en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados

martes, febrero 21, 2012

Retrato del antifascista en Orwell (6)

Miguel Ángel Aguilar, Fiscal del Odio.

Los mayores genocidios de la historia humana, perpetrados todos ellos en el siglo XX en nombre de idearios progresistas, siguen impunes. El análisis de ese ideario criminógeno ha sido aplazado sine die por los filósofos e intelectuales de izquierdas (¿debían esos pedantes pagados de su superioridad humana juzgarse o siquiera cuestionarse a sí mismos?), cuyo silencio sólo ha sido interrumpido por pseudo críticas consistentes en acusar a Stalin de fascista o hacer de Alemania (tanto Marx como Nietzsche eran alemanes) la cuna de todos los totalitarismos (Henri-Lévy, Gluksmann...). Se trataba de hacerles pagar, también, contra toda lógica y decencia, los platos rotos del gulag a los de siempre. Por lo que respecta a los juristas, para ellos debería ser fácil de comprender que el asesinato de millones de personas no se explica sin eso que denominan (refiriéndose exclusivamente al fascismo) "las doctrinas del odio", aunque se trate de un odio "coagulado" como ideología e institucionalizado u objetivado en forma de agencias policiales al estilo del NKVD. Sin embargo, no observamos nunca al fiscal "contra el odio" comprometido en la persecución de delitos que, cuando se trata de presuntos criminales nazis, jamás prescriben. Ex SS nonagenarios desfilan así todavía actualmente por los juzgados de vez en cuando. Pero ya recién estrenada la Declaración Universal de los Derechos Humanos, los israelíes emprendieron la Nakba, limpieza étnica de los palestinos conceptuada como crimen contra la humanidad en nombre de una ideología racista: el sionismo, y todo este mundo repleto de antifascistas calló o incluso aplaudió. ¿Quedaba esto demasiado lejos en el tiempo para interesarle al fiscal Aguilar? Los asesinatos en masa de la denominada revolución cultural china, cuyas víctimas se cuentan por millones, perpetráronse, empero, en los años 60-70, en pleno auge del maoísmo intelectual parisino, mas no nos constan tampoco acciones internacionales de ningún tipo contra el régimen de Pekín, el cual sigue siendo hoy el mismo que entonces aunque varios gobiernos comunistas tan criminales como el de Mao se hayan sucedido en el poder hasta la actualidad. ¿Demasiado lejos en el espacio? Bien, incluso la prensa más abyectamente oligárquica reconoce ya el genocidio contra el pueblo alemán, con 3 millones de víctimas (en realidad muchas más, que irán saliendo a la luz con cuentagotas... hasta la extinción del último ciudadano alemán). Y el Consejo de Europa equiparó comunismo y nazismo, imputando al régimen comunista soviético, en suelo europeo, 20 millones de víctimas. Allí donde el ideario marxista ha sustentado el poder, y de acuerdo con un precepto de guerra civil revolucionaria que el propio Marx teorizó, las víctimas de asesinatos se han contado por centenares de miles y hasta millones, muchas de ellas europeas. De la Rumanía de Ceaucescu a  la Camboya de los jemeres rojos, los fiscales del odio tienen mucho trabajo por hacer, pero permanecen ociosos o dedicados a perseguir libreros. Sin salir de España, el independentismo vasco se fundamenta en una ideología racista y antisemita que ha sido aplaudida en Cataluña a pesar de que Sabino Arana insultaba también a los catalanes. Dichos independentismos, basados en el odio a España, han contado con sus brazos armados y, cómo no, con sus textos de legitimación racial del asesinato de españoles, tildados, faltaría más, de fascistas. Nada ha hecho ni hace la fiscalía contra el odio por perseguir ese sangriento odio bien próximo, reciente y documentado con todo lujo de detalles. Para la fiscalía antifascista, para la NKVD sionista de las democracias liberales, el hecho de que ciertas personas sean propietarios o guarden en su casa libros comprados en el mercadillo de viejo, pesa más que los 100 millones de víctimas del marxismo leninismo, de Lenin a ETA, de Kronstadt al Hipercor.

¿QUÉ ES EL DOBLEPENSAR?

Ampliamos con esta entrada la serie "Retrato del antifascista en Orwell", una crítica de la Fiscalía contra el Odio (en tanto que encubierta Fiscalía del Odio) al hilo de la reflexión del novelista británico George Orwell en 1984. Relevante, para la comprensión de lo que viene a continuación, es la relectura de toda la serie, pero especialmente de la primera y la cuarta entregas.

Intentaremos ahora, analizando algunos aspectos del proceso Kalki/CEI/ENR, joya profesional del fiscal Aguilar devenida fiasco y hazmerreír procesal, que se trata de un montaje político de persecución regido por los preceptos ideológicos del antifascismo y no de un procedimiento judicial, como no sea en punto a su conclusión y a la absolución de los acusados por parte del Tribunal Supremo. De hecho, la sentencia del TS pone en evidencia algunas de las falacias en que se ha basado el fiscal inquisidor para maltratar psicológicamente durante ocho años a los imputados (lo que incluye auténticos abusos: insultos durante la vista, manipulación de las pruebas y, en general, vulneración masiva de preceptos constitucionales como el de libertad ideológica). Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con Orwell? Si los usuarios del blog repasan ahora la serie "Retrato del antifascista en Orwell" lo comprenderán en buena parte, pero todavía quedarían por explicar algunos aspectos importantes. El fiscal Miguel Ángel Aguilar es un antifascista en el sentido orwelliano de la palabra. El dispositivo institucional-represivo del mundo occidental guarda ciertas semejanzas, nada anecdóticas, con la sociedad totalitaria descripta por Orwell en su novela 1984.

