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martes, octubre 12, 2021

EL NACIMIENTO MARXISTA DEL FASCISMO (1)

 


Quienes investiguen la ideología del fascismo de forma honesta ---algo más difícil de lo que parece--- terminarán, tarde o temprano, haciéndose las mismas preguntas que yo. Entre otras, las que planteo a continuación sobre la auténtica fundación del fascismo, que no se produjo en el año 1919, como se acostumbra a dar por entendido, sino el 24 de enero de 1915. Creo que la elección de las fechas fundacionales tiene mucho que ver con la interpretación del fenómeno fascista que se adopte en cada caso. A tal interpretación, tal fecha de fundación. Hasta el punto que, con las interpretaciones actualmente preponderantes, el primer programa político fascista, fechado el 13 de mayo de 1919 ---la reunión del 23 de marzo de 1919 fue, por decirlo así, puramente administrativa---, se considera raro, chocante o atípicamente fascista, por cuanto no se corresponde en absoluto con lo que la propaganda insiste en identificar con el fascismo. Al programa del 13 de mayo de 1919 [Il Popolo d'Italia, según la Opera Omnia, t. XIII, p. 117 y ss., publica el 12 de mayo un artículo titulado "Idee in camino che s'incontrano. Il programma dei Fasci. Dalla "rappesentanza integrale" all'"espropiazione parciale""] se refiere Payne en la página 126 de su magna obra Historia del fascismo: 

El principal dirigente era Mussolini, al frente de una comisión ejecutiva de nueve miembros, en la cual debía actuar como el primero entre iguales. Anunció que el nuevo movimiento sería un "antipartido", pues rechazaba la estructura habitual de los partidos por demasiado rígida y estéril. Lo que se necesitaba era una nueva élite nacionalista que movilizara a las masas para una "revolución italiana". El objetivo era atraer a un gran número de jóvenes procedentes del centro y de la izquierda. Para eso, Mussolini describió en su periódico, el 30 de marzo, su programa reducido al mínimo, aclarando que no era nuevo, "ni siquiera revolucionario", sino destinado a lograr la democracia y a renovar la nación: sufragio universal para hombres y mujeres a los 21 años de edad; abolición del senado elitista; elección democrática de una nueva asamblea nacional para que decidiera sobre la forma de Estado; jornada de trabajo de ocho horas; participación obrera en la dirección de las empresas; elección de consejos técnicos  nacionales en todas las ramas de la economía y de los servicios públicos; enérgica política anticlerical. Unos "postulados" publicados más tarde, el 13 de mayo, serían más detallados y más radicales. 

Sobre el programa del 13 de mayo asevera Stanley Payne:   

Este programa, básicamente de izquierdas y a veces revolucionario, no representa lo que suele entenderse al hablar de fascismo (Payne, S.: Historia del fascismo, Barcelona, Planeta, 1995, p. 127).

¿Esto es un "problema" del fascismo o un problema de lo que entienden o creen entender los que "suelen" pontificar sobre el fascismo? Basta con leer los escritos de Benito Mussolini. Haylos a cientos. Y no hablo de los juveniles, donde el anticristianismo del futuro Duce es clamoroso, feroz, fanático... Examinen las publicaciones de Il Popolo d'Italia posteriores a la expulsión de Mussolini del Partido Socialista Italiano y la fundación de los Fasci: son suficientes para quedarse literalmente perplejo ante la inmunda falsedad de las interpretaciones todavía vigentes sobre el fascismo. En concreto, ¿por qué el persistente sonsonete que pretende en asimilar el fascismo a la extrema derecha? Y lo que es peor: ¿por qué en este punto, y únicamente en este punto, la extrema izquierda y la ultraderecha, pero también los periodistas, los políticos, los intelectuales, etc., se ponen siempre de acuerdo? Era de esperar, en efecto, que la extrema izquierda cosmopolita y antinacional ---por no hablar de las múltiples agencias del sistema oligárquico--- acusaran a los fascistas de ultraderechistas: ¡cómo no! ¿Qué mejor forma de hacerles daño, siendo así que la extrema derecha es una cloaca infecta? Pero que supuestos fascistas se unan al coro biempensante para aseverar, ante la satisfacción general, "nosotros los fascistas somos ultraderechistas", me sorprende, debo confesarlo. Resulta difícil ser tan imbécil, tan chrétien. A menos que uno ejerza de intoxicador a sueldo, es decir, de mentiroso redomado y compulsivo profesional, como Ernesto Milá. O ambas cosas a la vez en distintas proporciones. 

Quotidiano socialista.

Díctame la experiencia que esos dos perfiles, el de cretino y el de impostor, se distribuyen en la ultraderecha de forma bastante ordenada, a saber: arriba, los jefes, unos farsantes y canallas sin remedio, sonríense viviendo cómodamente del dinero que les paga la policía por informar de sus propios militantes; en medio, y a medida que descendemos por la escala jerárquica del grupúsculo, aumento progresivo de los niveles de estupidez en el compuesto (muy estable, empero: si no hay nueva orden del Pentágono, siempre repiten las mismas sandeces; sólo cambian las siglas, a ver si cuela). Hasta alcanzar, abajo, la pureza del idiotismo extremo: el neonazi rapado que cree ---sinceramente--- en el Papa de Roma (¡preconciliar, por supuesto!). Mas para este viaje no hacían falta alforjas porque, si retrocediera en el tiempo, el neonazi (¿?) en cuestión debería votarle al Zentrum (o a cualquiera de los muchos partidos derechistas de Weimar que compitieron con Hitler). Cuanto más a la derecha, mejor, rebuzna el chrétien según le prescribe la máxima infaliblemente idiotizadora de Evola. ¿Y qué lugar ocupaba el NSDAP, un partido socialista, en el espectro político alemán? Observen al respecto, en el caso italiano, cómo se describe a sí mismo Il Popolo d'Italia: quotidiano socialista. No dice ultraderechista o tradicionalista y ni siquiera nacionalista. Socialista a secas. Aplíquenle a este extraño fenómeno el principio evoliano por excelencia: siempre hay algo mejor más a la derecha (hasta desembocar en el chamán de la caverna, claro). ¡Ningún ultraderechista osaría afiliarse a los Fasci d'Azioni Rivoluzionaria! Su lugar natural serían los partidos de derecha burguesa, católica, liberal o reaccionaria ---tanto da--- que Mussolini precisamente odiaba con todas sus fuerzas. Si en la actualidad apareciera un verdadero partido fascista, ninguno de estos "fascistas" sería capaz siquiera de reconocerlo y calificaría el invento de rojo, comunista y otras delicatessen. (No es un supuesto imaginario, sino una evocación "basada en hechos reales").

