en memoria de los 800.000 soldados alemanes prisioneros exterminados por los aliados occidentales

domingo, mayo 27, 2012

Llopart plagia a Farrerons (2010)

Llopart con Milá y José Luis Roberto, de E-2000,  ultraderecha torrentil. La céltica en el corazón. Era el año 2009.







En el caso del programa político de AE expuesto en el post anterior no puede hablarse de plagio porque Farrerons entregó voluntariamente el documento a la organización en la primavera de 1997 y Llopart se limitó a ocultar y silenciar la autoría a lo largo de décadas. Pero en 2010 Llopart se apropia de las ideas de Farrerons. No reproduce literalmente, conviene matizarlo, el texto,  hecho que sería incluso punible; Llopart copia simplemente del esquema conceptual empleado por Farrerons para interpretar la ideología NR, así como la tesis de los valores heroicos, y omite citar la fuente. Además de ello, de espaldas a cualquier tipo de argumentación (puesto que ha ensordecido una vez más la procedencia de las ideas) pretende que éstas avalan su negativa a aceptar que la postura política NR pueda ser calificada de izquierdas. Léase: propugna una posición diametralmente opuesta a la de Farrerons, siendo la opuesta aquella que Farrerons fundamentaba mediante los filosofemas que Llopart ha usurpado. Llegamos así al colmo de la impostura, algo parecido a que se utilizaran los conceptos de la teoría de Galileo para concluir, por supuesto sin razonamiento alguno, que Ptolomeo estaba en lo cierto.

La prueba del plagio

El 7 de noviembre de 2008, en el marco de las III Jornadas de la Disidencia, Jaume Farrerons imparte la conferencia "Nacional-revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?". El propio Llopart presenta a Farrerons ante el público y asiste al acto, así que conoce perfectamente el contenido de las tesis expuestas. El 15 de mayo de 2009 se publica además el texto íntegro de la conferencia de Farrerons en la bitácora Filosofía Crítica y por si fuera poco circulan por intenet 4 youtubes con la grabación de la intervención del ahora presidente de la INTRA.

En 2010 publica Llopart, en su propia editorial ENR, el libro ¿Qué es ser nacional-revolucionario?. En la página 59 de la obra, leemos:

Para sentar unas bases NR es necesario definir la noción de Valores, Ideología y Programa Político y otorgarles, así, el plano exacto de su lugar en nuestra concepción Espiritual. Si confundimos sus respectivos planos será imposible articular un discurso claro y comprensible. / VALORES. Los Valores equivalen al objeto intencional de un juicio acerca de la vida y acerca del "sentido" de ésta, es decir, aquello que nos orienta y motiva. / IDEOLOGÍA. La Ideología es el conjunto de ideas ordenadas más o menos sistemáticamente que representan una visión histórico-social, y constituyen la orientación para la acción práctica de las mismas. / PROGRAMA POLÍTICO. El programa político representa el compendio de objetivos o fines específicos que se propone realizar una organización política para asumir el gobierno. El programa constituye la base de acción de una organización política en sus aspiraciones fundamentales. Podemos concluir que la Ideología es un conjunto de ideas y el Programa un conjunto de medidas y propuestas. / Hay que afirmar categóricamente que, el programa político  varía según las circunstancias propias de cada momento; la ideología puede variar únicamente, en algún aspecto concreto y determinado en función de alguna circunstancia extraordinaria, pero los Valores, aquello que "nos orienta y motiva", son inmutables, cambiar de Valores significa cambiar el sentido acerca de la vida, y consiguientemente con ello, se cambia de orientación en la Ideología y con ella el Programa Político.

Hemos reproducido el texto de Llopart de forma literal. Dudamos mucho, y acreditaremos más abajo esta afirmación, que Llopart haya entendido realmente el asunto que explica, pero sí tenemos claro de dónde extrajo el dirigente del MSR el esquema conceptual que ahora pretende hacer suyo, a saber, de la conferencia de Farrerons.

En cuanto a la definición que da Llopart de valores, está copiada, y aquí literalmente, sin citarlo, del Diccionario Pedagógico de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI), que define los valores, en sentido filosófico y social, de la siguiente forma:

Desde el punto de vista filosófico, objeto intencional de un juicio acerca de la vida y el sentido de ésta. Desde el punto de vista social, aquello que orienta y motiva la conducta de un sector social, como entidades colectivas de índole cultural.

