jueves, julio 07, 2011

Retrato del antifascista en Orwell (1)

Del miasma de sangre y cenizas emana cada vez más la densa nube del odio, que ofusca la conciencia de la humanidad en su camino ascendente hacia la solidaridad socialista.

(Rosa Luxemburg)

Conocidos son los (ab)usos que los antifascistas cometen con el escritor George Orwell, autor de fama mundial gracias a su novela de política-ficción 1984. Aquéllo que no se conoce tanto es, empero, la idea que el propio Orwell se hacía de los antifascistas. Dicha opinión quedó no obstante  inequívocamente reflejada en su obra de Coming up for air (1939), título que se traduce habitualmente como Subir a por aire. Los interesados pueden leer el original inglés en la red:


Nosotros nos limitaremos reproducir los fragmentos donde el genial Orwell retrata la repugnante figura del antifascista. Nos basamos en la versión castellana de Ediciones Destino, Subir a por aire, Barcelona, 1972, pp. 148 y ss. El protagonista de la novela asiste a una conferencia impartida por un "antifascista profesional":

Tenía la cara pálida, los labios móviles y la voz cascada de las personas que hablan mucho. Como es lógico, hablaba de Hitler y los nazis. Yo no tenía demasiadas ganas de escucharle -el News Chronicle traía las mismas cosas cada mañana-, pero su voz me llegaba como una especie de br-br-br, y de vez en cuando una frase aislada captaba mi atención.

- ...bestiales atrocidades... odiosas manifestaciones de sadismo... porras de goma... campos de concentración... vergonzosa persecución de los judíos... oscurantismo... civilización europea... actuar antes de que sea demasiado tarde... indignación de todos los pueblos civilizados... alianza de las naciones democráticas... actitud firme... defensa de la democracia... democracia... fascismo... democracia...

Ya conocen ustedes el disco. Estos tipos pueden hacerlo durar horas y horas. Es igual que un gramófono. Se da vuelta a la manivela, se aprieta el botón y se pone en marcha: democracia, fascismo, democracia... Pero en cierta manera me interesaba observarle. Un hombrecito de aspecto insignificante, de cara pálida y cabeza calva, sentado en un estrado soltando consignas. ¿Qué está haciendo? De manera totalmente abierta y deliberada, está suscitando odio. Está haciendo todo lo que puede para hacernos odiar a unos extranjeros llamados fascistas. Qué raro, pensé, ser conocido como "el señor Fulano, el conocido antifascista". Extraña profesión, el antifascismo. Me imagino que este hombre se gana la vida escribiendo libros contra Hitler. Pero ¿qué hacía antes de que Hitler subiese al poder? ¿Y qué hará si Hitler desaparece algún día? Claro que la misma pregunta se puede hacer hablando de los médicos, los detectives, los cazarratas, etcétera. La voz cascada seguía sonando, y me di cuenta de una cosa. Hablaba con convencimiento. No estaba fingiendo en absoluto; sentía cada una de las palabras que pronunciaba. Estaba tratando de despertar odio en el auditorio, pero aquello no era nada comparado con el odio que sentía él mismo. Cada consigna era el evangelio para él. Si se le abría en canal, todo lo que se encontraría dentro sería democracia-fascismo-democracia. Debe de ser interesante conocer a un individuo así en la vida privada. Pero ¿tiene vida privada? ¿O se dedica sólo a ir de estrado en estrado levantando odio? Quizá incluso sueña con consignas. (...)

El antifascista profesional Esteban Ibarra,  presidente del
Movimiento contra la Intolerancia
El conferenciante había cogido una hoja de papel de debajo del vaso y estaba leyendo estadísticas de suicidios en Alemania. (...) El conferenciante explicaba cómo los  nazis decapitan a la gente por traición, y cómo a veces el verdugo falla el golpe. (...) Era una voz que parecía capaz de seguir sin detenerse durante quince días. Realmente, es horrible tener delante una especie de organillo humano que le lanza a uno un interminable chorro de propaganda. Las mismas cosas una y otra vez. Odio, odio, odio. Unámonos todos y odiemos a fondo. Una y otra vez. Le da a uno la sensación de que tiene dentro del cráneo algo que le está martilleando el cerebro. Pero, por el momento, mientras tenía los ojos cerrados, conseguí invertir la situación. Me metí yo dentro de su cráneo. Fue una sensación muy curiosa. Durante un segundo, más o menos, estuve dentro de él, casi se puede decir que "fui" él. Como mínimo, sentí como él.

Vi las cosas que él veía. Y no eran en absoluto cosas agradables de contar. Lo que decía era simplemente que Hitler venía a por nosotros y que teníamos que unirnos y odiar bien a fondo todos juntos. No entraba en detalles. La cosa quedaba respetable. Pero lo que veía era algo muy diferente. Era una imagen de sí mismo aplastando caras de gente con una llave inglesa. Caras de fascistas, claro. Yo sabía que era aquello lo que estaba viendo. Era lo que yo mismo vi durante los dos segundos que estuve dentro de él. !Plaf! !En plena cara! Los huesos ceden como una cáscara de huevo, y lo que hace un momento era una cara ya no es más que una masa de confitura de fresa. !Plaf! !Otro! Esto es lo que tenía en la cabeza, despierto y dormido. Y cuanto más pensaba en ello, más le gustaba. Y no pasaba nada, porque las caras aplastadas eran caras de fascistas. Esto era lo que expresaba su voz.

"Tenía la cara pálida..." (Orwell)
Como sabemos, en nuestra legislación se han tipificado los llamados "delitos de odio". Curiosamente, dichas penalizaciones, que pueden llevar a la cárcel al así imputado por las autoridades "democráticas", excluyen el fomento del odio hacia determinadas ideologías, etnias o grupos profesionales, contra los cuales no se ha dejado de atizar la animadversión, con el resultado de millones de víctimas desde los años 30 del siglo pasado hasta los bien recientes "tiros en la nuca" perpetrados por la banda terrorista ETA: "escúchenlo cerdos fascistas, españoles de mierda". No sólo la red, la literatura, el cine, la prensa, están repletas de instigaciones a asesinar a determinados sectores de la sociedad: la propia legislación "contra el odio" es ya una expresión del terrorismo antifascista basada, precisamente, en el odio, y representa su culminación natural, que encarnara antaño la figura del famoso fiscal soviético Vichinsky como la encarna hoy el no menos famoso fiscal Aguilar.
 
Las esposas, para humillar a la víctima,
"peligroso" librero
Según ya demostré en mi ensayo "La criminalización del fascismo", el fenómeno antifascista, la identificación del fascismo con el "demonio" y, por tanto, la justificación argumental y razonada del asesinato de "fascistas", comienza mucho antes de que pueda hablarse de cosas tales como Auschwitz. De hecho, podría afirmarse incluso que la Shoah será, de alguna manera, la consecuencia del antifascismo, nunca su causa. En Auschwitz se consuma históricamente el proyecto de criminalización del fascismo. La narración del holocausto, en lo que tiene de cierta, refleja el efecto "rebote", la gigantesca profecía autocumplida (self fulfilling prophecy), del antifascismo, y constituye, como he acreditado en esta bitácora y otras publicaciones, un hecho de carácter siempre reactivo, desencadenado, al final de la Segunda Guerra Mundial, por las atrocidades que los antifascistas cometen contra todos aquellos ("derechistas", "burgueses", "capitalistas", "reaccionarios", "explotadores", creyentes, hunos, teutones: "fascistas", en suma) a quienes privaron desde el principio de su condición humana. Y en lo que tiene de pura invención, la ideología de "el Holocausto" viene a corroborar los tópicos propagandísticos que el antifascismo había decretado desde mucho antes de que el primer militante fascista desenfundara su pistola para defenderse en la calle de la agresión comunista, a saber, que el fascismo es el "mal absoluto". Las masacres comunistas en los Países Bálticos, perfectamente documentadas después de que los bolcheviques fracasaran en su intento de anexionarse esas regiones y dejaran tras de sí un espantoso reguero de salvajadas son, sin duda alguna, el origen de la "reacción" fascista, que responde, entre los ex militares de los Freikorps en las zonas atacadas por los rojos, a la brutal violencia de odio oriunda de los propios rojos, y no a la inversa.