En todo caso, antójase abrumador que los propios presuntos fascistas no sospechen de los aplausos con que los antifascistas de todo pelaje recompensan su confesión de ultraderechismo. A menos que esos "fascistas" sean en realidad, también, ultraderechistas y les falten los órganos intelectuales ---y morales--- para captar la comicidad de la situación. En España, el principal promotor de la impostura responde al nombre de Ernesto Milá Rodríguez, quien publica incluso una revista titulada "Historia del Fascismo" para mejor remachar la tarea fraudulenta en que ha consistido toda su vida, a saber, hundir el fascismo en el lodazal del ultraderechismo e intoxicar a varias generaciones de nacional-revolucionarios con un veneno reaccionario que destroza el cerebro y vuelve completamente chrétien a la gente. Llamémoslo, irónicamente y a tenor de los tiempos que corren, el virus de Evola. Cuya efectividad resulta tanto más estupefaciente cuanto el propio Evola dejó claro que él contemplaba y criticaba el fascismo desde la derecha. Para, acto seguido, postrarse y sacralizar el significante derecha ---subrayo: ¡¡¡el significante!!! ayuno de significado--- a fin de convertir la palabra izquierda en sinónimo del mal absoluto e imposibilitar así, obviamente, todo resurgimiento del fascismo (¡¡¡un "socialismo nacional"!!!). La maniobra, hay que reconocerlo, ha sido muy efectiva: personas aparentemente inteligentes dispáranse como un resorte ---reflejo condicionado evoliano--- cuando escuchan el significante "izquierda": es la forma convulsiva de manifestarse, en estos presuntos ninistas (ni derechas, ni izquierdas, ni izquierdas, ni izquierdas...), la subrepticia sacralidad atribuida "en la intimidad" a... la destra. Con el agravante de que, en italiano, izquierda se vierte como diabólica sinistra y justo ahí empiézanse a desatar, hasta transformarse en convulsiva avalancha mental, los contenidos bíblicos irracionales del ultraderechismo español. En definitiva, la barrera simbólica del evolianismo ---combinado habitualmente, entre los ultras latinos, con un catolicismo romano de vestir--- se ha erigido en obstáculo insuperable para realizar el sueño de refundar el fascismo. En lugar de ello, hemos sufrido en nuestro país repetidas y esperpénticas refundaciones del "neofascismo" (extrema derecha). Todo ello para mayor deleite de la extrema izquierda y del antifascismo en general, porque es suficiente echarle un vistazo a la foto de los "camaradas" (tatuados, hooligans, skin heads, pijos drogadictos, chivatos policiales, maricones reprimidos, centuriones, botelloneros, etc.) para salir corriendo. En una palabra, como acreditó en su día Vincenzo Vinciguerra, estamos ante escoria marginal patrocinada por los servicios de inteligencia de la OTAN. Los ultraderechistas han mancillado incluso el nombre de Ramiro Ledesma, alguien que los habría fusilado a todos sin vacilación de haber tenido la más mínima oportunidad. 

En la foto, un eslogan ("mantenerse en pie en un mundo en ruinas") del ultraderechista Evola, reaccionario metafísico que considera la Revolución Francesa el epítome de todos los males modernos, reivindicado en un hogar social que se autodenomina "Ramiro Ledesma", cuando resulta que Ledesma es un fascista revolucionario que se identifica expresamente con el jacobinismo. ¿Y todo esto para qué? Para abortar desde sus inicios cualquier posibilidad de un nacionalismo revolucionario ("fascismo") erigiendo un muro simbólico impenetrable entre los núcleos políticos germinales del proyecto fascista y la gran masa del pueblo trabajador. Responsables: los dispositivos represivos de la oligarquía. Cooperadores necesarios: los propios ultras a sueldo de la policía y los ideólogos del evolianismo, entre otras partes interesadas. Por tanto, los errores de interpretación del fascismo y los desenfoques en sus fechas emblemáticas suelen guardar parentesco con planteamientos políticos previos ---¡¡¡y malintencionados!!!--- que no pueden ser pasados por alto porque afectan al meollo de la cuestión puramente intelectual o historiográfica. No son, en definitiva, teoría, sino propaganda del enemigo antifascista. Ahora bien, el peor enemigo del fascismo es la extrema derecha.  
 

 
LAS FECHAS FUNDACIONALES

Hemos anotado tres fechas clave en la historia del fascismo que corresponden al mismo período, a saber, el 23 de marzo de 1919, el 30 de marzo de 1919 y el 13 de mayo de 1919. La primera acostumbra a ser identificada con la fundación del fascismo. Pero es falso. El 23 de marzo no hubo programa, sino simple reunión. Y sin componente doctrinal no puede hablarse de fundación. El 30 de marzo, sin reunión, se publican unos simples postulados que el propio Mussolini relativiza a posteriori por considerarlos poco revolucionarios. El primer programa aparece el 13 de mayo y es un documento nacionalista "de izquierdas" que los propios comunistas alabaron después:
“Nosotros, comunistas, adoptamos el programa fascista de 1919, programa de paz, de libertad y de defensa de los intereses obreros. Camisas Negras y Veteranos del África, llamamos a ustedes para unirnos en este programa. Proclamamos que estamos listos para combatir a su lado, Fascistas de la Vieja Guardia y Juventud Fascista, para realizar el programa fascista de 1919” (Palmiro Togliatti, secretario del Partido Comunista Italiano, Manifiesto por la salvación de Italia y la reconciliación del pueblo italiano, Lo Stato Operario, nº 8, 1936).
Sin embargo, pocos aceptarán que el fascismo como tal se funda el 13 de mayo: el fascismo publica su primer programa el 13 de mayo de 1919 y es un discurso de izquierda nacional revolucionaria. ¡No hay trampa ni cartón en esta aseveración! Si se quiere hablar de fundación en 1919, tiene que ser ésta. Así las cosas, quienes se reunieron el 23 de mayo ¿eran simples amigos o compartían ya algo? La respuesta es que eran portadores de una ideología que se daba por supuesta y hacía posible la celebración de dicha asamblea. Fue esa ideología implícita la fuente de lo que iba a concretarse, primero, en un esquema programático (30 de marzo) y, acto seguido, en una declaración programática (13 de mayo). Pero, ¿de dónde surge la ideología en cuestión? No cae del cielo, antes bien, entraña años de lucha que comienzan en 1914 con la aparición de Il Popolo d'Italia. Porque "programa político" no se confunde con "ideología" (mucho menos con "filosofía") y la reunión del 23 de marzo no implica un programa, sino otra cosa. Siendo así que en 1919 hay ya mucho trabajo doctrinal realizado. Luego la fundación del fascismo tiene que ser anterior. Las publicaciones de Mussolini entre la fundación de Il Popolo d'Italia (15 de noviembre de 1914) y el 23 de marzo de 1919 llenan como poco seis gruesos volúmenes de la Opera Omnia de Mussolini, a saber, los tomos VII, VIII, IX, X, XI y XII. Dichos mamotretos oscilan entre las 250 y las 450 páginas, con lo que tenemos unas dos mil páginas de textos. (Sin contar aquí, por el momento, la obra filosófica de Gabrielle d'Annuncio, intelectual italiano del fascismo). ¿Y no es esto ideología fascista? ¿Por qué? Porque ya se ha decidido de antemano que el fascismo es extrema derecha y tamaña masa documental desmonta el dogma del sistema oligárquico que los traidores ultraderechistas alimentan con deleite. 
 
