jueves, mayo 24, 2012

Los ideales fascistas (2)

Robert Brasillach: "jamás olvidaré el resplandor del fascismo de mi juventud".
 

Continuación de:

No debería, en rigor, publicarse la presente antes del artículo sobre "La esencia del fascismo" y de otro titulado "El mito de Hitler", pero visto que dichos proyectos se van a retrasar (es menester documentar mucho el tema antes de osar presentar una "opinión" como válida, máxime tratándose de "el fascismo"), hemos decidido retomar provisionalmente la entrada de febrero del 2010.

Respecto de los ideales fascistas convendría añadir a lo ya expuesto en el post adjunto que fueron unos auténticos ideales, capaces de entusiasmar a personas que no pueden ser calificadas precisamente de mediocres, como Martin Heidegger, el filósofo más importante del siglo. Sólo por ese motivo y, añado, las intrínsecas relaciones que se han probado entre el fascismo y el pensamiento heideggeriano, la afirmación de que no existen unos "ideales fascistas" o de que el movimiento fascista se redujo a puro oportunismo y abyecta reptancia del poder, puede ser cuestionada con fundamento, por mucho que semejante pretensión escandalice a los intelectuales progresistas.

Quisiera reproducir aquí, con asombro, unas palabras del patriota francés y europeo Robert Brasillach (escritas en la cárcel y citadas por René Remond, "La droite en France", París, 1968, II, p. 384):

Hemos creído durante largo tiempo que el fascismo era una especie de poesía, la poesía del siglo XXI (junto con el comunismo, no cabe duda). Yo mismo digo que no puede morir. Los pequeñines que mañana serán muchachos de veinte años se maravillarán al enterarse de la existencia de esta exaltación de millones de hombres, de los campos de juventud, de la gloria del pasado, de las paradas, de las catedrales de luz, de los héroes caídos en combate, de José Antonio, del vasto fascismo rojo... Jamás olvidaré el resplandor del fascismo de mi juventud.

Nosotros no hemos conocido ese resplandor (pertenecemos al tiempo de la derrota total, de las "catacumbas" del fascismo poetizadas por Locchi), pero cuesta creer que quien así se expresara -hasta morir por sus palabras- fuese sólo un oportunista, alguien que no vivió realmente esa experiencia de identificación comunitaria con la nación que encuéntrase a todas luces en las antípodas del cálculo individualista y del beneficio económico privado (la única verdad de estos nuestros miserables días). Cabría objetar que los políticos pseudo "nacionalistas" de ideología liberal se han aprovechado y aprovechan de dicha identificación para encubrir con la bandera la impunidad de sus negocios corruptos; en semejante escenario, un dirigente cínico convierte a todos los patriotas en idiotas, pero si el líder es honesto (y no creo que, a diferencia de Pujol, háyase acusado nunca a Hitler de saquear el erario público), entonces el ideal resultará discutible, pero estaremos, en cualquier caso, ante un ideal... Sin duda, el "ideal fascista" devino en Alemania incongruente con el universalismo de la humanidad, pero pretender que sólo esta creencia buenista -cuyas prácticas asesinas ya conocemos- constituye la exclusiva postura moral y política aceptable, nos conduciría, como ya ocurriera en el pasado, al criminal dogmatismo de la cheka. El idealismo nacional-comunitario no liberal -el fascismo: una dictadura- no tiene por qué ser aceptado en primera instancia como el único necesariamente válido, ni goza en cuanto doctrina de ninguna especial exención ante la crítica, pero, mientras lo políticamente correcto no nos haya convertido a todos en gusanos, el fascismo será también, guste o no a la termitera felicitaria... un "ideal".

Hasta aquí la cosa puede antojarse casi de sentido común, mas ha hecho falta mucho tiempo y esfuerzo para lograr  que este punto elemental, básico, de principio..., fuera reconocido como la mera obviedad que es por un mundo académico donde domina el más abominable sectarismo político antifascista. ¿Cabe comprender el fascismo en el sentido hermenéutico de la palabra (verstehen) comprender?

Emilio Gentile.
El caso de Emilio Gentile

El fascismo, desde el punto de vista doctrinal, se gesta singularmente en Francia, no sólo en Alemania o Italia, y remite a autores de la izquierda sindical como Georges Sorel.[1] En realidad, el fascismo no es más que uno de los muchos nacional-socialismos surgidos entre finales del siglo XIX y principios del XX. No estaban destinados todos, necesariamente, al totalitarismo, al racismo y, mucho menos, al antisemitismo (recordemos el caso del judío Moses Hess, antecedente de todos ellos). Así, según el reputado historiador Emilio Gentile:


La búsqueda de una síntesis entre nacionalismo y socialismo fue una orientación del pensamiento político europeo –y no sólo francés- mucho antes de la Gran Guerra y del nacimiento del fascismo; y ésta fue ciertamente una de las vías a través de las cuales intelectuales y políticos de la extrema izquierda revolucionaria, en los años de entreguerras, llegaron al fascismo. Pero es necesario puntualizar que la búsqueda de una síntesis entre socialismo y nacionalismo, como “ideología de la tercera vía” entre el capitalismo liberal y el colectivismo comunista, ni siempre ni en cualquier lugar dio a luz una ideología totalitaria de tipo fascista.[2]


Conviene añadir que ni siquiera el primer fascismo, es decir, el del programa del 13 de mayo de 1919, parecía forzado a desembocar en el “totalitarismo” del Ventennio: nada en ese texto prefiguraba tal giro doctrinal siendo, sin embargo, como lo fue, un programa genuinamente fascista. La cuestión de si el fascismo debe definirse entonces por su ideología nacional-revolucionaria democrática original o por su posterior acomodación derechista y, por ende, autoritaria, al corrupto Estado italiano (Vaticano y aristocracia incluidos), no es cosa baladí. Gentile opta por definir el fascismo en términos de totalitarismo, pero también podría haber considerado, con todo derecho, ese “totalitarismo” como una desviación del ideario nacional-revolucionario democrático matriz:


