Dídac Ramírez Sarrió, Rector de la Universitat de Barcelona.
El catedrático copión
La Universidad de Barcelona concluye que un profesor plagió trabajos de un alumno, pero el atropello ha prescrito
JORDI CASABELLA 29/10/2011.-Copiar los trabajos de un alumno y atribuírselos como propios constituye, en el ámbito del profesorado funcionario universitario, una "falta grave de desconsideración" que se castiga con la suspensión de funciones del plagiario. Pero si transcurren más de dos años desde la comisión del atropello hasta su descubrimiento, la falta prescribe y se pasa página. Eso es lo que ha ocurrido con José Luis Arce Carrascoso, catedrático de Teoría del Conocimiento de la Universitat de Barcelona (UB), exdirector del departamento de Filosofía Teorética, que en los años 90 copió algunos trabajos de uno de sus estudiantes de doctorado, Jaume Farrerons, sin que este tuviera conocimiento de ello hasta que, una década más tarde, detectó la apropiación de sus textos navegando por internet. El hecho creó un profundo malestar en el autor originario de la autoría del trabajo, por lo que comenzó un proceso para que se le reconociera.
Farrerons, funcionario de prisiones, activista sindical y, en su día, secretario general de Plataforma por Cataluña, de la que se marchó en el 2003, denunció en el 2009 el comportamiento de Arce, al que tuvo como director de una tesis todavía inacabada inspirada en la obra del filósofo alemán Martin Heidegger.
El instructor del expediente abierto al catedrático, el profesor de Derecho Penal Joan Josep Queralt, concluyó, en el 2010, que, a pesar de "la gravedad del comportamiento plagiario del denunciado" cualquier acción imputable al profesor Arce anterior a julio del 2007 resultaba "de imposible persecución por la vía disciplinaria".
La defensa
El catedrático arguyó en su defensa que los trabajos del denunciante se habían basado en "indicaciones y materiales" facilitados por él mismo, unas alegaciones que el instructor consideró inconsistentes. "Cobijarse en que sus explicaciones de cátedra son fruto de su propiedad intelectual no deja de ser una argumentación retórica y vacía de contenido", replicó Queralt. "El objeto de este procedimiento es dilucidar si un profesor puede reproducir per integrum, con levísimas e insignificantes modificaciones, y hacer pasar como propios, trabajos que le han presentado sus alumnos", planteaba a continuación.
Decreto disciplinario
Tras buscar en el decreto de Régimen Disciplinario de los Funcionarios de la Administración del Estado de 1986 una figura que tipificase lo sucedido, el instructor vio que solo se le podía aplicar la comisión de "una grave falta de consideración con los administrados". "Dentro del mundo universitario es difícil ver una muestra más evidente de desconsideración, incluso de atentado a la dignidad de un ciudadano, que el plagio llevado a cabo por un profesor de los trabajos de sus alumnos", añadía sin más dilación.
Con todo, el profesor de Derecho Penal proponía "el archivo del expediente" tras comprobar que el mismo decreto impide castigar una falta disciplinaria de este tipo dos años después de haber sido perpetrada, algo muy discutido en la actualidad debido a que se reconocen las faltas gracias a internet años después. El rector, que aprovechó el escrito para manifestar su voluntad de trabajar por la defensa de los derechos de autor de cualquier creación científica nacida en el seno de la Universidad de Barcelona, se limitó en julio del 2010 a resolver que el proceso había gozado de todas las garantías y que lo que procedía era zanjar el asunto. A Farrerons solo le ha quedado el recurso de dar publicidad a la resolución.
