jueves, febrero 11, 2010

Los ideales fascistas (1)

"Yo amo a los que para hundirse en su ocaso y sacrificarse, no buscan una razón detrás de las estrellas, sino que se ofrecen a la tierra para que ésta pertenezca algún día al superhombre".

(Nietzsche)

¿Cómo? ¿Creyó el fascismo en unos ideales, en unos principios éticos, en unas normas morales y políticas por las que millones de hombres entregaron sus vidas? Esta afirmación puede parecer un escándalo y no tiene nada que ver con la cuestión teórica de si dichos ideales han de ser considerados, o no, válidos en sí mismos. Conviene subrayarlo: el sacrificio nunca convalida lógicamente aquéllo en lo que "cree" el individuo o el grupo. En cambio, sí acredita que dicha creencia es subjetivamente experimentada como válida de forma sincera y comprometida (hasta sus últimas consecuencias en el caso de los fascistas) por quienes la reivindican. La validez lógica de los ideales debe poder fundamentarse en otro plano de la existencia, a saber, el de la práctica teórica. Que, como decimos, unos hombres hayan dado sus vidas por  una determinada ideología no la fundamenta, pero tampoco la refuta.

Idealismo y materialismo como motivos subjetivos de la revolución

Nuestra intención en el presente post es doble. Por una parte, ver las cosas, algo poco habitual, desde la perspectiva ética de los fascistas. Por otra, analizar, de manera preliminar, hasta qué punto los ideales fascistas pudieron tener sentido y fundamento a despecho de las apariencias actuales, muy condicionadas por medio siglo de propaganda antifascista. A nuestro entender, el planteamiento fascista ostentaba, como poco, un sentido racional comunicable argumentalmentePodemos compartir o no, dicha postura, pero en cualquier caso parece dudoso sostener, como se pretende, que la misma nunca fuera una mera locura (véase, por ejemplo, en El hombre rebelde de Albert Camus, el capítulo dedicado a "El terrorismo de Estado y el terror irracional" (Camus, A., El hombre rebelde, Buenos Aires, Losada, pp. 165-174). Por ejemplo, en la p. 166: "Mussolini y Hitler trataron, sin duda, de crear un imperio y los ideólogos nacional-socialistas pensaron, explícitamente, en el imperio mundial. Su diferencia con el movimiento revolucionario clásico consiste en que, siendo herederos del nihilismo, prefirieron divinizar lo irracional, y sólo ello, en vez de divinizar la razón". En conclusión, según Camus: "las revoluciones fascistas no merecen el título de revolución" (ibídem). Al contrario, nuestra idea es que la única revolución real es la fascista, pues sólo el fascismo subvierte los valores vigentes y lo hace en función de un planteamiento racional. Horkheimer está de acuerdo con la primera parte de la frase.

Otro de los argumentos que se utiliza para diferenciar al comunismo del fascismo consiste en sostener que los ideales comunistas no se pueden confundir, por ejemplo, con las "repugnantes ideas" racistas de los nazis. El comunismo, se afirma, luchaba por una sociedad más justa, en la que ya no existieran opresores ni oprimidos, una sociedad igualitaria donde todos los hombres pudieran ser "felices" realizando al mismo tiempo sus "potencialidades" creativas. El fascismo, en cambio, se sostiene, partía en dos a la humanidad, elevaba a los ciudadanos de algunos pueblos a la categoría seres superiores, elegidos para vivir en una especie de "sociedad perfecta", y degradaba otros al rango de seres inferiores, destinados a la extinción. Los crímenes del fascismo, sean cuales fueren, serían así siempre más condenables que los del comunismo, porque éste,  en el fondo, representaría supuestamente la desviación casi accidental de un ideal intrínsecamente correcto, asumible por cualquier "persona normal" en una sociedad democrática. Aquéllo que se cuestiona del comunismo no son, en suma, los ideales, sino sólo los métodos (violentos). Un ejemplo claro de este tipo de falacia es el de ETA: los terroristas pueden reintegrarse cuando quieran a la sociedad liberal, siempre y cuando renuncien a seguir matando gente en nombre de su "bello ideario" marxista-leninista. Para el fascista, en cambio, las cosas son bien distintas: aunque no haya matado a nadie, aunque se limite, incluso, a reivindicar los derechos humanos (conozco el caso por mi experiencia personal en las cárceles), la etiqueta de "fascista" servirá para sentenciar su muerte civil. Cualesquiera que sean los métodos del fascismo, sus ideales resultarían inasumibles per nadie que esté en su sano juicio o se conciba a sí mismo simplemente como una "persona decente" (véase el soldado Ryan). O uno "cree" en la "alegría", en la "felicidad", en el "bienestar", etc., o ya es sospechoso de herejía humanista. ¿Quién, sino un demonio, negaría todo eso que constituye el sustento axiológico de la existencia humana, de la amistad, de "tomar un café en buena compañía" (Farías dice que Heidegger niega todo eso, alucinante), bla, bla, bla?

Naturaleza despiadada del materialismo comunista

Sin embargo, las cosas no son tan sencillas y vamos a demostrarlo. Basta echar una ojeada a la ideología del comunismo moderno, que es el marxismo, para darse cuenta de que éste también condena al dolor y a la muerte a una gran parte de la humanidad, la cual, de forma necesaria, debe perecer según los teóricos comunistas para que "al final de la historia" un grupo de privilegiados disfruten de todos los placeres concebibles en una sociedad plenamente materialista.

Aquí se plantean dos cuestiones:

a/ las etapas históricas por las que, según el marxismo, la sociedad debe pasar de forma necesaria para culminar en el denominado "modo de producción comunista", es decir, en la realización de una utopía de carácter puramente material, hedonista y eudemonista (placer y felicidad como valores supremos);

b/ la exigencia ética de sacrificio y dolor que se impone a otras personas para que tal sociedad futura sin sacrificio ni dolor llegue a realizarse algún día.

Por lo que respecta a la primera cuestión, quisiera recordar aquí un texto de Marx en el que critica un programa político de su tiempo por el hecho de condenar el trabajo infantil. Este revelador fragmento pone en evidencia el despiadado esquema de exterminio que subyace de forma ineluctable a los "bonitos" ideales comunistas. En efecto, Marx considera que el trabajo infantil es necesario para el desarrollo de la sociedad capitalista, cuya plena madurez constituye el requisito a los efectos transitar hacia la siguiente etapa de la evolución histórica (el "progreso"), a saber, el socialismo y, finalmente, el comunismo. Marx se sorprende de que no le hayan entendido algunos bondadosos humanistas de su época: el capitalismo, para Marx, debe existir igual que era menester que existiera el "modo de producción esclavista" en la antigüedad. Los esclavos que, liderados por Espartaco, se rebelaron contra Roma, estaban equivocados, porque su ideal era puramente romántico, representaba ese "buenismo" inconsecuente con el que se intenta justificar propagandísticamente el comunismo ante las masas pero que Marx, de forma brutal, rechaza y condena en sus textos teóricos más esotéricos:

"'Prohibición del trabajo infantil'. Aquí era absolutamente necesario señalar el límite de edad. La prohibición general del trabajo infantil es incompatible con la existencia de una gran industria y, por tanto, un piadoso deseo, pero nada más. El poner en práctica esta prohibición -suponiendo que fuese factible- sería reaccionario"

(K. Marx, "Crítica del programa de Gotha", versión española revisada y ajustada a la revisión rusa de 1953, Madrid, Ricardo Aguilera Editor, 1968, p. 42. El texto original de Marx en alemán es del año 1875).

Marx muestra su desprecio por el derecho y las pautas de conducta éticas en otro texto donde, como ya he señalado en mi ensayo "¿Qué significa ser de izquierdas? (II)", eleva la anécdota anterior a categoría general de actuación revolucionaria ideológicamente sancionada:

"mostrar que era un crimen intentar, por un lado, imponer otra vez en nuestro Partido, como si se tratara de dogmas, ideas que en un período tuvieron algún significado pero que hoy son obsoleto desecho verbal, mientras, por otro lado, volvemos a pervertir la perspectiva realista, que tanto esfuerzo costó instilar en el Partido y que hoy ha encontrado en él su espacio, con el absurdo ideológico sobre derecho y otras basuras, tan comunes entre los demócratas y entre los socialistas franceses"

(K. Marx, citado por Johathan Glover, "Humanidad e inhumanidad. Una historia moral del siglo XX", Madrid, Cátedra, p. 351).

Esta "perspectiva realista" a la que apela Marx es la que llevará a algunos socialistas, como Mussolini, a fundar el fascismo. Porque, en efecto, las contradicciones éticas en las que incurre el marxismo son flagrantes. Desde una posición materialista no se le puede exigir a nadie que se sacrifique por el futuro de la humanidad. La construcción del modo de producción comunista supone, en efecto, no sólo que una parte de esa misma humanidad haya de ser explotada por los capitalistas, los señores feudales y los esclavistas, sino que, además, se le reclama al trabajador que adopte pautas de conducta heroicas, no materialistas, idealistas, a fin de ver realizado un modelo utópico que, por su parte, pondrá fin a todo idealismo, a todo heroísmo, etc., en beneficio del simple "bienestar" de las masas.

El problema del idealismo revolucionario

Los pensadores pre fascistas y fascistas se preguntaban qué diferencia podía existir, en términos morales, entre ser explotado por un capitalista contemporáneo y ser instrumentalizado de facto por los futuros beneficiarios de la revolución, para los que quienes han muerto por ellos son meras cosas que les resultaron muy útiles y gracias a las cuales pudieron llegar a ser "felices". A los ojos de los fascistas resultaba claro que lo moralmente superior (=la pauta de conducta idealista) no podía estar al servicio de lo moralmente inferior (=la pauta de conducta materialista) y que el hombre heroico, el revolucionario de vocación, debía ser considerado, a efectos éticos y axiológicos, más valioso que el "último hombre" (Nietzsche) del modo de producción comunista. Los socialistas que han leído a Nietzsche después de Marx no pueden sino experimentar auténtica repugnancia hacia las proclamas que, en nombre de la "felicidad del mayor número", de la justicia y hasta del "amor", incitan a la violencia política, al exterminio del adversario político y, en definitiva, a un baño de sangre que se legitima a base retórica kitsch sobre "bellos ideales" comunistas de paz universal.