Si el totalitarismo fue la esencia del fascismo no se puede de ninguna manera definir fascista, ni siquiera “protofascista”, la síntesis sindical-nacionalista tentada por algunos intelectuales en Francia a principios del siglo XX, y tampoco se puede definir fascista el sindicalismo nacional italiano. De hecho, si nos mantenemos en el plano de las ideas, entonces, se debe precisar que el sindicalismo nacional revolucionario creía en el mito de la emancipación de los trabajadores a través de la actuación de los trabajadores mismos, organizados en sindicatos libres de productores, y no anhelaba un régimen de trabajadores encuadrados y subordinados a una organización de partido único en nombre de la primacía política. El Estado nuevo del sindicalismo nacional revolucionario no era y no prefiguraba de ninguna manera un Estado totalitario, sino que era concebido como una sociedad libre de productores, ciudadanos de un Estado nacional republicano organizado en un federalismo de autonomías locales.



A la inversa:



Adoptando en la reconstrucción de los orígenes ideológicos del fascismo un concepto de “fascismo ideal-típico” desvinculado del “fascismo histórico”, y reconstruyendo su genealogía con método exclusivamente  teórico-intelectualista, otros países y otras épocas podrían ser señalados para situar el nacimiento de su ideología. Con el mismo método, por ejemplo, se podría legítimamente afirmar que la esencia del fascismo fue el racismo y el antisemitismo: en tal caso la paternidad del fascismo sería codiciada por Francia y Alemania, mientras se debería llegar a concluir que hasta 1938 el fascismo italiano no fue “fascista” o fue un “fascismo incompleto” porque hasta aquélla época racismo y antisemitismo no fueron cimientos fundamentales de la ideología fascista. Con este método sería igualmente legítimo ver en el fascismo no un bisnieto de De Maistre sino un sobrino de Marx o un hermano del leninismo, y por tanto definir la ideología fascista como una “variación del comunismo”, o incluso, invirtiendo la relación de descendencia, se puede llegar a considerar el castrismo y el maoísmo variaciones del fascismo.[3]



Ahora bien, la tesis de Gentile, que opone tajantemente “sindicalismo nacional revolucionario” y “totalitarismo” una vez ha decidido que la esencia del fascismo redúcese al totalitarismo, no explica la naturaleza meramente autoritaria, pero nunca totalitaria, del régimen de Mussolini, un Estado que fuera “relativamente humano” (Tannenbaum) con sus opositores; ni su defensa de los judíos; de la misma manera que, como ya hemos visto, tampoco puede explicar el programa del 13 de mayo de 1919. El hecho de atenerse metodológicamente a la “realidad política” del fascismo, y no a su mera aventura o genealogía doctrinal, le afecta en este caso de manera grave a Gentile, pues el término “totalitarismo” reivindicado por los fascistas constituye una pura ficción verbal que no se corresponde con la evidencia empírica del régimen fascista. Nada menos que Hannah Arendt, la mayor autoridad en materia de “totalitarismo”, niega que el fascismo fuera totalitario:



Sin embargo, incluso Mussolini, que tan orgulloso se mostraba del término “Estado totalitario”, no intentó establecer un completo régimen totalitario, y se contentó una dictadura y un régimen unipartidista.[4]

 
Las razones de Arendt, que Gentile no parece tener en cuenta, resultan no obstante obvias y, una vez más, casi de sentido común:


Prueba de la naturaleza no totalitaria de la dictadura fascista es el número sorprendentemente pequeño y las sentencias relativamente suaves impuestas a los acusados de delitos políticos. Durante la etapa particularmente activa de 1926 a 1932, los Tribunales especiales para delitos políticos impusieron siete penas de muerte, 257 sentencias de diez o más años de cárcel, 1360 de menos de diez años y sentenciaron a muchos más al exilio. Además, fueron detenidos y declarados inocentes unos 12.000, procedimiento completamente inconcebible bajo las condiciones del terror nazi o bolchevique.[5]



Por supuesto, Gentile conoce los argumentos de Arendt y se apresta a refutarlos, pero no sale muy airoso del lance:


El uso que del concepto de “totalitarismo” han hecho algunos politólogos e historiadores, limitando su aplicación al estalinismo y al nazismo (…) ha hecho olvidar que el concepto de “totalitarismo” nació con el fascismo y del fascismo. El caso de Hannah Arendt demuestra que en los orígenes de la exclusión del fascismo de la categoría del totalitarismo hay sustancialmente una carencia de conocimiento de la realidad histórica del fascismo. En su libro sobre los orígenes del totalitarismo, publicado en 1951, afirmaba perentoriamente que hasta 1938, no fue totalitario sino solamente una dictadura nacionalista ordinaria surgida de la crisis de una democracia de partidos. Este juicio, posteriormente hecho propio por otros politólogos e historiadores del fascismo como Alberto Aquarone y Renzo de Felice es todavía considerado una verdad indiscutible.[6]



Aclaremos que para Arendt el régimen mussoliniano no fue nunca totalitario, ni siquiera a partir de 1938, como insinúa Gentile, y prueba de ello será la postura de las autoridades italianas ante la persecución nazi de los judíos en el año 1942-43. Gentile, además, omite abordar de frente la argumentación de Arendt, que se basa en unas cifras de represión cuyo volumen y características refutan de plano la idea de un totalitarismo fascista. Gentile, a pesar de ello, acusa a Arendt de ignorancia (¿serán ignorantes también De Felice, Aquarone, Tannenbaum y tantos otros?). Véase que ni duda en falsear las fuentes de Arendt, sosteniendo que proceden de la propaganda del propio régimen fascista:



En realidad, el juicio de Arendt sobre el fascismo se basaba en un escaso conocimiento de lo que el fascismo había sido, como demuestra la falta de datos históricos concretos en su reflexión sobre el fascismo y el totalitarismo fascista, en aquel tiempo ya disponibles, incluso en lengua inglesa, como, por ejemplo, los escritos de Luigi Sturzo. Las únicas fuentes sobre las que Arendt basaba tan comprometido juicio sobre la naturaleza no totalitaria de la dictadura fascista eran una publicación propagandística en lengua inglesa de un centenar de páginas, editada por la Confederación Fascista de los Industriales, un libreto con cuatro discursos de Mussolini sobre el Estado corporativo traducidos al inglés y una breve consideración que Franz Neumann dedicaba, en su igualmente estimable obra sobre el nacionalsocialismo, Behemoth, a la relación entre Estado y partido en el régimen fascista, formulando a su vez un juicio ¡basado únicamente en una afirmación mussoliniana![7]

 
Parece difícil de creer que una tesis presuntamente tan poco fundamentada como la de Arendt haya podido convertirse en “verdad indiscutible” hasta la actualidad. ¿Nadie la ha corregido? Desde luego, ganas no habrán faltado entre los intelectuales a sueldo de la oligarquía. Pero si observamos de cerca la argumentación de Gentile, salta a la vista que miente. Sostiene Gentile que Arendt no se basa en datos concretos, pero lo cierto es que Arendt cita las cifras de la represión fascista, y su fuente no son documentos del régimen, sino la obra de E. Kohn-Bramstedt, publicada en Londres (1945), Dictatorships and Political Police: The Technique of Control by Fear, pp. 51 y ss. Nunca se han refutado esas cifras. Ahora bien, insistamos en ello, con tales datos en la mano, resulta imposible hablar de totalitarismo fascista.


Gentile ha sido objeto de críticas que rozan el insulto, pero no por “defender” el fascismo, pues ya hemos visto que su tesis consiste en identificarlo con el totalitarismo, sino por pretender que el fascismo fue algo más que un mero oportunismo carente de ideología, promovido por personas y grupos sólo ansiosos sólo de subirse a la poltrona. Existió, para Gentile, una ideología y unos “ideales” fascistas, entendiendo aquí “fascismo” en el sentido restringido del movimiento y régimen italianos, canónico empero para la determinación del concepto de un fascismo genérico. El propio Gentile denuncia la agresiva respuesta del mundo académico cuando, allá por los años cincuenta del siglo pasado, hablar de “ideales fascistas” desembocaba poco menos que en una condena segura al ostracismo profesional:


Un acusador concluía su recensión con un no demasiado velado llamamiento censorio respecto al editor del libro, preguntándose "por qué ciertas editoriales consienten a esta historiografía producir no leves sombras sobre su blasón antifascista" (G. Santomassimo, “L’ideologia del fascismo”, en “L’Unità”, 16 de octubre de 1975) mientras otro acusaba al libro de ser fruto de una “historiografía que, a través de la filología partidista y el empirismo objetivístico, acaba sustancialmente en la rehabilitación del fascismo” (G. Quazza, Antifascismo e fascismo nel nodo delle origini, cit., pp. 63-66).[8]


Rom und Jerusalem (1862),
de Moses Hess.
Cuando la simple objetividad inspira tanto temor, y se confunde nada menos que con la supuesta “rehabilitación del fascismo” (¡en Gentile!), es que se ha debido de falsear mucho la historia. Hácense desvergonzadas apelaciones a la censura, reclámase, abiertamente, la no-objetividad científica: el programa de Monod de una ética del conocimiento topa aquí, por tanto, con el obstáculo del “antifascismo”, la fórmula política de la “ideología animista” (para aclarar esta referencia habrá que esperar a un post sobre Monod que estamos todavía preparando). Más recientemente, R. Bosworth, que se ha inventado, literalmente, la existencia de un millón de víctimas del fascismo italiano, habría seguido el mismo camino a la hora de producir una “ciencia” social obediente a los dictados de la ideología animista del progreso:



Casi veinte años después repite el mismo tipo de acusaciones en el volumen de R. Bosworth, Italian Dictatorship. Problems and Perspectives in the Interpretation of Mussolini and Fascism, Londres, 1998. La inconsistencia de las confutaciones propuestas en este libro se demuestra en el hecho de que se sustentan en una presentación caricaturesca, hasta la falsificación, de las ideas que expongo, distorsionándolas como ocurre con las imágenes que reflejan los espejos deformantes del Luna Park, usando omisiones, extrapolaciones arbitrarias de citas, falsificaciones de argumentos, todo acompañado de insinuaciones que buscan denigrar a la persona del estudioso, presentándolo, con argumentos de pura invención chismosa, como un historiador cuyo trabajo, a pesar de su influencia en Italia y en el extranjero, carecería de credibilidad porque toma el fascismo en serio, siendo “casi automáticamente anti-antifascista” (p. 22), inspirador de una “ortodoxia anti-antifascista” (p. 29) que utiliza la historia para simulados intereses políticos conservadores (p. 237).[9]

 
Este es el lamentable estado en el que se encuentra el debate académico sobre el fascismo, que impide la aplicación a la historiografía de una ética del conocimiento, y ello en nombre de argumentos impúdicamente ideológicos. El propio Gentile incurre, con Arendt, en aquello que critica a Bosworth: lo hace, empero, para protegerse del ataque que le imputa cuestionar el dogma antifascista y, en suma, a efectos de descargarse de la estigmatizante acusación de “fascista”. Con este fin, Gentile identificará fascismo (italiano) con totalitarismo a sabiendas de que la cosa no se sostiene: ¡peaje que tiene que pagar para poder estudiar la ideología fascista como tal sin que le escupan en la cara los sacerdotes del dogma oligárquico! Desde luego, se cuidará muy bien Gentile de caracterizar la esencia del fascismo a partir del programa del 13 de mayo de 1919, es decir, la formulación política de un “socialismo nacional” que entraña el cuestionamiento de la ideología animista denunciada por Jacques Monod: dicho enfoque mostraría, en una palabra, la evidencia de la ruptura fascista –e izquierdista nacional- con la concepción escatológica del progreso heredada del judeocristianismo.

