en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

viernes, agosto 17, 2012

Sionistas, catalanistas y taxidermistas: la estructura de la oligarquía local (4)

Que la verdad no sea ni siquiera buscada, respetada o concebida ya casi por nadie es un elocuente síntoma del arrollador ingreso de las masas en una rama u otra de la idolatría burguesa.

(Alfons Martí Bauçà)


Algunos usuarios nos han planteado la cuestión siguiente: ¿qué relación guardan en esta bitácora las series de entradas sobre filosofía o grandes temas históricos con aquellas otras sobre escándalos políticos que afectan "sólo" a España? Ya hemos explicado en alguna intervención que la Filosofía Crítica está obligada a saltar dialécticamente de lo abstracto a lo concreto y volver a encaramarse a lo abstracto enriquecida por la experiencia de la realidad tal como se nos "aparece" en nuestra experiencia cotidiana. No vivimos entre libros, sino entre fenómenos que nos afectan, en ocasiones de forma brutal (represión antisindical, intentos de desestabilizar el partido, campañas de difamación, etc). La filosofia no es únicamente una teoría exigente, racional, científica (allí donde deba y pueda serlo), es además una forma de rigor vital -el espíritu: Geist, en alemán- que implica un compromiso con la verdad, una conversión existencial. Ésta compete al filosofema más complejo de la tradición heredada, a saber, el ser,  pero desde ahí "desciende" hasta nuestras relaciones humanas públicas (e incluso privadas) y sumérgese en el turbio ámbito "trivial" de la existencia en tanto que "ser en el mundo" (Heidegger). Ábrese el existente al ser y totaliza el entramado todo de núcleos temáticos que brotan, aparentemente desconectados entre sí, restituyéndoles su radical y unitario sentido. La totalización, como un torrente semántico, se desborda y empapa los resquicios más insignificantes de la "vida real": nada está, entonces, a salvo de la crítica y del imperativo de fundamentación, de autenticidad, de sinceridad... Si los conceptos filosóficos poco tuvieran que decir respecto de aquello que nos envuelve, que nos atormenta o gratifica en el día a día del trabajo, la política, la familia, etcétera, entonces esos conceptos serían "falsos". Pero es el propio Jordi Pujol i Soley quien, con toda "naturalidad" (si algo así es posible en él), conecta los temas de este blog consigo mismo y, por ende, con la inmediatez política catalana:
Els jueus són els primers, durant la transició del desert i sota el lideratge de Moisès, que rebutgen la idea d'un Déu o de déus que són fets o persones o animals o objectes sensibles. En el tabernacle jueu no hi ha res. Ni ningú. Perquè hi ha Déu, que és infinit. Si hi hagués quelcom o algú, Déu seria limitat. I n'hi podria haver molts. Això és la base del monoteisme. I s'entén que això per la meva condició de creient, ho valori especialment (Pujol i Soley, Jordi, en Figuera, A., Pujol i els jueus, Barcelona, 2011, "Pròleg", p. 14).
 Añade Pujol:
(...) en el procés de formació del meu ideari nacionalista, el sionisme i Israel han jugat un paper important. Pero no l'únic. (...) I és cert que en aquesta síntesi el meu contacte amb el judaisme, el sionisme i tota la història de l'Estat d'Israel hi va tenir influència. Una influència forçosament limitada. Perquè realment, Israel, i el moviment sionista i el judaisme són un cas a part. Ho són per la seva història, per la seva consciència de ser el poble escollit, almenys un poble únic. Que no s'ha de barrejar amb ningú. Per tant, molt lluny de la meva doctrina sobre immigració i integració, per exemple. El nacionalisme jueu és radicalment ètnic. Tot i que els jueus tenen una formidable capacitat de fer coses i tenir idees de projecció universal. Però sempre des d'una identitat jueva estricta (Pujol, J., op. cit., p. 11, p. 12)
No cabe duda de que Pujol enlaza aquí las cuestiones más abstractas sobre el monoteísmo judío, su negación de la naturaleza y su etnicismo racista, con el nacionalismo catalán. Incluso cuando, en calidad de cristiano, apela Pujol-padre a una doctrina sobre inmigración e integración supuestamente opuesta a la del judaísmo, en el fondo confiesa su dependencia de la agenda cosmopolita nacionalista hebrea que guarda para los judíos la pureza racial y "regala" al resto de los pueblos del mundo, los gentiles, los procesos de "integración" que han de conducir a la producción de un mestizo universal anacional, desarraigado de toda matriz comunitaria; mientras la comunión eclesiástica, los comunismos y las comunas, el internacionalismo libertario, el "mercado mundial" y otros sucedáneos hebreomórficos, ocupan el lugar de las auténticas raíces... En buena lógica, el poble català debe desaparecer engullido por el crisol gentil que el judeocristianismo fomenta y construye desde hace milenios. Pujol es un racista que desprecia a los "charnegos", pero también un político conocedor de su emplazamiento estratégico en el seno del contubernio oligárquico. Pujol, aunque todas sus palabras afirmen lo contrario, ha sido decisivo en esa tarea de destrucción de Cataluña. Ya casi ha conseguido sus objetivos. El catalán es una lengua desacreditada gracias a los nacionalistas. Cataluña es una comunidad arruinada gracias a los nacionalistas. La administración autonómica es una organización criminal gracias a los nacionalistas. La etnia catalana extínguese gracias a los nacionalistas. ¿Alguien da más? Pronto llegará el remate con ese proyecto de convertir Cataluña en un faraónico casino -y casa de putas- donde personajes moralmente tan ejemplares como Núria de Gispert, Felip Puig, la llicenciada Ortega -!que no dimite ni a tiros!-, Josep Antoni Duran i Lleida, etcétera, podrán campar a sus anchas en el ilegalismo delincuencial más irrestricto; en suma, la pandilla se instalará de iure en el lugar donde de facto no ha dejado nunca de chapotear con placer, pues el "nacionalismo catalán, S. L." consiste en robar en nombre de "la patria" y asistir a algunas "comidas de trabajo" para planificar el siguiente "palo".  Punkt.

"Sóc català. Sempre estic amb
els que manen" (Xavier Cugat).
Por todo ello era necesario ensayar el análisis de una relación directa entre los extremos aparentemente más alejados de las cuestiones que interesan a la Filosofía Crítica. Así, cuando hable aquí de "trascendencia" (Yahvé) me remitiré, !oh sorpresa!, a Oriol Pujol i Ferrusola, el heredero de Jordi Pujol i Soley en la dirección política de la oligarquía catalana (franquicia local de la oligarquía sionista transnacional con sede en Washington y Tel Aviv). Pero  la transcendencia seguirá siendo entendida, al mismo tiempo, como "más allá" religioso,  mundo "idealista" paralelo al mundo material (platonismo), "vida después de la muerte", "resurrección de la carne", "reino de Dios en la tierra", "Icaria feliz" (del comunismo o del independentismo catalán, tanto da), comuna ácrata, "mercado mundial de consumidores satisfechos", etc. Entiéndase: no nos referiremos a esas irrealidades en sí mismas, sino a las ideas e ideologías tejidas en torno a ellas y a los efectos, estos sí,  reales, que fantasmagorías de semejante calaña -desde el elixir curalotodo del chamán y el charlatán de feria hasta el perdón de los pecados del sacerdote católico, desde los entusiasmos del cristiano ex alcohólico renacido a los colocones de marihuana del comunero ácrata o la cocainónama burbuja inmobiliaria liberal- tienden a desencadenar en el mundo fenoménico.