El fascismo, razonando y no entregándose, como pretende Camus, a lo irracional, invertirá los términos: el héroe no puede ser "utilizado" como un medio en provecho del hombre-masa, es decir, del afortunado parásito del final de la historia. Antes bien, el revolucionario dispuesto a morir por sus ideales encarna, frente al "último hombre", un valor en sí mismo, porque representa la más alta expresión de la humanidad hasta ahora conocida. Si el héroe se sacrifica por algo, será por un ser que le trascienda en la escala ética y esa figura no se corresponde ni con Dios (ideario de la derecha) ni con el energúmeno consumista actual que Nietzsche calificara proféticamente de último hombre (ideario de la izquierda), sino con el Übermensch. Esta palabra alemana se traduce habitualmente por "superhombre", pero en realidad hay que entender el Übermensch no como un vulgar "superman", sino como la figura mítica que encarna el salto evolutivo de la especie humana hacia otra figura histórico-colectiva del más alto rango ético. Una figura en que las potencialidades espirituales del hombre se hayan desarrollado al máximo.

Son, por tanto, las contradicciones lógico-morales del socialismo marxista las que conducen al socialismo fascista. Se puede seguir todo el proceso y con ello queda refutada la imputación de irracionalismo. Ahora bien, será necesario analizar en el interior del marxismo, con cierto detalle, dichas aporías y cortocircuitos intelectuales, para entender por qué Benito Mussolini, el dirigente socialista más importante de Italia, decídese a fundar el fascismo. La aportación teórica del ideólogo prefascista Georges Sorel tendrá un carácter decisivo.

De esta cuestión, empero, nos ocuparemos en otro post.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
7 de abril de 2010

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html

 

lunes, febrero 01, 2010

Los asesinos que nos gobiernan

Mas no olvidemos que la violencia no existe y no puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira (Alexandr Solzhenitsyn).
El presente artículo intenta desarrollar un argumento muy sencillo, claro y comprensible para cualquiera que se detenga un minuto a reflexionar. Veámoslo.

Es un hecho que los aliados justificaron la guerra contra la Alemania en la defensa de los derechos humanos frente a la "barbarie nazi". No obstante, también es un hecho que, cuando Alemania invade Polonia, ésta es asimismo invadida por la URSS y, sin embargo, Inglaterra no le declara la guerra a Stalin, sino sólo a Hitler. Es un hecho que cuando Churchill y el dictador soviético hacen causa común contra el fascismo, el régimen comunista ha exterminado ya a 13 millones de personas, mientras que, por el contrario, el holocausto todavía no ha empezado siquiera. Es un hecho que en 1941, mientras los nazis planean trasladar a Madagascar a todos los judíos, y no masacrarlos, los ingleses tienen otras ideas en mente: bombardear las principales ciudades alemanas y aniquilar completamente a sus habitantes, unos quince millones de personas. A tal efecto diseñarán unas bombas incendiarias especiales, pensadas para quemar vivos al máximo número de ancianos, mujeres y niños. Así murieron un millón de alemanes inocentes y además se alargó la guerra de forma innecesaria. Es un hecho que, por las mismas fechas, es decir, años antes de que, según los historiadores oficiales, empezara el Holocausto, se publicó en Estados Unidos un libro donde se proponía la aniquilación total del pueblo alemán. Es un hecho que el plan del Bomber Command inglés semejaba de manera harto creíble la aplicación, en primera instancia, de ese proyecto de genocidio en toda regla y que los nazis, además de difundir el libro entre la población, tomaron buena nota de dichas intenciones abiertamente criminales por lo que respecta al trato dado a los judíos. Es un hecho que los norteamericanos arrojaron una bomba atómica sobre Hiroshima cuando ya sabían que Japón estaba dispuesto a firmar la paz, y que se apresuraron incluso a hacerlo temerosos de que el gobierno nipón se rindiera antes de poder usar ese "maravilloso" artefacto de aniquilación. Es un hecho que EEUU lanzó una segunda bomba atómica en Nagasaki cuando los japoneses ya se habían rendido. Es un hecho que dos millones y medio de alemanes fueron exterminados en la expulsión masiva de sus antiguos territorios del Este, unas provincias que estaban pobladas por germanos desde el siglo XII. Es un hecho que, después de la guerra, los civiles alemanes fueron sometidos por los americanos a una hambruna planificada que provocó la muerte de millones de inocentes, y otro tanto puede decirse de los soldados alemanes prisioneros de los franceses y de los norteamericanos, con más de un millón de víctimas. Es un hecho que, en 1948,  los ultraderechistas sionistas expulsaron a los árabes de Palestina y fusilaron a los varones poblado a poblado ante la mirada indiferente de los soldados británicos del Mandato y de los observadores de las Naciones Unidas... Podríamos continuar con la lista de "actos inhumanos", que incluye los 100 millones de víctimas del comunismo en Rusia, China, Corea del Norte, Camboya y otros lugares del planeta. Nos detendremos aquí.

¿Democracia u oligarquía?

Pero, a efectos jurídicos, lo más grave no es tanto que esos crímenes se cometieran, sino que, después de juzgar al nazismo en Nüremberg, no se intentara aplicar las mismas normas y principios humanitarios a los responsables de tales atrocidades; es espantoso que durante medio siglo, cada día, hayamos escuchado la misma cantinela sobre Auschwitz remachando a todas horas la idea fija, obsesiva, machacona, el lavado de cerebro de la infinita maldad de Hitler, mientras el poder "democrático" (=oligárquico), en cambio, no tenía nada que decir sobre los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores. ¿No resulta un poco sospechoso, en orden a juzgar las motivaciones de la famosa "cruzada antifascista por los derechos humanos" (?), que los políticos del sistema sólo hayan castigado a los vencidos, que única y exclusivamente los vencidos, y sólo ellos, sean los intrínsecamente perversos? ¿No es sorprendente y hasta chocante que dichos políticos, además de dejar impunes los mencionados crímenes, de dimensiones cósmicas, los hayan silenciado sistemáticamente, intentando borrarlos de la conciencia pública? ¿Actuarían así unos auténticos "defensores de los derechos humanos"? Evidentemente, no.

A partir de aquí, podemos empezar a hacernos más preguntas, preguntas incómodas, preguntas, en última instancia, aterradoras: unos políticos capaces de tales contorsiones morales y jurídicas, ¿resultan dignos de crédito? ¿Tenemos que aceptar, siendo así que han cometido durante cincuenta años tamañas manipulaciones, su interesada narración de la Segunda Guerra Mundial? ¿Qué autoridad moral podemos concederles a unos energúmenos fautores de semejantes fechorías? ¿No existiría, cuando menos, el derecho a la duda respecto de lo que nos han explicado sobre los "nazis"? Para mí es evidente que . Esa posibilidad de pensar no se le puede negar razonadamente a nadie en una democracia. Después de analizar las acciones y omisiones de nuestros gobernantes, ya no puedo creer los cuentos que salen de sus inmundas bocazas. Tengo derecho a dudar. Y ellos, sabedores de las consecuencias que se pueden seguir de este derecho generalizado a la duda, han decidido prohibir la duda. Han promulgado leyes que conllevan la prisión, la ruina profesional, económica -y, de rebote, la agresión física, la muerte incluso-, para quienes osen dudar.

Ahora bien, una vez dado este paso por parte de los políticos, mi sospecha, por lo menos la mía,  se convierte en convicción: si, en efecto, con dichos antecedentes, nuestros "representantes" "democráticos" ponen el pensamiento libre fuera de la ley, es que el relato vigente de la Segunda Guerra Mundial debe de ser un fraude. Tales presiones mafiosas les delatan. Los políticos que nos gobiernan tienen muchos "muertos en el armario". Se trata de una evidencia indiscutible. Un mero repaso de los trágicos hechos que jalonan el siglo XX acredita esta afirmación, aparentemente extremada. Carecen, por tanto, estos canallas, de toda solvencia moral a los efectos de esgrimir los derechos humanos como ideología jurídica o principio político legitimador de su dominio. Son peores que los nazis. En tanto que presuntos testigos y depositarios de la validez de una explicación histórica de los acontecimientos, los políticos "democráticos" carecen también de autoridad ética. Cada día que pasa se pone en evidencia con qué clase de truhanes mentirosos estamos tratando, sean del partido que sean; podemos caracterizarlos como mendaces, corruptos, incompetentes y criminales. Todos, sin excepción: la impostura en tanto que pauta de conducta permanente les define.

Los políticos "democráticos" son personajes indignos que trabajan al servicio de la extrema derecha judía, es decir, de una ideología racista y supremacista, obscurantista, retrógrada, supersticiosa, irracional..., que proclama la superioridad divina del pueblo hebreo y pretende someter toda la tierra a una regresión reaccionaria de carácter totalitario e irreversible. Ya lo están haciendo. Los asesinos que nos gobiernan conducen el planeta al desastre. Van a extinguir lentamente todas las culturas, a devastar el ecosistema, a extirpar el "problema" de las diferencias étnicas aplicando un programa masivo de mestizaje; controlan las instituciones, la economía, la prensa, la política, la universidad, la educación...

Es necesario, frente a las oligarquías coloniales que nos gobiernan, organizar la resistencia, informar a los ciudadanos y, sobre todo, no caer en el error de identificarse con los fascismos históricos, porque, en este punto, han ganado la partida. El estandarte de lucha ha de ser el signo solar de una izquierda nacional europea.

Un documento como ejemplo

Tomo en mi mano un texto publicado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El órgano que lo promulga es la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial (siglas CERD); en sus artículos 130-133, el redactado reza así:

"Decimocuarto informe periódico que los Estados partes debían presentar en 1998: France. 05/07/99. CERD/C/337/Add.5. (State Party Report). Apología de los crímenes contra la humanidad. (...) 130. Esta infracción ha sido incorporada al párrafo 3 del artículo 24 de la ley sobre la libertad de prensa por la ley de 31 de diciembre de 1987. 131. Según la jurisprudencia, constituye una apología de los crímenes de lesa humanidad la publicación o la apreciación pública que incitan a sus destinatarios a emitir un juicio moral favorable sobre uno o varios crímenes de lesa humanidad y que tienden a justificar esos crímenes o a sus autores. Los crímenes de lesa humanidad previstos en ese artículo se definen por referencia al artículo 6 del Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, que figura como anexo del Acuerdo de Londres de 8 de agosto de 1945, y fueron cometidos por los miembros de una organización declarada criminal (SS, Gestapo, cuerpo de dirigentes del partido nazi), o por toda persona reconocida culpable de esos crímenes por una jurisdicción francesa o internacional. Esa definición de los crímenes de lesa humanidad ha sido la escogida por el legislador francés pues, en 1987, no existía aún una definición de los crímenes de lesa humanidad en el derecho interno (véase las novedades que figuran en relación con el artículo 2, sección 1 a)). 132. De acuerdo con jurisprudencia, constituyen crímenes de lesa humanidad los actos racistas, los actos inhumanos y las persecuciones que, en nombre de un Estado que practica una política de hegemonía ideológica, son cometidos sistemáticamente contra personas por pertenecer a una colectividad racial o religiosa, o contra los adversarios de la política de ese Estado. Sólo afecta a los crímenes reconocidos que perpetraron durante la segunda guerra mundial los criminales del Eje, esencialmente la Alemania nazi, así como toda persona que haya actuado por cuenta de esos Estados."