Robert O. Paxton.
El "socialismo nacional" anterior al fascismo


El “socialismo nacional”, si se quiere, es anterior al fascismo. La importante presencia de autores judíos (Marx, Bergson) en la inspiración doctrinal de estos proyectos nacional-revolucionarios donde lo social y lo patriótico confluyen sin renunciar, en algunos casos, al marco democrático, antes bien, potenciándolo en la dirección  del asamblearismo, es otro de los muchos datos incongruentes dentro del esquema interpretativo antifascista. También omite la dogmática pseudo académica, en general, la presencia desproporcionada de judíos en los inicios del movimiento fascista:


Hasta 1938, la mayor parte de los fascistas no tenía un concepto de raza y ridiculizaba el racismo nazi. Su doctrina del nacionalismo era cultural-ambiental, no racial-ambiental, y no incluía el antisemitismo; de hecho, los judíos italianos estaban proporcionalmente sobrerrepresentados en el Partido Fascista.[10]



Por no hablar de la, ya citada, defensa práctica de los judíos que, pese a las presiones diplomáticas del Tercer Reich, desplegarán las autoridades italianas en nombre de unos “principios elementales de humanidad” que le parten de un golpe el espinazo a la asimilación fascismo=Auschwitz sostenida, por ejemplo, por un Ferrán Gallego (Cfr. "Pensar después de Auschwitz", Barcelona, 2004). Robert O. Paxton aporta la prueba:


Quedaba todavía un asilo inesperado. La Italia de Mussolini, que siempre se había limitado a imitar con indiferencia los decretos de Nüremberg de 1938, asumió la defensa activa  de los refugiados judíos en la zona italiana de ocupación (…) Cuando las deportaciones desde la zona del litoral aumentaron a principios de 1943, las autoridades italianas de ocupación  las impidieron al este del Ródano, y advirtieron al gobierno francés que si bien él podía hacer lo que se le antojara con los judíos franceses, los judíos extranjeros en la zona ocupada por Italia eran incumbencia exclusiva de las autoridades italianas. En marzo, éstas intervinieron para impedir que los prefectos franceses de Valence, Chambéry y Annecy detuviesen a judíos extranjeros en esta región. En junio de 1943, el prefecto de la policía italiana, Lospinosa, evitó la detención por parte de los franceses de 7000 judíos extranjeros en Mégève. El hecho de que un jefe fascista de la policía italiana tuviese que indicar a Antignac, el hombre de confianza de Darquier de Pellepoix en el Comisariado General de Asuntos Judíos, que Italia “respetaba los principios elementales de humanidad”, permite hacerse una idea del antisemitismo de Vichy.[11]


Moses Hess, inventor judío
del "socialismo nacional" de cuño racista.
¿Puede el trato “relativamente humano” dado a los opositores políticos y el “respeto a los principios elementales de humanidad”  abonar un antifascismo que convierte a los fascistas en criminales de forma automática por una cuestión de simple adscripción ideológica? Recordemos pues, en fin, pues no otro es nuestro deber a pesar de lo mucho que nos perjudican políticamente las presentes reflexiones, aquello que se ha decidido, una vez más, olvidar y ocultar a los ciudadanos para prolongar indefinidamente la cloroformización política que comienza en 1945 (Courtois, Libro Negro del Comunismo, edición de 1998, Barcelona , Planeta, p. 28):


En los años veinte a cuarenta el comunismo estigmatizó violentamente el terror practicado por los regímenes fascistas. Un examen rápido de las cifras muestra, también en este caso, que las cosas no son tan sencillas. El fascismo italiano, el primero en actuar y que abiertamente se reivindicó como “totalitarismo”, ciertamente encarceló y a menudo maltrató a sus adversarios políticos. Sin embargo, rara vez llegó al asesinato (…).

 
Los hechos son testarudos (Courtois, p. 29):


Los hechos son testarudos y ponen de manifiesto que los regímenes comunistas cometieron crímenes que afectaron a unos cien millones de personas, contra unos 25 millones de personas aproximadamente del nazismo.


Y Ágnes Heller (discípula del filósofo marxista Lukács):


El fascismo italiano fue una dictadura brutal en el interior del país, y más aun fuera de él (en Abisinia y en África en general, en Albania, en Grecia, en Yugoslavia), pero nunca fue un régimen genocida (…)[12]

 
Dicho esto, no podemos llegar aquí, ni lo pretendemos, a ninguna conclusión con respecto al fascismo; mucho menos justificarlo. Pero si la verdad ha de ocupar un lugar central, como valor de un paradigma resistencial, en ese compromiso que para Monod constituye la ética del conocimiento y para Solzhenitsyn la clave de la actitud cívica democrática, entonces el antifascismo se erige en obstáculo tanto para la ciencia cuanto para la libertad.  ¿Qué es el fascismo? No lo sabemos ni lo podremos saber hasta que un acontecimiento histórico permita liberar las ciencias humanas y sociales del yugo político que las oprime. En cambio, sí sabemos, con toda certeza, que el antifascismo condensa en unos pocos símbolos la ideología oficial de la oligarquía y que, por tanto, los intentos de reconducir la revuelta ciudadana actual a una ortodoxia antifascista “políticamente correcta”, mientras se exonera al comunismo y se entierran los crímenes de las “democracias liberales”, no son actos inocentes, sino trampas intelectuales propias de auténticos impostores:



La historia del fascismo es una historia extraña y singular. Noventa años después de su aparición en la Historia y tras más de medio siglo de su caída como protagonista de la actualidad política, el fascismo aún parece ser un objeto misterioso e huidizo del intento de una clara y racional definición histórica a pesar de las decenas de miles de libros, artículos y debates dedicados a este movimiento político del siglo XX.[13]


Georges Sorel: "socialista nacional"
no racista y dreyfusard.
La política "democrática" (¿?) de lavado de cerebro colectivo y el antifascismo policial tienen mucho que ver con esta escandalosa situación, prueba palpable de la represión ideológica que rige en las sociedades supuestamente libres de occidente. Es en nombre de la verdad y de la libertad, y no de una defensa o legitimación del fascismo, que dicha manipulación ha de ser combatida. El sistema oligárquico está haciendo todo lo posible para impedir que el dogma antifascista, la ortodoxia doctrinal sionista, se vea afectada por la crisis económica, política y moral que en la actualidad sacude occidente hasta sus cimientos. La posibilidad de un "retorno" de los ideales fascistas bajo otro rótulo, aunque remota, parece hoy mucho más viva que en 1945. ¿Por qué?

