lunes, octubre 31, 2011

La invención del holocausto en 1919 o el derecho a poder dudar

¿Cuántas probabilidades contaríanse de que en 1919 apareciera un artículo de prensa clamando por un inexistente e inventado holocausto de 6 millones de hebreos en Alemania y "sucediese realmente" eso, un "hecho" bautizado con la misma palabra y cifra exacta de víctimas, pero no en 1919, sino  en 1943? ¿Una posibilidad entre un billón? La verdad es que resultaría prácticamente imposible que se diera tal circunstancia de forma azarosa; y el más elemental sentido común fuerza a pensar en un nuevo fraude, tan grave como el original, pero quizá organizado de forma algo más meticulosa. Sin embargo, preténdese, sin dar más explicaciones, que no hubo fraude alguno, que tuvo lugar semejante "casualidad".  ¿Cómo?

El holocausto antes del holocausto

A nuestro entender, esa "casualidad" pertenecería, ora del mundo de la magia (y entonces olvidémonos de la historiografía científica), ora a las cloacas estatales de la manipulación de masas (y entonces no vivimos, desde hace ya mucho tiempo, en una democracia).

Pues bien, en efecto, lo relatado no procede del guión de una película, ha "ocurrido". El 31 de octubre de 1919, el político norteamericano Martin H. Glynn alertaba en "The Crucifixion of Jews Must Stop!" (!la crucifixión de los judíos debe cesar!), publicado por "The American Hebrew", sobre el "potencial" exterminio alemán de 6 millones de judíos; además, calificaba el "hecho" de "holocausto". No es el único anuncio milagroso ligado al vocablo "holocausto" y a la cifra de víctimas que luego iba a convertirse en "verdad obligatoria" para todos los historiadores que quisieran conservar su plaza funcionarial de profesores universitarios; un dígito, ese "6", se mantiene contra viento y marea a despecho de las aplastantes evidencias de exageración propagandística. Lo cierto es que los alemanes no dejaron morir de hambre a seis millones de judíos después de la Primera Guerra Mundial, como tampoco "devoraron" o cortaron los dedos de niños (bebés) belgas por mucho que las afirmaciones de la propaganda británica adoctrinaran a millones de personas en este sentido. Que después de la Segunda Guerra Mundial los alemanes hicieran lo que se les acusó en falso de hacer después de la Primera, suena poco menos que a cuento incluso para aquellos que, como nosotros, consideramos que la persecución nazi de los judíos y las víctimas judías de Hitler no son tampoco un puro invento. En cualquier caso, los historiadores no parecen tener respuesta frente a tales evidencias de estafa. Prefieren ignorarlas. Este silencio resulta sospechoso y no hará más que alimentar las crecientes dudas de la opinión pública sobre el relato oficial de Auschwitz en un momento en que la credibilidad de las democracias occidentales hace aguas por todas partes. !Va llegando la hora! Se aproxima el tiempo de la Gran Verdad. Cada minuto que pasa, nos aproximamos un poco más a la revelación pública del mayor escándalo de la historia humana. Invito a todas las personas decentes a tomar partido; a poner su granito de arena para sentar en el banquillo de los acusados a los criminales genocidas impunes que en la actualidad, como insectos voraces, pueblan las instituciones públicas del mundo occidental robando, mintiendo y masacrando a víctimas inocentes mientras enarbolan, como patente de corso, la bandera del "antifascismo".


Una simple comprobación en Wikipedia permite verificar que el citado artículo de Glynn no es una treta de "perversos neonazis":


Da la medida, Glynn, de lo que es un politicrastro yanqui. Wikipedia parece incapaz de explicar el caso. Lo único que sugiere esta enciclopedia sionista universal es que las "coincidencias" del artículo de Glynn con el posterior relato oficial del holocausto (un escrito que, insistamos en ello, constituyó una patente denuncia falsa emitida por todo un gobernador del Estado de Nueva York) , han venido siendo explotadas por los negacionistas del genocidio judío:

The Crucifixion of Jews Must Stop! is an article by Glynn that appeared in the October 31, 1919, issue of The American Hebrew lamenting the poor conditions for European Jews after World War I. Glynn referred to these conditions as a potential "holocaust" and asserted that "six million Jewish men and women are starving across the seas". Because of these coincidences, the article has been exploited by Holocaust denial groups.

No se atreve, la mendaz Wikipedia, a dar una explicación lógica que abunde en dichas coincidences ("coincidencias"). Y no lo hace porque no existe ya sea la mera posibilidad de una tal argumentación. Para empezar, la entrada de Wikipedia ni siquiera aclara que las acusaciones de Glynn eran puras patrañas. Se nos presenta al mentiroso Glynn, y al diario que le publicó la fábula, "The American Hebrew", como personas e instituciones dignas de crédito a pesar de haber acusado fraudulentamente a Alemania de perpetrar un genocidio. No importa que Glynn difamara al Estado alemán con una calumnia de semejante calibre. Lo único que subraya Wikipedia es la "explotación" que los holocaust denial groups han hecho de las misteriosas "coincidencias" entre el relato (fraudulento) de Glynn y el relato (presuntamente cierto) del holocausto de 6 millones de judíos a manos del régimen nacionalsocialista.

El derecho a dudar

Antes de continuar quisiera recordar cuál es el destino de los disidentes y de los críticos de la utilización abusiva del mito del Holocausto como arma propagandística. Nada menos que un judío norteamericano, cuyos padres sobrevivieron al gueto de Varsovia, autor del libro, mundialmente famoso, La industria del holocausto:

http://nymag.com/news/intelligencer/41838/

Beached


The Coney Island exile of a scholar who would be Noam Chomsky, but isn’t.

By Ben Harris Published Dec 8, 2007 .

At 54, Norman Finkelstein is pretty much back where he started. This summer, the leftist scholar—who made a name for himself in 2000 with his book The Holocaust Industry, in which he called Jewish leaders a “repellent gang of plutocrats, hoodlums, and hucksters” intent on extorting war reparations from European governments—lost his job as assistant professor of political science at DePaul University. Fortunately, he kept the lease on his late father’s threadbare rent-stabilized apartment, on Ocean Parkway, and there he’s retreated.


“It’s like death,” Finkelstein says. “You keep saying you’re going to die, but you never really come to grips with it. And I can see I’m not going to get another job. I haven’t yet fully absorbed it.”


His days are now spent in solitary scholarly pursuits; his bookshelves buckle under the weight of tomes by Marx, Lenin, and Trotsky. Notes of support from his students sit on a piano; there’s a photo of him and Noam Chomsky (“my closest friend”) bare-chested on the beach at Cape Cod.


He was a Maoist revolutionary in his youth. By his own account, his academic career was bedeviled from the start by his politics: It took him thirteen years to wrest his doctorate from Princeton, since no faculty member would agree to advise him on his thesis, an analysis of Zionism. When he finally did earn the degree, none would write him a recommendation. He went on to take a series of adjunct posts—at Brooklyn College, Hunter, and NYU—rarely earning more than $20,000 a year.


At DePaul, where he arrived six years ago, his situation improved. But the success of The Holocaust Industry, which was translated into over two dozen languages and was a best seller in Germany, raised his profile, and the critics mobilized. Harvard’s Alan Dershowitz waged a fierce campaign against him, preparing a dossier of Finkelstein’s “clearest and most egregious instances of dishonesty.” Still, his department, and the college, recommended him for tenure. But the university’s promotion-and-tenure board voted 4-3 against him, and DePaul’s president refused to overturn the decision.


Afterward, Finkelstein says, he lost seventeen pounds. “People saw me wasting away,” he says. A student group held a hunger strike; Chomsky and others defended him. One of his colleagues made him a mix CD with tracks like “I Will Survive” and “What’s Goin’ On?” “I’m an old fan of the Negro spirituals,” Finkelstein says. “I was going around singing to myself, ‘Were you there when they crucified my Lord? Were you there?’ That’s how I felt. I was being crucified by the end.”


The son of survivors of the Warsaw ghetto and Nazi death camps, Finkelstein was raised in Borough Park and later Mill Basin, where he attended high school a few years behind Chuck Schumer. His parents became atheists after the war.


His new building remains heavily Jewish. A friend of Finkelstein’s father once approached him in the lobby and urged him to tone it down. “Norman,” he told him, “you’re getting older, and all the old-age homes are owned by Jews. If you keep this up, you’re not going to have anywhere to go.”


