viernes, diciembre 21, 2012

Catalanismo versus españolismo: el camuflaje emotivo de la reforma neoliberal

"La guerra de las Malvinas, en 1982, permitió a Margaret Thatcher superar la crisis de las huelgas de los mineros. Gracias a la excitación patriótica que recorrió el país como un relámpago, pudo aplastar la revuelta de los mineros y lanzar la primera marea privatizadora de una democracia occidental" (Naomi Klein, La doctrina del shock, 2007, Barcelona, Planeta, 2007, p. 32).


En el año 2007, cuando aún no había empezado la crisis económica, Naomi Klein publicó un libro donde podemos leer las siguientes "proféticas" afirmaciones:
Los traumáticos episodios que "prepararon el terreno" no siempre han sido de carácter abiertamente violento. En los años ochenta, en Latinoamérica y África, las crisis a causa de las deudas forzaban a los países a "privatizarse o morir", como dijo un funcionario del FMI. Devorados por la hiperinflación, y demasiado endeudados como para negarse a las exigencias que venían de la mano de los préstamos extranjeros, los gobiernos aceptaban los "tratamientos de choque" creyendo en la promesa de que les salvarían de mayores desastres (Klein, Naomi, op. cit., p. 32).
¿Les resulta familiar el escenario? ¿Observan algún parecido entre las situaciones que describe Klein y el actual discurso de Mariano Rajoy o Artur Mas? Sólo falta añadir un dato: que las supuestas crisis no cayeron del cielo, sino que fueron deliberadamente provocadas para "aplicar" cierta ideología en algún lugar, previamente seleccionado, del planeta Tierra. Chile y América del Sur fueron los primeros laboratorios experimentales, pero después siguieron Inglaterra (1982), China (1989), Rusia (1993), Asia (1997-1998),  Yugoslavia (1999), Estados Unidos (2001), Irak... Hasta ahora la Europa continental no había sido saqueada por la alta finanza. Pero ya se terminó la inmunidad. Y una de las piezas más preciadas de la nueva cacería usuraria es España, país con 47 millones de habitantes que puede generar muchos beneficios a los "inversores".

La crisis económica no existe. Es sólo la coartada, la "legitimación", en términos de "ciencia" económica y política económica "objetiva" ("no me gusta hacerlo, pero es necesario", sostiene el político sistémico) para la implementación de un programa neoliberal que concluye con el desmantelamiento del Estado de Bienestar. Ese mismo artilugio keynesiano que, hasta hace bien poco, era el orgullo de Europa y ostentábase como modelo alternativo al "capitalismo salvaje" norteamericano, pero que en la actualidad, dicen los untados "expertos", se ha convertido en algo totalmente "obsoleto" a efectos de "competitividad" (=beneficios de los usureros). Algunos de los neoliberales camuflados que, como cargos electos, controlan las instituciones públicas, tienen incluso la desvergüenza de afirmar que los recortes sociales, las privatizaciones y las desregulaciones son sólo medidas paliativas para la conservación del invento: "le amputamos  a usted las piernas para que pueda andar, más aún, para que pueda correr los 100 metros lisos y ganar las olimpiadas". Obscena mentira y burla de un pueblo.

Los primeros mentirosos del "Reyno", Mariano Rajoy y Artur Mas, juegan ambos en el mismo equipo. Pero, conviene subrayarlo ahora, mareando la perdiz con el sentimentalismo patriótico de las banderas. Catalanismo y españolismo, emociones nativas con que se pretende despistar a la inmensa mayoría de los trabajadores y ciudadanos, encubren un sólido consenso de fondo en las materias cruciales: obediencia lacayuna a la alta finanza, filosionismo racista despiadado y liquidación del "Estado social y democrático de derecho" instaurado en la posguerra como escaparate propagandístico frente al comunismo. El desastre al que la casta política está conduciendo fríamente a España será el escenario de shock que permita llevar hasta sus últimas consecuencias las supuestas "medidas de ajuste" (en realidad revolución derechista integral) con que va a rediseñarse el país de acuerdo con la dogmática doctrinaria neoconservadora del judío norteamericano Milton Friedman.
Manuel Parra, portavoz del nuevo chiringuito pepero.
Orígenes del Moviment Cívic d'Espanya i Catalans
El pasado 19 de septiembre, Jaume Farrerons se entrevistó con dos parlamentarios catalanes, uno del Partido Popular, de Ciutadans el otro. Antes había ya hablado por teléfono con varios dirigentes políticos y sociales. No daremos los nombres de dichos parlamentarios ni de nadie, pero si lo negaran las organizaciones mencionadas, ahí están "las fotos" (que colgaremos en internet cuando sea necesario) para probar que lo dicho no es una fábula. Les propuso Farrerons a sus celestes señorías articular la resistencia cívica al pseudo nacionalismo catalán (=neoliberalismo disfrazado) colaborando con una red alternativa en la que también prestarían su apoyo anónimo Plataforma per Catalunya, Manos Limpias y otros partidos, asociaciones, sindicatos, etc. Farrerons insistió en que debía rehuirse a todo trance el primer plano mediático de las organizaciones colaboradoras, Y, muy especialmente, se tenía que evitar contraponer en un mismo plano el nacionalismo español y el nacionalismo catalán, porque con ello sólo se favorecerían, precisamente, las pretensiones de Mas y de los independentistas, menesterosos de símbolos para ensordecer su corrupción y alevosas intenciones neoliberales. Se trataba de reivindicar la Catalunya silenciosa, la Catalunya víctima de los recortes y del saqueo del erario público, frente a la Catalunya oligárquica corrupta del falso patriotismo convergente. Se trataba, asimismo, de acudir con senyeres catalanas (no estelades) de la Comunidad Autónoma, y "omitir" discretamente las banderas monárquicas, para dar voz a los catalanes de a pie, a la gente que, hable catalán o castellano, nutre el grueso de la ciudadanía en este rincón de España. También se insistió en que la red ciudadana virtual, simétrica a la que promovió la manifestación del 11 de septiembre de 2012, había de mostrar como caras visibles y referentes públicos a personas anónimas que hubieran sido cruelmente perjudicadas por la mafia oligárquica local en cualquier área de la administración o de la actividad económica y social de Cataluña.
De nada sirvieron las advertencias. A los pocos días, y sin ponerse en contacto con Jaume Farrerons, es decir, evidenciando una absoluta falta de lealtad hacia los promotores de la idea (por no hablar de la buena educación), un tal Manuel Parra encabezaba ya el MOVIMENT CÍVIC D'ESPANYA I CATALANS y convertía la propuesta en aquello que, justamente, le había dicho el conseller Puig a un parlamentario del PP que convenía a convergentes y populares por igual, cada uno en su papel (mientras que no convenía a nadie, añadió Puig en el sms que Farrerons pudo leer in situ, ventilar escándalos de corrupción). Empezó así la "operación" como una reacción "españolerista" que le hacia el juego al PP y a Ciutadans (y, de rebote, a CiU) en plena campaña electoral. Evidentemente, todos los catalanes que podían haberse sumado a una posible red anti-oligárquica autóctona, según la propuesta de Farrerons, ya nada quisieron saber de una organización claramente partidista y españoloide que poco tiene que decir contra Rajoy, contra la casta política como tal, contra la Casa Real, contra unas políticas antisociales en las que el presidente del gobierno del Reyno y el presidente de la Generalitat comparten intereses y complicidades. Las cuestiones verdaderamente importantes quedaron de esta suerte sumergidas bajo un mar de banderas y símbolos "patrióticos" (¿?) ayunos de verdadero contenido nacional. Por un lado, "catalaneros", por otro, "españoloides", pero todos en el papel que justamente habíaseles reservado como claca del saqueo social masivo cocinado en Wall Street y Bruselas. 

La reforma neoliberal continuó adelante en una campaña electoral donde decidíase (supuestamente) la independencia de Catalunya versus la unidad de España. Ciega empero, en todo caso, ante la verdadera deconstrucción interna del Estado que PP, PSC-PSOE y CIU están perpetrando al unísono con la elegante música de fondo de los "mercados financieros".

