en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados

jueves, julio 07, 2011

Retrato del antifascista en Orwell (1)

Del miasma de sangre y cenizas emana cada vez más la densa nube del odio, que ofusca la conciencia de la humanidad en su camino ascendente hacia la solidaridad socialista.

(Rosa Luxemburg)

Conocidos son los (ab)usos que los antifascistas cometen con el escritor George Orwell, autor de fama mundial gracias a su novela de política-ficción 1984. Aquéllo que no se conoce tanto es, empero, la idea que el propio Orwell se hacía de los antifascistas. Dicha opinión quedó no obstante  inequívocamente reflejada en su obra de Coming up for air (1939), título que se traduce habitualmente como Subir a por aire. Los interesados pueden leer el original inglés en la red:


Nosotros nos limitaremos reproducir los fragmentos donde el genial Orwell retrata la repugnante figura del antifascista. Nos basamos en la versión castellana de Ediciones Destino, Subir a por aire, Barcelona, 1972, pp. 148 y ss. El protagonista de la novela asiste a una conferencia impartida por un "antifascista profesional":

Tenía la cara pálida, los labios móviles y la voz cascada de las personas que hablan mucho. Como es lógico, hablaba de Hitler y los nazis. Yo no tenía demasiadas ganas de escucharle -el News Chronicle traía las mismas cosas cada mañana-, pero su voz me llegaba como una especie de br-br-br, y de vez en cuando una frase aislada captaba mi atención.

- ...bestiales atrocidades... odiosas manifestaciones de sadismo... porras de goma... campos de concentración... vergonzosa persecución de los judíos... oscurantismo... civilización europea... actuar antes de que sea demasiado tarde... indignación de todos los pueblos civilizados... alianza de las naciones democráticas... actitud firme... defensa de la democracia... democracia... fascismo... democracia...

Ya conocen ustedes el disco. Estos tipos pueden hacerlo durar horas y horas. Es igual que un gramófono. Se da vuelta a la manivela, se aprieta el botón y se pone en marcha: democracia, fascismo, democracia... Pero en cierta manera me interesaba observarle. Un hombrecito de aspecto insignificante, de cara pálida y cabeza calva, sentado en un estrado soltando consignas. ¿Qué está haciendo? De manera totalmente abierta y deliberada, está suscitando odio. Está haciendo todo lo que puede para hacernos odiar a unos extranjeros llamados fascistas. Qué raro, pensé, ser conocido como "el señor Fulano, el conocido antifascista". Extraña profesión, el antifascismo. Me imagino que este hombre se gana la vida escribiendo libros contra Hitler. Pero ¿qué hacía antes de que Hitler subiese al poder? ¿Y qué hará si Hitler desaparece algún día? Claro que la misma pregunta se puede hacer hablando de los médicos, los detectives, los cazarratas, etcétera. La voz cascada seguía sonando, y me di cuenta de una cosa. Hablaba con convencimiento. No estaba fingiendo en absoluto; sentía cada una de las palabras que pronunciaba. Estaba tratando de despertar odio en el auditorio, pero aquello no era nada comparado con el odio que sentía él mismo. Cada consigna era el evangelio para él. Si se le abría en canal, todo lo que se encontraría dentro sería democracia-fascismo-democracia. Debe de ser interesante conocer a un individuo así en la vida privada. Pero ¿tiene vida privada? ¿O se dedica sólo a ir de estrado en estrado levantando odio? Quizá incluso sueña con consignas. (...)

El antifascista profesional Esteban Ibarra,  presidente del
Movimiento contra la Intolerancia
El conferenciante había cogido una hoja de papel de debajo del vaso y estaba leyendo estadísticas de suicidios en Alemania. (...) El conferenciante explicaba cómo los  nazis decapitan a la gente por traición, y cómo a veces el verdugo falla el golpe. (...) Era una voz que parecía capaz de seguir sin detenerse durante quince días. Realmente, es horrible tener delante una especie de organillo humano que le lanza a uno un interminable chorro de propaganda. Las mismas cosas una y otra vez. Odio, odio, odio. Unámonos todos y odiemos a fondo. Una y otra vez. Le da a uno la sensación de que tiene dentro del cráneo algo que le está martilleando el cerebro. Pero, por el momento, mientras tenía los ojos cerrados, conseguí invertir la situación. Me metí yo dentro de su cráneo. Fue una sensación muy curiosa. Durante un segundo, más o menos, estuve dentro de él, casi se puede decir que "fui" él. Como mínimo, sentí como él.

