Sionismo: ¿fascista o judaico?

viernes, octubre 31, 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (3). Los Estados Unidos de América (II). Cuando los inmigrantes exterminaron a los autóctonos (1)


La "solución final" al "problema" de los indios pieles rojas fue su exterminio por parte del gobierno de los EEUU.












Con una orden que creemos no tiene precedentes en los anales de una nación civilizada, el Congreso ordenó la completa destrucción de este pueblo en cuanto nación (...), comprendidas mujeres y niños.
Thomas Jefferson, Writings, a cargo de Merrill D. Peterson, Library of America, Nueva York, 1984, pp. 1312-13(carta al geógrafo alemán Alexander von Humboldt, 6 de diciembre de 1913).
Esta entrada amplía la ya publicada "La extrema derecha que gobierna el mundo. (3) Los Estados Unidos de América (I)". Nuestra intención es abundar, siguiendo una secuencia cronológica, en todos y cada uno de los genocidios, crímenes de guerra, crímenes contra la paz y crímenes contra la humanidad perpetrados por el país más criminal de la historia moderna: los Estados Unidos de América. Sólo a partir de esta evidencia documental se pondrá de manifiesto la extremada hipocresía de un dispositivo de poder "atlantista", con sede militar en el Pentágono, económica en Wall Street y propagandística en Hollywood, dedicado a "amparar" los "derechos humanos y la democracia" en el hemisferio occidental. Todo ello, empero, mediante intervenciones armadas, apoyo a dictaduras policiales sangrientas y bandas armadas terroristas de extrema derecha, bloqueos económicos e intensísimas campañas de difamación contra los disidentes, resistentes o simples desafectos a todos los niveles: individuos, grupos, naciones, Estados... El historial atrocidades, asesinatos en masa y fechorías estadounidense es tan espantoso, que las pretensiones de este país en orden a erigirse en "guardián de la paz" sólo pueden ser interpretadas como una burla añadida a sus numerosísimas víctimas.

La historia de las relaciones gubernamentales con los indígenas es un vergonzoso registro de tratados rotos y promesas incumplidas. La historia de las relaciones fronterizas del hombre blanco con los indígenas es un registro asqueante de asesinatos, ultrajes, robos e injusticias cometidas por los blancos, como regla, y como excepción de ocasionales estallidos salvajes y hechos incalificablemente bárbaros de desquite por parte de los indígenas.
Informe al Presidente Grant (1869)
Existe una línea conductora que va hasta los comienzos de la historia estadounidense. El ataque contra la población indígena durante la conquista del país fue genocida; y la gente no se da cuenta de eso, lo celebra; (…) entonces llegaron a la matanza de los indígenas pequot de esta área (New England), donde los colonizadores simplemente los atacaron, los quemaron y asesinaron a todos, los hombres, mujeres y niños… Esa es una de las glorias de nuestro pasado colonial…
Noam Chomsky

El primero de estos delitos de lesa humanidad es el genocidio de los indios pieles-rojas. Unos 5 millones de personas como mínimo fueron exterminadas por la acción combinada de los colonos y del gobierno estadounidente. El congreso de los EEUU ordenó la aniquilación en tanto que "solución final".
Nuestras fuentes de información son las siguientes: 1/ Marc Ferro: El libro negro del colonialismo, Madrid, La Esfera de los Libros, 2005; 2/ VV. AA.: El libro negro del capitalismo, Txalaparta, Tafalla, Nafarroa, 2001 (cuarta edición 2008); 3/ Domenico Losurdo: Contrahistoria del liberalismo, Barcelona, El Viejo Topo, 2007.

De los delitos y las ideas

Si forma parte de los designios de la Providencia destruir a estos salvajes con el fin de darle espacio a los cultivadores de tierra, me parece probable que el ron sea el instrumento apropiado. Este ya ha exterminado a todas las tribus que habitaban con anterioridad en la costa. 
Benjamin Franklin, Autobiografía, Writings, a cargo de  J. A. Leo Lemay,
Library of America, Nueva York, p. 1422.

Pero aquí no nos limitaremos a elaborar un catálogo de hechos acompañado de la correspondiente condena y manifestación de indignación. Como página de filosofía crítica, nos interesa establecer la relación existente entre los crímenes perpetrados y la ideología de los perpetradores. Éstos eran liberales y cristianos. No estaban incumpliendo unos preceptos religiosos, morales y políticos, no estamos ante un acto de hipocresía, como podría pretenderse a fin de exonerar las doctrinas y archivar el caso en el expediente de la excepcionalidad anecdótica. Tanto el análisis de los delitos y las ideas cuanto el desarrollo histórico posterior de los "Estados Unidos de América" ponen en evidencia que el recurso citado faltaría gravemente a la verdad, convirtiéndose en un acto de complicidad y convalidación, por activa y por pasiva, del genocidio cometido.
El fundamento ideológico del exterminio de los indios pieles-rojas norteamericanos es una doctrina liberal-cristiana perfectamente vigente en el "mundo occidental". El enemigo fue y es "el Demonio"; los adversarios, reales o supuestos, son definidos como "eje del mal". Una vez deshumanizados, procédese a su exterminio sin mayores contemplaciones. La "justificación" delirante, teológica, no es cosa del ayer, sino que los intelectuales liberales, es decir, personas como Arcadi Espada o Gabriel Albiac, por decir algo que nos resulte olfativamente familiar en el podrido Reino de España, la emplean con toda naturalidad, aquélla que corresponde a "lo obvio" del burgués satisfecho. Véase:
El Estado judío no habría nacido sin la expulsión de 700.000 palestinos. Así pues, había que expulsarlos. No había otra opción que expulsar a la población. (...) Tampoco la gran democracia estadounidense se podría haber creado sin la aniquilación de los indios. Hay casos en que el buen fin general justifica los actos implacables y crueles que se cometen en el curso de la historia.
Benny Morris, historiador israelí.
Otro tanto encontramos en el cine y en el "mundo de la cultura" pijoprogre. El exterminio de los indios no se experimenta con aquella vivencia casi litúrgica asociada a una película sobre el Holocausto, no. La gente puede reír y divertirse mientras matan a los indios. Se trata de algo muy parecido a lo sucedido con las "películas de alemanes"... También Hollywood, en su tradicional versión sobre el pueblo indio, emite un mensaje relativo a la crueldad de los pieles-rojas, a su salvajismo, a su ética heroica y guerrera "primitiva" que contrasta con la moral cristiana de los protagonistas blancos, el arquetipo baboso, dulzarrón, meapilas y, empero, letal de "Casa de la Pradera". Si queremos entender la banalización del genocidio indio, es decir, su carácter circense, relacionado con la industria del ocio y el entretenimiento consumista de los felices antifascistas burgueses, hemos de adentrarnos en el lenguaje de la Biblia.

(Continuará).

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
29 de octubre de 2014

ANEXO DOCUMENTAL

Sobre la vinculación esencial entre la "ideología" cristiano-liberal y las pautas de conducta genocidas puede consultarse el siguiente artículo de Franz J. Hinkelammert sobre "La inversión de los derechos humanos: el caso de John Locke" (1999), donde el mayor filósofo del liberalismo es sometido a examen.
http://www.filosofia-catalana.com/docs/altres/altres2/La%20inversion%20de%20los%20derechos%20humanos.pdf
También pueden consultarse las siguientes páginas, que hemos considerado interesantes:
http://crisolplural.com/2010/11/15/solucion-final-al-problema-de-los-indios-en-usa/




jueves, octubre 30, 2014

Respuesta al ultraderechista católico español Eduardo Núñez














"El valor supremo son los valores." (!bingo!)
"El enemigo es el progresismo marxista ateo" (por ejemplo, Bush)
(Eduardo Núñez) (Jaume Farrerons)

EDUARDO NÚÑEZ JAUME FARRERONS

FACEBOOK. Eduardo ha escrito "Respuesta a los desatinos de Jaume Farrerons: 1- "El cristianismo es antieuropeo"...
!Por todos los dioses!, Entonces toda la cultura europea a la mierda…. Desde Beethoven, Wagner, Bach, Miguel Angel, a la arquitectura, la escultura, la pintura etc… en todo ello hay miles de artistas cristianos y de cristianismo. Europa sin el arte cristiano seria como volver 2000 años atrás y tirar por la borda lo mejor de su arte. Decir esa barbaridad es propio solo de alguien que le puede el fanatismo antirreligioso y anticristiano.