El último pasaje resulta literalmente alucinante. Un organismo que dice promover la lucha contra "toda" forma de discriminación racial sostiene a la vez, sin enrojecer de vergüenza, que el texto legal "sólo" afecta "a los crímenes reconocidos que perpetraron durante la Segunda Guerra Mundial los criminales del Eje, esencialmente la Alemania nazi, así como toda persona que haya actuado por cuenta de esos Estados." (sic)

!No han leído mal! Es así. "Toda" forma, pero "sólo" afecta... Ni se inmutan. Se burlan de nosotros.

El poder se quita la máscara en semejantes ocasiones, y en otras que iremos citando, donde la evidencia del carácter totalitario y criminal de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial queda plasmado negro sobre blanco en letras de molde. El desprecio hacia la Declaración Universal de los Derechos Humanos parece evidente, pues se admite que las víctimas del racismo o de "actos inhumanos" que no sean al mismo tiempo víctimas de las potencias del Eje son ajenos a la norma y, en consecuencia, quedarán desamparadas ante una voluntad de exterminio que las ultraje. Ahora bien, según dicha declaración de la ONU, todos los seres humanos son iguales, de manera que las víctimas de las vulneraciones de tales derechos básicos -independientemente de cuáles sean los perpetradores- también lo son. ¿Son humanos los alemanes? ¿Son humanos los "fascistas"? ¿Son humanos los enemigos de Estados Unidos? ¿Son humanos los palestinos?

Por actos inhumanos habría que entender, entre otros, los perpetrados por potencias como los EEUU (Hiroshima, Nagasaki, hambruna alemana de posguerra, crímenes de guerra contra prisioneros alemanes), URSS (genocidios ucranianos y cosaco, genocidio alemán en los territorios del Este y Centroeuropa, gulag, represión masiva de opositores y no opositores al régimen), Inglaterra (bombardeos incendiarios contra la población civil alemana), Francia (exterminio de prisioneros alemanes), China (hambrunas masivas, represión, genocidio tibetano), Israel (limpieza étnica de la población árabe), etcétera. La ONU "suprime" de un plumazo la posibilidad de que la legalidad, en coherencia con los DDHH, se haga extensiva a tales atrocidades. La frase final del art. 133 sólo se explica porque el legislador es consciente de que es menester restringir el alcance de la norma dado que, en caso contrario, dicha norma podría ser aplicable a situaciones que comprometen al propio poder promotor de tan "humanitario" texto.


Recordemos que la legislación sobre el genocidio incluye preceptos que sancionan la banalización, la justificación y la obstrucción a la justicia en el castigo de este delito sin par (el único que no prescribe):  "Según la jurisprudencia, constituye una apología de los crímenes de lesa humanidad la publicación o la apreciación pública que incitan a sus destinatarios a emitir un juicio moral favorable sobre uno o varios crímenes de lesa humanidad y que tienden a justificar esos crímenes o a sus autores" (sic). Pero, ¿qué representa la norma comentada sino una clara imposibilitación legal de una exigible aplicación igualitaria del tipo legal "crimen contra la humanidad"? ¿No nos conduce esta abominable restricción racista a emitir "un juicio moral favorable" sobre el gulag, Dresde, Hiroshima o Palestina? ¿No constituye la propia norma, por tanto, una muestra de esa misma "apología de los crímenes de lesa humanidad" que presume de combatir?  Imaginemos una ley penal del siguiente tenor: "se considerará homicidio que una persona provoque la muerte de otra persona", y luego se añada: "según la jurisprudencia, sólo se aplicará el tipo citado si se demuestra que el autor del crimen ostenta la ideología X, contraria a la ideología Y del redactor  de la norma". ¿No promovería semejante redactado la impunidad de todo tipo de delitos? Este absurdo jurídico, empero, es el que se refleja en un texto de las Naciones Unidas. Nada más y nada menos que la ONU encabeza la iglesia del neorracismo. Una mofa del derecho y de la moral, un esputo documental de criminales blanqueados por sus propias leyes auto exculpatorias.

!Y estos energúmenos son los que nos llaman "fascistas"!

Redactado completo del texto de CERD:

http://www.unhchr.ch/tbs/doc.nsf/(Symbol)/CERD.C.337.Add.5.Sp?Opendocument

¿Qué se intenta combatir? Escritos como el siguiente; mejor dicho, nuestro derecho a leer toda clase de documentos y a estar, o no, públicamente de acuerdo con lo que en ellos se dice:

http://www.vho.org/aaargh/fran/livres8/RFintroescritos.pdf

El autor del citado, Robert Faurisson, ha sido perseguido, difamado, expulsado de su trabajo, condenado, golpeado, arruinado... Sólo por ello merece todo mi respeto.

Amordazando la libertad de expresión

Dada la distancia temporal que nos separa ya de los hechos, la legislación contra el genocidio, excepción hecha de algunos ex SS ya octogenarios, va dirigida sobre todo a impedir la revisión histórica del pasado. Un pasado fabricado por los "cruzados" "demócratas". De hecho, la norma citada relata expresamente algunos casos que ilustran su nauseabunda aplicación por parte de los políticos sionistas y prosionistas que nos gobiernan.

El propio texto ilustra los casos de Roger Garaudy, destacado filósofo francés, y de Robert Faurisson, profesor universitario de la Universidad de Lyon privado de la licencia docente por exponer públicamente sus razonadas opiniones (siempre discutibles, como es propio del debate científico) sobre las cámaras de gas. Véase:

"136. Esa ley ya ha dado lugar a varios casos de aplicación. Entre ellos cabe citar los siguientes:  - la sentencia de la Sala de lo Penal del Tribunal de primera instancia de París de 27 de febrero de 1998 y el fallo del Tribunal de apelación de París de 16 diciembre de 1998, que condenaron al señor Roger Garaudy por poner en duda los crímenes contra la humanidad y por difamación de carácter racial, a raíz de la publicación de su libro "Les mythes fondateurs de la politique israelienne", pues en él impugna de forma virulenta y sistemática la existencia misma de los crímenes de lesa humanidad cometidos contra la comunidad judía por el régimen nazi;  - el fallo de la Sala de lo Penal del Tribunal de Casación de 17 de junio de 1997 (bull. crim. 236), que recordaba que "si bien la contestación del número de víctimas de la política de exterminio en un campo de concentración determinado no está prevista como tal en las disposiciones del artículo 24 bis de la ley de 29 de julio de 1881, la reducción excesiva de ese número constituye un delito de contestación de los crímenes de lesa humanidad previsto y castigado en virtud del presente artículo, cuando ello se hace de mala fe" (en ese caso, el condenado había distribuido pegatinas con las palabras "Auschwitz: 125.000 muertos");  Ley de prensa y respeto de la libertad de expresión.  142. En varias ocasiones, personas procesadas y condenadas por infringir la ley de prensa de 1881 han presentado demandas contra Francia ante instancias internacionales, basándose en la supuesta violación de su derecho a la libertad de expresión. Dos de los casos merecen particular atención.  El caso Faurisson ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas 143. Profesor universitario hasta 1991, año de su expulsión, el Sr. Faurisson declaró en septiembre de 1990, en una publicación mensual francesa denominada "Le choc du mois", que en los campos de concentración nazis no existieron cámaras de gas homicidas destinadas al exterminio de los judíos. De resultas de esa publicación, varias asociaciones demandaron al Sr. Faurisson ante los tribunales. El 18 de abril de 1991, la Sala de lo Penal del Tribunal de primera instancia de París le declaró culpable de un delito de contestación de crímenes contra la humanidad y le impuso una multa. El tribunal de apelación de París confirmó esa condena el 9 diciembre de 1992. 144. El 2 de enero de 1995, el Sr. Faurisson presentó una comunicación individual ante el Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, en la que mantenía que la ley de 13 de julio de 1990, conocida como "Ley Gassot", en la que se tipifica como delito la contestación de crímenes de lesa humanidad, era contraria a la libertad de expresión y de enseñanza. En su dictamen de 8 de noviembre de 1996, el Comité declaró que el Sr. Faurisson fue condenado por atentar contra los derechos y la reputación de terceros; así, el Comité consideró que la ley Gayssot, tal como se aplicó en el caso del Sr. Faurisson, estaba de acuerdo con las disposiciones del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, y que no se había violado el derecho a la libertad de expresión del Sr. Faurisson."

El texto no cita, porque no existe ningún caso, a nadie que haya sido ajusticiado por abonar los crímenes del comunismo o de las potencias liberales occidentales. El Estado francés, rebosante de cinismo, incluso ha emitido sellos con la efigie de Stalin. Se da el caso de autores que han publicado libros en defensa de este genocida, el mayor carnicero que registran los anales históricos excepción hecha del inefable Mao Zedong:

"!Un organismo del Estado francés, la Lotería, tuvo incluso la inconsciencia de asociar a Stalin y Mao a una de sus campañas publicitarias! ¿A quién se le habría ocurrido utilizar a Hitler o a Goebbels en una operación similar?" (Stéphane Courtois et alii, El libro negro del comunismo, Barcelona, Planeta, 1998, p. 32).