La frase de Llopart es una amalgama de la definición filosófica y social del Diccionario Pedagógico reproduciendo sus mismas palabras exactas. Véase:

Llopart ha utilizado el método de la cita y la nota a pie de página en  otros casos, por ejemplo transcribe entre comillas un fragmento del Dr. Josep Alsina y remite al autor. Por citar, llega incluso a citar nada menos que al ultra Ernesto Milá en la nota 10 de la página 63. Así que Llopart sabe en qué consiste aceptar una deuda intelectual y reconocer la fuente de la información, deber inexcusable de todo escritor o ensayista honesto. Pero en el caso de Farrerons, Llopart no puede reconocer nada porque -abstracción hecha de la animadversión personal- es consciente de que el pensamiento de Farrerons tiene una consecuencia política que para Llopart supone la quiebra de su negocio privado. Se limita así a "fusilar" conceptos de mala manera, porque no sería muy coherente reconocer que el leader del MSR se instruye leyendo a Farrerons, por un lado, y luego, por otro, difama hasta el ridículo al autor de "sus" ideas NR. Podemos demostrar que a estos menesteres se dedica en privado Llopart mediante un e-mail que, a través del Dr. Alberto Buela Lamas, llegó nada menos que hasta el rectorado de la Universidad de Barcelona.

Por lo que respecta al plagio del Diccionario Pedagógico de la AMEI, este hecho sólo corrobora que Llopart no tiene ni la más remota idea de lo que habla, pero quiere pasar por sabio ante sus seguidores. Sin embargo, después de engañar de esta fea manera a sus lectores, se atreve a afirmar que "Hoy se carece de principios" (Llopart, J. A., op. cit., p. 21). Y añade: "Cuando hablo de Clase Revolucionaria, hablo de todas aquellas personas cuyo afán no es otro que el de subvertir el actual orden capitalista globalizador apoyados en una escala de VALORES superiores, tales como la Verdad, la Solidaridad, la Fidelidad, el Honor..." (Llopart, J. A., op. cit., p. 23, mayúsculas en el original). ¿Verdad y honor? Pero si el libro mismo en que se hace la presunta apología o reivindicación de dichos valores es ya un fraude, una mentira y un deshonor, !!!imaginémonos todo lo demás!!! A esto se llama carecer de principios... Pero Llopart se quiere "portador de unos Valores trascendentales".
Citamos a continuación literalmente los fragmentos de la conferencia de Farrerons que acreditan el plagio de Llopart por lo que respecta al esquema conceptual o metodológico, más abajo nos referiremos al plagio de la tesis sobre los valores heroicos:

En efecto, lo primero que hay que distinguir en el proyecto NR y en la política en general son tres niveles del discurso o del texto (...). Esos tres niveles son el filosófico, el ideológico y el programático o político, que denominaremos niveles A, B y C. (…) La segunda pregunta que podemos hacernos tiene que ver con la determinación del nivel ideológico frente al filosófico y al programático. Un programa es un discurso o texto que propone medidas políticas concretas aplicables en un plazo relativamente breve de tiempo, que puede ir de los de 4 a los 10 años. En cambio, lo que a veces se ha denominado „programa máximo“ sería en realidad el compendio o esquema de una ideología, que se basa en una concepción de la sociedad, del estado y de la economía, y tiene vigencia para un largo período histórico, pero también fecha de caducidad. A mi juicio, mientras que un programa se renueva como poco cada década, una ideología tiene vigencia a lo sumo para un siglo, pero no más. En cambio, el nivel filosófico es intocable, porque define los principios, los valores, la concepción del hombre. Si se modifica ese nivel, cambia todo, el proyecto político X pasa a ser el proyecto político Y, es decir, otro distinto. No así en el caso de la ideología.

El saqueo y malversación de ideas no se limita al esquema metódico de Farrerons; de hecho, toda la parte del libro de Llopart que consiste en un texto redactado por el propio Llopart (sólo unas 50 páginas, el resto son documentos anexos, ninguno de Farrerons) no es más que una mala reproducción de las tesis de Farrerons sobre el fascismo para llegar a una conclusión muy concreta, y adversa, en el tema de la izquierda nacional, que es lo que preocupaba a Llopart en la medida en que la cuestión afecta a sus intereses. Pues que el secretario general del "único partido nacional-revolucionario" español, el MSR, Juan Antonio Llopart Senent, haya tenido que recurrir, en su libro sobre el "ser nacional-revolucionario", al trabajo filosófico del denostado Jaume Farrerons, no debe sorprender: tengamos en cuenta cuál es el nivel académico de Llopart. Este acto implica, en el fondo, un reconocimiento tácito de la seriedad de Farrerons en materia ideológica. El verdadero problema es la tergiversación política de esas ideas, que, al final, se ponen al servicio de todo aquéllo contra lo cual fueron pensadas y elaboradas.

