jueves, diciembre 16, 2010

Europa, Socialismo, Identidad

EUROPA. Europa es nuestra única patria. La civilización europea constituye un sistema de valores fundado en la razón que se opone tanto al fundamentalismo islámico cuanto al modelo neoliberal norteamericano. Propugnamos la unidad política de Europa como camino para la superación de los nacionalismos étnicos que han dividido y destrozado nuestro continente. Reivindicamos un patriotismo constitucional europeo. Exigimos la democratización inmediata del Parlamento de Estrasburgo, la elección por sufragio universal de un presidente europeo, la institucionalización de un órgano europeo de relaciones exteriores y de un ejército europeo, el fomento de una política sistemática de lucha contra el imperialismo americano a escala mundial y, llegado el caso, la decisión de no retroceder ante la necesaria humillación militar de Washington. Reclamamos una nueva política de inmigración basada en cuotas de proximidad cultural que corte el flujo islámico y proceda a la repatriación masiva de las corrientes fundamentalistas. Afirmamos la necesidad de una intervención armada europea en Oriente Medio para, en última instancia, imponer a Israel la fundación de un Estado Palestino.

SOCIALISMO. El socialismo representa la culminación lógica del proceso de racionalización emprendido por el proyecto ilustrado con la razón griega como referente mítico. Es socialista todo aquel que propugna, frente al liberalismo y la reacción fundamentalista cristiana, islámica, judía o de cualquier otro signo, la exigencia de una regulación racional de los procesos sociales con el fin de salvaguardar la dignidad humana y el derecho de los individuos a convertirse en personas. Nos proponemos depurar el socialismo y la tradición ilustrada de todos aquellos elementos utópicos, proféticos e irracionales heredados de la religión, con el fin de llevar hasta sus últimas consecuencias, por mucho que éstas escandalicen a la conciencia cristiana y burguesa, las exigencias éticas, científicas y tecnológicas del proceso de racionalización social en los ámbitos económico, ecológico, laboral, educativo y cultural. Consideramos que la derecha liberal es la responsable de la actual política de inmigración, cuyo fin último es la desvertebración normativa del mercado laboral europeo, la importación de mano de obra barata en condiciones de semiesclavitud y la competencia desleal (dumping) en perjuicio de los trabajadores autóctonos, sin menoscabo de que tras esta operación de apariencia meramente económica se esconda un programa sionista de suplantación demográfica y cultural. Exigimos a la clase política el cumplimiento de la legalidad democrática y de todos los preceptos constitucionales en materia de protección social, vivienda y plena ocupación. Declaramos que la casta gobernante es un mero apéndice corrupto y mezquino del poder financiero con sede en Nueva York. Afirmamos que Estados Unidos, aliado al fundamentalismo islámico de Arabia Saudita, ha sido y sigue siendo nuestro principal enemigo. Advertimos que los políticos profesionales actuales, siervos de un poder extranjero hostil, deberían tener que pagar muy cara su cobarde traición al pueblo trabajador europeo.

IDENTIDAD. Europa es la heredera de la cultura grecorromana. ¿Atenas o Jerusalén? Atenas. La identidad europea se fundamenta en el valor ético de la verdad racional y en una conciencia trágica opuesta a toda forma de delirio profético, reino de Dios, paraíso soteriológico o resurrección de los muertos. La ciencia, entendida como compromiso ético con la verdad, representa la objetivación institucional de este espíritu trágico heroico y la más señalada creación cultural del desarrollo histórico occidental, pero el poder de terror tecnológico que otorga a quien la domina, subordinándola a valores no europeos, la convierte en un arma muy peligrosa. Y esto es así sobretodo cuando cae en manos de meros intereses económicos, dictatoriales o religiosos encarnados por grandes empresas multinacionales, tiranos, pueblos elegidos y redentores milenaristas de variado pelaje. El socialismo marxista-leninista ha fracasado debido a sus componentes escatológicos y a su vocación de depositario de una inminente redención de la humanidad, lo que supuestamente le autorizaría a perpetrar toda clase de crímenes. El fascismo, como socialismo, fue un fraude carcomido desde su interior por una harto temprana derechización y por su incapacidad de distinguir entre la crítica del racionalismo cartesiano y la negación indiscriminada de los valores ilustrados. A tenor de dichas experiencias históricas, y en abierto desafío al economicismo capitalista, pero también al totalitarismo político y a los fundamentalismos religiosos, fomentaremos el desarrollo de un socialismo democrático vinculado a una conciencia laica, científica y filosófica, pero también al arte como expresión depurada de las más profundas necesidades humanas de belleza y de vinculación estética con la experiencia de lo sagrado.

La adquisición de objetos de consumo no es el sentido de la existencia. El hombre-masa consumista es un individuo, pero, desde el punto de vista ético-político, no alcanza la categoría de persona (esta  afirmación es perfectamente compatible con el hecho de que el individuo en cuestión sea un excelente padre de familia). Para llegar a ser políticamente "persona" es menester estar dispuesto al sacrificio de la propia vida por mor de unos valores éticos superiores: la verdad, la libertad y la justicia. La persona es el fundamento trascendental de la ciudadanía. Frente al modelo burgués de individualismo posesivo, nuestra tarea consiste en afirmar la dignidad del hombre como lugar de la verdad (Dasein), sujeto de una experiencia estética o creador, él mismo, de belleza, y depositario de una tradición cultural que se remonta a los antiguos griegos. La conciencia de tales significados nutre el humus de la personalidad cívica. Reivindicamos un tipo humano capaz de entender las tareas de servicio a la patria europea, más allá del enriquecimiento crematístico, como una forma de vida valiosa por sí misma, léase: capaz de asumir el imperativo verista estatal hasta sus últimas consecuencias (Heidegger).

EUROPA, NUESTRA ÚNICA PATRIA. Desde el final de nuestra gran Guerra Civil (1914-1945), los europeos hemos dejado de ser el centro de la civilización occidental, extendida a escala planetaria, para pasar a convertirnos en un mero apéndice del mercado común mundial liderado por los Estados Unidos. Como ciudadanos, carecemos de una patria digna de ese nombre, circunstancia que hace imposible el surgimiento en nuestra sociedad de una auténtica conciencia cívica. Somos seres humanos éticamente castrados, y nos hemos recluido en los pequeños placeres de la vida cotidiana y de la sociedad consumista porque carecemos de la posibilidad de servir a la causa de un gran proyecto histórico. Los Estados de los que formamos parte ostentan el rango de meras unidades administrativas económicas y están privados de toda entidad política. El último país de Europa capaz de hacer frente a los norteamericanos en un plano de igualdad, la Unión Soviética, ya no existe y se suma, con Alemania, a la lista de los rivales que los EEUU han puesto fuera de combate como sujetos políticos soberanos susceptibles de decisiones históricas de alcance mundial. En definitiva, expulsados de la política, los europeos hemos sido reducidos a la categoría de productores, consumidores y contribuyentes, mientras en Bruselas, franquicia de Wall Street, y siempre de espaldas a todo genuino procedimiento democrático, se cuecen las directrices históricas efectivas, las del pensamiento único economicista, destinadas a hacer de nuestra sociedad una fotocopia del universo americano supeditada políticamente a Washington.

Consecuentemente, los ciudadanos europeos carecemos de patria. Y si queremos superar la amputación moral que padecemos por culpa de esta vergonzosa situación, nadie lo hará por nosotros: habremos de construir por nuestra cuenta un espacio de decisión cívica con capacidad política soberana. Nada podemos esperar de los políticos profesionales actuales, casta colonial corrupta al servicio de la oligarquía financiera con sede en Nueva York. Sin embargo, el germen institucional de esa patria ya existe y se llama Parlamento de Estrasburgo. La construcción de Europa es así en primer lugar un proceso subjetivo y a la vez colectivo de autoconciencia comunitaria que debe manifestarse como voluntad política nacional europea. En este contexto, todo sentimiento nacionalista orientado a fomentar el odio de un pueblo europeo contra otro pueblo europeo es una traición llana y simple a la única patria que reconocemos. Los nacionalismos, que en el pasado inmediato ya nos condujeron a la destrucción y la ruina, pugnan ahora por mantenernos encadenados al laberinto de la división tribal, es decir, del sometimiento y la humillación política frente al poder imperial incontestable de los EEUU. Este hecho es tanto más indigno cuanto más patente se hace la superioridad económica, demográfica y cultural que, frente al enemigo americano, ostenta Europa como cuna y epicentro de la modernidad.

Por todo ello propugnamos la necesidad de un proyecto de nuevo cuño que, respetando las idiosincrasias culturales de los pueblos europeos e incluso los legítimos sentimientos de amor a lo propio -los cuales no deben confundirse con el rechazo y el desprecio del vecino-, anteponga la exigencia de unidad de dichos pueblos a unas mezquinas pugnas internas que empujan a los ciudadanos europeos al ostracismo político y, en último término, a la desaparición pura y simple de esos mismos pueblos tan orgullosos de sus obsoletas diferencias nacionales.

