencialista, que pasamos a resumir de forma muy sintética a fin de que los lectores capten, más que informaciones concretas y aisladas sobre el mismo, la idea matriz que lo impulsa y le permite interpretar críticamente, desde una determinada perspectiva racional y comunicable ayuna de fraudes iniciáticos, la totalidad de los fenómenos de nuestra sociedad.

Ciencia y racionalidad filosófica versus magia y mito

Los lacayos del sistema, sabedores de las debilidades del imaginario simbólico occidental, han intentado inocular en el seno de las filas nacional-revolucionarias la creencia de que dicha postura está inexorablemente vinculada a una "excitante" y banal "superación" de la ciencia, léase: la magia; al rechazo de los derechos humanos en nombre del culto terrorista de la violencia por la violencia y del racismo; al desprecio de la racionalidad en beneficio de la mística y el mito; al odio contra la democracia, que cabría "superar" emprendiendo el atrayente camino que conduce a una nueva dictadura, basada en esta ocasión, cómo no, en la obediencia ciega a ciertos dirigentes, depositarios del saber revelado, que no pueden ser racionalmente contradichos porque sientan sus divinas posaderas en un limbo sobrehumano más allá de toda crítica, de todo argumento, de toda fundamentación, y ostentan la legítima prerrogativa de usar la calumnia o la amenaza contra los desafectos al sagrado carisma. Sugerir que semejante bazofia infame sea otra cosa que un intento de conducir el proyecto NR a su propio suicidio voluntario, como no se trate de la misma soberbia delirante y esquizofrénica de quienes la promovieron y en la medida en que se la creyeron ellos mismos en un patético ejercicio de autoengaño untado de dinerito contante y sonante, se nos antoja inaceptable.

Las consecuencias están, empero, muy a la vista cuando repasamos el cuadro de las "élites" intelectuales NR, lectores avezados al culto de escritores declaradamente reaccionarios como Julius Evola o René Guénon, pero incapaces, aunque no por culpa suya sino de nuestros supuestos "referentes" "morales" (!es un decir!), de acceder a un pensador de la talla de Martin Heidegger, el filósofo más importante del siglo XX y, no por azar, alguien que fuera militante y crítico del partido nacionalsocialista alemán, anticipando en dicha crítica interna del fascismo las posiciones nacional-revolucionarias del proyecto potencialista.

Disponemos, en efecto, de dos pilares filosóficos de primera magnitud como punto de partida de la tarea crítica, a saber, Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger, y con ellos de la entera tradición filosófica europea surgida en Grecia, racional, que no racionalista, y en cualquier caso conducente de forma inexorable a la realidad histórica de los fascismos, alfa y omega de la modernidad. No necesitamos, en definitiva, convertirnos en observantes del "pensamiento tradicional", procedente de una pseudo tradición que sólo existe en la mente de unos pocos panfletarios semianalfabetos, individuos que, en el mejor de los casos, se han revelado como meros cretinos que esperan avistar presuntas naves espaciales hitlerianas afincadas en la Antártida y, en el peor, aparecen en la nómina del Cesid. Decir adiós al pasado es una decisión vital para el proyecto NR. No vamos a sustituir a un escritor por otro porque lo diga quien suscribe el presente texto: valga el crédito histórico-mundial de Heidegger como punto de partida fáctico que se acredita a sí mismo y que podrá responder a posteriori de dichas pretensiones sin que nadie tenga que confiar en "revelación" alguna u obedecer a indecentes sugerencias de "superioridad jerárquica", rango "iniciático" del interlocutor o milongas "tradicionalistas" por el estilo.