Afirmar que el judeocristianismo és antieuropeo no significa enviar "a la mierda" (sic) ninguna obra de arte. ¿Dónde he propuesto yo semejante necedad? Destruir cultura es cosa de cristianos, no de ateos. Se inventa usted afirmaciones nunca hechas por mí en ningún sitio. Ésta es una conocida estrategia sofística para refutar con más comodidad al adversario, atribuyéndole de antemano ideas que, por decirlo así, se ridiculicen a sí mismas ellas solas. Sepa el lector objetivo que no he propuesto jamás aniquilar el arte europeo cristiano o musulmán o judío... No promuevo matar a nadie. Aquéllo que defiendo es recuperar e institucionalizar nuestras auténticas raíces históricas y axiológicas: la verdad en cuanto valor ético-político. En todo caso, se trataría de producir un nuevo arte que no lleve enquistada en su interior la semilla de nuestra ruina como civilización anclada fundacionalmente en el principio de veracidad o recuperar el arte griego y pagano anterior a la aculturación judeocristiana

Por cierto: conviene aclarar que todo lo que ha surgido "en" Europa es europeo, sea cristiano o no cristiano e incluso anticristiano. ¿Es europeo Nietzsche, autor de El Anticristo? Tanto en el ámbito del arte como en cualquier otra dimensión social, cultural o política, "en" Europa encontramos una cosa pero también su negación o la contraria. Por ejemplo, el capitalismo es europeo. ¿Convalidamos entonces la banca extractiva y parasitaria? ¿Usted no entiende, Sr. Núñez, que los nacional-revolucionarios genuinos luchan por transformar esta Europa decadente? Pero toda ella es "europea" en el sentido pedestre en que concibe usted el tema: como quien dice que cualquier leche es láctea. En definitiva, incurre usted en una auténtica perogrullada tautológica

Desde el punto de vista fáctico o descriptivo será "europea" toda realidad que "en" Europa haya brotado del pensar y del obrar de "europeos", pero aquí la palabra "europeo" tiene un importante sentido normativo. ¿No lo comprende usted, verdad, Sr. Núñez? Me lo temía, fachilla del copón. Pues "normativo" quiere decir que implica discriminar entre valores "formalmente europeos" (como el cristianismo y el capitalismo), haciendo aflorar las fuentes de nuestra disolución para poder secarlas. Wall Street y los Estados Unidos de América son, verbi gratia, "europeos". El sionismo cristiano es "europeo". La oligarquía financiera es "europea". El arte cristiano europeo es "europeo". Incluso un pederasta, un asesino, un violador o un ladrón corrupto europeos son "europeos", claro, pero este significado de la palabra "europeo" no nos interesa aquí.

Hacer la revolución "socialista nacional" equivale a refundar las instituciones; ahora bien, si todo aquello que existe en Europa queda "consagrado" en calidad de "europeo", o sea, como "válido" por el simple hecho de "estar en Europa", entonces, cretino, simplemente, no podremos cambiar nada. El hundimiento de Europa procede, empero, de su propio "interior" así conceptuado en tanto que "en". Las causas de la decadencia europea son "europeas" en el sentido descriptivo del vocablo. Habrá que extirpar alguna parte del tejido axiológico enfermo, por mucho que éste deba ser identificado fácticamente también como "europeo". Para usted la Europa medieval cristiana es el modelo a seguir. ¿No es europeo, así, el Renacimiento? ¿Tampoco es europea la cultura pagana antigua? ¿No es europea la modernidad, la ciencia, la democracia, la racionalidad? Evidentemente, con su declaración de principios ya se ha retratado usted como el ultraderechista católico y reaccionario empetrecido que siempre fue. Por no hablar del desatino que supone colocar esa época por encima de aquello otro, lo nacional y lo revolucionario, que Europa representa para los NR y que poco tiene que ver con la cultura dinástica y rural de los tiempos medievales. NIETZSCHE ES MÁS EUROPEO QUE CRISTO.
2- "Los grupos llamados NR en España son todos ULTRAS. Y no son laicos ni neutrales en materia religiosa sino confesionales" (Jaume Farrerons).
Eso es falso, por ejemplo, el MSR es laico, pero, en realidad, confesionales no lo son los grupos NR ni los NS normalmente. Y en paises donde los NR o NS no son nada cristianos sino paganos tampoco van bien alli…. Así que no es esa la causa del 'no podemos'.

 
Los grupos llamados NR son o evolianos o cristianos (católicos) o las dos cosas a la vez. No hay más. Brilla por su ausencia un partido NR laico de dimensiones significativas. Quienes actualmente se califican "NR" son simples ultraderechistas -cuando no skin heads- con muy pocas excepciones. Otra cosa es la maravilllosa opinión que ellos tengan de sí mismos. El MSR, por seguir con su ejemplo, ha llegado a defender en actos culturales la doctrina de Julius Evola. ¿Cómo puede considerarse laico un ideario que nos remonta a la sociedad de castas hindú, a la magia y a los chamanes? Usted miente o es un ignorante.

3- "De hecho, la censura es lo que han impuesto los cristianos a los no-cristianos siempre que han tenido suficiente poder para hacerlo" (Jaume Farrerons).
Por supuesto, e igual hacen los ateos como él, con innumerables persecuciones religiosas, o los demócratas, todos…. el ateísmo ha sido tan tiránico como el cristianismo o mas, cuando ha podido. Y ahora el capitalismo ateo hace lo mismo, y el sionismo judaico igual y el islamismo…Así que no es eso de la censura algo propio del cristianismo sino del poder, de todos los poderes ….

 
El capitalismo no es ateo. ¿De dónde saca usted semejante mamarrachada? El capitalismo financiero actual es judaico, sionista, cristiano puritano o sionista-cristiano. Por favor, infórmese. Usted produce vergüenza ajena. Confunde a Bush con un "marxista ateo", hágaselo mirar, campeón.
 
El ateísmo como tal nunca ha constituido una organización, un movimiento político o un Estado y, en consecuencia, poco habrá podido perseguir a la gente. Los ateos no exterminan a los cristianos; quienes cometen ese tipo de tropelías son observantes de otras religiones, generalmente monoteístas; y en ocasiones -demasiadas ocasiones- del mismo tronco abrahamánico que el judeocristianismo. En cambio los cristianos han acosado, y hasta asesinado, quemándolos vivos de forma sistemática, a todos aquéllos que no compartían sus desatinos demenciales sobre el judío hijo de Dios, la resurrección de la carne, el reino de Yahvé, la vida eterna, etcétera.  

4- "Pero insisto: un partido NR debe ser laico, es decir, NEUTRAL en materia religiosa y posicionarse en un espacio laico con la verdad racional como valor supremo" (Jaume Farrerons).
Cuidado, un NR y un NS debe ser laico, en el sentido de NO confesional, pero no anti-religioso, y mucho menos tener como valor supremo a la razón. No, el valor supremo son los valores, la honradez, el arte, la bondad, la verdad, pero no la razón. El racionalismo es algo positivo solo si está al servicio de valores. Los malvados muy racionales me repugnan.

 
"El valor supremo son los valores" (Eduardo Núñez). !Felicidades! Usted debe de ser un verdadero sabio para construir semejantes engendros lógico-gramaticales. Si todos los valores son el valor supremo, no hay ningún valor supremo, una definición casi perfecta del nihilismo. Su frase tiene el mismo sentido que "todos los músicos son el mejor músico", "la comida más sabrosa que he probado es todas las comidas que he probado"... Etcétera. Fórmula vacua donde las haya que resume la testaruda oquedad de su banal cerebro fachoso.