Todo ese imaginario colectivo utópico condensa en viñetas ilustradas para iletrados aquello mediante lo cual no sólo se estafa a cretinos de tiernos sentimientos, a  almas bellas convencidas de su bondad (ciudadanos laboriosos, decentes y creyentes o "rebeldes" transgresivos y antifascistas de kasa okupada), sino que, como efecto colateral, se difama y, a la postre, destruye la vida. Los discursos institucionalizados del amor, la esperanza y la felicidad no son, en efecto, en política más que estrategias de marketing para convencer, intoxicar, arrodillar, doblegar y, a la postre, explotar a la comunidad nacional, mientras un racismo despiadado, un gélido supremacismo étnico aterrestre que pone "huevos" (colonias) por todo el hemisferio occidental (la extrema derecha judía) va enterrando uno tras otro a los pueblos, las culturas, las etnias, las naciones del mundo ... En el nombre de Dios, la Humanidad, la Democracia, los Derechos Humanos, el Holocausto, el Progreso, etc., los cruzados del discurso humanista y los bombarderos de napalm UN (=United Nations) aniquilan a un enemigo inagotablemente diabolizado, eje del mal (de Berlín a Teherán) y novísima pero a la vez recurrente encarnación del Anticristo.

La "realidad" negada comprende empero todo ese maravilloso planeta donde impera la única verdad realmente existente: la bellísima flor que se marchita y muere. Aquello que Platón maldijo; lo "natural" de que, por otro lado, fuera maníacamente "purificado" el tabernáculo hebreo:

Alfons Martí Bauçà.
Pujol dixit:

En el tabernacle jueu no hi ha res. Ni ningú. Perquè hi ha Déu, que és infinit. Si hi hagués quelcom o algú, Déu seria limitat.
En el tabernáculo judío no hay nada. Ni nadie. Porque está Dios, que es infinito. Si hubiera algo o alguien, Dios sería limitado.

La vida fue, por tanto, expulsada del tabernáculo. Hubo que limpiarlo. ¿Cómo? Matándola. Veremos que en su lugar colocaron los oligarcas una serie numérica inyectada de sustancia vital vampirizada: el dinero. Pero antes crecía allí al menos una briza de hierba: arrancáronla. Ese "nacer y perecer", la helénica phýsis, es como el héroe caído alzando la bandera de su patria, orgulloso de su destino, desafiante del dios universal y de toda trascendencia. Resume la vida en la brizna una imagen que también podría ser un árbol, una cascada, un rayo... No hay otra figura más leal que la del "patriota popular", esa hoja anónima exenta de "yo" (=alma inmortal), la figura de quien ama a su tierra, la "madre" que le diera la vida.... Aquel otro que, por contra, promete un mundo "libre" de finitud, sustancial, metafísica u ontológicamente ajeno al nuestro, llámese judío, cristiano, anarquista, liberal, comunista, fascista o musulmán..., ese quiere sólo hipnotizar a su víctima antes de asestarle el golpe mortal. Los ideales trascendentes son todos de la misma procedencia doctrinal antiterrestre y guardan entre sí un parentesco filosófico fácilmente reconocible para el ideólogo nacional-revolucionario. Contra Evola o Guénon como contra Maimónides o Santo Tomás, nosotros proclamamos, fieles a Nietzsche en esto y en casi todo: aniquilemos la trascendencia. Sólo una "trascendencia" nos interesa, pero poco tiene que ver con el más allá: aquella que nos proyecta hacia el futuro para que la vida se eleve sobre sí misma erigiendo el Übermensch (sobrehombre) allí donde el hombre surgiera del animal.

Ese trans- biófilo -frente al trans- biocida- no es un fraude: ha sido verificado por la historia natural, pero también por el desarrollo cultural de un pensamiento griego y alemán que nada debe a las fábulas sobre los "derechos humanos" y el futuro "reino de Dios" (="mercado mundial").  La fidelidad a la vida no excluye, en efecto, la lucha por la justicia social, la democracia y otros ideales inmanentes.

Si no fuera así nos veríamos fatalmente abocados a convertirnos en bestias. Pero Filosofía Crítica no reivindica el darwinismo social.

La civilización, la cultura, la ética, la verdad, son, pues, "ideales"... pero terrenos, fenoménicos. !No se juegue aquí, como Bataille, a la letal confusión! En el mundo finito distínguese, para el que no quiera estar ciego, entre las estructuras ontológicas de lo real, aquello que es inherente a la vida en cuanto tal, finitud misma inclusive, de aquello otro que forma parte de determinadas estructuras sociales, históricas, contingentes: ónticas (para emplear la terminología de Heidegger). Éstas, cuya simple existencia puede atentar contra el desarrollo de la vida, sí son desechables; en cambiolo finito-ontológico, NO. Lo finito-ontológico (frente al monoteísmo o la ontoteología) es sagrado. Finito pero sagrado, !óiganlo bien, monoteístas! Y para empezar: finito y sagrado es nuestro propio pueblo, aunque, disculpen las molestias, pueblo gentil sea. Y todos los pueblos. El socialismo potencialista no representa, por tanto, una variante de la utopía, sino el resultado de la crítica racional del sistema oligárquico. Aquello que nos repugna de la oligarquía no es la diferencia, la jerarquía, el poder, sino el hecho incontestable de que nuestros oligarcas son ratas innobles, medrosas, estúpidas, parasitarias... Yo me niego a someterme a un Oriol Pujol Ferrusola: preferiría morir antes que servir a semejante garrapata con patillas.


Pero, entiéndase, no es nada personal: la estratificación social basada en el dinero resulta a la postre "moralmente" explosiva (cualquier cerdo puede hacerse millonario y, desde esta posición, reclamar y obtener poder público, fabricar verdades... o a la inversa) y es por ello que el liberalismo resulta incapaz de construir "en serio" una sociedad (todo se reduce aquí a teatro), porque la autoridad, aquello que hace posible la existencia de las grandes civilizaciones, carece de referentes institucionales y humanos en el marco capitalista de relaciones sociales. Es el drama de la modernidad burguesa cristiano-secularizada: la permanente crisis de soberanía. Una verdadera cúspide dirigente no busca privilegios, sino desafíos, metas y responsabilidades; no anhela el placer, como un Macià Alavedra, sino la sana autoafirmación en el heroico sacrificio; no hunde al pueblo llano en la miseria, como Artur Mas, sino que lo exalta para la realización de grandes tareas históricas que nada tienen que ver con un zurullo pestilente como el "pacto fiscal". Siempre habrá, en el mundo civilizado, una "élite" moral y cultural, a la postre inevitablemente política, primera enseñanza y premisa del "fascismo": el engaño demagógico de los pseudo revolucionarios proféticos ha consistido en creer y en pretender hacer creer a los demás -sobre todo a los oprimidos- que cabe "concebir" siquiera la posibilidad de una sociedad plana, desde el supuesto fraudulento de que el grupo dirigente deberá inevitablemente ostentar las repulsivas características axiológicas burguesas "desnacionalizadas" de quienes actualmente nos "gobiernan". Que la autoridad tiene que ir necesariamente asociada (aunque, lo confieso: hasta ahora casi siempre ha sido así) a vulgares y  obscenos privilegios materiales y no a deberes y cargas más pesadas, es, en efecto, puesto en forma de a priori dogmático, un concepto postulatorio, rotundamente falso. Que espíritu no equivale a listeza para manipular y robar, sino que, en determinadas circunstancias sociales, puede proporcionar nobleza de miras, profundidad y capacidad de comprensión, define la apuesta -arriesgada- que nos disuade del retorno ácrata a las cavernas à la John Zerzan. Aquello que, si me lo permiten y sin un ápice de soberbia por mi parte, todavía tienen que aprender los utopistas escatológicos, es que la vida no se puede medir ni juzgar por el rasero o criterio de la "felicidad"; los "izquierdistas" que, con su igualitarismo gregario, no han dejado de trabajar, aun inocentemente, para el dominio universal de Jerusalén, todavía están a tiempo de arrancarse las telarañas de los ojos. 