Según Llopart, el proyecto NR y la Izquierda Nacional son, en efecto, dos cosas distintas. Sin embargo, el autor de los fundamentos del programa político social-republicano, un ideólogo de mucho más peso que Juan Antonio Llopart, a saber, Jaume Farrerons, demuestra justamente lo contrario, no ya a base de simples afirmaciones ex cathedra, sino con argumentos y partiendo del mismo esquema metodológico que Llopart ha dado por bueno y copiado al propio Farrerons sin citar la procedencia.

La teoría de los valores NR

Podemos, por tanto, hablar de plagio, manipulación, empobrecimiento y tergiversación del único ideario NR serio que se ha producido en España en los últimos 50 años, a saber, el de Farrerons. Esto ocurre en la cúpula del MSR, la organización presuntamente NR más importante del país. No hay otro ideario que el de Farrerons en el sector, pero resulta que, para desesperación de la eterna extrema derecha disfrazada de NR, ese ideario concluye en las posiciones de izquierdas que, históricamente, fueron el punto de partida del fascismo antes de su lamentable derechización. Se trata, por tanto, de adulterar la doctrina nacional-revolucionaria de Farrerons, de utilizarla, a la fuerza, deformándola, contra sus propios propósitos legítimos. Y aquí se desencadena el conflicto, porque Farrerons ha estado muchos años rindiendo sus conocimientos al servicio de "dirigentes políticos" social-patriotas de dudosa catadura moral e intelectual, con la esperanza de reconstruir el proyecto NR original, a saber, la izquierda nacional, pero esos dirigentes no han hecho más que defraudar, una y otra vez, la doctrina que Farrerons quería ver institucionalizada; empezando, claro está, por aquellos valores que, según el propio Llopart reconoce ya, definen la sustancia diferenciadora de "lo NR".

Llopart se comprometió años ha a emprender el histórico viaje de retorno de la extrema derecha católica a la izquierda nacional nietzscheana, sólo por esa razón redactó Farrerons el programa de AE, bases de la norma programática del futuro MSR, pero no se afilió nunca a la organización. Farrerons esperó décadas a que Llopart diera el famoso salto, que nunca se produjo porque, como reconoció un día el propio interesado, si fundaba la izquierda nacional se quedaba solo, es decir, sin afiliados (y clientes de librería, añadimos nosotros). Llopart renunció un día, por razones personales ligadas al procesamiento judicial de que fue objeto, a cumplir aquello que constituía el sentido del MSR en tanto que partido, a saber, operar como puente entre una realidad sociológica ultraderechista que se define NR sin tener ni siquiera noción de lo que significa este concepto político, y la izquierda nacional en cuanto "socialismo nacional", matriz axiológica originaria del proyecto nacional-revolucionario europeo. Éste, y no una vana necesidad de protagonismo, fue el motivo que llevó a Farrerons, muy entrado ya en la cuarentena, a fundar la Izquierda Nacional de los Trabajadores (INTRA); partido que representa, en realidad, y por las razones expuestas, la única organización política genuinamente NR que existe actualmente en España.

Ya en la época de ENSPO, Farrerons dejó huella escrita y verificable, en una publicación universitaria, de la tesis sobre los valores heroicos:

(...) si no hi ha res més enllà de la desesperació, d’enllà de la veritat, llavors ha d’ésser la mateixa desesperació la que doni sentit  final al projecte (...) sols un projecte que prengui la desesperació com a fi, és conseqüent amb la vivència tràgico-heroica. Tanmateix, manca aclarir en quin sentit la desesperació, condició de possibilitat del projecte, pot ser ensems o alhora una fi. Es tractaria –sortint-nos ja de la comesa del present article- de la dimensió política i col·lectiva del quefer tràgic, del Superhome entès com a realització sociocultural dels valors heroics i com a destí últim del món occidental (Farrerons, J., "El héroe y el único", "Universitas", núm. 2-3, D. L. 47.593-87, 1989, pp. 86-87).

Los valores heroicos como destino último del mundo occidental. !Estamos hablando de 1989! Diecinueve años antes de la conferencia de Madrid y 21 años antes del libro de Llopart sobre el ser nacional-revolucionario. Casi nada. Pero la anécdota no concluye aquí.

