en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

lunes, febrero 01, 2010

Los asesinos que nos gobiernan

Mas no olvidemos que la violencia no existe y no puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira (Alexandr Solzhenitsyn).
El presente artículo intenta desarrollar un argumento muy sencillo, claro y comprensible para cualquiera que se detenga un minuto a reflexionar. Veámoslo.

Es un hecho que los aliados justificaron la guerra contra la Alemania en la defensa de los derechos humanos frente a la "barbarie nazi". No obstante, también es un hecho que, cuando Alemania invade Polonia, ésta es asimismo invadida por la URSS y que, sin embargo, Inglaterra no le declara la guerra a Stalin, sino sólo a Hitler. Es un hecho que cuando Churchill y el dictador soviético hacen causa común contra el fascismo, el régimen comunista ha exterminado ya a 13 millones de personas, mientras que, por el contrario, el holocausto todavía no ha empezado siquiera. Es un hecho que en 1941, mientras los nazis planean trasladar a Madagascar a todos los judíos, y no masacrarlos, los ingleses tienen otras ideas en mente: bombardear las principales ciudades alemanas y aniquilar completamente a sus habitantes, unos quince millones de personas. A tal efecto diseñarán unas bombas incendiarias especiales, pensadas para quemar vivos al máximo número de ancianos, mujeres y niños. Así murieron un millón de alemanes inocentes y además se alargó la guerra de forma innecesaria. Es un hecho que, por las mismas fechas, es decir, años antes de que, según los historiadores oficiales, empezara el Holocausto, se publicó en Estados Unidos un libro donde se proponía la aniquilación total del pueblo alemán. Es un hecho que el plan del Bomber Command inglés semejaba de manera harto creíble la aplicación, en primera instancia, de ese proyecto de genocidio en toda regla y que los nazis, además de difundir el libro entre la población, tomaron buena nota de dichas intenciones abiertamente criminales por lo que respecta al trato dado a los judíos. Es un hecho que los norteamericanos arrojaron una bomba atómica sobre Hiroshima cuando ya sabían que Japón estaba dispuesto a firmar la paz, y que se apresuraron incluso a hacerlo temerosos de que el gobierno nipón se rindiera antes de poder usar ese "maravilloso" artefacto de aniquilación. Es un hecho que EEUU lanzó una segunda bomba atómica en Nagasaki cuando los japoneses ya se habían rendido. Es un hecho que dos millones y medio de alemanes fueron exterminados en la expulsión masiva de sus antiguos territorios del Este, unas provincias que estaban pobladas por germanos desde el siglo XII. Es un hecho que, después de la guerra, millones de civiles alemanes fueron sometidos por los americanos a una hambruna planificada que provocó la muerte de millones de inocentes, y otro tanto puede decirse de los soldados alemanes prisioneros de los franceses y de los norteamericanos, con más de un millón de víctimas. Es un hecho que, en 1948,  los ultraderechistas sionistas expulsaron a los árabes de Palestina y fusilaron a los varones poblado a poblado ante la mirada indiferente de los soldados británicos del Mandato y de los observadores de las Naciones Unidas... Podríamos continuar con la lista de "actos inhumanos", que incluye los 100 millones de víctimas del comunismo en Rusia, China, Corea del Norte, Camboya y otros lugares del planeta. Nos detendremos aquí.

¿Democracia u oligarquía?

Pero, a efectos jurídicos, lo más grave no es tanto que esos crímenes se cometieran, sino que, después de juzgar al nazismo en Nüremberg, no se intentara aplicar las mismas normas y principios humanitarios a los responsables de tales atrocidades; que durante medio siglo, cada día, hayamos escuchado la misma cantinela sobre Auschwitz remachando a todas horas la idea fija, obsesiva, machacona, el lavado de cerebro de la infinita maldad de Hitler, mientras el poder "democrático" (=oligárquico), en cambio, no tenía nada que decir sobre los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores. ¿No resulta un poco sospechoso, en orden a juzgar las motivaciones de la famosa "cruzada antifascista por los derechos humanos" (?), que los políticos del sistema sólo hayan castigado a los vencidos, que única y exclusivamente los vencidos, y casualmente sólo ellos, sean los intrínsecamente perversos? ¿No es sorprendente y hasta chocante que dichos políticos, además de dejar impunes los mencionados crímenes, de dimensiones cósmicas, los hayan silenciado sistemáticamente, intentando borrarlos de la conciencia pública? ¿Actuarían así unos auténticos "defensores de los derechos humanos"? Evidentemente, no.

