miércoles, diciembre 29, 2010

Las dos placas

Hasta el año 1989, en la entrada del campo de concentración de Auschwitz los "turistas" podían ver una placa conmemorativa en honor de los 4 millones de judíos allí asesinados. Se suponía que esa cifra formaba parte de los 6 millones de hebreos que, en total, los nazis habrían exterminado a lo largo de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora bien, ya en los años sesenta empezaron a suceder cosas bastante extrañas por lo que respecta al holocausto. Por ejemplo, ocurrió que las autoridades académicas oficiales reconocieran que los campos situados dentro de las fronteras de Alemania no habían sido de exterminio, sino meros campos de concentración; que en ellos no se habían utilizado cámaras de gas para matar prisioneros en masa y hornos crematorios para eliminar los cuerpos de las víctimas. Sitios como Dachau, tan emblemáticos en el juicio de Nüremberg y donde los aliados habían asesinado a toda la guardia del establecimiento sin mediar investigación ni juicio alguno en el mismo momento de liberarlo, resultaba ahora que no eran campos de exterminio. Nunca hubo cámaras de gas en Dachau. Las montañas de cadáveres que encontraron allí los "liberadores" eran víctimas del tifus, una enfermedad provocada por la situación de descoyuntamiento de Alemania como consecuencia de... los bombardeos angloamericanos de exterminio de la población civil alemana. ¿Se juzgaría a los soldados americanos que masacraron a los vigilantes desarmados de Dachau? Por supuesto que no.

En cualquier caso, en la nueva versión, los campos de exterminio sólo habrían existido en la Polonia dominada por los nazis. Como prueba se mostraba una presunta cámara de gas de Auschwitz que, según ha sido reconocido expresamente por las propias autoridades del museo, es sólo una "reconstrucción" realizada a posteriori con fines "pedagógicos". No obstante, pese al fraude, ¿no disponíamos de los diarios de Rudolf Höss, el máximo responsable alemán del campo, quien habría "confesado" el holocausto e incluso "confesó" la existencia de campos de los que no se ha tenido ninguna noticia posterior? Lamentablemente, los vencedores se abstuvieron de practicar pericial alguna en los cadáveres hallados en Auschwitz. Y no se sabe por qué motivo procesal, siendo así que los restos de gas inviscerados en los huesos de los asesinados habrían probado la verdad de la Shoah de manera concluyente...  Ahora bien, ¿qué probaría, por el contrario, la ausencia de Zyklon B en los restos de las víctimas? Los fiscales de Nüremberg prefirieron, prudentemente, basarse en testimonios, harto más controlables, de los reclusos y de sus vigilantes. Los primeros eran literalmente fantásticos y ni siquiera hablaban de cámaras de gas, sino de bebés quemados vivos en zanjas y geiseres de sangre... !Pensemos en todos los testigos que juraron haber visto las cámaras de Dachau o Buchenwald "con sus propios ojos"! Incluso el sacerdote del holocausto, Elie Wiesel, en su clásico La nuit, omitió hablar de gas en la primera edición de la obra. Fueron las ediciones sucesivas las que introdujeron, sin enrojecer de vergüenza, los cambios "oportunos" a efectos de que concordaran el relato oficial y la narración novelesca de "víctima" tan importante.

Los testimonios de las víctimas se habían mostrado poco fiables, por no decir simplemente falsos, en repetidas ocasiones. Para que la historia manipulada del holocausto ostentara cierta credibilidad, debían "obtenerse", en fin, testimonios "aplastantes" de los propios perpetradores. Y se consiguieron, !cómo no! La cuestión es de qué manera. Un libro relata las memorias de uno de los soldados que detuvieron a Höss y explica la forma en que se le iban a extraer las deseadas piezas de convicción judiciales de los "campos de la muerte". En la actualidad, sabemos que los EEUU utilizan la tortura de forma sistemática y que en la Segunda Guerra Mundial los simpáticos ingleses bebedores de té torturaban, también sistemáticamente (y aunque nada digan de ello las películas de Hollywood), a cualquier prisionero alemán al que el mando militar británico considerara oportuno reventar los testículos a patadas. ¿Cómo no iban a torturar a los responsables de los campos de concentración si de ello dependía la justificación moral de la guerra más colosal de la historia?

Por si fuera poco, el fin del comunismo trajo consigo un nuevo y significativo cambio, esta vez en la placa que conmemoraba las víctimas de Auschwitz. Se retiró la vieja y se colgó una nueva. Ahora ya no eran 4 millones los asesinados en Auschwitz, sino 1,5 millones. ¿Qué pasó con los otros 2,5 millones y con el testimonio de Höss, que "corroboraba" (a puñetazos y con toda su familia amenazada de muerte en manos de los comunistas) la cifra declarada ahora no válida? De acuerdo con la matemática más elemental, cuando a seis millones se le restan 2,5 millones, el resultado son 3,5 millones. Y si es cierto que los 4 millones quizá se referían al total de víctimas, no sólo a las judías, lo que no puede pretenderse es que entre esos 4 millones "hinchados" no había ni una sola víctima judía y que, por tanto, la sustracción de 2,5 millones no afecta en nada al cómputo total de víctimas hebreas. Pero la cifra oficial, que no es racional, sino mítica, se mantiene contra toda lógica, impávida, congelada, en los 6 millones. Ha nacido una nueva fe, una religión cívica universal del judío-víctima-singular. Oremos.

Los móviles políticos del mayor fraude de la historia

Evidentemente, de todas las consideraciones anteriores, que son ya conocidas por los que se han molestado en investigar el tema, no puede concluirse que nunca existió una persecución nazi de los judíos, que los judíos no fueron deportados e  internados en campos de concentración, que millones de ellos no fueron asesinados o perecieron en dichos campos a consecuencia de las condiciones de vida, los abusos, la explotación, el homicidio deliberado y el caos generado en 1945 por la derrota de Alemania. Tampoco se puede concluir que el régimen nazi no abogara por una ideología racista incompatible con los derechos humanos y que, como dictadura totalitaria, no vulnerara los principios democráticos más básicos. Mucho menos se puede concluir que, a tenor de la manipulación existente en el tema del holocausto, el nacionalsocialismo quedaría legitimado incluso aceptando los crímenes contra la humanidad que realmente perpetró y que ni siquiera los revisionistas más acérrimos se atreven a negar, como por ejemplo las masacres de los Einsatzgruppen en Rusia y el inhumano trato dado a los prisioneros de guerra soviéticos, con 3 millones de víctimas (un trato peor, incluso, que el dado a los militares alemanes cautivos por los propios soviéticos, con 1,5 millones de víctimas). En suma, si se trataba de "condenar" el nazismo, no hacía falta el relato manipulado del holocausto, sino una simple descripción objetiva de lo sucedido en Alemania entre los años 1933 y 1945. El problema empieza cuando aplicamos a los aliados occidentales y al comunismo el mismo rasero que al nacionalsocialismo. 

El nazismo sería responsable, por activa y por pasiva, de gravísimas e insoslayables vulneraciones de los derechos humanos. El régimen de Hitler no podría ser objeto de redención posible aunque se revisara la historia y cesaran las exageraciones. Esto debería quedar muy claro. Pero, por la misma regla de tres, deberíamos condenar no sólo el comunismo de Stalin, el comunismo de Lenin, Mao y de la mayoría de los regímenes marxista-leninistas de la historia, sino el régimen de Churchill que provocó el holocausto con sus ataques terroristas a la población civil alemana, el régimen de Roosevelt que diseñó la bomba atómica y la arrojó sobre los civiles japoneses en Hiroshima y Nagasaki, el entero imperio colonial británico, con decenas de genocidios masivos, el modélico sistema político estadounidense, que ordenó en un Congreso el exterminio de los pobladores autóctonos de América del Norte y luego instituyó la esclavitud negra... Por otra parte, en segundo lugar, no pueden hacerse extensivos los abusos del nacionalsocialismo al fascismo como tal. El régimen de Mussolini no cometió genocidio alguno, y aunque se le puedan reprochar actuaciones criminales de lesa humanidad en Cirenaica y Etiopía, tales hechos no convierten al fascismo per se en una ideología exterminadora, como se pretende al equipararla al presunto "mal absoluto" encarnado por Hitler. Ahora bien, la existencia de un fascismo no genocida era especialmente peligrosa, desde el punto de vista ideológico, para los vencedores del conflicto, siempre que situemos este hecho en el contexto iluminador de una guerra que se había legitimado como cruzada en defensa de la democracia, los derechos humanos y la civilización frente a la barbarie fascista.

¿Por qué hubo, en definitiva, que construir la industria del Holocausto, si se trataba sólo de condenar el nazismo? No vamos a repetir aquí las razones explicadas ya por Norman Finkelstein, que son ciertas pero que se quedan muy, muy cortas, frente a la tozuda y escandalosa realidad. El problema era, para los vencedores, triple: 1/ la existencia de regímenes fascistas no genocidas, que podían de alguna manera declararse inocentes y resucitar ideológicamente el fascismo a pesar de tratarse de dictaduras, pues ni siquiera éstas llegaban a categoría de genuinos totalitarismos; 2/ la presencia, entre los vencedores, de auténticos totalitarismos (la Unión Soviética) que superaban incluso al nacionalsocialismo por lo que respecta al control estatal-policial de la sociedad civil; 3/ la evidencia de que dichas dictaduras eran genocidas y que, con millones de víctimas a sus espaldas (como poco 13 millones de víctimas del comunismo antes de que empezara el holocausto, cualquiera que haya sido la dimensión, sentido y alcance del mismo), iban a presentarse en el juicio de Nüremberg en calidad de fiscales; 3/ los crímenes genoicidas perpetrados por los vencedores contra el pueblo alemán y el plan de exterminio que se desarrolló entre la publicación del libro de Kaufmann en 1941 y la consumación del plan Morgenthau en 1947, por no hablar de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki; 4/ las exigencias de la ultraderecha judía y sionista por lo que respecta a un motivo incontestable que justificara la fundación en Palestina del Estado de Israel, reclamación que implicaba la perpetración impune, contra los palestinos, de crímenes de lesa humanidad comparables a los del régimen nacionalsocialista.

