domingo, febrero 16, 2014

Bernard-Henri Lévy: pseudo filósofo y criminal

Bernard-Henri Lévy











BHL. Uno de los muchos farsantes que pueblan el imaginario mediático occidental. Lévy ha sido elegido por la oligarquía local gala para, con mucho dinero y poder a sus espaldas, controlar la patria de Voltaire en calidad de filósofo y en el ámbito filosófico. Filósofo oficial de la oligarquía, BHL hiede. Pero, en realidad, BHL es un anti-filósofo y, además, cómo  no, un criminal, instigador directo de la guerra de Libia. Sobre su naturaleza impostora en lo intelectual tenemos el ensayo Bernard-Henri Lévy ou La règle du Je (2007), de Bruno Jeanmart y Richard Labévière. En próximos posts entraremos más a fondo, por nuestros propios medios, en la bazofial obra literaria de BHL. Por lo que respecta al papel político anatémico de Lévy -nobleza obliga-, algunos testimonios pueden aclarar incógnitas o, como poco, comenzar a despertar ciertas sospechas:

http://www.wsws.org/es/articles/2011/mar2011/spn3-m30.shtml

A continuación tenemos a Lévy acusando a Francia de "fascista". Tal cual. Existiría en Francia una "ideología fascista" inherente al país.

!Sí!

Francia culpable ante Judea. No únicamente Vichy. La celebérrima nación, la libérrima cuna de las Luces y la Revolución sería... "fascista" hasta la volteriana médula. No se sorprendan en absoluto. Este montaje forma parte del mismo tipo de cosas que ya estamos acostumbrados a escuchar o leer en la prensa y los media con menos cobertura "teórica" pero idéntica desfachatez argumentativa. De fascistas eran acusados todos los arrojados al gulag, y hace muy poco la dirigente de un hediondo partido de derechas español, la señora María Dolores de Cospedal, calificaba de fascistas a los desahuciados que osaren protestar ante los domicilios de sus corruptas señorías... Semejante jerigonza policial, que hemos analizado en nuestro blog repetidas veces, fue acuñada por Stalin y renovada a finales de los años setenta del siglo pasado por gentes como Lévy para que los crímenes del comunismo pudieran ser calificados también de fascistas. Y ello a pesar de que las víctimas del  dictador soviético lo fueron en primer lugar de un lenguaje, a saber, precisamente el lenguaje antifascista, el mismo que a la sazón hizo suyo en su momento BHL en beneficio de la entera intelectualidad francesa al servicio de la oligarquía. Véase:

http://www.wsws.org/es/articles/2011/mar2011/spn3-m30.shtml

La retorsión del lenguaje antifascista no tenía empero únicamente la finalidad de encubrir la procedencia histórica del imaginario político y doctrinal que legitimara los peores horrores del siglo XX, sino una más importante incluso, a saber, la de perpetuar su capacidad criminógena. Así que quienes intervinieron en la operación sígnica tarde o temprano tenían que manchar sus manos de sangre incluso a título particular. El antifascismo borraba las huellas de un pasado cristiano-secularizado a efectos de poder continuar exterminando con total impunidad y, efectivamente, mató. Lévy estaba ansioso por tomar parte en la masacre y ha disfrutado pues de su anhelada satisfacción física. El lugar elegido, Libia, es uno de los muchos que el Estado de Israel debe reducir a la guerra civil, la ruina económica y el caos antes de culminar la construcción del sueño mesiánico sionista en Oriente Medio. Por ello Lévy no es sólo un bufón falsario. Es también un asesino. Conviene no olvidar este pequeño matiz.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
15 de febrero de 2014

ANEXO DOCUMENTAL


Bernard-Henri Lévy apela al humanitarismo para bombardear Libia
Alex Lantier
30 de marzo de 2011

El 24 de marzo, el escritor francés Bernard-Henri Lévy dio una entrevista por chat en el sitio web de Le Monde en la que defendía la guerra de agresión sin provocación lanzada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia contra Libia.
En la década de 1970, Lévy fue uno de los principales "nuevos filósofos", un grupo de jóvenes intelectuales que criticaba desde la derecha tanto al marxismo como al estalinista Partido Comunista Francés (PCF), alegando consideraciones de derechos humanos después de que el PCF vendiese la huelga general de mayo-junio de 1968. Inicialmente simpatizantes del Partido Socialista (PS), estas fuerzas rápidamente giraron a la derecha junto con el PS. Se han convertido en acaudaladas y prominentes personalidades de los medios de comunicación y algunos de ellos abandonaron el gran negocio del PS para apoyar al presidente conservador Nicolás Sarkozy en 2007.
En su entrevista rigurosamente deshonesta, Lévy utiliza su falaz argumento de "los derechos humanos" para reforzar la propaganda del gobierno francés, que afirma que su intervención en Libia se produce en el marco de una campaña limitada diseñada para proteger la vida de los partidarios del Consejo Nacional rebelde.
En este sentido, Lévy no solo está protegiendo la política criminal del gobierno francés sino que se está protegiendo a sí mismo. Él, personalmente, jugó un papel importante en el período previo al ataque occidental organizando una reunión el 10 de marzo entre el presidente francés Nicolás Sarkozy y los líderes del Consejo Nacional, el grupo de rebeldes que combaten al gobierno libio del coronel Muamar Gadafi. Poco después, Sarkozy reconoció al Consejo Nacional como el gobierno libio. París, a continuación, presionó a favor de una resolución de la ONU que permitiera el bombardeo de Libia iniciado el 19 de marzo.
La entrevista de Le Monde, titulada "BHL [Bernard Henry-Lévy]: El Consejo Nacional quiere una Libia laica", comenzaba con una pregunta sobre por qué Lévy se interesó por el caso de Libia y organizó la reunión entre el Consejo Nacional y Sarkozy. Lévy respondió: "No es un caso. Se trata de Bengasi". Ante la amenaza de Bengasi, Lévy insiste, "me conmovió profundamente. Hice lo que pude".
Al preguntársele por su papel, declaró: "Simplemente, se me ocurrió, estando una noche en Bengasi, la loca idea de coger el teléfono y llamar al presidente de la República de mi país y sugerirle que recibiera a una delegación libia". Luego negaba que hubiera tenido ninguna participación en "cuestiones políticas" diciendo: "Yo soy como tú. Sigo con preocupación el desarrollo de los acontecimientos".
Este comentario absurdo plantea muchas más preguntas que respuestas. Está meridianamente claro que Lévy no es, como él sostiene, un ciudadano de a pie interesado por el desarrollo de la crisis libia. Uno se siente obligado a preguntarse cómo entró Lévy en Bengasi, en medio de una guerra civil y con línea telefónica directa con Sarkozy.
La posición adoptada por Lévy -que su apoyo al ataque francés a Libia y al Consejo Nacional está basado en una preocupación desinteresada por salvar vidas humanas- es un fraude. De hecho, Lévy no se opone a que haya muertes, como deja claro. Preguntado sobre si apoyaba las operaciones limitadas para aplicar una zona de exclusión aérea en Libia, respondió: "Debemos ir más allá de la 'zona de exclusión aérea'. Lo que significa que hay que ir a ataques dirigidos contra el armamento pesado de Gadafi. Es lamentable. Es horrible incluso la idea de un ataque dirigido. Pero si realmente queremos proteger a los civiles de Misrata, Sirte y Bengasi, no hay otra solución".
Más adelante, Lévy pretendía adoptar una posición humanitaria alegando que "en lo que a mí respecta, siento que soy absolutamente pacifista. Es en nombre de la idea que tengo de la paz por lo que creo que debemos acabar con la guerra provocada por Gadafi contra su propio pueblo".
Esto no es más que un fraude deshonesto. La "idea de paz" de Lévy consiste en ataques masivos y mortales contra soldados y civiles libios mediante la campaña aérea que las potencias occidentales han lanzado contra las unidades del ejército libio y contra Trípoli. Lévy considera, no obstante, que estas muertes son políticamente preferibles a las muertes que puedan producirse en Bengasi si las fuerzas de Gadafi volvían a hacerse con la ciudad.
Lévy no explica en ningún momento las razones subyacentes en su cálculo. En cambio, avanzaba la absurda pretensión de que respalda al Consejo Nacional porque es más democrático que Gadafi. Así, afirmaba: "Hay una cosa importante ya: [los miembros de las fuerzas del Consejo Nacional] son musulmanes laicos. La Libia que imaginan será una Libia en la que la religión será una cuestión de conciencia. El gobierno que sustituirá a la actual dictadura será el producto de elecciones libres y probablemente transparentes".
Al igual que los otros pro-imperialistas y propagandistas del Consejo Nacional, Lévy guarda un absoluto silencio sobre quién compone el Consejo Nacional, afirmando rotundamente que "probablemente liderarán un régimen democrático. De hecho, no hay ninguna razón para creer que ello vaya a ser así, ni siquiera es probable. En efecto, ya se ha informado ampliamente acerca de que el Consejo Nacional es una precaria coalición de varios ex funcionarios del régimen de Gadafi, de grupos islamistas, líderes tribales y activistas por los derechos humanos de clase media que mantienen, a través de gente como Lévy, un estrecho contacto con gobiernos occidentales de derechas.
Así, un periodista preguntaba a Lévy: "La cuestión del componente 'tribal' [del Consejo Nacional] o la rivalidad histórica entre el este y el oeste de Libia rara vez se menciona. Tras su visita a las fuerzas revolucionarias, ¿no incluyó esto en su análisis?" Lévy respondió: "No, tal vez porque no tuve tiempo de analizar la cuestión. Pero también porque los propios representantes del Consejo Nacional afirman y repiten que este 'componente tribal' desempeña un papel ínfimo en su análisis de la situación".
Lo que Lévy quiere es que sus lectores se crean que viajó a Bengasi sin saber con quién se iba a reunir y que aún no ha tenido tiempo de "estudiar la cuestión". Lo cual no es más creíble que las otras afirmaciones de Lévy. Sin embargo, algunas citas de Le Monde -un periódico que Lévy conoce bien, ya que forma parte de su comité de supervisión- ayudarán a aclarar la cuestión del Consejo Nacional.
Luis Martínez, del Centro Internacional de Investigaciones y Estudios (CERI) de Sciences-Po, en París, declaraba en Le Monde: "Hay tres grupos en la oposición: los islamistas, los defensores de los derechos humanos y los más numerosos, la juventud". Aunque Martínez no lo mencionó, es bien sabido que la máxima dirección del Consejo Nacional está integrada por tránsfugas recientes del régimen de Gadafi. Incluyen al ex ministro de Justicia, Mustafá Abdul Jalil y el general Abdel Fattah Yunis al Obaidi, comandante de la unidad Rayo de las Fuerzas Especiales libias.
Las fuerzas islamistas que participan en el Consejo Nacional incluyen al partido Umma y al Grupo Islámico Combatiente, según Hasni Abidi, un investigador de Suiza. Estas fuerzas apoyan explícitamente un Estado teocrático.
Francçois Dumasy, del Instituto de Estudios Políticos de Aix-en-Provence, ha explicado que hay jóvenes seguidores del Consejo Nacional "preocupados por la liberalización de la economía y el aumento del desempleo en los últimos años". Sin embargo, no existe una "visión común" entre los diversos componentes del Consejo Nacional; como decía Dumasy, "hay que comprender que durante los 42 años de gobierno de Gadafi, la expresión política se ha reducido a mínimos".
En efecto, Le Monde sugiere que el Consejo Nacional goza de poco apoyo popular. Rémy Ourdan, corresponsal de Le Monde en Bengasi, señala que "no se percibe en la población un gran entusiasmo por el Consejo Nacional". Le Monde añade: "La dificultad de identificar claramente a sus miembros y el hecho de que su presidente y portavoz hayan ocupado cargos en el régimen de Gadafi no ayuda a este 'gobierno paralelo'".