Fundamento teórico del imaginario régimen de socialismo inglés (Ingsoc) es lo que Orwell denomina el doblepensar. Sólo porque existe el doblepensar, puede sobrevivir un despotismo que se apodera de la mente de las personas pero ha de destruir en ellas, como requisito previo, el espíritu, es decir, la lógica racional y la verdad, al mismo tiempo que utiliza esa misma racionalidad para construir ingenios tecnológicos de control y destrucción masivas. El "doblepensar" es la forma prostituida de la dialéctica hegeliana que hicieran suya Marx y Engels bajo el rótulo de materialismo dialéctico y que el estalinismo convirtió en la metodología del antifascismo. Dejando para otro lugar la génesis histórico-filosófica de la cuestión a fin de enfocar su sustanciación en instituciones como la ley Gayssot francesa o la fiscalía catalana contra el odio, ocúpase nuestro análisis de un caso concreto. Veamos, empero, en primer lugar, qué entiende Orwell por doblepensar. El novelista describe este fenómeno psico-lingüístico en los siguientes términos:

Ocho años de tortura psicológica.
Doblepensar significa el poder, la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente, dos creencias contrarias  albergadas a la vez en la mente. El intelectual del Partido sabe en qué dirección han de ser alterados los recuerdos; por tanto, sabe que está trucando la realidad; pero al mismo tiempo se satisface a sí mismo por medio del ejercicio del doblepensar en el sentido de que la realidad no queda violada. Este proceso ha de ser consciente, pues, si no, no se verificaría con la suficiente precisión, pero también tiene que ser inconsciente para que no deje un sentimiento de falsedad y, por tanto, de culpabilidad (Orwell, G., 1984, Barcelona, Destino, 1980, p. 225).

Sostengo que Orwell está anticipando y describiendo los procesos mentales de la oligarquía sionista transnacional y, por ende, tanto de las oligarquías autóctonas locales en general (incluidos sus "intelectuales de izquierdas"), cuanto del fiscal del odio en particular, por lo menos en lo que respecta al caso Kalki/CEI/ENR. Prosigue Orwell:

El doblepensar está arraigado en el corazón mismo del Ingsoc, ya que el acto esencial del Partido es el empleo del engaño consciente, conservando a la vez la firmeza de propósito que caracteriza a la auténtica honradez. Decir mentiras a la vez que se cree sinceramente en ellas, olvidar todo hecho que no convenga recordar, y luego, cuando vuelva a ser necesario, sacarlo del olvido sólo por el tiempo que convenga, negar la existencia de la realidad objetiva sin dejar ni por un momento de saber que existe esa realidad que se niega..., todo esto es indispensable. Incluso para usar la palabra doblepensar es preciso emplear el doblepensar. Porque para usar la palabra se admite que se están haciendo trampas con la realidad. Mediante un nuevo acto de doblepensar se borra este conocimiento; y así indefinidamente, manteniéndose la mentira siempre unos pasos delante de la verdad. En definitiva, gracias al doblepensar ha sido capaz el Partido -y seguirá siéndolo durante miles de años- de parar el curso de la Historia (op. cit., pp. 225-226).

Basta una simple lectura y cotejo de aquéllo que Orwell describía como la figura o perfil humano del antifascista para percibir que el doblepensar no es más que la caracterización del discurso antifascista. El antifascismo, según Orwell, constituiría la articulación lingüístico-ideológica del doblepensar. Y el punto en que dicha identidad entre el sujeto y su lenguaje se hace patente es precisamente el sentimiento de odio. En tanto que la finalidad del antifascista es la descarga del resentimiento contra la muerte que abriga su alma, al mismo tiempo que apela a los valores contrarios para legitimar esa atrocidad, el antifascista genera, de forma espontánea, el fenómeno del doblepensar. La actuación del Fiscal contra el Odio no es más que antifascismo ideológico condensado jurídicamente en una institución presuntamente democrática, de ahí que el odio, y sólo el odio, constituya su íntimo y secreto mecanismo de funcionamiento. Pero antes de entrar de lleno en el caso Kalki/CEI/ENR intentemos detectar un texto jurídico "democrático", uno sólo, que refleje de forma irrefutable y se erija como ejemplo significativo o relevante, a efectos de la temática que nos ocupa (la vigente praxis policial, jurídica, represiva...), de la previa vulneración oligárquica de los principios de la lógica y de la verdad racional inherentes al doblepensar.

El fiscal Aguilar dando a entender que piensa,
algo imposible para un antifascista: sólo doblepiensa.

EJEMPLO JURÍDICO REAL DEL DOBLEPENSAR

Dicho texto, empero, ya fue en su día denunciado en nuestra bitácora, aunque sólo ahora podemos interpretarlo como expresión del doblepensar. Reproduzco aquí aquéllo que ya escribí en su momento en la entrada "Los asesinos que nos gobiernan":

Un documento como ejemplo. Tomo en mi mano un texto publicado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El órgano que lo promulga es la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (siglas CERD); en sus artículos 130-133, el redactado reza así:

"Decimocuarto informe periódico que los Estados partes debían presentar en 199 France. 05/07/99. CERD/C/337/Add.5. (State Party Report). Apología de los crímenes contra la humanidad. (...) 130. Esta infracción ha sido incorporada al párrafo 3 del artículo 24 de la ley sobre la libertad de prensa por la ley de 31 de diciembre de 1987. 131. Según la jurisprudencia, constituye una apología de los crímenes de lesa humanidad la publicación o la apreciación pública que incitan a sus destinatarios a emitir un juicio moral favorable sobre uno o varios crímenes de lesa humanidad y que tienden a justificar esos crímenes o a sus autores. Los crímenes de lesa humanidad previstos en ese artículo se definen por referencia al artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nüremberg, que figura como anexo del Acuerdo de Londres de 8 de agosto de 1945, y fueron cometidos por los miembros de una organización declarada criminal (SS, Gestapo, cuerpo de dirigentes del partido nazi), o por toda persona reconocida culpable de esos crímenes por una jurisdicción francesa o internacional. Esa definición de los crímenes de lesa humanidad ha sido la escogida por el legislador francés pues, en 1987, no existía aún una definición de los crímenes de lesa humanidad en el derecho interno (véase las novedades que figuran en relación con el artículo 2, sección 1 a)). 132. De acuerdo con jurisprudencia, constituyen crímenes de lesa humanidad los actos racistas, los actos inhumanos y las persecuciones que, en nombre de un Estado que practica una política de hegemonía ideológica, son cometidos sistemáticamente contra personas por pertenecer a una colectividad racial o religiosa, o contra los adversarios de la política de ese Estado. Sólo afecta a los crímenes reconocidos que perpetraron durante la segunda guerra mundial los criminales del Eje, esencialmente la Alemania nazi, así como toda persona que haya actuado por cuenta de esos Estados."


Parada de mercadillo de los Mossads d'Esquadra.
Ninguno de los objetos requisados era ilegal.
El último pasaje resulta literalmente alucinante. Un organismo que dice promover la lucha contra "toda" forma de discriminación racial sostiene a la vez, sin enrojecer de vergüenza, que el texto legal "sólo" afecta "a los crímenes reconocidos que perpetraron durante la Segunda Guerra Mundial los criminales del Eje, esencialmente la Alemania nazi, así como toda persona que haya actuado por cuenta de esos Estados" (sic).

!No han leído mal! Es así. "Toda" forma, pero "sólo" afecta... Ni se inmutan. Se burlan de nosotros.

El osario de víctimas "fascistas" del antifascismo que
el antifascista Aguilar se niega a ver:
"olvidar todo hecho que no convenga recordar" (Orwell). 
Estamos ante la formulación misma del doblepensar en su matriz a la vez formal y material: el tema del fascismo como mal absoluto versus el bien absoluto encarnado por los valores "humanitarios" (=antifascistas). Que la doctrina política de los derechos humanos, la democracia, la felicidad del mayor número, etc., constituya un instrumento eficacísimo, y hasta el más eficaz hasta ahora conocido, de explotación, aniquilación, exterminio, represión, etc., nos remite a la dialéctica según su acuñación marxista. Ahora bien, el derecho no puede ser dialéctico sin convertirse en una farsa. El mandato de que se persigan todos los crímenes de guerra, genocidios y crímenes contra la humanidad resulta por un lado algo inherente a la ley misma, puesto que la ley es general, por definición, o no es ley, de manera que, en tanto que ley, no puede hacer excepciones y pone así en manos del sistema oligárquico el arma ideológica que constituye el reverso de la axiología humanitaria como antítesis de la crueldad, el crimen, etc., imputados a los adversarios políticos. La validez de dicha legitimación universal fundamenta una autoridad que se ejerce, empero, mediante la violencia. Ahora bien, la formulación de un poder humanitario en el ejercicio de la mencionada autoridad y la elección del enemigo absoluto del poder "justificado" en cuanto "humano",  entraña, precisamente, la deshumanización y expulsión de una parte de la humanidad del  universo axiológico que ese mismo discurso pretende acotar. Únicamente al precio de semejante división en el seno del "género humano" inventado por el lenguaje político progresista puede seguir existiendo la oligarquía. Que la ley sólo afecte a un subconjunto concreto de esos crímenes, a saber, los perpetrados (supuestamente) por el fascismo y deje impunes los del antifascismo, es la consecuencia dialéctica de la propia ideología antifascista, siendo así que las presuntas víctimas fascistas -niños de pecho incluidos- no lo serían en realidad: las categorías de víctima (=humano) y de fascista (=antihumanoexcluiríanse entre sí. De ahí que se hable de "toda" forma y se pueda añadir, mediante la elipsis del entero argumentario dialéctico, es decir, del doblepensar, el adverbio "sólo". La "contradicción" todo/sólo, en los efectos de la ley, condensa en dos palabras tanto la naturaleza totalitaria del antifascismo como su carácter excluyente y, por ende, su imposibilidad jurídica. En el proceso por el caso Kalki/CEI/ENR las contradicciones entre el contenido material de la ley y el imperativo lógico de universalidad legal, han puesto en evidencia, gracias a la dinámica totalitaria de la doctrina antifascista que impregna los códigos legales a despecho de los principios generales del derecho, aquélla imposibilidad. En la pugna se han situado, a un lado, el magistrado (ponente) Miguel Colmenero en tanto que depositario de la doctrina del derecho, y, enfrente suyo, el fiscal Miguel Ángel Aguilar como representante del articulado penal ideológico, totalitario y antijurídico por esencia en que se basaba la "violencia legítima" contra los imputados. Los mecanismos mentales y jurídicos que rigieron el bombardeo de Bagdad comparten estirpe axiológica con la impulsión de la querella criminal de Aguilar. La filosofía y la doctrina jurídicas, cuyo último baluarte constituye la verdad, y no el contenido mismo de la ley, de carácter claramente ilógico, ideológico e inconstitucional (ese contenido al que la Audiencia de Barcelona dará prioridad en la sentencia de primera instancia), es aquéllo que salva a los imputados de ser condenados y arrojados a una celda. Pero no han rescatado, por ejemplo, a Pedro Varela en idénticos supuestos, de manera que la lucha no ha concluido y podemos calcular el avance y retroceso del totalitarismo sionista (en el seno de unos Estados liberales formalmente "de derecho") tomando como índice o criterio de medida los avances y retrocesos de los dos polos filosóficos representados en el caso Kalki/CEI/ENR por el magistrado Colmenero y el fiscal Aguilar. Lamentablemente, mucho nos tememos que, en el futuro, será éste último, y no Colmenero, el que avanzará para homologar a España con la legislación policial que ya impera en buena parte de Europa occidental.