A partir de aquí, podemos empezar a hacernos más preguntas, preguntas incómodas, preguntas, en última instancia, aterradoras: unos políticos capaces de tales contorsiones morales y jurídicas, ¿resultan dignos de crédito? ¿Tenemos que aceptar, siendo así que han cometido durante cincuenta años tamañas manipulaciones, su interesada narración de la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué autoridad moral podemos concederles a unos energúmenos fautores de semejantes fechorías? ¿No existiría, cuando menos, el derecho a la duda respecto de lo que nos han explicado sobre los "nazis"? Para mí es evidente que . Esa posibilidad de pensar no se le puede negar razonadamente a nadie en una democracia. Después de analizar las acciones y omisiones de nuestros gobernantes, ya no puedo creer los cuentos que salen de sus inmundas bocazas. Tengo derecho a dudar. Y ellos, sabedores de las consecuencias que se pueden seguir de este derecho generalizado a la duda, han decidido prohibir la duda. Han promulgado leyes que conllevan la prisión, la ruina profesional, económica -y, de rebote, la agresión física, la muerte incluso-, para quienes osen dudar.

Ahora bien, una vez dado este paso por parte de los políticos, mi sospecha, por lo menos la mía,  se convierte en convicción: si, en efecto, con dichos antecedentes, nuestros "representantes" "democráticos" ponen el pensamiento libre fuera de la ley, es que el relato vigente de la Segunda Guerra Mundial debe de ser un fraude. Tales presiones mafiosas les delatan. Los políticos que nos gobiernan tienen -y esto literalmente- muchos muertos en el armario. Se trata de una evidencia indiscutible. Un mero repaso de los trágicos hechos que jalonan el siglo XX acredita esta afirmación,  aparentemente extremada; carecen, por tanto, esos canallas, de toda solvencia moral a los efectos de esgrimir los derechos humanos como ideología jurídica o principio político legitimador de su dominio. Son peores que los nazis. En tanto que presuntos testigos y depositarios de la validez de una explicación histórica de los acontecimientos, los políticos "democráticos" carecen también de autoridad ética. Cada día que pasa se pone en evidencia con qué clase de truhanes mentirosos estamos tratando, sean del partido que sean; podemos caracterizarlos como mendaces, corruptos, incompetentes y criminales. Todos, sin excepción: la impostura en tanto que pauta de conducta permanente les define.

Los políticos "democráticos" son personajes indignos que trabajan al servicio de la extrema derecha judía, es decir, de una ideología racista y supremacista, obscurantista, retrógrada, supersticiosa, irracional..., que proclama la superioridad divina del pueblo hebreo y pretende someter toda la tierra a una regresión reaccionaria de carácter totalitario e irreversible. Ya lo están haciendo. Los asesinos que nos gobiernan conducen el planeta al desastre. Van a extinguir lentamente todas las culturas, a devastar el ecosistema, a extirpar el "problema" de las diferencias étnicas aplicando un programa masivo de mestizaje; controlan las instituciones, la economía, la prensa, la política, la universidad, la educación... Es necesario, frente a las oligarquías coloniales que nos gobiernan, organizar la resistencia, informar a los ciudadanos y, sobre todo, no caer en el error de identificarse con los fascismos históricos, porque, en este punto, han ganado la partida. El estandarte de lucha ha de ser el signo solar de una izquierda nacional europea.