Noam Chomsky.
El actual grupo dirigente no es sólo, empero, un obstáculo para la vida como lo fueran en el pasado muchas otras élites una vez ya cumplido su ciclo histórico creador. La oligarquía transnacional sionista se construye "de forma autoconsciente" sobre la base de ideales trascendentes, la negación de los pueblos y naciones de la tierra en nombre de abstracciones universalistas biocidas. La élite de poder contemporánea, a diferencia de todos los grupos dirigentes del pasado, se comprende a sí misma como "vocación expresa de odio a la vida", "aniquilación de la vida en cuanto tal"...  O, mejor dicho, de toda aquella vida "distinta" (=inferior, finita) respecto de la "sagrada" y  "especial"  vida de un "elegido" cualquiera. Los pueblos en general identifican así al "enemigo" que la oligarquía ha puesto en su punto de mira. Todos los pueblos, sin excepción.

La trinchera de resistencia será siempre, por tanto, la nación. Son los patriotas, y no las "clases" sociales, los que, a la hora de la verdad, luchan. Noam Chomsky no tuvo empacho en reconocerlo hace ya muchos, muchos años:
Los esfuerzos de la "comunidad de servicios de inteligencia" para establecer la tesis de que el Vietminh se componía de agentes del comunismo internacional revelan muy claramente la función de la "conspiración comunista internacional" en la política exterior norteamericana de la posguerra. (...) Contrariamente a las fantasías de Walt Rostow... y de otros, los Estados Unidos no descubrieron primero que los hombres del Vietminh eran agentes de una conspiración dirigida por el Kremlin y luego procedieron a ayudar a Francia a rechazar la agresión rusa en el Sudeste asiático. Lo que hicieron los Estados Unidos fue simplemente aplicar en Indochina la política general de establecer regímenes pro-occidentales dispuestos a cooperar ("libremente") con Occidente y con el Japón, "culturalmente, económicamente y políticamente", y a "contribuir a una economía mundial más equilibrada", siendo la "economía mundial" en cuestión, por supuesto, la del "mundo libre"... En lo esencial, esta política no era fundamentalmente distinta a la política norteamericana en Italia en 1943 -pongamos por caso- o en Grecia y Corea poco después. Para llevar a cabo esta política en Vietnam, era necesario destruir las fuerzas que se "habían hecho con el movimiento nacionalista", puesto que estas fuerzas tenían en la cabeza un modelo distinto de desarrollo social y económico. Pero esto habría parecido demasiado cínico, de haberse dicho abiertamente. Por consiguiente, era necesario traducir la cuestión en términos "defensivos", y establecer que estas fuerzas nacionalistas eran los verdaderos agentes de una conspiración internacional, destinada en último extremo a destruir la libertad misma en los Estados Unidos (Chomsky, N., Por razones de estado, Barcelona, Ariel, 1975, pp- 131-132).
No ha existido una resistencia comunista al capitalismo. Toda resistencia, sépanlo o no los interesados, ha sido siempre, en última instancia, nacional. Por serlo, y no en razón de su marxismo-leninismo, era ya también revolucionaria. La alternativa al sistema oligárquico globalizardor tiene así forzosamente carácter NR, no hay otra. Por los mismos motivos, el concepto analítico y crítico-político por excelencia es la nación. Allí donde se nos cuenten los cuentos del universalismo humanitario, será siempre un poder nacional alevoso el que en realidad esté beneficiándose de esa campana propagandística protectora y legitimadora de la agresión sionista. Y si no encontrais a primera vista la nación, buscadla, siempre aparece, quizá en algún lugar lejano, por ejemplo en los alrededores de Tel Aviv.  Hete aquí la metodología. A la inversa, jamás puede haber genuino nacionalismo donde, como en casa de Pujol y Cía, no se detecta resistencia alguna contra la oligarquía transnacional, sino antes bien, alianza y sumisión. Porque el poder oligárquico no tolera un nacionalismo real, que en sí mismo y en cuanto tal es ya, como digo, "subversivo"; pero, sabedora de la fuerza de lo nacional, fomenta aquélla con gusto una parodia cipaya y burguesa de patriotería local filo-oligárquica. Conclusión: el nacionalismo catalán no existe. Es una estafa, un engaño, una impostura de cínicos vividores. De ahí su intrínseca debilidad: cuando "se ponen" patriotas, a los oligarcas sólo les "sale" una comedia musical, se vuelven ridículos.

En este sentido, conviene explicar también aquí las buenas noticias: en el nacionalismo hebreo de extrema derecha, racista y supremacista, el sionismo, camuflado tras el cosmopolitismo liberal, anida la semilla de  su propia auto-destrucción, porque ha sido acuñado como correlato político de una "trascendencia" simbólica que, al pervertir la naturaleza en su conjuntoha mancillado y degradado también la naturaleza interna del propio ultraderechista judío. Éste ya no es un ente natural, sino un tarado, la monstruosa encarnación de la antinaturaleza: reloj ritual-litúrgico de prohibiciones, estigmas, purificaciones, dietas, cábalas, supersticiones, fobias de contaminación..., que marcan todas las horas, minutos y segundos del decurso vital soteriológico integrista-ortodoxo. Es, el nacional-judío militante organizado en forma de banda criminal, expresión de la rebelión óntica contra lo ontológico, ergo, pura tiranía de un poder desnudo, estéril, ayuno de autoridad. Presumen estos ultras, por otro lado, de que el tabernáculo está vacío, pero en realidad anida allí un invisible sujeto-déspota que liquida la vida desde su interior mismo: la impostura afecta así a los propios estafadores, no lo dudemos, acuñando las características enfermizas y degeneradas típicas de la miserable dominación sionista. Un poder que, por definición, debe funcionar de forma cobarde, silenciosa, subrepticia -esencialmente anti-imperial- para extender su influencia como una subterránea y alevosa conspiración. Sectas, mafias, clubs, logias... Dependiente de la invisibilidad, el poder oligárquico se revela inepto para construir nada sólido, no da la cara, debe ocultarse, porque su esencia es la subversión del ser y, por ende, la esencial hipocresía y la mentira del traidor estructural.

Y así por toda la eternidad: cuando el dominio mafioso de la hedionda extrema derecha hebrea y sus aliados -en Cataluña, la oligarquía colonial local- sea desenmascarado -algo que, tarde o temprano, fatalmente sucederá-, ya nunca más podrá Sión levantar cabeza ni estafar a los "gentiles" con sus narcóticos fraternalistas utópicos de secular memoria. De una vez por todas, será  irreversiblemente derrotado Yahvé, el gran impostor. Es juego, el nacional-judaísmo (esa confluencia reciente de sionismo y ortodoxia religiosa, según Norberto Ceresole), de una sola baza, aunque de gigantesco perfil y procedencia milenaria. Sólo deseo, y digo esto con total sinceridad, que no exterminen entonces a "los judíos" cumpliendo un calendario idiota que únicamente ha favorecido a la propia ultraderecha hebrea, para que sean, en última instancia, ellos mismos, judíos -intelecto no les falta- quienes reconozcan y corrijan la abominable puñalada del extremismo trascendentalista e iconoclasta a la sagrada "causa" de la vida.

!Serán sin duda judíos críticos -ya lo son- aquellos que, después de Nietzsche, mejor puedan explicárnoslo! Ellos nutren esta nuestra nbitácora, empezando por Marx.

