sábado, febrero 18, 2012

Montserrat Tura y la impunidad de la tortura en Cataluña (1)

Siendo consellera de Justícia, la señora Montserrat Tura i Camafreita  protestó públicamente porque el Síndic de Greuges había osado denunciar malos tratos recurrentes y nada anecdóticos en las cárceles catalanas. Al entender de la honorable, no se habría presentado prueba alguna de tamaña pretensión. Reclamaba así Tura a Rafael Ribó que le hiciera llegar toda la información, advirtiéndole de que, si no podía "demostrar" sus molestas afirmaciones, el Síndic debería retirar su informe o rectificarlo.

Según "El Periódico" del 8 de mayo de 2008:

A pesar de que ayer Tura no intervino en ningún momento, ni mostró reacción alguna durante la intervención del Síndic en el Parlament, esta misma semana ha remitido una carta a Ribó en la que muestra su desacuerdo y preocupación por las conclusiones sobre los servicios penitenciarios catalanes que se exponen en el informe del 2007, según ha podido saber EL PERIÓDICO. Y su queja no se circunscribe solo a la memoria de esta institución, sino también al contenido de la nota de prensa que en su día, cuando fue presentado el resumen de actividades de la sindicatura, fue distribuida a los medios de comunicación. / En la misiva, la consellera expone que tanto del informe anual como de la nota de prensa se extrae la conclusión de que el Síndic de Greuges ha detectado la existencia de diversos episodios de malos tratos en una serie de módulos concretos de la cárcel de Brians 1, de los cuales Ribó ha manifestado tener pruebas de que se han producido, incluso con identificación de situaciones y funcionarios involucrados. En este sentido, Tura incide en el escrito en que, sin embargo, y de manera un poco contradictoria, se indica a la vez que la falta de identificación de los funcionarios, así como la dificultad probatoria de los reclusos, impide llegar a un conclusión diferente a la versión oficial. / La consellera recuerda a Ribó el máximo interés del departamento y de ella misma para erradicar situaciones como las relatadas en el informe. Por ello, ruega al Síndic que le haga llegar todas y cada una de las pruebas fehacientes relativas a las denuncias de malos tratos para actuar con la mayor diligencia. Pero, a su vez, advierte de que si no se dispone de esas pruebas debería puntualizar o enmendar, si cabe, el informe anual, ya que, a su entender, ninguna institución puede originar la más mínima sombra de duda respecto a la actuación administrativa ante hipotéticos malos tratos.

Vamos a demostrar que este desafío de la consellera era sólo propaganda política y no un requerimiento o apelación a la ética profesional que, en principio, cualquier persona rigurosa y seria hubiera podido razonablemente compartir.

Empecemos por el principio.

La incompetencia: de concejal de deportes a especialista carcelario en cuestión de días

Era, en efecto, la de Tura una cínica actitud, aunque aparentemente "objetiva", que contrastaba con una realidad harto diferente. Algunos funcionarios habíamos solicitado muchas veces una entrevista para presentarle los documentos acreditativos de la impunidad de la tortura en las dependencias penitenciarias, pero Tura, quien reclamaba, al parecer, como sería su deber, toda la información, no quiso nunca recibirnos.

El Sr. Albert Batlle i Bastardas, secretari de serveis penitenciaris a las órdenes de la Tura, que sí descendió del olimpo político forzado por nuestra insistencia, espetó sin más a la cara de Jaume Farrerons, después de insultarle  ("és vostè un absentista laboral"), que no aceptaba lecciones de derechos humanos del Sr. Farrerons. Suponemos que, como concejal de deportes del Ayuntamiento de Barcelona, había adquirido en poco tiempo un conocimiento especializado sobre la realidad penitenciaria y nada tenía que escuchar de un funcionario que llevaba 20 años bregando con el medio. Gracias a Batlle, tenemos a directores de prisión que ignoran el significado legal del habeas corpus o del artículo 408 del código penal. Ahora Albert Batlle i Bastardas ha sido recolocado en la Oficina Antifraude de la Generalitat. Sin duda, su experiencia carcelaria le sirve de currículo, los muchos fraudes que debe de haber conocido como responsable máximo de prisiones, empezando por sí mismo en tanto que alto cargo asistente a la condecoracíón sindical de un personaje calificado de "torturador" por decenas de asociaciones humanitarias, acreditan su idoneidad...

La corrupción: Josep Cuní, lacayo del poder o esa república bananera llamada Cataluña

En cualquier caso, el 9 de noviembre de 2006, cansados de esperar a que esa gente tan ansiosa por conocer la verdad se dejara de tapar los oídos, comparecimos en un programa de TV3, Els Matins, con el fin de hacer público aquello que al parecer la Sra. Tura ignoraba. El resultado fue que el departament de Justícia telefoneó en la pausa para la publicidad al presentador del programa, el famoso Josep Cuní, a fin de impedir a toda costa -y lo consiguió- que pudiésemos mostrar los boletines sindicales donde se amenazaba a los funcionarios considerados chivatos, es decir, a quienes vulneraren la omertà mafiosa de los carceleros (tremendamente funcional a los intereses del poder pese a venderse como película de compañerismo versus "infiltrados" de asuntos internos), así como documentos acreditativos de que la impunidad del maltrato era el resultado de un corporativismo fomentado por ciertas centrales muy próximas a los sucesivos gabinetes autonómicos.

Advertido y dócil a las órdenes de sus amos, el Sr. Cuní reoriéntó entonces las entrevistas hacia otros invitados y dejó a Jaume Farrerons poco menos que con la palabra en la boca. !El gobierno catalán le dictaba así a un periodista (presuntamente, modélico profesional del ramo), y además en tiempo real, lo que debía hacer o dejar de hacer en un programa de máxima audiencia! Se denunciaron los hechos ante el CCRT (Consell Català de Ràdio i Televisió) y me respondieron, agárrense, que, después de visionar el programa, nada sancionable habían observado...

Los políticos, claro, encubren las causas políticas de impunidad de la tortura, pero lo hacen en los medios de comunicación a golpe de teléfono; y lo peor: el órgano que debe velar por el código deontológico de la radio y la televisión !quiere que esta vulneración del principio de objetividad de la información por puro encubrimiento u omisión  aparezca en las imágenes! Ningún periodista protestó por la bochornosa intromisión política. Diarios, televisiones, intelectuales..., todos aquellos a quienes se informó sobre el hecho miraron hacia otro lado. Fotografía de "Catalunya" en dos, tres gestos institucionales... La mafia catalanista, el cáncer que corroe este país, quedó retratada en plena actuación generadora de "oasis".

!Imagínense el futuro que nos espera en una Catalunya independent! En nuestras pesadillas aparece la señora Rahola (que estaba sentada a pocos metros de mí cuando la celebrérrima libertad de información de las democracias fue apuñalada una vez más ante mis propios ojos) en calidad de consellera de Interior o Justícia a las órdenes directas del Mossad!

Me preguntarán cómo puedo saber que llamaron por teléfono al Sr. Cuní y quién lo hizo, pues bien, me lo confesó otra periodista también presente en el plató de TV3, la Sra. Xiana Siccardi, y el hecho quedó confirmado por el e-mail que enviara amablemente esa misma persona, honesta, sí, con lo que dispongo de una prueba documental de aquello que estoy afirmando aquí -y sostendré ante un juez si necesario fuere. Acusado Farrerons de fascista por quienes pretendían encubrir la tortura, para impedirle ejercer su deber de promover el respeto a la legalidad como sindicalista y funcionario de prisiones en un país presuntamente democrático (en realidad, como sé ahora con certeza, oligárquico), le censuraron. Alguien que denuncie abusos de instancias públicas, vulneraciones estatales de los derechos humanos, etc., puede ser amordazado y víctima de liberticidio bajo la indecente imputación de "fascismo" emitida por una pandilla de personajes de la calaña de Bush, Aznar, Pujol o, en este caso, de menor importancia, Tura. ¿Qué entraña, entonces, realmente, el "fascismo", en nuestros días y en los lugares cotidianos donde vivimos, trabajamos, educamos a nuestros hijos, ejercemos como "ciudadanos"? ¿Qué, el antifascismo de las instituciones próximas: locales, regionales, nacionales? Las relaciones entre estos hechos y la jerga antifascista acuñada por Stalin, así como la provisión del gulag, repleto de presuntos "fascistas", muestran muchos puntos de conexión, al menos en su estricto funcionamiento lingüístico. Otra alarmante coincidencia es la acusacíón de "loco", también utilizada, como sabemos, por los estalinistas y la nomenklatura soviética en general contra los disidentes y que así mismo hará suya la Generalitat de Catalunya al objeto de desprestigiar a Farrerons (aunque la oligarquía catalana la utilizó ya con Verdaguer y no necesitaba, pues, copiarla de Koba el Terrible para luego arrojársela al denunciante). No en vano sostiene Petras que el sionismo es el estalinismo del siglo XXI. Cataluña constituye, en efecto, gracias a Pujol, un enclave local de la oligarquía sionista transnacional; el ambiente que se respira en los medios de comunicación catalanes es el asfixiante que corresponde a una constante negación y manipulación de la verdad al servicio de los intereses oligárquicos.