El drama de las clases laboriosas del Principado, el pueblo en sentido estricto, es que no existe en esta Comunidad Autónoma ni un solo partido político con representación parlamentaria que articule sus intereses materiales y morales allende la dicotomía simbólica catalanismo/españolismo. Ejemplo sangrante: casi todos los indignados han terminado apoyando a las CUP (independentistas catalanes comunistas declarados y pro Bildu) o a ICV-EUiA (nacionalistas catalanes ex comunistas maquillados). Fuera del nacionalismo catalán únicamente queda el patético "españolismo" de la derecha neoliberal a cara más o menos descubierta, mientras que los 3 millones de castellanohablantes que nutren el estrato obrero y trabajador de Cataluña son votantes de izquierda huérfanos de amparo político. Si no se sienten "independentistas", tienen estos ciudadanos que votar, pues, a la hedionda derecha patriotera. Una derecha que comerció con  los inmigrantes como mano de obra barata que arrojaba al paro (dumping) al empleado autóctono, una  derecha tan corrupta como CiU, una derecha que nada tiene que decir sobre la identidad nacional y sin otro ideal que "la tijera". Pero embadurnada a toda prisa con los restos oxidados de aquél rancio pseudo nacionalismo español meapilas y antimoderno que el trabajador catalán, como tal, sólo podría apoyar -en estado de desesperación- con una pinza en la nariz. Ahora bien, esa derecha que manipula el "patriotismo español" ni siquiera se declara abiertamente nacionalista, aunque utilice la bandera borbónica como antídoto mágico contra la estelada. Tal derecha es -a sus propias declaraciones me remito- "no nacionalista" y, a la postre, subrepticia (Ciutadans) o descaradamente (PP) (neo)liberal, según los casos. El español es un criptonacionalismo acomplejado, hipócrita, que se avergüenza de su propio sentir, pues la autoconciencia "liberal" ha usado una y otra vez de la palabra "nacionalismo" (=nazionalismo) como una acusación y motivo de escarnio. Síndrome de deslegitimación que no se detecta en el otro bando derechista, es decir, en CiU. A diferencia de los nacionalistas catalanes de extrema izquierda (que sí creen sinceramente en la nación catalana), los pseudo cripto-nacionalistas españoloides esgrimen en efecto una Ex-paña que es un cadáver simbólico, eso sí, decentemente "constitucional". Esa delgada capa sígnica heredada de la causa "patriótica española" (=monárquica, católica, conservadora), esa herrumbre postfranquista cogida por los pelos, apenas disimula, como sí lo hace en el caso de Mas, la realidad de un programa neoliberal y rabiosamente capitalista. Tales "españolistas" encarnan una variante del masoquismo social de clases medias -electores del PP desplumados por Rajoy- muy semejante al catalanismo del "arruinados pero independientes" característico del votante "sincero" (=sodomizado a gusto) de CDC.

La senyera catalana, un símbolo que la estelada
separatista ha convertido, de forma automática,
en significante hispánico.
Españolerismo "no nacionalista", neoliberal, monárquico, "constitucional" y antifascista

A esta sintomatología del pálido, anémico, falso y alevoso pseudo nacionalismo español hay que añadir el uso desvergonzado del lenguaje estalinista por parte de la derecha atlantista, cuyos orígenes franquistas (=fascistas) la convierten, no obstante, en diana harto vulnerable a una réplica demoledora del lado "catalanista". "Nacionalistas" y "españolistas constitucionaleros" se acusan mutuamente de fachas y nazis en un ejercicio de demagogia que aseméjase a un sonrojante concurso de impostura propagandística sionista con un único beneficiario: el Estado de Israel y la oligarquía transnacional, verdaderos dueños del código simbólico antifascista.

Circunstancia singularmente bochornosa en el caso de una derecha que erige los liberalísimos "derechos del individuo" (tan respetados, como se sabe, por las multinacionales y los bancos) como arma contra los "nazi-onalistas" independentistas, pero no duda en otorgar plena carta de legitimación al racismo, supremacismo, colonialismo e imperialismo de la extrema derecha judía en detrimento del pueblo palestino (bastante más oprimido por el nacionalismo hebreo que los castellanohablantes de Cataluña por el nacionalismo catalán de CiU).

El Moviment Cívic d'Espanya i Catalans tampoco ha escapado a una trampa innoble y, por si fuera poco, cretinesca, en la que tiene todas las de perder, siendo así que con sus acusaciones de "nazis" a los catalanistas refuerza el tipo de jerga que estigmatizara a España como aliada del Eje italo-alemán en la Segunda Guerra Mundial, como país que persiguió y deportó a los judíos en las postrimerías de la Edad Media  y como dictadura falangista (pseudo) fascista opresora de esos otros "judíos de España", los catalanes, así calificados por los propagandistas católicos del régimen anterior.

¿Cómo no va a haber escisión o fractura cívica en Cataluña si, por otra parte, el emblema mismo del MCd'EiC representa ya un roto mal recosido que define la situación ideal y el perfecto terreno de juego de los nacionalistas secesionistas?

Una montaña de irreflexiones, improvisación oportunista, intereses peperos y torpezas intelectuales (todo mezclado) impiden a los actuales promotores del Moviment Cívic d'Espanya i Catalans entender que la única forma de derrotar a los sediciosos de CiU pasa necesariamente por salirse del eje simbólico Catalunya/España y situarse en el eje Oligarquía/Pueblo, revindicando como "ciudadanía catalana", cuya hispanidad se da por implícita en una simbología fácticamente unitaria, el estricto cumplimiento de la ley y la lucha contra la corrupción o los delitos en que el separatismo tendrá que incurrir para consumar su proyecto de autodeterminación. No se puede ser unionista desde la dualidad nacionalista colocada en el mismo rango simbólico; el emblema del unionismo debería representar la encarnación sígnica de la unión afirmada como un hecho. En este contexto, el único "logo" que cabe utilizar en una plataforma cívica de catalanes no separatistas es un significante capaz de neutralizar en una posición 0 el susodicho eje Catalunya/España como tal.

A poco que se analice el funcionamiento de los códigos simbólicos nacionalistas catalanes, léase: del lenguaje secesionista, se concluirá que dicho símbolo sólo puede ser la senyera. Pues, desde el momento en que el nacionalismo de CiU se ha transmutado en soberanismo, la bandera catalana queda vacía de contenido nacionalista catalán y conviértese en símbolo que escapa por sí mismo, y de ahí su valor "nacional hispánico", al universo separatista del lenguaje. Ese plexo de sentido donde el "españolerismo", que no es un verdadero nacionalismo y no encarna ningún proyecto sugestivo de futuro, está condenado a la derrota. Ahora bien, en lugar de hacer suya la senyera, el MCd'EiC ha yuxtapuesto, como puede observarse en todos sus logos, la bandera borbónica y la bandera autonómica. Con ello se ha enajenado a la mayoría de los catalanes no separatistas, quienes a su vez rechazan el "españolerismo" por las razones que ya hemos señalado. En su lugar, toda esa rancia semántica ha atraído como un imán y nucleado a los españolistas anticatalanistas de Cataluña, una minoría resentida cuyas dimensiones reales se pudieron observar en las manifestaciones del 12 de octubre y del 6 de diciembre en Barcelona. Todo un éxito para el nacionalismo catalán.

La consecuencia lógica de lo expuesto parece evidente, pero queremos formularla de forma explícita a efectos de evitar malentendidos entre las duras cabezas del secular cerrilismo mesetario.

