jueves, junio 04, 2015

Adolf Hitler: el mito del mal absoluto

El mito del mal absoluto.










"El sistema financiero internacional mata cada año a más personas de las que perecieron en la Segunda Guerra Mundial, pero al menos Hitler estaba loco, ¿no es cierto?"

(Ken Livingstone, ex miembro del Partido Laborista y candidato independiente a la alcaldía de Londres, citado en La industria del Holocausto, Norman Finkelstein, 2002, p. 52).

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Si ciertos actos y violaciones de Tratados son crímenes, son crímenes tanto si los comete Estados Unidos como si los comete Alemania”, indicó Bertrand Russell.

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"El Estado judío no habría nacido sin la expulsión de 700.000 palestinos. Así pues, había que expulsarlos. No había otra opción que expulsar a la población. (...) Tampoco la gran democracia estadounidense se podría haber creado sin la aniquilación de los indios. Hay casos en que el buen fin general justifica los actos implacables y crueles que se cometen en el curso de la historia."Benny Morris, historiador israelí

http://web.archive.org/web/20051228175320/www.newleftreview.org/PDFarticles/Spanish/NLR26002.pdf

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"Las imágenes que vemos de madres y niños de regiones enteras de África sometidas al azote de las sequías y otras catástrofes nos recuerdan a los campos de concentración de la Alemania nazi (...) No tenemos un Nüremberg que pueda juzgar el orden económico que se nos ha impuesto, en el que cada tres años mueren de hambre y enfermedades que podrían prevenirse más hombres, mujeres y niños de los que murieron en la Segunda Guerra Mundial."

(Fidel Castro, en entrevista de John Rice para "Associated Press", "Castro Viciously Attacks Capitalism", 13 de abril de 2000, citado por Finkelstein, N., op. cit., pp. 52-53) 

Con este post iniciamos una reflexión, largo tiempo pendiente en FILOSOFÍA CRÍTICA, sobre el Führer de los alemanes, Adolf Hitler. Alguien que pasa por la "encarnación humana del mal absoluto" en unas sociedades presuntamente laicas.

Sociedades que parecen haber rebuscado en los cubos de basuras de sus prostíbulos las coartadas para "emanciparse" de la "superstición religiosa", la Edad Media, la reacción, el Ancien Régime...

Rebeláronse pues, así, los "hombres más puramente hombres" (Merleau-Ponty) contra sus amos feudales, pero sólo para reinstaurar inmediatamente otra esclavitud, la cual, bajo el "liberalismo anglosajón", alcanza dimensiones monstruosas. Esgrimió, esta raza superior "progre", el "bienestar" (consumismo enfermizo), la "felicidad" (incluidos "placeres" como la drogadicción y la pederastia), la "fraternidad" (terror revolucionario policial, exterminio de masas, despotismo político, tortura), la "razón" (excusas, circunloquios, "racionalizaciones" en el sentido freudiano, palabrería, intelectualismo mendaz) y la "libertad" (el "deseo", o sea, la transgresión de todas las normas y del principio normativo en cuanto tal)... Valores que desembocan en la exigencia metafísica de un "placer sin límites" (Herbert Marcuse): del Marqués de Sade (la "filosofía en el tocador") al terrorismo hedonista (bien acreditado en los orígenes drogodependientes de ETA), toda una novedosa galería de horrores. Porque lo cotidiano aburre y siempre queda alguna nueva norma por vulnerar, alguna "represión" que reducir a polvo cósmico ad maiorem Dei gloriam (donde Deus = ego, yo). El modernísimo derramamiento de sangre y el tormento forman parte del bienestar al Yo debido tanto cuanto la pedofilia.

"podía sentir perfectamente cómo las niñas de cinco años habían aprendido a excitarme"
(Daniel Cohn-Bendit, actual parlamentario europeo por el partido de Stéphane Hessel, consigna publicada en 1976)


Sociedades que pretendían haber dejado atrás la fe en el ámbito público, es decir, la fundamentación confesional del poder político, contemplan ahora cómo esa misma fe retorna radicalizada en calidad de fundamentalismo fanático. Por cuanto aquéllas nunca abandonaron el secreto anclaje dogmático, el cual más bien secularizaron para dar forma aparentemente "científica" a añejos delirios escatológicos y soteriológicos judeocristianos (Nietzsche dixit).

Katyn: crimen de masas comunista
imputado falsamente a Hitler.
Son dichas sociedades las que reclaman e imponen hoy en Occidente la neo-fe pública, creencia estatal-paraconfesional en un  "Holocausto" denunciado 25 años antes de que presuntamente se produjera.

!Verdadero milagro amparado por ley, como antaño la resurrección de Cristo, el judío-Dios, en los confines de la Antigüedad greco-romana!

Los tiempos modernos que promovieran la "libertad de expre-Sión" (incluidas, como digo, la pornografía, la literatura de las parafilias y la defensa "racionalmente" argumentada de prácticas de facto, ya citadas, como el consumo de estupefacientes o el sexo adulto con niños) institucionalizan actualmente, en abierta contradicción con sus principios, esta inédita inquisición jurídica liberticida que encarna la figura del fiscal contra los delitos "fascistas" de opinión, Torquemada de turno persiguiendo toda "duda" (=descreimiento) respecto de la nueva "fe laica".

Porque, sépanlo, la society terminó, después de acumular un grueso expediente de ignominiosas fechorías, crímenes y mentiras, evacuando cierto cuento, un relato pueril en que deponer su cómoda indecencia axiológica elevada a la categoría de american way of life forzoso: la narración de la tribu occidental. Estupidez, maniqueísmo y simplismo son palabras harto comedidas para calificar la historieta antifascista oficial, que deja a la pretendida Ilustración en estado de coma.

Pero la sinvergonzonería del "hombre moderno" ni siquiera se inmuta. Hace ya mucho tiempo -más o menos desde la "Gloriosa Revolución" inglesa del siglo XVII- que este engendro hizo compatible el esclavismo, la corrupción política masiva y hasta el genocidio, con la verborragia hipócrita sobre la "democracia" y los "derechos humanos". Las "ideas modernas" sólo alcanzan en el lavado de cerebro de la "cruzada" humanista "contra Alemania" y el "nazismo" su culminación, paradigma y modelo para eterno escarnio de las habladurías sobre el mito del "progreso".

Una fábula que hoy toca ya a su fin en Europa, lugar maldito donde desatárase la universal plaga contemporánea de la "felicidad" del "individuo" en tanto que valor supremo obligatorio para todos.

Hete aquí el contexto "hermenéutico" ---interpretativo--- en que resucita el espectro de Adolf Hitler como la otra cara, también mítica, del "relato progresista" en descomposición.

Federación Catalana de Tiro al Fascista.

La ideología del Holocausto (=el Infierno) y sus funciones represivas

El fragmento que transcribimos a continuación ha sido escrito por alguien a quien nunca se le ha reprochado su brutal sinceridad y que el fiscal Aguilar jamás sentaría en el banquillo de los acusados por delitos de odio. Evidentemente, no es Hitler, sino el "bueno" de Maurice Merleau-Ponty:
El marxismo se abre sobre un horizonte futuro donde el 'hombre es para el hombre el ser supremo'. (...) La tarea esencial del marxismo será pues buscar una violencia que se supere en el sentido del porvenir humano. (...) La astucia, la mentira, la sangre derramada, la dictadura, se justifican si hacen posible el poder del proletariado, y en esta medida solamente. La política marxista es, en su forma, dictatorial y totalitaria. Pero esta dictadura es la de los hombres más puramente hombres (...) (Merleau-Ponty, M., Humanismo y terror, Buenos Aires, Leviatán, 1956, p. 12).
Pasen y vean el racismo del progresista frente a quienquiera que resulte estigmatizado como "fascista". Algo que, además, se hereda: los fascistas nunca cambian, me confesaba un periodista de "El País" sin ser capaz de explicarme cómo cambió Jesús (de) Polanco de franquista a azote progresista de nazis malos. Los progres erígense en raza superior. Son los hombres "más puramente hombres". ¿Algo que envidiar a la raza aria de Adolf Hitler? Quienes osen oponérseles encuádranse además en la categoría de bestias y podrán ser cazados como tales. El actor Joel Joan, espejo de indepes catalanistas (versión fecal, cumbayá o caganera del "progre" universal), proclamó en pleno Nou Camp, el estadio del FC Barcelona, su pertenencia al Club de Tir al Feixista (Club de Tiro al Fascista). Stalin, imagino, eyaculó inmediatamente en su tumba, siendo así que él fue precisamente uno de los más distinguidos fundadores de ese selecto club de almas bellas con "derecho" a matar.  

Podríamos citar decenas de "perlas" similares de autores progresistas ---filósofos de reconocido prestigio--- justificando la intolerancia, la dictadura, la discriminación, la violencia, la mentira, el crimen, incitando incluso al asesinato de masas tout court... Pero tales pretensiones, más que del nazismo, proceden de la "feliz" idea judía de un "pueblo escogido". 