Orígenes de la conciencia fascista

Los bolcheviques intentaron conquistar Estonia en tres ocasiones, a saber, en 1917, 1918 y 1924. La primera vez vieron frustradas sus pretensiones por la presencia de un cuerpo expedicionario alemán que los puso en fuga. Pero el triste final de la Gran Guerra obligó a los alemanes a abandonar el país en noviembre de 1918, circunstancia que los comunistas aprovecharon para realizar su segunda intentona. Esta vez fueron los propios estonios quienes tuvieron que liberar por su cuenta el territorio. Estonia se declaró independiente el 2 de febrero de 1920. El Partido Comunista Estonio intentó entonces un golpe de Estado con fecha de 1 de diciembre de 1924, pero fracasó. La ocupación bolchevique de parte de Estonia durante unos meses en distintas ocasiones puso empero en evidencia, por primera vez, ante los ojos de Europa y del mundo, la espantosa verdad del comunismo, un proyecto político basado precisamente en el odio tal como Orwell lo describe:

"Era una imagen de sí mismo aplastando
caras de gente con una llave inglesa.
Caras de fascistas, claro." (Orwell).
En la imagen, un lituano objeto
de la típica brutalidad bolchevique.
Los bolcheviques se habían dedicado a realizar matanzas en las localidades que habían ocupado: el 14 de enero de 1920, en Tartu, la víspera de su retirada, asesinaron a 250 personas, y más de 1.000 en el distrito de Rakvere. Durante la liberación de Wesenberg, llevada a cabo el 17 de enero, se abrieron tres fosas, en las que fueron encontrados 86 cadáveres. Los rehenes fusilados el 26 de noviembre en Dorpad habían sido torturados, les habían roto los brazos y las piernas, y algunos tenían los ojos arrancados. El 14 de enero, justo antes de su huida, los bolcheviques sólo tuvieron tiempo de ejecutar a 20 personas, entre ellas el arzobispo Platón, de las 200 que tenían prisioneras. Asesinadas a hachazos y garrotazos -se encontró un oficial con las charreteras clavadas en el cuerpo-, las víctimas resultaban difícilmente identificables (Courtois, S., El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 316).

Por aquel entonces el fascismo no existía. El fascismo no podía ser utilizado como coartada para "justificar" la violencia roja. Más bien, a la inversa, era la violencia roja la que "fabricaba" el fascismo y luego legitimaba la existencia del antifascismo basándose en la maldad absoluta (=sadismo, bestiales atrocidades, campos de concentración) imputada a aquél. Los crímenes de masas descubiertos a posteriori en Estonia y en otros lugares de Polonia y el Báltico controlados temporalmente por el Ejército Rojo son poca cosa comparados con lo que sabemos hoy del gulag, pero resultaron suficientes para generar alarma en Europa occidental y singularmente Alemania e Italia, donde los rojos aspiraban a hacerse con el poder e incluso realizaron, como sabemos, serios amagos revolucionarios en este sentido (Baviera, Hungría...).

"Odiosas manifestaciones de sadismo".
Oficial polaco empalado en Orsha
por los bolcheviques, 1918.

La realidad del bolchevismo era perfectamente conocida después de que se publicaran obras como El terror rojo en Rusia (1924), del ruso Sergei Melgunov, un documento sobre cuya exactitud y rigor no caben dudas serias en la actualidad. Conviene subrayar el papel de los alemanes bálticos en el surgimiento del nacionalsocialismo alemán: su experiencia del horror comunista fue el revulsivo de lo que podríamos denominar "la toma de conciencia fascista" en Alemania. Un caso ejemplar es el de Max Erwin von Scheubner-Richter, quien regresa a Riga (Letonia) desde Turquía, donde conociera el genocidio turco de los armenios, para encontrarse con que "todos los alemanes de la región fueron declarados fuera de la ley por los bolcheviques locales y por los que llegaban de Rusia, haciendo de ellos objeto de una política de exterminio" (Nolte, E., La guerra civil europea, 1917-1945, México, FCE, 2001, p. 134). En este punto entramos en el terreno del genocidio, es decir, del asesinato de masas por razón de etnia, pero perpetrado por bolcheviques (léase: por los "inminentes" antifascistas) de solapado sesgo identitario. El hecho de que la mayor parte de los cuadros dirigentes comunistas se nutriera en Rusia de judíos y asesinara de manera sistemática a los alemanes bálticos, un estrato social culto y acomodado, sería un factor determinante en la génesis de la ideología nazi. Como sabemos, junto con Dietrich Ekhart y el también báltico Alfred Rosenberg, Von Scheubner-Richter sería uno de los pocos doctrinarios nacionalsocialistas respetados por Adolf Hitler.

Algunos antifascistas me preguntan cómo se explicaría mi preocupación por la tortura en las prisiones catalanas, siendo así que soy sólo un (cerdo) "fascista", además de un (puto) "carcelero". Mi respuesta será siempre la siguiente: precisamente en tanto que "fascista" sabedor de cuál fue el trazo original de la conciencia fascista, es decir, el asombro frente al horror y la crueldad del bolchevismo proyectando su sombría venganza sobre Europa. Véase, en este sentido, el Völkische Beobachter de 19 de julio de 1922:

¿Queréis esperar hasta ver colgados de los postes de luz a miles de alemanes en todas las ciudades? ¿Queréis esperar a que, como en Rusia, una comisión bolchevique asesina entre en acción en todas las ciudades y despache a la eternidad, por "contrarrevolucionarios", a todos los que no quieren someterse a la dictadura? ¿Queréis tener que tropezar, como en Moscú y Petersburgo, con los cadáveres de vuestras mujeres e hijos, a los cuales hay que matar por ser los "reproductores de la burguesía"? "No", gritaréis. Y no obstante os decimos: todo esto se llevará a cabo de manera tan metódica como en Rusia si no os dais cuenta que, para vivir, hay que luchar ahora.

¿Mentían aquí los nazis? !No! Pues aunque en nuestros días pueda resultar chocante, aquello que se plantea el fascista originario es la posibilidad de cumplir las ya insoslayables exigencias de una revolución social sin incurrir en la barbarie; la pretensión de una revolución "disciplinada" que salvaguarde las identidades nacionales y culturales, así como las instituciones de la civilización occidental frente a aquéllo que se percibe como una regresión histórica de dimensiones planetarias, define el fascismoRudolf Hess criticando los excesos de las SA:

La Revolución judeo-liberal de Francia nadó en la sangre de la guillotina. La Revolución judeo-bolchevique de Rusia resuena con los millones de gritos lanzados desde los sótanos de tortura de la cheka. Ninguna revolución del mundo se ha llevado a cabo de forma tan disciplinada como la nacionalsocialista (...) Sepan todos que estamos lejos de tratar con indulgencia al enemigo. Sepan que cada asesinato de un nacionalsocialista cometido por comunistas o marxistas será vengado por nosotros en diez líderes comunistas o marxistas (...) Sin embargo, cada nacionalsocialista también debe ser consciente de que los maltratos a los adversarios corresponden a costumbres judeo-bolcheviques y que son indignos del nacionalsocialismo (Nolte, E., op. cit., p. 64).

La conciencia fascista no se limita a rechazar asqueada las atrocidades de los bolcheviques, sino que analiza su causa, disecciona en el interior del discurso humanista de la felicidad y el progreso los ocultos resortes que desencadenan el exterminio. Un ejemplo de este temprano análisis lo tenemos en autores prefascistas como Sorel, lectores de Nietzsche que han desarrollado una rigurosa desconfianza hacia las criminales promesas de los mercachifles del "paraíso social":

Todo por un "paraíso social" ya inminente:
odio sin límites a quienes
estorben la soteriología secularizada.
Hungría, 1919
Podría realizarse una hermosa compilación de repelentes sentencias políticas, sólo con compulsar la Histoire socialiste de Jaurès; no he tenido la paciencia de leerme las 1.824 páginas dedicadas a relatar la Revolución entre el 10 de agosto de 1792 y la caída de Robespierre; no he hecho más que hojear ese pesadísimo libraco, y he visto que en él se hallaban mezcladas una filosofía digna a veces de Pantalon, y una política de abastecedor de la guillotina. Me había parecido, desde hace tiempo, que Jaurès sería capaz de cualquier ferocidad contra los vencidos; he reconocido que no me equivoqué; pero nunca hubiera creído que fuese capaz de tanta bajeza: para él, el vencido siempre tiene la culpa, y la victoria fascina de tal modo a nuestro gran defensor de la justicia eterna, que está dispuesto a dar su aprobación a todas las proscripciones que le exijan; dice que "las revoluciones le piden al hombre el más espantoso sacrificio, no sólo de su reposo, no sólo de su vida, sino de la inmediata ternura humana y de la compasión". ¿Para qué haber escrito tanto acerca de la inhumanidad de los verdugos de Dreyfus? También ellos sacrificaban "la inmediata ternura humana" en aras de lo que les parecía ser la salvación de la patria (Sorel, G., Reflexiones sobre la violencia, Madrid, Alianza, 2005, p. 166).

