Pogrom de Rindfleisch en 1298
Una de nuestras
tesis es que, en el holocausto, dejando por un momento a un lado cuáles fueran en realidad las dimensiones y características del
hecho, vino a ser perpetrado por fascistas cristianos en tanto que
cristianos, no en tanto que fascistas. El motivo es doble: 1/ el fascismo surge
en el seno del socialismo marxista como una reflexión moral y política sobre la validez de las "ideas modernas" basada en la
filosofía de Nietzsche; y aunque en Nietzsche se detecta una crítica del judaísmo como prolegómeno a la crítica del cristianismo, el rechazo de este filósofo hacia el
antisemitismo (un fenómeno
cristiano) es claro, inequívoco y fundamental; 2/ en los orígenes políticos del fascismo, en Italia, la presencia de judíos es esencial e inseparable del hecho de que el nacionalismo italiano se había construido en lucha permanente contra el dominio del Vaticano, que era el que mantenía a los judíos cautivos en el
ghetto. Entre los primeros fascistas había así un contingente enorme y significativo de hebreos que veían en el fascismo fundacional, en tanto que nacionalista, revolucionario y nietzscheano a la vez, el camino de su liberación como ciudadanos. Sólo la
derechización del fenómeno fascista, que servirá de modelo al fascismo alemán, más tardío y, a una con ello, la importancia y el peso creciente de los antisemitas cristianos (en Alemania no sólo católicos, sino principalmente evangélicos), desembocará en el holocausto, el cual no se habría producido de mantenerse el fascismo
fiel a sus raíces filosóficas (Nietzsche).
Ya hemos hecho referencia en otro
post a la importancia del antisemitismo en el protestantismo luterano, pero conviene refrescar ahora un poco la memoria sobre las persecuciones y exterminios antisemitas exonerados a lo largo de la Edad Media por la Iglesia católica romana. Véase, a propósito de este tema, el resumen de
Gustavo D. Perednik, basado en el libro de Jules Isaac
Las raíces cristianas del antisemitismo (1956):
Pero la peor parte del martirio judío fueron sin duda las matanzas, que desde la antigüedad habían tenido lugar esporádicamente, y desde las Cruzadas fueron sistemáticas. La judeofobia fue superando su crueldad a lo largo de los siglos, y cada superlativo iba empequeñeciéndose por eventos posteriores.
Matanzas bajo dominio cristiano, datan ya de los primeros siglos. En Antioquía (ciudad que asumió en el Este la importancia de Alejandría) facciones enfrentadas (los azules y los verdes) terminaron por masacrar judíos e incendiar la sinagoga de Daphne junto con los huesos de las víctimas (circa 480). El emperador Zenón se limitó a comentar entonces que hubiera sido preferible quemar a los judíos vivos.
Pero esas masacres ocasionales devinieron en norma durante la primera mitad de este milenio, el período en el que la Iglesia alcanzó el cenit de su poder. A modo de resumen, digamos que los principales genocidios de judíos en la primera mitad del milenio tuvieron lugar en el transcurso de cada una de las tres primeras Cruzadas, y de cuatro campanas judeofóbicas que las sucedieron. Añadiré a su enumeración, el ano y el nombre de los cabecillas, a saber: la Primera Cruzada (Godofredo de Bouillon, 1096); la Segunda Cruzada (el monje Radulph, 1144); la Tercera Cruzada (Ricardo Corazón de León, 1190); los Judenschachters (Rindfleisch, 1298); los Pastoureaux (el fray Pedro Olligen, 1320); los Armleder (John Zimberlin, 1337); y la Muerte Negra (Federico de Meissen, 1348).
¿Fascistas? No: cristianos católicos. Pogrom de la Muerte Negra, Alemania, 1349
Como escribiera Flannery, para encontrar en la historia de los judíos un año más fatídico que 1096, habría que remontarse a mil años antes hasta la caída de Jerusalén, o a casi nueve siglos después hasta el Holocausto. Todo comenzó el 27 de noviembre del 1095 en la ya mencionada ciudad de Clermont-Ferrand, cuando durante la clausura de un concilio, el Papa Urbano II convocó una campana "para liberar Tierra Santa del infiel musulmán". Hordas de caballeros, monjes, nobles y campesinos, se lanzaron sin organización a la aventura, pero eventualmente optaron por comenzar la purga de los "infieles locales", y acometieron ferozmente contra los judíos de Lorena y Alsacia, exterminando a todos los que se negaban a bautizarse. Corrió el rumor de que el líder Godofredo había jurado no poner en marcha la cruzada hasta tanto no se vengara la crucifixión con sangre judía, y que no toleraría más la existencia de judíos.