El individuo moderno ha avisado de que iba a exterminar en masa y cumplido su palabra. Los documentos están ahí para quien quiera cotejarlos: de la masacre de la Vendée a Vietnam, Palestina, Pol Pot e Iraq. Pero diabolízase a Hitler por "Auschwitz" (=plan de genocidio exhaustivo con cámaras de gas y hornos crematorios), algo sobre lo que, precisamente, como los historiadores profesionales tienen que reconocer muy a su pesar, no cabe mostrar documentos probatorios (sólo quedan testimonios de los propios interesados y confesiones extraídas bajo amenaza o, por decirlo suavemente, "a puñetazo limpio"). Ni una pericial aliada a posteriori de los cuerpos "gaseados" o una simple orden oficial. Al final, hasta el judío Goldhagen tiene que reconocerlo:
(...) suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (...) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (...) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 2003, pp. 29-39)
¿Entonces? Todo este tiempo, hasta que llegó Goldhagen, se habría encarcelado a los revisionistas en base a puras suposiciones. Más claro no se puede hablar. Pero, ¿cómo ha sido esto posible? ¿Cuáles son esas fuentes, esos artículos de fe y por qué tendríamos que creer ahora en la novísima versión de Goldhagen? !Ya conocemos unas cuantas historietas milagrosas, a cual más ridícula, de la escatología judía, empezando por la resurrección de Cristo...!

La modernidad, promesa de refulgencias intelectuales deslumbrantes, conocimiento, racionalidad, ciencia, habrá sido ante todo la era de la mentira consciente, de la falsificación propagandística deliberada de la historia, del marketing comercial y político de masas, del uso de las ciencias humanas al servicio de la manipulación de la mente y la fabricación de la opinión pública, de la ocultación mafiosa, sectaria, delictiva, de la verdad como forma normal del funcionamiento de las administraciones (obstrucción a la justicia sistemática y planificada por los políticos profesionales en todos los ámbitos de la sociedad oligárquica...).

El susodicho individuo moderno insiste todavía, empero, aunque cada vez con menor convicción a la vista de las asambleas de indignados menesterosas de soma consumista, en declararse libre y feliz. No sufre demasiado, de momento ("la crisis pasará"), a causa de las comunicaciones intervenidas por los servicios secretos de Sión, con ingenios mecánicos automáticos del horrendo "mestizo universal" Barak Obama sobrevolando su cabeza a la espera de una orden para ejecutarle ipso facto por vía administrativa.

Testaferros políticos del criminal "sistema financiero
internacional". 
El individuo progresistaliberal. El sujeto cartesiano, el "yo", Yahvé "en pequeño"... se ha apoderado de todo. Pero, ¿quién es ese personaje? Un inane prepotente con corbata dedicado por entero, en su expresión suprema (el capitalismo financiero), a negocios fraudulentos, un individuo cuya actividad normal es robar, estafar, blanquear, sobornar, defraudar..., que esnifa "rayas" de coca y visita prostíbulos como aliciente habitual para la realización de contratos comerciales... O bien, por el lado de la izquierda, un tirano vendedor de paraísos (también un progresista rodeado de harenes, como Mao Tse-tung) que sólo ha conseguido, en nombre de la realización de sus ideales comunistas humanitarios, perpetrar en el siglo XX (y mano a mano con el capitalismo liberal), los mayores exterminios de masas, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad que la historia recuerda. La utopía. En versión ácrata: la comuna que retorna a los tiempos felices del "buen salvaje" amamantado por la Madre Naturaleza. En definitiva, la cheká y luego, de propina, el gulag. Cataluña cuenta (todo un honor) con el primer horno crematorio de Occidente, pero, !ay! sus usuarios-víctimas eran "fascistas". Para los anarquistas: el chute de heroína y ese placer sadiano en despellejar vivo al sacerdote católico (peligrosa competencia en el negocio de entontecer a los rebaños adocenados con milagrosas recetas y elixires políticos del "paraíso") para luego ir de paseíllo con un cuerpo ya casi inerte machacado a golpes. En ocasiones: funcionarios del NKVD drogados torturando a quienquiera que mostrare síntomas de "fascismo" (=escepticismo, pesimismo, infelicidad), borrachos y arrobados ante el inminente advenimiento del socialismo "científico" profetizado por Marx. !!!Modernidad!!!

 La dominación oligárquica deja tras de sí,
sólo en el Tercer Mundo, unos 500 millones de víctimas.
¿El mal absoluto? ¿Quién? ¿Cómo? ¿Cuándo?

En el lado burgués cristiano-liberal la cosa no pinta tampoco demasiado bien: el chimpancé "civilizado" de Wall Street, tratante de negros y esclavista desde sus legendarios orígenes angloamericanos, se "chuta" a su vez con la religión (e incluso construye casas con apertura automática de techo para el momento en que Dios le "abduzca" a los cielos), arroja sin mala conciencia la bomba atómica (Hiroshima, Nagasaki) a civiles indefensos o perpetra el puro etnicidio (pieles rojas) para merecido castigo de infieles "pecadores" que usurpaban aquellas extensas tierras americanas "sin dueño"... La conocida justicia infinita de Yahvé. Tenemos la versión profética secularizada (izquierda) o la versión bíblica standard en estado puro (extrema derecha) o secularizada a su vez (neoliberalismo). Todas confluyen hacia "lo mismo", así que el neoliberal puede ser un fundamentalista cristiano y convertir el mercado "mundial" en la nueva frontera del utopismo felicitario y, a la postre, en una definición actualizada del progreso donde utopía y cacotopía se confunden con idéntica facilidad que en el gulag comunista!No sólo el comunismo y el fascismo, según pretende la "ilustración liberal" El delirio del puritano ex alcohólico renacido Bush, practicando el anatema veterotestamentario contra los amalecitas paganos, forma parte también, por tanto, del imaginario moderno.  La lista de delicatessen del "humanismo cristiano" occidental, cuyo último episodio es Iraq, resultaría cansina e interminable. Nos ocuparemos de ella en otro lugar.

Hitler antítesis de Bárcenas

Es necesario, a estas alturas y después de contemplar este proceso de humana descomposición con la suficiente perspectiva, tener la capacidad y la valentía de comprender que estamos siempre ante la misma porquería, a saber: el hombre moderno ---el Yo--- en su lucha patética por hacerse con el fetiche hedonista; el sublime fariseo, dotado de "alma igual e inmortal", capaz de cualquier cosa para convertir en vivencia subjetivamente efectiva (en términos de placer) su anhelada huida ante el ser; la negación prelógica de la elemental evidencia existencial: verdad = muerte.  Éste y no otro es el concepto hermenéutico que unifica la modernidad como un todo y permite además identificar su procedencia en el pasado religioso premoderno, judaico, de Europa.

¿Auschwitz? ¡No! El "mundo feliz" de la oligarquía
medio siglo después de la derrota de Hitler.

Para olvidar  su cobarde ignominia, el homo oeconomicus capitalista y su mera variante progre ---Deng Xiaoping testifica--- han fabricado en la etapa tardía del recurrente basurero transgresor una suerte de religión cívica secular: el antifascismo (a derecha e izquierda), relato para ilotas que incluye mitos preilustrados como, pongamos por caso, un demonio: Hitler, un cielo: el paraíso social (comunista, socialdemócrata, ácrata o liberal-sionista), y un infierno: Auschwitz. Antes de existir como un "ser real" inmerso en la historia, Hitler es para nosotros occidentales un mito, la formulación en negativo de todos nuestros sueños. Tenemos que  arrancar la  envoltura semiótica añadida que perfila la figura del personaje hollywoodiense con el fin de llegar al hombre mismo. Me perdonarán así los lectores por lo poco que, por ahora, estoy hablando aquí del Führer como tal. Hitler es inseparable de nuestra realidad histórica actual, representa su rostro invertido. Es menester rastrear los nexos de sentido que conectan ambos extremos del imaginario antifascista vigente.


Distintas formulaciones del "reino de Dios" secularizado (el modo de producción comunista, la sociedad de consumo reformista, la comuna subcultural ácrata y, últimamente, el ya citado "mercado mundial" neoliberal o, por ejemplo, la "independencia de Cataluña", porque la fertilidad del profetismo judío es inagotable) susténtanse efectivamente en idénticos valores. La zanahoria cambió a menudo de marca, tamaño o color, pero siempre fue una golosina para justificar las tropelías de los promotores de la modernidad hedonista, atizando el látigo sobre las espaldas de masas serviles descerebradas. Fellahs del alma a quienes, hoy como ayer, se les había prometido el caramelito metafísico y metapolítico habitual, a saber: que, "ajusticiando" a éste o aquél "fascista", la felicidad caerá inmediatamente de "lo alto" como un regalo. Es menester, pretenden los amos, una fase de exterminio, de "limpieza", de recortes, de dolor, de represión..., pero París bien vale una misa. Es dolor bueno. Un dolor "con significado útil", pues conduce al no-dolor, más todavía, a la eyaculación histórico-social colectivo-universal paradisíaca. Ignoran quienes firman el "contrato jerosolitano" que con ello acaban de convalidar también, en la letra pequeña, su propia sentencia de muerte, pues que los corderos terminarán, cuando llegue el momento, imputados en la causa general sin límite de los "saboteadores" y en calidad, precisamente, de "fascistas". No. Ya se columbran a lo lejos los "brotes verdes". Pronto, muy pronto, podremos consumir de nuevo... Quizá algún desahuciado se quedó en el camino, pero, consolémonos: era "nazismo puro". No hagan caso de lo que hayan podido percibir (ideas delirantes) en los tiempos de penuria que corren, demasiada información para su frágil y sencilla tranquilidad espiritual, lobotomizada en el esquema [demócratas buenos/fascistas malos]. El "mercado" recuperado cumplirá la promesa narcotizante que le caracteriza y, en menos de lo que canta un gallo, olvidarán ustedes determinadas verdades incómodas, incompatibles con una digestión u orgasmo satisfactorios:

"Los escraches son nazismo puro"
(María Dolores de Cospedal, "número 2" del Partido Popular y posible madame "heredera" del lupanar de Mariano Rajoy)

A efectos de darle a esta bazofia discursiva pseudo intelectual una apariencia de racionalidad, el hombre moderno ha falsificado todas las ciencias humanas y sociales convirtiendo a los antaño tan belicosos "intelectuales" en funcionarios docentes orondos e inocuos, ha prohibido por ley cuestionar la versión oficial y obligatoria del relato (impuesta en las escuelas a las proles de futuros esclavos), ha comprado el saber mediante la "industria cultural" (que aplica la autocensura), ha destrozado los ecosistemas, allanado las culturas y pueblos del mundo..., todo ello mientras continuaba perpetrando crímenes de masas uno tras otro y acosaba, encarcelaba, asesinaba..., a los críticos que osaren denunciar o disentir del dogma "políticamente correcto". O sea: a los "fascistas", categoría que incluye, por ejemplo, a  desahuciados que, en vez de suicidarse como deben, se "atreven" a cosas tan genocidas y "nazis" cuales son el intolerable esputo a sus criminales señorías, el escrache...
“¿Es el Gobierno de los Estados Unidos culpable de genocidio contra el pueblo de Vietnam? Sí (unánime)”, concluía el Tribunal Russell.
La oligarquía puede torturar, ejecutar sin juicio, exterminar en masa... Tiene derecho a ello y no es -óiganlo- nazismo puro, sino, antes bien, antifascismo, laudable combate por la "libertad" y la dicha del género humano. 

Sin embargo, a la vista de las evidencias, alguien podría pensar que el antifascismo puede ser peor que el fascismo; los hechos parecen acreditar esta cuestión aparentemente chocante que cada vez más gente empieza a plantearse como, al menos, digna de consideración. Ya veremos qué pasará cuando el desahuciado, parado y divorciado, en lugar de arrojarse por el balcón de su ex vivienda, decida que un político, como poco, o un banquero (tanto monta monta tanto), le acompañará -!oh, sí!- a los infiernos. ¿Cómo calificará eso Cospedal si un escrache es ya para ella "nazismo puro" y el genocidio de Vietnam (o el de Iraq), nada de nada? ¿Qué actuaciones pueden esperarse del poder oligárquico en semejante escenario?

Mujeres lloran el suicidio de un desahuciado.
No existe atrocidad alguna por la que se haya imputado a Hitler ---en algunos casos, como Katyn, con pruebas amañadas--- que no hayan cometido también, en mayor medida incluso y con total impunidad (cuando no legitimándola en la vomitiva salmodia de los "derechos humanos"), nuestros actuales gobernantes, así como todos aquellos líderes históricos fundacionales que construyeron "el mundo occidental" antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial. Con una diferencia en favor del Führer: Hitler no robó a su pueblo, Hitler no se enriqueció a costa de los trabajadores alemanes. Pero, se dirá, Hitler cometió pese a todo un horrendo genocidio y nuestros gobernantes, no. Los políticos demócratas podrán ser parásitos perfumados, ladrones vulgares, imbéciles integrales, pero... no han perpetrado crímenes contra la humanidad.

El contable del PP como ejemplo del tipo humano que representa la alternativa a Hitler. No comete genocidios. Resulta incomparablemente más benigno que el Führer.  



Bárcenas y Hitler. Desde luego, Bárcenas no es un "fanático", es sólo un pillo. Pensar que miles de "Bárcenas" en todo el mundo ocasionan el hambre y la miseria del Tercer Mundo es puro delirio. La alta finanza, la especulación con alimentos de primera necesidad y la corrupción no son tan letales como "Auschwitz", así que los ciudadanos tienen que tragar con estas cosas porque si no lo hacen puede venir otro coco-Hitler y crear un nuevo "infierno en la tierra".

Del sacrificio de nuestros soldados y por mi comunión con ellos en la muerte, nunca desaparecerá de la historia de Alemania la semilla de un radiante renacimiento del movimiento nacionalsocialista y, por tanto, de una verdadera comunidad de naciones.
Muchos hombres y mujeres valientes han decidido unir sus vidas con la mía.

Hasta el último momento les he suplicado, y finalmente ordenado, no hacerlo y tomar parte en la postrera batalla de la nación.

He rogado a los dirigentes del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea reforzar por todos los medios el espíritu de resistencia de nuestros soldados en el sentido nacionalsocialista, con especial referencia al hecho de que también yo mismo, como creador y fundador de ese movimiento, he preferido la muerte a la cobarde abdicación o, peor, la capitulación.

 

Adolf Hitler, Mi testamento político, Berlín, 29 de abril de 1945


Hitler: el hombre que no quiso obedecer

Se engañan los políticos cuando sospechan ---como suspicaces gruñidores de naturaleza porcina--- que el pueblo no acepta la austeridad, el trabajo, el sacrificio, la obediencia... En la orgía de los recortes, estos laboriosos neoliberales no dejan de predicar a la gran masa de la población aquello que ellos mismos rehúyen como la peste. Recetan así a perezosos súbditos que supuestamente no quieren trabajar, que se jubilan demasiado pronto, que se cogen la baja médica de forma tramposa, que viven por encima de sus posibilidades y deberían, pues, pillines, "apretarse el cinturón", la medicina del sufrimiento. Sus señorías no saben empero cómo se escribe la palabra "tra-ba-jo", practican el absentismo-sin necesidad-de-justificante médico, promueven leyes que les otorgan toda clase de escandalosos privilegios en materia laboral y de seguridad social, disfrutan de auto generosísimos complementos que nadie controla, aceptan propinas a cambio de favores e influencias, vulneran la ley con total impunidad (Rahola: "usted no sabe quién soy yo"), cobran dobles y triples sueldos más dietas y corrupción... !Vivir por encima de sus posibilidades! Pero ¿alguien nos habrá enseñado quizás los secretos del absentismo laboral, señores diputados?

¿Es que los señoritingos "inversores" trabajan? ¿No representa el capitalismo usurero, cima de la modernidad judeo-cristiana secularizada más rabiosamente actual, la negación del trabajo? ¿Cómo se puede imponer a machamartillo esa celebérrima "ética del trabajo" para beneficio de un poder fundamentado en el capital puro, es decir, en el parasitismo de un dinero que crece con el trabajo, sí, pero de los demás? ¿Y no es el rico inversor, aquel que vive del sudor ajeno, el paradigma humano entorno al cual se construye la sociedad neoliberal triunfante, aquí o, ya también, en la China comunista? Esta línea divisoria que opone oligarquía y pueblo ---el trabajo productivo real, vinculado a una población y un territorio versus el parasitismo bancario saqueador/opresor, aéreo, etéreo, gaseoso, apátrida...--- fue el punto de partida de la política de Hitler y, por ende, de la II Guerra Mundial. Hitler nunca "trabajó", es decir, no fue siervo de usureros y se negó expresamente a ello. A la postre, toda Alemania se convirtió en algo así como un rebelde contra el dispositivo usurario internacional. Hitler, por otro lado, no dejó nunca, empero, de trabajar por su "idea", equivocada por supuesto, en el único y verdadero sentido de la palabra "trabajo" digna de respeto, que implica como poco "creer" en lo que uno hace. Y, desde luego, las guerras de agresión no fueron inventadas por Hitler y han seguido produciéndose, después del Führer, con genocidios y víctimas inocentes incluidas, hasta los tiempos actuales y medio siglo después del triunfo de la "cruzada antifascista", la última, "justa", que iba presuntamente a terminar con todas las guerras.  

Hitler, soldado condecorado 
de primera línea, en 1916.
Los pueblos quieren ---para bien o para mal--- autoridad, sí, pero ejercida sólo por aquellos que merecen ostentar la alta jerarquía de una nación orgullosa de sí misma. Dispuestos a morir por ella. El resumen de España, desde hace siglos, es el menosprecio: Bárcenas. En cambio los alemanes, un hecho que no puede negarse, siguieron a su Führer hasta el final. Algún intelectual debería explicar este misterio.

¿Quién, en efecto, "seguiría" en nuestros días, y únicamente hasta la vuelta de la esquina, a un mentiroso mediocre y pusilánime como Mariano Rajoy, el testaferro político del poder financiero? Goldhagen dice que todos los alemanes eran unos asesinos, "explicación" harto sofisticada del holocausto, como ven. Al menos, los españoles quizá no somos tan idiotas como parecemos por haber confiado al actual presidente del gobierno los destinos de la nación. 