Así, el fascismo (y éste será el motivo de su eterna incomprensión) condenará el bestialismo revolucionario pseudo marxista, pero sin apelar al mismo lenguaje que lo provoca, es decir, erigiendo frente a un hedonismo y eudemonismo del terror rojo amparado incluso en la "ternura humana" -epítome de la indignidad del torturador- otro concepto de revolución inspirado en valores alternativos de carácter "pesimista", siendo así que será precisamente "la utopía", la profecía del inminente "reino de Dios" la que enloquezca a las masas y justifique todos los crímenes del Estado moderno. Mensaje del genuino fascismo: rechazar la jerga del humanitarismo progresista en tanto que se pretenda salvaguardar la civilización. Ahora bien, esta exigencia ideológica primordial ha sido silenciada y, con ello, se malinterpreta, en algunos casos de mala fe, el significado del propio fascismo, de manera que la máquina de matar antifascista ha podido seguir funcionando hasta el día de hoy con total impunidad. Un segundo fragmento de Sorel:

Kiev, 1919
Cuanto más fácilmente crean los electores en las fuerzas mágicas del Estado, más dispuestos estarán a votar por el candidato que promete maravillas; en la lucha electoral hay una incesante puja: para que los candidatos socialistas puedan llevarse por delante a los radicales, es preciso que los electores sean capaces de aceptar todas las esperanzas; por ello, nuestros políticos socialistas se guardan mucho de combatir de manera eficaz la utopía de la felicidad facilona (Sorel, G., op. cit., p. 183). 

Hete aquí los orígenes filosóficos de la singular conciencia fascista, de la misma manera que más arriba hemos ilustrado fugazmente sus inmediatos orígenes políticos.  Ahora bien, si se ha leído bien, precisamente la negación y condena del odio de clases es el centro del planteamiento social-patriótico, mientras que para los antifascistas se trataría, precisamente, de atizar ese odio hasta desembocar en el más abyecto sadismo. Ni que decir tiene que, en su desarrollo histórico, el fascismo no estaría, ni mucho menos, a la altura de sus ideales. El suyo no es un caso aislado por lo que respecta a las doctrinas políticas. Pero hay que juzgar el fascismo desde los propios cánones axiológicos fascistas y no desde la hipocresía asesina del humanitarismo antifascista.

Nota:

Sobre los mecanismos psico-sociales de la progresía considerada como grupo tribal, a los que alude Jackobs con toda la razón, debo decir que no me ocupo aquí de ellos por los motivos expuestos en los comentarios; no obstante, en este link se pueden encontrar algunas de mis consideraciones sobre el tema. Dado que no soy psicólogo ni sociólogo, sino filósofo, no he ido más allá  del mero esbozo o encuadre de la cuestión. Intenté responder a esta pregunta: ¿cómo puede hacer el hombre para robar, torturar, asesinar, exterminar a otras personas y, no obstante, seguir sintiéndose "bueno" e incluso "el más bueno"? Muy sencillo: ejerciendo de antifascista, tarea que incluye la fabricación de los "fascistas" (=seres deshumanizados, demonios, monstruos), aquellos a quienes podrá liquidar en nombre del "amor", la "felicidad", etc. Si ya han vomitado, pueden seguir leyendo.

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viernes, julio 01, 2011

El problema cultural del fascismo (2)

Portada de un ejemplar de la obra referenciada.


Incurriendo en aquéllo que un "político" habitualmente se prohíbe a sí mismo, Mussolini atrévese empero a proclamar "la verdad" entre finales de 1919 y principios de 1920. Emerge torrencialmente entonces una "racionalidad de los fines" emanada de las entrañas de la vida, a saber, la verdad de la finitud, el motto oculto de la pauta de conducta trágico-heroica nacional-revolucionaria o "fascista". Heidegger sistematizará dicha verdad, le otorgará estatuto filosófico racional. Nosotros la devolvemos,  transfigurada por el concepto pero fiel en lo esencial, a las arcas ideológicas del "fascismo", ese ente maldito que sigue espiritualmente vivo bajo los escombros de una derrota meramente militar, nunca política ni, mucho menos, pese a las calumnias, doctrinal.

En relación con la siguiente entrada:


Algunos usuarios nos preguntaron por el origen de unas citas cuya fuente habíamos poco menos que olvidado. Se trata de unas declaraciones de Mussolini en las que el Duce manifiéstase equidistante de las posiciones cristianas y comunistas, agrupándolas ambas bajo el concepto de los fabricantes de paraísos. Pues bien, hemos recuperado, sólo para satisfacer a quienes nos preguntaron en su momento (veánse comentarios a la entrada citada), la obra en cuestión y transcribimos íntegramente lo que allí se dice con la datación correspondiente:

Benito Mussolini, Il Popolo d'Italia, 12 de diciembre de 1919:

Nosotros, que detestamos profundamente todos los cristianismos, tanto el de Jesús como el de Marx, sentimos una extraordinaria simpatía por el nuevo incremento  que toma, en la vida moderna, el culto pagano de la fuerza y del valor... !Basta ya, teólogos rojos y negros de todas las iglesias, de astutas y falsas promesas de un paraíso que no llegará jamás! !Basta ya, ridículos salvadores de un género humano que se ríe de vuestras infalibles recetas para alcanzar la felicidad! Dejad el camino libre a las fuerzas elementales del individuo, pues no existe otra realidad humana que el individuo.

Y en el mismo diario, el 1º de enero de 1920:

Navigare necesse est... contra los demás, contra nosotros mismos... Nosotros hemos destrozado todas las verdades reveladas, hemos escupido sobre todos los dogmas, hemos rechazado todos los paraísos, hemos ridiculizado a todos los charlatanes -blancos, negros y rojos- que ponen en venta las drogas milagrosas para proporcionar la "felicidad" al género humano. No creemos en los programas, en los esquemas, en los santos, en los apóstoles; sobre todo, no creemos en la felicidad, en la salvación, en la tierra prometida... Volvamos al individuo. Nosotros apoyamos todo lo que exalta y engrandece al individuo, todo lo que le da mayor bienestar, libertad y una mayor independencia; combatimos todo lo que deprime y mortifica al individuo. En la actualidad hay dos religiones que se disputan el dominio sobre el individuo y sobre el mundo: la negra y la roja; las encíclicas provienen, hoy, de dos Vaticanos, el de Roma y el de Moscú. Nosotros somos los herejes de esas dos religiones.

Angelo Tasca
Ambas citas provienen de Angelo Tasca, El nacimiento del fascismo, Barcelona, Ariel, 1969, pp. 48-49.

Sorprende la tosca manera que tiene Mussolini -un político, no un filósofo- de apelar a la idea nietzscheana del Übermensch. Nosotros no podemos convalidar, desde el punto filosófico, después de haber leído a Heidegger, todo lo que Mussolini parece querer proclamar. Pero los fragmentos citados sí son inequívocos en lo que respecta a una polémica cuestión: la voluntad  fascista de ruptura con el cristianismo en sus dos formas, religiosa y secularizada, que el dirigente fundador asocia a la "felicidad" y al "paraíso" como valores supremos de la existencia humana. En su lugar, se reclama Mussolini de una doctrina de libertad que nada tiene que ver con el liberalismo. ¿Mintió Mussolini en unos momentos de desesperación (fracaso electoral) en los que va a iniciar el curso del fatal "giro a la derecha" del año 1920? Es como si Mussolini quisiera dejar testimonio de su verdadera ideología sin concesiones al marketing electoral antes de sumergirse en la maniobra que desdibujará para siempre la imagen del fascismo como doctrina revolucionaria y que marchará, paradójicamente,  en dirección contraria de lo proclamado, a saber: hacia el alevoso entendimiento con la burguesía. Esta traición traerá consigo, a su vez, el pacto vaticano y monárquico, o sea, la adulteración total del proyecto fascista en beneficio de un "individuo" (el propio Mussolini) que en cuanto político profesional lo único que pretende es alcanzar el poder a cualquier precio. No obstante lo cual, como veremos, incluso después de la derechización, intentará Mussolini preservar elementos esenciales de la postura revolucionaria y, por ende, de izquierdas, que seguían latiendo en su corazón -no tan oportunista como se ha dicho- una vez consumado el fraude estratégico.

Conviene recordar que Tasca, miembro destacado del PSI, es un adversario político de Mussolini; sus descripciones del dirigente fascista están marcadas por un odio personalísimo muy difícil de disimular. No obstante, los citados son párrafos literales. Veamos ahora el comentario de Angelo Tasca sobre mismos:

(...) Mussolini es víctima de una especie de exasperación "ideológica". Teoriza sobre su propia soledad con una mezcla de amargura, desespero y orgullo. Se confiesa en voz alta, libre por unos instantes de toda preocupación inmediata, pues hay que empezarlo todo otra vez y el nuevo camino se presenta largo y escabroso.