Un documento como ejemplo

Tomo en mi mano un texto publicado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El órgano que lo promulga es la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (siglas CERD); en sus artículos 130-133, el redactado reza así:

"Decimocuarto informe periódico que los Estados partes debían presentar en 1998: France. 05/07/99. CERD/C/337/Add.5. (State Party Report). Apología de los crímenes contra la humanidad. (...) 130. Esta infracción ha sido incorporada al párrafo 3 del artículo 24 de la ley sobre la libertad de prensa por la ley de 31 de diciembre de 1987. 131. Según la jurisprudencia, constituye una apología de los crímenes de lesa humanidad la publicación o la apreciación pública que incitan a sus destinatarios a emitir un juicio moral favorable sobre uno o varios crímenes de lesa humanidad y que tienden a justificar esos crímenes o a sus autores. Los crímenes de lesa humanidad previstos en ese artículo se definen por referencia al artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, que figura como anexo del Acuerdo de Londres de 8 de agosto de 1945, y fueron cometidos por los miembros de una organización declarada criminal (SS, Gestapo, cuerpo de dirigentes del partido nazi), o por toda persona reconocida culpable de esos crímenes por una jurisdicción francesa o internacional. Esa definición de los crímenes de lesa humanidad ha sido la escogida por el legislador francés pues, en 1987, no existía aún una definición de los crímenes de lesa humanidad en el derecho interno (véase las novedades que figuran en relación con el artículo 2, sección 1 a)). 132. De acuerdo con jurisprudencia, constituyen crímenes de lesa humanidad los actos racistas, los actos inhumanos y las persecuciones que, en nombre de un Estado que practica una política de hegemonía ideológica, son cometidos sistemáticamente contra personas por pertenecer a una colectividad racial o religiosa, o contra los adversarios de la política de ese Estado. Sólo afecta a los crímenes reconocidos que perpetraron durante la segunda guerra mundial los criminales del Eje, esencialmente la Alemania nazi, así como toda persona que haya actuado por cuenta de esos Estados."

El último pasaje resulta literalmente alucinante. Un organismo que dice promover la lucha contra "toda" forma de discriminación racial sostiene a la vez, sin enrojecer de vergüenza, que el texto legal "sólo" afecta "a los crímenes reconocidos que perpetraron durante la Segunda Guerra Mundial los criminales del Eje, esencialmente la Alemania nazi, así como toda persona que haya actuado por cuenta de esos Estados." (sic)

!No han leído mal! Es así. "Toda" forma, pero "sólo" afecta... Ni se inmutan. Se burlan de nosotros.

El poder se quita la máscara en semejantes ocasiones, y en otras que iremos citando, donde la evidencia del carácter totalitario y criminal de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial queda plasmado negro sobre blanco en letras de molde. El desprecio hacia la Declaración Universal de los Derechos Humanos parece evidente, pues se admite que las víctimas del racismo o de "actos inhumanos" que no sean al mismo tiempo víctimas de las potencias del Eje son ajenos a la norma y, en consecuencia, quedarán desamparados ante una voluntad de exterminio que las ultraje. Ahora bien, según dicha declaración de la ONU, todos los seres humanos son iguales, de manera que las víctimas de las vulneraciones de tales derechos básicos -independientemente de cuáles sean los perpetradores- también lo son. ¿Son humanos los alemanes? ¿Son humanos los "fascistas"? ¿Son humanos los enemigos de Estados Unidos? ¿Son humanos los palestinos?

Por actos inhumanos habría que entender, entre otros, los perpetrados por potencias como los EEUU (Hiroshima, Nagasaki, hambruna alemana de posguerra, crímenes de guerra contra prisioneros alemanes), URSS (genocidios ucranianos y cosaco, genocidio alemán en los territorios del Este y Centroeuropa, gulag, represión masiva de opositores y no opositores al régimen), Inglaterra (bombardeos incendiarios contra la población civil alemana), Francia (exterminio de prisioneros alemanes), China (hambrunas masivas, represión, genocidio tibetano), Israel (limpieza étnica de la población árabe), etcétera. La ONU "suprime" de un plumazo la posibilidad de que la legalidad, en coherencia con los DDHH, se haga extensiva a tales atrocidades. La frase final del art. 133 sólo se explica porque el legislador es consciente de que es menester restringir el alcance de la norma dado que, en caso contrario, dicha norma podría ser aplicable a situaciones que comprometen al propio poder promotor de tan "humanitario" texto.