LA ÚLTIMA ESPERANZA DEL SOCIALISMO. La lucha contra la hegemonía americana no es una mera cuestión de poder en la cual Europa aspiraría a recuperar su vieja posición en cuanto club privilegiado de las potencias capitalistas. Antes al contrario, es una lucha entre dos formas irreconciliables de concebir la modernidad que hace de Europa la última esperanza del socialismo como alternativa a la devastación ecológica, demográfica, cultural y moral de la globalización liberal. En efecto, el liberalismo está destruyendo el planeta para alimentar la vorágine de una sociedad de consumo sin otro límite identificable que el fatal agotamiento de los recursos naturales; de un proyecto que sólo puede terminar en el desastre y que ignora los millones de víctimas por hambre y pura miseria, material y espiritual,  que esta forma de vida "americana" genera al resto de la humanidad. La mala conciencia liberal se auto engaña, en el mejor de los casos, con la presunta intención de universalizar el american way of life, cuando la verdad es que el consumismo de las sociedades “centrales” sólo puede existir a costa de una “periferia” famélica y subdesarrollada. Ésta no es y no será nunca un dato transitorio, sino un elemento estructural e inmodificable del modelo político-económico vigente, a cuya naturaleza constitutivamente neocolonial, genocida y ecocida hay que añadir el erial de la irreversible aniquilación de culturas y pueblos que, cual apisonadora uniformizante, la "libertad" deja tras de sí a su paso. La lucha contra los EEUU y el liberalismo, es decir, contra la derecha economicista del mercado mundial, triunfante tras la caída del comunismo, es así una lucha poco menos que apocalíptica encarada a la supervivencia del género humano, un contraproyecto antiliberal que pasa necesariamente por la supresión de la sociedad de consumo y por una transvaloración de todos los valores (Nietzsche) que arroje al basurero de la historia el modelo burgués de autoestima y existencia en la tierra.

No obstante, la amarga experiencia histórica del siglo XX nos enseña que la lucha contra el liberalismo no puede consistir en una negación de la democracia en beneficio de sistemas dictatoriales, autoritarios o totalitarios de naturaleza presuntamente “más sana” que el corrupto sistema liberal. Esta política despótica conduce siempre al mismo callejón sin salida. En efecto, dos han sido los proyectos que, a lo largo de la pasada centuria, se opusieron al modelo liberal-burgués, a saber: el fascismo y el comunismo, y ambos fracasaron de forma estrepitosa con un saldo de genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad que los hace absolutamente irrecuperables en tanto que opciones políticas dignas de crédito. Sin embargo, los totalitarismos fueron proyectos europeos de orientación antiliberal que surgieron de la ciénaga moral pestilente defecada por el mundo burgués, el cual no sólo se ha mostrado tan genocida y criminal como sus adversarios, a los que acusa hipócritamente de innumerables fechorías, sino que sobretodo es el auténtico responsable de la aparición y desarrollo del totalitarismo y, por lo tanto, en cierta medida, de esos mismos delitos de leso humanitarismo que el mercachifle denuncia con rictus hipócrita. Derrotado el comunismo tras la guerra fría (1945-1989) y desaparecida la amenaza soviética (1991), el liberalismo vuelve ahora a quitarse la máscara, seguro ya de sí mismo, y emprende la destrucción de todas las conquistas sociales que, como escaparate frente al enemigo, había tolerado en la época de la "amenaza soviética". Vuelve a sus viejos vicios de explotación salvaje, corrupción económica y vulneración impune de la legalidad, hechos que en su día condujeron al desprestigio de los sistemas democráticos liberales y determinaron el nacimiento reactivo del fascismo y del comunismo. Pero los tiempos no ha pasado en vano y, si bien ya sabemos qué podemos esperar de los cínicos oligarcas maquiavélicos que nos gobiernan, también sabemos que el déficit democrático de los sistemas liberales no se combate con menos, sino con más democracia. En cualquier caso, entendemos que el adversario burgués no debe poder aferrarse otra vez, como ha hecho siempre, a la coartada de la libertad. Todo movimiento antisistema ha de ser capaz de acreditarse en cuanto alternativa de radicalización democrática. Este es un principio que debería ponerse fuera de toda discusión porque cuestionarlo supone resucitar la posibilidad de una legitimación de aparatos de poder despóticos cuyas realidades conocemos ad nauseam y a los cuales no se debe conceder nunca una nueva oportunidad.

Hemos hecho referencia al socialismo, pero conviene aclarar ahora que para nosotros éste no se limita al marxismo. El pensamiento socialista existía ya antes de que Marx publicara su obra extraordinaria y debe poder continuar después de ella. Marx, a pesar de sus contribuciones al análisis económico del sistema capitalista, dejó tras de sí, posiblemente por falta de tiempo, un enorme hueco en la teoría política socialista, el cual fue aprovechado por auténticos psicópatas y asesinos en serie como Lenin, Stalin y Mao para meter dentro de la izquierda el caballo de Troya del culto a la personalidad (y promover las prácticas totalitarias cuyas consecuencias genocidas nadie discute, pero que no creemos puedan achacarse íntegramente a la filosofía de Marx ni, mucho menos, al socialismo en cuanto tal). Por todo ello, entendemos que se abre ante nosotros un período de análisis político del concepto de socialismo, el cual tendrá mucho más que ver con el ejercicio del poder democrático por parte de la ciudadanía que con la “colectivización de los medios de producción” propugnada por Marx, estadio éste del proyecto socialista sólo accesible por el camino de la libertad, lo que es tanto como decir: previa conceptualización de la democracia en cuanto fenómeno diferenciado del liberalismo e independiente de los sistemas económicos de mercado, algo que Marx reconoce y saluda pero nunca fundamenta. La teoría socialista debe concebirse hoy pues, ante todo, como una teoría de la radicalización democrática y una crítica del liberalismo burgués como negación oligárquica de facto de los valores democráticos. Ahora bien, la concepción del socialismo democrático no puede ser obra de una mente privilegiada que saque de su cabeza ideas geniales al margen del ejercicio real de la política, sino una praxis que, a partir de los principios de la ética del diálogo (Apel, Habermas), se despliegue progresivamente en el seno de la entidad política (ens político) depositaria del proyecto de racionalización socialista, el cual sólo se plasmará en las instituciones cuando él mismo anticipe y encarne el modelo de ejercicio del poder que propone al resto de la sociedad. Todo lo contrario del diseño leninista de partido, donde de forma cínica se niega verbalmente la evidencia del horror que les espera al conjunto de los ciudadanos (incluidos los propios militantes) en el momento en que el terrorismo de los métodos, las estrategias y las tácticas se transforme, con la conquista del poder, en el despotismo de las instituciones.

Por tanto, reivindicamos un socialismo democrático que, además de la ruptura con la sociedad de consumo y la alternativa de valores humanos que este gigantesco giro histórico comporta, saque las últimas consecuencias de las exigencias de democratización inscritas en todas las constituciones liberales pero siempre incumplidas por los políticos burgueses. Esta acción política se fundamenta en un concepto de democracia contrapuesto sistema político-económico liberal y capaz de romper el hechizo que parece ensuciar con el lodo infecto de la tiranía política la faz de todos los adversarios del dispositivo oligárquico economicista. 