Reedición del calumnioso
libro de Tasca
Tasca se contradice aquí, pues, según su tesis, Mussolini carece de ideología. Mussolini es mussoliniano y nada más. Ahora bien, incluso un libro claramente hostil deja filtrarse, en un momento de descuido, la realidad rechazada: el trasfondo filosófico de las pautas de conducta de Mussolini, quien sólo desprecia los programas a efectos de mejor plasmar los valores. En suma, Mussolini, por un momento, deja de ser y de actuar en tanto que político para proclamar en voz alta la verdad, la esencia del fascismo. Habla en calidad de ideólogo. Su hostilidad doctrinal hacia la derecha (cristianismo) es quizá mayor que la que le opone al comunismo, siendo así que agrupa nietzscheanamente a ambos conceptos bajo la categoría religiosa, no bajo la política. Es decir: no caracteriza a los cristianos como "comunistas de la antigüedad", que es lo que haría quizá un derechista, sino a los comunistas como cristianos de la modernidad. Tómese nota, pues, de este factum a la hora de interpretar el fenómeno fascista como un simple subproducto de la "extrema derecha". Y quienes han de imbuirse de la idea son, en primer lugar, todos los presuntos "patriotas" que están militando en el campo ultraderechista cristiano y, por ende, lo quieran o no, lo sepan o no, en la órbita del cosmopolitismo capitalista cuyo sustrato humano e institucional el judeocristianismo se ha limitado a abonar a lo largo de diez siglos.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
1º de julio de 2011

AVISO LEGAL

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jueves, junio 30, 2011

Antecedentes de una izquierda nacional de los trabajadores (3)

La Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) asumió en su momento -por ahora de manera oficiosa- el concepto de autonomía histórica, pero éste, puntualizamos aquí, no puede consistir en negar las filiaciones del pasado, siendo así que ningún proyecto político ni, en general, ninguna obra humana, surge de la nada. Autonomía histórica significa que la organización no se considera deudora de ideología anterior alguna, que actúa con completa libertad a partir de una declarada apertura a la verdad racional. La INTRA puede hacerlo porque el respeto a la verdad, como acto ético, define el contenido mismo de su  política. Ahora bien, ¿existe algún antecedente histórico de la Izquierda Nacional de los Trabajadores INTRA? Sí, sin duda, aunque no se lo reconociera (por múltiples razones) de manera expresa. Y ese antecedente, que a título particular reivindicamos abiertamente como tal, es el del primer fascismo, el fascismo de 1919, el nacionalismo italiano de izquierdas fundado por un socialista que rompió, por primera vez, con la herencia judeocristiana en política de la misma manera (y gracias a) que Nietzsche lo había hecho en filosofía. Es en tanto que "fascistas" del 1919 que rechazamos el Fascismo. Porque, no nos engañemos, nosotros debemos rechazar y rechazamos el Fascismo, sin duda alguna, pero en calidad de tales "fascistas", no como antifascistas, en cualesquiera variantes del antifascismo que quepa concebir. Sólo condenando el Fascismo podemos seguir siendo nacional-revolucionarios de izquierdas y, por lo tanto, en algún sentido, de carácter espiritual, pero no político, podemos seguir siendo también "fascistas". El recuerdo de los 100 millones de personas exterminadas bajo la acusación de "fascismo" nos fuerza, por otra parte, a esgrimir orgullosamente un significante que será, a la postre, emblema de todas las víctimas inocentes e impunes de los grandes genocidios y crímenes de masas del siglo XX.

La INTRA aventaja en algo a los fundadores del fascismo, a saber: dispone de la inmensa obra de Heidegger para depurar la interpretación política de izquierdas que Sorel y el Mussolini socialista hicieran de Nietzsche, singularmente de los conceptos "muerte de dios", "voluntad de poder", "eterno retorno", "nihilismo" y "superhombre", ejes del pensamiento nietzscheano. Aborrecemos la lectura racial del Übermensch. Interpretaremos el holocausto, en sus dimensiones reales, no en las propagandísticas, como el resultado de la derechización y, por ende, recristianización del fascismo, cuyos efectos en Alemania no serán otros que la conversión del nacionalsocialismo en un proyecto antisemita. El motivo es que el nazismo se mira a partir de 1922 en el espejo de un fascismo ya adulterado donde el antisemitismo cristiano tradicional, en su formulación wagneriana, podrá adoptar un rol doctrinal decisivo; sumado su efecto al de otros factores que ya hemos tratado, "Wagner" conducirá así a Auschwitz. En otra entrada de la serie "Anotaciones preliminares sobre las causas del holocausto" nos ocuparemos de las consecuencias de este fenómeno para el "fascismo alemán" y el desencadenamiento de la llamada Endlösung (solución final).

El potencialismo, es decir, la reflexión de segundo grado (heideggeriana) sobre la herencia nietzscheana de la Wille zur Macht, el ewige Widerkehr  y el Übermensch posibilita la autoconciencia crítica de  fascismo y, por ello, fundamenta la autonomía histórica de la INTRA. Dicha autonomía no puede ser el resultado de una declaración, de un acto gratuito de voluntad o de un simple designio, sino de una trabajosa lucha por liberarse de las adherencias judeocristianas y conservadoras del fascismo derechizado (italiano, alemán y español). Al margen de esta catarsis, no hay autonomía histórica posible. El inventor del término "autonomía histórica" y fundador del partido Izquierda Nacional-IN, Laureano Luna, ha puesto en evidencia las carencias de las que estamos hablando al pretender construir un sistema filosófico que, una vez más, desemboca en los obsoletos conceptos de dios y raza. Con ello, más que la innovadora doctrina de izquierda nacional que recuperara, depuradas, las esencias filosóficas del programa de 1919, constrúyese el epítome ideológico del fascismo derechizado.

No se trata de dejar atrás el fascismo por una cuestión de interés táctico. El fascismo debe ser efectivamente superado por la crítica filosófica a fin de promover un genuino proyecto nacional-revolucionario, movimiento de masas capaz de levantar a Europa en medio de sus ruinas espirituales y, pronto -muy pronto-, materiales (extinción demográfica). Si no se superase el fascismo de manera veraz, entonces el fascismo, en su versión predominante, derechizada, criminógena, permanecerá latente en todas las organizaciones patrióticas, las cuales, no lo olvidemos, se conciben a sí mismas como partidos de ultraderecha, cristianos y hasta filosionistas. El grado de degeneración al que ha conducido la perseverante ignorancia con respecto a Heidegger tiene estas consecuencias: los vínculos doctrinales entre el nazismo y el sionismo, que hasta la publicación de la obra de Lenni Brenner habían permanecido ocultos, obtendrán de aquí a poco carta de naturaleza en el terreno político. Semejante abyección será el resultado final inevitable de la negativa a seguir el camino trazado por ENSPO para los NR en los años ochenta del pasado siglo. !Cuánta miseria nos tocará todavía contemplar en las próximas décadas hasta que los camaradas NR perciban, por fin, que no hay otra salida del gueto ultra que el "retorno" al fascismo de 1919, es decir, el rescate de los contenidos axiológicos izquierdistas y ateos sobrehumanistas que sustentaron el programa del 13 de mayo! Pero, aunque pocos nos escuchan, aquí estamos, nadie podrá decir que no fue advertido: llevamos 30 años clamando en el desierto. Mil veces seremos apuñalados por la alevosía católica de la extrema derecha, mil veces volveremos a enarbolar El Anticristo de Nietzsche como estandarte, como culminación de la tradición filosófica occidental, como precipitado de una conciencia histórica potencialista que quiere desembarazarse al fin de Yahvé, como voluntad indomable que aspira a liberar, de manera definitiva e irreversible, el solar histórico europeo de los valores abrahamánicos que lo devastan desde hace milenios.

Todo ello para que la razón luzca, por fin, con toda su fuerza y sin concesiones a las "necesidades" psicológicas del "hombre"; para que la verdad de la muerte haga, de una vez para siempre, acto de presencia ante nosotros.  Sea.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

sábado, junio 18, 2011

Antecedentes de una izquierda nacional de los trabajadores (2)

Todo lo que sigue a continuación remite en última instancia al fascismo originario, es decir, al fascismo de 1919 y al prefascismo del Mussolini socialista (1905-1914), y no al régimen reaccionario que surge a partir del año 1921. Éste se denomina también fascismo, el Fascismo par excellence, la realidad histórica inapelable de lo que el fascismo fue. Pero quizá convendrá  puntualizar entonces la dinámica dialéctica interna (izquierda-derecha-izquierda) del fenómeno fascista. El fascismo resulta impensable sin sus raíces izquierdistas. Son los elementos obreristas los que, adulterados hasta la náusea, es decir, hasta convertirlos en pura "coreografía de camisas azules", como denunciara otrora José Antonio respecto de la Falange, posibilitan que sean utilizados como sucedáneos de una temida revolución comunista. Esta pseudo revolución fascista debe permitir aplacar a las masas y darle un respiro a la burguesía, pero se trata, evidentemente, de un fraude. Al final, tanto los trabajadores como los fascistas revolucionarios sinceros -algunos de ellos ex comunistas- serán traicionados por la derecha cristiano-capitalista. No otro es el destino del fascismo.

