La experiencia que ha supuesto para mí este blog (por no hablar de otros dolorosos episodios de índole privada) me fuerza a realizar una serie de aclaraciones terminológicas que son fundamentales para entender el mensaje que intento transmitir. Cuando utilizo la palabra fascismo, harto abundante en mis escritos, el sentido de éstos depende del significado que se le dé a dicho término clave. Algunos no lo han entendido y esta confusión o ambigüedad provoca interpretaciones erróneas. Yo jamás he defendido el "fascismo" como movimiento político de extrema derecha, con sus inevitables connotaciones racistas y antisemitas. Desde el inicio de mi "carrera" como ciudadano que adopta públicamente una serie de posiciones ideológicas, políticas y filosóficas, he sido muy claro. Como testimonio de mi actividad "social" temprana, todo lo insignificante que se quiera pero unívoca en este aspecto, me remito al DICCIONARI DELS PARTITS POLÍTICS DE CATALUNYA. SEGLE XX, libro publicado por la ENCICLOPEDIA CATALANA y firmado por Isidre Molas y Joan B. Culla. La obra viene avalada nada menos que por Institut de Ciències Polítiques i Socials y fue editado en Barcelona en marzo de 2000. Si abrimos la página 65 del volumen leemos lo siguiente (traduzco directamente del catalán al castellano):
ENTITAT POTENCIALISTA (ENSPO). Asociación cultural creada en 1985 que actuó en el plano político entre 1986 y 1990, liderada por Jaume Farrerons, que contaba con unos 20 seguidores. ENSPO difundió un pensamiento centrado esencialmente en las tesis de Friedrich Nietzsche y Martin Heidegger, y se definió por su catalanismo radical anticapitalista y antimarxista (pero nada antiespañolista) y por su antirracismo. Editó carteles y dos opúsculos (ENSPO. Cuadernos de doctrina potencialista o La masa es culpable). Como resultado de su confluencia con el grupúsculo trotskysta MOVIMIENTO VOLUNTAD, ENSPO participó en la creación de la PLATAFORMA NUEVA EUROPA en 1988 y su boletín fue el Órgano teórico nacional-revolucionario europeo. En 1989 se desvinculó (de la Plataforma Nueva Europa) y se aproximó a TERCERA VIA SOLIDARISTA. Posteriormente editó ENSPO. Entidad para el proyecto occidentalista. Órgano teórico (números 1-2, 1989).
El autor de esta entrada es Xavier Casals, reconocido experto en grupos ultraderechistas. Es él quien nos califica de antirracistas. En ningún lugar se nos vincula con el nazismo o la extrema derecha. Habla de catalanismo radical, pero no anti-españolista. Nosotros somos catalanes que jamás nos hemos opuesto a la unidad de España. No somos "catalanes y españoles", sino españoles porque somos catalanes. Pero más importante que esta cuestión es nuestro declarado antirracismo. Una cosa es "no ser racista" y otra manifestarse como ANTIRRACISTA. Aquí no hay posible connivencia con el antisemitismo ni el nazismo. Pero esta postura no es oportunista, no responde a intereses de desestigmatización política. Nadie que haya leído esta bitácora podrá detectar en nosotros este vergonzoso afán de ostentar un pedigrí políticamente correcto. Nos declaramos antirracistas por motivos filosóficos, éticos, ideológicos, no por cuestiones electoralistas o de medro personal. Simplemente, no admitimos la validez teórica del racismo y sus consecuencias prácticas. Y el antisemitismo nos repugna en tanto que negación pura y simple de toda ilustración. Dicho rechazo se fundamenta en la filosofía de Friedrich Nietzsche. Si es necesario, reproduciremos en este blog cuáles eran las opiniones del filósofo alemán sobre los antisemitas (=cristianos judeófobos).
Nuestra causa es la verdad, nada más. ¿Se ha entendido esto? Parece que no. Es por una cuestión de veracidad y fundamentación filosófica, y no de cobardía política, que rechazamos el racismo en todas sus formas. La filosofía de Heidegger no sólo no es racista, sino que constituye la más eficaz y definitiva refutación del racismo que quepa concebir, y ello aunque Heidegger militara en el partido nazi. La militancia de Heidegger tiene que ver con algo más que con un vínculo personal del ciudadano alemán Martin Heidegger respecto del nazismo, pero, lo hemos dicho, se trata de un vínculo filosófico de tipo "fascista", no racista o antisemita. Hubo fascismos no racistas ni antisemitas, luego dicho vínculo es posible, pensable y objeto virtual de reflexión. No obstante, queda por aclarar qué significa en este blog, insisto en ello, la palabra "fascismo".