Todavía estamos a tiempo de convertir la "iniciativa no separatista" en una verdadera plataforma cívica de ciudadanos y trabajadores catalanes. Para ello habrá que dejar de colocar la bandera borbónica y la senyera una al lado de otra como emblemas equivalentes o de nivel equiparable. Y ello simplemente porque la senyera es ya -y en estos momentos, gracias al predominio de la estelada entre los independentistas, de forma clamorosa-, un significante hispánico en sí mismo que la bandera "constitucional" sólo puede debilitar asociándolo al PP, la monarquía, el catolicismo y, en definitiva, a posiciones de derecha capitalista incompatibles con toda actuación eficaz en el eje simbólico Oligarquía/Pueblo. En segundo lugar, y por idénticas razones, no podemos seguir hablando de "lengua española" y "lengua catalana", sino de lengua castellana y lengua catalana. La catalana es ya una lengua hispánica por derecho propio. Los anticatalanes de profesión no pueden, claro, comprender esto y de ahí el descrédito del unionismo españolero. Para reivindicar la hispanidad del catalán, basta con utilizar este idioma de forma natural, sin que salten las chispas, como lengua hispánica. El bilingüismo también se da por supuesto en el mismo momento en que el problema de las lenguas se expulsa a su vez del eje Catalunya/España y redefínese en el eje Oligarquía/Pueblo, allí donde la gran mayoría de los trabajadores catalanes son esencial y "naturalmente" bilingües frente al monolingüismo artificial, forzado y politizado de los individuos, grupos, "sectores" e instituciones oligárquico-separatistas. Se trata de arrancarles a éstos la usurpación monopolística de la lengua y la cultura catalanas, en lugar de continuar con la politización de un fenómeno idiomático-cultural cuya polarización en el código secesionista (variante del antifascismo) empieza siempre por priorizar el eje simbólico Catalunya (=judíos)/España (=nazis) y desemboca en las típicas situaciones dicotómicas de elección "o... o...", contestadas con el reactivo e impotente "y" de los "unionistas". Se sostiene "soy catalán 'y' español" como si la misma definición de la catalanidad fuera un añadido, un elemento agregado externo a lo hispánico, a modo de un cóctel con distintas proporciones de "lo español" y "lo catalán" ("más español que catalán", "más catalán y español", "sólo catalán", "sólo español", etc).  ¿A nadie se le ha ocurrido la frase, mejor aún, la idea, "soy español porque soy catalán"? ¿Precisamos los catalanes de algo más que de nuestra simple catalanidad para ser miembros de pleno derecho de una comunidad nacional hispánica fundada en valores ético-políticos (y no en la lengua)? ¿O analizar la jerga separatista (=antifascista) y sus trampas, que son siempre determinados supuestos e implícitos innombrados, en los que caen los "españoleristas" con pasmosa ingenuidad, es demasiado esforzado para ciertas "patrióticas" gentes de villa y corte? ¿No necesitamos, precisamente, los que en Cataluña no nos sentimos independentistas pero nos avergüenza el "Reyno", otro lenguaje y, por ende, otros "postulados" innombrados aunque omipresentes, que rijan la distribución jerárquica de los signos (=su significado, sin más) en el peligrosísimo debate político catalán actual? ¿Puede Cataluña refundar España?

Sacrificar la monarquía
para salvar Hispania.
En definitiva, a nuestro entender, la consigna para promover una manifestación cuya abrumadora patencia masiva supere en 2013 a la manifestación del 11 de septiembre de 2012, es forzar el paso  del eje simbólico Catalunya/España al eje simbólico Oligarquía/Pueblo. La manifestación alternativa LA CATALUNYA SILENCIOSA PREN LA PARAULA se expresará así en catalán, un idioma hispánico, reclamará la regeneración democrática del "país" y mostrará senyeres autonómicas -que son emblemas del Estado- de manera mayoritaria, sin excluir las españolas (bicolores o republicanas) ni incurrir en la actual crispación "nacional" que introduce "desde fuera" una ortopédica equivalencia al 50% con banderas borbónicas. No denunciará dicha mani el catalanismo en sí, como sentimiento perfectamente compatible con una identidad hispánica rectamente entendida, sino el neoliberalismo y el falso patriotismo catalán de la oligarquía catalana de las 200 familias, expresión de la corrupción y la nefasta política social de las formaciones políticas e instituciones oligárquicas todas. Dicho brevemente: de la Casa Real al Palau de la Música, es un estamento -la oligarquía, llámese Rajoy o Mas- y no una cultura o lengua o siquiera un presunto "nacionalismo" inexistente o testimonial, el enemigo a batir. ¿Pueden entender algo tan sencillo partidos españolistas (pseudo nacionalistas españoles traumatizados) y liberal-oligárquicos (PP, Ciutadans) ligados al mismo tipo de duplicidad y engaño capitalista-sionista que el pseudo nacionalismo catalán de CiU, ERC, PSC...? Seguramente, no. Pero deber insoslayable de esta bitácora era intentar explicárselo a nuestros conciudadanos catalanes.
 La Marca Hispánica, 21 de diciembre de 2012


DOCUMENTACIÓN ANEXA

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=4186

ESPAÑA DEBE DEFENDER (AÚN MÁS) LA LENGUA Y LA CULTURA CATALANAS

Damián Ruiz

La pejiguera nacionalista es inacabable y pesada, sobre todo para los ciudadanos de Cataluña que no somos separatistas. Algún día trataré de explicar el porqué algunos no comulgamos con esa ideología/religión, lo cual no se debe a una deriva españolista, ni mucho menos a que no amemos nuestra tierra. Es por una cuestión, creo yo, de estilos cognitivos, de simbología y de espíritu, ni mejor ni peor, sencillamente diferentes. Incluso diría que hasta tiene que ver con el ritmo y el pulso que imprimes a la existencia. Pero ahí lo dejo de momento.

La cuestión es que hay algo en lo que los nacionalistas tienen razón, y es en la necesidad de proteger y defender la lengua y la cultura catalanas.

Les pondré un ejemplo clarificador. Saben que en la llamada área metropolitana de Barcelona viven, de forma muy mayoritaria, inmigrantes de otras partes de España y sus descendientes. Por lo tanto es un territorio abrumadoramente castellano hablante. Pues bien, se trató de hacer un experimento en diversas salas multicines que pueblan estos municipios, el cual consistía en lo siguiente: se proyectaría la misma película, una de Hollywood, doblada al castellano en una sala, y en otra al catalán, para ver qué porcentaje de público acudiría a una y a otra. Resultado: el 92 % acudieron a la versión española y tan solo un 8 % a la catalana. Normal, pensarán, ¿no? Les añado un dato bastante significativo: el pase a la película en catalán era gratis, mientras en español había que pagar la entrada.

Reflexionen por un momento en qué ocurriría si de lo que estuviéramos hablando fuera de su lengua materna. ¿No les produciría pavor que en su área geográfica la lengua propia tuviera estos resultados?

Pero es que además en las zonas castellano-parlantes de Cataluña en el único momento en que muchos niños hablan catalán es cuando se comunican con su profesor, en ninguna ocasión más. Ni con sus compañeros de colegio, ni con las familias, ni con nadie. En amplios sectores de la población catalana la presencia de cualquier medio de comunicación en la lengua autóctona ni existe, hagan lo que hagan por televisión (aunque proyectaran la última de James Bond en paralelo al estreno internacional, si fuera en catalán no la verían).

En Barcelona el castellano y el catalán cohabitan perfectamente, de hecho es muy común que en un grupo de amigos (a mí me pasa) estemos hablando indistintamente en una lengua o en otra. Por ejemplo, cuando nos reunimos con mi familia paterna, originaria de Extremadura, hablamos en español, pero los niños ya hablan los dos idiomas indistintamente, y cuando lo hacemos con la materna, catalana de Barcelona, hablamos en catalán y los niños hablan las dos lenguas, igualmente, con absoluta normalidad.

No comparto, pero puedo llegar a entender, la tirria que se tiene desde el resto de España al nacionalismo victimista catalán. Les aseguro que es insoportablemente cansino, y además no dan tregua, es como tener un vecino que siempre tiene el piso en obras, y es cierto que hay una tendencia a tergiversar y manipular la Historia a su antojo. Por ejemplo, por más que se haya cuestionado la figura de Rafael de Casanovas, da igual, lo lean donde lo lean seguirá siendo el líder independentista por excelencia, y por mucho que la guerra de 1714 fuera una guerra entre dos dinastías, para ellos era una guerra de España contra Cataluña. De verdad, un aburrimiento torticero.

Pero en cambio sobre la defensa del catalán tienen, insisto, razón. Si se permite a los padres que elijan libremente entre catalán y castellano, el gobierno sabe, porque tiene datos que, probablemente, lo corroboran, que el catalán desaparecerá en pocas décadas. ¿Por qué? Pues porque el español tiene un peso en el mundo y en los medios de comunicación apabullante, porque la mitad de la población catalana apenas lo aprendería y eso significaría la expansión y aniquilación de la lengua autóctona. Con este sistema actual se garantiza el bilingüismo de todos los niños catalanes, y creo que, en todos los sentidos, es más justo y ético.

Además si el gobierno central se hiciera cargo de la defensa de la lengua y la cultura catalanas, pero con determinación, una gran parte de los catalanistas moderados se sentirían tranquilos y abandonarían postulados radicales y separatistas.