6 de enero de 1915.
En consecuencia, si no se quiere aceptar la fecha de fundación de Il Popolo d'Italia como la del fascismo en cuanto tal por una cuestión obvia ---¿todavía no habría sido puesto a la luz pública el significante "fascismo"?---, conviene recordar que el 6 de febrero de 1915 ya se hace un llamamiento a los trabajadores de Italia por parte de un sujeto político denominado Fasci d'Azione Rivoluzionaria. ¡A los trabajadores, insisto, no a los supuestos patriotas de la extrema derecha! Y en diciembre de 1914, los sindicalistas revolucionarios Filippo Corridoni, Cesare Rossi y Alceste de Ambris proponen a Mussolini que encabece el movimiento Fasci Rivoluzionario d'Azione Internazionalista, fundado incluso antes que Il Popolo d'Italia, a saber, el 5 de octubre de 1914. A lo que el apelado responde afirmativamente sin vacilaciones. ¿No tenía ya un sentido fascista este llamamiento de los fascios, término de uso común en la política italiana desde décadas atrás? Una vez más, la respuesta depende de qué entendamos por fascismo. Si el fascismo es ultraderecha, entonces no hay fascismo hasta el Ventennio (1922-1943), cuando Mussolini pacta con los poderes fácticos del país para hacerse con el poder.

Pero esto sería como afirmar que no hay comunismo hasta el estalinismo y que el comunismo se reduce al gulag. O que el liberalismo es Napoleón, el colonialismo occidental o la bomba atómica de Hiroshima/Nagasaki. O que el veredadero anarquismo es terrorismo o aquél que nombra a una ministra de Justicia y gobierna las cárceles de la Segunda República Española. Sería, en suma, una definición ad pesimam partem, que selecciona los elementos fácticos más negativos del objeto que pretende caracterizar y a partir de ahí construye el concepto. Esta es, sin embargo, la "teoría" sobre el fascismo que los nacional-revolucionarios hemos padecido hasta ahora y que los ultraderechistas se dedican a confirmar usurpando y desacreditando los símbolos fascistas. Pero lo cierto es que el fascismo se desplaza a la derecha cuando llega al poder, como ocurre, por ejemplo, con el comunismo ya en tiempos de Lenin y tras la domesticación de los soviets o la NPE. Ahora bien, el fascismo sólo puede derechizarse si procede de la izquierda y malgastando una parte, mayo o menor, de su capital simbólico revolucionario. ¡La derechización fue la ruina del fascismo! Le restó tanta credibilidad que ya no se ha recuperado nunca más. Luego el fascismo es revolucionario (extrema izquierda) en sus niveles filosófico, ideológico y programático pero, como todo movimiento político, tuvo que hacer e hizo concesiones a la realidad, a lo posible, pactando ---a cambio del poder--- con quien, desde el punto de vista doctrinal, se encontraba en sus antípodas: la Iglesia católica, la Monarquía y la oligarquía burguesa. La derecha. 
 
Il movimento fascista nato fra l'irrisione e l'ostilità del partito socialista, è oggi qualche cosa di più di una semplice promesa (Milán, 24 de enero de 1915).
 
Como hemos visto, podría darse por bueno el 15 de noviembre de 1914 como la fecha de la fundación del fascismo porque Il Popolo d'Italia es el evento decisivo en el proceso de constitución del fascismo. Y un sujeto político "fascista" ya existía desde el 5 de octubre, pero eso equivaldría a forzar demasiado nuestro metodológico principio de retrospección. La fecha más adecuada, en mi opinión, para ocupar ese insigne pedestal, es la reunión del 24 de enero de 1915. Los primeros fascistas, unos treinta militantes, se dan cita en Milán. Dicha asamblea aparece documentada en Il Popolo d'Italia con un artículo titulado "L'adunata" (la reunión). Los asistentes son todos extremistas de izquierdas. Mussolini aboga por la revolución armada violenta y por la destrucción del viejo mundo, tanto capitalista cuanto conservador o tradicional. Religión incluida. En el artículo "L'adunata" de Il Popolo d'Italia aparece el adjetivo fascista y se habla expresamente de movimento fascista: 
 
Il movimento fascista nato fra l'irrisione e l'ostilità del Partito Socialista, è oggi qualche cosa di più di una semplice promessa (Benito Mussolini, Opera Omnia, t. VII, p. 141).
El movimiento fascista nacido en medio de la burla y la hostilidad del Partido Socialista es hoy algo más que una simple promesa. ¡¡¡Mussolini da el movimiento fascista por nacido en 1915!!! El discurso de Mussolini apenas se distingue empero de la extrema izquierda comunista excepto por las apelaciones patrióticas y heroicas, que lo son siempre contra "la reacción" (y todo aquéllo que implica el discurso católico, monárquico y aristocrático-burgués tradicional de la extrema derecha) representada por el imperio austro-húngaro, léase: por enemigo hereditario de la nación italiana. 
 
