Sionismo: ¿fascista o judaico?

sábado, mayo 17, 2014

¿Qué piensa la oligarquía?

Judíos en el movimiento fascista originario: un "escándalo" sin explicación en los términos del "antifascismo" actual de rigor.




















La idea de una "extrema derecha que gobierna el mundo" representa en sí misma una paradoja. Como ya señalábamos en entradas anteriores, "ultraderecha" es un término despectivo que alude a un sector político marginal, minoritario y mundialmente despreciado. Sin embargo, sostenemos, la extrema derecha gobierna el mundo. ¿Cómo es esto posible? Pues porque existe una extrema derecha, a saber, la extrema derecha sionista, que no se reconoce ni es reconocida como tal. Esta extrema derecha constituye, además, la fuente de la estigmatización de todos los nacionalismos gentiles y, al mismo tiempo, ha producido el imaginario en virtud del cual permanece inmune a su propio veneno. Pero la extrema derecha manda  en el hemisferio occidental: EEUU, la City de Londres e Israel.

Cada vez que un "progresista" utiliza la palabra "fascismo" como sinónimo del "mal radical", convalida y fortalece el código simbólico oligárquico, pues es ese mismo uso lingüístico el que ampara, por decirlo así, a los ultras judíos. 

De lo expuesto se desprenden al menos tres postulados:

1/ para reivindicar posiciones políticas nacionalistas hay que situarse a la izquierda o uno será inmediatamente acusado de "ultra";

2/ para defender posiciones socialistas o, en general, de defensa de los trabajadores, hay que adoptar previamente posiciones nacionalistas, toda vez que el lenguaje y la praxis de la oligarquía son universalistas, cosmopolitas y globalizadores respecto de los pueblos "gentiles";

3/ para defender posiciones políticas radicalmente contrarias a la oligarquía en general hay que renunciar al código simbólico antifascista que, de forma automática, santifica por defecto el nacionalismo sionista de extrema derecha.  

Sin embargo, en lugar de estas medidas preventivas de puro sentido común, aquéllo que encontramos en el mundo de la política es lo siguiente: 1/ los nacionalistas radicales de cada país, excepto en el caso de las naciones o pueblos sin Estado, se identifican con la derecha y aceptan, incluso de buen grado, el calificativo de "ultraderechistas", colocándose así en las antípodas de las masas populares trabajadoras a las que debería ir destinado su mensaje; 2/ los izquierdistas radicales en todo el mundo se identifican con el cosmopolitismo, la universalización y una fórmula especial de la globalización o mundialización que legitime su postura favorable a los flujos migratorios promovidos también por el capitalismo, rechazando así,  en conclusión, toda forma de nacionalismo; 3/ estos mismos izquierdistas radicales asumen de buena gana el lenguaje antifascista y consideran que le hacen mucho daño a la oligarquía cuando la acusan de "fascista", a pesar de que, con dichos usos linguísticos, legitiman el imaginario ideológico (sionista) del Holocausto.

Todos estos errores impiden organizar una auténtica resistencia política e intelectual contra la oligarquía. De ello son responsables tanto los ultraderechistas cristianos como la extrema izquierda comunista, los cuales representan voluntariamente, en definitiva, el papel que el nacionalismo radical judío, es decir, la extrema derecha sionista que gobierna el mundo, les ha asignado en provecho propio. 

El trabajo de toda filosofía crítica debe consistir en combatir los mitos, dogmas y códigos simbólicos que, asumidos inconsciente y acríticamente por los ciudadanos, sustentan de hecho la ideología oligárquica.  A tal efecto, conviene saber qué piensan realmente los oligarcas, sólo de esta manera podremos comprender sus pautas de conducta y combatirlas de manera eficaz. Las estrategias y tácticas de resistencia han fracasado una y otra vez a lo largo de la historia. Si el enemigo oligárquico vence siempre, si los ultraderechistas comprueban que sus naciones son cada vez más dependientes del poder mundial, mientras la izquierda radical contempla el progresivo empobrecimiento de los trabajadores en todo el mundo, algo estarán haciendo mal unos y otros. Algún error deben de cometer. Para empezar, cuando aceptan sin reflexionar la falsa idea de polaridad que opone ultraderecha y extrema izquierda. Dicha polaridad existe, pero no es realmente la que piensan los interesados porque está mediada por otro concepto, a saber: judíos/gentiles, mucho más fundamental. Para romper con aquélla en su forma manipulada baste recordar que el fascismo fue, en sus orígenes, de izquierdas, un hecho que subleva tanto a ultraderechistas como a izquierdistas radicales a pesar de ser la pura verdad.

Los tres niveles de análisis crítico

La ideología oligárquica muestra tres niveles de análisis: 1/ el nivel económico, ahí donde aparecen todas las cuestiones relativas al neoliberalismo, al capitalismo, los recortes sociales, las privatizaciones, las deslocalizaciones y otras prácticas harto conocidas. En este nivel los ultraderechistas poco tienen que criticar, eso cuando no se declaran abiertamente liberales y filocapitalistas. De la misma manera que se declaran cristianos, con lo que, pese a su presunto nacionalismo, están asumiendo todas las formas, históricas o contemporáneas, del cosmopolistismo apátrida. En la crítica del neoliberalismo se muestran más decididas las izquierdas radicales, pero siempre omitiendo el fenómeno de la inmigración a pesar de que éste representa una grave agresión capitalista al valor del trabajo. La combinación de ambas incongruencias posibilita el triunfo del capital, pues las sinergias de las fuerzas políticas de presunta resistencia en realidad confluyen en la misma dirección que las de las fuerzas políticas sistémicas, es decir, aquéllas que, de forma más o menos declarada, promueven la mundialización neoliberal.

El segundo nivel de análisis es aquél en que, además de la crítica del neoliberalismo, el crítico descubre la presencia del fenómeno ultraderechista judío moviendo los hilos de la globalización y vulnerando, en provecho propio, todas las normas que impone al resto de los países (practicando el supremacismo racial, el imperialismo, el colonialismo, etc...). Son pocos los analistas de izquierdas que alcanzan el segundo nivel, pues temen ser acusados de antisemitas. Además, la izquierda radical está repleta de nacionalistas judíos encubiertos que se dedican, precisamente, a reducir todas las cuestiones políticas a cuestiones económicas, borrando las huellas del ultraderechismo judío en las decisiones adoptadas por la oligarquía. No obstante, autores como James Petras, entre otros, son modélicos en lo que concierne a denunciar las motivaciones racistas (sionistas) de la política internacional estadounidense promovida por el lobby israelí en Washington. Empero, con el fin de evitar ciertas acusaciones de la parte oligárquica, los mencionados críticos acostumbran a sobrerrepresentar su antifascismo y, con ello, a remachar con su prestigio y legitimidad de "verdaderos críticos" sinceros (no "vendidos") la validez del imaginario oligárquico antifascista. Así, son, a la postre, los que más daño hacen a la causa de la resistencia y la crítica. En cuanto a la extrema derecha, es incapaz de desarrollar una crítica del ultraderechismo judío en este nivel por dos razones: las extremas derechas gentiles comparten todos los tópicos de su adversario, máxime cuando, en la mayor parte de los casos, estamos hablando de ultraderechas cristianas y de antisemitismos cristianos acuñados en el molde bíblico; dicho brevemente: en última instancia, en la matriz cultural judía.

El tercer nivel de análisis es, por tanto, religioso. La oligarquía sionista obedece a una serie de creencias apocalípticas y mesiánicas irracionales. Cuando no lo hace, su nihilismo es absoluto. Y las diferencias internas serias que oponen a los oligarcas hay que colocarlas en dicho plano interpretativo. No podemos entender nada de lo que sucede en el mundo sin abordar este decisivo factor motivacional. Tanto el neoliberalismo cuanto el nacionalismo judío radical conducen a YHWH,  es decir, a cuestiones como la resurrección de la carne, la inmortalidad, el reino de dios, el fin del mundo, etcétera... La pregunta por la verdad y la racionalidad resulta insoslayable. Pensar que se puede hacer "política de resistencia contra la oligarquía" manteniendo una postura de neutralidad en estas materias es simplemente absurdo. Y, sin embargo, ésta es la situación en el mejor de los casos. Los ultraderechistas gentiles decláranse cristianos y están incapacitados a radice para demoler los fundamentos ideológicos del sistema oligárquico: ellos mismos los  sostienen con una estupidez absolutamente sorprendente. "Una" extrema derecha no puede "criticar" realmente a "otra" extrema derecha, y quienes manipulan la historia son ultraderechistas. No existe, ni puede existir, en definitiva, genuina crítica ultraderechista a la oligarquía. Por su parte, la izquierda radical es heredera, a menudo inconsciente, de la secularización  histórica de los valores cristianos, de tal suerte que cuando uno aborda la crítica del judeocristianismo tiene que topar, tarde o temprano, con dogmas puros que los intelectuales "progresistas" se niegan siquiera a "pensar", pues sólo hacerlo les produce auténticos mareos. Son tales dogmas los que mantienen a la izquierda occidental encadenada al capitalismo y operando como legitimador ideológico "humanitario" de las políticas de flujos migratorios, es decir, el blanqueo filosófico de la trata de esclavos perpetrada por los capitalistas con fines de negocio, mestizaje y "multiculturalismo para gentiles". Y ésta sólo entre otras muchas cuestiones que los izquierdistas marxistoides consideran irrenunciables: relativismo, individualismo, hedonismo...

El tercer nivel de análisis es el más importante, pues sólo una vez mínimamente aclarado este aspecto básico de la cuestión puede pasarse a los otros dos sin perderse en el laberinto de datos que presentan. Pero nadie entiende esto. Nadie ha sido capaz, hasta ahora, de comprender que el tema del "fascismo" remite al tercer nivel y no puede resolverse como una cuestión política, sino filosófica, es decir, en tanto que respuesta a preguntas fundamentales de la existencia humana que impulsan a los oligarcas en su proyecto de dominación planetaria. En efecto, éstos son hombres igual que nosotros: todo aquéllo que hacen  o dejan de hacer responde a unos motivos tan hondos como los de cualquier hijo de vecino. No buscan sólo el dinero. No buscan sólo el poder. Con la "riqueza" y el "poder" están resolviendo otros problemas "antropológicos" de primera magnitud. Si no somos capaces de "analizarlos" en ese estrato de sentido, seguiremos jugando a un juego donde habremos sido derrotados de antemano. Nuestra derrota será, empero, la de todos los pueblos del mundo, la derrota de la civilización, la derrota de cualquier noción de socialismo y justicia social..., pero sólo porque, en primer lugar, se habrá consumado en Europa, patria de la filosofía, la derrota de la verdad. 