Versión pdf de los tres artículos publicados sobre el tema:
El artículo de El Periódico
Es el más duro con Arce de todos los artículos publicados sobre el tema. Los subrayados en negrita forman parte del original. No hace falta añadir ni aclarar nada, excepto quizá las referencias a mi condición de activista sindical y secretario general de Plataforma per Catalunya hasta el año 2003. En unos momentos en que se trata de buscar cualquier excusa para hacerme expiar el pecado de haber denunciado a un catedrático universitario, mi diabólico perfil político -un "fascista", o sea, la encarnación viviente del "mal absoluto"- condensado en un dato que el resto de los diarios omitieron, dará argumentos a los corporativistas de todo pelaje para justificar que el "atropello" del que habla el periodista no sólo quede impune, sino que además me obligue a pagar el peaje de mi atrevimiento con la renuncia al doctorado por falta de director de tesis. No otra es la situación en la que me encuentro actualmente. Para los que, a pesar de ser investigadores o docentes y hasta filósofos, me condenaron hace ya tiempo (y mucho antes incluso de publicarse los artículos sobre el plagio) a las catacumbas del "fascismo", que se "basaron" en la información obtenida en una rápida visita al Google para decretar mi muerte civil, sólo tengo una respuesta:
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2011/08/aclaraciones-terminologicas-que.html
http://nacional-revolucionario.blogspot.com/2011/08/aclaraciones-terminologicas-que.html
Jamás daré mi brazo a torcer en el tema del antifascismo. Sartre sentenció una vez: "no me apeo, no me apearé nunca: un anticomunista es un perro". Hablaba por su boca el patético antifascista que fuera durante la última etapa de su vida. Si algo demuestra esa frase es que, para el que la emite, se puede sustituir anticomunista por antifascista y el hecho de haberla pronunciado justificaría en todo caso la segunda versión. La experiencia me enseña que demasiados antifascistas son capaces de todo, absolutamente de todo, con una envidiable buena conciencia. En eso se parecen, por desgracia, a demasiados fascistas. A mí, en cambio, me cuesta pronunciar algunas palabras, máxime cuando pienso en las oscuras conexiones entre ciertas cadenas lingüísticas y las bestiales consecuencias que, de alguna manera, las mismas ayudaron a liberar. Hasta hace bien poco todavía, en España te asesinaban (ETA) por ser "fascista" y los manifestantes antifascistas reforzaban el código de los verdugos cada vez que acusaban de "fascistas" a los terroristas en lugar de decir la verdad de una santa vez y reconocer que los etarras, como ellos mismos, habían sido siempre antifascistas bien dispuestos a deshumanizar a sus adversarios, de ahí tales farisaicos escrúpulos a la hora de emplear los adjetivos. Se salvaban, ante todo, a sí mismos (de la autocrítica) y no a las víctimas que presuntamente pretendían amparar con su protesta. Porque, ¿cómo iban a reconocer que dichas víctimas eran "fascistas" sin autocuestionarse ellos inmediatamente en tanto que "antifascistas" y sentar en el banquillo de los acusados a su propia trayectoria vital, intelectual, política y existencial? !Una víctima no puede nunca ser fascista! ¿No? ¿Seguro? !Oh, mentirosos hipócritas, que no cejan en su dogma criminal ni siquiera ante el cadáver del hijo de un Guardia Civil asesinado! !Que han enterrado en su memoria los cadáveres quemados vivos de millones de niños alemanes para no tener que PENSAR! !El propio ego es más importante!
El lenguaje antifascista arrastra tanta sangre y horror impunes en su haber, que provoca vergüenza ajena observar cómo determinadas cavidades bucales humanistas farfullan felizmente su autosatisfacción moral y colocan el epíteto letal de "fascista" sobre las personas a las que odian, con las que rivalizan o simplemente disienten, sin ser capaces de recordar, a pesar de su cultura en muchos casos notoria (recuérdese que yo sería aquí un ofensor del gremio de los enseñantes), que la aplicación policial y burocrática de esa misma etiqueta les costó la vida a millones de personas inocentes. Ahora bien, si las palabras son la materia misma de su profesión, ¿no podría exigírseles un poco de rigor terminológico a los llamados "intelectuales progresistas"? He dicho en este blog, y sigo pensando, que la simple y desnuda verdad es ya la única revolución posible en occidente. Por fortuna, dicha verdad es tan espantosa que no puede legitimar el derramamiento de más sangre. En efecto, puesto que no promete paraíso alguno, jamás "fundamentará" un poder como los muchos que conoció el siglo XX y de los cuales el actual -el poder oligárquico sionista transnacional- desciende con todas las marcas y signos de sus terribles orígenes.
