Del miasma de sangre y cenizas emana cada vez más la densa nube del odio, que ofusca la conciencia de la humanidad en su camino ascendente hacia la solidaridad socialista.
(Rosa Luxemburg)
Conocidos son los (ab)usos que los antifascistas cometen con el escritor George Orwell, autor de fama mundial gracias a su novela de política-ficción 1984. Aquéllo que no se conoce tanto es, empero, la idea que el propio Orwell se hacía de los antifascistas. Dicha opinión quedó no obstante inequívocamente reflejada en su obra de Coming up for air (1939), título que se traduce habitualmente como Subir a por aire. Los interesados pueden leer el original inglés en la red:
Nosotros nos limitaremos reproducir los fragmentos donde el genial Orwell retrata la repugnante figura del antifascista. Nos basamos en la versión castellana de Ediciones Destino, Subir a por aire, Barcelona, 1972, pp. 148 y ss. El protagonista de la novela asiste a una conferencia impartida por un "antifascista profesional":
Tenía la cara pálida, los labios móviles y la voz cascada de las personas que hablan mucho. Como es lógico, hablaba de Hitler y los nazis. Yo no tenía demasiadas ganas de escucharle -el News Chronicle traía las mismas cosas cada mañana-, pero su voz me llegaba como una especie de br-br-br, y de vez en cuando una frase aislada captaba mi atención.
- ...bestiales atrocidades... odiosas manifestaciones de sadismo... porras de goma... campos de concentración... vergonzosa persecución de los judíos... oscurantismo... civilización europea... actuar antes de que sea demasiado tarde... indignación de todos los pueblos civilizados... alianza de las naciones democráticas... actitud firme... defensa de la democracia... democracia... fascismo... democracia...
Ya conocen ustedes el disco. Estos tipos pueden hacerlo durar horas y horas. Es igual que un gramófono. Se da vuelta a la manivela, se aprieta el botón y se pone en marcha: democracia, fascismo, democracia... Pero en cierta manera me interesaba observarle. Un hombrecito de aspecto insignificante, de cara pálida y cabeza calva, sentado en un estrado soltando consignas. ¿Qué está haciendo? De manera totalmente abierta y deliberada, está suscitando odio. Está haciendo todo lo que puede para hacernos odiar a unos extranjeros llamados fascistas. Qué raro, pensé, ser conocido como "el señor Fulano, el conocido antifascista". Extraña profesión, el antifascismo. Me imagino que este hombre se gana la vida escribiendo libros contra Hitler. Pero ¿qué hacía antes de que Hitler subiese al poder? ¿Y qué hará si Hitler desaparece algún día? Claro que la misma pregunta se puede hacer hablando de los médicos, los detectives, los cazarratas, etcétera. La voz cascada seguía sonando, y me di cuenta de una cosa. Hablaba con convencimiento. No estaba fingiendo en absoluto; sentía cada una de las palabras que pronunciaba. Estaba tratando de despertar odio en el auditorio, pero aquello no era nada comparado con el odio que sentía él mismo. Cada consigna era el evangelio para él. Si se le abría en canal, todo lo que se encontraría dentro sería democracia-fascismo-democracia. Debe de ser interesante conocer a un individuo así en la vida privada. Pero ¿tiene vida privada? ¿O se dedica sólo a ir de estrado en estrado levantando odio? Quizá incluso sueña con consignas. (...)
El antifascista profesional Esteban Ibarra, presidente del
Movimiento contra la Intolerancia
El conferenciante había cogido una hoja de papel de debajo del vaso y estaba leyendo estadísticas de suicidios en Alemania. (...) El conferenciante explicaba cómo los nazis decapitan a la gente por traición, y cómo a veces el verdugo falla el golpe. (...) Era una voz que parecía capaz de seguir sin detenerse durante quince días. Realmente, es horrible tener delante una especie de organillo humano que le lanza a uno un interminable chorro de propaganda. Las mismas cosas una y otra vez. Odio, odio, odio. Unámonos todos y odiemos a fondo. Una y otra vez. Le da a uno la sensación de que tiene dentro del cráneo algo que le está martilleando el cerebro. Pero, por el momento, mientras tenía los ojos cerrados, conseguí invertir la situación. Me metí yo dentro de su cráneo. Fue una sensación muy curiosa. Durante un segundo, más o menos, estuve dentro de él, casi se puede decir que "fui" él. Como mínimo, sentí como él.