Nunca he defendido la razón como valor supremo. Cualquier persona que haya ido a la escuela primaria y tenga la decencia de leerme antes de lanzar semejantes acusaciones, sabe que mi postura ha sido siempre la defensa de la verdad, no de la "razón" a secas, mucho menos del racionalismo cartesiano. Y, que yo sepa, la verdad es un valor ético. En política, no obstante, la verdad ha de ser racional para poder operar como fundamento de la democracia. Es gracias a eso que podemos debatir y decidir en función de argumentos. Sócrates el griego -no Jesús el judío- nos mostró la evidencia. Pero, claro, usted ignora tales distinciones porque se dedica a la veterinaria de masas.

5- Varios millones de europeos cristianos murieron defendiendo Europa y nuestros valores… Pido un respeto por ellos.

¿Qué valores dice usted que murieron defendiendo sus queridísimos cristianos? Pero no será menester que me lo explique: los valores judaicos. No son mis valores. Yo soy ateo y europeo. Mi Europa es la de la ciencia, el librepensamiento, la verdad, la democracia, el socialismo, la nación, los valores heroicos y el progreso tecnológico. Justamente eso que usted rechaza en nombre del oscurantismo más pestilente. Ama usted la Edad Media, como confesó sin ruborizarse en el Facebook. Explíqueselo a los electores que tanto le preocupan: "yo, Eduardo Núñez, propongo el Medievo como meta de nuestro proyecto político". !Bravo!
 
Los cristianos asesinaban en nombre de un judío llamado Jesús; un energúmeno que, según el dogma, decía ser el hijo de Dios (¿padecía quizá "obsesiones" y transtornos diversos?). Jesús pretendió haber sido tentado por el diablo. Oyó voces (¿esquizofrenia?). Los primeros cristianos, los apóstoles, fueron una pandilla de hebreos mentirosos que vendieron el negocio de la vida eterna a pobres ignorantes y, en fin, promovieron, frente al pensamiento racional griego, una milagrería de finales felices completamente extraña a los valores heroicos y trágicos de los pueblos europeos originarios. Saulo de Tarso, fundador del cristianismo, era un judío de pura cepa tanto en lo ideológico cuanto en lo racial. Se me antoja usted un cretinesco meapilas, Sr. Núñez. Forma parte del tipo de obstáculos políticos que debe ser barrido para siempre de nuestro solar histórico si la cultura europea aspira a sobrevivir ante el peligroso proceso de desecularización que se nos viene encima al mismo tiempo por el lado cristianojudaico (EEUU., Israel) y por el lado musulmán (Yihad). Nunca, jamás, podré respetar a ultraderechistas de su calaña.

6- El texto de J. Bochaca, de "El mito del judaismo de Cristo" es una tontería y está lleno de errores, de acuerdo. Pero recuerdo que para un cristiano, la raza de Cristo NO tiene importancia alguna, puesto que en Cristo la raza no infunde forma de ser, ni nada… ¡Cristo es Dios!. Asi que este tema no es nada importante para un NS cristiano.

 
¿Acusa a Bochaca de tonto? Vaya, es usted un maleducado, por lo que parece. El problema es que los NS son racistas y para ellos la raza de Jesús resulta a la postre tanto o más importante que sus creencias. De ahí el mito del Jesús ario, en el que cristianos NS inconsecuentes intentan armonizar dos dogmas completamente incompatibles, todo ello torciendo los hechos y falseando la realidad de la forma más vergonzosa que conozco. Jesús era judío de raza y sus ideas eran, también, totalmente judías. Judíos fueron los apóstoles. Judío el fundador de la religión cristiana, Saulo de Tarso, como ya he señalado. El negocio teológico-comercial de la fe en Dios a cambio de la vida eterna es judaísmo puro. Son palabras de Werner Sombart, alguien a quien, por supuesto, usted desconoce.
Personalmente me importa poco todo este tema, de todas formas Hitler dijo (y escribió públicamente en sus conversaciones con Eckart) que morir por la salvación de los demás y la vida de Cristo no era compatible con la idiosincrasia de los judios. Asi que yo dejo a cada cual ser cristiano o no, y ni estoy en contra del cristianismo ni tampoco de los que no lo son. Ni creo tampoco que el cristianismo sea el culpable del estado lamentable actual.El culpable es el sionismo y el capitalismo, el enemigo es el progresismo marxista ateo, no el cristianismo.
 
Jesús no murió "por" nadie, usted desconoce también la historia del cristianismo y confunde aquello que Jesús fue con la imagen que los primeros judeocristianos y Saulo de Tarso dieron luego de él para vender el producto de la vida eterna. Jesús se consideraba el Mesías judío esperado por su religión nacional. Murió, en todo caso, por los judíos y como nacionalista judío. Eso es todo. Infórmese, caballero andante de pacotilla.
 
La oligarquía financiera de Wall Street no es marxista atea, pedazo de klukluxklanero, es creyente, sionista cristiana. Marx fue el primero en explicar que el cristiano se convierte en judío bajo el régimen capitalista, o sea, que el judaísmo constituye la verdad del propio cristianismo. Léase el ensayo La cuestión judía, quizá aprenda algo sobre las ideas de los oligarcas que están destruyendo el planeta Tierra. Casi todos ellos, por no decir todos, son judeocristianos y sionistas. Cuesta reconocerlo, ya lo entiendo, pero usted comparte, a nivel doctrinal, muchas cosas con los asesinos que nos gobiernan, ultraderechistas de tomo y lomo no por casualidad. De ahí que gentes como Figuerola y otros ultras de PxC estén ya promoviendo un desvergonzado eurosionismo facha cuya procedencia usted, desde luego, con los cuatro trastos conceptuales del Medievo que tiene en la cabeza, nunca podría comprender y mucho menos analizar o explicar. 

Me ha parecido un artículo digno de mucha reflexión. Sin embargo hay una cosa que no puede dejarse de lado. Si hablamos de política hablamos de "posibilismo", de estrategia y de asentamiento en la realidad. España ha sido históricamente católica y sigue siendo católica sociológicamente. Hay que contar con esto. Ya se encargaría un partido y un estado laico (y esta es su función) de controlar lo que haya que controlar y de reconducir lo que haya que reconducir."

Si la política es posibilismo, insisto: vaya y cuénteles a los españoles castigados por la crisis que su modelo político y moral es la Edad Media cristiana. La extrema derecha lleva mucho tiempo intentándolo y no supera nunca el techo del 1% de los votos. No perderé más el tiempo con usted.

Saludos a todos los seguidores de este blog.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica
30 de octubre de 2014
 

lunes, octubre 13, 2014

Foro de FILOSOFÍA CRÍTICA














Recomendamos a las personas interesadas en debatir las entradas del blog FILOSOFÍA que lo comuniquen al siguiente correo:

intra@intra-e.com

Todo ello con el fin de darse de alta en el foro:

http://socialista-nacional.foroactivo.com/

Este sitio, por motivos de privacidad, está reservado a los usuarios que quieran seguir el Curso de Filosofía y plantear, en el subforo correspondiente, cuestiones relativas a los temas de la bitácora.

Saludos cordiales.

ENSPO
13 de octubre de 2014

 

sábado, mayo 17, 2014

¿Qué piensa la oligarquía?

Judíos en el movimiento fascista originario: un "escándalo" sin explicación en los términos del "antifascismo" actual de rigor.




















La idea de una "extrema derecha que gobierna el mundo" representa en sí misma una paradoja. Como ya señalábamos en entradas anteriores, "ultraderecha" es un término despectivo que alude a un sector político marginal, minoritario y mundialmente despreciado. Sin embargo, sostenemos, la extrema derecha gobierna el mundo. ¿Cómo es esto posible? Pues porque existe una extrema derecha, a saber, la extrema derecha sionista, que no se reconoce ni es reconocida como tal. Esta extrema derecha constituye, además, la fuente de la estigmatización de todos los nacionalismos gentiles y, al mismo tiempo, ha producido el imaginario en virtud del cual permanece inmune a su propio veneno. Pero la extrema derecha manda  en el hemisferio occidental: EEUU, la City de Londres e Israel.