Jaume Farrerons
30 de octubre de 2011
Carta en defensa del Rectorado de la UB
Jaume Farrerons (L'Escala). Como ya saben los lectores de EL PERIÓDICO por el reportaje publicado el 30 de octubre, después de haber sido plagiado por un catedrático resulta que el plagiador queda impune y que el "castigado" soy yo, porque tengo que renunciar a la investigación por falta de sustituto en la dirección de la tesis. Sin embargo, conviene aclarar que ninguno de estos hechos es responsabilidad del rectorado, que ha gestionado el tema dentro de los límites de sus competencias. La legislación vigente y el vacío legal en materia de doctorandos sin director por causas ajenas no son obra del rectorado. Tampoco lo es la actitud ambigua de determinados órganos administrativos, aparentemente más preocupados de evitar el escándalo que de hacer justicia. Menos aún tiene la culpa el rectorado del vergonzoso corporativismo de profesores que han hecho piña con el plagiador en lugar de apoyar a la víctima del plagio. Pero eso no es todo. A lo largo de muchos años de trato con las instituciones (soy funcionario de prisiones y sindicalista y, como es mi deber, he denunciado los abusos que se cometen con los internos en los centros penitenciarios de Catalunya) nunca he conocido a personas como la vicerrectora María Teresa Anguera, quien ha actuado con un inhabitual sentido de la ética, mezcla maravillosa de humanidad y dignidad que los políticos deberían adoptar. Agradezco al rector y a dicha vicerrectora su compromiso con la transparencia democrática y la defensa encarnizada de mis intereses legítimos como alumno.
Addenda. En las instituciones encontramos en ocasiones, raras, personas honradas. Lamentablemente, yo puedo recordar muy pocas, tan pocas, que me bastarían y sobrarían los dedos de una mano para contarlas después de 20 años de lucha por la defensa de los derechos humanos en las cárceles catalanas. El carácter personal de la honestidad de esos pocos islotes de decencia pone más en evidencia, si cabe, la corrupción del sistema en su conjunto. Pues incluso ocupando cargos de dirección, dichas personas casi nada pueden hacer ante las inercias de una sociedad, la catalana, construida con el molde del pujolismo, es decir, la variante autóctona de aquello que en otros lugares se denomina simplemente corrupción, mafia, manipulación, fraude y robo. El sistema oligárquico que se erige sobre tales pautas de conducta domina, bajo otros nombres, el entero hemisferio occidental; los rasgos locales son puramente folclóricos o suponen ligeros matices que ahora, en aquello que atañe a lo propio de Cataluña, no vienen al caso. Sin embargo, existen unos imperativos no escritos que valen dondequiera que, en occidente, un hombre quiera decir la verdad y esta verdad moleste a los poderosos. Sea como fuere, en semejante contexto oligárquico, no se puede a priori ser "fascista" y víctima. "Fascista" es la etiqueta adherida en la frente de aquel que podrá ser pisoteado y hasta asesinado con total impunidad porque "se lo merece". De ahí que a los etarras, antifascistas de pro, se les haya acogido sin pestañear como miembros de la gran familia biempensante con la excusa de que ya han dejado de matar. Cuando se les gritaba en la cara "!fascistas!" la cosa no iba en serio, de lo contrario no hubiera habido nunca perdón. Es más: al "fascista", y hablo ahora por experiencia personal como funcionario de prisiones, aunque no haya matado a nadie, se le prohibirá incluso la encomiable vocación -y el deber, en mi caso- de amparar los derechos humanos de los reclusos porque "no es la persona adecuada" (García Clavel dixit) para semejantes "tareas", en el fondo pura propaganda. ¿Cómo, en efecto, se podría consentir que un "fascista" -o sea, por lo que a mí respecta, alguien que tuvo "tratos" con Ramón Bau, alguien, pues, "contaminado" tras su contacto directo con el "mal"- denuncie por torturas a las excelsas autoridades "democráticas" de Cataluña? ¿No rompería este lance imprevisto el guión establecido por Hollywood, cuyo riguroso reparto de papeles excluye determinadas posibilidades (como la del fascista Perlasca, salvador de judíos)? Mejor así que las torturas las denuncie un terrorista marxista-leninista con pedigrí "de izquierdas" y decenas de asesinatos a sus espaldas. De suerte que, habiendo "abandonado la violencia", y pese a las condenas penales, todo un universo de legitimidades sociales de abre ante los etarras. Pertenecen al sistema oligárquico, aunque sea como ovejas descarriadas del redil "políticamente correcto". Son, a pesar del millar de vidas cercenadas por ellos, "recuperables" para el antifascismo. Nosotros, limpios de todo delito, desbordantes de buena fe y celo en nuestra profesión y estudios, no tenemos, en cambio, derecho ni siquiera a que se nos reconozca el desfavorable rol de víctimas. El gremio de los docentes universitarios, mayormente antifascista, ha decidido que nunca nos doctoraremos por el imperdonable motivo de haber denunciado a un "compañero" corporativo; siendo además, por si fuera poco, notorios "fascistas". Nada podrá hacer el Rectorado de la UB por modificar esta realidad sistémica. Y, sin embargo, contra viento y marea, me consta que lo siguen intentando... ¿Qué puedo decir? Nunca colocaré la ideología por encima de la dignidad personal ni juzgaré moralmente a nadie por su adscripción política. Cada cual es -a título individual- lo que efectivamente "hace" y nada más. Aquello que a la postre queda es la eticidad. Gracias, pues, a esas personas que se comportaron como tales. Con su ejemplo, refuerzan aquello en lo que siempre he creído y por lo que he luchado: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.
