en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados

viernes, enero 02, 2009

La verdad de la muerte

 
 
 
No hay en verdad cosa más difícil que la muerte (...) Siendo la muerte el mayor de los males, es el mayor ejemplo de paciencia sufrirla sin turbación del espíritu. (...) En consideración a esto, dice el Apóstol, hablando de la pasión de Cristo, en su Epístola segunda a los hebreos: "para destruir por su muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo" (Santo Tomás de Aquino).

¿Qué poderes le han sido otorgados a la filosofía para subvertir el actual orden de cosas? No otra cuestión plantean algunos lectores al preguntarse por la utilidad de un pensamiento filosófico cada vez más devaluado tras décadas de consentimiento ideológico y político. Ahora bien, la afirmación fundamental de la filosofía contemporánea, aquélla con que culmina la obra de Heidegger, Ser y tiempo (1927), entraña una potencialidad revolucionaria: "la muerte (es) la verdad de la existencia". Como fuga ante esta verdad radical, la arjé o principio absoluto largo tiempo buscado pero que ya identificaran los trágicos griegos, surge con Sócrates la filosofía occidental, de manera que la recuperación del decir heraclitiano ("muerte es cuanto vemos despiertos", Heráclito, fragmento B 21) después de dos mil quinientos años, representa en realidad la consumación y el final del proyecto filosófico. El filósofo Theodor W. Adorno es plenamente consciente de ello: "De ser la muerte el absoluto, que en vano invocó positivamente la filosofía, todo sería simplemente nada, comenzando por el pensamiento, imposible pensar nada con verdad" (Dialéctica Negativa). Por supuesto, Adorno no nos explica cómo es posible que el "nazi" Heidegger afirmara exactamente lo contrario y, a diferencia de él, explicara el porqué.

Nietzsche es el lugar donde se produce semejante acontecimiento -la única subversión radical posible de la cultura judeocristiana- y la consecuencia inmediata del nietzscheísmo rápidamente difundido por Europa será el fascismo, la Segunda Guerra Mundial, el holocausto, Hiroshima, Dresden, la Nakba, el exterminio de millones de personas acusadas de fascistas (gulag) y la restauración, manu militari a la par que intelectualmente fraudulenta, de las éticas hedonistas y eudemonistas del sentido común, que constituyen el núcleo moral del NOM (Nuevo Orden Mundial) salido de Yalta: "--¿sería la bienaventuranza, -o, dicho más técnicamente, el placer- alguna vez una prueba de la verdad? Lo es tan poco, que casi aporta la prueba de lo contrario, y en todo caso induce a la máxima suspicacia acerca de "la verdad" cuando en la pregunta "¿qué es verdadero?" hablan también sentimientos de placer. La prueba del "placer" es una prueba de "placer", --nada más: ¿en base a qué, por vida mía, estaría establecido que precisamente los juicios verdaderos producen más gusto que los falsos y que, de acuerdo con una armonía preestablecida, traen consigo necesariamente sentimientos agradables? ---La experiencia de todos los espíritus rigurosos, de todos los espíritus de índole profunda enseña lo contrario. Con lucha ha habido que conquistar todo avance de la verdad, a cambio de él ha habido que entregar casi todo lo demás a que se adhieren el corazón, nuestro amor, nuestra confianza en la vida. --Para ello se requiere grandeza de alma: el servicio a la verdad es el más duro de los servicios. ---Pues, ¿qué significa ser honesto con las cosas del espíritu? !Ser riguroso con el propio corazón, despreciar los "bellos sentimientos", hacer de cada sí y de cada no un acto de conciencia! ---La fe hace bienaventurados a los hombres: por consiguiente, miente." (Friedrich Nietzsche).

Pero ese dispositivo de dominación que emerge en la posguerra y se mantiene hasta hoy sin cambios sustanciales incluso tras el hundimiento del comunismo es, de hecho, el viejo orden, es decir, el de la moral judeocristiana y burguesa secularizada, que debe sostenerse políticamente mediante la fuerza, la propaganda, el lavado de cerebro mediático y la amenaza penal apoyada en una mitología neorreligiosa, con los fascistas como demonios, "el Holocausto" (Finkelstein) cual infierno y la extrema derecha sionista, otra forma de racismo, milagrosamente erigida en víctima espiritual, sacerdotisa planetaria, por Yahvé electa, para guiar a la humanidad hacia el soñado Sion de un reino de Dios hebreo. Profecía ésta permanentemente postulada en diferentes fórmulas seculares (modo de producción comunista, sociedad de consumo socialdemócrata, subcultura de la transgresión, mercado mundial) pero nunca realizada -su esencia no puede ser otra que la huidiza, esperanzada y permanente postergación- como no sea en tanto que fuente legitimadora de toda serie de crímenes de lesa humanidad (que inaugúranse en la posguerra con la Nakba y el genocidio de Prusia).