Las contradicciones jurídicas descritas son el reflejo de contradicciones políticas que remiten a hondas cuestiones filosóficas en la génesis de la modernidad. La incompatibilidad entre la forma de la ley y su contenido material no es el resultado del hecho de que la ley deba siempre, en última instancia, apoyarse en la amenaza de la violencia, y en la ejecución real de esa violencia, para que su validez (intrínseca, teórica) y su vigencia (social, real) se identifiquen, sino en la incapacidad de pensar la necesidad de la violencia legítima por parte de un utopismo basado en la negación de la muerte, en el rechazo de la finitud, lo que es tanto como decir: de la ley misma, siendo así que la ley no expresa más que una de las articulaciones sociales de la finitud en cuanto sentido ontológico básico. Tal negación construye primero el espacio mental del fascismo como su propia antítesis, y luego el antifascismo en tanto que ideología de la negación de la negación y, con ello, de un bien absoluto que ha de cuajar necesariamente en el proyecto de un poder también absoluto. Lo expresé torpemente en los inicios de esta bitácora, véase el post "¿Qué significa ser de izquierdas hoy? (I), con argumentos que ya incluyen una temprana reflexión sobre Orwell, la dialéctica marxista y el "método" del doblepensar:

La derrota del pensamiento. Ésta es la conclusión a la que llega cualquier persona honesta después de ver cómo banalizan los izquierdistas el genocidio de 100 millones de personas (en el caso de los nazis les caerían 5 años por incitación al odio racial, pero tratándose de la izquierda el sistema lo permite y hasta lo subvenciona, véase la canonización de Carrillo); cómo, en otros casos, lo admiten y lo justifican, diciendo que es lo que “hay” que hacer con los “fascistas” (pensemos, por ejemplo, en la Associació de Tir al Feixista, cambiemos feixista por judío y tenemos un proceso criminal, pero si es feixista se permite y hasta se fomenta en el Camp Nou mientras, al mismo tiempo, se estigmatiza a un directivo por ser miembro de la Fundación Francisco Franco); cómo, en otros casos, no sólo lo legitiman y lo fomentan, sino que incluso te insultan y te amenazan con aplicarte a ti, autor del post, los rigores de la justicia revolucionaria.

ETA ha asesinado a mil personas, incluidos niños que cometieron el error de ser hijos de guardia civiles. Lo lógico sería estar, si uno es de izquierdas y cree en la justicia, del lado de las víctimas. Pero no, ellos se solidarizan con los asesinos y cuando los solidarios van a la cárcel, montan un enorme revuelo y se “manifiestan” por esa misma libertad de expresión que niegan al resto del universo. ¿Ocurre esto porque son nacionalistas? No, no nos equivoquemos, ocurre porque descienden de idéntica ralea intelectual y moral que los comunistas convictos y confesos que ellos mismos admiten ser.

Un mundo al revés: dicen estar contra las cárceles, pero allí donde llegan al poder lo primero que hacen es organizar el sistema penitenciario más grande del mundo (el gulag) y encerrar dentro a medio país.

Dicen estar a favor de la paz y hasta del “amor”, pero justifican la violencia (que ellos llaman violencia revolucionaria, un tipo especial de masacre exento de peaje moral) y todas las carnicerías contra sus adversarios políticos, incluido el exterminio en masa de inocentes.

Dicen estar contra las torturas, pero cuando pueden te montan un dispositivo de checas y el primer horno crematorio del mundo occidental (en la calle Sant Elíes de la ciudad condal) destinado a eliminar los cuerpos de las víctimas, algo de una perfección tan perversa que los propios nazis se admiran y vienen a Barcelona a hacer cursillos (el gran maestro era Lenin, por supuesto, no Stalin, como nos quieren hacer creer para, a renglón seguido, "vendernos la moto" ideológica con aquello de que el tipejo era, “en realidad”, fascista).

Dicen estar a favor de la democracia, pero curiosamente la definen como una… dictadura, aunque, eso sí, del proletariado (=comité central del partido=secretario general del partido=yo absolutamente bueno), algo tan extraño que para entenderlo hay que transformar la mente y el alma haciendo todo tipo de contorsiones morales e intelectuales a fin de poder intuir, en un estado de delirio extático, el concepto de “verdadera democracia”, es decir, el poder absoluto de un miserable tirano. Y es que la tribu, la comuna, el grupo contracultural por un lado y la banda terrorista por otro, es lo que queda del partido en estado de descomposición drogodependiente/orgiástico tras la ruptura interna de significante y significado, sujeto y objeto, hecho y validez, con el consiguiente cortocircuito lógico-discursivo.

George Orwell, en su novela sobre la izquierda radical 1984, definió el colapso intelectual de la izquierda como “doblepensar”. Orwell dio en el clavo, fue al fondo del asunto. Así, la izquierda radical sería una especie de patente de corso que permitiría:

Matar por la paz y la no violencia.

Torturar en nombre de los derechos humanos.

Censurar por mor de la libertad de expresión.

Ser solidario declarándose amigo de los verdugos e ignorando a las víctimas, niños incluidos.

Exterminar poblaciones enteras y perpetrar genocidios para evitar que “Auschwitz” vuelva a repetirse.

Su mayor enemigo, y de ahí el colapso intelectual de la izquierda, es la lógica, la razón, la limpieza moral y espiritual que dice que un genocidio es un genocidio (A=A, principio de identidad y fundamento de la lógica, del pensar racional).

Algo muy simple contra lo que sólo queda el insulto, la amenaza y la censura para empezar, y el exterminio en un campo de concentración o el atentado terrorista para terminar.