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
17 de mayo de 2014

Documentación anexa

http://protocolosgatunos.blogspot.com.es/2011/06/los-judios-y-el-fascismo-una-paradoja.html

http://nazismosionismo.blogspot.com.es/2012/03/introduccion-nazismo-y-sionismo-las-dos.html

http://antagonistas.blogia.com/2011/011401-entrevista-con-vincenzo-vinciguerra.php

http://antagonistas.blogia.com/temas/vinciguerra.php
 

viernes, abril 25, 2014

CURSO DE FILOSOFÍA. PRIMERA LECCIÓN (1)

LECCIONES DE FILOSOFÍA COMPRENDER HEIDEGGER
PRIMER CURSO: INTRODUCCIÓN A LA FILOSOFÍA
PRIMERA LECCIÓN: ¿QUÉ ES FILOSOFÍA? (1)


http://www.filosofia-catalana.com/marca-hispanica/LECCIONES/INTRO-HEIDEGGER/0004.pdf

Vamos a emprender el camino de la filosofía desde su mismísimo punto de partida. Por tanto, no damos aquí por supuesto ningún conocimiento científico previo que forme parte de una disciplina universitaria denominada Filosofía. Esto puede generar  un problema para los que ya “saben” algo o mucho de filosofía, a saber, que el “nivel” académico antójeseles demasiado bajo. Pero la ausencia de requisitos en materia de “informaciones sobre los filósofos y sus filosofías” no obliga a hacer descender el “nivel”, sino sólo a renunciar a la terminología o jerga profesional del filósofo académico. El esfuerzo requerido para comprender el texto será el mismo, con la ventaja de que tendremos que ir justificando, uno por uno, el significado de dichos tecnicismos a medida que vaya apareciendo la necesidad de su uso, si la hubiere. Sobre los orígenes de la Academia como institución de la ciencia y de la Filosofía en tanto que especialidad científica habrá noticia crítica en algún momento de la primera lección.

Pese a todo, me veo en la obligación de aclarar, de forma provisional, dos vocablos filosóficos, a saber, “ente” y “ontológico”. Por lo que respecta al primero, ente es el participio activo del verbo ser, como amante lo es del verbo amar. Así, un ente es “aquello que es o está siendo”. Su “aseidad” o, en el presente texto, carácter de ser (hay otro significado, medieval, de “aseidad”), se explica en la lección, pero anticipo que “ser” cabe empezar a leerlo ya como “ajeno a nuestros deseos, voluntad, intereses e inclinaciones”. Un árbol puede ser objeto de la ciencia en cuanto ser vivo, y entonces tenemos el árbol de la botánica y de la biología; pude ser objeto de la ciencia como producto económico, madera industrial, adorno de una zona residencial, etcétera; puede ser objeto del arte para un pintor; o leña en la improvisada hoguera del paseante helado… Se trata del mismo árbol, pero ¿qué árbol es “el” árbol? Para el filósofo el árbol es objeto de su consideración como ente. Esto significa que el filósofo hace abstracción del árbol en todos los sentidos citados y sólo se ocupa de que el árbol es. Que “es” al margen de los “intereses” del empresario, del botánico, del artista, del economista o del vagabundo aterido de frío… Sólo su ser, aquello que lo hace “independiente” de cualesquiera inclinaciones subjetivas y que puede mostrarse de repente cuando, casualmente, a oscuras, nos damos de bruces con un árbol, nos “topamos” con él y el dolor en la rodilla no nos resulta de ninguna “utilidad”, antes bien todo lo contrario. El vocablo ontológico mienta lo relativo al ser del ente, ya sea de un ente particular, ya del ente en general o, según reza la tradición, del “ente en total”.

Dicho esto, al alumno se le supone sólo: 1/la capacidad de experimentar los fenómenos tal como se muestran; 2/las habilidades relacionadas con el acto de leer un texto en castellano; 3/aquellas otras técnicas concernientes al hecho de escribir en esa misma lengua; y 4/la “facultad” de razonar, es decir, de sacar conclusiones de unas premisas sin rendir en todo momento vasallaje a los “hechos”.
Los puntos 1/ y 4/ reclaman ya  algunas aclaraciones. Veámoslas.


La facultad del ser racional

La racionalidad lógica se vincula con los fenómenos empíricos únicamente en las premisas del razonamiento, pero luego desarróllase y “es” de forma autónoma. Por ejemplo, alguien sostiene: “siempre que llueve, el suelo está mojado; el suelo no está mojado, luego no llueve.” O sea: “siempre que A, entonces B;  no-B, entonces no-A”. El argumento formalizado vale cualesquiera que sean los contenidos semánticos de A o B: “siempre que llueve hay nubes en el cielo; no hay nubes en el cielo, luego no llueve”. La física matemática es una “prueba” del punto 4/.

Efectivamente: las matemáticas representan, en general, la formalización del razonamiento que constituye, por sí mismo, un ámbito fenoménico propio. De ahí que la física contemporánea pueda “conocer” una parte del “mundo real de la naturaleza” desplegando como hipótesis puras fórmulas sacadas “de la cabeza” del investigador. La estructura matemática de la naturaleza nos permite asegurar que algo sucederá o será necesariamente así o asá desarrollando apriorísticamente unos cálculos que no tienen procedencia empírica, es decir, que no hemos aprendido de la realidad, sino que conforman el “ser racional” de nuestro intelecto humano. El hecho de que la realidad material sensible inorgánica “obedezca” o responda, por decirlo así, a los parámetros numéricos establecidos a priori por dichas fórmulas sin necesidad de recurrir a la experiencia, sin tener, en definitiva, que abandonar el gabinete de trabajo del sabio para comprobar cada caso concreto, fue considerado algo maravilloso en el siglo XVIII. Nada menos que el punto de partida de la reflexión filosófica de Kant es este factum de la validez científica apriórica. La circunstancia de que no nos sea menester “comprobar” si llueve cuando “sabemos”, por cualquier fuente fiable, que el cielo está despejado, no es más que un ejemplo, harto elemental, de las condiciones que hacen posible la física teórica, es decir, la ciencia más prestigiosa del mundo moderno. Pues bien, cualquiera de nosotros es depositario de esa “facultad”; la filosofía puede definirse como la expresión articulada e institucionalizada de su aplicación sistemática a la vida. La existencia es aquello que hemos comprendido ya. La filosofía se limita a elevar al rango de concepto tal comprensión previa o a priori. Hete aquí la famosa racionalidad.  Pero, ¿en qué consiste realmente la racionalidad?

Todos sabemos razonar y comprendemos un razonamiento. La racionalidad y el uso del lenguaje son “facultades” que van juntas. Esta capacidad de argumentación entraña, de alguna manera, la entera filosofía. Pero debe quedar claro desde el principio que una cosa es el acto de razonar lógicamente y otra la apertura a los fenómenos.

Vamos a poner, otra vez, un ejemplo ilustrativo. Se puede razonar correctamente, pero si las premisas son falsas, las conclusiones serán también falsas. La validez de las premisas depende de la experiencia de los fenómenos. En el razonamiento del apartado anterior, la observación de que el suelo no está mojado nos permite inferir que no llueve sin tener que “ver” las gotas de lluvia, pero si la observación fuera falsa, o sea, si el suelo estuviera mojado, el hecho de razonar correctamente, como es el caso, no impediría que la conclusión fuera falsa.

La racionalidad en cuanto acto de fundamentar tiene en primera instancia dos sentidos (luego veremos que en realidad el segundo se reduce al primero): a/ hacia los fenómenos; b/ hacia la lógica. La racionalidad lógica es autónoma, pero tiene que mantener puntos de contacto con los fenómenos para no apartarse de la verdad. El acto de “dar razón” entraña este doble significado, a saber, haber razonado con rectitud desde una premisa y haber verificado la validez de las premisas mismas.

Así, si el interlocutor 1 sostiene que “siempre que A, entonces B; no-B, entonces no-A”, este razonamiento será correcto aunque sea falso que el suelo esté mojado. Pues una cosa es la validez del argumento como tal y otra la verdad de las premisas. Si la premisa “no-B” es falsa y aspiramos a demostrárselo, llevamos al interlocutor 1 ante la ventana y le señalamos el suelo mojado. El fundamento de nuestra pretensión es la evidencia empírica de un suelo mojado donde cae la lluvia. Pero si dijésemos que el razonamiento del interlocutor 1 es erróneo, estaríamos sosteniendo algo muy distinto y dicho interlocutor podría demostrar que éramos nosotros quienes nos equivocábamos.

No bastará, por tanto, que el interlocutor 2 responda que “es falso”: tendrá que demostrar en qué consiste la falsedad. La frase “te equivocas”, cuando no vaya acompañada del fundamento correspondiente, es lo más antifilosófico que existe. En términos generales, no se refuta una afirmación o pretensión de validez negándola verbalmente o por escrito, sino presentando un argumento fundamentado. Y éste puede tener como fuente, al menos, o la lógica o los fenómenos empíricos. La filosofía se distingue así de una mera charla por el hecho de que las expresiones lingüísticas están acreditadas, es decir, los enunciados van acompañados de sus respectivos y exigibles correlatos fenoménicos.

El enunciado “es verdad que no llueve” se refuta o verifica en los fenómenos. La validez del razonamiento “siempre que A, entonces B; A, luego B” se verifica demostrando que no queda afectado por el hecho de que “no-B” sea falso, pues basta establecer la premisa verdadera, ya sea B o no-B (y esto puede variar según los casos, siendo así que algunos días llueve y otros no) para que la conclusión del razonamiento sea verdadera.

 
El principio de fundamentación

Una consecuencia importantísima que se sigue de lo anterior es que para verificar enunciados relativos a la validez de los razonamientos como tales, tenemos que apelar a una determinada esfera fenoménica, a saber, aquella en la que se muestran las estructuras lógicas. La palabra “fenómeno” como fundamento de los enunciados válidos o verdaderos no se limita a los hechos de la naturaleza o a las cosas sensibles en general. De ahí que, en el fondo, las dos fuentes del conocimiento se reduzcan a una: los fenómenos. Procedamos a aclarar esta cuestión.

Por ejemplo, si sostenemos “siempre que A, entonces no-A”, para verificar esta estructura lógica no necesitaremos mirar por la ventana para ver si llueve o no llueve. Alguien dirá que es falsa y apelará a su carácter contradictorio, pues vulnera un principio de la lógica que es el “principio de no contradicción”. En suma, dicha formulación carece de correlato en el campo de los fenómenos lógicos y, por tanto, es falsa. De la misma manera que verificamos la afirmación “es verdad que llueve” yendo a la ventana o saliendo a la calle, es decir, observando o experimentando la fundamentación del enunciado en cuestión, para verificar o refutar la afirmación “es verdad que siempre que A, entonces no-A” hemos de experimentar si este enunciado tiene respaldo fenoménico y sabemos que no puede tenerlo porque vulnera un principio esencial de las estructuras fenoménicas lógicas. Siguiendo el mismo procedimiento (método) sabemos de antemano, y sin tener que hacer ninguna comprobación física, que el enunciado “es verdad que hay un círculo cuadrado” carece de fundamento. El círculo es un fenómeno ideal y podemos experimentarlo racionalmente tanto como podemos experimentar el absurdo de una “cosa sin peso”, un “color inextenso”, el “principio del tiempo” o el “final del espacio”.