Otra cosa es que el gobierno español quiera meter baza en cómo se explica la historia en Cataluña: eso es otra cosa, porque creo que ahí sí que se explican cuentos de hadas para que encajen con la fantasía patria de esta Comunidad. Pero eso ya sería otro tema.


Catalanismo sionista: el nacionalismo que C's y PP no denuncian

http://pensamientoslibres.blog.com.es/2011/06/26/los-judios-en-catalunya-de-principios-del-siglo-xxi-11379153/

http://www.camaracatalanoisraeli.com/?p=599

http://www.camaracatalanoisraeli.com/?p=632

http://www.lavanguardia.com/sucesos/20121215/54356377715/emperador-blanqueo.html
http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/nuevo-eje-catalunya-israel-massachusetts-1952467

http://www.haaretz.com/news/world/catalan-leader-predicts-independence-in-about-two-years-and-close-friendship-with-israel-1.468285?block=true

http://www.alertadigital.com/2012/10/01/los-judios-contra-espana-israel-apuesta-por-una-cataluna-independiente-y-lopez-tena-habla-ya-de-relaciones-amigables-entre-los-dos-estados/

Albert Boadella sobre el nacionalismo catalán

http://www.elmanifiesto.com/articulos.asp?idarticulo=4149

La "paranoia" israelí como modelo a imitar

http://www.alertadigital.com/2012/10/26/la-mayoria-de-los-israelies-apoyan-el-establecimiento-de-un-regimen-de-apartheid-discriminatorio-hacia-la-minoria-arabe/

http://www.alertadigital.com/2012/10/07/la-fascinacion-del-nacionalismo-catalan-por-israel-jordi-pujol-envio-a-cuatro-de-sus-hijos-a-un-kibutz/


En 1957, ya sexagenario, Josep Pla arribó a Tel-Aviv en un barco repleto de judíos europeos que acudían a la llamada de construir Israel. El Estado hebreo impactó tanto a Pla que el escritor acabaría publicando ‘Israel,1957’, un panegírico de la epopeya del pueblo judío en su regreso a la tierra prometida. Pla no sospechaba que su libro se convertiría en una obra de referencia entre gran parte de la clase política catalana y que contribuiría a la contradictoria relación de la derecha y la izquierda catalana, española y europea con Israel.

Todo el mundo sabe que en el siglo XX la extrema derecha –fascismo, nazismo, franquismo,…– era antisemita. Lo que no es tan conocido es que unos 8.000 judíos fueron brigadistas internacionales durante la guerra civil española, en la que defendieron la Segunda República en nombre del socialismo y el comunismo y en contra del fascismo. Para la izquierda, judaísmo y sionismo –convertidos en sinónimos– significaban antifascismo. A ello se le unió el movimiento colectivista de los kibutz, que parecía la plasmación en la tierra prometida de la utopía socialista.

Durante décadas cualquier político de izquierdas europeo que se preciara debía cumplir con el ritual de visitar un kibutz en Israel. Josep Borrell, por ejemplo, suele presumir del verano que pasó en 1969 en Israel, donde conoció a su primera esposa. Pero el ahora presidente del Parlamento Europeo no estaba solo. La derecha nacionalista catalana se sentía atraída por otro Israel: el país que una ideología nacionalista –el sionismo– había luchado por recuperar. Israel era y sigue siendo El Dorado nacionalista: el pueblo que recupera su tierra, que crea un Estado floreciente superando todo tipo de obstáculos y que resucita su lengua muerta. Pla y su ‘Israel,1957’en estado puro.

Esto explica la fascinación que el nacionalismo catalán siente por Israel, y que muchos de sus dirigentes peregrinasen al Estado hebreo como sus colegas socialistas y comunistas. Por citar a alguno, el apego de Jordi Pujol es tan grande que cuatro de sus hijos han pasado por un kibutz –Oriol conoció de primera mano las tensiones con los palestinos en la frontera con Gaza– y se embarcó en el proyecto del Museu d’ Història de Catalunya tras visitar el Museo de la Diáspora en Tel-Aviv. En la polémica visita de la corona de espinas, el republicano Josep-Lluís Carod Rovira estaba más interesado por el eficaz sistema de enseñanza del hebreo que por los campos de refugiados de la franja de Gaza.

Al llegar al poder, Felipe González se dio cuenta de que para devolver a España a la comunidad internacional había que reconocer a Israel. Pero la política en Oriente Próximo es alambicada, y se escapa de análisis en términos de izquierda y derecha. Cayó el muro, estallaron la primera y la segunda Intifada, EEUU se convirtió en neocon, surgió la amenaza islamista y Osama bin Laden destruyó las Torres Gemelas. En estos tiempos oscuros y de confusión, probablemente lo único que tengan en común hoy en día José María Aznar y nacionalistas catalanes, Federico Jiménez Losantos y Joan B. Culla, Jon Juaristi y Pilar Rahola es su apoyo incondicional a Israel.

Fèlix Millet o el rostro del horror que nos espera:

gobernar es repartir dolor.

jueves, diciembre 13, 2012

Las verdaderas causas de la presunta crisis económica

El traidor a la nación Alberto Ruiz-Gallardón (PP): "gobernar es repartir dolor". Sí, pero, ¿repartirlo entre quiénes? Porque los políticos no parece que sufran; a sus señorías jamás se las localiza en los mataderos donde celébrase con sádica pasión aquél canallesco reparto, excepto en el papel de verdugos. 




Me pregunto si un país con 6 millones de parados y sometido a una brutal política de recortes, desregulaciones laborales y privatizaciones galopantes, es decir, un país inmerso en pleno proceso de desmantelamiento del denominado Estado del Bienestar, puede permitirse el lujo de nacionalizar de una tacada a 3 millones de extranjeros. El traidor a la nación Alberto Ruiz-Gallardón, ministro de Justicia del PP, se dirige a sus conciudadanos -por supuesto después de las elecciones- para prometerles repartir dolor, pero ninguno de los políticos perpetradores de ese reparto resulta afectado por el mismo. !Los políticos profesionales "españoles" (¿?) no parecen, en efecto, sufrir dolor alguno, al contrario, siguen disfrutando de las más escandalosas prebendas e inmunidades incluso comparados con el resto de sus colegas de la piara parlamentaria occidental! Por si fuera poco, y como para reírse en la cara de todos los idiotas que le rindieran su voto al Partido Popular, mientras los españoles avanzamos hacia una ruina cuidadosamente planificada por la UE de acuerdo con el ideario del economista neoliberal Milton Friedman, el mismo gobierno que argumenta "no tener más remedio" que promover esas criminales políticas antisociales, se muestra harto generoso con personas que no son españoles y que, en consecuencia, a diferencia de los ciudadanos de este "ex país", no tienen ningún derecho adquirido con respecto al Estado español. Pues bien, tal derecho "se les regala" a extranjeros (en este caso judíos) al mismo tiempo que nuestros compatriotas se arrojan por los balcones para suicidarse antes de ser desahuciados de su vivienda. No tengo palabras para describir el asco que me inspira el "señor" ministro Alberto Ruiz-Gallardón que no incurran en un flagrante delito de injurias, así que me callaré por el bien de mis hijos.

Hace unos años todavía teníamos que hacer un esfuerzo para convencer a la gente de que la incompetencia de la administración era un mero epifenómeno, un síntoma superficial de un problema mucho más profundo: la corrupción política e institucional. Eran tiempos en los que, para la mayoría de los ciudadanos, podía "haber" "algunos" políticos corruptos, pero se trataba de casos aislados, como ocasionales y anecdóticas parecían también las escandalosas inepcias de los altos cargos y los profesionales del escaño. Ejemplo conceptualmente crucial y, a la vez sangrante, de incompetencia, es el tema, ya mencionado, del paro laboral. No hay un solo político que no haya prometido crear puestos de trabajo y realizar en beneficio de la mayoría el ideal del pleno empleo. Pero ninguno es "capaz" de conseguirlo. Una y otra vez son estafados los trabajadores con programas electorales que los políticos utilizan para pescar votos y que, ya encaramados en el poder, incumplen cínicamente de manera automática.