LA IDENTIDAD DE LOS VALORES ÉTICOS ILUSTRADOS. Europa no es sólo una cultura. Hablar de cultura común a flamencos, polacos, ingleses, catalanes y búlgaros requiere sutiles distinciones conceptuales. La obra de Goethe, por ejemplo, es alemana y europea a la vez, pero el flamenco representa un fenómeno específico del pueblo andaluz. El estrato común de la cultura europea, oriundo de Grecia, se encuentra enterrado bajo el laberinto étnico y nacional de un espacio antropológico diferenciado (los pueblos indogermánicos) de pasado milenario. En cambio, sí existe ostensiblemente una civilización occidental, cuyas raíces culturales grecorromanas conviene identificar y salvaguardar. “Civilización” procede de cives, ciudad, y hace mención de los valores de la ilustración que la burguesía reivindicó al tomar el poder durante la Revolución Francesa pero que, hasta la fecha, nunca han llegado a realizarse. La cultura étnica, völkisch en alemán, está en cambio en la raíz de los grandes nacionalismos que asolan nuestro continente y que han tenido como finalidad, en el mejor de los casos, imponer la unidad europea a partir de la victoria militar de alguna de las naciones hegemónicas. España, Francia, Alemania y Rusia han representado sucesivamente el papel de candidatos a potencia unificadora bajo discursos legitimadores universalistas de distinto signo: católico (Carlos V), ilustrado (Napoleón), cientificista-biológico (Hitler) y cientificista-sociológico (Stalin), pero siempre en contradicción con la fuente particularista que se escondía tras las coartadas pseudo racionales de cada uno de estos proyectos. Ahora bien, las culturas europeas representan un bagaje histórico que conviene proteger y preservar en tanto que cordón umbilical que nos une críticamente a nuestra historia y tradición, pero sin adularlas hasta alimentar las ínfulas supremacistas de sus respectivos grupúsculos xenófobos. La defensa de las identidades culturales es una tarea común de la civilización europea: piensen los señores nacionalistas que casi ninguna de las identidades que dicen querer proteger tienen posibilidades de sobrevivir solas ante la avalancha de la globalización y del mercado mundial. En consecuencia, no consideramos que los sentimientos nacionales deban ser contemplados como algo negativo per se, siempre y cuando pueda evitarse su deriva hacia delirios etnocéntricos basados en el odio al pueblo, estado o nación vecinos, algo que parece inherente a los planteamientos nacionalistas tal y como han existido hasta épocas bien recientes (véase la sangrienta descomposición del Estado yugoslavo y el proceso análogo ya iniciado en el Estado español). En este sentido, el nacionalismo radical de base racista constituye una lacra contra la que hemos de luchar con todas nuestras fuerzas: la hipertrofia nacionalista de los legítimos sentimientos nacionales y su inversión de polaridad moral (de sentimientos de devoción a lo propio a sentimientos de odio a lo ajeno) son los factores determinantes que han llevado al conjunto de los ciudadanos europeos a la actual coyuntura de postración e impotencia políticas.

Los valores de la ilustración europea, que no hay que confundir con su teorización expresa porque ya antes de ser objetivados por los filósofos operaban socialmente en forma de instituciones (es lo que Hegel denomina el “espíritu objetivo”), han hecho posibles los tres procesos históricos inacabados que definen la modernidad y, por ende, el espacio social donde se despliega la civilización occidental, cuyo epicentro cultural se encuentra en Europa, a saber: 1) el proceso de industrialización y racionalización económica, ligado al libre mercado y a la empresa capitalista, 2) el proceso de democratización política, vinculado al estado de derecho y a la transformación de los súbditos en ciudadanos; y 3) el proceso de racionalización científica y cultural, inseparable de la filosofía y de las disciplinas empíricas fundadas en la matemática y el dispositivo tecnológico. Los fenómenos mencionados, que empezaron a perfilarse entre los siglos XVII y XVIII, produjeron en Europa convulsiones tan importantes como la Revolución Francesa, la Revolución Industrial y la Revolución Científica, las cuales arremetieron contra las formas de vida social, las instituciones políticas y los discursos legitimadores de la soberanía medieval, de raíz religiosa, que habían fijado los pilares del Antiguo Régimen. En este sentido, hablamos de proceso de racionalización social para referirnos al conjunto de los fenómenos dinámicos que, en cada ámbito funcional de la sociedad y profundamente relacionados entre sí, han generado la modernidad europea.

Sin embargo, a pesar de lo que nos quieren hacer creer las élites financieras que controlan la pseudo política de los Estados a través de organismos económicos internacionales, el proceso de racionalización social emprendido por la ilustración no ha llegado a su conclusión. Al contrario, la modernidad sólo se encuentra en sus inicios, por mucho que la lógica científico-filosófica despojada de toda magia (el “desencantamiento del mundo”, del que hablaba Max Weber) haya atemorizado a la burguesía, incapaz de deshacerse de la tradición religiosa y de otros hábitos de vida que, en los siglos de protocapitalismo, heredaron de una nobleza decadente y que nada tienen que ver con los valores ilustrados. Así, justificando con la coartada de la fidelidad a viejas instituciones la preservación de sus intereses grupales y siempre a costa del verdadero progreso ligado a la verdad y al conocimiento (no a la "felicidad"), la clase burguesa norteamericana se aferra al fundamentalismo cristiano y promueve en la sombra los fundamentalismos judío (Israel) e islámico (Arabia Saudita), siempre con el único objetivo de allanar Europa en cuanto última plataforma histórica capaz de consumar el proyecto ilustrado. En efecto, poderosas fuerzas se habían opuesto ya durante décadas al desarrollo de la modernidad, la cual, desde mediados del siglo XX, permanecía estancada como objeto de críticas e iras irracionalistas, para pasar a una situación de franco retroceso tras la caída del muro de Berlín (1989). El hundimiento del marxismo en los países del Este, con el que toca fondo el desprestigio de las alternativas racionales a la society mercantil, fue la señal para iniciar el desmantelamiento de la identidad europea y la conversión de nuestro espacio social en una excrecencia insignificante del liberalismo y del multiculturalismo norteamericano, con una fuerte implantación de comunidades islámicas e inmigración africana cuyo objeto es debilitar al máximo el peso demográfico de la clase trabajadora europea y hacer imposible su actuación conjunta como entidad política orientada al socialismo.

En consecuencia, propugnamos la defensa de una identidad axiológica europea frente a la tenaza islámico-judeoamericana que amenaza con aniquilarnos como forma de vida fundada en la razón y pretende sumergir el mundo en una nueva edad media de corporaciones multinacionales. Nuestra meta en cuanto proyecto político no puede ser otra que revertir el proceso de reacción fundamentalista reconstruyendo la izquierda radical rupturista a partir de una crítica del modelo burgués de ilustración (basado en la abierta secularización de valores religiosos) y de la refundación del proceso de racionalización más allá de todos los mitos utópicos cristianos de cuya raíz ha brotado la sociedad de consumo como "reino de Dios" o paraíso secularizado opuesto a las exigencias éticas de la razón.

Barcelona, 1º de enero de 2006

http://www.adecaf.com/propis/nova/nova/europa.htm

Texto original revisado y corregido el 17 de diciembre de 2010.

viernes, diciembre 10, 2010

Pedro Varela encarcelado por los criminales antifascistas

Los 100 millones de víctimas mortales del comunismo antifascista permanecen impunes. Los 13 millones de civiles y prisioneros alemanes exterminados por los aliados angloamericanos y soviéticos permanecen impunes. El Plan Dalet de deportación del pueblo palestino a manos del Estado sionista de Israel permanece también impune. Hiroshima, Dresde, Palestina, Kolymá, nombres simbólicos de inmensos genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, siguen ahí esperando justicia.

No obstante, quienes han perpetrado o, como poco, quienes han consentido o no han movido ni un dedo para juzgar dichas atrocidades y son así, por activa y por pasiva, cómplices de las mayores monstruosidades que la historia recuerda, se atreven a privar de libertad a alguien por expresar sus ideas o las de otros. Unas ideas que pueden discutirse, que cabe compartir o no, que, en ocasiones, antójanse harto cuestionables, pero que, en cualquier caso, no merecen que se utilice contra ellas -habiendo repito, como hay, tanta criminalidad política de dimensiones cósmicas pendiente de juicio-, el derecho penal, es decir, el arma más poderosa con que una sociedad castiga a sus delincuentes.

Por ello,  los que hoy encarcelan a Pedro Varela se han convertido, ellos mismos, en delincuentes y algún día deberán ser a su vez encarcelados. No duden que les llegará su hora. La verdad no puede seguir siendo pisoteada.

Asociación Democrática Catalana de Funcionarios de Prisiones (ADECAF)
10 de diciembre de 2010
Día Mundial de los Derechos Humanos

jueves, diciembre 09, 2010

Causas del holocausto

¿Auschwitz o Dresden?











La verdad histórica no es algo que afecta sólo al pasado. Si fuera así no existirían documentos clasificados sobre la Segunda Guerra Mundial sesenta y cinco años después de su finalización. La verdad histórica afecta a la legitimidad de la oligarquía transnacional que controla occidente. La única revolución posible, una revolución sin sangre, democrática y pacífica, es la revolución de la verdad. No el neofascismo que algunos revisionistas pretenden, sino un nuevo comienzo que haga tabula rasa de todas las ideologías del pasado.  A tal efecto, es necesario revisar el relato histórico hasta tal punto, que algunos confundirán dicha revisión con la simple apología de Hitler. Tan enormes y graves han sido las mentiras, que la simple verdad se confunde con propaganda neonazi. Pero esto no es culpa del investigador de turno, enfrentado al desagradable riesgo de ser acusado de filofascista, sino de los mendaces "intelectuales", políticos y oligarcas que "mecen la cuna" del actual dispositivo de dominación planetaria.