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
24 de mayo de 2012


[1] Cfr. Sternhell, Z., El nacimiento de la ideología fascista, Madrid, Siglo XXI, 1994.
[2] Gentile, E., Fascismo. Historia e interpretación, Madrid, Alianza, 2004, p. 289.
[3] Gentile, E., op. cit., p. 291.
[4] Arendt, H., Los orígenes del totalitarismo, t. 3, “Totalitarismo”, Madrid, Alianza, 1982, p. 425.
[5] Nota 11 en Arendt, H., op. cit., ibídem.
[6] Gentile, E., op. cit., pp. 80-81.
[7] Gentile, E., op. cit., p. 81.
[8] Gentile, E., op. cit., p. 283, n. 5.
[9] Gentile, E., ibídem.
[10] Payne, S., El Fascismo, Madrid, Alianza, 1984, p. 35 (de la versión on line); Véase también Michael A. Ledeen, Universal Fascism (Nueva York, 1972).
[11] Paxton, Robert. O., La Francia de Vichy, op. cit., pp. 161-162.
[12] Heller, Á., Anatomía de la izquierda occidental, Barcelona, Península, 1985, p. 22, n. 6.
[13] Gentile, E., op. cit., p. 15.
 
 

miércoles, mayo 23, 2012

La bondad de Stalin y el mito del progreso

La fe progresista: Stalin detuvo a los nazis. Todas las atrocidades del dictador georgiano quedan de esta suerte convalidadas. Hacía falta algo tan brutal como el comunismo para derrotar a Hitler, el demonio, la bestia...

Este razonamiento parte del supuesto de que el régimen nacionalsocialista representa el mal absoluto y el comunismo soviético, aunque "malo", ayudó de forma decisiva a "la victoria" (...de los banqueros), ostentando así una virtud. En suma: que Stalin fue al menos relativamente bueno. La "bondad" de Stalin y el mito del progreso. París era una fiesta, bla, bla, bla (que la celebren ahora la fiesta, si se atreven).

Pero, ¿en qué se basa la idea de que el nazismo constituyó la encarnación del mal absoluto? En los 6 millones de judíos supuestamente asesinados en cámaras de gas. Sin embargo, antes de que empezara el holocausto en 1943, y cuando Alemania invade Rusia (año 1941), el régimen bolchevique ya había exterminado a 13 millones de personas. Auschwitz no existía todavía ni siquiera en la versión (ya harto dudosa) de la historia académica oficial. O sea que, en cualquier caso, el "mal absoluto" sería a la sazón el comunismo, no el nazismo.

Los hechos posteriores confirman esta percepción: la derrota alemana, obtenida por una alianza mundial que encabezan Estados Unidos, el Imperio Británico y la URSS, desencadenó la expansión territorial del comunismo y, consiguientemente, la liquidación de 100 millones de personas (como poco) a manos de las autoridades marxista-leninistas en Rusia, China y otros países. ¿Progreso?

Si Hitler hubiera ganado, se habría evitado la muerte de 87 millones de personas. Obsérvese que el razonamiento es reversible y mucho más justificado en el caso de la "bondad relativa" de Hitler por una simple cuestión de cifras.

Pero Occidente cree en el progreso, esa religión laica es su droga; debe pues promover la falacia de que la muerte de 87 millones de personas fue "mejor", en algún sentido racional y moral relevante, que la de 6 millones.


Alemanes batiéndose en Stalingrado.
No se entiende, pero es así porque lo manda Hollywood. Que yo sepa, muy pocos se han "apercibido" de lo escandaloso de este razonamiento, marco interpretativo de la historiografía y de la política actuales. Resulta muy duro para un ciudadano occidental tener que aceptar que la historia no "progresa", mas gracias a la "crisis económica" estamos en condiciones de empezar a darnos cuenta de que esa podría ser precisamente la realidad. Realidad que, tal vez, comenzara a forjarse en Stalingrado. Conviene añadir que las víctimas del comunismo fueron acusadas de fascistas. En este punto, la manipulación, el auténtico lavado de cerebro al que hemos sido sometidos los europeos por la propaganda sionista queda en evidencia hasta para el más lerdo. Europa está pagando en estos momentos las últimas consecuencias de semejante construcción ideológica

La verdad: cuestión filosófica de fondo

Evidentemente, tras la cuestión del genocidio se esconde el meollo filosófico de un enfrentamiento entre el fascismo y el binomio capitalismo/comunismo que va mucho más allá.  Aunque ya nos hemos referido a este tema en otras entradas, y encima de forma nada anecdótica, quizá convenga resumir aquí el fondo del asunto. 

La cantinela hipócrita de los seis millones y de las cámaras de gas, que no se nutre sólo del filón numérico sino del aspecto "cualitativo" del exterminio (industrias de la muerte, etc), ha sido alegada como argumento narrativo para justificar la diabolización del régimen nacionalsocialista. Se trata de una imagen fácil que puede utilizarse tanto en la propaganda de masas cuanto en sesudos estudios académicos de historia contemporánea y antropología cultural. En realidad, el problema es otro. Si nuestros antifascistas fueran santones de los derechos humanos no habrían perpetrado, consentido u ocultado, hasta el día de hoy, crímenes de masas iguales o incluso mucho peores que los de sus adversarios fascistas.Y en cuanto al aspecto tecnológico del asesinato de civiles, nada hubo más sofisticado que la bomba de Hiroshima.