Vi las cosas que él veía. Y no eran en absoluto cosas agradables de contar. Lo que decía era simplemente que Hitler venía a por nosotros y que teníamos que unirnos y odiar bien a fondo todos juntos. No entraba en detalles. La cosa quedaba respetable. Pero lo que veía era algo muy diferente. Era una imagen de sí mismo aplastando caras de gente con una llave inglesa. Caras de fascistas, claro. Yo sabía que era aquello lo que estaba viendo. Era lo que yo mismo vi durante los dos segundos que estuve dentro de él. !Plaf! !En plena cara! Los huesos ceden como una cáscara de huevo, y lo que hace un momento era una cara ya no es más que una masa de confitura de fresa. !Plaf! !Otro! Esto es lo que tenía en la cabeza, despierto y dormido. Y cuanto más pensaba en ello, más le gustaba. Y no pasaba nada, porque las caras aplastadas eran caras de fascistas. Esto era lo que expresaba su voz.

"Tenía la cara pálida..." (Orwell)
Como sabemos, en nuestra legislación se han tipificado los llamados "delitos de odio". Curiosamente, dichas penalizaciones, que pueden llevar a la cárcel al así imputado por las autoridades "democráticas", excluyen el fomento del odio hacia determinadas ideologías, etnias o grupos profesionales, contra los cuales no se ha dejado de atizar la animadversión, con el resultado de millones de víctimas desde los años 30 del siglo pasado hasta los bien recientes "tiros en la nuca" perpetrados por la banda terrorista ETA: "escúchenlo cerdos fascistas, españoles de mierda". No sólo la red, la literatura, el cine, la prensa, están repletas de instigaciones a asesinar a determinados sectores de la sociedad: la propia legislación "contra el odio" es ya una expresión del terrorismo antifascista basada, precisamente, en el odio, y representa su culminación natural, que encarnara antaño la figura del famoso fiscal soviético Vichinsky como la encarna hoy el no menos famoso fiscal Aguilar.
 
Las esposas, para humillar a la víctima,
"peligroso" librero
Según ya demostré en mi ensayo "La criminalización del fascismo", el fenómeno antifascista, la identificación del fascismo con el "demonio" y, por tanto, la justificación argumental y razonada del asesinato de "fascistas", comienza mucho antes de que pueda hablarse de cosas tales como Auschwitz. De hecho, podría afirmarse incluso que la Shoah será, de alguna manera, la consecuencia del antifascismo, nunca su causa. En Auschwitz se consuma históricamente el proyecto de criminalización del fascismo. La narración del holocausto, en lo que tiene de cierta, refleja el efecto "rebote", la gigantesca profecía autocumplida (self fulfilling prophecy), del antifascismo, y constituye, como he acreditado en esta bitácora y otras publicaciones, un hecho de carácter siempre reactivo, desencadenado, al final de la Segunda Guerra Mundial, por las atrocidades que los antifascistas cometen contra todos aquellos ("derechistas", "burgueses", "capitalistas", "reaccionarios", "explotadores", creyentes, hunos, teutones: "fascistas", en suma) a quienes privaron desde el principio de su condición humana. Y en lo que tiene de pura invención, la ideología de "el Holocausto" viene a corroborar los tópicos propagandísticos que el antifascismo había decretado desde mucho antes de que el primer militante fascista desenfundara su pistola para defenderse en la calle de la agresión comunista, a saber, que el fascismo es el "mal absoluto". Las masacres comunistas en los Países Bálticos, perfectamente documentadas después de que los bolcheviques fracasaran en su intento de anexionarse esas regiones y dejaran tras de sí un espantoso reguero de salvajadas son, sin duda alguna, el origen de la "reacción" fascista, que responde, entre los ex militares de los Freikorps en las zonas atacadas por los rojos, a la brutal violencia de odio oriunda de los propios rojos, y no a la inversa.