Karl Marx: el cristiano práctico se ha vuelto de nuevo judío
 
  
El (judeo)cristianismo, el antisemitismo incluso, es el eslabón histórico que encadena los gentiles al judaísmo. Sobre éste último tema se expresó con extraordinaria claridad el filósofo judío Karl Marx:

No busquemos el misterio del judío en su religión, sino busquemos el misterio de la religión en el judío real. ¿Cuál es el fundamento secular del judaísmo? La necesidad práctica, el interés egoísta. ¿Cuál es el culto secular practicado por el judío? La usura. ¿Cuál su dios secular? El dinero. Pues bien, la emancipación de la usura y del dinero, es decir, del judaísmo práctico, real, sería la autoemancipación de nuestra época. Una organización de la sociedad que acabase con las premisas de la usura y, por tanto, con la posibilidad de ésta, haría imposible el judío. Su conciencia religiosa se despejaría como un vapor turbio que flotara en la atmósfera real de la sociedad. Y, de otra parte, cuando el judío reconoce como nula esta su esencia práctica y labora por su anulación, labora, al amparo de su desarrollo anterior, por la emancipación humana pura y simple y se manifiesta en contra de la expresión práctica suprema de la autoenajenación humana. Nosotros reconocemos, pues, en el judaísmo un elemento antisocial presente de carácter general, que el desarrollo histórico en el que los judíos colaboran celosamente en este aspecto malo se ha encargado de exaltar hasta su apogeo actual, llegado el cual tiene que llegar a disolverse necesariamente. La emancipación de los judíos es, en última instancia, la emancipación de la humanidad del judaísmo.

Y añade:
El judaísmo alcanza su plenitud con la sociedad burguesa, pero la sociedad burguesa sólo llega a su plenitud en el mundo cristiano. Sólo bajo el dominio del cristianismo, que convierte en relaciones puramente externas al hombre todas las relaciones nacionales, naturales, morales y teóricas, podía la sociedad burguesa separarse totalmente de la vida del Estado, desgarrar todos los vínculos genéricos del hombre, suplantar esos vínculos genéricos por el egoísmo, por la necesidad egoísta, disolver el mundo de los hombres en el mundo de los individuos atomizados que se enfrentan los unos contra los otros hostilmente. El cristianismo ha surgido del judaísmo. Y ha vuelto a disolverse en él. El cristiano era desde el principio el judío teorizante; el judío es por ello el cristiano práctico y el cristiano práctico se ha vuelto de nuevo judío.

Das Kapital. El capital. "Lo infinito" de Jordi Pujol es la serie matemática numérica: !hete aquí la verdad del tabernáculo! Convertir todo ente natural, y para empezar la vida, esclavizada, recategorizada como "materia prima" o "trabajo" y destilada en forma de fuerza abstracta de producción, primero; objetualizada, cosificada, después, en tanto que mercancía (que incluye, no lo olvidemos, el "mercado laboral", la gente),; y, finalmente, excretada qua valor de cambio (dinero, acciones, tarjetas de crédito, bonos, valores, contratos, ítems, bits y códigos electrónicos varios..., una cadena ficticia de signos en el ordenador bancario de un remoto paraíso fiscal...), en una palabra: transmutar la vida en "infinito", esto es lo que significa para la extrema derecha judía santificar el mundo, divinizarloVoilà la humanización bíblica. Me siento incapaz de distinguirla, pese a que ellos  no dejan de hablar de "alegría"..., de una fórmula para la aniquilación. Aunque el resultado, un desierto, nos devuelva al paisaje originario de las tribus beduinas del desierto y quizá al odio hacia aquellos otros pueblos -!malditos!- cuya patria había sido el bosque, la montaña, las aguas dulces..., no nos equivoquemos con el "progreso capitalista": tras de sí sólo deja un vertedero pestilente. El exterminio de la naturaleza, de los pueblos, de la cultura, del mundo entero, no es una metáfora: se está convirtiendo en la realidad, en nuestra realidad. Cuando frente a nosotros, a un lado se levante una inmensa montaña de basura (productos desechados) y al otro una no menos inmensa montaña de "capital", de "nada" (la cadena numérica del banco sionista-succionador central), se habrá consumado, en forma de devastación, el proyecto monoteísta judeocristiano de negación de la phýsis. Sobre el cadáver de la naturaleza y de todas las naciones, pueblos y culturas allanadas emergerá entonces el funerario Reino de Jerusalén. "El desierto crece", Nietzsche dixit. Y hacia ese destino caminamos, de grado o por la fuerza, a latigazos de la piara financiera y sus perros guardianes político-policiales. Todo ello gracias a los cristianos, colaboboradores histórico-mileniarios del monoteísmo abrahamánico en occidente; a los liberales biempensantes, individualistas temerosos del Estado pero no de la corporación, humanitarios de resorte que condenan el comunismo y el nazismo pero ignoran Hiroshima o Dresden; a los pseudo patriotas deseosos de mostrar su celo antifascista; a los izquierdistas autistas, atrincherados en sus cuatro consignas de no-pensamiento,  en definitiva: a las oligarquías locales (que todos aquéllos visitan hurgando la teta de la subvención administrativa), testaferros de los verdaderos amos del mundo. El signo de "el sistema" que podemos ver y palpar está delante de nosotros, paséase por las calles de Barcelona tranquilamente y, a casa nostra tiene un nombre: Oriol Pujol Ferrusola. !Nada "abstracta", pues, la filosofía crítica! Más claro no lo puedo decir ya sin que me visite la policía.

"¿Cuál su dios secular? El dinero" (Karl Marx).
Que el fundador del nacionalismo catalán sea un banquero católico, Jordi Pujol Soley, no es, por ende, una casualidad. Resume y condensa en una figura humana la verdad de esa "doctrina" y corriente política profundamente falsa, retorcida, repelente hasta la náusea, de mentirosos patológicos incurables, cuya impostura se remonta a la fundación del judeocristianismo, el fundamental fraude de occidente ("Cristo resucitó al tercer día, sométete y regresarás de la muerte..."). Éste se articula y concreta no sólo históricamente en distintas etapas de despliegue de su esencia, sino en ámbitos geográficos determinados. En nuestro caso: Cataluña, hoy. Último escalón de la dialéctica crítica descendente. Nada de "vivir entre libros". He identificado perfectamente al enemigo del pueblo. Que la oligarquía local catalana sea ya más judeocristiana incluso que católica y lo sea tanto en su vertiente CiU como en su vertiente "de izquierdas" (PSC), no resulta tampoco fruto del azar: es la evolución lógica que le corresponde a una realidad, inseparable de su dimensión autocomprensiva, donde el "patriotismo" (desde 1945) se ha esfumado y la nación, esa nació inventada para justificar las fechorías de distinguidos ladrones con corbata, constituye una pura coartada criminal, una empresa, un modus vivendi descarado, cínico, que toma conciencia tempranamente de sí mismo ya en la juventud, que impregna el ambiente dorado de las escuelas eclesiales en la Zona Alta de Barcelona, que convierte el hábito de mentir en sustancia de la  situación estructuralmente alevosa inherente a las élites catalanistas. Los nacionalistas catalanes, empezando por el propio Pujol, son en efecto, en primer lugar y ante todo, nunca lo olvidemos, traidores a Cataluña. No miremos, por un momento, a Hispania, ese subcontinente riquísimo, nuestra patria, atengámonos a las consecuencias que comporta el despotismo saqueador oligárquico para los propios catalanes anónimos -vulgares y corrientes-: ciudadanos, trabajadores, estudiantes, amas de casa... Han sido éstos siempre víctimas y aquél adversario implícito del pueblo en tanto que depositario y objeto -respectivamente- de la misión católica. Una doctrina cosmopolita, mundialista y antinacional que, ciertamente, arraigó tiempo ha en occidente preparando el tipo de sociedad capitalista liberal actual, apátrida por esencia, de que los catalanistas son simples herederos, pero asumida al fin por la oligarquía local de posguerra con todas sus consecuencias.

Le dije a López Rodó: "Cataluña tiene el complejo de haber perdido la guerra civil". Replicó él sin vacilación: "Pues yo soy catalán y tengo la impresión clarísima de haberla ganado" (Salvador Paniker, Segunda memoria, citado por Malló, O. / Martí, A., En tierra de fariseos. Viaje a las fuentes del catalanismo católico, Barcelona, Planeta, 2000, p. 8).