Dicho esto, tendremos que salir al paso de algunas posibles objeciones. En efecto: si como NR aceptamos los derechos humanos, la democracia, la racionalidad, la ciencia y el socialismo, ¿en qué nos distinguimos del sistema liberal-burgués que pretendemos combatir? Pero ya hemos visto que, incluso en el caso del fascismo, que no es el nuestro pero al que estamos históricamente vinculados, las diferencias entre las potencias del Eje y los aliados tenían un claro carácter axiológico, es decir, relativo a los valores éticos supremos, pero los fascistas no rechazaban la modernidad en su conjunto, algo que les distingue, según los politólogos y a pesar de la propaganda, de la extrema derecha reaccionaria (la misma que nos ha inyectado su veneno religioso e irracionalista). No se puede sostener que los aliados representaran la democracia frente a la dictadura, cuando uno de los socios destacados de la hedionda "cruzada antifascista" encarnaba precisamente la tiranía más totalitaria y asesina que la historia recuerda. La crisis de la democracia liberal es un fenómeno de época fundamentado racionalmente por el marxismo. Carece de sentido afirmar que Alemania rechazara la ciencia en nombre de la magia, siendo así que los alemanes fueron precisamente los últimos adversarios militares de los Estados Unidos que mostraron una significativa superioridad tecnológica en el campo de batalla, ni que, como hemos visto, los derrotados representaran la negación de los "derechos humanos", cuando el fascismo resulta impensable al margen de la reacción contra la barbarie bolchevique, que legitimó la lucha fascista (incluso, inicialmente, a ojos de los gobiernos occidentales) como defensa de la más básica civilidad europea. La línea de fractura hay que buscarla, por tanto, en el dark side, la negación fascista de la tradición judeocristiana, en el rechazo del imaginario utópico-progresista, de raíz religiosa pero secularizado por las sociedades industriales veteromodernas; en la defensa fascista de unos valores trágico-heroicos de ascendencia griega y, de forma radical, en lo que denominaré aquí principio de incompatibilidad entre la verdad y la felicidad que, emanado de la filosofía de Nietzsche y sistematizado por Heidegger en su ontología fundamental, atenta contra la entraña misma de la moralidad liberal burguesa y, a la par, de la ideología marxista-leninista que nutría de legitimidad los sistemas comunistas. Consecuentemente, podemos afirmar que el fascismo fue condenado a los infiernos no tanto por sus crímenes o su presunto irracionalismo cuanto por su exigencia de consumar el proyecto de racionalización occidental en una conciencia lúcida que excluye las ilusiones felicitarias, utópicas y proféticas de las primeras versiones, inevitablemente burguesas, del ideario ilustrado.

Conviene apostillar, en este sentido, que la filosofía de Marx no rompe en ningún momento con los valores hedonistas y eudemonistas burgueses, sino que se limita a exigir su realización, subrayando con razón las contradicciones entre el discurso oficial de las sociedades liberales y la brutal realidad del capitalismo decimonónico. El fascismo aspiraba a un socialismo que tomase nota de la obsolescencia axiológica judeocristiana y asumiera heroicamente la verdad trágica como destino inexorable de la razón occidental. Y en ello estamos, siendo así que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial no han dejado de proclamar en la teoría los viejos valores del Sermón de la Montaña mientras los pisoteaban en la práctica, con tanta mayor eficiencia cuanto que cualquier adversario del sistema liberal-burgués sionista puede ser declarado, por el simple hecho de serlo, enemigo de la humanidad.

Democracia popular participativa versus liberalismo y dictadura

En el ideario de extrema derecha que se ha intentado imbuir en las filas nacional-revolucionarias hasta hacerlas indistinguibles de una pandilla de skin-heads, las críticas a la corrupción de las democracias liberales se metamorfosean de forma insensible y espontánea en una desvergonzada apología de los sistemas políticos dictatoriales de derechas, en el gusto no disimulado por la violencia y el terror, en el racismo y el antisemitismo, etc., lo que hace un flaco servicio a nuestra causa, confirma los estereotipos antifascistas, da pábulo a las campañas de propaganda del sistema y olvida que no hay ninguna relación necesaria entre los valores potencialistas (sustancia del proyecto NR) y semejantes prácticas y modelos terroristas de Estado, ampliamente acreditados, empero, en el campo de la izquierda marxista. Sin negar en ningún momento que los fascismos históricos fueron todos, sin excepción, dictaduras, conviene insistir en que la crisis de la democracia liberal se saldó, no solo a la derecha, sino también y principalmente a la izquierda, con soluciones autoritarias, pero no porque se rechazara la democracia en sí, cosa que no ocurrió en ningún caso, sino porque, según una extendida y fundada idea oriunda de Marx, tales democracias eran puras ficciones controladas por oligarquías económicas planetarias, enemigas mortales, ya del proletariado universal, ya, para los fascistas, del conjunto de la nación. La respuesta dictatorial a la crisis de la democracia burguesa fue, por tanto, una alternativa de la izquierda más granada que los fascistas se limitaron a asumir como un factum, esgrimiéndola, precisamente, frente a la "bárbara" dictadura del proletariado bolchevique, que no podía ser combatida, a su entender, desde los obsoletos planteamientos liberales, sino respondiendo a la violencia bestial de los "rojos" con una violencia defensiva pero todavía más enérgica y decidida. Fascismo.