¿Estamos ante un problema de inepcia o ante una cuestión ética, a saber, que los políticos mienten? Quizá una compleja combinación de ambos ingredientes. En los sistemas capitalistas el pleno empleo resulta, en términos generales, imposible, y si llegara a darse por azar, debido a factores demográficos u otras causas, los propios políticos se encargarían de extirpar ese fenómeno atípico como si de la peste bubónica se tratara. El capitalismo necesita una bolsa permanente de parados que presione a la baja el valor del trabajo en el mercado laboral. Precisamente a finales de los años ochenta del siglo pasado, la caída de las tasas de natalidad amenazaba en España el negocio capitalista con una situación de pleno empleo que "encarecía" una mano de obra crecientemente escasa. Entonces estos "patriotas" españolistas de la derecha católica empezaron a traer inmigrantes. ¿Para qué? Pues no lo duden ni un segundo: !para acabar con una virtual -e "inaceptable"- coyuntura socioeconómica de pleno empleo! ¿Cómo podemos dar crédito ahora a Pinocho Rajoy cuando afirma que pretende combatir el paro, si los políticos del PP promovieron la existencia de la actual, inmensa bolsa de parados, con 6 millones de personas hundidas en la miseria, casi la exacta cifra, 5 millones, de inmigrantes que, del Tercer Mundo, "importaron" en su momento como barata carne de cañón laboral semiesclava? El político demoliberal -todos lo son en el Congreso de los Diputados- sabe que, en el sistema capitalista, esto tiene que ser así. Engañan la derecha y la izquierda parlamentarias por igual a una masa de electores que van a ser los principales perjudicados por la política de empleo sistémica presuntamente salida de las urnas (¿y cómo puede ser eso posible, si esa política atenta contra los intereses de la mayoría?), pero, al mismo tiempo, cabe afirmar que el político "no puede", no "es capaz" realmente de acabar con el paro porque el paro es necesario, irrenunciable incluso, en el marco ideológico y funcional del actual modelo de sociedad. Y, sin embargo, técnicamente podría acabarse con el paro. La "necesidad" a la que apela Rajoy para justificarse, apuntando con su dedo a la UE, no es una necesidad que esté inscrita en la misma naturaleza de las cosas, sino una "necesidad" que se desprende de la dogmática doctrinaria neoliberal. Con "otro" ideario, dicha necesidad se convertiría en lo que es realmente, a saber, un crimen de traición a la nación.

De hecho, hay un político que acabó con el paro, y todos conocemos su nombre, aunque esté prohibido hablar de él en tono elogioso. Las siguientes palabras no son, empero, nuestras, sino de Robert Skidelsky, alguien poco sospechoso de simpatías hacia el régimen nacionalsocialista:
La referencia a Alemania y Rusia nos recuerda las principales "curas" alternativas de la enfermedad económica que se ofrecían entonces. El fascismo está tan desacreditado que generalmente se olvida que entonces era una fuerza política en rápida expansión. Su atractivo era doble. Prometía una solución antisocialista a la crisis del capitalismo; y ofrecía una crítica política de la ineficacia del liberalismo para hacer frente a la crisis que parecía adaptarse a la experiencia de la Gran Depresión. Además, la práctica corroboraba su teoría. Actualmente, está siendo ampliamente aceptado que el único New Deal que de hecho consiguió eliminar el desempleo fue el hitleriano. El de Roosevelt ciertamente no lo consiguió. Había quince millones de americanos sin trabajo cuando tomó posesión, en marzo de 1933. Todavía quedaban once millones cuatro años más tarde y la economía sólo se recuperó totalmente con el rearme y la guerra (Skidelsky, R., El fin de la era keynesiana. Ensayos sobre la desintegración de la economía política keynesiana, Barcelona, Laia, 1982, pp. 66-67).
Nadie puede acusar a Hitler
de corrupción económica.
Ciertamente, podría replicarse, en primer lugar, que el de los nazis era un sistema dictatorial, mientras que nosotros "gozamos" de una democracia. Lamentablemente, se trata de una "democracia" en la que los ciudadanos sólo pueden acatar, sea cual fuere el sentido de su voto, unas políticas impuestas en detrimento de la mayoría y siguiendo las interesadas órdenes de los bancos e "inversores" (=propietarios del capital). Por lo que respecta al carácter "policial" del fascismo, no veo qué diferencia relevante existiría entre esa violencia totalitaria y la del régimen oligárquico cuando la gente termina suicidándose tras una sentencia de desahucio. En el sistema oligárquico tenemos presuntos jueces "independientes", sí, pero en realidad jueces comprados y sumisos al poder. No hablemos ya de los fiscales, de dicha tropa se burlan hasta las mujeres de la limpieza: ¿quién puede creer en esos ridículos títeres del gobierno-mafia de turno denominados fiscales? Tenemos una supuesta prensa libre, sí, pero en realidad una prensa en la que los periodistas trabajan para empresas privadas y pierden su puesto de trabajo si intentan publicar cualquier cosa que moleste realmente a la oligarquía. La autocensura funciona como prevención frente a la cola del INEM. Y cada cuál tiene ya que saber -esta listeza forma parte de la profesión- qué está prohibido escribir negro sobre blanco. ¿Y la ciencia? Pregúntese lo que les pasa a los reputados científicos, por ejemplo economistas, historiadores o antropólogos, que traspasan la invisible -!o muy visible!- línea roja de ciertos dogmas... La violencia del sistema oligárquico no es la espectacular cinematográfica de la Gestapo, pero llega a la gente con pasos de paloma en forma de impunidad del maltrato policial o carcelario, de indultos a políticos corruptos y a torturadores o de sentencias amañadas para favorecer a la élite, de decretos-leyes que permiten despedir a un trabajador por estar tres semanas de baja médica documentalmente acreditada, de políticas antisociales que hieren con saña a las familias del país mientras subvencionan a recién desembarcados de una patera, que asesinan niños no nacidos, que prohíben -con pena de cárcel- investigar ciertos crímenes de masas, que encarcelan varones sin otra prueba que la palabra de una denunciante... Existe en nuestra maravillosa "democracia" para tontos una "violencia institucional" que en nada distingue el actual sistema oligárquico de una "dictadura de camisas". Se argumentará, ya como último y desesperado recurso, que el nazismo era genocida, pero si ése fuera el único demérito del régimen hitleriano en comparación con el sistema oligárquico actual, respondo que estamos ante una inmensa patraña. El régimen oligárquico es igual de genocida que el nazi o más, y eso suponiendo que la narración oficial del Holocausto fuese "verdad"; si no (y lo cierto es que esta "democracia" no permite investigar libremente el tema de la Shoah), entonces habría que ponderar el régimen nazi como muy superior, en muchos los aspectos, a la encubierta dictadura oligárquica de la alta finanza denominada "democracia". Además, muchas, demasiadas de las previsiones de la "paranoia nazi" en lo relativo a las plutocracias usureras se han ido cumpliendo, una tras otra, con pasmosa puntualidad. Léanse los discursos de Hitler, sus escritos, los textos del economista nacionalsocialista Gottfried Feder...

Los hechos son los hechos: Hitler, ese "ignorante", acabó con el paro en un plis-plas, Rajoy ha aumentado el paro y encima nacionaliza de golpe a 3 millones de extranjeros cuyos derechos son correlatos de deberes sociales institucionales, deberes cuyo cumplimiento recaerá una vez más sobre las espaldas de esta nación arruinada y al borde del rescate. Hitler no fue nunca un político corrupto, nadie ha podido, ni siquiera sus más feroces difamadores, afirmar jamás que el dictador alemán se enriqueciera a costa de su pueblo. Compárese la vida privada de Hitler con la de personajes porcinescos como Stalin o Mao. Compárese la cuenta corriente del "patriota" Jordi Pujol antes y después de pasar por la política o hágase memoria de sus loas a Israel. Nuestros políticos, además de corruptos, son o unos ineptos o unos traidores al pueblo que dicen representar, en realidad lo único que parecen capaces de hacer de forma eficaz es favorecer a los bancos. Si por algún pueblo sienten humana y sincera devoción nuestros políticos no es por el pueblo gentil que les elige para los cargos que ocupan y al que en teoría deberían servir, sino sólo por un presunto pueblo elegido... La única "diferencia" entre los "nazis" y los "demócratas" en favor de los "demócratas" era el "genocidio" imputado a los nazis, pero, dejando de lado todas las dudas que -en medio de océanos de mentiras y manipulaciones- pueda despertar ya a estas alturas la "ideología del Holocausto" (Finkelstein), si de genocidios se trata, los políticos "demócratas" (=sionistas) son tan genocidas o más que los nazis. Así, habrá que empezar a replantearse muchos dogmas hasta ahora aceptados de forma acrítica. La evidencia "empírica" resulta tan aplastante y perentoria  (nos va la vida en ello) que es menester empezar a pensar. No proponemos aquí rehabilitar el nazismo, sino construir una verdadera democracia y, para ello, está muy claro que deberemos neutralizar los resortes y reflejos condicionados intelectuales que nos ha implantado la oligarquía y que resúmense en la fórmula "fascismo=mal absoluto".