El juez estalinista Andrei Vichinsky.
Las víctimas "fascistas" del comunismo se cuentan
por millones.
EL CASO KALKI Y EL DOBLEPENSAR

Todas actuaciones del fiscal Aguilar en el caso Kalki/CEI/ENR muestran signos inequívocos de pertenencia al universo mental odiador de la ideología antifascista. Ésta es, por definición, como ya hemos dicho y ahora subrayamos, incompatible con toda noción seria de derecho, democracia y legalidad, pues en el imaginario antifascista no existen leyes, sino un paraíso anárquico y feliz donde el poder (junto con la enfermedad, el dolor y la muerte), y con él el Estado y la norma (siempre coactiva), han sido abolidos. Para alcanzar la posesión de semejante bien absoluto todo es válido y, en primer lugar, la neutralización política de quienes negamos este bodrio filosófico incluso teoréticamente: los "fascistas". De ahí que no sólo como efecto automático del contenido material de la ley penal vigente, en sí misma inconstitucional, o incluso de la práctica policial general de la fiscalía del odio (que actúa, y lo ha confesado abiertamente Aguilar, antes de que hayan indicios de delito y con motivo de la simple detección de la ideología fascista), sino como consecuencia necesaria del sentido mismo del antifascismo, la instrucción de todo el procedimiento contra los acusados por la Kalki había de reducirse a una serie de trampas y fraudes alimentadas por el odio y propias de la instrucción de un juez soviético. Hechos que podrían y deberían ser denunciados como lo que son: la vulneración sistemática, de principio a fin, de los derechos fundamentales de conciudadanos nuestros, los cuales, antes de todo accionar jurídico, habían sido ya socialmente colocados, como fascistas convictos y confesos que eran, fuera de ese club selecto llamado "la humanidad" y sometidos, en tanto que meros objetos útiles, al visionado de un rentable proyecto político-mediático de violencia antifascistaLa misma que empleaba ETA con el tiro en la nuca, pero envuelta en togas y perfumada con los modos y maneras propios de un juez Vichinsky cualquiera.

Hagámonos la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si millones de ciudadanos, amparándose en la Constitución Española, se declararan fascistas sin cometer delito alguno? El magistrado Colmenero ha visto claro que, en ese hipotético caso, se pondría fin al Estado de Derecho, pero no por culpa de dichos ciudadanos, sino porque, en buena lógica, la fiscalía de Aguilar podría perseguir policialmente a millones de españoles, encarcelarlos de manera cautelar y establecer en España una dictadura totalitaria encubierta, una tiranía policial capaz, con la ley en la mano, de extender indefinidamente la "sospecha" de fascismo a quienquiera que discrepara sobre ciertos temas o mantuviera relación social normal con aquéllos "malvados fascistas". Ahora bien, cuando una norma resulta totalitaria para una persona o grupo, dada la pretensión de validez universal que es inherente a la normatividad legal, lo es también para el resto de la sociedad. No la librería Kalki, el CEI o ENR, sino el fiscal Aguilar, sus métodos, la existencia misma de la fiscalía que dirige, las leyes en que se fundamenta su actividad, etc., representan, a mi entender, un atentado a la Constitución Española. La amenaza a la democracia no se denomina librería Kalki, sino, !ay!, fiscal Aguilar.

La madrugada del 8 de julio de 2003, los Mossos d'Esquadra desencadenan la "Operación Reich" con la detención del responsable de Ediciones Nueva República. A efectos de humillarlo, lo sacan de casa encapuchado ante las estupefactas miradas de sus vecinos. Comienza así un calvario que durará ocho largos años -y que todavía no ha terminado, puesto que la sentencia del TS ha sido recurrida al Tribunal Constitucional. Queda claro por la fecha que la Operación Reich no forma parte de la política "comunista" del tripartit, sino que fue ideada y puesta en práctica bajo el gobierno "nacionalista" (!ja, ja!) o, mejor, sionista, de CiU, la derecha burguesa catalana (las relaciones entre Saura e Israel no eran demasiado buenas, como sabemos por la negativa del conseller de Interior a conmemorar el día del Holocausto coincidiendo con la Operación Plomo Fundido en Gaza). No obstante, el tripartit nunca le hará ascos a una tramoya propagandística incrustada en el molde mental antifascista de raíz estaliniana que Hollywood ha convertido en la philosophia franca o ideario común de occidente. En cualquier caso, como reconoce Ramón Bau, uno de los imputados, en su artículo "Un final justo para un proceso kafkiano" ("Devenir Europeo", Núm. Especial, Verano 2011, pp. 4-11), el hecho de que la Operación Reich resulte reconocible, por su denominación de origen, como producto típico de la Cataluña pujolista, va a ser un factor importante en el desarrollo del entero procedimiento judicial:

Lo más curioso es que dado que éramos "peligrosos y armados" la policía catalana presentó las "pruebas" de esta peligrosidad a la Justicia nacional para detener en Madrid y Sevilla al Vicepresidente y al Tesorero de CEI y al responsable de La Orden (que era de Castilla, y precisamente La Orden era lo "más peligroso"). Pues bien, la policía catalana durante el proceso declaró que la respuesta de los jueces de Madrid y Sevilla fue que no había prueba alguna de nada y que no había motivos de la detención. De esta forma ni siquiera se registró el local oficial del CEI que estaba en Madrid ni se detuvo a nadie fuera de Cataluña (Bau, R., op. cit., p. 5).