Las afirmaciones de Lévy al respecto de que el Consejo Nacional promoverá un régimen democrático o laico son mentiras. Se trata de una coalición inestable de la clase media y de elementos de la clase dominante que han respondido a la radicalización de las masas del norte de África aprovechando la falta de liderazgo político en la clase obrera para establecer una alianza militar con el imperialismo occidental. Dependientes del apoyo militar de las grandes potencias, negociarán a la baja la venta de las reservas petroleras de Libia y proporcionarán a Occidente una base de derechas para otras operaciones en el norte de África, en caso de que alcancen el poder.
Es sintomático de la posición clasista de Lévy que instintivamente esté del lado de esas fuerzas, a pesar del contenido reaccionario de su política.
Es preciso añadir que la clase dominante francesa tiene una larga experiencia y comprensión de la función que esas fuerzas pequeño-burguesas juegan en atar de pies y manos la unión de los trabajadores a la política imperialista. En Francia, los activistas de derechos humanos se mueven en un entorno de prósperos académicos, sindicalistas burócratas y partidos como el nuevo Partido Anticapitalista que se moviliza para contener y desarmar cada movimiento de huelga de los trabajadores. Durante la huelga petrolera del pasado otoño, por ejemplo, insistieron en que los trabajadores tenían que someterse estrictamente a la negociación de los sindicatos sobre los recortes de pensiones con Sarkozy, y responder a la disolución de la huelga por parte de la policía únicamente con protestas "simbólicas".
Cuando ha estallado la lucha en Libia estas fuerzas han apoyado la guerra. Es significativo que los argumentos presentados por el nuevo Partido Anticapitalista para justificar su apoyo a la guerra sean esencialmente los mismos de Lévy. (Véase: "Una herramienta del imperialismo: el nuevo Partido Anticapitalista francés apoya la guerra contra Libia").
Lévy es muy consciente de los intereses imperialistas que subyacen en la campaña de Francia en Libia. Esa es la inevitable conclusión que se extrae de su absurda respuesta a la pregunta de si "la intervención militar en Libia está motivada exclusivamente para proteger al pueblo libio y los derechos humanos". Lévy esquiva la pregunta diciendo simplemente: "Eso es lo que parece, sí, ¿por qué otra cosa podría ser?"
Esta respuesta tremendamente ingenua y rotundamente increíble sitúa el juego de Lévy a distancia. Él sabe que las grandes potencias están compitiendo por 46.4 mil millones de barriles de petróleo de las reservas probadas de Libia y por su estratégica ubicación en el cruce del norte de África, una región sacudida por la oleada de luchas obreras revolucionarias. Lejos de ser un inocente ignorante de cómo funciona el juego de la influencia del Estado, Lévy es un experimentado e influyente mercachifle cuya respuesta está pensada simplemente para ocultar la apropiación del petróleo y los intereses imperialistas más amplios que él respalda mediante su apoyo al Consejo Nacional.
El hijo de André Lévy, un influyente comerciante de maderas exóticas africanas que dirigió la empresa Bécob, Bernard-Henri Lévy ha explotado en varias ocasiones sus vínculos políticos para ayudar a la empresa en crisis de su padre. La primera vez fue en 1986. Como refiere L' Express "Bernard tiró la casa por la ventana por su padre. ¿Intervino ante los consejeros presidenciales para utilizar los contactos africanos de la presidencia para que Costa de Marfil liquidara sus deudas prioritariamente con Bécob? BHL niega esta intervención. Sin embargo, admite haber tenido contacto con [el entonces ministro de Economía del partido Socialista Francés] Pierre Bérégovoy para que ayudase a su padre". Lévy también buscó ayuda entre los conservadores del círculo de Jacques Chirac, entonces alcalde de París, y finalmente consiguió un préstamo ventajoso del Estado tras la intervención personal del presidente François Mitterrand.
La empresa Lévy también obtuvo un préstamo ventajoso de François Pinault, político gaullista y ejecutivo de una firma de lujo que hoy ocupa el puesto número 67 entre los hombres más ricos del mundo con una fortuna de 11.5 mil millones de dólares.
Dada la mala reputación de Pinault en los círculos empresariales y sus vínculos con figuras de la extrema derecha como Jean-Marie Le Chevallier o el neo-fascista Jean-Marie Le Pen, dirigente del Frente Nacional, L'Express señala: "Ayudar a Bernard-Henri Lévy, una estrella de la izquierda intelectual y líder de una red importante en los círculos editoriales y en los medios de comunicación, tal vez no era un movimiento estúpido... La teoría de un gesto de Pinault para ganarse a BHL se ajusta bien, en todo caso, a los acontecimientos posteriores: el cambio del grupo [Pinault] hacia la industria cultural y el nacimiento de una 'gran amistad' con Bernard".
Diez años más tarde, según L'Express, Pinault compró Bécob por 800 millones de francos, o aproximadamente 130 millones de dólares. "La fortuna de BHL es, pues, importante y suma entre 150 y 180 millones de euros. Esto ha desempeñado un papel clave en su historia".
Esto no es solo una descripción acertada de Lévy sino de todo el edificio político de los que se dedican actualmente a la fraseología de las cuestiones humanitarias en Francia. Habiendo comenzado como la ideología de varios estudiantes descontentos y de los hijos de la burguesía en el período posterior a 1968, se desarrolló muy rápidamente a medida que esas fuerzas se hicieron ricas o, en el caso de Lévy, inmensamente ricas. Hoy en día sirven abiertamente como la hoja de parra verbal de los intereses estratégicos del imperialismo francés.

