domingo, mayo 20, 2012

El mayor genocidio de la historia (6). La presunta culpabilidad alemana


El genocida Winston Churchill.
Se ha difundido el mito de que los alemanes “bombardearon Londres” y sólo el contraataque británico arrasó las ciudades alemanas. El contexto general interpretativo de la culpabilidad alemana considérase poco menos que un postulado indiscutible. Sobre esto conviene aclarar: 1/ los ingleses bombardearon Berlín y decenas de ciudades alemanas antes de que los alemanes bombardearan Londres o Coventry en represalia, y éstos son hechos completamente probados que ni siquiera los historiadores ingleses niegan, aunque la prensa, la literatura y el cine acostumbren a reproducir las habituales fábulas exoneradoras para el consumo de masas; 2/ los ingleses no se limitaron a bombardear ciudades, sino que, de acuerdo con un plan concebido ya entreguerras, pretendían el exterminio masivo de civiles y diseñaron sus actuaciones, incluso por lo que respecta a la ingeniería del armamento, con este fin, mientras que los alemanes, cuando en 1940 y 1941 actuaron en respuesta a los ataques ingleses, se sirvieron de armamento convencional para destruir instalaciones, no para quemar vivos en sus casas a millones de civiles. Respecto a la primera cuestión, apelamos a las obras de Nicholson Baker Humo Humano. Los orígenes de la Segunda Guerra Mundial y el fin de la civilización (2009) y Geoffrey Regan Guerras, políticos y mentiras (2006). Baker cita a James Spaight, secretario del Ministerio del aire y teórico del bombardeo estratégico (Baker, 165):

"Empezamos a bombardear objetivos en tierra alemana antes de que los alemanes empezaran a bombardear objetivos en tierra británica."

Se puede incluso fijar la fecha exacta en que los ingleses decidieron iniciar ataques aéreos sistemáticos a ciudades: el 15 de mayo de 1940. Las dudas sobre la posible respuesta alemana se consideraron de manera expresa (Baker, p. 169):

Hugh Dowding, jefe del Mando de Caza, dijo que Inglaterra no debía desistir de su propósito por temor a sufrir ataques de represalia. Estos ataques “forzosamente se producirán tarde o temprano”. Churchill se mostró de acuerdo. “Debemos contar con que este país será atacado como respuesta”, dijo.

Hasta el 29 de septiembre de 1941, estos ataques no se articularon en forma de un verdadero plan de exterminio. Baker describe, empero, los tempranos métodos de terror de la aviación británica ya en junio de 1940:

Arrojaron bombas sobre Düsseldorf cuando la gente salía de los refugios para sofocar los incendios. En Münster y Wertheim la RAF iluminó partes de la ciudad y luego voló bajo y ametralló a los bomberos. “Un odio intenso a Inglaterra se está concentrando –informó el servicio de sondeos de opinión de Ohlendorf- y pide venganza una y otra vez”.

En un memorándum a Max Beaverbrook con fecha de 8 de junio de 1940, Churchill expone sus planes para vencer a Hitler en términos que despiertan una duda razonable sobre quién es quién en esta manoseada película de “el bien contra el mal” que estamos tan acostumbrados a contemplar desde la comodidad del más repugnante fariseísmo moral:

“Pero hay una cosa que le hará volver y provocará su caída –escribió Churchill-, y esa cosa es un ataque absolutamente devastador y exterminador contra la patria nazi a cargo de bombarderos muy pesados (…).”

El 19 de julio de 1940, Hitler presentó una propuesta de paz a Inglaterra, país al que no consideraba un enemigo político ni militar, siendo así que el objetivo de Hitler era la expansión hacia el Este. Los ingleses habían sido derrotados en tierra y Francia yacía ocupada. La respuesta inglesa fue plantear un ataque aéreo a Berlín; así, el reconocido sádico Charles Portal escribe (Baker, p. 198):

“El primer ministro preguntó qué se podía hacer en relación con bombardear Berlín, y le di la fecha del 1 de septiembre”.

Portal, uno de los máximos responsables del bombardeo estratégico, había sido descrito como una personalidad “cruel” en la propia prensa inglesa incluso antes de ocupar el cargo de carnicero aéreo que le haría tristemente famoso. En agosto de 1940, la RAF bombardeó Hamburgo, Hannover, Münich… La prensa alemana, por ejemplo el “Zeitung” de Bremen, clamaba que “Gran Bretaña pierde su honor”. De hecho, Churchill estaba “provocando” desesperadamente a los nazis, siendo así que las ofertas de paz de Hitler habían encontrado mucho eco entre la población inglesa. Churchill estaba preocupado porque el pueblo inglés no odiaba a los alemanes todo lo que él deseaba y parecía necesaria una “buena” masacre de ingleses para convertir a las gentes en cómplices vocacionales del plan de exterminio del pueblo alemán. Así que Churchill anhelaba una respuesta alemana que, de paso, indignara a los Estados Unidos y motivara a Washington para entrar en la guerra (Baker, p. 204):


Charles de Gaulle se encontraba en Chequers. Era agosto de 1940. Churchill estaba esperando el ataque aéreo de los alemanes y, según recordó De Gaulle más tarde, le resultaba difícil soportar la espera. Alzó los puños hacia el cielo. “¡No vienen!”, exclamó. “¿Tanta prisa tiene por ver sus ciudades reducidas a escombros?”, preguntó De Gaulle. “Verá usted, el bombardeo de Oxford, Coventry, Canterbury, provocará una oleada de indignación tan grande en Estados Unidos ¡que entrará en la guerra!”, repuso Churchill.


Obsérvese el empleo de la palabra indignación, que es aquí, en boca de Churchill, sinónimo de manipulación. De manera que, mientras soñaba con la destrucción de Coventry, hecho que finalmente se produjo el 14 de noviembre de 1940 tras las insistentes ofertas de paz alemanas, Churchill era capaz de vociferar por radio contra Hitler con la habitual retórica humanitaria de los aliados en la guerra de Iraq (Baker, p. 212):

Ese hombre malvado, depositario y encarnación de muchas formas de odios desmoralizadores, este fruto monstruoso de viejas injusticias y vergüenzas, ha decidió ahora tratar de acabar con la famosa raza de nuestra isla mediante un proceso de matanza y destrucción indiscriminada.

Mientras Churchill deseaba y planeaba la matanza, acusaba a Hitler de provocarla. El estadista inglés actuaba como un psicópata. Los historiadores han demostrado y es en la actualidad una evidencia totalmente indiscutida, que Inglaterra se preparaba para este tipo de enfoque genocida de las acciones bélicas ya desde antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial. En cambio, la aviación alemana, según Reagan, no estaba concebida para exterminar poblaciones en masa, sino para el mero apoyo táctico a las fuerzas terrestres (Regan, p. 36):

¿Tenían los alemanes una extensa flota de bombarderos de largo alcance? No, no disponían de ningún bombardero cuatrimotor ni planeaban construirlos. Su fuerza estaba en la aviación de apoyo a las fuerzas de tierra –los Stuka- y en los rápidos y modernos cazas Me-109, con los que contaba enfrentarse a los bombarderos británicos.

Esta información ha sido confirmada por diversas fuentes; citaremos aquí el exhaustivo ensayo de Jörg Friedrich El incendio, al que ya nos hemos referido en otras ocasiones en este blog (Friedrich, p. 66):

La doctrina de Trenchard se inspiraba en la estrategia de minar la moral del enemigo a base de borrar sus ciudades. Las fuerzas aéreas alemanas no estaban adaptadas a este tipo de operaciones, más bien constituían un apoyo táctico: despejaban el camino a otras unidades y mantenían viva la ofensiva terrestre.


Conclusión de Friedrich (p. 63):

El giro que se produjo en 1940 no pretendía luchar contra un ejército enemigo, sino contra sus poblaciones civiles, contra sus ciudades. A diferencia de lo que había sucedido en Varsovia y Rotterdam, no se trataba de una medida tomada en la guerra, sino de la llave de todo el conflicto, la estrategia.


Los alemanes podían bombardear los emplazamientos militares e industriales de las ciudades enemigas, en ocasiones con dureza y absoluta falta de escrúpulos, pero no concebían dichos bombardeos aéreos como un medio para asesinar en masa a 15 millones de civiles dentro de un plan general de exterminio de la población. Véase, según Wikipedia, el caso de Rotterdam, en mayo de 1940:

El General Schmidt ordenó un atraso del ataque a las 16:20 y solicitó al Jefe de la Guarnición de Róterdam el Coronel Scharroo iniciar las negociaciones para rendir a la ciudad antes del ataque que inicialmente iba a empezar a las 13:20. Scharroo rehusó negociar y envió a un mensajero a dar la noticia a Schmidt, el mensajero no había llegado todavía cuando se inició el bombardeo a la hora originalmente planificada. Unos 90 bombarderos arrojaron su mortal carga, de los cuales 57 arrojaron todas su bombas sobre la ciudad. Se desconoce por qué se ignoró la orden de Schmidt de atrasar el ataque. Se estima que unas mil personas murieron, otras 70 mil se quedaron sin hogar. Casi 25.000 casas, 2.320 tiendas, 775 galpones, 63 escuelas y 24 iglesias fueron destruidas. El antiguo centro de la ciudad fue barrido por el fuego. Inmediatamente, el gobierno holandés se rindió para evitar que se bombardearan más ciudades holandesas.