Recordemos que la legislación sobre el genocidio incluye preceptos que sancionan la banalización, la justificación y la obstrucción a la justicia en el castigo de este delito sin par (el único que no prescribe):  "Según la jurisprudencia, constituye una apología de los crímenes de lesa humanidad la publicación o la apreciación pública que incitan a sus destinatarios a emitir un juicio moral favorable sobre uno o varios crímenes de lesa humanidad y que tienden a justificar esos crímenes o a sus autores" (sic). Pero, ¿qué representa la norma comentada sino una clara imposibilitación legal de una exigible aplicación igualitaria del tipo legal "crimen contra la humanidad"? ¿No nos conduce esta abominable restricción racista a emitir "un juicio moral favorable" sobre el gulag, Dresde, Hiroshima o Palestina? ¿No constituye la propia norma, por tanto, una muestra de esa misma "apología de los crímenes de lesa humanidad" que presume de combatir?  Imaginemos una ley penal del siguiente tenor: "se considerará homicidio que una persona provoque la muerte de otra persona", y luego se añada: "según la jurisprudencia, sólo se aplicará el tipo citado si se demuestra que el autor del crimen ostenta la ideología X, contraria a la ideología Y del redactor  de la norma". ¿No promovería semejante redactado la impunidad de todo tipo de delitos? Este absurdo jurídico, empero, es el que se refleja en un texto de las Naciones Unidas. Nada más y nada menos que la ONU encabeza la iglesia del neorracismo. Una mofa del derecho y de la moral, un esputo documental de criminales blanqueados por sus propias leyes auto exculpatorias.

!Y estos energúmenos son los que nos llaman "fascistas"!

Redactado completo del texto de CERD:

http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/CERD.C.337.Add.5.Sp?Opendocument

¿Qué se intenta combatir? Escritos como el siguiente; mejor dicho, nuestro derecho a leer toda clase de documentos y a estar, o no, públicamente de acuerdo con lo que en ellos se dice:

http://www.vho.org/aaargh/fran/livres8/RFintroescritos.pdf

El autor del citado, Robert Faurisson, ha sido perseguido, difamado, expulsado de su trabajo, condenado, golpeado, arruinado... Sólo por ello merece todo mi respeto.

Amordazando la libertad de expresión

Dada la distancia temporal que nos separa ya de los hechos, la legislación contra el genocidio, excepción hecha de algunos ex SS ya octogenarios, va dirigida sobre todo a impedir la revisión histórica del pasado, un pasado fabricado por los "cruzados" "demócratas". De hecho, la norma citada relata expresamente algunos casos que ilustran su nauseabunda aplicación por parte de los políticos sionistas y pro sionistas que nos gobiernan.

El propio texto ilustra los casos de Roger Garaudy, destacado filósofo francés, y de Robert Faurisson, profesor universitario privado de la licencia docente por exponer públicamente sus razonadas opiniones (siempre discutibles, como es propio del debate científico) sobre las cámaras de gas. Véase:

"136. Esa ley ya ha dado lugar a varios casos de aplicación. Entre ellos cabe citar los siguientes:  - la sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal de primera instancia de París de 27 de febrero de 1998 y el fallo del Tribunal de apelación de París de 16 diciembre de 1998, que condenaron al señor Roger Garaudy por poner en duda los crímenes contra la humanidad y por difamación de carácter racial, a raíz de la publicación de su libro "Les mythes fondateurs de la politique israelienne", pues en él impugna de forma virulenta y sistemática la existencia misma de los crímenes de lesa humanidad cometidos contra la comunidad judía por el régimen nazi;  - el fallo de la Sala de lo Penal del Tribunal de Casación de 17 de junio de 1997 (bull. crim. 236), que recordaba que "si bien la contestación del número de víctimas de la política de exterminio en un campo de concentración determinado no está prevista como tal en las disposiciones del artículo 24 bis de la ley de 29 de julio de 1881, la reducción excesiva de ese número constituye un delito de contestación de los crímenes de lesa humanidad previsto y castigado en virtud del presente artículo, cuando ello se hace de mala fe" (en ese caso, el condenado había distribuido pegatinas con las palabras "Auschwitz: 125.000 muertos");  Ley de prensa y respeto de la libertad de expresión.  142. En varias ocasiones, personas procesadas y condenadas por infringir la ley de prensa de 1881 han presentado demandas contra Francia ante instancias internacionales, basándose en la supuesta violación de su derecho a la libertad de expresión. Dos de los casos merecen particular atención.  El caso Faurisson ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas 143. Profesor universitario hasta 1991, año de su expulsión, el Sr. Faurisson declaró en septiembre de 1990, en una publicación mensual francesa denominada "Le choc du mois", que en los campos de concentración nazis no existieron cámaras de gas homicidas destinadas al exterminio de los judíos. De resultas de esa publicación, varias asociaciones demandaron al Sr. Faurisson ante los tribunales. El 18 de abril de 1991, la Sala de lo Penal del Tribunal de primera instancia de París le declaró culpable de un delito de contestación de crímenes contra la humanidad y le impuso una multa. El tribunal de apelación de París confirmó esa condena el 9 diciembre de 1992. 144. El 2 de enero de 1995, el Sr. Faurisson presentó una comunicación individual ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la que mantenía que la ley de 13 de julio de 1990, conocida como "Ley Gassot", en la que se tipifica como delito la contestación de crímenes de lesa humanidad, era contraria a la libertad de expresión y de enseñanza. En su dictamen de 8 de noviembre de 1996, el Comité declaró que el Sr. Faurisson fue condenado por atentar contra los derechos y la reputación de terceros; así, el Comité consideró que la ley Gayssot, tal como se aplicó en el caso del Sr. Faurisson, estaba de acuerdo con las disposiciones del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y que no se había violado el derecho a la libertad de expresión del Sr. Faurisson."