El concepto de fenómeno, en consecuencia, es más amplio que el concepto de cosa sensible. Hay fenómenos que no son cosas. A partir ahora, para entendernos, nos referiremos a los fenómenos empíricos como aquellos fenómenos que pueden ser vistos, tocados, olidos… Cuando la filosofía empirista, cientificista y positivista habla de fenómenos, se refiere única y exclusivamente a este tipo de fenómenos. El único criterio de legitimación de los enunciados sería, para la ciencia, el correspondiente correlato empírico. Así tendríamos: a/ un enunciado; b/ un fenómeno y entre a/ y b/ una c/ relación de fundamentación. El discurso válido sería aquel en el que los enunciados (e) vienen fundamentados por fenómenos (f). Pero los fenómenos, para la ciencia, serían siempre empíricos y la única fundamentación posible concerniría a hechos. Cuando el positivismo habla de hechos y de los hechos como única fuente válida de conocimiento se refiere a los fenómenos empíricos.

Pero ya hemos demostrado que existen otros fenómenos, a saber, los fenómenos no empíricos. Las estructuras lógicas y matemáticas conforman una esfera fenoménica determinada susceptible de fundamentar enunciados verdaderos y refutar enunciados falsos. Dichos fenómenos no son “hechos” en sentido positivista. No podemos, en efecto, “tocar” una estructura matemática o una secuencia lógica. Sin embargo, tales estructuras “están ahí” y nadie podría modificarlas a placer. Si nosotros sostenemos ahora que 2+2=6, este enunciado carece de correlato fenoménico, es por tanto falso. No hay fenómeno que lo avale. Permanece ayuno de fundamento cual mera opinión. Nadie es capaz de alterar el fenómeno 2+2=4, éste tiene su consistencia, aunque no sea material, y a veces mayor que la de una piedra, pues una piedra puede ser barrenada y destruida con dinamita, pero no podemos siquiera pensar en aniquilar o meramente mellar el fenómeno 2+2=4 como no sea mintiendo conscientemente.

Ahora bien, la filosofía refiérese a los fenómenos como tales, a los fenómenos en tanto que fenómenos. Y conviene añadir: además de los fenómenos empíricos, lógicos y matemáticos, hay otros: fenómenos éticos, estéticos, religiosos, existenciales…

Los fenómenos empíricos ocupan posiciones espaciales determinadas. Si yuxtaponemos todos los fenómenos empíricos “contenidos en el espacio”, podemos llegar a pensar en un ente denominado cosmos, universo o mundo. Pero el campo fenoménico incluye entes que no ocupan ninguna posición en el espacio. Los números no están en ningún sitio. Tampoco el tiempo, fenómeno por excelencia, como veremos, ocupa lugar alguno en el espacio. Ni la conciencia. La filosofía se limita, en principio, a constatar la “realidad” tal como se muestra, para remontarse a su ser. La ciencia pretende reducir la realidad a hechos. La filosofía niega que la realidad pueda ser amputada hasta el extremo de que sólo tengan que aceptarse los “hechos” (=fenómenos empíricos) como fuente de conocimiento. Para empezar eso haría imposible la ciencia misma, que se basa en las matemáticas y la lógica, fenómenos, como hemos visto, no empíricos.

La filosofía desborda a la ciencia precisamente porque la filosofía constata “lo que hay” sin hacer concesiones a dogmas o prejuicios (ideológicos, religiosos, políticos); la filosofía es un positivismo fenomenológico más radical que el mero positivismo científico auto limitado a los datos sensibles. La filosofía, para emplear la frase de Husserl, se atiene a “aquello que aparece”, sea como fuere. Caiga quien caiga. La ciencia positivista impone dogmáticamente la reducción de “lo real” a los hechos, es decir, a un sector concreto de fenómenos: los fenómenos empíricos. La filosofía se coloca en un terreno previo a la ciencia misma y abarca tanto los fenómenos empíricos como los fenómenos no empíricos. El campo fenoménico.

La filosofía es pues, en resumen, un diálogo argumentado donde los participantes no plantean meras opiniones, sino razones, pretensiones de validez. La primera característica de la filosofía es así el respeto al principio de fundamentación. Las razones, de alguna manera, nos coaccionan, porque reclaman acatamiento y fundan relaciones de autoridad. Los argumentos, en efecto, siempre los emite alguien, y ese “alguien” “tiene (o no tiene) razón”, hecho que le puede producir una satisfacción psicológica o la correspondiente frustración. Los griegos concebían los debates en el ágora como torneos dialécticos. Quienes salían derrotados en un diálogo experimentaban el tener razón del vencedor como una victoria particular de éste: “el chantaje de tus razones”. Sin embargo, conviene aclarar, siguiendo aquí a Sócrates, que el supuesto vencedor sólo puede “vencer” si él mismo se ha sometido a la verdad. Aquél que haya sido refutado en un debate puede hacer dos cosas: 1/ pretender que es el otro, es decir, el “alguien” que tiene razón, quien le coacciona de alguna manera; 2/ aceptar que la validez del razonamiento no sólo le vincula a él por haberse equivocado o razonado mal, sino que vincula a todo ser racional, incluido el presunto “vencedor” del supuesto torneo. La esclarecedora palabra “con-vencer” oculta, las más de las veces, que quien con-vence debe estar previamente “con-vencido” por la razón misma, la única “(con) vencedora” real del diálogo o debate filosófico en tanto que “búsqueda de la verdad”. Los primeros filósofos griegos se enfrentaron a los sofistas para demostrar que la finalidad del diálogo no era “tener razón” a cualquier precio, sino hallar la verdad por mor de la verdad misma.

Acatar la verdad

Dicho esto, hay que añadir que al alumno se le supone algo mucho más importante incluso que la “facultad de razonar” comentada recién, a saber, la disposición a aceptar la verdad cualquiera que ésta sea. ¿Qué queremos decir en realidad con este requisito ético, cuya importancia rebasa todo lo relativo a virtualidades intelectuales y saberes más o menos científicos exigidos en un currículo? La verdad no tiene por qué coincidir con aquello que nosotros deseamos o esperamos, con aquello que, por ejemplo, podría hacernos felices. La palabra “aceptar” es provisional y no da la medida del tipo de relación que nosotros establecemos con la verdad, pero, por el momento, nos bastará como caracterización previa.

Entramos en un bosque y nada sabemos de lo que hay dentro de ese bosque. Sin embargo, tenemos ya alguna noción del bosque. En los bosques anidan fieras, escóndense horrendas brujas, hay precipicios por los que podemos despeñarnos… La filosofía significa, en primer lugar, acatar existencialmente aquello que el bosque es. En el mencionado “es” late una reminiscencia, un recuerdo borroso, tal vez una pesadilla. Pero a nosotros no nos preocupa si la verdad va a beneficiarnos o perjudicarnos. Como Edipo, avanzamos hacia la verdad, de ahí que la filosofía pueda caracterizarse como una “sabiduría heroica”. Se requieren virtudes guerreras para la filosofía. La palabra “disciplina” referida a las distintas especialidades científicas remite a una disciplina fundamental, a saber, la filosofía como compromiso incondicional con la verdad. Este compromiso es también una “facultad” que todos tenemos, porque nadie, cuando argumenta en serio, puede pretender que miente. Cualquiera de nosotros, aunque se equivoque, supone que si actúa de una determinada manera es porque cree en la veracidad de su planteamiento, idea de la vida, creencia, doctrina o composición de lugar.

Nosotros “somos” siempre una determinada concepción de lo que hay y en función de la cual hacemos esto o aquello en la vida. Esta concepción es filosófica o va a parar, en último término, a cuestiones filosóficas que habremos resuelto más o menos honestamente pero que son consustanciales a nuestro ser. No hay vida al margen de la filosofía para un ser lingüístico que razona y en el que el razonar es una “facultad” esencial. El razonar y argumentar en el que siempre estamos entraña una pretensión de validez. Por tanto, el principio de acatamiento de la verdad ha sido aceptado por todos a pesar de que sean pocos quienes lleven este compromiso hasta sus últimas consecuencias.

Memorias de “lo ser”

La palabra “ser” constituye el centro del pensamiento de Heidegger. Tienen ustedes que captar éste su rasgo fundamental, cuyo sentido se irá ampliando a medida que la travesía del bosque avance hacia el fatal destino (“destino” es otra palabra que emerge rauda a las primeras de cambio en cuanto se comienza a filosofar).

Para muchos comentaristas de Heidegger el Ser “no significa nada” y pone en evidencia la vaciedad del discurso de este filósofo. El Ser significaría a lo sumo, en el mejor de los casos, una abstracción inocua e inútil que incluye “todas las cosas”, ninguna y nada en el fondo; o el Ser significaría un ente supremo, otro nombre para la herrumbrosa palabra “dios” —sucedáneo religioso— en tiempos secularizados; o el Ser significaría una irrelevancia académica, un matiz rebuscado (“el ser no es el ente”) que Heidegger habría elevado a la categoría de ídolo conceptual a sabiendas de que ningún profano de la filosofía podrá fiscalizar jamás su genuino valor teórico porque la filosofía no es más que pura palabrería…

Les propongo que reconstruyamos el sentido de la palabra “ser”, vocablo que emplearé sin mayúsculas. En alemán todos los sustantivos se escriben con mayúsculas. Das Sein no puede en principio traducirse por Ser de la misma manera que das Haus no se traduce por “la Casa”, sino por “la casa”.  Si se tradujera con mayúsculas, cosa que no descartamos, habría que explicar por qué y de momento nosotros nos conformaremos con traducir das Sein como cualquier otro sustantivo alemán, “el ser” en este caso, en masculino, a pesar de que das Sein es neutro en alemán (nosotros los castellanos no tenemos artículo neutro y “lo ser” supondría forzar demasiado la lengua de Cervantes). Pero cuando piensen en “el ser”, entiéndalo más bien como “lo ser” que como un “objeto” de “género masculino”, es decir, sexuado.