Hoy sabemos que el bombardeo se debió a un problema de coordinación logística entre quienes estaban negociando la rendición y el mando alemán.[1] En consecuencia, puede afirmarse que, a diferencia de los alemanes, los dirigentes británicos contaban desde el principio con derrotar a Alemania cometiendo no sólo ocasionales “excesos”, sino recurriendo a los crímenes de guerra de manera sistemática. Inglaterra nunca esperó vencer al ejército alemán en un enfrentamiento tradicional entre militares en un campo de batalla , algo que –quizá no erróneamente- consideraban imposible a tenor de la probada eficiencia y elevada motivación moral del adversario. El proyecto estratégico de Londres no fue otro que el crimen de guerra (Regan, pp. 33-43). Dicha atrocidad previamente planificada se consumó en 1940-1945 y la pretensión de que “los alemanes empezaron” debe ser desestimada (Regan, p. 38):

El supuesto objetivo británico de liberar a los pueblos oprimidos de Europa era absolutamente loable, pero ¿acaso la estrategia de bombardeos civiles –que apuntaba expresamente  contra las vidas y la propiedad del pueblo alemán, más que contra el potencial militar de la Alemania nazi- quedó muy alejado del genocidio?

El criminal de guerra Arthur Harris,
a las órdenes de Charles Portal.
Inglaterra declaró la guerra a Alemania en 1939 y acto seguido diseñó un plan de exterminio del pueblo alemán que había sido rumiado a lo largo de décadas de germanofobia y que el propio Churchill ya había ensayado con el bloqueo naval durante y después de la Gran Guerra (1914-1919). Una verdad difícil de digerir pero tan cierta como los hechos científicamente verificables a pesar de todos los cuentos infantiles evacuados regularmente por Hollywood. Por otro lado, nadie ha dudado nunca de la sinceridad de las propuestas de paz de Hitler a Inglaterra. Tanto es así, que el principal problema de Churchill fue, como hemos visto, indignar a los alemanes para que respondieran con una virulenta represalia aérea antes de que el pueblo británico forzara a sus dirigentes a aceptar dichas iniciativas (que explican el famoso vuelo de Hess). El propio Hitler se refiere a esas provocaciones en su discurso de Munich del 8 de noviembre de 1940 (Baker, p. 227): "Esperé ocho días. Arrojaron bombas sobre la gente del Rin. Arrojaron bombas sobre la gente de Westfalia. Esperé otros catorce días. Pensé que ese hombre estaba loco. Estaba haciendo una guerra que sólo podía destruir a Inglaterra. Esperé más de tres meses, pero luego di la orden. Presentaré batalla".  La respuesta británica a este discurso de Hitler fue atacar Munich. Así pues, los nazis estuvieron tres meses soportando los ataques aéreos ingleses a la población civil alemana mientras presentaban propuestas de paz a Londres. Intentos  que Churchill arrojaba inmediatamente a la papelera ignorando la voluntad pacífica del pueblo británico; todo ello con el fin de que los alemanes, indignados, arrasaran alguna ciudad inglesa en venganza por las premeditadas fechorías de la RAF. Cuando esto sucediera, Churchill podría poner en marcha aquello que más anhelaba su “humanitario” corazón de demócrata: el plan de exterminio contra los “hunos” (ancianos, mujeres y niños no combatientes), aunque, por supuesto, no solo, sino contando siempre con la inestimable ayuda de Washington. De ahí que, cuando finalmente los alemanes arrasaron Coventry el 14 de noviembre de 1940, Churchill, a pesar de disponer de información suficiente para evacuar a la población, no lo hizo, siendo así que, como él mismo había confesado ante De Gaulle, necesitaba material de propaganda antinazi con que incitar a los americanos a apoyar la causa genocida de la oligarquía trasnacional a la cual ya entonces servía el criminal mandatario británico: "Nadie llamó a Coventry para avisar a sus habitantes de que en cuestión de unas horas sufrirían un ataque a gran escala a cargo de centenares de aviones. No se dio parte al Cuerpo de Bomberos; no se dio parte al alcalde; no se dio parte al servicio de ambulancias. Veinte minutos antes de que cayeran las bombas, un equipo antiaéreo de la ciudad recibió un mensaje: “Se espera un gran ataque a Coventry esta noche”". El gobierno de Londres conocía la existencia del ataque desde hacía dos días. En suma: el repugnante sádico Churchill, y sus no menos sádicos ayudantes Portal, Harris, Trenchard y demás “demócratas”, no sólo sacrificaron a millones de civiles alemanes inocentes, sino también a su propio pueblo, al que Churchill engañó y manipuló para abusar de su “indignación” en la perpetración de un crimen de masas racista contra los “hunos”; genocidio premeditado que en Londres muchos habían acariciado desde finales del siglo XIX como la gran oportunidad para poner fuera de combate, de una vez por todas, a un rival económico y político temible: Alemania. El ataque británico a las ciudades alemanas respondía también, por tanto, a un imperativo político: evitar la paz a cualquier precio. ¡Qué extraña sonará esta verdad a los oídos de los ciudadanos occidentales lobotomizados a lo largo de décadas! Churchill quiso la guerra para poder aplicar en Alemania un plan de exterminio de población civil con la ayuda de los Estados Unidos y Stalin. Las élites inglesas temían desde hacía décadas el desarrollo industrial y científico alemán, que amenazaba la hegemonía comercial de un ya declinante imperio británico. En Francia el desarrollo alemán despertaba una mezcla de envidia y pavor. La destrucción de Alemania era una de las obsesiones de Londres y París, como la destrucción de Iraq (o Irán) una de las manías paranoico-talmúdicas de Tel Aviv. Había que exterminar a los alemanes, a la población alemana, cuya pujanza demográfica constituía uno de los factores explicativos del creciente poderío del Estado alemán unificado por Bismarck.

Miente Sebald cuando equipara los ataques aéreos alemanes a Rotterdam, Varsovia, Belgrado y otras localidades (actuaciones por lo demás brutales y que no pretendemos justificar) con bombardeos cuya finalidad expresa es exterminar al máximo número de civiles quemándolos vivos en el contexto de un plan genocida. Para el gobierno de Londres, las ciudades alemanas no eran objetivos militares, sino terroristas. Con dichos ataques se pretendía, sobre el papel, que la población así castigada por la guerra se alzara contra Hitler, sin embargo, los bombardeos no cesaron al comprobar el alto mando inglés que el efecto era exactamente el contrario al supuestamente esperado. Y los ataques continuaron, con mayor virulencia si cabe, cuando Alemania había sido ya vencida. ¿Por qué prosiguieron los bombardeos en la primavera de 1945? Porque el objeto de esos ataques no era militar y ni siquiera político, sino que, desde el principio, se trataba de "matar al máximo número de alemanes". No es menester buscar nada más complicado que este elemental afán basado en el odio racial contra los “hunos”. En consecuencia, estamos ante un plan de exterminio y un genocidio en toda regla. Y, por si quedaban dudas, éste se consumó (plan Morgenthau, expulsión y masacre de los alemanes del Este, asesinato de 1 millón de prisioneros desarmados, etc.) después del cese de las hostilidades, como el libro de Macdonough ilustra a pesar de sus paños calientes pro-occidentales. 

El genocidio alemán como causa del nazismo y del holocausto

Pero además, conviene consignar aquí un hecho que se sitúa antes de cualquier secuencia cronológica de la Segunda Guerra Mundial y que explica tanto el nacimiento del nazismo como la reacción de los alemanes, especialmente los de ideología nazi, ante la amenaza de genocidio formulada por Theodore N. Kaufman y puesta en práctica inmediatamente por los aliados, y es el bloqueo marítimo de la Primera Guerra Mundial, al que ya nos hemos referido en otras ocasiones pero del que ahora conviene extraer las últimas consecuencias. La obra más conocida que se ocupa del caso es The Politics of Hunger (1985), de C. Paul Vincent.  A este libro se refiere Geoffrey Regan en su Guerras, políticos y mentiras. Cómo nos engañan manipulando el pasado y el presente (2004) (Regan, p. 29):  "La deliberada y calculada “política de hambre” que empleó el gobierno británico durante la primera guerra mundial apuntaba directamente contra los civiles de las Potencias Centrales. Entre 1914 y 1929 el bloqueo naval fue la estrategia preferida de la Marina Real británica. (…) El primer lord del almirantazgo Winston Churchill admitió de buen grado que la marina británica aspiraba a “matar de hambre a toda a población alemana –hombres, mujeres y niños, jóvenes y ancianos, heridos y sanos- hasta la rendición”. / El bloqueo naval fue un crimen de guerra que violaba la convención de La Haya de 1907, que solamente consideraba como “contrabando” inaceptable el transporte de alimentos cuando este iba dirigido al personal militar enemigo, no a los civiles". Como es sabido, Alemania recurrió a la guerra submarina para responder al bloqueo ilegal de su país, hecho por el cual Alemania ha sido acusada de perversidad a pesar de que en varias ocasiones ofreció renunciar a dicha arma siempre que Inglaterra levantara el criminal bloqueo. La respuesta de Estados Unidos a las actuaciones británicas sería acusar a los alemanes por su crueldad y, en cambio, justificar un bloqueo ilegal (Regan, p. 29):


Cuando Alemania contraatacó enfrentándose a Gran Bretaña con la campaña submarina, alegó ante los países neutrales más importantes –sobre todo Estados Unidos- que la Marina Real estaba estrangulando progresivamente la población civil. Sin embargo, las quejas alemanas fueron barridas del escenario por el coronel House –el consejero del presidente Woodrow Wilson- con el curioso razonamiento de que “Inglaterra no está ejerciendo su poder de ninguna forma censurable, ya que está dirigida por una democracia”.