Un nuevo comienzo: la verdad

El Holocausto que narran los medios de comunicación, la "cultura" y la historia oficial nunca existió. Para los que no tienen el hábito de documentarse, un lujo reservado al parecer a los muy pocos, la simple lectura de las últimas noticias sobre el caso Julien Assange pone en evidencia que los ciudadanos de occidente son regularmente manipulados con total cinismo y desparpajo por parte de nuestros gobernantes. Éstos operan como meros testaferros de las sectas, clubes económicos, logias e iglesias que, marketing mediante, hipnotizan a unas masas  gregarias y conformistas supuestamente depositarias de la soberanía popular. No hubo jamás un plan de exterminio de los judíos en el que se emplearían cámaras de gas y hornos crematorios de manera sistemática. La persecución y las atrocidades contra los judíos por parte del nazismo, que sin duda existieron, han sido tremendamente exageradas a fin de ocultar las vulneraciones de los derechos humanos perpetradas por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial que, gracias a la cortina de humo del Holocausto, permanecen impunes hasta el día de hoy.

Hipótesis de trabajo: el funcionalismo crítico

En realidad, como poco desde el año 1941, lo que sí había era un plan, sin duda, pero un plan para aniquilar a Alemania y al pueblo alemán. De este "democrático" designio conocemos algunos detalles gracias al panfleto de Theodore N. Kaufmann "Alemania debe perecer", cuyo conocimiento por parte de las autoridades alemanas fuera sin duda decisivo en el trato dado a partir de entonces a los judíos.

Revelaciones recientes de Wikileaks demuestran que Inglaterra rechazó las ofertas de paz de Alemania en un momento en que la Wehrmacht estaba ganando el conflicto bélico de manera espectacular, hasta el punto de que los soldados aliados tenían miedo de enfrentarse con las tropas alemanas. El motivo dado, empero, por los ingleses en los cables diplomáticos, era que la guerra se emprendía no contra Hitler, sino contra el pueblo alemán. Alemania (=Prusia) debía ser aniquilada. Ésta era la orden de la oligarquía. El cablegrama revelado por Wikileaks encaja perfectamente con lo escrito por Kaufman.

En el año 1941, cuando los alemanes pretendían deportar a los judíos a Madagascar y no, como sostiene la propaganda, exterminarlos, el plan de Londres era bombardear Alemania con unos artefactos explosivos especialmente diseñados para quemar vivos al máximo número de civiles: ancianos, mujeres y niños. Tamaño designio del Bomber Command británico era la primera concreción práctica del plan reflejado por el libro de Kaufmann y se puso en marcha de forma inmediata. El bombardeo de Dresde fue sólo uno de sus episodios tardíos.  Las consecuencias para los judíos no se hicieron esperar. En 1942, los alemanes empezaron a explotar a hebreos y a otros prisioneros como mano de obra esclava y hasta la muerte. En Rusia, los Einsatzgruppen nazis asesinaban a los judíos de forma fulminante e inmediata, sin distiguir sexos o edades, ya desde el año anterior. Hete aquí una realidad que ni siquiera los revisionistas más obtusos niegan.

El holocausto es el resultado de estas medidas de represalia. Tal versión del holocausto sería una variación coherente de la conocida como hipótesis funcionalista, que se contrapone, desde el punto de vista científico, a la hipótesis intencionalista. Ésta carece de fundamento pese a ser la más divulgada entre los telespectadores adocenados: "Desde hace muchos años, los historiadores del Holocausto se han dividido en dos grupos, el 'intencional' y el 'funcional'. El primero de ellos insiste en que desde el principio Hitler había tomado la firme decisión de matar a los judíos y sólo esperaba a que se dieran las condiciones oportunas. El segundo sólo atribuye a Hitler la idea general de 'encontrar una solución' al 'problema judío', una idea clara sólo por lo que se refiere a la idea de una 'Alemania limpia', pero vaga en lo referente a los pasos que había que dar para que se hiciera realidad. Los estudiosos de la historia apoyan con datos cada vez más convincentes la visión funcional" (Zygmut Bauman, Modernidad y holocausto, Madrid, Sequitur, 1997, p. 143-144).

Los funcionalistas aceptan que hubo exterminio judío, pero no plan de exterminio. No se debe confundir a los funcionalistas con los revisionistas, pero desde que Goldhagen admitió que el tema de las cámaras de gas se había exagerado mucho sin ningún fundamento, la divisoria se va haciendo cada vez más difusa:  "suele creerse que los alemanes mataron a los judíos, por lo general, en cámaras de gas, y que sin éstas, los medios modernos de transporte y una burocracia eficaz, los alemanes no habrían podido matar a millones de judíos. Persiste la creencia de que, de alguna manera, sólo la tecnología posibilitó un horror a semejante escala (...) Existe la creencia generalizada de que las cámaras de gas, debido a su eficacia (que se exagera mucho), fueron un instrumento necesario para la carnicería genocida, y que los alemanes decidieron construir cámaras de gas en primer lugar porque necesitaban unos medios más eficaces para matar judíos. (...) Todos estos criterios, que configuran básicamente la comprensión del Holocausto, se han sostenido sin discusión, como si fuesen verdades evidentes por sí mismas. Han sido prácticamente artículos de fe, procedentes de fuentes distintas de la investigación histórica, han sustituido el conocimiento fidedigno y han distorsionado el modo de entender este período" (Daniel Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler, Madrid, Taurus, 2003, pp. 29-39). !No está hablando un revisionista negacionista, sino un exterminacionista neoyorkino de etnia hebrea! !Y afirma, nada menos, que el tema de las cámaras de gas ha sido aceptado como "artículo de fe" procedente "de fuentes distintas de la investigación histórica"! ¿De qué fuentes, podemos preguntarnos? ¿Y cómo ha podido sostenerse entre los historiadores profesionales algo que era sólo un artículo de fe? ¿Qué credibilidad pueden ostentar unos investigadores académicos que actúan de esta manera? ¿Quién impone la "fe" y de qué "fe" se está hablando, cuando se trata de un imperativo que pisotea los protocolos más básicos de la ciencia, la objetividad y la verdad? Existiría, por tanto, entre el exterminacionismo funcionalista y el revisionismo moderado, una posibilidad metodológica intermedia, que denominaré "funcionalismo crítico" y que, a mi entender, podría ser la más próxima a la verdad sobre nuestra historia reciente.

Cuando Alemania invade Polonia (1939) para recuperar los territorios del este que le fueron amputados por el Tratado de Versalles, también los tanques soviéticos atraviesan la frontera polaca, pero Inglaterra, que con ello está desatando conscientemente la Segunda Guerra Mundial, declara la guerra sólo a Alemania, no a la URSS. Este hecho no casa con el relato oficial de unas potencias aliadas intentando amparar, en nombre de la "libertad", al pequeño país abusado por el gigantón germano, rescatándolo de las garras de un sanguinario dictador.  En efecto, en el momento (1941) en que Churchill pacta con Stalin para derrotar a Alemania, Auschwitz todavía no existe, pero el régimen soviético ha exterminado ya a 13 millones de personas. !El sanguinario dictador es Stalin! ¿De qué libertad estamos hablando entonces? Pese a tales discursos liberales, Inglaterra acepta a la URSS como aliado, porque el objetivo de la guerra no es la defensa de los derechos humanos, sino la destrucción de Prusia como modelo político, económico, espiritual y cultural incompatible con la society burguesa capitalista y el "sistema bancario" inglés (reserva fraccional).

La existencia de un plan de exterminio más allá del papel queda acreditada, si los bombardeos incendiarios contra las ciudades no fueran suficiente prueba, por lo que sucede en el momento en que Alemania es derrotada y ocupada por angloamericanos y soviéticos. Las víctimas del genocidio planificado, conocido en su postrera etapa como plan Morgenthau, sumadas a las víctimas de la limpieza étnica perpetrada por los soviéticos, se elevan a de 13 millones de personas, bien entendido que hablamos, siempre, de prisioneros desarmados y civiles, no de caídos en el frente de combate.

El comunismo, aliado de los EEUU e Inglaterra, ocupa en 1945  la misma Polonia que en teoría se pretendía defender al desencadenar la "cruzada" antialemana, pero además, de propina, Stalin se apodera de toda la Europa del Este y los regímenes marxista-leninistas siguen exterminando, después de la Segunda Guerra Mundial, a pueblos y sectores enteros de la sociedad en Rusia, China, Camboya y otros lugares, alcanzando los 100 millones de víctimas en los años noventa.

Ni los aliados occidentales ni los comunistas han sido juzgados nunca por sus genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, tan atroces o más que los crímenes nazis. ¿Deberían los "buenos" juzgarse  a sí mismos? Esta impunidad nos grita a la cara,  a menos que estemos sordos, cuál es la naturaleza moral del sistema oligárquico en el que vivimos como súbditos derrotados sin ser demasiado conscientes de ello; mejor dicho: sin querer serlo por miedo a las consecuencias que se derivarían, o podrían derivarse, de esta repentina lucidez cívica. Entre ellas, el imperativo de cuestionar la visión de la historia que los genocidas impunes tratan de inocularnos a fin de autolegitimarse políticamente en el presente. Porque, si han perpetrado o consentido o abonado el gulag, Dresde e Hiroshima, ¿por qué tendrían que decir la verdad sobre Hitler y el "fascismo"? ¿Por qué no deberían mentir sobre cualquier cosa, como efectivamente hacen cada día (recordemos las famosas armas de destrucción masiva iraquíes), según demuestra Wikileaks con sonrojante patencia?