En efecto, un común denominador de las matanzas enumeradas fue el intento de barrer a la población judía íntegra, niños incluidos. Los judíos franceses advirtieron del peligro a sus correligionarios alemanes, pero infructuosamente. A lo largo del valle del Rhin, las tropas, incentivadas por predicadores como Pedro el Ermitaño, ofrecieron a cada una de las comunidades judías la opción de la muerte o el bautismo. En Speyer, mientras los cruzados rodeaban la sinagoga, en donde se había refugiado la comunidad presa del pánico, una mujer reinició la tradición de Kidush Hashem, la aceptación voluntaria del martirio para gloria de Dios. Cientos de judíos se suicidaron y algunos aun sacrificaban primero a sus propios hijos. En Ratisbona, los cruzados sumergieron a la comunidad judía entera en el río Danubio a modo de bautismo colectivo. Las matanzas se sucedían en Treves y Neuss, en las aldeas a lo largo del Rhin y el Danubio, Worms, Mainz, Bohemia y Praga.
El fin del viaje era Jerusalén, en donde los cruzados hallaron a los judíos agolpados en sus sinagogas y procedieron a incendiarlas (1099). Los pocos sobrevivientes fueron vendidos como esclavos, algunos de los cuales fueron eventualmente redimidos por comunidades judías de Italia. Pero la comunidad judía de Jerusalén quedó destruida por un siglo. En los primeros seis meses de la Primera Cruzada aproximadamente diez mil judíos fueron asesinados, que constituían en esa época un tercio de las poblaciones judías de Alemania y el norte de Francia.
En el año 1144, los cruzados perdieron Edessa, y se temió por la suerte del Reino Latino de Jerusalén. El Papa Eugenio III convocó la Segunda Cruzada, y sus sucesores "judaizaron" la marcha. Se estipuló que no debía pagarse interés sobre el dinero que se tomara de de judíos para financiar la cruzada (nótese que desde el siglo XIII el término cruzada se aplicó a toda campana de la que la Iglesia se veía políticamente beneficiada).
En el 1146 el monje Radulph exhortó a los cruzados a vengarse en "los que crucificaron a Jesús". Centenares de judíos del Rhineland cayeron ante las hordas incitadas que los aplastaban al grito de ¡Hep, Hep! (esta consigna, que probablemente era la abreviatura del latín Jerusalén se ha perdido, fue un lema judeofóbico muy popular en Alemania, y así se denominaron los tumultos contra judíos alemanes en 1819).
Brutalidades se perpetraron en Colonia y Wuezburg en Alemania, y en Carenton y Sully en Francia. El famoso maestro Rabenu Jacob Tam fue acuchillado cinco veces en recuerdo de las heridas sufridas por Jesús. Pedro de Cluny (llamado el Venerable) solicitó que el rey de Francia castigara a los judíos por "macular el cristianismo. No debería matárselos, sino hacerlos sufrir tormentos espantosos y prepararlos para una existencia peor que la muerte". Puede verse que el pretendido celo religioso de estos judeófobos no era sino una máscara para poder descargar sus instintos más sádicos, ideológicamente justificados.
La tregua que se dio a los judíos europeos después de de las dos primeras cruzadas, fue balanceada por las persecuciones a las que los sometieron los almohades en España y Noráfrica. Pero cuando Saladino puso fin al reino cruzado en Jerusalén, una Tercera Cruzada fue lanzada, a la que se sumaron con entusiasmo el emperador de Alemania y el rey Felipe Augusto de Francia, quien ya había hecho quemar a cien judíos en Bray, como castigo por el ahorcamiento de uno de sus oficiales que había asesinado a un judío.