Pues bien, el ser, “lo ser” si se quiere, significa aquello que está ahí y que no se corresponde necesariamente con nuestra voluntad, deseo o gusto. Cuando nos comprometemos a aceptar la verdad sin condiciones, hemos evidenciado ya un fenómeno, a saber, que la verdad se fundamenta en el ser. Esto afirmado es inherente al ser de la verdad misma. Vean que no he añadido el ser a la verdad de manera gratuita, sino que el sentido de verdad comporta que “la verdad es lo que es y sólo eso”. La verdad se dirige a nosotros y únicamente a nosotros, pero no se nos somete, nosotros nos sometemos a ella. Ya tienen, pues, al ser. El ser de la verdad, por definición, apunta hacia un sentido puesto, pro-puesto, o-puesto, contra-puesto…, un sentido que nosotros no podemos elegir: estaba ya siempre ahí antes de cualquier decisión o inclinación o aspiración del “ego”.

Hay verdad porque hay ser, allá fuera “anida” “lo ser”… La verdad es “para nosotros”, pero el ser de la verdad en cuanto nuncio de “lo ser”, no. Y este “lo ser” no es un ente concreto, una cosa, sino un “afuera” radical, quizá inhóspito, que se nos presenta como sombra o anticipo de todos los entes posibles; éstos, en cuanto entes, están ahí en una exterioridad radical. El ser nos envía ya, en tales momentos, un mensaje inicial de precariedad, un cántico lejano a la par que extrañamente familiar, pues nos susurra de antemano, sin mostrarnos ningún “objeto” a la vista, que nuestra existencia está entregada a…, abierta a…, que somos transitivos, excéntricos; que dependemos de un campo fenoménico en total ajeno a nuestro control, de un fenómeno —la verdad— que escapa a una intimidad individualista pacificada, ordenada, arreglada en función de intereses. En definitiva, “lo ser” nos anuncia un acechante “no” al deseo de “felicidad” (entendido en un sentido amplio) y, en general, un “no” virtual, posible, a aquello que nosotros podemos querer, incluso como la más importante querencia de nuestro “yo” tan amado.

Este primer estrato semántico del término “lo ser” se irá completando más adelante con nuevas vetas de sentido fenoménico. Pero, por ahora, ya no puede sostenerse que “el Ser” en Heidegger redúzcase a una palabra vana. Cuando ustedes lean un texto de Heidegger, como poco “sabrán” que das Sein “significa” eso —aunque signifique también más que eso— y a buen seguro no se equivocarán.

“Ser” en Heidegger mienta el campo fenoménico en general y el fenómeno de la verdad en particular.

La filosofía como conversión

Estamos ahora, como digo, al inicio del curso, en la entrada de un bosque. Quizá la Selva Negra, en el sudoeste de Alemania. Penetraremos en ese lugar extraño para recorrer sus sendas perdidas. Si todo va como debe, cuando lleguemos al primer claro en los adentros ya no seremos los mismos, nos habremos convertido en mortales. Ahora somos humanes, o eso que se denomina “personas”: una suma de roles (máscaras) substanciadas en la figura del individuo. Productores, contribuyentes, consumidores, ciudadanos… eso somos como “yo” o “ego”. Pero dejaremos de serlo o, como poco, tal condición personal-individual óntica ya no resultará la determinante en nuestras vidas.

La filosofía no es una teoría más o menos abstracta sobre las cosas y los conceptos más generales o una visión del mundo basada en la yuxtaposición de saberes científicos. Ni una teoría del universo entendido como suma de todas las cosas existentes y hechos dispuestos extensivamente en el espacio o incluso una teoría sobre los orígenes y desarrollo del cosmos. Tampoco es una teoría de las ciencias en el sentido de una definición científica de la ciencia como tal. Todas estas caracterizaciones tienen un punto en común: su carácter teórico, que se opone a un presunto carácter práctico. La idea de filosofía como Weltanschauung parece que nos permitiría pasar de lo teórico a lo práctico: tenemos una visión del mundo y actuamos en función de esa idea, somos idealistas. Pero ninguna descripción de hechos, por muy genéricos que sean, autoriza concluir, a partir de ellos como tales, la validez de fines, normas o valores. El paso de la Weltanschauung a la acción es más dificultoso de lo que parece. El ser no se puede confundir con el mundo o el universo. El mundo o el universo no “contienen” todos los entes, porque, como hemos visto, hay entes y fenómenos que no son espaciales, cuando precisamente mundo/universo representan por lo común nociones espaciales. Ya se explicó que los entes matemáticos no ocupan ninguna posición en el espacio. Están fuera del universo, pero no del ser. El acto ético tiene, por sí mismo, un ser que no se corresponde con ninguna cosa, hecho u objeto mundano o cósmico. Mediante las nociones de cosmos, mundo y demás, creemos abarcarlo todo, pero nos quedamos cortos. Y lo peor, nos quedamos siempre muy lejos de la praxis, porque entre teoría y praxis el abismo no es cuantitativo ni cualitativo, sino ontológico. Así que no sólo hemos de trascender el universo/cosmos o mundo para ubicarnos en el plano la filosofía, sino que además tenemos que envolver la propia teoría en cuanto dicotomía sujeto/objeto y la relación científica de conocimiento; siendo así que la filosofía antecede y funda esta relación, de manera que no puede venir definida en sí misma por ningún conocimiento o saber positivo, científico o no.

La teoría concierne a lo que sabemos. La práctica concierne a lo que hacemos. Evidentemente, la filosofía comporta saberes (metafísica, lógica) y, a la postre, acciones (ética). Pero más importante que esta perogrullesca constatación es determinar la fuente de esos saberes y acciones éticos. Antes de entrar en el terreno de lo que sabemos o de lo que hacemos hay que detenerse en el de aquello que somos. De ahí que quepa sostener lo siguiente: cuando sabemos, primero, y hacemos, después (teoría/praxis), es que ya “somos”. En este sentido, la respuesta a la pregunta “¿qué es filosofía?” viene a ser categórica: la filosofía es una conversión espiritual en virtud de la cual dejamos de ser lo que aparentemente éramos (miembros de la society) y nos convertimos en aquello que realmente somos (miembros de la Volksgemeinschaft). Esta conversión se basa en las dos “facultades” de que todavía disponemos (aunque la society trabaja ya para aniquilarlas), a saber, la “facultad” de razonar libremente nuestra “visión del mundo” y la “facultad” de asumir el deber de fundamentar esa Weltanschauung, es decir, de acatar la verdad cualquiera que ésta sea. Llevadas hasta sus últimas consecuencias, ambas facultades, que nos definen como “lo que somos”, el “ser racional” al principio aludido, tienen que acabar transformando nuestro ser. El tránsito entre la situación de partida, donde sólo disponemos de dichas potencialidades, y la situación de llegada, en la cual, con la destrucción del “yo”, nos hemos constituido como entes depositarios de la verdad, es la filosofía. El camino se llama método. La palabra método significa, en griego, precisamente, camino. De ahí que háyase utilizado la metáfora de un bosque y nuestra tarea futura la ilustre el tránsito, la excursión, la marcha por ese bosque. No se trata, empero, como comprobaremos, de una imagen casual. El punto de llegada será, en cualquier caso, nuestra casa. Nosotros retornamos a casa, a la patria. Habíamos olvidado nuestra patria y ahora la recuperaremos, volveremos, por fin, a ser. Aquello que encontramos al final del camino tiene un nombre: nosotros mismos.

Jaume Farrerons
Universitat Popular La Marca Hispànica
8 de diciembre de 2013


NOTA: El presente texto es sólo un fragmento de la primera lección: “¿Qué es filosofía?” Continuará en Curso de Filosofía. Introducción a la Filosofía. Primera Lección. ¿Qué es filosofía? (2).

AVISO LEGAL: Este texto ha sido registrado como material didáctico del seminario on line COMPRENDER HEIDEGGER y está protegido por derechos de autor.

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Las personas interesadas en el seminario pueden ponerse en contacto con:

adecaf@adecaf.com

Saludos cordiales.

Jaume Farrerons

 

martes, abril 22, 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (3). Los Estados Unidos de América
















El territorio que aloja a ese inmundo montón de escoria denominado Wall Street, epicentro de la opresión planetaria, tiene, a diferencia de la oligarquía, ubicación pública en el mapamundi. Una "nación" sin nombre -simple acrónimo empresarial- que configura, incluso por su forma geográfica, algo así como la pista de aterrizaje de la burbuja financiera. La Franja Aérea núm. 1 de la Oceanía de Orwell en la novela 1984Voilà los U.S.A.

“Si ciertos actos de violación de tratados son crímenes, se trata de crímenes, sin importar que los cometan Estados Unidos o Alemania. No estamos preparados para estipular una norma de conducta criminal contra otros que no estemos dispuestos a invocar contra nosotros.”
Robert H. Jackson, fiscal jefe durante los juicios de Nüremberg.
 
 

Estados Unidos constituye el país de la libertad. Cuando nos invade, domina, explota y adoctrina es que somos... libres. !Tal es la opinión de... -¿lo adivinan?- los Estados Unidos! Y quien disienta de una postura tan razonable como ésta deviene, en determinadas circunstancias, "una amenaza para la seguridad nacional", de suerte que puede ser exterminado "de forma sabia y justa" como una alimaña. Carece de derechos. Por definición. Lo dice Locke, filósofo fundacional del liberalismo, padre ideológico de la constitución estadounidense.

Tenemos que aceptar el american way of life o arriesgarnos a morir. Esto vale sobre todo para las naciones, pero también, poco a poco, para los grupos, las instituciones y los individuos.

No se trata de una broma. La historia de los gobernantes usacos (Pío Moa) es una narración consistente en:

a/ genocidios: EXTERMINIO SISTEMÁTICO Y PLANIFICADO DE INDIOS PIELES ROJAS

b/ crímenes contra la humanidad: ESCLAVITUD DE LOS AFRICANOS NEGROS

c/ crímenes contra la paz: AGRESIÓN A MÉXICO Y ANEXIÓN DEL 40% DE SU TERRITORIO

d/ crímenes de guerra: HIROSHIMA / NAGASAKI

Uno tras de otro. !Pero se trata de una mera selección para formar una escalera de color! Podríamos intentar, con éxito, un trio de genocidios, un full de crímenes contra la paz y crímenes contra la humanidad y un repóquer de crímenes de guerra. Cada paso en la construcción de la "gran nación americana" incurre en un delito de lesa humanidad tipificado por el Tribunal de Nüremberg. Pero, ¿quién promovió el Tribunal de Nüremberg? Los Estados Unidos de América, !cómo no!

No lo hicieron solos, cierto. Contaron con la inestimable ayuda de una hermanita de la caridad conocida bajo el pseudónimo de José Stalin.