En suma, eran los propios genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad de los vencedores de la Segunda Guerra Mundial los que obligaron a concebir y ejecutar un montaje propagandístico que situara el nacionalsocialismo, en términos de criminalidad, muy por encima de las mencionadas atrocidades "democráticas" y "progresistas". Puesto que las vulneraciones penales de los nazis eran, pese a su tremenda magnitud, menores frente a los crímenes cósmicos imputables a los vencedores, unos hechos éstos que, además, debían ignorarse, silenciarse y minimizarse para burlar la ley, hubo que inventar un auténtico relato de terror que permitiera identificar al fascismo en su conjunto con el "mal absoluto". Frente a ese ente diabólico de carácter quimérico, incluso los 100 millones de víctimas del comunismo quedaban convertidos en anécdota y no merecían ni siquiera un juicio, máxime cuando esas víctimas habían sido acusadas de "fascistas". En efecto: !un fascista no puede ser víctima, es siempre culpable por el simple hecho de existir! No digamos ya los 13 millones de civiles y prisioneros alemanes exterminados por los "adalides de los derechos humanos". Los alemanes, supuestamente culpables por partida doble, como fascistas y como teutones, del mayor crimen de la historia humana, fueron masacrados sin que las autoridades "democráticas" (¿?) pestañearan un segundo en memoria de los valores humanitarios que decían defender. Una evidencia que sólo ahora empieza a salir a la luz, con cuentagotas y cifras de víctimas rebajadas que, presumiblemente, irán creciendo a medida que, simultáneamente, se contraigan las de "el Holocausto" (Finkelstein).

Por tanto, la finalidad del relato manipulado de Auschwitz ha sido y es el siguiente: que los mayores asesinos de la historia disfruten no sólo de total impunidad por sus crímenes, sino que pasen a convertirse en la "encarnación" política y casi "física" del progreso, la democracia y los derechos humanos. Para lograr tan abominable fin los susodichos canallas han tenido que falsificar los hechos, engañar, amenazar, torturar, asesinar incluso a ciudadanos molestos, intoxicando a la población europea durante décadas con propaganda basada en puras mentiras conscientes. En una palabra, han prostituido los "valores humanitarios" hasta extremos que no permiten ya distinguir el régimen oligárquico imperante en el mundo de una dictadura totalitaria como aquélla, la "teutona", que empero no dejará nunca de denostar la filmografía de Hollywood como ejemplo de "lo perverso" por excelencia. !Pero la perversión anida precisamente en Hollywood e inspira desde el principio su empresa de adoctrinamiento global!

La democracia y los derechos humanos: justamente eso es lo que estaba por hacer y lo que nosotros nos habíamos tomado en serio. A tal efecto habrá que derrocar a los oligarcas. Es menester restaurar la realidad histórica, la decencia moral y la justicia jurídica. Pero no para blanquear el fascismo, no para combatir los déficits democráticos con una nueva dictadura, sino para exigir e institucionalizar una genuina democracia (que no se puede confundir con el régimen liberal actual). La historia no ha hecho más que empezar porque se detuvo, congelada, en 1945. Durante sesenta años la oligarquía transnacional nos lavó el cerebro. No sabemos, no podemos saber lo que fue en realidad el nacionalsocialismo, ese sistema político tan odiado, el más odiado ---¿adivinan el porqué?--- por los mayores criminales de la historia. Pero ese tiempo ya pasó. El tren de la humanidad se ha puesto de nuevo en marcha. Es menester acabar de una vez por todas con el actual sistema de dominación basado en el control de la información, porque, de lo contrario, no los "nazis", sino los sionistas, acabarán con la vida civilizada en este planeta. !La lucha ha comenzado! Nuestra arma más importante es la verdad, que implica el rechazo de la violencia: la misma verdad en tanto que imperativo ético de objetividad que ya aparece tímidamente en éste y en muchos otros sitios de internet, a lo largo y ancho de la red. Debemos, en fin, organizarnos para un combate espiritual que no necesita de metralletas, sino sólo del férreo compromiso sagrado de mantenerse fiel al mandato del ser (Martin Heidegger); y no otra cosa significa el proyecto nacional-revolucionario de una sociedad democrática fundada en la ética pública de veracidad a toda costa, en la norma de no mentir jamás aunque no nos guste aquéllo que, en cada caso, como éste de Auschwitz, sea menester "desocultar".   

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

martes, diciembre 28, 2010

La verdad como fundamento de la autoridad

35 PUNTOS DOCTRINALES PARA LA INSTITUCIONALIZACIÓN AXIOLÓGICA DE LA ENTIDAD POLÍTICA POR UN ESTADO NACIONAL, SOCIAL Y POPULAR (ENSPO)

I.-El "potencialismo" brota del espacio de valores NACIONAL-REVOLUCIONARIOS DE IZQUIERDAS ("fascista"). Se distingue del resto de las ideologías NR por su carácter crítico. El potencialismo representa la autoconciencia histórica superadora del "fascismo" en cuanto alternativa de valores a la modernidad judeocristiana secularizada. También se distingue, en este caso respecto de los fascismos históricos, por su europeísmo. La palabra "potencialismo" mienta la dimensión filosófica del proyecto NR post "fascista".

II.-Nosotros, los ciudadanos europeos, pero también una gran porción de la población del planeta, somos gobernados por los mayores criminales de la historia, a saber, los vencedores de la Segunda Guerra Mundial. Los regímenes comunistas, en efecto, han exterminado impunemente a 100 millones de personas, acusadas de "fascistas" en buena parte de los casos. Los aliados occidentales no sólo han amparado tal impunidad, sino que ellos mismos son los responsables de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki, así como del exterminio de (como poco) 13 millones de ciudadanos alemanes civiles o militares desarmados: 1,1 millones en bombardeos de cremación humana meticulosamente diseñados a tal efecto; 1,2 millones de prisioneros de guerra bajo administración norteamericana y francesa; 2,5 millones de entre los doce millones de expulsados (limpieza étnica) de las provincias del Este; 1,6 millones de asesinados entre las minorías alemanas centroeuropeas; de 3 a 8,5 millones de fallecidos a causa de las hambrunas cuidadosamente planificadas por los aliados occidentales durante la posguerra; 1,5 millones de prisioneros de guerra a manos de las autoridades soviéticas; 200.000 mujeres alemanas de entre los dos millones de violadas (incluyendo ancianas y niñas) muertas a causa de dichas vejaciones sexuales; 80.000 víctimas civiles en campos de concentración (dirigidos por judíos), que incluyen niños y ancianos a los que se asesinó por el simple hecho de ser alemanes, etcétera.

III.-A partir de 1948, y escudándose en una narración novelesca del holocausto, constantemente repetida y exagerada precisamente para encubrir propagandísticamente sus propios genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, la casta política gobernante ha permitido que el Estado de Israel expulsara de su tierra o exterminara a un millón de palestinos, aplicándoles una directriz política racista de colonización que comporta vulneraciones masivas de los derechos humanos de enormes dimensiones (crímenes contra la humanidad).

IV.-Esta "ideología" del holocausto (vid. Norman Finkelstein), que pretende convertir la persecución de los judíos en un hecho singular en la historia por su presunta gravedad única e incomparable (nunca explicada, aunque insinuada en su trasfondo racista de afectar al "pueblo elegido"), es la coartada encubridora de la criminalidad genocida vigente. El hostigamiento social, la persecución penal y la agresión física (que llega hasta el asesinato) de los historiadores revisionistas y de los críticos del relato codificado oficial del genocidio judío (cuya realidad no negamos, pese a que haya sido tremendamente hinchada con fines publicitarios) pone en evidencia el carácter fraudulento del sistema "democrático" actual. La cosmovisión pseudo religiosa del holocausto es el discurso de la oligarquía transnacional que controla buena parte del hemisferio occidental. La crítica de semejante constructo conceptual y publicitario es la tarea intelectual por excelencia que corresponde a los valores ilustrados en el siglo XXI.

V.-La verdad es ahí incluso para quien la niega (hay que preguntarle al escéptico si es verdad lo que dice y si son "verdaderas" las razones que alega contra la verdad) y sostenemos que la sociedad debe imbuir el valor-verdad en las escuelas y demás instituciones educativas públicas, rechazando por lo tanto todo relativismo que convierta a los futuros ciudadanos en mequetrefes caprichosos sólo dispuestos a obtener gratificaciones hedonistas. La verdad como valor constituye el fundamento existencial y ético de la ciencia y, por ende, el factor decisivo del desarrollo tecnológico que hace posible la sociedad industrial moderna. No obstante, la ciencia ha sido en la actualidad pervertida como mero instrumento al servicio del capitalismo, el negocio y el desarrollismo del "bienestar" (perfectamente compatible con las hambrunas tercermundistas) que constituye la praxis corruptora de la oligarquía transnacional con el lobby ultraderechista judeo-americano como cabeza visible de dicha estructura de poder.

VI.-La verdad representa también el fundamento de la autoridad (auctoritas) y ésta se distingue claramente del poder (potestas). El binomio autoridad/poder es anterior a la división liberal de poderes (legislativo, ejecutivo y judicial) y la hace posible. La reconstrucción de la autoridad en unos términos racionales, y no meramente fideístas o religiosos, en el seno de la civilización occidental moderna, es la tarea que define el proyecto político nacional-revolucionario europeo a escala planetaria.

VII.-Proponemos una ética de la verdad en virtud de la cual devenga infamante el acto de mentir para obtener algún beneficio. En casos graves, y singularmente en el mundo de la política y la administración, la mendacidad debe ser incluso prevista y castigada por el código penal, comportando la inhabilitación del político, gestor o funcionario defraudador. La ética de la verdad pertenece imperativamente sólo al ámbito público e institucional y siempre con carácter formal. En la vida privada su desarrollo es libre y ha de obedecer únicamente a una dinámica de convencimiento autónomo de la persona, lo más alejado posible de coacciones (o recompensas) de cualquier tipo.

VIII.-La verdad vale por sí misma y dignifica a quien la hace suya, sobretodo cuando paga por ella un precio en términos de bienestar físico o psicológico a consecuencia de las represalias del poder corrupto. El valor ético de la verdad es el único sobre el que podemos ponernos de acuerdo los entes racionales. El resto de los valores son subjetivos y cada cuál reivindicará el suyo sin poder legitimarlo racionalmente, de manera que a la postre las opciones de valores no veristas se habrán de dirimir sin razones, léase: por la fuerza bruta.