Vi las cosas que él veía. Y no eran en absoluto cosas agradables de contar. Lo que decía era simplemente que Hitler venía a por nosotros y que teníamos que unirnos y odiar bien a fondo todos juntos. No entraba en detalles. La cosa quedaba respetable. Pero lo que veía era algo muy diferente. Era una imagen de sí mismo aplastando caras de gente con una llave inglesa. Caras de fascistas, claro. Yo sabía que era aquello lo que estaba viendo. Era lo que yo mismo vi durante los dos segundos que estuve dentro de él. !Plaf! !En plena cara! Los huesos ceden como una cáscara de huevo, y lo que hace un momento era una cara ya no es más que una masa de confitura de fresa. !Plaf! !Otro! Esto es lo que tenía en la cabeza, despierto y dormido. Y cuanto más pensaba en ello, más le gustaba. Y no pasaba nada, porque las caras aplastadas eran caras de fascistas. Esto era lo que expresaba su voz.
"Tenía la cara pálida..." (Orwell)
Como sabemos, en nuestra legislación se han tipificado los llamados "delitos de odio". Curiosamente, dichas penalizaciones, que pueden llevar a la cárcel al así imputado por las autoridades "democráticas", excluyen el fomento del odio hacia determinadas ideologías, etnias o grupos profesionales, contra los cuales no se ha dejado de atizar la animadversión, con el resultado de millones de víctimas desde los años 30 del siglo pasado hasta los bien recientes "tiros en la nuca" perpetrados por la banda terrorista ETA: "escúchenlo cerdos fascistas, españoles de mierda". No sólo la red, la literatura, el cine, la prensa, están repletas de instigaciones a asesinar a determinados sectores de la sociedad: la propia legislación "contra el odio" es ya una expresión del terrorismo antifascista basada, precisamente, en el odio, y representa su culminación natural, que encarnara antaño la figura del famoso fiscal soviético Vichinsky como la encarna hoy el no menos famoso fiscal Aguilar.
Las esposas, para humillar a la víctima,
"peligroso" librero
Según ya demostré en mi ensayo "La criminalización del fascismo", el fenómeno antifascista, la identificación del fascismo con el "demonio" y, por tanto, la justificación argumental y razonada del asesinato de "fascistas", comienza mucho antes de que pueda hablarse de cosas tales como Auschwitz. De hecho, podría afirmarse incluso que la Shoah será, de alguna manera, la consecuencia del antifascismo, nunca su causa. En Auschwitz se consuma históricamente el proyecto de criminalización del fascismo. La narración del holocausto, en lo que tiene de cierta, refleja el efecto "rebote", la gigantesca profecía autocumplida (self fulfilling prophecy), del antifascismo, y constituye, como he acreditado en esta bitácora y otras publicaciones, un hecho de carácter siempre reactivo, desencadenado, al final de la Segunda Guerra Mundial, por las atrocidades que los antifascistas cometen contra todos aquellos ("derechistas", "burgueses", "capitalistas", "reaccionarios", "explotadores", creyentes, hunos, teutones: "fascistas", en suma) a quienes privaron desde el principio de su condición humana. Y en lo que tiene de pura invención, la ideología de "el Holocausto" viene a corroborar los tópicos propagandísticos que el antifascismo había decretado desde mucho antes de que el primer militante fascista desenfundara su pistola para defenderse en la calle de la agresión comunista, a saber, que el fascismo es el "mal absoluto". Las masacres comunistas en los Países Bálticos, perfectamente documentadas después de que los bolcheviques fracasaran en su intento de anexionarse esas regiones y dejaran tras de sí un espantoso reguero de salvajadas son, sin duda alguna, el origen de la "reacción" fascista, que responde, entre los ex militares de los Freikorps en las zonas atacadas por los rojos, a la brutal violencia de odio oriunda de los propios rojos, y no a la inversa.