Más estupefaciente todavía es el hecho de que todo el mundo "lo sabe" y, sin embargo, "no importa". Pues en cuanto empiece a importarte, tío, te juegas la vida. En estos mismos momentos Estados Unidos tiene intervenidas ilegalmente las comunicaciones en medio planeta (NSA) y puede determinar a placer, mediante el uso de drones, el asesinato de cualquier persona molesta dondequiera que se oculte. El nombre de este dispositivo de opresión resulta harto curioso: "mundo libre". El responsable de tales ejecuciones administrativas a dedo es el presidente del país y, por supuesto, ha recibido el Premio Nobel en justa recompensa.

Un chiste sobre Israel puede ser materia de un delito de "apología del genocidio". La comisión de un genocidio real, verbi gratia, Vietnam, carece de sanción jurídica. El mundo libre es ansí. Cualquier persona normal entiende esto, ¿verdad?

¿Quién, pues, decide la "importancia" de las ofensas raciales, étnicas o humanitarias? Desde luego, no se trata de establecer un baremo "objetivo", sino de una ponderación oligárquica, interesada hasta la obscenidad.

Todos los crímenes de masas perpetrados por EEUU pueden catalogarse entre los peores que la historia recuerda, no obstante la historia ha sido escrita por ese gran productor de historias (propaganda, adoctrinamiento y lobotomización espiritual) que es Hollywood.

Emporio del cine, Hollywood (¿radicado también en EEUU?) tiene un papel decisivo en la calificación de la criminalidad o no criminalidad de un exterminio etnicida, de una atrocidad penada por las leyes de la guerra, de una agresión gratuita o expansionista a otro Estado... Aquéllo decisivo no es el hecho en sí, sino la "relevancia", y tal "caracterización" no se adopta sin permiso de Washington y jamás contra sus intereses.

Estados Unidos es el territorio, poblado de cárceles (=campos de concentración para negros e hispanos) de "lo criminal" por excelencia y, al mismo tiempo, el país impune por excelencia gracias a Hollywood. Es el país que, al crimen y a la impunidad, ha añadido la justificación propagandística de sus tropelías. Las películas estadounidenses son legitimaciones de toda clase de delitos de lesa humanidad, convertidos, siguiendo una extraña lógica de carniceros puritano-corruptos, en actos heroicos. Bravos soldaditos vestidos de azul contra salvajes crueles que sólo se ganaban a pulso su triste fin.

De ahí el asombroso imaginario cultural y popular que posibilita, por ejemplo, hechos como el siguiente: millones de personas de nacionalidad española, francesa, marroquí -o de cualquier país del mundo- adornan inconscientemente y sin una razón concreta sus atuendos particulares con banderas americanas, es decir, con la bandera de otro país. Esto se considera encomiable, comprensible de suyo, patente como la luz del sol... Pues, ¿no son los americanos los salvadores del mundo? ¿No son los más valientes, los más listos, los más guapos, los más buenos?

¿Y quien sostiene "eso"? Casualmente, un vez más, los propios americanos. Será verdad.

Cosa que "nos creemos" los no-americanos. Cosa que hemos interiorizado. Cosa que, en vez de indignarnos, aceptamos sin rechistar a pesar de la evidencia contraria de que quien hablare de sí mismo en tales términos debería parecer, al menos, poco fiable desde el punto de vista de la objetividad más básica.

La ropa viene ya diseñada con las barras y estrellas, y uno simplemente se la compra sin pensar. ¿Haría lo  mismo con la bandera de Nigeria o Costa Rica? Por supuesto que no.  Mas la bandera norteamericana, que es la bandera de la ignominia contemporánea sin parangón, ha devenido motivo de ostentación en una sociedad cuya esencia se define, precisamente, por el delito oficial, permitido, encorbatado, premiado incluso con galardones de paz o doctorados honoris causa. Una sociedad, la society, cuyas élites y gobernantes son delincuentes. Un país donde la mafia manda. Un Estado que "es" la mafia porque no tiene una mafia, sino que la mafia lo tiene a él: la mafia incrústase en las vísceras del abyecto corpachón de Guachingtón.

Lucir la bandera americana representa, en este "mundo al revés" forjado por la oligarquía asesina anglosajona, una garantía de salud mental, de amplitud de miras, de juvenil promesa..., elevada a categoría estética, moda y signo de estatus existencial. Que las barras y estrellas identifiquen de hecho, en el mundo moderno, el exterminio de un pueblo tras otro, la explotación más cruel, las peores atrocidades y las agresiones impunes a otras naciones (una de ellas España, el "fiel aliado" de sus propios verdugos), todo esto es moralmente -que no cognitivamente- ignorado por unas "multitudes" amorfas que han sido enculturadas en el marketing comercial, cinematográfico y político usaco.

La gran victoria de los EEUU no fue, en una palabra, desde el principio, ocultar sus crímenes, ni siquiera negar que fueran crímenes en cierto sentido, sino convencer a todo bicho viviente -pues de lo contrario el bicho aparecía muerto en un plis plas- de que estamos ante crímenes necesarios, "justos", inherentes al progreso y al bien de la humanidad. Una jerigonza no muy distinta al lenguaje estalinista, la otra máquina picadora de carne -por supuesto también exonerada- del proyecto moderno.

Resumen:

"El Estado judío no habría nacido sin la expulsión de 700.000 palestinos. Así pues, había que expulsarlos. No había otra opción que expulsar a la población. (...) Tampoco la gran democracia estadounidense se podría haber creado sin la aniquilación de los indios. Hay casos en que el buen fin general justifica los actos implacables y crueles que se cometen en el curso de la historia."

Benny Morris, historiador israelí

http://web.archive.org/web/20051228175320/www.newleftreview.org/PDFarticles/Spanish/NLR26002.pdf

Sobre la relación entre Estados Unidos e Israel en lo que concierne a las cuestiones abordadas aquí, nos ocuparemos en otra entrada de esta bitácora.




La historia estadounidense como expediente judicial de un criminal en serie

Resumamos el historial delictivo de la nación-delincuente por definición: los Estados Unidos de América.

Los "americanos" (¿?) -es decir, el "pueblo de Dios"- arribaron a América del Norte como inmigrantes y se instalaron en un "territorio ajeno" ya poblado por unos 5 millones de personas, los llamados indios "pieles rojas". ¿Qué ocurrió? Algo inesperado. El Congreso de los Estados Unidos calificó a los autóctonos amerindios de alimañas (Locke) y autorizó que pudieran ser deportados, saqueados y liquidados.  Dicho y hecho. Los indios pieles rojas se desplazaron paulatinamente, a golpe de caballería, hacia el oeste y casi desaparecieron. Todo un pueblo quedó reducido a unos pocos grupos supervivientes residuales. Los correspondientes campos de concentración se denominan reservas.

Así nace el país de la libertad. Su aparición en el mundo queda tipificada bajo dos de las cláusulas del TMI de Nüremberg: genocidio y crímenes contra la humanidad. El genocidio no prescribe. Los EEUU siguen siendo hoy "culpables" según la ley. Y cada presidente de EEUU, junto a su entera administración, hereda del anterior la "imputabilidad" por dichos delitos de dimensiones cósmicas. Capítulo primero.

EEUU es, empero, el país del genocidio por más razones incluso que las expuestas, a saber: porque está ligado estructuralmente al genocidio. No se trata únicamente de un "hecho del pasado" que convenga olvidar. USA es ante todo un dispositivo extractivo. De suerte que, como brazo armado de la oligarquía transnacional, ha continuado cometiendo, convalidando o participando en genocidios (u otros crímenes de masas) que resultan inseparables de la implementación de sus "intereses", es decir, del negocio. Esta simple constatación histórica permite presumir, sin exageraciones, que EEUU no representa ninguna garantía de paz. Antes bien, el Pentágono necesita la guerra y el exterminio como el aire que respira para vivir "a su manera". EEUU se prepara para perpetrar nuevas atrocidades en el futuro y constituye, en definitiva, una amenaza universal.

Siguiente capítulo: esclavitud y exterminio de los negros de África.

Habiendo liquidado cristianamente a la población autóctona, Estados Unidos de América, el país del soldado Ryan, tuvo que importar mano de obra esclava para que alguien trabajara en provecho de los "americanos", es decir, para que sus élites oligárquicas pudieran enriquecerse de lo lindo sin tener que agachar el lomo. Por supuesto, el hecho de que Estados Unidos hubiera enarbolado contra Inglaterra la bandera de la libertad en la Guerra de la Independencia no fue impedimento para que privaran de ella a millones de personas y las obligaran a trabajar contra su voluntadUn modus operandi harto democrático y liberal, ¿no les parece?


Además, aquellos desgraciados que se resistían a ser explotados como bestias, sin derechos y a la fuerza, eran asesinados in situ. Así es América. Liberal. More Gabriel Albiac (insaciable felador de la "democracia en armas"). También perecieron por millones los esclavos durante el cómodo transporte gratis de un lado al otro del Atlántico, o en los depósitos donde eran "alojados" como mercancía hasta la venta, o a lo largo de su "estresante" vida laboral... El tráfico esclavista incluyó a mujeres y niños. Las cifras de víctimas se cuentan por millones.

La constitución americana utilizó todo tipo de trampas lingüísticas orwellianas para hacer compatible el ideario liberista y la comisión sistemática del crimen. En la actualidad las imposturas prosiguen en orden al reconocimiento de la verdad y a las consecuencias jurídicas que derívanse de la misma:

El debate no está cerrado. Sea como sea, la idea de una reparación moral, más que financiera, recibe hoy el asentimiento de un gran número de estadounidenses. La Conferencia Mundial contra el Racismo, celebrada en Durban (Sudáfica) en septiembre de 2001, ha ido en este sentido, reconociendo que la esclavitud fue un crimen contra la humanidad, y expresando el "pesar" de los países que, de una forma u otra, se habían beneficiado de ella. Sin embargo, Estados Unidos se negó a asociarse a la declaración final, oficialmente para no colocar a Israel y al sionismo en situación de acusados... y quizá también para evitar un debate sobre la esclavitud y sus consecuencias en los propios Estados Unidos -con el alivio de muchos estadounidenses, incluidos dirigentes negros que no estaban de acuerdo con esta cuestión- (Marc Ferro, El libro negro del colonialismo, Madrid, La Esfera de los Libros, 2005, p. 158).

Por tanto, ya tenemos dos delitos tipificados por el TMI de Nüremberg que se pueden aplicar a una parte significativa de sus jueces y fiscales: los estadounidenses. Otra parte de dichos "hombres justos" -antinazis- serían los soviéticos, es decir, como sabemos, unos santos. Pero aquí no toca hablar del comunismo y de sus 100 millones de víctimas. Los liberales occidentales ya han reconocido, en buena hora, que sus antiguos aliados contra el demonio Hitler eran unos criminales. El problema de los ilustradísimos liberales es que no son capaces de "captar", al parecer, que también ellos tienen las manos manchadas de sangre y que el exterminio forma parte del corazón mismo de la doctrina que reivindican tan ufanos cuan cínicos. Demostraremos esta afirmación en próximas entradas de FILOSOFÍA CRÍTICA.