Otro elemento esencial de la "catalanidad" sionista del proceso fue el intento -fallido- de instruirlo de tal manera que la segunda instancia de apelación recayera necesariamente en la Audiencia Provincial de Barcelona, o sea, dentro de Cataluña, donde el funcionamiento familiar de la oligarquía permitiría la repetición de los mismos abusos que posibilitaran, a la postre, el encarcelamiento de Pedro Varela:

Por supuesto, la fiscalía pretendía que se nos juzgara en un Tribunal de Barcelona en primera instancia y recurso a la Audiencia de Barcelona, así la cosa no salía de Cataluña y de su control, como pasó con el caso Pedro Varela, sin poder llegar al Tribunal Supremo. / Pero la fiscalía había cometido el error al pedir para mí más de 10 años de inhabilitación de cargo público. Y cuando una petición de pena pasa de 10 años debe ir en primera instancia a la Audiencia y el recurso al Supremo. De forma que protestamos y logramos que fuera así. Eso nos iba a salvar de las garras del Tripartit (op. cit., p. 7).

!No del tripartit, sino de la oligarquía! En nuestro Decálogo contra el Catalanismo Oligárquico ya sugerimos que para la mafia catalana ansiosa de independència (o sea, de más poder impune) resulta fundamental clausurar dentro de su territorio todos los procesos (farsas) judiciales que puedan afectarla y con que pretende, en general, mantener una tenue apariencia de justicia democrática, estrategia que implica acabar con las segundas instancias (TS) sitas en Madrid u otros lugares del territorio español. Uno de los objetivos de la oligarquía local, furibundamente sionista, sectaria, incompetente y corrupta que controla Cataluña, sería, consecuentemente, impedir que sus abusos pudieran ser revisados (y corregidos) por ojos imparciales o ajenos a los intereses de las 200 familias. El dispositivo institucional catalán, el derecho catalán, la lengua catalana y, en fin, el mito de la Catalunya sobirana, mientan así la cárcel en que esperan mantener mentalmente secuestrados, presos y esclavizados a todos los ciudadanos catalanes; y a eso -al cortijo colonial sionista- es a lo que denominan "independencia" los políticos catalanistas. Un ejemplo diáfano de lo denunciado por el Decálogo será así, debidamente interpretado, el caso Kalki/CEI/ENR. El Tribunal Supremo desmontó uno por uno todos los fraudes e imposturas de la sentencia dictada por la Audiencia Provincial de Barcelona. Que esa burla de la justicia haya podido existir es el reflejo y el resumen perfectos de cómo funcionan las oligarquías cipayas de Sión en el mundo occidental. De todas ellas, Cataluña encarna el ejemplo europeo-meridional por excelencia, sólo superado quizá por la Tangentópolis italiana.

Pero, ¿cómo era en concreto la Cataluña que iba a perseguir a los acusados por el caso Kalki? ¿Qué ocurría en este país mientras el fiscal Aguilar se dedicaba a hurgar en las bibliotecas privadas de cuatro ciudadanos con el fin de entresacar de algunos de sus libros, por ejemplo una obra de Quevedo, ciertas frases fuera de contexto y erigirlas, pese a que no habían salido de las cuatro paredes de sus casas, en supuestas soflamas de incitación al odio racial?

Correremos un piadoso velo respecto de los escándalos por corrupción e incompetencia que sacuden, un día sí y otro también, el tejido social catalán en los últimos años del largo dominium convergente y durante el agónico paréntesis del tripartit. Limitémonos al tema de los derechos humanos y de la "instigación al odio", la coartada en que se ampararon los inquisidores de la fiscalía para perseguir a los "fascistas". Pues bien, Cataluña no podía precisamente enorgullecerse, como acreditan los siguientes documentos, de su currículo humanitario, cuando menos si se le aplican los estándares europeos. Un tardío informe de Amnistía Internacional -tardío porque esta ONG conocía y silenciaba la verdad de las prisiones catalanas desde 1999- distingue a Cataluña como lugar que empezará a sonar y a ser conocido en el resto del mundo por abusos carcelarios y policiales de dimensiones escandalosas:

Unas semanas antes de que Carlos García Soler fuera detenido por los Mossos d'Esquadra, se había producido un motín en la prisión de Quatre Camins (30-4-2004); era ya el segundo en dos años. Devueltos los presos a sus celdas, entre 200 y 300 funcionarios, muchos de ellos de otras cárceles autonómicas, penetraron ilegalmente la noche del 1º de mayo de 2004 en el perímetro interior del centro penitenciario, organizaron una asamblea, se apoderaron del mando de la prisión y aplicaron la doctrina de la "mano dura" promovida y difundida por el sindicato mayoritario de prisiones desde 1993:
http://www.adecaf.com/altres/amn/amn/postmo.htm

http://elpais.com/diario/2004/11/25/catalunya/1101348450_850215.html

http://elpais.com/diario/2004/11/24/catalunya/1101262057_850215.html

http://elpais.com/diario/2004/12/03/catalunya/1102039659_850215.html

http://elpais.com/diario/2009/02/06/catalunya/1233886048_850215.html

¿Era posible semejante bochorno, propio de una república bananera, en un territorio de la Unión Europea? Sí, pero sólo en Cataluña, porque aquí manda una de las oligarquías más despóticas, ineptas, malvadas y podridas del continente. Durante años, el abajo firmante, Jaume Farrerons, como presidente de una asociación patriótica de funcionarios, elevó informes a Amnistía Internacional anticipando de forma documentada y razonada el crecimiento exponencial de los casos de maltrato si no se denunciaba públicamente la naturaleza peligrosísima del sindicalismo corporativista. Pero la oligarquía había colocado sus peones tanto en esta ONG como en el sindicato en cuestión (de ideología nacionalista), de manera que la mano negra del poder no encontró dificultad alguna a la hora de neutralizar las iniciativas humanitarias de ADECAF. Por las fechas en que empezó la Operación Reich, faltaban empero pocos meses para que la Universidad de Barcelona, citando expresamente el Informe sobre la instigación sindical de malos tratos a los reclusos en las prisiones catalanas (2000), de ADECAF, reconociera la existencia de una mafia sindical corporativista que, mediante la difusión de boletines y comunicados, promovía la vulneración sistemática de la legalidad en materia de derechos humanos de los internos:
La propia central sindical que en ese momento acogía a la sección mayoritaria de prisiones tuvo que admitir a regañadientes la realidad del fenómeno carcelario y expulsar a sus afiliados de ideología corporativista para, una vez difundida la verdad (!gracias a ADECAF!), no precipitarse en el abismo del desprestigio más absoluto:

http://www.adecaf.com/altres/amn/amn/anar.htm
Pero el aspecto más relevante del asunto, a los efectos que nos ocupan, es que el gobierno catalán había encubierto y amparado a este sindicato (véase la intervención parlamentaria de Núria de Gispert de febrero de 1999) y pactado con él, bajo el mandato convergente, permitiendo que el corporativismo funcionara como una suerte de "partida de la porra" para silenciar a los funcionarios legalistas que denunciaban los crecientes casos de maltrato y perjudicaban con ello la "imagen" política internacional de Cataluña. Fue también el gobierno de la Generalitat, aunque ya en la época del tripartit, el que, ante la avalancha de casos de tortura imputados a los Mossos d'Esquadra, optó por negar las sentencias, incluso firmes, iniciando con Montserrat Tura una moda de corporativismo institucional que Felip Puig ha hecho suyo como nuevo conseller de Interior de CiU.

La noche en que se presentaron los Mossos d'Esquadra en el domicilio de Carlos García Soler no había pasado, por tanto, ni un mes desde que funcionarios de la Generalitat de Catalunya, actuando como esas bandas de skin-heads a las que el fiscal Aguilar seguramente se jactará de perseguir, aplicaron una doctrina de odio al recluso que el sindicato mayoritario de prisiones, con el consentimiento y estímulo del gobierno, había difundido desde hacía décadas entre el personal de vigilancia penitenciaria, distribuyendo el material propagandístico en los mismísimos centros de trabajo, o sea, ante los ojos de los directores y altos cargos penitenciarios del catalanismo. Con ello, políticos y sindicalistas adoctrinaron, por activa o por pasiva, a un importante sector de  funcionarios, quienes, en 2004, reproducirían  los vergonzantes hechos de Herrera de la Mancha (1979-1984) erigidos en mito fundacional del programa electoral de la central corporativa (1994-1998). El huevo de la serpiente se incubó, en efecto, siendo secretario de formación del sindicato nada menos que el hermano de la consellera de Justicia Núria de Gispert. Que esos funcionarios organizaran el martirio del "túnel" años más tarde era así la consecuencia de una instigación al odio contra un grupo social concreto, los presos (véase art. 510 CP), que las autoridades y el propio fiscal habían podido conocer gracias a las repetidas denuncias de ADECAF (y otras organizaciones que se hicieron eco de las mismas), pero ignoraron por razones políticas.

La fiscalía, insistamos en ello, no hizo absolutamente nada para impedir lo que, según nuestros documentados pronósticos, y aunque la realidad superara con creces las peores previsiones, tarde o temprano iba a suceder y efectivamente sucedió. !Estos son los derechos humanos y la lucha contra el odio del fiscal Miguel Ángel Aguilar! O bien es Aguilar un incompetente que carece de las necesarias fuentes de información para identificar las materias de su interés (en este caso se trata, no obstante, de portadas y titulares de prensa), o bien, como parece más probable sin menoscabo de aquella inepcia, su fiscalía no es una institución contra el odio, sino una simple cheká antifascista con una finalidad estrictamente política. Q. e. d. (quod erat demonstrandum).

Que hayan podido suceder los hechos de Quatre Camins de 1º de mayo de 2004, con unos antecedentes documentados hasta la náusea, y Aguilar no moviera nunca un dedo para impedirlos, le delata como pseudo profesional del derecho. Y el fracaso de su querella en el caso Kalki comporta el más espantoso de los ridículos jurídicos, porque, no habiendo sido Aguilar capaz de perseguir una patente instigación al odio montada delante de sus narices contra el colectivo más débil de la sociedad, a saber, el de aquéllos los privados de libertadconstruyó en cambio en su mente una supuesta conspiración nazi para derrocar la democracia mediante la fuerza de las armas y unas nuevas SS que sólo existían en su calenturienta imaginación de antifascista fanático. Consecuencias, en fin, del doblepensar, que termina, por su propia dinámica torcida, perdiendo de vista lo obvio.

Señor Aguilar: no hay víctimas de la Kalki, sépalo; pero sí de los boletines sindicales corporativistas. Y a usted, que tuvo noticias del affaire penitenciario, ni siquiera se le pasó por la cabeza, u olvidó convenientemente recordar según la pseudo lógica del INGSOC, que estuviérase instigando a la violencia contra los reclusos con el consentimiento de todo un gobierno autonómico, porque funciona usted, y a los hechos me remito, de acuerdo con la metodología intelectual del doblepensar. Usted no es, en suma, el fiscal de una democracia, sino un comisario del sionismo disfrazado con la toga del jurista profesional, técnicamente pésimo y que, en el aspecto humano, preferiría no calificar para no incurrir en delito.

Así, la noche del 24 de mayo de 2004, Carlos García Soler pudo detectar el siguiente indicio inequívoco de lo que significaba el "antifascismo" de la fiscalía política en el seno de una sociedad catalana controlada por la oligarquía filosionista. Doy total credibilidad a sus palabras, porque aquello que personalmente conozco de primera mano sobre la cuestión (aunque relativo a otros ámbitos) va bastante más allá del testimonio de García Soler:

Hay una cosa que siempre recordaré: el policía que llevaba la voz cantante, iba de paisano, y llevaba una insignia de la estrella roja en la solapa, la ESTRELLA COMUNISTA, parecía que quiso recordarme con ello QUIÉN MANDABA (García Soler, C., op. cit., p. 15).