Orígenes de la conciencia fascista
Los bolcheviques intentaron conquistar Estonia en tres ocasiones, a saber, en 1917, 1918 y 1924. La primera vez vieron frustradas sus pretensiones por la presencia de un cuerpo expedicionario alemán que los puso en fuga. Pero el triste final de la Gran Guerra obligó a los alemanes a abandonar el país en noviembre de 1918, circunstancia que los comunistas aprovecharon para realizar su segunda intentona. Esta vez fueron los propios estonios quienes tuvieron que liberar por su cuenta el territorio. Estonia se declaró independiente el 2 de febrero de 1920. El Partido Comunista Estonio intentó entonces un golpe de Estado con fecha de 1 de diciembre de 1924, pero fracasó. La ocupación bolchevique de parte de Estonia durante unos meses en distintas ocasiones puso empero en evidencia, por primera vez, ante los ojos de Europa y del mundo, la espantosa verdad del comunismo, un proyecto político basado precisamente en el odio tal como Orwell lo describe:
"Era una imagen de sí mismo aplastando
caras de gente con una llave inglesa.
Caras de fascistas, claro." (Orwell).
En la imagen, un lituano objeto
de la típica brutalidad bolchevique.
Los bolcheviques se habían dedicado a realizar matanzas en las localidades que habían ocupado: el 14 de enero de 1920, en Tartu, la víspera de su retirada, asesinaron a 250 personas, y más de 1.000 en el distrito de Rakvere. Durante la liberación de Wesenberg, llevada a cabo el 17 de enero, se abrieron tres fosas, en las que fueron encontrados 86 cadáveres. Los rehenes fusilados el 26 de noviembre en Dorpad habían sido torturados, les habían roto los brazos y las piernas, y algunos tenían los ojos arrancados. El 14 de enero, justo antes de su huida, los bolcheviques sólo tuvieron tiempo de ejecutar a 20 personas, entre ellas el arzobispo Platón, de las 200 que tenían prisioneras. Asesinadas a hachazos y garrotazos -se encontró un oficial con las charreteras clavadas en el cuerpo-, las víctimas resultaban difícilmente identificables (Courtois, S., El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 316).
Por aquel entonces el fascismo no existía. El fascismo no podía ser utilizado como coartada para "justificar" la violencia roja. Más bien, a la inversa, era la violencia roja la que "fabricaba" el fascismo y luego legitimaba la existencia del antifascismo basándose en la maldad absoluta (=sadismo, bestiales atrocidades, campos de concentración) imputada a aquél. Los crímenes de masas descubiertos a posteriori en Estonia y en otros lugares de Polonia y el Báltico controlados temporalmente por el Ejército Rojo son poca cosa comparados con lo que sabemos hoy del gulag, pero resultaron suficientes para generar alarma en Europa occidental y singularmente Alemania e Italia, donde los rojos aspiraban a hacerse con el poder e incluso realizaron, como sabemos, serios amagos revolucionarios en este sentido (Baviera, Hungría...).
"Odiosas manifestaciones de sadismo".
Oficial polaco empalado en Orsha
por los bolcheviques, 1918.
por los bolcheviques, 1918.
La realidad del bolchevismo era perfectamente conocida después de que se publicaran obras como El terror rojo en Rusia (1924), del ruso Sergei Melgunov, un documento sobre cuya exactitud y rigor no caben dudas serias en la actualidad. Conviene subrayar el papel de los alemanes bálticos en el surgimiento del nacionalsocialismo alemán: su experiencia del horror comunista fue el revulsivo de lo que podríamos denominar "la toma de conciencia fascista" en Alemania. Un caso ejemplar es el de Max Erwin von Scheubner-Richter, quien regresa a Riga (Letonia) desde Turquía, donde conociera el genocidio turco de los armenios, para encontrarse con que "todos los alemanes de la región fueron declarados fuera de la ley por los bolcheviques locales y por los que llegaban de Rusia, haciendo de ellos objeto de una política de exterminio" (Nolte, E., La guerra civil europea, 1917-1945, México, FCE, 2001, p. 134). En este punto entramos en el terreno del genocidio, es decir, del asesinato de masas por razón de etnia, pero perpetrado por bolcheviques (léase: por los "inminentes" antifascistas) de solapado sesgo identitario. El hecho de que la mayor parte de los cuadros dirigentes comunistas se nutriera en Rusia de judíos y asesinara de manera sistemática a los alemanes bálticos, un estrato social culto y acomodado, sería un factor determinante en la génesis de la ideología nazi. Como sabemos, junto con Dietrich Ekhart y el también báltico Alfred Rosenberg, Von Scheubner-Richter sería uno de los pocos doctrinarios nacionalsocialistas respetados por Adolf Hitler.