Traducido del inglés para Rebelión

LA FILOSOFÍA FRANCESA PADECE UN FASCISMO SECULAR

Bernard Henry Lévy, uno de los líderes de aquel grupo de intelectuales que se autocalificó de nuevos filósofos, vuelve alborotadamente a los escaparates de las librerías francesas y al de la actualidad intelectual con un nuevo libro: La ideología francesa. Y para empezar ya ha conseguido lo. que probablemente pretendía en un primer tiempo: provocar el escándalo, o la exaltación, el debate en suma. Y, en todos los casos, como lo que es, como el niño mimado de los media de su país: su obra acaba de aparecer y a los medios de información les faltan páginas para discurrir sobre «el fascismo secular» del que, según Lévy, padece la sociedad francesa. A lo largo de esa ideología, en efecto, Lévy recorre el último siglo de la historia de las ideas francesas para concluir, en definitiva, que ha sido en Francia, la llamada patria de los derechos del hombre, en donde se han cocido todos los nacional-socialismos que han ensombrecido a Europa. Pero Lévy no se conforma con la denuncia de todos los petenismos históricos o contemporáneos. El escándalo, en esta ocasión, llega por la vía de en medio, esto es, por la boca y por la cabeza de la izquierda socialista. De los comuneros Guesdes y Lafargue a Blum, pasando por Proudhon, todos fueron panaderos del fascismo de corte francés.
¿Y por qué? En el caso del socialista Leon Blum, por ejemplo: porque saludó al mariscal Pétain, en 1939, como el «más humano de los jefes militares». Argumentos de este género, otras amalgamas o la falta de rigor histórico, sirven a algunos críticos para ajusticiar a Levy, pero desde las tribunas de más peso en el mundo intelectual francés.
En opinión de Lévy, ese paisaje intelectual galo es, «sobre todo, y cada vez más, nauseabundo».
Con este su tercer libro intentaría desfacer el entuerto. Sus dos obras anteriores ya levantaron polémicas sensacionales, porque metía los pies en el plato de tabús de la época. El primero de ellos fue La barbarie con rostro, humano, en el que denunciaba el fascismo rojo. En el segundo, El testamento de Dios, preconizaba el monoteísmo como tabla salvadora. Es de notar que, de todos los pensadores franceses del siglo, según Levy, sólo han comprendido el antifranquismo algunos escritores como Camus, Artaud, Bataille, Bretón y Caillois.
Lévy es una de las figuras más polémicas y contradictorias de la filosofía francesa. Surgido del Mayo francés, se autodefine ahora como «entre los que luchan contra el totalitarismo». Nacido en Argelia, en el seno de una familia judía, en 1948, se trasladó a París muy niño. A los veinte años, era agregado de una cátedra de Filosofía.
Su primer libro polémico, La barbarie de rostro humano, tiene su origen en la acusación del comunismo que suponía el libro El archipiélago de Gulag, de Solzhenitsin. Calificado de rebelde iconoclasta, realizó en esta obra una crítica pesimista del totalitarismo en todas sus formas, ideológicas, políticas y sociales. En su siguiente obra, El testamento de Dios, publicada también en España, intenta construir y abrir camino recordando al pueblo de la Biblia, el Antiguo Testamente, que, según Lévy, es el gran texto de la resistencia, de rebelión, de modernismo y de la historia occidental.

Feliciano Fidalgo
El País
17 de enero de 1981

 

viernes, febrero 14, 2014

Los más grandes filósofos serían genocidas excepto B.-H. Lévy



Bernard-Henry Lévy denuncia a los filósofos como legitimadores de la barbarie. Todos menos, precisamente, aquéllos que beben de las puras y prístinas fuentes morales del Antiguo Testamento.

Voilà, pues, una excepción: el propio Bernard-Henri Lévy, la primera pluma filosófica de Francia. ¿O mejor decir "la primera pluma abrahamánica"?

En efecto, B.-H. Lévy, cuando piensa, fúndase de forma expresa en la Biblia hebraica. Véase, para zanjar cualquier discrepancia en este punto, la obra El testamento de Dios (1979). Por ejemplo, BHL razonaría siempre al hilo de delicatessen como el Libro de Josué; entre otros centenares de casos que ilustran la doctrina de la Torah, cuyos dulces pasajes "pacifistas" sobre el anatema (=exterminio) de Jericó y de diversos pueblos autóctonos de Palestina ennoblecen el alma...

Toda una lección, pues, de "derechos humanos" y "democracia".

En definitiva: la misma hipocresía que J. P. Sartre con el Gulag, pero ahora al servicio de la Nakba y del más bochornoso imperialismo oligárquico occidental.

La patria de Voltaire lobotomizada.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
15 de febrero de 2014


DOCUMENTACIÓN ANEXA

http://www.vnavarro.org/?p=10239

http://www.vnavarro.org/wp-content/uploads/2013/12/23-12-13-donde-esta-bernard-henri-levy-v0202-vdef-261113-edit.pdf

Artículo publicado por Vicenç Navarro en la columna “Pensamiento Crítico” en el diario PÚBLICO, 27 de noviembre de 2013.
 
Este artículo critica la selectividad de Bernard-Henri Lévy en sus posturas pro derechos humanos, que siempre coinciden con la política internacional promovida por el gobierno federal de EEUU y la Unión Europea. El artículo también indica el gran silencio de este autor sobre la situación de Libia, que él contribuyó a crear.