IX.-De las luchas religiosas del siglo XVII surgió el Estado liberal laico y con él el relativismo moderno. Pero éste conduce al desastre. Sólo sobre el trasfondo de la verdad racional-formal como valor puede erigirse en la modernidad un orden cívico estable. Pese a las interesadas quejas de los escépticos liberales, basta una ética de la verdad para luchar desde el interior del hombre contra la inmoralidad, el pecado y la delincuencia. Todo acto delictivo, pecaminoso e inmoral implica siempre la necesidad del hecho de tener que mentir. Por tanto, al institucionalizar la prohibición de la mendacidad, sólo se cometerán delitos y actos inmorales o pecaminosos vulnerando principios éticos objetivos; algo que en el clima relativista ético actual no puede ya afirmarse, siendo así que el control de la transgresión ha devenido meramente legal y ajeno a la conciencia del sujeto. Esta circunstancia actual conlleva a su vez un endurecimiento creciente y cada vez más peligroso del sistema penal (externo), fruto de la propia descomposición moral (interna) característica de la sociedad de consumo liberal.

X.-El sistema liberal ha sustituido el convencimiento racional por la manipulación más descarada de las masas a través de la “cultura” (=cine, literatura, etc.), la pseudo educación del mínimo esfuerzo y los manipuladores medios de comunicación, todo ello en beneficio de las oligarquías socio-económicas que controlan así fraudulentamente el espacio público de la política. Esta situación de crisis permanente (moral, política, económica, ecológica, etc.) es la consecuencia de la voluntad oligárquica de generar una sociedad de meros productores, contribuyentes y consumidores, no de personas y de ciudadanos. El motivo es la falta de fundamento del propio sistema político, que no puede sostenerse en función del libre ejercicio de la razón por parte de la mayoría de sus miembros, sino sólo compulsivamente sumergiéndose en la carrera del “crecimiento" consumista constante y en el consiguiente saqueo de los recursos naturales. El sistema compra a la gente con mercancías al mismo tiempo que la idiotiza y animaliza a marchas forzadas, en una regresión primitivista sin precedentes que se observa sobre todo en los grandes centros urbanos.

XI.-El sistema liberal puede comprar y manipular a la ciudadanía, pero renuncia a convencerla con razones; por este motivo lo pudre todo sin excepción y quiere al corrupto como el único tipo humano fiable para las instituciones públicas, rehuyendo a los políticos honestos como peligrosos apestados. El perfil antropológico que predomina en este contexto es el de un ser que no responde a pautas de veracidad y objetividad, sino sólo de negocio y adoctrinamiento propagandístico (marketing) comercial, religioso o político.

XII.-Por lo mismo, el sistema liberal debe reprimir violentamente lo que él llama "fascismo", porque considera que los súbditos de las oligarquías, educados como volubles objetos de consignas e imágenes de publicidad mediática, podrían ser manipulados también muy fácilmente por instancias de poder contrarias a las hoy vigentes. Las criminalización periodística, penal y policial de las alternativas axiológicas al poder actual es la lógica consecuencia de esta coyuntura de adocenamiento generada por el propio dispositivo sistémico.


XIII.-La única verdad absoluta es la muerte, aunque la mayoría de los “espectadores”, ”contribuyentes”, ”productores”, ”consumidores” no quiera reconocer esta evidencia ni sea incluso capaz de soportarla, porque es "desagradable" y prefiera sentirse "feliz" ante un programa de telebasura, prolongando esa "felicidad" en la idea de una vida en el más allá, paraíso celeste, "reino de Dios" o utopía social, ya sea por la vía químico-estupefaciente, religiosa o ideológico-política. Se trata de típicas fantasías de seres indignos de llamarse hombres, pero no otra es la sociedad de "masas" que ha fomentado el liberalismo como secularización del judeocristianismo (=pacto comercial con Dios). La humanidad no ha alcanzado la mayoría de edad filosófica y se aferra por este motivo a las promesas de sicofantes mercantiles, políticos o sectarios. Nuestra tarea como nacional-revolucionarios europeos es consumar el proceso histórico de racionalización emprendido por los griegos. A esta realidad inherente a la ciencia ya intuida pero temida y odiada se la califica de "fascismo".

XIV.-Preferimos la denominación de "mortales" por oposición a "humanes". Los humanes son una especie biológica cualquiera, como un virus (en este momento la infección "humana" arrasa ya toda la tierra como una verdadera plaga). El potencialismo propone un salto cualitativo que entraña la transformación de los humanes en mortales. Se trata de una transmutación espiritual que apela a la decisión libre y heroica de llevar la razón hasta sus últimas consecuencias existenciales, éticas, sociales y políticas. Nietzsche hablaba del Übermensch (ultrahombre), Heidegger del Sein-zum-Tode (ser-para-la-muerte). Para nosotros se trata ante todo de una institución: la entidad potencialista.

XV.-Hay que educar a la sociedad en el valor de lo verdadero y prepararla para una vida cívica, privada, familiar y profesional sin muletas religiosas, sectarias o consumistas, asumiendo el carácter trágico de la existencia y fomentando las actitudes valientes, generosas, solidarias, honorables y veraces. La verdad no siempre nos favorece, pero hay que admitirla y respetarla tanto si nos "gusta" como si no. Quien miente es un paria moral, una escoria y debe ser tratado como tal (pérdida de estatus cívico). La verdad es el único "dios" que podemos aceptar en una Europa devastada por los traficantes de paraísos. La verdad nos vacuna contra una nueva estafa que sin duda promoverán muy pronto los charlatanes de feria (vendedores de pócimas maravillosas) de la sociedad y de la historia.  

XVI.-De este contexto institucional y moral de crisis debe brotar un tipo humano novedoso. Democracia y liberalismo son conceptos opuestos e incompatibles. La "democracia" liberal (=oligarquía económica) es un fraude. Hacemos nuestra la defensa de la democracia y la libertad de opciones políticas, pero dentro del marco axiológico y ético potencialista. Exactamente tal como ejercen el poder los liberales sobre un fondo incontestado e incontestable de valores hedonistas que genera empero la corrupción, la violencia y la incompetencia vigentes: los “partidos” (=intereses individuales o de grupo, léase: de parte) pueden reivindicar aquello que "deseen" siempre que representen su papel en el contexto constitucional que impone los valores individualistas, relativistas y materialistas de la sociedad de consumo y del mercado mundial. Erradicar esta situación no supone negar la democracia, sino fundarla sobre sus auténticos pilares griegos: la verdad como principio político y como fundamento de la autoridad.

XVII.-Aprobaremos nuestra propia constitución nacional-revolucionaria y las organizaciones inconstitucionales -que no admitan el valor verdad en cuanto principio fundamental de toda actuación pública- serán ilegales como actualmente lo son las llamadas organizaciones "fascistas". Dentro de dicho marco axiológico, cada cual podrá argumentar las opciones políticas que considere oportunas, siempre que no contravengan la legalidad democrática. La figura actual del partido, pieza maestra del putrefacto sistema oligárquico vigente, será suprimida y en su lugar se instituirán "asambleas políticas" libres articuladas como comunidades de diálogo y acción colectiva.

XVIII.-Rechazamos los sistemas dictatoriales. La verdad no se impone por la fuerza, sino mediante razones y frente a la asamblea. Una convicción resultado de la coacción no es una verdad ética, sino el fruto envenenado del temor, o sea, del lavado de cerebro y del adoctrinamiento sectario; o del interés, que es la otra cara de las “convicciones” actuales en el mundo burgués. La opción potencialista comporta, por consiguiente, el rechazo del principio caudillista que caracterizó los regímenes fascistas y que constituye un hecho accidental de época compartido con otras corrientes políticas de derechas e izquierdas, pero no una exigencia vinculada esencialmente a los valores nacional-revolucionarios europeos.

XIX.-El consenso no es garantía de verdad, aunque sí uno de sus requisitos. En consecuencia, el proyecto potencialista no se impondrá nunca por la fuerza, sino sólo después de haber alcanzado el grado suficiente de acuerdo, de manera pacífica y argumentada. Ahora bien, la sociedad tiene derecho a enseñar a los niños lo que es el sentido ético de “decir la verdad” igual que les enseña el idioma, sin esperar a que los educandos estén "de acuerdo". Los padres no pueden inculcar a sus hijos que 2.2=10 aunque sean sus progenitores y custodios legales. El menor no es propiedad de nadie. El límite educativo del magisterio paterno es el respeto a unos valores morales objetivos. El principio de no contradicción no se razona, no hay forma de fundamentarlo porque todo razonamiento entraña y supone ese mismo principio.

XX.-La fundamentación de la exigencia de veracidad es existencial, no lógica, y se acredita mediante métodos filosóficos.

XXI.-El fascismo histórico cometió tremendos errores, producto de su rápida derechización, y resulta ya irrecuperable. Pero los adversarios del fascismo no lo condenan tanto por sus crímenes (porque entonces condenarían también los crímenes mucho más graves del comunismo, del liberalismo y del sionismo) cuanto por la dimensión espiritual de un proyecto que supone el nacimiento de un nuevo tipo humano incompatible con el actual. El antifascismo aparece antes de cualesquiera actuaciones violentas de los militantes, estados u organizaciones fascistas como respuesta a las de sus adversarios liberales y comunistas. El potencialismo fomentará una revisión de nuestra conciencia histórica y el fin de las manipulaciones propagandísticas sobre la comprensión del pasado reciente de Europa.

XXII.-El enemigo político del potencialismo es la extrema derecha judía a escala mundial. El potencialismo se define táctica y estratégicamente como proyecto de izquierda nacional de los trabajadores.


XXIII.-El consumo de drogas en cuanto huida de la verdad es la consecuencia lógica de los valores hedonistas imperantes en nuestra sociedad. Todos toman drogas y los políticos liberales son los primeros en disfrutar del vicio. La inercia axiológica de esta sociedad conduce a la autodestrucción, de manera que el estado liberal, ejerciendo paternalmente de represor pero sin argumentos, debe prohibir el tráfico dichas sustancias mientras, al mismo tiempo, atiza la ética del placer y permite el consumo privado de las mismas. La mayoría de los reclusos en las prisiones han sido encarcelados por traficar con drogas. La droga es la verdad interna de la sociedad liberal hedonista. No podemos sustituir la droga química por la religiosa, siendo así que fueron los siglos de judeocristianismo los que condujeron a la institucionalización de una transgresión "felicitaria" propia de mentirosos repugnantes e indignos de llamarse "hombres".