Sí, pero no sólo quién mandaba, sino, ante todo, cómo mandaba y la impunidad de los cien millones de víctimas del bolchevismo, ignominia que de alguna manera acababa de replicar su código genético-simbólico en Quatre Camins en cuanto impunidad del antifascismo convalidada de facto por el govern sionista de la Generalitat para el que ese policía, ese comisario político, confesaba ostentosamente estar trabajando (los cuadros técnicos de los Mossos d'Esquadra son entrenados, como todo el mundo sabe o debería saber, por el Mossad).

Prosigue aquí:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2012/03/retrato-del-antifascista-en-orwell-7.html

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
20 de febrero de 2012

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html

 

5 comentarios:

Jackobs dijo...

21 Febrero 2012
JEAN MARIE LE PEN MULTADO
Se puede negar a Dios, pero no algunos dogmas históricos: Le Pen, condenado por opinar que la ocupación nazi de Francia “no fue particularmente inhumana”
Os incluyo el artículo de redacción aparecido en Alerta Digital, sobre la multa impuesta a Jean Marie Le Pen por dar su opinión sobre la ocupación alemana de Francia durante al II Guerra Mundial. He de decir que la opinión de Le Pen coincide plenamente con la de Carles Fontserè, el famoso dibujante y cartelista republicano exiliado, que vivió la ocupación alemana durante la guerra en París y que refleja en su libro (no reeditado, lógicamente) “UN EXILIADO DE TERCERA. En París durante la Segunda Guerra Mundial”, Editorial Acantilado, Barcelona, 2004. A quien lo pueda conseguir se lo recomiendo encarecidamente. Pero vayamos al artículo:
¿Habría respondido la Justicia francesa con la misma firmeza de haber sostenido Jean Marie Le Pen que la ocupación estalinista de la Europa del Este estuvo exenta de la crueldad de la que hablan algunos historiadores, pocos? ¿Habrían condenado a Jean Marie Le Pen por negar a Dios o por cuestionar la exactitud de los textos sagrados?
En la Europa del 2012 hay verdades reales, verdades oficiales y verdades absolutas. A esta última clase pertenecen aquellas que no pueden ser revisadas ni puestas en cuestión. Puedes negar a Dios, cuestionar la importancia de la familia, zaherir la moral tradicional, rechazar la autoridad moral del Papa, anatemizar la democracia, pero no puedes someter a revisión algunos últimos capítulos de la historia contemporánea europea, que han sido establecidos como dogmas de fe de obligado acatamiento.
El tribunal de apelación de París (Francia) ha condenado el pasado jueves a tres meses de prisión exentos de cumplimiento y a 10.000 euros de multa al fundador del partido Frente Nacional (FN), Jean-Marie Le Pen, por declarar que la ocupación nazi de Francia “no fue particularmente inhumana”, según ha informado Le Monde.
La sentencia, que Le Pen recurrirá, ha confirmado la condena que pronunció el Tribunal Correccional de París en 2008 en relación con las declaraciones del político en una entrevista en 2005. Entonces, el todavía líder del FN -actualmente es su hija, Marine Le Pen, la que lidera el partido- aseguró a la revista Rivarol que “en Francia la ocupación alemana no fue particularmente inhumana, pese a que hubo algunos atropellos, inevitables en un país de 550.000 kilómetros cuadrados. Le Pen afirmó, en la misma entrevista, que la Gestapo tuvo algún papel positivo, como cuando, según su relato, detuvo la matanza del pueblo de Villeneuve d’Ascq -en la que fusilaron a 86 franceses-, perpetrada en la noche del 1 de abril de 1944 por un oficial germano, furioso porque uno de sus escuadrones había sufrido un atentado. La Justicia dictó entonces, y ha ratificado ahora, una condena por ‘contestación de crímenes contra la humanidad’ y ‘apología de crímenes de guerra’.
No es la primera vez que Le Pen es condenado por sus declaraciones. En 2005 le impusieron una multa de 10.000 euros por unas palabras contra los inmigrantes y en 1998 una pena similar por defender la desigualdad de razas. En 1997 le condenaron por decir que las cámaras de gas fueron “un detalle de la historia”, y ocho años antes había sido sancionado por negar su existencia.
A Le Pen le habría compensado más declarar que Joseph Stalin en realidad era tan inofensivo como una ursulina y que los 60 millones de asesinados por el comunismo en realidad en realidad murieron como consecuencia de una ligera gripe.
Este es el artículo de Alerta Digital y ¿usted qué opina?

Frel dijo...

Totalitarismo camuflado y en según que temas no tan camuflado, de esta forma se demuestra que el control del pensamiento es llevado a cabo por sistemas políticos de toda índole,tanto por estados de partido único(conocidos como dictaduras) como por estados llamados parlamentarios(de partidos políticos, las llamadas democracias parlamentarias, que en realidad son igual de dictatoriales). De esta forma se desmonta la falsedad "democrática" que nos quieren imponer de forma constante.

Jaume Farrerons dijo...

Quede claro que yo y ano creo en esta democracia y auguro su destrucción, pero sí en el concepto de democracia como principio. Pienso que la democracia es posible, pero no en una sociedad donde predominen los valores del mercado.

Frel dijo...

El hecho de que predominen los valores del mercado transforma lo que debería ser una democracia participativa en una democracia meramente representativa, que es el arma política de una dictadura capitalista o de mercado.

Jaume Farrerons dijo...

El imperio del dinero y del interés privado prostituyen unas instituciones de la esfera política que deben funcionar según valors propios. Lo político queda sometido a lo económico y los políticos se convierten en mercachifles corruptos de influencia y poder. Hemos intentado explicar esto en el Manifiesto por una Izquierda Nacional.