Bernard-Henri Lévy tiene muy buena prensa en España, apareciendo con gran frecuencia en las páginas de El País predicando la moralidad de sus causas, que requieren con gran frecuencia intervenciones militares, lo cual explica que algunos intelectuales de la izquierda estadounidense lo califiquen como el moralizador de las guerras, en general, contra el Islam (ver Ramzy Baroud “France’s Sham Philosopher” en CounterPunch, 20.11.13). Presentado frecuentemente en los medios españoles como “el filósofo de Francia”, articula siempre posturas promovidas por el establishment político francés, rodeado siempre de grandes cajas de resonancia que explican su gran visibilidad mediática.
La última gran hazaña de este señor fue su liderazgo (que El País definió como moral) para que la OTAN interviniera en Libia para deponer al coronel Gadafi (basándose en una interpretación tergiversada y manipulada de la famosa Resolución 1973 de Naciones Unidas del 17 de marzo de 2011, que no permitía dicha intervención). Esta intervención se justificó por el supuesto apoyo de los Estados intervencionistas por vía militar (que incluyó desde bombardeos que afectaron a poblaciones civiles, hasta la transferencia de armas) para deponer a un dictador y sustituirlo por fuerzas democráticas que deseaban instaurar una democracia. Considerando la enorme evidencia que existe mostrando el apoyo de tales Estados (EEUU y Francia incluidos) a dictaduras casi medievales en la misma región, esta justificación carecía de credibilidad. Pero ello no inhibió ni frenó al filósofo de Francia en la utilización de dicha justificación. Y lo que es notorio es que repitió constantemente tal justificación con toda seriedad y contundencia, apelando a la moralidad democrática que según él debe caracterizar el comportamiento de las naciones civilizadas. Bernard-Henri Lévy (BHL) utiliza una narrativa llena de imágenes altisonantes, preñadas de gran pomposidad, como corresponde a uno de los intelectuales franceses más galardonados en Francia. El poder es siempre muy cariñoso y agradecido con sus sirvientes. Al servicio de su causa, BHL se trasladó a Libia con todo el aparato mediático y parafernalia teatral “en defensa de las fuerzas democráticas”. Y la intervención militar derrotó al dictador Gadafi.
¿Y qué ha pasado en Libia desde entonces? Gadafi fue un dictador como muchos de los dictadores que hoy existen en aquella parte del mundo, donde la democracia no existe ni siquiera a nivel de ensayo. Pero comparado con Arabia Saudí, Qatar y otros regímenes feudales, Gadafi no era, definitivamente, peor que los gangster que dominan aquellos otros países. La diferencia era que los últimos son fieles sirvientes de EEUU y de la UE, y Gadafi no lo era. Ni que decir tiene que el gran filósofo moralista BHL no prestaba atención a tales detalles, considerados insignificantes en la lucha entre el bien (que él representaba) y el mal (que eran todos los demás).
Pero analizaremos ahora lo que ocurre en Libia. Cualquier observador mínimamente objetivo debe concluir que Libia no es, en absoluto, una democracia, y que la situación actual es un desastre, con unos conflictos entre distintas facciones, entre las cuales están fuerzas de Al Qaeda, que se ha convertido en una de las fuerzas determinantes de los quehaceres de aquel país. Bandas armadas, sin ningún tipo de control democrático, gobiernan los distintos territorios, con asesinatos políticos y con una represión brutal hacia las voces y manifestaciones en contra de la dictadura de esas milicias armadas. Solo en un día (15 de noviembre) 31 personas fueron asesinadas y 235 heridas en una represión contra una manifestación en la ciudad de Trípoli que protestaba contra este régimen de taifas controlado por bandas armadas que atemorizan a la población a fin de defender sus propios intereses.
Y mientras todo esto está ocurriendo, el gran filósofo de Francia (y de El País) permanece callado. En realidad, y tal como señala Ramzy Baroud, lo más parecido a este filósofo son los intelectuales neocons de EEUU, que siempre alientan y exigen intervenciones militares “para defender la democracia”, detrás de cuyo noble objetivo hay intereses financieros y energéticos muy concretos que pronto aparecen, mostrándose como lo que son. Lo cual no inhibe a estos intelectuales a continuar moralizando sobre el deber de los países democráticos de ayudar a las fuerzas democráticas alrededor del mundo, cuando la realidad es precisamente lo contrario de lo que predican. Los mal llamados “gobiernos democráticos” han sido históricamente, y continúan siéndolo, los mayores soportes de los regímenes más dictatoriales existentes en el mundo.
La incoherencia de tales intelectuales, incluyendo “el filósofo de Francia” aparece con toda su crudeza no solo en el caso de Libia, sino también en el caso de Israel. BHL es un gran admirador de las fuerzas armadas de Israel, a las que clasifica como las más morales y democráticas existentes hoy en el mundo, apoyando siempre sus intervenciones militares. Es extraordinario que estas declaraciones se hicieran después de una de las intervenciones militares más sangrientas e inmorales (de las muchas que han hecho tales fuerzas armadas) en la zona de Gaza en los años 2008-2009 y 2012. La ceguera moral e incoherencia intelectual de Bernard-Henri Lévy no tiene límites, lo cual no es obstáculo para que BHL aparezca, una vez más en El País, moralizando sobre la necesidad de intervenir militarmente en algún lugar del mundo árabe para “defender la democracia”.

  
BERNARD-HENRI LÉVY Y LA IZQUIERDA ZOMBI

Diane Johnstone

El último libro de Bernard-Henri Lévy ha sido el más comentado en los medios de comunicación desde comienzos de año. Diane Johnstone, que ve en este ensayista a un propagandista encargado de reciclar los tópicos desgastados de la Guerra Fría, no se sorprende de ello en esta época de sarkozismo triunfante. Prefiere desmontar los mecanismos de esta retórica y subrayar su carácter mágico y antipolítico. En definitiva, se divierte en constatar que la hegemonía de este discurso no suple su vacuidad y no logra hacerlo operativo.

 El ensayo político más comentado por los medios de comunicación desde comienzos de año, Ce grand cadavre à la renverse (Ese gran cadáver de espaldas), de Bernard-Henri Lévy (Grasset, Paris, 2007), se presenta al público como una reflexión consagrada a la izquierda francesa. Pero curiosamente, se trata en el fondo de algo muy distinto.

Bernard-Henri Lévy es con mucho el más conocido de la pequeña camarilla de propagandistas que hace unos treinta años, con la etiqueta de «nuevos filósofos», emprendieron una campaña para invertir el sentimiento antiimperialista que se había hecho dominante en el mundo entero, sobre todo en reacción contra la guerra llevada a cabo por Estados Unidos en Vietnam. La guerra había terminado, y la izquierda francesa estaba debilitada por su dispersión sectaria y el hundimiento de sus esperanzas «revolucionarias» poco realistas. Los Jemeres Rojos, que habían tomado el poder en Camboya, tras los bombardeos y el destronamiento de Sihanouk fomentado por los Estados Unidos, cometieron el «baño de sangre» que los estadounidenses habían predicho sin razón para Vietnam. Por su descubrimiento tardío, aunque teatral y fuertemente mediatizado, del gulag soviético más de veinte años después de la muerte de Stalin, y calificando las aberraciones asesinas de los Jemeres Rojos de «golpe fatal... contra la idea misma de revolución» (p. 124), los «nuevos filósofos» trataron de estigmatizar toda aspiración a un cambio social radical como inevitablemente «totalitaria». Contra la omnipresente «amenaza totalitaria», se rehabilitó a Estados Unidos como indispensable salvador de la democracia y defensor de los derechos humanos.

Es difícil medir el verdadero impacto de aquella campaña, que formó parte de una ofensiva general de rehabilitación del imperialismo americano bajo el estandarte de los «derechos humanos». Es cierto que estos publicistas no fueron jamás tomados en serio por los universitarios y los profesores de filosofía, pero ganaron una celebridad inmediata gracias al celo que pusieron los medios de comunicación (empezando por le Nouvel Observateur) en difundir su «nueva» versión «filosófica» de la propaganda de la Guerra Fría.

No obstante, treinta años más tarde, su misión parece cumplida. Aunque no sea filósofo, Nicolás Sarkozy encarna la «nueva» Europa soñada por Rumsfeld al principio de la conquista de Irak, una Europa dispuesta a seguir ciegamente a los Estados Unidos en sus guerras de «civilización».

André Glucksmann, el más histérico del clan, se dio prisa en unirse a Sarkozy como filósofo de corte. Bernard Kouchner, el más mundano de los guerreros humanitarios, esperó a la elección de Sarkozy para unirse a él como ministro de Asuntos Exteriores.

Más astuto que los demás, BHL rechazó perderse entre la multitud victoriosa. Durante la campaña se atribuyó el papel de consejero ideológico de Ségolène Royal. Tras su derrota, prefirió rezagarse en el campo de batalla política para hacerse con el estandarte caído de la izquierda. O bien, como sugiere el título de su última obra, para recuperar su cadáver. Este libro pretende dar lecciones a la izquierda con el fin de reanimarla. BHL querría infundir sus palabras y sus pensamientos al cadáver, transformándolo en una especie de zombi para asustar a Ségolène, y alejarla de Jean-Pierre Chévènement, Noam Chomsky, Michael Moore, Rony Brauman, Alain Badiou, Régis Debray, Harold Pinter y todos los demás adeptos de malas ideas que llevarían la izquierda, según BHL, hacia un nuevo «totalitarismo».

¿Y cuál es este nuevo totalitarismo? El «antiamericanismo», ¡pues claro! Y el antiamericanismo, qué es exactamente? Según BHL (página 265), «el antiamericanismo es una metáfora del antisemitismo». Ajá.

Y claro, «el antisemitismo» es la acusación que hará desaparecer al adversario en una nube de humo, como hace la malvada hechicera en El Mago de Oz. Pero ¿funciona siempre la magia? BHL tiene miedo de estar perdiendo su poder.

El mundo según BHL

Aunque la etiqueta de «filósofo» sea exagerada, el escritor BHL tiene, como todo el mundo, su filosofía personal. De entrada, según él, las ideas son las que gobiernan el mundo, para bien y para mal (p. 402). Sobre todo para mal, aparentemente. Las ideas pueden salir casi de la nada, lo que exige una vigilancia constante. Lo que él llama su fidelidad a la izquierda no tiene nada que ver con las relaciones socioeconómicas, y aún menos con la oposición a la guerra. Se trata más bien de la denuncia de ciertos crímenes: la condena de Dreyfus, Vichy, diversos «genocidios» reales o supuestos. Se basa, como explica con detalle, en su propia galería personal «de imágenes, acontecimientos y reflejos». Nunca en algún tipo de análisis. Avanza como una especie de Isaías que clama en el desierto y no necesita útiles modernos de investigación o de análisis.