¿Alemanes? No: franceses y seguidores de Cristo exterminando judíos durante las grandes matanzas del siglo XIV
La novedad de la Tercera Cruzada fue que repercutió más en Inglaterra, que en las dos primeras había tenido un rol menor. Las comunidades judías de Lynn, Norwich y Stamford, fueron íntegramente destruidas. En York, los judíos se refugiaron en el castillo, al que se le puso sitio, y en el que se autoinmolaron a comienzo de la Pascua hebrea.
Para los judíos, las Cruzadas pasaron a simbolizar la inveterada hostilidad del cristianismo. Trescientos rabinos emigraron en el 1211 a Eretz Israel, en la certeza de que si permanecían en Europa Occidental pocas serían sus posibilidades de sobrevivir. Y como lo rubrica Flannery "los que decidieron quedarse terminaron lamentando su decisión". Al mismo tiempo, el recuerdo de los mártires fue para los judíos una fuente de inspiración para las generaciones posteriores: Dios los había puesto a prueba y demostraron ser héroes. Su martirio fue percibido como una victoria, símbolo del pueblo entero. La mayoría de los que se convirtieron por la fuerza pudieron ulteriormente regresar al judaísmo... y terminaron siendo víctimas de las matanzas que estallaron después. En la percepción del cristiano, el judío se había transformado en el implacable enemigo de su fe.
Las Cruzadas revelaron en toda su dimensión el peligro físico en el que se hallaban los judíos, lo que resultó en dos efectos. En principio, los judíos se mudaron mudarse a ciudades fortificadas en las que serían menos vulnerables (esto puede ser una explicación parcial del carácter urbano de los judíos que fue mencionado en la segunda lección). Segundamente, se instituyó el status de "siervos de la cámara real". Los judíos compraron la protección de emperadores y reyes a un elevado precio. Se consideraba que tendrían un privilegio si se los protegía del fanatismo de las masas y de la rapacidad de los barones. Pero en poco tiempo la supuesta protección se transformó en un artificio para enriquecer la Corona.
La teología ayudaba. El Papa Inocencio III proclamó la "servidumbre perpetua de los judíos" y el jurista Enrique de Bracton (m.1268) definió que "el judío no puede tener nada de su propiedad. Todo lo que adquiere lo adquiere para el rey". Para el siglo XIII era un buen negocio poseer algunos judíos, antes de que fueran eventualmente masacrados. Y las matanzas que sucedieron a las Cruzadas probaron ser las más sombrías.
En Rottingen en 1298 un noble llamado Rindfleisch incitó a las masas, que quemaron en la hoguera a la comunidad íntegra. Luego sus Judenschachters (asesinos de judíos) atravesaron Austria y Alemania saqueando, incendiando y asesinando judíos a su paso. Ciento cuarenta comunidades fueron diezmadas; cien mil judíos asesinados.
En el 1306 el rey de Francia hizo arrestar a todos los judíos en un mismo día y les ordenó abandonar el país en el plazo de un mes. Cien mil lo hicieron y se asentaron en comarcas vecinas; nueve anos después fueron readmitidos... para ser nuevamente masacrados.
Un monje benedictino lideró a los pastoureaux (pastorcitos) en una especie de cruzada que destruyó ciento veinte comunidades. En reacción a la matanza de los pastoureaux en Castelsarrasin y otras localidades entre el 10 y el 12 de junio del 1320, el vizconde de Tolosa comandó una tropa para detener a los revoltosos, y cargó veinticuatro carros de pastoureaux, a fin de encarcelarlos en el castillo de la ciudad. Sin embargo, el populacho vino en socorro de los saqueadores y los liberó. En efecto, otra característica común de los genocidios es el grado pasmoso de apoyo campesino con el que contaban. Y como es habitual en la judeofobia, lo peor estaba por venir.
En el 1336 John Zimberlin, un iluminado que había "recibido un llamado para vengar la muerte de Cristo matando judíos" lideró a cinco mil enardecidos armados, que usaban bandas de cuero en los brazos (los Armleder) y se lanzaron al asesinato de los judíos alsacianos. En Ribeauville fueron masacrados mil quinientos. Finalmente, el 28 de agosto del 1339 se concluyó un acuerdo entre el obispo de Estrasburgo y Zimberlin, que puso fin a los desmanes.