XXIV.-Es necesario erradicar sin compasión la fuente del mal, que tiene carácter axiológico, no racial, y corroe a la juventud europea, comprometiendo el futuro de la sociedad occidental. El comunismo marxista y el liberalismo capitalista representan la secularización de los valores hedonistas judeocristianos. Uno y otro campo doctrinal, secular y religioso, deben ser extirpados del solar histórico europeo. Hay que imponer la verdad como principio formal, pero no porque de lo contrario perezcamos, sino en defensa de la verdad misma y de nuestra dignidad como existentes (Dasein).

XV.-Todos los mortales son iguales y depositarios de idéntica dignidad, deberes y derechos. Condenamos el racismo. La verdad es la misma para cualesquiera entes finitos dotados de razón, sean humanos o no, y capaces de experimentar la muerte de forma consciente.

XVI.-El potencialismo es la esencia del fascismo, que parte de una previa crítica de la razón cartesiana e intelectualista y arraiga la racionalidad en la profundidad de la existencia humana en cuanto experiencia trágica de la finitud. Como autoconciencia del "fascismo", el potencialismo supone la culminación teórica y práctica de tales fenómenos y la superación real de todos los fascismos históricos.

XVII.-La verdad es en principio la capacidad de razonar y no un contenido doctrinal concreto. No reivindicamos doctrina alguna como sustancia del poder político (lo que nos retrotraería a las luchas religiosas de la época preliberal), sino la exigencia moral de asumir la verdad en cuanto tal. La entidad potencialista es puramente formal en su discurso y en este sentido recoge lo mejor del liberalismo –la libertad ciudadana- sin incurrir en su deleznable relativismo.

XXVIII.-Como revolucionarios de izquierdas, hacemos nuestra la tradición socialista, a saber, la exigencia de igualdad (=isonomía) y el efectivo amparo social del educando, sin caer tampoco en este caso en los sangrientos y devastadores errores axiológicos marxistas (colectivismo estatal totalitario). Aceptamos la propiedad privada a escala familiar y la pequeña empresa. En el momento en que una firma deba recurrir a un consejo de administración, será propiedad colectiva de sus trabajadores y accionistas al 50%, de manera que se fomentará la participación de los empleados en la formación del capital para favorecer la socialización económica frente a la mera estatalización. Las empresas de interés público serán nacionalizadas y sus gestores o propietarios se incorporarán a la función pública como expertos en la materia económica de su dominio. Pero conviene subrayar que el requisito de la eficacia económica en un marco institucional socialista es la superación de los valores hedonistas. Ésta supone a su vez el contexto político y cultural de una "transvaloración de todos los valores" (Nietzsche) que ponga en el centro la exigencia de verdad trágica como principio existencial, espiritual y racional de la vida colectiva.  

XXIX.-De la pura capacidad de razonar se deriva la verdad de la muerte de forma natural y sin adoctrinamiento. La verdad de la muerte no es, como se piensa, una verdad de contenido, sino el sentido necesario de la idea misma de verdad recodificado en el plano existencial. La finitud no es un ente (semantema doctrinal) sino la determinación el ser de todo ente. Basta razonar con rigor espiritual -y no sólo lógico- para que la idea de un ente omnipotente quede refutada y, a partir de ahí, todo lo demás se dé por añadidura. Se trata de un proceso de auto concienciación inexorable que cada uno puede conducir por sí mismo de manera autónoma y apoyado en su propia experiencia vivenciada de los hechos de la razón.

XXX.-La muerte es la condición de posibilidad del sacrificio (que supone un ser finito) y por ende del heroísmo de la verdad que reivindicamos como eje de la existencia colectiva. En este sentido, lo heroico de la verdad está presente en toda forma de actuación ética. El ser en sentido ontológico nombra el mencionado fundamento existencial de la razón que hace posible el advenimiento de los mortales. Es ésta una razón experimentada, no una mera teoría y, por tanto, se desprende de la posibilidad misma de la racionalidad en cuanto intelecto y lógica formal. Estamos ante la decisión ética de aceptar el principio de la verdad o rechazarlo con efectos vinculantes inmediatos en todos los órdenes de nuestra existencia. La militancia NR entraña, en definitiva, una previa conversión moral independiente de la política.

XXXI.-La hegemonía de la sociedad potencialista no se desplegará en el terreno militar, subyugando a otras sociedades, sino que se asentará en su propia productividad científico-tecnológica, organizativa, ética y cultural, como ejemplo moral para un mundo cada vez más sumergido en el caos capitalista y en una nueva edad media de feudos empresariales multinacionales. La entidad potencialista es el alma de lo político, opuesta al maquiavelismo y, por ende, la sustancia del imperio en el sentido romano de la palabra.

XXXII.-La destrucción de la organización criminal denominada "Estado de Israel", epicentro de la mentira, es uno de los objetivos de la entidad política nacional-revolucionaria europea. Para ello se debe buscar los acuerdos oportunos con los estados árabes, a los que se apoyará contra Tel Aviv a cambio de la repatriacíón masiva y pacífica de los fieles islámicos. La Europa NR respetará las creencias de otras naciones y sociedades, excepto en el caso del sionismo y del actual Israel. Pero el antisemitismo, que alimenta el proyecto sionista, es decir, la extrema derecha judía racista y supremacista, será prohibido por ley. También toda otra forma de racismo, como el propio sionismo. En una hipotética República de Canaán (verdadero nombre del país palestino) judíos y árabes serían ciudadanos de la misma categoría como miembros un estado “laico”. Sobre esa base extenderemos pacíficamente los valores éticos de la entidad política potencialista en Oriente Medio y el Mediterráneo, pero también en América y Asia, dando prioridad en este proceso pedagógico de neo-aculturación a las sociedades de cuño occidental.

XXXIII.-La negación de la religión no supone el olvido de lo sagrado. La dimensión de lo sagrado, ligada al plano ético y estético de la existencia, es irrenunciable. Las religiones monoteístas representan no obstante una perversión de la faceta sacral del hombre y lo apartarían de la barbarie sólo para encadenarlo eternamente a la miseria moral de un pacto comercial con Dios “a cambio” de la “salvación del alma”. Este pacto entraña la institucionalización de un código mercantil en el corazón mismo del humano proyecto existencial y prepara la hegemonía mundial de la actual sociedad liberal en tanto que secularización y mundialización de la añeja creencia hebrea. 

XXXIV.-La Europa NR aceptará las creencias religiosas, pero sólo en el ámbito individual y privado. Las asociaciones religiosas, iglesias y sectas organizadas políticamente o con pretensiones políticas serán ilegalizadas porque representan proyectos encubiertos de imposición social de la fe que, por definición, carecen de razones y deben manipular la mente de las personas para captar adeptos. Se vinculará el sentido de lo sagrado a la verdad y a una liturgia cívica de la comunidad nacional-revolucionaria semejante a la del paganismo romano. Ésta tendrá un carácter formal de afirmación colectiva de los valores sociales, pero no podrá entrar a dirimir la vida íntima de las personas (comida, sexualidad, hábitos), la cual quedará al arbitrio de la autonomía ética individual y familiar dentro de los límites legales. El lugar legítimo de las religiones quedará así reservado a dicho espacio institucional.

XXXV.-El potencialismo representa la exigencia de verdad objetivada en una institución depositaria de la autoridad pero ayuna de todo poder. Nuestro proyecto supone así la supresión del Estado (instrumento burgués erigido para "administrar" la "sociedad civil") en su forma actual y el surgimiento de una Entidad Política (EnsPo) basada en la distinción radical entre autoridad y poder. La sagrada y soberana Entidad mienta la dimensión sacral subjetiva y vivencial de la hegemonía espiritual de la verdad por encima del poder y su institucionalizada capacidad negativa de interdicción de los poderes públicos cuando éstos incurran en flagrante vulneración de los principios fundacionales de la comunidad nacional.


28 de diciembre de 2010

Este texto es un esquema de 35 puntos que intenta hacer comprensibles ciertas cuestiones filosóficas intrincadas y su relación con la política. No estamos ante un programa de partido, sino un documento doctrinal orientativo pensado de cara a las organizaciones de izquierda nacional. La mayor parte del material procede de ENSPO (1984).  Publicado en la Comunidad de Diálogo 13 de Febrero el 19 de abril de 2009. Revisado en el blog IZQUIERDA NACIONAL el 13 de abril de 2010. Revisado en este blog el 28 de diciembre de 2010.

jueves, diciembre 16, 2010

Europa, Socialismo, Identidad

EUROPA. Europa es nuestra única patria. La civilización europea constituye un sistema de valores fundado en la razón que se opone tanto al fundamentalismo islámico cuanto al modelo neoliberal norteamericano. Propugnamos la unidad política de Europa como camino para la superación de los nacionalismos étnicos que han dividido y destrozado nuestro continente. Reivindicamos un patriotismo constitucional europeo. Exigimos la democratización inmediata del Parlamento de Estrasburgo, la elección por sufragio universal de un presidente europeo, la institucionalización de un órgano europeo de relaciones exteriores y de un ejército europeo, el fomento de una política sistemática de lucha contra el imperialismo americano a escala mundial y, llegado el caso, la decisión de no retroceder ante la necesaria humillación militar de Washington. Reclamamos una nueva política de inmigración basada en cuotas de proximidad cultural que corte el flujo islámico y proceda a la repatriación masiva de las corrientes fundamentalistas. Afirmamos la necesidad de una intervención armada europea en Oriente Medio para, en última instancia, imponer a Israel la fundación de un Estado Palestino.