Orígenes de la conciencia fascista

Los bolcheviques intentaron conquistar Estonia en tres ocasiones, a saber, en 1917, 1918 y 1924. La primera vez vieron frustradas sus pretensiones por la presencia de un cuerpo expedicionario alemán que los puso en fuga. Pero el triste final de la Gran Guerra obligó a los alemanes a abandonar el país en noviembre de 1918, circunstancia que los comunistas aprovecharon para realizar su segunda intentona. Esta vez fueron los propios estonios quienes tuvieron que liberar por su cuenta el territorio. Estonia se declaró independiente el 2 de febrero de 1920. El Partido Comunista Estonio intentó entonces un golpe de Estado con fecha de 1 de diciembre de 1924, pero fracasó. La ocupación bolchevique de parte de Estonia durante unos meses en distintas ocasiones puso empero en evidencia, por primera vez, ante los ojos de Europa y del mundo, la espantosa verdad del comunismo, un proyecto político basado precisamente en el odio tal como Orwell lo describe:

"Era una imagen de sí mismo aplastando
caras de gente con una llave inglesa.
Caras de fascistas, claro." (Orwell).
En la imagen, un lituano objeto
de la típica brutalidad bolchevique.
Los bolcheviques se habían dedicado a realizar matanzas en las localidades que habían ocupado: el 14 de enero de 1920, en Tartu, la víspera de su retirada, asesinaron a 250 personas, y más de 1.000 en el distrito de Rakvere. Durante la liberación de Wesenberg, llevada a cabo el 17 de enero, se abrieron tres fosas, en las que fueron encontrados 86 cadáveres. Los rehenes fusilados el 26 de noviembre en Dorpad habían sido torturados, les habían roto los brazos y las piernas, y algunos tenían los ojos arrancados. El 14 de enero, justo antes de su huida, los bolcheviques sólo tuvieron tiempo de ejecutar a 20 personas, entre ellas el arzobispo Platón, de las 200 que tenían prisioneras. Asesinadas a hachazos y garrotazos -se encontró un oficial con las charreteras clavadas en el cuerpo-, las víctimas resultaban difícilmente identificables (Courtois, S., El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 316).

Por aquel entonces el fascismo no existía. El fascismo no podía ser utilizado como coartada para "justificar" la violencia roja. Más bien, a la inversa, era la violencia roja la que "fabricaba" el fascismo y luego legitimaba la existencia del antifascismo basándose en la maldad absoluta (=sadismo, bestiales atrocidades, campos de concentración) imputada a aquél. Los crímenes de masas descubiertos a posteriori en Estonia y en otros lugares de Polonia y el Báltico controlados temporalmente por el Ejército Rojo son poca cosa comparados con lo que sabemos hoy del gulag, pero resultaron suficientes para generar alarma en Europa occidental y singularmente Alemania e Italia, donde los rojos aspiraban a hacerse con el poder e incluso realizaron, como sabemos, serios amagos revolucionarios en este sentido (Baviera, Hungría...).

"Odiosas manifestaciones de sadismo".
Oficial polaco empalado en Orsha
por los bolcheviques, 1918.

La realidad del bolchevismo era perfectamente conocida después de que se publicaran obras como El terror rojo en Rusia (1924), del ruso Sergei Melgunov, un documento sobre cuya exactitud y rigor no caben dudas serias en la actualidad. Conviene subrayar el papel de los alemanes bálticos en el surgimiento del nacionalsocialismo alemán: su experiencia del horror comunista fue el revulsivo de lo que podríamos denominar "la toma de conciencia fascista" en Alemania. Un caso ejemplar es el de Max Erwin von Scheubner-Richter, quien regresa a Riga (Letonia) desde Turquía, donde conociera el genocidio turco de los armenios, para encontrarse con que "todos los alemanes de la región fueron declarados fuera de la ley por los bolcheviques locales y por los que llegaban de Rusia, haciendo de ellos objeto de una política de exterminio" (Nolte, E., La guerra civil europea, 1917-1945, México, FCE, 2001, p. 134). En este punto entramos en el terreno del genocidio, es decir, del asesinato de masas por razón de etnia, pero perpetrado por bolcheviques (léase: por los "inminentes" antifascistas) de solapado sesgo identitario. El hecho de que la mayor parte de los cuadros dirigentes comunistas se nutriera en Rusia de judíos y asesinara de manera sistemática a los alemanes bálticos, un estrato social culto y acomodado, sería un factor determinante en la génesis de la ideología nazi. Como sabemos, junto con Dietrich Ekhart y el también báltico Alfred Rosenberg, Von Scheubner-Richter sería uno de los pocos doctrinarios nacionalsocialistas respetados por Adolf Hitler.