Pogrom, Frankfurt, 22 de agosto de 1614
El séptimo genocidio mencionado en la lista fue el de la Muerte Negra. Una plaga mató a alrededor de un tercio de la población de Europa entre 1348 y 1350 (casi cien millones de personas). Las comunidades judías de Europa fueron exterminadas por el populacho enloquecido por tanta muerte. ? ¿Quién podía ser culpable de la plaga sino el archiconspirador y envenenador, el judío?
El emperador Carlos IV ofreció inmunidad a los que atacaran judíos, otorgándoles sus propiedades a los favoritos de la corte... ¡Incluso antes de que una matanza tuviera lugar! Por ejemplo, le ofreció al arzobispo de Trier los bienes de los judíos "que ya han sido muertos o lo sean en el futuro" y a un margrave de Nüremberg la elección de las casas de judíos "cuando la próxima matanza se lleve a cabo".
Debido a Hitler que superó a todos, se tiene poco en cuenta los genocidios previos. El ucraniano Bogdan Chmielnicky fue eventualmente olvidado al perder su rol de peor genocida judeofóbico. Combatió la dominación polaca de su país asesinando a más de cien mil judíos en 1648-1649, y hasta hoy es reverenciado como héroe nacional de Ucrania. Así lo describió el cronista de la época, Natan Hanover en su libro Ieven Metzula ("El fango profundo") págs. 31-32: "A algunos de los judíos les arrancaban la piel y arrojaban su cuero a los perros. A otros les cortaban las manos y los pies y arrojaban a los judíos al camino en donde eran finalmente pisoteados por caballos... Muchos eran enterrados vivos. A los infantes se los mataba en el pecho de la madre; a muchos niños se los despedazaba como pescado. Desgarraban los vientres de las mujeres preñadas, extraían a los bebés no nacidos y se los tiraban a las madres en las caras. A algunas les abrían el vientre y reemplazaban el feto con gatos vivos y las dejaban así, asegurándose primero de cortarles las manos para que las mujeres no pudieran sacarse el gato de su cuerpo... No hubo nunca en el mundo una muerte no-natural que no les infligieran".
La pregunta acerca de cuán profundo debe de ser un odio que lleve a semejantes atrocidades, tendrá respuesta parcial en la próxima clase, cuando nos refiramos a la mitología judeofóbica que las sostuvo. Pero adelantemos que tanta muerte atroz debe ser motivo de reflexión. Máximo Kahn, un intelectual judío que escapó de Alemania y se radicó en la Argentina, escribió en 1944: "La muerte de los judíos es, quizá, la más enigmática de todas las muertes; ciertamente es la más acusadora. Durante dos mil quinientos años se ha venido matando a los judíos en vez de permitir que mueran... Se empezó a matar judíos con tanto éxtasis que la muerte natural ya no les causó terror... los judíos se agarraron a la muerte natural como si fuera vida, como si fuera luz del sol, canto de pájaros, fragancia de flores o amor. Nada les pareció tan apetecible como poder morir sin huellas de homicidio en el cuerpo. Su vida se convirtió en esperar la muerte. Es de extrañar que la palabra judío no se haya vuelto sinónimo de moribundo... el judaísmo es una salud incurable".
Ni qué decir tiene que no acepto la versión idealizada que Perednik da de los judíos. Ya hemos explicado en nuestra bitácora parte de los motivos y seguiremos ampliando nuestra información en este sentido.
Volviendo al hilo, aunque no podemos encontrar una "orden" de la Iglesia católica mandando asesinar a los judíos, tampoco existe esa orden en el caso del nazismo. Lo cierto es que la Iglesia católica adoptó durísimas medidas contra los judíos, como las siguientes:
1/ Prohibición de matrimonios mixtos y relaciones sexuales entre cristianos y judíos, Sínodo de Elvira, año 306.
2/ Prohibición de que cristianos y judíos coman juntos, Sínodo de Elvira, año 306.
3/ No se permite a los judíos ocupar cargos públicos, Sínodo de Clermont, año 535.