La criminalidad: impunidad de la tortura, de la sensation caciquil subjetiva al indulto formal real

Por los motivos expuestos, y otros que vienen a continuación, sólo podemos calificar de impostura flagrante la actitud de Tura. No son palabras demagógicas vacías, sino conocimiento de primera mano de cómo funcionan las cosas realmente en Cataluña. Nuestra denuncia de entonces sobre las prisiones había sido confirmada por informes de varias organizaciones e instituciones de prestigio a las que venía a sumarse ahora, ante la evidencia, el Síndic de Greuges. El problema de la conselleria de Justícia no era, por tanto, de falta de información, sino todo lo contrario: estábamos ante una voluntad deliberada de engañar a la ciudadanía, de encubrir algo que los políticos ya sabían desde hacía años porque ellos mismos habían parido y alimentado al monstruo corporativista utilizando a ciertos sindicatos de observancia nacionalista como títeres para manipular a la plantilla de funcionarios.

El tiempo ha venido a convalidar con el sentimiento de la convicción moral aquéllo que pensábamos a la sazón sobre Montserrat Tura, quien, a tenor de la evidencia, resultaría una persona más adecuada incluso que Albert Batlle para ser "colocada" en la Oficina Antifraude.

En efecto, en el año 2008 unos agentes de los Mossos d'Esquadra fueron condenados por torturas en la Audiencia de Barcelona. No podía quejarse esta vez  la señora Tura de falta de pruebas. Sin embargo, a pesar de la sentencia, esta consellera de Justícia, expresándose en calidad de miembro del gobierno de Cataluña e insultando así a todo el pueblo catalán, PISOTEÓ la resolución judicial al sostener, en pocas palabras, que los policías condenados eran inocentes porque ella los conocía personalmente:


Tura esperó a que se revisara la sentencia, quizá convencida de que los magistrados satisfarían dócilmente sus caprichos de politicastra oligárquica, pero, !ay!, el Tribunal Supremo no revocó la condena. Una sorpresa parecida a la del caso Kalki y que, pese a los furibundos ataques progres contra Manuel Colmenero, nos permite seguir hablando todavía de democracia en España (no en Cataluña, aquí está definitivamente muerta). Ahora bien, en lugar de rectificar su "opinión", que hasta ese momento ignoraba descaradamente las pruebas valoradas por jueces y magistrados, Tura insistió en la exculpación de los agentes:


La Generalitat de Catalunya ha demostrado su corporativismo en infinidad ocasiones, vamos a recordar aquí sólo unas pocas pinceladas relacionadas con este caso. El govern: 1/ no suspendió de empleo y sueldo a los Mossos condenados; 2/ cuando se celebró el juicio, ocultó esta información a los medios de comunicación; 3/ al dictarse la sentencia, intentó escamotear los nombres de los agentes; 4/ con dinero público, pagó el recurso al Tribunal Supremo, a pesar de que los hechos considerados probados en sentencia de primera instancia no pueden ya modificarse; 5/ otorgó a los Mossos condenados por torturas una defensa mediática de lujo por boca de nada menos que la consellera de Justícia, la cual los exoneraba alegremente del delito basándose en una "percepción"; 6/ no tuvo Tura ni una sola palabra de apoyo para la víctima de los abusos, quien perdió el trabajo a raíz de la detención errónea de sus "eficaces" Mossos d'Esquadra y se ha visto forzada a emigrar a toda prisa de la ciutat de la pau.

!!!Cataluña,  idílico lugar donde por lo visto la policía catalanista puede repartir palizas gratis a diestro y siniestro pero luego te meten en prisión por comprar unos libros "nazis" en el mercadillo de viejo!!!

La consellera Tura respondió, en definitiva, a un informe del Síndic de Greuges que denunciaba malos tratos recurrentes en las prisiones catalanas con una desautorización en toda regla y la exigencia de "pruebas", pero ¿qué más pruebas quería Tura que una sentencia judicial del Tribunal Supremo, si ésta puede ser cuestionada a partir de una "sensación"?

!Éste es el valor, para Tura, de las "pruebas" que le reclamaba al Síndic de Greuges!

La consellera Tura representa fielmente, a escala local y por lo tanto, hay que decirlo, en una imagen de dimensiones reducidas, al estamento político que domina en todo occidente. Es Tura personaje de la misma calaña que los Cheney, Rumsfeld y otras "encarnaciones humanas de la democracia" (Imma Mayol dixit) en Guantánamo, Abu Grahib y demás centros de detención ilegales del sistema oligárquico transnacional. Si no hace más la señora es porque, desgraciadamente para ella, carece de poder, a pesar de sus ansias de presidir la Generalitat... El sueño de Tura: la primera "mujer" presidenta. Primera mujer quizá, pero no la primera impostora. El poco poder de que ha disfrutado la delata como una fría manipuladora capaz de mentir sin inmutarse mientras esboza esa sonrisa "humanitaria" que ostenta como aval anticipado de sus buenas intenciones progres. !Todo escenificación!

La mendacidad: del hedor institucional a la guasa del código deontológico

En 2008, la consellera Tura promovió un código deontológico de la profesión penitenciaria. Es decir, por las mismas fechas en que negaba oficialmente unos hechos probados en sentencia judicial, la "señora" más catalanista de PSC -tenía que notarse en algo: el hedor-, se permitía darnos lecciones de derechos humanos a los empleados públicos de prisiones (aunque quizá algunos las necesitaran, todo hay que decirlo, !pero no de semejante farisea y falsaria!). El azar quiso una vez más que me topara con ella, pues, vecino de Mollet del Vallés durante muchos años, había podido ya apreciar antes de su ascenso al limbo parlamentario el pestazo a corrupción que se respiraba en el pueblo a base de rumores sobre temas como el reparto de pisos de protección oficial, la tarjeta VISA municipal de la alcaldesa y sus usos en París, los dobles sueldos (ayuntamiento y parlamento) "donados" a asociaciones de inmigrantes, dinero que luego retornaba supuestamente por retorcidos caminos al bolsillo de la cacique, etcétera. No me pronuncio sobre cuestiones que no puedo documentar, pero acredito que en Mollet del Vallès el ambiente político era más bien venenoso tras años de casi patrimonial dominium turano.

La coincidencia se produjo esta vez en el ámbito profesional, cuando Farrerons interpuso una demanda por 13 años de acoso laboral  y esta señora, a la sazón poltronera máxima del departament de Justícia después de haberlo sido de Interior, la inadmitió a trámite por falta de pruebas.

Otra vez las pruebas. Pero, ¿qué le importarán a Montserrat Tura las pruebas?

Como ya conocemos un poco los problemas que esta señora tiene con las pruebas, vamos a explicar en qué consistía esta "falta" alegada por ella para negarse a examinar la demanda. En primer lugar, los abogados de Farrerons presentaron decenas de piezas de convicción documentales, como boletines sindicales donde se le insultaba, calumniaba y amenazaba por haber defendido públicamente a un funcionario sometido a mobbing (después de que denunciara un caso de torturas confirmado por los tribunales), informes administrativos de la propia Generalitat, pertitajes médicos, etc. Pues bien, además de los mencionados documentos, existían tres testigos, funcionarios de prisiones también, que testimoniaban el acoso psicológico en el trabajo al que fue sometido Farrerons, quien no tenía la suerte de ser un torturador (en ese caso seguro que las cosas le habrían ido mucho mejor en nuestra querida Cacaluña). Cuando propusimos esta segunda tanda de acreditaciones, se abrió un plazo, fijado por la propia administración, para presentar el cuestionario de preguntas y, una vez enviado éste, sin que dicho plazo hubiese todavía concluido -nótese que fueron súbitas órdenes de "arriba" las que interrumpieron el normal procedimiento-, antes, por tanto, de que los testigos pudieran declarar, recibió el abogado de Farrerons una notificación por la que se desestimaba la demanda alegando la ya referida "falta de pruebas". La pregunta es: ¿puede sostenerse razonablemente una argumentación de falta de pruebas no ya sin conocer las pruebas mismas sino negándose uno a conocerlas? Pues así sucedió y conservo la resolución firmada por la honorable...

Coincidiendo con las fechas en que Montserrat Tura inadmitía a trámite, de este deontológico modo, la demanda de Farrerons por responsabilidad patrimonial (que duerme en el Tribunal Superior de Justicia desde entonces) ella misma firmaba las bases del código ético de la profesión penitenciaria en Cataluña. !Bravo! !Todo un dechado de moralidad y valores, consistente en amparar a los torturadores mientras se machaca a los funcionarios honestos! Pero estamos en Cataluña, país de la mafia patriótica o del patriotismo como mafia, no lo olvidemos.