Cada vez que un "progresista" utiliza la palabra "fascismo" como sinónimo del "mal radical", convalida y fortalece el código simbólico oligárquico, pues es ese mismo uso lingüístico el que ampara, por decirlo así, a los ultras judíos. 

De lo expuesto se desprenden al menos tres postulados:

1/ para reivindicar posiciones políticas nacionalistas hay que situarse a la izquierda o uno será inmediatamente acusado de "ultra";

2/ para defender posiciones socialistas o, en general, de defensa de los trabajadores, hay que adoptar previamente posiciones nacionalistas, toda vez que el lenguaje y la praxis de la oligarquía son universalistas, cosmopolitas y globalizadores respecto de los pueblos "gentiles";

3/ para defender posiciones políticas radicalmente contrarias a la oligarquía en general hay que renunciar al código simbólico antifascista que, de forma automática, santifica por defecto el nacionalismo sionista de extrema derecha.  

Sin embargo, en lugar de estas medidas preventivas de puro sentido común, aquéllo que encontramos en el mundo de la política es lo siguiente: 1/ los nacionalistas radicales de cada país, excepto en el caso de las naciones o pueblos sin Estado, se identifican con la derecha y aceptan, incluso de buen grado, el calificativo de "ultraderechistas", colocándose así en las antípodas de las masas populares trabajadoras a las que debería ir destinado su mensaje; 2/ los izquierdistas radicales en todo el mundo se identifican con el cosmopolitismo, la universalización y una fórmula especial de la globalización o mundialización que legitime su postura favorable a los flujos migratorios promovidos también por el capitalismo, rechazando así,  en conclusión, toda forma de nacionalismo; 3/ estos mismos izquierdistas radicales asumen de buena gana el lenguaje antifascista y consideran que le hacen mucho daño a la oligarquía cuando la acusan de "fascista", a pesar de que, con dichos usos linguísticos, legitiman el imaginario ideológico (sionista) del Holocausto.

Todos estos errores impiden organizar una auténtica resistencia política e intelectual contra la oligarquía. De ello son responsables tanto los ultraderechistas cristianos como la extrema izquierda comunista, los cuales representan voluntariamente, en definitiva, el papel que el nacionalismo radical judío, es decir, la extrema derecha sionista que gobierna el mundo, les ha asignado en provecho propio. 

El trabajo de toda filosofía crítica debe consistir en combatir los mitos, dogmas y códigos simbólicos que, asumidos inconsciente y acríticamente por los ciudadanos, sustentan de hecho la ideología oligárquica.  A tal efecto, conviene saber qué piensan realmente los oligarcas, sólo de esta manera podremos comprender sus pautas de conducta y combatirlas de manera eficaz. Las estrategias y tácticas de resistencia han fracasado una y otra vez a lo largo de la historia. Si el enemigo oligárquico vence siempre, si los ultraderechistas comprueban que sus naciones son cada vez más dependientes del poder mundial, mientras la izquierda radical contempla el progresivo empobrecimiento de los trabajadores en todo el mundo, algo estarán haciendo mal unos y otros. Algún error deben de cometer. Para empezar, cuando aceptan sin reflexionar la falsa idea de polaridad que opone ultraderecha y extrema izquierda. Dicha polaridad existe, pero no es realmente la que piensan los interesados porque está mediada por otro concepto, a saber: judíos/gentiles, mucho más fundamental. Para romper con aquélla en su forma manipulada baste recordar que el fascismo fue, en sus orígenes, de izquierdas, un hecho que subleva tanto a ultraderechistas como a izquierdistas radicales a pesar de ser la pura verdad.

Los tres niveles de análisis crítico

La ideología oligárquica muestra tres niveles de análisis: 1/ el nivel económico, ahí donde aparecen todas las cuestiones relativas al neoliberalismo, al capitalismo, los recortes sociales, las privatizaciones, las deslocalizaciones y otras prácticas harto conocidas. En este nivel los ultraderechistas poco tienen que criticar, eso cuando no se declaran abiertamente liberales y filocapitalistas. De la misma manera que se declaran cristianos, con lo que, pese a su presunto nacionalismo, están asumiendo todas las formas, históricas o contemporáneas, del cosmopolistismo apátrida. En la crítica del neoliberalismo se muestran más decididas las izquierdas radicales, pero siempre omitiendo el fenómeno de la inmigración a pesar de que éste representa una grave agresión capitalista al valor del trabajo. La combinación de ambas incongruencias posibilita el triunfo del capital, pues las sinergias de las fuerzas políticas de presunta resistencia en realidad confluyen en la misma dirección que las de las fuerzas políticas sistémicas, es decir, aquéllas que, de forma más o menos declarada, promueven la mundialización neoliberal.

El segundo nivel de análisis es aquél en que, además de la crítica del neoliberalismo, el crítico descubre la presencia del fenómeno ultraderechista judío moviendo los hilos de la globalización y vulnerando, en provecho propio, todas las normas que impone al resto de los países (practicando el supremacismo racial, el imperialismo, el colonialismo, etc...). Son pocos los analistas de izquierdas que alcanzan el segundo nivel, pues temen ser acusados de antisemitas. Además, la izquierda radical está repleta de nacionalistas judíos encubiertos que se dedican, precisamente, a reducir todas las cuestiones políticas a cuestiones económicas, borrando las huellas del ultraderechismo judío en las decisiones adoptadas por la oligarquía. No obstante, autores como James Petras, entre otros, son modélicos en lo que concierne a denunciar las motivaciones racistas (sionistas) de la política internacional estadounidense promovida por el lobby israelí en Washington. Empero, con el fin de evitar ciertas acusaciones de la parte oligárquica, los mencionados críticos acostumbran a sobrerrepresentar su antifascismo y, con ello, a remachar con su prestigio y legitimidad de "verdaderos críticos" sinceros (no "vendidos") la validez del imaginario oligárquico antifascista. Así, son, a la postre, los que más daño hacen a la causa de la resistencia y la crítica. En cuanto a la extrema derecha, es incapaz de desarrollar una crítica del ultraderechismo judío en este nivel por dos razones: las extremas derechas gentiles comparten todos los tópicos de su adversario, máxime cuando, en la mayor parte de los casos, estamos hablando de ultraderechas cristianas y de antisemitismos cristianos acuñados en el molde bíblico; dicho brevemente: en última instancia, en la matriz cultural judía.

El tercer nivel de análisis es, por tanto, religioso. La oligarquía sionista obedece a una serie de creencias apocalípticas y mesiánicas irracionales. Cuando no lo hace, su nihilismo es absoluto. Y las diferencias internas serias que oponen a los oligarcas hay que colocarlas en dicho plano interpretativo. No podemos entender nada de lo que sucede en el mundo sin abordar este decisivo factor motivacional. Tanto el neoliberalismo cuanto el nacionalismo judío radical conducen a YHWH,  es decir, a cuestiones como la resurrección de la carne, la inmortalidad, el reino de dios, el fin del mundo, etcétera... La pregunta por la verdad y la racionalidad resulta insoslayable. Pensar que se puede hacer "política de resistencia contra la oligarquía" manteniendo una postura de neutralidad en estas materias es simplemente absurdo. Y, sin embargo, ésta es la situación en el mejor de los casos. Los ultraderechistas gentiles decláranse cristianos y están incapacitados a radice para demoler los fundamentos ideológicos del sistema oligárquico: ellos mismos los  sostienen con una estupidez absolutamente sorprendente. "Una" extrema derecha no puede "criticar" realmente a "otra" extrema derecha, y quienes manipulan la historia son ultraderechistas. No existe, ni puede existir, en definitiva, genuina crítica ultraderechista a la oligarquía. Por su parte, la izquierda radical es heredera, a menudo inconsciente, de la secularización  histórica de los valores cristianos, de tal suerte que cuando uno aborda la crítica del judeocristianismo tiene que topar, tarde o temprano, con dogmas puros que los intelectuales "progresistas" se niegan siquiera a "pensar", pues sólo hacerlo les produce auténticos mareos. Son tales dogmas los que mantienen a la izquierda occidental encadenada al capitalismo y operando como legitimador ideológico "humanitario" de las políticas de flujos migratorios, es decir, el blanqueo filosófico de la trata de esclavos perpetrada por los capitalistas con fines de negocio, mestizaje y "multiculturalismo para gentiles". Y ésta sólo entre otras muchas cuestiones que los izquierdistas marxistoides consideran irrenunciables: relativismo, individualismo, hedonismo...