Como toda la extrema derecha católica de Barcelona -nuestro enemigo hereditario- recuerda todavía entre risotadas de suficiencia autosatisfecha, ENSPO difundió por la ciudad en 1985 unos carteles reivindicando los valores heroicos y la idea nietzscheana del superhombre, inseparables ambos de la tragedia griega que el filósofo alemán reinterpretara. La campaña propagandística, hay que refrescar la memoria de los "heroicos" de hoy, fue objeto de mofa por parte de la mayoría, incluido Llopart. El artículo publicado en "Universitas" y arriba citado puso fin y resumió sintéticamente aquello que a la sazón no había sido comprendido y resultó a la postre ridiculizado (también por parte de las huestes de Tercera Vía Solidarista). Para ENSPO, los valores heroicos representaban, frente al judeocristianismo, como en la actualidad ya se admite sin embozo, la esencia del proyecto nacionalrevolucionario: aquellos carteles quisiéronse un dramático llamado colectivo a los camaradas NR a efectos de recuperar tales valores perdidos, pero nadie escuchó nuestras jóvenes voces. Los "camaradas", contadas las excepciones, retozaban en los prostíbulos, engañando a sus esposas como perfectos católicos, o borrachos. Mientras tanto, la banda terrorista Terra Lliure nos amenazaba de muerte. Idealista, ENSPO enmudeció en 1989, pero no por miedo, sino ante el pedestre espectáculo de una ultra troglodita. Sólo recibimos el apoyo de Ramon Bau y de media docena de personas.


Pero la cuestión del ser nacional-revolucionario siguió atormentando a los social-patriotas que se habían burlado de ENSPO mientras revolcábanse en un lupanar cualquiera. Cuando, en un acto público a finales de los ochenta, se le preguntó a los dirigentes de Tercera Vía Solidarista qué distinguía su programa político del PSAN (Partit Socialista d'Alliberament Nacional, organización política nacionalista y revolucionaria marxista catalana), el  resultado fue como poco sorprendente... En la mesa de oradores se sentaban Enrique Moreno y Juan Antonio Llopart. La pregunta hízosela un miembro de ENSPO, Eduardo Serra. No supieron qué responder. 

Fue de los labios de Farrerons que Llopart escuchó después por primera vez la respuesta a esa pregunta: "los valores".

El ideario NR centrado en los valores sólo aparece en la trayectoria de Llopart en 1997, cuando Farrerons redacta el Programa Político de Alternativa Europea (véase post anterior), en cuyo punto 6 leermos:

6. El proceso de democratización radical es sólo el primer paso para forjar una alternativa global a la sociedad de consumo y superar los valores individualistas, materialistas y relativistas que el liberalismo impone para extender el imperio canallesco del mercado mundial. La alternativa nacional-revolucionaria a la sociedad de consumo es por tanto una propuesta de valores éticos que prioriza el interés de la sociedad, al cual se someterán los imperativos económicos y políticos, entendiendo que del bien común depende la formación integral de un nuevo tipo humano, capaz de asumir la verdad, la creación cultural y el servicio a la Nación como centro de su existencia y eje vertebrador de su personalidad.


Todo esto de los valores éticos viene de Farrerons, que acaba de concluir el posgrado de filosofía, después de cinco años de licenciatura, sólo con el fin de profundizar en los fundamentos filosóficos del pensamiento nacional-revolucionario de principios del siglo XX. Sin embargo, en la versión auto-apologética que Llopart describe en su libro de 2010, leemos cosas tan alucinantes como esto:

Desde que me incorporé a la política activa -a los catorce años- siempre me consideré un Nacional-Revolucionario, siempre me identifiqué con un símbolo: la Cruz Céltica; y siempre me sentí identificado con unos Principios y unas Ideas que siempre identifiqué como Nacional-Revolucionarias (Llopart, J. A., ¿Qué significa ser nacional-revolucionario?, pp. 24-25).

Si hemos de creer a Llopart, él nació como Atenea, ya armada. Lamentablemente, en 1997 Llopart era incapaz de redactar el programa político de Alternativa Europea, para lo cual tuvo que recurrir a Farrerons. Y si nos remontamos más atrás, en 1989 Llopart no sabía qué significaba la palabra "valores", mucho menos como núcleo del programa NR, algo que le tuvo que enseñar también Farrerons. No obstante, Llopart sostiene, con todo desparpajo:

Por todo ello, es mi propósito exponer brevemente y de forma lo más sencilla posible lo que es ser Nacional-Revolucionario. El lector podrá compartir o no mis opiniones, podrá disentir, en mayor o menor medida; pero lo que está claro, es que lo expuesto aquí es por lo que yo siempre he luchado" (Llopart, J. A., op. cit., p. 25).

A pesar de tratarse sólo de sus opiniones, suyas y sólo suyas (reclamación de autoría), que siempre defendió, nada menos que desde los catorce años y, en fin, meras opiniones personales, contradictoriamente (Llopart desconoce los imperativos de la lógica) pretende que esas opiniones llopartianas succionadas casi del biberón, se conviertan en norma:

Conscientes, pues, de la realidad nacional y social en la que nos ha tocado vivir, somos los hombres y las mujeres NR, portadores de unos Valores trascendentales que marcan nuestra cosmovisión del mundo y nuestros principios ideológicos, los cuales, están reflejados en estas páginas, y por consiguiente, éstas son guía y norma de nuestra ideología Nacional-Revolucionaria (Llopart, J. A., op. cit., p. 62).