En este mundo de ideas, los hechos son secundarios, cuando no superfluos. BHL juega con ellos como juega con estas ideas maleables. Hay que adaptar los hechos a las ideas, no las ideas a los hechos. El concepto de Imperio puede aplicarse a China hoy en día o en el pasado a la URSS, a los turcos, a los árabes, a los aztecas , a los persas o a los incas. Pero es inoperante cuando se trata de una «América cuya línea principal ha sido siempre el aislacionismo y que, contrariamente a las grandes naciones de la vieja Europa, nunca ha colonizado a nadie» (página 281).

Esta afirmación pasmosa sitúa a BHL claramente por encima y al margen de la realidad. En su libro, no se trata tampoco de la política tal como se suele entender. Se trata más bien de enunciar, como dice claramente, al menos con toda la claridad de la que es capaz, una especie de religión sin Dios.

Puede parecer extraño viniendo de una celebridad de la jet set que se da la gran vida pero, para BHL, el modelo a emular no es otro que el profeta del Antiguo Testamento, fustigador de las malas ideas que llevarán al pueblo a su destrucción. Esto se hace explícito hacia el final de su último libro (como también en uno de los primeros, El testamento de Dios). De hecho, si se empieza por el final del libro en vez de por el principio, se puede ver que el verdadero tema no es el partido socialista ni la izquierda, sino una exhortación profética a una especie de guerra de religión.

Al hablar de una «evaluación genealógica» de las ideas de democracia y de derechos humanos, BHL expresa esta nostalgia por una época bíblica. De estas ideas, escribe (página 398): «Se las puede considerar demasiado griegas... Se las puede juzgar demasiado romanas... Se puede lamentar que el universalismo tal como lo entendemos haya pasado con armas y bagajes al lado “ni judío ni griego” paulino y que haya olvidado por el camino el gusto por las singularidades que se podían encontrar todavía entre los judíos y los griegos. Se puede entonces, como Lévinas, querer que se oigan de nuevo esas voces judías, ese aliento profético, que acalló el greco-romano-paulinismo. »

Se refiere al filósofo lituano-franco-israelí Emmanuel Lévinas, cuyas contorsiones metafísicas sobre la culpabilidad y la inocencia llevaron a B-H Lévy y a Alain Finkielkraut a ver en él a su propio profeta contemporáneo. En 2000, con Benny Lévy, que había abandonado la dirección de la Gauche Proletarienne para volver al seno del judaísmo tradicional, fundaron el Institut des Études Lévinassiennes en Jerusalén y en París, consagrado (según palabras textuales de Benny Lévy) al combate «contra la visión política del mundo». Su referencia inagotable es el Talmud.

El estilo profético sobrevuela los hechos para proferir lamentaciones, premoniciones y exhortaciones. Proyecta un ambiente de urgencia moral demasiado apremiante como para perder el tiempo en análisis claros y razonados, fundados en el respeto escrupuloso de los hechos y la honradez en la presentación de los juicios opuestos al suyo.

Para el escritor, esquivar el análisis no es sólo un artificio retórico, sino algo consustancial a su visión del mundo. Es una expresión de rechazo, por parte de ciertos sectores del pensamiento contemporáneo, de todo intento de explicar los acontecimientos históricos a partir de causas materiales o políticas. Este rechazo es central en la actitud religiosa hacia el Holocausto, o la Shoah (es decir, el genocidio de los judíos entendido en términos religiosos). Para los defensores de esta religión contemporánea es inaceptable buscar explicaciones materiales a acontecimientos que deben seguir siendo «incomprensibles» por su enormidad. El menor intento de explicar la ascensión de Hitler por hechos como una reacción contra la humillación de la derrota de 1918, la pérdida de territorios nacionales y la inflación galopante seguida del paro masivo, es rechazada como un intento de «justificarla». Toda explicación distinta del odio eterno a los judíos se arriesga incluso a ser tachada de antisemita.

Esta negativa a analizar los factores materiales subyacentes a los fenómenos ideológicos se extiende a otros acontecimientos. Cuanto intenta explicar la pérdida de velocidad del espíritu europeo, BHL no hace ninguna mención al hecho, sin embargo cada vez más evidente, de que la Unión Europea se haya convertido en el instrumento para imponer una política económica, especialmente la privatización forzosa de los servicios públicos, que el pueblo no ha elegido ni puede cambiar. No, si Europa ha «empezado mal», es a causa del «enorme agujero que es, en toda Europa, el vacío dejado por seis millones de judíos asesinados». Ve la crisis de Europa en «el grito de dolor de una Europa muerta al nacer, o nacida con una parte de sí misma muerta, y que por ello ya sólo sabe vivir de la vida de los espectros» (p. 232).

Esta visión antipolítica de los acontecimientos es comparable a la que se tenía de los brujos antes del desarrollo de la medicina moderna. La mayor preocupación de estos lévinassiens es claramente el antisemitismo, tal como la peste negra era la gran preocupación de los europeos en el siglo XIV. Están incluso obsesionados por la posibilidad de su resurgimiento. Pero su enfoque religioso —incluso si se declaran ateos (p. 405)—, les impide analizar las causas de un modo que ayude a evitar una nueva erupción de esta enfermedad.

Guerra de religión

En su capítulo dedicado al futuro «progresista» del antisemitismo («el neoantisemitismo será progresista o no será»), BHL lo trata como una especie de demonio que merodea a través de la historia con varios disfraces. Es «ese largo grito de odio que, desde hace siglos y siglos, persigue al Pueblo de la Palabra». No hay que preguntar: «¿por qué?». Sólo hay que preguntar: «¿cómo?».

A esta pregunta, BHL le da una respuesta. El antisemitismo hará su próxima aparición inevitable por la vía de la izquierda. Sobre este tema, por el que siente un gran interés, llega a hacer algunas observaciones acertadas. Reconoce implícitamente una realidad que muchos otros rechazan, es decir, que en Europa, hoy en día, la auténtica religión, aquélla cuyo sentido de lo sagrado aún funciona, es la Shoah, el Holocausto. O, como afirma, «la religión de la época» está «cada vez más claramente fundada sobre tres sólidos pilares que son el culto a la víctima, el gusto por la memoria y la reprobación de los malvados (el antifascismo triunfante, el amor por la víctima y el deber de la memoria)». Dicho esto, se inquieta al ver que una cierta competición entre víctimas alienta el resentimiento hacia los judíos, a los que se acusa de haberse «apropiado del capital victimario. Shoah business...».

«“¿Qué hay del genocidio de los indios americanos?” me preguntó un día el jefe indio antisemita Russell Means. “Nada; los judíos americanos lo han tomado todo; se han apropiado hasta de la idea de genocidio”». Sobre esto, BHL hace incluso una insólita mención de los palestinos, cuyo peor enemigo sería «el estrépito que se arma en torno al sufrimiento del pueblo judío, que cubre/acalla su propia voz» (p. 318).

La respuesta de BHL no es otra que insistir de nuevo en que la Shoah es realmente única en la Historia, añadiendo que los musulmanes estuvieron del lado de Hitler y no pueden entonces ser considerados como víctimas inocentes del sionismo. Y que tales quejas no son más que manifestaciones de la nueva oleada de antisemitismo. Todo ello se sigue de la premisa según la cual no puede haber otra explicación del antisemitismo que la propia naturaleza eterna del antisemitismo. Ni puede, sobre todo, haber ninguna causa por la que ciertos judíos, en este caso el Estado de Israel, puedan tener parte de responsabilidad.

En vez de analizar, BHL profetiza. Prevé la próxima oleada de antisemitismo en «la unión del negacionismo, el antisionismo y la competición entre las víctimas». ¿Qué hacer ante este peligro? De nuevo una exhortación y un nuevo enemigo «fascista» a combatir: «el islamofascismo» o, como prefiere llamarlo, el «fascislamismo».

Programación de la Izquierda Zombi

BHL se dirige a la izquierda zombi, a la que pretende inspirar con sus profecías.

Exhortación número uno: ¡dejad de hablar de Israel y de Palestina! Hay que limitar «la referencia obsesiva a Israel». Hablad más bien de Darfur, de Chechenia...

Segunda exhortación: reemplazad el concepto de tolerancia por la laicidad. Es decir, ninguna tolerancia con el «fascislamismo», que llega a divisar incluso en las posiciones relativamente moderadas de un Tariq Ramadán, por ejemplo, por no hablar de las mujeres con velo y de los musulmanes que se enfadan con las caricaturas del Profeta representado como un terrorista.