El tercer nivel de análisis es el más importante, pues sólo una vez mínimamente aclarado este aspecto básico de la cuestión puede pasarse a los otros dos sin perderse en el laberinto de datos que presentan. Pero nadie entiende esto. Nadie ha sido capaz, hasta ahora, de comprender que el tema del "fascismo" remite al tercer nivel y no puede resolverse como una cuestión política, sino filosófica, es decir, en tanto que respuesta a preguntas fundamentales de la existencia humana que impulsan a los oligarcas en su proyecto de dominación planetaria. En efecto, éstos son hombres igual que nosotros: todo aquéllo que hacen  o dejan de hacer responde a unos motivos tan hondos como los de cualquier hijo de vecino. No buscan sólo el dinero. No buscan sólo el poder. Con la "riqueza" y el "poder" están resolviendo otros problemas "antropológicos" de primera magnitud. Si no somos capaces de "analizarlos" en ese estrato de sentido, seguiremos jugando a un juego donde habremos sido derrotados de antemano. Nuestra derrota será, empero, la de todos los pueblos del mundo, la derrota de la civilización, la derrota de cualquier noción de socialismo y justicia social..., pero sólo porque, en primer lugar, se habrá consumado en Europa, patria de la filosofía, la derrota de la verdad. 

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
17 de mayo de 2014

Documentación anexa

http://protocolosgatunos.blogspot.com.es/2011/06/los-judios-y-el-fascismo-una-paradoja.html

http://nazismosionismo.blogspot.com.es/2012/03/introduccion-nazismo-y-sionismo-las-dos.html

http://antagonistas.blogia.com/2011/011401-entrevista-con-vincenzo-vinciguerra.php

http://antagonistas.blogia.com/temas/vinciguerra.php
 

viernes, abril 25, 2014

CURSO DE FILOSOFÍA. PRIMERA LECCIÓN (1)

LECCIONES DE FILOSOFÍA COMPRENDER HEIDEGGER
PRIMER CURSO: INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA
PRIMERA LECCIÓN: ¿QUÉ ES FILOSOFÍA? (1)


http://www.filosofia-catalana.com/marca-hispanica/LECCIONES/INTRO-HEIDEGGER/0004.pdf

Vamos a emprender el camino de la filosofía desde su mismísimo punto de partida. Por tanto, no damos aquí por supuesto ningún conocimiento científico previo que forme parte de una disciplina universitaria denominada Filosofía. Esto puede generar  un problema para los que ya “saben” algo o mucho de filosofía, a saber, que el “nivel” académico antójeseles demasiado bajo. Pero la ausencia de requisitos en materia de “informaciones sobre los filósofos y sus filosofías” no obliga a hacer descender el “nivel”, sino sólo a renunciar a la terminología o jerga profesional del filósofo académico. El esfuerzo requerido para comprender el texto será el mismo, con la ventaja de que tendremos que ir justificando, uno por uno, el significado de dichos tecnicismos a medida que vaya apareciendo la necesidad de su uso, si la hubiere. Sobre los orígenes de la Academia como institución de la ciencia y de la Filosofía en tanto que especialidad científica habrá noticia crítica en algún momento de la primera lección.

Pese a todo, me veo en la obligación de aclarar, de forma provisional, dos vocablos filosóficos, a saber, “ente” y “ontológico”. Por lo que respecta al primero, ente es el participio activo del verbo ser, como amante lo es del verbo amar. Así, un ente es “aquello que es o está siendo”. Su “aseidad” o, en el presente texto, carácter de ser (hay otro significado, medieval, de “aseidad”), se explica en la lección, pero anticipo que “ser” cabe empezar a leerlo ya como “ajeno a nuestros deseos, voluntad, intereses e inclinaciones”. Un árbol puede ser objeto de la ciencia en cuanto ser vivo, y entonces tenemos el árbol de la botánica y de la biología; pude ser objeto de la ciencia como producto económico, madera industrial, adorno de una zona residencial, etcétera; puede ser objeto del arte para un pintor; o leña en la improvisada hoguera del paseante helado… Se trata del mismo árbol, pero ¿qué árbol es “el” árbol? Para el filósofo el árbol es objeto de su consideración como ente. Esto significa que el filósofo hace abstracción del árbol en todos los sentidos citados y sólo se ocupa de que el árbol es. Que “es” al margen de los “intereses” del empresario, del botánico, del artista, del economista o del vagabundo aterido de frío… Sólo su ser, aquello que lo hace “independiente” de cualesquiera inclinaciones subjetivas y que puede mostrarse de repente cuando, casualmente, a oscuras, nos damos de bruces con un árbol, nos “topamos” con él y el dolor en la rodilla no nos resulta de ninguna “utilidad”, antes bien todo lo contrario. El vocablo ontológico mienta lo relativo al ser del ente, ya sea de un ente particular, ya del ente en general o, según reza la tradición, del “ente en total”.

Dicho esto, al alumno se le supone sólo: 1/la capacidad de experimentar los fenómenos tal como se muestran; 2/las habilidades relacionadas con el acto de leer un texto en castellano; 3/aquellas otras técnicas concernientes al hecho de escribir en esa misma lengua; y 4/la “facultad” de razonar, es decir, de sacar conclusiones de unas premisas sin rendir en todo momento vasallaje a los “hechos”.
Los puntos 1/ y 4/ reclaman ya  algunas aclaraciones. Veámoslas.


La facultad del ser racional

La racionalidad lógica se vincula con los fenómenos empíricos únicamente en las premisas del razonamiento, pero luego desarróllase y “es” de forma autónoma. Por ejemplo, alguien sostiene: “siempre que llueve, el suelo está mojado; el suelo no está mojado, luego no llueve.” O sea: “siempre que A, entonces B;  no-B, entonces no-A”. El argumento formalizado vale cualesquiera que sean los contenidos semánticos de A o B: “siempre que llueve hay nubes en el cielo; no hay nubes en el cielo, luego no llueve”. La física matemática es una “prueba” del punto 4/.

Efectivamente: las matemáticas representan, en general, la formalización del razonamiento que constituye, por sí mismo, un ámbito fenoménico propio. De ahí que la física contemporánea pueda “conocer” una parte del “mundo real de la naturaleza” desplegando como hipótesis puras fórmulas sacadas “de la cabeza” del investigador. La estructura matemática de la naturaleza nos permite asegurar que algo sucederá o será necesariamente así o asá desarrollando apriorísticamente unos cálculos que no tienen procedencia empírica, es decir, que no hemos aprendido de la realidad, sino que conforman el “ser racional” de nuestro intelecto humano. El hecho de que la realidad material sensible inorgánica “obedezca” o responda, por decirlo así, a los parámetros numéricos establecidos a priori por dichas fórmulas sin necesidad de recurrir a la experiencia, sin tener, en definitiva, que abandonar el gabinete de trabajo del sabio para comprobar cada caso concreto, fue considerado algo maravilloso en el siglo XVIII. Nada menos que el punto de partida de la reflexión filosófica de Kant es este factum de la validez científica apriórica. La circunstancia de que no nos sea menester “comprobar” si llueve cuando “sabemos”, por cualquier fuente fiable, que el cielo está despejado, no es más que un ejemplo, harto elemental, de las condiciones que hacen posible la física teórica, es decir, la ciencia más prestigiosa del mundo moderno. Pues bien, cualquiera de nosotros es depositario de esa “facultad”; la filosofía puede definirse como la expresión articulada e institucionalizada de su aplicación sistemática a la vida. La existencia es aquello que hemos comprendido ya. La filosofía se limita a elevar al rango de concepto tal comprensión previa o a priori. Hete aquí la famosa racionalidad.  Pero, ¿en qué consiste realmente la racionalidad?