El texto no cita, porque no existe ningún caso, a nadie que haya sido ajusticiado por abonar los crímenes del comunismo o de las potencias liberales (occidentales). El Estado francés, rebosante de cinismo, incluso ha emitido sellos con la efigie de Stalin. Se da el caso de autores que han publicado libros en defensa de este genocida, el mayor carnicero que registran los anales históricos excepción hecha del inefable Mao Zedong:

"!Un organismo del Estado francés, la Lotería, tuvo incluso la inconsciencia de asociar a Stalin y Mao a una de sus campañas publicitarias! ¿A quién se le habría ocurrido utilizar a Hitler o a Goebbels en una operación similar?" (Stéphane Courtois et alii, El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 32).

Así, Francia, el presunto país de la libertad de expresión, persigue y condena a investigadores universitarios por cuestionar dogmas blindados judicialmente (como si las sentencias no fuesen revisables aportando, precisamente, hechos probados desconocidos en el momento en que fueron dictadas), pero promueve al mismo tiempo las figuras de los mayores asesinos de masas. En Francia se puede publicar el libro apologético de Udo Martens Un autre regard sur Staline (1994) y el autor no será juzgado por las autoridades. Tampoco generará reacción represiva alguna Staline, vie privée (1996), de Lilly Marcou, a pesar de estar escrito con un estilo obscenamente "hagiográfico" (Courtois, S., op. cit., p. 42, n. 42). No hace mucho, el filósofo Slavoj Zizek vio editada su obra Repetir Lenin, a pesar de que Lenin exterminó a más de 6 millones de sus conciudadanos. ¿Repetirá también Zizek esa parte del programa? Imaginémonos un libro titulado "repetir Hitler". Impensable. La norma legal afecta, como hemos visto, sólo a los "actos inhumanos"  perpetrados por las potencias derrotadas o a los actos que, en relación con tales hechos, se consideren apologéticos o justificatorios de aquéllos. Se puede dar el caso, así, de que un librero o editor sea acusado de genocidio por publicar o vender un volumen donde se cuestiona el número de víctimas de Auschwitz, mientras que, por otro lado, un genocida comunista con las manos manchadas de sangre (Rusia está repleta de esta especie de demócratas), no sólo quedará impune, sino que, sin oposición de los sacerdotes liberales del capitalismo, podrá incluso, con la ley en la mano, reivindicar sus fechorías "revolucionarias" y promover públicamente la "repetición" de la carnicería homicida. !Y a esto le llaman "derechos humanos" y "educación para la ciudadanía"!