Algunos antifascistas me preguntan cómo se explicaría mi preocupación por la tortura en las prisiones catalanas, siendo así que soy sólo un (cerdo) "fascista", además de un (puto) "carcelero". Mi respuesta será siempre la siguiente: precisamente en tanto que "fascista" sabedor de cuál fue el trazo original de la conciencia fascista, es decir, el asombro frente al horror y la crueldad del bolchevismo proyectando su sombría venganza sobre Europa. Véase, en este sentido, el Völkische Beobachter de 19 de julio de 1922:

¿Queréis esperar hasta ver colgados de los postes de luz a miles de alemanes en todas las ciudades? ¿Queréis esperar a que, como en Rusia, una comisión bolchevique asesina entre en acción en todas las ciudades y despache a la eternidad, por "contrarrevolucionarios", a todos los que no quieren someterse a la dictadura? ¿Queréis tener que tropezar, como en Moscú y Petersburgo, con los cadáveres de vuestras mujeres e hijos, a los cuales hay que matar por ser los "reproductores de la burguesía"? "No", gritaréis. Y no obstante os decimos: todo esto se llevará a cabo de manera tan metódica como en Rusia si no os dais cuenta que, para vivir, hay que luchar ahora.

¿Mentían aquí los nazis? !No! Pues aunque en nuestros días pueda resultar chocante, aquello que se plantea el fascista originario es la posibilidad de cumplir las ya insoslayables exigencias de una revolución social sin incurrir en la barbarie; la pretensión de una revolución "disciplinada" que salvaguarde las identidades nacionales y culturales, así como las instituciones de la civilización occidental frente a aquéllo que se percibe como una regresión histórica de dimensiones planetarias, define el fascismoRudolf Hess criticando los excesos de las SA:

La Revolución judeo-liberal de Francia nadó en la sangre de la guillotina. La Revolución judeo-bolchevique de Rusia resuena con los millones de gritos lanzados desde los sótanos de tortura de la cheka. Ninguna revolución del mundo se ha llevado a cabo de forma tan disciplinada como la nacionalsocialista (...) Sepan todos que estamos lejos de tratar con indulgencia al enemigo. Sepan que cada asesinato de un nacionalsocialista cometido por comunistas o marxistas será vengado por nosotros en diez líderes comunistas o marxistas (...) Sin embargo, cada nacionalsocialista también debe ser consciente de que los maltratos a los adversarios corresponden a costumbres judeo-bolcheviques y que son indignos del nacionalsocialismo (Nolte, E., op. cit., p. 64).

La conciencia fascista no se limita a rechazar asqueada las atrocidades de los bolcheviques, sino que analiza su causa, disecciona en el interior del discurso humanista de la felicidad y el progreso los ocultos resortes que desencadenan el exterminio. Un ejemplo de este temprano análisis lo tenemos en autores prefascistas como Sorel, lectores de Nietzsche que han desarrollado una rigurosa desconfianza hacia las criminales promesas de los mercachifles del "paraíso social":

Todo por un "paraíso social" ya inminente:
odio sin límites a quienes
estorben la soteriología secularizada.
Hungría, 1919
Podría realizarse una hermosa compilación de repelentes sentencias políticas, sólo con compulsar la Histoire socialiste de Jaurès; no he tenido la paciencia de leerme las 1.824 páginas dedicadas a relatar la Revolución entre el 10 de agosto de 1792 y la caída de Robespierre; no he hecho más que hojear ese pesadísimo libraco, y he visto que en él se hallaban mezcladas una filosofía digna a veces de Pantalon, y una política de abastecedor de la guillotina. Me había parecido, desde hace tiempo, que Jaurès sería capaz de cualquier ferocidad contra los vencidos; he reconocido que no me equivoqué; pero nunca hubiera creído que fuese capaz de tanta bajeza: para él, el vencido siempre tiene la culpa, y la victoria fascina de tal modo a nuestro gran defensor de la justicia eterna, que está dispuesto a dar su aprobación a todas las proscripciones que le exijan; dice que "las revoluciones le piden al hombre el más espantoso sacrificio, no sólo de su reposo, no sólo de su vida, sino de la inmediata ternura humana y de la compasión". ¿Para qué haber escrito tanto acerca de la inhumanidad de los verdugos de Dreyfus? También ellos sacrificaban "la inmediata ternura humana" en aras de lo que les parecía ser la salvación de la patria (Sorel, G., Reflexiones sobre la violencia, Madrid, Alianza, 2005, p. 166).