4/ No se permite a los judíos emplear sirvientes ni poseer esclavos cristianos, Tercer Sínodo de Orleans, año 538.
5/ No se permite a los judíos mostrarse en público durante Semana Santa, Tercer Sínodo de Orleans, año 538.
6/ Quema del Talmud y otros libros, 12º Sínodo de Toledo, año 681.
7/ Se prohíbe a los cristianos acudir a médicos judíos. Sínodo Trullano, año 692.
8/ Se prohíbe a los cristianos convivir con los judíos en casa de éstos. Sínodo de Narbona, año 1050.
9/ Se obliga a los judíos a pagar impuestos para sostener a la Iglesia en la misma medida que los cristianos. Sínodo de Gerona, año 1078.
10/ Prohibición de trabajar en domingo. Sínodo de Szaboles, año 1092.
11/ Se prohíbe a los judíos demandar o testificar contra los cristianos en los tribunales. Tercer Concilio de Letrán, año 1179, Canon 26.
12/ Se prohíbe a los judíos desheredar a descendientes que hubiesen adoptado el cristianismo. Tercer Concilio de Letrán, año 1179, Canon 26.
13/ Mercado de ropas judías con insignia. Cuarto Concilio de Letrán, año 1215, Canon 68 (copiado de la legislación del califa Omar II, que había decretado en el siglo VII que los cristianos llevasen cinturones azules y los judíos amarillos).
14/ Se prohibe la construcción de nuevas sinagogas. Concilio de Oxford, año 1222.
15/ Se prohibe a los cristianos asistir a ceremonias judías. Sínodo de Viena, año 1267.
16/ Se prohibe a los judíos discutir con simples cristianos sobre los principios de la religión católica. Sínodo de Viena, año 1267.
17/ Establecimiento de guetos obligatorios. Sínodo de Breslau, año 1267.
18/ Se prohíbe que los cristianos vendan o alquilen bienes inmuebles a los judíos. Sínodo de Ofen, año 1279.
19/ Se define como herejía la adopción de la religión judía por un cristiano o la vuelta de un judío bautizado a la religión judía. Sínodo de Maguncia, año 1310.
20/ Prohibida la venta o transmisión de artículos eclesiásticos a los judíos. Sínodo de Lavour, año 1368.
21/ Se prohíbe a los judíos actuar como agentes en la firma de contratos, especialmente contratos de matrimonio, entre cristianos. Concilio de Basilea, año 1434, sessio XIX.
22/ Se prohíbe a los judíos obtener títulos académicos. Concilio de Basilea, año 1434, sessio XIX.
(Fuente: Raúl Hilberg, La destrucción de los judíos europeos, Madrid, Akal, 2005, pp. 28-30).
Todas las medidas adoptadas por el gobierno alemán durante el nacionalsocialismo entre los años 1933 y 1941 no son más que una restauración de la tradición católica europea de discriminación legal de los judíos. Y hay que decir que si dichas medidas se habían abolido en algún momento en Europa no fue a iniciativa de la Iglesia, sino como resultado de las revoluciones liberales. En consecuencia, los católicos que se consideran moralmente superiores al nazismo, deberían reflexionar un poco sobre sus ínfulas. !Que no hablen de "los nazis" como si no fuera con ellos, pues esos "nazis" eran, ante todo, antisemitas cristianos, seguidores de Cristo! El holocausto fue un pogrom.
Después de la primera fase de medidas discriminatorias, los nazis, siguiendo también el modelo tradicional europeo, se proponían expulsar a los judíos, no exterminarlos, como hemos argumentado en otro post. La historia de las deportaciones de hebreos es larga y no comienza precisamente en Alemania.
- Francia (1182). Expulsión y confiscación de bienes ordenadas por el rey Felipe Augusto de Francia
- Inglaterra (1290). Ordenada por Eduardo I de Inglaterra, primera gran expulsión de la Edad Media.
- Francia (1306, 1321/ 1322 y 1394). Felipe IV de Francia ordenó la primera.
- Austria (1421). La expulsión se produjo tras la persecución (270 judíos quemados), confiscación de bienes y conversión forzosa de los niños.