Si pasamos del fascismo a la idea nacional-revolucionaria, es evidente que con la dictadura entramos en el terreno del puro accidentalismo histórico, porque los NR, tomando como referencia a Nietzsche y la Konservative Revolution alemana, partimos de una distinción tajante entre liberalismo y democracia que nos permite cuestionar el modelo liberal sin incurrir de forma fatal en la deriva autoritaria. Nosotros no defendemos el Estado ni el Partido, instituciones políticas de la burguesía. La distinción entre autoridad y poder, el concepto correlativo de una entidad política (enspo) institucional depositaria de los valores (=autoridad), frente al mero gobierno (=gestión administrativa), son los temas centrales del potencialismo. La democracia es un concepto de raíz griega e independiente de la actual formulación "democrática" liberal. Y si nadie puede afirmar lo contrario, ¿por qué hemos de considerar falaz, como se pretende con una ironía que sólo encubre su falta de argumentos, el concepto mismo de una democracia "no liberal"? Por tanto, y aquí estamos ante una cuestión crucial, para los nacional-revolucionarios no se trata de negar la democracia, sino de desafiar los esquemas demoliberales, es decir, oligárquicos, desde exigencias de democratización y participación ciudadana, que el presunto "Estado social y democrático de derecho" no puede, formalmente, recusar, y ello aunque las tema más que al mismo diablo, porque sólo las quiere suyas a efectos de legitimación y lavado de cerebro propagandístico, mientras promueve con todas sus fuerzas la despolitización de la sociedad, reduciendo lo político a mera liturgia antifascista.

A este propósito es bueno referirse al libro de Juan Colomar, recientemente publicado, República nacional española. Municiones para la resistencia, cuyos planteamientos compartimos, quisiera subrayarlo, casi en su totalidad, pese a lo cual queremos señalar aquí las (pocas) pero ineludibles discrepancias que nos separan de él.

Considero, en efecto, que el debate sobre el socialismo entre los nacional-republicanos no deja de permanecer encadenado a una cierta ambigüedad. Se trataría de recuperar el proyecto socialista bajo un cuño no marxista, pero al final da la sensación de que se siguen compartiendo algunos planteamientos marxistas, como el análisis del circuito del capital y la pretensión de construir una alternativa económica al sistema capitalista. ¿No convendría archivar tales vocablos (capitalismo, socialismo) y cargar las tintas sobre el factor político democrático? A mi entender, la clave de los asuntos sociolaborales en la sociedad de la información estriba en el control político popular de los procesos de gestión administrativa y en el estricto, riguroso e inexcusable cumplimiento de la ley, algo que en la actualidad no ocurre aun entendiendo que la ley liberal vigente, obra de las propias oligarquías, debería ser reformada en un sentido ferozmente social. El liberalismo se basa, efectivamente, en la desmovilización y despolitización de las masas y en el ilegalismo más descarado en todos los ámbitos del poder y de la administración de los recursos públicos o privados. Creo que bastaría con la participación activa, fiscalizadora y politizada de la ciudadanía, articulada en órganos de control, para que, sin entorpecer el funcionamiento del mercado en su ámbito legítimo y subordinado a "lo político" (!no confundir con "el Estado"!), pudiera concebirse un equivalente funcional del socialismo sin mencionar un término que es, cada vez más, un lastre simbólico, pues o se opone una nueva teoría socialista plenamente desarrollada a las teorías vigentes hasta hoy, de cuño marxista, o el sentido del concepto reproduce, casi inconscientemente, la totalidad de los tremendos errores del pasado. A la postre, se desemboca en un programa de "nacionalizaciones" y en una suerte de chavismo europeo anclado en los valores felicitarios de la izquierda judeocristiana.

En mi opinión, pero aquí se trata de una opinión que sólo pretende abrir un debate, la cuestión central pasaría, una vez más, por el tema de los valores. El capitalismo como tal no es hedonista, hedonista lo es únicamente el proyecto liberal. Si hemos distinguido ya con claridad entre democracia y liberalismo, llegado ha la hora de acotar liberalismo y capitalismo, abstrayendo éste último en términos rigurosamente económicos en cuanto sociedad de producción. Nosotros no cuestionaríamos así el proceso de acumulación de capital como institución económica, es decir, como fórmula hasta hoy no superada de racionalización de las funciones productivas de la sociedad, ni la ética del trabajo oriunda del capitán de empresa calvinista, sino la sociedad de consumo liberal y el economicismo ligado a ella, que no es otra cosa que la epidemia de los valores hedonistas inoculada por contagio a todas las esferas de la existencia humana a través del ubicuo dogma de la economía. Ésta, devenida a su vez fuente de estatus procedente de una riqueza indecentemente ostentada, fundamenta la dignidad de la persona en el seno las "sociedades desarrolladas". En pocas palabras, el proyecto nacional-revolucionario, antes que presentarse como una alternativa al "capitalismo", se limitaría a fijar límites internos a lo económico y a subordinarlo, por la vía legal y moral, a lo político, dejándolo funcionar dentro de ciertos parámetros y montando guardia en los puestos de control, a saber, los correspondientes marcos jurídicos y normativos, de manera que lo económico no devore lo político desde su propia entraña, como un gusano la manzana, que es lo que sucede inexorablemente en los sistemas liberal-burgueses conocidos hasta ahora.