¿No son las vergonzantes represalias sobre las que incide este artículo un inequívoco indicio de fraude entorno al holocausto? ¿Por qué se persigue, en una "democracia", a académicos judíos con familiares afectados por la persecución nazi, sólo porque han denunciado la exageración, el uso y abuso, la manipulación, etc., de dicho genocidio en provecho de una organización criminal, a saber, el Estado de Israel? ¿Existe realmente libertad de pensamiento en occidente? ¿Podemos cuestionarnos determinadas materias sujetas a opinión y debate sin temor a ser sometidos a ostracismo profesional, muerte civil o incluso algo peor?

Otro testimonio de que la crítica de ciertos dogmas no responde necesariamente a "oscuras intenciones", sino que puede estar motivada por un afán de arrojar luz sobre hechos, ideas y procesos varios, por la voluntad, en una palabra, de reivindicar la verdad, la justicia y la libertad, lo ofrece la figura de James Petras. ¿Escucharía alguien sin sonreír la acusación de que Petras es un neonazi encubierto, un querulante buscapleitos, problemático y conflictivo, que sólo pretende atormentar a los judíos, y así la encarnación del "mal radical", del "fascismo"? Sin embargo, vénse algunas de las tesis sobre el sionismo (y su nefasta influencia en la política de los Estados Unidos de América) de este sociólogo de izquierdas:

http://izquierdanacionaltrabajadores.blogspot.com/2011/12/james-petras-el-sionismo-es-el.html

http://izquierdanacionaltrabajadores.blogspot.com/2011/01/informe-petras-6-9-2010.html

Quisiera puntualizar y aclarar estas cuestiones para que no quede ningún resquicio de duda respecto de cuál es el campo ético y político donde cultivo mi crítica filosófica, sin que ello implique que comparta al cien por cien las posturas de Petras o Finkelstein. Dicho espacio simbólico es el de la izquierda nacional democrática, adversaria del capitalismo financiero, la globalización y el Estado de Israel. Sólo aspiro a subrayar la posibilidad de una filosofía crítica auténtica que apele a la verdad racional, la justicia social y la libertad democrática como valores supremos; a demostrar que no se debería ser necesariamente sospechoso, incluso cuando cuestiónase la historia oficial del fascismo (adulterada para servir a los propósitos de auténticos genocidas), de militar en la extrema derecha. No es menester oponerse a la democracia griega como concepto -todo lo contrario- a efectos de atacar la ideología sionista, es decir, aquella construcción teórica doctrinaria que sustenta la mitología de los criminales que gobiernan el hemisferio occidental desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien, ¿qué pasaría si un fascista dijera la verdad? ¿Dejaría de ser verdad la verdad por la idiosincrasia política del sujeto que la sustenta? ¿A qué tipo de pensamiento pre-ilustrado habría que acudir para refutar un argumento con la coartada de que quien lo proclama "es de extrema derecha"?

!Pero, agárrense, esa "refutación" se utiliza! !Vaya si se utiliza en nuestras "democracias" burguesas pagadas de su racionalidad y la boca siempre repleta a rebosar de imputaciones de irracionalismo contra los "nazis"! Y se la utiliza no con cualquiera. Voy a acreditar lo dicho con el caso de Noam Chomsky, el lingüista más importante del planeta, alguien que, para más inri, es también judío y de izquierdas. También a él le acusan de "nazi" las hordas de sionistas y filosionistas. Célebre y clásico es ya el opúsculo Compañeros del odio: Chomsky y los negadores del holocausto (1985), de Werner Cohn:

http://www.liberalismo.org/articulo/47/14/4/companeros/odio/noam/chomsky/negadores/

http://revista.libertaddigital.com/chomsky-defensor-del-nazismo-1276229172.html

http://espanaisrael.blogspot.com/2011/03/chomsky-defensor-del-nazismo.html

Reproducimos aquí íntegro el infame panfleto de Gorka Etxeberría; que cada cual que juzgue por sí mismo quienes son aquí en realidad los "compañeros del odio":

Para entender la curiosa relación de Chomsky con los neonazis hay que explicar brevemente quién es Robert Faurisson a quien Chomsky ha defendido públicamente hasta el punto de prologar uno de los más insidiosos títulos del profesor francés. Faurisson, fue catedrático de Literatura en Lyon pero fue expulsado por su atroz antisemitismo.



Chomsky en su odio hacia los Estados Unidos e Israel ha llegado a caer en el antisemitismo y en apología de los neonazis. En este artículo comentaremos lo más granado del ensayo de Werner Cohn, Chomsky and the Holocaust Denial, publicado en el libro The Anti-Chomsky Reader en el que explica la relación del famoso lingüista estadounidense con la extrema derecha francesa.


La editorial Institute for Historical Review, una organización neonazi que se dedica a negar la existencia del Holocausto judío, ha publicado varios títulos de Chomsky ya que según ellos, el profesor del MIT, “arroja luz como ningún otro, sobre Israel, el sionismo y la complicidad estadounidense”. Pero este no es el único elogio que le dispensan los neonazis.

Para entender la curiosa relación de Chomsky con los neonazis hay que explicar brevemente quién es Robert Faurisson a quien Chomsky ha defendido públicamente hasta el punto de prologar uno de los más insidiosos títulos del profesor francés.

Faurisson, fue catedrático de Literatura en Lyon pero fue expulsado por su atroz antisemitismo. Este oscuro personaje que califica a la negación del Holocausto de “revisionismo” ha llegado a decir que las cámaras de gas con las que Hitler se quitó de encima millones de judíos, son un mito propiciado por Israel y el sionismo. Entre otras de sus mentiras se encuentra la de que si Hitler actuó contra los judíos fue, en todo caso, porque aquellos querían acabar con él. Como se pueden imaginar el cúmulo de demandas por difamación que acumula este nazi, se cuentan por decenas. A Faurisson le da un poco igual porque parece que cuenta con un prestigioso adalid de su causa.


Según el ayatolá de la izquierda irredenta, hay que defender a Faurisson por mor de la libertad de expresión. Así ha llegado a aseverar que “quien defiende la libertad de expresión no tiene por qué ser especialmente responsable o estar familiarizado con los puntos de vista que defiende”. Evidentemente, este principio de tolerancia tiene un tope, no defender a aquellos que mienten y justifican el asesinato en masa. Lo triste del caso es que Chomsky firmó y promovió un manifiesto en defensa de Faurisson en el que las perlas brillaban por doquier: “el doctor Faurisson ha sido objeto de una cruel campaña de acoso (...)” a pesar de que “desde 1974 ha venido estudiando minuciosamente (sic) el tema del Holocausto”.


Junto con estos detalles que denotan que Chomsky tiene cierta atracción por el totalitarismo, se encuentran otros aún más sorprendentes como el hecho de que el profesor del MIT quisiera que la publicación de uno de sus libros en Francia, The Political economy of Human Rights, corriera a cargo de una editorial de dudoso prestigio, salvo entre los más recalcitrantes antisemitas, La Vieille Taupe. Por si esto fuera poco, podemos añadir que llegó a calificar en un texto titulado “Varios comentarios elementales acerca del derecho a la libertad de expresión”, a Faurisson como “una especie de progresista político”. Este texto acabaría prologando el libro Mémorie en Défense de Faurisson (1980).


Quizá Chomsky tenga una doble faz que le lleve a defender lo indefendible con el aplomo y la vitalidad de un ario (a pesar de ser judío), si no, no se entendería por qué un izquierdista de pro puede asegurar que no aprecia “implicaciones antisemitas en el hecho de negar la existencia de las cámaras de gas o incluso en el de negar el Holocausto. Ni tampoco es una implicación antisemita decir que se está aprovechando el Holocausto (se crea que ocurrió o no) de forma agresiva por parte de apologistas de la violencia y la represión israelíes” para acabar añadiendo que no encuentra “ningún indicio de antisemitismo en el trabajo de Faurisson” (sic).

Probablemente la teoría más acertada de por qué Chomsky es realmente un antisemita como lo fue Marx, es la influencia que la rama del trotskismo, el “Marlenismo” ha ejercido en este personaje. Los Marlenistas según uno de sus primeros miembros, George Spiro, no eran más que un “puñado de antisemitas” tal y como lo recoge Cohn en su ensayo. También Rosa Luxemburgo, Karl Korsch, Paul Mattick y Antón Pannekoek, son autores de culto para Chomsky, curiosamente, algunos de los guías espirituales de los “revisionistas”.