Afortunadamente, la ciudadanía empieza a tomar conciencia de que la manipulación propagandística y la corrupción son, como poco, un fenómeno generalizado, y en nuestros días se  habla ya con toda naturalidad de un factum sociológico hediondo denominado "casta política". Ha llegado, por tanto, el momento de dar un paso adelante en la comprensión de la realidad social e ir más allá: la corrupción no es una cuestión de cantidad, de "más o menos", de tal suerte que pudiérase sostener que haya "mucha/poca" o que incluso "todo" sea corrupción en el mundo de la política, sino que -y hete aquí nuestra tesis- la corrupción pertenece a la esencia misma del sistema oligárquico; éste es, con otras palabras, estructuralmente corrupto. De manera que quienes en período electoral se llenan la boca con refulgentes conceptos como "regeneración democrática", "valores éticos", etc., y nos explican el sobadísimo cuento chino de que si les votamos a ellos se desvanecerá la corrupción como por arte de magia (trataríase sólo de un problema de personas y no de un rasgo sistémico constitutivo), voilà los futuros corruptos. En Italia, desde los tiempos de la TangentópolisMani Polite, han pasado ya por ese tipo de sarampión retórico: partidos enteros se fundaron supuestamente para combatir la corrupción, o basaron sus campañas electorales en una presunta lucha contra la corrupción, por ejemplo la Lega Nord de Umberto Bossi. Pues bien, casi todos aquellos héroes de la transparencia y la legalidad han terminado cubiertos de barro. Y la corrupción crece como un cáncer. Llegó la hora de hacerse preguntas rigurosas; no basta, visto el panorama, con las bellas declaraciones de principios. Personajes del estilo de Albert Rivera prometen la luna y no dejan de acusar a los demás -políticos- de ser miembros de la celebérrima "casta". Pero ¿han renunciado los diputados de Ciutadans a alguno de los privilegios gremiales del parlamentario? ¿No? Entonces sus palabras no valen nada.  !Estamos hartos de palabras, señor Rivera, queremos actos concretos, inequívocos y verificables de ruptura con el universo fecal!
 
Una primera consecuencia -jamás asumida- de la cotidiana lectura de los propios periódicos del sistema oligárquico, es que el político o administrador público honesto -alguien que, tarde o temprano, será expulsado de la vida pública precisamente porque racionalidad y honestidad son valores y pautas de conducta incompatibles con el "(dis)funcionamiento" habitual de las instituciones democrático-burguesas- es la excepción. El interrogante que debemos plantearnos: ¿por qué el sistema oligárquico es necesariamente corrupto?; ¿Por qué habrá de ser corrupto quiéranlo o no las personas (en tanto que individuos) ubicadas en los distintos escalones de la jerarquía político-administrativa?
 
Derrumbamiento del metro del Carmelo (Barcelona).
El escándalo del 3% estalló con ocasión de dicha "inepcia".
De la incompetencia a la corrupción
 
Vayamos, empero, por pasos. Primero, de la incompetencia a la corrupción. En la actualidad estamos sufriendo una crisis económica que afecta a la práctica totalidad del mundo occidental, pero especialmente a Europa y, dentro de Europa, a países "meridionales" como Portugal, Grecia, Italia y España. A su vez, en España, la comunidad autónoma más afectada por la crisis -puede hablarse sin exagerar de bancarrota administrativa- es Cataluña. De ahí se podía concluir que la crisis económica de Occidente tiene en la sociedad catalana un ejemplo a la vez singular y único del que ya nos hemos ocupado en otras entradas de esta bitácora. Pero la crisis no viene de Cataluña y la corrupción no es un invento catalán ni español. Corrupción y crisis surgen de la matriz misma del capitalismo financiero que domina las comunidades nacionales (o lo que queda de ellas) en el entero hemisferio occidental.
 
La crisis económica no es más que una generalización, una metástasis horrenda, de aquello que antaño antojábanse casos puntuales de "incompetencia", aunque en realidad eran avisos, síntomas, de la descomposición interna de una civilización, la nuestra, la europea. La crisis económica podría comportar, en un diagnóstico optimista, algo así como el colapso por saturación de inepcias en forma de una falla estructural del sistema y, por tanto, una crisis política e institucional de carácter técnico que reclama "mejores técnicos", de ahí los intentos de gestión directa del poder por parte de tecnócratas como Monti... Ahora bien, tanta inepcia no puede atribuirse precisamente a errores técnicos que esos mismos técnicos u otros más eficientes pero de la misma procedencia social  y observancia ideológica pudieran "solucionar": nuestros políticos y administradores han demostrado ser, todos ellos en conjunto (y precisamente por esa razón ninguno asume responsabilidades a título individual) unos incompetentes en tanto que estamento. Esta "incompetencia colectiva" les inhabilita incluso para nombrar por cooptación al técnico que pudiera aportar  "remedios" en el caso de que se tratara de errores imputables a personas (el caso del ministro de economía español Luis de Guindos es patente: se trata de un directivo de Goldman Sachs, uno de los bancos causantes de la crisis).
 
La clave está en otro sitio. En efecto, al mismo tiempo, y paralelamente a la crisis económica, se observa un estallido de los casos de corrupción, de suerte que a la crisis institucional por inepcia (que podría mantenerse aislada y abordarse "técnicamente" si lo fuera en realidad) se añade una crisis institucional de naturaleza moral. No es un problema de aptitud sino de honradez colectiva, grupal. La ciudadanía tiene la certeza de que los políticos, además de unos incompetentes -que lo son sin duda alguna en altísimos porcentajes- pueden, por añadidura, ser considerados unos pillos, unos auténticos ladrones, unos ridículos y despreciables personajillos de novela picaresca... La gente ve que la crisis económica guarda una conexión con ese otro fenómeno más de fondo, a saber: la debacle política de un entramado institucional basado en la indecencia normalizada... ¿Es esto un problema técnico? Pues allí donde existe corrupción, se vulneran preceptos penales y la crisis redúcese realmente, en última instancia, al hecho de que los políticos roban o permiten que otros roben el dinero o vampiricen los recursos económicos de la sociedad. Este latrocinio sistemático e institucionalizado comporta la comisión de diversos delitos, como la prevaricación, la falsedad documental, el cohecho, etcétera. El "experto" es empero el que mejor puede cometer estas fechorías. Aquellos que proponen la tecnocracia como alternativa (Monti en lugar de Berlusconi, por poner un ejemplo) son o unos canallas o unos cretinos integrales incapaces de captar aquello que sucede ante sus mismísimas narices. ¿Podemos considerar a Berlusconi un ignorante? Quizá, pero eso no importa aquí ya, la cuestión es que Il Cavaliere "putero" se comporta como un zafio chorizo y cuanto más hábil y listo fuera, más daño provocaría a la sociedad italiana. El "problema" (algo más que un "problema", pues) es que el "sistema liberal capitalista" en su conjunto funciona así de manera habitual, "regular", cotidiana, obligatoria; y quien no participe en la "fiesta" pudiendo hacerlo conviértese en un "tonto purista", en un fracasado que sólo puede esperar el ostracismo como recompensa a su cívica virtud (otrora patriótica devoción).
 