Ni que decir tiene que la fundación de lo político implica el fin de la política, es decir, de la mera "gestión" de un intangible programa liberal a partir de una panoplia de diferentes opciones meramente técnico-administrativas y la subyacente e incuestionada subordinación de la esfera de la autoridad a los valores existenciales del economicismo liberal. Con ello, es el Estado mismo -y, por cierto, el Partido, su núcleo de poder real- lo que desaparece. Este planteamiento supone una reforma integral de aquéllo que actualmente se denomina el poder judicial y la fijación de mecanismos institucionales independientes y objetivos de fiscalización de la administración, de manera que la oligarquía, en última instancia el imperio del dinero, no pueda manipular a los gestores políticos y corromper a golpe de talonario el mandato constitucional emanado de la soberanía popular. En definitiva, en el libro de Colomar detecto algo así como un sutil intento de “competir” con el liberalismo en el terreno económico, de prometer un sistema que ofrezca más "felicidad" a las masas; a la postre, que “funcione” mejor, cuando de lo que se trata es de erradicar de una vez para siempre la sociedad de consumo. Porque la vieja promesa socialista, a saber, el "placer" sin la "inhumanidad" de la competencia capitalista, instaura a la postre la competitividad económica y de "capacidad adquisitiva" en el seno de las esferas políticas y simbólico-culturales, infectando el entero sistema social con el fétido aliento del virus hedonista y eudemonista. Pero esto es siempre, nos guste o no, una repetición descafeinada del marxismo, un sistema que ha sido históricamente derrotado porque compartía sus valores con el liberalismo y concurría con la sociedad de consumo liberal en su propio terreno de juego axiológico. Tenía que perder. Nosotros, en cambio, somos conscientes de que hemos de aplastar al liberalismo en el campo cultural y político-militar, bien entendido que esta vez no habrá un sistema totalitario que, como el comunismo en la Segunda Guerra Mundial, les saque las castañas del fuego a los usureros, los cuales tendrán presumiblemente que defenderse solos frente a un enemigo integral y letal que buscará erradicarlos para siempre de la faz de la tierra como tipo humano.

Hemos de reconocer de una vez que, en términos generales, desde el punto de vista estrictamente técnico y organizativo, nada hay que objetar al capitalismo como modelo de racionalización de la empresa productiva y, si se quiere, al mercado en cuanto dispositivo básico de asignación social de recursos, un mecanismo que conviene dejar funcionar de acuerdo con sus propias leyes, pero subordinándolo siempre a la función política y alejando todo lo posible de su radio de acción determinadas instituciones como la educación, la vivienda, la sanidad, la justicia, el crédito, la defensa, los sectores económicos estratégicos y vitales para la seguridad nacional, etc.; imperativo político que en parte ya fue reconocido por las sociedades europeas en la edad dorada de la socialdemocracia, el keynesianismo y las economías mixtas (inspiradas en el fascismo), pero que los nacional-revolucionarios implementaríamos llevándolo hasta sus últimas consecuencias axiológicas, poco gratas para los criminales con corbata que nos gobiernan. No se trata de presentar, en consecuencia, una alternativa económica al liberalismo, sino una alternativa política al economicismo liberal en términos de democratización radical en el marco de un sistema de valores potencialista. Porque frente a la propuesta de unos valores racionales, los liberales tienen que callar la boca. No así frente al “socialismo” como receta económica rival de la economía de mercado, donde ya hemos perdido de antemano la batalla dialéctica incluso ante la opinión pública más decantada hacia la izquierda, siempre que sea capaz, como creo que lo es, de leer algunos libros de historia. Propongo, pues, aparcar la palabra socialismo y abundar en el tema político de la democratización como clave para garantizar la socialización de los recursos materiales (no hablemos ya ni siquiera de “riqueza”). Evidentemente, esto supone una metamorfosis cultural de valores que contrapondría la actual sociedad de consumo a una economía autárquica y potencialista articulada desde su interior (valores quiere decir aquí fines de la sociedad de producción) como mero apéndice de lo político. Y esto es lo que significaría, si es que tiene algún sentido identificable con cierto rigor, el concepto de república del trabajo en el seno de un discurso nacional-revolucionario que sepa de qué está hablando.