Por si no tuviéramos ya bastante autobombo, Llopart pretende que el discurso nacional-revolucionario se gestó en los años 60-80, es decir, coincidiendo con su actividad política. De manera que, estando él "siempre" en posesión de dichos principios e ideas, habiendo convertido sus opiniones en normas, Llopart lleva la picaresca hasta el delirio y se erige poco menos que en fundador de la ideología NR en España:

El Discurso NR no aparece de la noche a la mañana ni es flor de un día. Es la confluencia de varios ríos ideológicos que le hacen crecer y mantener su caudal. Coge forma y cuerpo entre las décadas de los 60 y los 80 y son muchas las organizaciones que beben de sus aguas. Estas organizaciones son las que, con sus ideas y propuestas, marcan el camino de los NR del Siglo XXI (Llopart, J. A., op. cit., p. 24).

En suma, que Llopart siempre  se sintió identificado con unos principios y unas ideas, pero al mismo tiempo el discurso NR brota de la confluencia de varios ríos ideológicos. ¿Cómo se explica que Llopart "se encarnara" ya como portador, desde los 14 años, de esos principios e ideas, pero que esos principios e ideas fueran el resultado de una confluencia posterior? ¿Quizá todo el proceso de génesis doctrinal ocurrió en el interior de la genial mente de Llopart? ¿De alguien cuya capacidad intelectual y moral queda retratada en el hecho de tener que copiar palabra por palabra la definición de valores del primer diccionario que ha encontrado en la red, sin citarlo? Desde luego, no se sostiene que el discurso NR se formara en los años 60-80, cuando sus orígenes se remontan al siglo XIX y en lo fundamental -los valores- queda definidos por la magna obra filosófica de Heidegger, cima del pensamiento secular que Llopart, por cierto, desconoce con pedestre tesón. Pero si Llopart ha de presentarse impúdicamente como el forjador del ideario NR convertiendo su "opinión" de "siempre" en "norma" para todos los NR, había que cambiar las fechas a efectos de adaptarlas al capricho egolátrico de este endiosado capitoste grupuscular.

Los valores heroicos

Farrerons expuso reiteradamente su la tesis de los valores heroicos en infinidad de escritos, algunos de ellos publicados involuntariamente cuando el catedrático José Luis Arce Carrascoso usurpó sus trabajos de doctorado de los años 1994-1995 y los firmó como propios en revistas y libros especializados de filosofía entre 2002 y 2004. Así, en el manuscrito de posgrado "Filosofía e ideología en la interpretación habermasiana de Heidegger", del año 1994, Farrerons escribía cosas como la siguiente:

La historia del utopismo progresista desde el engelsiano Del socialismo utópico al socialismo científico es la de una lucha por dominar e integrar ese elemento religioso-secularizado en el entramado lógico de un planteamiento racional. Pero tal integración se confunde con la depuración tout court, a tenor de lo cual viene produciéndose en el seno de la ‘izquierda profunda’ una inversión del proceso de racionalización y, por ende, un retorno a la matriz simbólico-religiosa que busca aprovechar hedonistamente los elementos terapéuticos y ansiolíticos de la bella mentira, ante el terror pánico: un universo vacío, ayuno de Dios y de esperanza. Habermas se encuentra a medio camino de este proceso de racionalización-desracionalización. No ha expurgado, ni puede expurgar, el sustrato ideológico de su teoría, de los elementos religioso secularizados, pero tampoco parece capaz –como intelectual, y a diferencia de los postestructuralistas franceses-, de renunciar a la razón y zambullirse en el océano del mito. Su actitud será entonces la de tratar de omitir, negar e ignorar las consecuencias de la Ontología Fundamental (heideggeriana): la supresión pura y simple de la axiología utópico-acrática y la trascendentalización del pathos trágico-heroico, que pretende escamotearnos como meramente cosmovisional.
La problemática trágico-heroica y de los valores heroicos, acreditada en Farrerons ya en 1989, como hemos visto más arriba, se detecta también en esta bitácora Filosofía Crítica desde sus inicios (2007), es decir, con anterioridad a la conferencia de noviembre de 2008. Sin embargo, Llopart no tuvo que esperar a dicha conferencia para introyectar la teoría de los valores heroicos como esencia del ser NR, porque a finales del siglo pasado escuchó verbalmente decenas de veces la tesis de Farrerons sobre esta singular materia de aprendizaje. Y lo hizo de la boca del propio Farrerons incluso antes de poder leerlas en algún artículo publicado por la revista "Nihil Obstat" con referencias harto contundentes al tema. Las conversaciones privadas entre Farrerons y Llopart, a lo largo de años (1987-1989 y 1993-2009), permitieron a Llopart, en suma, familiarizarse con los rudimentos de las tesis de Farrerons. Éste dejó, afortunadamente, prueba documental de aquello que entendía por ser nacional-revolucionario, pero habíalo transmitido a Llopart de forma natural y desinteresada, sin sospechar nunca cuál iba a ser el destino de la autoría. En ese contexto de "amistad" se forjó el programa político de AE, redactado por Farrerons desde la más absoluta generosidad y anonimato, con el ánimo de servir a la causa NR. Nunca pidió cargos Farrerons, y si se los ofrecieron, los rechazó. Como contrapartida, Llopart ni siquiera sería capaz de admitir que el autor del programa de AE era Farrerons (véase post anterior).