No se trata precisamente de crímenes de masas de dimensiones medianas o pequeñas, porque difícilmente se detecta, en el mundo moderno, algo equiparable -como no sea bajo el propio comunismo- al genocidio de los indios pieles rojas y la esclavitud de los negros, delitos cometidos ambos por el mismo país y sin asumir ninguna responsabilidad (jurídica, moral, cultural y política) en un plazo de tiempo relativamente breve. O a la vez incluso. Los Estados Unidos de América pretenden, a pesar de ello, seguir dando al mundo lecciones de moralidad democrática. Se contonean chulescamente a guisa de policías planetarios "en defensa de los derechos humanos". Sus "aliados occidentales" les secundan. Pero esta farsa no puede continuar más. ¿Con qué autoridad ejerce Washington el azucarado papel de santurrones? Por supuesto, quien así cuestione al "país de la libertad" puede ser el siguiente en la lista de bestias fascistas sacrificadas al bien. El señor policía apesta a mierda pero hay que hacer como si el aire estuviera limpio; él te mira a los ojos con fijeza y grita:
-!Respira! ¿Eh que huele a rosas?
-!Claro que sí, señor policía! !Hasta pongo mi nariz en su culo!
A esto se llama ser demócrata en las zonas "liberadas" por el Pentágono.

Tercer Capítulo. Invasión de México. Habiendo exterminado a los autóctonos y forzado esclavos a que trabajaran gratis, matando a la mitad de ellos por el camino, los antepasados de la actual oligarquía decidieron ampliar su territorio. No como el Führer, ese loco, sino mediante el reparto de confeti. Delante tenían a un Estado soberano que no les había dicho ni mu. Pero los USA apelaron a algo tan racional como un "destino manifiesto", una vieja costumbre oriunda de los tiempos de Jericó. Consideró YHWH que anexionarse el 40% del territorio mexicano era perfectamente coherente con los ideales democráticos, la libertad, la salvación del alma y bla, bla, bla. !Y lo era! Así que los americanos invadieron México y hasta el autor de Das Kapital aplaudió en esta ocasión a los yanquees. A fin de cuentas, los mejicanos eran unos "españoles perezosos" (sic) (los dueños de esclavos, como los actuales "inversores", eran muy trabajadores, tanto que preferían que otros trabajaran para ellos). Esta invasión pura y simple de una nación soberana pero subdesarrollada parecía que iba en la dirección correcta del progreso. Marx dixit.

Estados Unidos continuó en adelante "liberando" países. El siguiente fue España. Para ello simuló un ataque español a un barco de guerra usaco -el acorazado "Maine"- atracado en el puerto de La Habana. Previamente los oligarcas dieron permiso a la oficialidad blanca, pero los negros que había en el navío no importaban, así que los sacrificaron adrede sin pestañear. Un buen 11-S que terminó con la masacre de la flota española. Ya se sabe, la "justicia infinita" de Bush tiene también estas cosillas.

Así que quedan ya computados tres delitos tipificados por el TMI de Nüremberg: genocidio, crímenes contra la humanidad  (en dos ocasiones) y crímenes contra la paz (en otras dos ocasiones).

!Y apenas hemos llegado al siglo XX!

En unos cien años, EEUU vulneró la legislación de Nüremberg en cinco ocasiones por lo menos. Campeonato del mundo de Holocaustos: EEUU, 5-Alemania, 1. A mediados del siglo XIX, Washington estaba perpetrando dos "crímenes de masas" de manera simultánea. Comerse un par de naciones fue cosita de nada, algo así como el postre secular antes del eructito Rothschild de 1913 (fecha de fundación de la Reserva Federal).

No había, en efecto, ninguna razón "democrática", ni la más pequeña e insignificante coartada moral o jurídica, que justificara la anexión de México y el ataque a España, entre otras decenas de fechorías similares. Por ello las élites yanquees se las inventaron con todo el descaro e inauguraron de este modo el hábito de mentir que las caracteriza hasta la bochornosa comedia de las armas químicas de Saddam Hussein.

Nos falta, para la colección de la galería del horror impune, el peor crimen de guerra de la historia. Así que me saltaré otras hazañas humanitarias (de Filipinas a Vietnam o Iraq), que se suman a las anteriores, y les recordaré a los orgullosos antifascistas "liberales" que no existe, según la legislación de Nüremberg (en el imposible supuesto de que se aplicara de forma honesta), ningún crimen de guerra comparable a las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki. Se eligió como ofrenda para el holocausto a la población civil japonesa con el fin de ahorrar vidas de soldados americanos, un argumento sencillamente vergonzoso e irracional desde el punto de vista de la legislación de Ginebra (y desde el punto de vista de cualquier reflexión ética, código moral o mero sentido común). Además, las autoridades americanas mintieron incluso en eso, porque el Japón estaba dispuesto ya a rendirse y el uso de la bomba atómica sólo tenía una finalidad política y propagandística: "advertir" a la URSS y demostrar ante los pequeños desafectos el invencible poder del amigo americano. Politiquilla de matón perdonavidas. Los niños japoneses inocentes que perecieron en esa liturgia sacrificial del "pueblo de Dios" (=la oligarquía) fueron objeto de la tecnología de exterminio más sofisticada de la historia. Todavía nadie ha sido capaz de explicarme por qué los EEUU, si pretendían intimidar a sus adversarios, reales o imaginarios, de Moscú, no lanzaron la bomba sobre una isla desierta y fotografiaron sus devastadores efectos. Sigo sin comprender el motivo por el cual había que masacrar a las familias niponas de esa manera tan horrorosa. Y encima una bomba de propina. ¿Por qué, en efecto, Nagasaki suponiendo que cualesquiera de las excusas para Hiroshima fueran válidas? El simple dato "Nagasaki" refuta todos los atenuantes o justificaciones imaginables por nadie que no sea un imbécil o un auténtico sinvergüenza (por ejemplo, Arcadi Espada). La única respuesta a la pregunta que interroga por el Gran Cabrón de Wall Street es que los EEUU estaban actuando como siempre habían actuado desde que una perra los parió por el culo. Nagasaki representaba a la sazón la culminación del proyecto que comenzó (¿comenzó?) con el genocidio de los indios pieles rojas, prosiguió con la esclavitud negra y continuará a sangre y fuego en cuantos lugares la oligarquía tope con alguna resistencia a sus chanchullos de salvación económico-teológicos. Proyecto que, subrayémoslo una vez más, sigue ahí diseñando la próxima atrocidad en cabezas de tarados bíblicos que se consideran "escogidos por Dios". Y, en fin, con el nuevo caso en el expediente del criminal universal, aparecerá oportunamente el discurso "humanitario y democrático" que legitime ante el mundo la grandeza de su causa y, por añadidura, la incomparable singularidad de Auschwitz. Amén.


Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
27 de enero de 2014


Hundimiento de la flota española tras la agresión estadounidense a mi patria. Rajoy olvida, yo no. En memoria de los marineros hispánicos caídos en un inútil y heroico sacrificio. 
 

DOCUMENTACIÓN ANEXA
 
 
Estados Unidos intenta desatar una tercera guerra mundial con Rusia y China y solo sus propios aliados la podrían evitar, según opinión del periodista y analista político Paul Craig Roberts.
“El cambio de la doctrina militar del país, elevándose el estatus de sus armas nucleares desde el de disuasión y represalia al de ataques preventivos, la construcción de bases antimisiles cerca de las fronteras rusas, así como la militarización de las nuevas tecnologías por parte de EE.UU. dejan claro al Gobierno ruso que Washington está preparando un primer ataque contra Rusia”, contó el experto en un artículo publicado por el portal Global Research.
Para no limitarse solo a Rusia, el Gobierno de Obama encontró otro enemigo: China. Washington declaró el mar de China Meridional como una “zona de interés para la seguridad de EE.UU.”.
“Es igual que si China declarara el golfo de México una zona de interés para su seguridad”, comentó el experto, subsecretario del Tesoro del Gobierno de Ronald Reagan. EE.UU. declaró la transferencia del foco estratégico a Asia, lo que supone que el 60% de la Armada estadounidense se desplace hacia la zona de influencia de China.

Simultáneamente, Washington no escatima recursos para mantener bases navales y aéreas en las Filipinas, Corea del Sur, Vietnam, Australia y Tailandia.
Además se ha alineado con los rivales de China en lo que se refiere a varias islas y zonas aéreas disputadas.
“La actitud militar agresiva de Washington hacia Rusia y China indica una extrema confianza en sí mismo, lo que habitualmente lleva a una guerra”, recalcó Roberts.
Si queda alguien para escribir la historia, el régimen de Obama será recordado como régimen que resucitó la Guerra Fría, para cuya finalización se esforzó tanto el expresidente Reagan, y la convirtió en una guerra abierta. A esto se suman sus insinuaciones sobre una amenaza potencial de que Irán obtenga armas nucleares y las afirmaciones de que un ataque preventivo es indispensable ahora mismo.
Pese al cumplimiento por parte de Irán de las condiciones del acuerdo internacional destinado a resolver la crisis sobre el programa nuclear iraní, EE.UU. sigue agravando la situación al aprobar nuevas sanciones contra la república islámica.
“Si queda alguien para escribir la historia, el régimen de Obama será recordado como régimen que resucitó la Guerra Fría, para cuya finalización se esforzó tanto el expresidente Reagan, y la convirtió en una guerra abierta”, dijo Roberts.
El analista subrayó que los ciudadanos estadounidenses tienen poca, si es que tienen realmente alguna, influencia sobre su Gobierno o comprensión de sus planes.
“Además no existe una oposición organizada que podría representar a los ciudadanos que quieran protestar contra la vía que conduce hacia una guerra mundial“, afirmó. Por eso el analista basa su esperanza en los “títeres” europeos y asiáticos de EE.UU., que se arriesgan sin ningún fin, excepto el de favorecer la hegemonía mundial de EE.UU.
Cree que Alemania podría salvar al mundo de una guerra sirviendo, a la vez, a sus propios intereses.
“Lo único que debe hacer Alemania es salir de la UE y de la OTAN. La alianza se desplomaría y su caída acabaría con la ambición hegemónica de Washington”, explicó 





 

lunes, abril 21, 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (2). Caracterización sociológica


Continuación de:


Toda acción política requiere, en primer lugar, la identificación del enemigo contra el que lucha.