Respuesta de Juan Colomar

He planteado las cuestiones anteriores al autor del libro citado, al que me une una larga amistad. Considero que sería injusto, después de la crítica anterior, no exponer aquí, como poco de manera resumida, cuál ha sido la réplica del interpelado. Más abajo sacaré algunas conclusiones provisionales de este debate crucial, visto que Colomar, fundador de la Plataforma Nueva Europa en la época de ENSPO y del Movimiento Voluntad, procede de la izquierda comunista y ha evolucionado hacia posiciones nacional-revolucionarias que, sin embargo, ya lo veremos, no se identifican con el fascismo, a pesar de que su crítica a este sistema político esté lejos del habitual e hipócrita rasgamiento de vestiduras de la progresía anarcoliberal.

En primer lugar, quisiera resaltar la absoluta coincidencia entre Juan Colomar y el autor del presente artículo en la exigencia de una reivindicación abierta de la democracia y la básica contraposición entre ésta y el liberalismo: "La confusión entre democracia y liberalismo, el ataque conjunto a ambos, la negativa a criticar el liberalismo como antidemócrata, es uno de los puntos claves que explica la bancarrota del fascismo y la gravitación entorno al mismo de toda suerte de tradicionalistas y reaccionarios" (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, 8 de septiembre de 2008, p. 1). Ahora bien, pese a lo dicho, y respecto a la crítica que he desarrollado en el apartado anterior, afirma Colomar que "es exactamente la del fascismo, y sólo ha podido intentarse reestructurando la super estructura en un sentido totalitario, resultando de todo ello un lamentable fracaso. La sociedad civil burguesa es infinitamente más poderosa que la sociedad política, por más que ésta proceda al exterminio de los usos burgueses normales. El fascismo italiano se metió en una repelente cama redonda, no sólo con la burguesía, sino con los residuos de la aristocracia. El nazismo eliminó al capital financiero, pero se amalgamó con los intereses de la industria pesada" (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 5). No obstante lo cual, basta releer mi texto para ver que poco tiene que ver con el fascismo precisamente en lo relativo al punto crucial de la dicotomía democracia/totalitarismo, pues mientras el fascismo instituyó un Estado totalitario, aquéllo que los potencialistas reclamamos expresamente es una radicalización democrática y el control popular desde la base de las instituciones políticas, de suerte que no puedan ser usufructuadas de facto por el poder económico, como sucede en la actualidad. Cito literalmente del texto que envié a Colomar en mi carta de 2 de septiembre de 2008 y que en este artículo me he limitado a abundar: "El liberalismo se basa en la desmovilización y despolitización de las masas y en el ilegalismo más descarado en todos los ámbitos del poder. Creo que bastaría con la participación activa, fiscalizadora y politizada del pueblo, articulado en órganos de control, para que, sin entorpecer el funcionamiento del mercado en un ámbito legítimo y subordinado a lo político, pudiera concebirse un equivalente funcional del socialismo sin mencionar un vocablo que es, cada vez más, un lastre (...)" (Carta de Jaime Farrerons a Juan Colomar, 2 de septiembre de 2008). ¿Qué tiene que ver esta afirmación con la propuesta de reincidir en el fracasado proyecto del Estado totalitario? ¿Pero no fuimos nosotros quienes, ya en un texto de ENSPO del año 1988 presentado en el acto fundacional de la Asociación Sin Tregua, a saber, "Maquiavelo y el nihilismo político", denunciamos el totalitarismo como un intento de controlar por la fuerza la esfera económica capitalista desde la esfera política concebida en términos burgueses, léase: como Estado/Partido? Así, sostiene Colomar, citando al pensador nacional-revolucionario Ernst Jünger: "El capitalista no es más que un funcionario de la acumulación de capital", y añade: "y tú, Jaime, pretendes que ese movimiento pueda ser domeñado axiológica y políticamente desde una esfera mucho más débil, la del Estado" (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 5). Pero, como decimos, ha sido un tema clásico del potencialismo el carácter individualista de la institución estatal veteromoderna (basada en el Partido, léase: en la parte, agente de los intereses particulares del príncipe maquiaveliano y factor antiholista por excelencia) y la necesidad de refundar lo político frente a "la política". Hemos insistido una y otra vez hasta el hartazgo en la diáfana distinción clásica entre autoridad y poder, Entidad y Estado, lo que implica la extinción de éste último y del Partido tal como los conocemos, hecho que a su vez remite a una transvaloración de valores en el conjunto de la sociedad, siendo así que con el Estado, órgano burgués, se derrumba también la dicotomía liberal de una "sociedad civil" de mercaderes (impregnada de valores hedonistas e individualistas) y el ámbito supuestamente neutro de la política y del poder público (en realidad una agencia de grandes empresas e intereses "particulares"). Por tanto, mi propuesta no puede ser "exactamente la del fascismo", como pretende Colomar, y lo que aquí se observa es una diferencia fundamental a la hora de concebir el fenómeno del capitalismo. En efecto, según Colomar "el capitalismo no es un sistema mercantil, ni un montaje de usureros (visión nazi), ni se reduce a la propiedad privada. El capitalismo es una respuesta al advenimiento generalizado de la Máquina efectuada desde categorías culturales, sociales e institucionales anteriores a dicho advenimiento. Desde hace milenios existen mercado y mercaderes, propiedad privada, dinero y usura. El capitalismo, en cambio, tiene unos trescientos años de vida. El capitalismo es centralmente un sistema de producción industrial de mercancías. Esta producción alumbra un gigantesco movimiento de socialización técnica del trabajo pero, a la vez, configura un excedente, igualmente gigantesco, que adopta la forma específica de beneficio de una minoría social. Tal excedente no sólo se destina al consumo privilegiado de esa minoría. Se destina, sobre todo, por imperativos de la propia concurrencia, a la ulterior valorización del Capital, a la auto reproducción del mismo en un proceso ciego y cada vez más incontrolado" (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 2). A mi entender, esta concepción del capitalismo es enteramente marxista e ignora, por ejemplo, la fundamental aportación de Max Weber en su obra La ética protestante y el espíritu del capitalismo, escrita precisamente como réplica a El capital de Karl Marx.