En este sentido, está claro que nosotros no deberíamos hacer el más mínimo sacrificio por los "liberadores nacionales" burgueses, personajes como Artur Mas, Jordi Pujol o alguno de sus hijos, colegas, correligionarios, amiguetes, amantes... Aunque no deje de leer, escribir, pensar, de luchar, de "trabajar", en suma, con todo lo que tengo a mano..., confieso a título personal que no me ofende ser calificado de fascistaEn cualquier caso: no consiento que el capital se "acumule" a costa de mi vida. Y verter sangre por el Estado propio (="en propiedad") de las 200 familias oligárquicas catalanas, todavía menos. Pues que tampoco percibo diferencias relevantes entre Madrid y Barcelona. Quizá en Barcelona la desvergüenza sea incluso mayor por envolver la corrupción con la senyera patriótica y acusar a los "españoles" de un saqueo que en realidad es obra de la rapacidad pseudo catalanista.  Así las cosas, decidí tiempo ha que nunca sería carne de cañón de negocios corruptos, ni vulneraría, como funcionario, la ley (que los oligarcas mismos promulgan e incumplen de forma sistemática) por "lealtad" a alguna de las santas garrapatas con corbata que vampirizan la Generalitat. La patria catalana, sí. Pero, ¿qué patria? ¿La cuenta corriente de papá Mas en Suiza? ¿Cómo nos pueden reclamar lealtad aquéllos que han traicionado a su Constitución, Estado, Pueblo..., y pisoteado todos los valores ético-políticos habidos y por haber? Nosotros, al igual que los alemanes actuales aunque por distintas razones, ya no tenemos patria, nuestra tarea consiste precisamente en construirla. En suma: no nos arrodillaremos y esta actitud de resistencia comporta reducir al máximo cualquier colaboración con el sistema (trabajo, voto, consumo...). ¿Por qué explico todo esto? Hitler fue un vagabundo en Viena. Y es importante entender este punto porque la generalización de actitudes de rebelión radical, de desobediencia civil y desafección profunda, supondría el derrumbamiento del sistema oligárquico. El mito de Hitler empieza, en el fondo, con una suerte de "insumisión metafísica". Hitler es el hombre a quien más odia la oligarquía financiera filo-sionista mundial. ¿Por qué? Queremos respuestas, no propaganda. 
¿Hasta cuándo seremos
las víctimas de los usureros?

¿Cuál es, pues, en suma, el crimen cometido por Hitler que motivaría su diabolización? No es Auschwitz la causa del estigma. Tenemos tantos equivalentes de Auschwitz como políticos y naciones implicadas en la construcción del capitalismo, el sionismo y el comunismo desde los inicios de la Modernidad. El gran delito que no se le perdona a Hitler ha sido oponerse a la actual oligarquía y actuar contra ella con los mismos métodos "criminales", "violentos" e "inmorales" que los oligarcas habían empero utilizado siempre antes que él en defensa de sus propios intereses particulares, pero, en el caso de Hitler, en defensa de los intereses de su patria. ¿Podrían haberse empleado otras tácticas y estrategias en el señalado marco histórico de dominación oligárquica? Invito a los ciudadanos a oponerse a alguno de los húmedos gusanos del poder corrupto respetando las "pacíficas y democráticas" reglas del juego: tribunales, sindicatos, concurrencia electoral, defensor del pueblo, prensa "libre"... Entonces entenderán que esas instituciones son sólo un teatrillo donde la oligarquía dicta por teléfono pomposas "resoluciones" con sello oficial y aplasta literalmente a los ciudadanos recalcitrantes reprochándoles incluso su "temeridad" por recurrir al Tribunal Constitucional (ejemplo basado en hechos reales: una sentencia del Tribunal Superior de Injusticia de Cataluña). La palabra es tongo, un fraude generalizado, obsceno, masivo... !!!No existe, para el genuino disidente, democracia alguna en Occidente!!! Así que ya saben por qué recurrió Lenin a la revolución. Marx, antes que Hitler, negó que la democracia liberal existiera realmente y Sartre, un siglo después, calificaba las elecciones de trampa para tontos ---élections, piège à cons---, defendiendo todos ellos, santones del progresismo, abiertamente, la violencia revolucionaria. Los poderes oligárquicos no comprenden, según el marxismo leninismo, otra cosa: en el fondo, sólo entienden su propio lenguaje, aunque los oligarcas, a vecesasesinen "sólo" mediante "leyes", sentencias judiciales o "deposiciones administrativas": desahucios, despidos, expedientes, sanciones, multas, dilaciones interminables de los tribunales, letales listas de espera, persecuciones de la fiscalía o de hacienda, encarcelamiento de desafectos, recortes, acoso laboral a los funcionarios honestos, terceros grados o indultos bochornosos, muerte civil en la prensa impuesta a los disidentes, tortura policial y penitenciaria, etc.... Y no comprenden estos políticos-mafiosos nada más porque ellos mismos son los primeros en tener muy claro, como técnicos expertos en el montaje, que el entero aparato institucional "democrático" (=liberal) no es otra cosa que la tramoya propagandística de un dispositivo de poder; de una máquina despiadada cuyo objeto principal es mantener "quietecitas" a masas amorfas y adocenadas de viles "consumidores/contribuyentes" (que no "ciudadanos") ayunos de espíritu.


El gran capital como único
y verdadero "mal absoluto".
El derecho natural ha justificado siempre el uso de la fuerza contra los déspotas, contra los prevaricadores, contra los que no respetan la ley y oprimen a los pueblos. Así razonó Hitler (siguiendo a Marx y Lenin) frente a las potencias "liberales" y "progresistas" del mundo moderno. Por favor, que alguien me convenza de que ese "loco" se equivocaba y me rescate de mis propias conclusiones, un tanto desazonadoras, sobre la "democracia" capitalista occidental. 
Hitler no puede ser juzgado comparativamente poniendo sólo en la balanza tales métodos deplorables.  Pero si aceptásemos que Hitler fue simplemente un tirano genocida, siempre quedaría ahí la verdadera piedra del escándalo, a saber: que nuestros políticos, además de genocidas, son corruptos y saqueadores de su propio pueblo, al que no reconocen como tal.  Hitler sólo puede ser en verdad juzgado: 1/ por su efectiva lealtad o traición al pueblo alemán; 2/ en defecto de lo anterior, como parte de la política del siglo XX, en la cual todos los jefes de Estado occidentales (y ya no digamos los comunistas) merecerían la misma absoluta reprobación que el Führer. No valen las dobles varas de medir y mientras éstas ostentábanse obscenamente entre los cánticos adormecedores del "estado del bienestar" consumista, la gente estaba dispuesta a olvidar ciertas cosas, pero ahora quizá pronto ya no.  Y, llegados a este punto, nuestros gobernantes tienen mucho que callar, porque las víctimas de sus fechorías y abusos, de uno u otro tipo, son, en Europa, sus propios conciudadanos. Porque dichos gobernantes sólo permanecen leales a un supuesto "pueblo elegido" que no es el suyo. Porque cometen los mismos crímenes que Hitler pero con total impunidad y en calidad de traidores, léase: títeres de un proyecto racista, supremacista y criminal ---el sionismo, el Estado de Israel--- con el que no mantienen ningún otro vínculo que su propia cobarde abyección de ratas rastreras deseosas de trepar; deseosas. en definitiva, como cualquier mafioso, de dinero, poder y placer. !!!Ésa es su "democracia"!!! Porque se arrodillan ante el ídolo Sión por puro temor e interés y en criminal perjuicio de sus compatriotas, felonía que no puede achacársele a ese "loco" llamado Adolf Hitler.

Para Marx, Lenin y... Hitler, 
la alta finanza y el poder oligárquico 
sólo entienden un lenguaje: el de la fuerza.
Sabedores de esta realidad, a nuestros gobernantes sólo les quedaba jugar la carta más nefasta:  no construir una verdadera democracia, eso jamás, sino convertir a Hitler en Satán e idiotizar a la población para mantener el dogma antifascista frente a cualquier evidencia u honradez intelectual: "somos unos canallas, cómo continuar ocultándolo ya, sí, pero siempre hay algo peor que nosotros: el demonio Adolf Hitler, el mal absoluto." El tiempo ha pasado y la verdad va saliendo, empero, a la luz. La "ideología del Holocausto" (Finkelstein) resultó un fraude, otro más, de enormes dimensiones y múltiples funciones (entre otras, legitimar el Estado de Israel). ¿Podría no serlo a la vista de la idiosincrasia moral de sus beneficiarios sionistas, hogaño patente? A fin de seguir nutriendo la impostura tendrán pues los políticos profesionales oligárquicos que pudrirlo absolutamente todo: ciencia, ilustración, librepensamiento, democracia representativa, economía de mercado... Todo o, al menos, todo aquello con que antaño pretendían encubrir su secreta servidumbre mercenaria a los colonos de Jerusalén. Son ellos mismos quienes están destruyendo ese idolatrado "mundo libre" de cartón piedra (que nunca existió en realidad excepto en cuanto escenario) para aferrarse como casta a los privilegios que les presta, a cambio de lacayuna sumisión, la extrema derecha judía. Nuestros vergonzantes "políticos" han emprendido, de manera consciente, lenta, pero decidida y en ocasiones hasta descarada, la transición del liberalismo oligárquico pseudo democrático a la oligarquía autoritaria sionista sin máscaras. Pero, a medida que el montaje teatral "humanitario" se viene abajo, la figura de Adolf Hitler cambia de forma ante millones de jóvenes que despiertan de un largo sueño; que sienten haber sido víctimas del más perverso engaño por parte de los desacreditados referentes éticos de una sociedad moral, económica y políticamente en ruinas. La propia oligarquía es, empero, la responsable de haber erigido un mito que ahora camina solo, fuera de control, y que puede volvérsele en contra.