La tesis de Farrerons sobre la naturaleza del proyecto nacional-revolucionario distinguía tres niveles de discurso, como hemos visto: los valores, la ideología y el programa político. Esta distinción no es un adorno, sino un instrumento metodológico para separar, en la tradición doctrinal nacional-revolucionaria, los elementos irrenunciables de aquéllos otros circunstanciales que pertencen a la época fundacional. El planteamiento de Farrerons supone que debemos recuperar unos elementos doctrinales para restaurar la identidad perdida de los NR en su mescolanza de décadas con la extrema derecha, pero no debemos confundir lo esencial, es decir, los valores, con la ideología y los programas NR de los años 30, pues éstos han quedado obsoletos, cuando no contaminados por el propio derechismo. Sólo los valores pueden ser rescatados para generar desde ellos una ideología y un programa político adecuados al nuevo siglo. De ahí que los valores constituyan el fundamento del discurso NR y la filosofía juegue un papel esencial en las tareas de reconstrucción ideológica. El discurso de los valores es un discurso ético que compete a los filósofos. Llopart no ha entendido nada de esto porque no basta repetir como un loro la palabra "valores" en aras de su autoglorificación. Otra cosa es analizar y desarrollar esas ideas. Si hubiera comprendido la conferencia de 7 de noviembre de 2008, en la que Farrerons explicó in extenso todas estas cuestiones (remitimos a su lectura en el enlace para no repetir lo allí dicho), nunca hubiera pretendido que el discurso NR surge en los años 80. Aquello que sí cabe sostener con justicia es que por aquel entonces una asociación, ENSPO, desentierra las raíces axiológicas del discurso NR y separa el grano filosófico imperecedero de la paja ideológica y programático-política ya obsoleta. Esta tarea intelectual implica conocimientos filosóficos y métodos de investigación o análisis de los que Llopart carece. La refundación del discurso NR en España es obra de Farrerons, no de Llopart. La conclusión del trabajo de Farrerons es la que permite hablar de valores heroicos como esencia del proyecto y del discurso NR, pero no sólo de valores heroicos. Es aquí, en la interpretación de esos valores heroicos, donde Llopart omite la filosofía (que desconoce) a pesar de que son filósofos quienes establecieron el sentido existencial de dichos valores y su relación con la verdad. En este punto el impostor Llopart puede ser pillado in fraganti, porque a parte de repetir la codiciada fórmula, no explica nada. Veamos, para empezar, cómo se apropia Llopart de la tesis de los "valores heroicos" en cuanto esencia del discurso NR. Sostiene Llopart:


Por otro lado, está otra concepción espiritual, aquella que rechaza la concepción materialista, tanto del materialismo dialéctico marxista, como de la concepción materialista liberal, pero al mismo tiempo rechaza, en base a los Valores que asume y defiende, la espiritualidad proveniente de la fe religiosa: la ESPIRITUALIDAD DE LOS VALORES. En efecto, el NR cree en el héroe antes que en el santo, en quien vence en buena lid antes que en el mártir sumiso, antepone la fidelidad y el honor antes que la caridad y la resignación, considera la cobardía y el conformismo como un mal peor que el pecado; el NR no lucha por un Paraíso celestial pleno de igualdades y de felicidad, lucha por una concepción heroica del hombre, por una espiritualidad de combate contra la moral del esclavo (Llopart, J. A., op. cit., 2010, p. 52).


A continuación acreditaremos de dónde saca Llopart a apelación al heroísmo: la conferencia del 2008, que Llopart escuchó, leyó y estudió, pero no citó en nota, como era lo debido, extrayendo empero de ella la mayor parte de las ideas, convenientemente deformadas y extraviadas, que expone en su libro. Citamos in extenso porque el fragmento de Llopart no es más que una burda simplificación de la mencionada conferencia toda, pero singularmente de este pasaje sobre los valores.