¿Habrá de extrañarnos que esta pseudo democracia se hunda poco a poco en la miseria moral y material? El sistema oligárquico no es más que la acumulación de miles, de millones, de miles de millones... de granitos de arenilla fangosa formados por actos mendaces -y apestosos- como éstos de Montserrat Tura  Camafreita, apodada "injustamente" la torTURAdora. Corruptos, incompetentes y criminales, los políticos del estamento oligárquico, testaferros de la alta finanza sionista, parecen no darse cuenta de que sus -en el mejor de los casos- "pequeñas" imposturas, al final suman y todo el edificio institucional termina desmoronándose bajo el peso aplastante del detritus acumulado. Ellos, y sólo ellos, los políticos del liberalismo capitalista, provocan el descrédito de la democracia y la aparición de alternativas totalitarias que ya se perfilan otra vez en el horizonte, exactamente igual que en los años 30 del pasado siglo. Las Tura y compañía fabrican a los Lenin y éstos a los Hitler. Cuando por fin viene un holocausto, resulta entonces difícil a primera vista reconstruir la cadena causal y demostrar quién realmente provocó la cosa, pero basta reunir la piezas del puzzle y colocarlas en su sitio para hacerse una idea del proceso histórico que, comenzando por la corrupción y la opresíón, desemboca en el genocidio.

Había huído ya de Cataluña Lucien P., el rumano torturado a quien Tura Camafreita insultó de forma vergonzante negando -¿negacionismo, señora Tura?- unos hechos probados sin aportar otro argumento que la gustosa "impresión" que ella tenía de "sus" queridos policías (¿será divinamente ubicua la ex consellera?). Yo mismo huí -en vano- a la cárcel catalana situada más al norte del país, la de Figueres -y porque no hay otra... Como también huyó el único funcionario de prisiones que conocí capaz de denunciar en Cataluña un caso de malos tratos: abandonó su plaza de funcionario de la Generalitat después de 9 años de acoso laboral (consentido por la administración penitenciaria a pesar de tratarse de un testigo de cargo en un caso de torturas con petición fiscal de 5 años de privación de libertad). Escapó por piernas el funcionario porque, acorralado por jaurías de sindicalistas a sueldo del amo catalanero, ya no podía ejercer decentemente su profesión en las cárceles autonómicas; desde entonces yo me avergüenzo de ser catalán. Me da asco, debo admitirlo, el catalanismo -aquél sería su caso Dreyfus-  porque he tenido la desgracia de conocerlo por dentro; sé qué significa en realidad el símbolo de la estelada y sólo me queda, a la postre, el reflejo condicionado, pavloviano, del saludable vómito semejante signo inmundo. Representa hoy, en fin, ese trapo, a personajes políticos nefastos como Jordi Pujol, Núria de Gispert, Montserrat Tura, Artur Mas, Felip Puig (y otros de los que ya iremos hablando en nuestra bitácora): esa y no otra es su verdad.
 
El interés de Montserrat Tura por las pruebas -o sea, por la límpida objetividad en lo público- resulta a la postre nulo, y a los hechos me remito. Demostró Tura el auténtico transfondo de su política faz con la forma subterránea de actuar en el ámbito penitenciario, donde promovió un abyecto corporativismo de carceleros banqueados por siglas "progresistas" y confirmó finalmente su cinismo ante el universo entero al cuestionar los informes del Síndic y sentencias judiciales firmes que un político demócrata debería respetar cuando se manifiesta en calidad de miembro de un gobierno (aunque no las comparta en privado). Las gratuitas percepciones de Tura valen, sin embargo, en Cataluña, tierra de mafia empatriotizada, más que un grueso expediente judicial, de manera que, podemos afirmarlo categóricamente, los intereses caciquiles de Tura pisotearán siempre la verdad, la objetividad, la  legalidad, la decencia..., y humillarán los principios éticos y deontológicos de la profesión penitenciaria (o policial) tantas veces cuantas haga falta.

!Es nuestro honor como funcionarios públicos aquéllo que está en juego! ¿Pero a quién le importa el honor, más allá de conservar la nómina!

Y al final, faltaría más, Tura erígese en víctima del Holocausto

Volví a encontrármela, a toparme con ella de cara incluso, en el Palacio de Justicia de Barcelona el día que se juzgaba a los indignados por los hechos del Parlament. Conviene recordar que, allí mismo, miembros del Movimiento 15 de Mayo la acusaron de "torturadora" y "fascista":


Se trata de calificativos muy comunes, casi de resorte progre, pero en este caso, con aquello de torturadora, los indignados andaban mucho más cerca de la verdad de lo que ellos mismos quizá de buena fe creerían. En realidad, fueron funcionarios de prisiones legalistas quienes difundieron por la red el logo torTURAdora a lo largo de años. Lo admito con orgullo. Veo que como mote ha cuajado y llegado incluso a los oídos de la trepadora catalanoide como si de un boomerang se tratara. No se merece otra cosa, la "señora". Lucien P. te contesta, Montserrat, de forma anónima, por todo el daño que le infligieron y que tú legitimaste con la más obscena desvergüenza, alimentada por tu demasiado clásica ambición de poder.

Cuando los indignados bloquearon el parlamento más antiguo de Europa, Monterrat Tura resultó lamentablemente rociada con spray y salió del trance marcada con una X. Condenamos el hecho como condenamos toda violencia y admitimos que el error de aquellos indignados fue mayúsculo, porque con semejantes modales contribuyeron a desacreditar el Movimiento 15 de Mayo, algo que muchos esperaban con nerviosismo apenas disimulado pero que es la consecuencia inevitable del antifascismo que Hessel les ha inoculado. Tura tuvo entonces la oportunidad -y la desfachatez- de compararse con los judíos perseguidos por Hitler. Ella, precisamente ella, que desodorara la tortura con el fin de meterse en el bolsillo a los agentes de la autoridad adulando sus más bajos instintos corporativistas, no dudó ni un momento en hacer "uso" del Holocausto para los fines habituales del estamento político corrupto. La cruz negra del trajecito de Tura se convirtió así en un equivalente de la estrella amarilla y la verdugo política de Lucien P. devino, finalmente, víctima del "fascismo":


¿No se le cayó la cara de vergüenza a Tura al equipararse a los presos de Auschwitz cuando ya sabemos de qué lado está la "señora" cuando sus soldaditos catalanistas cometen fechorías? ¿No ha sido el rumano torturado, y no la ex consellera, la verdadera víctima del totalitarismo, pero del oligárquico-catalanista, encarnado precisamente por Tura? Mas nos consta, por si a alguien le quedaba alguna duda después de haber leído este post, que Tura Camafreita, a pesar de sus miraditas de mosquita muerta a la que es tan aficionada en las fotos institucionales, carece políticamente de vergüenza. Tan pagada está de su "superioridad moral" izquierdosa que, en el farisaico mundo de la impostura sionista, Tura sigue siendo progresista cuando legitima la tortura, mientras que Farrerons no dejará de ser fascista por denunciarla.

Conviene añadir que el affaire Tura no resulta anecdótico ni personal, sino una mera manifestación ejemplar de la realidad de nuestras instituciones "democráticas". De hecho, cuando el tema de los Mossos llegó al gobierno de Madrid, o sea, superó la fase estrictamente judicial, los policías condenados fueron indultados y así concluyó el asunto, o sea, según los deseos señoriales de la potentada y en beneficio de los de siempre:


Además, el corporativismo institucional de Tura, último subproducto del oasis catalán, ha inspirado toda una escuela de cinismo político entre personajes caracterizados precisamente por un perfil mafioso todavía más explícito, si cabe, que Tura, como el inefable devorador de lubinas y corrupto empetrecido Felip Puig Godes. Éste suprimió directamente el código deontológico de los Mossos d'Esquadra y tiene -y tendrá- por norma, de ahora en adelante, o sea, ex Tura, negar siempre cualquier irregularidad, incluso con sentencias de por medio, presentando su solidificada jeta como única prueba de descargo. Mientras tanto, la Generalitat de Catalunya persigue, por acción u omisión, mediante el arma del acoso psicológico en el trabajo, a los funcionarios honestos. Una vez los ha destrozado como personas y lanzado al abismo del absentismo laboral, los acusa a continuación públicamente de vagos y, apelando a los informes médicos en que se han fundamentado esas bajas, sostiene al mismo tiempo que se trata de transtornados mentales. Con ello envía la institución un claro mensaje amenazante a los empleados públicos: quien pretenda hacer cumplir la ley y cuestione la voluntad mafiosa del estamento político, no cuente con apoyo alguno de aquellos políticos que viven de calificarse a sí mismos de perfectos demócratas antifascistas, sino todo lo contrario. Ese sostén institucional pueden esperarlo los torturadores, los corruptos, los incompetentes (!ojo, feladores o cunilingüeros!), pero no los funcionarios legales, quienes además serán acusados de fascistas a la mínima oportunidad.