Bárcenas nos permite comprender quién es realmente, en la mente torticera de personajillos como Rajoy, Cospedal o Mas, el horrendo tirano Adolf Hitler: somos nosotros, el pueblo, todos; las gentes (=gentiles), incluso los pobres desahuciados, queriendo, siendo ya, para los oligarcas, potenciales ejecutores de un exterminio. El suyo. Y tienen miedo.

Pero no vamos a caer en la trampa que nos tienden las emociones y el propio sistema oligárquico. Quisiera recordar aquí que hemos rechazado toda forma de violencia por razones éticas, pero también técnicas. !No es sólo una cuestión de abstracta "moralidad" o decencia el hecho de negarse a aceptar unos métodos que, tarde o temprano, nos colocarían ante la disyuntiva de tener asesinar en masa a civiles inocentes! Empero, ello no nos obliga a renunciar a la posibilidad de la pena de muerte dictada por un tribunal democrático en cumplimiento de las mismas normas por las que Eichmann fuera juzgado en Jerusalén y colgado de una soga en el año 1962. Nuestros motivos y propuestas para el derrocamiento de la oligarquía han sido expuestos repetidas veces en esta bitácora; exhaustivamente desarrolladas las encontrarán en el libro "La manipulación de los indignados" (Madrid, 2012). A los textos me remito.

Jaume Farrerons
La Marca Hispánica
27 de junio de 2013

Véase también:

 !!!SALVEMOS WALL STREET
DE LOS  NAZIS!!!
DOCUMENTOS ANEXOS
El Tribunal Russell -creado en 1967 por un grupo de intelectuales (Bertrand Russell, Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir,…) para investigar los crímenes de guerra cometidos durante la guerra de Vietnam- se ha puesto en marcha de nuevo, con el nombre de Tribunal Russell para Palestina. Su objetivo: juzgar de manera simbólica a Israel por violar los derechos de los palestinos, así como a otros países y organismos por su complicidad en el conflicto.
La iniciativa está impulsada por el director de la Fundación Bertrand Russell, Ken Coates -quien también participó en el tribunal de 1967-, por la educadora y activista israelí Nurit Peled, Premio Sajarov 2001 y por Leila Shahid, delegada de Palestina ante la Unión Europea.
Más de un centenar de intelectuales, políticos y personalidades judiciales apoyan el proyecto, entre ellos Noam Chomsky, José Saramago, Juan Goytisolo, Eduardo Galeano, Naomi Klein, el ex secretario general de la ONU Butros Ghali el ex presidente del Tribunal Internacional de la Haya Mohamed Bedjaoui, el magistrado emérito del Tribunal Supremo español José Antonio Pallín, el director de cine Ken Loach, o el guionista Paul Laverty (guionista de varias películas de Ken Loach, entre otras).
Los integrantes del Tribunal han estado reunidos estos días de atrás en Bruselas y han anunciado que pretenden celebrar el juicio simbólico el próximo año. Sus impulsores han escrito un manifiesto en el que indican que
la reciente guerra impulsada por el gobierno y ejército israelíes en la franja de Gaza, ya anteriormente bajo bloqueo, subraya la responsabilidad particular de Estados Unidos y de la UE en la perpetuación de la injusticia cometida contra el pueblo palestino, despojado de sus derechos fundamentales. Es importante movilizar a la opinión pública internacional para que la ONU y sus Estados miembros adopten medidas necesarias para acabar con la impunidad del Estado de Israel y para alcanzar una solución justa y duradera para este conflicto. (…)
Este Tribunal es una iniciativa civil que promueve la ley internacional como el elemento fundamental de la cuestión palestino-israelí. Además de la responsabilidad de Israel, pretende demostrar la complicidad de terceros Estados y organizaciones internacionales que, a través de su pasividad o de su apoyo directo, permiten a Israel violar los derechos de los palestinos (…)”.
En 1967, en el inicio de las sesiones del primer Tribunal Russell, Jean Paul Sartre señaló:
“En los últimos veinte años el gran acto histórico ha sido la lucha por la libertad de las naciones subdesarrolladas. Los imperios coloniales se han desmoronado (…) Todo ha ocurrido con sangre, sudor y sufrimiento. Un tribunal como el de Nüremberg se ha convertido en una necesidad permanente”.
Tras las investigaciones –durante las que testificaron decenas de personas- el Tribunal Russell para Vietnam concluyó que Estados Unidos era culpable de “haber bombardeado objetivos civiles de manera deliberada, sistemática y a gran escala”, así como de haber empleado armas prohibidas por la ley internacional y de haber tratado de manera inhumana e ilegal a sus prisioneros de guerra.
“¿Es el Gobierno de los Estados Unidos culpable de genocidio contra el pueblo de Vietnam? Sí (unánime)”, concluía el Tribunal Russell.
El gobierno estadounidense –señaló Sartre- es culpable de haber preferido una política de guerra y agresión en vez de una política de paz, la única otra alternativa, porque eso habría implicado una necesaria reconsideración de los principales objetivos impuestos por las grandes compañías imperialistas a través de los grupos de presión. Estados Unidos es culpable de continuar e intensificar la guerra, aunque todos sus líderes entienden cada día mejor, por medio de los informes de los jefes militares, que el único modo de ganar es vaciar Vietnam de vietnamitas. (…) Cuando un campesino muere en su campo de arroz, abatido por una máquina de guerra, todos somos golpeados”.
Si ciertos actos y violaciones de Tratados son crímenes, son crímenes tanto si los comete Estados Unidos como Alemania”, indicó Bertrand Russell.
La sentencia del Tribunal no era más que simbólica. Como dijeron sus integrantes:
Somos conscientes de que nadie nos ha dado un mandato, sino que hemos tomado la iniciativa, y también sabemos que nadie podría habernos dado un mandato. Es verdad que nuestro tribunal no es una institución. (…) No hemos sido contratados o financiados por gobiernos (…) El Tribunal Russell cree que su legitimidad proviene de su absoluta falta de poder y de su universalidad. No tenemos poder: esa es la garantía de nuestra independencia. Como no representamos a ningún gobierno o partido, no podemos recibir órdenes. Examinaremos los hechos “en nuestras almas y conciencias”, como decimos o, si lo prefieren, en la completa libertad de nuestros espíritus.”
En 1974 se creó un Tribunal Russell II, con el objetivo de investigar las actuaciones de diversos gobiernos de América Latina. En aquella ocasión colaboraron con el Tribunal intelectuales como García Márquez, Julio Cortázar, James Petras, Lázaro Cárdenas o Alfred Kastler. En sus conclusiones de 1975 declararon culpables de violaciones graves, repetidas y sistemáticas de los derechos humanos a las autoridades de Brasil, Chile, Uruguay y Bolivia a las que acusaron de crímenes contra la humanidad.
También declararon culpables a los gobiernos de Guatemala, Haití, Paraguay y la República Dominicana y expresaron su profunda inquietud por los arrestos, persecuciones, torturas y asesinatos de militantes, obreros y profesionales en Argentina.
Decidimos abrir de inmediato una investigación para establecer la amplitud de la responsabilidad del gobierno argentino a este respecto”, indicaron.
Así mismo el Tribunal denunció que “las empresas norteamericanas organizan en su provecho el saqueo de los recursos de toda índole de América Latina y las violaciones de los derechos fundamentales del ser humano que acompañan ese saqueo; que el gobierno estadounidense y las oligarquías locales son coautores de ese pillaje, de esas violaciones de los derechos y de esa estrategia, así como de sus consecuencias”.
Posteriormente se han creado otros tribunales civiles similares, como el Brussels Tribunal, fundado en 2004 con el objetivo de investigar los crímenes de guerra cometidos por Estados Unidos en Irak. Está integrado por intelectuales, artistas, y activistas. Algunos de sus miembros honoríficos son José Saramago, Eduardo Galeano, o Harold Pinter.
Ahora el Tribunal Russell para Palestina abre la puerta a una nueva iniciativa que nos recuerda que siempre se pueden tomar medidas contra la injusticia a través de la movilización de la sociedad civil. Que siempre se puede hacer algo. Que aún hoy, aunque no corran buenos tiempos, sigue habiendo intelectuales de todo el mundo dispuestos a gritar: “No en mi nombre”.
Las conclusiones del juicio simbólico que se celebrará el próximo año quedarán en los anales de la Historia. Las futuras generaciones las leerán como nosotros ahora repasamos las sentencias del primer Tribunal Russell para Vietnam y del Tribunal Russell II, capaz de ver y condenar, antes que tantos otros grupos, las atrocidades de las dictaduras de América Latina. Siempre hay pioneros en esto de la justicia.  No me cabe duda de que el Tribunal Russell seguirá siendo uno de ellos.

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html



Crítica, utopía, democracia y liberalismo



























La democracia es griega, indoeuropea, y nació en Atenas al mismo tiempo, y profundamente entrelazada, con la filosofía y la tragedia.

