
En las fotos, niños alemanes asesinados en 1944 en el pueblo de Nemmersdorf. Antes de morir eran en muchos casos violados por las tropas soviéticas. LA VERDAD VA SALIENDO A LA LUZ
No nos referimos a las bajas sufridas en el frente bélico por el ejército alemán (relativamente pocas y la mayoría debidas a las inclemencias del clima ruso), sino a víctimas civiles, o militares pero de prisioneros ya desarmados. Hace unos meses hablábamos de millones y algunos se sorprendieron porque hasta ahora, al parecer, nadie se había dedicado a computar en una sola cifra el número de los alemanes exterminados ilegalmente de diferentes maneras. Por ejemplo, estaban las víctimas de los bombardeos crematorios contra civiles, por un lado, y las mujeres que habían fallecido a causa de las repetidas violaciones, por otro; los civiles muertos en campos de concentración dirigidos por ex reclusos (que se organizaron en la posguerra como forma de venganza colectiva), por un lado, y los soldados caídos en dependencias bajo administración soviética, pero también francesa y norteamericana, por otro; estaban las víctimas mortales de entre los expulsados de las provincias alemanas del Este, por un lado, pero también los asesinados entre las minorías alemanas centroeuropeas, por otro; estaban las víctimas de las hambrunas planificadas por los aliados, remedo del plan Morgenthau, por un lado, y las víctimas de la violencia pura y dura, por otro. Etcétera. Nosotros nos limitamos a sumar, sumar y sumar: nuestros ojos no daban crédito a lo que veían. Si entonces calculamos media decena de millones, hoy podemos afirmar que la cifra se ha más que duplicado, alcanzando alrededor de los 13 millones. Estamos confeccionando una lista bibliográfica y nuestra intención es presentar un documento ante Amnistía Internacional para que, al menos, se empiece a reconocer el hecho en toda su macabra dimensión. Dudo que nos hagan caso, pero con el dígito "13 millones", el alemán constituye el mayor etnicidio de la historia moderna. Si a este hecho sumamos los 100 millones de víctimas del comunismo marxista, en su mayor parte personas acusadas de "fascistas", parece que la cuestión de los derechos humanos da un giro de trescientos sesenta grados y quienes deben ahora sentarse en el banquillo de los acusados son los sedicentes "antifascistas". Este dato no puede dejar de afectar a los actuales herederos de Churchill, Roosevelt y Stalin: son los corruptos e incompetentes políticos del sistema actual, acostumbrados a considerarse a sí mismos la encarnación de la democracia, a pesar de lo cual han ocultado tales atrocidades cósmicas para lograr su ensordecimiento mediático e impunidad legal. Un delito con un nombre: obstrucción a la justicia, encubrimiento, banalización y justificación del genocidio. Tienen que pagar por ello y, a la larga, conseguiremos que reciban lo que se merecen como los delincuentes que son. Queremos que impere la ley democrática y si en Nüremberg se aplicó la pena de muerte a los criminales nazis, habrá que tener en cuenta este hecho a la hora de ajusticiar a los cómplices de los genocidios olvidados e impunes de la causa "humanista". Recordémoslo: el delito de genocidio no prescribe y los SS son juzgados con 90 de edad años si es necesario. Tarde o temprano, el destino alcanzará a los responsables del bando triunfador.
http://www.adecaf.com/geno/hiro/hiro/campos/camps.html
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GENOCIDIO CONTRA LOS ALEMANES
Hemos de emplear esta expresión, poco ortodoxa gramaticalmente, porque si habláramos de genocidio u holocausto alemán, el lector entendería que nos referimos a la Shoah. Debe quedar claro, por otro lado, que aquí pretendemos promover una defensa de la verdad y de ciertos principios jurídicos garantes de la civilización, no del nazismo, lo que implica que aceptamos la existencia de unos deberes del ser racional, los cuales tienen como contrapartida unos derechos correlativos. Por este motivo hablamos de deberes y derechos fundamentales, que preferimos a la fórmula "derechos humanos" porque se aplicarían a cualquier especie viva del universo, humana o no, capaz de comprender y experimentar la verdad. Este planteamiento coincide parcialmente con la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la cual consideramos una expresión limitada (y harto manipulada) de tal ideario ético-jurídico, pero suficiente para llevar ante la justicia a los perpetradores, justificadores, banalizadores y negadores del genocidio alemán (y del resto de los crímenes de lesa humanidad actualmente ignorados por infames motivaciones ideológicas ajenas al derecho).