De la lectura del programa fascista originario, que hemos reproducido íntegro en la entrada anterior de esta bitácora, se desprenden una serie de consecuencias flagrantes: 1/ el fascismo surge como nacionalismo de izquierda, como izquierda nacional; 2/ el fascismo reclama el sufragio universal y, por ende, la radicalización asamblearia del sistema democrático; no existe, en consecuencia, una relación necesaria entre fascismo y dictadura, como se ha pretendido hasta ahora, sino una relación puramente fáctica: fue así de hecho en la medida en que el fascismo se derechizó, pero podía haber sido de otra manera; 3/ el fascismo de 1919 reivindica un socialismo de carácter autogestionario, con la participación de los trabajadores en la cogestión de las empresas, luego el fascismo del Santo Sepulcro de Milán no era totalitario, sino sindicalista y corporativista, el fascismo diciannovista distingue entre socialización y estatalización; 4/ el fascismo propone la fundación de una milicia puramente defensiva, por tanto, cabe sostener que el fascismo fundacional no era tampoco militarista; 5/ el fascismo depurado (de escorias eclesiásticas) exige el reconocimiento de la igualdad cívica de la mujer, ergo, el fascismo, mal que le pese a Rossana Rossanda, no constituyó la expresión anacrónica de un machismo retrógrado; 6/ el fascismo mantiene una posición crítica y combativa frente al Vaticano, enemigo mortal de la nación italiana; no se identifica, en definitiva, ese fascismo originario, con la tradición ni con la cultura conservadora (católica).

Algunos se preguntarán, ¿en qué se distingue entonces el fascismo de la izquierda pura y simple? La respuesta es sencilla, pero, a la vez compleja por lo que implica su comprensión en el plano existencial: el fascismo constituye, por primera vez, una izquierda nacional que, a través del concepto de "nación", vehicula en el interior del proceso de racionalización de occidente que define la izquierda los valores trágico-heroicos de la filosofía de Nietzsche. !Dichos valores son un decantado producto de la ilustración crítica! El fascismo no asume literalmente -nota para los asnos- toda la obra de Nietzsche, aforismo por aforismo, parágrafo por parágrafo, frase por frase, palabra por palabra..., sino que perfecciona una determinada interpretación de la crítica nietzscheana a los valores cristianos, a la moral cristiana. Dicha recepción de Nietzsche sólo de puede comprender a posteriori, a partir de la obra de Heidegger, que incluye enormes trabajos sobre el filósofo de Röcken. El fascismo bebe así de otras fuentes, pero su núcleo se condensa en la exégesis de dicha crítica axiológica, la cual define el salto de la primera ilustración (s. XVIII) a la segunda (s. XX): la refundación del concepto de razón. O en otros términos: el fascismo propone un socialismo que ha rechazado la herencia cristiano-secularizada del socialismo marxista para poder apropiarse de unos fundamentos axiológicos completamente distintos, si no opuestos: ateos, paganos, anticristianos... El proceso de transvaloración de todos los valores que desemboca en el fascismo de 1919 comienza con Nietzsche y se cuece en la mente de Mussolini durante la militancia socialista marxista de éste, es decir, que el fascismo más genuino lo encontramos en la etapa en que Mussolini todavía es un dirigente socialista pero piensa ya como un nietzscheano y, a la par, como un marxista. El verdadero fascismo no supone una renuncia a la aportación de Marx, sino sólo una depuración del lastre judeocristiano que el propio Marx arrastraba y que condicionaba sus profecías utópicas, como ya viera otro teórico prefascista, a saber, el francés Georges Sorel. Lo que queda del marxismo tras la crítica nietzscheana es la lucha, la revolución, el heroísmo trágico de los combatientes revolucionarios: el paraíso como telos ha sido erradicado de cuajo de la conciencia fascista pura.

A partir del año 1921 asistimos a un proceso de derechización del fascismo del que surgirá el fascismo histórico, el Fascismo tal como lo conocemos, identificado con la reacción. Ese fascismo se convierte en un instrumento del capital para agredir a los trabajadores, en una élite sedienta de poder que pacta con la burguesía y hasta con la aristocracia, en una caterva de hipócritas que se alía con la monarquía y el Vaticano, que asume ornamentalmente los valores del cristianismo en su filosofía (véase Giovanni Gentile, filósofo oficial del Ventennio), volviendo del revés, subvirtiendo en una palabra, el proyecto originario del fascismo, que era nietzscheano y, por ende, revolucionario, luego: anticristiano. Así, vemos que a la transvaloración de los años 1908-1919 ha seguido una restauración católica vergonzante (1922-1942) que Salò ya no puede enmendar. Ni Salò ni nadie. Pero la verdadera revolución sólo puede ser "fascista", como ya viera la Escuela de Frankfurt.

Juan Colomar Albajar, un
auténtico nacional-revolucionario.
En este proceso de derechización, la responsabilidad del propio Mussolini es innegable, pero en su favor hay que decir que la traición no parte de él, Mussolini simplemente la consiente, en algunos casos a regañadientes, arrastrado por los ras (jefes regionales) que convierten los fascios en partidas de la porra de la burguesía agraria del Norte de Italia  y los abalanzan contra las organizaciones sindicales y socialistas de los trabajadores.

Más tarde (1943), cuando la derecha católica italiana, con la que había pactado, venda al Duce para pasarse con armas y pertrechos al bando aliado vencedor, Mussolini intentará recuperar el fascismo originario en la República Social Italiana (1943-1944). Pero será ya demasiado tarde. La derechización del fascismo ha desacreditado el significante y, desde el gran fraude de la Marcha sobre Roma (1922), no hay vuelta atrás. El fascismo es lo que es, históricamente pertenece a la extrema derecha. Pero, curiosamente, la esencia del fascismo, aquéllo que le diera fuerza y distinguiérale de las derechas tradicionales, fueron los elementos izquierdistas y a la vez nietzscheanos (anticristianos) que conservó incluso en la abyección de su cobarde postración ante Jesús. Así, cabe hablar de un "fascismo" revolucionario con plena legitimidad filosófica, pero políticamente el fascismo en su acepción histórica consolidada  no sólo ha muerto de facto, sino que merece desaparecer, o sea, estarlo de iure.

Aquello que siempre ha temido la izquierda judeo-cristiana secularizada cuando habla del fascismo no es el fascismo derechizado, aunque dicha izquierda siempre insista en enarbolar la ecuación fascismo=ultraderecha para tranquilizarse (sobre todo a sí misma), sino la permanente posibilidad de un "fascismo" originario, de una izquierda nacional de los trabajadores. Ahora bien, un tal fascismo no lo teme sólo la izquierda, lo teme, con tanta o más razón, la derecha. Con una diferencia: los patriotas socialistas tenemos claro que existe un enemigo a la izquierda, el internacionalismo, pero muchos, la mayoría, fueron y son incapaces de identificar el enemigo de derecha, ese que, formado por presuntos patriotas como nosotros, avanzaba alevosamente con el crucifijo punzón preparado y que nos apuñaló, nos apuñala y nos apuñalará siempre por la espalda porque, excepto en circunstancias excepcionales de tipo táctico, un verdadero fascista debe ser más enemigo de la derecha que de la izquierda  Y el derechista lo sabe, pero los Nacional-Revolucionarios, una y otra vez "usados" por la burguesía como matones callejeros contra la izquierda, no parecen darse por enterados. En la izquierda marxistoide el elemento "abrahamánico" está ya secularizado y resulta accesible al factor de la crítica racional, mientras que en la derecha cristiana dicho elemento se encuentra en estado químicamente puro, es decir, en su formulación nada menos que religiosa, y se expresa con toda la irracionalidad fideísta que le es propia, frente a la cual no cabe diálogo, debate o conciliación. El destino de un genuino "fascismo" está sellado: la Iglesia católica debe perecer para que nazca el superhombre.

Entre un verdadero fascista y un ultraderechista sólo queda el cuchillo, como sabían bien los falangistas auténticos cuando se topaban con los requetés carlistas en un callejón solitario. Pero, !ay!, en la mayor parte de los casos los acuchillados somos siempre nosotros, aunque a traición: piénsese en el destino de la Falange a manos de la derecha sociológica española y, a la postre, del Opus Dei. Nos dejamos engañar por el factor patriótico supuestamente común que al parecer nos uniría a los derechistas radicales. Lo cierto es que la única patria de los derechistas es la "comunión universal" (=catolicismo) que prepara en las "almas" el advenimiento del judeocapitalismo y que una y otra vez tiene que desembocar en la modernidad obsoleta que ya conocemos como el franquismo desembocó por su propio pie en la "sociedad de consumo" a la sombra de la bandera norteamericana.