Así, Francia, el presunto país de la libertad de expresión, persigue y condena a investigadores universitarios por cuestionar dogmas blindados judicialmente (como si las sentencias no fuesen revisables aportando, precisamente, hechos probados desconocidos en el momento en que fueron dictadas), pero promueve al mismo tiempo las figuras de los mayores asesinos de masas. En Francia se puede publicar el libro apologético de Udo Martens Un autre regard sur Staline (1994) y el autor no será juzgado por las autoridades. Tampoco generará reacción represiva alguna Staline, vie privée (1996), de Lilly Marcou, a pesar de estar escrito con un estilo obscenamente "hagiográfico" (Courtois, S., op. cit., p. 42, n. 42). No hace mucho, el filósofo Slavoj Zizek vio editada su obra Repetir Lenin, a pesar de que Lenin exterminó a más de 6 millones de sus conciudadanos. ¿Repetirá también Zizek esa parte del programa? Imaginémonos un libro titulado "repetir Hitler". Impensable. La norma legal afecta, como hemos visto, sólo a los "actos inhumanos"  perpetrados por las potencias derrotadas o a los actos que, en relación con tales hechos, se consideren apologéticos o justificatorios de aquéllos. Se puede dar el caso, así, de que un librero o editor sea acusado de genocidio por publicar o vender un volumen donde se cuestiona el número de víctimas de Auschwitz, mientras que, por otro lado, un genocida comunista con las manos manchadas de sangre (Rusia está repleta de esta especie de demócratas), no sólo quedará impune, sino que, sin oposición de los sacerdotes liberales del capitalismo, podrá incluso, con la ley en la mano, reivindicar sus fechorías "revolucionarias" y promover públicamente la "repetición" de la carnicería homicida. !Hete aquí una bonita "educación para la ciudadanía"!

Toda esta esta inmundicia se la tenemos que agradecer al racismo del Estado de Israel y, singularmente, a su red internacional mafiosa de sionistas supremacistas quienes, para colocar un relato fantástico del holocausto en el primer plano mediático y propagandístico, deben negar o banalizar la existencia de otros genocidios o crímenes contra la humanidad -más graves incluso que la propia Shoah- que puedan hacerles "la competencia" en el papel de "víctimas absolutas del mal" y, por lo tanto, en la total impunidad respecto de las atrocidades perpetradas por ellos mismos contra los palestinos o contra cualquier otro crítico del nacionalismo judío de extrema derecha. La ONU es una  casa de putas, el prostíbulo legal de la ultraderecha israelí. Piaras enteras de orondos tocinos encorbatados salen y entran cada día del edificio de la ONU en Nueva York y, además, se sienten felices de existir y hasta nos desprecian, a nosotros, y nos califican de "fascistas" si -como es nuestro deber ético- osamos disentir.  Los sionistas, a este paso, van a convertir el vocablo "fascismo" en un signo de la resistencia contra la opresión. Pero no deberíamos caer en esa trampa, aunque todos nuestros sentimientos nos inclinasen a ello. El neofascismo Gladio, caso de triunfar, hará más o menos lo mismo que aquí criticamos. Los ultras no creían en la democracia, ni en la verdad, ni en la ley. Aunque ni siquiera los verdaderos fascistas llegaron tan lejos como nuestros presuntos "demócratas", tenemos que admitir la existencia de los delitos fascistas cuando resulten reales, innegables, probados... Algo, en ocasiones, difícil de distinguir de la pura propaganda. !Condenemos TODOS los genocidios! Mantengámonos firmes en la defensa de los derechos humanos aunque no creamos en ellos.  Pensemos que algún día los responsables pagarán por sus crímenes, como los canallas genocidas que son, y que les aplicaremos su propia legislación, pero sin la jurisprudencia prevaricadora con que exoneraban a quienes les interesaba proteger en perjuicio del resto de las víctimas.

La complicidad después del hecho

La legislación contra el genocidio no sólo castiga la perpetración de actos genocidas, sino, como ya hemos señalado, y siempre con el fin de impedir cualquier crítica de la versión oficial sobre el holocausto, refuerza el arsenal jurídico del sistema con otro tipo de "delitos de genocidio" que puedan cometer políticos, escritores, investigadores, editores y libreros. Así, la ley penal canadiense, especialmente dura en este sentido, afirma en su artículo 8 (3.77):

"que los delitos de crimen contra la Humanidad incluyen los casos de tentativa, de complicidad, de consejo, de ayuda, de estímulo o de complicidad de hecho. Son igualmente asimilados a los crímenes contra la Humanidad -artículo 7 (3.76)- 'la tentativa, la conspiración, la complicidad después del hecho, el consejo, la ayuda o el estímulo en relación con este hecho'" (Courtois, S., op. cit., p. 25).

Un empresario que publique textos críticos respecto de la narración nurenburguesa y hollywoodiense del Holocausto será así sin más... !reo de genocidio!, tout court. Por otra parte, el nuevo código penal francés da una definición tan amplia del tipo que sólo la "jurisprudencia", con la perversidad prevaricadora que ya hemos ilustrado más arriba, puede limitar sus efectos al nazismo. De suerte que será genocidio "el hecho o ejecución de un plan concertado que tiende a la destrucción total o parcial de un grupo nacional, étnico, racial o religioso, o de un grupo determinado a partir de cualquier otro criterio arbitrario" (Courtois, op. cit., p. 22). Un grupo determinado: ¿los "fascistas" quizá? En este concepto entran holgadamente actos cometidos por el mismísimo Estado francés productor de la norma, por ejemplo contra los prisioneros alemanes a los que maltrató y dejó morir de hambre de forma planificada después de la Segunda Guerra Mundial. O contra los "colaboracionistas" depurados por la Resistencia. Si se habla de tentativa, consejo, ayuda o estímulo, tenemos el libro de Kaufman German must perish, del año 1941, incitando al exterminio del pueblo alemán, y la aplicación concreta de dicha sugerencia en forma del llamado Plan Morgenthau, que se tradujo en esterilizaciones y hambrunas orquestadas por las autoridades de ocupación contra la población civil de la nación vencida. Otro tanto cabe sostener en relación con la expulsión y exterminio de los alemanes del Este (Reichdeustche) y de Centroeuropa (Volksdeutsche) en 1945, en total 3,5 millones de personas asesinadas por el simple hecho de ser de nacionalidad alemana. Y queda asimismo incluida en la noción legal de genocidio la conspiración del Bomber Command inglés enderezada a quemar vivos a 15 millones de civiles alemanes. En definitiva, según su tenor literal y bien entendido que el delito de genocidio no prescribe, los gobiernos norteamericano, ruso, inglés y francés son hoy por hoy reos de genocidio. No obstante, permanecen impunes. ¿Por qué? La única respuesta posible a dicha pregunta es que la clase política "democrática", además de corrupta e incompetente, se nutre de auténticos criminales, de genocidas en los términos que marca la propia legislación que ellos mismos han aprobado pero que aplican única y exclusivamente a los "fascistas" (es decir, muy democráticamente, !sólo a sus enemigos políticos!). Nada de esto se distingue de las pautas de conducta típicas de los estados totalitarios que los "demócratas" dicen combatir.

Pero la cosa no termina aquí. Dado que el código penal español tipifica como delito "la omisión del deber de perseguir delitos o de promover su persecución" (art. 408), mientras que, por otro lado, también tipifica el delito de genocidio (art. 607) y, en tercer lugar, España ha suscrito las resoluciones de la ONU en materia de genocidio, cada día que pasa, nuestros políticos, fiscales y funcionarios se convierten en delincuentes por el hecho de no denunciar y perseguir los crímenes perpetrados por los regímenes comunistas, por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y por el Estado de Israel.

El hecho de que la ONU no promoviera, tras la caída del comunismo, la persecución de los crímenes contra la humanidad acaecidos desde la época de Lenin, comporta asimismo unas consecuencias insoslayables: los mandatarios de las Naciones Unidas, y en especial a los que ocupan puestos en organismos como el CERD, devienen genocidas por "complicidad después del hecho". También están, como poco, bajo sospecha por el mismo concepto, los gobiernos que autorizaron la concesión de organizar las últimas olimpiadas al régimen chino. Recordemos que Estado sudafricano, con la excusa del apartheid, fue vetado durante décadas en los organismos deportivos internacionales. No se entiende que un Estado totalitario como el chino comunista, que tiene en su haber el exterminio de 65 millones de personas, no sólo no haya sido vetado jamás, sino que a la postre se vea premiado con la sede para la organización del máximo evento deportivo del mundo. No cabe duda de que este acto de legitimación del régimen comunista chino convalida los crímenes contra la humanidad cometidos por el mismo y constituye a su vez un acto delictivo de "complicidad después del hecho, consejo, ayuda o estímulo en relación con este hecho'". En definitiva, la afirmación de que quienes nos gobiernan son unos genocidas no comporta exageración propagandística alguna, sino una pretensión jurídica perfectamente fundamentada en derecho y que sólo la complicidad jurisprudencial corrupta de los órganos judiciales del sistema impide ventilar. A partir de ahí podemos ya deducir qué valor moral y jurídico ostenta la persecución del racismo, la xenofobia, el nazismo y el "fascismo" (=pensar) en nuestra sociedad "democrática".

Por este motivo, desde aquí, proponemos como gran tarea del siglo XXI la celebración en Nüremberg de un nuevo juicio por crímenes contra la Humanidad, un proceso penal universal que castigue no sólo los delitos de lesa humanidad que se cometieron en el siglo XX, sino aquellos que se derivan de la evidencia de que tales delitos fueron ensordecidos en el primer juicio y, asimismo, las responsabilidades por los más de cincuenta años de ocultamiento, banalización, legitimación, negacionismo y "complicidad después del hecho" de la que son reos por tales atrocidades impunes los políticos actuales, nuestros mandatarios votados como representantes de la voluntad popular. Esos "demócratas" fraudulentos beneficiarios de toda clase de privilegios deberán pagar algún día por sus delitos.

Quisiera concluir con unas palabras de Solzhenitsyn en su discurso de recepción del Premio Nobel, alegato en defensa de la verdad que nunca fue escuchado:

¿Qué pueden las letras frente al empuje despiadado de la violencia descarada? Mas no olvidemos que la violencia no existe ni puede existir por sí sola: está infaliblemente entrelazada con la mentira. Unen a ambas los lazos más familiares y más profundamente naturales: la violencia no puede encubrirse con nada, salvo con la mentira; y el único sostén de la mentira es la violencia. Todo aquél que una sola vez ha proclamado como método la violencia, inexorablemente deberá exigir como principio la mentira. La violencia, cuando nace, actúa abiertamente e incluso se ufana de ello. Pero en cuanto se fortifica y se afianza, siente que a su alrededor el aire se densifica, y sólo puede continuar existiendo ocultándose tras la bruma de la mentira, cubriéndose con palabras obsequiosas. Entonces, no siempre, ni obligatoriamente, ahoga de manera directa las gargantas, y con mayor frecuencia exige de los súbditos que únicamente juren a la mentira, que sólo sean cómplices de ella. Y la tarea sencilla de una persona llana y valiente es: !no participar en la mentira, no apoyar las falsas acciones! Que llegue esto al mundo, que incluso reine en él, pero no a través de mí.