Así, el fascismo (y éste será el motivo de su eterna incomprensión) condenará el bestialismo revolucionario pseudo marxista, pero sin apelar al mismo lenguaje que lo provoca, es decir, erigiendo frente a un hedonismo y eudemonismo del terror rojo amparado incluso en la "ternura humana" -epítome de la indignidad del torturador- otro concepto de revolución inspirado en valores alternativos de carácter "pesimista", siendo así que será precisamente "la utopía", la profecía del inminente "reino de Dios" la que enloquezca a las masas y justifique todos los crímenes del Estado moderno. Mensaje del genuino fascismo: rechazar la jerga del humanitarismo progresista en tanto que se pretenda salvaguardar la civilización. Ahora bien, esta exigencia ideológica primordial ha sido silenciada y, con ello, se malinterpreta, en algunos casos de mala fe, el significado del propio fascismo, de manera que la máquina de matar antifascista ha podido seguir funcionando hasta el día de hoy con total impunidad. Un segundo fragmento de Sorel:

Kiev, 1919
Cuanto más fácilmente crean los electores en las fuerzas mágicas del Estado, más dispuestos estarán a votar por el candidato que promete maravillas; en la lucha electoral hay una incesante puja: para que los candidatos socialistas puedan llevarse por delante a los radicales, es preciso que los electores sean capaces de aceptar todas las esperanzas; por ello, nuestros políticos socialistas se guardan mucho de combatir de manera eficaz la utopía de la felicidad facilona (Sorel, G., op. cit., p. 183). 

Hete aquí los orígenes filosóficos de la singular conciencia fascista, de la misma manera que más arriba hemos ilustrado fugazmente sus inmediatos orígenes políticos.  Ahora bien, si se ha leído bien, precisamente la negación y condena del odio de clases es el centro del planteamiento social-patriótico, mientras que para los antifascistas se trataría, precisamente, de atizar ese odio hasta desembocar en el más abyecto sadismo. Ni que decir tiene que, en su desarrollo histórico, el fascismo no estaría, ni mucho menos, a la altura de sus ideales. El suyo no es un caso aislado por lo que respecta a las doctrinas políticas. Pero hay que juzgar el fascismo desde los propios cánones axiológicos fascistas y no desde la hipocresía asesina del humanitarismo antifascista.

Nota:

Sobre los mecanismos psico-sociales de la progresía considerada como grupo tribal, a los que alude Jackobs con toda la razón, debo decir que no me ocupo aquí de ellos por los motivos expuestos en los comentarios; no obstante, en este link se pueden encontrar algunas de mis consideraciones sobre el tema. Dado que no soy psicólogo ni sociólogo, sino filósofo, no he ido más allá  del mero esbozo o encuadre de la cuestión. Intenté responder a esta pregunta: ¿cómo puede hacer el hombre para robar, torturar, asesinar, exterminar a otras personas y, no obstante, seguir sintiéndose "bueno" e incluso "el más bueno"? Muy sencillo: ejerciendo de antifascista, tarea que incluye la fabricación de los "fascistas" (=seres deshumanizados, demonios, monstruos), aquellos a quienes podrá liquidar en nombre del "amor", la "felicidad", etc. Si ya han vomitado, pueden seguir leyendo.

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html

 

16 comentarios:

Zamora dijo...

De nuevo otro artículo genial. Como precisamente los presumidos santurrones, son los más racistas y los más cargados de odio, pero sobre todo de odio endofóbico, a sí mismos y a los que son parecidos a ellos.

Y lo mejor, es que después de ser las marionetas del sistema, se creen que van contra un sistema cruel, y es precisamente ese sistema el que los alimenta y azuza.

La incultura desde luego es el peor de los males.

Jaume Farrerons dijo...

El artículo no está terminado. Cuando concluya, vais a "flipar". Los antifascistas son los peores criminales de la historia, pero todavía disfrutan de ONGs subvencionadas y hasta de fiscalías para ejercer sus prácticas de persecución ideológica. Y encima, siempre impunes, estos canallas.