No otro es el destino del fascismo.
El enemigo está a la derecha y con ese enemigo no hay lugar para la condescendencia. La izquierda nacional de los trabajadores, el "fascismo", tiene que aprender la lección del pasado. El ultracatólico siempre se olvida del patriotismo cuando observa que quien está a su lado en la trinchera porta en su mochila de batalla el Zaratustra o El Anticristo de Nietzsche, y no la Biblia. Aprovechará el cristiano cualquier despiste para empujarte a la cuneta "en el nombre de Dios" y de la puta madre iglesia. Mi experiencia personal me enseña que los católicos siguen siendo, ante todo, católicos, no españoles, alemanes o europeos. Puedes declararte patriota y actuar en consecuencia, pero si no eres católico, y hablo siempre desde el punto de vista político, el "creyente" no te lo perdonará: su salvación eterna está en juego, tiene que acuchillarte. Ya sabemos que Yahvé ordena exterminar a los infieles, pero no se trata aquí sólo de la muerte física, sino de la liquidación cívica, moral, del ostracismo político allí donde dos o tres o más "hermanos en la fe" puedan ponerse de acuerdo para actuar como una mafia relegando al ateo, al "pecador", al pagano..., a efectos de colocar en su lugar a uno de los "suyos". El catolicismo es la primera forma histórica de internacionalismo y, por ende, de conspiración antinacional. ¿Por qué habríamos de rechazar un internacionalismo con sede en Moscú y no aquel otro que anida en Roma y que ha construido los pilares espirituales e institucionales del cosmopolitismo burgués? Un derechista es simplemente un traidor a la nación y como tal hay que tratarlo. !No olvidemos el destino de Mussolini, de Ramiro Ledesma, de José Antonio! ¿Pero no se aliaron la derecha burguesa biempensante y el comunismo para destruir el fascismo, incluso ese fascismo derechizado que sólo conservaba en la estética los signos del Anticristo? Los nacional-revolucionarios no olvidamos. Y tampoco perdonamos.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

viernes, junio 10, 2011

Antecedentes de una izquierda nacional de los trabajadores (1)

Emblema del Schwarze Front alemán (NS de izquierdas).
"Nietzsche trae la aurora de un próximo retorno a lo ideal. Pero un ideal profundamente diferente de aquellos en los cuales creyeron las generaciones pasadas. Para entenderlo, hará falta una nueva especie de espíritus libres fortificados por la guerra, por la soledad, por grandes peligros; espíritus que conozcan el viento, los glaciares, la nieve de las altas cumbres, y sepan medir con ojo sereno toda la profundidad de los abismos; espíritus dotados de una especie de sublime perversidad; espíritus que nos liberarán del amor al prójimo, de la voluntad de la nada, volviéndole a dar a la tierra su objetivo y al hombre sus esperanzas; espíritus nuevos, libres, muy libres, que se impondrán sobre Dios y sobre la nada" (Benito Mussolini, dirigente socialista italiano, La filosofía de la fuerza, 1908).
“Nosotros, comunistas, adoptamos el programa fascista de 1919, programa de paz, de libertad y de defensa de los intereses obreros. Camisas Negras y Veteranos del África, llamamos a ustedes para unirnos en este programa. Proclamamos que estamos listos para combatir a su lado, Fascistas de la Vieja Guardia y Juventud Fascista, para realizar el programa fascista de 1919” (Palmiro Togliatti, secretario del Partido Comunista Italiano, Manifiesto por la salvación de Italia y la reconciliación del pueblo italiano, Lo Stato Operario, nº 8, 1936).

PROGRAMA FASCISTA DEL 13 DE MAYO DE 1919
He aquí el programa de un movimiento sanamente italiano.
Revolucionario, porque es antidogmático y antidemagógico; fuertemente innovador, porque carece de prejuicios. Nosotros situamos la defensa de la guerra revolucionaria por sobre todo y por sobre todos. Los demás problemas, burocráticos, administrativos, jurídicos, escolares, coloniales... los consideraremos cuando hayamos creado la clase dirigente.
Para tal fin, NOSOTROS QUEREMOS:
a/ el sufragio universal con escrutinio de lista regional y representación proporcional, voto y elegibilidad para las mujeres;
b/ el derecho de voto reducido a los 18 años, la elegibilidad a los 25;
c/ la abolición del Senado;
d/ la convocatoria de una Asamblea Nacional de tres años de duración, a fin de definir la forma de constitución del Estado;
e/ la formación de consejos nacionales técnicos del trabajo, de la industria, de los transportes, de la higiene social, de las comunicaciones..., elegidos por las colectividades profesionales y de oficio, con poderes legislativos y derecho de nombrar un comisario general con poderes de ministro.
En cuanto al problema social:
NOSOTROS QUEREMOS:
a/ la promulgación de una ley de Estado que sancione la jornada legal de ocho horas de trabajo para todos los trabajadores;
b/ el salario mínimo;
c/ la participación de representantes de los trabajadores en el funcionamiento técnico de la industria;
d/ la administración de las industrias y servicios públicos por las mismas organizaciones proletarias (cuando éstas sean dignas de ello, moral y técnicamente);
e/ la modificación del proyecto de ley de asistencia-invalidez y vejez, reduciendo el límite de edad actualmente propuesto de 56 a 55 años.
En cuanto al problema militar:
NOSOTROS QUEREMOS:
a/ la institución de una milicia nacional, con breves períodos de instrucción y una misión exclusivamente defensiva;
b/ la nacionalización de todas las fábricas de armas y explosivos;
c/ una política exterior nacional que tienda a favorecer los objetivos pacíficos de la civilización de la nación italiana en el mundo;
En cuanto al problema financiero:
NOSOTROS QUEREMOS:
a/ un fuerte impuesto extraordinario y progresivo sobre el capital, que tenga el aspecto de una verdadera expropiación parcial de todas las riquezas;
b/ la confiscación de todos los bienes de las congregaciones religiosas y la abolición de todos los ingresos episcopales, ya que éstos constituyen una enorme carga para la nación, en beneficio de algunos;
c/ la revisión de todos los contratos de suministros de guerra y la confiscación del 85 por ciento de las ganancias de guerra.
Fuente: Buron, T., Gauchon, P, Los fascismos, México, FCE, pp. 24-26.

Véase también:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2008/07/el-fascismo-vino-de-la-izquierda.html


¿Podría existir una izquierda nacional de los trabajadores que, a diferencia del fascismo, respetara el formato democrático?

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html

 

miércoles, junio 01, 2011

La lección de Finlandia

Un Timo inteligente

Que un partido de extrema derecha obtenga buenos resultados electorales es una noticia importante, pero a la que ya empezamos a estar bastante acostumbrados. En todo caso, no creo que el hecho inquiete demasiado al sistema oligárquico transnacional que nos gobierna, porque, como se ha podido comprobar hasta el hartazgo en Francia durante la época de Le Pen, los votos ultras son siempre de prestado, o sea, reembolsables en provecho de la eterna derecha liberal.

La extrema derecha raras veces supera un determinado techo electoral del 15% y, aunque en la actualidad ya sea capaz de entrar en los parlamentos europeos con relativa facilidad, nunca podrá gobernar, cuando precisamente de eso es de lo que se trataría. Para los dirigentes ultras constituye, sin duda, toda una satisfacción personal disfrutar de las prebendas que van asociadas al escaño, pero, a menos que los tengamos por completamente idiotas, han de saber ya a estas alturas que los votos a ellos destinados son votos perdidos. O sea que o son unos cretinos o unos auténticos sinvergüenzas (en algunos casos, como el de Cervera, las dos cosas a la vez). No hago extensiva esta afirmación a Le Pen, alguien a quien considero una persona fundamentalmente honrada y capaz, pese a que se embarrancó en el callejón sin salida de su propio bagaje ideológico (que no comparto); lo cierto es que nunca necesitó del escaño para vivir. Pero, después de la experiencia de Le Pen, los que no aprendan de lo sucedido con el FN francés será porque no dan la talla o porque, en defecto de lo anterior, van en busca del beneficio privado y no del servicio a la nación.

Idea central: los votos populares destinados a la extrema derecha les resuelven la vida a los dirigentes del partido ultra, pero dejan la situación social objetiva tal como estaba antes del sufragio. La política de inmigración, en efecto, no se ve inquietada, sino favorecida, por la circunstancia de que un demagogo consiga unos cuantos votos y, ante la evidencia de su inutilidad, los electores vuelvan al cabo de unos años a dar su confianza a las organizaciones tradicionales. Pues la gente debe ocuparse de temas distintos, o sea, de cuestiones que también existen e interesan a quienes viven de una nómina pero respecto de los cuales la ultraderecha tiene poco o nada que hacer. Como máximo, los partidos ultras pueden provocar, sin quererlo, que la derecha liberal asuma hipócritamente alguno de sus eslóganes radicales, convenientemente dulcificados o adulterados, para engañar a la población y así ganar tiempo (y "tiempo" significa aquí una legislatura entera, que no es moco de pavo si pensamos en la situación demográfica a la que se ha llegado tras décadas de mendacidad y manipulación). Pero la política de inmigración no será nunca modificada en lo sustancial por los partidos de la derecha liberal, porque constituye uno de los pilares del sistema capitalista posmoderno: el abaratamiento de la mano de obra en beneficio del capital y una fragmentación multicultural de la parte social de tal calibre que impida actuar a los trabajadores como sujeto político unitario. Ningún partido ultra va a detener ni una milésima de segundo la construcción del mercado mundial. Para ello se requieren opciones de un calado ideológico que rebasa la capacidad intelectual de los analfabetos (en muchos casos, empero, hinchados de soberbia) que acostumbran a liderar las escuderías políticas populistas.