Para que los políticos y altos cargos puedan cometer delitos de forma impune requiérense ante todo complicidades en el cuerpo de funcionarios, sindicatos y presuntos técnicos reclutados por concurso u oposición, empleados públicos encargados de distinguir entre los actos basados en la eficacia, la eficiencia y, hablando en términos muy generales, la racionalidad política o administrativa, y los actos fraudulentos inherentes al delito, técnicamente "irracionales". Éstos vulneran la ley, cuando existe una ley que vulnerar. En otros casos, y a tenor del hecho de que las leyes las promueven los políticos, ni siquiera existe transgresión normativa, sino simple transgresión moral, por ejemplo las escandalosas dietas, jubilaciones y acumulaciones de cargos políticos o económicos que leyes hechas a medida del expolio, permiten o hacen posibles sin que pueda hablarse siquiera de delito. Habría que separar conceptualmente uno y otro aspecto de la cuestión a efectos jurídicos, aunque ambos en el fondo remiten a una raíz común: la crisis "institucional", política, de legitimidad. Centrémonos, por el momento, en el primero de dichos aspectos, a saber, la corrupción delictiva. No sé si recordarán que un ministro del Partido Popular, el señor Zaplana, aprobó una norma en virtud de la cual los funcionarios no podían denunciar el acoso psicológico-laboral a la Inspección de Trabajo. ¿Por qué? Nadie se dio cuenta entonces -y, al parecer, tampoco ahora- de la enorme trascendencia de esa aparentemente inocua circular ministerial que dejaba inermes a los empleados públicos ante las presiones de los políticos y de los altos cargos nombrados a dedo por los políticos. Era un precepto pensado para facilitar la comisión de delitos y su impunidad. ¿Dónde colocamos este hecho? ¿En el lado de las omisiones cómplices o vacíos legales expresamente buscados o en el lado de las transgresiones penales? Ni en el uno ni en el otro. Es una norma criminógena.  El caso en cuestión retrata en forma de concretísimo ejemplo la esencia corrupta constitutiva del estamento político oligárquico.
 
Como sabemos, Eduardo Zaplana (PP)  
está en la política para forrarse.
De la corrupción a la criminalidad
 
Que la promoción profesional de los servidores públicos no dependa de su eficiencia, preparación y eficacia, sino de la confianza que inspiren al político o alto cargo de turno, significa que quienes van a controlar las palancas del mando serán, precisamente, aquellos que, conscientes de cuál es el camino para medrar y no disponiendo de otro por su falta de preparación, diligencia o inteligencia, actuarán siempre, no como funcionarios servidores de la ley, sino como miembros del "equipo" particular del político de turno, es decir, de aquellos que se declaran, de forma más o meno ostentosa, leales al jefe. Por el contrario, los funcionarios que, conscientes de su capacidad, no dependen de dicha lealtad mafiosa, pueden en consecuencia apelar a aquel mérito que, según la norma legal, debería regir el progreso individual en la carrera administrativa. Pues bien, contra estos funcionarios legalistas y mejor preparados se pensó la circular de Zaplana. Porque si el político quiere sacarle "partido" a su cargo, necesita, en primer lugar, dos cosas: (a) promover a funcionarios corporativistas fieles al jefe; (b) combatir a los funcionarios honestos, legalistas y más eficaces precisamente en cuanto "independientes" -léase: racionalmente objetivos- o dependientes sólo de sí mismos y del mérito, en suma no dependientes de los favores personales de nadie. El acoso laboral es el arma que, con la inestimable colaboración de esa banda de gánsteres comprados con sobres de dinero negro que son los sindicalistas, permite doblegar la voluntad del funcionario legalista y destruirle como profesional. Pero, ¿qué sucederá en una administración que ensalza a los ineptos y a los tolerantes con las irregularidades, mientras sume en interminables bajas médicas a su personal más formado, competente y honrado? El resultado sólo puede ser la acumulación de "errores". Y a la postre la implosión del sistema. Ésta llegó porque tenía que llegar, era sólo una cuestión de tiempo. La crisis económica entraña también una causalidad "moral".
 
 
Ya se perfila, pues, muy groseramente resumida, la obscura relación entre incompetencia y corrupción. Los fenómenos que permiten vincular ambos facta aparentemente inconexos son el corporativismo y el acoso laboral o mobbing, haz y envés de un mecanismo único de subordinación de la legalidad, la racionalidad y la verdad a determinados "intereses" (=política oligárquica, en último instancia: alta finanza). Pero no veo que ningún periódico o medio de comunicación aborde este tema de las "causas". Tenemos, por un lado, sesudos artículos de economistas sobre la crisis y, por otro lado, noticias que ilustran casos clamorosos de corrupción. Mas los periodistas, que en esto también son, como los sindicalistas, pseudo profesionales vendidos a sectores concretos de intereses, se guardan muy mucho de analizar y de explicarle a la gente algo tan sencillo como, por ejemplo, el hondo sentido de la circular de Zaplana, es decir, a la postre, la relación entre bajas médicas masivas en la administración, saqueo del erario público y crisis económica; o, más en general, los profesionales de la información se abstienen prudentemente de plantear siquiera el tema de la vulneración sistemática de la ley perpetrada ante los ojos de millones de funcionarios que, al parecer, cuando van a trabajar no ven ni oyen nada. El misterioso ligamen entre "hechos" como el acoso laboral impune y la quiebra de las administraciones no quiere ser señalado, analizado, puesto a debate. Tales profundidades escapan al radio de acción de la tarea periodística entendida como empresa capitalista. !Por supuesto! 
 
Salimos así de la crisis económica, de la incompetencia generalizada y de la bancarrota de un sistema gobernado por técnicos (muy pagados de sí mismos, arrogantes frente a las humanidades, pero unos técnicos que, dicho brevemente, nos han llevado a la ruina mediante el (ab)uso de sus alabadas facultades de cálcuo), para llegar a la criminalidad estructural de un dispositivo organizativo paralelo que implica a funcionarios, sindicalistas, periodistas, jueces, fiscales, banqueros, altos cargos y políticos. La crisis económica no es económica, es fundamentalmente política; o, en otros términos, es consecuentemente económica sólo porque causalmente fue, desde el principio, una crisis de legitimación de la soberanía inherente a las fuentes cosmovisionales de la modernidad.

Cuando te espeten "Auschwitz", responde "Gaza".
De la criminalidad al genocidio
 
Los ciudadanos se preguntarán, en efecto, de dónde surge esa "criminalidad estructural", oficial, "legal"... Porque algo tan enorme como lo que estamos denunciando aquí no puede suceder por casualidad. Hablamos, no de una corrupción más o menos generalizada, insisto en ello, sino de una organización criminal -el estamento político- consciente de que lo es y de lo que es (de las auténticas "reglas del juego"); de unas administraciones que amparan a verdaderas mafias al servicio de ciertos delincuentes llamados "sindicalistas" o "políticos", testaferros del poder económico-financiero; de sectas que, enquistadas en las más elevadas cúpulas del poder, son perfectamente sabedoras de la terrible verdad de nuestra sociedad capitalista y han diseñado el sistema institucional oligárquico con tales fines delictivos o radicalmente inmorales (con fines que nunca podrían ser públicamente reconocidos y que los periodistas, cuyo trabajo es precisamente "la verdad", encubren). Esta es la realidad: nuestras existencias como ciudadanos transcurren envueltas en la ficción, en el fraude, sostenido como un decorado de cartón piedra, consistente en la ingenua creencia de que nuestros representantes públicos son personas decentes y bienintencionadas. No lo son. Tantos casos de corrupción, incontables ya y únicamente la punta del iceberg de un inmenso mundo subterráneo de pestilencia que jamás llegará a los juzgados o a la prensa, resultarían imposibles si el estamento político todo no sólo los hubiera permitido, no sólo los hubiera querido, sino que desde el principio hubiérase organizado con ese preciso objetivo. ¿Cuál? Manipular, engañar, explotar y saquear literalmente a la inmensa mayoría de los ciudadanos -asesinando a centenares de miles y hasta a millones de seres humanos si es necesario- en beneficio de una élite denominada oligarquía. De ahí que, desde las primeras líneas, hablemos de sistema oligárquico y no de sistema democrático. La "democracia liberal" -burguesa- actual es una impostura, un teatrillo de ladrones, sinvergüenzas y criminales. Simplemente no existe esa "democracia" y la rebelión ciudadana sólo puede consistir en llegar a tomar conciencia, en conseguir entender de una santa vez el significado del concepto "sistema oligárquico".
 
Por este motivo tenemos que ir todavía más allá. ¿Hay más aún? Sí.