Con ello quedaba quizá consagrado el principio, hoy indiscutible ya al parecer, de que las “democracias” pueden perpetrar genocidios y, por ende, que no se distinguen moralmente de las dictaduras, aldabonazo que debió de resonar muy hondo en el subconsciente de los alemanes. Sin embargo, las fechorías de la "democracia" más antigua del mundo (excepción hecha de Cataluña) no concluyeron con el bloqueo, sino que pasaron de crimen de guerra a genocidio cuando Alemania se rindió y, sin embargo, el bloqueo fue mantenido por las autoridades aliadas, sobre todo a instigación de Francia (Regan, p. 31):

Cientos de millares de civiles alemanes estaban siendo asesinados por los hombres de Estado del bando aliado, a pesar de que la guerra ya había concluido.

Las víctimas del bloqueo ascienden a 800.000 personas, pero además abortó un millón de nacimientos, algo que sólo podía ser deliberadamente buscado por una política que pretendía asesinar al máximo número de “teutones” posible. Dichas cifras han quedado convalidadas por la investigación histórica (Regan, p. 31): "Con posterioridad a la guerra se ha calculado que el bloqueo naval británico se cobró un coste de por lo menos ochocientas mil vidas civiles, y frustró más de un millón de nacimientos. Además, el número de alemanes hambrientos que murió durante la epidemia de gripe fue un 250 por 100 superior al de británicos. (…) Se multiplicaron los suicidios entre la población femenina e infantil, y en todas partes se respiraba el olor de la carne podrida de cuerpos aún vivos, como consecuencia de la desnutrición". La pretensión de que “los alemanes empezaron” (Arendt, Sebald, Macdonough, Goldhagen y demás) queda literalmente pulverizada por la atroz evidencia de las actuaciones de los presuntos demócratas (!ya hemos tenido el "gusto" de conocer, en nuestra profesión, a estos demócratas!). El bloqueo naval mató la democracia en Alemania y, según Paul C. Vincent, explica la aparición de una generación de jóvenes que habrían roto con toda creencia en la validez de los valores “humanitarios” y “democráticos”, cuya “verdad” sufrieron en carne propia. Dichos jóvenes fueron, según C. Paul Vincent, los que se alistaron luego a las unidades de asalto de las organizaciones políticas nazis (Vincent, p. 162):

Whether one espouses the psychoanalytical argument that childhood deprivation fostered irrational behavior in adulthood or the physiological assertion that widespread malnutrition in childhood led to an impaired ability to think rationally in adulthood, the conclusion remains the same: the victimized youth of 1915-1920 were to become the most radical adherents of National Socialism.

La pregunta que podemos hacernos ahora es: ¿qué efecto psicológico y moral tuvo la amenaza de genocidio publicada en Estados Unidos el 28 de febrero de 1941, y puesta inmediatamente en práctica con los bombardeos terroristas contra civiles, para aquellos que ya habían conocido el bloqueo británico y se habían alistado en las SA  como consecuencia de las atrocidades aliadas y del abusivo Tratado de Versalles? ¿Cómo se esperaba que iban a tratar a los prisioneros de los campos de concentración los “niños del hambre” de 1919 puestos otra vez en la situación de rememorar aquél horror gracias a las perversas acciones genocidas de gentes como Stalin, Kaufman, Morgenthau, Portal, Harris, Trenchard y Churchill?

Aviador alemán: héroe, no asesino.
El misterio de la Shoah queda, a mi entender, aclarado con ello en su sentido fundamental. Quienes afirman que el holocausto resulta, a la postre, un hecho incomprensible que nos muestra la evidencia del mal absoluto en los abismos del corazón humano (y otras monsergas), no son más que pseudo intelectuales falsarios haciendo méritos ante la opulenta oligarquía transnacional. La explicación de Auschwitz carece de misterios, excepto los que se hayan fabricado a base de suprimir incómodos elementos causales que estaban bien a la vista de los contemporáneos pero que, en la actualidad, es necesario reconstruir porque ponen en evidencia la incómoda verdad de las responsabilidades aliadas. Para decirlo con Sebald, pero invirtiendo los términos, los aliados, al final de la guerra, provocaron ese pogromo contra los judíos que fue Auschwitz. La necesidad de producir odio entre los “consumidores”, de generar el combustible psicológico de masas para la política “humanitaria” de exterminio, una disposición de ánimo poco coherente con el talante cotidiano de las sociedades de mercado, pasa de forma necesaria por diabolizar al adversario. Tanto mejor si éste comete atrocidades. Y si no las comete, habrá que provocarlo para que las cometa o inventarlas o exagerarlas con fines propagandísticos. Por lo que respecta a la mafia sionista, ocioso es subrayar que la intención de negociar con los muertos y construir un muro de victimización e impunidad entorno a esa ciudadela sitiada que habría de ser un día el Estado de Israel, convertía el holocausto en un negocio muy rentable. El antisemitismo ha sido siempre el revulsivo de la extrema derecha judía. Pero con Auschwitz dicho revulsivo alcanzaba el clímax de su expresión histórica. La responsabilidad de Londres, Moscú y Washington en los hechos, por activa y por pasiva, resulta así inmensa. ¿Esperaban los plutócratas y los comisarios bolcheviques que Hitler respetaría los derechos humanos de los presos en campos de concentración del Reich mientras los representantes de una lloriqueante “humanidad” de cocodrilos puritanos o brutales aparatchik vulneraban todas las normas de la sociedad civilizada? ¿Tenían que actuar los guardianes de los Konzentrationsläger como virtuosos de la ética kantiana después de contemplar los cadáveres incinerados de sus esposas y niños de pecho? ¿Se detuvieron canallas como Churchill a pensar en algún momento que las SS darían quizá a los judíos el mismo trato que sus aviadores daban a los civiles alemanes? ¿No era Alemania una “horrible dictadura”? ¿O acaso esperaban que Alemania respetase, haciendo honor al carácter de esa “horrible dictadura”, aquello que la propia Inglaterra no respetaba pretendiéndose una democracia harto pagada de sí misma? En el caso de los crímenes contra el pueblo alemán, el asesino afán occidental de "matar teutones" (o “hunos”), cuantos más mejor, cuanto más inocentes e indefensos, tanto mejor, una pulsión abominable que ya se detecta en la prolongación del bloqueo marítimo contra Alemania después del fin de la Primera Guerra Mundial, pertenece al orden, si no de los misterios, sí de la vergüenza ajena que en ocasiones produce el género humano. Pero en tanto no quepa separar la hambruna provocada por el mantenimiento genocida de dicho bloqueo una vez ya firmado el Tratado de Versalles y el estado de ánimo popular que alimentó, entre la gente alemana común, el ascenso del nazismo, entonces el argumento habitual de que “sí, pero los alemanes empezaron”, tendrá que ser desechado. Pues Hitler personificaba ya a la sazón una consecuencia y no una mera causa. Y, claro, en 1942, la fatal respuesta nazi a Theodore N. Kaufman y sus secuaces del Bomber Command no podía ser otra que el holocausto. Esperar algo distinto resultaba cosa de ingenuos, pero Churchill y Roosevelt no eran precisamente ingenuos, luego quisieron el holocausto, y lo tuvieron. Ahora ya conocemos el porqué: su irreemplazable utilidad política al servicio de la oligarquía.  Quisiera concluir este post con el testimonio de nada menos que Bertrand Russell, quien el 19 de octubre de 1945, una vez concluida la guerra, publicaba en el “Times” la siguiente protesta: "En la Europa del Este nuestros aliados están llevando a cabo deportaciones masivas sin precedentes, y se está perpetrando lo que al parecer es el intento deliberado de exterminar a muchos millones de alemanes, no en la cámara de gas, sino por la privación de sus hogares y alimentos, dejándolos morir en una hambruna creciente y agónica. Esto no se realiza como un acto de guerra, sino como una meditada política de “paz”". En consecuencia, el proyecto de exterminio de Theodore N. Kaufman fue real y conocido desde el principio por los alemanes. Se concretó luego en el diseño técnico infernal del Bomber Command y finalmente en el plan Morgenthau. El nombre de dicho plan (Kaufman, Morgenthau) resulta irrelevante, pues la idea en sí ya se detecta de alguna manera esbozada en los anales de una germanofobia franco-británica que se condensa en el referido bloqueo naval y resultaría, en consecuencia, muy anterior al nazismo. La pregunta: ¿hasta qué punto determinaron este plan Kaufman de exterminio de 1941, el plan del Bomber Command (29/9/1941), la bestialidad del bolchevismo y la experiencia de la hambruna genocida de 1919 el desencadenamiento final del holocausto en el país más civilizado del planetaEsta sería, en suma, la pregunta a que una historiografía verdaderamente científica debería responder en los inicios del tercer milenio.  