Volvamos a la realidad. A los inmigrantes los trajo la derecha liberal católica. En España, el PP. Y la falsa izquierda -la izquierda vendida al capital, léase: el PSOE- santifica la entrada de la carne laboral semiesclava en nombre del progresismo, el humanitarismo y toda la quincalla obsoleta del viejo obrerismo internacionalista, fenecido tiempo ha. Los partidos de extrema derecha se desloman así para provecho del capitalismo, sin saberlo o ex profeso. Pelean los fachillas con otros partidos de extrema derecha y con la derecha burguesa para disputarse de forma poco menos que minifundista el espacio electoral conservador, que es el menos perjudicado por la política de inmigración, con lo que sólo consiguen hacerle el caldo gordo a personajes como un Sarkozy o, a escala local, un García Albiol. En cualquier caso, bien lejos de sus graneros de votos, no asustan a Zapatero o Llamazares. Ahora bien, los votantes más perjudicados por la actual política de inmigración se encuentran masivamente a la izquierda del electorado: mano de obra no cualificada. Por ello, la gente común, si tiene que elegir entre votarle a un ultraderechista o a un liberal, a igualdad de factores siempre preferirá al liberal, que ante sus ojos es más moderado, más progresista o, en otras palabras, que asusta menos. Pero si el obrero de la SEAT pudiera escoger entre un derechista y un izquierdista contrarios a la inmigración, se quedaría con el izquierdista sin dudarlo ni un segundo. Aquí, por tanto, se habrían acabado para siempre las "operaciones Sarkozy" y similares. Jugarse la cara para denunciar la política de inmigración ya no significaría dedicar años de esfuerzos en provecho del partido derechista de turno, que los rentabilizará cuando le plazca. Lamentablemente, el tiempo se nos acaba y no existen partidos de izquierda nacional (o se encuentran en fase de germinación) a los que los trabajadores puedan apoyar frente a la derecha, bien entendido que una operación Sarkozy desde la izquierda del sistema resulta actualmente impensable. Así que el liberal lo tiene fácil: por un lado, importa a los inmigrantes para explotarlos en perjuicio de los trabajadores autóctonos; por otro, se aprovecha del clima de inseguridad ciudadana y desempleo para imputar a los inmigrantes las causas de todos los males y pescar en el río revuelto del trabajo callejero de agitación racista. A tal efecto, el político de derechas sólo ha de esparcir de vez en cuando a los cuatro vientos algún eslogan xenófobo. Fácil. La fiscalía se lo consiente. Y los ultras tan tranquilos, porque, de un modo u otro, trabajando "bien" aunque sea como meros extremistas recalcitrantes e impresentables (léase: representando obedientemente su papel en la comedia mediática), tienen garantizado un 5% del voto y, por tanto, la profesionalización política, el coche oficial, la visa institucional, etcétera. En suma, con el populismo estamos ante una estafa, una mina de cargos y vocaciones trepadoras surgida de la descomposición de occidente, ahora con el tema inmigración como cartel de negocio. Pero nada más. La invasión continuará después de que el populismo se haga un hueco en el Parlament de Catalunya. No lo duden.

Más sorprendente es que un partido ultraderechista multiplique sus votos por ocho. ¿Qué ha pasado? Pues que los Auténticos Finlandeses se han declarado de centro-izquierda. Es decir, han hecho lo que algunos venimos reclamando públicamente desde el año 2007, por supuesto sin ser escuchados. Con la diferencia de que nosotros proponemos la fundación de una organización de genuina izquierda nacional, no un mero maquillaje izquierdista de un partido ultra como el finlandés.

Sobre lo ocurrido en Finlandia es necesario, en este sentido, subrayar dos cuestiones.

La primera, que los medios de prensa se han apresurado a negar toda credibilidad al supuesto carácter izquierdista de los Auténticos Finlandeses, a pesar de que éstos han insistido en la etiqueta y han propuesto medidas que, se mire como se mire, favorecen a los trabajadores de Finlandia, la inmensa mayoría de la población, y representan, en este sentido, intereses de izquierdas. Pero los medios de comunicación, verdaderos guardianes de las murallas del sistema, son conscientes de que la admisión, el reconocimiento normalizado de un espacio simbólico de izquierda nacional, rompería el techo electoral del 15% que mantiene a los partidos patrióticos encerrados en el corralito ultra. En una palabra, un partido de izquierda nacional no tendría techo electoral, lo que significa que, además de entrar en el Parlament, podría gestionar una nueva política de flujos migratorios. Podría, incluso, ir más allá (memoria histórica, holocausto, unidad europea, Palestina...).

Gobernar significa en estos momentos partirle el espinazo a la política liberal de inmigración, léase: al sionismo (racista respecto de sí mismo, multiculturalista respecto de los demás pueblos), con todos los beneficios que de ello se derivarían para los autóctonos. Un hecho que extendería la alternativa nacional-popular como un reguero de pólvora por el resto del continente. !No estamos hablando de gobernar Cataluña o incluso España, sino de una Nueva Europa! !Horror! !El "fascismo" (que era originalmente de izquierdas, no lo olvidemos) vuelve! Así que en Finlandia los periodistas del sistema, cuya ideología es el habitual antifascismo de resorte, han hecho los deberes y remachado el dogma que posibilita la perpetuación de la actual puñalada demográfica extranjerista a pesar de la mayoritaria oposición de los ciudadanos europeos, es decir, de los trabajadores de la nación. Este dogma dice que los partidos contrarios a la inmigración han de ser derechistas. Se les respetará un trocito del pastel si se muestran cristianos y pro Israel. Ahora bien, los ultras españoles están de acuerdo con el dogma sistémico. Aquí en España la prensa no tiene que ponerles la soga en el cuello a los "patriotas": se la ponen ellos mismos. !Felicidades!

La segunda cuestión a subrayar es así el porqué, en España y, en general, en el resto de Europa, la derecha populista anti-inmigración sigue negándose a posicionarse en la trinchera que le corresponde, siendo así que todos sus líderes proceden de la ultraderecha católica. Para entenderlo, obsérvese que en la política anti-inmigración existen varios grados posibles de compromiso laborista:

a/ el partido que no incluye ninguna medida de izquierdas en su programa, antes bien, defiende el liberalismo, los recortes en política fiscal, el integrismo religioso, la desregulación laboral, etcétera. Son partidos liberales y conservadores en materia socio-económica que, no obstante, se oponen a la inmigración (en el mejor de los casos sin darse cuenta de que ésta constituye la baza más efectiva del liberalismo en beneficio de sus amos capitalistas);

b/ el partido que acepta a regañadientes algunas medidas favorables a los trabajadores, pero se niega a posicionarse en la izquierda, palabra que rechaza como si del demonio se tratara;

c/ el partido que se declara expresamente de izquierdas o de centro-izquierda a pesar de ser, como poco, de forma ostensible, un partido de derecha populista, pero hace suyas importantes propuestas en favor de los trabajadores y, lo que es más importante, asume el vocablo "izquierda", con lo que rompe su techo electoral "natural" sin ser realmente de izquierdas (izquierdismo táctico).

d/ el partido que se constituye ya desde el principio como organización de izquierdas, aunque no lo sea, pero con el rótulo y la apariencia externa (izquierdismo estratégico).

e/ el partido que se funda como una organización de izquierda nacional genuina, que lucha en defensa de los intereses morales y materiales de los trabajadores en tanto que encarnación humana concreta de la nación. Estos partidos suponen la ecuación pueblo=nación y, por lo tanto, no "añaden" medidas o siglas favorables a los trabajadores como si fuesen concesiones más o menos refunfuñonas sobre un fondo de indecente derechismo y liberalismo conservador; antes bien, sus propuestas nacionalistas y patrióticas son, al mismo tiempo, de manera indisoluble, propuestas sociales laboristas perfectamente diferenciadas de las izquierdas internacionalistas y comunistas totalitarias.

Admitido este esquema, los lectores pueden ir situando a los distintos grupúsculos y partidos identitarios españoles en la casilla que les corresponda. Yo me abstendré de hacerlo, por lo menos aquí. En este artículo sólo me interesa ubicar a los Auténticos Finlandeses, para escarnio, todo hay que decirlo, de la mayoría de los identitaristas hispánicos.