Sea.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

viernes, enero 01, 2010

La doble muerte de Martin Heidegger

En la foto, el escritor chileno Víctor Farías. Según Farías, el fascismo sería "lo más abyecto que conoce la historia humana". Bajo el régimen de Mussolini fueron, empero, ejecutadas 20 personas en total, tras un juicio por terrorismo en la mayor parte de los casos. Sólo la banda marxista-leninista ETA ha asesinado en España ya a más de 1000 ciudadanos inocentes y, por supuesto, sin juicio ni causa. El comunismo ha exterminado a 100 millones de seres humanos en todo el mundo, acusándolos, como ETA,  de "fascistas", es decir, empleando el mismo lenguaje escatológico que Farías. Por cada víctima del nazismo, se cuentan 4 del marxismo. Si todas los hombres son iguales como prescribe la Declaración Universal de los Derechos Humanos, podemos preguntarle: ¿sabe usted sumar, Sr. Farías?

Preguntar es cosa de filósofos

Sigamos haciéndonos preguntas que afectan al Sr. Farías. ¿Cabe juzgar la validez de una filosofía, la fundamentación de un pensamiento, la verdad de una idea, en función de sus connotaciones políticas? ¿No sería ésta una mera práctica política, y además de carácter totalitario, irracional, obscurantista? Por otra parte, y hablando de prácticas indecentes, se puede morir varias veces, como bien saben las víctimas de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial, del sionismo o del comunismo, asesinadas y luego olvidadas por decreto a fin de que no desmerezcan las del holocausto, cuyo martirio deniega toda "competencia victimista" (un hecho que no debe extrañarnos si pensamos que el genocidio judío ha sido convenientemente inflado, exagerado y reiterado, de suerte que cualquier comparación podría poner en evidencia la fragilidad del montaje propagandístico y, con ello,  dañar la buscada impunidad de la organización criminal denominada Estado de Israel).

Pero un pensador también puede morir dos veces, una en tanto que persona y otra en tanto que obra. Los libros reciben a menudo el "tiro en la nuca" del comisario político de turno. El diario "El País" noticiaba con el título "Ha muerto Martin Heidegger" el fallecimiento del filósofo alemán el 27 de mayo de 1976. Conviene leer la noticia entera, puesto que este diario de corte izquierdista y antifascista valoró a Heidegger como "el mayor pensador de nuestro tiempo":

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Ha/muerto/Martin/Heidegger/elpepicul/19760527elpepicul_7/Tes/

Martin Heidegger, una de las máximas figuras de la filosofía moderna, ha muerto ayer, en la misma aldea de la Selva Negra en la que nació hace ochenta y seis años. Su obra filosófica, vinculada a Kant, a Kierkegaard, a Husserl y a los grandes filósofos griegos de la antigüedad, ha condicionado de uno u otro modo el pensamiento metafísico del siglo XX. Su estudio mas divulgado apareció en 1927, bajo el título «Sein und Zeit». («El ser y el tiempo» en traducción española de José Gaos). Desde entonces, la producción científica y ensayística del filósofo germano ha sido muy extensa, para cerrarse con las lecciones sobre Heráclito, en Friburgo, y sobre Kant, en Provenza. Desde 1969, Heidegger vivía en su localidad natal, Messkirch, con su mujer; ella y algunos discípulos acompañaron al venerado profesor hasta su muerte. La vida pública del filósofo resultó gravemente alterada con la irrupción del nazismo. Heidegger tuvo alguna complacencia hacia el régimen de Hitler, cuyo orden externo elogió en los meses iniciales del III Reich. Desconcertado por la evolución posterior del sistema y por la guerra, saldría de la Universidad en 1945, separado de sus funciones. Al cabo de seis años, regresaría a su cátedra como profesor honorario.
Martin Heidegger, el gran filósofo alemán, murió ayer, a los ochenta y seis años de edad, en su aldea natal de Messkirch, en la Selva Negra. Pese a ser considerado como el pensador más importante de nuestro tiempo, Heidegger hizo pocas concesiones a la publicidad, sobre todo, en los últimos años de su vida, transcurridos en el ambiente primitivo e idílico de su aldea natal. Alumno de Husserl, y considerado como el fundador de la filosofía del existencialismo, de la que posteriormente se distanció, comenzó a darse a conocer con su obra maestra Ser y Tiempo, escrita en 1927. Desde 1952 se encontraba retirado en su aldea natal, y a finales de 1974 se iniciaron los preparativos para la edición de sus obras completas, que se compondrán de 70 volúmenes. El filósofo había pedido a sus familiares que no dieran la noticia de su muerte hasta que su cadáver fuera inhumado, voluntad que no ha sido cumplida al hacer ayer pública la noticia de su muerte el alcalde de la aldea.

Si nos detenemos por un momento en la versión que da el artículo sobre los vínculos entre Heidegger y el nazismo, podemos explicarnos que, por aquel entonces, la actitud de "El País" fuera objetiva con el filósofo. Dicho vínculo político se consideraba a la sazón puramente personal y anecdótico. Un error. Pero las cosas iban a cambiar en el futuro.

El eje filosófico del mal (1964)

La polémica sobre el nazismo de Heidegger comenzó ya inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, con las represalias que acompañaron a la "desnazificación". Karl Löwith vinculó la ontología fundamental con el nihilismo de Hitler. Eric Weil criticaba que Heidegger no fuera un demócrata liberal al uso (tampoco lo era Marx, ni ninguno de los intelectuales progresistas de la época, ¿recuerdan?). No se equivocaban, siempre que aclaremos primero en qué consiste ser "nihilista". Hete aquí una carta de Heidegger a su discípulo Beaufret (véase más abajo) en la que afirma que los nihilistas de verdad son los que eluden plantearse el problema de la nada:

http://www.heideggeriana.com.ar/cartas/jean_beaufret.htm

Para los estudiosos, anotaremos que el primer escrito público que anuncia la futura cacería lo escribe un judío alemán y ex discípulo de Heidegger, el filósofo Karl Löwith, bajo el título "Las implicaciones políticas de la filosofía de la existencia" (1946) en la revista de Sartre "Les Temps Modernes", págs. 355-356. Además, un viejo colega y "amigo" de Heidegger, Karl Jaspers, que siempre había sentido una envidia difícil de disimular ante la proyección mundial del filósofo de la Selva Negra, aprovechó la oportunidad del régimen de depuración para desacreditarle. Gracias al testimonio de Jaspers, Heidegger fue apartado de la enseñanza universitaria, a la que sólo pudo volver en los años cincuenta para tramitar la jubilación anticipada. Ya entonces, empero, y a pesar de la fama del existencialismo francés que le reivindicaba para usos muy dudosos (por mucho que Heidegger nunca se sintiera representado por Sartre), empezó la campaña de injurias, que nunca ha cesado del todo y que tiene como finalidad, lejos de la legítima clarificación histórica de sus vínculos con el nazismo, la prohibición docente de su filosofía. Así, en el año 1966, el filósofo François Fédier tuvo que publicar en la revista "Critique" una reseña de tres obras titulada "Trois attaques contre Heidegger". En concreto, el heideggeriano Fédier respondía a "In Sachen Heidegger" (1959), de Paul Hühnerfeld, "Nachlese zur Heidegger" (1962), de Guido Schneeberger, y "Jargon der Eigentlichkeit" (1964), de Theodor W. Adorno. Quizá la más conocida de las tres es la de éste último, el judío militante Adorno, traducida al castellano como "La ideología como lenguaje. La jerga de la autenticidad" en 1971. Aunque a finales de los años sesenta la pretensión de colocar el pensamiento "fuera de la ley" parecía haberse asfixiado en su propia obscenidad, mediocridad y absurdo, en la actualidad, la acción combinada de los propagandistas Víctor Farías y Emmanuel Faye se empeña en conseguir la "segunda muerte" de Martin Heidegger y de otros autores de alto rango (Nolte, Jünger, Schmitt), considerados "peligrosos". Éstos representarían el eje filosófico del mal. Y contra el "mal", como sabemos, vale todo, como contra Alemania en su momento.

Morir por segunda vez (1987)

Se podría afirmar que, al principio, se cuestionó el compromiso personal de Heidegger con el nazismo, sin entrar en la calidad e importancia teórica, científica y filosófica de su obra. Pero esta idea sería un error, porque el compromiso personal de Heidegger sólo mostraba relevancia en función de su señalada filosofía, y se trataba de desacreditar un pensamiento que evidenciaba vínculos orgánicos, internos y esenciales con el fascismo. En Francia, Heidegger también tenía enemigos, como Robert Minder o Jean-Pierre Faye, pero, tras dos décadas de calma chica entorno al tema, sería un escritor de habla hispana, el chileno Víctor Farías, quien abriría la segunda oleada en la cruzada antifascista contra el pensamiento de Heidegger con la publicación de "Heidegger y el nazismo" (1987), libro traducido a catorce idiomas. Aunque no aportó muchas informaciones nuevas respecto de los resultados de las investigaciones del historiador alemán Hugo Ott (véase: "Martin Heidegger. Unterwegs zu einer Biographie", 1988, traducida al castellano como "Martin Heidegger", 1992), su tendencia a afirmar que la filosofía de Heidegger y el nazismo son una y la misma cosa señala claramente el rumbo que va a tomar el affaire a partir de entonces. En 2009, Farías publicará una edición corregida y aumentada de "Heidegger y el nazismo" que es, en realidad, un libro de nueva planta menos expuesto a la respuesta crítica de Fédier que el demagógico trabajo anterior. La tesis de Farías, insistamos en ello, es que la filosofía de Heidegger equivale a una recodificación en términos filosófico-académicos de la ideología nacionalsocialista. Hasta cierto punto, no miente.

Esta segunda edición del "expediente" de Farías contra Heidegger había sido precedida, empero, en Francia, por la publicación de "Heidegger, l'introduction du nazisme dans la philosophie" (2005), traducida al castellano como "Heidegger. La introducción del nazismo en la filosofía" (2009) de Emmanuel Faye. Este autor deja claro que ve su trabajo como la continuación de la Segunda Guerra Mundial en el terreno del espíritu, y hace extensivas las hostilidades a autores como Carl Schmitt, Ernst Nolte o Ernst Jünger:

"Todavía no nos hemos hecho cargo de lo que significa la propagación en el 'pensamiento' del nazismo y del hitlerismo, ese mar de fondo que se apodera progresivamente de las personas, las domina, las posee y suprime en el ser humano cualquier noción de resistencia. El triunfo de las armas no fue más que una primera victoria, sin duda alguna vital y que costó una guerra mundial a la humanidad. Hoy se desarrolla otra batalla, más larga, más sutil, pero en la que también está en juego el futuro de la especie humana. Por esta razón, es necesario tomar conciencia en todos los ámbitos del pensamiento, desde la filosofía hasta el derecho y la historia" (op. cit., p. 5).