 
La intervención en la guerra contra las potencias reaccionarias ---singularmente, Austria, pero también la Alemania de los Junker, que Hitler odiaba--- debe preceder a la revolución social que emprenderán los propios ex combatientes. La intervención bélica refundará la nación en el supremo sacrificio de la sangre y es sobre este fundamento de la soberanía nacional así conquistada con dolor que los italianos podrán proceder a aniquilar las instituciones anti-nacionales del caso, a saber: iglesia, monarquía, clase aristocrático-burguesa. Revolución nacional (guerra patriótica) y revolución proletaria (guerra de clase) van juntas en el mismo proyecto nacional-revolucionario y es a través de la guerra (proletaria o nacional), y no del nacionalismo liberal-burgués tradicionalero, que Mussolini ha desembocado en el fascismo. Sólo en fecha un tanto tardía se unirán en mala hora los nacionalistas italianos de derechas al proyecto fascista. La reflexión sobre la guerra es, por tanto, fundamental para comprender la génesis del fascismo. El fascismo se gesta en el conflicto mundial de 1914-1918 y de ahí la relación esencial entre el fascismo y la muerte ("sacrificio"), que se opone punto por punto a la simbólicamente inversa ("salvación") entre la ultraderecha y la religión cristiana.

 
Jaume Farrerons
Figueres, la Marca Hispànica, 12 de octubre de 2021

lunes, marzo 23, 2020

MARX + NIETZSCHE = FASCISMO (3). MUSSOLINI SE DECLARA DE IZQUIERDAS


Bandera de la República Social Italiana (RSI),
también conocida como República de Salò.







Reproducimos literalmente la siguiente entrada de la Wikipedia, especialmente para aquellos sinvergüenzas que dicen desconocer el significado del término nacional-revolucionario o niegan que Ramiro Ledesma Ramos pueda ser interpretado como un político de izquierda nacional: 
El Manifiesto de Verona fue la declaración del fascismo italiano que establecía los requisitos reglamentarios para la instauración de la socialización de la economía en la República Social Italiana. Su idea era profundizar el anticapitalismo y el autarquismo nacional del fascismo para "ir al pueblo" y construir una revolución social dentro del orden legal. Del 14 al 16 de noviembre de 1943, en Castelvecchio (Verona), se reúne la primera Asamblea Nacional del Partido Fascista Republicano (PFR) que aprueba un “Manifiesto programático” desarrollado a lo largo de 18 puntos referentes a política exterior, interior y social.
El manifiesto fue preparado y dispuesto por Benito Mussolini para que figurara en el programa del Partido Fascista Republicano. Fue redactado en gran medida por uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano (PCI) Nicola Bombacci, que extrajo ideas de las teorías del anarcocomunista Néstor Majno, de la Sociedad Fabiana, y del distributismo. Estrecho amigo del Duce, Nicola Bombacci colaboró en este proyecto de la política económica de la República Social Italiana, pero sin negar su ideal comunista. El secretario del PFR, Alessandro Pavolini, también participó en la redacción del documento.
 Sobre la relación entre el programa revolucionario de Mussolini (plasmado de forma cumbre en Verona) y los programas revolucionarios de la extrema izquierda y el socialismo, él mismo declara:
Nuestros programas son definitivamente iguales a nuestras ideas revolucionarias y ellas pertenecen a lo que en régimen democrático se llama "izquierda"; nuestras instituciones son un resultado directo de nuestros programas y nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede haber duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un absurdo. El espantapájaros auténtico, el verdadero peligro, la amenaza contra la que se lucha sin parar, viene de la derecha. No nos interesa en nada tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito. Ahorraré palabras ya que es totalmente superfluo. De hecho, es perjudicial, porque nos hace confundir los tipos de auténticos revolucionarios de cualquier tonalidad, con el hombre de reacción que a veces utiliza nuestro mismo idioma. Repubblica Fascista, órgano de la RSI, Milán, 22 de abril de 1945.
Los enlaces, por motivos técnicos, se han dejado en la fuente original. La fuente de la cita que aparece en la Wikipedia sin referencia remite a: Yvon de Begnac (biógrafo oficial de Mussolini), Tacculini Mussoliniani, Bolonia, Il Moulino, 1990. Sin más comentarios. Estos documentos son coherentes, desde el punto de vista ideológico, con el programa fundacional de izquierda nacional del fascismo revolucionario (13 de mayo de 1919). Seguiremos informando. 

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica, 13 de marzo de 2020

viernes, enero 10, 2020

ROSENBERG NUNCA FUE EL IDEÓLOGO OFICIAL DEL NAZISMO (2)















ROSENBERG RECONOCIÓ QUE SU OBRA NO ERA IDEOLOGÍA OFICIAL DEL PARTIDO NACIONALSOCIALISTA. Se trata de un hecho que ya he demostrado en un hilo anterior. Ahora me limitaré a ampliar el comentario de la cita porque algunos neonazis de derechas y cretinos integrales ---neonazis evolianos, cómo no--- pretenden que la cita ampliada demostraría que Rosenberg, en realidad, está sosteniendo a la postre lo contrario de lo que afirma al principio. Así, Rosenberg actuaría de la siguiente manera: primero asevera que su obra El mito del siglo XX no es doctrina oficial del partido NS y, acto seguido, cuando despliega las razones por las cuales ha hecho dicha afirmación categórica ("absolutamente"), concluye que El mito del siglo XX sí es doctrina oficial del partido NS. De lo cual se desprendería que Rosenberg es un rematado imbécil ---o, más bien, que el neonazi de turno todavía no ha aprendido a leer.

LA CITA AMPLIADA DEL FRAGMENTO DE LA DENEGACIÓN


Transcribo a continuación el contexto de la cita, es decir, el parágrafo entero, cuya autenticidad ya demostré, traducido al castellano. Si apareciera alguna duda sobre la misma nos remitiríamos inmediatamente al original alemán:

Por numerosos que sean los que ya hoy aprueban en su interior estas palabras, no puede, pese a ello, ser comprometida ninguna comunidad en las ideas y las conclusiones expuestas en este escrito. Constituyen confesiones absolutamente personales, no puntos programáticos del movimiento político al cual pertenezco. Este tiene su gran tarea peculiar y debe, como organización, mantenerse alejado de las controversias de naturaleza religiosa y político-eclesiástica, al igual que del compromiso con una determinada filosofía del arte o con un especial estilo arquitectónico. No puede tampoco, por consiguiente, ser responsabilizado de lo aquí expuesto. Inversamente, las convicciones filosóficas, religiosas, artísticas, pueden ser fundamentadas con real seriedad solamente sobre la premisa de la libertad de conciencia personal. Tal es el caso presente. Sin embargo, la obra no se dirige a seres humanos que viven y actúan felices y bien afirmados dentro de sus comunidades religiosas, sino a todos aquellos que interiormente se han desligado de éstas pero aun no se han abierto paso, luchando, hacia una nueva concepción del mundo. El hecho de que éstos se cuentan hoy en día por millones, obliga a cada camarada de lucha, mediante reflexiones más profundas, a ayudarse a sí mismo y a otros buscadores. 
La famosa cita ampliada del "Dr." Petardo no acredita que la interpretación correcta del fragmento transcrito por mí ---en amarillo--- invierta su sentido unas líneas más abajo. Cualquier redactor racional, culto y en sus cabales desarrolla la afirmación hecha inicialmente explicando el porqué o fundamento de la misma. Y esto es lo que hace Rosenberg. En efecto, Rosenberg explica las razones por las cuales El mito del siglo XX no puede ni debe asimilarse a unos "puntos programáticos del movimiento al cual pertenezco". Por si quedara alguna duda, la cita ampliada contiene una postrera repetición de la cita reducida: "No puede tampoco, por consiguiente, ser responsabilizado de lo aquí expuesto".   En el original alemán: "Sie kann also auch für das hier Vorgetragene nicht verantwortlich gemacht werden" (op. cit., p. 3, véase el pasaje reproducido en foto aquí infra). La famosa cita ampliada abunda y confirma pues, antes bien, la aseveración inicial con una expresa insistencia en la denegación de todo reconocimiento oficial de la obra filosófica de Rosenberg como doctrina nacionalsocialista. 

Portada de la traducción castellana.
LOS CARGOS DE ROSENBERG EN EL PARTIDO

Con lo dicho debería ser suficiente para convencer a cualquier lector medio y honesto. Pero un retrasado mental evoliano todavía podría esgrimir, en el colmo de la tozudez y de la mala fe, el hecho incontrovertible de que Rosenberg ostentaba un cargo cuya titularidad le convertía de facto en ideólogo del partido. 

Es cierto que Rosenberg fue el responsable de los asuntos ideológicos del NSDAP, pero eso no significa que las ideas oficiales del partido fueran creaciones suyas ---no lo fueron los célebres 25 puntos---, mucho menos que el partido asumiera sus doctrinas de El mito del siglo XX, sino que realizaba tareas administrativas en relación con las ideas oficiales del partido. Confundir una cosa con la otra sería tan ridículo como pretender que el tesorero de un partido administra las cuentas de la organización como cuentas privadas y el dinero en ellas depositado es de su propiedad. El tesorero administra el dinero del partido en cuentas del partido que no son sus cuentas privadas. Todos los partidos nombran secretarios de estudios y programas (o antaño de asuntos ideológicos), pero este hecho no implica necesariamente que tales funcionarios de la organización sean los creadores y autores privados del programa o de la ideología correspondiente. Quien afirma que Rosenberg era el ideólogo del partido porque desempeñaba una función burocrática relativa a los documentos ideológicos del NSDAP sólo pone de manifiesto su total desconocimiento del funcionamiento de un partido. Y, singularmente, del partido en cuestión, donde únicamente hubo un ideólogo tácitamente reconocido, a saber, el mismísimo Adolf Hitler. 

Portada del original alemán.
En cualquier caso, ¿por qué debatir hasta el agotamiento sobre un extremo que el propio interesado aclaró de forma categórica?  ¿Sólo para satisfacer el ego herido de ciertos ignorantes que pretendían pontificar sobre Rosenberg pero ni siquiera se habían leído la Introducción de su obra principal e incurrieron con ello en el ridículo más espantoso? Se vieron forzados, sí, entonces, a negar la realidad y hacerle decir a Rosenberg justo lo contrario de lo que había expresamente manifestado con insistencia. Lo mismo que, además, sería confirmado por Hitler en las Tischgespräche. Para "tener razón" a cualquier precio, el "Dr." Petardo se ha visto forzado a negar, acto seguido, las conversaciones de sobremesa de Hitler, que también desconoce, todo ello basándose en el primer resto flotante que encontró por casualidad en internet, vale decir, un artículo de una neonazi revisionista cristiana estadounidense ---de nombre y cualificación desconocidos--- escandalizada por las declaraciones del Führer contra la religión bíblica. Así, intentando presuntamente defender las ideas paganas de Rosenberg ---en el fondo intentando restaurar su propia imagen de un bochorno monumental---, el Petardo analfabeto termina echando agua en el molino de los neonazis bíblicos. Una consecuencia que, sin duda, Alfred Rosenberg le habría amargamente reprochado. 

Conviene dejar claro que nuestra postura ---a saber: las doctrinas de Rosenberg, singularmente las de El mito del siglo XX, nunca fueron doctrina oficial del partido nazi--- no supone, en principio, ninguna valoración ---positiva o negativa--- sobre la obra literaria privada o personal de Alfred Rosenberg. Ni niega, aunque tampoco afirma, que esas doctrinas neopaganas ---vamos a designarlas así--- tuvieran alguna influencia en determinados sectores anti-cristianos, muy poderosos, del partido nazi. Nuestra postura es la que es y los rasgamientos de vestiduras y "defensas" de Rosenberg ante mi presunto "ataque" son invenciones del Petardo evoliano para encubrir su ineptitud y egocentrismo enfermizos mediante una suerte de causa moral sobrevenida y hasta una plataforma de afectados reivindicativa del "mancillado honor" de Rosenberg. Quien más daña, empero, el sentido de las doctrinas de Rosenberg es aquél que cuestiona las conversaciones de sobremesa de Hitler y sus declaraciones anticristianas, las cuales, en tanto que tales (pero no en lo que respecta al paganismo de El mito del siglo XX), están en la misma línea que la propugnada por Rosenberg y Bormann (principal avalador de las Tischgespräche) contra los sectores pro-cristianos del partido. 


Alfred Rosenberg reitera la denegación. 
El nacionalsocialismo no produjo una "filosofía oficial" y todo lo que pueda afirmarse en esta materia ---la filosófica--- pertenece a la "filosofía" de Adolf Hitler expresada en sus celebérrimas conversaciones de sobremesa u otros textos. Allí el Führer se explayó libremente ante sus íntimos sin las restricciones impuestas por la táctica y la estrategia políticas del partido, manifestando un pensamiento filosófico claramente anti-cristiano, como el de Rosenberg pero ---a diferencia de Rosenberg--- tampoco pagano o neopagano. El propio Rosenberg reconoce este hecho con sorpresa ---¡¡¡Hitler no es pagano!!!--- y se lamenta por ello, como acreditaremos en posteriores entradas de esta bitácora. 