Humillaron, oprimieron y persiguieron no porque fueran especialmente feroces, sino porque esas eran las únicas maneras que conocían de estar por encima de los demás, de sentirse superiores, ya que carecían de toda superioridad real y no tenían ninguna función que cumplir en la sociedad española (Víctor Alba, Todos somos herederos de Franco, ibidem).


Los catalanistas contemporáneos han convalidado el fraude de forma consciente: han consumado adrede una larga trayectoria de subversión antinacional iniciada en las sinagogas de la Antigüedad romana tardía. Pujol marca el hito histórico, la línea divisoria, sin vuelta atrás, entre lo culposo y lo doloso. Pujol es un farsante, puro actor. El interior de Pujol está hueco, como el tabernáculo hebreo: a lo sumo, resuena allí el dring-dring de algunas monedas de plata, únicos habitantes de su oscura oquedad íntima.  El pacto catalán de sumisión ante Israel condensa la consumación de esta postrera vuelta de tuerca histórica del judeocristianismo. De manera que el ideal independentista, la destrucción de Hispania, coartada permanente y aparentemente inagotable del nacionalismo catalán, no se puede interpretar, como la interpretan sus inocentes y sinceros seguidores nacionalistas de base, en términos de un concepto político inmanentista: la independencia es la forma concreta que adopta en Cataluña, bajo la oligarquía local, el trascendentalismo hostil a la vida, es decir, en este caso, el trascendentalismo católico tradicional transmutado (Opus Dei mediante) en sionismo y "filosionismo euroamericano". Este katholon (=universal) ejecuta a la nación "fascista" hispánica y culmina con el sacrificio del primogénito (el pueblo) las tareas del cosmopolitismo antinacional-traidor, consustancial al cristianismo, en esta área de dominación oligárquica del mundo. Aniquila al país que expulsó a los judíos, condenado a muerte en Jerusalén por este imperdonable motivo. Que la élite catalana es enemiga del mismísimo ciudadano catalán de calle, es decir, de los hijos de la MARCA HISPÀNICA, pueblo al que, más allá de las polémicas catalanismo-españolismo, harto superficiales, busca ante todo oprimir y exprimir, lo acredita la desaparición del catalán, de la cultura catalana y de los catalanes autóctonos en tanto que "etnia". Es la oligarquía local la que erige la utopía de una Cataluña independiente como sociedad perfecta ayuna de máculas castellanas, pero sólo para mejor ir aniquilando a la sociedad catalano-hispánica, la única real. Por supuesto, su independencia es una Icaria siempre futura, ontológicamente inalcanzable, que ante todo desvía nuestras miradas, alzándolas en dirección al cielo, para que no olamos el hedor que emana la verdadera entidad beneficiaria de todo el cotarro provincial: una minoría putrefacta, fea, cobarde, degenerada, idiota y, en este caso, subrayemos el aspecto crucial, constitutiva y esencialmente vinculada a un poder extranjero. Traidora.

El anhelo de apropiación del Estado, de España, ya fue traducido a ensayos mucho antes del éxito logrado hoy día. Esto conecta con la profunda indiferencia de la burguesía que por todas partes veía las tradiciones patrias en calidad de obstáculo, de rémora. En su carrera por la violación de todas las leyes, la burguesía catalana debió fundirse con la española en la gran sangría de la guerra civil. Hasta que llegó el Generalísimo tuvieron que esperar esa figura histórica y renunciar a sus planes, soportando insolencias de unas masas divididas, unas facciones desfavorables. Barcelona se comportaba peor que nunca. No caía a sus pies.  (...) Entonces ocurrió lo consabido. Su catolicismo sui generis recibió un nuevo impulso, un élan vital diferente. (...) O sea, que se decidieron a denunciar la opresión de las leyes del Estado y su inmediato pasado cantando su amor con la intensidad propia de la frustración. Cuanto más exhibían su "amor" a la luz del día y en formaciones paramilitares, más expresaban la resistencia a a aceptar límites a los crímenes proyectados. "Los mataríamos a todos, pero como todavía está la policía fuera de la manada y no podemos, proclamamos que no lo hacemos por amor" (Alfons Martí Bauçà, op. cit., pp. 16-17).

Este es el sello del catolicismo burgués y catalán. Decir que se trata de algo rastrero y ratero sería dignificarlo (Alfons Martí Bauçà, op. cit., p. 17).

Si hay algo que odia el expansionismo burgués es cualquier forma de ley positiva. Si algo se yergue contra el anhelo de destruir todas las defensas de la propiedad privada e impide la inclusión de todo el mundo en la gran manada superflua, la gran  liga vampírica, eso es la solidez del Estado, incluso en sus versiones más corruptas. Entonces los burgueses afirman que aman a quienes no pueden asesinar (Alfons Martí Bauçà, op. cit., p. 14).

"Carecían de toda superioridad real" (Víctor Alba).
Porque quizá lo primero que convenga aclarar, a la luz de las explosivas declaraciones de Marx, es que el trascendentalismo, como negación de la vida y, por ende, de los pueblos, que son -y no los individuos- las unidadades básicas de la vida, pertenece partadójicamente a este mundo. Su objetivo lo constituyen los recursos materiales, la sustancia nutricia que succiona el parásito religioso aterrestre, en forma de trabajo, quintaesencia del tiempo-vida fenoménico estructurado (Dasein). A pesar de sus declaraciones, que pueden desorientarnos, y buscan deliberadamente hacerlo señalando con el dedo hacia un "más allá" (el ultra puede ser el cielo, pero tambíén "Madrid" o los futuros Països Catalans), el trascendentalismo articula la concreta y especialísima manera en que una "forma de vida" ontológicamente huésped puede existir en nuestro mundo. La trascendencia es sólo su justificación ideológica... En este contexto donde lo trascendentalista abstracto y lo concreto político "local" se anudan férreamente, sostenemos que la independencia catalana no debe llegar nunca: como el horizonte, se aleja cada vez que avanzamos hacia ella porque representa el pábulo psicológico de la "esperanza" popular catalanista. Mantiene aquélla a Hispania permanentemente emponzoñada, enferma, terminal, postrada, quebrada en lo simbólico (España=fascismo=holocausto) para mejor apoderarse de sus recursos (catalanes="judíos" de Hispania). El independentismo catalán es la fórmula local del utopismo secularizado, que da perfil autóctono a la típica idea transmundanista de procedencia monoteísta. El famoso pacto fiscal como "primer paso" hacia la independencia y, al mismo tiempo, como botín que Pujol exige a "Madrid" a cambio de renunciar a la independencia (el "doble lenguaje" es esencial en todo este negocio discursivo) significa sólo una cosa: dinero extra para la oligarquía, nada más. Y nada menos: el tabernáculo.