No obstante, también a diario, podemos "disfrutar" en la pantalla de la TV de una noticia o una película fraudulenta, auténtico "lavado de cerebro" para tontos, sobre el holocausto; o podemos leer una novela, premio sionista de narrativa propagandística, basada en el mismo tema, a saber: en la idéntica, repetitiva y machacona cantinela de cuento infantil de siempre: nazis perversos, diabólicos, aliados angélicos ("soldados y santos", rezaba el título de una película), rusos un tanto groseros pero simpáticos al cabo, judíos que eran todos moralmente intachables, casi perfectos... Una descarada manipulación que sólo un ignorante y cretino integral podría digerir como "relato basado en hechos reales". Todo ello con el fin de mantener engañada a la mayor parte de la población europea -y mundial- sobre la realidad histórica y el carácter abominablemente criminal del estamento político-económico que nos gobierna desde el año 1945.  ¿Hasta cuando?

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica
9 de diciembre de 2010

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lunes, diciembre 06, 2010

Fascismo y filosofía (2)

"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".








Remontémonos por un momento a los orígenes del fascismo. ¿Quién es el fundador del primer partido fascista? Benito Mussolini. Un dirigente socialista italiano que alcanza la cúpula de la dirección del PSI antes de convertirse en el forjador histórico de un campo político que marcará un antes y un después en la historia occidental. Alguien que concíbese a sí mismo, ante todo y en primer lugar, como lector, estudioso y doctrinario de Marx. ¿De qué manera la cabeza visible del socialismo italiano, el director de "Avanti" y de la revista semanal "La lotta di classe", gesta en su  proyecto  existencial el "fascismo"? No nos interesan aquí los datos externos, historiográficos, sino la subjetividad fascista, el ver las cosas desde la perspectiva de la izquierda en evolución, léase: como las experimenta un marxista activo, comprometido y plenamente ilustrado que se convierte en "fascista".

Dicho proceso espiritual nos permite comprender por qué existe una incompatibilidad de principio entre el fascismo y el cristianismo. Motivo: el fascismo, antes de su derechización, representa la expresa ruptura intelectual y moral de la izquierda con la herencia judeo-cristiana secularizada entonces imperante en el seno de la propia izquierda. Este fenómeno acontece, lo subrayo, en el interior de una izquierda atea, laica, incluso anticlerical, y tiene como correlato, dentro de la misma izquierda, la génesis de su opuesto, a saber, del antifascismo, que es anterior, de alguna manera, al propio fascismo. El factor clave del giro es Nietzsche.

En la actualidad, cuando el fascismo hace ya tiempo que desapareció y sus restos doctrinales yacen en los mismos lugares ruinosos que los de la extrema derecha reaccionaria, la cuestión de si se puede ser fascista y católico tiene el significado que tiene: el de un problema sociológico residual. Después de la temprana derechización (1920), de la Segunda Guerra Mundial, de sesenta años de equiparación propagandística entre fascismo y extrema derecha, los "fascistas" pueden ser "cristianos". Por supuesto, pero en el mismo sentido en que tenemos también cristianos de izquierdas, cristianos de centro, cristianos de derecha burguesa y capitalista. Un respetable señor puede ser cristiano y colonialista, explotador de carne tercermundista; otro, cristiano y teólogo de la liberación (marxista). Un cristiano puede acudir a los prostíbulos al salir de la misa dominical, como el musulmán que come cerdo o vulnera el Ramadán... Etcétera. Pero todo esto no demuestra nada sobre la esencia de las respectivas corrientes doctrinales, porque las personas no son seres estrictamente "racionales" y pueden dar cobijo en su interior a posiciones ideológicas opuestas e incluso incompatibles entre sí. Pueden ser incoherentes. Lo son las más de las veces.

La existencia de facto de fascistas cristianos nada nos dice sobre la relación ideológica interna entre fascismo y cristianismo. Aquí sostenemos que el fascismo entraña una incompatibilidad de principio con la religión judeocristiana porque ésta es portadora de un sistema de valores y el fascismo, a su vez, se define por otro sistema de valores, que además es expresamente opuesto a aquél. No existe lugar para los dos en un mismo acto. Las decisiones en las que se concretan los valores son unívocas. Podemos actuar hoy como "fascistas", mañana como "cristianos", o creernos "cristianos" y actuar siempre como "fascistas" o a la inversa. Pero en el momento de decidir, en cada caso, si hacemos efectivos unos valores, por ejemplo, los cristianos, esta manera de actuar se realizará a costa de lo que habría sido una decisión en el sentido del "fascismo".

Si se puede ser cristiano de manera puramente formal, o sea, acudiendo regularmente a celebrar ciertos rituales litúrgicos pero actuando en la vida real en función de imperativos axiológicos adversos a los del judeocristianismo, entonces, puede haber fascistas que "sean" "cristianos" en esta acepción de la palabra. Pero si alguien siente y experimenta radicalmente la religión católica hasta el final y siente y experimenta el compromiso fascista radicalmente hasta el final, entonces tendrá que elegir.

Rudiger Hauer como Nexus 6 en "Blade Runner":
"Yo he visto cosas que vosotros no creeríais:
atacar naves en llamas más allá de Orión,
he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser...
todos esos momentos se perderán en el tiempo,
como lágrimas en la lluvia. ¡ Es tiempo de morir!"
El "fascismo" es la negación del judeocristianismo en tanto que sistema de valores que va más allá de una liturgia, de una institución eclesial, de un dogma teológico; rechaza sus valores esenciales, su humus espiritual judaico, su aroma oriental, su preocupación soteriológica, profética y utópica. El fascismo es radicalmente heroico, pesimista, guerrero, griego, escéptico, irónico... No sólo acepta la muerte: la quiere, incluso a su pesar.  Aquéllo que para el cristianismo identifica la imagen misma del horror, del mal, constituye en cambio la condición de posibilidad del fascismo. Si existe la vida eterna, la resurrección de la carne, el amor y toda la restante quincalla judeo-cristiana, entonces el fascismo debería renunciar a su proyecto o convertirse en criminal, tal como se pretende. Pero si la verdad es la muerte, si estamos solos, si el amor es un fraude, si la finitud representa la condición de posibilidad de lo más grande, a saber: el acto heroico -del Übermensch (=ultrahombre, superhombre)-, entonces tenemos que escarnecer los valores ontoteológicos y monoteístas, tenemos que escupirle en la cara al "amor", a las promesas sociales de felicidad, a los sueños escatológicos, soteriológicos y paradisíacos de una armonía universal, de un sentido placentero y reconciliador del todo cósmico. Tenemos que condenar el reino de Dios abrahamánico y reunirnos con las huestes del dios verdadero, del dios que promete la sola dignidad de la verdad, a la altura de la cual sólo pueden permanecer los más grandes. Aquéllo que los griegos denominaban Moira y los germanos Ragnarök, el destino.

La atmósfera del "fascismo" genuino, originario, es la tempestad, la tragedia, el heroísmo, el deber, la soledad, la lucha... La atmósfera judeo-cristiana, la del sermón de la montaña: la limosna como inversión para el cielo, la tierna complicidad de los amantes (!que se creen "buenos"!), el anhelo de paz y salvación, la lagrimita de (auto)compasión,  el pequeño orgullo de la "buena gente" que "tiene sentimientos" (las personitas con derecho a matar, ya se sabe, a los "malvados" que no creen en esos bonitos "sentimientos"), etcétera. Nuestra divisoria está clara. Que se vayan a la mierda todos los putos biempensantes. Eso sí, lávense la sangre de las manos con un poco más de asiduidad, porque la putrefacta "casa de la pradera" ya hiede a cadáver.

Jaume Farrerons
6 de diciembre de 2010

Sobre las presiones sociales que llegaron a censurar el contenido y desenlace de "Blade Runner", véase:
  
http://www.elpais.com/articulo/cultura/Naves/llamas/alla/Orion/25/anos/despues/elpepucul/20070625elpepucul_1/Tes
 

sábado, noviembre 20, 2010

20-N en España: fascismo y filosofía






















El llamado 20-N es en España el día en que los falangistas (fascistas españoles "de época") y la extrema derecha, celebran revueltos la confusión que el régimen anterior promovió al hacer coincidir artificialmente la muerte del derechista reaccionario Francisco Franco Bahamonde, caudillo de España por la gracia de Dios, y del nacional-sindicalista José Antonio Primo de Rivera.