Es la "tercera oleada" de la campaña. La ofensiva contra el pensamiento de Heidegger por motivos políticos se despliega ya a escala mundial. Resulta muy fácil de detectar entre los autores anglosajones, quienes pueden dedicar un capítulo de un libro sobre cualquier otro tema a desacreditar a Heidegger (diciendo, además, auténticas sandeces, dignas de la "filosofía para modistillas" que se produce en dichos países). Hace poco me referí a un artículo impresentable del historiador Henry Kamen, pero los ejemplos podrían multiplicarse. El esfuerzo central del ataque se detecta, empero, en Francia y Alemania. El escritor Julio Quesada intenta en estos momentos convertirse en el franquiciado español de la operación publicística en curso y a tales efectos ha publicado "Heidegger de camino al holocausto" (2008), pero el trabajo no se sostiene ya desde las primeras páginas, cuando pretende que, en Heidegger, la nada se identifica con el mal y el ser con el bien. Ni siquiera alguien que sólo se leyera las solapas de los libros de Heidegger podría atreverse a afirmar semejante barbaridad. La campaña contra Heidegger no tiene, empero, naturaleza filosófica, sino mediático-política. El nivel filosófico de Quesada, pero también de Faye y Farías, es ínfimo. Basta tomar un libro de Heidegger, leerlo con calma, y cotejar lo que dice con lo que estos propagandistas "dicen que dice", para tomar conciencia de la magnitud del fraude, que en ocasiones adopta la forma de la pura y simple manipulación o hasta de la falsificación de los textos.

Los heideggerianos y la defensa del maestro (2005-2007)

Heidegger ha tenido, empero, también sus defensores, especialmente entre los heideggerianos franceses. Singular es el caso de Jean Beaufret (1907-1985), autor de "Dialogue avec Heidegger" (4 vols., 1973-1985) quien, como castigo por su osadía, ha sido acusado de negacionista del holocausto e intelectualmente defenestrado. Beaufret cuestionó la importancia dada a las cámaras de gas y se solidarizó con el historiador negacionista Robert Faurisson después de que éste fuera físicamente agredido por sus ideas:

http://paris4philo.over-blog.org/article-11762713.html

Puede consultarse el homenaje a Jean Beaufret de François Fédier:

http://parolesdesjours.free.fr/beaufret.htm

Las réplicas académicas de defensa contra las sucesivas oleadas de la criminal campaña de desprestigio las ha dirigido el ya citado François Fédier. Así, ya hemos visto que en 1966 publica el artículo señalado en respuesta a Adorno y otros antiheideggerianos alemanes. Posteriormente, responderá a la segunda "cruzada" (Farías) con la obra "Heidegger: anatomie d'un scandale" (1988) y, finalmente, pero ya con graves problemas para encontrar editorial (Gallimard rechaza su libro en el último momento), a la tercera oleada: "Heidegger à plus forte raison" (2007). Véase la página sobre este libro y varios manifiestos difundidos por todo el mundo:

http://parolesdesjours.free.fr/scandale.htm

Manifiesto en defensa de Heidegger:

http://parolesdesjours.free.fr/philosophers.pdf

Firman también este libro Massimo Amato, Ohiliphe Arjakovsky, Marcel Conche, Henri Crétella, Françoise Dastur, Pascal David, Hadrien France-Lanord, Matthieu Gallou, Gérard Guest y Alexandre Schild, de los que pueden encontrarse artículos en la página enlazada. Los citados trabajos permanecen sin traducir al castellano y son, por tanto, bastante desconocidos para el público español no especializado. Se puede encontrar, sin embargo, el libro de Marcel Conche "Heidegger en la tormenta" (2006), que expone de manera sintética algunas de las razones de los heideggerianos franceses ortodoxos (para los que se interesen por los llamados heideggerianos heterodoxos, me remito a la obra de Jacques Derrida, pero advirtiendo que dicho autor poco tiene que ver ya en realidad con Heidegger). En el reino de Cervantes nadie ha salido, que yo sepa, en defensa de Heidegger, a pesar de que nuestro país está repleto de personal docente del más variado pelaje que se aprovecha de las ideas de Heidegger y que, sin ellas, no sería nada ni nadie en el mundo de la filosofía. Pero los "heideggerianos" españoles prefieren callar. Heideggerianos haylos en todo el mundo, principalmente en Europa y Estados Unidos, aunque muy pocos -ninguno, para ser exactos- están dispuestos a dar la cara por su maestro cuando se le imputan auténticas calumnias y difamaciones, como es el caso de Farías, cuyos escritos rezuman odio; mucho menos tratándose de asunto tan espinoso como el del "nazismo", donde los profesores se juegan la "reputación" y literalmente la continuidad de sus poltronas académicas.

La defensa de Heidegger, por otra parte, se ha basado hasta el momento en la idea de que, aunque el ciudadano Heidegger militara en el partido nazi, ello no afectaba a su filosofía. Pero si algo de positivo han aportado los trabajos de Faye, Farías y Quesada, a pesar de todos sus errores y manipulaciones, son documentos del propio Heidegger que vinculan pensamiento y política hasta tal extremo que resulta ya imposible sostener la apoliticidad de la ontología fundamental, aunque este factum, y de ahí el escándalo, no pueda convertirse ahora en una excusa para negar la validez del pensamiento heideggeriano. En realidad, habría que razonar a la inversa y, frente a quienes pretenden  que el vínculo con el fascismo desacredita la filosofía, sostener sin vacilar que una filosofía "fascista" válida nos obliga a revisar nuestras concepciones políticas. Es la postura adoptada por el eminente filósofo italiano Emmanuele Severino, quien, para escándalo de Farías, se atreve a concluir que "si una figura del rango espiritual de Martin Heidegger se había decidido por el nazifascismo se hacía necesario reconocer que en este movimiento político debía existir un fondo de importancia indiscutible" ("Panorama", 8 de noviembre de 1987, citado por Farías, "Heidegger y el nazismo", segunda edición revisada y aumentada, 2009, p. 14).

El supuesto de que ya no se puede seguir basando la "defensa" de Heidegger en la negación de los vínculos fascistas de su filosofía y de que es necesario revisar la concepción maniquea del fascismo impuesta por los doctrinarios antifascistas y los judíos de profesión es el punto de partida del presente blog. Dada la importancia del pensamiento heideggeriano, en este tema nos jugamos nada menos que el destino de la racionalidad occidental. Es necesario refutar a Farías y Faye, pero los argumentos de Fédier ya no bastan, a pesar de que pongan en evidencia el pedestrismo filosófico de los calumniadores, siendo así que no pueden negar la evidencia de los textos "fascistas" de Heidegger. Es necesario repensar el fascismo para poder repensar el pensamiento y ejercer la crítica contra el sistema supuestamente democrático que hizo posibles tantas décadas de impostura intelectual. Sin embargo, parece evidente que dicho sistema no va a seguir el camino honesto que aquí proponemos, sino que, allí donde antaño Heidegger era el mayor pensador de nuestro tiempo, colocará hogaño un artículo de Mario Bunge que lo califica de esquizofrénico o indecencias similares. Estamos ante el "caso Lyssenko" de la pseudo democracia liberal. Veámoslo.

Cambios en "El País" respecto de Martin Heidegger (2008)

¿Qué fue de aquél articulo en que "El País" admitía que Heidegger era "el mayor pensador de nuestro tiempo"? Este diario, siguiendo las prácticas que Orwell denunciara en su famosa novela "1984", ha olvidado sus propios artículos y ahora publica cosas como las siguientes:


O estas otras:


Se pueden encontrar artículos de semejante catadura en periódicos de derecha liberal como "El Mundo" o "La Vanguardia", con imputaciones tan o más graves que las del diario izquierdista, a las que ya hemos respondido en nuestro blog.

Aquéllos que se interesen por Heidegger no deben, pues, sorprenderse de encontrar autores, hostiles o no a Heidegger, que lo identifiquen con "la cima del pensamiento del siglo XX" (Eugenio Trías) o que hablen de "Ser y tiempo", la obra capital de Heidegger, como "el mayor acontecimiento filosófico desde la 'Fenomenología del Espíritu' de Hegel" (Habermas), mientras, por otro lado, escritores filosóficamente de segunda categoría como Farías y Faye o filósofos supuestamente "de verdad" como Bunge, reducen la obra de Heidegger al más absoluto de los ridículos o, en admitiendo su peligrosidad, a la maldad nazi. Pero la política, el antifascismo, sólo opera en los segundos, pues a Habermas, el mayor antiheideggeriano de Alemania, es de suponer que no se siente nada cómodo al tener que reconocer la importancia espiritual del "nazi" Heidegger. !Si lo hace -cosa que le honra- es a despecho de sus emociones políticas y ante una realidad palmaria! Aquéllos que todavía no hayan desarrollado criterios propios para decidir si un pensamiento filosófico es válido o no, deberán basarse en tales indicios: ¿qué podía llevar a "El País" o al reputado filósofo socialdemócrata Jürgen Habermas a investir a Heidegger como el mayor pensador del siglo, sino la evidencia de la calidad y veracidad de su obra? ¿Qué puede impulsar a negarla, una vez se han descubierto sus vínculos con el fascismo, sino el hecho de que tales vínculos demuestran el carácter culto del movimiento fascista, su fundamentación racional, su "verdad", que no era simplemente la de las armas o la violencia de los matones de las SA (!enfrentados a los matones comunistas, que todos hemos conocido!), sino también la de unas ideas incuestionablemente profundas? Como poco, deberíamos hablar de la extrema complejidad del fenómeno fascista, pero se prefiere matar al mensajero. Estamos ante el mayor escándalo intelectual de la pseudo democracia de Nüremberg, algo sólo comparable al silenciamiento de los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Éstos atentan contra el hombre, contra los derechos humanos, contra la justicia; aquél pone en evidencia un atentado contra el espíritu en la raíz misma de la ideología antifascista vigente.
Jaume Farrerons
1 de enero de 2010

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lunes, noviembre 23, 2009

El mayor genocidio de la historia (3). Los hombres que amaban a las mujeres

Adolescente alemana violada
y asesinada por las tropas comunistas.
