Símbolo del proyecto racista
católico de mestizaje universal.
La oligarquía catalana viene matando a sus mejores hijos desde hace siglos. Tiene que exterminarlos para que el dominio familiar endogámico se perpetúe tranquilamente sin temor a sacudidas inesperadas: la creación, el evento, la excepción... !La historia! Historia que debe quedar congelada para que no perturbe la silenciosa y placentera succión del hongo oligárquico (torrazas, coches deportivos, dietas, drogas, putas, arrogancia chulesca de un payasete sin media ostia, pero con un "cargo" y que te puede joder la vida...). En esto sigue la secta las directrices marcadas por el judeocristianismo para los pueblos católicos, en cuyo seno, a diferencia de lo que ocurre con los judíos, es decir, con los rabinos más inteligentes, apoyados por la comunidad hebrea organizada para que traigan al mundo tantos hijos como sea posible, los cerebros católicos brillantes devenían sacerdotes y excluían a priori, en observancia del dogma biocida del celibato, la posibilidad de una descendencia nacional genéticamente potenciada... La élite tenía, pues, tarde o temprano, que descomponerse. El entramado institucional católico es ya el primer factor que determina, cercenando de raíz la eugenesia espontánea del pueblo sano, la extraordinaria mediocridad cultural catalana. Pero el atentado contra la vida no termina aquí: a dicho precepto autodestructivo general con que el catolicismo ha debilitado a sus propios pueblos para provecho de esa versión gentil del monstruo universal enemigo de la vida que es la iglesia romana, nuncio-hongo del Jerusalén escatológico "para gentiles", la oligarquía local catalana añade un agravante, un fet diferencialhecho diferencial ignominioso, un extraordinario celo en la esterilización, en el debilitamiento espiritual y cultural del pueblo catalán, que habrá de permanecer, ante todo, encadenado a lo católico, léase: a lo "universal": no-catalán y sometido así a su élite degenerada o... desaparecer. Cataluña será cristiana per collons, si no, nos la cargamos (antes rota que roja, inversión del slogan fascista): aviso para navegantes. Cat-aluña es Cat-ólica: el pueblo-católico, círculo cuadrado, fórmula de la extinción en estado puro, se pudre por la cabeza, como el pescado que le hace las veces de símbolo al rebaño de Dios. La oligarquía debe controlar los azarosos milagros biológicos y espirituales que puedan poner en peligro el putrefacto sistema oligárquico regional, mientras, al mismo tiempo, garantiza la promoción social del aterrestre parásito oligárquico, del hijo tarado pero pío, del enchufado, del amiguete, del deforme sumiso dotado, a lo sumo, de rictus, del mezquino, pelota, cruel, prepotente con los "inferiores", contrahecho, nada raro en las filas nacionalistas... La oligarquía está obligada, de alguna manera, a neutralizar a los catalanes no castrados por Pujol, es decir, a los ciudadanos dispuestos a preservar como sea su dignidad y dotados de capacidad creadora autónoma.  La oligarquía intenta primero "captarlos" de buen grado para que se postren ante el judío Jesús y la sirvan, pero, si se resisten, envenénalos mediante el lento ahogo económico, el aislamiento social, la estigmatización, el ostracismo, la muerte civil, la calumnia, el descrédito... Todos los "genios" de Cataluña han terminado escupiéndole en la cara a la élite oligárquica catalana: Josep Pla, Eugeni d'Ors, Dalí... Obsérvese el destino de Verdaguer en el genial libro de Oriol Malló En tierra de fariseos (2000), un ejemplo perfecto de cómo funciona el dispositivo de exclusión.

Los católicos corruptos de tiempos anteriores al siglo XX recurrían con suma facilidad a la calumnia para ganarse la opinión pública y eliminar de la vida pública o asesinar y degradar a hombres rectos, cuya independencia o sentido del deber frenaban las intenciones de expolio y generación de poder de los jerarcas o los grupos privilegiados en el seno de la Iglesia. El apabullante ascenso de la burguesía y la imposición de su sistema filosófico tuvo la curiosa particularidad de verse acompañado de los primeros balbuceos del lenguaje fariseo moderno. (...) La Mafia funciona según el viejo esquema fariseo. (...) Coacción y miedo. Lanza sus amenazas y, acto seguido, ofrece sus favores a la víctima. "No te mato aunque pueda, luego me debes algo", reza su padrenuestro. (...) Repito que el ídolo burgués, con su insuperable hipocresía, desborda los límites de la corrupción eclesiástica (Alfons Martí Bauçà, "Prólogo", En tierra de fariseos, Malló, O. / Martí, A., op. cit., pp. 13-14).

Al envenenar los mejores frutos del árbol popular, verdadera trascendencia inmanente, la oligarquía ha frenado durante siglos el desarrollo finito de la Marca Hispánica. En lugar de esos ejemplares humanos magníficos del arte catalán que han superado todos los filtros de veneno eclesial, la oligarquía "coloca" y engorda, a costa de los recursos públicos, a sus hijos tontos (los que, por su incapacidad intelectual, no se hicieron sacerdotes y... se casaron). Los cretinos católicos constitutivamente antinacionales -cuyo único interés real es el dinero, la salvación del alma y la vidorra- pululan como cucarachas Lacoste en las zonas residenciales del país. Son los que atestan los mítines de l'hereu. Y se reproducen copulando sólo entre ellos, con las consecuencias de todos conocidas. A semejante "solidaridad familiar pseudo elitista" se la debería llamar por su nombre: acto de traición, proyecto de emponzoñar la vida, de asfixiar al pueblo, explotarlo, parasitarlo, aplanarlo, reducirlo a esa minoría étnica presta a despedirse del mundo que somos ya los catalanes. !Pero no ha sido "España" la causa de nuestras desgracias! !Ha sido una oligarquía local aterrestre, egoísta, cruel, estúpida, ignorante y arrogante donde las haya! !El govern dels millors!!Tamaña caterva de inútiles resume el nivelazo de nuestras élites! Cataluña se muere como morirán todos los pueblos bajo el dispositivo de poder del sistema oligárquico transnacional, cierto. Nosotros los catalanes, simplemente, llegamos los primeros al matadero gracias a nuestros gobernantes. El beneficiario de este lento y silencioso parasitaje que va consumiendo, poco a poco y de puro envenenamiento, su fuente humana sana, popular, es  la micosis fungoide generada por las 200 familias católico-oligárquicas. Éstas llevan siglos aferradas como chinches a las fuentes biosociales de riqueza, trabajo y creación catalanes, ahogando en la cuna, sádicamente, a cualquier hijo del pueblo que estos deformes endogámicos juzguen una virtual "amenaza para Cataluña": casi todos los mejores. La sucesión de Jordi Pujol por su hijo Oriol, respecto de la cual Artur Mas representa sólo el pudor electoral de la prepotencia dinástica, eleva a institución un mecanismo que viene funcionando a pequeña escala en todos los enclaves de la sociedad civil catalana (por no hablar de su administración pública), y que la política pujolista de inmigración (tráfico de mano de obra barata extranjera a costa de los trabajadores autóctonos) no ha hecho sino consolidar en forma de cinismo abiertamente anticatalán. La familias populares catalanas han sido, en efecto, heridas de muerte, para mayor prosperidad del negoci, por las mismas fechas en que los Pujol pactaban con Israel. La prevista designación de Pujol II como rei de la Generalitat culmina y fija simbólicamente, en este aspecto concreto, siglos de opresión oligárquica a manos del régimen familiar, al cual los catalanes hemos estado y seguiremos sometidos hasta nuestra desaparición total como pueblo.

Pero es que la burguesía catalana, abiertamente católica, es decir, farisaica, halló más obstáculos que sus correligionarios para llevar a cabo sus planes de exterminio del pueblo catalán. (...) El desprecio hacia el pueblo catalán iba más allá de lo concebible. Los conflictos con las corrientes anticlericales y la desesperación obrera anarquizante condujeron a un aislamiento todavía más marcado (Alfons Martí Bauçà, op. cit., p. 16).

Del catalanismo al extraterrestrismo no hay mucho trecho. (...) El etnicismo se convierte en argumento no para elevar el tren de vida de la propia parroquia, sino para hacer más suave el exterminio de la masa de compatriotas, quienes se ensañan en los despreciables extranjeros. (...) Marginados, negros, amarillos, !qué más da!, lo importante es la exhibición de "amor" por unos desafortunados, unos inferiores a quienes no hay manera de exterminar a causa del imperialismo americano, como en el seno de la raza local, los seglares y el populacho reciben amor y cariño en las fábricas de hermandades católicas, los clubs d'esplai, su escoltismo, su civismo, cuya vigencia se anuncia superflua si la "represión" de las repúblicas dejase las manos libres a esa raza extraterrestre que confunde a Dios con el poder de la masa y que a veces expresa su hastío por tanto "amor" estratégico... aunque siempre off the record. Como dijo un nazi notable: "No se dan cuenta de que están vivos gracias a nosotros". Y el mundo todavía sin extirpar a esos extraterrestres de su seno. !Paradojas peligrosas! (Alfons Martí Bauçà, op. cit., pp. 24.25).