Algunos antifascistas me preguntan cómo se explicaría mi preocupación por la tortura en las prisiones catalanas, siendo así que soy sólo un (cerdo) "fascista", además de un (puto) "carcelero". Mi respuesta será siempre la siguiente: precisamente en tanto que "fascista" sabedor de cuál fue el trazo original de la conciencia fascista, es decir, el asombro frente al horror y la crueldad del bolchevismo proyectando su sombría venganza sobre Europa. Véase, en este sentido, el Völkische Beobachter de 19 de julio de 1922:
¿Queréis esperar hasta ver colgados de los postes de luz a miles de alemanes en todas las ciudades? ¿Queréis esperar a que, como en Rusia, una comisión bolchevique asesina entre en acción en todas las ciudades y despache a la eternidad, por "contrarrevolucionarios", a todos los que no quieren someterse a la dictadura? ¿Queréis tener que tropezar, como en Moscú y Petersburgo, con los cadáveres de vuestras mujeres e hijos, a los cuales hay que matar por ser los "reproductores de la burguesía"? "No", gritaréis. Y no obstante os decimos: todo esto se llevará a cabo de manera tan metódica como en Rusia si no os dais cuenta que, para vivir, hay que luchar ahora.
¿Mentían aquí los nazis? !No! Pues aunque en nuestros días pueda resultar chocante, aquello que se plantea el fascista originario es la posibilidad de cumplir las ya insoslayables exigencias de una revolución social sin incurrir en la barbarie; la pretensión de una revolución "disciplinada" que salvaguarde las identidades nacionales y culturales, así como las instituciones de la civilización occidental frente a aquéllo que se percibe como una regresión histórica de dimensiones planetarias, define el fascismo. Rudolf Hess criticando los excesos de las SA:
La Revolución judeo-liberal de Francia nadó en la sangre de la guillotina. La Revolución judeo-bolchevique de Rusia resuena con los millones de gritos lanzados desde los sótanos de tortura de la cheka. Ninguna revolución del mundo se ha llevado a cabo de forma tan disciplinada como la nacionalsocialista (...) Sepan todos que estamos lejos de tratar con indulgencia al enemigo. Sepan que cada asesinato de un nacionalsocialista cometido por comunistas o marxistas será vengado por nosotros en diez líderes comunistas o marxistas (...) Sin embargo, cada nacionalsocialista también debe ser consciente de que los maltratos a los adversarios corresponden a costumbres judeo-bolcheviques y que son indignos del nacionalsocialismo (Nolte, E., op. cit., p. 64).
La conciencia fascista no se limita a rechazar asqueada las atrocidades de los bolcheviques, sino que analiza su causa, disecciona en el interior del discurso humanista de la felicidad y el progreso los ocultos resortes que desencadenan el exterminio. Un ejemplo de este temprano análisis lo tenemos en autores prefascistas como Sorel, lectores de Nietzsche que han desarrollado una rigurosa desconfianza hacia las criminales promesas de los mercachifles del "paraíso social":
Todo por un "paraíso social" ya inminente:
odio sin límites a quienes
estorben la soteriología secularizada.
Hungría, 1919
estorben la soteriología secularizada.