El trotskysta Stieg Larsson ha depuesto, antes de morir, su contribución a la liturgia antifascista al uso, la cual, como acostumbra a suceder con este tipo de productos hipercríticos, resulta a la postre perfectamente funcional y utilizable en beneficio de los intereses de la oligarquía transnacional y de la extrema derecha sionista, racista y supremacista, que controla buena parte del planeta. En este caso el enfoque es feministoide y se dedica a desarrollar el viejo mito de aquello que en los años sesenta y setenta se calificaba de "falofascismo" (el machismo fascista, cuya innegable existencia universal no implicaba, empero, en el caso del fascismo, la violación de las mujeres, incluidas las propias hermanas e hijas). El sionismo coloca la Shoah como único genocidio digno de consideración y la versión narrada popular del ideario y religión cívica laica universal denominada "antifascismo". La propaganda anti falofascista atiza el mito con una versión subsidiaria para consumo específicamente femenino.  

Ahora bien, en su prólogo al ominoso panfleto criminógeno Terrorismo y comunismo, donde el "bueno" de Trotsky justifica el asesinato de masas, Slavoj Zizek, con expresa vocación de repetir la masacre (siempre en nombre de la humanidad, por supuesto), cita al judío Isaac Deutscher cuando éste sostiene con franqueza impagable que:

Una década después, Stalin, que en 1920-1921 había apoyado la política 'liberal' de Lenin, iba a adoptar las ideas de Trotsky en todo salvo en el nombre. Ni Stalin ni Trotsky, ni sus respectivos partidarios, admitieron entonces el hecho... Lo que no era sino una más de las múltiples facetas del pensamiento experimental de Trotsky iba a convertirse en el alfa y el omega de Stalin (I. Deutscher, The Prophet Armed. Trotsky 1879-1921, Londres, Verso, 2003, p. 489, citado por Zizek, en Terrorismo y comunismo, prólogo, Akal, Madrid, 2007, pp. 10-11).

Quienes creían que la observancia trotskysta constituye una garantía moral frente al estalinismo, resultan, al parecer, unos simples indocumentados. Estamos hablando del despiadado Trotsky, nada menos que el forjador del Ejército Rojo; en la obra citada, este asesino en serie manifiesta de manera inequívoca su desprecio por los derechos humanos:

Por lo que a nosotros se refiere, nunca hemos perdido el tiempo en las charlatanerías de los pastores kautskystas y de los cuáqueros vegetarianos acerca del 'valor sagrado' de la vida humana (Trotsky, op. cit., p. 158).

De manera que las masacres de las tropas soviéticas en la Alemania vencida y, especialmente, el trato dado a las mujeres alemanas, representarían una expresión de la política de terror que Lenin improvisó, el trotskysmo teorizó y Stalin se limitó a aplicar y a perfeccionar sobre la marcha de forma sistemática. No creo, pues, que un trotskysta como Larsson sea la persona más adecuada para hacer novela crítica de maltrato a la mujer. Al menos, para las mujeres alemanas que conocieron las exquisiteces morales del bolchevismo, la nauseabunda trilogía Millenium constituye una auténtica burla viniendo de quien viene. Además, que se legitime moralmente quemar vivos a los "fascistas" (la muchacha de la cerilla) es una clara y malévola alusión a la justeza de los bombardeos crematorios contra civiles alemanes perpetrados por los muy democráticos militares del Bomber Command británico. Podríamos continuar con los ejemplos, pero este thriller del montón no merece la pena.

Cada año, los medios de prensa controlados por los filosionistas fabrican, mediante la prevaricación de una crítica literaria teledirigida políticamente, algún best seller que mantenga viva la fe antifascista en los "buenos" en tanto que "seres de luz". Se trata de auténticos bodrios, como El niño con el pijama a rayas, pero a fuerza de insistir los medios en su genialidad, la gente termina comprándolos y se inocula, sin saberlo, de la necesaria dosis de ideología-veneno al servicio de una anticívica ceguera voluntaria. Luego viene, por supuesto, la inevitable película, que el cretino de turno también irá a ver al cine o en video, financiando por partida doble el dispositivo de lavado de cerebro construido por los nacionalistas de la extrema derecha sionista a escala mundial. En tales circunstancias, dudo que se escriba jamás una novela titulada "Los hombres que sí amaban a las mujeres", en la que se explique la experiencia de las mujeres alemanas con aquellos progresistas y humanistas soviéticos que en su día fueran nutridos doctrinalmente por trostskystas como Larsson. No obstante lo cual, Anthony Beevor en su Berlín: la caída, 1945 nos permite columbrar que se trataría de una obra mucho más feminista, objetiva y real que la mamarrachada pseudo progresista de Larsson.

Las dimensiones del crimen

Según las militantes de izquierdas alemanas Barbara Johr y Helke Sander (véase: Befreie und Befreiter, 1992) un total de 2.000.000 de mujeres alemanas fueron violadas por los rusos. De ellas, 200.000 fallecieron a causa de tales salvajadas. Entre las víctimas se contaban decenas de miles de niñas (y niños) de hasta 10 años, pero también ancianas de 75 años. Las vejaciones sexuales no se limitaron al episodio de la ocupación de Alemania, sino que fueron reiteradas, continuadas y se prolongaron de 1945 a 1949. El historiador Anthony Beevor, en su célebre obra sobre la batalla de Berlín, avala estas cifras. Otra fuente sobre el tema es el libro de Catherine Merridale La guerra de los ivanes, donde son los propios soldados proletarios quienes describen las atrocidades que cometían sus compañeros. También el anónimo Una mujer en Berlín merece ser consultado. La esposa del canciller alemán Helmut Kohl no pudo soportar la tortura que suponía el mero recuerdo de aquellos hechos y se suicidó a una edad ya avanzada, circunstancia que da una medida de la intensidad y persistencia imborrable de los daños psíquicos.

La excusa sostenida hasta hoy para minimizar el escándalo moral de un progresismo peor que el reaccionario nazismo incluso en el trato a la mujer es que la extremada violencia contra las mujeres y niñas alemanas por parte de los soldados soviéticos era una venganza por la crueldad del frente oriental y por actos cometidos por los propios alemanes contra civiles rusos. Pero los hechos cuestionan esta habitual eximente, siendo así que la brutalidad del Ejército Rojo con las "burguesas" está documentada ya en la guerra civil contra los blancos, y que las víctimas de los rusos eran a veces mujeres polacas, prisioneras rusas o hasta judías "liberadas" de los campos. Una prisionera rusa afirma que "resultaba difícil convivir con los alemanes, pero esto era aún peor". También se afirma que las autoridades soviéticas no podían controlar a sus soldados, pero lo cierto es que les animaban a violar, matar y destruir,  y castigaban a los pocos que trataron de impedir las atrocidades, como el comisario comunista Lev Kopelev, detenido por incurrir en "propaganda del humanismo burgués que fomenta la compasión con el enemigo". Resulta harto conocido el papel instigador del poeta oficial del régimen estalinista, el santísimo electo Ilya Ehrenburg (hecho admitido  por el propio Beevor pero que, una vez más, Wikipedia en español silencia con alevosa complicidad sionista).

Contra lo que pudiera parecer, no sólo los rusos forzaron a las mujeres alemanas. También lo hicieron los "libertadores" del lado occidental, especialmente los norteamericanos, quienes, según la historiadora Johanna Bourke, se entregaron a "auténticas orgías de violaciones" (véase: An intimate history of Killing, 1997). Los yanquis, además, no se conformaban con vejarlas sexualmente, sino que de propina las prostituían para llevarse a casa algunos "ahorrillos". Simpáticos héroes de Hollywood mascando chicle.

A nuestro entender, estos hechos no pueden ser juzgados aisladamente, sino que tienen relación con los bombardeos crematorios ingleses contra civiles alemanes, el trato dado posteriormente a los prisioneros de guerra de la Wehrmacht, las hambrunas planificadas, los campos de concentración para civiles (vindicativamente dirigidos por ex prisioneros de campos nazis)... Sólo podemos comprender esta violencia en el contexto de un plan de exterminio genocida del pueblo alemán que fue concebido y puesto en práctica por Washington, Londres y Moscú antes de que empezara el holocausto. Si no llegó a consumarse más que de forma parcial, no fue por la "bondad" de los vencedores, sino por la ruptura de relaciones entre el Este y el Oeste y el inicio de la Guerra Fría. Respecto de lo sucedido en los campos de concentración alemanes con los prisioneros, judíos y no judíos, también nos parece imposible seguir sosteniendo que los abusos y crímenes cometidos contra ellos obedecieran a una simple "maldad radical" alemana surgida del infierno (!tal era el lenguaje de  Kaufmann!) y nada tuvieran absolutamente que ver con similares actuaciones genocidas, y previas, de los presuntos defensores de la democracia y el progreso contra Alemania u otros pueblos. El cuento infantil de la (supuesta) liberación aliada, el poema épico de Normandía, nos lo podíamos creer cuando no sabíamos lo que ahora ya sabemos; la edad de la inocencia sobre la relativa bondad de los líderes "democráticos" frente a los diabólicos "nazis" terminó tiempo ha.

Jaume Farrerons
26 de noviembre de 2009

Entrevista a Anthony Beevor:

http://www.abc.es/hemeroteca/historico-01-10-2002/abc/Cultura/anthony-beevor-stalin-encontraba-divertido-que-las-mujeres-alemanas-fueran-violadas_133191.html

El mal estaba en todas partes:

http://www.filosofia-catalana.com/docs/noticies/noticies2/El%20mal%20estaba%20en%20todas%20partes.pdf

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html


domingo, noviembre 22, 2009

El mayor genocidio de la historia (2). La autoría ideológica del plan de exterminio

Theodore N. Kaufman


















EL MAYOR GENOCIDIO DE LA HISTORIA (2). Nos referíamos en otro post a la creciente conciencia de los genocidios perpetrados y silenciados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Gracias a Le livre noir du communisme (1998), de Stéphane Courtois et alii, sabemos que por cada víctima del nazismo se detectan 10 del comunismo y que cuando Churchill se alía con Stalin (1941) para derrotar al régimen nazi, el holocausto no ha empezado todavía, pero Moscú ha exterminado ya a 13 millones de ciudadanos soviéticos. No importa: el liberalismo cristiano y burgués hará causa común con el comunismo y contra el fascismo, sin enrojecer de vergüenza, en nombre de los derechos humanos. La obra de James Bacque Other Losses. An Investigation into the Mass Deaths of German Prisoners at the Hands of the French and Americans After World War II (1999) nos permitió descubrir la realidad de los campos de concentración americanos y franceses para prisioneros militares alemanes, con más de un millón de víctimas.  Así, a los soldados que no pudieron abatir en los campos de batalla, los aliados occidentales los asesinaron una vez desarmados. Pero a Bacque se le ha intentado desacreditar como historiador; es, por lo demás, la maniobra habitual en estos casos. Bacque escribió otro libro, a saber, Crimes and Mercies. The Fate of German Civilians under Allied Occupation, 1944-1950 (1997), donde explicaba los efectos de la aplicación parcial del plan Morgenthau en la Alemania ocupada. Fue ignorado.