Pero el 20 de noviembre también es, para fastidio de muchos intelectuales "progresistas" antifascistas de cheka y gulag, el día mundial de la filosofía. Quizá sea ésta una oportunidad que nos brinda el destino para deshacer la nefasta confusión de fascismo, ultraderechismo, racismo, antisemitismo, "el Holocausto" (Finkelstein), tan útil a los propagandistas del sistema oligárquico, pero que, frente a Ramiro Ledesma el fundador, el propio catolicismo joseantoniano favoreció sin querer. Se puede ser católico y decente, sin duda, José Antonio es una prueba de ello, pero no se puede ser cristiano y nacional-revolucionario sin pervertir la  metapolítica de Nietzsche, ateo-pagana hasta la médula.

Giorgio Perlasca, el fascista
que salvaba judíos

Nuestros respetos hacia la figura de José Antonio como persona y como dirigente político honesto que buscó unir lo nacional y los social en una causa que, ante todo, tenía que ser ética (y hasta estética) para poder llegar a ser verdaderamente política.

Pero no vamos a hablar aquí de José Antonio, sino de fascistas como Giorgio Perlasca, voluntarios del bando nacional en la Guerra Civil Española (1936-1939) que arriesgaron sus vidas para salvar a miles de hebreos italianos perseguidos por la Gestapo. ¿Cómo? ¿Fascistas amparando a judíos? Quisiera subrayar una vez más (véase "La criminalización del fascismo") que en el Partido Nacional Fascista (PNF), los judíos estuvieron marcadamente sobrerrepresentados en relación a su proporción étnica entre la población italiana. También hay que refrescar la memoria sobre la amante judía de Mussolini, sobre las declaraciones del dictador italiano en favor del retorno de los judíos a Israel, sobre el papel de un filósofo judío espiritualista, Henry Bergson, en la génesis ideológica del fascismo ... Quizá no resulte entonces tan extraño el apoyo que los judíos recibieron no ya sólo de la población italiana, sino de dirigentes de la jerarquía fascista cuando las autoridades nazis de ocupación reclamaron a los hebreos en represalia por los bombardeos incendiarios británicos contra la población civil alemana. Se quiere hacer del fascismo un equivalente del racismo, del antisemitismo y, por ende, de "Auschwitz", pero los datos no cuadran. El fascismo como tal no era antisemita, al contrario: inspirado en Nietzsche, rechazó el antisemitismo hasta que las presiones de la alianza con la Alemania nazi forzaron en 1938 un racismo artificial, de maquillaje, que la población y el partido no sentían, mucho menos hacia los judíos.

¿Qué es el fascismo?

La filosofía significa preguntar. Preguntemos, pues. ¿Qué es el fascismo? Mas lo cierto es que un siglo después de su surgimiento, los historiadores todavía no saben lo que es el fascismo. Así, Emilio Gentile, uno de sus más eminentes estudiosos, puede decir:

"Noventa años después de su aparición en la Historia y tras más de medio siglo de su caída como protagonista de la actualidad política, el fascismo aún parece ser un objeto misterioso y huidizo del intento de una clara y racional definición histórica a pesar de las decenas de miles de libros, artículos y debates dedicados a este movimiento político del siglo XX. Extraña y singular es también la historia de las interpretaciones del fascismo. De hecho, éstas oscilan entre visiones opuestas e inconciliables entre sí hasta tal punto que podríamos considerar vana la esperanza de llegar algún día a definir la naturaleza del fascismo en términos ampliamente compartidos" (Gentile, E., Fascismo. Historia e interpretación, Madrid, Alianza, 2004, p. 15).

El filósofo francés más señalado de la postmodernidad estructuralista, alguien que, además, es de procedencia judía, a saber, Jacques Derrida, afirma más o menos lo mismo sobre el nazismo: "No creo que podamos todavía pensar lo que es el nazismo". Tenemos el deber de preguntarnos, como filósofos, pero también como ciudadanos que viven en una sociedad supuestamente democrática, basada en la razón, donde existe algo así como una ciencia neutral, una universidad, una institución académica: ¿por qué no podemos saber hoy lo que el fascismo es? Se trata quizá de la pregunta más esencial de la filosofía, pues el fascismo se alimentó de Nietzsche, el último filósofo, el último metafísico occidental según Heidegger. Quizá en el fenómeno del (anti)fascismo se encierran las claves de occidente, de nuestra civilización europea, una historia que ya toca a su fin, pues el tiempo se ha cumplido.

En cualquier caso, no habría de extrañarnos que el fundador del fascismo español fuera un filósofo, Ramiro Ledesma Ramos; alguien que se dejara influir por Nietzsche hasta el punto se ser considerado nietzscheano, alguien que en su juventud escribe una novela titulada El sello de la muerte y una colección de ensayos, La filosofía, disciplina imperial, cuyo título ya habla por sí solo; alguien que traduce por primera vez a Heidegger al castellano. Pistas muy claras que señalan en una dirección concreta. Volveremos sobre esta cuestión también. Pero antes, abundemos en la duda, la sana duda cartesiana respecto de todo lo que nos ha enseñado la propaganda oligárquica.   

Jaume Farrerons
6 de diciembre de 2010

viernes, noviembre 19, 2010

Los asesinos que nos gobiernan (2)

Dick Cheney, vicepresidente de EEUU y sionista,  justificó públicamente la tortura al servicio de los intereses americanos. Cuando algo tan grave es legitimado y admitido con semejante chulería, debemos preguntarnos qué es lo que esconderá entonces el poder. Wikileaks sacó a la luz la verdad de la política estadounidense, bien reflejada en la  faz del propio Cheney. 
Los constantes escándalos de corrupción que salpican la vida pública de los países occidentales pueden hacer pensar que los políticos profesionales serían personas moralmente sucias, pero no criminales. Simpáticos pillos que, en el fondo, hacen lo que nosotros mismos haríamos si pudiésemos porque, como afirmaba Duran i Lleida, político de CiU, "nos gusta vivir bien". En países tan "civilizados" como Inglaterra no es diferente que en la triste España de la leyenda negra:
Julien Assange, responsable de Wikileaks
Nuestra tesis es, empero, que los políticos son corruptos e incompetentes, sin duda, pero también criminales. La evidencia de su corrupción no hace falta probarla ahora, una simple visita a las hemerotecas demuestra, no que se detecten aquí y allá "algunos" políticos corruptos, sino que el sistema economicista liberal se basa como tal en la corrupción. Ésta constituye un fenómeno estructural, inherente a la reducción de las relaciones políticas a relaciones puramente comerciales en todos los ámbitos de la society. Un ejemplo: la Sindicatura de Comptes puso en conocimiento del Parlament de Catalunya la existencia de irregularidades en el ayuntamiento de Santa Coloma de Gramanet (Barcelona) antes de que se produjera la intervención judicial. ¿Qué hizo el Parlament? Absolutamente nada. Nadie tenía interés en desvelar una trama de la que se beneficiaban como "casta" encubriéndose mutuamente unos a otros. Por ello, se puede afirmar que, por acción u omisión, todas sus putrefactas señorías son cómplices políticos del caso Pretoria. La situación no es mejor en el resto de los países occidentales de régimen liberal.


Abajo, niños palestinos víctimas
de la política sionista en Gaza.

Respecto a la incompetencia de los políticos, basta contemplar los extremos a los que ha llegado la crisis y, sobretodo, sus causas, para entender que existe una conexión intrínseca entre corrupción e incompetencia o mal funcionamiento del sistema. Cuando lo que importa de un político, alto cargo o funcionario es su fidelidad a la hora de amparar las corruptelas de sus superiores y no su capacidad, preparación y honestidad, el sistema económico tiene que entrar en quiebra antes o después. Es lo que ha sucedido tras décadas de impúdicos pelotazos. Los políticos corruptos e incompetentes, financiados por los bancos (a los que han sacado del agujero con dinero público para luego recortárselo a los pensionistas y a los trabajadores de la administración), consintieron el tipo de negocios crediticios podridos que están en la raíz del desastre financiero causante de la crisis. Son los políticos quienes han tolerado que el mundo del dinero pudiera hacer ciertas cosas sin incumplir la ley y son los políticos quienes permitirán, en el futuro, que esto siga siendo así, aunque de manera más disimulada, para que nada cambie y la oligarquía "antifascista" siga controlando la mayor parte del planeta.