Carta en defensa del Rectorado de la UB
Jaume Farrerons (L'Escala). Como ya saben los lectores de EL PERIÓDICO por el reportaje publicado el 30 de octubre, después de haber sido plagiado por un catedrático resulta que el plagiador queda impune y que el "castigado" soy yo, porque tengo que renunciar a la investigación por falta de sustituto en la dirección de la tesis. Sin embargo, conviene aclarar que ninguno de estos hechos es responsabilidad del rectorado, que ha gestionado el tema dentro de los límites de sus competencias. La legislación vigente y el vacío legal en materia de doctorandos sin director por causas ajenas no son obra del rectorado. Tampoco lo es la actitud ambigua de determinados órganos administrativos, aparentemente más preocupados de evitar el escándalo que de hacer justicia. Menos aún tiene la culpa el rectorado del vergonzoso corporativismo de profesores que han hecho piña con el plagiador en lugar de apoyar a la víctima del plagio. Pero eso no es todo. A lo largo de muchos años de trato con las instituciones (soy funcionario de prisiones y sindicalista y, como es mi deber, he denunciado los abusos que se cometen con los internos en los centros penitenciarios de Catalunya) nunca he conocido a personas como la vicerrectora María Teresa Anguera, quien ha actuado con un inhabitual sentido de la ética, mezcla maravillosa de humanidad y dignidad que los políticos deberían adoptar. Agradezco al rector y a dicha vicerrectora su compromiso con la transparencia democrática y la defensa encarnizada de mis intereses legítimos como alumno.
Addenda. En las instituciones encontramos en ocasiones, raras, personas honradas. Lamentablemente, yo puedo recordar muy pocas, tan pocas, que me bastarían y sobrarían los dedos de una mano para contarlas después de 20 años de lucha por la defensa de los derechos humanos en las cárceles catalanas. El carácter personal de la honestidad de esos pocos islotes de decencia pone más en evidencia, si cabe, la corrupción del sistema en su conjunto. Pues incluso ocupando cargos de dirección, dichas personas casi nada pueden hacer ante las inercias de una sociedad, la catalana, construida con el molde del pujolismo, es decir, la variante autóctona de aquello que en otros lugares se denomina simplemente corrupción, mafia, manipulación, fraude y robo. El sistema oligárquico que se erige sobre tales pautas de conducta domina, bajo otros nombres, el entero hemisferio occidental; los rasgos locales son puramente folclóricos o suponen ligeros matices que ahora, en aquello que atañe a lo propio de Cataluña, no vienen al caso. Sin embargo, existen unos imperativos no escritos que valen dondequiera que, en occidente, un hombre quiera decir la verdad y esta verdad moleste a los poderosos. Sea como fuere, en semejante contexto oligárquico, no se puede a priori ser "fascista" y víctima. "Fascista" es la etiqueta adherida en la frente de aquel que podrá ser pisoteado y hasta asesinado con total impunidad porque "se lo merece". De ahí que a los etarras, antifascistas de pro, se les haya acogido sin pestañear como miembros de la gran familia biempensante con la excusa de que ya han dejado de matar. Cuando se les gritaba en la cara "!fascistas!" la cosa no iba en serio, de lo contrario no hubiera habido nunca perdón. Es más: al "fascista", y hablo ahora por experiencia personal como funcionario de prisiones, aunque no haya matado a nadie, se le prohibirá incluso la encomiable vocación -y el deber, en mi caso- de amparar los derechos humanos de los reclusos porque "no es la persona adecuada" (García Clavel dixit) para semejantes "tareas", en el fondo pura propaganda. ¿Cómo, en efecto, se