El pensamiento crítico ha representado, singularmente desde la ilustración, uno de los motores del desarrollo social de occidente y un componente esencial de la democracia. Crítica, diálogo, racionalidad y poder público democrático son nociones estrechamente ligadas tanto en la teoría académica como en la práctica cotidiana. La crítica se sirve del concepto como herramienta para construir, desde los valores de justicia, libertad y verdad, imágenes racionales de futuros posibles que permitan confrontar lo dado con un proyecto político progresista. Estamos ante una voluntad que quiere modificar la realidad, sí, pero siempre en función de unos principios éticos inherentes a la idea misma de razón. Esta labor de construcción ideal ha fructificado en un conjunto de conquistas sociales que forman parte de la identidad europea en cuanto conquistas históricas de la civilización occidental. En efecto, no se ha de confundir la crítica con la utopía, articulada ésta alrededor de los valores de felicidad, igualdad y fraternidad. La crítica, cuando ha sido auténtica, ha demostrado su solvencia. En cambio, la utopía hedonista ha fracasado una y otra vez generando dolor y devastación allí donde manu militari quería construir sus paraísos delirantes con mares de naranjada.

Sin embargo, y a pesar de la tozuda evidencia, actualmente se puede constatar por doquier una parálisis del pensamiento crítico ilustrado. El argumento del liberalismo triunfante es precisamente el fracaso de los proyectos utópicos y el alto coste humano que estos proyectos han supuesto para las sociedades que “picaron” en el anzuelo profético. La trampa de los representantes del pensamiento único está en la confusión interesada entre crítica y utopía. Sin embargo, en algo tiene razón el bando liberal, a saber: la izquierda ha sido incapaz de mirar de frente su pasado criminal, de manera que la crítica, en cuanto factor de progreso social, se ha visto atrapada por la opacidad informativa y el doble rasero ético hasta hundirse en la esterilidad más absoluta.

Si traducimos lo dicho al lenguaje de las categorías políticas, el escándalo es todavía más evidente. El silencio de aquellos que de forma pedante se han autodenominado intelectuales de izquierda, los mismos que durante décadas monopolizaron el prestigio del pensar –la idea de un intelectual de derechas se les antojaba una contradicción en los términos, aunque ahora se han vuelto más humildes y se dedican a fusilar las obras completas de Heidegger-, ha tenido su costes en términos estrictamente políticos. Estos intelectuales cómplices del gulag se han ido deslizando de forma subrepticia, a veces inconscientemente, hacia el liberalismo de las realidades allí donde el utopismo hipócrita de los idealidades (por ejemplo, las loas a la inmigración en nombre de la solidaridad y el talante multicultural) resultaba más útil para el sistema capitalista y la alta finanza. El propio liberalismo ha descubierto que los valores de izquierdas y la cultura utópica, domesticada por la estética de la sociedad de consumo, puede resultar harto eficaz para encuadrar y regimentar a las masas en el ámbito del mercado. Así, se ha afianzado, desde la matriz socialdemócrata, lo que podríamos denominar la izquierda naranja, una manera de actuar y pensar caracterizada por la gestión administrativa de los valores utópicos al servicio de la burbuja financiera, es decir, del gran satélite que gira alrededor de la Tierra controlando los movimientos del hormiguero humano en beneficio de los canallas con gomina. La sociedad de consumo ha devenido, al final, en utopía posible y hablar de crítica ya no tiene sentido. “Ha sido el liberalismo el que ha realizado la utopía, las cuestiones que ahora cabe discutir son meramente técnicas, ¿por qué insistir aún en la crítica? Bla, bla, bla”. Esta crítica pertenecería, al parecer, al mundo de la izquierda radical, es decir, de sectores políticos antidemocráticos que representan un peligro para la convivencia en libertad... Etcétera.

Desde una perspectiva de izquierdas, el principal problema debería reducirse, en términos estratégicos, a una reactivación del espacio público ubicado a la izquierda de la izquierda liberal, es decir, la izquierda radical. Pero este enclave se sigue definiendo marxista-leninista –o anarquista-, hecho que lo convierte en blanco muy vulnerable a las embestidas del pensamiento único. Y no se trata sólo de la incapacidad del marxismo, en todas sus versiones y sectas (estalinistas, trotskystas, maoístas, independentistas, etc.), de responder a las cuestiones que plantea la sociedad posmoderna, sino también de la imposibilidad axiomática de conciliar el marxismo con los principios democráticos entendidos en un sentido amplio. Un pequeño problema que el comunismo comparte con el fascismo. Esta afirmación queda acreditada precisamente al volver la vista hacia el pasado histórico de los sistemas marxista-leninistas. Todavía más: se trata de la cobardía, por parte de la izquierda, a mirar de frente este pasado sin que su celebérrima actitud crítica, lo poco que les quede de ella a los soberbios “intelectuales” con zapatillas, porro y pañuelo palestino, quede pulverizada ante la espantosa realidad. Podría afirmarse que las fechorías de la izquierda representan el mayor genocidio de la modernidad si la historia de los Estados Unidos de América no acreditara que todavía puede existir algo comparable. Existe un holocausto, el otro, el de los vencidos, con víctimas previamente etiquetadas como “fascistas”, “enemigos del pueblo”, “contrarrevolucionarios”... Un genocidio perpetrado en prisiones, campos de concentración, psiquiátricos y otras instituciones totales bajo el control de carceleros imbuidos de mitología revolucionaria.

El lenguaje, el código simbólico, que hizo posible aquel horror, fue empero legitimado por occidente. Las democracias liberales lo importaron y han convertido en ley la quintaesencia espiritual del estalinismo que inspira las actuales legislaciones de los delitos de odio. Admitir esto y continuar con un proyecto de izquierdas es muy difícil aunque sólo sea en un plano puramente existencial y humano, pero si se quiere avanzar hacia la política real, la tarea parece cosa de titanes. Por tanto, la izquierda radical ha optado por ocultarse los hechos, enquistándose en un antifascismo vegetativo y en propuestas ideológicas decimonónicas carentes de todo valor político e intelectual. Es el Bunker rojo, laberinto de sectas ayuno de valores superiores, encrucijada de fobias y rencores infinitos, de pequeñas mezquindades doctrinarias... En esta labor de olvido donde se sacrifican todos los valores de la izquierda en nombre de una pseudo teorización y una historia literalmente putrefactas, cuentan con la complicidad pasiva del sistema del capital, el cual no tiene interés en desacreditar unos valores que han demostrado su capacidad de movilizar a los consumidores hacia donde convenga, aunque actualmente ese “adónde” se reduzca a las políticas de mercado. Por otro lado, hay razones y causas aún más delicadas -relacionadas con el sionismo- que permiten comprender y explicar el impasse de la izquierda radical y su supervivencia en estado de franca descomposición orgánica. De todas estas cuestiones nos ocuparemos más adelante.

La nueva crítica tiene así como finalidad elevar a conciencia pública la necesidad de reconstruir el espacio político de la contestación social. Nuestro proyecto detecta de antemano dos enemigos que avanzan a la cabeza de las fuerzas del sistema del capital. En primer lugar, la izquierda liberal, el pseudo socialismo naranja que gestiona los “valores progresistas” al servicio del dispositivo neoliberal, capitalista y sionista. En segundo lugar, la izquierda radical de carácter marxista-leninista o anarquista, cubierta de podredumbre hasta las orejas e incapaz de denunciar la traición de los reformistas sin caer en el ridículo y la ignominia: el oportuno recordatorio de la cheká, el gulag y las hambrunas genocidas planificadas por el Estado comunista. Por tanto, en términos estratégicos, el proyecto socialista sólo podrá redundar en beneficio de los valores de justicia, libertad y verdad si redime el espacio de la izquierda marxista tradicional desde planteamientos críticos. El ataque central va dirigido contra los valores utópicos y sus consecuencias genocidas. Después, contra el marxismo-leninismo y las variantes ácratas de la utopía en cuanto teoría/praxis irracional y criminal al servicio de la profecía mesiánica, es decir, contra la izquierda radical institucionalizada en forma de pequeñas entidades sectarias, la izquierda revolucionaria actual, encubridora activa de un pasado vergonzoso. Finalmente, contra la izquierda liberal en tanto que depositaria interesada de la mentira profética global, consagrada por Hollywood, que, a la postre, todos, rojos y naranjas, gestionan en conjunto, cada cual desde su atalaya, mas nunca satisfechos con las correspondientes recompensas: el grupúsculo de la izquierda “roja” sigue siendo la cantera farisaica de jóvenes con pedigrí progresista siempre dispuestos a hacer carrera en las instituciones de la izquierda “naranja”.

La política progresista es hoy el impulso democrático radical en el marco de la tradición filosófico-ilustrada de las naciones europeas y la lucha, desde este pensamiento crítico irreductible a los valores economicistas, contra la utopía profética judeocristiana-secularizada del mercado mundial encarnada por el liberalismo (de derechas o de izquierdas). La izquierda  debe refundarse, en definitiva, rompiendo con su pasado totalitario pero sin renunciar a una genuina radicalidad revolucionaria ni "moderarse" a satisfacción de los "inversores". No obstante lo cual, los izquierdistas prefieren ganarse la benevolencia de Hollywood hacia el pasado criminal del comunismo jugando el papel de "antifascistas", forjado por Stalin, que tanto agrada al Estado de Israel y al lobby israelí de los EEUU. La correspondiente subvención municipal hará el resto.
 