Ph. Dr. Jaume Farrerons
Figueres, la Marca Hispànica, 10 de enero de 2020


martes, octubre 01, 2019

ERRORES DE HITLER













Me pregunta Franco Luna por los errores de Hitler. Le hice un esbozo rápido que quizá os pueda interesar. Saludos.

Errores de Hitler.

La lista sería larga. Citaré algunos.

El primero y fundamental, imputable también al fascismo, fue su pacto con la derecha y la represión del ala nacional-revolucionaria del NS. A partir de ahí Alemania dejó de representar una opción política y el destino del nacionalsocialismo quedó en manos de la pericia militar y del reaccionario Estado Mayor prusiano. Hitler llegó a dar soporte a movimientos conservadores que él mismo despreciaba y que reprimían a las fuerzas más NR en sus respectivos países. Un ejemplo típico es el apoyo al vomitivo dictador rumano Antonescu contra la Guardia de Hierro.

El segundo error es el racismo y el supremacismo germánico, que acentuó los rasgos anteriores. Alemania no podía inspirar simpatías ni exportar su ideología porque sólo los alemanes o nórdicos o arios, con exclusión de los otros pueblos, eran los depositarios del ideario NS, muy parecido en este punto a la doctrina judía del "pueblo elegido". El NS, en función de tales prejuicios, despreció al pueblo ucraniano, que era eslavo e "inferior" (algo absurdo) y al que pretendía colonizar, factor político determinante de la derrota alemana en Rusia. De todo ello derivó, a la postre, el hundimiento del Tercer Reich.

Hitler, en tercer lugar, admiraba apasionadamente a Inglaterra y anhelaba la guerra occidentalista contra la URSS por idénticos motivos: raciales y burgueses derechistas, a pesar de que sólo manteniendo la alianza con Stalin tenía alguna posibilidad de estabilizar el dominio nazi en Europa y consolidar una superioridad tecnológica que la Universidad alemana ya disfrutaba y era muy capaz de aumentar hasta conseguir, con el tiempo, el dominio total sin necesidad de disparar un tiro.

En cuarto lugar, Hitler fundó un caudillismo excesivo, se negó a formalizar una doctrina nacionalsocialista con el único fin de tener las manos completamente libres en términos políticos y estratégicos; y centró el NS en su figura personal (no en las ideas), de manera que en el momento en que se deterioró mental y físicamente no había herederos, ni directrices claras, ni nada (y así siguen los nazis). Y cuando finalmente murió, Hitler no dejó una fundamentación doctrinal que permitiera reconstruir el fascismo tras la derrota militar alemana. El NS resumíase en un "hitlerismo", algo limitadísimo porque ningún hombre es infalible, mucho menos eterno. La cosa llega al ridículo cuando se le venera casi como a una divinidad. Tales tendencias no hacen más que abundar en todos los errores del Führer, en lugar de corregirlos.

Hitler, en quinto lugar, incurrió en un antisemitismo vergonzante, de raíz judeo-cristiana pero "invertido" o vuelto contra los propios judíos. Una fobia que no respetaba ni siquiera a mujeres y niños, algo horrible y anti-alemán, lo cual le condujo a perpetrar crímenes de lesa humanidad que, aunque exagerados por los vencedores, son en parte reales e incuestionables y han resultado decisivos a la hora de deshonrar el movimiento NS ante los ojos del mundo. Por no hablar de la propia Alemania, que nunca podrá ya levantar cabeza ni defender un "nacionalismo" sin complejos, ni siquiera un mero nacionalismo burgués o "democrático". Alemania da mucho miedo y esto podría haberse evitado aplicando los preceptos de una ética fascista del honor que Hitler se saltó a la torera haciendo exactamente lo mismo que les criticaba a sus enemigos (la "barbarie" bolchevique fue muchas veces superada por la "barbarie" nazi del pueblo más civilizado o culto del planeta).

Podría continuar, pero los expuestos me parecen motivos suficientes como para evitar caer en una suerte de canonización irracional de este dirigente político. Espero que sirva de algo.

Saludos cordiales.

Jaume Farrerons

Publicado en Facebook el 10 de mayo de 2016. 

https://www.facebook.com/search/top/?q=jaume%20farrerons%20errores%20de%20hitler&epa=SEARCH_BOX

domingo, septiembre 01, 2019

HITLER SOBRE LOS FRANQUISTAS

Nos hemos equivocado de bando en España. Habríamos hecho mejor apoyando a los republicanos. Ellos representan al pueblo. Siempre se hubiera podido convertir a estos socialistas en buenos nacionalsocialistas. Franco está rodeado de clérigos, aristócratas y ricachones, gente que no tiene nada que ver con nosotros los nazis. 

(Adolf Hitler)

Citado por David Irving, El camino de la guerra, Barcelona, Planeta, 1990, pp. 88-89. 
Fuente: Reinhard Spitzy. 



jueves, julio 18, 2019

MUSSOLINI RESPONDE A ERNESTO MILÁ: "EL ESTADO FASCISTA NO ES REACCIONARIO, SINO REVOLUCIONARIO".




















En la "Introducción" a su bodrio editorial Contra Revolución. Análisis y propuestas de la contra-revolución (2017), una obra de humor que no en vano comienza con un lamento sobre "lo que queda de la contrarrevolución" ---o sea, nada---, Ernesto Milá hace pública su profesión de fe contrarrevolucionaria y se declara fiel a la monarquía y a la iglesia. Sostiene, sin sonreír, que el rey es un ser superior. Además, para terminar esta sesión de terapia masturbatoria con el más espantoso bochorno, este "analista político" manifiesta que el enemigo contra el que lucha ---en el sentido que Carl Schmitt da a la dicotomía amigo/enemigo--- es, ¡agárrense!..., la UNESCO. No la oligarquía financiera, no el Pentágono, no el Mossad, ni siquiera el FMI, sino esta "infernal" agencia de la ONU.