podría consentir que un "fascista" -o sea, por lo que a mí respecta, alguien que tuvo "tratos" con Ramón Bau, alguien, pues, "contaminado" tras su contacto directo con el "mal"- denuncie por torturas a las excelsas autoridades "democráticas" de Cataluña? ¿No rompería este lance imprevisto el guión establecido por Hollywood, cuyo riguroso reparto de papeles excluye determinadas posibilidades (como la del fascista Perlasca, salvador de judíos)? Mejor así que las torturas las denuncie un terrorista marxista-leninista con pedigrí "de izquierdas" y decenas de asesinatos a sus espaldas. De suerte que, habiendo "abandonado la violencia", y pese a las condenas penales, todo un universo de legitimidades sociales de abre ante los etarras. Pertenecen al sistema oligárquico, aunque sea como ovejas descarriadas del redil "políticamente correcto". Son, a pesar del millar de vidas cercenadas por ellos, "recuperables" para el antifascismo. Nosotros, limpios de todo delito, desbordantes de buena fe y celo en nuestra profesión y estudios, no tenemos, en cambio, derecho ni siquiera a que se nos reconozca el desfavorable rol de víctimas. El gremio de los docentes universitarios, mayormente antifascista, ha decidido que nunca nos doctoraremos por el imperdonable motivo de haber denunciado a un "compañero" corporativo; siendo además, por si fuera poco, notorios "fascistas". Nada podrá hacer el Rectorado de la UB por modificar esta realidad sistémica. Y, sin embargo, contra viento y marea, me consta que lo siguen intentando... ¿Qué puedo decir? Nunca colocaré la ideología por encima de la dignidad personal ni juzgaré moralmente a nadie por su adscripción política. Cada cual es -a título individual- lo que efectivamente "hace" y nada más. Aquello que a la postre queda es la eticidad. Gracias, pues, a esas personas que se comportaron como tales. Con su ejemplo, refuerzan aquello en lo que siempre he creído y por lo que he luchado: la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad.








1 comentarios:
JAQUE MATE A LA DOCTRINA JUDAIZANTE DE LA IGLESIA QUE HA CONVERTIDO AL CRISTIANISMO EN RELIGIÓN BASURA. El análisis racional de los elementos que integran la triada pre-teológica judeo cristiana (la descripción neutra del fenómeno espiritual, su explicación y su aplicación), nos permite criticar objetivamente el profetismo judío y la cristología de San Pablo que fundamentan la doctrina judaizante de la Iglesia; y visualizar: 1) que las directrices de los ancestros de Israel (patriarcas, profetas, reyes y jueces) contenidas en el Antiguo Testamento, son opuestas a las enseñanzas de Cristo, ya que en lugar del amor al próximo, promueven el racismo, el despojo, el sometimiento y/o exterminio de los pueblos no judíos; 2) la omisión capital que cometió Pablo en sus epístolas al mutilar al cristianismo de la doctrina de la trascendencia humana (instruida e ilustrada por Cristo) que se alcanza practicando las virtudes opuestas a nuestros defectos hasta adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos), dándonos acceso a las potencialidades del espíritu a medida que nos vamos desarrollando espiritualmente; 3) la urgente necesidad de formular un cristianismo laico enmarcado en la doctrina y la teoría de la trascendencia humana (sustentada por filósofos y místicos, y su veracidad comprobada por la trascendencia humana de Cristo); a fin de afrontar con éxito: “el ateismo, el islamismo, el judaísmo, el nihilismo, la nueva Era y la modernidad”, que amenazan con sofocar al cristianismo. http://es.scribd.com/doc/73946749/Jaque-Mate-a-La-Doctrina-Judaizante-de-La-Iglesia
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