Auténticos Finlandeses ha multiplicado por ocho su voto. ¿Cómo lo ha hecho? Se trata de un partido situado en el nivel c/, es decir, de un partido de derecha populista pero capaz de entrar en una liza electoral reconociendo que las posturas lógicas y consecuentes en la lucha contra la actual política de inmigración son las de izquierda. Lo que se ha traducido, para ellos, en utilizar la palabra "izquierda" sin complejos, con un sentido positivo, como lo hacen la mayoría de los trabajadores. La palabra es tan importante, o más, que el mensaje, porque el mensaje hay que analizarlo y buena parte de los votantes no analizan nada y se guían más por el significante que por el significado (como lo demuestra el hecho de que los trabajadores apoyen al PSOE, aunque sea como mal menor). Y, no obstante, los propios medios de prensa próximos al identitarismo han calificado a los Auténticos Finlandeses de meros ultras, mordiendo así el anzuelo que les ofrece perversamente el sistema con una ingenuidad pasmosa.

Con ello puede decirse, lo subrayo, que la extrema derecha europea sigue haciendo lo que el sistema oligárquico transnacional espera de ella, pero ¿cuál es el motivo? Veámoslo. Representa su papel a la perfección porque sus dirigentes y cuadros han llegado a creerse en su fuero interno que son ultras y viven su ultraderechismo como un problema de identidad personal. Para ellos, la palabra izquierda tiene un contenido ideológico, no sociológico. Aunque en política es prudente utilizar las palabras tal como las entiende la mayoría o de cara a la mayoría (otra cosa es la filosofía) y, en este caso, en la jerga de los trabajadores, principales afectados por la política liberal-derechista de inmigración, izquierda significa "aquéllo que favorece al pueblo", los dirigentes ultraderechistas creen saber mejor que la gente lo que el término "izquierda" significa "realmente". Y en la mente de un ultra "izquierda" equivale a aborto, divorcio, promiscuidad, homosexualidad, etcétera; en suma, a "pecado". Pero si se le pregunta a un obrero español, a menos que sea católico (que haberlos, haylos), "izquierda" nada tiene que ver con lo que anida en la mente del integrista reaccionario. De hecho, ¿no tenemos católicos izquierdistas (teología de la liberación) o cristianos por el socialismo? Y así, vemos que en el debate sobre significado de esta palabra se decide el destino de un significante ("izquierda", sea cual sea su sentido) que es la clave para entrar a saco en la bolsa de votos de partidos como el PSOE, IU y IC-V. !Pero lo que aquí importa no es el contenido semántico de la palabra "izquierda", sino el significante mismo, el vocablo o término como tal! (De la misma manera, para los que me quieran entender, que el color de una bandera o un emblema).

Nuestros ultraderechistas creen, en suma, que pueden derrotar a la izquierda "ideológica" (ésa que los dirigentes reaccionarios tienen en la cabeza y que se corresponde en la realidad con los cuadros burgueses de los partidos de izquierda del sistema, pero no con los trabajadores) sin apropiarse de sus votos, que son los que le dan fuerza personajes como Zapatero. ¿Zapatero es de izquierdas? !Por supuesto que no! Es de derechas, de la derecha liberal, capitalista, mundialista, la de la gomina y las stock options, la que construye la sociedad de consumo, ergo, el "progreso" (?). Y es esa derecha liberal "progresista" la que usará temas como el laicismo, el divorcio, el aborto express o la homosexualidad para marcar su espacio político frente a la derecha liberal conservadora católica, también mundialista (la palabra "catolicismo" viene el griego katolon, "universal"). Y el PSOE debe usar de los mencionados temas-escándalo precisamente porque su política social es tan derechista como la del PP; Zapatero necesita algún banderín de enganche anticatólico, como por ejemplo el matrimonio homosexual, a fin de ocultar que, en todo lo demás, es decir, en lo realmente importante para los trabajadores, el PSOE, al igual que el PP, promueve un neo-liberalismo más o menos obsceno, vomitivo y cabrón.

Derrotar a la "izquierda" ideológica, una izquierda, en realidad derecha maquillada, que ni siquiera lo es, supondría arrancarle sus votos de izquierda sociológica con una política verdaderamente de izquierdas que incluye medidas drásticas sobre el tema inmigración, entre otras, pero que no obliga a nadie a defender la interrupción voluntaria y gratuita del embarazo, el condón para niños o el matrimonio gay. Porque el aborto es una idea tan de izquierdas como el Sermón de la Montaña de Jesús, quien proclamó que todos somos iguales a los ojos de Dios e inventó con ello la coartada universalista, mundialista, anti-identitaria, de la Iglesia romana. ¿Estaríamos aquí ante una doctrina izquierdista o derechista? La pregunta no tiene sentido, porque izquierdas y derechas son conceptos puramente relativos, históricos, de sociología política e incluso de estadística electoral, y no, como creen los reaccionarios, esencias eternas de carácter ideológico o incluso filosófico.

Para arrancarle sus votos a la falsa izquierda, a la izquierda liberal, a la izquierda burguesa, es necesario emplear la palabra izquierda tal como la entiende el pueblo, no como la entienden nuestros meapilas ultras del copón, y actuar en consecuencia. El significado de una palabra es su uso. Los dirigentes e ideólogos ultras alucinan en sus noches de insomnio que existe una secreta correspondencia entre el significado que ellos le dan al vocablo "izquierda" y el vocablo en cuanto significante. Deben de pensar que izquierda rima con mierda y cosas por el estilo. Pero durante la Revolución Francesa la palabra izquierda designaba el liberalismo emergente, el capitalismo, y "derecha" el legitimismo monárquico del Ancien Régime. Sólo a lo largo del siglo XIX pasa "izquierda" a identificar los escaños de la socialdemocracia y, luego, en el XX, los del comunismo. Pero estamos en el siglo XXI y el partido comunista, felizmente, ha desaparecido del mapa terráqueo, o casi. Una palabra, en sí misma, no tiene significado, excepto el que se le quiera dar y, en este sentido, resulta razonable utilizar el contenido semántico que la mayoría de los hablantes le han dado ya. Izquierda ya no se confunde actualmente con comunismo o con anarquismo de cheka y pistolero anticlerical. !La izquierda está en otro sitio hace ya mucho tiempo! Esa izquierda de la Guerra Fría que mora en las mentes de los ultras murió incluso allí donde se vota a IU, un partido que esconde tras unas siglas izquierdistas su oriundez marxista para poder utilizar la palabra "izquierda" tal como la emplean los hablantes normales, que son, también, los votantes medios de un partido anti-inmigración dispuesto a ser coherente. Es decir, volviendo a la filosofía por una fracción de segundo, dispuesto a ser "fascista", pues de "fascistas" serán acusados, hagan lo que hagan, quienes cuestionen los verdaderos dogmas del sistema oligárquico planetario con sede en Tel Aviv.

La lección de Finlandia está, por tanto, clara. Si un partido ultra, aceptando el rótulo de centro-izquierda en una campaña electoral (ojo, !no en sus siglas!), ha multiplicado por 8 sus votos, ¿qué pasaría en las urnas con un partido de izquierda nacional? Empiecen a soñar, señores. Conclusión: parece evidente que ningún partido de derecha liberal podría montarle a la izquierda nacional una operación Sarkozy para absorber de una tacada la mayoría de su electorado, como siempre ha sucedido -y volverá a suceder- con los populismos ultras. Ya no se trataría de pelear por los escasos votos patrióticos (la burguesía carece de patria, excepto la del dinero) del lado diestro del electorado, sino por la inmensa masa de votos de los trabajadores machacados por la política derechista de inmigración. Ya no se trataría de participar en una carrera para ver quién llega antes al Parlament regional y empieza a beneficiarse de la vidorra parasitaria institucional, engañando con ello a las masas trabajadoras -preparando, en suma, con esta decepción, el retorno de los de siempre-, sino de asestarle un golpe mortal al sistema oligárquico transnacional. Tenemos que ser más ambiciosos. Es Europa lo que está en juego, no la billetera de alguno de estos aprovechados sin escrúpulos.

Finlandia nos enseña que el camino obligado para los auténticos patriotas es la izquierda del nivel e/ conceptuado en el presente artículo, o sea, la izquierda nacional ideológica. Quienes quieran seguirse engañando y confundan temas como el nacionalismo y las opciones religiosas, dejan la patria en manos de los mundialistas internacionalistas y de los falsos izquierdistas del capital. El pueblo es más importante que la religión, porque de aquél, y no de Cristo, depende la existencia física misma de la nación. Un verdadero patriota sabrá, en definitiva, después de Finlandia 2011, qué resolución urgente y enérgica es necesario adoptar en estos momentos decisivos.

Jaume Farrerons
Figueres, 20 de abril de 2011

Fuente:

http://farreronslamarcahispanica.blogspot.com/2011/04/la-leccion-de-finlandia.html

Toda reflexión filosófica entraña una virtual lectura política y viceversa. Las cuestiones filosóficas no son políticamente irrelevantes, simplemente existen en otro plano del discurso. He colocado dos entradas, ésta y la anterior, en relación de contigüidad, cosa que no acostumbro a hacer, para que sean pensadas juntas como haz y envés, teórica y práctica, de una misma cuestión: la supervivencia de Europa en cuanto sistema de valores.