Para identificar los valores nacional-revolucionarios o propios del socialismo nacional, es menester distinguir muy a grosso modo entre tres grandes grupos de proyectos políticos. / El primero agrupa a todos aquéllos que pretenden reconstruir el modo de vida anterior a la revolución francesa de 1789 y se oponen a los procesos de racionalización social que caracterizan la modernidad y, más en general, al tipo de sociedad en que vivimos, lo que excluye también, de paso, la revolución científica y la revolución industrial (la sanidad y la educación públicas, la seguridad social, etc., pertenecen asimismo al mundo del diablo). Su modelo político es el antiguo régimen, la monarquía y la aristocracia, y su ideología la religión cristiana en cualquiera de sus formas y variantes, pero singularmente la católica. Por lo que respecta al modelo sociológico, se basa en una jerarquía, pero hereditaria e incompatible con el reconocimiento social del mérito real de las personas. Es el espacio de la extrema derecha, la derecha autoritaria y el tradicionalismo reaccionario. / El segundo grupo es el que se vincula, por contra, a la modernidad, configurada ésta de acuerdo con determinados valores, oriundos de la ilustración, tal como quedan reflejados, por ejemplo, en la constitución americana, que habla de algo así como del „derecho a la búsqueda de la felicidad“ y planteamientos individualistas similares que acuñan la conciencia del ciudadano occidental contemporáneo. La meta última de esta filosofía es el igualitarismo sin jerarquías y el bienestar material en un universo social optimista, pacificado y apolítico. Este grupo incluye a todos los movimientos e ideologías modernas, excepción hecha del fascismo: el liberalismo, el anarquismo, el comunismo y la socialdemocracia pertenecen a tal categoría. El suyo es pues el mundo que todos conocemos, excepto en el caso anarquista, cuya utopía, más allá de algunos conatos, harto sanguinarios por cierto, durante la guerra civil española o en lo que hemos denominado subcultura de la transgresión lumpen, nunca ha llegado a controlar, a diferencia del marxismo, el liberalismo o la socialdemocracia, las instituciones contemporáneas. / El tercer grupo está formado, en solitario, precisamente por los valores nacional-revolucionarios. Este grupo de ideologías abarca los fascismos originarios, el nacionalsocialismo hasta 1934, el fascismo (hasta 1920 y luego la República Social Italiana), el nacionalsindicalismo (jonsista, pero no el falangista), etcétera. A partir de las fechas señaladas, el fascismo se amalgama con la derecha liberal y reaccionaria para hacer frente al bolchevismo y resulta ya imposible hablar de revolución socialista y nacionalista, porque el nacionalismo simplemente lo devora todo. El fascismo genuino, de carácter NR, ateo y anticlerical, se concible como una alternativa a la modernidad vigente, pero no como un retorno al antiguo régimen. Su punto de partida y eje filosófico es la crítica interna del proceso de racionalización basado exclusivamente en la racionalidad instrumental. La modernidad humanista representaría así una mera secularización burguesa de los valores cristianos, es decir, precisamente, de la filosofía del antiguo régimen, donde lo que antaño era el „reino de Dios“ deviene ahora progreso capitalista y, a la postre, utopía comunista (o consumista), un fenómeno, éste último, anticipado por sectas cristianas como la de los anabaptistas. Por tanto, el NR, surgido en el siglo XX frente a las ideologías del siglo XIX, entiende que la modernidad vigente es una veteromodernidad o modernidad caduca, encadenada axiológicamente al pasado preilustrado. Lo que propone el NR es una neomodernidad o modernidad auténtica, en que el valor último del proyecto político no va a ser ya la felicidad, sino la verdad, fundamento moral de la ciencia y por tanto del desarrollo tecnológico que abre las puertas del futuro. Ese mañana revolucionario no será, empero, un paraíso, rojo o negro, sino la lucidez absoluta de un tipo humano entregado al conocimiento, el arte y el servicio político en el marco de una comunidad nacional. El fascismo NR acepta la jerarquía como valor, lo que le enfrenta a la izquierda humanista, pero conviene subrayar que se trata de una jerarquía de naturaleza meritocrática y por tanto isonómica, es decir, regida por un principio de igualdad formal de los trabajadores e incompatible por ende con el ius sanguis hereditario de la extrema derecha. / La tarea del proyecto NR supone una total descristianización del solar histórico europeo y en este punto fascismo y ultraderecha resultan a la postre irreconciliables. El mencionado proceso de liberación de la peste que viene de oriente reclama no sólo la victoria del pensamiento científico y racional europeo frente a la religión monoteísta asiática (judaísmo, cristianismo, islamismo), sino también frente a las versiones secularizadas del ideal judeocristiano, a saber, el marxismo, el anarquismo y el liberalismo, y la forja de un nuevo tipo humano cuyo sentido existencial será asumir la verdad, esto es, el sentido trágico, como deber y acto heroico de vida afirmativa. Sobre este fundamento axiológico y ético se erige así una estructura política moderna, pero totalmente distinta de la que conocemos actualmente como estado social y democrático de derecho; es la república del trabajo, dominada por la figura política del Trabajador (der Arbeiter) según Ernst Jünger, del Übermensch o ultrahombre según Nietzsche, del Dasein auténtico o „ser-para-la-muerte“ (Sein-zum-Tode) según Heidegger. Sin pretender, ni mucho menos, haber agotado un tema de alcances inmensos y consecuencias devastadoras, nos remitimos, para mayores aclaraciones, a nuestras explicaciones entorno a Nietzsche y Heidegger en ¿Qué significa hoy ser de izquierdas? (I) y (II), publicadas por la revista Nihil Obstat, números 9 y 11. (Farrerons, J., op. cit., "Nacional-revolucionarios, ¿una alternativa de izquierdas?", conferencia, Madrid, 7 de noviembre de 2008, versión on line "Nacional-revolucionarios, ¿una opción de izquierdas?" en Filosofía Crítica, 15 de mayo de 2009).