SOCIALISMO. El socialismo representa la culminación lógica del proceso de racionalización emprendido por el proyecto ilustrado con la razón griega como referente mítico. Es socialista todo aquel que propugna, frente al liberalismo y la reacción fundamentalista cristiana, islámica, judía o de cualquier otro signo, la exigencia de una regulación racional de los procesos sociales con el fin de salvaguardar la dignidad humana y el derecho de los individuos a convertirse en personas. Nos proponemos depurar el socialismo y la tradición ilustrada de todos aquellos elementos utópicos, proféticos e irracionales heredados de la religión, con el fin de llevar hasta sus últimas consecuencias, por mucho que éstas escandalicen a la conciencia cristiana y burguesa, las exigencias éticas, científicas y tecnológicas del proceso de racionalización social en los ámbitos económico, ecológico, laboral, educativo y cultural. Consideramos que la derecha liberal es la responsable de la actual política de inmigración, cuyo fin último es la desvertebración normativa del mercado laboral europeo, la importación de mano de obra barata en condiciones de semiesclavitud y la competencia desleal (dumping) en perjuicio de los trabajadores autóctonos, sin menoscabo de que tras esta operación de apariencia meramente económica se esconda un programa sionista de suplantación demográfica y cultural. Exigimos a la clase política el cumplimiento de la legalidad democrática y de todos los preceptos constitucionales en materia de protección social, vivienda y plena ocupación. Declaramos que la casta gobernante es un mero apéndice corrupto y mezquino del poder financiero con sede en Nueva York. Afirmamos que Estados Unidos, aliado al fundamentalismo islámico de Arabia Saudita, ha sido y sigue siendo nuestro principal enemigo. Advertimos que los políticos profesionales actuales, siervos de un poder extranjero hostil, deberían tener que pagar muy cara su cobarde traición al pueblo trabajador europeo.

IDENTIDAD. Europa es la heredera de la cultura grecorromana. ¿Atenas o Jerusalén? Atenas. La identidad europea se fundamenta en el valor ético de la verdad racional y en una conciencia trágica opuesta a toda forma de delirio profético, reino de Dios, paraíso soteriológico o resurrección de los muertos. La ciencia, entendida como compromiso ético con la verdad, representa la objetivación institucional de este espíritu trágico heroico y la más señalada creación cultural del desarrollo histórico occidental, pero el poder de terror tecnológico que otorga a quien la domina, subordinándola a valores no europeos, la convierte en un arma muy peligrosa. Y esto es así sobretodo cuando cae en manos de meros intereses económicos, dictatoriales o religiosos encarnados por grandes empresas multinacionales, tiranos, pueblos elegidos y redentores milenaristas de variado pelaje. El socialismo marxista-leninista ha fracasado debido a sus componentes escatológicos y a su vocación de depositario de una inminente redención de la humanidad, lo que supuestamente le autorizaría a perpetrar toda clase de crímenes. El fascismo, como socialismo, fue un fraude carcomido desde su interior por una harto temprana derechización y por su incapacidad de distinguir entre la crítica del racionalismo cartesiano y la negación indiscriminada de los valores ilustrados. A tenor de dichas experiencias históricas, y en abierto desafío al economicismo capitalista, pero también al totalitarismo político y a los fundamentalismos religiosos, fomentaremos el desarrollo de un socialismo democrático vinculado a una conciencia laica, científica y filosófica, pero también al arte como expresión depurada de las más profundas necesidades humanas de belleza y de vinculación estética con la experiencia de lo sagrado.

La adquisición de objetos de consumo no es el sentido de la existencia. El hombre-masa consumista es un individuo, pero, desde el punto de vista ético-político, no alcanza la categoría de persona (esta  afirmación es perfectamente compatible con el hecho de que el individuo en cuestión sea un excelente padre de familia). Para llegar a ser políticamente "persona" es menester estar dispuesto al sacrificio de la propia vida por mor de unos valores éticos superiores: la verdad, la libertad y la justicia. La persona es el fundamento trascendental de la ciudadanía. Frente al modelo burgués de individualismo posesivo, nuestra tarea consiste en afirmar la dignidad del hombre como lugar de la verdad (Dasein), sujeto de una experiencia estética o creador, él mismo, de belleza, y depositario de una tradición cultural que se remonta a los antiguos griegos. La conciencia de tales significados nutre el humus de la personalidad cívica. Reivindicamos un tipo humano capaz de entender las tareas de servicio a la patria europea, más allá del enriquecimiento crematístico, como una forma de vida valiosa por sí misma, léase: capaz de asumir el imperativo verista estatal hasta sus últimas consecuencias (Heidegger).

EUROPA, NUESTRA ÚNICA PATRIA. Desde el final de nuestra gran Guerra Civil (1914-1945), los europeos hemos dejado de ser el centro de la civilización occidental, extendida a escala planetaria, para pasar a convertirnos en un mero apéndice del mercado común mundial liderado por los Estados Unidos. Como ciudadanos, carecemos de una patria digna de ese nombre, circunstancia que hace imposible el surgimiento en nuestra sociedad de una auténtica conciencia cívica. Somos seres humanos éticamente castrados, y nos hemos recluido en los pequeños placeres de la vida cotidiana y de la sociedad consumista porque carecemos de la posibilidad de servir a la causa de un gran proyecto histórico. Los Estados de los que formamos parte ostentan el rango de meras unidades administrativas económicas y están privados de toda entidad política. El último país de Europa capaz de hacer frente a los norteamericanos en un plano de igualdad, la Unión Soviética, ya no existe y se suma, con Alemania, a la lista de los rivales que los EEUU han puesto fuera de combate como sujetos políticos soberanos susceptibles de decisiones históricas de alcance mundial. En definitiva, expulsados de la política, los europeos hemos sido reducidos a la categoría de productores, consumidores y contribuyentes, mientras en Bruselas, franquicia de Wall Street, y siempre de espaldas a todo genuino procedimiento democrático, se cuecen las directrices históricas efectivas, las del pensamiento único economicista, destinadas a hacer de nuestra sociedad una fotocopia del universo americano supeditada políticamente a Washington.

Consecuentemente, los ciudadanos europeos carecemos de patria. Y si queremos superar la amputación moral que padecemos por culpa de esta vergonzosa situación, nadie lo hará por nosotros: habremos de construir por nuestra cuenta un espacio de decisión cívica con capacidad política soberana. Nada podemos esperar de los políticos profesionales actuales, casta colonial corrupta al servicio de la oligarquía financiera con sede en Nueva York. Sin embargo, el germen institucional de esa patria ya existe y se llama Parlamento de Estrasburgo. La construcción de Europa es así en primer lugar un proceso subjetivo y a la vez colectivo de autoconciencia comunitaria que debe manifestarse como voluntad política nacional europea. En este contexto, todo sentimiento nacionalista orientado a fomentar el odio de un pueblo europeo contra otro pueblo europeo es una traición llana y simple a la única patria que reconocemos. Los nacionalismos, que en el pasado inmediato ya nos condujeron a la destrucción y la ruina, pugnan ahora por mantenernos encadenados al laberinto de la división tribal, es decir, del sometimiento y la humillación política frente al poder imperial incontestable de los EEUU. Este hecho es tanto más indigno cuanto más patente se hace la superioridad económica, demográfica y cultural que, frente al enemigo americano, ostenta Europa como cuna y epicentro de la modernidad.

Por todo ello propugnamos la necesidad de un proyecto de nuevo cuño que, respetando las idiosincrasias culturales de los pueblos europeos e incluso los legítimos sentimientos de amor a lo propio -los cuales no deben confundirse con el rechazo y el desprecio del vecino-, anteponga la exigencia de unidad de dichos pueblos a unas mezquinas pugnas internas que empujan a los ciudadanos europeos al ostracismo político y, en último término, a la desaparición pura y simple de esos mismos pueblos tan orgullosos de sus obsoletas diferencias nacionales.

LA ÚLTIMA ESPERANZA DEL SOCIALISMO. La lucha contra la hegemonía americana no es una mera cuestión de poder en la cual Europa aspiraría a recuperar su vieja posición en cuanto club privilegiado de las potencias capitalistas. Antes al contrario, es una lucha entre dos formas irreconciliables de concebir la modernidad que hace de Europa la última esperanza del socialismo como alternativa a la devastación ecológica, demográfica, cultural y moral de la globalización liberal. En efecto, el liberalismo está destruyendo el planeta para alimentar la vorágine de una sociedad de consumo sin otro límite identificable que el fatal agotamiento de los recursos naturales; de un proyecto que sólo puede terminar en el desastre y que ignora los millones de víctimas por hambre y pura miseria, material y espiritual,  que esta forma de vida "americana" genera al resto de la humanidad. La mala conciencia liberal se auto engaña, en el mejor de los casos, con la presunta intención de universalizar el american way of life, cuando la verdad es que el consumismo de las sociedades “centrales” sólo puede existir a costa de una “periferia” famélica y subdesarrollada. Ésta no es y no será nunca un dato transitorio, sino un elemento estructural e inmodificable del modelo político-económico vigente, a cuya naturaleza constitutivamente neocolonial, genocida y ecocida hay que añadir el erial de la irreversible aniquilación de culturas y pueblos que, cual apisonadora uniformizante, la "libertad" deja tras de sí a su paso. La lucha contra los EEUU y el liberalismo, es decir, contra la derecha economicista del mercado mundial, triunfante tras la caída del comunismo, es así una lucha poco menos que apocalíptica encarada a la supervivencia del género humano, un contraproyecto antiliberal que pasa necesariamente por la supresión de la sociedad de consumo y por una transvaloración de todos los valores (Nietzsche) que arroje al basurero de la historia el modelo burgués de autoestima y existencia en la tierra.