Jaume Farrerons
20 de mayo de 2012


[1] Cfr. Paz, Fernando, Europa bajo los bombardeos. Los bombardeos aéreos en la Segunda Guerra Mundial, Barcelona, Altera, 2005.



domingo, mayo 13, 2012

El mayor genocidio de la historia (5). La cifra total de víctimas

El 23 de septiembre de 2009 publicábamos la primera entrada de la serie "El mayor genocidio de la historia". La fuente principal era la obra Other losses, del periodista canadiense James Bacque (1989). En ese post se vertieron una serie de afirmaciones que han dado mucho de sí y que ahora convendría matizar y ajustar a los nuevos conocimientos adquiridos. Hace ya tiempo que hemos limitado la cifra de 17 millones de víctimas del genocidio alemán al número de afectados, es decir, a la suma del total de los asesinados más aquéllos que fueron expulsados de sus hogares, deportados, a las mujeres violadas, etc. Pero podría llegar a 25 millones. La cifra de 13 millones de exterminados se reserva al máximo (provisional) de una horquilla que oscila a partir de los 8 millones. Si la horquilla es tan amplia se debe a que, según James Bacque, los ciudadanos alemanes que perecieron a resultas de la hambruna planificada por las autoridades aliadas de ocupación son 5,7 millones (plan Morgenthau), pero este cálculo se obtiene 1/ comparando los censos anteriores y posteriores al período 1945-1949, 2/ sumando a dichos censos los desplazados de las provincias del Este y las minorías germanohablantes de la Europa central y balcánica, y 3/ restando las víctimas alemanas por otros conceptos. En consecuencia, resultaba prudente dejar bastante abierto el margen posible de error. En función de tales cálculos, se obtiene que en el último censo posterior a la catástrofe habían desaparecido más de 5 millones de alemanes, los cuales no se pueden atribuir a caídos en el frente, prisioneros desarmados exterminados, víctimas de los bombardeos terroristas británicos u otras categorías. Nosotros, en su momento, propusimos 13 millones de víctimas dando por buenos los 5,7 millones de la hambruna establecidos por Bacque y aquella fatídica cifra ha sido confirmada, de forma casi exacta, por el profesor Dr. Bernhard Bellinger, de Berlín, quien publica la siguiente tabla:


Como puede comprobarse examinándola con detalle, al total de 15.799.000 hay que sustraer los soldados alemanes caídos en combate, que son unos 3 millones. La resta nos da 12.729.000 víctimas. Pero Bellinger admite sólo 500.000 muertos por los bombardeos terroristas ingleses, mientras que nosotros nos basamos en la cifra de Jörg Friedrich (2002) en Der Brand. Deutschland im Bomberkrieg 1940-1945, donde se consigna un mínimo de un millón de muertos como consecuencia de dichas operaciones aéreas de exterminio. Si añadimos esta diferencia, léase: unos 500.000 muertos más, la cifra total de víctimas asciende a 13.229.000 personas.

El carnicero Charles Portal.
Trece millones de personas asesinadas por motivos racistas: ¿el mayor genocidio de la historia moderna?

Las polémicas entorno a conceptos como los desaparecidos o las víctimas de los bombardeos terroristas no van modificar en exceso estas conclusiones, no obstante conviene dejar constancia de algunos extremos.
Tenemos a 1.272.000 de militares alemanes, presuntos desaparecidos que, en opinión de Bacque, son los exterminados en campos franceses y americanos para prisioneros alemanes. Mientras duró el conflicto bélico, y dado que los alemanes respetaban la Convención de Ginebra con los prisioneros capturados a los occidentales, firmantes también de la misma, Washington  no se atrevió a masacrar a los prisioneros alemanes por miedo a posibles represalias con los 2 millones de soldados ingleses y americanos internados en campos alemanes. Sin embargo, una vez vencida Alemania, Eisenhower ideó el perverso concepto de F. E. D. (Fuerzas Enemigas Desarmadas) a fin de poder contraponerlo al de P. W. (Prisioneros de Guerra) y estar en condiciones de omitir los preceptos legales de la convención. No sólo eso, centenares de miles de P. W. pasaron como por ensalmo  a convertirse en F. E. D. a base de trucar las estadísticas poblacionales de los campos. ¿Cuál era la finalidad de dichas innovaciones terminológicas y trasiegos burocráticos? Simplemente, dejar a los prisioneros alemanes a merced del ocupante y sin que ninguna potencia protectora pudiera reclamar la fiscalización del funcionamiento interno de los campos, es decir, el respeto a la normativa humanitaria internacional relativa a los prisioneros de guerra. Según Bacque, el número de víctimas de lo que, en este concepto, para nosotros constituye sólo una fase más en el proyecto global de exterminio planificado, es de un millón. Como consecuencia de estas investigaciones y debates, se empezó a hablar del hoy ya famoso vermisste Million, que los occidentales intentaron atribuir a los soviéticos pero cuya responsabilidad apunta más bien a los aliados franceses y americanos. Los ingleses, que habían masacrado a los civiles alemanes mediante bombardeos terroristas, se sometieron a la Convención de Ginebra en el caso de los prisioneros de guerra en sus propias zonas de ocupación, a pesar de lo cual no denunciaron las atrocidades que se estaban cometiendo en los campos administrados directamente por Eisenhower y De Gaulle.

La obra de James Bacque desató en su momento una polémica que sigue abierta en la actualidad. Demostraremos en los próximos posts que los intentos de desacreditar a Bacque han fracasado y que, a partir de las cifras aportadas por especialistas sobre los que no pesa la menor sombra de duda en cuanto a seriedad y profesionalidad, puede hablarse de un plan de amputación étnica del pueblo alemán iniciado en 1941 (aunque ya existían antecedentes a finales de la Primera Guerra Mundial) y completado en 1949.

Quizá la contribución más importante de aquella primera entrada de 23 de septiembre de 2009 no consistió, por tanto, en sumar las cifras de los diferentes conceptos de víctimas alemanas, sino en descubrir la existencia del plan de exterminio mismo. Evidentemente, las pruebas de que ese plan no son un invento o una fantasía del autor trascienden el mero indicio, de suerte que el silencio académico en torno a este escándalo  tarde o temprano tendrá que ser roto, aunque sólo sea, como ocurrió con Bacque, para insultar a quienes hemos levantado la bandera de la verdad. Algunos insultos ya pudieron leerse en la entrada que entonces publicara Filosofía Crítica. Siguen ahí, no han sido suprimidos. En estos momentos, empero, disponemos de una larga lista bibliográfica que avala aquello que a la sazón dependía de la lectura de unos pocos autores, como De Zayas, Bacque, Friedrich o Macdonough. Podemos sostener que una de las causas del holocausto fue el plan de exterminio del pueblo alemán ideado en EEUU, es decir, que el asesinato masivo de judíos fue en parte la "venganza nazi" por el plan Kaufman/Morgenthau y los bombardeos terroristas de las ciudades alemanas interpretados por la inmensa mayoría del pueblo como la inexorable aplicación de dicho plan. A partir de ese momento, la atroz indiferencia de los alemanes hacia el destino de los hebreos se convirtió en una realidad cotidiana. Los aliados (del Este y del Oeste) generaron, en fin, de forma consciente, las condiciones del distanciamiento emocional y moral que facilitara el desprecio de las autoridades del Tercer Reich hacia un "discurso humanitario" cuya realidad, a los ojos de la ciudadanía, se habría demostrado un fraude. ¿Puede afirmarse, después de lo sucedido en el mundo entre la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) y nuestros días, que dicha normativa es algo más que un instrumento de propaganda al servicio del imperialismo de Washington? Que cada cual ensaye su respuesta; nosotros hace ya mucho tiempo que publicamos aquí la nuestra.

Prof. Dr. Bernhard Bellinger.
La tabla de Bellinger

A continuación examinaremos una a una las cifras de la tabla de Bellinger y las fuentes bibliográficas en que se basan.

En primer lugar tenemos a los militares alemanes desarmados que fueron exterminados en campos de concentración franceses, norteamericanos y soviéticos, pero también yugoeslavos, polacos y checos. Bellinger acepta 1.800.000 víctimas. Según Bacque, esta cifra habría que elevarla a 2.500.000 víctimas.

En cuanto a las víctimas de los soviéticos, la cifra asciende a 1.335.500 personas. La fuente de Bellinger es la siguiente: Nawrtail, H., Nachkriegverluste unter dem Vertriebenen, Gefangenen und Verschleppten, München, 1986, p. 66. / Ratza, W.: "Die deutschen Kriegsgefangenen des Zweiten Weltkriegs, Der Faktor Arbeit", in: Zur Geschichte der deutschen Kriegsgefangenen, editado por Erich Maschke, Tomo IV, München 1973, página 207

Por lo que respecta a los franceses existe cierto consenso, a pesar de la polémica a la que ya nos referiremos en un próximo post, entre Bacque y su más visceral crítico, Arthur L. Smith (quien llega a insultarle, como veremos), respecto de la alta mortandad de los campos franceses, con 113.000 víctimas asesinadas por los hombres de De Galle y de la Résistance française. Fuente de Bellinger: Smith, Arthur L., Die vermisste Million": zum Schicksal deutscher Kriegsgefangener nach dem Zweiten Weltkrieg, München, 1992, p. 86 (no hemos podido confirmar esta fuente en el original, por lo que entendemos que debe de tratarse de un error) / Bacque, J., Das geplante Tod. Deutsche Kriegsgefangene in amerikanischen und französischen Lagern, Frankfurt/Berlín, 1999, p. 336

En los campos yugoeslavos tenemos la nada despreciable cifra de 90.000 víctimas asesinadas por las autoridades comunistas. Fuente de Bellinger: Böhme, K. W.: "Die deutschen Kriegsgefangenen in Jugoslawien 1941-1949", in: Zur Geschichte der deutschen Kriegsgefangenen, editado por Erich Maschke, Tomo I/1 y I/2, München 1962.

En lo que concierne a los campos americanos, la polémica está abierta y de ella nos ocuparemos en la próxima entrada. Según Bacque, el "vermisste Million" (millón desaparecido) es la consecuencia de la política de Eisenhower, con 800.000 víctimas. Macdonough rechaza tanto los cálculos de Bacque como la contabilidad estadounidense, reconociendo una cifra de 100.000 víctimas . Nawratil, H., en la obra citada, pp. 44-45,  que es la que Bellinger recoge en su tabla, se atiene a las cifras oficiales de 24.000 víctimas. El "millón desaparecido" se incluye por tanto en categoría correspondiente de "desaparecidos", a todas luces demasiado abultada.

Finalmente, la citada obra de Nawratil, pp. 44-45., reconoce 22.000 víctimas en los campos polacos y checos.