En el año 2007 publiqué el ensayo "Disidencia y crítica", que apareció en la revista "Nihil Obstat", donde actualmente no escribo por razones que no vienen al caso. Dicha publicación ya se curó en salud con una nota en la que afirmaba no compartir mis escandalosas pretensiones. !Por supuesto! Hay que leerlo para entender por qué el editor se preocupó de hacer este tipo de puntualizaciones:
También hice pública, en una conferencia, mi posición sobre el campo NR como una opción de izquierdas, y fui atacado por los skin-heads -católicos- del Movimiento Patriótico Socialista:
Yo pensaba que tras la exposición de tales textos y declaraciones, mi toma de postura quedaba ya clara. No tengo nada que ver con la extrema derecha, que es cristiana, antisemita y racista. Rechazo el fascismo histórico como una expresión de dicho derechismo abominable. Esto no es una "pose". Es algo que va en serio y, como antirracista, no cejaré en mi tarea de manifestar públicamente el compromiso de izquierda nacional. Desde luego, reconozco que en la extrema derecha hay personas que, como tales, es decir, como individuos singulares y concretos, merecen mi respeto aunque no comparta sus ideas. Pero políticamente mi deber pasa de forma necesaria por cuestionar todo aquéllo que, de alguna manera, constituya un obstáculo para la realización del proyecto nacional-revolucionario: en primer lugar, la endémica mezcolanza con la extrema derecha, cuya única responsabilidad recae sobre el propio fascismo histórico . No se me puede pedir que, por un lado, mantenga una postura NR (i) firme y que, por otra, me comporte en público o en privado como alguien que acepta y tolera unos principios ideológicos que son contrarios a la apuesta por la izquierda nacional. Si actuara así, me convertiría en un impostor. Otra cosa son las relaciones personales. Aquí yo puedo ser "amigo" de anarquistas, comunistas, fascistas o de quien haga falta. Personas honestas y decentes las hay en todos lados. Quien lo niegue es un sectario. Mis relaciones afectivas privadas no se rigen por cuestiones de carácter ideológico. Mi mujer, por ejemplo, no comparte mi ideología, pero he tenido hijos con ella. De manera que yo respetaré las ideas de mi interlocutor cualesquiera que sean y siempre que éste respete las mías. Pero de ahí no se podrá deducir que, en el campo político, no conserve yo el derecho de expresar honestamente cuál es mi planteamiento y de criticar no sólo las ideas, sino las siglas de las organizaciones que, de alguna manera, encarnan las posiciones de las que me declaro opositor e incluso, si llega el caso, enemigo. Este decisivo matiz, aunque algunos, por su sectarismo o simple irreflexión, no lo sepan distinguir, no comporta un ataque personal, sino la lógica consecuencia de una actividad política seria.
Dicho esto, quisiera aclarar lo que entiendo por el vocablo "fascismo" y lo que, a efectos políticos, se sigue de este análisis y crítica ideológica.
La palabra fascismo tiene, para mí, dos sentidos fundamentales: (a) un sentido metapolítico, filosófico y, si se quiere, cultural; y (b) un sentido político.
A su vez, el sentido (a) ostenta varias acepciones. En primer lugar, el fascismo es aquéllo que identifica la contraparte simétrica del antifascismo. Algunos no lo comprenden, pero el antifascismo es, conceptualmente (no, por supuesto, terminológicamente) anterior al propio fascismo. Ya he explicado que el "fascismo" (entre comillas) así entendido, ocupa un lugar que previamente había sido identificado por la izquierda radical como pura posibilidad existencial -a la par que teórica- y que, en este sentido, forma parte del desarrollo interno de la propia izquierda revolucionaria. En segundo lugar, el fascismo "cultural" se refiere a lo que se denomina la Konservative Revolution (KR), entre cuyos miembros se reclutaron algunos resistentes antifascistas e incluso militantes patriotas que participaron en el atentado contra Hitler desde posiciones "fascistas". También incluye a autores como Sorel y a todos aquéllos que acuñaron, sin "salir" de la izquierda, el concepto de un "socialismo nacional".