El sistema democrático ha hecho suyo el lenguaje antifascista fraguado por Stalin y lo utiliza para perseguir a los ciudadanos "desafectos" mediante una inquisición que ya la hubieran querido para sí los Torquemadas de la época "premoderna".

Vivimos bajo el mundo que Orwell describiera en su novela, pero la obra del propio Orwell (como veremos) ha sido manipulado por los antifascistas a los que tanto despreciaba.

Saludos y gracias, Zamora.

Jackobs dijo...

Artículo impecable, espero con ansiedad la segunda parte, es un placer leer tus palabras.

Jaume Farrerons dijo...

Gracias, Jakobs. El artículo no está concluido. En la continuación trataré el tema del fiscal Aguilar y, finalmente, la manipulacíón de Orwell (que era un crítico del antifascismo) por los propios antifascistas.

Jackobs dijo...

Las tribus primitivas, como las sectas se organizan en torno a valores pero sobretodo respecto a enemigos comunes. Sin enemigos comunes, una tribu no tiene sentido existir. La perversión del progresismo es que los valores hay que demostrarlos atacando a los supuestos enemigos de esos valores, que se inventan ad hoc. Cada miembro tiene que demostrar su feminismo ante los demás de su tribu atacando EN PUBLICO a alguien etiquetado como no feminista y así sucesivamente. El beneficio es la ayuda de los demás sectarios en todos los aspectos de la vida , sobretodo en el económico. El coste es el esfuerzo de ataque, que equivale funcionalmente a lo que sería un sacrificio en todas las religiones primitivas. De ahí la identificación tradicional entre chivo expiatorio y persona odiada. El sacrificio de una vaca o un chivo en el altar es exactamente lo mismo, funcionalmente hablando, que el ataque de un progresista a alguien que tiene la mala suerte de pasar por allí. El sacrificio que el fiel se infringe a si mismo es el precio del animal que sacrifica. En el caso del progre es el coste de cortar lazos con los que no son progres. Es como quemar las naves. El coste de los de la ceja lo experimentan todos los días con la enemistad de los no progres. Ese es el sacrificio. El atacante por ese acto pasa a depender mucho mas de la suerte del grupo, porque fuera del grupo ha perdido los apoyos. Eso hace que los demás del grupò lo acojan sin recelos, porque ha mostrado su compromiso. Es un sacrificio bastante alto, pero con ello entra en el circulo de favores mutuos que se dan entre si los que están dentro del grupo. El estado mental producido es de relajación, ya que a partir de ese momento, al menos por un tiuempo, no tiene que realizar ningun otro sacrificio ni demostrar nada. " La izquierda no puede vivir sin chivos expiatorios que odiar".

Jackobs dijo...

La crítica que sigo aquí Jaume es la misma a la que ya he aludido en anteriores comentarios, olvidas completamente la faceta psicológica y te centras sólo en la histórica-filosófica. Siguiendo con lo anterior, observa la idea q se impone hoy de lo " políticamente correcto ", una especie de terapia psicológica. Está basada en la necesidad de expulsar sentimientos inaceptables [racismo, sexismo, paternalismo, egoismo....] proyectándolos en alguien sobre el que hay barra libre para odiar [al que se le etiqueta con esos estigmas]. La noción directriz del niño salvaje es, como Schwartz describe sucintamente, "Odio, luego existo". Liga esto con el minuto de odio a Goldstein en 1984 ya que has elegido a Orwell como objeto de estudio. El link recomendado es http://www.brusselsjournal.com/node/4689

Saludos cordiales Jaume

Jaume Farrerons dijo...

Hola Jakobs:

Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices. Existen unos procesos de tipo psicológico y psico-social (dinámica de grupos) que se dan también en el caso de la progresía. No era mi intención estudiarlos en la entrada de un blog que, normalmente, tiene unas dimensiones muy concretas, no obstante, soy consciente de su existencia.

Pero, precisamente porque se dan en TODOS los grupos, los mecanismos de dinámica psico-social no nos sirven para comprender lo específico del antifascismo.