A diferencia de Llopart, que se ostenta obscenamente a sí mismo como alguien que "siempre", desde los catorce años, ya estaba en posesión de los principios e ideas NR y pretende que el discurso NR se forjó en el ventenio que va de 1960 a 1980, es decir, justamente en la época en que él mismo empezó a dirigir determinados grupúsculos, Farrerons, mucho más modesto aquí y en todo, remite a los filósofos fundadores del proyecto nacional-revolucionario como fuente de legitimidad. Se limita, en efecto, Farrerons, a identificar esos valores (algo que, por otra parte, implica haberlos vivido) para recuperarlos del olvido. Pero Farrerons no pretende haberlos creado, ni ser el fundador ni el inventor de nada en esta materia. Novedosas son sin duda las consecuencias y desarrollos que extrae de sus descubrimientos e interpretaciones, mas Farrerons no ha dejado nunca de insistir y subrayar -hasta el cansancio, como algunos le reprochan- el hecho de que los fundamentos mismos estaban ya ahí, en la obra filosófica de Nietzsche y Heidegger. El único mérito, y no es poco, que tiene derecho a reclamar Farrerons es así haber desenterrado aquello que quedó sepultado bajo la cochambre periclitada de los programas e ideologías fascistas de los años 30, a saber: los esenciales valores potencialistas, fundantes del discurso y la acción NR. Cuando Farrerons los reivindicó por primera vez en el año 1985, la ultraderecha interpretó el discurso de ENSPO como "programa político" (ni siquiera como ideología, no se había establecido entonces todavía la distinción, fijada por Farrerons precisamente, entre los tres niveles del discurso); se burlaban así los "nacional-revolucionarios" ultraderechistas de entonces, cuyo símbolo era la Cruz Céltica, de esos "valores heroicos" y del "superhombre"... Tales rótulos no únicamente de nada servían para conquistar la poltrona ministerial, el objetivo codiciado, sino que resultaban incluso contraproducentes, ridículos... También Llopart ironizó sobre el tema -no ha dejado de hacerlo a pesar de sus farisaicas declamaciones relativas a los "valores espirituales"- bromeando con sorna sobre el superhombre en tanto que superman metrosexual... Pero ahora los valores heroicos se han convertido en el centro del ideario nacional-revolucionario del -según pretende Llopart- más importante partido del sector en España. Ahora el ideario que fuera objeto de befa se ha reconocido (aunque en una versión amputada y manipulada, como veremos) y elevado a fundamento. Todo un avance después de 30 años de lucha. Se trata entonces no sólo de borrar las huellas de esa recuperación, suprimiendo la procedencia de la misma (ENSPO, Farrerons), sino de atribuirle la fundación y encarnación humana del discurso NR anclado en valores al analfabeto filosófico Juan Antonio Llopart Senent, gran leader del MSR. Un senil "culto de la personalidad" parece haberse instalado así en el partido NR.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ahí está el cojo de las casas de putas y que organiza combates de valetudo.Lo sé porque fui judoca y practiqué jiu jitsu, sus luchadores en Alicante no se comían una mierda.

Kike


Un abrazo Jaume

Anónimo dijo...

Gracias por tu apoyo Kike, un fuerte abrazo.

Anónimo dijo...

!Llopart no sólo usurpó las ideas de Farrerons, sino que plagió palabra por palabra, sin citarlo, el Diccionario Pedagógico de la Asociación Mundial de Educadores Infantiles (AMEI)!