No obstante, la amarga experiencia histórica del siglo XX nos enseña que la lucha contra el liberalismo no puede consistir en una negación de la democracia en beneficio de sistemas dictatoriales, autoritarios o totalitarios de naturaleza presuntamente “más sana” que el corrupto sistema liberal. Esta política despótica conduce siempre al mismo callejón sin salida. En efecto, dos han sido los proyectos que, a lo largo de la pasada centuria, se opusieron al modelo liberal-burgués, a saber: el fascismo y el comunismo, y ambos fracasaron de forma estrepitosa con un saldo de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad que los hace absolutamente irrecuperables en tanto que opciones políticas dignas de crédito. Sin embargo, los totalitarismos fueron proyectos europeos de orientación antiliberal que surgieron de la ciénaga moral pestilente defecada por el mundo burgués, el cual no sólo se ha mostrado tan genocida y criminal como sus adversarios, a los que acusa hipócritamente de innumerables fechorías, sino que sobretodo es el auténtico responsable de la aparición y desarrollo del totalitarismo y, por lo tanto, en cierta medida, de esos mismos delitos de leso humanitarismo que el mercachifle denuncia con rictus hipócrita. Derrotado el comunismo tras la guerra fría (1945-1989) y desaparecida la amenaza soviética (1991), el liberalismo vuelve ahora a quitarse la máscara, seguro ya de sí mismo, y emprende la destrucción de todas las conquistas sociales que, como escaparate frente al enemigo, había tolerado en la época de la "amenaza soviética". Vuelve a sus viejos vicios de explotación salvaje, corrupción económica y vulneración impune de la legalidad, hechos que en su día condujeron al desprestigio de los sistemas democráticos liberales y determinaron el nacimiento reactivo del fascismo y del comunismo. Pero los tiempos no ha pasado en vano y, si bien ya sabemos qué podemos esperar de los cínicos oligarcas maquiavélicos que nos gobiernan, también sabemos que el déficit democrático de los sistemas liberales no se combate con menos, sino con más democracia. En cualquier caso, entendemos que el adversario burgués no debe poder aferrarse otra vez, como ha hecho siempre, a la coartada de la libertad. Todo movimiento antisistema ha de ser capaz de acreditarse en cuanto alternativa de radicalización democrática. Este es un principio que debería ponerse fuera de toda discusión porque cuestionarlo supone resucitar la posibilidad de una legitimación de aparatos de poder despóticos cuyas realidades conocemos ad nauseam y a los cuales no se debe conceder nunca una nueva oportunidad.

Hemos hecho referencia al socialismo, pero conviene aclarar ahora que para nosotros éste no se limita al marxismo. El pensamiento socialista existía ya antes de que Marx publicara su obra extraordinaria y debe poder continuar después de ella. Marx, a pesar de sus contribuciones al análisis económico del sistema capitalista, dejó tras de sí, posiblemente por falta de tiempo, un enorme hueco en la teoría política socialista, el cual fue aprovechado por auténticos psicópatas y asesinos en serie como Lenin, Stalin y Mao para meter dentro de la izquierda el caballo de Troya del culto a la personalidad (y promover las prácticas totalitarias cuyas consecuencias genocidas nadie discute, pero que no creemos puedan achacarse íntegramente a la filosofía de Marx ni, mucho menos, al socialismo en cuanto tal). Por todo ello, entendemos que se abre ante nosotros un período de análisis político del concepto de socialismo, el cual tendrá mucho más que ver con el ejercicio del poder democrático por parte de la ciudadanía que con la “colectivización de los medios de producción” propugnada por Marx, estadio éste del proyecto socialista sólo accesible por el camino de la libertad, lo que es tanto como decir: previa conceptualización de la democracia en cuanto fenómeno diferenciado del liberalismo e independiente de los sistemas económicos de mercado, algo que Marx reconoce y saluda pero nunca fundamenta. La teoría socialista debe concebirse hoy pues, ante todo, como una teoría de la radicalización democrática y una crítica del liberalismo burgués como negación oligárquica de facto de los valores democráticos. Ahora bien, la concepción del socialismo democrático no puede ser obra de una mente privilegiada que saque de su cabeza ideas geniales al margen del ejercicio real de la política, sino una praxis que, a partir de los principios de la ética del diálogo (Apel, Habermas), se despliegue progresivamente en el seno de la entidad política (ens político) depositaria del proyecto de racionalización socialista, el cual sólo se plasmará en las instituciones cuando él mismo anticipe y encarne el modelo de ejercicio del poder que propone al resto de la sociedad. Todo lo contrario del diseño leninista de partido, donde de forma cínica se niega verbalmente la evidencia del horror que les espera al conjunto de los ciudadanos (incluidos los propios militantes) en el momento en que el terrorismo de los métodos, las estrategias y las tácticas se transforme, con la conquista del poder, en el despotismo de las instituciones.

Por tanto, reivindicamos un socialismo democrático que, además de la ruptura con la sociedad de consumo y la alternativa de valores humanos que este gigantesco giro histórico comporta, saque las últimas consecuencias de las exigencias de democratización inscritas en todas las constituciones liberales pero siempre incumplidas por los políticos burgueses. Esta acción política se fundamenta en un concepto de democracia contrapuesto sistema político-económico liberal y capaz de romper el hechizo que parece ensuciar con el lodo infecto de la tiranía política la faz de todos los adversarios del dispositivo oligárquico economicista. 

LA IDENTIDAD DE LOS VALORES ÉTICOS ILUSTRADOS. Europa no es sólo una cultura. Hablar de cultura común a flamencos, polacos, ingleses, catalanes y búlgaros requiere sutiles distinciones conceptuales. La obra de Goethe, por ejemplo, es alemana y europea a la vez, pero el flamenco representa un fenómeno específico del pueblo andaluz. El estrato común de la cultura europea, oriundo de Grecia, se encuentra enterrado bajo el laberinto étnico y nacional de un espacio antropológico diferenciado (los pueblos indogermánicos) de pasado milenario. En cambio, sí existe ostensiblemente una civilización occidental, cuyas raíces culturales grecorromanas conviene identificar y salvaguardar. “Civilización” procede de cives, ciudad, y hace mención de los valores de la ilustración que la burguesía reivindicó al tomar el poder durante la Revolución Francesa pero que, hasta la fecha, nunca han llegado a realizarse. La cultura étnica, völkisch en alemán, está en cambio en la raíz de los grandes nacionalismos que asolan nuestro continente y que han tenido como finalidad, en el mejor de los casos, imponer la unidad europea a partir de la victoria militar de alguna de las naciones hegemónicas. España, Francia, Alemania y Rusia han representado sucesivamente el papel de candidatos a potencia unificadora bajo discursos legitimadores universalistas de distinto signo: católico (Carlos V), ilustrado (Napoleón), cientificista-biológico (Hitler) y cientificista-sociológico (Stalin), pero siempre en contradicción con la fuente particularista que se escondía tras las coartadas pseudo racionales de cada uno de estos proyectos. Ahora bien, las culturas europeas representan un bagaje histórico que conviene proteger y preservar en tanto que cordón umbilical que nos une críticamente a nuestra historia y tradición, pero sin adularlas hasta alimentar las ínfulas supremacistas de sus respectivos grupúsculos xenófobos. La defensa de las identidades culturales es una tarea común de la civilización europea: piensen los señores nacionalistas que casi ninguna de las identidades que dicen querer proteger tienen posibilidades de sobrevivir solas ante la avalancha de la globalización y del mercado mundial. En consecuencia, no consideramos que los sentimientos nacionales deban ser contemplados como algo negativo per se, siempre y cuando pueda evitarse su deriva hacia delirios etnocéntricos basados en el odio al pueblo, estado o nación vecinos, algo que parece inherente a los planteamientos nacionalistas tal y como han existido hasta épocas bien recientes (véase la sangrienta descomposición del Estado yugoslavo y el proceso análogo ya iniciado en el Estado español). En este sentido, el nacionalismo radical de base racista constituye una lacra contra la que hemos de luchar con todas nuestras fuerzas: la hipertrofia nacionalista de los legítimos sentimientos nacionales y su inversión de polaridad moral (de sentimientos de devoción a lo propio a sentimientos de odio a lo ajeno) son los factores determinantes que han llevado al conjunto de los ciudadanos europeos a la actual coyuntura de postración e impotencia políticas.

Los valores de la ilustración europea, que no hay que confundir con su teorización expresa porque ya antes de ser objetivados por los filósofos operaban socialmente en forma de instituciones (es lo que Hegel denomina el “espíritu objetivo”), han hecho posibles los tres procesos históricos inacabados que definen la modernidad y, por ende, el espacio social donde se despliega la civilización occidental, cuyo epicentro cultural se encuentra en Europa, a saber: 1) el proceso de industrialización y racionalización económica, ligado al libre mercado y a la empresa capitalista, 2) el proceso de democratización política, vinculado al estado de derecho y a la transformación de los súbditos en ciudadanos; y 3) el proceso de racionalización científica y cultural, inseparable de la filosofía y de las disciplinas empíricas fundadas en la matemática y el dispositivo tecnológico. Los fenómenos mencionados, que empezaron a perfilarse entre los siglos XVII y XVIII, produjeron en Europa convulsiones tan importantes como la Revolución Francesa, la Revolución Industrial y la Revolución Científica, las cuales arremetieron contra las formas de vida social, las instituciones políticas y los discursos legitimadores de la soberanía medieval, de raíz religiosa, que habían fijado los pilares del Antiguo Régimen. En este sentido, hablamos de proceso de racionalización social para referirnos al conjunto de los fenómenos dinámicos que, en cada ámbito funcional de la sociedad y profundamente relacionados entre sí, han generado la modernidad europea.

Sin embargo, a pesar de lo que nos quieren hacer creer las élites financieras que controlan la pseudo política de los Estados a través de organismos económicos internacionales, el proceso de racionalización social emprendido por la ilustración no ha llegado a su conclusión. Al contrario, la modernidad sólo se encuentra en sus inicios, por mucho que la lógica científico-filosófica despojada de toda magia (el “desencantamiento del mundo”, del que hablaba Max Weber) haya atemorizado a la burguesía, incapaz de deshacerse de la tradición religiosa y de otros hábitos de vida que, en los siglos de protocapitalismo, heredaron de una nobleza decadente y que nada tienen que ver con los valores ilustrados. Así, justificando con la coartada de la fidelidad a viejas instituciones la preservación de sus intereses grupales y siempre a costa del verdadero progreso ligado a la verdad y al conocimiento (no a la "felicidad"), la clase burguesa norteamericana se aferra al fundamentalismo cristiano y promueve en la sombra los fundamentalismos judío (Israel) e islámico (Arabia Saudita), siempre con el único objetivo de allanar Europa en cuanto última plataforma histórica capaz de consumar el proyecto ilustrado. En efecto, poderosas fuerzas se habían opuesto ya durante décadas al desarrollo de la modernidad, la cual, desde mediados del siglo XX, permanecía estancada como objeto de críticas e iras irracionalistas, para pasar a una situación de franco retroceso tras la caída del muro de Berlín (1989). El hundimiento del marxismo en los países del Este, con el que toca fondo el desprestigio de las alternativas racionales a la society mercantil, fue la señal para iniciar el desmantelamiento de la identidad europea y la conversión de nuestro espacio social en una excrecencia insignificante del liberalismo y del multiculturalismo norteamericano, con una fuerte implantación de comunidades islámicas e inmigración africana cuyo objeto es debilitar al máximo el peso demográfico de la clase trabajadora europea y hacer imposible su actuación conjunta como entidad política orientada al socialismo.