Sin embargo, nuestra labor habría fracasado si sólo sirviera para desacreditar a la izquierda oriunda del judeocristianismo secularizado. Observamos con preocupación cómo avanza, tras el liberalismo y oculta muchas veces bajo máscaras institucionales democráticas que el poder económico –la sucia verdad de la doctrina liberal- ha creado o sostenido en beneficio propio, una mentalidad reaccionaria que crece en el humus de los discursos cínicos de la oligarquía política occidental. Es un pseudo fascismo de los hechos perfectamente compatible con el antifascismo de las palabras y la complicidad sionista e islamófoba. Mentalidad de ultras sin escrúpulos que intentan aprovecharse de las contradicciones irresolubles de la sociedad de consumo, la corrupción, el paro, la carrera enloquecida hacia el agotamiento de los recursos planetarios o del grave problema de la inmigración, para fomentar la xenofobia y el racismo más obscenos y demagógicos e instalarse así en el sistema oligárquico colándose por la puerta trasera. Este radicalismo populista crece en toda Europa a cara más o menos descubierta. 
 
Los obreros votan ya extrema derecha: sólo este dato debería hacer reflexionar a la izquierda clásica. Pero la agotada institución utópica y acrítica no reacciona, permanece atrapada entre la colaboración reverencial con el Hollywood antifascista y la adicción fanática a un totalitarismo obsoleto que sólo sueña, en el fondo, con repetir el gulag. Atacar abiertamente la mencionada disposición de fuerzas, sacar las consecuencias últimas de la tajante distinción entre liberalismo y democracia con las miras puestas en la reconstrucción, desde pilares axiológicos renovados, del "Estado social y democrático de derecho", tal debe ser el objeto político de la crítica de izquierdas, patriótica y social, que la actual coyuntura histórica está pidiendo a gritos.
 

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
10 de junio de 2015
 

miércoles, abril 08, 2015

¿Qué piensa la oligarquía? (3)

Este mes de abril se cumplen 40 años de la derrota oligárquica frente a las fuerzas nacional-revolucionarias en la guerra del Vietnam.
En abril de 1975 las fuerzas nacional-revolucionarias vietnamitas (formadas por el Vietcong y el ejército regular de Vietnam del Norte), iniciaron su ofensiva final contra los restos humillados y derrotados de las tropas oligárquicas (estadounidenses y mercenarios) hasta conseguir el triunfo final del pueblo trabajador de Vietnam. El dispositivo militar más poderoso del mundo había sido así vencido por la "nación proletaria" (la comunidad del pueblo, el Dasein de Heidegger) en armas. Los hechos constituyen la mayor gloria del nacionalismo revolucionario, si no la única, después de la Segunda Guerra Mundial. No fue jamás, en efecto, la guerra del Vietnam, una vana pugna periférica entre las "democracias" (capitalistas) y el las "tiranías" (comunistas), según difundiera a la sazón la propaganda oligárquica occidental, por mucho que el conflicto muestre, como no podía ser de otra manera, una inevitable relación con el contexto general de la Guerra Fría. Para quienes pretenden desconocer, por incognoscible o banal, aquéllo que signifique el concepto de lo NR, o aquéllos otros, ideólogos de extrema derecha, que confúndenlo con abyecciones como la obra del escritor reaccionario Julius Evola,Vietnam tiene mucho, por motivos obvios, que enseñarles.
Dentro de nuestro programa teórico de definir el nacionalismo revolucionario en dos niveles, a saber, como pensamiento e ideología, por una parte, y como método para la interpretación de la historia y de los fenómenos políticos, por otra, es también la guerra del Vietnam un tema privilegiado de reflexión y una fuente inagotable de energías morales e intelectuales. Urge hoy repensar Vietnam, porque los EEUU han conseguido, una vez más y como ya lo hicieran en el caso del exterminio de los indios nativos norteamericanos, la esclavitud negra, la anexión de México y el uso de la bomba atómica contra civiles (entre otras decenas de crímenes de lesa humanidad), eludir sus inmensas responsabilidades políticas, de manera que, después de 1975, esta máquina de exterminio que es el complejo Washington/Wall Street/Hollywood/Israel, ha podido seguir presentándose ante la opinión pública como guardián mundial de los derechos humanos y las libertades democráticas. Emprendiendo de tal suerte, los EEUU, nuevas actuaciones genocidas en todo el planeta hasta la actualidad. La más reciente masacre yanqui de grandes dimensiones ha sido la guerra de Irak y, de nuevo, contra un adversario nacional-revolucionario (aunque, en este caso, hay que admitirlo sin empacho, derrotado como consecuencia de la propia corrupción del régimen, que no fue capaz de recabar apoyo alguno entre la población trabajadora).
El punto de partida de todo verdadero pensamiento crítico, disidente o alternativo es un factum que conviene elevar a concepto y hacer transparente en el marco de la pública racionalidad científica y filosófica: los adversarios reales que, más allá de la retórica periodística, se enfrentan en el mundo contemporáneo son, de un lado, la oligarquía (occidental: EEUU/Israel/GB) y, de otro, los pueblos, las naciones, ya se trate de los nacionalismos negros en EEUU (Malcolm X), ya de los nacionalismos árabes (baasismo, naserismo...), asiáticos (Vietnam, Corea, China), sudamericanos (peronismo, chavismo) o europeos (comunismos o fascismos en mayor o menor medida). Es menester elegir bando. No existen terceras vías ni izquierdas "no revolucionarias". Unas tales "izquierdas" se resuelven a la postre como derechas encubiertas o disfrazadas; y toda derecha, a su vez, excepto una, la sionista, ha devenido apátrida e inexorablemente traidora a su propio puebloEn otros términos: sólo aquellas naciones y nacionalismos vinculados a una resistencia contra los grandes poderes económicos capitalistas, a saber, los nacionalismos revolucionarios que rechazan someterse a los dictados de la alta finanza internacional, y no los "nacionalismos" sin más (véase el "nacionalismo" catalán de Jordi Pujol como ejemplo palmario), pueden considerarse antagónicas al "modelo occidental" oligárquico. Otro tanto cabe afirmar con respecto al comunismo. Tanto los fascismos derechizados por exceso del componente meramente nacionalista (liberal-burgués, racista, xenófobo), cuanto los comunismos de estricta observancia marxista-leninista dogmática por exceso del componente utópico-profético, cosmopolita, "internacionalista" o "mundialista" (en el fondo también burgués y religioso-secularizado), terminan agrediendo al pueblo de la nación (el propio o el ajeno) y abortando, por ende, la revolución misma en un auténtico baño de sangre ("Auschwitz", gulag). Únicamente si podemos aislar el elemento "nacional-revolucionario" estricto, que incluye su propio e insoslayable factor democrático, en el seno de cada revolución nacional, estaremos en condiciones de comprender las causas de los éxitos y de los fracasos en las luchas de liberación de los pueblos contra el enemigo común de la humanidad, a saber, contra la oligarquía sionista.

Continuación de:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2014/05/que-piensa-la-oligarquia.html

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2015/03/que-piensa-la-oligarquia-2_24.html
(Esta entrada se encuentra en proceso de redacción. Continuará).
Jaume Farrerons

jueves, abril 02, 2015

El destino de los mortales

Comprendieron la verdad.
"La existencia propia del hombre histórico significa: ser puesto como brecha en la que irrumpe y aparece la superioridad del poder del ser, para que esta brecha misma se quiebre bajo el ser." (1935)
(Martin Heidegger, Introducción a la metafísica, Barcelona, Gedisa, 1993, p. 149)

En su libro La insuficiencia del discurso racional (2009), meritorio pero inaceptable intento de fundamentación del eudemonismo del bienestar, la salvación del alma, la felicidad y el amor -en suma, una recuperación del platonismo-cristianismo-, Laureano Luna confiesa lo siguiente:
 
"la experiencia de la suprema identidad me otorgó una perspectiva de la que carecía antes: esa perspectiva me permitió comprender el error fundacional de la ideología moderna" (p. 281).
• "la primera de la experiencias de la suprema identidad se prolongó durante seis o siete horas" (p. 280).
• "La experiencia de la suprema identidad va acompañada de un sentimiento de amor universal y de serena felicidad. Como he dicho, el miedo a la muerte se desvanece por completo" (p. 279).
• "cuando el individuo mira hacia su muerte, ya no es capaz de seguir anticipando, más allá de ese acontecimiento, el curso futuro de su flujo de conciencia: la anticipación choca ahí con un muro. Entonces ese yo que tenía como función soportar la síntesis del flujo temporal de conciencia percibe la amenaza incomprensible e insoportable de la extinción" (p. 278)
• "la autoconciencia correcta es una experiencia mística" (p. 274).
• "Entre el invierno y la primavera de 1982 tuve dos experiencias de la suprema identidad" (p. 271).
• "probablemente también lo mismo significa amada en el amado transformada en la Noche Oscura de San Juan de la Cruz" (p. 270).
Hace tiempo que ciertos presuntos "fascistas", es decir, quizá los fascistas de verdad, somos extraños, no ya a lo que el sistema oligárquico afirma sobre nosotros, sino a aquéllo que la propia extrema derecha considera que define la propia identidad fascista.
 