Empecemos con los soldados alemanes que cayeron en manos de los norteamericanos y de los franceses. A pesar de que Alemania respetó en general la Convención de Ginebra con las tropas apresadas de esas nacionalidades, Francia y EE. UU. no actuaron a la recíproca, provocando con ello la muerte por hambre, enfermedades o asesinato de un millón de soldados ya desarmados. El clásico sobre este tema es la obra Other Losses, del periodista canadiense James Bacque (Fenn Publishing Book, Bolton, Ontario, Canadá, 1999).
http://ametralladora.blogia.com/2010/042601-los-campos-del-rhin.-el-destino-de-los-prisioneros-alemanes-en-manos-norteameric.php
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En el caso de los soldados alemanes que cayeron prisioneros de los soviéticos, las cifras son más confusas y, además, el carácter brutal del frente del Este, que llevó a ignorar la Convención de Ginebra por parte de los dos bandos (con idéntica responsabilidad política, siendo así que la URSS se negó a sumarse a la dicha convención, pero a posteriori sugirió a Alemania que se respetaran sus normas, propuesta que no obtuvo respuesta por parte del gobierno alemán) muestra un panorama tan caótico como desolador. Sin embargo, constituye una ingenuidad imperdonable pensar que si los alemanes hubieran acatado las normas humanitarias con los soldados del Ejército Rojo prisioneros, luego Moscú hubiera actuado en justa correspondencia. El régimen comunista era genocida ya mucho antes de la llegada al poder de Hitler y, no habiendo respetado los derechos humanos de sus propios compatriotas, difícilmente podía esperarse que lo hiciera con los miembros de un ejército extranjero, y encima agresor. Además, si países "democráticos" como Francia o EE.UU. masacraron a los prisioneros alemanes, ¿qué no iban a hacer las autoridades de una dictadura totalitaria con unos invasores calificados además de fascistas, principal tipo penal conducente al Gulag? En efecto, según la legislación vigente en Rusia, todos los soldados alemanes eran criminales por el simple hecho de vestir el uniforme de la Wehrmacht. En consecuencia, los millones de prisioneros alemanes exterminados por los soviéticos no se pueden banalizar poniéndolos en la cuenta de una "comprensible venganza": este crimen representó la forma de actuar habitual e inherente al régimen comunista, circunstancia que llevó erróneamente a los alemanes a no respetar los derechos fundamentales de prisioneros rusos (contando con lo que les iba a pasar a los suyos cuando cayeran en manos de Stalin). El trato dado a los prisioneros rusos por parte de los alemanes fue, en definitiva, abominable y carente de cualquier justificación jurídica o moral. De ahí que las autoridades soviéticas puedan apelar tácitamente a este hecho para hacer más "comprensible" su propia masacre.
Las fuentes oficiales hablan de 3.000.000 de alemanes retenidos por la URSS, de los cuales 475.000 aproximadamente perecerían en los campos de concentración siberianos. Sin embargo, el centro de recepción de ex prisioneros de guerra alemanes en el Este sólo contabiliza en la posguerra 1.200.000 retornos, lo que deja abierta la interrogante sobre dos millones de estos soldados desaparecidos, de los cuales únicamente cabe sospechar lo que les sucedió.
Sobre el número de prisioneros en total:
http://es.wikipedia.org/wiki/Prisionero_de_guerra
Sobre los retornos:
http://de.wikipedia.org/wiki/Heimkehrerlager_Gronenfelde#Zahlen_der_Heimkehrer
Parece evidente que si el número de prisioneros rebasaba los 3,2 millones y en la posguerra sólo volvieron 1,2 millones, el número de bajas no puede ser de 474.967 personas, como se pretende. ¿Qué pasa con los demás? Las cifras oficiales amparan descaradamente la sombría causa de los vencedores, quienes tampoco reconocen en los campos de concentración norteamericanos y franceses (auténticos antros de exterminio) cifras de pérdidas alemanas que vayan más allá de las 5.000 víctimas. Los asesinos han ocultado su crimen y han podido hacerlo porque, ¿quién se preocuparía por los alemanes o los fascistas y, encima, por unos alemanes que, además, eran fascistas? El control que el poder oligárquico ejerce sobre los ciudadanos occidentales es tan completo, que sólo muy tardíamente, es decir, sesenta años después de la ominosa masacre, se han empezado a plantear algunas preguntas incómodas. Nosotros nos limitamos a reconstruir los hechos y a juntar piezas de convicción tomadas de aquí y de allá, de manera dispersa, llevando la evidencia resultante de la tremenda criminalidad aliada hasta sus últimas consecuencias.