Todos sabemos razonar y comprendemos un razonamiento. La racionalidad y el uso del lenguaje son “facultades” que van juntas. Esta capacidad de argumentación entraña, de alguna manera, la entera filosofía. Pero debe quedar claro desde el principio que una cosa es el acto de razonar lógicamente y otra la apertura a los fenómenos.

Vamos a poner, otra vez, un ejemplo ilustrativo. Se puede razonar correctamente, pero si las premisas son falsas, las conclusiones serán también falsas. La validez de las premisas depende de la experiencia de los fenómenos. En el razonamiento del apartado anterior, la observación de que el suelo no está mojado nos permite inferir que no llueve sin tener que “ver” las gotas de lluvia, pero si la observación fuera falsa, o sea, si el suelo estuviera mojado, el hecho de razonar correctamente, como es el caso, no impediría que la conclusión fuera falsa.

La racionalidad en cuanto acto de fundamentar tiene en primera instancia dos sentidos (luego veremos que en realidad el segundo se reduce al primero): a/ hacia los fenómenos; b/ hacia la lógica. La racionalidad lógica es autónoma, pero tiene que mantener puntos de contacto con los fenómenos para no apartarse de la verdad. El acto de “dar razón” entraña este doble significado, a saber, haber razonado con rectitud desde una premisa y haber verificado la validez de las premisas mismas.

Así, si el interlocutor 1 sostiene que “siempre que A, entonces B; no-B, entonces no-A”, este razonamiento será correcto aunque sea falso que el suelo esté mojado. Pues una cosa es la validez del argumento como tal y otra la verdad de las premisas. Si la premisa “no-B” es falsa y aspiramos a demostrárselo, llevamos al interlocutor 1 ante la ventana y le señalamos el suelo mojado. El fundamento de nuestra pretensión es la evidencia empírica de un suelo mojado donde cae la lluvia. Pero si dijésemos que el razonamiento del interlocutor 1 es erróneo, estaríamos sosteniendo algo muy distinto y dicho interlocutor podría demostrar que éramos nosotros quienes nos equivocábamos.

No bastará, por tanto, que el interlocutor 2 responda que “es falso”: tendrá que demostrar en qué consiste la falsedad. La frase “te equivocas”, cuando no vaya acompañada del fundamento correspondiente, es lo más antifilosófico que existe. En términos generales, no se refuta una afirmación o pretensión de validez negándola verbalmente o por escrito, sino presentando un argumento fundamentado. Y éste puede tener como fuente, al menos, o la lógica o los fenómenos empíricos. La filosofía se distingue así de una mera charla por el hecho de que las expresiones lingüísticas están acreditadas, es decir, los enunciados van acompañados de sus respectivos y exigibles correlatos fenoménicos.

El enunciado “es verdad que no llueve” se refuta o verifica en los fenómenos. La validez del razonamiento “siempre que A, entonces B; A, luego B” se verifica demostrando que no queda afectado por el hecho de que “no-B” sea falso, pues basta establecer la premisa verdadera, ya sea B o no-B (y esto puede variar según los casos, siendo así que algunos días llueve y otros no) para que la conclusión del razonamiento sea verdadera.

 
El principio de fundamentación

Una consecuencia importantísima que se sigue de lo anterior es que para verificar enunciados relativos a la validez de los razonamientos como tales, tenemos que apelar a una determinada esfera fenoménica, a saber, aquella en la que se muestran las estructuras lógicas. La palabra “fenómeno” como fundamento de los enunciados válidos o verdaderos no se limita a los hechos de la naturaleza o a las cosas sensibles en general. De ahí que, en el fondo, las dos fuentes del conocimiento se reduzcan a una: los fenómenos. Procedamos a aclarar esta cuestión.

Por ejemplo, si sostenemos “siempre que A, entonces no-A”, para verificar esta estructura lógica no necesitaremos mirar por la ventana para ver si llueve o no llueve. Alguien dirá que es falsa y apelará a su carácter contradictorio, pues vulnera un principio de la lógica que es el “principio de no contradicción”. En suma, dicha formulación carece de correlato en el campo de los fenómenos lógicos y, por tanto, es falsa. De la misma manera que verificamos la afirmación “es verdad que llueve” yendo a la ventana o saliendo a la calle, es decir, observando o experimentando la fundamentación del enunciado en cuestión, para verificar o refutar la afirmación “es verdad que siempre que A, entonces no-A” hemos de experimentar si este enunciado tiene respaldo fenoménico y sabemos que no puede tenerlo porque vulnera un principio esencial de las estructuras fenoménicas lógicas. Siguiendo el mismo procedimiento (método) sabemos de antemano, y sin tener que hacer ninguna comprobación física, que el enunciado “es verdad que hay un círculo cuadrado” carece de fundamento. El círculo es un fenómeno ideal y podemos experimentarlo racionalmente tanto como podemos experimentar el absurdo de una “cosa sin peso”, un “color inextenso”, el “principio del tiempo” o el “final del espacio”.

El concepto de fenómeno, en consecuencia, es más amplio que el concepto de cosa sensible. Hay fenómenos que no son cosas. A partir ahora, para entendernos, nos referiremos a los fenómenos empíricos como aquellos fenómenos que pueden ser vistos, tocados, olidos… Cuando la filosofía empirista, cientificista y positivista habla de fenómenos, se refiere única y exclusivamente a este tipo de fenómenos. El único criterio de legitimación de los enunciados sería, para la ciencia, el correspondiente correlato empírico. Así tendríamos: a/ un enunciado; b/ un fenómeno y entre a/ y b/ una c/ relación de fundamentación. El discurso válido sería aquel en el que los enunciados (e) vienen fundamentados por fenómenos (f). Pero los fenómenos, para la ciencia, serían siempre empíricos y la única fundamentación posible concerniría a hechos. Cuando el positivismo habla de hechos y de los hechos como única fuente válida de conocimiento se refiere a los fenómenos empíricos.

Pero ya hemos demostrado que existen otros fenómenos, a saber, los fenómenos no empíricos. Las estructuras lógicas y matemáticas conforman una esfera fenoménica determinada susceptible de fundamentar enunciados verdaderos y refutar enunciados falsos. Dichos fenómenos no son “hechos” en sentido positivista. No podemos, en efecto, “tocar” una estructura matemática o una secuencia lógica. Sin embargo, tales estructuras “están ahí” y nadie podría modificarlas a placer. Si nosotros sostenemos ahora que 2+2=6, este enunciado carece de correlato fenoménico, es por tanto falso. No hay fenómeno que lo avale. Permanece ayuno de fundamento cual mera opinión. Nadie es capaz de alterar el fenómeno 2+2=4, éste tiene su consistencia, aunque no sea material, y a veces mayor que la de una piedra, pues una piedra puede ser barrenada y destruida con dinamita, pero no podemos siquiera pensar en aniquilar o meramente mellar el fenómeno 2+2=4 como no sea mintiendo conscientemente.