Ningún intelectual ha protestado por las declaraciones de Tura o por la supresión del código ético policial a manos de Felip Puig. Si callaron la brutal represión del motín de Quatre Camins de 1º de mayo de 2004, no podía esperarse otra cosa por un hecho sustancialmente menos relevante. Y si ensordecienron durante décadas la realidad del gulag, resulta del todo lógico que ignoren los acontecimientos de Quatre Camins, minúsculos en comparación con el mayor genocidio de la historia. Son consecuencias en cascada de la ideología antifascista y su "almendra esencial", el relato de Auschwitz. Las dimensiones de la interpretación las pone el cine, la literatura, la propaganda política y comercial, pero esas dimensiones literalmente fantásticas modulan por contraste el sentido y la importancia de los eventos políticos cotidianos y contribuyen a la gobernación simbólica de las masas narcotizadas porque, como sabemos desde Heidegger y Gadamer, la hermenéutica es universal. Léase: la exégesis, de raíz axiológica, no pertenece sólo al texto, sino a la cosa y, por ende, a  la vida misma. En otros tiempos y lugares, habríase quizá esperado que los "intelectuales de izquierdas" publicaran algún manifiesto de protesta denunciando los abusos del poder y apoyando con uñas y dientes a los pocos funcionarios que todavía resisten dentro de esa organización criminal denominada administración pública. Fábrica de escándalos de corrupción y silencioso campo de batalla donde yacen simbólicamente los cuerpos -carreras profesionales, reputación y salud- de miles de funcionarios honestos, dicha administración es sólo el juguete de la oligarquía política y, por tanto, opera, lo quiera o no, al servicio de una mafia económica encarnada por los Alavedra, Prenafeta, etc. Pero, como ya hemos dicho en algún otro lugar, el intelectual de izquierdas pertenece a una especie que se extinguió tiempo ha precisamente para asegurarse algún puesto tranquilo en el entramado administrativo docente o en la cultura subvencionada. Son los intelectuales que, cuando se enteraron del plagio a Farrerons, consultaron Google para saber quién era Farrerons y decidieron que ya estaba bien el mundo que castigaba, como en el caso de Lucien P., a la víctima de los abusos.

En cuanto a los intelectuales que "no son de izquierdas", conservadores o liberales (y no digamos ya los ultraderechistas), resulta difícil encontrar entre ellos gentes dispuestas a romper una lanza en  la lucha contra la tortura, a pesar de que los ultras son a menudo maltratados por la policía "democrática". Denunciarán, sí, el terrorismo de ETA -cosa que tambíén hemos hecho nosotros y además en situaciones harto delicadas que nos comprometían personalmente- pero, con esa misma doble moral que se criticaba en quienes denunciaban la tortura mas no el terrorismo, ellos denunciaron el terrorismo pero no la tortura.

 Aquél que intente llevar la coherencia ética hasta sus últimas consecuencias se quedará solo. Quienes rechazan la tortura le reprocharán a éste que se comprometa también contra el terrorismo, un fenómeno que, a fin de cuentas, dicen, ataca a un Estado patentemente torturador. Y quienes abominan del terrorismo mirarán con desconfianza que se cuestione la honorabilidad de los fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado o de los funcionarios de prisiones, puesto que los terroristas siempre afirman haber sido torturados, aunque sea mentira. Pero no siempre es mentira y, por otro lado, nada hay -bien mirado- más terrorista que los estados "democráticos" bombardeando Bagdad, por decir algo. También puede afirmarse que Ortega Lara fue torturado y que los terroristas ejercían en el zulo en calidad de carceleros. En definitiva, la "democracia" (?), de alguna manera, ostenta el derecho de torturar, la propaganda del Holocausto no sólo resulta útil para minimizar toda canallada que los políticos oligárquicos puedan cometer, sino que cuenta como la mejor garantía de que se la pueda seguir cometiendo. Siendo así que la impunidad queda grabada, por poner el ejemplo de este caso, en la conciencia de otros maltratadores con uniforme, hecho que les anima a continuar torturando, en la certeza de que, en el peor de los casos, serán indultados como lo fueron sus "compañeros". Al sellar el indulto, sígnase así, también, la futura repetición de ominosos hechos que ensucian a los policías y a los funcionarios honrados.

El final de toda esta historia es triste: los Mossos d'Esquadra condenados en firme podrán volver a sus puestos de trabajo mientras que el rumano, encima de torturado, de propina habrá perdido el suyo. Por no hablar de un hecho que han pasado por alto todos los comentaristas: las opiniones sin fundamento de Tura implicaban acusar tácita pero públicamente de impostor -!en boca de un gobierno!- a quien había sido vejado por agentes de ese mismo gobierno. ¿Qué futuro podía esperar Lucien P. en Cataluña? ¿Quizá volverse a topar en la calle con sus torturadores? Para el inmigrante Lucien P. la palabra Cataluña sabe a sangre, injusticia y humillación. Pero no olvidemos que también perdió a la postre el trabajo y fue difamado el funcionario de prisiones, de nacionalidad española, que denunció aquel referido caso de malos tratos carcelarios. Un sindicato mayoritario le acusó de falso testimonio a pesar de la sentencia, mientras la Generalitat callaba y dejaba hacer a la jauría corporativista que le acosaba ignorando las protestas del Síndic de Greuges y Amnistia Internacional. Gracias, consellera Tura, gracias, govern de la Generalitat de Catalunya, por honrar así a nuestra tierra, que pretende ser diferente y más civilizada que "España" pero prefiere disfrutar gratis de ese título narcisista y racista a asumir las obligaciones que conllevaría cargar con su responsabilidad . Montserrat Tura ha proseguido, aquí, la obra de canallización pública emprendida por Convergència i Unió desde la fundación misma de la administración autonómica, que culminó en el ámbito de prisiones en la época de Núria de Gispert y el inicio de los motines carcelarios (ya hablaremos de eso).

¿Tenía empero que amargarnos también nuestras ya pocas ilusiones siendo Tura, y precisamente Tura, quien promoviera un código deontológico penitenciario -algo que veníamos proponiendo en ADECAF desde hacía años ante el mismo Parlament- para convertirlo, en papel higiénico manchado de mierda?

Un indignado
18 de febrero de 2012

http://www.adecaf.com/altres/amn/amn/metas.html

http://www.elperiodico.com/es/noticias/sociedad/plazo-dias-cuatro-mossos-condenados-torturas-ingresen-prision-2216840
 
DECISIÓN JUDICIAL

Los mossos condenados por torturas ingresarán finalmente en prisión en 45 días

La Audiencia de Barcelona rechaza el último recurso de los policías, que maltrataron y lesionaron a un rumano detenido por un error en el 2006

Martes, 2 de octubre del 2012 - J. G. ALBALAT / Barcelona
La Audiencia de Barcelona ha rechazado el último recurso presentado por cuatro mossos condenados por torturar y lesionar a un detenido para evitar ir a prisión y les ha dado un plazo de 45 días para ingresar en un centro penitenciario catalán. Los magistrados se remiten en su resolución a los argumentos esgrimidos el pasado mes de julio, cuando ya denegaron a los agentes la suspensión de la ejecución de la pena.

La Audiencia de Barcelona condenó hace unos años a los mossos Manuel Farré, Jordi Perisse y Joan Salvà a seis años y siete meses de prisión por el trato «cruel en exceso, brutal y salvaje» al ciudadano rumano Lucian P., que fue detenido por un error de identificación en el 2006. La sentencia relataba que los agentes llegaron a meter una pistola en la boca al arrestado para arrancarle una confesión falsa. Los jueces también condenaron al mosso Fernando Cea a dos años y tres meses.
En diciembre del 2009, el Tribunal Supremo rebajó la pena de los tres principales condenados a cuatro años y nueve meses de privación de libertad. Esto no les eximía de ingresar en prisión y solicitaron el indulto. El Consejo de Ministros se lo concedió parcialmente el pasado febrero, rebajando sus penas a dos años, lo que les permitía, en principio, librarse de la cárcel. Pero el tribunal de la Audiencia de Barcelona que les sentenció ha rechazado ya en varias ocasiones la suspensión de la pena de prisión.

Ninguna circunstancia nueva

La última estrategia de los condenados fue solicitar un nuevo indulto y exigir otra vez la suspensión de la pena mientras se tramitaba. Sin embargo, el pasado mes de julio los jueces desestimaron esta petición. El tribunal consideró que en esta segunda ocasión se han utilizado los mismos argumentos que en la primera. Por lo tanto, incidió, no existe «ninguna circunstancia nueva» para que el Gobierno modifique los términos del indulto. «Lo cual se antoja al tribunal--añadió-- una suerte de fraude de ley o abuso de derecho que no puede quedar amparada» por la prerrogativa del indulto, máxime cuando fue concedido «de un modo y con unas condiciones irrevocables».
Los magistrados sostenían en esa resolución que los agentes pretendían burlar las decisiones judiciales que ya han sido adoptadas, recurriendo otra vez a un indulto que «no puede ser utilizado al antojo y cuantas veces considere adecuado el afectado».