Por una parte, se pretende que el fascismo en general carecía de ideología, era puro oportunismo táctico para la conquista y acrecentamiento del poder. Incluso historiadores antifascistas que osaron cuestionar este dogma han sido insultados, es el caso del italiano Emilio Gentile (a él nos referiremos en otra entrada). En la actualidad, la existencia de una doctrina, de unos valores, de unos "ideales" fascistas, es empero admitida ya -a regañadientes- por los académicos del sistema. Un segundo dogma es que el fascismo (y usamos aquí el término en un sentido genérico, planteamiento también discutible o, al menos, sujeto a importantes matizaciones) pertenece a la extrema derecha, a la "reacción" frente al "progreso". En suma, que el fascismo propugna un retorno al pasado anterior a la Revolución Francesa, ignorándose con ello fenómenos culturales tan importantes como el futurismo. Por no hablar de Nietzsche, fuente filosófica del ideario fascista.

Me-262, el pionero avión a reacción alemán:
modernidad fascista.
Ya Payne establece distinciones entre derecha radical, derecha conservadora y fascismo (revolucionario), pero quizá la última aportación para la demolición del segundo dogma es la obra de Roger Griffin "Modernismo y fascismo" (2010, versión inglesa original del 2007). Puede afirmarse, así, sin temor a incurrir en desvarío, que el fascismo constituye una alternativa moderna a la modernidad burguesa cristiano-secularizada, comunista o liberal. La diferencia que opone a ambas "modernidades" es una cuestión de valores, o sea, filosófica. Mientras la modernidad burguesa, de la que depende también el comunismo en el concepto axiológico, apela a la felicidad y a un "progreso" que conduce al "paraíso social" (en sus distintas versiones), el valor fundamental del fascismo será la verdad. La opción fascista era coherente con un elemento crucial de la modernidad, a saber, la ciencia, de suerte que el nacionalsocialismo se erigió como alternativa potencialmente exitosa de civilizacion frente a sus rivales hedonistas. La modernidad progresista, comunista y capitalista, tenía que aliarse así a escala planetaria, por un imperativo ideológico y casi de supervivencia, para destruir, en su germen, la construcción de un imperio alemán que habría operado como centro político de una cultura europea unificada y opuesta tanto a Occidente como a la Unión Soviética. 



De todo lo dicho no se puede desprender que la alternativa fascista fuera "válida", sin más. El fascismo niega el progreso como avance hacia una felicidad colectica definitiva, no el desarrollo tecnológico, ciertamente, pero el fascismo alemán, por ejemplo, al cuestionar, con razón, el mito burgués de la unidad del género humano en nombre de la ciencia biológica, preparaba el terreno para legitimar y reintroducir en la historia instituciones como la esclavitud (de determinadas razas). De hecho, el fascismo adolecía de una contradicción fundamental en el corazón mismo de las ideas que le proporcionaron su arrolladora fuerza inicial. En el caso de que el fascismo fuese una ideología plenamente vigente, nosotros nos proclamaríamos fascistas sin dudarlo ni un momento, pero la crítica del antifascismo lo es también de su ceguera para captar honestamente la realidad del fascismo, que incluye la evidencia palmaria de dicha contradicción interna. No nos referiremos a ella en esta entrada, sino en otra que estamos preparando sobre "La esencia del fascismo". La crítica del antifascismo no sólo nos permite de este modo superar la ideología oligárquica imperante, sino el propio fascismo como figura transitoria de una modernidad antiburguesa que anhelamos y que cada vez será más necesario clarificar en sus fundamentos últimos. El camino sigue siendo la alternativa moderna al capitalismo (lo único que queda de la modernidad burguesa tras el colapso del comunismo) y apunta a la verdad como valor ético, que el fascismo quiso hacer suyo. Es menester trascender, por una cuestión ideológica y filosófica intrínseca y no por el puro oportunismo de eludir la dura estigmatización que comporta declararse abiertamente "fascista", el modelo de modernidad antiburguesa acuñado por el fascismo y el nacionalsocialismo. La clave de esta problemática se encuentra en la filosofía y, en concreto, en la obra de Heidegger. A ello estamos dedicando nuestro esfuerzo.  Qué duda cabe, el enemigo seguirá calificándonos de "fascistas". No vamos a eludir el peso de esta inevitable carga.

Jaume Farrerons
23 de mayo de 2012


http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/03/la-frase-de-zinoviev.html

http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2011/04/la-frase-de-zinoviev-2.html

Este post ha sido censurado en el foro "La Burbuja Inmobiliaria".

martes, mayo 22, 2012

España es el país con más políticos por habitante

Ejemplo de honradez y servicio a la nación: Jaume Matas.
Jordi Pujol: "todos haríamos un poco de hedor" (27-10-2009).

"Todos los políticos", se entiende.

La cosa va, pues, de hedores. Y aquello que hiede es la porquería. Ellos son la m...: mejor dicho, bolsas repletas de m..., perfumadas y lustrosas por fuera, podridas por dentro. La verdad, la "simple y oronda verdad" (Parménides), pincha el envoltorio de plástico y permite percibir al interesado el vomitivo olor cloacal que emana del interior del político. Basta que hurgues un poco y, dondequiera que uno de estos canallas haya instalado sus posaderas, allí, tarde o temprano, encontrarás el zurullo que le resume como persona pública para toda la eternidad.

España es el país con más políticos por habitante y dobla a Italia, que ocupa el segundo lugar en el ranking europeo de las bolsas de m... con corbata.