Milá es el mismo personaje que afirma desconocer el significado de la palabra "nacional-revolucionario" o asevera, por ejemplo, que Ramiro Ledesma no puede ser considerado un político de izquierda nacional porque era fascista y, por tanto, reaccionario. Al parecer, no se ha enterado Milá del significado de la palabra fascismo, puesto que si desconoce el del género nacional-revolucionario, tiene por fuerza que, como poco, malinterpretar su especie. Para Milá sólo existen dos campos políticos, a saber, el revolucionario y el contra-revolucionario. Entonces, ocurre que los nacional-revolucionarios estarán, por definición, en el campo revolucionario. La divisoria entre unos y otros es la actitud valorativa e ideológica respecto de la revolución de 1789. O, en otros términos, la posición adoptada frente al jacobinismo (=izquierda) define en qué campo está cada uno de los actores. Pues bien, el señor Milá ignora que el fascismo se encuentra en el campo revolucionario. Esta sería, por si fuera poco, una tesis de Julius Evola cuando escribe El fascismo visto desde la derecha,* que es tanto como decir "el fascismo visto desde la contrarrevolución", porque para Evola la verdadera derecha sólo puede ser contrarrevolucionaria. 

Así las cosas, parece que Mussolini, incluso en su etapa más derechista, a saber, la del Ventennio, no está de acuerdo con Milá. Espero que la autoridad del Duce sea suficiente a efectos de determinar el significado de la palabra "fascismo" incluso para alguien tan irracional ---o, digamos, "mágico"--- como el Sr. Ernesto Milá Rodríguez: 
Si quien dice liberalismo dice individuo, quien dice fascismo dice Estado. Pero el Estado fascista es único, y es una creación original. No es reaccionario, sino revolucionario, pues anticipa las soluciones de determinados problemas universales tal como en otros países plantean el fraccionamiento de los partidos en el campo político, la prepotencia del parlamentarismo, la irresponsabilidad de las asambleas, y en el campo económico las funciones sindicales cada vez más numerosas y poderosas así en el sector obrero como en el industrial, sus conflictos y sus acuerdos; y en el campo moral, las necesidades del orden, de la disciplina, de la obediencia a los dictámenes morales de la patria. El fascismo quiere el Estado fuerte, orgánico y a la vez apoyado en la más amplia base popular. El Estado fascista ha reivindicado para sí también el campo de la economía, y, por intermedio de las instituciones corporativas, sociales y educacionales que ha creado, el sentido del Estado llega hasta las últimas ramificaciones, y en el Estado circulan, encuadradas en las respectivas organizaciones, todas las fuerzas políticas, económicas, espirituales de la nación. Un Estado que se funda en millones de individuos que lo reconocen, lo comprenden, dispuestos a servirlo, no es el Estado tiránico del señor medieval. No tiene nada en común con los Estados absolutistas antes o después de 1789 (La doctrina del fascismo, XI. La unidad del Estado y las contradicciones del capitalismo, 1932).
Sin pretender ser exhaustivos, conviene recordar que el libro editado por Milá, cuya función de manifiesto personal onanístico queda clara en la Introducción, afirma cosas tan jugosas como la siguiente: 
Los contrarrevolucionarios son, en cambio, individualistas. Quien haya intentado alguna vez organizarlos, habrá podido observar que estas personas tienden siempre a situar sus intereses personales por encima de cualquier pertenencia a ninguna organización (Contra Revolución, op. cit., p. 95).
Aquí Molnar hace una perfecta descripción del colaborador de las cloacas, cuya "causa" es siempre su propio y mezquino beneficio en forma de sobre sepia todos los días 20 de cada mes. ¿Cómo describe, en cambio, a los revolucionarios?
(...) los grupúsculos revolucionarios, sean cualesquiera los slogans anarquistas que proclamen, terminan siempre vestidos de uniforme, a pesar de que lo lleven para ridiculizarlo como lo hicieron los hippies en los años sesenta. La inspiración colectivista es inseparable de la disciplina, y la disciplina, a su vez, de la jerarquía (ibídem).
Pero luego Milá reivindica, precisamente, la jerarquía. Me ne frego. El revolucionario "es militarista en el fondo", pero "lleva el uniforme para ridiculizarlo": curioso militarista. Creo que Molnar necesita tratamiento de algún tipo porque no comprende que sus frases, a dos líneas vista, son contradictorias. Mas, ¿qué le importa la lógica a un contrarrevolucionario? El libro editado por Milá está repleto de este tipo de aporías, de manera que al final no se sabe en qué consiste ser contrarrevolucionario excepto por el hecho de pensar como un rematado imbécil o como un esquizofrénico con problemas de división de la personalidad. La ideología contrarrevolucionaria es una papilla que disuelve el cerebro de sus correligionarios con el fin de que sus víctimas dejen de razonar y sólo obedezcan órdenes, incluso si no las comprenden ---y, sobre todo, si no las comprenden. El "contrarrevolucionario" de Milá es el perfecto colaborador (lobotomizado) de los servicios de inteligencia occidentales. Nada más. 

Jaume Farrerons
Figueres, Marca Hispánica, 19 de julio de 2019.

* El verdadero título de esta obra es Il Fascismo. Saggio di una analisi critica dal punto di vista della destra [Roma, Volpe, 1964]. Quienes lo publican bajo el título "Más allá del fascismo" están manipulando la obra de Evola.

Leer también: 
https://nacional-revolucionario.blogspot.com/2019/07/mussolini-responde-evola-la-doctrina.html


domingo, julio 14, 2019

MUSSOLINI RESPONDE A JULIUS EVOLA: "LA DOCTRINA DEL FASCISMO NO HA ESCOGIDO A DE MAISTRE POR PROFETA".


 

MUSSOLINI RESPONDE A EVOLA: "LA DOCTRINA DEL FASCISMO NO HA ESCOGIDO A DE MAISTRE POR PROFETA". Joseph de Maistre es el ideólogo contrarrevolucionario por excelencia y el maestro espiritual de Julius Evola. Así las cosas, incluso en su etapa más derechista, a saber, cuando traiciona el programa fundacional fascista de 13 de mayo de 1919 y ha pactado con la aristocracia, la iglesia y la monarquía ---instituciones todas ellas que le apuñalarán en 1943 porque eran intrínsecamente derechistas, es decir, antifascistas---, Benito Mussolini deja muy claro que el fascismo no tiene nada que ver con el tradicionalismo reivindicado por Julius Evola. Véase Apartado IX de "La doctrina del fascismo", "El fascismo no retrocede",1934:

El fascismo no retrocede. Las negaciones fascistas del socialismo, de la democracia, del liberalismo, no han de inducir a creer, empero, que el fascismo entienda hacer que el mundo vuelva a ser lo que era antes de 1789, año que se indica como comienzo del siglo democrático-liberal. La doctrina fascista no ha escogido a De Maistre por profeta. El absolutismo monárquico fue, y así toda eclesiolatría. Asimismo fueron los privilegios feudales y la división en castas impenetrables e incomunicantes entre sí [L'assolutismo monarchico fu, e così pure ogni ecclesiolatria. Cosi «furono» i privilegi feudali e la divisione in caste impenetrabili e non comunicabili fra di loro]. El concepto de autoridad fascista no tiene nada que ver con el Estado de la policía. Un partido que gobierna totalitariamente a una nación constituye un hecho nuevo en la historia [Un partito che governa totalitariamente una nazione, è un fatto nuovo nella storia]. No resultan posibles referencias o comparaciones. De los escombros de las doctrinas liberales, socialistas, democráticas, el fascismo extrae aquellos elementos que todavía tengan un valor de vida. Mantiene los que podrían definirse como hechos incorporados a la historia y rechaza todo lo demás (...).

Texto original en italiano:

[Le negazioni fasciste del socialismo, della democrazia, del liberalismo, non devono tuttavia far credere che il fascismo voglia respingere il mondo a quello che esso era prima di quel 1789, che viene indicato come l'anno di apertura del secolo demo-liberale. Non si torna indietro. La dottrina fascista non ha eletto a suo profeta De Maistre. L'assolutismo monarchico fu, e così pure ogni ecclesiolatria. Cosi «furono» i privilegi feudali e la divisione in caste impenetrabili e non comunicabili fra di loro. Il concetto di autorità fascista non ha niente a che vedere con lo stato di polizia. Un partito che governa totalitariamente una nazione, è un fatto nuovo nella storia. Non sono possibili riferimenti e confronti. Il fascismo dalle macerie delle dottrine liberali, socialistiche, democratiche, trae quegli elementi che hanno ancora un valore di vita. Mantiene quelli che si potrebbero dire i fatti acquisiti della storia, respinge tutto il resto].

Con lo dicho queda probado que las tesis de Evola y sus seguidores tradicionalistas Marcos Ghio, Antonio Medrano, Ernesto Milá y demás, es decir, quienes desde la derecha asimilan el fascismo a la contrarrevolución, el legitimismo monárquico-eclesial y la restauración de las instituciones pre-revolucionarias, son puras manipulaciones de escritorzuelos sin método científico y, lo que es peor, sin el más mínimo sentido de la decencia intelectual. Pero, ¿qué podía esperarse de espíritus frívolos e irracionalistas que "creen" en la validez de la magia? 

LAS EXÉGESIS ULTRADERECHISTA Y ULTRAIZQUIERDISTA DEL FASCISMO

Observemos, por si fuera poco, que aquí los ultraderechistas están colaborando obscenamente con los antifascistas de extrema izquierda, para los cuales el fascismo es mera reacción y contrarrevolución  ayuna de todo contenido social. Lo único que varía entre unos y otros es el signo valorativo de la identificación, pero ambos grupos de intérpretes sirven al mismo amo, a saber, la oligarquía, que quiere oír hablar de izquierda o de derecha, de revolución antinacional o de contrarrevolución también antinacional (el nacionalismo es un fenómeno "moderno", Evola dixit), pero no, nunca, de revolución nacional. Eso jamás. Fascismo "de verdad", pro-hi-bi-do.

Ernesto Milá contribuye con su abyecta conducta de pseudo teórico y autoeditor a las tareas ordinarias de las cloacas del Estado, el Pentágono, el Mossad... Júzguese política y moralmente, no sólo intelectualmente, su vergonzante quehacer.

Subrayo que, cuando fue publicada La doctrina del fascismo, transitaban los italianos por la etapa más alevosa y derechizada del fascismo mussoliniano. Pero, incluso entonces, el post-marxista Mussolini advirtió que el fascismo no es tradicionalismo, sino algo completamente nuevo, moderno, una doctrina que conserva los elementos todavía válidos del socialismo, el liberalismo y la democracia (pretensión incompatible con la restauración del Ancien Régime). De manera que, si en el fascismo del Ventennio (1922-1942) puede hablarse de una "derecha" fascista ---lo que no sólo no resultaría descabellado, sino que es un error por el que los nacional-revolucionarios hemos pagado un alto precio de descrédito---, será siempre una derecha moderna, liberal, no la derecha reaccionaria, feudal, el régimen de castas que reclama indecentemente ese cerdo con monóculo llamado Julius Evola.

Ahora bien, si en lugar de a dicho período nos remontásemos ---como haremos más adelante--- al fascismo revolucionario originario o al fascismo de la República Social Italiana, la República de Salò, en la que, tras la traición de los derechistas, Mussolini intenta reconstruir el fascismo como izquierda nacional, las piezas de convicción a nuestro favor serían mucho más contundentes. Hemos hecho referencia únicamente a ésta para que no nos acusen de seleccionarlas de forma arbitraria y de acuerdo con criterios sin fundamento. No hay ninguna afirmación de Mussolini que, antes o después, ponga en solfa la autonomía histórica del fascismo, es decir, su carácter moderno y opuesto a toda forma de regresión contrarrevolucionaria anti-moderna. El fascismo es revolucionario, no apto para derechistas reaccionarios. A la revolución burguesa y a la revolución proletaria añade, en efecto, Mussolini, una tercera, la nacional, conservando los elementos válidos de las otras dos.

La revolución fascista presupone orgánicamente ---y no sólo cronológicamente--- las revoluciones democrático-liberal y marxista. No es un retroceso, sino una superación de 1798 y 1917 por la izquierda.

El fascismo no retrocede, señores evolianos Ghio, Milá, Medrano y compañía.

¡¡¡Dejen ya de mentir y de engañar a los militantes nacional-revolucionarios!!!

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NOTA. Con este texto inciamos un ciclo de réplicas a escritos de los evolianos que nos afectan como nacional-revolucionarios y que han sido redactados por Marcos Ghio, Ernesto Milá, Antonio Medrano y otros escritorzuelos de la extrema derecha. De hecho, se trata de una continuación de la crítica emprendida hace casi una década con los artículos sobre la usurpación, amputación y manipulación de la doctrina nacional-revolucionaria. Una tarea que, obtenido ya el doctorado con una fundamentación ideológica integral del fascismo, conviene ahora concluir.