LA IMPUNIDAD DE LA TORTURA: UN TRISTE FINAL


El Gobierno vuelve a indultar a los cuatro mossos condenados por torturas

Los agentes tenían que ingresar en prisión antes del 10 de diciembre

Viernes, 23 de noviembre del 2012. MAYKA NAVARRO / MADRID. El Consejo de Ministros ha concedido por segunda vez el indulto a los cuatro mossos d'esquadra del grupo de atracos que habían sido condenados por torturas. Aunque ya habían sido indultados en una primera ocasión, los policías tenían que ingresar en prisión antes del 10 de diciembre pues la Audiencia de Barcelona entendió que se tenía que cumplir la pena. Según ha informado el ministerio de Justicia en un comunicado, el ministerio ha acordado concederles un indulto por el que se conmuta la pena de dos años de prisión por una multa de 7.200 euros.

Los cuatro policías fueron condenados en el 2009 por el Tribunal Supremo por delitos contra la integridad moral, torturas y lesiones. En febrero del 2012, el Gobierno les concedió un primer indulto que redujo su pena a dos años de prisión, que evitaba así la entrada en la cárcel. Sin embargo, la Audiencia de Barcelona ordenó que entraran en prisión a cumplir esos dos años por existir "razones de prevención general y especial, de peligrosidad criminal, de reupulsa y alarma social".



 ¿ACASO PENSABAS QUE SE IBA A CUMPLIR LA LEY?

viernes, noviembre 25, 2011

Adiós al intelectual de izquierdas

Pierre Trotignon, intelectual de izquierdas.

Como ejemplo de aquello que considero el "intelectual de izquierdas" en su última fase -o sea, antes de enmudecer en cuanto tal y recluirse en su cátedra universitaria-, puede resultar muy ilustrativo el filósofo francés Pierre Trotignon, quien en 1966 había pronosticado el año 1980 como término de prescripción para la destrucción de la burguesía y de la civilización europea a manos de un comunismo liberador afincado en la China de Mao. La traducción castellana del texto puede encontrarse en Sartre. El último metafísico (Buenos Aires, Paidós, 1968, pp. 16-26). Las diez páginas de Trotignon (bajo el título "El último metafísico") no tienen desperdicio. Transcribiremos algunos de los fragmentos a nuestro juicio más relevantes, que iremos comentando antes de llegar a la conclusión: el ocaso o extinción del intelectual de izquierdas, que debe elegir campo entre el filosionismo multiculturalista burgués más descarado, o una inédita izquierda nacional antisionista que todavía sólo despunta en tanto que mera virtualidad en sociólogos como James Petras.

Contra el proletario blanco

Trotignon argumenta que Sartre ha intentado salvar a la sociedad burguesa pero que ésta, al no escucharle, debe ser destruida. El artículo de Trotignon es un estallido de odio contra occidente, cuyo concepto incluye, no obstante, también al proletariado de raza blanca: "Hoy lo que se pudre, es la sociedad occidental en su conjunto, incluido el proletariado" (p. 24). En consecuencia, ya nada hay que esperar de los obreros, pues: "El arma de nuestra salvación se forja en otra parte, en el Sing-Kiang" (ibidem). Como sabemos, actualmente, lo que se forja en el Sin-Kiang es empero más bien la competencia de un Estado comunista-capitalista (síntesis perfecta de la alianza USA-URSS contra Alemania) que, gracias a una determinada forma de esclavitud laboral, puede arrasar los puestos de trabajo de los obreros occidentales con productos fabricados a bajo coste.  Sin embargo, Trotignon profetizaba en 1966 para 1980 lo que llamaba la Catástrofe, es decir, la extinción de la burguesía:

(...) debemos descifrar para comprender anticipadamente lo que los burgueses de 1980 -si quedan- llamarán Catástrofe y que será para nosotros el Advenimiento (p. 20).

La destrucción de Europa será, sin embargo, a este paso, la de su proletariado, no la de su burguesía. Y quienes encarnan el Advenimiento son los chinos, sí, pero justamente en calidad de feroces capitalistas esclavistas que gobiernan un Estado totalitario; el mismo que había de "liberarnos", según Trotignon. Tal inversión "racial" que pone en la picota al obrero o empleado blanco y que, de alguna manera, anticipa la nueva izquierda antropológica, ya estaba prefigurada, no obstante, en Trotignon, quien encarna una fase de transición del marxismo-leninismo clásico al tercermundismo y de éste al multiculturalismo racista anti blanco:

La obra de Sartre es ese gran esfuerzo de lucidez por el que percibimos que termina por fin la dominación terrorista del hombre blanco y de ahí que se acabe también la forma cultural de esa dominación (p. 18).

Recuerda Trotignon que en 1961 Sartre todavía creía que nosotros, los europeos, nos curaríamos de la enfermedad capitalista. Pero en 1966 Trotignon considera que el plazo ha prescrito:

Hoy hay que ir más lejos: sabemos que no nos curaremos. Vamos a morir de ese cáncer que ha devorado la libertad, arruinando el proyecto de Sartre al hacer desaparecer su objeto. Esto no lo disminuye en nada: Sartre ha intentado valientemente lo que se podía y debía hacer para salvar la sociedad burguesa del abismo en que decididamente quiere arrojarse (p. 19).

Pero lo que ha desaparecido no es la sociedad burguesa, sino, precisamente, el comunismo, el mismo que, en la visión delirante de Trotignon, debía traernos la libertad. !Estos eran los "intelectuales de izquierdas", de la vieja izquierda! De ahí que la izquierda nacional no constituya sólo una refundación a la izquierda de los rancios populismos anti-inmigración actuales, sino ante todo una refundación de la propia izquierda.


Defensa del terrorismo y exterminio de Europa

No se vayan todavía amigos, !aún hay más! Trotignon comienza justo en este punto su discurso de instigación al odio y violencia contra Europa, por el que no veo que -curiosamente- haya sido procesado o siquiera marginado en la universidad a pesar de las legislaciones represivas existentes en Francia. ¿Cómo se puede, si no, calificar lo que viene a continuación?

Consideremos nuestra sociedad, moribunda, desarraigada en su cultura, corroída por un escepticismo leucémico, seducida por una derecha que utiliza todos sus encantos para dividir, envolver, empantanar, suavemente agitada por una izquierda de cartón pintado, ciega a los problemas revolucionarios de la época, a los que juzga despreciables y molestos porque se plantean sin ella, fuera de ella y contra ella (...). La sociedad burguesa ya no puede ser modificada más que hacia una creciente tiranía. Es necesario, entonces, destruirla (ibidem).

Observemos la ambigüedad, pero también los aciertos del discurso de Trotignon. Éste reprocha a la izquierda reformista su traición, lo que es cierto, pero habla de ceguera, cuando el único ciego es él, incapaz -en plena "revolución cultural" maoísta, la mayor carnicería de la historia- de mirar de frente la realidad del comunismo a despecho de que una y otra vez reivindica la filosofía, la verdad, la necesidad..., como espadas en la lucha contra el escepticismo leucémico, el desarraigo, etcétera. Trotignon no distingue entre burguesía y proletariado, habla de "sociedad burguesa", pero "nuestra sociedad", merecedora de desaparecer, incluye a los trabajadores:

El único proyecto histórico coherente que hoy puede hacer un francés, si es filósofo, es desear la muerte de nuestra sociedad para que llegue la libertad.

El papel del filósofo se confunde con el del verdugo de la burguesía, lo que no deja de resultar atractivo, pero ese filósofo, en nombre de buenas razones, se abalanza, en medio de la confusión propia de esta izquierda radical internacionalista, contra su propio pueblo:

(...) por lo que se refiere a nuestra sociedad, es justo que ella desaparezca en el incendio que se prepara. Y en consecuencia la tarea filosófica de los intelectuales de nuestra generación es la de ser la enfermedad mortal de nuestra civilización sofística, la crítica radical, la subversión absoluta, y esto en nombre de la absoluta necesidad, de la ineluctable justicia que anunciamos. La filosofía debe arraigar en el discurso de la Necesidad, lo Absoluto (...) (p. 20).