Este es el Chomsky que pocos conocen, un personaje lleno de una ira y odio comparable a la de los neonazis. No obstante, parafraseando a Bugs Bunny, esto no es todo, amigos, porque aún nos queda mucho más que contar de este ídolo de la izquierda, como su apología del genocidio de los jemeres rojos en Camboya o la justificación del atentado del 11 de Septiembre de 2001.

Cartel yanqui de propaganda antialemana
durante la I Guerra Mundial


Algo grave tiene que estar cociéndose en el corazón mismo de las "democracias burguesas" cuando a un científico de la talla de Chomsky, lingüista de reconocida competencia y fama mundial, se le cuestiona su autoridad intelectual para ponderar si Faurisson está estudiando el tema del holocausto de foma minuciosa o no. Chomsky afirma que el trabajo de Faurisson es serio, léase: científico. Ahora bien, conviene subrayar que Faurisson niega la narración "oficial" del holocausto. Por tanto, la conclusión -a la que uno llega sin necesidad de entrar en el fondo material del asunto- es que aquí debe de abrirse, como poco, un legítimo interrogante en torno al tema de marras. El derecho a rechazar el dogma, a dudar, se convierte en una cuestión de principio, de autonomía intelectual e incluso de dignidad personal. Porque el sistema ha colapsado ya hace mucho tiempo en su núcleo ideológico, mas no tanto por la cuestión de si el holocausto existió o no o de si en Auschwitz se mataba a los judíos así o asá, cuanto por los métodos que la oligarquía utiliza para difamar, perseguir, encarcerlar, agredir e incluso asesinar a quienes -cualquiera que sea su perfil político- aborden la materia científica de la historia contemporánea desde planteamientos no ortodoxos.

A continuación reproducimos íntegro en francés el manifiesto de Chomsky en defensa de la libertad de expresión de Robert Faurisson, negacionista del holocausto al que Chomsky, sin embargo, no considera que pueda acusársele de antisemita (ni, por lo tanto, de nazi). Fue publicado como "aviso" en la obra de Faurisson Mémoire en défense (1980):

QUELQUES COMMENTAIRES ÉLÉMENTAIRES SUR LE DROIT A LA LIBERTÉ D'EXPRESSION

Les remarques qui suivent sont tellement banales que je crois devoir demander aux gens raisonnables qui viendraient à les lire de bien vouloir m'excuser. Mais s'il se trouve pourtant quelques bonnes raisons de les mettre noir sur blanc, et je crains que ce soit bien le cas, elles apportent un témoignage sur quelques aspects remarquables de la vie intellectuelle française d'aujourd'hui.


Avant d'en arriver au sujet sur lequel on me demande mon avis, deux mises au point sont nécessaires. Les remarques qui vont suivre se situent à l'intérieur de limites qui sont importantes à deux points de vue. D'abord, je ne traite ici qu'un sujet précis et particulier, à savoir le droit à la libre expression des idées, des conclusions et des croyances. Je ne dirai rien ici des travaux de Robert Faurisson ou de ses critiques, sur lesquels je ne sais pas grand-chose, ou sur les sujets qu'ils traitent, sur lesquels je n'ai pas de lumières particulières. En second lieu, j'aurai quelques commentaires désagréables (mais mérités) à faire à l'égard de certains secteurs de l'intelligentsia française qui ont montré qu'ils n'éprouvaient aucun respect pour les faits ou pour la raison, comme j'ai eu l'occasion de l'apprendre à mes dépens en des circonstances sur lesquelles je ne reviendrai pas. Ce que j'aurai à dire ne s'applique certainement pas à beaucoup d'autres qui continuent sans défaillance à faire preuve d'intégrité intellectuelle. Je n'entrerai pas ici dans le détail. Les tendances dont je parle sont, je crois, assez significatives pour mériter que l'on s'en préoccupe, mais je ne voudrais pas que l'on se méprenne sur mes commentaires et qu'on les applique au-delà du cadre dans lequel je les formule.

On m'a demandé, il y a quelque temps, de signer une pétition pour la défense de la "liberté de parole et d'expression" de Robert Faurisson. La pétition ne disait absolument rien sur le caractère, la qualité ou la validité de ses recherches, mais se cantonnait très explicitement à la défense de droits élémentaires qui sont considérés comme acquis dans les sociétés démocratiques; elle demandait à l'Université et aux autorités de faire tout leur possible pour garantir la sécurité de Faurisson et le libre exercice de ses droits légaux ("do everything possible to ensure Faurissons safety and the free exercice of his legal rights"). Je l'ai signée sans hésitation.

Le fait que j'ai signé cette pétition a soulevé une tempête de protestations en France. Un ancien stalinien, qui a changé d'allégeance mais non de style intellectuel, a publié, dans Le Nouvel Observateur, une version grossièrement falsifiée du contenu de la pétition, au milieu d'un torrent de faussetés qui ne méritent aucun commentaire. J'en suis venu à considérer cela comme normal. J'ai été beaucoup plus surpris de lire dans Esprit (septembre 1980) que Pierre Vidal-Naquet trouve la pétition "scandaleuse", en mentionnant en particulier le fait que je l'avais signée. (Je n'entrerai pas dans la discussion d'un article du directeur de la revue, dans le même numéro, qui ne mérite pas non plus de commentaire, au moins pour ceux qui conservent un respect élémentaire pour la vérité et l'honnêteté.)


Vidal-Naquet ne donne qu'une et une seule raison de trouver la pétition, ainsi que ma signature, "scandaleuse": la pétition, dit-il, présente les conclusions "de Faurisson comme si elles étaient effectivement des découvertes" (p. 52). L'affirmation de Vidal-Naquet est fausse. La pétition disait simplement que Faurisson "avait rendu publiques ses conclusions" ( "Since he began making his findings public "), ce qui est indiscutable, mais qui ne dit ou n'implique rien de précis sur leur valeur, et qui n'implique rien sur leur validité. Il est possible que Vidal-Naquet ait été induit en erreur par une mauvaise compréhension du texte en anglais de la pétition, c'est-à-dire qu'il s'est peut-être mépris sur le sens du terme "findings". Il est assez évident que, si je dis que quelqu'un a présenté ses findings (conclusions), je n'implique absolument rien quant à leur caractère ou leur validité; l'affirmation est parfaitement neutre à cet égard. Je suppose que c'est en effet une simple incompréhension du texte qui a amené Vidal-Naquet à écrire ce qu'il a écrit et que, dans ce cas, il ne manquera pas de retirer publiquement son accusation selon laquelle j'aurais (et d'autres comme moi) fait quelque chose de "scandaleux" en signant une pétition inoffensive sur les droits civiques, dans le genre de celles que nous signons tous très souvent.

Faurisson tras una agresión de los "demócratas"


Je ne m'attaque pas à des personnes. Supposons donc qu'un individu trouve effectivement cette pétition "scandaleuse", non pas à cause d'une question d'interprétation, mais en raison de ce qu'elle dit réellement. Supposons que cet individu trouve les idées de Faurisson choquantes, et même effroyables, et qu'il juge scandaleuse sa façon de faire des recherches. Supposons même qu'il ait raison d'en arriver à ces conclusions - qu'il ait raison ou non est dépourvu de la moindre importance dans ce contexte-ci. Nous devons en conclure que l'individu en question croit que la pétition était scandaleuse parce que Faurisson devrait effectivement être privé du droit normal de s'exprimer, qu'il devrait être chassé de l'Université, qu'il devrait être tracassé et même soumis à des violences physiques, etc. Une telle attitude n'est pas rare. Elle est typique, par exemple, des communistes américains et de leurs homologues d'autres pays. Parmi les gens qui ont appris quelque chose du dix-huitième siècle (voyez Voltaire), il va de soi, sans même qu'on songe à le discuter, que la défense du droit à la libre expression ne se limite pas aux idées que l'on approuve, et que c'est précisément dans le cas des idées que l'on trouve les plus choquantes que ce droit doit être le plus vigoureusement défendu. Soutenir le droit d'exprimer des idées qui sont généralement acceptées est évidemment à peu près dépourvu de signification. Tout cela est parfaitement compris aux Etats-Unis et c'est pourquoi il n'y a rien ici qui ressemble à l'affaire Faurisson. En France, où la tradition des libertés civiles est loin d'être solidement établie et où des tendances profondément totalitaires ont travaillé l'intelligentsia pendant de nombreuses années (la collaboration, la grande influence du léninisme et de ses avatars, l'aspect quasi délirant de la nouvelle droite intellectuelle, etc.), les choses sont apparemment très différentes.