Las caracterizaciones ideológicas, los fines y valores, los principios estratégicos y las metodologías tácticas de un movimiento, partido o grupo político, son conceptos que giran en torno a la sola cuestión de esa "enemistad" fundamental (Carl Schmitt), que nada tiene de "personal". Como en la guerra un general respecto de otro general o un soldado frente al adversario armado, no "odia" el revolucionario a individuos concretos, sino que pugna sin tregua para derrotar a un antagonista político. En condiciones normales es menester distinguir incluso entre el enemigo propiamente dicho y un mero contendiente coyuntural. Al enemigo se le detesta, pero, incluso a él, "políticamente", no "psicológicamente", como podría odiarse al ofensor de nuestra familia, amigos, bienes u honor.
 
El enemigo de la izquierda nacional es la oligarquía occidental. Ésta cabe definirla provisionalmente como extrema derecha sionista, racista, supremacista y expansionista. Sus integrantes humanos, sociales e institucionales pueden detectarse en cualquier lugar del planeta, pero singularmente en el hemisferio occidental; y de forma más concreta todavía en las burguesías financieras de Estados Unidos, Israel y Europa. Los oligarcas no conforman una  religión, raza o etnia, ni siquiera una clase social, sino un estamento. Su opuesto simétrico son los trabajadores autóctonos. Oligarquía mundial y trabajadores nacionales definen la contradicción principal de la society occidental posmoderna.
Aquello que combatimos es, pues, el opresivo dominio oligárquico. Desde una posición de extrema izquierda -patriótica- de los pueblos contra la extrema derecha -transnacional- de las élites.
El vampiro es un cadáver
parásito en pos de la vida eterna.
Queremos derrotar a los oligarcas en tanto que oligarcas. ¿Judíos, anglosajones protestantes de Wall Street, ingleses de la City, israelíes del Mossad, jeques saudíes, banqueros suizos...? No importa eso. Tienen, los oligarcas, nombres y apellidos. Su neutralización y hasta liquidación física, pero por vías legales (restablecimiento de la pena de muerte contra los genocidas y criminales de guerra o lesa humanidad), forma parte, necesariamente, de la lucha política revolucionaria y democrática. Negarlo sería incurrir en una repulsiva hipocresía "buenista" de la que es menester desprenderse antes de abordar cualquier compromiso político serio. Al final, las élites financieras pagarán por sus atrocidades y  los responsables serán ejecutados como traidores a la nación. No hay punto intermedio ni "diálogo pacífico" cuando estamos hablando de enemigos políticos responsables de las peores fechorías que la historia recuerda.
 
"Odiamos", sí, a los oligarcas, pero se trata, subrayémoslo una vez más, de "odio conceptual": nada (o poco) sabemos de ellos como sujetos privados y no nos importa si beben agua mineral, vino de Rioja o prefieren el arte abstracto a la música clásica. Nos resultan indiferentes sus creencias soteriológicas o el color de su piel. Aquello que realmente cuenta es lo siguiente: que los oligarcas son los dirigentes, beneficiarios y responsables del aparato de conversión de los entes en [objetos/mercancía+capital+objetos/mercancía]    que aniquila los pueblos, las culturas y la naturaleza. Son la Gestell de Heidegger. !Nada más "impersonal" que la Gestell! Pero está encarnada por unas personas y a éstas es menester localizarlas, detenerlas, procesarlas y ejecutarlas; democráticamente, sí, pero sin compasión. Bastará con aplicar las leyes penales y procesales del TMI (Nüremberg), es decir, sus propias normas represivas, antijurídicas mas plenamente vigentes. No podrán protestar por ello.
 
De hecho, la oligarquía es muy difícil de "caracterizar", porque, precisamente, una de las claves de su poder consiste en permanecer oculta, es decir, en interponer, entre sus personas físicas y el pueblo de las comunidades nacionales a las que explota, devasta y extermina, unos "testaferros", los políticos profesionales, al servicio de entidades formales como "los mercados financieros", la banca, los "inversores",  el FMI, la "troica", etcétera. Por tanto, el primer rasgo del sistema oligárquico es su total ausencia de autoridad y capitalidad: la invisibilidad. No podemos identificar, a diferencia de otros poderes históricos, dónde se encuentra la sede física o territorial del dispositivo oligárquico de dominación. Ni sus líderes reales están a la vista. Los vampiros-oligarcas esconden las tumbas donde  húrtanse a la luz diurna (la verdad). Hablar de Wall Street, Londres, Washington o Tel Aviv sería expresarse en términos puramente metafóricos. Dicho dispositivo es esencialmente "aéreo" (burbuja financiera) y aterritorial, a la par que críptico y sectario (Club Bilderberg), aunque controle determinados enclaves regionales, ciudades, naciones enteras, estados y espacios "materiales" con sus respectivas sedes capitalinas, administrativas, políticas, económicas... La oligarquía sólo se "territorializa" a medida que desciende de rango en la jerarquía piramidal informal, hecho que permite a los poderes plutocráticos arraigarse y distribuir capilarmente sus tentáculos para extraer los recursos (trabajo, capital) que succiona de manera constante en un ámbito perfectamente acotado (no hay huecos) de vampirización económica. Las élites son extractivas.

La oligarquía y las masas
 
Parásitos, pues. La celebérrima "ética del trabajo", que difunden a voz en grito los oligarcas y sus esclavos interiorizan con un sentimiento de vergüenza y culpa cuando se encuentran en situación de paro laboral;  aquella moral del hombre honrado que los "inversores" imponen al pueblo por la fuerza del adoctrinamiento y la presión social, calificando de zánganos improductivos a los "pobres" y "fracasados", es sólo la cínica estrategia discursiva de  hediondas garrapatas tumbadas en hamacas junto a piscinas de lujo. El siervo del capitalismo tiene que desear ofrecer su sangre voluntariamente y cifrar en el hecho de ser explotado su identidad y valía personal. El "trabajo" de la sanguijuela financiera consiste, empero, en  llamar por el móvil a su bróker una vez a la semana para informarse sobre la volumen de beneficios succionados al esfuerzo ajeno. !Y ningún desgraciado desprecia a semejante engendro, nadie le acusa, si es el caso, de no haber trabajado jamás -menuda suerte- y engordar aún más su bolsa sin dar un palo al agua! Antes bien, todos los patéticos desgraciados y fanáticos de la "ética del trabajo" (para tontos) querrían ser como el chupóptero bursátil.La estructural "opacidad" del alto poder oligárquico representa la otra cara de su principal instrumento de dominio, a saber, la "información", entendiendo por tal, no tanto un contenido realmente formativo o veraz, cuanto unas cadenas sígnicas manipuladas, fraudulentas, propagandísticas o "ideológicas" en el sentido marxista del término. El poder de la oligarquía se basa, ante todo, en "lo simbólico" y, captado el signo, en la mentira (el signo está "invertido"), no sólo (o exclusivamente) en la simple coacción o fuerza policial/militar. Es el "lavado de cerebro", vehiculado por los denominados "medios de comunicación", por la propaganda política y comercial, el "mundo de la cultura" y la "educación", aquéllo que aparece en primera línea para mantener apaciguadas y políticamente sometidas a "las multitudes" (Negri, Hardt). Dicha "información", en el sentido de lo "informe" (carente de forma), constituye mental y axiológicamente al hombre-masa.
 
El hombre-masa es, ante todo, temeroso y obediente, no quiere "problemas", pide únicamente "salario", es decir, ser explotado de forma más o menos razonable, de suerte que pueda disfrutar, como poco, de algunos objetos de consumo que marcan el estatus del "individuo" como miembro de la society. La masa es el correlato sociológico subordinado de las élites en el interior del imaginario oligárquico. Por tanto, la masa es también un estamento. Porque en la sociedad posmoderna ya no existen las clases sociales. La movilidad social burguesa clásica ha quedado definitivamente congelada. El hombre masa sueña con ascender, pero sólo se "trepa" en tanto que afecto a la oligarquía y con independencia de los méritos, capacidad o esfuerzo.

Cuando hablamos de "trabajadores" como antagonistas sociales de la oligarquía, el significado de este término es, por tanto, normativo, no descriptivo; y político, no meramente económico. El "trabajo" define aquí una actividad creadora y reproductiva del pueblo que se justifica por sí misma al servicio de la comunidad nacional, nunca jamás en provecho de las "élites" propietarias del capital financiero (que, subrayémoslo una vez más, no trabajarán jamás). Cuando un poeta escribe poesía, eso es trabajo aunque no reciba salario "a cambio": su tarea representa un fin en sí mismo.  El trabajo se justifica por su valor social y cultural. La madre trabaja al educar al hijo, pero no "cobra" (normalmente) por ello. Cuando el empleado de un McDonald's sirve, en cambio, una hamburguesa  repleta de gusanos, no trabaja, porque su única finalidad es la remuneración.  Sólo significa "trabajo" aquello que haríamos por deber o vocación en cualquier circunstancia y con orgullo. No será verdadero trabajo las tareas que realicemos únicamente para recibir unas monedas, "puesto" que las abandonaríamos inmediatamente -para disfrutar de unas vacaciones- si el dueño no nos pagara. Obligación y deber son palabras que mientan conceptos éticamente opuestos. El deber y la vocación profesional definen al trabajador. La obligación y el salario caracterizan al semiesclavo hombre-masa bajo el dominio oligárquico. Por eso el hombre-masa es esencialmente un consumidor, un aspirante a oligarca, no un trabajador; y de ahí también que las sociedades oligárquicas estén destinadas a la ruina económica, a la quiebra de las instituciones de protección social y, llegados a este punto fatal e inevitable, al restablecimiento de la esclavitud laboral descrita por Engels en La situación de la clase obrera en Inglaterra (obra que vuelve a estar vigente después de un siglo de ostracismo literario).
La tortura como método sistemático y legal
de represión en las "democracias" antifascistas.
En segundo lugar, la oligarquía dispone de medios tecnológicos suficientes para aplastar materialmente cualquier revuelta de masas que, en el supuesto de una fractura o brecha en la campana simbólica virtual de narcotización de los productores/consumidores/contribuyentes (que no "ciudadanos"), pudiera amenazar mediante la violencia física las instituciones políticas del sistema estatal (pseudo) "democrático".

La oligarquía, empero, es muy capaz de utilizar el crimen de forma habitual en la periferia de su dominium, concepto que implica, pese a lo dicho más arriba, una cierta espacialidad concéntrica que se refleja en su estructura social jerarquizada. Centro/periferia son nociones que no identifican las relaciones tradicionales entre una capital imperial y unas colonias, sino "campos operativos" en los que el método de explotación/extracción y el trato dado a los dominados es cualitativamente distinto. El "imperio" no existe, se trata de un invento "antifascista" de Petras y Negri. La oligarquía es anti-imperial por esencia, y quien no entienda esto no ha entendido nada.