Por su parte, el sentido (b) incluye, en una fase inicial, el prefascismo del Mussolini socialista. Un "fascismo" claramente de izquierdas que se nutre, a partes iguales, de las filosofías de Nietzsche y Marx. Este "fascismo" se expresa en el programa político fascista del 13 de mayo de 1919. En una segunda fase, el fascismo se convierte en una opción política de derecha que pacta con la burguesía, la aristocracia y hasta el Vaticano, preparando así el terreno para la derechización del nacionalsocialismo, el cual toma como modelo al Mussolini de 1922. El fascismo "real", que intentará recuperar en vano sus raíces revolucionarias en la República de Salò, es el que se confunde con la extrema derecha y abona el campo simbólico para la derechización del nazismo (cuyo postrero producto es la escoria skin-head). Éste ya nace, por decirlo así, marcado por la opción entre Nietzsche y Wagner (en favor de Wagner) y, por ende, fatalmente condenado al antisemitismo cristiano del que Nietzsche abominó.
Para resumir mi postura, que ampliaré en entradas posteriores, existen dos sentidos básicos de la palabra "fascismo". Un sentido problemático, filosófico, que abarca tanto la dimensión metapolítica como la virtualidad histórica del fascismo del 13 de mayo de 1919. A este fascismo lo he entrecomillado siempre. Así, hablo de "fascismo". Y existe un sentido meramente político vulgar, que se confunde con la extrema derecha, el racismo y el antisemitismo, frente al cual siempre he hablado también muy claro. Algunos piensan que ésta, mi actitud crítica frente al fascismo ultra, frente a la extrema derecha dictatorial, irracionalista, racista y antisemita, es sólo una especie de estrategia o una forma de quitarme de encima el estigma correspondiente. Cuando se dan cuenta de que mi rechazo del fascismo así entendido es enérgico, siendo así que me repugna el racismo, el obscurantismo religioso y el antisemitismo, se llevan una sorpresa y me acusan de atacar a los "camaradas", como si un facha pudiera ser, políticamente hablando, camarada mío. Repito: puedo respetar las ideas de todas las personas, ello incluye a los comunistas y a los anarquistas o a los liberales o socialdemócratas, también las de aquellos que se declaren fascistas o nacionalsocialistas o falangistas... !Que yo no le aplico a la gente la repulsiva punición social del ostracismo y la "muerte civil"! Pero no se me puede exigir que, en el plano político, y cuando las circunstancias lo exijan, omita actuar de acuerdo con los imperativos que se desprenden de mis creencias y de la dinámica esencialmente agónica o polémica de la confrontación "partidista".
Puede darse el caso de que, además de adversario político, alguien se convierta, por las razones que fuere, en enemigo personal de un individuo concreto. Entonces, si en ese personaje se funden la dimensión política y la dimensión particularísima e individual de un conflicto (como sucede en demasiadas ocasiones por culpa de quienes no saben distinguir), mi actuación responderá a esa doble circunstancia; y que no esperen consideraciones de ningún tipo quienes carezcan de madurez para separar los planos de la relación social. De ahí que yo me reserve el derecho de cuestionar a la extrema derecha desde el punto de vista ideológico y político, mientras, al mismo, tiempo, dialogo con personas que pertenecen a éste u otro campo doctrinal cualquiera. Y también me reservo el derecho a defenderme de los ataques personales de los ultraderechistas con represalias del mismo calibre que utilizarán, como no podía ser de otra manera, los argumentos que considere oportunos contra el fascismo, el antisemitismo o el racismo sin que ello implique que yo comparta, en absoluto, las pautas doctrinales o políticas de los antifascistas. Si denuncio el racismo o el antisemitismo, no me convierto así en cómplice de los canallas antifascistas, sólo defiendo la integridad simbólica del campo nacional-revolucionario (=de izquierdas). Repito que algunas personas no parecen capaces de tan elementales distinciones, que para ellos equivalen a sutilezas bizantinas. "O estás conmigo o estás contra mí", vociferan. "Si criticas tal o cual sigla, donde yo milito, me ofendes", te espetan. Han pensado que mis cuestionamientos del racismo o del antisemitismo, mi rechazo en suma de la extrema derecha, había de salvaguardar una suerte de resquicio de compañerismo o camaradería con los ultraderechistas. Nada de eso es posible en el terreno político, y en el terreno personal sólo en la misma medida en que puedo respetar a quienquiera que se comporte con decencia u observe las pautas esenciales del concepto de amistad. Los reproches sobre mi "traición" a los militantes de la ultraderecha obedecen a un equívoco: para mí no son camaradas, no les debo fidelidad en terreno personal en calidad de meros ultraderechistas, ni ellos a mí. Pues si he de ser fiel a las personas en tanto que amigos, sea cual fuere su ideología, y lo seré, nada me obliga a convertirme en cómplice político del racismo, la reacción de la caverna eclesiástica o el antisemitismo.