Pero aunque huelan a mierda, insisto, ¿son nuestros políticos también unos criminales? ¿Unos genocidas? Por las informaciones que hemos ido ventilando en este blog sabemos que sí. Todo el sistema político actual se basa en la ocultación e impunidad de inmensos y espantosos genocidios, perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial y ocultados tras una pantalla de propaganda denominada "Auschwitz", holocausto, Shoah... Se utiliza un genocidio para encubrir otros genocidios. Cuando éstos son denunciados, la cláusula legal aplicada es la de banalización del genocidio judío. En suma, el Estado te acusará de banalización para... mantener impunes sus propios genocidios. Mas esta cortina de humo no sólo sirve para manipular el pasado, un historial vergonzoso que convendría maquillar, minimizar, olvidar..., sino que resulta muy útil sobre todo para seguir cometiendo crímenes en el presente. El juicio de Nüremberg ya resultó imprescindible para que los sionistas pudieran aplicar en 1948 el plan Dalet contra el pueblo palestino sin esperar más que meras "objeciones" de la ONU o de las tropas del mandato inglés.

Abu Grahib (2004)
Nüremberg también sirvió para legitimar a las dictaduras estalinista y maoísta, que después de esa pantomima pseudo legal pudieron todavía exterminar a 80 millones de personas, es decir, muchas más de las que ya habían asesinado antes de la celebérrima "cruzada contra el fascismo" en defensa de los "derechos humanos". De Hiroshima a Vietnam, de la Nakba a Iraq. La impunidad de tales atrocidades se produjo y sigue produciéndose ante las narices de las Naciones Unidas, que ha permitido la organización, por parte del régimen genocida chino, de unas olimpiadas. Y los políticos socialistas del Parlamento Europeo se negaron a condenar el comunismo como doctrina contraria a las normas humanitarias internacionales, lo que en toda regla cabría tipificar como delito de banalización y conducir a la cárcel a centenares de ellos.

Acabamos de enterarnos de las torturas perpetradas y ocultadas por los Estados Unidos en Irak.

Esta información ha sido filtrada por una página web llamada Wikileaks. Las imágenes de los crímenes americanos son impresionantes, se puede ver, por ejemplo, como un helicóptero de los "buenos" ametralla a unos prisioneros desarmados:


Las torturas están pues totalmente probadas, decenas de miles de civiles han muerto bajo el imperio de los sionistas antifascistas de observancia occidental hollywoodiense... Y esto no ocurre por primera vez en Irak. Recordemos el escándalo de Abu Grahib en el 2004.

A la derecha, Höss, torturado por los americanos
según testimonios presenciales de su detención.
Pero lo peor no es eso. De la misma manera que, por ejemplo, la indignidad más radical del gulag no es el gulag mismo, sino su impunidad, podemos preguntarnos: ¿cómo ha reaccionado ese poder mundial incontestable ante la evidencia de las denuncias? Respuesta: como una auténtica organización criminal, intentando inculpar al responsable de la página web e imputándole en falso a tales efectos un delito de violación. La civilizada Suecia, el país de los premios Nobel a terroristas, no podía decepcionar esta vez tampoco a los amos oligárquicos del hemisferio occidental. Y una jueza "democrática" se ha prestado a ello. En resumen: el gobierno de los Estados Unidos actúa como una mafia, incurre en guerras de agresión basadas en mentiras, tortura y asesina sin empacho, comete o consiente verdaderos genocidios y, si alguien osa denunciar estos hechos con pruebas palmarias (imágenes de ametrallamientos), la Estatua de la Libertad intenta tapar la boca del díscolo involucrándolo en actos delictivos a base de falsas querellas presentadas por prostitutas a sueldo de la camorra sionista.

Son estos mismos ejemplares de bonhomía antifascista los que torturaron y amenazaron a Rudolf Höss, comandante de Auschwitz, para extraer de él las "confesiones" que iban a "probar" la existencia del relato oficial de "el Holocausto" (Finkelstein), cuando, de ser ciertas dichas acusaciones, hubiera bastado una simple pericial de los cadáveres para detectar la substancia mortal que los habría supuestamente asfixiado en cámaras de gas. Pero, ¿no fue Donald Rumsfeld quien reconoció que se había utilizado la tortura, de manera sistemática, en Guantánamo y otros lugares, con el fin de obtener información?


Es un hecho ya probado que los aliados torturaban de forma sistemática a los prisioneros alemanes. ¿Por qué hemos de suponer que en la posguerra, y estando en juego el relato de los hechos del mayor conflicto bélico de la historia que se transmitiría a las futuras generaciones, habría de ser diferente? El tiempo pone a cada cual en su lugar y ahora ya sabemos cómo son realmente los "defensores de la libertad" y demás santones de la propaganda de Hollywood. Hoy tenemos  la certeza absoluta de que su narración de la historia no es sólo dudosa o manipulada, sino ante todo un arma ideológica que debe permitirles acaparar el poder bajo la apariencia de una democracia,

Lo que significa, en último término, justificar y hasta legalizar la persecución policial de sus críticos y adversarios. Algo que no tiene absolutamente nada que ver con la idea "humanitaria" que justificó la Segunda Guerra Mundial.  Los "vencedores" no son mejores que los nazis y podemos empezar a plantearnos, con buenos motivos si, en realidad, son incluso peores. Todos las víctimas de la persecución racial, genocidios, crímenes de guerra o crímenes contra la humanidad son iguales por definición. Reclamamos la aplicación objetiva de la legalidad vigente en materia de genocidio y memoria histórica. Que los criminales que nos gobiernan sean juzgados con la misma vara de medir que los nazis o, en su defecto, que se abolan las leyes correspondientes.

Jaume Farrerons
19 de noviembre de 2010

jueves, noviembre 18, 2010

El plan oligárquico de exterminio del pueblo alemán y su ejecución

Tenemos el honor de hacer accesible a nuestros lectores el libro de James Bacque Other losses (1989), segunda edición revisada de 1999, que se ha traducido al francés como Morts pours raisons diverses (2004). La versión gala de los revisionistas permitirá leerlo sin problemas a muchos estudiosos españoles que tienen la desgracia, o la suerte, según como se mire, de no saber inglés.

Esta obra relata el calvario de los soldados alemanes prisioneros en campos de concentración franceses y americanos, donde fueron víctimas del plan de exterminio del pueblo alemán, diseñado por Theodore N. Kaufmann en 1941 y aplicado a partir de ese mismo año por el Bomber Command británico y desde 1945 por el banquero Henry Morgenthau, siempre con la entusiasta colaboración de las autoridades americanas de ocupación.

El plan aliado de exterminio se inició con los bombardeos incendiarios especialmente diseñados para quemar el máximo número de civiles alemanes, ancianos, mujeres y niños, con 1,1 millones de víctimas; continuó con los 2,5 millones de personas indefensas que quedaron en la cuneta tras la expulsión de los alemanes de las provincias del Este (Prusia, Silesia y Pomerania); con los 1,3 millones que no sobrevivieron a las brutales deportaciones de las minorías centroeuropeas germanohablantes; con los 1,1 millones de militares exterminados en los campos de concentración occidentales, los famosos campos del Rhin; con los 1,5 millones militares alemanes prisioneros asesinados en los campos de concentración soviéticos; con los de 4 a 8 millones de muertos víctimas civiles de las hambrunas planificadas por el perverso Morgenthau en la posguerra alemana; con las 200.000 mujeres, ancianas y niñas alemanas perdidas para siempre a causa de las violaciones planificadas por el carnicero Stalin y, finalmente, con los 80.000 civiles alemanes que perecieron en campos de concentración regentados por ex reclusos judíos después de la Segunda Guerra Mundial (Salomón Morel es el ejemplo más conocido de este oscuro episodio sobre el que ya hablaremos en otro post).

En total, alrededor de 13 millones de víctimas. El mayor genocidio que la historia recuerda. Para silenciar esta atrocidad y girar la tortilla del revés, había que inflar los crímenes nazis  hasta convertirlos en la expresión de un mal absoluto caído del cielo (o del infierno) y sacado de todo contexto interpretativo científico o historiográfico. De ahí la historia de "el Holocausto" (Finkelstein), patente de corso moral y política para la ultraderecha hebrea que ya se cobró los primeros dividendos mediante la ejecución del plan Dalet (1948) contra el pueblo palestino y la construcción de esa organización criminal (al amparo de la ONU) conocida como "Estado de Israel".

El libro de James Bacque fue cuestionado y su autor desacreditado en lugares eminentemente sionistas como la putrefacta y pedófila Wikipedia, donde se suprimieron las entradas referidas al tema. Sin embargo, años más tarde, un historiador de reconocido prestigio, Giles MacDonogh, publicó After the Reich. The Brutal History of the Allied Occupation (2007), que confirma en parte los hechos denunciados por Bacque. Sobre esta obra hablaremos también con más detenimiento en un post específico.