En consecuencia, propugnamos la defensa de una identidad axiológica europea frente a la tenaza islámico-judeoamericana que amenaza con aniquilarnos como forma de vida fundada en la razón y pretende sumergir el mundo en una nueva edad media de corporaciones multinacionales. Nuestra meta en cuanto proyecto político no puede ser otra que revertir el proceso de reacción fundamentalista reconstruyendo la izquierda radical rupturista a partir de una crítica del modelo burgués de ilustración (basado en la abierta secularización de valores religiosos) y de la refundación del proceso de racionalización más allá de todos los mitos utópicos cristianos de cuya raíz ha brotado la sociedad de consumo como "reino de Dios" o paraíso secularizado opuesto a las exigencias éticas de la razón.

Barcelona, 1º de enero de 2006

http://www.adecaf.com/propis/nova/nova/europa.htm

Texto original revisado y corregido el 17 de diciembre de 2010.

viernes, diciembre 10, 2010

Pedro Varela encarcelado por los criminales antifascistas

Los 100 millones de víctimas mortales del comunismo antifascista permanecen impunes. Los 13 millones de civiles y prisioneros alemanes exterminados por los aliados angloamericanos y soviéticos permanecen impunes. El Plan Dalet de deportación del pueblo palestino a manos del Estado sionista de Israel permanece también impune. Hiroshima, Dresde, Palestina, Kolymá, nombres simbólicos de inmensos genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, siguen ahí esperando justicia.

No obstante, quienes han perpetrado o, como poco, quienes han consentido o no han movido ni un dedo para juzgar dichas atrocidades y son así, por activa y por pasiva, cómplices de las mayores monstruosidades que la historia recuerda, se atreven a privar de libertad a alguien por expresar sus ideas o las de otros. Unas ideas que pueden discutirse, que cabe compartir o no, que, en ocasiones, antójanse harto cuestionables, pero que, en cualquier caso, no merecen que se utilice contra ellas -habiendo repito, como hay, tanta criminalidad política de dimensiones cósmicas pendiente de juicio-, el derecho penal, es decir, el arma más poderosa con que una sociedad castiga a sus delincuentes.

Por ello,  los que hoy encarcelan a Pedro Varela se han convertido, ellos mismos, en delincuentes y algún día deberán ser a su vez encarcelados. No duden que les llegará su hora. La verdad no puede seguir siendo pisoteada.

Asociación Democrática Catalana de Funcionarios de Prisiones (ADECAF)
10 de diciembre de 2010
Día Mundial de los Derechos Humanos

jueves, diciembre 09, 2010

Causas del holocausto

¿Auschwitz o Dresden?











La verdad histórica no es algo que afecta sólo al pasado. Si fuera así no existirían documentos clasificados sobre la Segunda Guerra Mundial sesenta y cinco años después de su finalización. La verdad histórica afecta a la legitimidad de la oligarquía transnacional que controla occidente. La única revolución posible, una revolución sin sangre, democrática y pacífica, es la revolución de la verdad. No el neofascismo que algunos revisionistas pretenden, sino un nuevo comienzo que haga tabula rasa de todas las ideologías del pasado.  A tal efecto, es necesario revisar el relato histórico hasta tal punto, que algunos confundirán dicha revisión con la simple apología de Hitler. Tan enormes y graves han sido las mentiras, que la simple verdad se confunde con propaganda neonazi. Pero esto no es culpa del investigador de turno, enfrentado al desagradable riesgo de ser acusado de filofascista, sino de los mendaces "intelectuales", políticos y oligarcas que "mecen la cuna" del actual dispositivo de dominación planetaria.

Un nuevo comienzo: la verdad

El Holocausto que narran los medios de comunicación, la "cultura" y la historia oficial nunca existió. Para los que no tienen el hábito de documentarse, un lujo reservado al parecer a los muy pocos, la simple lectura de las últimas noticias sobre el caso Julien Assange pone en evidencia que los ciudadanos de occidente son regularmente manipulados con total cinismo y desparpajo por parte de nuestros gobernantes. Éstos operan como meros testaferros de las sectas, clubes económicos, logias e iglesias que, marketing mediante, hipnotizan a unas masas  gregarias y conformistas supuestamente depositarias de la soberanía popular. No hubo jamás un plan de exterminio de los judíos en el que se emplearían cámaras de gas y hornos crematorios de manera sistemática. La persecución y las atrocidades contra los judíos por parte del nazismo, que sin duda existieron, han sido tremendamente exageradas a fin de ocultar las vulneraciones de los derechos humanos perpetradas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial que, gracias a la cortina de humo del Holocausto, permanecen impunes hasta el día de hoy.

Hipótesis de trabajo: el funcionalismo crítico

En realidad, como poco desde el año 1941, lo que sí había era un plan, sin duda, pero un plan para aniquilar a Alemania y al pueblo alemán. De este "democrático" designio conocemos algunos detalles gracias al panfleto de Theodore N. Kaufmann "Alemania debe perecer", cuyo conocimiento por parte de las autoridades alemanas fuera sin duda decisivo en el trato dado a partir de entonces a los judíos.

Revelaciones recientes de Wikileaks demuestran que Inglaterra rechazó las ofertas de paz de Alemania en un momento en que la Wehrmacht estaba ganando el conflicto bélico de manera espectacular, hasta el punto de que los soldados aliados tenían miedo de enfrentarse con las tropas alemanas. El motivo dado, empero, por los ingleses en los cables diplomáticos, era que la guerra se emprendía no contra Hitler, sino contra el pueblo alemán. Alemania (=Prusia) debía ser aniquilada. Ésta era la orden de la oligarquía. El cablegrama revelado por Wikileaks encaja perfectamente con lo escrito por Kaufman.

En el año 1941, cuando los alemanes pretendían deportar a los judíos a Madagascar y no, como sostiene la propaganda, exterminarlos, el plan de Londres era bombardear Alemania con unos artefactos explosivos especialmente diseñados para quemar vivos al máximo número de civiles: ancianos, mujeres y niños. Tamaño designio del Bomber Command británico era la primera concreción práctica del plan reflejado por el libro de Kaufmann y se puso en marcha de forma inmediata. El bombardeo de Dresde fue sólo uno de sus episodios tardíos.  Las consecuencias para los judíos no se hicieron esperar. En 1942, los alemanes empezaron a explotar a hebreos y a otros prisioneros como mano de obra esclava y hasta la muerte. En Rusia, los Einsatzgruppen nazis asesinaban a los judíos de forma fulminante e inmediata, sin distiguir sexos o edades, ya desde el año anterior. Hete aquí una realidad que ni siquiera los revisionistas más obtusos niegan.

El holocausto es el resultado de estas medidas de represalia. Tal versión del holocausto sería una variación coherente de la conocida como hipótesis funcionalista, que se contrapone, desde el punto de vista científico, a la hipótesis intencionalista. Ésta carece de fundamento pese a ser la más divulgada entre los telespectadores adocenados: "Desde hace muchos años, los historiadores del Holocausto se han dividido en dos grupos, el 'intencional' y el 'funcional'. El primero de ellos insiste en que desde el principio Hitler había tomado la firme decisión de matar a los judíos y sólo esperaba a que se dieran las condiciones oportunas. El segundo sólo atribuye a Hitler la idea general de 'encontrar una solución' al 'problema judío', una idea clara sólo por lo que se refiere a la idea de una 'Alemania limpia', pero vaga en lo referente a los pasos que había que dar para que se hiciera realidad. Los estudiosos de la historia apoyan con datos cada vez más convincentes la visión funcional" (Zygmut Bauman, Modernidad y holocausto, Madrid, Sequitur, 1997, p. 143-144).

Los funcionalistas aceptan que hubo exterminio judío, pero no plan de exterminio. No se debe confundir a los funcionalistas con los revisionistas, pero desde que Goldhagen admitió que el tema de las cámaras de gas se había exagerado mucho sin ningún fundamento, la divisoria se va haciendo cada vez más difusa:  "suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (...) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (...) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período" (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 2003, pp. 29-39). !No está hablando un revisionista negacionista, sino un exterminacionista neoyorkino de etnia hebrea! !Y afirma, nada menos, que el tema de las cámaras de gas ha sido aceptado como "artículo de fe" procedente "de fuentes distintas de la investigación histórica"! ¿De qué fuentes, podemos preguntarnos? ¿Y cómo ha podido sostenerse entre los historiadores profesionales algo que era sólo un artículo de fe? ¿Qué credibilidad pueden ostentar unos investigadores académicos que actúan de esta manera? ¿Quién impone la "fe" y de qué "fe" se está hablando, cuando se trata de un imperativo que pisotea los protocolos más básicos de la ciencia, la objetividad y la verdad? Existiría, por tanto, entre el exterminacionismo funcionalista y el revisionismo moderado, una posibilidad metodológica intermedia, que denominaré "funcionalismo crítico" y que, a mi entender, podría ser la más próxima a la verdad sobre nuestra historia reciente.

Cuando Alemania invade Polonia (1939) para recuperar los territorios del este que le fueron amputados por el Tratado de Versalles, también los tanques soviéticos atraviesan la frontera polaca, pero Inglaterra, que con ello está desatando conscientemente la Segunda Guerra Mundial, declara la guerra sólo a Alemania, no a la URSS. Este hecho no casa con el relato oficial de unas potencias aliadas intentando amparar, en nombre de la "libertad", al pequeño país abusado por el gigantón germano, rescatándolo de las garras de un sanguinario dictador.  En efecto, en el momento (1941) en que Churchill pacta con Stalin para derrotar a Alemania, Auschwitz todavía no existe, pero el régimen soviético ha exterminado ya a 13 millones de personas. !El sanguinario dictador es Stalin! ¿De qué libertad estamos hablando entonces? Pese a tales discursos liberales, Inglaterra acepta a la URSS como aliado, porque el objetivo de la guerra no es la defensa de los derechos humanos, sino la destrucción de Prusia como modelo político, económico, espiritual y cultural incompatible con la society burguesa capitalista y el "sistema bancario" inglés (reserva fraccional).