¿Vamos a permitirlo? Es una cuestión de dignidad nacional que el pujolismo caiga, y además que lo haga empapado del lívido sudor del deshonor; no sólo eso: que las 200 familias traidoras, y singularmente sus 400 gusanos aterrestres enquistados "en todas las instituciones", muerdan el asfalto con sus propios dientes de oro, para así pagar la secular traición oligárquica al pueblo de Cataluña.

Resurrección: la gran estafa año cero.
El nacimiento de "la esperanza"

Este proceso empezó hace milenios: antes incluso de que existiera el pueblo catalán se establecieron los fundamentos institucionales judeocristianos que desembocarían en el capitalismo liberal y en el pansionismo al que sirve la oligarquía cipaya local  en perjuicio del pueblo de la Marca Hispánica. He aclarado todo lo anterior para que, en un primer paso argumental que nos debe llevar a la crítica del independentismo catalán, se comprenda el significado de una simple frase procedente del campo cristiano que, sin quererlo quizá, nos permite comprender algunas claves de la situación histórica actual, a saber, los tiempos en que la sociedad de consumo, la versión secularizada del judeocristiano "reino de Dios" -y no, como pretenden los católicos negando la paternidad del monstruo, el rechazo "ateo" de aquél- muestra las postreras consecuencias del ideal trascendente. El libro se titula El drama del humanismo ateo y su autor es un católico militante, Henri de Lubac; se publicó en un año clave que decidía el destino del mundo: 1943.  Henri de Lubac nos explica cuáles fueron los sentimientos de júbilo en que se incubara esta gran conspiración de los degenerados que empezó siendo, ante todo, una traición a Roma y la subversión del imperio por el papado (=la paparra):
Estas verdades elementales de nuestra fe nos parecen hoy banales, y aun nos olvidamos demasiado frecuentemente de su realidad. Nos cuesta imaginarnos la revolución que provocaron en el alma antigua. Al primer anuncio que se recibió de esto, la humanidad quedó sobrecogida por la esperanza. (...) Pero desde el comienzo esta idea había ejercido una acción más profunda. Por ello el hombre fue liberado de la esclavitud ontológica que hacía pesar sobre él el Destino. (...) Se acabó el ciego destino! !Se acabó la Eimarmeme! !Se acabó el Fatum! El Dios trascendente, Dios "amigo de los hombres", revelado en Jesús, abría a todos un camino que no se cerraría jamás. De ahí ese sentimiento de intensa alegría y de novedad radiante que se extiende por todos los primeros escritos cristianos (De Lubac, H., El drama del humanismo ateo, Madrid, Encuentro, 1990, pp. 19-20).
Si alguien quiere, rememorándola, experimentar esa alegría cristiana despojada de todo componente religioso, antropológicamente "pura", aunque hoy en horas bajas, evoque la "liberación de París" (1944) o incluso las escenas festivas que siguen a la destrucción de la Estrella de la Muerte en la tercera entrega de la trilogía "La guerra de las galaxias". !Llega la esperanza! !Bebamos una Coca-Cola! !El destino -las divisiones Panzer SS- ha sido vencido: como la muerte con la resurección! Pero en realidad ha llegado otra cosa. No se va a manifestar quizá de forma inmediata (a pesar de que la conversión de los sajones, por ejemplo, ya anticipa el "humanismo"): el poder más despiadado de la historia, aquel que, precisamente, gobierna mediante la promesa, la "pantalla total" (Baudrillard), de manera que los genocidios se inventan o dejan de existir según convenga. Un poder tanto más brutal cuanto que los críticos nada pueden oponerle  (ya sea el Destino, el Demonio o el Fascismo) que no "suene" diabólico, que no entristezca a esos nuevos drogadictos de la utopía ayuna de tiempo-muerte; aquellos que serán, de ahora en adelante, los heraldos cristianos del "amor" y, con ellos, las crisálidas espirituales de los futuros "ciudadanos occidentales" (liberales), depositarios del huevo mesiánico -incrustado en su alma por el parásito aterrestre- hasta la inminente "consumación fukuyámico-rabínica de los tiempos", ya cercana. Entonces el huevo se abre y el "cristiano-gentil" revienta para que nazca Jerusalén.

"La gran manada vampírica..." (A. Martí).
Pues bien, el resorte psicológico de esta esperanza soteriológica tan especial, la euforia antidestinal, presente en todo cristiano, aquí aún judío, es la que explota el independentismo catalán, nutrido por católicos que, cuando votan a CiU, no realizan un simple acto político, sino el secreto ritual religioso de la independencia, la destrucción de Hispania (la imperial), el advenimiento del paraíso que tiene-que-llegar,  el ardor esperancista como antídoto contra la experiencia humana antitética, la verdadera, siempre pisoteada e ignorada, de la finitud. Un complemento vitamínico-espiritual de la religión que se añade a la lotería, el fútbol y otros sucedáneos, pero fabrica muchos votos entre la cretinada biempensante si se sabe mantener viva la alegría con costellades y paellades populares, triunfos del Barça, lamentos recurrentes contra "Madrit" ("!Espanya ens roba!"), etcétera... Y, por supuesto, como en el caso del "reino de Dios", cuya gozosa parusía esperaron en vano durante siglos los chrétiens, tampoco advendrá jamás la independencia catalana, pues con su espantosa e incontestable "realidad" oligárquico-local, ridícula donde las haya, terminaría el cuento y, por ende, el negocio. No es que no llegue por culpa de la "fascista" España, es que -subrayémoslo- jamás ha de llegar; los propietarios de la pócima idiotizante son los primeros en administrar cuidadosamente su uso y dosis, siendo así que prefieren una Hispania eternamente culpable, en permanente peligro de división, que llevar al terreno de los hechos -y las consiguientes responsabilidades- los ideales independentistas, mucho más útiles como símbolos o mitos políticos que como conceptos politológicos o estratégicos efectivos. Las amenazas independentistas pueden canjearse por pactos fiscales y producir dividendos inmediatos para quienes han de aprovecharse de todo ello: no, por supuesto, los ciudadanos de Cataluña, sino los miembros de la oligarquía local. La independencia es, en definitiva, más que el logo de un negocio, el negocio mismo, como aquello de vestir Lacoste. Los oligarcas trafican con poderosas corrientes de sentimientos, pues poderoso es un sentimiento, la esperanza, que constituye el reverso de la angustia y de la desesperación, siempre más profunda y próxima a la auténtica realidad humana, por mucho que esta realidad sea negada y su negación háyase convertido en la definición misma del "hombre".

La tecnología acude a la cita con la idolatría. El grupo divinizado, portador de los atributos del Espíritu, muy irritado con las barreras del pensamiento, extrae el poder de sugestión que atrae a asesinos natos y fracasados rotundos a causa de la promesa de invertir, suplantándola, la verdad. La idea de razón debe comprenderse a la luz del proceso de divinización del poder, de la capacidad asesina de la manada. Y tener razón es un objetivo muy acariciado cuya más perfecta realización corre pareja a la promoción de la tecnología. Ese tipo de "razón" superior vendría a ser un saber esotérico, un sucedáneo del Espíritu que prohibe con arrogancia y despecho el fluir del verdadero pensar que opera al Espíritu (Alfons Martí Bauçà, op. cit., p. 21).

 .
El filósofo alemán Ludwig Feuerbach fue el primero en aplicar al concepto de Dios la metodología del desenmascaramiento antropológico -humano, demasiado humano- que luego Nietzsche convertiría en su ars magna: Dios como proyección de las necesidades insatisfechas de las masas esclavizadas, imagen ideal invertida del hombre real. Ese mismo método se hizo extensivo, en Nietzsche, a las versiones secularizadas de los "ideales teológicos": las "ideas modernas". Marx, por su parte, demostró que no se trataba sólo de una mera cuestión filosófica o teórica relativa a ideas, sino que las proyección de valores "espirituales" era sólo un aspecto, una superestructura, de un fenómeno material de explotación económica, de "valores", sí, pero en un sentido casi bursátil. Si cruzamos los conceptos críticos de Friedrich Nietzsche -secularización- y Karl Marx -explotación económica- podremos acuñar el instrumental analítico de una exégesis del concepto pseudo nacionalista catalán de independencia como trascendencia catalana secularizada y,  al mismo tiempo, como ideología (en sentido marxiano) al servicio de la vampirización secular del pueblo catalán.