Me he centrado en el aspecto filosófico e histórico político porque ahí se encuentran, a mi entender, las señas de identidad morales del antifascismo. Si digo que los progres, como todos los grupos, buscan un chivo expiatorio, la cosa se diluye... En el mejor de los casos serán un grupo más, una tribu como cualquier otra, aunque ellos no lo sepan (lo que ya es mucho, pues no se sienten tales).

Estudié dichos rituales TRIBALES en la entrada titulada ¿Qué significa ser de izquierdas? (I). Creo que se puede encontrar todavía en este blog.

El antifascismo, además de un mecanismo de identidad/exclusión de grupo, es la ideología oficial del sistema oligárquico que nos oprime. Existen, como veremos en la segunda parte del post, fiscales antifascistas con potestad para meter a los ciudadanos en la cárcel. Aquí hay un hecho diferencial que no se explica por los meros mecanismos de dinámica de grupos.

En cuanto a Orwell, en la segunda entrega del blog retomo el tema, pues precisamente en su obra, que es una crítica del antifascismo, encontramos algunos elementos para entender la situación actual y por qué la supuesta fiscalía contra el odio es en realidad "la fiscalía del odio", que es lo que intentaba demostrar.

Saludos cordiales y gracias tanto por tus atinados comentarios como por el enlace.

Jaume Farrerons dijo...

Una pequeña aportación sobre los mecanismos psico-sociales tribales de la progresía:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2008/03/qu-significa-hoy-ser-de-izquierdas-i.html

Saludos.

Jaume Farrerons dijo...

Gracias Jakobs, estoy en ello: explicar dónde y cuándo se torció el fascismo.

Tienes razón en todo lo que dices, Jakobs, y tu descripción del "radical" de extrema izquierda es tan rigurosa y cierta que casi estoy por ofrecerte que la publiques como artículo en este blog.

En cuanto al fascismo: he dicho siempre y lo mantengo que es ya irrecuperable. Y la culpa la tiene el propio fascismo, por no hablar de las hordas de extrema derecha que en la posguerra tomaron el "relevo" sólo para hundirlo más y más en la mierda. No hay excusas. Estoy peleado con toda la ultra porque, al igual que los progres radicales, no soportan la crítica y la objetividad (además de ser energúmenos hinchados de soberbia, sobre todo los líderes).

En este blog se busca un nuevo camino que mantendrá con el fascismo una relación honesta: la verdad. Diremos la verdad sin mirar de reojo a la censura o a nuestro propio interés, sea cual sea. Y ello incluso si nos meten en la cárcel por expresar nuestras opiniones, que, además, siempre pueden estar equivocadas y nos obligan a la revisión constante de lo dicho (excepto cuando se nos cuela un canalla con la cara dura de negar que 2+2=4, algo que ya ha pasado aquí alguna vez).

En consecuencia, hay que despedirse del fascismo. Pero se trata de superarlo, no de quedar por debajo de él o de ser tan cobarde que en esa despedida uno se limite a repetir los mantras del sistema. El fascismo no es lo que se pretende. No es el mal absoluto (nada humano lo es). El fascismo planteó cuestiones de un calado inmenso. Pero fracasó sin paliativos, porque sus líderes prefirieron gobernar y a esa exigencia meramente personal (a Hitler se le pasaba el tiempo de dominar el mundo)lo sacrificaron casi todo.

Gracias por vuestras aportaciones. Seguimos en la trinchera.

Jackobs dijo...