Pour ceux qui s'intéressent à la situation de la culture intellectuelle en France, l'affaire Faurisson n'est pas dépourvue d'intérêt. Deux comparaisons viennent immédiatement à l'esprit. La première est la suivante: j'ai souvent signé des pétitions, qui effectivement allaient très loin, en faveur de dissidents russes dont les points de vue étaient absolument effroyables: partisans de la sauvagerie américaine au moment où elle ravageait l'Indochine, ou de politiques favorables à la guerre nucléaire, ou d'un chauvinisme religieux qui rappelle le Moyen Age. Personne n'a jamais soulevé d'objection. Si quelqu'un l'avait fait, j'aurais regardé cela avec le même mépris que mérite le comportement de ceux qui dénoncent la pétition en faveur des droits civils de Faurisson, et pour les mêmes raisons. Mais lorsque je dis que, quelles que puissent être ses opinions, Faurisson a des droits qui doivent être garantis, on considère cela comme "scandaleux" et on en fait toute une histoire en France. La raison de cette distinction est assez évidente. Dans le cas des dissidents russes, l'Etat (nos Etats) approuve ce soutien, pour des raisons qui lui sont propres, qui n'ont pas grand-chose à voir, inutile de le dire, avec un quelconque souci pour les droits de l'homme. Mais, dans le cas de Faurisson, la défense de ses droits n'est pas une doctrine approuvée officiellement, loin de là, en sorte que des secteurs de l'intelligentsia, qui adorent se mettre en rang et marcher au pas, ne voient nullement le besoin de prendre une position qu'ils acceptent sans réserve quand il s'agit des dissidents soviétiques. Il peut y avoir en France d'autres facteurs: peut-être une culpabilité lancinante à l'égard du comportement honteux de certains sous le régime de Vichy, le manque de protestation contre la guerre française en Indochine, l'impact durable du stalinisme et des doctrines de genre léniniste, le caractère étrange et dadaïste de certains courants de la vie intellectuelle dans la France de l'après-guerre, qui semblent faire du discours rationnel un passe-temps bizarre et inintelligible, le vieil antisémitisme qui explose maintenant avec violence.


Une seconde comparaison vient aussi à l'esprit. Il est rare que je dise du bien de l'intelligentsia dominante aux Etats-Unis, qui ressemble généralement à ses équivalents dans d'autres pays. Il est pourtant très éclairant de comparer les réactions françaises à l'affaire Faurisson et le phénomène identique que nous avons ici. Aux Etats-Unis, Arthur Butz (que l'on peut considérer comme l'équivalent américain de Faurisson) n'a pas été soumis au genre d'attaques impitoyables qu'on a lancées contre Faurisson. Quand les historiens révisionnistes ( "no-holocaust ") ont tenu une large réunion internationale, il y a quelques mois, aux Etats-Unis, il ne s'est rien passé qui aurait ressemblé à l'hystérie qui a entouré en France l'affaire Faurisson. Lorsque le Parti nazi américain appelle à un défilé dans la ville largement juive de Skokie (Illinois), ce qui est manifestement une pure provocation, l'American Civil Liberties Union [l'équivalent de la Ligue des droits de l'homme, N.d.T.] défend le droit de défiler (ce qui rend évidemment furieux le Parti communiste américain). Pour autant que je le sache, il en va de même en Angleterre ou en Australie, pays qui comme les Etats-Unis ont une tradition vivante de défense des libertés. Butz et les autres sont l'objet de critiques et de condamnations (intellectuelles) sévères, mais sans que l'on s'en prenne, à ma connaissance, à leurs libertés. Il n'est nul besoin, dans ces pays, d'une pétition inoffensive comme celle que l'on trouve "scandaleuse" en France, et s'il y avait une telle pétition elle ne serait sûrement pas attaquée, sauf dans des cercles minuscules et insignifiants. La comparaison est éclairante. Il faudrait essayer de la comprendre. On peut, peut-être, tirer argument du fait que le nazisme et l'antisémitisme sont plus menaçants en France. Je pense que c'est vrai mais que c'est justement une répercussion des mêmes facteurs qui ont amené au léninisme de larges secteurs de l'intelligentsia française pendant longtemps, de leur mépris pour les principes élémentaires de la défense des libertés aujourd'hui et du fanatisme avec lequel ils sont prêts maintenant à emboucher les trompettes de la croisade contre le tiers monde. Il y a donc des courants totalitaires profondément inscrits qui émergent sous des apparences variées. Voilà un sujet qui mérite, je crois, encore beaucoup de réflexions.


Je voudrais ajouter une remarque finale au sujet du prétendu "antisémitisme" de Faurisson. Remarquons d'abord que même si Faurisson se trouvait être un antisémite acharné ou un pronazi fanatique - et ce sont des accusations que contenait une correspondance privée qu'il ne serait pas convenable de citer en détail ici - cela n'aurait rigoureusement aucune conséquence sur la légitimité de la défense de ses droits civils. Au contraire, cela rendrait leur défense d'autant plus impérative puisque, encore une fois, et c'est l'évidence depuis des années, depuis des siècles même, c'est précisément le droit d'exprimer librement les idées les plus effroyables qui doit être le plus vigoureusement défendu; il est trop facile de défendre la liberté d'expression de ceux qui n'ont pas besoin d'être défendus. En laissant de côté cette question centrale, on peut se demander si Faurisson est vraiment un antisémite ou un nazi. Comme je l'ai dit, je ne connais pas très bien ses travaux. Mais, d'après ce que j'ai lu, en grande partie à cause de la nature des attaques portées contre lui, je ne vois aucune preuve qui appuierait de telles conclusions. Je ne trouve pas non plus de preuve crédible dans les documents que j'ai lus le concernant, que ce soit dans des textes publiés ou dans des correspondances privées. Pour autant que je puisse en juger, Faurisson est une sorte de libéral relativement apolitique. Pour étayer cette accusation d'antisémitisme, on m'a informé que l'on a le souvenir d'une lettre de Faurisson que certains interprètent comme ayant des implications antisémites, au moment de la guerre d'Algérie. Je suis un peu surpris de voir que des gens sérieux peuvent avancer de telles accusations - même en privé - et les considérer comme suffisantes pour traiter quelqu'un d'antisémite bien connu et de longue date. Je ne vois rien dans les textes publiés qui justifie de telles accusations. Je ne m'étendrai pas plus mais supposons que nous appliquions de telles procédures à d'autres gens, en leur demandant par exemple quelle était leur attitude face à la guerre française en Indochine, ou au stalinisme. Il vaut peut-être mieux s'arrêter là.


Noam Chomsky, Cambridge (U. S. A.), 11 octobre 1980

El cuadro descrito por Chomsky debería ser suficiente para hacer dudar del "dogma sionista" -llamémosle así- a cualquier persona honesta, al "ciudadano desconocido" que, normalmente, quédase satisfecho con las burdas estigmatizaciones mediáticas de que son víctimas los "disidentes occidentales". La gente común debería entender, sin entrar en la materia objeto de discusíón, que una democracia de verdad no puede represaliar profesores y luego denunciar a Rusia por el caso Solzenitsyn. Se trata de una cuestión de sentido común que, insisto, no obliga a tener que pronunciarse sobre los extremos (el presunto holocausto) que estudia el professor Faurisson. Despojado de su plaza universitaria, difamado, agredido, procesado, arruinado económicamente por no compartir un dogma ideológico, todo ello bajo un presunto régimen de libertades, la pregunta sobre la validez de una ideología que debe recurrir a tales métodos para silenciar a Faurisson y, en general, imponerse a sus críticos, antójase perfectamente legítima. Y Chomsky ha dejado claro que la cosa no cambiaría mucho si Faurisson fuera efectivamente "nazi", a pesar de que nada de lo dicho por el historiador revisionista francés acredita, a juicio de Chomsky -un juicio autorizado científicamente- la acusación de antisemitismo. Ahora bien, si "se puede ser negacionista sin incurrir en nazismo (=pecado)" -Chomsky dixit- y quien así argumenta es uno de los intelectuales más prestigiosos de occidente, entonces detéctase ya un conflicto de hondas raíces entre la razón ilustrada y las instituciones democráticas. Estamos asistiendo a un tránsito de la validez a la mera "vigencia" del aparato jurídico y político actual. El poder se apiña a un lado y la inteligencia, poco a poco, a otro. En medio, la crisis de la narración del holocausto, el mito fundacional del sistema oligárquico transnacional, puesto en cuestión y seriamente desacreditado, converge con la crisis económica y de legitimidad del dispositivo de dominación pública erigido por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial.