Resulta que tenemos en nómina a 445.568 políticos, frente a 165.967 médicos, 154.000 policías y 19.854 bomberos. Estos funcionarios no suman el total de bolsas de m... que el pueblo debe mantener para que le apuñalen todos los días con una nueva infamia en forma de ley. Y se recorta personal público porque -dicen las bolsas de m...- hay demasiado, pero las bolsas de m..., cuyos sueldos son cinco veces superiores a los de cualquier funcionario, no sobran, al parecer. El problema, además de lo que cobran y succionan, es saber para qué sirven, qué hacen realmente durante su jornada de "trabajo" las bolsas de m... aparte de machacar todo lo posible a los ciudadanos. Pues bien, eso también se ha averiguado: saquear el erario público, visto que con los sueldazos y las dietas ilimitadas -a cargo del contribuyente- no tienen bastante y necesitan corromperse; hay que sufragar la coca, las putas de lujo, las terceras y cuartas residencias, los yates y los coches deportivos. Sus señorías, además, deben hacerse un rinconcito pensando en el futuro, también parasitario, que culminará esta "carrera profesional" suya de abyectas garrapatas sin escrúpulos.


Resultará evidente, al menos para cualquiera que no sea una de aquéllas, dónde está el problema y cuál sería la primera medida que debería tomarse para combatir la crisis de la deuda: enviar las bolsas de m... a la basura, es decir, al trullo. Pero, !ay!, son las propias bolsas de m... las que han de tomar esta razonable y urgente decisión. Y, claro, las bolsas de m... tienen una elevada opinión de sí mismas. En algunos lugares, se autocalifican incluso de govern dels millors ("gobierno de los mejores")  a pesar de no haber obtenido en su vida ni un triste título universitario (no importa, se lo inventan y el fiscal mira hacia otro lado), mientras jóvenes españoles con dos o más licenciaturas nutren las abultadas listas del paro laboral. Cinco millones de desempleados sufre España, una bomba a punto de estallar. Con lo que gana (dejemos a un lado, por un momento, aquello que roba) cada político, todas esas personas, familias enteras, podrían atender a sus necesidades básicas. Se trata de algo muy sencillo: se tira una de las bolsas de m... a una celda de la cárcel, que es donde debe pasarse el tiempo que Dios le conceda todavía, por sus múltiples delitos y traición a la nación, y en lugar del mamarracho tenemos que  cinco honradas familias españolas podrán pagar la cesta de la compra, la hipoteca, el agua, la calefacción y la luz.

Inteligente, el hombre: Bankia, Gürtel,
Matas, etc., le avalan.
Además, si se adoptara esta medida habría que contratar a muchos funcionarios de prisiones para "atender", con un exquisito cuidado por sus "derechos" de bolsas de m..., a toda esta caterva chulesca y prepotente denominada "políticos". Entonces veríamos que, de repente, los nuevos delincuentes, los de verdad, exigen el cumplimiento de la ley humanitaria, la misma que ahora se pasan "por el Arco del Triunfo" -Henry Miller dixit- cada vez que sus poltronas puedan verse afectadas (en caso contrario se "funden" al trabajador penitenciario sin compasión, que ellos, no lo olvidemos, son "humanitarios" desde el año 1945).




lunes, mayo 21, 2012

La mafia catalana (2). Francesc Homs

Francesc Homs, la mentira como trabajo remunerado.

Según informó la prensa el 11 de mayo, la Unidad de Detitos Económicos y Blanqueo de Capitales de la Policía Nacional puso el pasado 28 de abril en manos del juez un informe en el que admite como conclusión "factible" que algunos de los movimientos financieros fiscalizados en el caso Palau "terminaran sirviendo para financiar las actividades de organismos políticos".

Este tipo de fraude es una jugarreta contable a la que los políticos corruptos nos tienen bastante acostumbrados: emitir facturas por servicios inexistentes que, en los libros de cuentas, se registran bajo la rúbrica "varios" con el fin de bombear a mansalva dinero público que va a parar a los bolsillos de los mafiosos y vividores del "patriotismo catalán".  Los administradores "nacionalistas" (o "socialistas") de la Generalitat de Catalunya contratan así, saltándose todos los controles, empresas privadas dirigidas por gentes del propio partido que ha su vez pagan el correspondiente diezmo o porcentaje a los mandatarios electos a través de testaferros de confianza (que, en caso de filtración, serán "sacrificados" para que el máximo dirigente no se vea afectado). El dinero robado de esta manera ha salido de los contribuyentes, saquéase el erario público sin medida, encarécense las funciones administrativas vitales para la sociedad y al final, para sacar a la Generalitat de la quiebra, son los funcionarios y ciudadanos quienes han de tapar el agujero negro financiero con recortes, despidos, supresión de servicios esenciales, etc. Los criminales con corbata nunca asumen las consecuencias de su propia inmoralidad, delincuencia e incompetencia. Dichos recortes supuestamente "necesarios" sólo sirven, por tanto, para que los auténticos culpables puedan perpetuar su tren de vida, siendo así que no se observa ni la más mínima voluntad de rectificación y enmienda por parte de estos repugnantes chulos. Existen centenares de organismos de la Generalitat de Catalunya cuya única finalidad es colocar a amigos, familiares, correligionarios... Ninguna de estas instituciones inútiles ha sido "recortada". La financiación irregular de CDC en el caso Palau no es más que una de las decenas de vías por las que el dinero afluye a la mafia política catalanista. Homs lo sabe, la prensa y el resto de los partidos saben que lo sabe, pero Homs miente conscientemente: su trabajo consiste -y cobra por ello- en mentir, engañar a los ciudadanos, perpetuar el negocio del "nacionalismo" a cargo de los trabajadores del país.

Estómago agradecido.
HOMS MIENTE, ACUSA EN FALSO A LA POLICÍA O PARECE NO HABERSE ENTERADO DE LAS CONFESIONES DEL PROPIO JORDI PUJOL

La mafia catalana, estructura ilegal y criminal de la oligarquía catalana, no tiene empacho, por boca de Homs, en acusar a la policía de emitir informes falsos para perjudicar a CDC. Pretensión poco digna de crédito. La policía se lo pensaría muy mucho -por razones obvias- antes de imputar al partido en el poder y, si da ese paso, será porque la evidencia ha superado todos los filtros y cualquier duda razonable sobre la implicación de los mafiosos catalanistas en este enésimo escándalo de corrupción debe ser ya materia de juzgado penal.