!Habla, subrayémoslo, un intelectual de izquierdas en estado químicamente puro! !No se le puede pedir más! !Qué cerca de ciertas cuestiones fundamentales y, al mismo tiempo, qué lejos! Uno creería escuchar a un auténtico "fascista", pues, como sabemos y hemos argumentado aquí, el "fascismo" proviene de la izquierda, el "fascismo" es la imagen invertida, estigmatizada, de la etapa superior del desarrollo del proceso de racionalización occidental, pero la izquierda anarco-marxista, precisamente, ha forjado un espantajo para defenderse de él, para salvaguardar la herencia axiológica judeocristiana secularizada (el "amor", la "felicidad", el "progreso", el "paraíso"...), de la que teme con pavor desprenderse. El resultado es este escándalo de mixtificación, de contradicciones y de bochornos en boca de una izquierda anti-nacional incapaz de dar el último paso al frente, prefiriendo en su lugar la aniquilación de occidente (y, por ende, de sí misma). Trotignon, en efecto, no vacila en apelar al terrorismo:

J. P. Sartre, maestro de Trotignon
(...) la función que había sido asignada al filósofo en la cultura burguesa, ha sido, por así decirlo, reducida a la nada. (...) Es entonces necesario un esfuerzo reflexivo para crear los operadores intelectuales que permitan al filósofo hacerse entender nuevamente. Pero atención: hacerse entender no es despertar simpatía. Es propagar el terror. La filosofía de mañana será terrorista. No filosofía del terrorismo, sino filosofía terrorista, unida a una práctica política terrorista (p. 22).

No deja de tener el hombre su parte de razón y hemos intentado reflexionar sobre esta cuestión planteando la idea de una revolución democrática que no derramara ni una sola gota de sangre pero que, mediante instrumentos discursivos pacíficos, pusiera en evidencia el carácter criminal genocida de la oligarquía transnacional. En cierto sentido, se trata de una filosofía terrorista, siendo así que debe aniquilar, con la palabra, el edificio simbólico, construido también mediante el lenguaje (=narración histórica), del sistema oligárquico. En cualquier caso, es seguro que el cuestionamiento indirecto de "el Holocausto" que se desprende del agnosticismo activo respecto de la Shoah, será calificado de fascismo y, por ende, de terrorismo. Pero dicho enfoque estratégico excluye, para ser eficaz, precisamente la "práctica política terrorista", con la que su derrota -abstracción hecha de las cuestiones morales- resultaría inexorable vista la superioridad tecnológica aplastante del dispositivo de poder oligárquico. El potencial destructivo demoledor del dominio actual pone punto y final al concepto de la "violencia revolucionaria" y, con ella, al modelo de partido leninista. Parece llegada, paradójicamente, la hora del filósofo. Los intelectuales de izquierda, filósofos buena parte de ellos, tenían que haber detectado cuál era su rol, el filón de su fuerza y, sobre todo, el adversario a batir, el discurso o imaginario a "deconstruir": la "ideología del Holocausto" (Norman G. Finkelstein). No hay otra revolución posible. En lugar de ello, desde hace décadas atizan palos de ciego contra el "fascismo"; la ultra hebrea debe de dar saltos de alegría ante la tremenda "capacidad" de penetración intelectual de semejantes filósofos:

(...) nosotros somos los hijos de puta, de esa gran puta que es la sociedad de consumo, la sociedad tecnocrática, el establo universal del género humano (...) La cultura burguesa se ha suicidado, ha dejado el campo libre a algunos pequeños Führern (sic) mediocres e impotentes que instauran un fascismo intelectual, y cuya voluntad nihilista despista e insulta a los verdaderos filósofos. Es contra esa voluntad que debemos mantenernos en pie para filosofar.

!Un fascismo intelectual -toda una concesión, gracias, cuando hasta hace bien poco el "fascista" no pasaba de simple oportunista e irracionalista semianalfabeto- caracterizado como "voluntad nihilista" de pequeños Führern (sic) que no son verdaderos filósofos! Trotignon, un verdadero filósofo; Heidegger, un falso filósofo. Estos serían los adversarios de Trotignon: tan "fascistas" como puedan serlo, justamente, los antifascistas de Tel Aviv o Washington o Londres, y tan "nihilistas" como los cristianos fundamentalistas neocon o sionistas (ziocon). Pero, sea cual fuere el desvarío teórico, el resultado es siempre el mismo: la revolución antiburguesa (?) consiste en la obsesión racista de entregar Europa a moros, negros o chinos..., aunque sólo sea como avanzadilla de la ultraderecha judía. !La burguesía oligárquica filosionista se frota las manos con semejante "revolución"! !Ella misma ha hecho esa revolución! !Y pretende Trotignon -en estado de embriaguez, quizá- que serán tales grupos étnicos "liberadores" los que nos redimirán -¿se referirá a la sharia?- de la sociedad de consumo, cuando precisamente vienen a Europa atraídos por ella! !Cuando la sociedad de consumo universal, globalizada, se constituye como el gran crisol donde los imperialistas hebreos, esgrimiendo "Auschwitz", pretenden diseñar la figura inocua del mestizo universal, clónico, plano, unidimensional, dócil y perfectamente manipulable, a las órdenes del "pueblo sacerdotal" augurado por la profecía mesiánica! Si existe alguna forma de hacer el ridículo, de demostrar que se es un no-filósofo (por decirlo suavemente) ahí tienen al "intelectual de izquierdas". Y, sin embargo, su función es esencial, no dejemos de leerle. Trotignon apunta, en parte, a aquello que tenemos el deber de erradicar: la sociedad de consumo. Pero se equivoca a la hora de identificar, si de verdad pretende en efecto acabar con la "gran puta" (sic), al enemigo político. Repite como un loro la cantinela conformista del antifascismo en el mismo momento en que amenaza con destruir la sociedad burguesa mediante atentados terroristas (estupidez táctica y ética donde las haya). ¿Se puede ser más incompetente y fraudulento? ¿Le resulta tan difícil de entender, a este "filósofo", que el discurso antifascista es precisamente el que le ha permitido convertirse en profesor universitario a pesar de incurrir en una descarada apología del terrorismo y, por lo tanto, que tales signos resultan sospechosos de identificar al auténtico poder oligárquico? !Compárese su carrera, por ejemplo, con la de un Roger Garaudy! ¿No lo ha visto o no ha querido verlo Trotignon, como la mayoría de sus correligionarios "progresistas" y colegas de profesión? Dejamos que el lector ensaye su propia respuesta.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
25 de noviembre de 2011

domingo, noviembre 20, 2011

¿Es posible una revolución democrática? La disidencia simbólica como estrategia pacifista de liberación ciudadana

Ernst Nolte, historiador alemán discípulo de Heidegger:
de la ortodoxia crítica al agnosticismo activo.

El 20 de noviembre de 2011 se cumplen cuatro años de la fundación de esta bitácora. Muchas cosas han cambiado desde entonces a nuestro alrededor, pero quizá lo más sorprendente es que el propio trabajo de acreditación de los hechos y de las ideas reflejados en la publicación de internet conocida en 77 países como Filosofía Crítica (una de las muchas que están erosionando, poco a poco pero inexorablemente, el discurso político oficial), nos ha cambiado a nosotros mismos por dentro. Hoy, en efecto, yo ya no aceptaría lo que entonces afirmé sobre -y es sólo un ejemplo- las cifras de víctimas del holocausto, sino que abriría un enorme y significativo interrogante, el cual tendrá más valor incluso -de cara a unos ciudadanos totalmente confusos al respecto- que la pura y simple "negación de Auschwitz". Otro tanto cabe añadir por lo que concierne al uso masivo y sistemático de cámaras de gas y hornos crematorios en un proyecto de exterminio del pueblo judío perpetrado por el Estado alemán durante la Segunda Guerra Mundial. No niego, ni negaré nunca, que los judíos fueron objeto de persecución bajo el Tercer Reich, pero las características y dimensiones del suceso han sido, a mi entender, y ahora ya sin ningún género de dudas, exageradas y utilizadas con fines propagandísticos de dudosa moralidad. Finalmente, después de cuatro años estudiando el tema, entiendo que mientras sigan vigentes en Europa y el resto de occidente las leyes que persiguen y castigan a quienes osen cuestionar el relato oficial del holocausto, el deber de todas las personas con titulaciones universitarias no puede ser otra que hacer explícito un silencio-protesta universal contra el mencionado marco legal de represión antidemocrática.


De la ortodoxia crítica al agnosticismo activo

Para resumirlo: como Nolte, yo era un ortodoxo crítico cuando fundé este blog. Todavía aceptaba la cifra de 4 millones de víctimas judías, que se basaba en un manual de historia totalmente corriente y poco sospechoso de nazismo, a saber, la Historia Universal de la Editorial Siglo XX, tomo 34 El siglo XX. Europa 1918-1945, (1980), de R. A. C. Parker, en cuya página 407 leemos lo siguiente:

No se conoce exactamente el número de asesinados, pero parece correcto aceptar un mínimo de cuatro millones y un máximo de unos seis.