(continuará)

domingo, octubre 30, 2011

Un catedrático universitario plagió al autor de este blog (3)

Dídac Ramírez Sarrió, Rector de la Universitat de Barcelona.

Mi carta en defensa del Rectorado de la UB

Los derechos de autor en la universidad

El catedrático copión

La Universidad de Barcelona concluye que un profesor plagió trabajos de un alumno, pero el atropello ha prescrito

JORDI CASABELLA 29/10/2011.-Copiar los trabajos de un alumno y atribuírselos como propios constituye, en el ámbito del profesorado funcionario universitario, una "falta grave de desconsideración" que se castiga con la suspensión de funciones del plagiario. Pero si transcurren más de dos años desde la comisión del atropello hasta su descubrimiento, la falta prescribe y se pasa página. Eso es lo que ha ocurrido con José Luis Arce Carrascoso, catedrático de Teoría del Conocimiento de la Universitat de Barcelona (UB), exdirector del departamento de Filosofía Teorética, que en los años 90 copió algunos trabajos de uno de sus estudiantes de doctorado, Jaume Farrerons, sin que este tuviera conocimiento de ello hasta que, una década más tarde, detectó la apropiación de sus textos navegando por internet. El hecho creó un profundo malestar en el autor originario de la autoría del trabajo, por lo que comenzó un proceso para que se le reconociera.

Farrerons, funcionario de prisiones, activista sindical y, en su día, secretario general de Plataforma por Cataluña, de la que se marchó en el 2003, denunció en el 2009 el comportamiento de Arce, al que tuvo como director de una tesis todavía inacabada inspirada en la obra del filósofo alemán Martin Heidegger.

El instructor del expediente abierto al catedrático, el profesor de Derecho Penal Joan Josep Queralt, concluyó, en el 2010, que, a pesar de "la gravedad del comportamiento plagiario del denunciado" cualquier acción imputable al profesor Arce anterior a julio del 2007 resultaba "de imposible persecución por la vía disciplinaria".

La defensa

El catedrático arguyó en su defensa que los trabajos del denunciante se habían basado en "indicaciones y materiales" facilitados por él mismo, unas alegaciones que el instructor consideró inconsistentes. "Cobijarse en que sus explicaciones de cátedra son fruto de su propiedad intelectual no deja de ser una argumentación retórica y vacía de contenido", replicó Queralt. "El objeto de este procedimiento es dilucidar si un profesor puede reproducir per integrum, con levísimas e insignificantes modificaciones, y hacer pasar como propios, trabajos que le han presentado sus alumnos", planteaba a continuación.

Decreto disciplinario

Tras buscar en el decreto de Régimen Disciplinario de los Funcionarios de la Administración del Estado de 1986 una figura que tipificase lo sucedido, el instructor vio que solo se le podía aplicar la comisión de "una grave falta de consideración con los administrados". "Dentro del mundo universitario es difícil ver una muestra más evidente de desconsideración, incluso de atentado a la dignidad de un ciudadano, que el plagio llevado a cabo por un profesor de los trabajos de sus alumnos", añadía sin más dilación.

Con todo, el profesor de Derecho Penal proponía "el archivo del expediente" tras comprobar que el mismo decreto impide castigar una falta disciplinaria de este tipo dos años después de haber sido perpetrada, algo muy discutido en la actualidad debido a que se reconocen las faltas gracias a internet años después. El rector, que aprovechó el escrito para manifestar su voluntad de trabajar por la defensa de los derechos de autor de cualquier creación científica nacida en el seno de la Universidad de Barcelona, se limitó en julio del 2010 a resolver que el proceso había gozado de todas las garantías y que lo que procedía era zanjar el asunto. A Farrerons solo le ha quedado el recurso de dar publicidad a la resolución.

Versión pdf de los tres artículos publicados sobre el tema:


El artículo de El Periódico

Es el más duro con Arce de todos los artículos publicados sobre el tema. Los subrayados en negrita forman parte del original. No hace falta añadir ni aclarar nada, excepto quizá las referencias a mi condición de activista sindical y secretario general de Plataforma per Catalunya hasta el año 2003. En unos momentos en que se trata de buscar cualquier excusa para hacerme expiar el pecado de haber denunciado a un catedrático universitario, mi diabólico perfil político -un "fascista", o sea, la encarnación viviente del "mal absoluto"- condensado en un dato que el resto de los diarios omitieron, dará argumentos a los corporativistas de todo pelaje para justificar que el "atropello" del que habla el periodista no sólo quede impune, sino que además me obligue a pagar el peaje de mi atrevimiento con la renuncia al doctorado por falta de director de tesis. No otra es la situación en la que me encuentro actualmente. Para los que, a pesar de ser investigadores o docentes y hasta filósofos, me condenaron hace ya tiempo (y mucho antes incluso de publicarse los artículos sobre el plagio) a las catacumbas del "fascismo", que se "basaron" en la información obtenida en una rápida visita al Google para decretar mi muerte civil, sólo tengo una respuesta:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2011/08/aclaraciones-terminologicas-que.html

Jamás daré mi brazo a torcer en el tema del antifascismo. Sartre sentenció una vez: "no me apeo, no me apearé nunca: un anticomunista es un perro". Hablaba por su boca el patético antifascista que fuera durante la última etapa de su vida. Si algo demuestra esa frase es que, para el que la emite, se puede sustituir anticomunista por antifascista y el hecho de haberla pronunciado justificaría en todo caso la segunda versión. La experiencia me enseña que demasiados antifascistas son capaces de todo, absolutamente de todo, con una envidiable buena conciencia. En eso se parecen, por desgracia, a demasiados fascistas. A mí, en cambio, me cuesta pronunciar algunas palabras, máxime cuando pienso en las oscuras conexiones entre ciertas cadenas lingüísticas y las bestiales consecuencias que, de alguna manera, las mismas ayudaron a liberar. Hasta hace bien poco todavía, en España te asesinaban (ETA) por ser "fascista" y los manifestantes antifascistas reforzaban el código de los verdugos cada vez que acusaban de "fascistas" a los terroristas en lugar de decir la verdad de una santa vez y reconocer que los etarras, como ellos mismos, habían sido siempre antifascistas bien dispuestos a deshumanizar a sus adversarios, de ahí tales farisaicos escrúpulos a la hora de emplear los adjetivos. Se salvaban, ante todo, a sí mismos (de la autocrítica) y no a las víctimas que presuntamente pretendían amparar con su protesta. Porque, ¿cómo iban a reconocer que dichas víctimas eran "fascistas" sin autocuestionarse ellos inmediatamente en tanto que "antifascistas" y sentar en el banquillo de los acusados a su propia trayectoria vital, intelectual, política y existencial? !Una víctima no puede nunca ser fascista! ¿No? ¿Seguro? !Oh, mentirosos hipócritas, que no cejan en su dogma criminal ni siquiera ante el cadáver del hijo de un Guardia Civil asesinado! !Que han enterrado en su memoria los cadáveres quemados vivos de millones de niños alemanes para no tener que PENSAR! !El propio ego es más importante!

 

El lenguaje antifascista arrastra tanta sangre y horror impunes en su haber, que provoca vergüenza ajena observar cómo determinadas cavidades bucales humanistas farfullan felizmente su autosatisfacción moral y colocan el epíteto letal de "fascista" sobre las personas a las que odian, con las que rivalizan o simplemente disienten, sin ser capaces de recordar, a pesar de su cultura en muchos casos notoria (recuérdese que yo sería aquí un ofensor del gremio de los enseñantes), que la aplicación policial y burocrática de esa misma etiqueta les costó la vida a millones de personas inocentes. Ahora bien, si las palabras son la materia misma de su profesión, ¿no podría exigírseles un poco de rigor terminológico a los llamados "intelectuales progresistas"? He dicho en este blog, y sigo pensando, que la simple y desnuda verdad es ya la única revolución posible en occidente. Por fortuna, dicha verdad es tan espantosa que no puede legitimar el derramamiento de más sangre. En efecto, puesto que no promete paraíso alguno, jamás "fundamentará" un poder como los muchos que conoció el siglo XX y de los cuales el actual -el poder oligárquico sionista transnacional- desciende con todas las marcas y signos de sus terribles orígenes.