Un último sentido de la palabra "fascismo" me fuerza moralmente a rechazar el lenguaje antifascista de la "gente corriente" que abomina de las connotaciones de un término asociado mecánicamente a violencia, autoritarismo, machismo, racismo, antisemitismo... Millones de personas han sido exterminadas en el siglo XX acusadas de "fascistas" y, por tanto, como consecuencia de la activación de este "resorte mental" irreflexivo, automático, asesino donde los haya. En la actualidad, la imputación de fascismo sigue siendo, a pesar de las presuntas sensibilidades democráticas imperantes, el expediente del que más se usa y abusa para pisotear los derechos de los ciudadanos "molestos" o desafectos al vergonzante poder oligárquico que nos oprime a casi todos. La memoria de aquellas víctimas y la conciencia del presente totalitarismo "blanco" de la oligarquía sionista es inseparable, a mi entender, de la condena del lenguaje que hizo posibles los crímenes de los antifascistas, desde el bolchevismo a ETA, desde Dresden o Hiroshima a Bagdad. Que semejante bazofia verbal haya sido adoptada por regímenes que se consideran a sí mismos la culminación institucionalizada del humanismo y de los derechos humanos a pesar de tener las manos manchadas de sangre hasta extremos que superan con mucho los del propio nazismo, es precisamente el tema de esta bitácora. Ahora bien, entiéndase que si el motivo de mi negativa a aceptar el más mínimo resquicio de lenguaje o vocabulario antifascistas tiene que ver también con el respeto a las mencionadas víctimas, como es el caso, lo que desde luego no podré consentir será que se me confunda con los verdugos fascistas de otras víctimas a las que, como tales, debo igualmente respetar, so pena de incurrir en la más inmunda hipocresía. De ahí mi escrupuloso cuidado con los derechos de los reclusos en mi práctica profesional (y sindical) como funcionario de prisiones, una actitud que los ultraderechistas desprecian, por supuesto, de la misma manera que siempre han soslayado su propia condición de víctimas, poco "viril" de acuerdo con los cánones estéticos fascistas. A estas alturas, que se deba aclarar expresamente semejantes matices conceptuales tallados a golpe de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, arrancados con dolor del devenir histórico pagando por ellos el precio de la vida de decenas de millones de inocentes, no deja de sorprender. Que la de "fascista" sea la principal "acusación" contra mí por parte de auténticos enanos morales (en algunos casos torturadores de profesión afiliados, eso sí, a sindicatos "progresistas"), pero también de significados docentes, filósofos, escritores e investigadores cuyo único reproche al plagio consiste en burlarse de su carácter chapucero, respetables "intelectuales" -profesionales del matiz- que se "fundamentan" empero en una rápida "consulta" al Google para estigmatizarme more NKVD..., es ya una vergüenza. Pero este escándalo tiene poca o nula importancia cuando lo comparamos con la existencia de atrocidades asesinas masivas de dimensiones cósmicas sobre las que tales "intelectuales" nada tienen que decir, aunque se empeñen en emitir patentes éticas y ruines descalificaciones -haz y envés de idéntico sacerdocio- respecto de personas que sí han -hemos- hablado alto y claro al respecto.