La existencia de un plan de exterminio más allá del papel queda acreditada, si los bombardeos incendiarios contra las ciudades no fueran suficiente prueba, por lo que sucede en el momento en que Alemania es derrotada y ocupada por angloamericanos y soviéticos. Las víctimas del genocidio planificado, conocido en su postrera etapa como plan Morgenthau, sumadas a las víctimas de la limpieza étnica perpetrada por los soviéticos, se elevan a de 13 millones de personas, bien entendido que hablamos, siempre, de prisioneros desarmados y civiles, no de caídos en el frente de combate.

El comunismo, aliado de los EEUU e Inglaterra, ocupa en 1945  la misma Polonia que en teoría se pretendía defender al desencadenar la "cruzada" antialemana, pero además, de propina, Stalin se apodera de toda la Europa del Este y los regímenes marxista-leninistas siguen exterminando, después de la Segunda Guerra Mundial, a pueblos y sectores enteros de la sociedad en Rusia, China, Camboya y otros lugares, alcanzando los 100 millones de víctimas en los años noventa.

Ni los aliados occidentales ni los comunistas han sido juzgados nunca por sus genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, tan atroces o más que los crímenes nazis. ¿Deberían los "buenos" juzgarse  a sí mismos? Esta impunidad nos grita a la cara,  a menos que estemos sordos, cuál es la naturaleza moral del sistema oligárquico en el que vivimos como súbditos derrotados sin ser demasiado conscientes de ello; mejor dicho: sin querer serlo por miedo a las consecuencias que se derivarían, o podrían derivarse, de esta repentina lucidez cívica. Entre ellas, el imperativo de cuestionar la visión de la historia que los genocidas impunes tratan de inocularnos a fin de autolegitimarse políticamente en el presente. Porque, si han perpetrado o consentido o abonado el gulag, Dresde e Hiroshima, ¿por qué tendrían que decir la verdad sobre Hitler y el "fascismo"? ¿Por qué no deberían mentir sobre cualquier cosa, como efectivamente hacen cada día (recordemos las famosas armas de destrucción masiva iraquíes), según demuestra Wikileaks con sonrojante patencia?

No obstante, también a diario, podemos "disfrutar" en la pantalla de la TV de una noticia o una película fraudulenta, auténtico "lavado de cerebro" para tontos, sobre el holocausto; o podemos leer una novela, premio sionista de narrativa propagandística, basada en el mismo tema, a saber: en la idéntica, repetitiva y machacona cantinela de cuento infantil de siempre: nazis perversos, diabólicos, aliados angélicos ("soldados y santos", rezaba el título de una película), rusos un tanto groseros pero simpáticos al cabo, judíos que eran todos moralmente intachables, casi perfectos... Una descarada manipulación que sólo un ignorante y cretino integral podría digerir como "relato basado en hechos reales". Todo ello con el fin de mantener engañada a la mayor parte de la población europea -y mundial- sobre la realidad histórica y el carácter abominablemente criminal del estamento político-económico que nos gobierna desde el año 1945.  ¿Hasta cuando?

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
9 de diciembre de 2010

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lunes, diciembre 06, 2010

Fascismo y filosofía (2)

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".








Remontémonos por un momento a los orígenes del fascismo. ¿Quién es el fundador del primer partido fascista? Benito Mussolini. Un dirigente socialista italiano que alcanza la cúpula de la dirección del PSI antes de convertirse en el forjador histórico de un campo político que marcará un antes y un después en la historia occidental. Alguien que concíbese a sí mismo, ante todo y en primer lugar, como lector, estudioso y doctrinario de Marx. ¿De qué manera la cabeza visible del socialismo italiano, el director de "Avanti" y de la revista semanal "La lotta di classe", gesta en su  proyecto  existencial el "fascismo"? No nos interesan aquí los datos externos, historiográficos, sino la subjetividad fascista, el ver las cosas desde la perspectiva de la izquierda en evolución, léase: como las experimenta un marxista activo, comprometido y plenamente ilustrado que se convierte en "fascista".

Dicho proceso espiritual nos permite comprender por qué existe una incompatibilidad de principio entre el fascismo y el cristianismo. Motivo: el fascismo, antes de su derechización, representa la expresa ruptura intelectual y moral de la izquierda con la herencia judeo-cristiana secularizada entonces imperante en el seno de la propia izquierda. Este fenómeno acontece, lo subrayo, en el interior de una izquierda atea, laica, incluso anticlerical, y tiene como correlato, dentro de la misma izquierda, la génesis de su opuesto, a saber, del antifascismo, que es anterior, de alguna manera, al propio fascismo. El factor clave del giro es Nietzsche.

En la actualidad, cuando el fascismo hace ya tiempo que desapareció y sus restos doctrinales yacen en los mismos lugares ruinosos que los de la extrema derecha reaccionaria, la cuestión de si se puede ser fascista y católico tiene el significado que tiene: el de un problema sociológico residual. Después de la temprana derechización (1920), de la Segunda Guerra Mundial, de sesenta años de equiparación propagandística entre fascismo y extrema derecha, los "fascistas" pueden ser "cristianos". Por supuesto, pero en el mismo sentido en que tenemos también cristianos de izquierdas, cristianos de centro, cristianos de derecha burguesa y capitalista. Un respetable señor puede ser cristiano y colonialista, explotador de carne tercermundista; otro, cristiano y teólogo de la liberación (marxista). Un cristiano puede acudir a los prostíbulos al salir de la misa dominical, como el musulmán que come cerdo o vulnera el Ramadán... Etcétera. Pero todo esto no demuestra nada sobre la esencia de las respectivas corrientes doctrinales, porque las personas no son seres estrictamente "racionales" y pueden dar cobijo en su interior a posiciones ideológicas opuestas e incluso incompatibles entre sí. Pueden ser incoherentes. Lo son las más de las veces.

La existencia de facto de fascistas cristianos nada nos dice sobre la relación ideológica interna entre fascismo y cristianismo. Aquí sostenemos que el fascismo entraña una incompatibilidad de principio con la religión judeocristiana porque ésta es portadora de un sistema de valores y el fascismo, a su vez, se define por otro sistema de valores, que además es expresamente opuesto a aquél. No existe lugar para los dos en un mismo acto. Las decisiones en las que se concretan los valores son unívocas. Podemos actuar hoy como "fascistas", mañana como "cristianos", o creernos "cristianos" y actuar siempre como "fascistas" o a la inversa. Pero en el momento de decidir, en cada caso, si hacemos efectivos unos valores, por ejemplo, los cristianos, esta manera de actuar se realizará a costa de lo que habría sido una decisión en el sentido del "fascismo".

Si se puede ser cristiano de manera puramente formal, o sea, acudiendo regularmente a celebrar ciertos rituales litúrgicos pero actuando en la vida real en función de imperativos axiológicos adversos a los del judeocristianismo, entonces, puede haber fascistas que "sean" "cristianos" en esta acepción de la palabra. Pero si alguien siente y experimenta radicalmente la religión católica hasta el final y siente y experimenta el compromiso fascista radicalmente hasta el final, entonces tendrá que elegir.

Rudiger Hauer como Nexus 6 en "Blade Runner":
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais:
atacar naves en llamas más allá de Orión,
he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser...
todos esos momentos se perderán en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia. ¡ Es tiempo de morir!"
El "fascismo" es la negación del judeocristianismo en tanto que sistema de valores que va más allá de una liturgia, de una institución eclesial, de un dogma teológico; rechaza sus valores esenciales, su humus espiritual judaico, su aroma oriental, su preocupación soteriológica, profética y utópica. El fascismo es radicalmente heroico, pesimista, guerrero, griego, escéptico, irónico... No sólo acepta la muerte: la quiere, incluso a su pesar.  Aquéllo que para el cristianismo identifica la imagen misma del horror, del mal, constituye en cambio la condición de posibilidad del fascismo. Si existe la vida eterna, la resurrección de la carne, el amor y toda la restante quincalla judeo-cristiana, entonces el fascismo debería renunciar a su proyecto o convertirse en criminal, tal como se pretende. Pero si la verdad es la muerte, si estamos solos, si el amor es un fraude, si la finitud representa la condición de posibilidad de lo más grande, a saber: el acto heroico -del Übermensch (=ultrahombre, superhombre)-, entonces tenemos que escarnecer los valores ontoteológicos y monoteístas, tenemos que escupirle en la cara al "amor", a las promesas sociales de felicidad, a los sueños escatológicos, soteriológicos y paradisíacos de una armonía universal, de un sentido placentero y reconciliador del todo cósmico. Tenemos que condenar el reino de Dios abrahamánico y reunirnos con las huestes del dios verdadero, del dios que promete la sola dignidad de la verdad, a la altura de la cual sólo pueden permanecer los más grandes. Aquéllo que los griegos denominaban Moira y los germanos Ragnarök, el destino.

La atmósfera del "fascismo" genuino, originario, es la tempestad, la tragedia, el heroísmo, el deber, la soledad, la lucha... La atmósfera judeo-cristiana, la del sermón de la montaña: la limosna como inversión para el cielo, la tierna complicidad de los amantes (!que se creen "buenos"!), el anhelo de paz y salvación, la lagrimita de (auto)compasión,  el pequeño orgullo de la "buena gente" que "tiene sentimientos" (las personitas con derecho a matar, ya se sabe, a los "malvados" que no creen en esos bonitos "sentimientos"), etcétera. Nuestra divisoria está clara. Que se vayan a la mierda todos los putos biempensantes. Eso sí, lávense la sangre de las manos con un poco más de asiduidad, porque la putrefacta "casa de la pradera" ya hiede a cadáver.

Jaume Farrerons
6 de diciembre de 2010

Sobre las presiones sociales que llegaron a censurar el contenido y desenlace de "Blade Runner", véase:
  
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Naves/llamas/alla/Orion/25/anos/despues/elpepucul/20070625elpepucul_1/Tes