Ahora que empieza el siglo XXI y con él el tercer milenio a contar desde el nacimiento de la gran mentira cristiana (nuestro sistema cronológico) hecha humán, el Cristo, conviene subrayar que la modernidad aparece ya, sí, obsoleta, pero esta situación, la única relevante, sólo podemos conocerla y experimentarla a través de la filosofía. Todo apesta en Europa a caduco: el mundo de la felicidad y el consumismo, la música, la cultura del amor, el repetitivo sonsonete "antifascista", la alegría forzada, el patético afán oficializado y hasta subvencionado de ejercer la transgresión; esta sociedad del orgasmo compulsivo, de la droga, del poder desnudo, cínico, brutal, tremendamente insatisfecha, pero en todo caso indigna, se aburre en su artificial cielo de plástico. Demanda a gritos la demolición espiritual de sus dogmas y nosotros, sus enemigos estructurales, sus adversarios metafísicos, hemos de dar espiritualmente buena cuenta de ella: "el 'bienestar general' no es un ideal, ni una meta, ni un concepto aprehensible de algún modo, sino únicamente un vomitivo" (F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal). El gran peligro, de no arrancar la raíz, es que otra versión del paraíso surgida de idéntica cepa vírica que el cristianismo, es decir, de Yahvé, ocupe su lugar, de manera debemos pelear en dos frentes en una lucha titánica a fin de impedirlo: ya no contra la izquierda y la derecha, sino contra la oligarquía sionista (interior) y la yihad islámica (exterior). Es la eterna lucha griega de la razón contra la religión, de Sócrates versus Abraham.

Mientras tanto, la verdad sigue ahí, esperando pacientemente a sus pacíficos militantes, rigurosamente uniformados de negro: muerte no es asesinato, ha proclamado aquélla. El "ser para la muerte" elige heroicamente su propia muerte, nunca la de los demás. El asesino, en cambio, apuesta por su vida en tanto que niega la muerte: "las heridas, para los otros". La cristianísima aspiración a la vida eterna es sólo la sublimación de ese afán zoológico elemental, inseparable de la violencia. Quizá, y tanto mejor, la hora esté más cerca de lo que creen quienes gobiernan manipulando a las masas adocenadas del fornicadero socioliberal en crisis: no seremos nosotros ahora los profetas y no nos ensuciaremos las manos en el dudoso negocio de anticipar la fecha del apocalipsis. Mas precisamente, si existe una tarea con mayúsculas, corresponde al pensamiento filosófico y no puede ser otra que ésta: fundamentar la racionalidad de la muerte, la necesidad de la muerte, la exigencia de la muerte, el desideratum de la muerte. Ésta es la clave de bóveda que hay que atacar, el escándalo que pone en evidencia al enemigo, el baluarte ético que el sionista racista y delirante no puede comprar, la ciudad que -con sus habitantes dentro- el aviador angloamericano no puede quemar, el fascista al que el bolchevique -en nombre de la esperanza- no puede ejecutar.

Un quehacer filosófico no banal, a mi juicio, y que responde a la pregunta de quienes me han interpelado y me reclaman el paraqué de la filosofía crítica. Les respondo: nada menos que para saber dónde estamos nosotros mismos, para entender qué significa que nosotros somos los mortales, para comprender (verstehen) quiénes son los humanes, por qué Heidegger dijo no al humanismo, qué significa el Übermensch (el ultrahombre, que algunos traducen como superhombre -y leen superman mientras babean-), qué sea aquéllo que debemos asumir como quehacer existencial de toda una vida a efectos de que el sentido merecedor de auténtico respeto, lo sagrado, vuelva a existir sobre la tierra. Nada menos que la revolución moral, la descristianización radical de nuestro solar histórico y la consumación del proceso democrático y científico de racionalización occidental emprendido en Grecia.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica
2 de enero de 2009
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4 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Vaya lío! En serio, mantengo tu link porque me parece muy interesante este blog, no por agradecimiento. (lo borré sin querer después de hacer unos cambios generales al blog). De todas formas mi bitácora está inactiva desde hace algún tiempo.

Saludos de Falcata Hispánica.

El Hidalgo dijo...

Saludos Disidentes desde Argentina!
Estoy armando una red de blogs de cultura disidente y antisistema.
Me encantaria adherir algunos de los suyos.
Un saludo!
www.culturantipodas.blogspot.com

Anónimo dijo...

Hola, voy a colgar un link a su blog en nuestra página, saludos.

Anónimo dijo...

Muchas gracias. En cuanto disponga de tiempo me registraré en La comunidad del diálogo.

Falcata