Las inhumanas condiciones de los campos aliados
para prisioneros alemanes son evidentes.
Excepción hecha del singular caso ruso, aquéllo que, en efecto, conviene subrayar aquí, es que el régimen nacionalsocialista, una dictadura supuestamente identificada con la más absoluta inhumanidad, respetó los derechos humanos de los prisioneros aliados occidentales que sobre el papel se adherían la Convención de Ginebra, mientras que, por el contrario, fueron los representantes "democráticos" de la cruzada contra el "fascismo" quienes exterminaron a los prisioneros bajo su custodia, vulnerando así los principios humanitarios que decían defender y que, según la propaganda actual, justificaron la causa aliada como una "buena" guerra. Este dato resulta decisivo y constituye a estas alturas el punto de partida de toda consideración retrospectiva sobre el "fascismo". Teniendo siempre presentes hechos similares, hay que juzgar los restantes crímenes contra la humanidad perpetrados por los vencedores de la Segunda Guerra Mundial como partes de un acto intencional unitario enderezado a la aniquilación total de Prusia y a la amputación étnico-territorial del pueblo alemán. Una reflexión sobre los campos franceses y americanos
En este caso se llegó al extremo del genocidio con los prisioneros alemanes, de los que según Bacque, en la posguerra los franceses y los americanos exterminaron en masa a base de hambre, hacinamiento, explotación y maltrato (Bacque, p. 87):
Captain Julien thought as he
walked gingerly over de scarred terrain among the living dead in the former
American camp, “This is just like Buchenwald and Dachau”.
De hecho, el juicio de Malmedy contra los acusados de
haber masacrado a soldados estadounidenses durante la batalla de las Ardenas
así como la búsqueda de los asesinos de cincuenta aviadores británicos que
habían intervenido en la gran evasión de un campo de prisioneros de guerra en
Silesia, son ejemplos evidentes de lo insólito que era que los alemanes
maltrataran a prisioneros americanos y británicos. El hecho de que los americanos procesaran de forma tan implacable
a los autores de la muerte de un centenar, aproximadamente, de soldados,
mientras permitían que cuarenta mil soldados alemanes murieran de hambre y
abandono en los lodazales del Rin, fue un acto inconcebible de hipocresía.
Zu den useligen Aspekten des
modernen Publikationswesens gehört die Fähigkeit von Autoren und Verlagen,
Bücher mit sensationellen Thesen oder Behaupten auf den Markt zu werfen, ohne
sich dabei im geringsten um eine angemessene Quellengrundlage für die
aufgestellte Behauptung zu scheren. Unter einem provokantel Titel, der auf das
deustsche Publikum berechnet ist und sich vom englischen Titel („Other losses“)
erheblich unterscheidet, bietet „Der geplante Tod“ mit dem Anspruch,
historische Wahrheit zu beschreiben, eine absurde These. James Bacque rühmt
sich, für seine ridikülen Behauptungen „neue“ Beweise gefunden zu haben.
Tatsächlich hat er nicht nur nichts Neues endeckt, sondern nicht einen einzigen
Blick auf die umfangreichen Quellenbestände verschwendet, die sich im Koblenzer
Bundesarchiv befinden. Wie könnte er auch, ist er doch nicht in der Lage, Texte
in deutscher Sprache zu lesen! Auch hätte eine Beschäftigung mit den Quellen
ihn und seinen Verlag die „Geheimnisse“ und die Schlussfolderungen gekostet,
die sich so gut verkaufen liessen. [1]
The facts are so horryfying
that they are hard to comprehend. The work I have done myself in The German Expellees and Nemesis at Potsdam revealed horrifying
statistics behind de mass expulsions of fifteen million Germans from the
Eastern Provinces and de Sudetenland into the Occupied Zones in 1945-50. At
least 2.1 million are known to have died. Chancellor Adenauer himself wrote in
his memoirs that six million of them died. And the (West) German government
under Adenauer in 1950 determined that 1.4 million prisoners of war had never
returned to their homes. They are missing to this day. Bacque revealed what had
happened to them in his book Other losses
(1989). And now he uncovers evidence that as many as five million Germans may
have starved to death while under Allied government after the war. These
figures are so shocking that he has sent the whole manuscript to a world-famous
epidemiologist, whom I met when he was working in Geneva as a special
consultant to the World Health Organization. He is Dr Anthony B. Miller, Head
of the Department of Preventive Medicine and Biostatistics at the University of
Toronto. Miller has read the whole work, including the documents, and checked
the statistics, which, he says, ‘confirm
the validity of (Bacque’s) calculations and show the slightly more than five
million of German civilians occurred in Germany as whole during the post-war
period through to the census of 1950, over and above the reported deaths. These
deaths appear to have resulted, directly or indirectly, from the
semi-starvation food rations that were all that were available to the majority
of the German population during this time period’.[2]
Since the above was written,
the situation of the victims of Potsdam has grown worse. All Germans have been
deprived of human rights, including the right to equality with other victims,
the right to honour and reputation, and the right to be judged as individuals.