¿Qué interés puede, en efecto, tener la policía en perjudicar, precisamente, a los que mandan? ¿No sería más sensato que se beneficiara de buenas relaciones con la red "nacionalista" que parasita Cataluña? ¿Que ignorara la garrapata -tan gorda y lustrosa es- que le succiona la sangre a Cataluña hasta dejar anémica la comunidad autónoma, y en quiebra técnica la Generalitat, su administración? Esto es lo que hace más o menos el Partido Popular, que siempre ha soñado con participar en el negocio: encubrir a CiU para demostrar que ellos también son cerdos de confianza. El resto de los partidos, singularmente el PSC, tan corruptos como CiU, se rasgan hipócritamente las vestiduras a sabiendas de que todos los políticos del sistema van en el mismo barco. En cualquier caso, siendo la situación de corrupción generalizada por todos conocida, partece evidente que la Policía buscaría ahorrarse problemas políticos. Pero tiene que cumplir con su deber cuando las pruebas son tan apabullantes que no hacerlo supondría incurrir a su vez en delito (408 CP). No lo ha visto así Francesc Homs, quien afirma:

De la policía se espera otra cosa que no sea infundir sospechas, que sería bueno que fueran contrastadas. Estamos muy tranquilos.

La lista de escándalos de corrupción de CDC y UDC es tan larga, que sólo un dato podría añadir más convicción a las sospechas que esa tradición consolidada y, por supuesto, el material objetivo aportado por el propio informe policial, no hace más que avalar, a saber: la confesión desvergonzada del mismísimo Jordi Pujol, quien admitió públicamente el 27 de octubre de 2009, como ya hemos acreditado en un post anterior, que todos los partidos de Cataluña, incluido el suyo, están implicados en irregularidades.

E-Notícies, 27/10/2009. Pujol también amenaza con 'tirar de la manta' / El expresidente dice que si habla de la financiación de los partidos "todos nos haremos mucho daño". El expresidente de la Generalitat, Jordi Pujol, ha manifestado durante el Àgora de TV3, y en referencia a la financiación de los partidos, que "si entramos aquí nos haremos mucho daño, porque yo tendré una respuesta fácil". "Yo también le podría decir: 'estos dieron tanto a tanto'", ha amenazado el ex presidente, además de asegurar que "todos haríamos un poco de hedor". "No entremos, pero, ei! si hace falta entrar, entraremos, yo me parece que no tengo que entrar, pero si tengo que entrar personalmente, entraré", ha sentenciado.

El defraudador de hacienda y mentiroso Artur Mas,
presidente de la Generalitat de Catalunya.
Curiosamente, después de reconocer esto, el fiscal no le llamó a declarar, como hubiera sido procedente, máxime cuando Pujol amenazaba con represalias si alguien osaba ventilar la mierda de CDC. En suma, ya hemos dicho que esta actuación constituye un presunto delito de extorsión, pero tratándose de Jordi Pujol, se le consiente, faltaría más, y aquí paz y después gloria (todos estos son pájaros son católicos). No obstante, después de semejante desvergüenza, era inevitable que la policía, tarde o temprano, detectara alguno de esos negocios sucios que Pujol aspiraba a mantener ocultos a base de coacciones y bravuconadas mafiosas.

Se puede amenazar con salpicar a otros partidos (mediante el método del ventilador), pero no a la policía. Y por mucho que la fiscalía mire hacia otro lado, llega el momento en que, ante el desparpajo consistente en confesar abiertamente, nada menos que en un medio de comunicación, la existencia de la trama corrupta, las instituciones encargadas de perseguir el delito tienen que justificarse. Ya suponemos que sólo saldrá a la luz una parte infinitesimal de toda la red criminal y que los condenados por esa fracción minúscula del negocio mafioso no serán peces gordos; que incluso los peces chicos resultarán a la postre indultados en el peor de los casos (el de que resulten condenados), pero, sea como fuere, de vez en cuando el teatro democrático tiene que salvar la apariencia de que en Cataluña se cumple la ley. La condición de la perpetuación de la mafia catalanista como un todo no es otra que una ocasional detención, juicio o escándalo periodístico.

El señor Homs está en su papel al negar que el cielo es azul, pero cuando empresas (Letter Graphic, New Letter, Mail Rent) vinculadas a CDC, las cuales han donado 775.000 euros a este partido, emiten además facturas por valor de 925.000 euros, sin justificar nunca el destino de tamañas candidades de dinero, entonces hay motivos para imputar. El Sr. Homs debería preguntarle a Pujol si el fraude que ahora hace público la Policía Nacional forma parte de aquéllos negocietes a los que se refería el padrino cuando trató de intimidar al resto de los partidos con irse de la lengua. Quizá el Sr. Homs esté mal informado y el documento policial, que goza de presunción de veracidad, sea, efectivamente, cierto. Homs recibe cada mes una nómina que se "gana" ante los mafiosos engañando a los ciudadanos que pagan al final la factura de la interminable fiesta "patriótica" de los canallas. Esto no puede continuar. La Generalitat está al borde de la quiebra y quienes van a sufrir las consecuencias serán, como siempre, quienes de nada tienen la culpa, al contrario, aquellos que han sufragado con sus impuestos todas las fechorías financieras perpetradas por esa banda repulsiva de facinerosos en la que Homs "trabaja" como portavoz de la mentira. Queremos a esta gente en la cárcel. El pueblo, antes o después, clamará justicia y los sinvergüenzas catalanistas no podrán escaparse impunes. La cuestíón es ya sólo cuánto tiempo durará la paciencia de la gente humillada, estafada, pisoteada y ninguneada por personajes como Francesc Homs.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/dos-proveedores-del-palau-donaron-cdc-775000-1769361

http://www.elperiodico.com/es/noticias/politica/govern-exige-policia-pruebas-las-sospechas-1770247