Ahora bien, la filosofía refiérese a los fenómenos como tales, a los fenómenos en tanto que fenómenos. Y conviene añadir: además de los fenómenos empíricos, lógicos y matemáticos, hay otros: fenómenos éticos, estéticos, religiosos, existenciales…

Los fenómenos empíricos ocupan posiciones espaciales determinadas. Si yuxtaponemos todos los fenómenos empíricos “contenidos en el espacio”, podemos llegar a pensar en un ente denominado cosmos, universo o mundo. Pero el campo fenoménico incluye entes que no ocupan ninguna posición en el espacio. Los números no están en ningún sitio. Tampoco el tiempo, fenómeno por excelencia, como veremos, ocupa lugar alguno en el espacio. Ni la conciencia. La filosofía se limita, en principio, a constatar la “realidad” tal como se muestra, para remontarse a su ser. La ciencia pretende reducir la realidad a hechos. La filosofía niega que la realidad pueda ser amputada hasta el extremo de que sólo tengan que aceptarse los “hechos” (=fenómenos empíricos) como fuente de conocimiento. Para empezar eso haría imposible la ciencia misma, que se basa en las matemáticas y la lógica, fenómenos, como hemos visto, no empíricos.

La filosofía desborda a la ciencia precisamente porque la filosofía constata “lo que hay” sin hacer concesiones a dogmas o prejuicios (ideológicos, religiosos, políticos); la filosofía es un positivismo fenomenológico más radical que el mero positivismo científico auto limitado a los datos sensibles. La filosofía, para emplear la frase de Husserl, se atiene a “aquello que aparece”, sea como fuere. Caiga quien caiga. La ciencia positivista impone dogmáticamente la reducción de “lo real” a los hechos, es decir, a un sector concreto de fenómenos: los fenómenos empíricos. La filosofía se coloca en un terreno previo a la ciencia misma y abarca tanto los fenómenos empíricos como los fenómenos no empíricos. El campo fenoménico.

La filosofía es pues, en resumen, un diálogo argumentado donde los participantes no plantean meras opiniones, sino razones, pretensiones de validez. La primera característica de la filosofía es así el respeto al principio de fundamentación. Las razones, de alguna manera, nos coaccionan, porque reclaman acatamiento y fundan relaciones de autoridad. Los argumentos, en efecto, siempre los emite alguien, y ese “alguien” “tiene (o no tiene) razón”, hecho que le puede producir una satisfacción psicológica o la correspondiente frustración. Los griegos concebían los debates en el ágora como torneos dialécticos. Quienes salían derrotados en un diálogo experimentaban el tener razón del vencedor como una victoria particular de éste: “el chantaje de tus razones”. Sin embargo, conviene aclarar, siguiendo aquí a Sócrates, que el supuesto vencedor sólo puede “vencer” si él mismo se ha sometido a la verdad. Aquél que haya sido refutado en un debate puede hacer dos cosas: 1/ pretender que es el otro, es decir, el “alguien” que tiene razón, quien le coacciona de alguna manera; 2/ aceptar que la validez del razonamiento no sólo le vincula a él por haberse equivocado o razonado mal, sino que vincula a todo ser racional, incluido el presunto “vencedor” del supuesto torneo. La esclarecedora palabra “con-vencer” oculta, las más de las veces, que quien con-vence debe estar previamente “con-vencido” por la razón misma, la única “(con) vencedora” real del diálogo o debate filosófico en tanto que “búsqueda de la verdad”. Los primeros filósofos griegos se enfrentaron a los sofistas para demostrar que la finalidad del diálogo no era “tener razón” a cualquier precio, sino hallar la verdad por mor de la verdad misma.

Acatar la verdad

Dicho esto, hay que añadir que al alumno se le supone algo mucho más importante incluso que la “facultad de razonar” comentada recién, a saber, la disposición a aceptar la verdad cualquiera que ésta sea. ¿Qué queremos decir en realidad con este requisito ético, cuya importancia rebasa todo lo relativo a virtualidades intelectuales y saberes más o menos científicos exigidos en un currículo? La verdad no tiene por qué coincidir con aquello que nosotros deseamos o esperamos, con aquello que, por ejemplo, podría hacernos felices. La palabra “aceptar” es provisional y no da la medida del tipo de relación que nosotros establecemos con la verdad, pero, por el momento, nos bastará como caracterización previa.

Entramos en un bosque y nada sabemos de lo que hay dentro de ese bosque. Sin embargo, tenemos ya alguna noción del bosque. En los bosques anidan fieras, escóndense horrendas brujas, hay precipicios por los que podemos despeñarnos… La filosofía significa, en primer lugar, acatar existencialmente aquello que el bosque es. En el mencionado “es” late una reminiscencia, un recuerdo borroso, tal vez una pesadilla. Pero a nosotros no nos preocupa si la verdad va a beneficiarnos o perjudicarnos. Como Edipo, avanzamos hacia la verdad, de ahí que la filosofía pueda caracterizarse como una “sabiduría heroica”. Se requieren virtudes guerreras para la filosofía. La palabra “disciplina” referida a las distintas especialidades científicas remite a una disciplina fundamental, a saber, la filosofía como compromiso incondicional con la verdad. Este compromiso es también una “facultad” que todos tenemos, porque nadie, cuando argumenta en serio, puede pretender que miente. Cualquiera de nosotros, aunque se equivoque, supone que si actúa de una determinada manera es porque cree en la veracidad de su planteamiento, idea de la vida, creencia, doctrina o composición de lugar.

Nosotros “somos” siempre una determinada concepción de lo que hay y en función de la cual hacemos esto o aquello en la vida. Esta concepción es filosófica o va a parar, en último término, a cuestiones filosóficas que habremos resuelto más o menos honestamente pero que son consustanciales a nuestro ser. No hay vida al margen de la filosofía para un ser lingüístico que razona y en el que el razonar es una “facultad” esencial. El razonar y argumentar en el que siempre estamos entraña una pretensión de validez. Por tanto, el principio de acatamiento de la verdad ha sido aceptado por todos a pesar de que sean pocos quienes lleven este compromiso hasta sus últimas consecuencias.

Memorias de “lo ser”

La palabra “ser” constituye el centro del pensamiento de Heidegger. Tienen ustedes que captar éste su rasgo fundamental, cuyo sentido se irá ampliando a medida que la travesía del bosque avance hacia el fatal destino (“destino” es otra palabra que emerge rauda a las primeras de cambio en cuanto se comienza a filosofar).

Para muchos comentaristas de Heidegger el Ser “no significa nada” y pone en evidencia la vaciedad del discurso de este filósofo. El Ser significaría a lo sumo, en el mejor de los casos, una abstracción inocua e inútil que incluye “todas las cosas”, ninguna y nada en el fondo; o el Ser significaría un ente supremo, otro nombre para la herrumbrosa palabra “dios” —sucedáneo religioso— en tiempos secularizados; o el Ser significaría una irrelevancia académica, un matiz rebuscado (“el ser no es el ente”) que Heidegger habría elevado a la categoría de ídolo conceptual a sabiendas de que ningún profano de la filosofía podrá fiscalizar jamás su genuino valor teórico porque la filosofía no es más que pura palabrería…

Les propongo que reconstruyamos el sentido de la palabra “ser”, vocablo que emplearé sin mayúsculas. En alemán todos los sustantivos se escriben con mayúsculas. Das Sein no puede en principio traducirse por Ser de la misma manera que das Haus no se traduce por “la Casa”, sino por “la casa”.  Si se tradujera con mayúsculas, cosa que no descartamos, habría que explicar por qué y de momento nosotros nos conformaremos con traducir das Sein como cualquier otro sustantivo alemán, “el ser” en este caso, en masculino, a pesar de que das Sein es neutro en alemán (nosotros los castellanos no tenemos artículo neutro y “lo ser” supondría forzar demasiado la lengua de Cervantes). Pero cuando piensen en “el ser”, entiéndalo más bien como “lo ser” que como un “objeto” de “género masculino”, es decir, sexuado.