Estamos ante un tema decisivo que conviene analizar con extrema atención, porque va a decidir el futuro del proyecto nacional-revolucionario como opción de izquierdas, hostil al liberalismo burgués, pero no al progreso tecnológico y a la neomodernidad que propugnamos. ¿Se trata, al fin y al cabo, de una cuestión meramente terminológica? Quizá. Veamos, para empezar, cómo describe Colomar el proceso de socialización al que conduce necesariamente el propio capitalismo: "reemplazo de la centralidad de la propiedad privada individual por la propiedad privada colectiva (sociedades anónimas), creación de oligopolios y monopolios, disociación de la gerencia respecto de la propiedad, formas implacables de planificación en el plano de la empresa, nacionalizaciones para rescatar a sectores del capital en crisis (en este momento, !en los USA!)... El Burgués nos sigue vendiendo manuales de liberalismo económico: su maqueta es un idílico mundo de competencia entre pequeñas empresas que se ajusta eternamente, mientras el Estado no intervenga, mediante el transparente juego de la oferta y la demanda. Pero el liberalismo es una representación primero errónea y luego mentirosa de la realidad. El dominio del Burgués ha sido posible solamente con la decisiva intervención del Estado -la acumulación primitiva de capital en Inglaterra a base de patentes de corso, tráfico de esclavos y expediciones coloniales- y se ha desplegado como la más brutal palanca de expropiación -primero de campesinos y artesanos, luego de empresarios pequeños y medios, finalmente, de los grandes capitales por otros mayores-, de cartelización, de planificación. !El Burgués nos ha enseñado el camino de la concentración técnica y financiera, de la anulación del sacrosanto mercado, de la planificación e incluso de la estatalización!" (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., págs. 2-3). Parece evidente que es el propio Colomar quien contrapone liberalismo y capitalismo. El burgués se ha visto forzado, por la lógica interna del sistema capitalista, a emprender caminos que la doctrina liberal le prohíbe expresamente. No sólo eso, el capitalismo, que según Weber no es más que la racionalización de la esfera económica de la sociedad y no la mera producción en masa de mercancías, exige, por imperativos de racionalidad, la socialización, la planificación, la diferenciación entre gestión y propiedad, etc. ¿Cómo puede, por tanto, identificarse el capitalismo con el liberalismo y la burguesía? ¿No se trata, como en el caso de liberalismo y democracia, de dos conceptos diferentes? Ésta es nuestra tesis y creo que, en el fondo, más allá de las palabras, Colomar, fundador de la Plataforma Nueva Europa, la comparte también, aunque utilice una terminología diferente para referirse a lo mismo, con la subsiguiente confusión.