Tercera exhortación: reconocer en el islamismo una forma de fascismo.

Este zombi programado es finalmente todo lo que BHL ofrece a la izquierda o a los judíos.

¿Con qué resultado posible?

El hecho de que las reseñas pasen de puntillas sobre el judeocentrismo flagrante del libro sugiere que cierta forma de intimidación funciona eficazmente. Pero cabe preguntarse si el hecho de no atreverse a cuestionar ninguna afirmación hecha «en nombre de los judíos» (¡sin pedir su opinión!) es verdaderamente «bueno para los judíos». El propio BHL, al hablar de la «competición de las víctimas», expresa algunas dudas. Pero persiste.

Es evidente que sería mejor para la izquierda, para los judíos, para todo el mundo, superar estas inhibiciones religiosas y mirar de frente la realidad del mundo, incluyendo Israel, Irak –invisible en este libro-, Palestina, Irán y, sí, los Estados Unidos y su desatado complejo militar-industrial que encuentra pretextos para la utilización de su poderío militar en la histeria neoconservadora en torno al «islamofascismo». El modo profético por el que BHL muestra tanta afición no es más que una irracionalidad emotiva, tal como el antisemitismo, diversos delirios religiosos e incluso el “fascismo”. Se trata de una postura ideológica, sin ninguna relación con un concepto sensato de política progresista.



Fuente:

http://www.voltairenet.org/article152881.html

Artículo original publicado el 12 de noviembre de 2007

Traducido para Tlaxcala por Nuria Álvarez Agüí

Nuria Álvarez Agüí es miembro de Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.

URL de este artículo en Tlaxcala:


http://www.tlaxcala.es/pp.asp?reference=4202&lg=es

 

martes, febrero 11, 2014

Contra el racismo y por la libertad de expresión: solidaridad con el cómico Dieudonné M'bala














http://www.elmundo.es/internacional/2014/01/09/52cee2dcca4741a5088b456f.html

http://85.214.222.163/index.php?option=com_content&view=article&id=4200&Itemid=65


Los franceses empiezan a entender que Sarkozy y Hollande militan en el mismo partido, el único partido políticamente correcto, a saber, el de la alta finanza y el Estado de Israel. El partido oligárquico, en una palabra.

Por eso millones de ciudadanos del "país de los derechos humanos" darán su apoyo al Frente Nacional de Marine Le Pen.

Dieudonné M'bala, Marine Le Pen, Robert Faurisson y Alain de Benoist, entre otros, encarnan en la actualidad el último resquicio de la libertad "realmente existente" en Francia.

Esperemos que en España, Italia y Alemania los ciudadanos encuentren pronto su propia salida del laberinto.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
14 de enero de 2014

 

sábado, febrero 01, 2014

Causas de la Segunda Guerra Mundial. (1) ¿Quién desencadenó el conflicto? (II)














El 1º de enero de 2013 planteábamos las siguientes preguntas:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/01/causas-de-la-segunda-guerra-mundial-1.html

El tiempo ha traído por sí solo las respuestas:

 http://www.voltairenet.org/article181402.html

Un borrador del discurso que leyó el rey Jorge VI para anunciar la entrada del Reino Unido en la Segunda Guerra Mundial se venderá dentro de varias semanas en subasta organizada por Sotheby’s.
El borrador está fechado el 25 de agosto de 1939, o sea una semana antes de que el III Reich invadiera Polonia.
Lo anterior demuestra que, contrariamente a la versión oficial, el Reino Unido no entró en guerra contra el III Reich como consecuencia de la invasión de Polonia y que ese hecho fue solamente el pretexto utilizado para justificar una decisión ya tomada de antemano y por otras razones.

¿Por qué se nos ocultó esta información durante más de medio siglo? ¿Qué otras escandalosas evidencias permanecen bajo llave y cuáles son las intenciones del engaño? Evidentemente, si tales pruebas favorecieran la "versión oficial" de la historia, no sólo no serían hurtadas a la opinión pública, sino difundidas por tierra, mar y aire a fin de justificar la propaganda de la oligarquía transnacional instalada en el poder mundial desde 1945. Hemos de suponer que los documentos clasificados, por miles, desmontan uno a uno los mitos de la "bondad moral" angloamericana o aliada.

Inglaterra y Francia desencadenaron la Segunda Guerra Mundial. La excusa fue Polonia, pero se trataba sólo de una coartada humanitaria, una de las muchas cuya calaña ya conocemos por la experiencia posterior (si la "anterior" al conflicto no fuese más que suficiente). La decisión de atacar a Alemania obedeció a intereses político-económicos imperialistas, no a motivaciones éticas o jurídicas.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
1º de febrero de 2014
 

viernes, enero 17, 2014

Maltrato a inmigrantes en Israel



¿Dirán algo  -esta boquita es mía- Arcadi Espada, Jon Juaristi, Gabriel Albiac, Francisco Caja y tutti quanti en Sefarad?

¿La sinagoga sigue vacía? ¿El gran cerebro crítico colapsó bajo el peso milenario del Talmud? ¿El banco de la "decencia ancestral" ha quebrado siguiendo las prácticas del hermano Madoff, oh señores "no nacionalistas"?

Callan. Pues bien, ya no podremos creer en Ciutadans (C's), Albert Rivera y sus intelectuales sospechosamente 
miopes ante la descarada xenofobia de las ultras hebreas que en el mundo han sido.

Protestan por la inmersión lingüística, injurian todo nacionalismo -¿también el español?- como una forma de fascismo, de nazismo incluso, pero, vamos, !compárese el independentismo
radical con la Nakba!
!Compárese la Cataluña más montaraz con el racismo biológico-genético-teológico de la extrema derecha sionista e israelí! El silencio de los "profetillos".

Yo acuso.


Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
17 de enero de 2014

 

lunes, enero 06, 2014

La extrema derecha que gobierna el mundo (1). Esquema básico

Racista supremacista y mestizo universal: las dos caras del discurso oligárquico encarnadas por Netanyahu y Obama.












¿Extrema derecha? Sí. A pesar de los repetidos y hegemónicos discursos según los cuales la ultra tiene un carácter residual, minoritario, extravagante y poco menos que enfermizo, en realidad la extrema derecha es la fuerza política que -con escasas resistencias- gobierna el hemisferio occidental todo.

Ahora bien: ¿de qué "extrema derecha" estamos hablando? Ésa es la cuestión. Las distintas ultras forman en general un conjunto de suma cero. Esta afirmación es perfectamente comprensible: basta echar un  vistazo a la historia de las naciones europeas, que es también la historia de su mutua o recíproca destrucción. Europa se suicidó. Las ultras forman un campo ideológico unitario y a la vez desgarrado, cuyos elementos sólo pueden co-existir excluyéndose mutuamente. Pero, hay que añadir: y, a la postre, suprimiéndose a sí mismos. Es el caso de EEUU y de las burguesías locales apátridas, americanizadas desde la posguerra: obedecen voluntariamente a Israel.  

Primera característica. Cada miembro del conjunto incluye un rasgo  o característica de negación de todos los demás. Sea el conjunto  (a, b, c), la definición de (a) es (no-b, no-c); la definición de (b), (no-a, no-c) y la definición de (c), (no-a, no-b).

Segunda característica. Nuestra tesis es que (a), (b) y (c) se definen también respectivamente como (no-a), (no-b), (no-c) o por un rasgo/característica de auto-negación. Es la comunión o la comunidad eclesial en Cristo sostenida por todos los ultraderechistas conservadores.

Veámoslo.  

La ultraderecha cristiana como autosupresión de las naciones gentiles

Por supuesto, el conjunto C (C=ultraderechismos) cuenta con cientos de elementos, digamos (e), tantos como naciones, no únicamente tres, pero la formulación de los mismos se basaría siempre en la réplica del mismo "modelo". La impotencia de la oposición nacional a la oligarquía mundial pasa por la reducción arbitraria de los nacionalismos a racismos y ultraderechismos de suma cero.

Y, sin embargo, obsérvese: hay una extrema derecha que "gobierna el mundo". ¿Cómo puede hablarse entonces de suma cero? ¿No tenemos un saldo positivo de poder en provecho, precisamente, de los dominadores? ¿Cuál es la explicación de este misterio, es decir, el "misterio del fascismo"?

Hete aquí su estructura lógica.