El segundo bloque de víctimas estaría formado por los civiles alemanes, con un total de 10.000.000 de víctimas, según las cifras de Bellinger, que a su vez se subdividirían en tres categorías: víctimas mortales de la limpieza étnica, víctimas de los bombardeos terroristas británicos y víctimas de la hambruna planificada.

Por lo que se refiere a los segundos, Bellinger sólo admite 500.000 víctimas a tenor de la siguiente base documental: Czesanky, M., Europa im Bomberkrieg 1939-1945, Graz, 1998, p. 698. / Arntz, H., "Presse- und Informationsamt der Bundesregierung", in Kessing's Archiv der Gegenwart, 3 abril de 1953, p. 3937. Para nosotros la cifra se eleva a un mínimo de un millón de víctimas y posiblemente 1.100.000 víctimas. Fuente: Friedrich, J., op. cit.

En cuanto a la limpieza étnica, afecta 1/ violencia contra la población alemana del Reich (Reichdeustche), con 3.200.000 de víctimas. Fuente: Nawratil, H., Schwarzbuch der Vertreibung 1945 bis 1948, München, 1999, p. 79; 2/ violencia contra las minorías germanohablantes (Volksdeutsche), con 472. 400 víctimas.

A estas cifras habría que añadir las de la hambruna en Alemania, con 5.700.000 de víctimas. Fuente: Bacque, J., Verschwiegene Schuld die allierte Besetzungspolitik in Deutschland nach 1945, Berlín/Frankfurt, Ullstein, 1995, p. 139.

La primera cifra se desglosaría en los siguientes apartados:

a/ violencia rusa en Alemania: 240.000 víctimas. Fuente: Nawratil, H., op. cit., pp. 56, 66.

b/ cárceles para civiles: 100.000 víctimas. Fuente: Nawratil, H., pp. 64, 67.

c/ violencia rusa en Austria: 60.000 víctimas. Fuente. Nawratil, H., pp. 57, 66.

d/ asesinados durante la deportación de las provincias alemanas del Este: 2.800.000 víctimas. Nawratil, H..: Schwarzbuch der Vertreibung 1945 bis 1948, München 1999,  p. 79

La segunda cifra se desglosaría en los siguientes apartados:

a/ minorías germanohablantes en Rusia: 300.000 víctimas. Fuente: Kulturrat der Deutschen aus Russland e V. (Editor): Volk auf dem Weg, Deutsche in Russland und in der G. U. S., 1993, Mit freundlicher Förderung der Bundministeriums des Innern, Bonn, 1993, p. 18.

b/ minorías germanohablantes en Yugoeslavia: 85.000 víctimas. Fuente: Arbeitskreis Dokumentation im Bundesverband des Landsmannschaft der Donauschwaben, Sindelfingen, und der Donauschwäbischen Kulturstiftung der privaten Rechts, München: Leidensweg der Deutschen im kommunistischen Jugoslawien, Tomo II, Erlebnisberichte über Verbrechen an dem Deutschen durch das Tito-Regime in der Zeit von 1944-1949, München Sindelfingen, p. 1015.

c/ minorías germanohablantes en Rumanía: 10.000 víctimas. Bundesministerium für Vertriebene, Flüchtlinge und Kriegsgeschädigte (Editor): Das Schicksal der Deustchen in Rumänien. Dokumentation der Vertreibung der Deutschen aus Ost-Mitteleuropa, Tomo III, p. 80.

d/ minorías germanohablantes en Polonia: 77.000 víctimas. Sack, J., Auge um Auge. Die Geschichte von Juden, die Rache für den Holocaust suchten, Kabel, 1995, p. 329.

Las bajas alemanas en el frente fueron relativamente pocas, pero la carnicería que los demócratas organizaron después con los prisioneros y los civiles alemanes ya inermes no tiene quizá parangón en la historia moderna. En definitiva, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial resulta que fueron unos auténticos ejemplos de hipocresía; quienes nos gobiernan encarnan hoy a sus herederos y cómplices.

¿Quién es Bernhard Bellinger?

Quedan fuera de los calculos, según expresa mención de Bellinger, las víctimas de los trabajos forzados a que fueron sometidos no sólo los soldados prisioneros, sino los propios civiles, particularmente en Rusia y Francia. Los afectados son más de 5 millones de personas. El número de los que perecieron está todavía por calcular:

Diese Tabelle enthält nicht die Zahl der Opfer von Gewalttaten gegen deutsche Zwangsarbeiter im Herrschaftsbereich der Siegermächte. Die Zahl der deutschen Zwangsarbeiter dürfte viele Millionen betragen haben. In Russland wurden nicht nur Kriegsgefangene zur Zwangsarbeit herangezogen, sondern auch Zehntausende Zivilpersonen nach der Besetzung der deutschen Ostgebiete nach Russland verschleppt. Die US-Army stellte die Zahl ihrer deutschen Kriegsgefangenen auf 5.235.689 Personen fest. Von diesen übergab sie einen großen Teil an die anderen Siegermächte einschließlich Russlands für Zwecke der Zwangsarbeit. So forderte beispielsweise Frankreich zum Zwecke der Zwangsarbeit 750.000 Gefangene an und erhielt nach der einen Quelle 730.000 und nach einer anderen Quelle 886.000 Gefangene. Diese Zwangsarbeiter wurden in Frankreich unter anderem auch dafür eingesetzt, Minenfelder zu räumen. / Unterlagen über Opfer von Gewalttaten mit Todesfolge für deutsche Zwangsarbeiter liegen in zahlreichen Fällen vor, wurden aber noch nicht in einem geschlossenen System dokumentiert und ausgewertet.

Si a las víctimas ya contabilizadas y documentalmente acreditadas se suman las de los contingentes de trabajadores forzados (civiles y militares), entonces !la cifra de 13 millones de víctimas podría ser ampliamente rebasada y aproximarse a los 17 millones apuntados por nosotros en 2009!

El professor Dr. Bellinger no es ningún antisistema, precisamente, sino alguien muy bien integrado en el sistema que cometió tales atrocidades. Un presidente del Rotary Club (1985-1986) es alguien que ha superado todos los filtros de confiabilidad oligárquica. Quizá su postura frente a los abusos perpetrados por los vencedores con los prisioneros alemanes, singularmente por parte de los americanos, se explique a partir de la siguiente afirmación:

Ich bin ein Freund Russlands und ein großer Freund und Bewunderer der Vereinigten Staaten, war oft - auch beruflich - dort und bin dankbar, dass ich in einem der Westsektoren mit Hilfe unter anderem der Amerikaner dazu beitragen konnte, unser Land wieder aufzubauen.

("soy un amigo de Rusia y un gran amigo de los Estados Unidos, he estado allí por motivos profesionales a menudo y me siento agradecido de haber podido contribuir en el sector occidental a reconstruir nuestro país con ayuda entre otros de los americanos"). Pero, ¿cómo se puede ser amigo de quien provocó una hambruna con 5.700.000 víctimas reconocidas como tales en su Tabelle? ¿Quizá de nuevo la "culpa alemana", que pone el carro delante del caballo y convierte los efectos en causas?

Abschließend erlauben Sie mir bitte eine persönliche Anmerkung. Meine Kritik und meine Untersuchungen sollen nicht die Straftaten der Deutschen in der Zeit von 1933 bis 1945 aufrechnen oder in Frage stellen.

Una vez más ya no se trata de los "hechos", sino de las interpretaciones, o sea, de la filosofía. Estos hechos forman parte de los misterios políticos de nuestra situación histórica, donde las evidencias del crimen se encuentran ya en las bibliotecas especializadas, para quien quiera buscarlas, pero sólo llegan a la prensa con cuentagotas y, desde luego, garantizando, en las formas y en el lenguaje, que pocos se atrevan a sacar las consecuencias políticas fulminantes de la espantosa verdad.

La consabida excusa habitual es que "los alemanes empezaron"; trátase empero de una falsedad que (ya hemos apuntado y documentado en otras entradas algunos datos pero seguiremos abundando en ello) no puede explicar las gigantescas atrocidades "progresistas" y "demócratas" que precedieron, ya sea al propio nazismo, ya al holocausto en cuanto tal.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

lunes, mayo 07, 2012

Amanecer dorado

Vuelve el nazismo puro y duro. Toda una medida de la crisis:


El nazismo surgió en su tiempo como reacción frente a dos fenómenos: 1/ la brutalidad asesina de la revolución bolchevique, que empezó a exterminar en masa mucho antes de la guerra civil rusa y actuó siguiendo un plan genocida expuesto por el judío marxista Gregory Zinoviev (éste ya avisaba en 1917, en efecto, de que los comunistas iban a liquidar a 10 millones de ciudadanos rusos; en la práctica fueron, como mínimo, unos 20 millones y, según Alexandr Solzhenitsyn, Premio Nobel de la Paz, 66 millones, sin contar 80 millones de víctimas de otros países dominados por esa misma ideología); 2/ el bloqueo naval inglés de Alemania durante la Primera Guerra Mundial, que vulneraba todas las leyes de la guerra y que, después de la rendición de Berlín, prosiguió implacablemente, con el fin de rematar la hambruna provocada a posta, causando la muerte de 1 millón de civiles alemanes, la mayoría mujeres y niños. Pero si por nazismo entendemos "Holocausto", entonces hay que añadir un tercer fenómeno, a saber, 3/ el plan de exterminio aliado de Alemania, hecho público en febrero de 1941 y puesto en práctica inmediatamente con los bombardeos terroristas ingleses; a tal efecto se utilizaron unos artilugios especialmente diseñados para quemar vivos al máximo número posible de civiles de nacionalidad alemana; dichas atrocidades fueron sólo la primera fase de un proyecto criminal que se completaba, tras la victoria de Churchill, Roosevelt y Stalin, con una nueva hambruna masiva y la castración generalizada de la población adulta de Alemania. La expresa finalidad de los mencionados estadistas era que la "raza germánica" desapareciera o quedara demográficamente amputada. Como consecuencia de estas medidas genocidas, 13 millones de alemanes, civiles y militares prisioneros desarmados, fueron exterminados entre 1941 y 1949.