Hungría, 1919
Podría realizarse una hermosa compilación de repelentes sentencias políticas, sólo con compulsar la Histoire socialiste de Jaurès; no he tenido la paciencia de leerme las 1.824 páginas dedicadas a relatar la Revolución entre el 10 de agosto de 1792 y la caída de Robespierre; no he hecho más que hojear ese pesadísimo libraco, y he visto que en él se hallaban mezcladas una filosofía digna a veces de Pantalon, y una política de abastecedor de la guillotina. Me había parecido, desde hace tiempo, que Jaurès sería capaz de cualquier ferocidad contra los vencidos; he reconocido que no me equivoqué; pero nunca hubiera creído que fuese capaz de tanta bajeza: para él, el vencido siempre tiene la culpa, y la victoria fascina de tal modo a nuestro gran defensor de la justicia eterna, que está dispuesto a dar su aprobación a todas las proscripciones que le exijan; dice que "las revoluciones le piden al hombre el más espantoso sacrificio, no sólo de su reposo, no sólo de su vida, sino de la inmediata ternura humana y de la compasión". ¿Para qué haber escrito tanto acerca de la inhumanidad de los verdugos de Dreyfus? También ellos sacrificaban "la inmediata ternura humana" en aras de lo que les parecía ser la salvación de la patria (Sorel, G., Reflexiones sobre la violencia, Madrid, Alianza, 2005, p. 166).
Así, el fascismo (y éste será el motivo de su eterna incomprensión) condenará el bestialismo revolucionario pseudo marxista, pero sin apelar al mismo lenguaje que lo provoca, es decir, erigiendo frente a un hedonismo y eudemonismo del terror rojo amparado incluso en la "ternura humana" -epítome de la indignidad del torturador- otro concepto de revolución inspirado en valores alternativos de carácter "pesimista", siendo así que será precisamente "la utopía", la profecía del inminente "reino de Dios" la que enloquezca a las masas y justifique todos los crímenes del Estado moderno. Mensaje del genuino fascismo: rechazar la jerga del humanitarismo progresista en tanto que se pretenda salvaguardar la civilización. Ahora bien, esta exigencia ideológica primordial ha sido silenciada y, con ello, se malinterpreta, en algunos casos de mala fe, el significado del propio fascismo, de manera que la máquina de matar antifascista ha podido seguir funcionando hasta el día de hoy con total impunidad. Un segundo fragmento de Sorel:
Kiev, 1919
Cuanto más fácilmente crean los electores en las fuerzas mágicas del Estado, más dispuestos estarán a votar por el candidato que promete maravillas; en la lucha electoral hay una incesante puja: para que los candidatos socialistas puedan llevarse por delante a los radicales, es preciso que los electores sean capaces de aceptar todas las esperanzas; por ello, nuestros políticos socialistas se guardan mucho de combatir de manera eficaz la utopía de la felicidad facilona (Sorel, G., op. cit., p. 183).
Hete aquí los orígenes filosóficos de la singular conciencia fascista, de la misma manera que más arriba hemos ilustrado fugazmente sus inmediatos orígenes políticos. Ahora bien, si se ha leído bien, precisamente la negación y condena del odio de clases es el centro del planteamiento social-patriótico, mientras que para los antifascistas se trataría, precisamente, de atizar ese odio hasta desembocar en el más abyecto sadismo. Ni que decir tiene que, en su desarrollo histórico, el fascismo no estaría, ni mucho menos, a la altura de sus ideales. El suyo no es un caso aislado por lo que respecta a las doctrinas políticas. Pero hay que juzgar el fascismo desde los propios cánones axiológicos fascistas y no desde la hipocresía asesina del humanitarismo antifascista.
Nota:
Sobre los mecanismos psico-sociales de la progresía considerada como grupo tribal, a los que alude Jackobs con toda la razón, debo decir que no me ocupo aquí de ellos por los motivos expuestos en los comentarios; no obstante, en este link se pueden encontrar algunas de mis consideraciones sobre el tema. Dado que no soy psicólogo ni sociólogo, sino filósofo, no he ido más allá del mero esbozo o encuadre de la cuestión. Intenté responder a esta pregunta: ¿cómo puede hacer el hombre para robar, torturar, asesinar, exterminar a otras personas y, no obstante, seguir sintiéndose "bueno" e incluso "el más bueno"? Muy sencillo: ejerciendo de antifascista, tarea que incluye la fabricación de los "fascistas" (=seres deshumanizados, demonios, monstruos), aquellos a quienes podrá liquidar en nombre del "amor", la "felicidad", etc. Si ya han vomitado, pueden seguir leyendo.
AVISO LEGAL
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html
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