Nos encontramos en definitiva en una lógica de abuso de poder en la q el fuerte somete al débil. Debemos distinguir esta forma de violencia del abuso de poder directo, aquí la opresión no es aparente. La toma del poder se produce a menudo a través del lenguaje con la manipulación psicológica. Se trata de dar la impresión de conocer mejor la realidad, de detentar " la verdad ", así el discurso del HP es un discurso totalizador q enuncia proposiciones q " parecen " universalmente verdaderas y aceptadas. El HP " sabe " quien tiene razón, cúal es el argumento de la película y quien es el bueno e intenta arrastrar a los demás hacia su terreno. Luego se establece una generalización q consiste en hacer de ese discurso una premisa universal. Habitualmente, los HP atraen a gente q o bien es complétamente ignorante del tema tratado o bien tiene algún problema serio de autoestima y acepta de antemano su supuesta superioridad moral o intelectual tendiendo a pensar q esos HP saben más q ellos mismos y reconociéndoles un status privilegiado, " Debe tener razón pq él lo ha estudiado con detalle, es una autoridad en la materia, sabe de lo q habla, lo ha vivido en sus propias carnes y además es una persona comprometida con sus ideales... ". Entendamos q los HP dan mucha seguridad y estabilidad mental a las personas frágiles, además existe en todo el proceso una máscara de paternalismo, dulzura y benevolencia. El discurso autosuficiente en q todo está determinado ya por anticipado no está muy lejos del proceso delirante paranoide. Un paranoide es aquel q busca constantemente amenazas y conspiraciones en cada persona, encontrar el lado negativo. Los motivos a menudo son aleatorios, el color de los zapatos... , generalmente dependen de circunstancias exteriores pues se encuentran más bien ligados a una posibilidad q a una realidad. Así pues, cuando de cara a la galería es preciso justificar la violencia, tal justificación se hace depender de una supuesta persecución por parte de la víctima, todo aquello q no funciona es culpa de los demás, los saboteadores, traidores, contrarevolucionarios... Se establece un proceso de dominación, de roles bueno-malo. La víctima se somete y el HP la controla y la deforma es su estructura mental hasta tal modo q a veces se asume por entero la identidad del malo y se encuentra allí su función social y el tan deseado equilibrio psicológico-emocional q permite por fin el ser aceptado por los demás en comunidad. Las personalidades fuertes sin embargo se rebelan, en tal caso se les llamará la atención aludiendo a su agresividad y malignidad. Vuelvo aquí a la idea original, un funcionamiento totalitario basado en el miedo-terror q procura obtener la obediencia pasiva de la víctima. Se espera como objetivo final q la víctima actúe tal y como espera de ella el HP, debe hacer propios los patrones de conducta q sólo existen en principio en el interior de una mente enferma. Ese como digo es el objetivo final de toda manipulación psicológica, de todo lavado de cerebro. La víctima debe pensar según los valores impuestos por el HP, su espíritu crítico es el principal enemigo a batir pues la víctima existe precisamente en la medida en q se mantiene en la posición de doble q se le asigna, en q se deje arrastrar hacia una determinada esquina y se le imponga una visión falsificada de la realidad. La idea clave, insisto, está en q la víctima acepte e incorpore a su identidad esas ideas como verdaderas. Uno se vuelve " malo " pq su agresor ha decidido q lo era. Cabe mantener una posición de dominio q permita controlar el comportamiento del otro e incluso q éste termine por descalificarse a si mismo en su quehacer diario, convertido en un clixé, una caricatura. " En consecuencia, hay que despedirse del fascismo. Pero se trata de superarlo, no de quedar por debajo de él o de ser tan cobarde que en esa despedida uno se limite a repetir los mantras del sistema ".

NOSFERATU dijo...

Una vez mas me he quedado sin palabras ante su impecable y conmovedor articulo. Un abrazo sincero desde las trincheras de la resistencia idiologica.

Jaume Farrerons dijo...

Gracias, Nosferatu.

Frel dijo...

Buen artículo, realmente se profundiza en el verdadero sentido del término, analizando su verdero significado y además con sólidos razonamientos. Es así el llamado antifascismo que en realidad es algo institucional no es más que un instrumento para perseguir mediante la legalidad de unas leyes-fiscalías antidemocráticas a todo disidente de este sistema. Es un invento más del sionismo, por lo tanto el antifascismo nunca atacará ni a la izquierda ni a la derecha(abarcando todas las vinculaciones ideológicas),porque precisamente es un producto del capitalismo. Ya sabemos quienes son la fuerza de choque del antifascismo oficial en la calle y cómo están fuertemente subvencionados para atacar de forma violenta sin temor a detenciones ni a nada por el estilo.

Anónimo dijo...

La verdad es que a más de un astifascista oficial este genial artículo le haría bastante "pupa", no sabría por donde salir.

Anónimo dijo...

Rectifico, en el anterior mensaje quiero decir antifascista.

Un saludo.

Jaume Farrerons dijo...

Este foro está hecho para ser difundido en la red. Enlazadlo, reproducid sus argumentos, dadlo a conocer; con él y otras bitácoras similares (esta no es, por supuesto, la única) podemos ganar la guerra de la opinión allí donde los medios de prensa del sistema no pueden "dictar" la verdad al gusto de los políticos.