Jaume Farrerons
30 de octubre de 2011

Carta en defensa del Rectorado de la UB

Jaume Farrerons (L'Escala). Como ya saben los lectores de EL PERIÓDICO por el reportaje publicado el 30 de octubre, después de haber sido plagiado por un catedrático resulta que el plagiador queda impune y que el "castigado" soy yo, porque tengo que renunciar a la investigación por falta de sustituto en la dirección de la tesis. Sin embargo, conviene aclarar que ninguno de estos hechos es responsabilidad del rectorado, que ha gestionado el tema dentro de los límites de sus competencias. La legislación vigente y el vacío legal en materia de doctorandos sin director por causas ajenas no son obra del rectorado. Tampoco lo es la actitud ambigua de determinados órganos administrativos, aparentemente más preocupados de evitar el escándalo que de hacer justicia. Menos aún tiene la culpa el rectorado del vergonzoso corporativismo de profesores que han hecho piña con el plagiador en lugar de apoyar a la víctima del plagio. Pero eso no es todo. A lo largo de muchos años de trato con las instituciones (soy funcionario de prisiones y sindicalista y, como es mi deber, he denunciado los abusos que se cometen con los internos en los centros penitenciarios de Catalunya) nunca he conocido a personas como la vicerrectora María Teresa Anguera, quien ha actuado con un inhabitual sentido de la ética, mezcla maravillosa de humanidad y dignidad que los políticos deberían adoptar. Agradezco al rector y a dicha vicerrectora su compromiso con la transparencia democrática y la defensa encarnizada de mis intereses legítimos como alumno.

Addenda. En las instituciones encontramos en ocasiones, raras, personas honradas. Lamentablemente, yo puedo recordar muy pocas, tan pocas, que me bastarían y sobrarían los dedos de una mano para contarlas después de 20 años de lucha por la defensa de los derechos humanos en las cárceles catalanas. El carácter personal de la honestidad de esos pocos islotes de decencia pone más en evidencia, si cabe, la corrupción del sistema en su conjunto. Pues incluso ocupando cargos de dirección, dichas personas casi nada pueden hacer ante las inercias de una sociedad, la catalana, construida con el molde del pujolismo, es decir, la variante autóctona de aquello que en otros lugares se denomina simplemente corrupción, mafia, manipulación, fraude y robo. El sistema oligárquico que se erige sobre tales pautas de conducta domina, bajo otros nombres, el entero hemisferio occidental; los rasgos locales son puramente folclóricos o suponen ligeros matices que ahora, en aquello que atañe a lo propio de Cataluña, no vienen al caso. Sin embargo, existen unos imperativos no escritos que valen dondequiera que, en occidente, un hombre quiera decir la verdad y esta verdad moleste a los poderosos. Sea como fuere, en semejante contexto oligárquico, no se puede a priori ser "fascista" y víctima. "Fascista" es la etiqueta adherida en la frente de aquel que podrá ser pisoteado y hasta asesinado con total impunidad porque "se lo merece". De ahí que a los etarras, antifascistas de pro, se les haya acogido sin pestañear como miembros de la gran familia biempensante con la excusa de que ya han dejado de matar. Cuando se les gritaba en la cara "!fascistas!" la cosa no iba en serio, de lo contrario no hubiera habido nunca perdón. Es más: al "fascista", y hablo ahora por experiencia personal como funcionario de prisiones, aunque no haya matado a nadie, se le prohibirá incluso la encomiable vocación -y el deber, en mi caso- de amparar los derechos humanos de los reclusos porque "no es la persona adecuada" (García Clavel dixit) para semejantes "tareas", en el fondo pura propaganda. ¿Cómo, en efecto, se podría consentir que un "fascista" -o sea, por lo que a mí respecta, alguien que tuvo "tratos" con Ramón Bau, alguien, pues, "contaminado" tras su contacto directo con el "mal"- denuncie por torturas a las excelsas autoridades "democráticas" de Cataluña? ¿No rompería este lance imprevisto el guión establecido por Hollywood, cuyo riguroso reparto de papeles excluye determinadas posibilidades (como la del fascista Perlasca, salvador de judíos)? Mejor así que las torturas las denuncie un terrorista marxista-leninista con pedigrí "de izquierdas" y decenas de asesinatos a sus espaldas. De suerte que, habiendo "abandonado la violencia", y pese a las condenas penales, todo un universo de legitimidades sociales de abre ante los etarras. Pertenecen al sistema oligárquico, aunque sea como ovejas descarriadas del redil "políticamente correcto". Son, a pesar del millar de vidas cercenadas por ellos, "recuperables" para el antifascismo. Nosotros, limpios de todo delito, desbordantes de buena fe y celo en nuestra profesión y estudios, no tenemos, en cambio, derecho ni siquiera a que se nos reconozca el desfavorable rol de víctimas. El gremio de los docentes universitarios, mayormente antifascista, ha decidido que nunca nos doctoraremos por el imperdonable motivo de haber denunciado a un "compañero" corporativo; siendo además, por si fuera poco, notorios "fascistas". Nada podrá hacer el Rectorado de la UB por modificar esta realidad sistémica. Y, sin embargo, contra viento y marea, me consta que lo siguen intentando... ¿Qué puedo decir? Nunca colocaré la ideología por encima de la dignidad personal ni juzgaré moralmente a nadie por su adscripción política. Cada cual es -a título individual- lo que efectivamente "hace" y nada más. Aquello que a la postre queda es la eticidad. Gracias, pues, a esas personas que se comportaron como tales. Con su ejemplo, refuerzan aquello en lo que siempre he creído y por lo que he luchado: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.

sábado, octubre 29, 2011

Un catedrático universitario plagió al autor de este blog (2)

Jaume Farrerons, alumno de doctorado de la UB y autor de esta bitácora. Un perverso "fascista" que denunció al angélico profesor Arce.

Plagio en la Universitat de Barcelona

El instructor Joan Josep Queralt considera que el director de tesis copió cuatro artículos sobre Heidegger a su alumno

29/10/2011 - 01:04 h. Josep Playà. Barcelona. Un caso de plagio intelectual en la facultad de Filosofía de la Universitat de Barcelona (UB) ha tardado 16 años en resolverse. Y al final, aunque el instructor del expediente disciplinario ha dado la razón al estudiante de doctorado Jaume Farrerons, que denunció a su director de tesis el profesor José Luis Arce, el rector Dídac Ramírez ha cerrado el caso porque ha prescrito la infracción.

La denuncia se remonta al 30 de noviembre del 2009 cuando Jaume Farrerons Sánchez, estudiante de doctorado de la UB, se dirige a la vicerrectora de Política Científica para denunciar que el catedrático José Luis Arce Carrascoso, que es también su director de tesis, le ha plagiado cuatro trabajos que realizó durante los cursos de posgrado. Arce reconoció que había copiado trabajos de Farrerons, si bien alegó que dichos trabajos se habían elaborado a partir de orientaciones, materiales y directrices suyas. El rector decide el 12 de enero del 2010 incoar expediente disciplinario contra el profesor y nombra como instructora a la profesora M. Jesús Montoro. Un mes después, ante su renuncia, designa para sustituirla al catedrático del Derecho Penal Joan Josep Queralt.

El 18 de marzo Jaume Farrerons denuncia ante Queralt hasta cuatro plagios textuales de trabajos suyos sobre Heidegger, algunos de los cuales se remontan a mediados de los años 90, cuando realizó un posgrado, aunque no lo descubre hasta el año 2007. Farrerons había presentado en 1995 un trabajo titulado "De la desposesión a la religación" y la revista Convivium. Revista de Filosofía publica ocho años después un texto casi similar pero con el título "La 'experiencia de la facticidad' en Heidegger frente a 'la impresión de la realidad' de Zubiri" y firmado por el profesor Arce. A partir de ese momento empieza a rastrear en internet y descubre que su trabajo Filosofía e ideología en la interpretación habermasiana de Heidegger, presentado en 1994, forma parte diez años después de una publicación científica de la Universidad de Zaragoza, con el mismo título y firmado por Arce. Y lo mismo sucede con otros dos trabajos suyos.