(Subr. mío, J. F.) !Un máximo de "unos seis" y un mínimo de 4 millones! El autor remite, en su nota 27, a las siguientes fuentes: L. Poliakov, "Quel est le nombre de victimes?", en "Revue d'Histoire de la Deuxième Guerre Mondiale", octubre de 1956, pp. 88-96; G. Reitlinger, The final solution, Londres, 1953, pp. 489-501; R. Hilberg, The destruction of the european jews, Chicago-Londres, 1961, p. 767; H. Krausnick, en Buchheim et alia, op. cit. Obsérvese que la valoración se basa en publicaciones anteriores y posteriores al reconocimiento oficial de que nunca hubo cámaras de gas en los campos situados dentro de las fronteras políticas del Reich (Martin Broszat, "Die Zeit", 19 de agosto de 1960). De ahí quizá la enorme horquilla en se abre entre los 4 y los 6 millones, pero utilizando en el otro extremo la curiosa expresión "unos seis", que podría significar cinco y medio. En su obra La revisión del holocausto (Madrid, 1994), un auténtico fraude pseudo científico ampliamente refutado por el revisionista E. Aynat, César Vidal sostiene que "el número total de judíos asesinados por los nazis fue cercano a los seis millones de personas" (op. cit., p. 153). ¿Qué significa "cercano"? ¿Cuatro millones es "cercano" a "unos" seis? Las vacilaciones de los autores ortodoxos precríticos resultan tan notorias que no hace falta ser precisamente un "nazi sediento de sangre" para sonreirse ante "ciencia" tan poco rigurosa.

Andreas Hillgruber, historiador alemán
denostado por César Vidal.
Acepté los cuatro millones (el mínimo de R. A. C. Parker) porque el autor de este blog era ya entonces crítico, pero dentro de la ortodoxia. En cuanto a las cámaras de gas, ya habían sido, como sabemos, relativizadas por Goldhagen ---otro ortodoxo que me resisto a calificar de crítico--- en Los verdugos voluntarios de Hitler (1996). Ortodoxia crítica es más bien, por ejemplo, la de Ernst Nolte, quien roza en ocasiones el agnosticismo:

Cuando las reglas de examen de testigos se hayan generalizado y ya no se evalúen las declaraciones objetivas de acuerdo con criterios políticos, sólo entonces se habrá construido una base sólida para el esfuerzo por lograr objetividad científica respecto a la "solución final" (Nolte, E., La guerra civil europea, 1917-1945, FCE, México, 2001, pp. 485-486, n. 106).

Hoy, después de conocer los cambios en las placas de Auschwitz acontecidos tras la caída del comunismo, en las cuales se pasó de cuatro millones de víctimas a un millón y medio ---mientras Hilberg introducía también, entrado ya el siglo XXI, nuevas "rebajas" en la reciente reedición de su monumental clásico--- yo, que aprendí a sumar y restar en la escuela, he optado por acogerme al derecho de duda.

Nada nos obliga a "confesar" nuestra postura heterodoxa sobre el holocausto. Las cifras de víctimas judías, las causas de su muerte, etcétera, ya se veránPero sólo cuando la investigación de los hechos sea verdaderamente libre y los ortodoxos precríticos acepten un debate público que respete las normas y principios de la "comunidad ideal de diálogo" (Habermas). Mientras una pistola apunte a la cabeza de los heterodoxos críticos y de nosotros, los agnósticos, tenemos el derecho -y el deber- de negarnos a hablar, ya sea como investigadores, ya como ciudadanos. Esta es la situación a la que el revisionismo nos ha conducido, desde Paul Rassinier a Robert Faurisson, con la sola fuerza de sus razones.

En cambio, podemos y debemos manifestar nuestro agnosticismo activo como protesta cívica ante la represión brutal -que incluye, en algunos casos, la agresión física y el asesinato- de los historiadores e investigadores críticos y de los heterodoxos en general. Los promotores de este agnosticismo activo se abstendrán así de participar en actos de conmemoración de la Shoah, de "condenar" el holocausto y de emitir mensajes favorables a los beneficiarios de la propaganda oficial sobre el tema, a saber, los sionistas y el Estado de Israel, hasta que las leyes lesivas de la libertad de expresión, en Europa y Occidente, sean derogadas. En general, renunciarán al lenguaje "antifascista", consistente en calificar de "fascista" cualquier atrocidad genocida, incluidas las de los propios israelíes contra los palestinos. Este código simbólico no es inocente y sólo sirve para exonerar a verdaderos asesinos, que no son necesariamente fascistas sino, en muchas ocasiones, demasiadas, sionistas, comunistas o liberales.


!Basta de propaganda! !Las cosas por su nombre! 

El agnosticismo que propongo no es sólo activo por su abstención cívica, sino, ante todo, porque debe promover, mientras coloca su grave interrogante sobre el discurso victimista del sionismo, el conocimiento histórico de los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y, ya desde la posguerra, por el Estado de Israel (la Nakba) y sus cómplices o aliados. Entre otros (exterminio de los indios pieles rojas, esclavitud africana en EEUU, crímenes de guerra de Hiroshima y Nagasaki, brutal expansionismo americano en territorio de México, ataque a Iraq en 2003: crímenes contra la paz...). Se trata de sentar a los fiscales y jueces de Nüremberg en el banquillo de los acusados para que respondan por sus asesinatos de masas. Ahorrarse este trago y seguir hablando de "derechos humanos" convierte a quienes así se comporten en miserables hipócritas.

La estrategia defensiva de "negar" el Holocausto pertenece a los revisionistas, entendiendo que debe establecerse entre ellos y los agnosticistas críticos una distinción de principio que Chomsky ha señalado con claridad. Así, mientras reivindicamos el derecho de los revisionistas a cuestionar la narración hollywoodiense de la Shoah, nosotros, lo subrayo, no nos vamos a pronunciar sobre el número de víctimas judías o el supuesto uso nazi sistemático de cámaras de gas, hornos crematorios y cuestiones semejantes; pero en cambio, sí denunciaremos las atrocidades simbolizadas por nombres como Dresden, Kolymá, Hiroshima y Palestina. Esta estrategia contra los criminales que nos gobiernan no es, por tanto, meramente (auto)-exoneradora, sino ofensiva. Se trata con ella de reivindicar la legislación vigente sobre derechos humanos siguiendo el "modelo ADECAF" (verdadero laboratorio experimental de este pensamiento y praxis en las prisiones catalanas), documentando los hechos con rigor, y de interponer los procesos judiciales correspondientes ante los tribunales competentes. 

Podemos acreditar la impunidad, incoherente con la normativa internacional vigente de derechos humanos, en la evidencia de:

  • 100 millones de víctimas del comunismo,
  • de 8 a 13 millones de víctimas del genocidio planificado y perpetrado contra el pueblo alemán (1941-1948),
  • los crímenes contra la humanidad perpetrados por el Estado de Israel contra el pueblo palestino y
  • el uso de bombas atómicas contra la población civil japonesa como crimen de guerra. (Entre otros).

El prof. Dr. Klaus Hildebrand,
quien el 31 de julio de 1986
desató la indignación antifascista
con sus declaraciones en "FAZ".
La criminal impunidad de tales atrocidades ---que nadie se atreve cuestionar: limítanse, los "intelectuales" y políticos, a ignorarlas--- representa el mayor abono concebible para la duda respecto de que la exagerada o manipulada narración del holocausto y la persecución de los investigadores revisionistas no sea más que un aspecto en la comisión de las mismas. La demolición crítica de las "narraciones" (cinematográficas, literarias, periodísticas, historiográficas...) utilizadas para legitimar a los vencedores de la II Guerra Mundial, es decir, a los mayores asesinos de masas de la historia, y la acreditación teórica, jurídica y política de la realidad de sus fechorías impunes, forman también, por tanto, las dos caras de la moneda de un hecho histórico unitario. 

Tal planteamiento puede parecer más "moderado" que el puramente heterodoxo crítico (o revisionista) en orden a cuestionar la criminalidad del sistema oligárquico transnacional ---enemigo político de la filosofía crítica---, pero los historiadores ortodoxos, en realidad auténticos ideólogos (sionistas) que gestionan la "historia" como fuente de legitimación del poder oligárquico, han expresado ya su temor ante el desarrollo de lo que ellos llaman un nuevo revisionismo "banalizador", basado menos en el cuestionamiento inequívoco del holocausto que en la contextualización de los crímenes cometidos por Alemania, sobre cuyas dimensiones y características omite aquél pronunciarse por razones obvias.

¿Cómo sería posible una revolución democrática?

El agnosticismo activo sobre la historia del holocausto responde también, por otro lado, a la pregunta: ¿cómo sería posible la revolución hoy? Parece evidente que, por una simple cuestión material, las revoluciones violentas están condenadas al fracaso. Los medios tecnológicos con que cuenta la oligarquía son de una capacidad destructiva tan aplastante, que la añeja fórmula romántica "el pueblo unido jamás será vencido", entendiendo por tal el irresistible peso casi físico de la mayoría, ya no puede considerarse más que añoranza poética del pasado. Sin embargo, en contrapartida, afirmo que el sistema oligárquico no gobierna por la fuerza, sino mediante la manipulación y que, en este sentido, depende de la creencia subjetiva masiva en la existencia de una legitimidad democrática. El sistema oligárquico no puede utilizar así, contra la gente, de manera indiscriminada, el poder de que dispone sin deslegitimarse de forma automática. El sistema reprime y silencia a los disidentes, ensordeciendo además esta represión, pero debe renunciar a regañadientes a aplicar semejante estrategia a gran escala, por lo menos en los llamados "países centrales" (EEUU, Europa, Israel, Japón, Australia, Canadá... otra cosa sería Bagdad o Gaza). En consecuencia, tanto de un lado como de otro, la victoria y la derrota se deciden en el terreno de lo simbólico, es decir, de la ideología.