Las erinias de la venganza

Pero hay que contabilizar además, en el haber de los "liberales" y de los "progresistas" actualmente en el poder, todas las tropelías cometidas o consentidas desde la firma de la Declaración Universal de los Derechos Humanos por los políticos promotores de tal documento, hogaño manchado de sangre y mierda desde la primera hasta la última página.

Cada tres años, 50 millones de personas han perecido de hambre y miseria en el Tercer Mundo. Multipliquemos y el resultado son unos 1000 millones de víctimas de la alta finanza de Wall Street. Hitler sería poco menos que Bambi comparado con la oligarquía.

El comunismo siguió, después de 1945, asesinando gente hasta alcanzar la cifra de 150 millones de víctimas.

Los judíos sionistas de extrema derecha perpetraron crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Palestina (la Nakba), instaurando un Estado racista y supremacista cuyas ambiciones no se limitan a lo conseguido hasta el día de hoy (sin prisa pero sin pausa), sino que pretende la construcción del Eretz Israel -del Nilo al Éufrates- con la lacayuna ayuda de los EEUU.

No olvidemos Hiroshima y Nagasaki, el mayor crimen de guerra que la historia humana registra. Entre otras fechorías.

Ahora irrumpe en la conciencia de la población la corrupción generalizada del sistema oligárquico occidental, basado en el dominio descarado de los sionistas y del mundo del dinero, es decir, en el desprecio más absoluto de los denominados "valores democráticos". Mientras existió en Europa un Estado del Bienestar, la mayoría de los ciudadanos pudo ser comprada combinando el "lavado de cerebro" sobre el "Holocausto" con un consumismo degradante. A cambio de ello, la oligarquía transnacional obtenía la total libertad del estamento político para saquear impunemente el erario público. Tenía tarde o temprano que llegar el desastre, la quiebra, y llegó. El nazismo vuelve como las Erinias de la Venganza. ¿Podía preverse otra cosa? El nazismo, por segunda vez, representa la consecuencia necesaria del dominio de la oligarquía. La corrupción no es más que la supuración purulenta, pestilente, de la podrida raíz asesina que sustenta al régimen oligárquico. El nazismo es efecto, no causa. Lo fue tras el Tratado de Versalles y lo es ahora de la impunidad de esos ladrones, mentirosos, criminales y genocidas denominados "políticos democráticos".

Nosotros no compartimos la ideología de Amanecer Dorado, pero, si estos "nazis" hacen justicia con la oligarquía local helena (de idéntica calaña que la nuestra), tampoco espere nadie que vayamos a lamentarnos. O, mejor dicho, protestaremos exactamente en la misma medida -léase: ninguna- en que dichos politicastros lo hicieran a lo largo de décadas ante la comisión de crímenes de dimensiones cósmicas de los que ellos serán responsables, por acción u omisión, hasta el fin de la eternidad.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica, 7 de mayo de 2012

sábado, mayo 05, 2012

Abdicación del rey


























Reivindicación unitaria para las concentraciones del próximo 15 de Mayo:


ABDICACIÓN DEL REY


Que implica:


a/ apertura de proceso constituyente;


b/ dimisión del estamento político en su totalidad;


c/ referendum monarquía/república.


NO ABANDONAR LAS PLAZAS HASTA QUE EL REY ABDIQUE.


Encender en España la llama del incendio. Este es el único camino para salvar el Estado Social y Democrático de Derecho en Europa. De la defensa del modelo social europeo depende el futuro de toda la humanidad.

!!!Digamos basta!!!


http://politica.e-noticies.es/pujol-tambien-amenaza-con-tirar-de-la-manta-34129.html


jueves, mayo 03, 2012

¿Qué hacer?

Oriol Pujol con Simon Peres en Israel.

Estamos viviendo tiempos decisivos. La oligarquía transnacional ha ordenado acabar con el "modelo europeo" de "Estado social y democrático de derecho". Este desmantelamiento es requisito de la globalización (un concepto que va mucho más allá de lo económico) y plataforma para actuaciones políticas de amplio alcance que, tarde o temprano, se desencadenarán en Oriente Medio, con Irán presumiblemente como objetivo principal de una nueva agresión sionista.

Interesa ahora una Europa dócil, sometida a los intereses de la deuda e incapaz de oponer la más insignificante brizna de crítica o resistencia a la construcción del Eretz Israel. El viejo continente avanza alegremente hacia la debacle de lo social y la más absoluta impotencia política. Eslabón débil de la oxidada cadena europea es España, pero la quiebra de nuestro país desacreditado arrastrará a otros, quizá al núcleo mismo del "eje" franco-alemán... Cuando todos los estados europeos, incluida Alemania, estén en mayor o menor medida de rodillas ante la alta finanza, llegarán los tiempos del mesías, que se definen por la realización de la locura bíblica fraguada en los lobbies, sectas y logias de Tel Aviv y Washington.

Impotencia de la izquierda tradicional

Aquello que más llama la atención, abstracción hecha del desparpajo, chulería e impunidad con que los políticos europeos están destruyendo a marchas forzadas y en cosa de meses unos derechos sociales que costó un siglo conquistar a los trabajadores, es la miserable y alevosa abyección de la izquierda  y del sindicalismo oficiales, que sólo saben "manifestarse" en patéticas procesiones carnavalescas, operando conscientemente como válvula de escape de la presión social a fuer de mojar la pólvora de la reivindicación popular para que su estallido no sobrepase los límites ideológicos marcados por la propia oligarquía. El único camino de radicalización que parecen conocer estas pseudo protestas, obra de políticos y sindicalistas comprados a base de subvenciones y sobres mensuales de dinero negro, es el uso de la violencia contra el mobiliario urbano, que grupos "antisistema" también financiados o tolerados (cuando no la mismísima policía) se encargan de desencadenar a fin de deslegitimar cualquier intento de salirse del guión narratológico hollywoodiense.

Puesto que las ideas de esos "movimientos sociales" son en sí mismas inocuas -"antifascistas"- y al estamento político oligárquico no le inquietan unas manifestaciones reclamando "más consumo", el único recurso que le queda a la izquierda tradicional para escenificar su "oposición"  visceral es la oportuna quema del contendor de basura. Pero ahí ya tiene previsto el dispositivo de dominación aquello que no puede pasar de representar (en el sentido teatral de la palabra) una mera violencia simbólica. Los grupos antisistema se encargan de marcar la noción misma de radicalización con la vulneración de la ley, y de asustar de esta guisa al ciudadano insuflándole el miedo al "caos" (y la consiguiente represión penal) si las masas populares se atrevieran a convertir la expresión lúdica e impotente del quejumbroso lloriqueo consumista en un verdadero acto político de disidencia susceptible de amenazar realmente a la oligarquía.

Desde una axiología de la verdad racional, hay que rechazar por principio ético el uso de la fuerza. Pero, al margen de ello, conviene recordar que no se puede vencer a la oligarquía por la violencia. La noción clásica de revolución, basada en la superioridad numérica e inercial de la masa demográfica movilizada, ha caducado definitivamente. La oligarquía es consciente de su poder meramente fáctico -tecnológico- y quiere llevar las protestas "radicales" a ese preciso terreno de deslegitimación simbólica, donde el gobierno de turno todo lo tiene ya ganado, pues puede aplicar los mecanismos represivos ordinarios sin desgastarse. El ciudadano indignado ha de ver con sus propios ojos y experimentar incluso en la angustia de los pelotazos de goma de la policía, que quienes hacen trizas, sin que se sepa muy bien por qué, los escaparates de los negocios, son "radicales" -o piquetes sindicales- que no le representan, profesionales de la transgresión que "manchan" y estigmatizan cualquier clase de respuesta popular a las fraudulentas medidas anticrisis. Pero, al mismo tiempo, estos antisistema, estos antifascistas, han de controlar de alguna manera el extremo radical de las movilizaciones, el enclave de una posible ruptura política, a fin de evitar, precisamente, que la radicalización no se enderece hacia la dirección ideológica prohibida. Múltiples son, por tanto, las funciones simbólicas de los grupos violentos: monopolizar el concepto de radicalización, desacreditarlo vinculándolo al vandalismo e impedir que una idea alternativa de radicalidad desborde por la izquierda el antifascismo -léase: ponga en la picota la ideología oficial del sistema, que los grupos "antisistema" (¿?), o sea, los antifascistas, preservan en el meollo mismo de la movilización. El entero escenario mediático -la realidad tal como la percibe el individuo- está así configurado de antemano a efectos de impedir el nacimiento de la genuina idea radical, aquella que no necesite de los golpes, destrozos y las agresiones físicas como muleta o instrumento estratégico añadido para cuestionar los poderes vigentes, pues en sí misma, mediante su simple exposición pública "irénica" en un contexto masivo, corroería los fundamentos doctrinales del sistema oligárquico.