Toda esta esta inmundicia se la tenemos que agradecer al racismo del Estado de Israel y, singularmente, a su red internacional mafiosa de sionistas supremacistas quienes, para colocar un relato fantástico del holocausto en el primer plano mediático y propagandístico, deben negar o banalizar la existencia de otros genocidios o crímenes contra la humanidad -más graves incluso que la propia Shoah- que puedan hacerles "la competencia" en el papel de "víctimas absolutas del mal" y, por lo tanto, en la total impunidad respecto de las atrocidades perpetradas por ellos mismos contra los palestinos o contra cualquier otro crítico del nacionalismo judío de extrema derecha. La ONU es una simple casa de putas, el prostíbulo legal de la ultraderecha israelí. Piaras enteras de orondos tocinos encorbatados salen y entran cada día del edificio de la ONU en Nueva York y, además, se sienten felices de existir y hasta nos desprecian, a nosotros, y nos califican de "fascistas" si -como es nuestro deber ético- osamos disentir.  Los sionistas, a este paso, van a convertir el vocablo "fascismo" en un signo de la resistencia contra la opresión. Pero no deberíamos caer en esa trampa, aunque todos nuestros sentimientos nos inclinaren a ello. El fascismo, caso de triunfar, hubiera hecho más o menos lo mismo que aquí criticamos. Los fascistas no creían en la democracia, ni en la verdad, ni en la ley. Aunque ni siquiera los fascistas llegaron tan lejos como nuestros presuntos "demócratas", tenemos que admitir la existencia de los delitos fascistas cuando resulten reales, innegables, probados... Algo, en ocasiones, difícil de distinguir de la pura propaganda. !Condenemos TODOS los genocidios! Mantengámonos firmes en la defensa de los derechos humanos aunque no creamos en ellos.  Pensemos que algún día los responsables pagarán por sus crímenes, como los canallas genocidas que son, y que les aplicaremos su propia legislación, pero sin la jurisprudencia prevaricadora con que limitan sus efectos únicamente a aquéllos a quienes, en tanto que despiadados victimarios obstructores de la justicia, les interesa proteger en perjuicio del resto de las víctimas.

La complicidad después del hecho

La legislación contra el genocidio no sólo castiga la perpetración de actos genocidas, sino, como ya hemos señalado, y siempre con el fin de impedir cualquier crítica de la versión oficial sobre el holocausto, refuerza el arsenal jurídico del sistema con otro tipo de "delitos de genocidio" que puedan cometer políticos, escritores, investigadores, editores y libreros. Así, la ley penal canadiense, especialmente dura en este sentido, afirma en su artículo 8 (3.77):

"que los delitos de crimen contra la Humanidad incluyen los casos de tentativa, de complicidad, de consejo, de ayuda, de estímulo o de complicidad de hecho. Son igualmente asimilados a los crímenes contra la Humanidad -artículo 7 (3.76)- 'la tentativa, la conspiración, la complicidad después del hecho, el consejo, la ayuda o el estímulo en relación con este hecho'" (Courtois, S., op. cit., p. 25).

Un empresario que publique textos críticos respecto de la narración nuremburguesa y hollywoodiense del Holocausto será así sin más... !reo de genocidio!, tout court. Por otra parte, el nuevo código penal francés da una definición tan amplia del tipo que sólo la "jurisprudencia", con la perversidad prevaricadora que ya hemos ilustrado más arriba, puede limitar sus efectos al nazismo. De suerte que será genocidio "el hecho o ejecución de un plan concertado que tiende a la destrucción total o parcial de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, o de un grupo determinado a partir de cualquier otro criterio arbitrario" (Courtois, op. cit., p. 22). Un grupo determinado: ¿los "fascistas" quizá? En este concepto entran holgadamente actos cometidos por el mismísimo Estado francés productor de la norma, por ejemplo contra los prisioneros alemanes a los que maltrató y dejó morir de hambre de forma planificada después de la Segunda Guerra Mundial. O contra los "colaboracionistas" depurados por la Resistencia. Si se habla de tentativa, consejo, ayuda o estímulo, tenemos el libro de Kaufman German must perish, del año 1941, incitando al exterminio del pueblo alemán, y la aplicación concreta de dicha sugerencia en forma del llamado Plan Morgenthau, que se tradujo en esterilizaciones y hambrunas orquestadas por las autoridades de ocupación contra la población civil de la nación vencida. Otro tanto cabe sostener en relación con la expulsión y exterminio de los alemanes del Este (Reichdeustche) y de Centroeuropa (Volksdeutsche) en 1945, en total 3,5 millones de personas asesinadas por el simple hecho de ser de nacionalidad alemana. Y queda asimismo incluida en la noción legal de genocidio la conspiración del Bomber Command inglés enderezada a quemar vivos a 15 millones de civiles alemanes. En definitiva, según su tenor literal y bien entendido que el delito de genocidio no prescribe, los gobiernos norteamericano, ruso, inglés y francés son hoy por hoy reos de genocidio. No obstante, permanecen impunes. ¿Por qué? La única respuesta posible a dicha pregunta es que la clase política "democrática", además de corrupta e incompetente, se nutre de auténticos criminales, de genocidas en los términos que marca la propia legislación que ellos mismos han aprobado pero que aplican única y exclusivamente a los "fascistas" (es decir, muy democráticamente, !sólo a sus enemigos políticos!). Nada de esto se distingue de las pautas de conducta típicas de los estados totalitarios que los "demócratas" dicen combatir.