En su comparecencia ante el instructor, Arce argumentó que "estos trabajos coinciden plenamente con las clases dictadas durante los cursos académicos" y considera que los guiones, esquemas y explicaciones constituyen material de cátedra y, por tanto, son de su propiedad intelectual. Es más, argumenta que "no existe ningún derecho de autor en relación con los referidos trabajos de facultad, en la medida en que no hay ningún conocimiento original, creativo o específico, susceptible de apropiación". Farrerons lo niega e incluso asegura que uno de los trabajos parte de apuntes de otro profesor.

En la resolución del expediente, de fecha 28 de junio del 2010, el catedrático Joan Josep Queralt considera que "la identidad textual y de conclusiones entre los manuscritos presentados por el Sr. Farrerons –autoría que acepta el Dr. Arce (...)– y los trabajos publicados por este último es patente, incluso para un no filósofo ni metafísico como es el instructor firmante". Y añade: "Las publicaciones del Dr. Arce son algo más que unos trabajos basados en un trabajo de otro: son, además de traducciones de dos de los manuscritos, simples adaptaciones más pulidas que los trabajos originales pero sin ningún valor esencial añadido, especialmente en lo referido a contenido y conclusiones". Queralt añade que el Dr. Arce no aporta los supuestos materiales originales de sus clases. Pese a todo ello, el instructor señala que de acuerdo con la normativa vigente, dicho comportamiento plagiario solo puede considerarse una "infracción grave" hacia el administrado, dada la relación de profesor-alumno. Y al mismo tiempo precisa que dado que han transcurrido más de dos años, dicha falta grave ha prescrito y por lo tanto debe archivarse. Aun así, dice que "procedería" que dicho profesor "manifestase públicamente haberse apropiado de los cuatro trabajos referidos", o que así lo hiciese la UB, e insta a los cuatro editores a la correspondiente rectificación. El doctor Arce asegura que no está de acuerdo con el contenido de dicha resolución, pero que no la recurrió porque se archivó la denuncia.

La secuela principal de todo ello es que Farrerons se quedó sin director de tesis y que nadie ha querido desde entonces asumir su investigación. Lo intentó incluso con un profesor argentino, pero tras haber aceptado optó por retirarse. La vicerrectora de la UB Maria Teresa Anguera lo lamenta: "Se ha producido un plagio y las consecuencias las está sufriendo el alumno. Farrerons tiene derecho a tener un director de tesis y un tribunal que lo juzgue y la universidad hará lo posible para que así suceda".

http://www.lavanguardia.com/vida/20111029/54237322879/plagio-en-la-universitat-de-barcelona.html

Muerte de Sócrates

Aclaraciones entorno al artículo de La Vanguardia

No he afirmado nunca, porque no sería verdad, que mis trabajos de postgrado se inspirasen en apuntes de otro profesor, como escribe el periodista, seguramente como consecuencia de un malentendido; dije y mantengo que los dos trabajos más reivindicados como "apuntes de clase" por Arce iban destinados a otros docentes (en concreto a Margarita Boladeras y Andrés Sánchez Pascual); por tanto, difícilmente podían haber sido copias literales de las lecciones de Arce en el aula (lecciones a las que nunca asistí, pues había acordado con él, por cuestiones de tiempo, la presentación de un trabajo a final de curso). También ironicé que si dichos trabajos dependieran de la inspiración de algun profesor, no sería precisamente de José Luis Arce Carrascoso, quien filosóficamente hablando nunca me aportó absolutamente nada, excepción hecha de algunas observaciones gramaticales (por cierto, incorrectas). Púdose en este punto producir, tal vez, la interpretación errónea del periodista: que los esquemas no eran de Arce, sino, por ejemplo, de la Dra. Boladeras. Pero la simple lectura del texto correspondiente, una crítica corrosiva de la interpretación habermasiana de Heidegger, convierte en algo harto improbable que la Dra. Boladeras, discípula de Habermas, pudiera haber promovido dicho enfoque con indicaciones o referencias de cualquier tipo.  Por lo demás, ningún profesor de la UB habría sido capaz de sugerirme que Heidegger es, sin duda, un autor "fascista", pero que, en tal caso, tendremos que ir revisando ciertas nociones hollywoodienses de uso común a propósito del "fascismo". Esta afirmación, que yo sepa, sólo la ha hecho Emanuele Severino y no tuve noticia de ella hasta hace bien poco leyendo un libro de Farías.

Tampoco se correspondían, como ya he adelantado, los textos plagiados con la temática habitualmente impartida por Arce. Por ejemplo, el artículo sobre "Filosofía e ideología en la interpretación habermasiana de Heidegger" es un texto de filosofía política, pero Arce es catedrático en teoría del conocimiento y no tiene publicado, antes de fusilar mi investigación, trabajo alguno sobre materias filosófico-políticas. Arce me envió e-mails y notas -que quizá conservo- en las que me proponía eliminar de la tesis doctoral todo elemento político, ajeno a sus intereses docentes y científicos. ¿Cómo pudo entonces concebir el ensayo "Filosofía e ideología en la interpretación habermasiana de Heidegger"? Milagro. El instructor detectó el fraude y le reclamó a Arce los pretendidos materiales y orientaciones en los que yo, que llevo 30 años estudiando la filosofía de Heidegger y singularmente sus cuestionadas conexiones políticas -como cientos de personas podrían atestiguar- me habría presuntamente inspirado y basado para... ¿Para qué? Pues para copiar literalmente, palabra por palabra, las clases de este señor. Le presenté al instructor escritos de licenciatura y hasta artículos publicados por mí en revistas universitarias y antisistema que anticipaban, con décadas antelación, algunas de las cuestiones que plantee en el posgrado de forma más elaborada. !Acredité incluso carteles de la asociación cultural ENSPO que colgamos en plena calle en el año 1985! Arce no ha podido presentar ni una sola pieza de convicción documental susceptible de avalar sus pretensiones de propiedad intelectual.

El rectorado de la universidad reconoció la verdad, bien patente a los ojos de cualquier observador objetivo; en cambio, un catedrático de teoría del conocimiento defraudó a la institución en beneficio propio, a pesar de que su profesión consistía en determinar las condiciones que hacen posible establecer una distinción "segura" entre lo verdadero y lo falso, transmitiéndola a sus alumnos. ¿No implica la tarea universitaria y científica, como poco, una muy concreta Haltung (actitud) "moral", a saber, el rechazo de la mentira? Ahora bien, al parecer, para ciertos profesores de filosofía el ego es más importante que la verdad a la que debieran servir. Determinados docentes de filosofía no son, a mi entender, filósofos, sino empleados que viven "de" (y no "para") la filosofía. La ética de la verdad (la disposición verista a allanar la propia subjetividad ante el angustioso requerimiento del ser) precede a la verdad misma. El hombre es el "lugar" transcendental en el que la verdad puede surgir, aparecer, brotar (phýsis). En cuanto tal, el ser humano es Dasein (ahí del ser). No otra cosa significa el famoso término técnico del vocabulario heideggeriano: frente al homo sapiens como especie biológica, los "mortales" en tanto que topos (da) donde la verdad (sein) hace acto de presencia.

Este hecho resume en una sencilla fórmula la definición misma del fracaso moral de la modernidad occidental. Más habitual que la extraodinaria honestidad del Rector y de la Vicerrectora de Política Docente es, en nuestra "sociedad de consumo", el cálculo racional-instrumental de quien subordina la verdad a los "intereses" de la subjetividad. El comercio, que lo domina todo, también la política y la cultura, consiste en eso: mentir sistemáticamente al objeto de obtener un provecho (o evitar un perjuicio). Una sociedad moderna no puede subsistir en estas condiciones; a la postre, la defensa de los "intereses" de "sujeto" atenta contra el interés más básico: la simple supervivencia de la comunidad, ligada inexorablemente a la ciencia, la ilustración y la democracia. El precio que se paga por el sacrificio de la diosa Alétheia, sobre todo allí donde debería ser honrada con celo casi sacerdotal, es la "crisis" que estamos padeciendo en Europa como consecuencia del predominio de ciertos patrones de conducta.

Jaume Farrerons
29 de octubre de 2011

viernes, octubre 28, 2011

Un catedrático universitario plagió al autor de este blog (1)

José Luis Arce Carrascoso, catedrático de Teoría del Conocimiento de la Universidad de Barcelona.
Hombre muy inteligente y una gran persona.