La extrema derecha imperante, que denominaremos(s)(=sionismo) es "(anti)fascista". Y esto significa, en primer lugar: como cualesquiera otros de C, (s) se define por la negación uno a uno de todos los elementos del conjunto que a su vez (=antisemitismo) la niegan.

La sinergia -recíprocamente anulada- de las ultraderechas del planeta y por ende de la gentilidad (g), aquello que se entiende despectivamente -en la política, los medios de comunicación y el "mundo de la cultura" oficiales- por "extrema derecha" (=fascismo, nazismo, antisemitismo = el mal absoluto), se reduce a lo mismo que el poder oligárquico. !Tal es la sorpresa con que tópase uno al ahondar en los resortes básicos de las ideologías ultraderechistas "gentiles"! No existe de facto una crítica ultraderechista de la oligarquía, pero tampoco podría jamás existir, porque la ultraderecha no es más que un proyecto fracasado de oligarquía.
O en otras palabras: nada hay, con una sola excepción, en el nacionalismo judío de extrema derecha que difiera fundamentalmente de los ultraderechismos cristianos. Aquéllo que distingue a la ultraderecha hebrea de todas las ultraderechas occidentales gentiles es: éstas han sido derrotadas, aquélla manda y define las reglas del juego, el vocabulario, los valores, las connotaciones simbólicas en las que se articula el espacio público. Pero esto no ocurre por casualidad o por los azarosos resultados de la lid, sino porque necesariamente tenía que suceder así a tenor de la estructura lógica del código simbólico impuesto por el judeocristianismo.  


Racismo cristiano-gentil: David Duke
o la estupidez ultra personificada.
La ultraderecha gentil como negación de la nación

La comprensión de dicho fenómeno pasa de forma necesaria por la definicíón doctrinal e histórica del cristianismo, religión universalista de procedencia judaica que promueve a un dios inmigrante destinado a regir "las naciones".

Así, cada elemento (e), excepto uno, a saber, (s) (=sionismo), no sólo es negación de los demás, sino, también, como ya hemos señalado, autosupresión. Aquél, (s), deviene hegemónico porque, frente al resto, afírmase netamente en su propia identidad. O sea, vocifera sin enrojecer de vergüenza: "somos el pueblo elegido". El misterio del(anti)fascismo entraña la unidad dialéctica de esta dicotomía (fascismo y antifascismo) que posibilita el dominio de todas las naciones "gentiles" desde dentro a partir de su mismísima afirmación y autosupresión simultáneas en un conjunto de suma cero.

Porque al "afirmarse", las ultraderechas gentiles afirman a la par a "Jesús" y a la iglesia de Saulo de Tarso, es decir, afirman su propia negación en tanto que naciones.

El concepto "extrema derecha" (="fascismo") ha sido acuñado por una -y muy singular- de las ultraderechas, precisamente la imperante -que nunca aparece caracterizada en cuanto tal: se habla por lo general de ultraortodoxos, no de "nazis" judíos, contradictio in adjectio dentro del código simbólico de la jerigonza oligárquica-, a efectos de neutralizar, estigmatizar y doblegar hasta la disolución las naciones de la gentilidad, cortocircuitadas en el bucle lógico
denominado "antisemitismo cristiano"; las "contradicciones" y "negaciones" representan para aquélla y a día de hoy las ultraderechas de esas mismas naciones (gentiles) negadas, las cuales, a su vez, e insisto en subrayarlo, lo son doblemente: respecto de sí mismas (como creyentes en un dios judío, ergo extranjero) y respecto de las demás (como remedos de un "pueblo elegido" genocida del resto de los pueblos). 

Conviene no olvidar este último punto, clave de todo el asunto.

Las ultraderechas no pueden aliarse contra el "enemigo común" porque reproducen unas respecto a otras las pautas racistas y supremacistas inherentes a la idea de un pueblo escogido por dios para dominar a todos los demás. El caso del nazismo es aleccionador: el fracaso del Tercer Reich se resume en su incapacidad para tratar en pie de igualdad y con dignidad de naciones al resto de los pueblos de Europa. La política de Alemania con los ucranianos decide el destino de la Segunda Guerra Mundial. Un racista cristiano, Erik Koch, hace más en favor de la causa "aliada" que la totalidad del ejército rojo subvencionado por Wall Street. La derrota alemana es política antes que militar. Es un fracaso ideológico.

Y lo peor: Auschwitz, el antisemitismo en su conjunto, forman parte de la agenda ultraderechista judía.

Las ultraderechas no pueden tampoco, una a una, combatir al sionismo de frente, porque adoran a un dios inmigrante procedente del otro lado y, en última instancia, se han maldecido y abortado ab ovo como naciones en el acto mismo de constituir su identidad nacional. Véase los Estados Unidos, arquetipo de la pseudo nación "cristiano-gentil" sin otro imaginario sustentador que la Biblia. (Una "nación", la americana, que trabaja consciente y voluntariamente para Sión, es decir, al servicio de otro pueblo y funciona como espada multirracial para aplastar al resto). Pero también España, esclava de la catolicidad, era sierva de "la Iglesia". La "autonegación" de la nación en la "comunión del pueblo de Dios" opera desde el seno del discurso ontoteológico monoteísta y no hace otra cosa que afirmar sus valores (connotaciones) fundamentales. El islamismo radical sería el ejemplo actual más instructivo de religión judaica antisemita. El musulmán lucha contra Israel para afirmar a Yahvé -el dios de Abraham- y ésta es la mayor victoria espiritual de la extrema derecha oligárquica, ante la cual las ultraderechas "gentiles" nativistas deambulan completamente ciegas, confusas, refutadas y derrotadas de antemano.

Algo igualmente, de mayor trascendencia, si cabe, y posiblemente más desastroso por sus consecuencias a lo largo de la historia occidental, es la idea de la guerra santa. La idea de un dios que lucha en favor de su pueblo contra sus enemigos proviene del período más primitivo de la historia de Israel, y ha dado pie con su influencia sobre judíos, cristianos y musulmanes para legitimar diversos movimientos de violencia internacional, intercultural e interreligiosa hasta la actualidad. (Trevor Ling, Las grandes religiones de oriente y occidente, t. I., Madrid, Itsmo, 1972, p. 46).

La ultra sionista, en cambio, no se niega a sí misma; no adora a un dios-otro, sino a la nación judía como tal. Yahvé significa, efectivamente, la judeidad personificada: el nosotros absoluto. ¿Por qué los presuntos "patriotas" americanos, alemanes, franceses, ingleses, españoles..., póstranse empero ante la encarnación -Cristo- de una patria otra, declaradamente supremacista y hostil?

Milton Friedman: la
máquina financiera de  
exterminar naciones.
La impostura neoliberal

De ahí también la aparente duplicidad alevosa -y estructuralmente mendaz- de la ideología oligárquica:

  • *por delante liberalismo, izquierda, derechos humanos, democracia, progresismo, antifascismo, relato de la Shoah, racionalidad, cientificidad, etcétera;
  • *por detrás, ultranacionalismo (sionista), derecha, racismo, supremacismo, colonialismo, oligarquía, genocidio, capitalismo, liberticidio, manipulación y oscurantismo religioso.

La unidad de "fascismo" y "antifascismo", (anti)fascismo, esencia del dispositivo de dominación sionista, no es ninguna abstracción filosófica que acabe de fantasear en una tarde de ocio, sino la fórmula que resume el corazón batiente de la realidad histórica contemporánea desde el año 1945.

http://nazismosionismo.blogspot.com.es/2012/03/introduccion-nazismo-y-sionismo-las-dos.html

El elemento (s) (=sionismo) no forma, pues, parte de C sino como negación del conjunto C en bloque. Es la suya una pertenencia "dialéctica". El sionismo se define en los términos de la ideología "antifascista", léase: como (no-C), donde son C todas las impotentes ultras gentiles. No se incluye el sionismo, perteneciéndole en cambio en el sentido más radical, dentro del conjunto "extrema derecha" (C). Mejor dicho: el elemento (s), para expresarlo en términos antropológicos, entra y sale del conjunto C según sea (s) en la perspectiva emic o (s) en la evidencia racional (perspectiva etic) el criterio que defina la situación. El predominio de la versión judeocéntrica de los hechos frente a la verdadera y científicamente documentable forma parte de los atributos y privilegios de la dominación sionista. El lenguaje oligárquico es un discurso emic (tribal) convalidado de facto como discurso etic (verdad universal). Y quien cuestione esta "verdad" obligatoria, impuesta por ley, va a la cárcel o como poco padecerá el ostracismo laboral, político y social.