Pero la cosa no termina aquí. Dado que el código penal español tipifica como delito "la omisión del deber de perseguir delitos o de promover su persecución" (art. 408), mientras que, por otro lado, también tipifica el delito de genocidio (art. 607) y, en tercer lugar, España ha suscrito las resoluciones de la ONU en materia de genocidio, cada día que pasa, nuestros políticos, fiscales y funcionarios se convierten en delincuentes por el hecho de no denunciar y perseguir los crímenes perpetrados por los regímenes comunistas, por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y por el Estado de Israel.

El hecho de que la ONU no promoviera, tras la caída del comunismo, la persecución de los crímenes contra la humanidad acaecidos desde la época de Lenin, comporta asimismo unas consecuencias insoslayables: los mandatarios de las Naciones Unidas, y en especial a los que ocupan puestos en organismos como el CERD, devienen genocidas por "complicidad después del hecho". También están, como poco, bajo sospecha por el mismo concepto, los gobiernos que autorizaron la concesión de organizar las últimas olimpiadas al régimen chino. Recordemos que Estado sudafricano, con la excusa del apartheid, fue vetado durante décadas en los organismos deportivos internacionales. No se entiende que un Estado totalitario como el chino comunista, que tiene en su haber el exterminio de 65 millones de personas, no sólo no haya sido vetado jamás, sino que a la postre se vea premiado con la sede para la organización del máximo evento deportivo del mundo. No cabe duda de que este acto de legitimación del régimen comunista chino convalida los crímenes contra la humanidad cometidos por el mismo y constituye a su vez un acto delictivo de "complicidad después del hecho, consejo, ayuda o estímulo en relación con este hecho'". En definitiva, la afirmación de que quienes nos gobiernan son unos genocidas no comporta exageración propagandística alguna, sino una pretensión jurídica perfectamente fundamentada en derecho y que sólo la complicidad jurisprudencial corrupta de los órganos judiciales del sistema impide ventilar. A partir de ahí podemos ya deducir qué valor moral y jurídico ostenta la persecución del racismo, la xenofobia, el nazismo y el "fascismo" (=pensar) en nuestra sociedad "democrática".

Por este motivo, desde aquí, proponemos como gran tarea del siglo XXI la celebración en Nüremberg de un nuevo juicio por crímenes contra la Humanidad, un proceso penal universal que castigue no sólo los delitos de lesa humanidad que se cometieron en el siglo XX, sino aquellos que se derivan de la evidencia de que tales delitos fueron ensordecidos en el primer juicio y, asimismo, las responsabilidades por los más de cincuenta años de ocultamiento, banalización, legitimación, negacionismo y "complicidad después del hecho" de la que son reos por tales atrocidades impunes los políticos actuales, nuestros mandatarios votados como representantes de la voluntad popular. Esos "demócratas" fraudulentos beneficiarios de toda clase de privilegios


deberán pagar algún día por sus delitos.