Their freedom of expression has been severely restricted by legislation
elevating history to dogma protected by criminal law enforced through jail
sentence. Human rights, however, confer the right to be wrong, and all sound
research depends on the freedom to postulate hypotheses and to err without
danger of ostracism or jail. It is the function of historians to record history
and to understand it through different perspectives and emphasis. It is not the
function of lawyers to legislate history, nor of judges to jail writers for
expressing non-conformist views on historical matters. This is a return to the
days of the Inquisition.[3]
On a parlé du prisonnier gros et gras menant une vie à
peu près libre… Ce que l'on sait des quelque cent camps où se répartit
l'immense majorité de prisonniers est très différent. Les renseignements les
plus sérieux y donnaient, depuis quelque temps, l'état physique général comme
plus que déplorable. On parlait de mortalité effrayante, non par maladie, mais
par inanition : de moyennes de poids de 35 à 45 kilos, bref de conditions
générales impropres à tout effort utile. Nous avions d’abord douté de la
véracité d’un tel état de choses. Mais les appels nous sont venus de sources
multiples et nous ne pouvons notamment récuser les témoignages que nous apportait
l'abbé Le Meur, aumônier général adjoint des prisonniers de l’Axe.
También, las del diario “Le
Monde” (30 de septiembre-1 de octubre de 1945) comparando Dachau con algunos de
los campos franceses para prisioneros alemanes:
Comme on
parle aujourd’hui de Dachau, dans dix ans on parlera dans le monde entier de
camps comme… Notre correspondant cite celui de Saint-Paul d’Égiaux (sic). Mais
il apparaît que ce jugement est valable pour beaucoup des camps ou des dépôts
français de prisonniers de l'Axe. Cet autre, nous écrit-on, compte actuellement
un effectif de 17.000 hommes et nous a été remis par les Américains au mois de
juillet. Depuis, deux cimetières de deux cents tombes chacun ont été remplis.
En ce moment, la mortalité s'élève à dix hommes par jour.
On a
souvent dit que le meilleur service que nous pouvions rendre à nos adversaires
était de leur ressembler, assurés qu'ils peuvent être ainsi de nous retrouver
au tribunal de l’Histoire. Mais c'est à une idée plus haute de sa propre
dignité que la France se doit d'être fidèle. Il serait regrettable que la
presse étrangère fût dans l'obligation de nous le rappeler. Sans doute n'est-il
point question pour un pays exsangue d’offrir aux prisonniers qu'il emploie un
régime de bien-être et d’abondance dont beaucoup de ses citoyens sont privés.
Mais il est un minimum à assurer à un être humain, fût-il allemand et
prisonnier… Nos correspondants estiment n'avoir pas lutté et souffert pour que
se perpétue l’offense faite à l’homme par des actes ou des faits qu'ils ont
réprouvés en d’autres temps, en d’autres lieux. La loi du talion qui a pour nom
moderne celui de représailles est étrangère à notre tradition.
[1] Smith, A. L., Die “vermisste Million”. Zum Schicksal
deutscher Kriegsgefangener nach dem Zweiten Weltkrieg, München, R.
Oldenburg Verlag, 1992, p. 9., n. 2.
[2] De Zayas, A-M., in Crimes and Mercies, Bacque, J., Little,
Brown, U. K., 2007, “Foreword” (1997), pp.
xvii-xviii.
AVISO LEGAL
http://nacional-revolucionario.blogspot.com.es/2013/11/aviso-legal-20-xi-2013.html