El proyecto anatema de exterminio del pueblo alemán se ha convertido ahora en una organización sistemática de la suplantación étnica en forma de política migratoria y de natalidad que afecta no sólo a Alemania, sino a todos los pueblos europeos, los cuales se enfrentan a su pura y simple extinción demográfica en las próximas décadas. El agente inductor de esta planificada querencia racista es la extrema derecha judía, supremacista y colonialista que, mediante los oportunos lobbies de poder económico, ideológico, cultural y mediático, controla las elecciones presidenciales, la política económica y exterior de los Estados Unidos de América (véase James Petras) y, desde ahí, extiende sus tentáculos por todo occidente. A su dominio apenas escapan países como Irán, Siria, Rusia y China. Pero también les llegará su hora a esos recalcitrantes díscolos, como le llegó su hora a Irak.

Os dejamos con Morts pour raisons diverses, primera obra sobre el tema de ese auténtico héroe de la verdad que es James Bacque:


Saludos.

Jaume Farrerons
La Marca Hispànica

jueves, octubre 21, 2010

El "ser para la muerte" y la negación del judeocristianismo


"Si los muertos no resucitan comamos y bebamos que mañana moriremos."
(Saulo de Tarso, 1ª Carta a los Corintios, 15-32)

Die Sein-zum-Tode Erfahrung (la experiencia del ser-para-la-muerte)

Nos encontramos en el centro mismo de Sein und Zeit, "Ser y tiempo", la obra cumbre de la filosofía del siglo XX que, de forma paradójica, recupera para el pensamiento la esencia moral de la primitiva religión germánica (precristiana). Véase en este mismo blog:

http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2009/01/la-religin-germnica.html

La experiencia del ser para la muerte en cuanto vivencia originaria de la verdad, va acompañada de la superación del temor a la muerte, pero no porque uno no vaya a morir o haya sido salvado, sino porque el existente, lejos de contemplar ya la finitud como algo ajeno que afecta externamente a su felicidad o pervivencia futura, se identifica con la muerte, se deja poseer por ella  y deviene aquél ente abierto al ser que, en cuanto tal, ha superado el miedo y no puede ser sometido al despotismo de Yahvé:

"cuando el "ser ahí" (=el existente), anticipando la muerte, permite que ésta se "apodere" de él, se comprende, libre para ella, en la peculiar superpotencia de su libertad finita, para poder tomar sobre sí en ésta, que sólo "es" en el haber hecho la elección del caso, la impotencia del "estado de abandonado" a sí mismo, y para volverse, en esa misma libertad, clarividente para los accidentes de la situación abierta"
(Martin Heidegger, "El ser y el tiempo", FCE, p. 415).  

El fragmento se encontrará en la página 384 de la edición alemana y ha sido reproducido en su lengua original en la columna derecha de nuestro blog. La importancia de este pasaje de la filosofía de Heidegger en la historia de la cultura es tal, que no se puede entender el nuevo año cero de nuestra era, 1945, y todo aquello que vino después, sino a partir de la radical negación del judeocristianismo que dicho pensamiento supone por toda la eternidad.  Para hacernos una idea de las dimensiones de la ruptura y de la auténtica verdad oculta del "fascismo", basta leer el siguiente pasaje de Santo Tomás de Aquino:

"No hay en verdad cosa más difícil que la muerte (...) Siendo la muerte el mayor de los males, es el mayor ejemplo de paciencia el sufrirla sin turbación de espíritu (...) En consecuencia a esto, dice el Apóstol, hablando de la pasión de Cristo, en su Epístola a los hebreos: "Para destruir por su muerte al que tenía el imperio de la muerte, es a saber, al diablo"."
(Tomás de Aquino, "Compendio de Teología", Cap. CCXXVII).

En efecto, para el "fascismo" la muerte no es el mal absoluto, sino, antes bien, la condición de posibilidad de lo más alto, es decir, del acto ético. Por este motivo, a los ojos del judeocristianismo y mucho antes de que pueda hablarse de genocidio alguno a propósito del fascismo, éste ya se había convertido en Satán en el contexto discursivo y político de las versiones religiosa (derecha) y secularizada (izquierda) del sistema de valores judeo-cristiano.

Jaume Farrerons
21 de octubre de 2010

 

lunes, octubre 11, 2010

El comunismo que todavía existe

El "socialista" catalán Lluís Maria de Puig, cuyas actuaciones en el Consejo de Europa fueron decisivas para prolongar el encubrimiento político de los crímenes del comunismo.

Quisiera recordar brevemente en este post que la versión más criminal del comunismo, a saber, el maoísmo, pervive actualmente en China y sigue cometiendo atrocidades de todo tipo. Mas a pesar de que el Consejo de Europa condenó esta ideología y acusó al régimen chino de haber exterminado a 65 millones de personas, la comunidad internacional, de forma "inexplicable", ha considerado oportuno concederle a Pekín la organización de nada menos que unas olimpiadas. Conviene enlazar aquí la propuesta del parlamentario sueco Göran Lindblad, que ya sólo se puede encontrar en la red gracias a la web de ADECAF:


Parece que el partido comunista chino sólo sea responsable de la masacre de Tiananmén, el tráfico de órganos de condenados a muerte, la red de prisiones secretas para discrepantes o el genocidio tibetano. En realidad, estas prácticas son sólo lo que queda de la gran época de Mao, a su vez culminación de unos tiempos en los que el comunismo gobernaba a 800 millones de personas y tenía apostados a los ejércitos bolcheviques a pocos kilómetros de la frontera francesa. Lindblad nos recuerda aquellos tiempos:


 
Es absolutamente falso que la condena del comunismo favorezca sólo a la derecha, antes bien, constituye el requisito insoslayable de toda nueva izquierda rupturista. En efecto, hasta que no nos libremos de esta plaga repugnante y asesina, los trabajadores del mundo seguirán a merced del neoliberalismo y de las izquierdas burguesas. Prueba de ello es que esos mismos tinglados electorales pseudo  socialistas vendidos al capital se opusieron a la condena de la ideología comunista:


Singular fue el nauseabundo papel del catalán Lluís Maria de Puig (en la foto de arriba), un gerundense de PSC según el cual los 100 millones de víctimas del comunismo no eran suficientes para justificar la condena de esta doctrina. La ideología comunista en su versión marxista-leninista, es decir, la disposición a matar inmediata e impunemente a quien un criminal con las manos manchadas de sangre califique de "fascista", sigue viva. Sólo hay que entrar en los foros, leer lo que se escribe en ciertas páginas o blogs y, sobretodo, observar la actitud de partidos como los que, oponiendo 42 votos a la iniciativa de Lindblad, impidieron que, pese a la resolución condenatoria, se diera la suficiente unanimidad como para enseñarles a los niños quién era Stalin y prohibir ciertos símbolos:


Además, se aclara incluso que la idea comunista es "buena", pero habría sido "desnaturalizada". Bastaría con leer a Lenin. Sólo les falta añadir, para legitimar la jerga antifascista, de procedencia estaliniana pero institucionalizada sin empacho alguno por las democracias liberales, que Stalin traicionó a Lenin porque era, en el fondo, fascista y no comunista, con lo que el propio Stalin se revolcaría de placer en su tumba. Pero las masacres comunistas comienzan con Lenin y éste es, por tanto, el primer asesino de masas rojo. Mucho antes de que el fascismo viniera al mundo, por cierto.

El presidente catalán Montilla, correligionario de Lluís Maria de Puig, militó en su juventud en un partido maoísta, es decir, en una organización que profesaba la ideología más genocida que la historia registra. Dato importante aquí es que Montilla, alguien a quien los bancos le condonan los créditos (¿a cambio de qué, molt honorable?), no esconde su maoísmo: al contrario, lo admite orgullosamente en su propio blog, según le reprocha un periodista conservador del diario "Avui":


¿Creen que ha sentido Montilla alguna vez la necesidad de disculparse? No. Jamás. Y es que tiene trabajando a gente como Lluís Maria de Puig en la noble tarea de falsificar la historia, remachar el lenguaje de Stalin (antifascistas=buenos), reírse de las víctimas y anotar como mérito de su currículo un dato que avergonzaría a cualquier persona decente. Pero, claro, no se trata de una persona decente, sino de un político progre.

Gracias a "idiotas morales" (Norbert Bilbeny dixit) como éstos, la legislación de los derechos humanos se ha convertido en un simple instrumento propagandístico al servicio del sionismo, con cómplices como los mencionados "progresistas", en los que se armonizan cosas tan curiosas como el colectivismo, la legitimación de los crímenes contra la humanidad, la lealtad a los banqueros y el racismo supremacista judío. Éste es el mundo en el que vivimos los presuntos "fascistas"; y no hay que ir muy lejos para conocer en persona a algunos de los protagonistas de la sangrienta comedia del sistema. En este caso podemos  darnos un paseo por el Palau de la Generalitat, donde se aloja uno de esos lustrosos ejemplares de la oligarquía transnacional que gobierna el planeta.

Jaume Farrerons
11 de octubre de 2010