Quisiera concluir con unas palabras de Solzhenitsyn en su discurso de recepción del Premio Nobel, alegato en defensa de la verdad que nunca fue escuchado:

¿Qué pueden las letras frente al empuje despiadado de la violencia descarada? Mas no olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambas los lazos más familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá exigir como principio la mentira. La violencia, cuando nace, actúa abiertamente e incluso se ufana de ello. Pero en cuanto se fortifica y se afianza, siente que a su alrededor el aire se densifica, y sólo puede continuar existiendo ocultándose tras la bruma de la mentira, cubriéndose con palabras obsequiosas. Entonces, no siempre, ni obligatoriamente, ahoga de manera directa las gargantas, y con mayor frecuencia exige de los súbditos que únicamente juren a la mentira, que sólo sean cómplices de ella. Y la tarea sencilla de una persona llana y valiente es: !no participar en la mentira, no apoyar las falsas acciones! Que llegue esto al mundo, que incluso reine en él, pero no a través de mí.


Sea.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

8 comentarios:

Zamora dijo...

Muy buen artículo, pero por favor, podría dar puntos y aparte. Para facilitar la lectura.

Un Saludo.

Léón Riente dijo...

Sólido y necesario texto, como todos los de tu página. Es una buena idea desenmascarar al régimen que nos oprime haciendo ver las contradicciones profundísimas y el inmenso cinismo que alberga.

Pero lo mismo que puedo estar bastante de acuerdo con tu afirmación de que es necesario "no caer en el error de identificarse con el fascismo, porque, en este punto, han ganado la partida", también digo que utilizar el discurso (y la ideología subyacente) de los derechos humanos para otra cosa que no sea mostrar las contradicciones y la caradura del enemigo es bastante peligroso. Si los disidentes empleamos los conceptos del enemigo de una forma que vaya más allá de ahí nos puede costar muy caro. Implica asumir, en cierto modo, sus valores, su cosmovisión.

El discurso de los derechos humanos encierra una ideología moderna, demasiado moderna, que no hemos de compartir. Creo que nos resulta más interesante demostrar que a la ideología de los derechos humanos le es consustancial el genocidio (de hecho se estrenó muy tempranamente, en La Vendée) y más de un pensador, como Carl Schmitt por ejemplo, han logrado establecer hasta cierto punto la relación de causa-efecto que hay entre una y otro.

Un saludo.

Jaume Farrerons dijo...

Totalmente de acuerdo en que la ideología de los derechos humanos es un fraude, pero si hemos de poner en evidencia al sistema tendrá que ser a partir de sus propias normas, porque las nuestras actualmente no tienen validez jurídica ni política. Se trata de cargar sobre el sistema su propia y enorme inercia, hundirlo bajo su propio peso, porque esa es la única manera de combatirlo, tan poderoso es.

En cualquier caso, sí creo en unos DERECHOS Y DEBERES FUNDAMENTALES y condeno todos los genocidios, esto también debe quedar claro, pero desde NUESTROS VALORES.

Debo aclarar, asimismo, que, como NR, no rechazo la modernidad, sino la versión judeocristiana secularizada de esa modernidad. En suma, adopto la postura de Nietzsche: muerte de Dios, imposibilidad de retorno al "ancien régime", pero rechazo de la "utopía" progresista en nombfre de unos valores heroicos.

Esto es lo mejor del fascismo.

Anónimo dijo...

excelente artículo

Antonio Marco Mora Hervás dijo...

Es increíble el cinismo de los progresistas: en mayo del 68, ensalzaron (tergiversaron) algunos aspectos de Nietzsche, mientas que callaron el resto. Es muy conocida la posición de la "new left" para asegurar que "el individuo crea sus propios valores" y demás, cuando al mismo tiempo olvidan que toda la temática nietzscheana gira en torno a la idea de superhombre y la concepción de vida heroica y esforzada... ¿qué sabrán sobre este último punto los "hippies" y los "antifas"?

Uu saludo.

Anónimo dijo...

No todos están lobotomizados aún.

Demon Prince dijo...

Un excelente blog... pero los crimenes de los "aliados" son más... en mi país (Ecuador) se construyeton dos campos de concentración en el gobierno de Arroyo del Rio... uno era para recluir a los descendientes de alemanes e italianos y otro para los comunistas...

ENSPO dijo...

La tesis de que los crímenes de los vencedores son más graves que los de los vencidos, y encima impunes, es precisamente la que defiende esta bitácora.