Dicho brevemente: o la idea en cuanto conciencia social será autosuficiente en tanto que incompatible con la existencia misma de la oligarquía, o la única radicalización de una idea como tal inocua tendrá que ser el acto violento, es decir, incurrir en su propia y voluntaria (auto)cancelación política. El ejemplo paradigmático de esta inocuidad violenta es el antifascismo de los radicales de izquierda confrontado con el antifascismo de las élites judías de Wall Street. Aquí se acaba la comedia a menos que uno se haya convertido en un cretino rematado. Pero, al parecer, de éstos hay muchos, decenas de miles: observemos cuáles son las "ideas" de las movilizaciones, tanto de las centrales sindicales cuanto de los indignados o grupúsculos antisistema. Se trata de meras réplicas del discurso institucional oficial que colocan bajo idéntico paraguas simbólico a banqueros y okupas. Esto no quiere decir que cualquier barbaridad antisemita, por el simple hecho de negar tales discursos, pueda convertirse ya en el ariete de una victoria nacional-popular que está obligada moral y estratégicamente a ser pacífica, democrática... Una idea sólo puede devenir revolucionaria si ya es compartida, aunque lo sea sólo inconscientemente, por la inmensa masa de la población; mas una tal constatación de sentido común parece conducirnos al tipo de reivindicaciones que abundan últimamente por las calles como respuesta a los recortes; palabrería conformista que se resume en la mera oposición a esos "retrocesos sociales", en peticiones de volver a la buena y feliz sociedad de consumo de la segunda mitad del siglo XX, etc.

¿Cómo puede hablarse, por tanto, de una idea en sí misma revolucionaria, en cuanto negación de lo existente y, al mismo tiempo, de una idea compartida por la inmensa mayoría de la población? Esa idea muestra un rasgo inconfundible: el hecho de condensar un conflicto de valores interno en el seno de la propia escala de valores asumidos oficialmente por el sistema, pero de facto incompatibles entre sí.  Y tiene, dicha idea, que afectar a los fundamentos mismos del discurso ideológico vigente: el antifascismo. Mientras los políticos profesionales conserven la legitimidad última de los valores, el monopolio moral de la democracia y los derechos humanos con que acallan a cualquier disidente acusándolo de "fascista", toda crítica o manifestación fuera del parlamento, ajeno al montaje electoral corrupto, independiente de las "instituciones" y del escenario mediático construido artificialmente en torno a ellas, será en el mejor de los casos un "respetable" acto festivo de botellón pseudo político que en nada dañará a aquéllos políticos o, si quiere dañarles "de alguna manera" mediante la descarga de la justa ira popular, derivará hacia el callejón sin salida del vandalismo.

El camino de la revolución democrática

Sólo existe, a nuestro entender, un camino posible: la idea, sí, pero aquella que deslegitima de raíz al estamento político. No a este o aquel partido, no a los políticos de un determinado país, sino a la casta política occidental como un todo unitario (=gestores de la oligarquía económica). Y esa idea es la del crimen de masas, léase: de los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados, antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial por los Estados que construyeron la sociedad que ahora se va a pique (1945-2008). Estamos ante los delitos más graves que a alguien quepa imputar y que han sido castigados, en el caso del nazismo, con la pena de muerte, pero que, por lo que respecta a los vencedores de dicha guerra, quedaron siempre completa y vergonzosamente impunes. Los crímenes de masas, transgresiones penales perpetradas habitualmente por jefes de Estado, gobiernos, políticos y altos cargos civiles o militares, no prescriben, es decir, para ellos no existe una fecha en la que ya no se los pueda perseguir legalmente. En este sentido, los delitos cometidos permanecen jurídicamente vivos. Además, tales crímenes no sólo se contemplan en el aspecto de la comisión directa, sino en el de la banalización, la omisión de su persecución, la justificación después del acto, etcétera. Recuérdese que hay personas procesadas y encarceladas acusadas de genocidio (tal cual) por publicar libros, pero los perpetradores y cómplices del gulag, la revolución cultural china, el holodomor, la Nakba (Palestina), Hiroshima-Nagasaki, Vietnam, Iraq, Dresden, el plan Morgenthau y tantos otros delitos de lesa humanidad, se pasean libremente  ocupando en algunos casos cargos políticos e institucionales o son tratados por las instituciones mismas como si dichos crímenes simplemente no existieran. Por ejemplo, al régimen de Pekín se le conceden unas olimpiadas después de que el Consejo de Europa le haya atribuido 65 millones de víctimas.

Únicamente la acusación directa, masiva, en las calles, dirigida a la casta política toda, como responsable, por acción u omisión, de los genocidios olvidados e impunes del siglo XX, puede derribar a los políticos occidentales e impedir el desmantelamiento del Estado social y democrático de derecho en Europa. No es necesario, subrayémoslo, con esta "idea", recurrir a la violencia: la idea misma resulta letal para los asesinos que nos gobiernan. En cuanto tal, se puede traducir en actuaciones legales concretas si se asocia esta "causa general" a un cambio político pacífico, a una reforma constitucional, a la regeneración del sistema democrático en su conjunto que, por lo que a España respecta, deberá pasar por la previa abdicación del rey y la convocatoria de una asamblea constituyente (republicana).

Las palabras "asesinos", "genocidas", "criminales", y no sólo "corruptos", deben encabezar  así las manifestaciones contra los políticos. Esto es un problema para la vetero-izquierda vinculada al comunismo, pues esa izquierda totalitaria, que tiende a fiscalizar y controlar desde dentro las movilizaciones más "radicales", lo último que querría es tener que rememorar los crímenes masivos de Lenin, Stalin o Mao, así como la complicidad del occidente "capitalista" en su perpetración. ¿Va a denunciarse a sí misma? Por tal motivo, la lucha por una nueva izquierda que no oculte a sus espaldas un armario repleto de cadáveres, que no resulte, pues, vulnerable ante una réplica propagandística de la oligarquía, representa una necesidad vital para los trabajadores europeos. Éstos permanecen atados a los despojos funerarios putrefactos del comunismo, que nada pueden hacer contra el poder oligárquico, toda vez que sería el sistema mismo el que mantiene la fantasmal existencia post mortem del monstruo a fin de perpetuar la impotencia del espacio político de izquierda radical. En el relato de Hollywood -la única fuente de información histórica para la inmensa mayoría de los ciudadanos-, la extrema derecha judía "perdona" simbólicamente a la extrema izquierda sus crímenes, pero a condición de que ésta se mantenga fiel al antifascismo en dicho enclave fundamental del espectro político.


No se puede, por otro lado, erigir la acusación de "genocidas" desde la extrema derecha europea, pues ya sabemos que la respuesta del sistema sería un simple recordatorio del "holocausto". La ultra es terreno minado y el destino de los Le Pen certifica una y otra vez, excepto para los propios interesados en ese bochornoso negocio xenófobo y racista, el techo electoral insuperable de los populismos catolicutres.

El liberalismo, que es el espacio político desde el que se gobierna y planifica la construcción del mercado mundial, la globalización y demás filosofemas del proyecto sionista (racista) de mestizaje universal, tampoco parece el lugar o posición política adecuada -aunque el tonto de Cervera opina de otro modo- para levantar la pancarta de la que sería la imputación criminal más grave de la historia de la humanidad. Sólo desde la izquierda, pero desde una nueva izquierda, cabe esperar que se alce la respuesta a las actuaciones de la oligarquía transnacional contra los trabajadores europeos, incluso por lo que respecta a la canallesca política de inmigración desplegada en nombre de la "libre circulación de la fuerza de trabajo" y el "humanitarismo" pero con el cerdo capitalista y del racista sionista asesino como únicos beneficiarios. Esa (nueva) izquierda tiene que ser nacional porque sólo las instituciones de la nación, y no los entes oligárquicos internacionales (FMI), europeo-comunitarios o, mucho menos, mundiales (ONU, OMS), conservan todavía un mínimo contacto con el ejercicio real de la soberanía popular.

Hemos señalado la orientación de una camino: no se trata únicamente de reclamar que se abolan las leyes de recortes sociales, estrategia puramente defensiva y carente de fuerza política, sino de juzgar a los culpables de la crisis. Es menester una estrategia de ataque que represente para los políticos actuales algo así como una sonora bofetada simbólica: tienen que conocer la sensación del miedo que ahora atenaza a millones de  humildes ciudadanos abocados al abismo, al suicidio incluso. !Hasta que los políticos no sientan que pueden salir mal parados a título individual, no abandonarán la guadaña social! !Hay que borrarles la sonrisa de la cara! Sabemos que los políticos profesionales son unos asesinos sin escrúpulos, racistas, genocidas... ¿necesitamos alguna convicción más poderosa que ésta para liquidarlos políticamente de una vez por todas? Pues no hallaremos las normas que nos permitan juzgarlos y encarcelarlos de forma legal y democrática por corrupción, siendo así que los mismos políticos han configurado las legislaciones penales vigentes de tal manera que nunca se les pueda sentar en el banquillo de los acusados. Sólo existe un punto en todo el entramado legal que, sin incurrir en aplicación retroactiva (evitando por tanto con ello vulnerar uno de los principios fundamentales del derecho), nos permitiría actuar pacíficamente contra la casta política, apartándola del poder de manera generalizada y definitiva. Ese punto es, como hemos dicho, el del crimen de masas impune. La conciencia popular sobre la verdad de esos delitos afectaría, sin duda, a la interpretación oficial de la Segunda Guerra Mundial, pero demolería también los fundamentos simbólicos del sistema oligárquico sin destruir al mismo tiempo la democracia. En este sentido, la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA) ha desarrollado la única estrategia posible para acabar con el antifascismo que nos oprime impidiendo resucitar, de rebote, el espectro del fascismo, el cual representaría la más eficaz legitimación del uso de la fuerza por parte de la oligarquía.