Un último sentido de la palabra "fascismo" me fuerza moralmente a rechazar el lenguaje antifascista de la "gente corriente" que abomina de las connotaciones de un término asociado mecánicamente a violencia, autoritarismo, machismo, racismo, antisemitismo... Millones de personas han sido exterminadas en el siglo XX acusadas de "fascistas" y, por tanto, como consecuencia de la activación de este "resorte mental" irreflexivo, automático, asesino donde los haya. En la actualidad, la imputación de fascismo sigue siendo, a pesar de las presuntas sensibilidades democráticas imperantes, el expediente del que más se usa y abusa para pisotear los derechos de los ciudadanos "molestos" o desafectos al vergonzante poder oligárquico que nos oprime a casi todos. La memoria de aquellas víctimas y la conciencia del presente totalitarismo "blanco" de la oligarquía sionista es inseparable, a mi entender, de la condena del lenguaje que hizo posibles los crímenes de los antifascistas, desde el bolchevismo a ETA, desde Dresden o Hiroshima a Bagdad. Que semejante bazofia verbal haya sido adoptada por regímenes que se consideran a sí mismos la culminación institucionalizada del humanismo y de los derechos humanos a pesar de tener las manos manchadas de sangre hasta extremos que superan con mucho los del propio nazismo, es precisamente el tema de esta bitácora. Ahora bien, entiéndase que si el motivo de mi negativa a aceptar el más mínimo resquicio de lenguaje o vocabulario antifascistas tiene que ver también con el respeto a las mencionadas víctimas, como es el caso, lo que desde luego no podré consentir será que se me confunda con los verdugos fascistas de otras víctimas a las que, como tales, debo igualmente respetar, so pena de incurrir en la más inmunda hipocresía. De ahí mi escrupuloso cuidado con los derechos de los reclusos en mi práctica profesional (y sindical) como funcionario de prisiones, una actitud que los ultraderechistas desprecian, por supuesto, de la misma manera que siempre han soslayado su propia condición de víctimas, poco "viril" de acuerdo con los cánones estéticos fascistas. A estas alturas, que se deba aclarar expresamente semejantes matices conceptuales tallados a golpe de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, arrancados con dolor del devenir histórico pagando por ellos el precio de la vida de decenas de millones de inocentes, no deja de sorprender. Que la de "fascista" sea la principal "acusación" contra mí por parte de auténticos enanos morales (en algunos casos torturadores de profesión afiliados, eso sí, a sindicatos "progresistas"), pero también de significados docentes, filósofos, escritores e investigadores cuyo único reproche al plagio consiste en burlarse de su carácter chapucero, respetables "intelectuales" -profesionales del matiz- que se "fundamentan" empero en una rápida "consulta" al Google para estigmatizarme more NKVD..., es ya una vergüenza. Pero este escándalo tiene poca o nula importancia cuando lo comparamos con la existencia de atrocidades asesinas masivas de dimensiones cósmicas sobre las que tales "intelectuales" nada tienen que decir, aunque se empeñen en emitir patentes éticas y ruines descalificaciones -haz y envés de idéntico sacerdocio- respecto de personas que sí han -hemos- hablado alto y claro al respecto.
Quede pues, resuelta la cuestión de ahora en adelante. Esta página desarrolla un análisis y una crítica del antifascismo, pero no pretende reivindicar todo aquéllo que se relaciona con la ultraderecha fascista. Al contrario, políticamente, rechaza -y siempre ha rechazado, como demuestra el artículo de Xavier Casals- ese universo social en tanto que nauseabundo epifenómeno de la reacción cristiana, autoritaria, racista y antisemita. Todo ello en coherencia con la filosofía de Friedrich Nietzsche, fundador del "fascismo" (en un sentido metapolítico). Quien quiera oír, oiga.
Jaume Farrerons
28 de agosto de 2011
Consultar también:
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2007/11/la-extincin-del-pensamiento-crtico-y-la.html
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2007/11/justificar-el-fascismo.html
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2007/11/el-fascismo-que-existi-realmente.html
AVISO LEGAL
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html
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http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2007/11/la-extincin-del-pensamiento-crtico-y-la.html
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2007/11/justificar-el-fascismo.html
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2007/11/el-fascismo-que-existi-realmente.html
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