- Castilla y Corona de Aragón (1492). Ordenada por los Reyes Católicos. En España en 1492 expulsión de los judíos de España. La medida fue acogida en Europa como un signo de modernidad, e incluso hay una felicitación de la Universidad de la Sorbona. Sicilia (1493). Ordenada por Fernando II de Aragón.
- Lituania (1495).
- Portugal (1496/1497). Ordenada por el rey Manuel de Portugal, bajo presión de la corona española.
- Brandenburgo (1510). Baviera (1554).
- Túnez (1535).
- Reino de Nápoles (1541). Génova (1550 y 1567). Estados Pontificios (1569/1593). El Papa Pío V los expulsa de los Estados Pontificios, exceptuando los residentes en las ciudades de Roma y Ancona: «Hebraeorum Gens», 26-11-1569.
Los fundamentos teológicos de la discriminación, persecución y deportación de los judíos se encuentran en los Evangelios y han sido ampliamente argumentados por la patrística (Tertuliano, Juan Crisóstomo, Agustín de Hipona, Melitón de Sardes). Se puede acreditar toda una literatura cristiana, un género literario cabría decir, denominado Aversus Judaeous (contra los judíos), que ha educado a Europa en el antisemitismo y ha generado el exterminio sin esperar a los "malvados nazis". Los papas, en sus bulas, otorgaron estatus canónico a estas reflexiones doctrinales cuyas raíces apuntan nada menos que al Evangelio de San Juan, como ya tuvimos ocasión de comprobar en otro post de esta serie.
Etsi non displiceat (1205, Inocencio III) requiere del rey terminar con las "maldades" de los judíos; In generali concilio (1218, Honorio III) exige que los judíos usen ropa especial; Si vera sunt (1239) resultó en la frecuente quema de libros sagrados judíos; Vineam soreth (1278, Nicolás III) establecía la selección de hombres capacitados para predicar el cristianismo a los judíos; Sancta mater ecclesia (1584, Gregorio XIII) exigía a los judíos de Roma enviar cada sábado cien hombres y cincuenta mujeres para escuchar sermones conversionistas en la iglesia; Cum nimis absurdum (1555, Pablo IV) limitaba las actividades de los judíos y prohibía su contacto con los cristianos; Hebraeorum gens (1569, Pío) acusaba a los judíos de magia y otros males, y ordenaba su expulsión de casi todos los territorios papales; Vices eius nos (1577, Gregorio XIII) demandaba que los judíos de Roma y otros estados papales que enviaran enviar delegaciones a la iglesia (op. cit., Perednik, G.).
Los pógromos, aunque no fueran decretados por las autoridades, eran la consecuencia lógica e inevitable de la doctrina cristiana sobre los judíos. Las diferencias en la magnitud numérica de la victimización se compensan si ponderamos el hecho de que la población judía y europea en general era mucho menor en la Edad Media que en la modernidad. Ahora bien, los porcentajes son los mismos que las del supuesto holocausto (versión oficial), siendo así que después de los genocidios que acompañan a las primeras cruzadas, 1/3 de la población hebrea ha sido exterminada. Y sin atenuantes, todo a cuenta de la locura sagrada, del anatema judío vuelto del revés. En el caso de la Alemania nazi, nos encontramos con un país sumergido en una guerra total, bajo amenaza de un plan de exterminio hecho público por Theodore N. Kaufman, puesto en práctica a partir del año 1941 y consumado en 1945 (plan Morgenthau). El proyecto nacionalsocialista inicial de expulsión (Conferencia de Wansee) se convierte así, bajo los bombardeos crematorios ingleses, en un pogrom que no necesita de las órdenes estatales para desencadenarse. Se mata a los judíos en los campos de la misma manera que se los acuchillaba en la Edad Media. Detéctanse, para quien quiera o se atreva a pensar, unas "causas lejanas" y unas "causas cercanas" de lo que sucede en Alemania entre los años 1942 y 1944. Pero el carácter "fascista", léase: neopagano, ateo, nietzscheano, del régimen hitleriano es quizá el más irrelevante de los factores explicativos; su componente cristiano se lleva la palma.
Jaume Farrerons
Figueres (La Marca Hispànica), 4 de abril de 2011