Pues bien, el ser, “lo ser” si se quiere, significa aquello que está ahí y que no se corresponde necesariamente con nuestra voluntad, deseo o gusto. Cuando nos comprometemos a aceptar la verdad sin condiciones, hemos evidenciado ya un fenómeno, a saber, que la verdad se fundamenta en el ser. Esto afirmado es inherente al ser de la verdad misma. Vean que no he añadido el ser a la verdad de manera gratuita, sino que el sentido de verdad comporta que “la verdad es lo que es y sólo eso”. La verdad se dirige a nosotros y únicamente a nosotros, pero no se nos somete, nosotros nos sometemos a ella. Ya tienen, pues, al ser. El ser de la verdad, por definición, apunta hacia un sentido puesto, pro-puesto, o-puesto, contra-puesto…, un sentido que nosotros no podemos elegir: estaba ya siempre ahí antes de cualquier decisión o inclinación o aspiración del “ego”.

Hay verdad porque hay ser, allá fuera “anida” “lo ser”… La verdad es “para nosotros”, pero el ser de la verdad en cuanto nuncio de “lo ser”, no. Y este “lo ser” no es un ente concreto, una cosa, sino un “afuera” radical, quizá inhóspito, que se nos presenta como sombra o anticipo de todos los entes posibles; éstos, en cuanto entes, están ahí en una exterioridad radical. El ser nos envía ya, en tales momentos, un mensaje inicial de precariedad, un cántico lejano a la par que extrañamente familiar, pues nos susurra de antemano, sin mostrarnos ningún “objeto” a la vista, que nuestra existencia está entregada a…, abierta a…, que somos transitivos, excéntricos; que dependemos de un campo fenoménico en total ajeno a nuestro control, de un fenómeno —la verdad— que escapa a una intimidad individualista pacificada, ordenada, arreglada en función de intereses. En definitiva, “lo ser” nos anuncia un acechante “no” al deseo de “felicidad” (entendido en un sentido amplio) y, en general, un “no” virtual, posible, a aquello que nosotros podemos querer, incluso como la más importante querencia de nuestro “yo” tan amado.

Este primer estrato semántico del término “lo ser” se irá completando más adelante con nuevas vetas de sentido fenoménico. Pero, por ahora, ya no puede sostenerse que “el Ser” en Heidegger redúzcase a una palabra vana. Cuando ustedes lean un texto de Heidegger, como poco “sabrán” que das Sein “significa” eso —aunque signifique también más que eso— y a buen seguro no se equivocarán.

“Ser” en Heidegger mienta el campo fenoménico en general y el fenómeno de la verdad en particular.

La filosofía como conversión

Estamos ahora, como digo, al inicio del curso, en la entrada de un bosque. Quizá la Selva Negra, en el sudoeste de Alemania. Penetraremos en ese lugar extraño para recorrer sus sendas perdidas. Si todo va como debe, cuando lleguemos al primer claro en los adentros ya no seremos los mismos, nos habremos convertido en mortales. Ahora somos humanes, o eso que se denomina “personas”: una suma de roles (máscaras) substanciadas en la figura del individuo. Productores, contribuyentes, consumidores, ciudadanos… eso somos como “yo” o “ego”. Pero dejaremos de serlo o, como poco, tal condición personal-individual óntica ya no resultará la determinante en nuestras vidas.

La filosofía no es una teoría más o menos abstracta sobre las cosas y los conceptos más generales o una visión del mundo basada en la yuxtaposición de saberes científicos. Ni una teoría del universo entendido como suma de todas las cosas existentes y hechos dispuestos extensivamente en el espacio o incluso una teoría sobre los orígenes y desarrollo del cosmos. Tampoco es una teoría de las ciencias en el sentido de una definición científica de la ciencia como tal. Todas estas caracterizaciones tienen un punto en común: su carácter teórico, que se opone a un presunto carácter práctico. La idea de filosofía como Weltanschauung parece que nos permitiría pasar de lo teórico a lo práctico: tenemos una visión del mundo y actuamos en función de esa idea, somos idealistas. Pero ninguna descripción de hechos, por muy genéricos que sean, autoriza concluir, a partir de ellos como tales, la validez de fines, normas o valores. El paso de la Weltanschauung a la acción es más dificultoso de lo que parece. El ser no se puede confundir con el mundo o el universo. El mundo o el universo no “contienen” todos los entes, porque, como hemos visto, hay entes y fenómenos que no son espaciales, cuando precisamente mundo/universo representan por lo común nociones espaciales. Ya se explicó que los entes matemáticos no ocupan ninguna posición en el espacio. Están fuera del universo, pero no del ser. El acto ético tiene, por sí mismo, un ser que no se corresponde con ninguna cosa, hecho u objeto mundano o cósmico. Mediante las nociones de cosmos, mundo y demás, creemos abarcarlo todo, pero nos quedamos cortos. Y lo peor, nos quedamos siempre muy lejos de la praxis, porque entre teoría y praxis el abismo no es cuantitativo ni cualitativo, sino ontológico. Así que no sólo hemos de trascender el universo/cosmos o mundo para ubicarnos en el plano la filosofía, sino que además tenemos que envolver la propia teoría en cuanto dicotomía sujeto/objeto y la relación científica de conocimiento; siendo así que la filosofía antecede y funda esta relación, de manera que no puede venir definida en sí misma por ningún conocimiento o saber positivo, científico o no.

La teoría concierne a lo que sabemos. La práctica concierne a lo que hacemos. Evidentemente, la filosofía comporta saberes (metafísica, lógica) y, a la postre, acciones (ética). Pero más importante que esta perogrullesca constatación es determinar la fuente de esos saberes y acciones éticos. Antes de entrar en el terreno de lo que sabemos o de lo que hacemos hay que detenerse en el de aquello que somos. De ahí que quepa sostener lo siguiente: cuando sabemos, primero, y hacemos, después (teoría/praxis), es que ya “somos”. En este sentido, la respuesta a la pregunta “¿qué es filosofía?” viene a ser categórica: la filosofía es una conversión espiritual en virtud de la cual dejamos de ser lo que aparentemente éramos (miembros de la society) y nos convertimos en aquello que realmente somos (miembros de la Volksgemeinschaft). Esta conversión se basa en las dos “facultades” de que todavía disponemos (aunque la society trabaja ya para aniquilarlas), a saber, la “facultad” de razonar libremente nuestra “visión del mundo” y la “facultad” de asumir el deber de fundamentar esa Weltanschauung, es decir, de acatar la verdad cualquiera que ésta sea. Llevadas hasta sus últimas consecuencias, ambas facultades, que nos definen como “lo que somos”, el “ser racional” al principio aludido, tienen que acabar transformando nuestro ser. El tránsito entre la situación de partida, donde sólo disponemos de dichas potencialidades, y la situación de llegada, en la cual, con la destrucción del “yo”, nos hemos constituido como entes depositarios de la verdad, es la filosofía. El camino se llama método. La palabra método significa, en griego, precisamente, camino. De ahí que háyase utilizado la metáfora de un bosque y nuestra tarea futura la ilustre el tránsito, la excursión, la marcha por ese bosque. No se trata, empero, como comprobaremos, de una imagen casual. El punto de llegada será, en cualquier caso, nuestra casa. Nosotros retornamos a casa, a la patria. Habíamos olvidado nuestra patria y ahora la recuperaremos, volveremos, por fin, a ser. Aquello que encontramos al final del camino tiene un nombre: nosotros mismos.

Jaume Farrerons
Universitat Popular La Marca Hispànica
8 de diciembre de 2013


NOTA: El presente texto es sólo un fragmento de la primera lección: “¿Qué es filosofía?” Continuará en Curso de Filosofía. Introducción a la Filosofía. Primera Lección. ¿Qué es filosofía? (2).

AVISO LEGAL: Este texto ha sido registrado como material didáctico del seminario on line COMPRENDER HEIDEGGER y está protegido por derechos de autor.

http://socialista-nacional.foroactivo.com/

Las personas interesadas en el seminario pueden ponerse en contacto con:

adecaf@adecaf.com

Saludos cordiales.

Jaume Farrerons