Humanes y mortales
 
Reivindicar en serio la verdad supone siempre, tarde o temprano, la ruina. Véase Sócrates. Y al final, moriremos. La postrera "hora de la verdad" -así se refiere a la muerte el lenguaje popular- llegará antes o después y sólo nos quedará la dignidad de haber cumplido con nuestro deber. Nada más. Pero, si esto resulta demasiado sobrio, siempre podemos cloroformizarnos con utopías, estados místicos, substancias estupefacientes o fanatismos soteriológicos.
Ahora bien, es en el contexto de la ruina, y sólo de la ruina (Heidegger habla del carácter ruinante de la existencia), que puede aparecer algo así como la "ética" y el "heroísmo". Por ejemplo, siempre nos toparemos con los humanes, dondequiera que vayamos. En todos los campos, ellos son legión, siempre más y más y más, como los rusos en el frente del Este. Y no pensemos equivocadamente que todos ellos serían simples idiotas o brutos. La metafísica de los humanes comienza con Platón. Los más grandes filósofos han sido metafísicos, porque al final han claudicado ante Dios, la felicidad y el amor (o cualquiera de los ídolos que erigen para combatir la angustia mortal, exactamente como hace Luna, quien intelectualmente hablando es un genio, no lo olvidemos). Ahora bien, la verdad de la muerte no da poder y a la sazón, pero todavía mucho más en nuestros días, los humanes han tratado siempre de promover lo útil y práctico en la vida, de ser "positivos", de pensar incluso en cosas "bonitas" a fin de no perjudicar la salud... Y eso se convirtió en filosofía justamente en los EEUU. Léase William James. ¿En qué puede consistir, empero, a la postre, esa "utilidad"? En el triunfo del individuo frente a aquéllo que niega sus deseos, placeres y pulsiones. Y el impulso más básico es el de vivir. Habría que negar la muerte, habría que intoxicarse con la mentira, hasta la borrachera filosófica y política (proyectos escatológicos) para evitar experimentar la desmesurada realidad -la finitud- que tenemos delante de nuestras propias narices, una verdad que, sugiere Heidegger, nosotros mismos somos. A ello se inclinan precisamente las personalidades más destacadas, más brillantes, más pagadas de su "individualidad": un yo que se quiere inmortal porque no puede aceptar la "derrota" que representa, para el ego y la narcisista "conciencia de sí", el factum trascendental de la muerte.
 
Nada tiene de casual que la existencia conlleve la “ruina"; reclámala, antes bien, la verdad misma. Esta lucha (Kampf) no tiene fin, su sentido es hacer aparecer el acto ético como tal: que la realización del deber, a saber, lo más alto, sea posible. Perecer, pereceremos velis nolis y, a tales efectos, tanto da, lo uno o lo otro. La finitud pugna en el bando de la necesidad. Se trataría de darle significado a algo que no lo tiene desde el punto de vista hedonista-utilitario, pero sin narcotizarse a base de vergonzantes autoengaños ansiolíticos.
 
La batalla del final de los tiempos

En medio de la derrota y la destrucción, con hordas de humanes avanzando hacia Berlín, un grupo de soldados "inhumanos" (=mortales) deciden resistir. No para “vencer”, saben que el final está cerca, sino simplemente porque han decidido cumplir con su deber. Esto es, y a ello me refiero, cuando hablo de "lo más alto" en todas las esferas de la vida; y es también aquéllo que representa, en mi sentir, la verdadera “Alemania”. Si el nazismo tuvo algún valor, fue sólo éste, que, creo, casi ningún “nazi” de época o actual aceptaría (calificaría estas ideas de "nihilismo"). Pero Prusia se alzaba ahí majestuosa como realidad histórica objetivada. No estamos hablando de una raza, sino de unos valores institucionalizados, algo que Hegel identifica en su magna obra como  "espíritu objetivo". Y la mayoría de los soldados alemanes -sobre todo los oficiales prusianos, los celebérrimos miembros del Offizierkorps- actuaban de una determinada manera porque tales pautas de conducta formaban parte de lo más íntimo de sus vidas en todas las esferas de actividad. Incluso un feroz antiautoritario, el anarquista Bakunin, tiene que reconocerlo en su obra "Estatismo y anarquía" (1873): "los alemanes son un pueblo serio y trabajador, tienen educación, son ordenados, exactos, económicos, lo que no les impide, cuando es necesario, y sobre todo cuando son los superiores los que lo exigen, luchar excelentemente. Lo han probado las últimas guerras. Además, su organización militar y administrativa ha sido llevada al último grado de perfección, un grado que ningún otro pueblo podrá nunca alcanzar (p. 80) (...) los oficiales alemanes sobrepasan a todos los oficiales del mundo por la profundidad y la amplitud de los conocimientos, por los conocimientos teóricos y prácticos de la ciencia militar, por la abnegación ardiente a toda prueba y completamente pedante en la profesión militar, por la regularidad, la puntualidad, la maestría, la paciencia obstinada y también una honestidad relativa" (p. 113). !El ideólogo de los okupas admitiendo la honestidad de quienes encarnarían a sus -no lo dudemos- más incondicionales adversarios!

 
Añádasele ahora la victoria, la salvación, las mieles del triunfo, etc. ¿Una Alemania opulenta? ¿Cuánto hubiera tardado en reproducir la recurrente "mermelada asquerosa" (Sartre) de los valores hedonistas? El "fascismo" es el desprecio. "Paraíso", "felicidad" o "vida eterna", de un lado, y "ética", de otro, se excluyen. Kant nos lo enseñó, aunque ni siquiera él fuera totalmente coherente con su descubrimiento. Si "eso" cristiano-platónico "existiera" dondequiera que no fuese en el delirio místico o los estados estupefacientes químicamente inducidos, todo resultaría más “agradable”, pero ¿en qué "utopía" hallar entonces un lugar para la decencia? El acto ético se realiza a cambio de nada: ni salvación, ni victoria, ni compensación alguna le dan "sentido". Él es el sentido. Sólo por deber, sólo por la verdad: equivale a la más absoluta desnudez y pobreza. La ética constituye un fin en sí mismo. No existe un valor más allá de su ejercicio en medio del dolor, del barro, de los ataques del enemigo, de las difamaciones, de las amenazas terroristas (o ultras), de las persecuciones judiciales... !Ojo! !Que no hablo, o no sólo, de frentes militares, mucho menos de estéticas marciales! La vida misma -lo cotidiano, el trabajo, las relaciones sociales- es una lucha por la verdad contra los humanes y sus imposturas. Tanto más lo será cuando la pólémica afecte a la política. Y no digo que no podamos vencer, desde luego que debemos intentarlo con todas nuestras fuerzas, pero incluso el imperio romano cayó y hay que luchar siempre haciendo abstracción de la victoria y la derrota, porque el "fracaso", aunque se hiciera esperar siglos, antes o después tendría que llegar. Nosotros, empero, estamos ya de vuelta. Si el "éxito" fuese el único motivo para batirse, más valdría deponer las armas y dedicarse a la jardinería. El “fascismo”, e insisto, no me refiero aquí tampoco únicamente a lo político (o a lo militar), sino a aquéllo que vengo explicado en los posts que preceden a éste desde el año 2007, sólo existe en la lucha, en la dignidad del diario combate donde los mortales levantan la bandera de la verdad y son atacados por bandadas de "humanes" enloquecidos de odio, aterrorizados frente a esa muerte que no comprenden -y, sobre todo, que no quieren comprender- a la caza de un chivo expiatorio, el "fascista" (o el "judío", tanto da). Pero con la victoria termina también la lucha y comienza, casi siempre, la decadencia. El escenario debe ser, por tanto, de forma necesaria, la tempestad: 
“todo lo grande surge en medio de la tempestad…”
(Martin Heidegger)
Y quien así actuare, ése sí merecería la compensación, la vida eterna. La merecería, pero únicamente eso. Ha de perecer para que el ser (das Sein) brille sólo un instante, como una estrella lejana, en medio de los fragores y de la destrucción. Todos los "valores" de la cultura hedonista: el "amor", la "felicidad", "dios", etc., devienen baratijas que, una vez conocidas, redúcense de tamaño hasta convertirse en el equivalente a un fraude existencial. Estamos solos. Pero siempre queda la camaradería del frente nacional-revolucionario, la única relación humana auténtica, que emana de una verdad trágica compartida. Nuestros antecesores europeos tuvieron que contar con los cristianos (había muchos en Alemania, como en todos sitios, porque la "promesa" paulina de salvación siempre "vende"); cometieron el error de pactar con la derecha sociológica; mas no sólo prostituyeron así el fascismo originario de 1919 y transmutáronlo en una nueva versión del "pueblo elegido", sino que nos montaron un holocausto contra los "asesinos de Cristo", cuando el mayor mérito de los judíos -por no hablar del propio reo- fue, precisamente, haber crucificado a Cristo.
“El héroe es aquél que osa ser, el que se atreve con la verdad y la experimenta en la forma de la ruina, la oscuridad y la muerte.”
(Felipe Martínez Marzoa)
Cabe eludir este ocaso; si quieres, no te lo reprocharé. Pero también podemos asumir el destino de los mortales. Senderos de gloria. Que ni el frente de lucha depende de nosotros, simples soldados que no aspiramos a la vida eterna (siendo así que nuestro "yo", nuestra "alma", a diferencia de los cristianos, nos importa poco), ni tampoco el momento en que las oleadas de carros enemigos despunten en el horizonte.
Yo no quiero engañar a nadie. Ésta es mi única virtud. Si a pesar de todo podemos reír, entonces aquella postrera sonrisa será la verdaderamente “humana”.
Viele Grüssen!!!
Jaume