Un catedrático de la UB plagió trabajos sobre Heidegger de uno de sus alumnos

La universidad abrió un expediente que constata la copia, pero lo archivó por haber prescrito


JANOT GUIL / BARCELONA. Día 28/10/2011 - 11.39h. Retengan este título de un proyecto de tesis sobre el filósofo alemán Martin Heidegger, «Verdad y muerte», escrita por Jaume Farrerons, un funcionario de prisiones catalán que combina su duro trabajo con el amor por el pensamiento. Apunta a tesis inédita, aunque su autor tiene el «prestigio» de haber sido copiado por el catedrático que se la dirigió.


Farrerons denunció en 2009 que su director de tesis le plagió escritos anteriores que iban a servir de urdimbre para su trabajo de doctorado. La universidad, la de Barcelona, (UB), le dio la razón. A finales de 2009, abrió un expediente disciplinario al profesor, José Luis Arce Carrascoso, ahora jubilado pero cuando los hechos catedrático de Teoría del Conocimiento de la Universidad de Barcelona (UB). Y constató la copia. Pero lo archivó porque el plagio había prescrito. Después de que ninguna parte la recurriera, la resolución adquirió firmeza la pasada primavera, aunque la UB aún no ha atendido el ruego de Farrerons para que lo haga público.


Según explicó Farrerons a ABC, y así consta en el pliego de cargos elaborado por el instructor del expediente y en la resolución, en septiembre de 2009 el alumno denunció ante la UB que su director de tesis, Arce Carrascoso, había plagiado hasta cuatro —«que yo sepa»— de los trabajos que Farrerons había realizado durante los años 93 y 94, para el propio Arce y para otros profesores, para obtener el certificado de suficiencia investigadora. El problema es que se dio cuenta muy tarde del plagio, de ahí que haya prescrito en el ámbito disciplinario universitario (el límite es dos años) en la jurisdicción penal (son 5 años) y probablemente en la civil (5 años), aunque sobre esto no hay consenso en la jurisprudencia y quizás se agarre ahí Farrerons para reclamar daños morales y económicos.


El alumno se dio cuenta del plagio mientras buscaba documentanción en Internet para la tesis.«Hallé artículos firmados por Arce en los que había párrafos enteros de mis trabajos», explica. «Podemos considerar el lenguaje como un necesario punto de partida que nos permite...», decía Arce en «su» artículo «Filosofía e ideología en la interpretación habermasiana de Heidegger», publicado en 2004. Y en el trabajo de título exacto que Farrerons hizo en 1994 se lee lo mismo, salvo leves cambios de estilo.


Para evitar que en un futuro le acusaran a él de plagiador, Farrerons empezó a citar en su tesis sus propios trabajos. «Pero Arce me dijo que no debía autocitarme», recuerda. Lo que le convenció de pasar al ataque.


Ante las autoridades universitarias, Arce reconoció que había trabajado con materiales de Farrerons. Sin embargo, como también declaró a ABC, alegó que lo suyo «no era un plagio, porque los trabajos de Farrerons son trabajos de curso que hizo basándose en esquemas,materiales e indicaciones que yo le di». Aunque algunos eran para otros profesores.


«Le ofrecí una solución: publicar los trabajos con la firma de ambos, pero no quiso», explica Farrerons, que ahora ve difícil proseguir con su tesis . «Ningún catedrático quiere dirigírmela. Para evitarse problemas con Arce, que tiene influencias...»


Aclaraciones preliminares

De momento me limitaré a reproducir los artículos de prensa y otros documentos periodísticos sobre el tema, pero conviene añadir que lo publicado dista mucho de agotar el relato de los hechos, que culmina en Argentina con las dudosas actuaciones del Dr. Alberto Buela Lamas y en la actualidad sigue su curso. Iremos abundando aquí en aquello que los diarios, por una cuestión de espacio o el motivo que sea, no han dicho pero se puede acreditar cotejando los documentos del expediente disciplinario. Arce ha insistido ante la prensa que los trabajos plagiados son en realidad apuntes de clase y, por lo tanto, me acusa públicamente de apropiarme de sus ideas. Tengo derecho a defenderme de esta falsedad.

Por otra parte, extraeremos de este caso algunas algunas conclusiones sobre la situación de la universidad, la figura del intelectual en un mundo dominado por el comercio (también de las ideas) y, en fin, sobre todos aquellos temas que interesan a este blog.

El artículo de ABC

Sobre el artículo de ABC, me veo obligado a detallar algunos aspectos que, por falta de espacio, el periodista no pudo reflejar en su artículo.

Arce alegó que los trabajos plagiados eran apuntes suyos de clase, pero, en realidad, los dos textos que pone como ejemplo no iban destinados a él, sino a otros profesores. Lo dicho queda insinuado -pero poco claro- en el artículo de ABC: "algunos eran para otros profesores". Además, Arce, durante la instrucción del expediente, dió tres versiones diferentes sobre el motivo de la coincidencia, palabra por palabra, frase por frase y parágrafo por parágrafo a lo largo de centenares de páginas, entre los artículos por él publicados y mis trabajos de posgrado. Fábulas exoneratorias que son incoherentes (si aceptamos una, hemos de rechazar la otra) y que Arce va adoptando de manera sucesiva a medida que la anterior queda refutada por mis fulminantes alegaciones a sus escritos de descargo. Arce improvisa y se contradice, como demostraré con todo lujo de detalles.

Por ejemplo, el trabajo "Filosofía e ideología en la interpretación habermasiana de Heidegger" fue presentado por mí a la profesora Dra. Margarita Boladeras para la asignatura "Ètica, política i dret en Habermas". Dificilmente podrían ser apuntes de las clases de Arce unos trabajos que pertenecían a una materia de otro docente y que, ya sólo por el título, se ve que se corresponde con los temas de la asignatura citada. He demostrado documentalmente la existencia de dicha asignatura y la concordancia entre las cuestiones abordadas por mi trabajo y el programa de estudio previsto por aquélla. A la inversa, los temas y título de la asignatura efectivamente impartida por Arce no encajan con el contenido del texto plagiado.

Por otro lado, Arce no ha podido presentar ni uno sólo de los materiales y esquemas en los que supuestamente se basaba mi investigación, algo que el instructor del expediente le reprocha de forma categórica. Sostiene Arce que los ha perdido. Si aceptáramos este tipo de "pruebas" de descargo, Arce podría apropiarse del esfuerzo de cualquier persona que hubiera pasado por sus clases "acreditando" la "propiedad" con la excusa de que se trata de material de cátedra ulteriormente extraviado.

Tampoco explica Arce cómo es posible calificara con "excelente" un trabajo que era una simple reproducción literal de sus palabras en clase, cuando en el postgrado del Diploma de Estudios Avanzados o su equivalente la aptutud del alumno se valora en términos de capacidad de suficiencia investigadora. Poca investigación podía justificarse con la presentación de unos meros apuntes. ¿Por qué los calificó Arce con la nota máxima? Arce ha sido incapaz de construir una coartada coherente, su defensa hace aguas por todos lados y la simple lectura de sus escritos sorprende por su pobrísima capacidad de argumentación. En fin, además de las evidencias materiales del caso, un somero examen y comparación de lo alegado por Arce con la denuncia razonada del abajo firmante durante la tramitacíón del expediente, basta para convencer a cualquiera de que Arce agumenta de manera pésima. Uno ya intuye, por indicios de este tipo, que Arce no pudo haber ideado jamás los trabajos que publicó como suyos.

Ninguno de los artículos periodísticos, los cuales iremos colgando sucesivamente en este blog, subraya que el alumno presentó al instructor para peritaje trabajos de licenciatura y otros documentos, de autoría verificable en el tiempo, que anticipaban las ideas de los trabajos plagiados. En suma, sería cierto que el doctorando se basó en esquemas y orientaciones previas, pero en las suyas propias. Por ejemplo, la cuestión de la cultura trágica. ¿Cuántos años hacía el abajo firmante que trataba esa cuestión incluso públicamente en el ámbito político? ¿Escribió algo Arce sobre cultura trágica antes de publicar los textos que le plagió a Farrerons? ¿Puede alguien creer que Jaume Farrerons necesitó los guiones temáticos de Arce para vincular el fascismo, la cultura trágica, el concepto de heroicidad, etc? En definitiva, la versión de Arce es una fábula. Pero, pese a todo, quiere sostenerla incluso públicamente. No me queda más remedio que refutarla, también públicamente, a menos que se retracte.
Jaume Farrerons
28 de octubre de 2011