La cuestión central son los valores hedonistas e individualistas de la burguesía, heredera del judeocristianismo, que entran en colisión con la inercia racional que el propio sistema capitalista despliega velis nolis, circunstancia que reclama a gritos una alternativa axiológica y ética en profundísima ruptura con el presente: "el Burgués -dice Colomar-, atado irremisiblemente a las categorías del individualismo (...) no puede sino propulsar a niveles cada vez más elevados la contradicción central de su mundo, en un proceso desbocado que se le va de las manos" (Carta de Juan Colomar a Jaime Farrerons, op. cit., p. 3). Ahora bien, ¿podrá ser dicha alternativa moral otra cosa que la consumación de la racionalización misma en el plano de la existencia humana? ¿Qué consecuencias se desprenden de este imperativo, el cual va más allá de la destrucción de todos los mitos religiosos, ya sean hebreos o paulinos, ya musulmanes? En efecto, aquello que mantiene al burgués con las manos atadas al ayer es la herencia cultural judeocristiana, incluso allí donde, de forma despiadada respecto de los obreros que explota sin compasión, dudaría de haber roto con la misma, pues su egoísmo sigue siendo un pálido reflejo del individualismo religioso (la "salvación del alma", la "vida eterna", la suya). Y es en este punto donde entran Nietzsche y Heidegger en juego, porque únicamente estos autores nos ofrecen una pauta segura y coherente para afrontar el problema de los valores de manera que no confundamos los árboles con el bosque creyendo que basta con una crítica del "capitalismo" para ubicarnos en un genuino espacio político nacional-revolucionario. Nada más equívoco que tales consignas. Nada más lejano de una auténtica revolución que semejantes trivialidades y lugares comunes. Dejo así abierta la cuestión, en el bien entendido que son, entre otros, estos temas, y no la magia, el esoterismo o los OVNIS de la Antártida, los que deben ser debatidos en los foros nacional-revolucionarios. E invito a los lectores del presente artículo a un estudio serio del citado trabajo teórico de Juan Colomar, que contiene una propuesta NR con capacidad suficiente para, por sí sola, elevar la disidencia a la altura de la crítica.

A la izquierda y contra la extrema derecha como enemigo a destruir 

De las anteriores consideraciones se desprenden en cascada toda una serie de consecuencias, devastadoras para los Torrentes y otros gurús de la ultra, que rompen definitivamente la putrefacta amalgama de ultraderechismo y pretensiones presuntamente "revolucionarias" o NR que han convertido esta sigla en el hazmerreir del periodismo liberal, y esta vez con razón. Por ello propongo que nos olvidemos ya también de la sigla "NR", totalmente desacreditada, y empecemos a utilizar el término alternativo ND, "nacional-democrático". En este artículo seguiré hablando de "nacional-revolucionarios", bien entendido que no me refiero a los grupúsculos ultras que acostumbran a utilizar el término, es decir, a desprestigiarlo de la manera más penosa.

El militante nacional-revolucionario de izquierdas (o "nacional-democrático") no debe, desde el punto de vista ideológico, profesar ninguna religión de raíz judeocristiana o monoteísta (judaísmo, cristianismo, islamismo). Otra cuestión es que en los proyectos políticos NR se mantenga una actitud de laicismo y neutralidad religiosa, corriéndose un piadoso velo sobre la cuestión a efectos tácticos. En general, todas las creencias monoteístas descienden de la fe doctrinal en Yahvé, el dios de Abraham que ha institucionalizado, en sus versiones sagradas o laicas, la idea de un "reino de Dios", llámese resurrección de los muertos, utopía, paraíso totalitario comunista, sociedad de consumo, cultura de la transgresión drogodependiente, mercado mundial liberal o cualesquiera de los espejismos criminales y versiones culturales de lo mismo que el futuro pueda todavía deparar. Todas ellas proceden de idéntico tronco doctrinal semítico, fuente de los valores felicitarios, raíz de la creencia en el supuesto final feliz de la historia y motivo de la negación de las dimensiones trágica, proverista y heroica de la existencia, arraigadas éstas, por el contrario, en el tronco indogermánico y grecorromano de la cultura europea. Efectivamente, Europa ha pagado muy caro el hecho de haber acogido en su seno, la sede de Roma, una religión semita. Los NR, quiénes si no, hemos de ser conscientes de las consecuencias de nuestros planteamientos y emprender una tarea rica en presagios y resonancias bíblicas, a saber: la desjuidaización axiológica -que no étnica- de nuestro solar histórico. Por ende, un militante nacional-revolucionario de élite no puede ser católico alegremente y deviene ajeno, ya sólo por este simple hecho, a toda complicidad de fondo con el campo ultraderechista español.

El enemigo político concreto del militante nacional-revolucionario europeo es la extrema derecha judía y su ideología religiosa, racista y supremacista, a saber, el sionismo, que ejerce un poder poco menos que sin réplica a escala mundial utilizando como brazo armado al ejército de los Estados Unidos, como central de propaganda los estudios de Hollywood (que evacúan regularmente las producciones cinematográficas sobre el Holocausto), y como sede física y epicentro simbólico de sus actuaciones criminales contra la humanidad la entidad sionista denominada Estado de Israel. El concepto central del racismo, la superioridad racial, fue definido por el judaísmo en términos de "pueblo elegido" y llevado a la práctica en forma de asesinatos masivos y genocidas que el Antiguo Testamento describe con profusión y deleite. El proyecto liberal de globalización económica mundial, como antaño el comunismo y en sus orígenes la fe profética, no es más que el instrumento para la realización de los anhelos etnicistas inscritos en el judaísmo y secularizados por los sionistas, directrices de raigambre milenaria que implican la disolución de todos los pueblos de la tierra en el crisol de un mercado planetario empapado en valores hedonistas, individualistas, relativistas y materialistas, donde sólo el pueblo elegido, en una posición económica, política y moral hegemónica, conservaría su identidad como garantía de su supuesta superioridad intrínseca.