Se equivocan quienes piensen que esta formulación pretende presentarse con el rango académico de una teoría. Intentamos una metáfora matemática, con fines propedéuticos, para interpretar la soterrada hegemonía de la ultraderecha en un mundo donde ese mismo vocablo tiene, empero, un significado peyorativo, cuando no infamante. ¿Cómo se explica así la impunidad del racismo supremacista de Sión? ¿Cómo puede Israel conceptuarse en términos de "progreso", "desarrollo", "humanismo", etcétera, cuando comparte todas las características de C?

Las naciones permanecen atrapadas en la telaraña de sus respectivas ultraderechas cristianas e izquierdas antifascistas cristiano-secularizadas. La derecha patriótica se niega a sí misma, y con ella a la nación "gentil" del caso, en "su" dios hebraico. Pero la izquierda no necesita siquiera negar la nación porque la sustancia del izquierdismo oligárquico es ya el "antifascismo" a secas, que forma por definición un bloque con los intereses del nacionalismo radical judío.

¿Nuestra identidad? El cristianismo
o la máquina religiosa de
exterminar naciones.
La izquierda marxista es, en efecto, judeo-cristianismo secularizado y, por ende, consumado, esencialmente a-nacional. El internacionalismo progresista articula el último estadio -"laico" (¿?)- de la catolicidad (concepto procedente del griego katholon = universal). Derecha e izquierda son sólo distintas etapas de un proceso histórico que va del catolicismo al liberalismo y de éste al internacionalismo cosmopolita ácrata (de izquierdas).

¿Quién, pues, aboga realmente por la nación gentil, por el pueblo, por las gentes? Nadie. Hete aquí la oscura y oculta raíz de esa orfandad experimentada entre los "ciudadanos" respecto de sus políticos oligárquicos desnacionalizados (de derechas o de izquierdas). Las naciones fueron tiempo ha abandonadas a merced del dios de Israel. A un lado y otro del espectro dominan las claves ontoteológicas judaicas. O Esdras o los profetasO Cristo (derecha) o Marx (izquierda).

Las naciones (gentiles) no pueden afirmar su soberanía y particularidad irreductible; si lo hacen ingresan en el código simbólico que las estigmatiza como "fascistas" (=anticristo). Y este lenguaje, el antifascismo, asiéntase en dos pilares entorno a los cuales el ir y venir de los "ciudadanos" consolida una única opción de valores. La población ha interiorizado la jerga presuntamente "humanitaria": el estigma de "racista", "nazi", etcétera, aplícase ante todo a cualquier signo que identifique la comunidad nacional como valor supremo, por encima de "el hombre". Pero ese "hombre" es el judío dios, léase: la "persona" sujeto de derechos, el individuo, que en cada nación representa al extranjero enculturador, al oligarca, firmemente adherido, en cambio, a su identidad-otra (que debe ser respetada). Las raíces nacionales resultaron a la postre envenenadas por el lento e imperceptible goteo de una fe milenaria, la cristiana, que colonizó los pueblos europeos y occidentales hasta disolverlos en el individualismo cosmopolita del "yo inmortal". La comunidad nacional fue traicionada a cambio de una fábula indecente: la vida eterna del "ego-yo".

Excepto Israel. Porque Israel, en este aspecto básico, sí es realmente un pueblo. E "inmortal" en calidad de pueblo (no de individuo); Israel se autoafirma como tal en la nación y en el estado (Estado de Israel); incluidos aquí no sólo la lengua y la cultura, sino nada menos que los genes, la herencia, la sangre, es decir, aquello que fuera rigurosamente prohibido a todos los demás "pueblos", "naciones" y "estados" del hemisferio "cristianizado" por la Roma espiritualmente conquistada (katholon). La iglesia es la comunión genocida sustitutoria de la comunidad nacional pagana originaria; Cristo encarna ese "pueblo cosmopolita apátrida" que, por encima de las naciones, favorece la "hermandad" (=mestizaje) entre unos individuos-masa atomizados, aislados, egoístas, obsesionados sólo con la idea de su "salvación"... El mercado mundial (neo)liberal y "progresista" consuma, en la modernidad y con una vida centrada en el negocio privado, el proyecto (que no un plan o "conspiración") iniciado milenios atrás por Saulo de Tarso. Mientras tanto, Tel Aviv mantiene vigente el ius sanguis.

Filosofía: la tradición
europea enterrada bajo el
imaginario bíblico.
Las tareas de la filosofía crítica

FILOSOFÍA CRÍTICA, en esta nueva singladura a que nos obliga en España la creciente represión antipatriótica, pretende esbozar los fundamentos teóricos de la lucha contra la oligarquía occidental.

Es ésta, sin embargo, una resistencia de las naciones contra la extrema derecha. No puede apoyarse, para tal singular combate, en el tipo de conceptos que tanto la propia oligarquía cuanto sus presuntos adversarios (las ultraderechas no-sionistas) abrigan, abierta o encubiertamente, a fin de interpretar el universo y la historia de acuerdo con los letales intereses de Yahvé.

La extrema derecha, el racismo, la ultra católica y todo aquello que se ha presentado hasta ahora como "patriotismo radical", es para nosotros -en el mejor de los casos- quincalla ideológica y el principal obstáculo para articular una defensa coherente y eficaz de la nación patria.

FILOSOFÍA CRÍTICA tampoco puede, por otro lado, caer en la trampa que le tiende el discurso liberal-progresista, forjado para desarmar moralmente a las naciones gentiles frente a un mundialismo apátrida que es en verdad el rostro maquillado e invertido del más horrendo racismo exterminador. Condenamos por principio la retórica con que preténdese criminalizar como tales los nacionalismos (osen o no "rivalizar" con las ínfulas seculares del "pueblo elegido") en nombre de presuntos "derechos del individuo" y ficciones liberales o ácratas similares. El pueblo es la nación, una comunidad, los famosos "ciudadanos" pertenecen ya al universo cristiano-burgués de la society capitalista.

En consecuencia, aunque debemos, por imperativo legal, acatar el código penal español, nuestra condena del racismo, del supremacismo, del colonialismo y de los demás elementos ideológicos tácitos (u ocultos) de las extremas derechas (oligárquicas o antioligárquicas) no responde, ni puede honestamente responder, a una reivindicación de los mitos modernos (y aquí Heidegger)con que la ultra yanqui-sionista va disolviendo las identidades nacionales a escala planetaria.

El olvido de la pregunta que
interroga por el ser.
Por una izquierda nacional

Entendemos que debe de poder combatirse dicho proyecto racista/universalista occidental, pero jamás desde posiciones ultras no-sionistas u "opuestas" (¿?) a posiciones mundialistas y anti-identitarias, sino sólo desde la trinchera de una extrema izquierda nacional o nacional-revolucionaria, que será nuestra tarea delimitar.

El identitarismo es -en efecto- extrema izquierda nacional y socialista o no es nada. Hay que apostatar para recuperar la nación-patria enterrada bajo siglos de aculturación etnicida judeocristiana. La extrema izquierda marxista no tiene ni la más remota idea de lo que significa una o-posición racional, laica, griega, al poder oligárquico... En realidad esta "extrema izquierda" (internacionalista, cósmica) es el verdedero caballo de Troya -la ultra gentil carece de toda relevancia política- del gran pulpo mundialista con sede mental en Hollywood.

Estamos, pues, de camino a otra senda que lucha por la libertad y dignidad de los pueblos, la cual comporta el rechazo de la opresión oligárquica, pero, a la par, de cualquier otra forma de opresión nacional racista que conciba el nacionalismo como exclusión o subordinación de una, de "algunas" o del resto de las naciones y etnias. Tenemos que demoler ante todo el delirante esquema ontoteológico monoteísta de la elección divina y de la vida eterna.

Las naciones, quiéranlo o no, se salvarán juntas o perecerán juntas; también la nación judía, pero sólo el día en que ésta se libere a su vez... de su propia impostura ultraderechista.

La alianza de los pueblos, las etnias, las culturas y las naciones contra la extrema derecha sionista que gobierna el mundo pasa por la superación tanto del racismo y el antisemitismo cuanto del discurso de la (pseudo) "democracia" (=liberalismo, capitalismo) y los "derechos humanos". La clave: Martin Heidegger y la pregunta que interroga por el ser. Atenas versus Jerusalén.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
6 de enero de 2014





AVISO LEGAL

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html