Este análisis continuará en una próxima entrada y al hilo de nuevas noticias de la prensa sobre las corruptelas de Oriol Pujol.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
17 de agosto de 2012

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Nota: Las citas de Alfons Martí Bauçà no tienen sólo la finalidad de "fundamentar" el texto principal, sino de ilustrarlo en la radical ambigüedad o, mejor dicho, duplicidad nazi-sionista y (anti)fascista que las constituye, según ha reconocido el co-autor de la obra En tierra de fariseos, Oriol Malló. De hecho, dichos fragmentos sólo se iluminan desde la verdad del sionismo y proamericanismo del propio Martí Bauçà, con que carga, lamentablemente, como una suerte de superestructura filosófica, un libro cuyo cuerpo textual central es principalmente obra de Malló.

DOCUMENTOS ANEXOS

http://www.elconfidencial.com/espana/2012/08/21/asi-medraban-los-amigos-de-oriol-pujol-todos-vamos-colocandonos-en-un-puesto-103993/

Las escuchas de la trama de las ITV

Así medraban los amigos de Oriol Pujol: "Todos vamos colocándonos en un puesto"


Las escuchas a los detenidos por la trama de las ITV en Cataluña desvelan cómo se teje una red para ir copando poder y contactos. Por ejemplo, Sergio Pastor, uno de los principales implicados, pasa al consejo asesor de Fomento y a consejero del Idiada. O, como decían en sus conversaciones, “vamos haciendo cosas poquito a poco, pero todos vamos colocándonos en un puesto”. Una de sus metas era alcanzar la presidencia de la federación de entidades de certificación de España a través de una empresa que crearían con la firma Ficosa.
Ficosa era su gran baza y en las conversaciones descubren lo que necesitan: “Por ejemplo, que nos reciba alguno de importancia, de dentro del partido (CDC), ¿me entiendes? Decir, mire, el señor Pastor cuenta con nuestra confianza más absoluta porque es un hombre que creó un proyecto fabuloso para Cataluña”, afirma en otra conversación Sergio Pastor. Y Xavier Alsina, otro de los implicados, le responde: “Yo creo que la mejor opción será el propio Oriol (Pujol). Que él, como secretario general de CDC y como responsable del grupo parlamentario, y que te conoce, pueda decir que de la etapa en Industria [Oriol había sido secretario de Industria en el último Gobierno de Jordi Pujol], y que ha ido siguiendo el proyecto... por lo tanto, yo creo que sería la persona”.

Pastor quiere, asimismo, controlar el Colegio de Ingenieros porque lo consideraba un “tema importantísimo”. Por ello, hace que Alsina se lo haga saber a su amigo Oriol Pujol. El 28 de junio del año pasado, Alsina le responde que ya lo ha hablado con Oriol y que éste ve fundamental que Pastor esté dentro del Colegio.

Esta institución, según el empresario, se la reparten “los sociatas y los convergentes. En este momento, está Juan Torres, que era el concejal de Movilidad de la Policía hace unos años y que después ha sido presidente de los Ferrocarriles de la Generalitat. Pues bien, el que mueve todo (...) es Joan Torres, porque Vallbé [Joan Vallbé, exconsejero con Jordi Pujol] es un cero a la izquierda (...) entonces yo, directamente por la cara, cojo y le digo a Joan Torres: Joan, me han llamado entre los notables. Yo... eso significa que voy a estar en la junta directiva (...) el tema yo ya lo he hablado con Convergència (...) Porque el Colegio es un elemento de crítica por todo. Es decir, en cualquier programa que hagas, energéticos, de líneas eléctricas...o tienes al Colegio de tu lado o puedes tener muchos problemas. Es decir, si el Colegio te dice lo de las líneas de alta tensión, o sea, por transporte aéreo es una barbaridad, tienes un problema para tu plan eléctrico. Y así con un tema nuclear. Y con muchísimas cosas... tienes muchísimos problemas”.

Su meta era poder llegar a presidente de la institución. Y en otra conversación con otro empresario critica que "el Torres se está comiendo al Vallbé, es decir, que el que realmente está dominándolo todo es Torres, que representa a los socialistas". Solución: ponerlo a él para pararle los pies.

El clan intentó también colocar a Josep Tous como director general de Industria. Tous era compañero de clase de Oriol Pujol, pero se encontraron con las reticencias del consejero Francesc Xavier Mena, que quería en los puestos clave a independientes de su confianza procedentes de Esade. “Josep Tous era un gran perfil para Industria, pero no lo han querido. Y eso que lo han intentado por varios caminos, pero el Mena no lo ha querido”, se quejaba en una conversación Xavier Alsina.

La última iniciativa para conformar el lobby era la organización de cenas privadas, de 12 a 15 comensales, en un palacete de Pedralbes. El plan era que estos actos cobrasen tal relevancia “que la gente esté suplicando que alguien les invite a nuestra cena”.


 

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Acabemos de una vez con la piara de corruptos que hunden al país y dilapidan nuestro futuro, basta ya de sanguijuelas oportunistas y lameculos trepadores. Y luego nos preguntarán que porqué nos queremos complicar la vida y si no podemos sonreír más ("Happy go lucky") y pensar "en positivo" como los tres monos sabios mientras se socavan día a día los fundamentos de la vida y la verdad: www.youtube.com/watch?v=CVMBljP80-4

Anónimo dijo...

También otro libro interesante al respecto: "Divertirse hasta morir" de Neil Postman. Obviamente también adolece de cierta falta de profundidad acerca de las causas pero refleja de forma más que aceptable el deterioro intelectual y de pensamiento que supuso el advenimiento masivo de la pantalla y su imaginería del espectáculo a los hogares del pueblo.
Creo, como apunté en otro comentario anterior, que el filósofo Félix Rodrigo Mora ahonda bastante en el asunto y en la axiología de valores (utopía felicista vs. la verdad de la muerte) que proponéis sin acertar a hallar sus raíces primigenias y últimas como vosotros. No sé si le conocíais o vuestra opinión al respecto...

ENSPO dijo...

Sobre el tema del "optimismo obligatorio" en la sociedad americana, recomiendo el libro de Eric. C. Wilson "Contra la felicidad. En defensa de la melancolía". Aunque el autor es americano y no llega, NO PUEDE LLEGAR, al fondo del asunto (termina atacando a Heidegger), sí aporta infirmación relevante sobre la idiotez estructural del imaginario yanqui.

Anónimo dijo...

Buena entrada, un análisis muy detallado de cómo funciona en el caso que afecta la oligarquía local al servicio de la oligarquía mundialista y sus falsas premisas manipuladoras, son demasiados años de engaño de estos caciques que están viviendo y enriqueciéndose a costa del pueblo de Catalunya, utilizándolo como moneda de cambio.

Anónimo dijo...

Jijiji, hay que ver como se las montan los de la piara oligárquica con "Oriolet" a la cabeza: http://www.elconfidencial.com/espana/2012/08/21/asi-medraban-los-amigos-de-oriol-pujol-todos-vamos-colocandonos-en-un-puesto-103993/
en la foto del artículo sale igual al marrano tirano del cómic de "Rebelión en la granja" que tengo en casa.

ENSPO dijo...

Gracias por el artículo. Es tan bueno que lo hemos incorporado a la documentación anexa. De esta manera la gente va abriendo los ojos. Espero que no les pateen los piños a uno de estos canallas. Sería una "pena".