En consecuencia, el militante nacional-revolucionario tiene buenos motivos para rechazar todo lo que hieda a extrema derecha, es decir, a religión monoteísta, a todo lo que exhale el tufo sanguinario del déspota del desierto llamado Yahvé, reflejo idealizado del faraón egipcio, cuando es precisamente este campo político "ultra", y no la "democracia", como se nos pretende hacer creer, el que decide actualmente -pensemos en la "justicia infinita" de Bush- los destinos de la humanidad en el camino sin retorno hacia la realización de la locura sionista. Y es que, gracias a la "ideología del holocausto" (Finkelstein), la extrema derecha judía es el único ejemplar en el mundo de esta corriente ideológica genérica -el catalanismo actual sólo suspira por ello- que puede actuar con total impunidad y sin que se la impute políticamente en cuanto tal. La postura nacional-revolucionaria de rechazo del racismo es así perfectamente coherente con la hostilidad ideológica hacia el sionismo (ultraderechista y racista) y con la doctrina de los derechos humanos, que debe permitirnos condenar y castigar los genocidios y crímenes contra la humanidad perpetrados tanto por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial cuanto por los propios sionistas en tierra palestina dos años después del juicio de Nüremberg y todavía impunes.

Ahora bien, el militante nacional-revolucionario no es un antisemita porque, en primer lugar, rechaza el racismo, constatada su procedencia religiosa, judía y sionista, como hemos visto ya, y en segundo lugar, porque hebreos son quienes están criticando con mayor ferocidad las ideas y las prácticas sionistas (pensemos en Chomsky, Finkelstein, Pappé, etc.). Por lo demás, es absolutamente impensable que la cultura europea se desprenda, sin amputar su propia sustancia, de las contribuciones culturales, filosóficas y científicas de infinidad de autores judíos que no por serlo desde el punto de vista étnico han de sustentar las ideas que rechazamos. Por el mismo motivo, el militante nacional-revolucionario de izquierdas ("nacional-democrático", ND) no tendrá empacho alguno en criticar el nazismo en cuanto inversión "aria" del judaísmo del pueblo escogido y en aplicar a los crímenes del Tercer Reich el mismo rasero que al resto de los genocidios modernos. Y si no se actúa así de forma enérgica y decidida, renunciando a los paños calientes en las cuestiones clave que todo lo deciden, los NR volveremos a deslizarnos imperceptiblemente hacia el estéril espacio político de la extrema derecha.

El militante nacional-revolucionario, cuando se lo preguntan, se declara de izquierdas. Su postura no es un interclasismo de centro o un ninismo (ni.., ni...) supuestamente tercerista que resulta muy útil para maquillar las propias vergüenzas de sacristía (u horóscopo egipcio, tanto da). La palabra "izquierda", expresamente reivindicada, es la piedra de toque para distinguir a los nacional-revolucionarios de los ultraderechistas y reaccionarios tradicionaleros. Dicha palabra, izquierda, identifica aquí sin ambages a los trabajadores, inmensa mayoría de la nación y únicos perjudicados por una criminal política de inmigración promovida por la derecha liberal y la ultraderecha sionista -en su proyecto de mercado mundial y crisol racial- que, en cambio, beneficia económicamente a las clases medias y no digamos ya a las altas oligarquías financieras que la han desencadenado con el fin de importar mano de obra semiesclava, allanar en mescolanza las diferencias culturales del planeta entero (devenido así mero "mercado") y reventar el precio del trabajo. Por tanto, cuando alguien quiera saber si él mismo u otro forma parte de la ultra o del campo NR, sólo tiene que preguntar o preguntarse por su ubicación topográfica, a la izquierda, el centro o la derecha, del arco político parlamentario. Es fácil. No se trata de una cuestión ideológica (la palabra izquierda carece de sustancia o significado doctrinal), sino de puro significante, léase: de instinto político. La más mínima duda, la menor vacilación a la hora de responder, ya indica que no estamos ante un militante nacional-revolucionario. Por tanto, insistamos en ello: a la izquierda o con la extrema derecha. No existe, en nuestra coyuntura histórica actual, una alternativa a dicha dicotomía que permita, como antaño, eludir las responsabilidades y seguir siendo NR mientras, por otro lado, se codea uno con la escoria más rancia, patética e impresentable de la eterna reacción.

Jaime Farrerons
La Marca Hispànica
13 de septiembre de 2008