Es menester preguntarse por los orígenes del sistema oligárquico. Son esos orígenes los que permiten comprender por qué los fundamentos mismos de la presunta "democracia" emanan ab ovo de la organización de un dispositivo criminal controlado por la alta finanza y los políticos que la sirven. Y ese origen es el genocidio. El actual aparato de poder se instauró tras la Segunda Guerra Mundial sobre la base legitimadora del juicio de Nüremberg, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la narración oficial del Holocausto. Tales tres son los pilares ideológico-propagandísticos del sistema oligárquico. Tras ellos se esconden, empero, genocidios impunes, como hemos argumentado en otras entradas harto conocidas de esta bitácora. Nuestros políticos son criminales porque antes fueron, y lo son hasta el día de hoy, genocidas. Sus latrocinios, sus manipulaciones, ilegalidades, mentiras..., representan muy poca cosa comparados con los cadáveres hundidos en el fondo de esa charca infecta denominada "democracia liberal". Los casos de corrupción son como una delgada capa de moho flotando en la superficie del agua putrefacta. Si apartamos esa mera apariencia contemplaremos con horror los rostros de silenciosas víctimas que, por millones, yacen en el fondo.
 
Es lo que hemos intentado explicar en el libro La manipulación de los indignados (2012).
 
La Marca Hispánica, 13 de diciembre de 2012.

DOCUMENTACIÓN ANEXA

Hete aquí la verdad sobre Ezker Batua. Habla Xabier Agirre, dirigente del PNV, sobre las negociaciones con una supuesta organización de izquierdas (Izquierda Unida en Euskadi) que es en la actualidd el partido político de referencia del movimiento de los indignados. Adiós, indignados, adiós. Pero, ¿qué podía esperarse de los "antifascistas" tutelados por el trepador profesional Stéphane Hessel?


http://www.diariodeleon.es/noticias/espana/la-ue-investiga-escandalo-de-las-comisiones-del-3-en-cataluna_186828.html

LA UE INVESTIGA EL ESCÁNDALO DE LAS COMISIONES DEL 3%  EN CATALUÑA

A. Lugilde - enviado especial | barcelona A. Lugilde 15/03/2005. Los excesos verbables de Pasqual Maragall traspasan las fronteras de Cataluña y España. La Oficina Europea de Lucha contra el Fraude desveló ayer que ha abierto un expediente informativo sobre las insinuación del presidente de la Generalitat de que Convergencia i Unió percibía comisiones ilegales del 3% por la adjudicación de obras públicas en Cataluña, como las del metro del Carmelo. De este modo se abre un nuevo frente en el escándalo político suscitado en Cataluña, que ayer registró un nuevo capítulo con la puesta en marcha de los trabajos de la comisión de investigación del Parlamento catalán.

Paralizan 11 obras

En su comparecencia ante la comisión, el conseller de Obras Públicas, Joaquim Nadal, anunció que su departamento ha paralizado la ejecución de once obras públicas, de carreteras y ferrocarril, al objeto de someter a información pública las modificaciones de los proyectos. Esta decisión se tomó después de comprobar que, según la información facilitada por Nadal, la Generalitat no disponía de los perceptivos informes sobre la construcción del túnel de maniobra de la línea 5 del metro de Barcelona, que fue el que se desplomó en el barrio del Carmelo y obligó a desalojar a un millar de vecinos. Los partidos del tripartito catalán, formado por PSC, Esquerra República e Iniçiativa per Catalunya, consideran que el descontrol en la gestión de las obras públicas en Cataluña tiene dos puntos críticos: la enorme cadena de subcontratas que establecen las adjudicatarias y los llamados «reformados del proyecto», cambios que a menudo no son dados a conocer a los afectados.

 

lunes, diciembre 03, 2012

Stéphane Hessel desenmascarado

Anunciamos la publicación del libro La manipulación de los indignados. Stéphane Hessel y la decadencia del movimiento 15 de mayo, que aparece este mes en Ediciones Barbarroja (Madrid).
 
Se trata de una obra anónima, firmada por "un indignado", que recoge bajo pseudónimo las inquietudes planteadas por el blog FILOSOFIA CRÍTICA desde el año 2007 en que el sitio fuera fundado por Jaume Farrerons. Para resumir de la forma más sintética posible la intención del autor, estamos ante un precipitado filosófico-literario de las cuestiones que han caracterizado el quehacer teórico y crítico de nuestra bitácora, debidamente condensadas, estructuradas y puestas en relación con el Movimiento 15 de Mayo, las causas ideológicas de cuya decadencia analízanse a lo largo de 362 páginas.

Recordemos que fue un 15 de mayo (de 1948) cuando se desencadenó la Nakba. ¿Casualidad?
 
Es evidente que FILOSOFÍA CRÍTICA comparte con los indignados su oposición a la oligarquía político-económica corrupta y criminal que oprime a los trabajadores de la nación. Pero, al mismo tiempo, FILOSOFÍA CRÍTICA considera un tremendo error, e incluso un fraude, que el señalado movimiento haya sido doctrinalmente tutelado por un miembro de dicha oligarquía, a saber, el diplomático francés y ex recluso judío de Buchenwald Stéphane Hessel. Los motivos se exponen en el libro.
 
La obra de referencia representa un intento de promover la refundación del proyecto regeneracionista democrático subyacente al movimiento indignado más allá de retóricas antifascistas -las cuales disimulan con dificultad su procedencia comunista y, hurgando sólo un poco más, la ubicua matriz sionista- que  han determinado la decadencia imparable, fatal y "programada" del fenómeno social en cuestión.
 
Todos aquellos que hayan seguido el desarrollo de FILOSOFÍA CRÍTICA tienen ahora la oportunidad de recapitular, en un texto inédito, las consecuencias teóricas y prácticas de la lucha contra el dispositivo antifascista de dominación pública que se instaló en el poder en el hemisferio occidental después de la Segunda Guerra Mundial. Lejos de vivir "dichosos y felices" correteando por el jardín de una democracia del bienestar, como canta la propaganda sistémica con agudos de sirena, los ciudadanos nos sobrevivimos bajo una dictadura genocida encubierta que en los próximos años no hará sino acentuar sus rasgos totalitarios.
 
El activismo de resistencia contra la oligarquía sionista transnacional no puede prescindir de la demolición crítica del imaginario antifascista plasmada en  La manipulación de los indignados. Con este libro iníciase un debate que trascenderá, de forma irreversible, la manida dicotomía fascismo-antifascismo, arrojándonos a un escenario ideológico novedoso. El autor intenta, en efecto, superar lugares comunes que autores críticos de la talla de Chomsky o Petras comparten con los peores lacayos doctrinales del despótico aparato político-ideológico neoliberal. También aquéllos, y no digamos ya Hessel, a pesar de su aparente radicalidad "izquierdista", siguen prisioneros de dogmas intangibles, cuya negación no conduce necesariamente, como pretenden los voceros de los medios de comunicación o los politicastros oligárquicos, a una tardía resurrección de los obsoletos movimientos fascistas, sino a una genuina alternativa democrática, socialista y nacional.
 
La dirección NR del cambio ha sido, pues, señalada al fin con diáfana claridad. Ahora sólo se trata de tener el valor de evitar repetir, fascistas o comunistas, los viejos errores de siempre.
 
 La Marca Hispánica, 1º de diciembre de 2012

ÍNDICE DEL LIBRO

A modo de presentación  

Introducción  
Capítulo I. Hessel mismo: de la familia bien a la canonización oligárquica

Capítulo II.  Indignación… ¡contra los “fascistas”! 

Capítulo  III.  Principios  y  valores  (1).  Sartre  o  al fascista “hay que hacerle sufrir poco a poco”

Capítulo  IV.  Principios  y  valores  (2).  Merleau-Ponty o matemos al bebé nazi porque “desde que ya vivió, aceptó las reglas del juego”

Capítulo V. La ideología (1). Los propios judíos
Capítulo VI. La ideología (2). La esperanza permite “obtener resultados”

Capítulo  VII.  La  ideología  (3). El  miedo  a  ser asesinado en el gulag como “egoísmo” fascista  
Capítulo VIII. El Estado de Israel o cuando lo deseable deviene posible

Capítulo IX. El Holocausto (1). El negacionismo de la Nakba

Capítulo  X.  El  Holocausto  (2).Los  grandes genocidios olvidados

Capítulo XI. El Holocausto (3). La singularidad de Auschwitz
Capítulo  XII.  El  Holocausto  (4).  Las  causas: ¿por qué los alemanes persiguieron a los judíos?

Capítulo XIII. Sobre la ideología oligárquica

Capítulo  XIV.  La  verdad  sobre  la  Résistance française
Capítulo XV. Un camino hacia la izquierda

Conclusiones  y  propuestas.  Cómo  acabar  con  la oligarquía sin derramar ni una sola gota de sangre
Bibliografía