César Vidal, propagandista  sionista.
La victoria sobre el sistema oligárquico sólo puede ser incruenta y debe aceptar pues, como premisa metódica, la prohibición de derramar sangre. Aunque no cabe duda de que el sistema ya está utilizando los asesinatos selectivos para eliminar a sus críticos, la merecida respuesta popular sería calificada de "terrorismo" y abortada sin contemplaciones. ¿Existe, por tanto, alguna vía estratégica para la revolución? A mi entender, sin duda la hay, a saber: la revolución pacífica por excelencia es la negación de la "ideología del holocausto" (Norman G. Finkelstein). La falsación rigurosa de este mito oficial y la caída de la oligarquía señalan el haz y el envés de un único proceso de evolución histórica. Y a la inversa: no hay derrota de la oligarquía si se perpetúa, de una u otra manera, el mito de Auschwitz y la ideología antifascista o su lenguaje y hasta su jerga vulgar.

Ahora bien, dicho esto, conviene advertir que en la actualidad resultará estéril o asaz costoso abordar el cuestionamiento del mitema central de la Shoah ---los 6 millones y las cámaras de gas--- de manera frontal. El motivo es que resulta imposible criticar el antifascismo sin caer en la trampa simbólica de la identificación automática con el neofascismo. Tanto la fábula de Auschwitz como la jerga antifascista deben ser rodeados por los flancos poniendo en primer plano los genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores. Sólo entonces, el postulado en que se sustenta el antifascismo y, por tanto, el relato fraudulento caería por su propio peso. En cambio, el cuestionamiento lineal y monotemático del antifascismo nos condena a soportar el estigma de fascistas y, una vez más, a embarrancarnos y enlodarnos en las eternas escaramuzas defensivas de los negacionistas.

El sionismo no puede ser derrotado mientras los críticos deban defenderse y ocupar todas sus fuerzas en una exculpación frente a la imputación "demoníaco-inquisitorial" de ser fascistas. Y ya sabemos que esa difamación recae incluso sobre personas como Chomsky, que no han dicho nunca ni una sola palabra respecto del plan Kaufman-Morgenthau de exterminio del pueblo alemán, por poner un ejemplo notorio. La victoria sobre el adversario oligárquico sólo se producirá por deslegitimación política cuando éste sufra un ataque simbólico (discursivo) de carácter plenamente democrático que ponga en flagrante contradicción los propios discursos jurídicos humanitarios del sistema, por un lado, y la realidad impune de los crímenes de masas que éste ha perpetrado, por otro. La red es el punto de partida de esta revolución. Y ello sin que se nombre Auschwitz, lo que de alguna manera me desautoriza personalmente para realizar esta tarea, pues quien suscribe llega ya demasiado lejos incluso haciendo públicas estas palabras. Pero alguien sin pasado puede poner en marcha el proyecto del agnosticismo activo. En cualquier caso, mientras ese alguien no aparezca, nosotros mismos estamos ya velis nolis en el quehacer de desafiar al poder desde la izquierda y los derechos humanos, es decir, desde valores como la verdad racional, la justicia social y la libertad democrática, signos que el sistema oligárquico no puede negar sin abjurar de sus propios fundamentos, pero que no puede tampoco lógicamente afirmar mientras atenta contra la libertad de expresión y mantiene simultáneamente en una vergonzante impunidad crímenes de masas como Hiroshima o Dresden.. La única esperanza del sistema oligárquico, que también hace aguas por otras brechas, es expulsar dichos crímenes de masas fuera de la conciencia y de la visibilidad públicas todo el tiempo que le sea ya posible. Para ello cuenta con la inestimable colaboración de los medios de comunicación, de los políticos profesionales y de una intelectualidad cobarde, mentirosa, corrupta y adicta a las delicias del pesebre institucional. Nuestra guerra es ésta: romper el cerco de silenciamiento represivo contra la verdad, hacer llegar, en discursos intermedios ubicados entre la ciencia/filosofía y el periodismo (como es el caso de este blog) un mensaje de duda razonable a la mayoría de los ciudadanos, generando a la par estructuras asociativas, políticas, sindicales y culturales.

Para demoler la narración oficial sobre el holocausto, hito histórico que pondrá fin pacíficamente a la dominación de la oligarquía sionista, es necesario olvidarse, por tanto, durante cierto tiempo, del propio holocausto, así como del "fascismo". Hay que rehuir también, consecuentemente, y en este caso ya para siempre, a la extrema derecha en todas sus formas: católica, racial, identitaria, franquista, franco-falangista... Es menester institucionalizar un espacio social y simbólico nuevo, al que hemos denominado la izquierda nacional. Un lugar erigido sobre los pilares de los derechos humanos, la defensa de la democracia, la justicia social y, sobre todo,  la verdad racional. Será, en efecto, el signo de la verdad racional, silenciosamente contrapuesto a la "felicidad del mayor número", el que nos permitirá transitar de la izquierda internacionalista marxista a la izquierda nacional heideggeriana. Se trata de algo tan radical, tan profundo en su trascendencia, que podría sustraerse a la vista de un contemplador superficial desconocedor de la filosofía. Pero en dicha apelación a la verdad racional queda marcada, de manera definitiva, la diferencia entre los heterodoxos (carne de la represión sistémica) y los agnósticos activos, quienes hemos dejado atrás el "fascismo" experimentándolo hasta el final sin tener, por tanto, que disimular un doble lenguaje.

El historiador alemán Joachim C. Fest, otra
bestia negra del sionista Vidal.
Estamos señalando, como se ve, la dirección de un camino, una hoja de ruta, que no nos obliga a enzarzarnos, de buenas a primeras, en la cruenta guerra de desgaste del negacionismo de Auschwitz. Pero este camino no sólo ha de resultar transitable, sino, de alguna manera, necesario, exigido por la propia lógica de la historia de Europa. Al hablar de filosofía crítica, agnosticismo activo e izquierda nacional es necesario tomar conciencia de la circunstancia "apocalíptica" en que nos hallamos; sólo ésta permite otorgar su verdadero sentido a tales conceptos y directrices de acción. Ya no se trata únicamente de una crisis del discurso relativo a Auschwitz provocada por décadas de lucha revisionista en internet, con decenas de caídos que han sacrificado su profesión, su salud y hasta su vida por la causa de la verdad (sustancia de Europa); es que la crisis económica y la crisis de legitimación de las instituciones provocada por la corrupción política, la asfixiante y desvergonzada tiranía de la alta finanza y el consiguiente desmantelamiento oligárquico galopante de hasta las meras apariencias de una democracia social, generan por sí mismos el terreno más receptivo y fértil para el discurso crítico del agnosticismo activo y, por ende, para la acción política de la izquierda nacional. Será el éxito político, primero local, luego regional y finalmente estatal, el que posibilite el acceso a las instituciones académicas cuya revisión de la historia contemporánea pondrá fin a las manipulaciones en torno al holocausto. Tras el desenmascaramiento de aquéllas, no se hará esperar el desmoronamiento del poder de la oligarquía, expulsado al otro lado del Atlántico si, como creemos, es Europa la primera región del planeta que hace suya, como forma de vida, la Gran Verdad de la Finitud, fruto granado de dos mil años de pensamiento filosófico.

El tiempo está cerca. El año 2012 puede ser decisivo en esta lucha que habrá de refundar la cultura europea y arrastrar consigo, junto a Auschwitz, el otro gran mito del sepulcro vacío, tradición profética y mesiánica judeocristiana que escóndese en el germen de la decadente sociedad de consumo actual en tanto que mera secularización de la idea del "reino de Dios". Esa promesa falaz permitió hace milenios implantar el fraude consciente de un estafador hebreo, Saulo de Tarso, en las tierras griegas paganas y gentiles de la filosofía, la ciencia y la razón, arrancando de raíz el espíritu trágico-heroico de la gran tradición indoeuropea. La religión monoteísta semítica engañó a los pueblos con imágenes estupefacientes de "felicidad" en el "más allá" y otras fábulas, de las que la narración oficial del holocausto no es más que la oscura contraparte infernal, asimismo secularizada en forma de ideología política antifascista. La fuente de todas nuestras desgracias universalistas, sostengo, debe caer también, con el denostado "imperialismo yanqui" y los mitos legitimadores del Estado de Israel, como un solo bloque. 

Todos aquellos europeos de espíritu que, en el mundo, puedan y quieran contribuir con sus fuerzas a la batalla, deben hacerlo ahora: no habrá una segunda oportunidad para nuestra causa.

Pero clamo en el desierto.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
20 de noviembre de 2011