En los ruinosos márgenes (vertederos humanos y ecológicos) de la "Franja Aérea" (Orwell), el dispositivo oligárquico sustenta dictaduras policiales dispuestas a exterminar sin contemplaciones a sus súbditos, y así protocoliza los patrones de actuación allí donde la apariencia de la "democracia" es tanto más frágil cuanto más onerosa e "innecesaria" (el montaje de cartón piedra democrático resulta "caro", "insostenible" ya incluso).
En las "zonas centrales" la violencia (secreta, tecnificada, profesional) "sólo" es empleada normalmente de forma selectiva contra los disidentes más peligrosos o contra personas "incontroladas" que, por diversas razones, poseen información capaz de perjudicar a determinados intereses oligárquicos (por ejemplo, Joan Cogul fue asesinado por la mafia catalana, es decir, por la oligarquía local, cuando iba a declarar contra determinados dirigentes políticos nacionalistas).

Las oligarquías a las que tenemos que enfrentar, en primera instancia, son las que operan como tentáculos del poder oligárquico mundial en nuestra propia patria. Pero sin olvidar que la "política nacional" y la "política internacional" jamás funcionan a modo de compartimentos estancos. No existe ya "política nacional" en sí, la soberanía de los estados (excepto EEUU/Israel) ha sido suprimida hace décadas. Cuando luchamos contra Rajoy, estamos, al mismo tiempo, luchando contra Bruselas, el FMI, Wall Street y Tel Aviv. Ignorar esta realidad sería ingenuidad o un ejemplo de suicidio político. !Identifiquemos a nuestro enemigo político real!
 
Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
Un informe redactado por la organización de derechos humanos Open Society Justice Initiative (OSJI) sostiene que al menos 54 países cooperaron en los secuestros, detenciones y torturas, ejecutados por la CIA tras los ataques del 11-S.
El extenso documento de 213 páginas preparado por la organización con sede en Nueva York pone al descubierto que más de una cuarta parte de los Gobiernos del mundo ofreció secretamente su apoyo a los servicios secretos estadounidenses, sin lo cual la CIA no habría podido operar su programa, según la OSJI.

"No cabe la menor duda de que altos funcionarios de la administración de (George) Bush son responsables por haber autorizado las violaciones de derechos humanos relacionadas con las detenciones secretas y entregas extraordinarias de personas, y la impunidad de que han disfrutado hasta la fecha sigue siendo motivo de gran preocupación", dice el informe.
Las operaciones de detenciones secretas y entregas extraordinarias, elaboradas para llevarse a cabo secretamente fuera de Estados Unidos, no podrían hacerse realidad sin una participación activa de Gobiernos extranjeros"

"Pero la responsabilidad de estas violaciones no se agota en Estados Unidos. Las operaciones de detenciones secretas y entregas extraordinarias, elaboradas para llevarse a cabo secretamente fuera de Estados Unidos, no podrían hacerse realidad sin una participación activa de Gobiernos extranjeros. Estos Gobiernos también deben responder por ello".

Según la OSJI, el listado de esos Estados incluye países como Pakistán, Afganistán, Egipto y Jordania, donde existieron cárceles secretas donde se practicaron torturas durante varios años. Países como Irlanda, Islandia y Chipre son acusados de haber concedido una ayuda solapada al programa al permitir el uso de su espacio aéreo y sus aeropuertos en operaciones de entrega.

Canadá no solo permitió el uso de su espacio aéreo, sino que también proporcionó información sobre uno de sus ciudadanos, según el informe.

Muchos de los países de la lista son europeos. Alemania, España, Portugal y Austria están entre ellos, mientras que Francia, los Países Bajos y Hungría no. Georgia es acusada de haber participado en la entrega, mientras que Rusia no figura en la lista.

Algunos países, como Polonia, Lituania y Rumania, colaboraron albergando cárceles secretas en su territorio.

La publicación del informe parece haber sido programada para coincidir con las audiencias de aprobación de la candidatura de John Brennan, fijados para este jueves. Se prevé que Brennan, elegido por Barack Obama para encabezar la CIA sea interrogado sobre su presunta relación con las operaciones secretas y torturas durante los mandatos de Bush.

Texto completo en: http://actualidad.rt.com/actualidad/view/85738-carceles-secretas-CIA-tortura-eeuu

http://www.telesurtv.net/articulos/2013/02/06/obama-dice-que-su-politica-de-asesinatos-es-legal-etica-y-sabia-303.html

Obama dice que la práctica de asesinatos selectivos es "legal, ética y sabia"

Miércoles 6 de Febrero de 2013, 05:28 am
El secretario de prensa de la Casa Blanca sostuvo que los asesinatos selectivos con drones “son necesarios para mitigar las amenazas reales en curso, detener las parcelas, prevenir futuros atentados y salvar vidas estadounidenses. Los ataques son legales, éticos, y sabios".
El presidente de los Estados Unidos (EE.UU.), Barack Obama, reafirmó su defensa a su política de “asesinatos selectivos” con aviones no tripulados, incluso contra ciudadanos norteamericanos considerados como una “amenaza” para la “seguridad nacional”, por ser una práctica "legal, ética y sabia".
El secretario de prensa de la Casa Blanca, Jay Carney, declaró este martes que los asesinatos selectivos con drones “son necesarios para mitigar las amenazas reales en curso, detener las parcelas, prevenir futuros atentados y salvar vidas estadounidenses. Los ataques son legales, éticos, y sabios".

Carney afirmó que el presidente Obama “se toma muy en serio su responsabilidad de proteger a los Estados Unidos y sus ciudadanos”, motivo por el cual cree totalmente apropiado apuntar a sospechosos de terrorismo en cualquier parte del mundo, independientemente de su país de origen.

"A veces usamos aviones dirigidos por control remoto para realizar ataques sobre determinados terroristas de Al-Qaeda, con el fin de prevenir atentados contra nuestro país y nuestra gente", señaló.

Washington utiliza drones para bombardear “objetivos terroristas" en diferentes países de África, medio Oriente y Asia. Sin embargo, los gobiernos de Yemen, Pakistán y Afganistán -principales naciones afectadas- han denunciado en reiteradas ocasiones que la mayoría de las víctimas son civiles, sin vínculos con el terrorismo.

Recientemente, un memorando del Departamento de Justicia se filtró en la prensa estadounidense, en el que Washington justifica el aumento en el número de ataques aéreos durante la gestión de Obama, incluyendo los destinados a ciudadanos de este país.

Ciudad anti-drone

Esta semana, Charlottesville, en el estado de Virgina (este), se convirtió en la primera ciudad estadounidense en aprobar una resolución contra el uso doméstico de drones, porque “atentan contra los derechos civiles, la integridad y la privacidad de las personas”.

Actualmente, Virginia no utiliza estos aviones no tripulados, a pesar de que algunas agencias policiales locales y estatales manifestaron interés en esos robots para mejorar las tareas de vigilancia.

Los detractores de estas aeronaves en Virgina los llaman "robots asesinos" y aseguran que su uso “atenta contra la privacidad de las personas y sus derechos civiles”.

El Concejo de la ciudad de Charlottsville aprobó, en una votación cerrada, una resolución que, entre otros elementos, establece una moratoria de dos años al uso de los aviones no tripulados en Virginia, justo cuando otros estados también sopesan medidas para restringir su uso.

La resolución también insta al Congreso Nacional y a la Asamblea General de Virginia a "adoptar una legislación que prohíba que la información obtenida mediante el uso doméstico de los drones se utilice en tribunales estatales y federales".

Al final los oligarcas pagarán por sus crímenes
y no debemos sentir piedad hacia ellos.












AFP / JULIANNE SHOWALTER / US AIRFORCE. Un documento recientemente filtrado y descrito por defensores de los derechos humanos como "escalofriante", detalla la justificación legal de los asesinatos selectivos con drones estadounidenses.
La cadena NBC News publicó recientemente una copia de un memorando de 16 páginas que detalla el razonamiento jurídico de estos asesinatos selectivos con drones. Un documento que fue facilitado a los miembros del Senado y los Comités de Inteligencia Judicial en junio de 2012, a condición de que no fuera discutido públicamente.
El texto sostiene que EE.UU. está operando legalmente para matar "a los principales líderes operativos de Al Qaeda o de una fuerza asociada", incluso si una persona es ciudadano de EE.UU. y no existe evidencia de que planee llevar a cabo un ataque contra ese país.
Básicamente, sostiene que el Gobierno tiene el derecho de llevar a cabo la ejecución extrajudicial de ciudadanos estadounidenses". 
Para tomar la decisión es suficiente con que un funcionario del Gobierno de EE.UU. “de alto nivel” y con “conocimiento de causa” determine que el objetivo del asesinato ha estado "recientemente" implicado en "actividades" que representan una amenaza de ataque violento y que "no hay evidencia que sugiera que ha renunciado o abandonado esas actividades ", dice el documento.

El subdirector jurídico de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles, Jameel Jaffer, ha calificado el texto como "un documento escalofriante"."Básicamente, sostiene que el Gobierno tiene el derecho de llevar a cabo la ejecución extrajudicial de ciudadanos estadounidenses”, dijo Jaffer a NBC News.  

Senadores exigen a Obama una base jurídica para los asesinatos selectivos con drones

Pese a todo, el Gobierno estadounidense aparentemente tiene pocas intenciones de establecer restricciones respecto a los asesinatos selectivos llevados a cabo por sus drones y numerosos grupos civiles y políticos continúan exigiendo que la administración de Obama publique las bases legales para el empleo de drones para ataques mortales.

Un grupo de 11 senadores escribió este lunes una carta al presidente exigiéndole que publique todos los memorandos del Departamento de Justicia que establezcan la justificación legal del Gobierno de EE.UU. para el uso de aviones no tripulados armados u otras operaciones de contraterrorismo para matar a ciudadanos estadounidenses sospechosos de ser terroristas.

Los senadores, ocho de ellos demócratas y tres republicanos, también dieron a entender que los nombramientos de altos funcionarios, como el de John Brennan para dirigir la CIA o incluso el de Chuck Hagel como Secretario de Defensa, podrían estar en juego si Obama no hace públicos dichos textos clasificados.

"La cooperación del Poder Ejecutivo sobre este asunto ayudará a evitar una confrontación innecesaria que podría afectar a la consideración del Senado de los candidatos para los puestos de seguridad nacional", afirmaron.

Los senadores sugirieron al mandatario que evite intentar bloquear la publicación de los documentos, apelando a algún “privilegio” legal en el caso de que desee “dejar claro que no está sentando un precedente que pueda aplicarse a otros tipos de documentos".