Propuestas concretas

Concentraciones ante los parlamentos en los que se acuse a los políticos profesionales de genocidas, asesinos, criminales..., y no sólo de corruptos, distribuyendo entre los ciudadanos folletos con listas de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad impunes en los que exista directa responsabilidad de las instituciones democráticas actuales tanto por acción como por omisión.

Peticiones directas y únicas de dimisión del jefe de Estado y la correspondiente institucionalización de una Asamblea Nacional Constituyente.

Formación de Asambleas de Salvación Nacional en todos los municipios para canalizar el proceso de regeneración democrática de las instituciones en una dirección asamblearia, social y nacional.

Petición única para las acampadas del 15 de Mayo: ABDICACIÓN DEL REY.

 


martes, mayo 01, 2012

Metástasis del pujolismo (1). La célula originaria del carcinoma institucional catalán

Los últimos escándalos han puesto en evidencia algo que la ciudadanía catalana ya sabía pero los políticos negaban: que no cabe hablar de “casos” de corrupción, sino de un sistema corrupto del que son cómplices, por acción u omisión, todos los partidos representativos, casi sin excepción. El hecho de que el Parlament conociera las irregularidades contables del Ayuntamiento de Santa Coloma y no moviera ni un dedo para investigar los hechos constituye una pieza de convicción irrefutable de la putrefacción de toda una clase política.

Coherentemente con ello, se sigue respetando a quien ha sido el inventor del modelo corporativista de “ley del silencio” mafiosa que impera en Cataluña y que hace de la corrupción un hecho intrínsecamente vinculado al actual catalanismo. Ese hombre es Jordi Pujol i Soley, alguien que con el caso Banca Catalana puso los fundamentos del oasis catalán. Estamos ante un dispositivo de opacidad informativa en virtud del cual toda crítica a lo que no funcione en el país se considera un acto antipatriótico. Bajo tal paraguas ideológico, los corruptos, los incompetentes y los criminales se han sentido impunes durante décadas y, claro, el cáncer se ha ido extendiendo hasta enfermar la totalidad de los tejidos institucionales: metástasis.

El estallido coincide con una crisis económica mundial de consecuencias devastadoras, de manera que este “hecho diferencial” específico del sistema político catalán nos hace singularmente vulnerables a los catalanes, pues supone la desmoralización y pérdida de valores de toda una sociedad. Cataluña no se recuperará hasta que se levante la veda del pujolismo y del personaje Pujol, lo que implica un verdadero ajuste de cuentas con el pasado y un relevo generacional en todos los partidos o bien, en caso de que éstos se empeñen en mantener el dispositivo oligárquico imperante, la fundación de organizaciones alternativas, asamblearias y democráticas, de ciudadanos autónomos.

Es necesario, sin duda, un cambio profundo, pero se equivocan quienes crean que éste vendrá de un nuevo gobierno de CiU. Artur Mas, nombrado a dedo por Pujol como su “heredero”, es “más de lo mismo”: la perpetuación directa y flagrante del pujolismo. No hablemos ya de Duran i Lleida, paradigma del catalanismo corrupto. Apoyar actualmente al nacionalismo “de siempre” equivale a querer apagar un incendio con gasolina.

Jaume Farrerons
19 de noviembre de 2009

¿PUEDE UN LADRÓN DEFRAUDADOR Y MENTIROSO GOBERNAR CATALUÑA E IMPONERLES SACRIFICIOS A LOS MISMOS CIUDADANOS QUE HA ENGAÑADO?

http://www.vozbcn.com/2010/11/24/43358/mas-beneficiario-fondos-evadidos/

Mas figura como ‘beneficiario’ de los fondos evadidos por su padre durante 24 años en bancos extranjeros

La Audiencia Nacional archivó el lunes el presunto delito de evasión fiscal cometido por el padre del líder de CiU ‘por prescripción’.

Redacción. Miércoles, 24 de noviembre de 2010 | 11:17. Instrucción archivada. Dudas razonables. Artur Mas Gavarró, candidato de CiU a la presidencia de la Generalidad de Cataluña, es uno de los ‘beneficiarios’ de los fondos evadidos por su padre Arturo Mas Barnet, en los últimos 24 años, según un informe de la Agencia Tributaria en manos de la Fiscalía Anticorrupción. El Juzgado de Instrucción número uno de la Audiencia Nacional (AN) archivó el lunes el presunto delito de evasión fiscal cometido por el padre del líder de CiU ‘por prescripción’.


Además de Mas hijo, también aparecen como ‘beneficiarios’ la mujer de Mas Barnet y los hermanos del líder de CiU, según ha publicado este miércoles El Mundo, que ha tenido acceso al informe de la Agencia Tributaria. En el depósito abierto en el banco LGT de Liechtenstein existe una copia del DNI del candidato de CiU, y del resto de ‘beneficiarios’, aunque Mas Gavarró niega haber tenido conocimiento de esta evasión fiscal y asegura que su padre ha regularizado ya la situación.

Santiago Pedraz, juez titular de la AN, argumenta que el fraude fiscal del depósito en el banco de Liechtenstein fue perpetrado antes de 2002 y, por tanto, ya no puede ser castigado. El juez acepta así la petición de archivo -que puede ser recurrida- que le presentó la Fiscalía el pasado día 17 de noviembre, 10 días antes de las elecciones del próximo 28N.

Los fiscales Anticorrupción señalan en su escrito -que la formación nacionalista ha facilitado a El Mundo- que sospecharon inicialmente que el delito no había prescrito, porque detectaron que todavía en 2005 Mas Barnet había abierto una cuenta en el banco suizo UBS, con dos millones de euros, pero el padre de Mas Gavarró defendió que esa cantidad era la que ya disponía anteriormente a 2002 en varios bancos.

‘Lo que conlleva la ocultación de rentas a la Hacienda Pública


En el informe de la Agencia Tributaria figuran los nombres de los hijos de Mas Barnet y el de su esposa como ‘beneficiarios’ del depósito oculto, incluso en el periodo 1997-2002, periodo en el que Mas Gavarró fue consejero de Hacienda -es decir, máximo responsable de las finanzas de la Generalidad- en los gobiernos autonómicos de Jordi Pujol.


Según El Mundo, este depósito fue descubierto en 2008 por las agencias tributarias europeas al comprar el Gobierno de Alemania un archivo robado por un empleado del LGT Bank, entidad propiedad de la familia que gobierna el Principado de Liechtenstein.


La Agencia Tributaria española también se hizo con esta información y muchos de los afectados, como Mas Barnet, decidieron presentar declaraciones complementarias tanto en concepto de Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas (IRPF) como de Patrimonio para evitar problemas judiciales en España. Sin embargo, Mas Barnet presentó declaración complementaria solo de las que era él titular único.


Los autores del informe, los inspectores de la Oficina Nacional de Investigación contra el Fraude (ONIF) Víctor Morena y Javier Rubio, indican que ‘ante esta circunstancia, al no existir información sobre los saldos existentes antes de 2002 por carecer de documentación, los saldos descubiertos serían imputables en el IRPF a dicho periodo como ganancia patrimonial y corresponderían al señor Mas Barnet, lo que conlleva la ocultación de rentas a la Hacienda Pública, que determinarían el incumplimiento de la obligación de contribuir con una cuota por importe superior a 120.000 euros en el IRPF del año 2002′.


A partir de esta cifra, según establece el Código Penal, se considera que existe delito fiscal. Pero el mismo código prevé prescripción si se ha producido cuatro años antes. El escándalo fue descubierto en 2008. La regularización se hizo ese año, pero afectando a las declaraciones realizadas a partir de 2003.


Pensionista jubilado de apenas 18.000 euros


Los inspectores resaltan también que ‘debe destacarse el hecho de que, aunque la información recibida cifraba en 500.000 euros el importe del depósito en la fundación de Liechtenstein, lo cierto es que a través de las declaraciones extemporáneas de 2003 a 2006 se afloran cantidades muy superiores partiendo de 1.772.936,87 euros en 2003 y alcanzando 1.953.226,90 euros en 2006′. Ese dinero, concentrado en UBS, incluye ya el depósito de Liechtenstein.


En la Delegación de Hacienda de Barcelona, a la que pertenece Mas Barnet, consta que este se presentaba ante el Fisco como un pensionista jubilado que disponía de algunas cuentas y acciones en España y declaraba una base imponible de apenas 18.000 euros. Sin embargo, tras regularizar su situación reconoció que esos 18.000 euros eran en realidad un 11% de sus ingresos verdaderos. La pequeña base liquidable de pensionista se convirtió después de ser descubierto en otra superior a los 164.000 euros.


Tras hacerse público el escándalo, en 2008, Mas Barnet presentó ocho declaraciones complementarias por las que ha abonado a las arcas públicas un total de 202.728 euros, según la cifra que aparece en el citado informe de la Agencia Tributaria. La razón de que dispusiera de dinero en los bancos extranjeros se debe, según el partido nacionalista, a que vendió en 1984 unos negocios y los compradores quisieron pagar una parte de manera que no fuera conocida por el Fisco.


Mas no sabía nada, dice


Artur Mas Gavarró ha negado a El Mundo haber tenido conocimiento alguno de las operaciones en las que aparece el nombre de su padre, de él mismo y de sus hermanos y madre en Suiza y Liechtenstein: “Yo no sabía nada de eso”. Y tampoco tenía conocimiento, asegura, de que constara como uno de los ‘beneficiarios’ de los fondos sin control de Hacienda.


Sin embargo, ahí, en los registros del banco LGT, figura una fotocopia de su DNI, que no sabe cómo ha llegado hasta allí: “Las operaciones de mi padre le corresponden a él”, y ha remarcado que la situación de Mas Barnet ya ha sido regularizada.