La publicación de After the Reich. The brutal history of de allied occupation (2007), del prestigioso historiógrafo británico Giles MacDonogh, pone en evidencia que Bacque no mintió, que no manipuló los hechos, como se pretendía, sino que simplemente se limitó a mostrar una verdad incómoda, le guste o no esa verdad a Wikipedia (donde Bacque fue censurado, como se sabe) y, en definitiva, a la oligarquía genocida. El libro de MacDonogh no deja de ser, empero, un intento de reducir al máximo la magnitud del escándalo, como en su día lo fue El libro negro del comunismo, donde se hablaba de la fantástica cifra de 25 millones de víctimas del nazismo para hacerse perdonar de alguna manera el atrevimiento de tener que reconocer que el comunismo fue mucho más carnicero en términos cuantitativos que todos los regímenes fascistas juntos. MacDonogh habla de 2,25 millones de civiles alemanes víctimas de la hambruna planificada por los ocupantes aliados. Sabemos que fueron muchos más, y hasta cerca de 6 millones, por la simple comparación entre los censos de posguerra y la resta aritmética de los contingentes de los refugiados del Este y de Centroeuropa. Debemos acostumbrarnos, en la fase histórica actual, a reconocimientos “parciales” de los hechos, que deben abrir paso a nuevos estudios y que, aunque en pequeñas dosis de objetividad, permitan desmontar la narración oficial de los vencedores y rescatar la verdad.  Nuestra tarea es acelerar dicho proceso de comprensión pública, puesto que los asesinos que nos gobiernan tienen previsto congelar todo el tiempo posible el desvelamiento de su monstruoso pasado. Para cuando eso ocurra, puede que Europa y la democracia, tal como la conocemos, haya desaparecido y dicha “verdad” ya no resulte “peligrosa” para la oligarquía genocida.

El exterminio de Prusia como meta consciente de los aliados

No se han hallado nunca documentos que acrediten un plan estatal de exterminio nazi de los judíos, pero sí tenemos los que prueban la existencia de un plan de exterminio aliado que contaría, ocioso es decirlo, con el beneplácito de Moscú. La obra se titula Germany must perish y fue publicada en el año 1941 por el judío norteamericano Theodore N. Kaufman. Varios periódicos estadounidenses harto influyentes se hicieron eco de ella y la valoraron de forma muy positiva (otros la criticaron). La noticia llegó, por supuesto, a Alemania, donde los medios de comunicación y la autoridad, con una finalidad claramente propagandística pero creyendo de buena fe en la realidad de la amenaza, informaron al pueblo alemán del futuro que le esperaba si era derrotado: la extinción por esterilización forzada de toda la población. No cabe duda de que la obra de Kaufman es un antecedente del plan Morgenthau, acuñado por el banquero judío estadounidense, muy próximo al presidente Roosevelt, Henry Morgenthau. Pero el método Morgenthau iba a ser la hambruna, aunque combinada también con la esterilización. Se ha sostenido que el plan Morgenthau, en su forma original, no se aplicó, siendo así que hubiera supuesto el exterminio de 25 millones de alemanes. Véase la versión inglesa de Wikipedia:

http://en.wikipedia.org/wiki/Morgenthau_Plan

En la española brillan por su ausencia los aspectos criminales del plan Morgenthau. Pero el plan como tal es sólo una expresión de la orientación estratégica enderezada no sólo a derrotar al nazismo, sino a destruir Alemania. Y sí tuvo consecuencias, siendo así que se encuentra detrás de la política de racionamiento a la que Pat Buchanan responsabiliza de la muerte por inanición de 750.000 civiles (en realidad, como sabemos por los censos, fueron muchos más). Cuando hablamos del plan Kaufman-Morgenthau, nos referimos menos a la articulación expresa de dicha voluntad que a la voluntad misma, subyacente a la determinación política del bando aliado.

La aplicación del plan Kaufmann-Morgenthau

En este sentido, se puede afirmar que la aplicación del plan de exterminio fue inmediata por parte británica, que diseñó un proyecto estratégico de bombardeo "moral" de las ciudades alemanas concebido para quemar viva a la población civil, con 15 millones de víctimas calculadas en risueñas conversaciones a la hora del té. A tal efecto, los ingleses diseñaron una tecnología cada vez más sofisticada de bombas incendiarias y, a finales de 1941, es decir, dos años antes de que se desencadenara el holocausto según la propia narración oficial del mismo, empezaron a masacrar a mujeres, ancianos y niños alemanes. La defensa alemana impidió que el número de asesinados alcanzara los niveles anhelados por los genocidas, pero con todo, se calcula que alrededor de 1.100.000 de personas encontraron la espantosa muerte que los dirigentes democráticos y progresistas habían diseñado para ellas. Sobre las características de los bombardeos aliados contra la población civil alemana tenemos la obra de Jörg Friedrich Der Brand. Deutschland im Bombenkrieg, 1940-1945 (2002) traducida al español (El incendio. Alemania bajo los bombardeos, 1940-1945; Madrid, Taurus, 2003). Nuestra intención no es, empero, explicar aquí lo que ya relata este libro con todo lujo de detalles, sino ir juntando las piezas del puzle que hasta ahora Hollywood, el mundo de la cultura y la prensa ha ocultado a la mayoría de la opinión pública.

El libro "!Alemania debe perecer!" concibe la Segunda Guerra Mundial como una lucha contra el pueblo alemán. Los alemanes son, dice Kaufman, bestias, y como tales hay que tratarlos. Admite que haya quizá unos 15 millones de alemanes "inocentes" (el resto serían culpables), sobre todo los niños, pero razona que conviene sacrificarlos en aras del bienestar de  los pueblos de la tierra. Hitler tradujo un millón de ejemplares de esta lamentable "obra" y la distribuyó entre sus soldados. Los efectos psicológicos de la misma no debieron de hacerse esperar en el trato dado a los judíos (Kaufman era judío), máxime cuando se comprobó que los bombardeos ingleses no tenían objetivos militares, sino que buscaban sin embozo el asesinato en masa de la población civil alemana. Con ello, puede añadirse, buscaban también aquello que luego se denominaría "el Holocausto". Los rastros de esta evidencia pueden detectarse en las declaraciones y testimonios de los Einsatzgruppen encargados de exterminar a los judíos en el frente del Este.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
20 de noviembre de 2009

Texto del plan de exterminio traducido al castellano:

http://www.adecaf.com/geno/dresde/dresde/alemania%20debe/alemania%20debe%20perecer.html

Fuente: Blog !Te Maldigo!

Otras informaciones accesibles en la red:

http://historia.mforos.com/1314198/8542827-alemania-debe-perecer-germany-must-perish/

Rogamos que cualquier información sobre esta obra y sus efectos se comunique al titular del blog.

AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html

sábado, noviembre 21, 2009

Impostores (1)


Henry Kamen












KAMEN CONTRA HEIDEGGER

¿Daríamos credibilidad a “afirmaciones explosivas” hechas por un economista pero… sobre física nuclear? Queremos, en este sentido, recordar aquí que Kamen es historiador, no filósofo. Por este motivo debería ser más comedido a la hora de juzgar a Heidegger, “cima del pensamiento del siglo XX” (E. Trías). Su artículo en "El Mundo" (3/9/2009), sostiene, en efecto, que “hoy en día nadie se interesa por la filosofía de Heidegger”, pero las recientes obras que denuncian el nazismo de Heidegger se muestran alarmadas, precisamente, por su creciente influencia y proclaman a voz en grito la necesidad de emprender una cruzada que sería algo así como la continuación espiritual de la Segunda Guerra Mundial (E. Faye, Heidegger, introducción del nazismo en la filosofía, edición española, p. 5). Luc Ferry y Alain Renaut, los máximos representantes del racionalismo francés actual, afirman que: “desde hace cuarenta años, la referencia heideggeriana en una crítica de los tiempos modernos parece haberse transformado en un paso obligado para todo intelectual” (Heidegger y los modernos, Barcelona, 2001, p. 21) y se preguntan por qué extraños caminos “un compañero de ruta del nazismo se ha transformado en la Francia contemporánea en el principal filósofo de la izquierda” (op. cit., p. 24). Creo que lo dicho ostenta la suficiente autoridad como para refutar la apreciación de Kamen, que no dudo en calificar de malintencionada. Finalmente, añade: “la mayoría de nosotros, si intentásemos leer las páginas de 'Ser y tiempo', probablemente estaríamos de acuerdo con la opinión del filósofo británico A. J. Ayer de que la filosofía de Heidegger parece oscura, sin sentido y fundamentalmente inútil”. Pero el mayor filósofo mundial vivo, y precisamente quien más ha combatido a Heidegger en Alemania, a saber, Jürgen Habermas, tiene que reconocer a su pesar que Ser y tiempo, la obra capital de Heidegger es “el acontecimiento filosóficamente más importante desde la 'Fenomenología del Espíritu' de Hegel” (véase Perfiles filosófico-políticos, edición española, p. 58). Estamos hablando nada menos que de Habermas, mientras que a Ayer lo conocen como mucho en Inglaterra y no es un filósofo, sino un representante de esa corriente ya extinta del “sentido común” que negaba la existencia de los problemas filosóficos, y que ninguneaba, sí, a Heidegger, pero también a Kant, Hegel, Aristóteles y Platón. En suma, un artículo penoso, el del historiador Kamen. A este señor hay que recomendarle que se dedique a la historia pero deje de pontificar sobre un tema que desconoce, y ello hasta extremos ridículos.

Esta respuesta al artículo de Kamen, a pesar de estar perfectamente documentada, fue censurada como carta al director por los "adalides de la libertad" del diario El Mundo. A partir de ahora podréis saber qué censura el sistema, pues antes publicarlo en el blog lo enviaremos a algún medio de comunicación.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
20 de noviembre de 2009

El artículo de Kamen:

http://www.elmundo.es/opinion/tribuna-libre/2009/09/19095247.html